jueves, octubre 14, 2021

El libro negro del Vaticano

 

 

      Las oscuras relaciones entre la CIA y la Santa Sede



Eric Frattini



El libro negro del Vaticano narra los grandes asuntos de la política de la Santa Sede analizados por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, más conocida por sus siglas, CIA. Contiene más de 300 documentos bajo clasificación de «Secreto», «Alto Secreto» y «Restringido»: cables, mensajes e informes de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), del Cuerpo de Contrainteligencia (CIC) del Ejército de los Estados Unidos y de la CIA, en los que se revelan por vez primera incómodos asuntos vaticanos demasiado «secretos».

Así pues, los asuntos tratados en este libro ponen de manifiesto la realidad que expresó un antiguo agente del servicio secreto papal - conocido como «La Entidad»- al afirmar que: «Para el Vaticano, todo lo que no es sagrado es secreto».


Introducción

Vaticano Caput Mundi

 

Introducción

Vaticano Caput Mundi.

Una historia que circula por los pasillos de la Santa Sede cuenta que la diplomacia vaticana nació una noche, en Jerusalén, cuando una prostituta señaló a Pedro y le dijo: «Tú eres un seguidor del nazareno», a lo que Pedro respondió: «¿A qué se refiere?». Esa ambigüedad es lo que marcaría desde entonces las relaciones diplomáticas y políticas del Vaticano durante los siglos venideros con el resto de Estados. La Santa Sede jamás rechazará una petición formal pronunciando la palabra «no», pero dará respuestas escuetas, o no contestará, o sencillamente, como en el caso del apóstol Pedro, lo hará de manera ambigua y parcial.

La muerte de Juan Pablo II, la elección de Joseph Aloisius Ratzinger, la renuncia de Benedicto XVI y la elección de Francisco como nuevo sumo pontífice, atrajo a millones de personas a interesarse por la historia del papado y por consiguiente del Vaticano. Lo que está claro de la historia moderna es que la personalidad y la política papal tienen un efecto crucial en la capacidad de la Santa Sede para convencer a los creyentes de que contribuyan generosamente al mantenimiento de la estructura vaticana, y que apoyen sus políticas.

Este libro narra el desarrollo político de una nación -el Vaticano-, pero también de una institución -el papado-, que hasta 1870 se reducía a un pequeño Estado territorial que solo ejercía su autoridad espiritual sobre millones de católicos fuera de Italia, pero que en el siglo siguiente prefirió despojarse de los últimos anquilosados «poderes temporales» para convertirse en un país de solo 44 hectáreas y menos de un millar de ciudadanos, pero con un alcance diplomático cada vez con mayor influencia en el mundo entero. Desde hace décadas, el Vaticano, o todo lo que rodea al mundo de los papas, es objeto de fascinación para creyentes y no creyentes, y motivo de especulación para los medios de comunicación, porque tal y como me dijo un día un experto vaticanista, «Para el Vaticano, todo lo que no es sagrado, es secreto», y en parte tenía razón.

Desde los inicios del pontificado de Pío IX, el papado experimentó un proceso de desarrollo que puede definirse como el «surgimiento del papado moderno», y llegó a su punto culminante con la llegada de Pío XII a la

Cátedra de Pedro, en 1939. Sin recurrir al dogma de la Asunción de la Santísima Virgen, como hizo Pío XII, o al dominio temporal universal, como haría Inocencio III (1198-1216) o Bonifacio VIII (1294-1303) a través de la bula Unam Sanctam (1302), los últimos seis papas modernos (sin contar al breve Juan Pablo I) han logrado imponer su autoridad moral y espiritual, pero también su autoridad política en decenas de conflictos políticos y diplomáticos, en casi un siglo de historia. Los papas han logrado imponer su autoridad sobre la Iglesia católica romana y recomendar a creyentes y clero de todos los rincones del mundo cómo debían pensar y actuar, pero también han influido en la forma de pensar y actuar de muchos emperadores, reyes y políticos desde que en el año 1500, bajo el papado de Alejandro VI (1492-1503), se ordenó el establecimiento de la primera nunciatura en la República de Venecia. A esta le seguirían la nunciatura en la España de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, en 1577, y en la Francia del rey Enrique III, en 1583.

La Revolución francesa constituyó un violento toque de atención político para el papa con el establecimiento de la llamada Constitución Civil del Clero, que nacionalizó la Iglesia hasta entonces romana, y que llevaría a secularizar la nueva República francesa. Aunque los papas posteriores, principalmente Gregorio XVI y Pío IX, decidieron presentar batalla a las nuevas doctrinas políticas que iban apareciendo a golpe de bulas y encíclicas. Conceptos como libertad de prensa, libertad de conciencia y mucho más, la libertad religiosa, eran anatemas para el papado.

El concordato firmado con el emperador Napoleón, en 1804, aunque en un principio no era del todo satisfactorio para el papa, lo cierto es que proporcionó a la Santa Sede las bases del futuro intervencionismo político en países extranjeros, ya que el tratado entre Roma y París, permitía al pontífice intervenir en «los asuntos locales de la Iglesia». Napoleón había abierto la caja de Pandora a los siguientes quince papas.

La autorización al sumo pontífice para nombrar y deponer obispos sería el primer paso para el «intervencionismo exterior vaticano».

Uno de estos famosos intervencionismos, sería el apoyo papal al llamado «ultramontanismo», un movimiento católico francés que perseguía la instauración no solo de la monarquía, sino también del resurgimiento católico galo con obediencia ciega al papa de Roma. El ultramontanismo se extendió por toda Europa, principalmente a Prusia y norte de Italia, y la influencia del movimiento se vio reforzada con la vuelta del papa Pío VII (1800-1823) a Roma, en 1814. El papado y la Santa Sede disfrutaban de un nuevo prestigio político internacional. León XII (1823-1829) y Gregorio XVI (1831-1846) buscaron extender las relaciones e influencias políticas a lo largo de toda Europa y América, una política expansionista continuada por los papas Pío IX (1846-1878), León XIII (1878-1903),

Benedicto XV (1914-1922) y Pío XI (1922-1939). Estos cuatro papas se ocuparían de extender la influencia de la Iglesia a África, Asia y Oceanía. Pío IX, por ejemplo, crearía una organización papal tan poderosa y efectiva en cinco continentes que llegó a crear 206 vicariatos apostólicos y obispados, y León XIII, otros trescientos. Gracias a esto, la población católica en el mundo aumentó de forma considerable ampliando de esta forma el poder político de la Santa Sede en esos mismos rincones del mundo.

El historiador Filippo Mazzonis llegó a asegurar, y tenía toda la razón entonces, que «No sería exagerado afirmar que la Iglesia del siglo XX, tal como la conocemos, vio arraigar firmemente sus cimientos, y el surgimiento de sus estructuras institucionales características, en el difícil periodo entre 1850 y 1870, en que comenzó la era contemporánea de su historia». A partir de 1870, los papas asumieron cada vez más la tarea de indicar a la jerarquía eclesiástica en el extranjero las normas y reglamentos referidos no solo a las cuestiones religiosas, sino también a los temas políticos, sociales y económicos.

Lo cierto es que con la llegada del siglo XX aparecerían otros conceptos susceptibles de ser condenados por los papas romanos, como el nacionalismo, el industrialismo, el liberalismo, la democracia, el republicanismo, el socialismo, el nacionalsocialismo, el anarquismo, el secularismo y, cómo no, el comunismo y el capitalismo.

Todo era preceptivo de ser condenado por el sumo pontífice Romano y, por tanto, perseguido. Sin embargo, la llegada al papado de Benedicto XV (1914-1922) hizo que la Santa Sede descubriera, en plena Primera Guerra Mundial, que la política y la diplomacia iban a ser necesarias para sobrevivir no solo en los sangrientos tiempos que les iba a tocar vivir, sino también en las décadas siguientes.

Dos organizaciones serían la vanguardia política de la Santa Sede: la Secretaría de Estado y los Collegium. En 1487, el papa Inocencio VIII (1484-1492) crearía uno de los aparatos políticos y diplomáticos más poderosos de la Santa Sede, la Secretaría de Estado. Su origen se remontaba exactamente al 31 de diciembre de

1487, cuando fue instituida la Secretaría Apostólica con la figura del Secretarius domesticus, que tenía preeminencia sobre todos los demás dicasterios y departamentos pontificios. Sería el papa León X (1513-1521) el que establecería el llamado Secretarius intimus, que se consolidó en el Concilio de Trento. Con la llegada del papa Inocencio X (1644-1655) se lleva a cabo una unificación de órganos, reforzando la Secretaría de Estado. Pablo VI (1963-1978), en cumplimiento de los acuerdos establecidos en el Concilio Vaticano II, establece que la Secretaría de Estado tome su forma actual, pero el 28 de junio de 1988, mediante la Constitución Apostólica Pastor Bonus, establecida por Juan Pablo II (1978-2005), se regulaba la Secretaría de Estado en dos secciones: Sección de Asuntos Generales y Sección de Relaciones con los Estados. La Segunda Sección sería la encargada de difundir las ideología política pontificia a otros estados.

La segunda organización utilizada para expandir la ideología política vaticana serían los Collegium. Estos comenzaron a preparar al clero extranjero que lideraría las comunidades religiosas en sus respectivos países. Estos países eran objetivos políticos del Vaticano. A través de los nuevos obispos, los papas mostraron interés en intervenir de forma más activa en la política de Canadá, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y, especialmente, en China. La idea era capacitar políticamente en Roma al clero y después enviarlos de vuelta a sus respectivos países y ascenderlos en el escalafón eclesiástico para que acabaran influyendo en el sistema político. La Santa Sede se convertiría así no solo en un centro espiritual y religioso, sino también en un importante centro político y de influencia.

La intervención cada vez mayor del Vaticano en los países se intensificó con la designación de representantes papales en decenas de estados, o bien a través de nuncios (embajadores) o bien de delegados apostólicos, es decir, sin funciones diplomáticas oficiales, pero que actuaban como representantes del papa.

Lo cierto es que la aparición de los nuncios no fue bien vista en muchos países, ni siquiera por la propia jerarquía eclesiástica local. Los obispos veían a estos enviados de Roma como una clara «interferencia» en los asuntos nacionales, principalmente en aquellos países donde el clero defendía su derecho a negociar sus propios acuerdos con los gobiernos hostiles, sin interferencias vaticanas. El establecimiento de relaciones diplomáticas fue para los primeros papas del siglo XX, más que un deber, una necesidad dentro de una gran

estrategia para asegurar el nuevo estatus internacional de la Santa Sede tras las pérdidas territoriales sufridas con el fin de los Estados Pontificios en 1870. Una figura muy utilizada por los papas Pío XI, Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI fue la del «enviado especial» y el papa Juan Pablo II la utilizaría casi de forma constante.

En 1978, la Santa Sede mantenía relaciones diplomáticas con 84 estados. Hoy son ya 176 los países con los que el Vaticano tiene relaciones diplomáticas formales. Con la Unión Europea, la Federación Rusa, la Soberana Orden Militar de Malta y la OLP mantiene relaciones de forma especial. Solo 16 estados soberanos no mantienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede; 8 de ellos son estados musulmanes: Afganistán, Arabia Saudí, Brunei, Comores, Maldivas, Mauritania, Omán y Somalia; 4 son estados comunistas: China, Corea del Norte, Laos y Vietnam, y los otros 4 son Bután, Botswana, Birmania y Tuvalu.

Los papas de cuyos pontificados se habla en este libro (Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco) estuvieron convencidos de que, en su calidad de maestros supremos de la Iglesia, Dios los protegía no solo de sus errores espirituales, sino también de sus errores políticos y diplomáticos. Al fin y al cabo, la «infalibilidad» vendría dada por una larga tradición en el seno de la Iglesia católica, que tiene sus orígenes en la obstinación de la Santa Sede por dirigir la teología cristiana, pero también la política de aquellos países en los que los fieles católicos tenían una amplia presencia y, por tanto, se habían convertido en una importante fuerza política y de voto. «Si quieres el voto (o el apoyo) católico en tu país, tendrás que acercarte antes a Roma», solía decir el que fuera secretario de Estado de Juan XXIII, el cardenal Domenico Tardini. Sin duda, el cardenal tenía razón. Tanto políticos (Lech Walesa o Vaclav Havel) que buscaban la democracia en sus países de la Europa del Este como dictadores

(Ante Paveliæ, Francisco Franco, Leónidas Trujillo, Anastasio Somoza, Augusto Pinochet, Jorge Videla o Alfredo Stroessner) tuvieron que pasar antes por el Vaticano y besar el Anillo del Pescador si querían recibir el apoyo católico a sus políticas. «Todos los caminos llevan a Roma», dice la tradición, y analizando los últimos 75 años de acontecimientos políticos y diplomáticos de los últimos seis papas, está cada vez más claro que todos los caminos desde 1939… «llevan al Vaticano».

Este poder e influencia en el mundo llevó a la CIA a convertir la Santa Sede, los papas, cardenales, obispos y demás funcionarios eclesiásticos en «objetivos» susceptibles de ser vigilados y espiados, porque, como dijo un día el famoso cazanazis Simon Wiesenthal, «El lugar mejor informado del planeta es sin duda el Vaticano», y la Agencia Central de Inteligencia, desde su fundación en 1947, lo sabía.

Desde antes incluso, las organizaciones de inteligencia estado-unidenses como la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), como después el Grupo Central de Inteligencia (CIG), la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), supieron que el Vaticano y su Secretaría de Estado serían unas de las mayores y mejores fuentes de información sobre lo que estaba sucediendo en un mundo en constante cambio. Pero las relaciones entre los sucesivos directores de la Central de Inteligencia (DCI’s), desde Roscoe H. Hillenkoetter (1947-1950) a Porter J. Goss (2004-2006), con los sucesivos papas, fueron bastantes estrechas, así como entre Washington y Roma, como demuestran los más de 300 documentos secretos que he podido leer para documentar esta obra.

El libro negro del Vaticano es una extensa obra de divulgación en la que se narran los grandes asuntos de la política de la Santa Sede analizados por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos. Para escribirlo he consultado durante meses cables, mensajes e informes con la clasificación de «oficial», «confidencial», «secreto», «ultrasecreto» y «restringido», de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), el Cuerpo de Contrainteligencia (CIC) de las Fuerzas Aliadas en Europa, la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), el Departamento de Estado, Departamento de Defensa, Departamento del Tesoro y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en los que se revelan por primera vez incómodos asuntos vaticanos demasiado secretos y ocultos hasta hoy. El libro negro del Vaticano demuestra claramente la intervención política de la Santa Sede en los asuntos internos de 28 países, entre los que se encuentran Argentina, Irlanda, Irán, Cuba, Vietnam, Estados Unidos, Italia, Irak, Israel, Palestina, Honduras, México, Ruanda, Kurdistán, Guatemala, El Salvador, Chile, la Unión Soviética, Líbano, Brasil, Polonia, España, China, Colombia, Checoslovaquia, Yugoslavia, República Dominicana y Hungría. El libro abarca desde el pontificado de Pío XII hasta el inicio del pontificado del papa Francisco.

Entre los diferentes temas tratados en los documentos de las agencias de inteligencia estadounidenses sobre el Vaticano están el espionaje de la NSA al Cónclave de 2013, la campaña de Néstor Kirchner y su esposa, Cristina Fernández de Kirchner, contra el arzobispo Bergoglio, los abusos sexuales en Irlanda, el desarrollo nuclear iraní, Hugo Chávez, el presidente Barack Obama, la nefasta política informativa de la Santa Sede, Al Qaeda, la mafia, el diálogo interreligioso, el mundo musulmán, la invasión de Irak, el conflicto árabe-israelí, el Opus Dei, la revuelta zapatista, la política centroamericana y el apoyo a los gobiernos militares y grupos de extrema derecha, la Guerra del Golfo, Mijaíl Gorbachov y la Perestroika, las dictaduras en Argentina, Chile, República Dominicana y Brasil, los rehenes del Líbano, la Teología de la Liberación, el atentado a Juan Pablo II, el asesinato de monseñor Romero, el asesinato de los jesuitas en San Salvador, la Democracia Cristiana italiana, la Ostpolitik, el Partido Comunista Italiano, el concordato con Franco, el golpe de Estado contra Salvador Allende, China, el divorcio en Italia, el comunismo y la Iglesia perseguida en Checoslovaquia, Yugoslavia o Hungría, la Guerra Civil en España, la excomunión a Fidel Castro, la Iglesia y el peronismo, la Tercera Guerra Mundial, la participación vaticana para evitar el ascenso del comunismo en Italia, o la ayuda vaticana a los criminales de guerra nazis, entre otros.

Los más de 300 documentos originales, redactados por los operativos y analistas de la OSS, el CIC, la DIA, la Estación CIA Roma, la División Europa de la Agencia Central de Inteligencia, del Consejo de Seguridad Nacional (NSC) de la Casa Blanca, y de la División de Inteligencia del Departamento de Estado, y que abarcan los pontificados de seis Sumos Pontífices:

Pío XII (1939-1958), Juan XXIII (1958-1963), Pablo VI (1963-1978), Juan Pablo II (1978-2005), Benedicto XVI (2005-2013) y Francisco,  (2013-), pretenden únicamente demostrar el intervencionismo político llevado a cabo por la Santa Sede en diversos países durante las últimas ocho décadas, y cómo muchas veces ese intervencionismo papal pudo haber cambiado el curso de la historia.

El nuevo secretario de Estado, Pietro Parolin, describía en una entrevista reciente cómo debía ser la diplomacia vaticana en el siglo XXI: […] La razón de ser de una diplomacia de la Santa Sede es la búsqueda de la paz. Y si la diplomacia de la Santa Sede tuvo tanto renombre y tanta aceptación en todo el mundo, en el pasado y en el presente, es precisamente porque se pone más allá de los intereses nacionales, que a veces son intereses muy particulares. Ella se pone en esta visión del bien común de la humanidad. […] Creo que hoy, obviamente, el objetivo fundamental es lograr la paz en medio de la diversidad que tenemos en un mundo multipolar. Ya no están los bloques como antes. Esto es un análisis de geopolítica común… Hay distintos poderes. Han surgido poderes diferentes, con todos los problemas que estos conllevan. Porque nosotros pensábamos en nuestros deseos de paz y de felicidad, que la caída de los muros tradicionales: el muro de Berlín, el del bloque entre países comunistas y Occidente, iba a traer paz y felicidad al mundo. Y no fue así. Se desató todo el problema del terrorismo. Entonces, yo creo que el muro que se debe derribar es el identificar cómo lograr que todas estas diferentes realidades logren acordarse y trabajar juntos para el bien de todos. Poner juntas las diferencias para que no sean divisiones, sino que se vuelvan colaboraciones en pro de toda la humanidad.

Sobre el papel que la Secretaría de Estado del Vaticano debe jugar, Parolin afirmó: «Creo que (la Secretaría de Estado) debe reinventar su presencia porque los escenarios son diferentes. Tenemos las grandes actuaciones históricas del cardenal (Agostino) Casaroli en tiempos de los grandes bloques y todo el tema de la Ostpolitik, pero también todo lo relacionado con la defensa de los derechos humanos. Ahora me parece que las cosas se han complicado un poco. […] Lo que quiero decir es que se tiene que reinventar la forma de la presencia, pero el objetivo siempre es el mismo. Y hablando de los grandes desafíos, superando este relativismo ¡que es una plaga!, porque yo lo vería dentro del discurso que le estaba haciendo: de componer las diferencias. Si no hay un piso común que se puede pisar; es decir, si no hay una verdad objetiva en la que todos nos reconocemos, ya será mucho más difícil buscar puntos comunes. Y este piso común es la dignidad del ser humano en todas sus dimensiones, donde no se excluye la dimensión trascendente; no es solo la dimensión personal, la social, la política, la económica, sino también la trascendente, por la cual se reconoce que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, y que Dios es su fuente».

Dentro de pocas semanas, Francisco cumplirá tres años en la Silla de Pedro y sus políticas están siendo duramente criticadas. Mientras su entorno alaba su imagen en el mundo, los «liberales» y «aperturistas» critican su inmovilidad en lo referente a materia religiosa. Mientras afirma: «¿Quién soy yo para condenar a los homosexuales?», continúan las expulsiones de la Iglesia por este motivo; mientras alaba la necesidad del regreso al seno de la Iglesia de los divorciados o católicos casados con divorciados, el Vaticano sigue sin aprobar leyes que lo permitan; o cuando pide un mayor papel de la mujer en la Iglesia, pero no mueve un solo dedo a favor de ello. Tanto sus defensores como sus detractores alegan que Francisco tiene las manos atadas por un aparato curial anclado aún en el inmovilismo. «Su Santidad está más preocupada por ganar el Nobel de la Paz que por ganarse un lugar en el cielo», me dijo un obispo cercano al antiguo secretario de Estado, Tarcisio Bertone. Y puede que tenga razón.

La Secretaría de Estado al mando de Pietro Parolin ha desarrollado una labor diplomática ingente. En diciembre del 2013, los principales diarios y revistas internacionales nombraban a Francisco «Personaje del Año». La revista Forbes y otras biblias del capitalismo le incluían entre las personas más influyentes del planeta.

El papa ha criticado con dureza el capitalismo descontrolado y el intervencionismo militar de Estados Unidos. Aun así, el presidente Obama le invitó a visitar el país en septiembre de 2015. Y el Congreso le invitó a tomar la palabra ante las dos cámaras en sesión conjunta. Juan Pablo II fue el primer papa recibido en el Parlamento Europeo. Benedicto XVI, el primero en hablar ante el Parlamento Británico medio milenio después de la ruptura con la Iglesia católica. Francisco es el primer papa invitado a dirigirse al Congreso estadounidense. En solo dos años, por su propio peso y por el peso de su diplomacia, Francisco se ha ganado el apodo de «papa del mundo». A él y a su aparato diplomático se debe el secreto «acercamiento» con el gobierno de Pekín, el fin del embargo estadounidense a Cuba o el encuentro en el Vaticano, en junio de 2014, entre el presidente de Israel Simon Peres y el presidente palestino Abu Mazen. Muchos en el aparato vaticano afirman ya que no sería imposible poder ver al papa Francisco visitando a los líderes comunistas de Pekín o incluso al de Pyongyang. Lo cierto es que todo es posible en el Vaticano de Francisco, y a pesar de las buenas palabras, acciones mediáticas y demás, por ahora muchos siguen esperando ese gran Big Bang que la curia necesita y que los creyentes piden.

La mejor definición de lo que este nuevo papado quiere en cuanto a política exterior, a diferencia de la llevada a cabo por Pío XII (anticomunismo), Juan XXIII (de acercamiento), Pablo VI (de pacifismo) y, por supuesto, Juan Pablo II (de centralismo, intervencionismo y anticomunismo), la dio el propio secretario Parolin al asegurar: «[…] yo no quisiera la diplomacia de los grandes titulares, pero sí una diplomacia que sea efectiva. Nosotros no buscamos, yo creo, la popularidad. Sinceramente, ninguno de nosotros lo quiere, sino el efecto. Y tenemos que tomar en cuenta lo que dice el Evangelio: que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha». Frente a los críticos que defienden el «Roma lo está haciendo muy mal; Roma no tiene norte; Roma es de izquierdas», los defensores del argentino afirman que «el papa es un hombre de acción; un jesuita, los marines de la Iglesia y, por tanto, sabrá cómo ganar cada pequeña batalla. Está entrenado para ello».

No cabe la menor duda de que El libro negro del Vaticano es una larga, interesante y pormenorizada crónica sobre la visión que de la política exterior vaticana tienen la Agencia Central de Inteligencia y sus directores, agentes y analistas. Leyendo esta obra puede pensarse que en los próximos años tal vez veamos cómo el lema, que según dicen rezaba la inscripción en la corona del emperador Diocleciano (244-311), Roma Caput Mundi (Roma Cabeza del Mundo) se convierte diecisiete siglos después, y gracias a un papa que llegó del fin del mundo, en Vaticano Caput Mundi, al menos desde el punto de vista político y diplomático.

Primera Parte

Pontificado de Pío XII (1939-1958)

Italia Pío XII y la «Vergüenza Negra»

El día 20 de mayo de 1917, monseñor Eugenio Pacelli salió de Roma hacia Múnich, vía Suiza. El hombre al que el papa Benedicto XV acababa de nombrar nuncio en la capital bávara apenas contaba cuarenta años de edad. Una calvicie incipiente, una nariz angulosa, extremadamente delgado y unos ojos hundidos le daban un aspecto de humilde fraile. Sus amplios conocimientos de la diplomacia vaticana, especialmente en lo que respecta a problemas europeos, le iban a permitir acometer la misión encomendada por el papa.

Después de haber tomado posesión de su nuevo cargo en Múnich, el nuncio Pacelli fue enviado a Berlín el 26 de junio del mismo año. El 29, el representante papal era recibido por el káiser Guillermo II en el cuartel general del Alto Mando en Bad-Kreuznach. El encuentro entre ambos se desarrolló de manera relajada. Pacelli entregó al emperador una carta manuscrita del papa Benedicto XV en la que Su Santidad expresaba sus deseos de alcanzar una paz estable para alejar los efectos desastrosos de la guerra. A continuación, Eugenio Pacelli intentó convencer a Guillermo II de la necesidad de que Alemania aceptase una mediación pontificia con los países de la Entente. Pacelli se mostró educado pero rígido en sus planteamientos al intentar poner al Káiser entre la espada y la pared con el fin de que aceptase la mediación de Benedicto XV. Von Hertling, entonces ministro de Asuntos

Exteriores alemán, recordaba a Pacelli: «Aquel Pacelli valía más que un ejército». El propio káiser Guillermo II escribiría en sus memorias: «Eugenio Pacelli representaba la perfecta imagen del Príncipe de la Iglesia».

Es en aquellos años, exactamente en abril de 1920, cuando aparece en Pacelli una cara xenófoba. El origen sería una disputa entre Berlín y París debida a que Francia contaba entre sus filas con regimientos procedentes de las colonias norteafricanas, principalmente de Argelia y del protectorado marroquí, como fuerzas de ocupación en la región de Renania. Por el Armisticio de 1918, las fuerzas aliadas ocuparían Renania hacia el este y hasta el Rin, las tierras del Saar y el Palatinado, así como algunas pequeñas cabezas de puente en la ribera occidental. El Tratado de Versalles de 1919 ratificaba la ocupación. La fuerza de ocupación estaba compuesta, en el invierno de 1919, por cerca de 200 000 hombres, pasando a 85 000 un año después. Casi la mitad de ellos eran «tropas indígenas».

En aquellos días, el nuncio Pacelli había recibido diversas protestas de fieles sobre numerosos casos de violaciones de mujeres y niños de religión católica llevadas a cabo por soldados africanos que combatían en el ejército francés. Según datos oficiales, solo en la región del Rin habían sucedido cerca de 17 000 violaciones, supuestamente cometidas por las fuerzas de ocupación aliadas. En la primavera de 1921, soldados de color fueron acusados de cometer cientos de violaciones cada día. La prensa británica y estadounidense comenzó a titular sus informaciones sobre el caso como «Horror negro sobre el Rin».

El 31 de diciembre, el cardenal Adolf Bertram, arzobispo de Breslau, escribió una carta al cardenal secretario de Estado, Pietro Gasparri, afirmando que «Francia prefería emplear soldados africanos, quienes, debido a su salvaje carencia de cultura y moral, han cometido indecibles asaltos a las mujeres y niños de la región, llegándose a una situación conocida como “vergüenza negra”». Los franceses, a pesar de las protestas alemanas, tenían previsto enviar más tropas africanas a esa región. Pacelli comenzó a pedir a Gasparri que la Santa Sede tomase cartas en el asunto en el caso conocido ya como la «Vergüenza Negra».

Monseñor Georg Heinrich Maria Kirstein, obispo de Mainz, ya había denunciado a las tropas indígenas dentro del ejército aliado, en junio de 1915 cuando envió una carta al entonces secretario de Estado del Vaticano, Pietro Gasparri.

Los soldados coloniales franceses y británicos han importado sus salvajes métodos de guerra al corazón de la civilizada Europa, tomando las cabezas, dedos, y orejas de sus enemigos como trofeos de guerra, asesinando a hombres desarmados o heridos, arrancando los ojos a sus oponentes, violando a mujeres blancas, y generalmente aterrorizando a todos los Europeos con quienes ellos van teniendo contacto.[…] Estas tropas, cuya brutalidad y crueldad son una desgracia como conducta de guerra en el siglo veinte.

Esta campaña de propaganda nacionalista se había extendido por toda Alemania, con el fin de denunciar la ocupación de Renania por parte de las tropas coloniales francesas, cuyos regimientos estaban formados por soldados argelinos, senegaleses, marroquíes, malgaches y congoleños. Estas eran acusadas de gravísimos excesos, incluidos delitos sexuales, asesinatos y mutilaciones sobre la población civil alemana.

El embajador francés ante el Vaticano rechazaba las acusaciones de Eugenio Pacelli y del cardenal Bertram, definiéndolas como «propaganda antifrancesa». Lo cierto es que los implicados en el caso eran soldados y oficiales de regimientos procedentes de países del norte de África y de las colonias francesas y belgas en el África subsahariana. Fueran reales o no, el rumor se hizo circular interesadamente por la prensa nacionalista alemana y el Tercer Reich lo utilizó rápida y eficazmente como medio de protesta por la ocupación de Renania. Monseñor Adolf Bertram acusaba al gobierno de París de «someter a la población occidental blanca al yugo de ciudadanos originarios de pueblos primitivos». La idea era convencer a los gobiernos de Gran Bretaña y Estados Unidos de que Francia no se comportaba como una nación civilizada en un país ocupado.

Para investigar las numerosas denuncias, la Santa Sede decidió enviar investigadores a la región para tomar declaración a los implicados. Los enviados del papa descubrieron todo tipo de aberraciones. Niños menores de diez años secuestrados y violados; niñas adolescentes secuestradas, torturadas y usadas como esclavas sexuales; mujeres golpeadas y violadas, y así innumerables casos. Mientras los enviados papales informaban a Benedicto XV en Roma, también lo hacían al nuncio Pacelli, pero un caso vendría a revolver aún más la tensa situación que se estaba viviendo en aquella región. Una niña de once años llamada Nina Holbech fue secuestrada por tres soldados y dos oficiales de los regimientos africanos. Dos días después, el cadáver de la pequeña fue encontrado atado a una viga en un establo abandonado. La menor había sido torturada y violada sádicamente hasta matarla. Alemania pedía justicia, pero una nación vencida y que había provocado una guerra mundial no tenía derecho a ella.

Los enviados por Roma decidieron actuar, lanzando una amplia campaña de denuncia en Estados Unidos y Gran Bretaña contra Francia por el ataque de soldados de color a mujeres y niñas. Como resultado de las presiones del Vaticano, a través de monseñor Giovanni Vincenzo Bonzano, delegado apostólico en Washington, a la Casa Blanca, bajo la presidencia de Woodrow Wilson, un racista y

segregacionista, el Congreso decidió crear una comisión investigadora para ser enviada a Alemania. Figuras mundiales, como H. G. Wells, Philip Snowden o Bernard Shaw, entraron en el debate y condenaron a Francia por «introducir hombres no civilizados en el corazón de Europa». Eugenio Pacelli, por su parte, creía que el gobierno estadounidense acabaría presionando a París para que pusiese fin a las violaciones y ataques a civiles por parte de los militares africanos, pero lo que ocurrió fue bien distinto. Bainbridge Colby, secretario de Estado bajo la administración del presidente Wilson, aconsejaría al Comité del Congreso que no adoptara ninguna medida o acción contra Francia acerca de las quejas que llegaban desde Alemania y la Santa Sede.

El 7 de marzo de 1921, Eugenio Pacelli volvió a escribir a Pietro Gasparri para conocer la posición del sumo pontífice, pero esta vez el cardenal secretario de Estado aconsejó a Benedicto XV que no interviniese en defensa de los ciudadanas alemanas agredidas. Desde ese mismo momento se detuvieron los reproches y protestas diplomáticas desde la Santa Sede al gobierno de París. Lo cierto es que, aunque en Londres y Washington las críticas contra Francia por el caso de la «Vergüenza Negra» no surtieron el efecto deseado, el gobierno del presidente Alexandre Millerand decidió ir reemplazando poco a poco los regimientos coloniales estacionados en el Rin por unidades metropolitanas.

En 1923, la Liga de Mujeres de Renania, editó un largo panfleto en el que se revelaban cerca de un centenar de atrocidades cometidas por las tropas indígenas francesas en las zonas ocupadas. La lista iba desde violaciones y asesinatos, intentos de violación, zoofilia, abusos a niños, el «nada natural» (forma de la Liga para definir la homosexualidad o la pedofilia) uso de hombres y la violación de esposas e hijas delante de maridos y padres. Las acusaciones sobre la llamada «Vergüenza Negra» en Renania continuaron hasta que Hitler volvió a ocupar esa región años después[12]. Los acontecimientos ocurridos en Renania en los años veinte serían denunciados por Adolf Hitler, en su libro Mein Kampf (Mi lucha), como un «inadmisible flujo de sangre negra sobre el Rin», y presuponiendo que detrás de ello existía una maniobra judía en contra de la raza aria. Incluso cuando las tropas alemanas invaden Francia en 1940, se ordena la ejecución de casi 8000 oficiales y soldados coloniales que combaten en el ejército francés y que han sido hechos prisioneros por la Wehrmacht.

Para Eugenio Pacelli, ya como papa Pío XII, aquella «Vergüenza Negra» dejó una profunda huella en su actitud hacia las razas y la guerra, que quedaría reflejada cuando llegaron las primeras unidades aliadas, tras la liberación de Italia. Veinticinco años después de la «Vergüenza Negra», cuando las tropas estadounidenses entraron en Roma en junio de 1944, el sumo pontífice pidió a Myron Taylor, representante del presidente Truman, y a sir D’Arcy Osborne, embajador británico ante la

Santa Sede, que «no hubiera soldados de color aliados entre las unidades que quedasen acuarteladas en Roma tras la liberación»[13]. La población italiana, a través de religiosos, está denunciando ya casos de abusos sexuales contra mujeres italianas llevados a cabo por soldados de color pertenecientes a unidades estadounidenses.

El 27 de enero de 1945, la División Italiana de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) se hace eco de esta cuestión en varios de los puntos de un informe confidencial enviado al general William Donovan, jefe de la OSS; al general John Magruder, jefe de inteligencia de la OSS; a Henry L. Stimson, secretario de Guerra; al general George Marshall del Departamento de Guerra; y al general Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe aliado en el Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada (SHAEF). Al parecer, la petición del papa Pío XII a Eisenhower llega después de que varios religiosos en diferentes puntos de Roma y otras ciudades italianas liberadas recibiesen denuncias, en confesión, de mujeres supuestamente violadas por soldados de color pertenecientes al ejército estadounidense en Italia.

Las tropas americanas son más populares que las británicas. La actitud de las tropas aliadas, especialmente americanas, en las iglesias ha sido objeto de un amplio comentario favorable. Las tropas americanas de color son culpadas, tal vez de manera desproporcionada, de delitos sexuales. Aunque la mayoría de los italianos desaprueban severamente a las chicas que corren detrás de soldados aliados y oficiales, estos últimos también han sido objeto de numerosas críticas. Algunas de estas cuestiones pueden ser recordadas durante mucho tiempo, incluso después de que la mayor parte de los daños materiales de la guerra hayan sido borrados.

En otra página del mismo informe se destaca el llamado «complejo de raza superior» que afecta a muchos soldados y oficiales estadounidenses y británicos en su relación con los ciudadanos italianos en las áreas liberadas de Italia.

La impresión general causada en los italianos por los aliados es que estos últimos se consideran una raza superior. Muchos estadounidenses e ingleses han estado actuando en las partes liberadas de Italia, de tal manera, que un observador podría concluir que ellos consideran a los italianos como inferiores. Es cierto que algunos italianos, hombres y mujeres, han colaborado en la promoción de este sentimiento, pero las personas que carecen de alimentos, vivienda y ropa no pueden ser consideradas completamente responsables. Los alemanes -los nazis- en realidad consideran a los italianos por debajo de ellos y dejaron huella de esto durante la ocupación. Pero en muchos sentidos los alemanes han sido más sutiles y menos visibles que los aliados en desarrollar tal impresión sobre los italianos.

Las actuales manifestaciones de los aliados sobre el complejo de Raza Superior son muchas. Una de las más inaceptables para los italianos (y para las esperanzas de una pronta restauración de algo parecido a lo normal en Italia) son las excesivas requisas. Los aliados han tomado demasiadas escuelas, edificios públicos y propiedad privada de todo tipo. El control aliado y el gobierno han actuado demasiado abiertamente.

Las requisiciones de todo tipo continúan todavía. Los efectos pueden servir solo para debilitar aún más lo que queda de un sistema económico muy vacilante. Al final, posiblemente significarán mayores préstamos en bienes o dinero de Estados Unidos. Pero ahora, el gobierno italiano se supone que es responsable de las pérdidas sufridas por las requisas. Sin embargo, el gobierno italiano es generalmente considerado como un mero instrumento de los aliados y no de un gobierno libre en absoluto. (Como tipología pero no en el mismo grado, se le compara con los gobiernos colaboracionistas nazis). Además, el gobierno italiano probablemente no será capaz jamás de recaudar fondos para pagar los gastos de guerra, ni directa ni indirectamente.

En el mismo punto se destacan las requisiciones que llevan a cabo las tropas aliadas sobre propiedades pertenecientes a ciudadanos italianos, sin ningún tipo de pago como contrapartida, y que ello está provocando un cada vez más serio rechazo de la población liberada hacia sus liberadores. Incluso la OSS alerta de forma preocupante que muchos italianos se encuentran ahora, bajo el control aliado, peor que bajo el fascismo o el nazismo.

Los efectos psicológicos de la política general de requisiciones puede ser aún mayor, desde un punto de vista negativo, en los italianos. La presencia de los aliados de una manera tan evidente es seguro que se compara desfavorablemente con las apariencias de las cosas bajo los alemanes. Además, incluso a estas alturas el individuo no sabe cuándo algo que tiene puede ser requisado.

Naturalmente, nadie con principios correctos se opone a las medidas necesarias para avanzar en la guerra o la necesidad de controlar los asuntos aquí en Italia, en la actualidad. Pero la manera en que se hacen ciertas cosas es seriamente cuestionable.

En ciertos casos, algunas personas se han erigido como dictadores virtuales en su campo particular. Algunos están haciendo algo bueno para salir de los problemas. Por ejemplo la mayor parte del mercado negro se derrumbaría inmediatamente si la fuente de suministro de bienes aliados fuesen cortados. Tanto los aliados como los italianos son los responsables. La culpa no se puede poner todo en un lado. Las personas en muchos sectores de la actividad están demandando su tributo de un tipo u otro.

La actitud por parte de algunos ingleses y americanos es que la gente de aquí se merece su sufrimiento, cualquier pueblo que se mantuvo bajo Mussolini durante más de 20 años merece sufrir. La cuestión teórica de la culpa no ayuda de ninguna manera a una persona que aquí encuentra las cosas, materialmente hablando, mucho peor ahora que bajo el fascismo o bajo el régimen nazi.

Los soldados suelen tener un montón de dinero para pagar los precios pedidos por lo que, naturalmente, no se dan cuenta de que muchos de los indígenas no se lo pueden permitir. Los aliados sin necesidad han permitido a los soldados y oficiales competir por la pequeña cantidad de bienes civiles disponibles. Fue hasta hace muy poco tiempo que los restaurantes y otros lugares que sirven comida han sido prohibidos a lo militares. La mayor parte del daño ya estaba hecho y, al menos hasta el presente escrito, las reglas no se han hecho cumplir muy estrictamente. Los dueños de los restaurantes están contentos de poder vender lo que tenían al mejor licitador.

Entre otras cosas se han hecho con los italianos cosas que no serían toleradas en Inglaterra o Estados Unidos, y que se puede mencionar, por ejemplo, la cuestión de los cables. El 16 de noviembre se anunció que se podrían enviar cables a Estados Unidos, Inglaterra y sus posesiones y dominios. Se presentaron miles de mensajes, a 15 liras por palabra, y solo esta semana la prensa anunció (aunque muchos lo sabían desde hace mucho tiempo) que ninguno de los mensajes habían sido transmitidos. No se pueden medir los costes en valores humanos y buena voluntad en ese tipo de manejo estúpido de este asunto.

El documento de la OSS hace un claro análisis de cómo ve la opinión pública italiana a las tropas británicas y estadounidenses, y al mismo tiempo a los gobiernos de Washington y Londres. En lo referente a la actitud italiana hacia Inglaterra, el documento asegura:

Los italianos son de tal naturaleza que les resulta muy difícil entender a los británicos y los motivos detrás de la política exterior británica, especialmente en lo que se refiere a Italia y sus intereses. Desde el punto de vista de los italianos, el inglés es duro, rígido y legalista. No le consideran generoso o simpático. El italiano también es sospechoso de algún motivo oculto en todas las actividades británicas.

Los comentarios de esta semana por Churchill y Edem en la Cámara de los Comunes no han ayudado a la actitud italiana hacia Inglaterra. Algunas personas aquí, tal vez muchos, creen que Inglaterra, por alguna razón, quiere mantener baja la cantidad de alimentos y suministros enviados a Italia y ha ejercido presión a Estados Unidos para este fin. La publicación de artículos de Drew Pearson con esta intención fue interpretado por muchos como un medio utilizado por el gobierno de Estados Unidos o de importantes funcionarios del gobierno para dar a entender que era Inglaterra y no Estados Unidos quien estaba obstruyendo los envíos a Italia.

La confusión acerca de la política británica se incrementa aún más por el hecho de que muchos aquí creen que una Italia muy débil al final dañaría a Inglaterra por no ser un aliado satisfactorio o por dirigirse a la esfera de influencia de Rusia.

En cambio, la opinión de la mayor parte de los italianos con respecto a los estadounidenses difiere absolutamente de la opinión que tienen de los ingleses.

Los italianos todavía ven a América como la solución de los problemas de Italia, a pesar de que hay muchos indicios claros de que Estados Unidos no está tomando parte en la dirección de los asuntos italianos. La mayoría de los italianos se dan cuenta de esto, pero siguen esperando. Ellos saben que el dinero y otros suministros y mucha mano de obra proviene de Estados Unidos. No comprenden que

Estados Unidos no tiene interés en Italia, sino solo Inglaterra. Los italianos encuentran a los estadounidenses, en general, temperamental-mente afines a ellos mismos. Naturalmente les gusta la generosidad y la franqueza de los americanos. A ellos les gustaría estar en la esfera de influencia de Estados Unidos en lugar de la de Inglaterra o Rusia o cualquier otro país. Eventualmente, sin embargo, Estados Unidos probablemente aquí se odiaría por el argumento de que deberían haber tomado el liderazgo, pero que no lo hicieron.

El papa Pío XII iba a utilizar el caso de la canonización de la niña María Goretti como arma de propaganda contra los abusos sexuales cometidos por las tropas estadounidenses en Italia. El historiador Kenneth Woodward, encargado de defender la canonización del papa Pacelli[14], encontró puntos poco claros en el caso de María Goretti, la niña de once años que fue asesinada en 1902 por resistirse a ser violada y que sería canonizada por el propio Pío XII el 24 de junio de 1950. En el libro del historiador Giordano Guerri, titulado Pobre santa, pobre asesino: la verdadera historia de María Goretti, publicado en 1985, el autor argumentó que las evidencias en el caso Goretti eran muy frágiles, y acusó al papa Pío XII de «haber manipulado la historia deliberadamente para hacer santa a María Goretti con el fin de contrarrestar la inmoralidad sexual de las tropas estadounidenses, la mayoría de ellos protestantes, que liberaron Italia en 1944». Con el método de un detective y el escrúpulo científico de un historiador, Guerri aireó la vida de María Goretti, la trágica agonía y el complejo proceso que la condujo, solo 48 años después de su muerte, a los honores de la santidad, proclamada con gran pompa por Pío XII como culminación del año mariano.

Antes de adentrarse en el análisis comparado de las actas de los procesos penal y canónico, que revelarían contradicciones infinitas, Guerri estudió y describió el ambiente en su dimensión histórica, económica y sociocultural en el que se desarrolló el intento de violación y asesinato de María. De hecho, su primera preocupación consistió en trazar el perfil de la anónima vida de María Goretti, un personaje que solo es conocido tras su muerte. «No se sabe nada de ella: ni su personalidad, ni su forma de pensar, ni su inteligencia. […] Escarbando en sus 11 años y medio de vida, decenas de biógrafos de buena voluntad no han conseguido más que recopilar una docena de frases de una superficialidad patética. […] Nunca se ha podido demostrar, de hecho, hasta qué punto aquella niña zafia estuviera en

condiciones de comprender la diferencia entre el mal y el bien o el valor religioso de la virginidad. ¿Su rechazo fue un gesto consciente de martirio dictado por la fe o más bien un impulso de defensa que cualquiera, y sobre todo un niño, siente ante la brutalidad vulgar de un hombre adulto?», dijo Guerri.

Pero precisamente la Iglesia en general y el Vaticano en particular hace alarde de la virginidad de María Goretti (aireando la idea del martirio) cada vez que necesita reafirmar, utilizando a un personaje tan ejemplar y popular como ella, una moralidad que ya no resiste los embates de los nuevos tiempos. «Cuando los aliados llegaron a Roma, parecía que los acompañase el demonio. Se acortaron las faldas, se bailaban danzas obscenas al ritmo de músicas indecentes, se difundían los anticonceptivos junto a los nuevos y perniciosos modos de vida», afirma el autor del polémico libro.

Precisamente el 25 de marzo de 1945, el papa Pío XII daría el visto bueno para que se iniciara la beatificación de María Goretti, que durante años encontraba continuos obstáculos en el propio Vaticano, principalmente por parte del cardenal Carlo Salotti, en aquel tiempo prefecto de la Congregación de Ritos (en 1969 sería rebautizada como Congregación para la Causa de los Santos). La muerte de Salotti el 24 de octubre de 1947 y el nombramiento por parte de Pío XII de un sustituto que se ajustase más a sus deseos, el cardenal Clemente Micara, y después el cardenal Gaetano Cicognani, consiguió que la causa de María Goretti fuera adelante. Por supuesto, el Vaticano reaccionó violentamente denunciando el libro Pobre santa, pobre asesino: la verdadera historia de María Goretti, así como la moral de su autor, Giordano Guerri.

La preocupación del papa sobre la sexualidad de las tropas aliadas era real. El embajador británico ante la Santa Sede, D’Arcy Osborne, había transmitido ya a sus superiores en 1944: «El Cardenal Secretario de Estado envió por mí hoy, para decirme que el papa espera que las tropas Aliadas de color sea un número pequeño del que podría ser una guarnición en Roma, después de la ocupación». Cuando esta solicitud se presentó ante la persona encargada de promover la canonización de Pío XII, este no negó que hubiera ocurrido, pero lo conectó con el caso de la «Vergüenza Negra» ocurrida después de la Primera Guerra Mundial en Alemania, cuando tropas francesas de color fueron acusadas de violación. Woodward se dio cuenta de algo acerca de esta reacción oficial.

Lo que me interesaba más sobre el asunto Guerri fue que en ningún momento la Congregación [para la Causa de los Santos] consideraba reabrir la causa. Para ello, se me dijo que la Congregación podría ser puesta en una posición insostenible al adivinar una infalibilidad en la fabricación de los santos: el juicio del papa es definitiva e irrevocable, y a los católicos no se les permite cuestionar el carácter sagrado de cualquier santo, papalmente canonizado.

Fuera como fuese, la opinión de Pío XII con respecto a la raza y la guerra no se movió un ápice hasta el mismo día de su muerte, ni siquiera cuando el propio comandante en jefe aliado, general Dwight D. Eisenhower, rechazó la petición del sumo pontífice de retirar a los soldados de color pertenecientes a las tropas estadounidenses acantonadas en la Roma liberada. El racismo y el antisemitismo mostrado por el papa Pío XII, tanto durante sus años como cardenal como durante sus años como sumo pontífice, continúa siendo una de las grandes trabas para que siga adelante la causa de su canonización por parte de la Congregación para la Causa de los Santos, y a las pruebas documentales nos remitimos. 

Vaticano La «Ruta de las Ratas»

«La CIA muy pronto tomó la decisión de que los nazis eran más valiosos como aliados y agentes que como criminales de guerra», dijo Víctor Marchetti, un exoficial de la CIA, cuando descubrió el papel que desempeñaron la Agencia Central de Inteligencia y la Iglesia en la perpetuación de la indignidad nazi. «Se ponen un poco locos [el Vaticano y la CIA] cuando dejas que una cosa [anticomunismo] se haga cargo de algo, en la medida que perdonas todo lo demás [los crímenes del nacionalsocialismo]», aseguraría el propio Marchetti.

Klaus Barbie, el carnicero de Lyon; Gerhard Bohne, que gaseó a 62.000 minusválidos en el programa Aktion T4; Kurt Christmann, jefe del escuadrón de la muerte de la SS Einsatzgruppen D; Adolf Eichmann, arquitecto de la Solución Final; Hans Fischbock, que se ocupó de las expropiaciones de propiedades judías en Austria y Holanda; Erwin Fleiss, teniente de la SS; Albert Ganzenmüller, subsecretario de Estado del Ministerio de Transportes del Reich y responsable de las deportaciones de alemanes; Fridolin Guth, antiguo miembro de la policía política alemana en Francia; Hans Hefelmann, médico y responsable del asesinato de miles de niños deficientes mentales; Josef Janko, miembro de la Waffen-SS en Yugoslavia; Karl Otto Klingenfuss, involucrado en la deportación de judíos en Italia, Croacia y Bulgaria; Eckard R. Krahmer, general de la Luftwaffe; Walter Kutschmann, que ordenó el fusilamiento de 36 profesores en Lwów y 1.500 intelectuales polacos en la región de Lviv; Fritz Lantschner, responsable de la incautación de bienes judíos en Alemania; Gerhard Lausegger, oficial de la SS; Josef Mengele, el «Ángel de la Muerte» en el campo de Auschwitz; Erich Priebke, responsable de la Masacre de las Fosas Ardeatinas; Erich Rajakowitsch, médico de la SS y pieza clave en la Solución Final;

Friedrich Joseph Rauch, teniente coronel de la SS y responsable de la seguridad de Hitler en la Cancillería; Walter Rauff, coronel de la SS y responsable de las cámaras de gas móviles; Eduard Roschmann, el «carnicero de Riga» y responsable de la ejecución de 24.000 judíos en el bosque de Rumbula; Josef Schwammberger, comandante de la SS en diferentes campos de trabajos forzados en Cracovia; Siegfried Uiberreither, comisario del Reich en la región austríaca de Styria; Josepf Votterl, miembro de la Gestapo; Horst Wagner, diplomático y responsable de la oficina de enlace del ministerio de Asuntos Exteriores del Reich con la SS; o Guido Zimmer, oficial de la SS en Italia, serían algunos de los miles de nazis que consiguieron escapar a través de la «Ruta de las Ratas» establecida por el Vaticano, rumbo a seguros refugios en Sudamérica.

Franz Stangl, comandante del campo de concentración de Sobibor y Treblinka, recibió una nueva identidad, papeles falsos y refugio en Roma por parte del obispo Alois Hudal. Klaus Barbie también sería ayudado por agentes del Vaticano, al igual que Adolf Eichmann. Pero por esta ayuda el Vaticano y diversas instituciones recibieron importantes fondos, muchos de ellos procedentes de la extorsión a judíos ricos a cambio de no ser deportados a campos de exterminio.

Uno de estos casos sería el del general de división de la SS Hans Fischböck. Junto a Eichmann y al capitán de la SS Erich Rajakowitsch, los tres habían desempeñado importantes cargos en la Austria anexionada y posteriormente en Holanda. Informes de los servicios secretos estadounidenses demostraban que tanto Fischböck como Rajakowitsch habían hecho una auténtica fortuna expoliando a las millonarias familias judías holandesas a cambio de no entrar en las listas de deportaciones de la SS. Una parte de ese dinero iba a los bolsillos de Eichmann, otra a los de Fischböck, otra a los de Rajakowitsch y la parte más importante hacia diversas cuentas en Argentina a través de los bancos suizos, en especial a través de la Unión de Banques Suisses (UBS) de Zúrich.

Con parte de ese dinero los tres antiguos miembros de la SS, y en coordinación con instituciones de la Santa Sede, pudieron escapar a Argentina. Los servicios secretos británicos descubrieron que parte de la operación de huida había sido financiada a través de dos ciudadanos suizos, Arthur Wiederkehr, un despiadado abogado que consiguió cerca de dos millones de francos suizos en comisiones procedentes del dinero de los rescates, y Walter Büchi, un joven suizo que tenía una gran habilidad para poner a sus «clientes» en manos de la Gestapo una vez que habían entregado el dinero del rescate. Informes británicos demostraban que Büchi tenía «importantes contactos con la curia romana».

Walter Büchi tenía estrechas relaciones con miembros del Teutonicum, una institución del Vaticano que preparaba a sacerdotes de origen alemán. Tras la guerra, el Vaticano supo que este Collegium había sido una de las principales fuentes de información de la Gestapo en la Santa Sede. Mientras Büchi actuaba como «agente libre» del Vaticano, también lo hacía como enlace suizo de la llamada Unidad Monetaria de la SS, dirigida por el general Hans Fischböck. Uno de los mejores negocios de Büchi fue la intermediación para la liberación del banquero judío Hans Kroch. El financiero había conseguido escapar a Holanda cuando comenzaron en Berlín las persecuciones contra la comunidad judía.

Kroch se puso en contacto con Walter Büchi para pagar el rescate por toda su familia. El suizo llamó personalmente a Adolf Eichmann para conseguir los salvoconductos, pero el problema fue que la esposa de Kroch había sido ya detenida por la Gestapo y deportada al campo de concentración de Ravensbrück. El abogado Arthur Wiederkehr aconsejó entonces a Kroch que escapase a Suiza junto a sus hijas y de ahí a Argentina. Una vez en Sudamérica, Kroch envió a Büchi y Wiederkehr una lista de millonarios judíos que estarían dispuestos a pagar considerables fortunas por la libertad de sus familiares. Esta relación de nombres sería conocida como la Lista Kroch. Desde ese mismo momento, Büchi y Wiederkehr, por parte suiza, y sus socios Adolf Eichmann y Hans Fischböck, por parte alemana, comenzaron a recibir importantes cantidades de dinero en oro y francos suizos que eran depositadas en cuentas numeradas y posteriormente enviadas a cuentas en bancos argentinos. Este dinero serviría años después para financiar la evasión de importantes criminales de guerra nazis hacia Sudamérica, principalmente a Argentina, Bolivia y Brasil, a través del llamado «Pasillo Vaticano».

Realmente los primeros planes de evasión para los dirigentes nazis fueron diseñados dos meses antes del fin de la Segunda Guerra Mundial. Heinrich Himmler, al ver que todo estaba perdido, había decidido crear la llamada Operación Aussenweg (Camino al Exterior).

Para ello puso al frente de la misma al joven capitán de la SS, Carlos Fuldner. El alemán, de treinta y cuatro años, iba a convertirse en la punta de lanza de la evasión de criminales de guerra durante los siguientes cinco años, exactamente hasta 1950. España, Portugal, Marruecos, Austria, Italia y el Vaticano se convertirían en zonas seguras de paso y protección para los evadidos que viajaban con documentaciones e identidades falsas creadas en la mayor parte de los casos por organizaciones cercanas al Vaticano o directamente bajo jurisdicción territorial de la Santa Sede. Incluso muchos funcionarios vaticanos actuaron como guías y protectores de criminales de guerra hasta que estos se encontraban en un lugar seguro, fuera del alcance de la justicia internacional. Carlos Fuldner se dedicaría a realizar una gira por varias capitales de Europa, entre ellas Madrid o Roma. En esta última ciudad mantendría una reunión con el padre Krunoslav Draganović, el máximo dirigente de San Girolamo degli Illirici, el colegio croata en la capital italiana. Este confirmó al enviado de Himmler que «su organización» estaba preparada para dar refugio y asistencia a las altas jerarquías nazis que decidiesen huir hacia Sudamérica. Incluso aseguró a Fuldner que contaban con la protección y el apoyo del Vaticano.

Fuldner había nacido en Buenos Aires el 16 de diciembre de 1910 en el seno de una familia de inmigrantes alemanes, pero en 1922 el padre decidió regresar a Alemania instalándose en la ciudad de Kassel. A principios de 1932, Fuldner fue admitido en las unidades de elite de la SS. Tenía veintiún años y medía un metro setenta y seis. Después de la guerra se refugió en Madrid, donde estableció su base de acción. En la capital española el antiguo capitán de la SS mantenía buenas relaciones con miembros relevantes de la sociedad española, como Gonzalo Serrano Fernández de Villavicencio, vizconde de Uzqueta; el periodista Víctor de la Serna; o los hermanos Dominguín, toreros famosos. Para mantener sus encuentros secretos, Fuldner se reunía en los privados del restaurante Horcher, situado en la calle Alfonso XII, inaugurado en 1943 y propiedad de Otto Horcher, un gran amigo de Herman Göring. Sería en este lugar donde Fuldner establecería el primer contacto con el obispo argentino, monseñor Antonio Caggiano, una de las piezas clave de la emigración alemana hacia Argentina, y con un sacerdote de origen suizo llamado Stefan Guisan. Caggiano, obispo de Rosario y elevado al cardenalato el 18 de febrero de 1946 por el papa Pío XII, tenía gran amistad con el presidente Juan Domingo Perón, y gracias a él muchos altos jerarcas nazis consiguieron permisos de entrada en Argentina sin una sola pregunta.

Otro de los famosos casos en los que se vio involucrado el Vaticano dentro de la llamada «Operación Convento», sería el de la evasión del doctor Carl Vaernet, el llamado «Mengele danés». En la década de los años treinta del siglo XX, Vaernet aseguró haber desarrollado una terapia basada en lo que él mismo denominaba una «inversión de la polaridad hormonal». Sus teorías habían sido muy difundidas por los diarios del Partido Nazi, en las que Heinrich Himmler vio una «solución final» a la cuestión de los homosexuales. Tras el ascenso de Hitler al poder, Vaernet fue reclutado por el departamento médico de la SS, un grupo del que ya formaba parte como fundador el doctor Josef Mengele, experto en genética y gemelos. En 1943 Carl Peter Jensen, alias Carl Vaernet firmó un contrato con la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA) cediendo los derechos exclusivos de la patente de sus descubrimientos a una empresa de la SS, la Deutsche Heilmittel, a cambio de financiación, material de laboratorio y prisioneros homosexuales recluidos en el campo de concentración de Buchenwald para ser utilizados como cobayas humanas.

Desde enero de 1944, Himmler puso a disposición de Vaernet a la población homosexual de Buchenwald. Carl Vaernet experimentó con quince prisioneros a los que les implantó una glándula sexual masculina artificial. Esta consistía en un simple tubo metálico que liberaba testosterona a través de la ingle durante un periodo de tiempo. De los quince prisioneros solo dos sobrevivieron, mientras que los otros trece murieron víctimas de infecciones. Al final de la guerra, Vaernet sería encarcelado por las fuerzas británicas en Dinamarca, y el 29 de mayo de 1945, el comandante aliado informaba a la Asociación Médica Danesa que Carl Vaernet sería juzgado como criminal de guerra. Al final de ese año fue entregado por los británicos a la justicia danesa, pero poco antes del juicio consiguió evadirse.

El caso del médico que conseguía acabar con la «cruel enfermedad de la homosexualidad» llegó a oídos del cardenal Eugene Tisserant, quien, al parecer, ordenó a la red del Pasillo Vaticano que se ayudase a tan eficiente científico.

Al parecer, el antiguo médico de la SS se había refugiado en la embajada de Argentina en Estocolmo. Desde Suecia, y con ayuda de la organización del Pasillo Vaticano, a través de la OIARMO (Obra Internacional de Asistencia Religiosa Moral a los Trabajadores), Vaernet encontró refugio en Argentina. Los argentinos negaron tener conocimiento de la llegada de Carl Vaernet al país, pero existe un documento reseñado por el periodista Uki Goñi en su libro The Real Odessa: Smuggling the Nazis to Peron’s Argentina, que demuestra que el médico danés de la SS entró en el país abriéndose un informe a su nombre con el número 11692 y un anexo, con el número 3480, en el que Vaernet solicita la nacionalidad argentina.

Lo cierto es que el Vaticano y funcionarios de la Santa Sede están participando desde la ciudad de Génova en una red secreta para ayudar a escapar a criminales de guerra y a colaboracionistas. Uno de estos sería Robert Fauçon de Tourenne, antiguo secretario en el Ministerio de Prisioneros, Deportados y Refugiados en el gobierno de Vichy.

El 26 de septiembre de 1946, el Cuerpo de Contrainteligencia (CIC) militar aliado redacta un informe sobre los primeros movimientos detectables en la Santa Sede para ayudar a escapar a colaboracionistas, en este caso un antiguo funcionario de la Francia de Vichy. La última ciudad en Europa hacia la libertad, para miles de colaboracionistas y criminales de guerra, sería el puerto de Génova. La organización está controlada por monseñor Giuseppe Siri y por su secretario privado, el padre Aurelio Torrazza.

Trato Vaticano con Anticomunistas.

1. Este informe se ha retrasado a la espera de investigaciones locales. El Oficial de Control de Pasaportes francés, DOUARE, llegó a esta oficina con sustancialmente el mismo informe. Indicó que otras informaciones en su poder señalaron de manera concluyente el hecho de que el Vaticano (o funcionarios de la Iglesia asumiendo dichas credenciales) estaban tratando de facilitar la fuga de personas comprometidas.

2. DOUARE elaboró un informe dado a él por el PCO británico

Sr. Kenneth Benton, que revela que tanto los estadounidenses y las oficinas de control británicos en Génova fueron abordados por don Aurelio Torrazza, pidiendo un pasaporte para Robert Faucon de Tourenne, etc. Se hizo entender por Torrazza que su servicio estaría dispuesto a pagar por cualquier gasto relacionado con la entrega de los documentos.

El documento británico terminó con una nota de indignación, lo que indica que Torrazza no avanzó con su propuesta.

3. En otro documento vamos a presentar la información sobre las credenciales falsas que han sido emitidas por personas cercanas al Vaticano. Es obvio que estamos frente a un futuro y una grave amenaza de seguridad en América del Sur […].

4. Hemos asesorado al CIC Roma deestos peligros sobre estos graves informes y parece posible que ellos efectúen una penetración separada. Sería posible pasar uno o más de nuestros propios agentes para España para controlar mejor este pasaje clandestino.

5. Se pasarán propuestas concretas para su consideración en sobre aparte.

6. Llevamos a cabo los seguimientosde los Sujetos:

A. Teniente coronel Cannone, Aldo.

B. Conde Anselmo Foroni Lo Faro.

C. S. E. Monseñor Siri. Asunto: patrocinaba una organización anticomunista para fusionarse con el movimiento tricolore monárquico.

D. Don Aurelio Torrazza.

El martes 21 de enero de 1947, el Grupo Central de Inteligencia (CIG) en Washington redacta un amplio informe sobre la OIARMO, organismo que ha ayudado a evadirse a varios criminales de guerra como el doctor Vaernet, bajo el título, «El Vaticano financia Organización Internacional de Emigración».

El documento está dirigido a Jack D. Neal, del Departamento de Estado.

1. Historial:

Alrededor de agosto de 1945, se descubrió la existencia de una organización eclesiástica conocida como la ONARMO (Obra Nacional de Asistencia Religiosa Moral a los Trabajadores), cuyo propósito era colocar a capellanes por todas las grandes fábricas para contrarrestar la influencia y propaganda del Partido Comunista colocados parecidamente. Por tanto, mientras que las metas de la organización eran principal-mente religiosas, contenían cierto matiz político subyacente, en vista de su anticomunismo.

2. Desarrollo:

a) Organización de la Emigración Internacional.

No se supo nada de esta organización ni de sus protagonistas hasta hace muy poco, cuando sus nombres reaparecieron asociados a un movimiento en Italia, cuyo objetivo era crear o fusionar una organización internacional con el fin de organizar la emigración de europeos anticomunistas a Sur América, es decir, a Argentina, Brasil,

Paraguay y Perú.

Supuestamente, […] fue a Roma este verano para conferir con personalidades de la Santa Sede respecto a la creación de una organización que tendría que proporcionar una salida hacia las zonas poco desarrolladas de Sur América para las poblaciones europeas en exceso o destituidas, […]

Se ha llegado supuestamente a un acuerdo con el gobierno argentino respecto a este tema. Esta clasificación general de anticomunistas cubriría evidentemente a todas aquellas personas comprometidas políticamente con los comunistas, principalmente Fascistas y Ustaschi y otros grupos parecidos.

Se supo que una misión asentada en Sur América, respaldada por la Santa Sede y administrada por las Misiones Pontificas iba a enviarse a alguien para que explorara las zonas apropiadas para desarrollar pequeñas comunidades y cuyos recursos naturales podrían ser explotados por iniciativas económicas. […]

Los agentes del Grupo Central de Inteligencia, predecesora de la CIA, citan como responsable de la organización a monseñor Giuseppe Siri, arzobispo de Génova y máximo representante del sector ultraconservador en la curia vaticana, y a su secretario privado, el sacerdote Aurelio Torrazza. Siri era uno de los protegidos del papa Pío XII, quien lo elevaría a la púrpura cardenalicia el 12 de enero de 1953.

La inteligencia estadounidense destaca a un grupo de grandes empresarios italianos que están financiando a la OIARMO, entre ellos a Rocco Piaggio. Hijo del famoso industrial y armador genovés Erasmus Piaggio, es el primero en establecer las rutas de barcos de vapor entre Europa y América del Sur. Su padre también fundaría la compañía de Seguros Italia, el Banco de Génova o los astilleros Riva Trigoso, del que procedían la mayor parte de los buques mercantes y de guerra que navegaban bajo pabellón italiano.

La información más reciente.

A) ONARMO se convierte en OIARMO (Obra Internacional de Asistencia Religiosa Moral a los Trabajadores).

Los siguientes párrafos constituyen el historial y desarrollo de este proyecto, en el cual ha sido ahora recibido en un informe con fecha el 5 de noviembre.

Debe notarse que la organización ha cambiado de nombre, poniendo énfasis en su actual carácter internacional.

Ahora se manifiesta que el Cardinal Bandelli, y no Torrazza, es el líder del proyecto patrocinado por el Vaticano, como se pensaba con anterioridad. Los siguientes son los directores laicos:

- Conde Anselmo Foroni Lo Faro.

-  Costa (todavía no se dispone de más detalles).

-  Cerni (todavía no se dispone de más detalles).

También se ha determinado que […] esta Misión del Vaticano dejó Roma en dirección a Brasil, […] para abrirle camino a la inmigración a Sur América de aproximadamente un millón de inmigrantes que procedían de todos los países europeos.

B) Creación de la Empresa, ATRIVI.

Se creará una empresa comercial llamada ATRIVI (cuyo significado se desconoce todavía) para tratar con los detalles complejos de transporte implicados, y será la agencia ejecutiva la que operará bajo la OIARMO.

El Vaticano se ha comprometido a organizarla y ya está supuestamente poniéndose en contacto con los navieros italianos y extranjeros. También hay rumores de que el Vaticano esté dirigiendo una pequeña flota de naves bajo su propia bandera para transportar a los emigrantes. En lo posible, los propios emigrantes correrán con los gastos que esto origine, complementados por las suscripciones recibidas por el Vaticano de fuentes internacionales.

[…]

Los datos biográficos que se conocen sobre los mencionados personajes.

Rev. monseñor Giuseppe Siri: obispo auxiliar de Génova. Obispo titular de Liviade.

Monseñor Aurelio Torraza: un estrecho colaborador de monseñor Siri. Fuertemente anticomunista.

Conde Anselmo Foroni Lo Faro: nacido en Génova, junio 8 de 1911.

Dirección: 8 Corso Paganini, Génova.

El conde Foroni heredó tanto el título de Lo Faro como el de los Trabajos de Jabón Lo Faro de su tío y tía, con cuya hija se casó. Se le describe como un hombre que lleva una vida tranquila, sin realizar ninguna actividad política durante la ocupación alemana.

Ahora es un miembro del Partido Demo-Cristiano.

Costa: quizá sea idéntico a Ángelo Costa, un industrial del aceite de oliva en Liguria que apoyó a los partisanos de derechas contra un golpe de estado comunista anticipado en Agosto de 1945.

El 11 de diciembre de 1947, once meses después del anterior documento, la CIA vuelve a redactar un informe alertando del paso de colaboracionistas, esta vez un francés del gobierno de Pétain, a través del Vaticano, rumbo a Génova y desde la ciudad italiana hacia Brasil. Al parecer, los agentes vaticanos están preocupados porque el francés no tiene pasaporte. El padre Aurelio Torrazza, secretario del poderoso monseñor Siri, ha abordado a los británicos, franceses e incluso al Vaticano para intentar conseguir un pasaporte legal o ilegal. Según el documento, es el propio Vaticano quien facilitará el documento de viaje a Robert Fauçon de Tourenne y a su esposa Jacqueline.

El Vaticano ha pedido a Torrazza que «es el expreso deseo de la Santa Sede que las interpelaciones deben evitarse a fin de evitar cualquier posibilidad de un escándalo público a través de elementos de la izquierda». Otra cuestión interesante es que la Agencia Central de Inteligencia destaca en el documento que la Santa Sede ha clasificado toda la actividad como Top Secret o «Ultrasecreta».

Asunto: Organización Internacional de Emigración.

1. Fuente informa de la existencia de un movimiento en Italia diseñado para crear y/o se convirtió en una parte de una organización internacional que se encargará de la emigración de los europeos a América del Sur.

2. Una misión integrada por cuatro personas (ver más abajo) tiene previsto salir de Génova el 9 de junio de Roma y de allí a Brasil con el fin de explorar las áreas estratégicas y determinar las posibilidades de consumar el plan de emigración a América del Sur.

3. El conde Anselmo Foroni Lo Faro (exinformador del coronel Cannone - propagandista y un entusiasta de la iglesia en Génova) ha visitado recientemente Roma, donde se puso en contacto con personalidades de la Santa Sede en referencia a la creación de esta organización internacional de emigración.

4. A su regreso a Génova, se reuniócon don Aurelio Torrazza, secretario de monseñor Giuseppe Siri, arzobispo de Génova.

5. La exacta naturaleza de la conferencia no ha sido comprobada. Sin embargo, poco después se supo que el señor Torrazza encabezaría una misión a América del Sur, que se identificó como una supuesta Misión Pontificia, la cual tendría como alcance lo siguiente:

A. Para explorar áreas adaptables en América del Sur para la creación de pequeñas comunidades o colonias donde los emigrantes en cuestión podrían asentarse y desarrollar la vida comercial normal, la explotación de los recursos naturales a través de empresas económicas.

B. Determine aproximadamente el costo como un proyecto financiero (fondos que pueden extraerse de los pagos internacionales y donaciones, cuando sea posible, a realizar por los emigrantes).

C. El proyecto está siendo asistido por la Santa Sede y se administra a través de las Misiones Pontificias, que mantiene la tutela sobre el proyecto y es juez al ser enorme en amplitud.

6. El supuesto objetivo es el de proporcionar una salida de Europa del exceso de población, o en la miseria, hacia las áreas relativamente subdesarrolladas en América del Sur. El alcance real, sin embargo es proveer una cobertura para los agentes eclesiásticos y anticomunistas que tengan la intención de luchar contra las actividades de los comunistas en América del Sur.

7. Torrazza irá acompañado por el barón Robert Fauçon de Tourenne, su esposa, Jacqueline Imbert, y otros dos individuos, NU, pero identificados como agentes de la Santa Sede.

8. Con referencia al documento de Tourenne, se proporciona lo siguiente: cruzó Brenner en Italia en abril de 1945; detenido por la Misión Rossignol  despojado de los objetos de valor, dinero en efectivo, etc., luego puesto en libertad, y ahora se emplea en la Misión Naval Francesa en Génova.

9. De Tourenne está sin pasaporte, sin embargo, se hace constar por Fuente que no puede obtener un pasaporte francés porque era un colaborador de Pétain, después de haber ocupado el cargo de secretario del ministro de Prisioneros y Refugiados [sic]. Además, él es bastante reacio a volver a Francia y se ha negado a acudir el Consulado de Francia para un pasaporte.

10. Torrazza está ahora en frenéticabúsqueda de un medio por el cual se puede obtener un pasaporte para De Tourenne, insistiendo en su legalidad, de cualquier otro país. Se pretende, una vez a bordo del barco, sin embargo, él presentará los documentos que acrediten su condición de ciudadano del Estado Vaticano y será a partir de entonces que viajará bajo inmunidad del Vaticano.

11. Se ha informado de forma fiable(confirmado por una verificación controlada) que Torrazza abordó a Hill del Consulado Americano, solicitando tanto el asesoramiento como la ayuda en cuanto a los medios disponibles a través del cual un pasaporte podría ser adquirido para De Tourenne. Hill le sugiere que consulte a uno de los representantes consulares de América del Sur.

12. A pesar del sombrío pasado político aparente de De Tourenne, la Santa Sede es persistente con él, y le emplea debido a su experiencia en ingeniería y su experiencia con los refugiados, las personas desplazadas, etc., bajo el gobierno de Pétain.

13.Torrazza ha admitido abiertamente que podía obtener un pasaporte ilegal o acordado, que podría proporcionarle documentos de la Santa Sede, pero es el expreso deseo de la Santa Sede de que las interpelaciones deben evitarse a fin de evitar cualquier posibilidad de un escándalo público a través de elementos de la izquierda.

14. Por tanto, Torrazza está plantando con el requisito previo de que aseguren la salida legal de De Tourenne desde Italia, su preferencia es ahora un pasaporte válido de uno de los estados de América del Sur.

15.   Se informa, además, que la SantaSede está específicamente en el acuerdo con el gobierno argentino con respecto a este proyecto de emigración como una forma encubierta para permitir las operaciones contraproducentes tanto contra la infiltración comunista, como hacia los objetivos operativos en América del Sur.

16.   Fuente ha sido propuesto por LoFaro y Torrazza para una misión a la Argentina.

17. La Santa Sede ha clasificado esta actividad como «Top Secret».

La organización del Pasillo Vaticano supuso una de las más grandes operaciones secretas de todos los tiempos. No existen pruebas concluyentes de que el Pasillo Vaticano o la Operación Convento fuese organizada o planificada como una operación unitaria y compacta por parte del Vaticano, aunque sí existen pruebas concluyentes de que miembros relevantes de la curia romana participaron en innumerables operaciones de evasión de criminales de guerra hacia países seguros y alejados de la mano de la justicia internacional.

Tres colaboradores de Alois Hudal en Roma y Génova, y que también ayudaron a huir a criminales de guerra, serían los religiosos Heinemann, Karl Bayer y Edoardo Dömöter. Heinemann, no muy apreciado por los alemanes, era el encargado de atender las demandas de los jerarcas nazis refugiados en la iglesia de Hudal, Santa María dell’Anima, muy cerca de Piazza Navona. Karl Bayer, a diferencia de Heinemann, era muy apreciado por los nazis buscados y se ocupaba desde su sede romana de vía Piave 23, de darles refugio antes de poder ser evacudos a la ciudad de Génova. En este puerto italiano, eran recibidos por el religioso franciscano padre Edoardo Dömöter, alias padre Francisco, quien daba refugio a criminales de guerra en su iglesia de San Antonio de Génova y les avalaba ante la Cruz Roja Internacional, a fin de conseguir salvoconductos oficiales de esta organización con los que traspasar los controles aliados y embarcar después de forma segura rumbo a Sudamérica. El más importante de estos criminales de guerra ayudados por Dömöter sería un tal Riccardo Klement, al que se le facilita un salvoconducto de la Cruz Roja, el jueves 1 de junio de 1950, firmado por el delegado de la organización en Italia, el doctor Leo Biaggi de Blasys.

En el documento aparece la imagen de un hombre de mediana edad, con gafas redondas y una pajarita que le da aspecto de profesor de pueblo. Detrás de este rostro se esconde el obersturmbannführer SS Adolf Eichmann, el responsable directo de la Solución Final a la cuestión judía en Europa y de los transportes de deportados a los campos de concentración.

Durante el tiempo que Eichmann pasó escondido en la iglesia de Génova, bajo la protección del padre Dömöter, se dedicaba a «jugar al ajedrez y a beber vino del Chianti». Dömöter invitó a Eichmann a participar en alguna misa sin saber que el antiguo teniente coronel de la SS había abandonado formalmente el catolicismo en 1937. «No puede hacerle daño» le decía Dömöter. «Mi buen y viejo amigo fariseo», llamaba Eichmann al religioso. El asesino de millones de seres humanos asistía a misa en donde recibía el perdón del padre Edoardo Dömöter, de la Iglesia Católica y del propio Vaticano.

El 15 de julio de 1950, se embarcó rumbo a Argentina. Durante los diez años siguientes, Eichmann llevó una vida totalmente anónima trabajando como capataz o criador de conejos en pequeñas poblaciones que rodeaban Buenos Aires. Finalmente consiguió un puesto de contable en la fábrica de Mercedes Benz, y reside junto a su esposa e hijos en una humilde casa en la calle Garibaldi. El 11 de mayo de 1960, Adolf Eichmann es secuestrado por una unidad del Kidon, del Mossad, y trasladado a Israel en avión. Peter Malkin uno de los agentes del Mossad que participó en el secuestro describiría de esta forma al criminal de guerra: «Eichmann era un hombrecito suave y pequeño, algo patético y normal, no tenía la apariencia de haber matado a millones de los nuestros… pero él organizó la matanza. […] Lo más inquietante de Eichmann es que no era un monstruo, sino un ser humano».

El juicio contra Eichmann finalizó el 15 de diciembre de 1961, siendo condenado a morir en la horca por el delito de crímenes contra la Humanidad. La sentencia se cumplió en la madrugada del 31 de mayo de 1962, en la prisión de Ramla. Sus últimas palabras fueron: «Larga vida a Alemania. Larga vida a Austria. Larga vida a Argentina. Estos son los países con los que más me identifico y nunca los voy a olvidar. Tuve que obedecer las reglas de la guerra y las de mi bandera. Estoy listo».

Adolf Eichmann confesaría a sus interrogadores de la policía israelí: «Era extraño cómo a lo largo de mi viaje de huida me ayudó un sacerdote católico. […] Lo hicieron sin

cuestionarlo. A sus ojos, yo era solo otro ser humano en el camino. […] Me sentía como un animal perseguido que por fin se había librado de sus perseguidores. Sentí una oleada de libertad. Pero sentí una tristeza también. Y en mi bolsillo, para acordarme de mi tristeza, llevaba un puñado de tierra que había recogido de mi patria alemana en mi viaje a través de las montañas».

El lunes, 10 de abril de 1950, solo tres meses antes de que Adolf Eichmann embarcase desde Génova rumbo a Argentina, el Cuerpo de Contrainteligencia (CIC) en el cuartel general de las Fuerzas de Estados Unidos en Austria, redacta un informe secreto con el título de «Historia de la Ruta Italiana de las Ratas». En el texto se hace referencia del padre Krunoslav Draganoviæ, el principal responsable del Pasillo Vaticano en Roma.

1.     ORÍGENES.

A.     Durante el verano de 1947, el abajo firmante recibió instrucciones del G-2, USFA, mediante el jefe del CIC, de establecer algún medio de disposición para los extranjeros que habían estado en custodia del CIC y completamente citados de acuerdo con las directrices y requerimientos actuales, y cuya residencia continuada en Austria representaba una amenaza así como una fuente de posible vergüenza para el comandante general de la USFA, dado que el Comando Soviético era consciente de su presencia en la Zona de Estados Unidos en Austria y en algunos momentos había pedido el retorno de dichas personas a la custodia soviética.

B. Por tanto, el abajo firmante se dirigió a Roma donde, mediante un conocido mutuo, habló con un antiguo diplomático eslovaco, quien a su vez pudo reclutar los servicios de un sacerdote católico romano, el padre Draganoviæ. Para entonces, el padre Draganoviæ había creado varios canales de evacuación clandestinos a varios países Sur Americanos para varios tipos de refugiados Europeos.

2. Historial De Operaciones.

A. Durante 1947 y 1948 fue necesario informar de los extranjeros físicamente desde Austria a Roma por motivos de seguridad y para evitar la vergüenza del gobierno de Estados Unidos que podía originarse de la documentación deficiente o de incidentes fronterizos y policiales imprevistos.

B. Los documentos que acompañarían a estas personas desde Austria a Roma fueron proporcionados a través de S/A Crawford, Referencia IRS, Asunto: «Informe del S/A Crawford», con fecha del 6 de abril de 1950.

C. A su llegada a Roma, los extranjeros fueron entregados a Draganoviæ quien los puso en casas seguras, las cuales él mismo supervisaba. Durante este periodo, el abajo firmante asistió activamente al padre Draganoviæ con la ayuda de un ciudadano estadounidense, que era jefe de la Oficina de Elegibilidad del IRO en Roma, proporcionando documentación adicional y asistencia del IRO para transporte ulterior. Esto, por supuesto, se hizo ilegalmente.

Otros colaboradores de Adolf Eichmann en la Sección IVB4 (Sección del Negociado IV de la Gestapo), responsable de la ubicación y deportación de los judíos en todos los territorios ocupados, y que huirían a través de la ruta vaticana, serían el capitán SS Alois Brunner, responsable de la deportación y exterminio de 140.000 judíos de Austria, Grecia, Francia y Eslovaquia; el capitán SS Franz Novak, responsable de la Sección de Evacuación de judíos, polacos, gitanos y eslovacos; y el capitán Franz Abromeit, responsable de la deportación de 430.000 judíos húngaros a los campos de concentración. Tanto Eichmann como Brunner, Novak y Abromeit, pasaron por el seminario austro-alemán, el Collegio Teutonico di Santa Maria dell’Anima, bajo la protección del obispo Alois Hudal. Este religioso austríaco sería el primer alto miembro de la curia en establecer rutas de escape para los criminales de guerra.

Otros huéspedes indeseables que fueron protegidos por organizaciones vaticanas en Roma serían Franz Stangl, comandante de los campos de exterminio de Sobibor y Treblinka, donde serían asesinadas casi millón y medio de personas; el coronel SS Walter Rauff, responsable de la muerte de casi 100.000 personas y creador de las llamadas Cámaras de Gas Móviles, en donde se asesinaron a centenares de judíos, comunistas, gitanos y enfermos mentales; o el sargento SS Gustav Wagner, alias la Bestia y subcomandante del campo de Sobibor, donde fueron gaseados cerca de 200.000 judíos.

Otros religiosos implicados en la Ruta de las Ratas, serían el padre Joseph Gallov, responsable de las rutas de evasión para los criminales de guerra húngaros; los padres Krunoslav Draganoviæ, Vilim Cecelja, Dragutin Kamber, Dominik Mandiæ y monseñor Karlo Petranoviæ, responsables de las rutas de evasión para los criminales de guerra croatas, rumanos, albaneses y montenegrinos; o monseñor Alois Hudal y el padre Edoardo Dömöter, responsables de la ruta de evasión para los criminales de guerra alemanes y austríacos.

Monseñor Karl Bayer, entrevistado años después por la escritora Gitta Sereny para su libro Into That Darkness: An Examination of Conscience, recordaría cómo años después él y Hudal habían ayudado a los nazis con el respaldo del Vaticano: «El papa Pío XII proporcionaba el dinero para ello; a veces a cuentagotas, pero llegaba», afirmaría el propio Bayer.

El arzobispo Hudal sería expulsado en 1952 del Collegio Teutonico Santa Maria dell’Anima, por orden del papa Pío XII y del que era director desde 1923. Hudal se vengó del papa proporcionando valiosa información sobre el sumo pontífice al escritor Rolf Hochhuth para su famosa obra The Deputy.

La apertura de los archivos del Comité Internacional de la Cruz Roja redactados durante la posguerra ha cerrado por fin la polémica acerca de si los criminales de guerra contaron con la ayuda del Vaticano para huir de la justicia hacia Sudamérica, Australia, Sudáfrica o Canadá. La respuesta quedó bien clara.

Los cardenales Giovanni Battista Montini, Eugène Tisserant, Antonio Caggiano, Giuseppe Siri, Pietro Fumasoni-Biondi y Alojzije Stepinac dieron protección a los criminales de guerra en las rutas de huida; obispos como Alois Hudal, Agustín Barrère y otros realizaron los trámites necesarios para crear documentos e identidades falsas a los asesinos; otros religiosos firmaron de puño y letra solicitudes para la concesión de pasaportes de la Cruz Roja Internacional a criminales de guerra. Frente a todas estas pruebas y datos queda solo por hacer una pregunta importante: ¿estuvo el papa Pío XII al tanto de la Operación Convento y de la organización del Pasillo Vaticano? Al menos estaba claro que Giovanni Battista Montini, futuro papa Pablo VI, sí que estaba al tanto.

Existe un caso claro y este fue el de Bernhard Heilig, inspector del distrito de Brunswick, y condenado en 1947 por ordenar la ejecución de sus propios soldados por actitud derrotista. Heilig escapó de una prisión aliada y consiguió refugiarse, el 11 de noviembre de 1949, en el 28 de Vía Gregoriana, la sede de la Cruz Roja Internacional en Roma[36]. Su solicitud de ayuda llevaba la firma de Draganoviæ y de Heinemann, el representante alemán en Santa Maria dell’Anima y avalada por el padre de origen alemán Bruno Wüstenberg, un ayudante de máxima confianza del subsecretario de Estado del Vaticano, monseñor Giovanni Battista Montini. Según parece, el futuro papa Pablo VI entregó dinero en 1951 a Heilig para pagar el pasaporte y el billete del barco que le debería llevar a Argentina.

John Moors Cabot, diplomático estadounidense en Buenos Aires, informaría al Departamento de Estado: «El Vaticano y Argentina están confabulando para llevar a los culpables a lugar seguro en el segundo país». El agente estadounidense John Graham Parsons detectó que el Vaticano estaba presionando a las naciones católicas de Sudamérica a través de sus nuncios para que aceptaran recibir a criminales de guerra. Algunos de estos nuncios eran monseñor Giuseppe Fietta, en Argentina, monseñor Mario Zanin, en Chile, monseñor Carlo Chiarlo, en Brasil, monseñor Albert Levame, en Uruguay, y monseñor Giuseppe Burzio, en Bolivia. También los nuncios en Australia (monseñor Paolo Marella), en Canadá (monseñor Ildebrando Antoniutti) y en Sudáfrica (monseñor Martin Lucas) tenían órdenes de la Santa Sede de presionar a los gobiernos respectivos para que aceptasen emigrantes europeos sin hacer demasiadas preguntas.

Graham definía a la Santa Sede como «la principal organización implicada en el movimiento ilegal de fugitivos. […] Figuras clericales están involucradas y operan bajo el benevolente patrocinio del Vaticano. […] y todas las agencias que operan en conjunto con o bajo la protección del Vaticano son financiadas con fondos vaticanos. Sumas sustanciosas de dinero están siendo gastadas generosamente en la promoción de este trabajo».

Otro agente del Cuerpo de Contrainteligencia militar estadounidense, Henry Nigrelli, informaba a finales de 1946 que «la Santa Sede está enredada en un plan para organizar la emigración a Sudamérica, y cuyo propósito real es combatir el comunismo».

Según cifras de la Dirección de Migraciones de Argentina, se calcula que durante la posguerra llegaron al país cerca de 5.000 croatas, de los cuales 2.000 llegaron desde Hamburgo, otros 2.000 desde Múnich y cerca de un millar más desde Italia, en concreto desde organizaciones bajo jurisdicción de la Santa Sede. 

Italia

Pacelli-Montini-Angleton.

El «triunvirato» anticomunista

En 1945, la situación política en Italia y el mayor peso de los comunistas en la política interna del país se convertían en la mayor preocupación del papa Pío XII. Tras el colapso del fascismo, Italia necesitaba una identidad política, nuevos partidos políticos. Rápidamente, dos grandes bloques se presentaban con todo el peso de la propaganda ante los ojos de los italianos, el Partido Comunista Italiano, que consideraba a Stalin como un auténtico héroe, el verdadero defensor de la justicia social y uno de los grandes vencedores del nazismo y el fascismo, frente a un tipo de vida estadounidense, representado en aquellos días por los soldados aliados. Mientras el PCI aparecía blandiendo la hoz y el martillo, la mayoría de italianos preferían la Coca-Cola, los cigarrillos Lucky Strike, el chicle y los ejemplares del Reader’s Digest, que llegaban a medio millón de italianos. Pero el papa Pío XII despreciaba ambos sistemas, a los que acusaba de ser completamente extranjeros y poco italianos.

Pacelli, entonces, con la ayuda organizativa de Luigi Gedda, la coordinación de Montini y el dinero de Angleton, propuso una tercera opción basada en una seria renovación de los principios católicos dentro de la propia sociedad italiana. Para Pío XII el mejor sistema europeo en el que reflejarse era el español, un Estado uniforme, corporativista, católico, y con un sistema político-espiritual, ambos leales al sumo pontífice de Roma. Pero Italia era bien diferente.

La compleja situación italiana tras la derrota de Mussolini entorpecía los deseos del papa, a pesar de que el Tratado Lateranense, firmado tan solo 16 años antes, garantizaba a la Iglesia católica y, por consiguiente, al Estado Vaticano, una posición privilegiada y de enorme peso en la Constitución italiana y en la propia sociedad. Aunque en estos pactos no estaba incluida la interferencia política de la Santa Sede en los asunos italianos, Pío XII se sentía en el deber de manipular las elecciones de 1948, apoyando subrepticiamente a la Democracia Cristiana, bajo el liderazgo de De Gasperi. Para el papa Eugenio Pacelli, el subsecretario de Estado vaticano Giovanni Battista Montini y James Jesus Angleton, jefe         de contraintelgencia de la CIA, la DC debía convertirse en el gran bastión y en el gran muro de contención del comunismo en Italia.

La Democracia Cristiana no era en absoluto una formación política católica confesional como lo había sido el Partito Popolare, fundado por Luigi Sturzo, con el apoyo del papa Benedicto XV. Sturzo había sido ordenado sacerdote en 1894, pero desde muy pronto se interesó por la política. Desde su puesto de secretario general de Acción Católica, y junto a otros, como Alcide de Gasperi y Alberto Marvelli, fundarían el Partito Popolare Italiano (PPI) en 1919. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Luigi Sturzo regresó a Italia, donde fue designado senador vitalicio. Aquel Partito Popolare se convertiría en la inspiración para la creación del Partido Demócrata Cristiano. Debido a las presiones del papa Pío XI, pero mucho más a las presiones del cardenal Eugenio Pacelli, entonces secretario de Estado del Vaticano, el Partito Popolare sería disuelto finalmente en 1933.

Otras fuentes apuntan a que su disolución, después de un gran éxito inicial, se debió a las grandes diferencias entre las dos facciones del partido: los demócratas católicos, favorables a un acuerdo con los socialistas, frente a los clericales, que apoyaban una alianza con los partidos más liberales del país, lo que finalmente ocurrió. En este último grupo se encontraba Alcide de Gasperi. Otra escisión volvería a suceder en el PPI entre los que estaban a favor de participar en el gobierno de Benito Mussolini de 1922 y los que estaban absolutamente en contra de cooperar con los fascistas. Finalmente, en 1925, el PPI sería declarado ilegal, al igual que otras formaciones políticas, por el régimen fascista y sus líderes encarcelados o refugiados en el Vaticano. Pío XI, mal asesorado por Pacelli, tomó la decisión de ordenar a Sturzo el fin del PPI en parte porque sabía que habiendo sido disuelto por Mussolini, el partido y sus líderes se encontrarían en una débil posición como para protestar por la medida ordenada por la Santa Sede.

La recién creada Democracia Cristiana iba a crecer en la Italia de posguerra debido al fuerte apoyo papal, al apoyo de Acción Católica, a las energías del clero en la campaña electoral y, por supuesto, al dinero de la CIA.     Era la Agencia Central de Inteligencia en Italia, bajo el mando de Felton Mark Wyatt, quien diseñaba los mensajes políticos que, desde los púlpitos de las iglesias y a favor de la DC, lanzaban los sacerdotes a lo largo de todo el país. Esos mensajes en su línea general se basaban en acrecentar el miedo de muchos italianos a la llegada del comunismo.

En el discurso de Navidad de 1944, titulado Benignitas et Humanitas,

Pío XII cita a León XIII al afirmar que la Iglesia católica no condenaba ninguna forma de gobierno. También hablaba del problema de la democracia como un peligro sobre el «negligente dominio de las masas». Por supuesto se refería al comunismo, al tiempo que afirmaba que en todo caso (la democracia en Italia) sería inviable sin los auspicios de la Iglesia católica.

Además -y es tal vez el punto más importante- los pueblos, al siniestro resplandor de la guerra que les rodea, en medio del ardoroso fuego de los hornos que les aprisionan, se han como despertado de un prolongado letargo. Ante el Estado, ante los gobernantes han adoptado una actitud nueva, interrogativa, crítica, desconfiada. Adoctrinados por una amarga experiencia se oponen con mayor ímpetu a los monopolios de un poder dictatorial, incontrolable e intangible, y exigen un sistema de gobierno, que sea más compatible con la dignidad y con la libertad de los ciudadanos.

Estas multitudes, inquietas, trastornadas por la guerra hasta las capas más profundas, están hoy día penetradas por la persuasión -al principio tal vez vaga y confusa, pero ahora ya incoercible- de que, si no hubiera faltado la posibilidad de sindicar y corregir la actividad de los poderes públicos, el mundo no habría sido arrastrado por el torbellino desastroso de la guerra y de que, para evitar en adelante la repetición de semejante catástrofe, es necesario crear en el pueblo mismo eficaces garantías.

Siendo tal la disposición de los ánimos, ¿hay acaso que maravillarse de que la tendencia democrática inunde los pueblos y obtenga fácilmente la aprobación y el ascenso de los que aspiran a colaborar más eficazmente en los destinos de los individuos y de la sociedad?

Apenas es necesario recordar que, según las enseñanzas de la Iglesia, «no está prohibido el preferir gobiernos moderados de forma popular, salva con todo la doctrina católica acerca del origen y el ejercicio del poder público», y que «la Iglesia no reprueba ninguna de las varias formas de gobierno, con tal que se adapten por sí mismas a procurar el bien de los ciudadanos» (León XIII Encycl. «Libertas», 20 de junio de 1888, in fin).

Si, pues, en esta solemnidad, que conmemora al mismo tiempo la benignidad del Verbo encarnado y la dignidad del hombre (dignidad entendida no solo bajo el aspecto personal, sino también en la vida social), Nos dirigimos Nuestra atención al problema de la democracia, para examinar según qué normas debe ser regulada para que se pueda llamar una verdadera y sana democracia, acomodada a las circunstancias de la hora presente; esto indica claramente que el cuidado y la solicitud de la Iglesia se dirige no tanto a su estructura y organización exterior -que dependen de las aspiraciones propias de cada pueblo-, cuanto al hombre como tal que, lejos de ser el objeto y elemento pasivo de la vida social, es por el contrario, y debe ser y seguir siendo, su agente, su fundamento y su fin.

Supuesto que la democracia, entendida en sentido lato, admite diversidad de formas y puede tener lugar tanto en las monarquías coma en las repúblicas, dos cuestiones se presentan a Nuestro examen:

1.º ¿Qué caracteres deben distinguir a los hombres, que viven en la democracia y bajo un régimen democrático?

2.º ¿Qué caracteres deben distinguir a los hombres, que en la democracia ejercitan el poder público?

En el Punto IV del mensaje navideño, «La Iglesia defensora de la verdadera dignidad y libertad humana», Pío XII hacía más un discurso político dirigido a los católicos italianos que realmente un verdadero mensaje de buena voluntad navideña.

Gracias a Dios se puede pensar que ha pasado ya el tiempo, en que el recuerdo de los principios morales y evangélicos, vitales para los Estados y para los pueblos, era excluido desdeñosamente como una fantasía. Los sucesos de estos años de guerra se han encargado de refutar con la mayor dureza imaginable a los propagadores de tales doctrinas. Su ostentoso desdén contra aquel supuesto irrealismo se ha transformado en una espantosa realidad: brutalidad, iniquidad, destrucción, aniquilamiento.

Si el porvenir está reservado a la democracia, una parte esencial de su realización deberá corresponder a la religión de Cristo y a la Iglesia, mensajera de la palabra del Redentor y continuadora de su misión salvadora. Ella de hecho enseña y defiende la verdad, comunica las fuerzas sobrenaturales de la gracia, para actuar el orden de los seres y de su finalidad, establecido por Dios, último fundamento y norma directiva de toda democracia.

En el párrafo siguiente de este epígrafe, el papa Pío XII lanza una gran proclama y directiva a todos los católicos italianos, que debían acudir a las urnas para votar en las siguientes elecciones. Pacelli intentaba hacer ver que la única forma de democracia era a través de la filiación divina o, lo que es lo mismo, una democracia cristiana.

La Iglesia tiene la misión de proclamar al mundo, ansioso de mejores y más perfectas formas de democracia, el mensaje más alto y más necesario que pueda existir: la dignidad del hombre y la vocación a la filiación divina. Es el grito potente que desde la cuna de Belén resuena hasta los últimos confines de la tierra en los oídos de los hombres, en un tiempo en que esta dignidad ha sufrido mayores humillaciones.

A pesar de que Eugenio Pacelli preconizaba la necesidad de una democracia cristiana fuerte y compacta que uniese los conceptos «Democracia» y «Dios» y que debía resucitar cual Ave Fénix en una Europa aún en ruinas, ya políticos como el propio Alcide de Gasperi en Italia, Robert Schuman en Francia o Konrad Adenauer en Alemania Occidental, intentaban llevar a la práctica esa idea, aunque centrándose más en el concepto de democracia que en el concepto de Dios.

Lo cierto es que, aunque en su discurso de Navidad de 1944 el papa daba las gracias a EU: «Y en primer lugar es justo recordar la extensa obra de asistencia desarrollada, a pesar de las extraordinarias dificultades de los transportes, por EU y, en cuanto se refiere particularmente a Italia, por el Excmo. Sr. representante personal del Sr. Presidente de aquella Unión», realmente Pacelli deploraba la democracia estadounidense, que se balanceaba peligrosamente entre el socialismo, precursor según él del comunismo, y el relativismo. También para el pontífice, uno de los graves problemas de la sociedad de EU era la aceptación de cualquier tipo de credo, ya fuera el protestantismo, la francmasonería o sencillamente el «infantil materialismo americano». Para él, este «infantil materialismo americano» era sencillamente el reverso igual de tenebroso del «peligroso materialismo ateo soviético».

De cualquier forma, había llegado la hora para Italia de decidir de qué lado quería estar. Para Pacelli estaba claro, debido a sus miedos casi psicóticos de que el triunfo del comunismo en Italia llevaría a un nuevo martirio a la Iglesia católica y al fin de la Santa Sede.

Según el gran historiador John Cornwell, Pío XII decidió escoger el menor de los dos males, eligiendo Occidente, hecho que le otorgaría el título de «capellán de la Alianza del Atlántico Norte». El papa Pacelli no estaba dispuesto a hacer la menor concesión a los comunistas italianos a pesar de que Togliatti había dicho ya que renunciaban a la violencia, pero la maquinaria curial vaticana no se fiaba.

Ya habían sido testigos en muy pocos años desde el fin de la guerra de la persecución a la que se había sometido a la Iglesia católica en países como Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Yugoslavia, Rumanía, Bulgaria, Albania, los países bálticos e incluso en la misma Unión Soviética. Ni Pacelli ni Montini deseaban correr igual riesgo en Italia.

Tras el fin de la contienda, se estableció una Asamblea Constituyente, a la espera de la celebración de unas elecciones generales. Sería entonces cuando se conformaría una alianza estratégica entre Washington, la Democracia Cristiana y el Vaticano, «para evitar que los cosacos y Stalin llegasen a acampar en la plaza de San Pedro», según indicaba el eslogan.

El sumo pontífice necesitaba descartar a cualquier grupo de ideología comunista que hubiese combatido en la resistencia contra la ocupación alemana, incluido aquel que se hacía denominar Movimiento Comunista Católico, algo que el papa definía como «una aberración que podría llevar la confusión a los buenos católicos italianos a la hora de unas elecciones». Por este motivo, el 27 de enero de 1945, a través del informe de la División Italiana de la Oficina de Servicios Estratégicos en Roma, se destaca la condena del Vaticano de Pío XII a grupos católicos de izquierdas que combatieron en la Resistencia contra los alemanes. Uno de estos grupos era el llamado Movimiento Comunista Católico.

El movimiento llamado Sinistra

Cristiana (Comunismo Católico o Izquierda Cristiana) fue condenado en una columna de L’Osservatore Romano de 2/3 de enero de 1945. La declaración, «en respuesta a las numerosas peticiones que nos han llegado en esta materia, hemos sido autorizados a afirmar que los principios y postulados de la organización Sinistra Cristiana, a pesar de su segundo nombre, no están en conformidad con las enseñanzas de la Iglesia y, por tanto, aquellos que dicen lo contrario no tienen derecho a hablar como representantes del pensamiento cristiano y mucho menos para afirmar que los católicos, que desean el verdadero bien de las personas, deben adherirse a su movimiento».

Comentario: el método de presentación y de trabajo de la declaración muestra que la condena es oficial por parte de la Iglesia católica. La presentación solo podría ser más fuerte por una declaración oficial del papa, en su calidad de jefe de la Iglesia. Esto lo hace solo en raras ocasiones y en asuntos de gran importancia.

No se hubiera emitido la declaración de no haber existido cierta preocupación entre los católicos sobre esta cuestión. Además, no se habría emitido si hubiese habido alguna duda sobre la conformidad de los principios de Sinistra Cristiana y los de la Iglesia católica.

Cabe esperar que el pronunciamiento tenga una influencia no solo entre los católicos en Italia, sino en otros lugares donde se realicen esfuerzos para fusionar las ideologías comunista y católica.

El 2 de febrero de 1945, pocos días después de enviarse el anterior informe, la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) en Roma vuelve a poner el dedo en la llaga sobre este asunto. Esta vez el informe lleva por título «Iglesia católica y el Movimiento Comunista Cristiano».

La Iglesia católica, a través de una declaración formal en L’Osservatore Romano -como se informó anteriormente- y de otras maneras, ha condenado el movimiento en Italia conocido como Sinistra Cristiana o Católica o Comunista Cristiano. Esta medida se tomó a pesar de que varios de los organizadores del movimiento eran, y presumiblemente aún lo son, católicos practicantes. Algunos sacerdotes estaban conectados con la organización y un buen número de jóvenes laicos educados por los Jesuitas, así como muchos otros.

El movimiento se opone únicamente por motivos religiosos y no por ninguna enseñanza de propuesta económica. El punto fundamental, desde el punto de vista de la Iglesia, es que el comunismo es anti Dios y antireligión. Aun suponiendo que el comunismo en Italia no defienda las medidas antirreligiosas y tenga una actitud puramente neutral o negativa hacia Dios, tampoco se opondría a la Iglesia católica. Se sugiere que en un país católico, un sistema, incluso con una actitud neutral hacia Dios, no puede ser aceptado. Las señales de Sinistra Cristiana pueden, o no, ser aceptables para la Iglesia, pero el enlace para su aprobación al menos tácita del comunismo, incluso por el nombre de la organización, hace que se oponga. Se recuerda que el difunto papa Pío XI fue más explícito: «Nadie que quiera salvar la civilización cristiana podrá cooperar con el comunismo en toda empresa que sea». (Es importante darse cuenta de que estaba en contra de la cooperación con el comunismo y no contra la cooperación necesaria con los comunistas).

Esta posición tomada por los defensores del movimiento Sinistra Cristiana fue que el comunismo va a ser un factor vital o incluso dominante en Italia y en la interpretación cristiana del sistema que debe ser llevado ante la opinión pública.

Estaba ya claro que, a punto de finalizar la Segunda Guerra Mundial, para el papa Pío XII, el enemigo nazi iba a ser sustituido por el enemigo comunista. Este iba a ser su principal caballo de batalla, pero también su principal temor desde entonces, como demuestran varios documentos emitidos por la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS). El papa Pacelli no deseaba ver una Italia gobernada por los comunistas de Palmiro Togliatti, por lo que iba a desatar una auténtica campaña para evitar el avance del PCI y del comunismo en general en una Italia recién liberada. Una de estas acciones sería presionar al gobierno del primer ministro Ivanoe Bonomi, y al democristiano Alcide de Gasperi, ministro de Asuntos Exteriores, con el fin de que se prohibiese la publicación de libros tendentes a magnificar el papel del comunismo en la Resistencia o sobre el comunismo bolchevique y la religión. El documento de la OSS del 9 de febrero de 1945 habla sobre la polémica desatada en Italia por el intento de publicar el libro Il Bolscevismo e la religione.

La venta del libro Il Bolscevismo e la Religione, de Ladislan Kanis (un seudónimo) y publicado por MagiSpinetti, Roma, 1945, ha sido prohibida por los italianos tras las protestas hechas por el embajador ruso a De Gasperi, el ministro italiano de Asuntos Exteriores.

La editorial fue especialmente creada para publicar este libro. Está dirigida por un ejecutivo de la planta en la que se imprimela revista jesuita La Civiltà Cattolica. Se temía que pudiera haber represalias, por lo que no fue publicado por una empresa establecida con anterioridad.

La cabeza (o uno de los jefes) de las fuerzas armadas polacas en Italia ha ordenado una edición de 2.000 copias. Aunque no se permitió la venta pública, las copias están siendo vendidas o entregadas de forma cómoda a clientes amigos y conocidos de diversas librerías, etc.

El libro consta de un extracto de cuatro páginas de la encíclica de Pío XII sobre el comunismo ateo, una introducción y dos partes principales.

La primera de estas secciones principales contiene ocho capítulos sobre las leyes y teorías soviéticas, y la segunda, cuatro capítulos sobre «La realidad soviética».

Fuentes: el libro Il Bolscevicismo e la Religione. Ver copia en paquetes separados.

Comentario: el material en el libro parece estar cuidadosamente documentado. Todo es a partir de fuentes polacas.

En otra página del mismo documento, el agente estadounidense destaca los miedos de Pío XII y de la curia vaticana al uso de la depuración por parte de los comunistas en Italia.

Algunos círculos del Vaticano temen que el comunismo va a utilizar la depuración en Italia no solo para deshacerse de hombres que no desean en el cargo, y que de otra manera podrían quedarse ahí, sino también para mantener en el cargo a exfascistas. Se señala que la depuración se puede utilizar de dos maneras. También se dijo que el jefe comunista del comité de depuración en Italia es un comunista mejor preparado que Togliatti, después de haber pasado más tiempo en Rusia, y puede ser potencialmente más peligroso.

Pío XII tenía terror al comunismo y a la política que la Unión Soviética podría llevar a cabo en la regiones liberadas de la Europa del Este en cuanto a la religión católica y hacia quienes la practicaban. El 27 de enero de 1945, la OSS alerta de esta posible persecución por parte del Ejército Rojo en las zonas de Europa dominadas por los soviéticos. Lo cierto es que las palabras que contiene este informe iban a ser sin duda alguna premonitorias de lo que realmente le iba a ocurrir a la Iglesia católica respecto al comunismo durante las siguientes cinco décadas en todos los países del Telón de Acero.

A pesar de la declaración de Moscú de lo contrario, no ha habido ninguna mejora significativa en la actitud de Rusia hacia la religión en general y la Iglesia católica en particular. Se alega que Rusia está utilizando tácticas para la creación de eclesiásticos sujetos al gobierno comunista. Al Vaticano le ha sido cortada la comunicación con los obispos de la Iglesia católica y el clero en Yugoslavia. Existe la preocupación de que habrá serios problemas para la Iglesia católica en todas las áreas ahora o en el futuro en manos de las Fuerzas del Ejército Rojo.

Comentario: si Rusia lleva a cabo su política interna hacia la religión también en las áreas exteriores que ya está dominando (muchas de tradición religiosa católica y otras), tendremos un tiempo muy largo antes de que haya una verdadera paz en el centro de Europa. La Iglesia católica, sin duda resistirá en todas partes y reunirá en todo el mundo la opinión pública a su favor.

A instancias del papa Pío XII, Gedda llegaría a movilizar una enorme maquinaria de propaganda. Se formaron más de dieciocho mil Comitati Civici (Comités Cívicos) para obtener el voto anticomunista. Los democristianos lograron una victoria decisiva.

Acción Católica continuó siendo un factor dominante en la política italiana durante toda la Guerra Fría.

Tuvo gran influencia en los sindicatos y los grupos de jóvenes en Italia, grupos que fueron fuertemente subvencionados por la CIA, entonces bajo el liderazgo de Allen Dulles. Políticos democristianos y figuras de la Iglesia también se encontraban entre los beneficiarios de la CIA. La generosidad de la Agencia Central de Inteligencia superó los 20 millones de dólares anuales por año en la década de 1950. La Agencia proporciona fondos, a través del llamado Proyecto Dinero, a un gran número de sacerdotes y obispos, por lo general en forma de contribuciones a sus organizaciones benéficas favoritas. A menudo, estos prelados estaban al tanto de la verdadera fuente de estos fondos. «Nos gustaría considerar a las personas de esta clase (los religiosos) como nuestros aliados, a pesar de que no podían considerarlo de ninguna manera, se aliaron con nosotros», recuerda Víctor Marchetti, exagente de la CIA.

Según documentos desclasificados del Departamento de Estado y de la Agencia Central de Inteligencia, James Jesus Angleton, el todopoderoso jefe de contrainteligencia, recomendaba entregar fondos de la CIA a Acción Católica, una organización laica italiana dirigida por Luigi Gedda, médico, catedrático de genética y prominente ideólogo de la derecha italiana. Gedda sería un agente clave en el esfuerzo llevado a cabo por la CIA y el Vaticano para «atrincherarse ante el avance comunista» en las elecciones italianas de 1948. Solo unas semanas antes de las elecciones, parecía que el Partido Comunista Italiano (PCI) se alzaría con el triunfo, pero la CIA y el Vaticano temían tanto a los comunistas que estaban dispuestos a tomar cualquier tipo de medidas para evitarlo. De esta forma Pío XII, Giovanni Battista Montini (futuro Pablo VI) y James Jesús Angleton conformaron uno de los más eficientes triunviratos para conseguir anular el poder del Partido Comunista Italiano en las elecciones de 1948. Para el papa, Montini y Angleton, Luigi Gedda iba a convertirse en su punta de lanza para evitar que los comunistas pudieran llegar al poder.

Nacido en Venecia en 1902, Gedda sería el primer miembro de la Juvetud Católica italiana en Turín, donde residió hasta 1917 con su familia. Tras mudarse a Milán, allí estudia medicina y se convierte en toda una eminencia en genética y una autoridad internacional en la cuestión de gemelos. Dos meses antes de las elecciones del 18 de abril de 1948, Gedda, por sugerencia del papa Pío XII, decide fusionar el llamado Comité Cívico con el fin de crear un arma capaz de movilizar a los católicos italianos mediante una propaganda eficaz, y capaz de oponerse al cada vez más importante Partido Comunista Italiano, bajo el liderazgo de Palmiro Togliati. A través de los comités de Acción Católica, Gedda y, por supuesto, el Vaticano, contribuyeron a la victoria en 1948 de los democristianos de Alcide de Gasperi, en contra de los comunistas de Togliatti.

La lectura de la biografía de Luigi Gedda y la profusión de datos demuestran claramente que en las elecciones del 18 de abril de 1948 sucedió una victoria de la Democracia Cristiana de De Gasperi, gracias a la importante contribución de Gedda y del Vaticano. De hecho, en la biografía, se destacan las casi cien audiencias que tuvo el líder de Acción Católica (ACI) con los papas Pío XI y Pío XII, quienes, como obispos de Roma, tenían la autoridad máxima y directa sobre la ACI. Pío XII ha recomendado la reactivación de la Unión Católica Electoral, con el fin de anular el poder de los comités electorales comunistas.

También Gedda hace referencia a la reunión de los máximos dirigentes de Acción católica, entre el 6 y el 8 de septiembre de 1947 y en donde se aborda el asunto: plan de acción para las próximas elecciones de la República italiana y la manera de superar los más de cuatro millones de votos reunidos por los comunistas en las elecciones para la Asamblea Constituyente. Dado que parece que los comunistas quieren «hacer bloque» con los socialistas, podría inducir a la Democracia Cristiana para hacer el bloque con los otros partidos y candidatos en un uso significativo como el del conde Dalla Torre, por lo que podría dejar su cargo temporalmente de la dirección de L’Osservatore Romano. El santo padre habla de Civilización Itálica, una iniciativa política de monseñor Roberto Ronca, y objetó que sería mejor para reanudar la Unión Católica Electoral, designado por los obispos, que habían funcionado bien en el pasado y lo aprueba.

En la audiencia del 10 de enero de 1948, a tres meses de las elecciones generales, el papa Pío XII muestra a Luigi Gedda su descontento porque en el momento en que es necesario unir a todas las fuerzas católicas contra el avance comunista en Italia, la Democracia Cristiana y sus líderes están más ocupados en luchas intestinas que en reducir el poder del PCI en los pueblos y ciudades de Italia. Debido a esto, a Luigi Gedda se le ocurre llamar al Comite Cívico, la principal organización  responsable de la movilización electoral del mundo católico, para las elecciones del 18 de abril de 1948.

[…] Se trata de una lucha decisiva, y que, por tanto, ha llegado el momento de movilizar todas nuestras fuerzas. […] Reitera su descontento […] por los errores cometidos por los democristianos, para las disputas internas en el partido, por la facilidad con que se enfrentan a los problemas.

El 29 de enero de 1948, la estación CIA Roma envía un mensaje claro a Washington sobre la honda preocupación del papa Pío XII ante el posible triunfo electoral del bloque socialista-comunista.

Italia: El papa está preocupado por las próximas elecciones. El papa ha expresado […] su gran preocupación por la perspectiva de las elecciones en Italia y su sensación de que el bloque socialista comunista podría ganar muy fácilmente en pluralidad. Según […] el papa está enfáticamente de acuerdo en que todos los anticomunistas deben formar un bloque con el fin de dar al electorado una opción clara entre el comunismo y el anticomunismo, pero es adversa a la inclusión del socialista Saragat porque su filosofía es no cristiana.

La situación en Italia en los meses anteriores a las elecciones es tan volátil que la estación CIA Roma vuelve a enviar a Washington un amplio análisis de nueve páginas bajo clasificación de «Top Secret» con el título, «Actual situación en Italia». El informe está fechado el 16 de febrero de 1948, justo dos meses antes de las elecciones. No es nada halagüeño, y menos con respecto a la posibilidad de lo que los comunistas podrían intentar hacer en caso de ganar las elecciones.

Debido a su posición en el borde de la esfera soviética, Italia resulta importante en cuanto a la seguridad de Estados Unidos. El actual gobierno italiano, compuesto por demócratas cristianos centristas y algunos representantes de la izquierda moderada, es anticomunista y a favor del Occidente. Principalmente debido al apoyo del Vaticano y la asociación popular con la ayuda norteamericana, el Partido Democrático Cristiano del primer ministro De Gasperi sobresale como el adversario más potente del comunismo italiano. Sin embargo, algunos miembros de la izquierda están intentando formar una combinación electoral para combatir contra el People’s Bloc liderado por los comunistas en las elecciones de la primavera. Las facciones derechistas en Italia no tienen a ningún líder comparable con De Gaulle, pero son unánimes en su oposición al comunismo y, por tanto, ven conveniente apoyar a la orientación occidental.

Al gobierno actual continuará sin cambios radicales hasta las elecciones nacionales en abril, cuyo resultado será influido por los resultados de la ayuda provisional de Estados Unidos y la perspectiva para la ERP. Parece que ni el bloque liderado por los comunistas ni los demócrata cristianos obtendrán una mayoría limpia y que la izquierda moderada conseguirá muy poco. En consecuencia, los partidos derechistas mantendrán el equilibrio de poder.

Al no haber podido ganar la dominación a través de las elecciones, se espera que los comunistas lancen una campaña de huelgas generales, o incluso intentar una insurrección armada si el Kremlin encontrara necesarias estas medidas tan extremas.

En el caso de una revuelta comunista, las fuerzas armadas del gobierno italiano podrían mantener la seguridad interna siempre que: (1) la reorganización actual hubiera logrado un sistema de defensa integrado; (2) se tuvieran equipos modernos adicionales; y (3) los comunistas no hubieran recibido una notable ayuda externa. Las fuerzas armadas son incapaces de atacar y solo podrían combatir en una guerra defensiva limitada.

Se cree que los comunistas poseen la habilidad militar para lograr un control temporal de Italia del norte. Si reciben ayuda material de Yugoslavia y/o Francia, el gobierno necesitará ayuda extranjera para recobrar el control del área.

Aunque unas ayudas temporales de Estados Unidos por un monto de 200 millones de dólares proporcionarán comida y combustible para impedir privaciones hasta el 31 de marzo de 1948, la mayoría de los italianos todavía están padeciendo privaciones y no están satisfechos con sus condiciones laborales y de vida. El cese de las importaciones esenciales desde el extranjero llevaría a una situación políticamente explosiva.

La actual política exterior está básicamente influida por los problemas de la rehabilitación económica. El país se dirige a Estados Unidos para ayudas económicas necesarias y para protección contra las exigencias soviéticas y yugoslavas. Debido a que Yugoslavia sigue en sus intentos de ganar el control absoluto del Territorio Libre de Trieste, Estados Unidos y el Reino Unido están decididos a posponer el nombramiento de un nuevo gobernador indefinidamente.

En el epígrafe, «La importancia de Italia», los analistas de la CIA afirman que es vital para la seguridad nacional de Estados Unidos no permitir que los comunistas puedan hacerse con el control de Italia.

Es de vital importancia estratégica prevenir que Italia llegue a caer bajo control comunista. Tal desarrollo tendría un efecto desmoralizador en toda Europa Occidental, el Mediterráneo y el Medio Oriente. En particular, se facilitaría en gran medida la penetración comunista en Francia, España y el norte de África.

Militarmente, la disponibilidad a la URSS de bases en Sicilia y el sur de Italia sería una amenaza directa a la seguridad de las comunicaciones hasta alcanzar las mediterráneas. Italia, sin embargo, es relativamente más que una ventaja, salvo en la medida en que su territorio constituye una base potencial para operaciones.

En la actualidad, la importancia de Italia en términos de seguridad para Estados Unidos está en su posición en el borde de la esfera soviética y en la orientación no comunista y occidental de su gobierno. Además, la ejecución exitosa del Programa de Recuperación Europea (ERP), depende en cierta medida de la participación efectiva de las industrias de Italia y de los trabajadores excedentes.

Nota: La información en este informe es a partir del 26 de enero de 1948, momento en el cual el informe fue presentado a las agencias miembros del Interdepartmental Advisory Council para coordinación.

Las organizaciones de inteligencia del Departamento de Estado, el Ejército, la Marina y las Fuerzas Aéreas han estado de acuerdo con este informe.

A un mes de las elecciones generales en Italia, la Agencia Central de Inteligencia hace un pormenorizado análisis de su situación política. En los siguientes párrafos, los analistas de la inteligencia estadounidense muestran las armas electorales de cada uno de los partidos que se presentan a las próximas elecciones. El apoyo de la Iglesia católica y del Vaticano sigue siendo una de las grandes bazas de la Democracia Cristiana y de su líder, Alcide de Gasperi.

El gobierno actual consta de una coalición de los demócratas cristianos (el partido de la mayoría) y de la izquierda moderada (los republicanos y los socialistas de Saragat -ala derecha-), además de unos cuantos miembros independientes. Debido a su notable mayoría parlamentaria, la posición parlamentaria del gobierno está segura hasta las elecciones de abril. Además, su prestigio ha mejorado considerablemente en las últimas semanas gracias a las ayudas de Estados Unidos y el interés en la recuperación e independencia de Italia. El gobierno también ha aumentado su prestigio y su seguimiento popular gracias a su firmeza durante la reciente ola de huelgas y agitación.

El Partido Demócrata Cristiano, liderado por el primer ministro Alcide De Gasperi, resalta como el principal adversario fuerte del bloque izquierdista. Sus recursos políticos son básicamente los siguientes: su posesión de una amistad necesaria con Estados Unidos y promesas de ayuda para la recuperación de Italia, su insistencia tranquila y firme sobre la ley y el orden contra la violencia comunista, su posición centrista, y el apoyo de la Iglesia.

El bloque izquierdista está liderado por los comunistas e incluye a los socialistas de Nenni (ala izquierda), los demócratas laboristas, y los restos del Partido de Acción. Su fuerza popular combinada se considera aproximadamente igual que la de los demócrata-cristianos. Los comunistas están empleando el mismo instrumento político tan logrado en otros países, principalmente el Frente Popular -recientemente denominado el Frente Democrático Popular para la Libertad, Paz y Trabajo- para recoger todas las fuerzas de la democracia en la campaña contra las fuerzas reaccionarias. […]

Los socialistas de Saragat (ala derechista) y los republicanos son los dos adversarios más grandes. Estos dos partidos de centro-izquierda, que se unieron al gobierno a mediados de diciembre, no han estado en la posición de reivindicarse o impresionar al público ni con un programa específico atractivo, ni con unos resultados directos tangibles de su participación gubernamental.

En la actualidad ambos partidos han propuesto unirse a una Liga Democrática como una respuesta al Frente Democrático Popular comunista. Se espera que estos partidos moderados no obtengan más del 5 al 10% del voto nacional, a menos que este bloque republicano-socialista atraiga muchos elementos disidentes de la izquierda y la derecha.

A la derecha de los democristianos se halla un «Bloque Nacional» recientemente creado bajo el liderazgo del viejo ex primer ministro Nitti, que ha unido, por lo menos temporalmente, a los seguidores de esta Unión de Reconstrucción Nacional, el Partido Liberal, los muy reducidos seguidores de Giannini en el Frente del Hombre Común, y algunos grupos escindidos derechistas. En el extremo derecha hay dos organizaciones neofascistas, el Movimiento Italiano y el Movimiento Nacionalista para la Democracia Social. Queda bastante claro que, de momento, no ha aparecido ningún líder comparable a De Gaulle en Francia para desatar varias facciones derechistas. No obstante, todos están de acuerdo en su oposición al comunismo y, por tanto, ven oportuno apoyar a la orientación Occidental.

A pesar de la variedad de partidos políticos y puntos de vista, la posición del gobierno actual está segura por lo menos hasta abril porque las ayudas temporales de Estados Unidos aseguraron comida y combustible suficientes para aliviar las adversidades del invierno. Las condiciones económicas básicas adversas y el desempleo generalizado siguen provocando la insatisfacción popular que el gobierno solo puede calmar ofreciendo la esperanza del ERP.

En el punto 6 del mismo informe, los estadounidenses realizan un análisis de futuro de los escenarios que podrían darse tras los resultados electorales de las elecciones del 18 de abril de 1948.

A un mes de las elecciones, exactamente el 5 de marzo, la Agencia Central de Inteligencia vuelve a redactar un informe dirigido al asistente especial del secretario de Estado para asuntos de Inteligencia, al director de inteligencia del Departamento del Ejército, al jefe de Inteligencia Naval, al director de Inteligencia de las Fuerzas Aéreas, al director de Seguridad e Inteligencia de la Comisión de Energía Atómica, al subdirector para Inteligencia de la Junta de Jefes de Estado Mayor, y al asistente del director para diseminación de la CIA. Curiosamente, el documento secreto lleva una nota especial en su portada en la que se ordena que «Esta copia debe ser retenida o destruida por la quema, de conformidad con las normas de seguridad aplicables, o devuelto a la Agencia Central de Inteligencia por acuerdo con la Oficina de Recopilación y Difusión, CIA». En el punto 15 del documento se destaca el temor de muchos católicos italianos a que el triunfo del comunismo en Italia pueda poner en peligro la seguridad de la Santa Sede.

General.

El supuesto ascenso al poder comunista en Italia no solo sería significativo como la primera verdadera extensión de control territorial (exceptuando a China) comunista (soviética) desde el término de la Segunda Guerra Mundial, sino también como el primer caso en la historia de un ascenso al poder comunista mediante el sufragio popular y un procedimiento legal. Un acontecimiento tan nunca visto y portentoso debe producir un efecto psicológico en aquellos países amenazados por la agresión soviética o comunista y todavía luchando para conservar su libertad.

Además, mientras que el comunismo de Europa Oriental había invadido tierras en disputa entre el este y el oeste, en Italia el comunismo se habría apoderado del asiento más antiguo de la cultura occidental. En especial, los católicos devotos de todas partes estarían muy preocupados en cuanto a la seguridad de la Santa Sede.

El control comunista de Italia llevaría el poder de Rusia a orillas del Mediterráneo por primera vez en la historia y en el punto más propicio para controlar dicho mar. Las implicaciones estratégicas de ese desarrollo se apreciarían en todos los países del Mediterráneo y en Gran Bretaña.

El miedo al comunismo y a la agresión soviética que estas consideraciones provocaría, sería más propenso a estimular resistencia que fomentar la sumisión. Sin embargo, careciendo de sus propias fuerzas de resistencia, las naciones de Europa Occidental y el Mediterráneo se dirigirían a Estados Unidos para pedir mayor ayuda y garantías militares para su independencia e integridad territorial.

Por fin, el 18 de abril de 1948, se consolida la gran victoria de la Democracia Cristiana en las elecciones. El partido pasa de los 8 101 004 votos en las elecciones de 1946 para la Asamblea Constituyente a los 12.740.042 votos (48,51%) que reciben en 1948, en las elecciones para la Cámara de Diputados y el Senado.

Los 4.639.038 votos obtenidos de diferencia por los democristianos entre las elecciones de 1946 y las de 1948, fueron sin duda conseguidos por el apoyo de Acción Católica, la bendición del Vaticano y, por supuesto, el dinero de la CIA. El Fronte Democratico Popolare (FDP) del comunista Palmiro Togliatti obtendría 8.136.637 votos (30,98%) y Unità Socialista de Ivan Matteo Lombardo, 1.858.116 votos (7,07%).

El 10 de febrero de 1949, diez meses después de la celebración de elecciones, la Agencia Central de Inteligencia redacta un amplio informe de 41 páginas sobre la situación económica en Europa y sobre la Economic Cooperation Administration (ECA), lo que sería la raíz del Plan Marshall. El capítulo sobre Italia abarca desde la página 18 a la 21 y está dividido en cuatro puntos concretos: «General», «Vulnerabilidad del Programa», «Oposición al ECA» y «Presencia de Fuerzas Resistentes».

1. General.

La dependencia casi total de Italia de las materias primas industriales, su dependencia parcial de los alimentos desde el extranjero, y el nivel alto de desempleo provocaría una obstrucción al ERP especialmente dañina a la economía italiana. Debido a que algunas reorganizaciones básicas de la economía doméstica son un prerrequisito para el éxito del ERP en Italia, boicoteándolas resultaría en obstruir el propio ERP. Es de esperar la interferencia directa con el funcionamiento del ERP. Tales actividades obstructoras directas, a nivel organizado, se originarán principalmente con los comunistas. La firmeza y fiabilidad de las fuerzas del Ministerio del Interior le permitirán al gobierno actuar con vigor cuando necesario para refrenar esfuerzos más violentos. El Ejército está organizado y desplegado principalmente como una fuerza de seguridad interna y puede, como lo ha hecho en el pasado, volver a apoyar eficazmente a los Carabinieri en esta tarea. A pesar del grande reclutamiento en el Partido Comunista, la gran mayoría de los italianos son anticomunistas.

3. La Oposición al ECA.

El Partido Comunista Italiano recogió unos ocho millones de votos (31%) en las elecciones nacionales la pasada primavera, tiene aproximadamente de entre uno y un millón y medio de miembros (asegura que 2.250.000) y está muy bien organizado. El partido es más fuerte en el norte de Italia, y su organización militarizada, el Apparato (unos 85.000 miembros), tiene centros de formación a lo largo de las principales rutas de comunicaciones del norte. La prensa del partido, con la imprenta y el papel subvencionado por Moscú, es extensa, y es más poderosa gracias al control comunista del sindicato de los impresores.

El Partido Comunista está vinculado cercanamente mediante un «pacto democrático» con el Partido Socialista Italiano, el ala izquierda del socialismo italiano; y juntos, estos grupos, que eran los únicos en el Frente Democrático Popular en las últimas elecciones nacionales, controlan aproximadamente el 36% de los asientos en el Senado y alrededor del 32% en la Cámara de Diputados.

[…]

En el punto 4, los analistas de la CIA revelan claramente, en «Presencia de Fuerzas Resistentes», que el Vaticano está lanzando en toda Italia una gran campaña anticomunista a través de Acción Católica.

La Policía Nacional (Carabinieri), alrededor de 75 000 hombres fuertes y controlados administrativamente por Roma, está organizada en legiones, principalmente desplegados en el norte de Italia, con varias unidades móviles. Les ayudan aproximadamente 70 000 guardias de Seguridad Pública en ciudades y pueblos y unos 35 000 guardias de Finanzas (frontera) (aunque hay una infiltración comunista muy limitada entre estos). El ejército, de 127 000 tropas (1 de enero de 1949), también está concentrado en el norte y podría recibir una asistencia limitada de las 28 000 fuerzas navales. La fuerza aérea, con 22 000 hombres, está poco equipada y tiene aviones obsoletos.

El sentimiento anticomunista es vigoroso en un país de individualistas principalmente agrícola, y quienes están muy influidos por la enseñanza anticomunista de la Iglesia católica. Actualmente, el Vaticano está lanzando una campaña cada vez más anticomunista militante mediante la Acción Católica, una organización laica dedicada a promover la política del Vaticano, y mediante el LCGIL, una organización laboral no comunista creada recientemente. Además, la izquierda moderada sigue siendo una minoría consternada, ansiosa de eliminar la dominación laboral comunista modificando las directrices del CGIL, o si esto no fuera posible, dejando la Confederación Laboral. Aunque los socialistas de izquierdas trabajen cercanamente con los comunistas en la mayoría de las cuestiones, han seguido un camino de no oposición independiente respecto el apoyo del ERP. Dichos grupos neofascistas tales como el Movimiento Social Italiano, representados en el Parlamento por un senador y seis diputados, son agresivamente anticomunistas, aunque las habilidades de sus fuerzas son actualmente pocas.

El triunfo de la Democracia Cristiana y la derrota del socialismo y comunismo en las elecciones de abril de 1948 sería definida por el papa Pacelli como «una batalla por la civilización cristiana». Para ello, el sumo pontífice había dado orden al Istituto per le Opere di Religione (IOR) de liberar la cantidad de cien millones de liras, en su mayor parte de los beneficios obtenidos por la venta de material estadounidense excedente de guerra, concedido al Vaticano para gastarlo en actividades anticomunistas. En los doce meses que precedieron a las elecciones de 1948, Estados Unidos entregó, a través de la CIA, cerca de 350 millones de dólares a Italia, como ayuda a los necesitados y para un capítulo secreto denominado «actividades políticas». Importantes miembros de la curia, como el conservador cardenal Eugene Tisserant, alegaba que «comunistas y socialistas no podían acceder a los sacramentos; de hecho, ni siquiera eran merecedores de un entierro cristiano»; el cardenal Ildefonso Schuster, arzobispo de Milán, advertía a sus fieles que «la lucha entre Satanás y Cristo con su Iglesia ha entrado en una fase de crisis aguda»; el cardenal Giuseppe Siri, arzobispo de Génova, afirmaba ante sus fieles que era pecado no ir a votar, que votar a los comunistas no era compatible con la pertenencia a la Iglesia católica, y que los confesores no podrían dar la absolución a aquellos que no siguieran sus instrucciones; y el cardenal Alfredo Ottaviani, respaldado por Civiltà Cattolica, aconsejaba que el PCI fuera declarado fuera de la ley en Italia.

Incluso artistas como Frank Sinatra, Bing Crosby, Gary Cooper y Bob Hope realizaron programas especiales, emitidos después por la CIA en toda Italia, en el que pedían a los italianos que votasen en conciencia (es decir, no a los comunistas), ya que el resultado final marcaría la diferencia «entre la libertad y la esclavitud». Eugenio Pacelli decretó el 2 de julio de 1949 que los católicos no podían pertenecer al Partido Comunista, ni escribir o publicar artículos o libros defendiendo el comunismo, o que los curas y párrocos no podrían administrar los sacramentos a quien cometiera cualquiera de esos dos pecados.

Desde 1949, la Santa Sede y los papas Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI, así como los secretarios de Estado Domenico Tardini, Amleto Giovanni Cicognani y Jean-Marie Villot, negaron siempre la participación y ayuda de la CIA al Vaticano en el resultado electoral en las elecciones del 18 de abril de 1948. Con el paso de los años esa negación se convirtió casi en una defensa a ultranza de la separación de la Iglesia católica de la política italiana.

Existen dos documentos del año 1961, redactados por la CIA, que dejan bien claro el intervencionismo del Vaticano, principalmente de los sectores más conservadores de la curia de Juan XXIII, en la política interna de Italia. En el del 18 de mayo de 1961, se destaca la aceptación incluso del ultraconservador cardenal Giuseppe Siri, arzobispo de Génova de una administración democristiana socialista en la región como un mal menor, ante una administración socialista comunista.

La posición de la Iglesia católica de Roma ha sido un factor importante en el bloqueo de la cooperación entre la Democracia Cristiana y Nenni. Ahora la Iglesia en sí parece algo más flexible hacia la colaboración local. Incluso el acérrimo cardenal Siri de Génova parece haber aceptado el gobierno democristiano socialista en su ciudad, como preferible a la administración alternativa socialista comunista. Ya no está tan claro, sin embargo, si el Vaticano trataría de bloquear la colaboración a nivel nacional mediante la retirada de apoyo a la Democracia Cristiana con la idea de apoyar a una nueva ala derechista, el Partido Católico.

En el segundo documento del National Intelligence Estimate número 24-61, del 13 de junio de 1961, se habla claramente de los intentos de acercamiento entre la Democracia Cristiana y el Partido Socialista Italiano y la posición del Estado Vaticano ante esta posible alianza. El cardenal Giuseppe Siri lidera el bloque curial en contra de ese unión, mientras que el cardenal Giovanni Battista Montini lidera el de aquellos que están a favor de ese acercamiento.

La Iglesia, que también ejerce una profunda influencia en la política italiana, ha observado con creciente preocupación las dificultades de la DC en la formación y mantenimiento de gobiernos eficaces. A pesar de los esfuerzos vigorosos en todo el país, la Iglesia y sus auxiliares políticos han logrado pocos avances en sus intentos de ampliar o mantener su influencia en el norte y centro de Italia, donde florece una fuerte tradición socialista y anticlerical. La jerarquía católica tiene como una cuestión de principios oponerse a un acuerdo DC-PSI, aunque por razones prácticas la Iglesia ha sancionado la colaboración de la DC con el PSDI y PLI, ambos partidos básicamente anticlericales. La mayor parte de la jerarquía de la Iglesia, cuyo portavoz principal es el cardenal Siri de Génova, se sigue oponiendo a la aproximación de DC-PSI.

Sin embargo, con la descentralización de la autoridad bajo el papa Juan XXIII, algunos eclesiásticos clave, como el cardenal Montini, han indicado que son más «posibilistas» sobre esa eventualidad. Parece que muchos de los líderes de la DC están decididos a seguir adelante con sus planes para el acercamiento al PSI en la creencia de que, como uno de los líderes de DC expresó, «La Iglesia condena violentamente el adulterio, pero bendecirá a los hijos de adulterio».

El 2 de febrero de 1976, la Embajada de EU en Roma envía un telegrama al secretario de Estado, Henry Kissinger, con el título «La CIA y el Vaticano. Extractos de un nuevo libro». El documento, bajo clasificación de «Uso Oficial Limitado», es absolutamente revelador. El documento se centra en el libro Gli americani in Italia, 1942-1949, de Roberto Faenza y Marco Fini y en el capítulo titulado «La CIA y el Vaticano», así como en el reportaje aparecido por la publicación del libro en la revista Panorama, en su edición del 3 de febrero de 1976.

Con la portada «La CIA y el Vaticano», el semanal de izquierdas Panorama, en su edición del 3 de febrero, publica lo que llama extractos de un explosivo capítulo del libro Los estadounidenses en Italia, 1942-1949, de Roberto Faenza y Marco Fini. El libro de los dos autores de la izquierda radical está programado para su publicación a principios de febrero por la editorial procomunista Feltrinelli. Según Panorama, los autores, con un costo de varios miles de dólares, y por medio de sus amigos americanos, en particular, su corresponsal americano Edward Baker, descrito como el exlíder de la izquierda radical en la universidad federal de la ciudad de Washington, entraron en posesión de 50 000 documentos auténticos de los servicios secretos estadounidenses y del Departamento de Estado.

En el punto 3, «Puntos clave de los extractos» publicados por la revista Panorama sobre la obra de Faenza y Fini, los analistas estadounidenses destacados en Roma hacen hincapié en siete puntos concretos del texto de la revista y del libro, que se centran concretamente en la ayuda de Estados Unidos y el Vaticano para la victoria de la Democracia Cristiana en las elecciones de 1948, sucedidas 28 años antes de la publicación del libro y en la participación de monseñor Giovanni Battista Montini, ahora papa Pablo VI.

A. El Vaticano señaló su disposición a cooperar con los agentes secretos americanos en 1942 cuando proporciona documentos secretos a los estadounidenses sobre las posiciones estratégicas japonesas obtenidas por el nuncio apostólico en Tokio. (Sin documento citado. Simplemente repite la denuncia en el libro de B. Harris Smith, exagente de la OSS en el libro La historia secreta de la CIA).

B. El Vaticano, particularmente el subsecretario de Estado Montini (ahora papa Pablo) estaba en 1946 en el esfuerzo de expulsar a la izquierda del gobierno italiano y trabajar de acuerdo con la Embajada americana, que fue clave para romper la unidad del movimiento obrero en julio de 1948.

C. En 1947, los derechistas del gobierno de EU y del gobierno italiano se comprometieron a difundir el estado de alarma porque «los comunistas y los socialistas de Nenni estaban preparando la revolución» y el Vaticano fue un instrumento para convencer al gobierno de Estados Unidos de que el peligro de la insurrección era real. Los autores citan un télex de la Embajada Estadounidense de Frankfurt para fundamentar este punto. La cita es la siguiente: «El cargo de subdirector de Servicios Estratégicos comunicó hoy al Departamento de Guerra y de relativo interés una información que tiende a confirmar la invasión de Italia a través de Yugoslavia. Fecha establecida Febrero-Primavera de 1948. La información proviene de los servicios secretos italianos y el Vaticano. Caso» (Doc. 86500B, DIC 19, 1947). […]

E. El Vaticano en 1948 actuó como intermediario para la «financiación oculta de los partidos opuestos al Frente Popular». (Cita documentos del 17 de mayo de 1948 y 12 de abril de 1948, que se refieren a la participación financiera del secretario privado del nuncio papal en Cuba y del arzobispo de Dublín, Mcquaid, y la información proporcionada a los autores por David Laus, del Centro Nacional de Estudios de Seguridad, el 12 de marzo de 1975, y que el cardenal Spellman contribuyó personalmente con 7000 dólares).

F. La Operación de los Comités

Cívicos Nacionales eran el más importante proyecto conjunto durante las elecciones del 1948, de la CIA y del Vaticano. Cita en extenso el «informe sobre los comités cívicos, el brazo político inspirado por el Vaticano contra el comunismo en Italia», que, identificados como doc. 86500/5 del 17 de mayo de 1948, se describen como haber sido escrito por la CIA para la Embajada de Roma. El informe describe la organización y sus actividades. Afirma que la idea de los Comités se deriva del temor del Vaticano a la victoria comunista y que, aunque el papa no los estableció, ha abrazado con entusiasmo la idea y consejos de su líder, Luigi Gedda, de Acción Católica.

G. La alianza Vaticano - EU para romper el movimiento obrero: los socios de la alianza eran el Departamento de Estado (subsecretario Rober Lovett y planificador de políticas G. F. Kennan), la CIA (Jim Angleton y Edward Page), y el Vaticano (Montini y Gedda). Los autores, para destacar la tesis de EU, citan dos cartas del 11 de octubre de 1948, del embajador Dunn a Lovett y de Page a Kennan, que recomiendan que los fondos del Plan de Marshall para Italia se incrementen en 500 000 dólares para financiar las actividades de los Comités Cívicos.

En el epígrafe «Comentarios», los analistas de la Agencia Central de Inteligencia intentan, en el texto dirigido a Kissinger, contrarrestar el daño que podría provocar para la imagen de Estados Unidos en Italia las revelaciones aparecidas en el libro de Roberto Faenza y Marco Fini, así como la publicación del reportaje en Panorama.

A. Sin documentos originales es difícil determinar si los autores, incluso en caso de que la evidencia es citada in extenso, transcribieron correctamente o si la evidencia es mal utilizada.

B.     Podemos, sin embargo, percibir la finalidad maliciosa de Panorama en la selección del capítulo del libro correspondiente. Panorama ha tenido un enfrentamiento consecutivo con el Vaticano, sobre todo desde el 9 de octubre de 1975, cuando el Vaticano negó públicamente y denunció las acusaciones irresponsables de Panorama, según las cuales el Vaticano a través de contactos secretos estaba preparando un sagrado compromiso con el PCI.

C.Tanto el libro como los extractos de Panorama llegan a la atención del público durante un periodo de debate activo en la prensa sobre la participación actual de la CIA en la política italiana, tratan de desacreditar al Vaticano, los democristianos y otros del liderazgo local que cooperaron con los estadounidenses.

D.Con respecto al contexto actual, Fini es citado en Panorama diciendo: «Cada vez que la hegemonía de la DC estaba en peligro, la intervención norteamericana reaparece puntualmente a través de canales clandestinos, crypto-diplomacia y la diplomacia de trucos sucios». Fini también afirma que el modelo americano de la interferencia fue desarrollado por primera vez en Italia y luego ha sido exportado al resto del mundo, desde Vietnam a Santo Domingo a Chile. Indicando además que desde que se hizo posible la interferencia estadounidense a través de la complicidad del liderazgo local, Fini pide la creación de una Comisión Parlamentaria italiana de investigación.

E.El único comunicado del Vaticanohasta ahora ha sido de su portavoz de prensa, Alessandrini, el 28 de enero, y define el todo como «ficción

política». Historiadores del Vaticano nos han dicho en privado que, si bien la tesis era exagerada y anti Vaticano, como es de esperar por las credenciales, sí se demostrará que los documentos altamente confidenciales son auténticos. Fin.

A pesar de las campañas vaticanas y decretos papales, el Partido Comunista Italiano continuó teniendo no solo presencia en la política del país, sino también el mismo porcentaje de votos en las elecciones siguientes, pero no cabe la menor duda que las campañas lanzadas desde la Santa Sede contra el PCI ayudaron a mantener las posiciones hegemónicas de la Democracia Cristiana. 

Israel Jerusalén, una ciudad de paz y un punto de desencuentro

La situación de los judíos de Europa había cambiado dramáticamente en las décadas de los años treinta y cuarenta, y el apoyo internacional a la creación de un Estado judío se había potenciado en parte porque las potencias ganadoras de la Segunda Guerra Mundial necesitaban purgar sus culpas por no haber hecho más durante el Holocausto. El papa Pío XII percibió que no se necesitaba discutir esta cuestión, principalmente porque la política vaticana se oponía a que Tierra Santa quedase en manos judías o de cualquier otra religión.

Aunque los papeles oficiales del Archivio della Delegazione Apostolica in Gerusalemme e Palestina, principalmente aquellos que fueron emitidos por los delegados apostólicos Gustavo Testa (1948-1953), Silvio Oddi (1953-1957), Giuseppe Maria Sensi (1957-1962) y Pío Laghi (1969-1973), se encuentran bajo llave en el Archivo Secreto Vaticano (ASV), otras fuentes revelan que la posición de Pío XII con respecto a Palestina era una continuación de la política instaurada por sus predecesores, Pío XI, Benedicto XV y Pío X. La política de estos tres pontífices había estado motivada por la necesidad de proteger la fe en los santos lugares. Pío XII estaba dispuesto a defender contra viento y marea los intereses del catolicismo en Tierra Santa. El Vaticano se oponía ferozmente a las aspiraciones territoriales judías en Palestina, expresadas por el I Congreso Sionista Mundial, celebrado en la ciudad suiza de Basilea, en mayo de 1897.

Pío X (1903-1914) sería el primero en aumentar el apoyo financiero a las casi treinta órdenes religiosas, a casi una veintena de conventos y monasterios, a ochenta hospicios y a cinco hospitales que se encontraban en Palestina.

El papa sabía que las aspiraciones judías no consistían solo en instalarse en la tierra de Palestina, sino también en controlar la ciudad de Jerusalén. Pío X recibió una considerable información del propio Theodor Herzl, quien buscaba el apoyo de la Santa Sede para las aspiraciones judías en esa área de Oriente Medio.

El papa Pío X confesó a su secretario de Estado, el cardenal Rafael Merry del Val, que la Santa Sede no podría detener los planes judíos respecto a Palestina, pero agregó que se opondrían a la creación de un estado judío allí. El papa agregó que, si lo único que querían los judíos era establecer colonias agrícolas en Palestina, Roma haría un esfuerzo para apoyar el esfuerzo humanitario y que no impediría la empresa. Lo cierto es que Theodor Herzl, presidente de la Organización Sionista Mundial, quería más del papado, pero este no estaba dispuesto a concedérselo[51]. Con la llegada de Benedicto XV (1914-1922) al papado, Palestina emergió desde un realismo teórico a una realidad política siguiendo a la expulsión de las fuerzas otomanas y al nuevo control británico.

En el mes de noviembre de 1947, tras la aprobación de la resolución 181 o llamado Plan de Partición para Palestina, la Asamblea General de Naciones Unidas recomendaba que la ciudad de Jerusalén, ciudad santa para los cristianos, judíos y musulmanes - para estos últimos el tercer lugar sagrado tras la Meca y Medina-, quedara bajo una entidad independiente con una administración internacional especial y bajo control de Naciones Unidas y de fuerzas de la ONU. Casi un año después, en diciembre de 1948, la Asamblea General volvía nuevamente a presentar a debate la internacionalización de Jerusalén. Por una amplia mayoría de los países presentes se reiteraba la llamada a la internacionalización territorial de la ciudad. Como contramedida a la adopción de la ONU, Israel anunció, a través de su embajador Abba Eban, el 11 de diciembre de 1949, que Jerusalén pasaba a ser de facto la sede del gobierno.

Los países árabes de la zona y del Golfo se opusieron al llamado Plan de Partición y en especial Jordania, que se opuso al plan de internacio-nalzación de Jerusalén.       

El gobierno de Aman aseguraba que la ciudad era árabe tanto por su historia como por su propio censo de población, mayoritariamente árabe. Realmente, el rey Abdullah I bin al-Hussein, bisabuelo del actual rey Abdullah II, temía que solo la Ciudad Vieja, que se encontraba bajo control jordano y donde estaban situados los santos lugares, pasara al control internacional, y que la parte occidental de la ciudad (fuera de los muros) quedara bajo soberanía israelí. Pronto el problema regional de Jerusalén se convirtió en internacional cuando el Vaticano, claramente hostil a Israel, protestó por esta idea.

Pío XII ya había mostrado en muy diversas ocasiones su rechazo a la creación del Estado de Israel, tanto por cuestiones teológicas como por cuestiones políticas. Aunque, públicamente, la Santa Sede se mostraba neutral en las decisiones y opiniones sobre la situación de Israel, realmente el papa no dejaba de mostrar con sus actos su simpatía por los países árabes. En agosto de 1946, Pío XII dio un mensaje claro al Alto Comité Árabe:

Nosotros siempre hemos observado una actitud de perfecta imparcialidad y tenemos la intención de mantenernos conformes a ella en el futuro. […] Pero es claro que esta imparcialidad, que nuestra misión apostólica impone sobre nosotros y la cual nos ubica por sobre los conflictos que azotan a la sociedad humana en este momento difícil, no puede significar indiferencia. Nos ensañaremos en que la paz y la justicia en Palestina puedan convertirse en una realidad constructiva, que el orden que florece de la cooperación eficiente de todas las partes interesadas pueda ser creado y que cada una de las partes ahora en conflicto pueda tener una garantía de seguridad de existencia también como condiciones de vida morales y físicas sobre las que pueda establecerse una situación normal de bienestar material y cultural.

El 1 de mayo de 1948, el papa pedía, en Auspicia, oraciones por la paz del mundo y especialmente en Palestina.

Pero hay en el presente un motivo especial que aflige y angustia vivamente nuestro corazón. Nos queremos referir a los santos lugares de Palestina, que desde hace mucho tiempo se ven turbados por luctuosos sucesos y casi cada día se ven devastados por nuevos estragos y ruinas. Y, sin embargo, si hay una región en el mundo que debe ser especialmente amada por todo espíritu digno y culto, esa es ciertamente Palestina, de la cual, ya desde los oscuros primeros años de la historia, ha surgido para todos los hombres tanta luz de verdad, en donde el Verbo de Dios encarnado quiso anunciar por medio de los angélicos coros la paz a los hombres de buena voluntad y donde finalmente Jesucristo, colgado en el árbol de la Cruz, procuró la salvación de todo el género humano, y extendiendo sus brazos, como invitando a todos los pueblos a un abrazo fraternal, consagró, con la efusión de su sangre, el gran precepto de la caridad.

Deseamos, pues, Venerables Hermanos, que este año las oraciones del mes de mayo tengan la finalidad especial de pedir a la santísima Virgen que, finalmente, la situación de Palestina se arregle con la equidad, y que allí también triunfen finalmente la concordia y la paz.

Desde octubre de 1948, el Vaticano y todo su bloque de influencias diplomáticas se pusieron al servicio de defender la idea de la necesidad de internacionalizar Jerusalén, «con el único fin de salvaguardar los santos lugares cristianos». Monseñor Gustavo Testa, delegado apostólico en Jerusalén y Palestina, había recibido órdenes precisas del papa de exigir el retorno de los refugiados cristianos a Israel con el objeto de rehacer las comunidades cristianas que habían quedado desperdigadas tras el inicio de la Guerra de Independencia. La mayor parte de estas comunidades eran árabe-cristianas, e Israel no estaba dispuesto a aceptar su retorno. Uno de los frentes de esta ofensiva diplomática la dirigiría la Santa Sede hacia Gran Bretaña.

Monseñor Testa informó a la Santa Sede que durante una conversación con sir Alan Cunningham, Alto Comisionado Británico para Palestina, este le había asegurado que «desde el ángulo de la cristiandad, lo peor que podría pasar a Jerusalén sería que estuviera bajo control judío». John Victor Perowne, embajador británico ante la Santa Sede, informaría al Foreign Office en este mismo sentido:

El Vaticano hubiera preferido, desde el punto de vista del destino de los lugares santos y de los intereses católicos en Palestina en general, que ni judíos ni árabes, sino una potencia tercera, tuviera control en la Tierra Santa. Tal solución, ella bien sabía, era inalcanzable, y en las circunstancias actuales prefería a los árabes antes que a los judíos.

La Santa Sede había permanecido en silencio hasta que el 24 de octubre de 1948, el papa Pío XII manifestó su oposición con la encíclica In multiplicibus curis, donde proponía la internacionalización de Jerusalén y sus entornos para garantizar el cuidado de los santos lugares. Muchos de los doce puntos del texto eran una clara alusión a la violencia utilizada por las fuerzas israelíes en los alrededores de los santos lugares.

1. Preocupación preferente del papa por la guerra en Palestina.

En medio de las múltiples preocupaciones que en la impronta actual de los tiempos -de los cuales nacerán condiciones futuras de suma importancia para la familia humana- nos hacen sentir el peso del gravísimo cargo del Supremo Pontificado. Nos preocupa especialmente aquella que se centra sobre la guerra que va ensangrentando los venerables lugares de Tierra Santa. Con toda verdad

Nos os podemos asegurar, Venerables Hermanos, que ni la gozosa ni la triste vicisitud de las cosas puede aliviar Nuestro acerbísimo dolor que con vehemencia Nos angustia al pensar que esa región en que Cristo Jesús derramó su sangre para redimir a todo el género humano se está inundando aún de sangre de hermanos; y que allí donde resonó, en medio de las tinieblas de la noche, el primer pregón angélico de paz para iluminar los corazones, luchen pueblos entre sí, aumente día a día la miseria de los pobres, crezca el horror de los aterrorizados, mientras, desterrados y prófugos, desplazados por millares de su tierra, vagan lejos buscando el pan y un seguro refugio.

2. Dolor por los daños causados en los lugares santos mismos.

Nos sentimos también pena y tristeza por el motivo peculiar de que Nos informaron que en no pocos edificios religiosos y de beneficencia que cerca de los lugares santos existen, fueron causados considerables estragos, por lo cual ha de temerse que los mismos lugares sagrados de Palestina y especialmente de Jerusalén -santificados por el nacimiento, vida y muerte de nuestro divino Redentor- corran la misma deplorable suerte.

De más está que os señalemos, Venerables Hermanos, que en las actuales circunstancias las que parecen anunciar aún mayores males para el porvenir no podemos encerrar el dolor en el silencio de Nuestro Corazón, sino que debemos empeñarnos con todo ahínco, como lo permitan los medios, en que se aplique, a medida de las fuerzas, el remedio oportuno.

3. Solución del papa dada a conocerá los príncipes árabes.

Pues sabéis, que antes del estallido del conflicto, al conceder una entrevista a los príncipes árabes que deseaban rendirnos su homenaje, les dirigimos sentidas palabras en las que revelamos Nuestra preocupación por la paz en Palestina, y clara y positivamente afirmamos que la paz, que efectivamente merecía tal nombre, no se obtendría por las armas, sino por la verdad y la justicia, por el mutuo respeto de los derechos bien asegurados de cada uno, por la observancia de las costumbres heredadas de los mayores, especialmente en todo lo que atañe a la Religión, y por el debido acatamiento de ambas partes a las obligaciones mutuamente contraídas.

4. Las gestiones papales después de estallado el conflicto.

Cuando empero ya había estallado la conflagración, por el apostólico Ministerio         que desempeñamos, Nos elevamos en todo tiempo sobre los conflictos de la sociedad humana, colaborando intensamente con suma, como pudimos, ecuanimidad, para que la concordia y tranquilidad, unidas a la justicia, triunfaran en Palestina y permaneciesen allí incólumes e inviolados los lugares santos.

Y aunque casi de todas partes acude con sus súplicas toda clase de hombres indigentes a esta Sede Apostólica, a pesar de esto, las veces que pudimos, Nos hemos esforzado en prestar ayuda a todos los que por la guerra habían sufrido daño, y lo hicimos, allegando auxilios tanto por Nuestros Legados en Palestina, el Líbano y Egipto, como también estimulando con corazón paternal a los fieles cristianos de otras naciones a fin de que colaboraran al mismo propósito e iniciativa.

5. La pacificación más que del esfuerzo humano depende de la oración.

Pero por cuanto comprendemos perfectamente que los medios humanos son insuficientes para componer este asunto difícil y escabroso, Nos confiamos ante todo en las plegarias que se eleven al príncipe divino de la paz; y así por la Carta Encíclica Auspicia Quaedam solo hace poco publicada os exhortábamos para que vosotros y los fieles confiados a vuestra solicitud paternal hiciereis públicas oraciones por las cuales, intercediendo la santísima Virgen María, se obtenga siquiera que en los asuntos… arreglados con equidad en Palestina, vuelva a reinar felizmente la concordia y la paz.

6. Éxito de la invitación a la oración y nueva invitación.

Supimos con gran consuelo del alma que no resultó vana Nuestra invitación; supimos también que, al tiempo que Nos, unidos a todos los que son Nuestros hijos en todo el mundo, con súplicas y gestiones, Nos esforzamos en que los asuntos de Palestina se arreglaran feliz y ordenadamente, no faltaban hombres valerosos que, sin escatimar sacrificios y sin atemorizarse ante los peligros trabajaron por alcanzar el mismo objetivo, cuyos nobles esfuerzos place reconocer y ensalzar públicamente.

Mas al presente, como la guerra no cesa ni se aquieta, y como las pérdidas y ruinas que de allí resultan aumentan atrozmente, creemos oportuno renovar Nuestra invitación, del todo confiados en que no solo vosotros, Venerables Hermanos, sino también todos los cristianos la recibáis con ánimo bien dispuesto y activo.

7. Parece increíble que la furia de la guerra no respete los lugares santos.

Y como el 21 de junio pasado en la Audiencia que concedimos al Sacro Colegio de los Padres purpurados, declaramos abiertamente que Nuestro corazón estaba por esta razón inquieto y preocupado, Nos parece del todo increíble que toda la comunidad cristiana se conforme fácilmente o vea con estéril indignación que esas tierras santas que era dulce visitar y besar con sobrecogido corazón y encendido amor, sean devastadas a hierro y fuego por los soldados y destruidas y asoladas por aviones que arrojan sus bombas incendiarias; por demás increíble Nos parece que sea posible que aquellos lugares sagrados y el mismo sepulcro de Jesucristo sean temerariamente derruidos.

8. Esperanza de éxito para sus propias gestiones y las de otras personas respetables.

Al contrario, alentamos la firme confianza de que las preces que los cristianos de todo el orbe eleven por este motivo al omnipotente y misericordioso Dios y los nobilísimos anhelos de tantos hombres que desean la verdad y el bien, logren, realmente que los que empuñan las riendas de los pueblos, encuentren un camino menos áspero y menos arduo que conduzca al restablecimiento de la justicia y de la tranquilidad en Palestina; y que asuntos se puedan componer allí de tal modo que -por mutuo consentimiento y esfuerzo unido de todos los interesados- tanto se garantice la seguridad pública y privada de ambas partes como se mantengan tales condiciones espirituales y sociales de vida que contribuyan a la auténtica prosperidad que merezca tal nombre.

9. Invocación del derecho internacional para la protección de los Lugares santos.

Igualmente confiamos en que las preces ordenadas y los votos nobilísimos de tales hombres probos -los cuales ponen de manifiesto cuánto estima esos lugares la casi íntegra sociedad humana- persuadan íntimamente a todos los que en las reuniones supremas se ocupan de la gravísima causa de restituir la paz a los pueblos, de que es, pues, oportuno que se conceda a Jerusalén y sus alrededores donde se conservan los venerables monumentos un régimen estatuido y consolidado por el derecho internacional el cual en las actuales circunstancias en forma suficiente y apta parece poder proteger esos monumentos sagrados.

10. Garantía que ha de dar el derecho internacional al libre acceso a los lugares santos y para el culto allí.

Por ese mismo derecho será igualmente oportuno consolidar la seguridad de visitar los lugares santos y de permanecer firme e inconcusa la libertad del culto divino y de conservar incólumes el carácter y las costumbres heredadas de los mayores.

11. Votos por la pronta solución.

Quiera Dios que tan pronto como sea posible amanezca el día en que los cristianos puedan volver a emprender sus piadosas peregrinaciones, y los que meditan los testimonios del amor de Jesucristo quien entregó su vida por la salvación de los hermanos, comprendan más gloriosamente cómo los hombres y los pueblos, una vez arreglados en paz sus asuntos y relaciones, puedan vivir unidos.

12. Recomendación y Bendición Apostólica.

Nos con vosotros, Venerables Hermanos, con vuestra grey y con todos los que de buen grado reciben Nuestra exhortación, ciframos en eso Nuestra esperanza, y como auspicio de las gracias celestiales y testimonio de Nuestra benevolencia, gustosísimo en el Señor, os impartimos la Bendición Apostólica.

En esta misma época, Graham Parsons, miembro de la legación estado- unidense ante la Santa Sede, informaba al secretario de Estado George C. Marshall sobre una reunión informal mantenida con monseñor Gustavo Testa, delegado apostólico en Jerusalén y Palestina.

Ninguna partición puede satisfacerles, porque alguna parte de ella estaría por ende sin Cristo. Para la mayor parte de los judíos, según Testa, Jerusalén es simbólica, no sacramental. Testa personalmente espera una reconsideración del Plan de Partición por parte de la Asamblea General, acompañado por una tregua en Palestina y, eventualmente, un Estado federado.

El 15 de abril de 1949 llegaría la promulgación de la encíclica Redemptoris nostri cruciatus, en la que el sumo pontífice se mostraba a favor de la internacionalización de la ciudad, así como a la tutela de los lugares sagrados, al respeto a los derechos eclesiales sobre los lugares santos y a la libertad de la actividad de la Iglesia.

Este nuevo texto fue tomado por David Ben-Gurion como un claro ataque al recién nacido Estado de Israel por parte del Vaticano.

 

5. Pero, a pesar de que la lucha real ha terminado, la tranquilidad o el orden en Palestina está todavía muy lejos de haber sido restaurado. Seguimos recibiendo quejas de los que tienen todo el derecho a lamentar la profanación de los edificios sagrados, imágenes, instituciones de caridad, así como la destrucción de hogares pacíficos de las comunidades religiosas. Apelaciones lastimeras todavía llegan a nosotros a partir de numerosos refugiados, de toda edad y condición, que han sido forzados por la desastrosa guerra de emigrar e incluso vivir en el exilio en campos de concentración, presos de la miseria, la enfermedad contagiosa y peligros de todo tipo.

6. No estamos olvidando de la considerable ayuda aportada por los organismos públicos y privados para el alivio de estos miles que sufren, y Nos mismo, continuando la obra de caridad, organizada desde el comienzo de nuestro pontificado, hemos dejado nada por hacer, dentro de nuestras posibilidades, para satisfacer las necesidades más urgentes de esta misma multitud infeliz.

7. Pero la condición de estos exiliados es tan crítica e inestable que no puede ya ser permitido para continuar. Mientras que, por tanto, animamos a todas las almas generosas y nobles que poner su mejor esfuerzo para ayudar a estas personas sin hogar en su dolor y la miseria, hacemos un llamamiento serio a los responsables de que la justicia puede traducirse a todos los que han sido expulsados lejos de su hogares por el torbellino de la guerra y cuyo deseo más ardiente es ahora llevar vidas pacíficas, una vez más.

8. Durante estos días santos, esta es nuestra mayor esperanza, y del mismo modo que la de todos los pueblos cristianos: que la paz finalmente arrojar su luz sobre la tierra donde Él, Quien es llamado por los sagrados profetas, «el Príncipe de la Paz» y por el Apóstol de los Gentiles Paz sí mismo, vivió su vida y derramó su sangre.

En los siguientes puntos de la encíclica, Pío XII lanzaba una petición para que fuera garantizado el carácter «internacional» de la ciudad de Jerusalén, la protección de los monumentos religiosos a los efectos de la guerra, y el libre acceso a los peregrinos y a las organizaciones de ayuda a los refugiados. Israel vería en este texto un claro intervencionismo político en la región por parte de la Santa Sede.

9. Nunca hemos dejado de orar repetidamente por esta paz duradera y genuina. Y a fin de que pudiera ser llevado a buen término y la permanencia lo antes posible de momento, ya hemos insistido en nuestra carta encíclica En Multiplicibus, que ha llegado el momento en Jerusalén y sus alrededores, donde los monumentos anteriores de la Vida y la Muerte del Divino Redentor se conservan, que debe atribuirse y legalmente garantizado el estado «internacional», que en las circunstancias actuales parece ofrecer la mejor y más satisfactoria la protección de estos monumentos sagrados.

10. No podemos dejar de repetir aquí la misma declaración, animado por la idea de que también puede servir como una inspiración para nuestros hijos. Que ellos, donde quiera que vivan, utilicen todos los medios legítimos para convencer a los gobernantes de las naciones, y aquellos cuyo deber es resolver esta importante cuestión, a otorgar a Jerusalén y sus alrededores un estatus jurídico cuya estabilidad en las actuales circunstancias solo puede ser adecuadamente asegurada por un esfuerzo conjunto de las naciones que aman la paz y respeten el derecho de los demás.

11. Además, es de suma importancia que, debido inmunidad y protección están garantizadas a todos los santos lugares de Palestina no solo en Jerusalén, sino también en las otras ciudades y pueblos.

12. No pocos de estos lugares han sufrido graves pérdidas y daños a causa de la agitación y la devastación de la guerra. Como son los monumentos religiosos de esos momentos -objetos de veneración a todo el mundo y un incentivo y apoyo a la piedad cristiana- estos lugares también deben ser protegidos adecuadamente por el estatuto definitivo garantizado por un acuerdo «internacional».

13. Somos muy conscientes del intenso deseo de Nuestros hijos, siguiendo la antigua tradición, para ir en peregrinación una vez más a esos lugares de los que fueron impedimento en las condiciones generales de perturbados. El Año de la Expiación que está a la mano aumenta aún más estos deseos, es natural que durante este período los fieles deben estar más dispuestos que nunca a visitar esa tierra que fue el escenario de nuestra Redención Divina. Quiera Dios que estos anhelos se cumplan tan pronto como sea posible.

14.   Para lograr este resultado feliz, será necesario, por supuesto, adoptar las disposiciones que permitan a los peregrinos acercarse libremente a esos edificios sagrados; permitiendo que cada uno profese abierta y sin obstáculos su devoción, y para permanecer en él sin temor y peligro. También se debe considerar objetable que los peregrinos vean estos lugares profanados por los entretenimientos pecaminosos y mundanos, que son ciertamente una ofensa al Divino Redentor y para la conciencia cristiana.

15.   Por otra parte, tenemos muchas ganas de que muchas de las instituciones católicas que se han erigido en Palestina para ayudar a los pobres, para educar a la juventud y dar hospitalidad a los visitantes, se pueden activar, como conviene, para llevar a cabo sin trabas el trabajo que hicieron de manera encomiable en el pasado.

16.   Tampoco podemos omitir señalar que todos los derechos sobre los santos lugares, que los católicos durante muchos siglos han adquirido y una y otra vez defendieron valientemente, y que nuestros predecesores han solemnemente y efectivamente justificado, deben preservarse inviolados. Estas, Venerables Hermanos, son las consideraciones que deseábamos poner ante ustedes.

17.   Animo a los fieles comprometidos con su cargo a estar cada vez más preocupados por las condiciones en Palestina y hacer que hagan sus solicitudes legales positivamente y de forma inequívoca, a los gobernantes de las naciones. Pero que sobre todo imploren sin cesar la ayuda de Él, que es el Soberano de los hombres y las naciones. Que Dios mira hacia abajo con la misericordia de todo el mundo, pero particularmente en esa tierra que fue bañada con la sangre del Verbo Encarnado, de modo que la caridad de Jesucristo, el único que puede traer tranquilidad y paz, puede conquistar todo el odio y la lucha.

El 8 de noviembre de 1949 publicaba la exhortación Sollemnibus documentis, donde renovaba su llamamiento en esta dirección. En los meses siguientes, el Vaticano intentó abrir tres frentes diplomáticos: en la ONU, en Palestina (a través de monseñor Gustavo Testa) y ante los gobiernos de Washington (el delegado apostólico monseñor Amleto Cicognani) y Londres (el delegado apostólico monseñor William Godfrey) con el fin de recabar el apoyo internacional a sus exigencias con respecto a Palestina, Jerusalén y los santos lugares. Décadas después, un alto cargo del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel llegaría a afirmar: «En los años tempranos del estado, el Vaticano levantó al mundo católico contra nosotros. En Naciones Unidas se adoptaban resoluciones y hubo una gran dosis de presión. Muchos países no quisieron reconocer la transferencia del gobierno a Jerusalén y todavía rehúsan reconocerla hasta hoy en día. La fuente de todo esto fue la presión desde Roma».

El 9 de diciembre de 1949, la Asamblea General de la ONU votó a favor de aplicar la resolución de la internacionalización de Jerusalén, de acuerdo con el Plan de Partición aprobado el 29 de noviembre de 1947, que estipulaba que Jerusalén se convertiría en una ciudad internacional.

En el Vaticano la aprobación fue tomada como un gran éxito diplomático de la Santa Sede. Moshe Sharett, ministro de Asuntos Exteriores de Israel, se vio como máximo responsable de la derrota diplomática y presentó su dimisión al primer ministro Ben-Gurion, pero esta no fue aceptada. Sharett no había podido luchar contra el bloque político a favor de la internacionalización de Jerusalén, compuesto por países árabes musulmanes y comunistas, bajo el liderazgo político del católico Vaticano.

David Ben-Gurion afirmaría entonces: «Jerusalén es una parte integral de Israel y su capital eterna. Ningún voto de Naciones Unidas puede cambiar este hecho histórico». Antes de la votación, Sharett advirtió: «El gobierno israelí estaría dispuesto a aceptar el plan sueco-holandés para la supervisión internacional de los lugares sagrados como base para los debates. […] Los judíos de Jerusalén no dejaron ninguna duda en los corazones al respecto de sus intenciones y de su determinación de rechazar el plan de internacionalización. No se reconocerá ningún gobierno extranjero en la ciudad que no sea el gobierno israelí». Tras la votación, el mismo ministro de Exteriores declararía: «Este es un día negro para Naciones Unidas, pues quienes iniciaron esta resolución tomaron sobre sí la grave responsabilidad de la autoridad moral de este organismo». Este mensaje fue tomado como una clara alusión al Vaticano y a la diplomacia antiisraelí, que habían desplegado los diplomáticos de la Santa Sede en los meses anteriores a la aprobación de la resolución. Sharett jamás lo olvidaría.

Como primer paso de la contraofensiva israelí a la resolución, el 14 de mayo de 1948, el gobierno y la Knesset (Parlamento) se instalaron en Tel Aviv. Al finalizar la Guerra de Independencia, comenzaron las obras de infraestructura que permitieron que las principales oficinas gubernamentales fueran trasladadas a Jerusalén. El 13 de diciembre de 1949, Ben-Gurion hizo una declaración formal ante la Knesset para anunciar la medida. El diario Haaretz informaría a toda página: «El gobierno de Israel y la Knesset se trasladarán a un asiento permanente en Jerusalén, después que la Knesset aprobara anoche, sin objeciones, la declaración del primer ministro Ben-Gurion, en la que declaró a Jerusalén capital eterna de Israel». El corresponsal parlamentario del diario Haaretz describía así la sesión del 14 de mayo de 1948: «A las 5:00, el primer ministro entró en la sala, donde todos los asientos estaban ocupados. Un silencio dramático descendió sobre la sala. Tres golpes de mazo, y el señor Sprinzak abrió la sesión con voz emotiva.

El primer ministro dijo: “En el calor de la guerra, cuando Jerusalén fue sitiada, nos vimos obligados a establecer una sede temporal para el gobierno en Kiryá, cerca de Tel Aviv, pero el Estado de Israel ha tenido y tendrá una única capital, Jerusalén eterna. Este fue el caso hace 3.000 años y así será siempre, ya que creemos que Jerusalén es la capital eterna del Estado de Israel”».

Lo cierto es que la internacionalización de Jerusalén, aprobada por Naciones Unidas jamás se llevó a efecto. El fin de la Guerra de Independencia (14 de mayo de 1948 al 7 de enero de 1949) estableció la realidad de la Ciudad Santa. Jordania controlaba la parte oriental de la ciudad, incluida la Ciudad Vieja y los santos lugares, e Israel controlaba la parte occidental. Este statu quo se mantuvo durante los 18 años siguientes, hasta la Guerra de los Seis Días en 1967, cuando las fuerzas israelíes consiguieron ocupar en una guerra relámpago toda la ciudad de Jerusalén, incluida la Ciudad Vieja, los Altos del Golán, Cisjordania, la Franja de Gaza y la península del Sinaí.

La Agencia Central de Inteligencia, en su Currrent Intelligence Bulletin del 30 de enero de 1953, advierte que el gobierno de Israel transferirá la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores dos meses después. En el informe, los analistas de la CIA advierten que este hecho se encontrará con la «vigorosa oposición del Vaticano».

El agregado francés en Tel Aviv ha sido informado por el ministro de Asuntos Exteriores que el gobierno de Ben Gurion trasladará su Oficina de Asuntos Exteriores desde Tel Aviv a Jerusalén, cerca del 15 de marzo. El agregado también afirmó que otras misiones diplomáticas, aparentemente, han sido informadas por los israelíes sobre que ese movimiento tendría lugar antes del verano.

De acuerdo con el embajador americano en París, la opinión actual en el Ministerio de Relaciones Exteriores francés es favorable a una gestión diplomática inmediata por parte de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia contra la medida propuesta.

Comentario: Israel ha insistido en que Jerusalén es su capital real, y en consecuencia ha transferido todos los departamentos gubernamentales, exceptuando la Oficina de Relaciones Exteriores, a la parte israelí de la ciudad.

Un hecho consumado de Israel en lo que respecta a la transferencia, a la que se opondrían firmemente todos los estados Árabes, con la excepción de Jordania, que ahora comparte el control de facto de la ciudad. También se reunirá vigorosamente a la oposición el Vaticano y muchos países de América Latina que favorecen la internacionalización de Jerusalén.

Durante los años siguientes, el Vaticano, ya bajo el pontificado del papa Pablo VI, continuó presionando internacionalmente con el fin de que Israel cumpliese la resolución de la ONU sobre la internacionalización de Jerusalén y para que retirase sus fuerzas militares de la zona oriental de la ciudad. El 28 de junio de 1967, solo dieciocho días después del fin de la Guerra de los Seis Días, la CIA informa al director Richard Helms, al presidente Lyndon B. Johnson y al secretario de Estado, Dean Rusk, en su Central Intelligence Bulletin, bajo clasificación de «ultrasecreto», sobre los movimientos diplomáticos que se están produciendo con respecto al problema árabe-israelí y a la ciudad de Jerusalén. En el párrafo final del documento, los analistas de la CIA critican la dura posición del Vaticano al apoyar la internacionalización de la Ciudad Vieja frente a la posición más moderada de Italia.

Naciones Unidas: un grupo compuesto en su mayoría por naciones occidentales está trabajando para elaborar una resolución de compromiso diseñada para atajar la posible coalescencia de una mayoría de dos tercios a una simple llamada para la retirada de las fuerzas israelíes.

La resolución del grupo, siendo coordinado por el representante de Dinamarca, Hans Tabor, daría preeminencia a una convocatoria de la retirada de las fuerzas armadas, y vincularla a la finalización de la beligerancia y otros elementos de una solución constructiva a los problemas de Oriente Medio. También recomendaría, la petición al Consejo de Seguridad de U-Thant para enviar a un eminente estadista mundial a Oriente Medio para consultar con las partes en disputa con el fin de establecer la paz y la seguridad en la zona, sobre la base de estas directrices.

Tabor estima que tal resolución podría obtener más de 60 votos, o más bien la resolución Soviética, o una resolución de retirada sencilla que están preparando los No Alineados, liderados por India y Yugoslavia. Esta perspectiva favorable es el resultado de la actitud mejorada de los países latinoamericanos, que en un principio se habían sentido atraídos por la retirada simple, y de grupos occidentales de presión sobre los estados africanos.

Hacia el final de la semana, Italia podría presentar una resolución para tratar de cerrar la brecha entre las resoluciones de Estados Unidos y la Unión Soviética. El proyecto italiano podría intentar hacer frente a Jerusalén, sin ir tan lejos como lo hizo el Vaticano, que ha hecho un llamamiento para la internacionalización de la Ciudad Vieja. En cambio, el proyecto podría sugerir una nueva línea divisoria con el libre acceso a los santos lugares.

La Agencia Central de Inteligencia vuelve a tocar el tema en su Central Intelligence Bulletindel 24 de junio de 1971, asegurando que el gobierno de Jordania podría llevar el asunto de Jerusalén al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Jordania e Israel: los jordanos pueden llevar el tema de Jerusalén al Consejo de Seguridad el próximo mes.

El rey Hussein […] va a solicitar una reunión del Consejo de Seguridad sobre Jerusalén en julio y el gobierno español se ha comprometido a presentar el caso. El rey dijo que se ha asegurado el pleno respaldo del representante de Francia, así como de otros miembros del consejo no especificados. El nuncio papal para Jerusalén, según informes, ha dicho al rey que el Vaticano apoya su movimiento y hará uso de su influencia para alinear a los países de América del Sur en el Consejo de Seguridad.

Incluso si el gobierno español no inicia la pregunta -y no es claro si en Madrid se ha tomado una decisión final- Hussein probablemente sería capaz de encontrar un patrocinador en

otros lugares. Los jordanos presumiblemente prefieren moverse en julio, cuando la presidencia de Francia del Consejo de Seguridad produciría un ambiente más favorable para el caso de Jordania.

Una extensa emisión de la pregunta, resulte o no en una condena a Israel, sería poco probable que modifique la política fundamental de Israel con respecto a la integración de la Jerusalén árabe en Israel. Es de suponer que también endurecería aún más la posición de Israel sobre un acuerdo interino sobre el Canal de Suez o un arreglo de conjunto. Al mismo tiempo, un debate de este tipo -en particular si cualquier resolución fuera ignorada por los israelíes- es casi seguro que servirá para aislar a Israel aún más a los ojos de la opinión mundial.

El informe secreto de la CIA revela que el delegado apostólico en Jerusalén, monseñor Pío Laghi, ha informado al rey Hussein de Jordania que el Vaticano (supuestamente por orden del propio papa Pablo VI y el cardenal secretario de Estado, Jean-Marie Villot) se ocupará de alinear al mayor número de países de América del Sur en el Consejo de Seguridad y la Asamblea General, para apoyar la petición jordana sobre el estatus de Jerusalén. El texto de la Agencia Central de Inteligencia destaca el papel que España podría jugar en la petición jordana. Lo que no sabían era que el Vaticano, a través de su nuncio en Madrid, monseñor Luigi Dadaglio, ha iniciado una ofensiva diplomática contra Israel, buscando el apoyo de Franco.

En 1953 sería el año del viraje del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel respecto a España. Los debates en Israel se volvieron más sólidos y pertinentes. La oposición emocional e ideológica al establecimiento de relaciones con la España de Franco se debilitó, y a los partidarios de la iniciativa en favor de Madrid se sumaron también altos funcionarios, como por ejemplo Abraham Darom. Jole Barromi, miembro del Departamento de América Latina en la oficina de Exteriores israelí, informaba a su ministro del acercamiento de España a los países árabes.

Tropecé con una situación de desagrado por la cooperación cada vez mayor entre España y los países árabes. […] A pesar de que la aversión política hacia España aún subsistía, se tenía la certeza de que el interés estatal entrañaba la necesidad de llegar a algún tipo de normalización con un régimen que es un hecho existente, sin que se vislumbre algún indicio de que pueda desaparecer en breve. Nos domina la sensación de que perdíamos el tiempo, de que hay un país esencialmente no obligado a ser antiisraelí y que, sin embargo, se estaba alistando junto al bando árabe.

Israel, por su lado, pensó ya en 1971 en establecer relaciones diplomáticas con Madrid a cambio de recibir su apoyo en la cuestión de Jerusalén. Abba Eban, ministro de Asuntos Exteriores, creía que la España católica podría presionar al Vaticano a fin de que adoptara una posición más conveniente para Israel. También pensaba que Franco podría influir en el bloque latinoamericano (Colombia, Perú, El Salvador, Bolivia y Brasil), que estaba a favor de la internacionalización, sobre todo por la influencia que había estado ejerciendo la Santa Sede sobre sus respectivos gobiernos. Los nuncios, monseñores Angelo Palmas, en Bogotá, Luigi Poggi, en Lima, Girolamo Prigione, en San Salvador, Giovanni Gravelli, en La Paz y Umberto Mozzoni, en Brasilia, conformaban la guardia pretoriana bajo la batuta del astuto cardenal Jean-Marie Villot, que había presionado a los respectivos gobiernos para que apoyasen en la ONU la propuesta para la internacionalización de Jerusalén.

El embajador de Brasil ante las Naciones Unidas reconoció a su homólogo israelí que su país votaría a favor de la internacionalización de Jerusalén «porque debemos seguir las instrucciones del Vaticano». El diplomático israelí informó a su ministro de Exteriores que «la mayor parte de los países latinoamericanos están recibiendo instrucciones respecto de la cuestión de Jerusalén del Vaticano».

Sin embargo, lo que Israel no sabía es que, en el año 1971, las relaciones España-Vaticano se encontraban en un punto de gran tensión. Además, Madrid había ya dado al Vaticano su total apoyo en la cuestión de internacionalizar la Ciudad Santa, debido a que Franco, por su parte, necesitaba el apoyo de la Santa Sede para la continua legitimación de su régimen. El gobierno español, a través de su ministro de Asuntos Exteriores, Gregorio López-Bravo, indicó a su embajador ante la ONU, Jaime de Piniés, que apoyase la petición jordana[62]. Ya desde la década de los años cincuenta, el Vaticano de Pío XII sabía que siempre podría contar con el apoyo de Franco, debido a que el régimen sabía que su cercanía con la Santa Sede le supondría el acercamiento a Occidente que tanto necesitaba. Por tanto, Pío XII, al igual que Juan XXIII y Pablo VI, sabía que siempre contaría con el apoyo del católico gobierno español en lo referente a la protección e interés de los santos lugares del cristianismo en Oriente Medio. Ya en los años cuarenta, Franco había enviado a Joaquín Ruiz Giménez como embajador ante la Santa Sede con el fin de convencer al papa de que España alinearía su política exterior con el Vaticano y, en particular, sobre el asunto de Tierra Santa. Israel tampoco se había enterado de que, por recomendación del Vaticano, habían ordenado a sus embajadores en Latinoamérica que condicionasen el reconocimiento de Israel a cambio de que el gobierno de David Ben-Gurion accediese internacionalizar Jerusalén y Nazaret.

Durante los años siguientes, las autoridades católicas en Tierra Santa culparon a Israel por la precariedad en la que se encontraban los santos lugares cristianos. Al Vaticano llegaban cientos de protestas cada día denunciando a los israelíes de provocar daños en edificios eclesiásticos y alabando la ponderación de los árabes en su respeto por los lugares santos cristianos. Incluso Civiltà Cattolica, durante las guerras de 1948, 1967 y 1973, informaba de forma parcial dando únicamente información procedente de Egipto y Jordania.

El subsecretario de Estado para Asuntos Ordinarios, monseñor Giovanni Battista Montini, expresaría su preocupación a los embajadores de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña al indicar que «ataques injustificados sobre instituciones católicas y miembros de las órdenes religiosas por supuestos elementos judíos irresponsables han causado una impresión dolorosa».

Años después, el Vaticano reconocería que aquellos miedos eran infundados y que «se habían exagerado», según monseñor Thomas McMahon. Monseñor Antonio Vergani, vicario del Patriarcado Latino para Galilea, y Alberto Gori, patriarca de Jerusalén, realizarían declaraciones en el mismo sentido. Para evitar los desmanes de los soldados israelíes en lugares santos, David Ben-Gurion había enviado una directiva que todos, oficiales y tropas, debían cumplir.

Es vuestra obligación aseguraros de que la fuerza especial a cargo de defender la Ciudad Vieja no haga uso impiadoso de ametralladoras contra cualesquiera judíos, y en particular cualquier soldado judío que trate de saquear u ofender un lugar santo cristiano o musulmán.

La cuestión de la internacionalización de Jerusalén se extendió en el tiempo. Nadie estaba dispuesto a cumplir las resoluciones establecidas por Naciones Unidas. Además, la ONU estaba más preocupada por los aspectos políticos de una lucha entre dos pueblos y hablaba desde un punto de vista de organismo internacional que debía salvaguardar la paz, mientras que el Vaticano veía el conflicto desde el prisma religioso y la cuestión de Jerusalén como un peligro de descristianización en caso de que la ciudad pasara a manos judías. Pero Israel jamás olvidaría que el Vaticano de Pío XII ejerció fuertes presiones diplomáticas para inmiscuirse en su política. Abba Eban, ministro israelí de Exteriores, ya lo advirtió a su gobierno al asegurar sobre los riesgos de una guerra abierta entre Israel y el Vaticano:

Además de la quiebra existente entre nosotros y los estados árabes, que es la principal razón para la no regulación de nuestras relaciones con Estados Unidos, hay dos nuevos puntos de conflicto: nuestros choques con la ONU y el Vaticano. […] Dado que la preocupación por la supervivencia de la ONU y de la influencia católica son factores de peso en la política exterior estadounidense, es obvio que no podemos pelear con la ONU y el Vaticano al mismo tiempo.

James McDonald, primer embajador de Estados Unidos en Israel afirmaría: «El factor más significativo que explica el fracaso de Israel acerca de la votación fue el Vaticano, que usó su influencia diplomática a favor de la internacionalización de la Ciudad Santa.

Esa influencia fue suficiente para prevalecer». Sobre la misma cuestión, David Ben-Gurion escribiría en su autobiografía: «Ellos (el Vaticano) han movilizado a unos treinta países, y es evidente que fue solamente el Vaticano quien ejerció presión, porque varios países alteraron sus posturas de la noche a la mañana».

Realmente, la guerra diplomática entre la Santa Sede e Israel no se detendría ahí. El Vaticano establecería un acuerdo con la Autoridad Nacional Palestina. Después de un encuentro (el séptimo que se producía desde 1982) entre el papa Juan Pablo II y Yasser Arafat, la ANP y la Santa Sede suscribieron un acuerdo que implicaba el reconocimiento vaticano del Estado Palestino. El hecho formaba parte de la política de equilibrio que mantenía el Vaticano con respecto a Oriente Medio y al conflicto árabe-israelí. La relación entre los palestinos y el Vaticano había sido históricamente buena, hasta tal punto que más de una vez movió a la desconfianza de las autoridades diplomáticas y políticas de Israel. En su acuerdo con los palestinos el Vaticano incluía un cuestión primordial para sus propios intereses: la demanda de un estatuto especial para Jerusalén.

La Santa Sede exigió, tanto de palestinos como de israelíes, la internacionalización de Jerusalén como una forma de garantizar sus propios lugares de culto y asegurar el derecho de todas las religiones sobre esa ciudad, que encierra referencias religiosas para judíos, cristianos y musulmanes. Israel, que proclamó a Jerusalén como su capital, reaccionó pidiendo explicaciones a la Santa Sede. Pero la jugada vaticana no apuntaba solo hacia Israel, sino que estaba dirigida contra los grupos fundamentalistas islámicos palestinos (Hamas y el Yihad Islámico Palestina), que exigían a Arafat que la Ciudad Santa fuera exclusivamente musulmana.

En 1993, el papa Juan Pablo II invitó a una audiencia privada al entonces embajador de Israel en Italia, Avi Pazner, y diez días después se le informó que el pontífice había dado instrucciones para iniciar las negociaciones para el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas con el Estado de Israel. Esas negociaciones culminaron el 30 de diciembre de 1993 con la firma de un Acuerdo Fundamental entre la Santa Sede y el Estado de Israel que establecía la constitución de dos subcomisiones de trabajo, una fiscal y otra jurídica, para resolver cuestiones existentes entre ambos estados, a la vez que incluía un apartado, no habitual en este tipo de acuerdos, en el que se reconocía el carácter singular de la relación entre la Iglesia y el pueblo judío y reiteraba la condena por la Iglesia de toda forma de antisemitismo, conforme a lo dicho en Nostra Aetate sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas.

Juan Pablo II peregrinó a Tierra Santa entre el 20 y el 26 de marzo de 2000. Solo en su discurso del 23 de marzo, durante el Encuentro Interreligioso en el Instituto Pontificio Notre Dame, el papa lanzó un mensaje subliminal sobre la ciudad de Jerusalén. El mensaje aparecía en los puntos 1 y 5: Para todos nosotros, Jerusalén, como indica su nombre, es la «ciudad de la paz». Quizá ningún otro lugar en el mundo transmite el sentido de trascendencia y elección divina que percibimos en sus piedras, en sus monumentos y en el testimonio de las tres religiones que conviven dentro de sus murallas. No todo ha sido o será fácil en esta coexistencia. Pero debemos encontrar en nuestras respectivas tradiciones religiosas la sabiduría y la motivación superior para garantizar el triunfo de la comprensión mutua y del respeto cordial.

Los niños y los jóvenes judíos, cristianos y musulmanes presentes aquí son un signo de esperanza y un incentivo para nosotros. Cada nueva generación es un don divino al mundo.

Si les transmitimos todo lo que hay de noble y bueno en nuestras tradiciones, lo harán florecer en una fraternidad y una cooperación más intensas.

Si las diferentes comunidades religiosas en la ciudad santa y en Tierra Santa logran vivir y trabajar juntas con amistad y armonía, no solo se beneficiarán enormemente a sí mismas, sino que también contribuirán a la causa de la paz en esta región. Jerusalén será verdaderamente una ciudad de paz para todos los pueblos. Entonces, todos repetiremos las palabras del profeta: «Venid, subamos al monte del Señor […]. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas» (Is 2, 3).

Volver a comprometernos en esta tarea, y realizarla en la ciudad santa de Jerusalén, significa pedir a Dios que mire con bondad nuestros esfuerzos y los lleve a buen fin. Que el Todopoderoso bendiga abundantemente nuestros esfuerzos comunes.

También en su discurso del sábado 25 de marzo, durante su encuentro ecuménico con el patriarca greco ortodoxo de Jerusalén, el papa Juan Pablo II volvió a herir las susceptibilidades israelíes. En los puntos 2, 3 y 4, el pontífice habla del respeto a la diversidad religiosa, una petición para afrontar las dificultades que se plantean a la comunidad cristiana en Jerusalén y en Tierra Santa, así como un llamamiento para que en la ciudad fuera posible que cristianos, judíos y musulmanes conviviesen de modo fraterno y libre, con dignidad, justicia y paz.

2. Nuestra aspiración a una comunión más plena entre los cristianos reviste un significado especial en la tierra del nacimiento del Salvador y en la ciudad santa de Jerusalén. Aquí, en presencia de las diferentes Iglesias y comunidades, deseo reafirmar que la nota eclesial de universalidad respeta plenamente la legítima diversidad. La variedad y la belleza de vuestros ritos litúrgicos, así como de vuestras tradiciones e instituciones espirituales, teológicas y canónicas, testimonian la riqueza de la herencia divinamente revelada e indivisa de la Iglesia universal, tal como se ha desarrollado a lo largo de los siglos tanto en Oriente como en Occidente. Existe una diversidad legítima, que de ningún modo se opone a la unidad del Cuerpo de Cristo, sino que más bien aumenta el esplendor de la Iglesia y contribuye en gran medida al cumplimiento de su misión (cf. Ut unum sint, 50). Ninguna de estas riquezas se debe perder en la unidad más plena a la que aspiramos.

3.Durante la reciente semana de oración por la unidad de los cristianos, en este año del gran jubileo, muchos de vosotros os unisteis en oración con vistas a un entendimiento y una cooperación mayores entre todos los seguidores de Cristo. Lo hicisteis con la certeza de que todos los discípulos del Señor tienen la misión común de servir al Evangelio en Tierra Santa. Cuanto más unidos estemos en oración en torno a Cristo, tanto más intrépidos seremos para afrontar la dolorosa realidad humana de nuestras divisiones. La peregrinación de la Iglesia en este nuevo siglo y nuevo milenio es el camino trazado para ella por su intrínseca vocación a la unidad. Pidamos al Señor que inspire un nuevo espíritu de armonía y solidaridad entre las Iglesias, para afrontar las dificultades prácticas que se plantean a la comunidad cristiana en Jerusalén y en Tierra Santa.

4.La cooperación fraterna entre los cristianos en esta ciudad santa no es una mera opción; tiene su significado propio en la comunicación del amor que el Padre siente por el mundo al enviar a su Hijo único (cf. Jn 3, 16). Solo con espíritu de respeto y apoyo recíprocos puede florecer la presencia cristiana aquí, en una comunidad viva con sus tradiciones y confiada al afrontar los desafíos sociales, culturales y políticos de una situación en evolución. Solo si los cristianos se reconcilian entre sí podrán cumplir plenamente su misión haciendo que Jerusalén sea la ciudad de la paz para todos los pueblos. En Tierra Santa, donde los cristianos conviven con los seguidores del judaísmo y del islam, donde casi todos los días hay tensiones y conflictos, es esencial superar la escandalosa impresión que dan nuestras disensiones y controversias. En esta ciudad debería ser posible que los cristianos, los judíos y los musulmanes convivan de modo fraterno y libre, con dignidad, justicia y paz.

Benedicto XVI realizó una nueva visita a Tierra Santa, entre el 8 y el 15 de mayo de 2009, y volvió a alterar los ánimos de Israel. Durante el discurso pronunciado el miércoles 13 de mayo, en el campo de refugiados de Aida, en Belén, el papa Benedicto habló ante el presidente de la Autoridad Nacional Palestina sobre el derecho de los palestinos a tener su propia patria.

Instrumentos de paz. ¡Cuánto anhelan la paz las personas de este campo, de estos territorios y de toda la región! En estos días ese deseo asume una intensidad particular al recordar los sucesos de mayo de 1948 y los años de conflicto, aún sin resolver, que siguieron a esos acontecimientos. Vosotros ahora vivís en condiciones precarias y difíciles, con escasas oportunidades de empleo. Es comprensible que a menudo sintáis frustración. Vuestras legítimas aspiraciones a una patria permanente, a un Estado palestino independiente, siguen sin hacerse realidad. Y vosotros, al contrario, os sentís atrapados, como muchos en esta región y en el mundo, en una espiral de violencia, de ataques y contraataques, de represalias y de destrucción continua. Todo el mundo desea fuertemente que se rompa esa espiral, anhela que la paz ponga fin a las hostilidades perennes. Mientras nos encontramos aquí reunidos esta tarde, se yergue sobre nosotros un duro testimonio del punto muerto en el que parecen hallarse los contactos entre israelíes y palestinos: el muro.

En un mundo en que se van abriendo cada vez más las fronteras -para el comercio, para viajar, para la movilidad de la gente, para intercambios culturales- es trágico ver que todavía se siguen construyendo muros. ¡Cuánto aspiramos a ver los frutos de la tarea, mucho más difícil, de edificar la paz! ¡Cuán ardientemente oramos para que cesen las hostilidades que han causado la erección de este muro!

A los dos lados del muro se necesita una gran valentía para superar el miedo y la desconfianza, para superar el deseo de venganza por pérdidas o heridas.

Hace falta magnanimidad para buscar la reconciliación después de años de enfrentamientos armados. Y, sin embargo, la historia nos enseña que la paz llega solamente cuando las partes en conflicto están dispuestas a ir más allá de las recriminaciones y a colaborar para fines comunes, tomando en serio los intereses y las preocupaciones de los demás y tratando de crear un clima de confianza. Debe haber voluntad de poner en marcha iniciativas fuertes y creativas para la reconciliación: si cada uno insiste en concesiones preliminares por parte del otro, el resultado será solo el estancamiento de las negociaciones.

Al primer ministro Benjamin Netanyahu no le sentarían nada bien las palabras del sumo pontífice y así se informó al nuncio apostólico en Israel, el arzobispo Pietro Sambi. Justo el mismo mes que Benedicto XVI anunciaba su renuncia al pontificado, dejaba establecido el comité vaticano que debería establecer la presencia y actividades de la Iglesia en los territorios palestinos.

El jueves 6 de febrero de 2014, la Comisión Bilateral, formada por la Santa Sede y la Autoridad Nacional Palestina, celebró una sesión plenaria en la sede de la OLP en Ramallah. Los representantes en las negociaciones eran Hanna Amireh, miembro del Comité Ejecutivo de la OLP y jefe del Alto Comité de Presidencia de Asuntos Eclesiásticos del Estado de Palestina, y monseñor Antoine Camilleri, subsecretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede. Ambos abordaron temas a nivel técnico, y la Comisión Bilateral tomó nota de los progresos realizados en la preparación de la versión final del texto del Acuerdo, que se ocuparía de los aspectos esenciales de la vida y las actividades de la Iglesia católica en Palestina.

La llegada a la Cátedra de Pedro, el 13 de marzo de 2013, del papa Francisco supuso un espaldarazo a las relaciones diplomáticas entre Israel y la Santa Sede, o al menos eso pensaron en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel y en su embajada ante la Santa Sede. El entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio había tenido estrechas relaciones con miembros de la comunidad judía argentina cuando era arzobispo de Buenos Aires, y su elección como sumo pontífice fue vista por Jerusalén como una oportunidad para romper la larga tradición de desencuentros entre la Santa Sede e Israel. En el mes de junio, cuando el nuevo papa no había cumplido aún los tres meses de pontificado, Israel y el Estado Vaticano anunciaban un principio de acuerdo sobre el régimen fiscal de las propiedades de la Iglesia y sobre la gestión de algunos lugares santos, principalmente el relativo al Cenáculo, situado en el Monte Sión, y lugar en el que, según la tradición, Jesús celebró la Última Cena, que podría volver a convertirse en lugar de culto católico y, por tanto, un lugar en donde podrá celebrarse misa. El acuerdo fue visto por muchos observadores políticos como un regalo del gobierno israelí al papa Francisco con el fin de abrir una nueva era de entendimiento entre el Estado Vaticano y el Estado de Israel.

Parece ser, años después de la afirmación del entonces ministro de Asuntos Exteriores, Abba Eban, que Israel había llegado por fin a comprender que «[…] dado que la preocupación por la supervivencia de la ONU y de la influencia católica son factores de peso en la política exterior estadounidense, es obvio que no podemos pelear con la ONU y el Vaticano al mismo tiempo».

Argentina Perón contra la Iglesia

El comienzo del conflicto con la Iglesia en Argentina estalla realmente cuando el gobierno del general Juan Domingo Perón suprime oficialmente la enseñanza religiosa en los colegios de todo el país. También se aprueba la primera ley de divorcio vincular, se dicta la equiparación de los hijos ilegítimos con los legítimos, y se aprueba el proyecto de reforma constitucional que declara la separación entre Iglesia y Estado. Entre 1954 y 1955 se inició un fuerte enfrentamiento entre Perón y la Iglesia católica, una tradicional institución en el país que había sido aliada de su gobierno hasta entonces.

En realidad, la ruptura de Perón con la Iglesia no se debió a una sola causa, sino a una suma de factores. Lo cierto es que el conflicto quedó planteado en toda su crudeza el 10 de noviembre de 1954, cuando Perón dijo públicamente, en una reunión de gobernadores, que en Argentina había curas y prelados que estaban desplegando «actividades perturbadoras». Tras nombrar uno por uno a esos sacerdotes que actuaban, supuestamente, como enemigos de su gobierno, Perón destacó que pertenecían, principalmente, a tres diócesis: la de Córdoba, la de Santa Fe y la de La Rioja, y acusó directamente a los arzobispos de estas provincias, monseñores Fermín Lafitte, Nicolás Fasolino y Froilán Reinafé, de permitirlo. El aparato de propaganda peronista acusaba también al nuncio apostólico Mario Zanin de estar detrás de estas actividades políticas[69].

Algunos han creído que esto se trata de una cuestión de la Iglesia o de una cuestión de los estudiantes, o que se trata de una cuestión de otro orden. No hay tal cosa. Aquí se trata de una cuestión política, como todas las situaciones que hemos pasado de un tiempo a esta parte, con la diferencia de que los políticos de la oposición han cambiado un poquito de método, lo que me admira, porque ellos suelen andar siempre con los mismos métodos, peleándose en los comités o preparando una revolución en los cafés. Esta vez parece que han elegido otros lugares para preparar esta misma revolución con la que vienen soñando desde hace diez años. Esa es la realidad. […]

La Iglesia no tiene nada que ver en este asunto, y yo he querido poner eso en claro, porque para conocer a un cojo lo mejor es verlo andar. Yo me he reunido con altos dignatarios de la Iglesia, con obispos y arzobispos, también son hombres como nosotros y como los demás, y les he planteado el problema en presencia de las organizaciones, que son las damnificadas de ciertas acciones que desarrollan organizaciones católicas, de las cuales yo había recibido un perentorio aviso de cierta inquietud que se provocaba no solamente en los gremios, sino en la Confederación General Económica, en la Confederación de Profesionales, en la Confederación General de Universitarios y en las organizaciones estudiantiles, como así también en otras organizaciones. Les dije: «Señores, aquí hay una gran inquietud que ustedes no pueden ni deben desconocer, porque es provocada precisamente por la intromisión de algunos hombres del clero en las organizaciones profesionales». Eso lo hemos visto en los diarios y lo vemos todos los días aquí, lo hemos dicho hace un rato con la misma franqueza —de manera que no es un secreto para nadie.

Bien, les dije: «Señores, yo no sé por qué salen ahora esas organizaciones de abogados, de médicos y de estancieros católicos. Solo que para ser peronistas no decimos que somos peronistas católicos; somos simplemente peronistas y dentro de eso somos católicos, judíos, budistas, ortodoxos, etc., porque para ser peronista, nosotros no le preguntamos a nadie a qué Dios reza. Para nosotros es lo mismo que pertenezca a cualquier credo, siempre que sea buena persona, que es lo único que tenemos en cuenta».

Ellos nos dieron toda la razón del mundo y declararon, en presencia de todos los señores de la organización que estaban allí -los que son testigos -, que eran los primeros en condenar a los sacerdotes que no sabían cumplir con su deber. Dijeron que no solo los condenaban, sino que los señalaban como hombres que estaban levantados contra el gobierno y también contra la dignidad eclesiástica. Eso dijeron los prelados, y yo debo hacer honor a la palabra de los prelados.

Lo cierto es que amplios sectores católicos se encontraban en la creación de un Partido Demócrata Cristiano que representase sus ideales religiosos en la política, a la manera de los que existían ya en Europa, y aquel acto fue tomado por Perón como una afrenta personal del Vaticano hacia él. El conflicto entre Perón y el Vaticano se agravaría en mayo de 1955, cuando un grupo de legisladores peronistas presentaron un anteproyecto de ley con el fin de convocar una nueva Convención Constituyente que entre otras reformas llevaría a cabo la separación de la Iglesia y el Estado. El proyecto fue aprobado con la oposición de la Unión Cívica Radical. Pero nuevas medidas acabarían ofendiendo al papa Pío XII. Una de ellas sería el establecimiento del divorcio vincular, la derogación de la ley de enseñanza religiosa de 1946 y la retirada del apoyo estatal a los institutos privados de enseñanza católica. Sin duda, la guerra Buenos Aires-Roma acababa de ser declarada. No faltó detalle en esa ofensiva antirreligiosa, llegando incluso a permitir la reapertura oficial de los prostíbulos.

Los medios de comunicación oficialistas decidieron lanzar una agresiva campaña contra la Iglesia y pronto el enfrentamiento Iglesia-Estado escapó a todo control. Entre diciembre de 1954 y junio de 1955, el gobierno hizo sancionar diferentes normas que fueron recibidas como un ataque directo a la fe católica. Por lo pronto, se suprimió la enseñanza religiosa en las escuelas públicas, anulando así una de las novedades que el golpe de Estado de 1943 había introducido y que el propio peronismo había confirmado en 1947.

Una primera motivación puede situarse en que el peronismo había ido derivando de una convicción política hacia algo parecido a una creencia seudorreligiosa, basada en la adoración de las masas a sus benefactores, Juan Domingo Perón y Eva Perón, esta última calificada como «jefa espiritual de la Nación», y para la que se reclamaba al Vaticano su beatificación y canonización. Por el lado de Perón y el justicialismo, se pedía a todos los argentinos la afiliación obligatoria al partido, y se bautizó con los nombres de Perón y de su esposa avenidas, hospitales, escuelas, ciudades y provincias. Perón y su esposa representaban la política del culto a la personalidad. Esto se tradujo en los contenidos de la enseñanza escolar, hasta entonces monopolizada por la Iglesia católica. También irritó a la cúpula eclesiástica argentina y al Vaticano la permisividad del gobierno hacia otras religiones no católicas.

El padre Hernán Benítez fue recibido en el Vaticano por Pío XII, quien le encargó que me hiciera llegar su más alta aprobación, porque yo había interrumpido una tradición de sesenta años de laicismo y ateísmo; porque había confirmado la indisolubilidad del matrimonio, contra la cual se habían pronunciado las leyes de todos los países católicos y no católicos; porque las leyes sociales del peronismo habían conjurado el peligro de la infiltración comunista en la Argentina y porque, con la afirmación de nuestros ideales de paz, había asumido una posición de tercera fuerza cristiana necesaria en un país donde derechas e izquierdas estaban impregnadas de anticlericalismo - explica el propio Perón en su autobiografía dictada al escritor Enrique Pavón Pereyra.

La semiclandestina creación, en junio de 1954, del Partido Demócrata Cristiano provocó en Perón un gran rencor y desconfianza hacia la traidora Iglesia, pues se consideraba el único y legítimo representante de la doctrina cristiana en la política argentina y sospechó que detrás de ello estaba el Vaticano. Lo cierto es que la Democracia Cristiana había cobrado vigor y prestigio en Europa, venciendo en las elecciones de varios países y deteniendo lo que parecía el imparable avance comunista, y tanto el Vaticano como la Conferencia Episcopal Argentina deseaban establecer en el área de Sudamérica un partido político que defendiese no solo sus intereses políticos, sino también sus ideales morales y religiosos. Para Juan Domingo Perón aquella maniobra por parte de la Iglesia era una traición en toda regla, pero el dictador no calculó los riegos de enfrentarse a la poderosa Iglesia argentina, un país en el que el 90% de su población se considera católica.

Tampoco supo calibrar la resistencia que iba a llevar a cabo la propia Iglesia en esta guerra larvada. Lo que en un comienzo fue un conflicto entre el peronismo y la Iglesia, en poco tiempo se transformó en una guerra entre el peronismo y el antiperonismo. En las calles de las principales ciudades comenzaron a aparecer pintadas como «Perón o Cristo» o «Cristo Vence». Esta última frase sería utilizada en los panfletos que se entregaban de forma clandestina en las principales iglesias del país. La capital se vio inundada de panfletos con una gran letra «V» que representaba a «Cristo Vence», y que se imprimían en las iglesias y en los colegios religiosos. En ellos se incitaba directamente a la rebelión, mientras los sacerdotes, desde los púlpitos, realizaban llamamientos a una especie de guerra santa contra el ateo gobierno justicialista.

La jerarquía eclesiástica argentina intentó acciones de acercamiento y conciliatorias hacia la Casa Rosada, pero perdió protagonismo ante sectores golpistas civiles y militares que supuestamente operaban en su representación, como fue el caso de la Marina. A Perón la situación se le estaba escapando de las manos, pero también a la Iglesia, principalmente porque su gran apoyo dentro del país, la clase media estanciera, radicalizó su enfrentamiento con el régimen peronista, pero también con la Iglesia. La razón era que el Vaticano presionaba para que se dieran mejoras sociales a los sectores trabajadores, algo que, por supuesto, la clase-media-católica-argentina veía como un claro intervencionismo por parte de la Santa Sede.

Perón, acostumbrado a dominar todos los resortes y engranajes de la vida política argentina, las Fuerzas Armadas, los sindicatos, los medios de comunicación, las organizaciones empresariales, hasta los partidos de la oposición, no podía tolerar que la Iglesia se le resistiera. Mal asesorado por algunos, continuó asestando golpes a la Iglesia en un claro mensaje al Vaticano. Como si no comprendiera que lo religioso traspasaba lo político y despertaba, aun en los católicos tibios, emociones primarias incubadas durante la educación cristiana recibida en la infancia. Joseph A. Page, biógrafo de Perón, escribirá: «La decisión de provocar un enfrentamiento con la Iglesia fue un error colosal, el peor de todos en la carrera política de Perón».

El sábado 11 de junio de 1955, se realizó la procesión de Corpus Christi en Buenos Aires, como era habitual, y adquirió el carácter de marcha de protesta contra el gobierno. El gobierno culpó a los manifestantes de la «quema de la bandera», hecho que no sería demostrado. El martes 14 de junio fueron expulsados de Argentina monseñor Manuel Tato, obispo titular de Aulon    y vicario general del Arzobispado, y monseñor Novoa, funcionario en el arzobispado de Buenos Aires y máximo responsable de la procesión del Corpus Christi.

El miércoles 15, la Sagrada Congregación Consistorial, o Consistorialis, al mando del cardenal Adeodato Piazza, difunde un comunicado por el cual se excomulga a todos aquellos que hayan participado en la expulsión. Al mismo tiempo, el papa Pío XII excomulgó a Perón mediante un decreto reservado a jefes de Estado. En la noche de ese mismo día, se realiza la quema de varias iglesias por parte de seguidores de Perón, como revancha por los sucesos del día. A última hora del día 15, los sacerdotes recibieron la orden de abandonar los templos de la zona centro de la ciudad y ponerse a resguardo en domicilios particulares. También se les ordenó vestirse de civil, como medida de protección. Dicha orden procedió del cardenal Santiago Luis Copello, arzobispo de Buenos Aires, en base a que «los peronistas asaltarían los templos al día siguiente». «El gobierno fustiga a la Iglesia porque esta lo enfrenta con la verdad», diría el famoso escritor Jorge Luis Borges sobre la polémica entre Perón y la Iglesia. La oposición iba vertebrándose poco a poco alrededor de la Iglesia, incluidos comunistas y radicales.

La respuesta de los adeptos al régimen se llevaría a cabo en la madrugada del 16 de junio de 1955 con el incendio de las iglesias de San Ignacio, Santo Domingo, San Miguel, San Nicolás de Bari y San Francisco, entre otras. En la misma mañana del jueves, cuando se hace pública la excomunión al presidente Juan Domingo Perón por parte del papa Pío XII, se produce un levantamiento militar liderado por el general Eduardo Lonardi, nacionalista católico, que había sido peronista, pero luego, como muchos, pasó a la oposición influido por el conflicto abierto por el presidente Perón con la Iglesia católica y directamente con el arzobispado de Buenos Aires y con el Estado Vaticano. Los militares deciden rebelarse el mismo 16 de junio de 1955. Aviones de la Marina bombardean lugares estratégicos, como el propio palacio presidencial (la Casa Rosada), los alrededores de la Plaza de Mayo y el Ministerio de Hacienda. Las víctimas se cuentan por centenares. Entre 220 muertos y 770 heridos, según cifras oficiales, y los 350 muertos y 600 heridos, según el diario La Nación en su edición del 17 de junio.

El domingo 19 de junio, la estación CIA Buenos Aires envía un telegrama, clasificado de «ultrasecreto», dirigido al director Allen Dulles y titulado «Memorándum:        Revolución en Argentina». En el texto, de nueve páginas, los analistas de la Agencia Central de Inteligencia destacan los antecedentes del golpe de Estado, el conflicto Iglesia-Estado, el desarrollo de la revuelta, la situación de Perón, la evaluación del intento de golpe de Estado y la fuerza de los partidos políticos.

MEMORÁNDUM.

Asunto: Revolución en Argentina. I. Antecedentes.

Los tres distintos elementos están representados en la revuelta contra el presidente Perón de Argentina y que se desató en Buenos Aires, al mediodía del 16 de junio:

A. Una pasada historia de repetidos complots de líderes militares contra Perón:

En septiembre de 1951, el gobierno de Perón suprimió cualquier revuelta del Ejército que, según la Embajada de Estados Unidos, parece haber sido no falsa, sino un intento por parte de un pequeño grupo que fracasó. Este grupo puede haber sido parte de un grupo mayor que saltó a las armas, en el intento de 1951, pero que no implicó a la mayoría de los poderosos generales del país.

1953 estuvo marcado por la explosión de dos bombas durante el discurso del presidente Perón. Los responsables del incidente aún siguen siendo desconocidos.

A continuación, la oposición de ciertos partidos políticos, principalmente.

1. Unión Cívica Radical, la única oposición a Perón en el Parlamento.

2. Los comunistas.

Una vez que Perón es depuesto como presidente de Argentina, una Junta de Generales, constituida en Tribunal de Honor, estableció que «si bien no existían pruebas fehacientes», fue el presidente Perón quien ordenó quemar la bandera en la manifestación del Corpus del 11 de junio ante la Casa Rosada. La CIA hace, en el memorando del 19 de junio, dirigido al director Dulles, al presidente Dwight D. Eisenhower, a Robert Cutler, consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, a Charles E. Wilson, secretario de Defensa, y a John Foster Dulles, secretario de Estado, un preciso balance de los acontecimientos:

II. La revuelta.

A. Su desarrollo.

1. Al mediodía del 16 de junio, poco después de que el Vaticano anunciase las excomuniones, un grupo de aviones militares lanzaron bombas sobre el palacio presidencial (Casa Rosada). Informes de prensa aseguran que soldados armados con ametralladoras intentaron atacar el palacio.

2.A las 13.11 (EDT) el gobierno oficial anunció por radio que la revuelta había sido aplastada.

3.A las 14.26 (EDT) según informes de prensa, oleadas de bombardeos de la Marina y de las Fuerzas Aéreas continuaron lanzando bombas alrededor de los edificios del gobierno, con resultado de numerosas bajas.

4.Al comienzo de la tarde, Perón, en un mensaje radiado a la nación, cargó contra la Marina -los jefes de los cuerpos aéreos navales- como directamente responsables de la rebelión, declaró que la revuelta ya había sido suprimida, a excepción de unos pocos puntos aislados, y elogió altamente al Ejército por su lealtad. Se declaró el estado de sitio y afirmó que los traidores serían castigados.

5.En la tarde del 16 de junio, informes de prensa de Montevideo describen vuelos a Uruguay de cerca de 40 aviones rebeldes y cerca de 200 refugiados.

6.El 17 y 18 de junio, Perón habló nuevamente en la radio, reiterando que la revuelta había sido suprimida y atribuyendo a los comunistas los incendios de edificios de la Iglesia. Un despacho de Associated Press, desde Buenos Aires, citando autoridades eclesiásticas, indicaba que todos los sacerdotes previamente detenidos habían sido ahora puestos en libertad.

7. Relativa calma fue reportada por el gobierno al retornar a Buenos Aires, pero no confirmaron los informes de Montevideo de principios del 18 de junio, que declaraban que las guarniciones en Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, y las fuerzas navales en la mayor base naval de Puerto Belgrano, se habían unido a la revuelta. Estos informes también citan a Rosario, la segunda ciudad más grande de Argentina, los rebeldes: […]

8. Al mediodía del 18 de junio, no se confirmaron las informaciones de Associated Press desde Montevideo, que declaraba que la flota de guerra de Argentina, incluyendo cinco cruceros y 22 destructores, estaba fuera de las aguas territoriales argentinas bajo el mando del almirante Aníbal Olivieri, quien fue ministro de Marina hasta el inicio de la revuelta. (Según los datos oficiales disponibles, Argentina no tiene una flota de importancia en condiciones de funcionamiento). Buques de guerra argentinos, según la Radio Brasileña en la tarde del 18 de junio, «se congregaron, amenazando con bombardear Buenos Aires, a menos que dimitiera Perón».

9. Informes adicionales de la Agencia France Press informan desde Montevideo el 18 de junio, aún sin confirmar, que el estado del gobierno argentino está ahora bajo el control del general Franklin Lucero, ministro del Ejército. Otros informes estatales apuntan, por orden del general Perón, que el Ejército ha asumido el control de la policía federal. (Antes de la revuelta la policía federal estaba bajo control del ministro del Interior Borlenghi, un poderoso líder sindical y enemigo de Lucero).

10.En un discurso del 18 de junio, según el secretario general de los sindicatos afiliados a la Confederación General Sindical Argentina, Perón indicó que podría presentar a su gobierno, a la prueba de unas elecciones generales, la cuestión Iglesia-Estado. En el mismo documento, los analistas de la inteligencia estadounidense destacan la situación de Perón, la evaluación del golpe de Estado, así como la fuerza de los partidos políticos ante la nueva situación.

La situación de Perón.

[…]

3. El líder de la revuelta ha sido identificado por rebeldes asilados en Montevideo, el general León Bengoa […]. El general Bengoa fue nombrado por Perón en abril de 1953 para investigar la corrupción dentro del gobierno y antes de la revuelta fue el comandante de la Tercera División de Infantería. Él es conocido como un hombre de gran integridad y que tiene el respeto del Ejército.

4.Otro líder rebelde, el almirante Olivieri, ministro de la Marina hasta antes del comienzo de la revuelta, está informando del control de Puerto Belgrano, la principal base naval. Informes llegados desde Uruguay aseguran que la flota argentina está cargada de fuel, municiones y provisiones, y que probablemente atacará Buenos Aires en un futuro cercano. (Un informe de United Press desde Buenos Aires, en la tarde del 18 de junio, informa a través de un diario progubernamental, que la policía había arrestado al almirante Olivieri.) […]

III. Evaluación.

[…]

Perón ha colocado la policía secreta, la gendarmería, y todas las fuerzas de la ley bajo el Ejército y declarado la ley marcial, lo que hace que la posición del Ejército sea prácticamente invulnerable en la presente configuración política.

La sugerencia hecha por Perón en su discurso a los líderes sindicales en la tarde del 18 de junio de presentar a su gobierno a la prueba de unas elecciones generales no parece suponer ninguna amenaza para el control del Ejército. Si los resultados de la elección resultan negativos a Perón, el Ejército aún podría mantener las riendas y nombrar a un sustituto a Perón.

El Ejército también podría además probablemente deponer a Perón, sin esperar a los resultados de las elecciones.

APÉNDICE.

I. La fuerza de los partidos políticos.

El Partido Peronista controla todos los asientos de los 36 miembros del Senado y 139 de 157 asientos en la Cámara de Diputados. El resto de los asientos de la Cámara de Diputados: la Unión Cívica Radical tiene 12 y el resto están vacantes.

El pobre liderazgo y el profundo faccionalismo sobre las doctrinas de partido y las tácticas ha reducido la efectividad de los radicales. Su programa en el Congreso ha sido negativo y se ha concentrado en criticar como oposición cualquier propuesta peronista, independiente-mente de sus méritos.

El Partido Radical clama ser anticomunista, pero varios líderes han consultado con los comunistas sobre posibles acciones conjuntas para oponerse a Perón, y uno de los líderes radicales ha expresado recientemente preocupación por la infiltración comunista del partido.

En las elecciones de abril de 1954 para vicepresidente y miembros del Congreso, los peronistas obtuvieron un 68% del total de votos y los radicales cerca del 30%. El resto procede de los demócratas (conservadores), comunistas y dos pequeños partidos. El voto comunista se estima de forma no oficial entre los 65 000 y los 100 000.

La influencia de Eva Perón en el conflicto Iglesia-Estado Argentino había sido siempre conciliadora. Ella era católica; de hecho, había viajado al Vaticano el 27 de junio de 1947 y había sido recibida por el papa Pío XII en una audiencia de veinte minutos.

Era sin duda un puente en la siempre difícil relación de Perón con la cúpula eclesiástica, pero debido a su pronta muerte, ocurrida el 26 de julio de 1952, tres años antes del golpe, esta influencia moderadora se cortó repentinamente.

El Partido Demócrata Cristiano surgió de grupos nacionalistas cristianos, con el visto bueno de la Iglesia, para recobrar el poder y la influencia que Perón les había quitado decreto tras decreto, ley tras ley. No se sabe cuándo se inició el conflicto con exactitud, pero se cree que los desencadenantes fueron la manifestación del Corpus Christi del 11 de junio de 1955 y el discurso incendiario del presidente Juan Domingo Perón a los gobernadores, el 10 de noviembre de 1954.

Enfrentarse a la Iglesia fue uno de los más graves errores de cálculo que tuvo Perón a lo largo de su carrera política.

La Agencia Central de Inteligencia así lo destaca en el memorando del 19 de junio de 1955:

C. Reciente conflicto Iglesia-Estado.

1.Esto parece brotar por la convicción de Perón de que elementos clericales están trabajando con sus oponentes políticos para organizar un Partido Demócrata Cristiano con el objetivo de derrocar al régimen.

2.El conflicto se ha intensificado en los últimos ocho meses.

A. Se abrió con un discurso de Perón el 10 de noviembre 1954, atacando actividades «traidoras» de ciertos elementos clericales.

B. En diciembre, nuevas leyes legalizando el divorcio y los prostíbulos, estimuló a varios grupos católicos a manifestarse como protesta, lanzar panfletos y pronunciar sermones inflamatorios.

C.La mayor agitación católica se produjo por la legislación de mayo, con la abolición de la enseñanza religiosa obligatoria y la llamada para elegir especialmente una asamblea para, en el plazo de 180 días, considerar una revisión constitucional que separe formalmente Iglesia y Estado.

D.     El 11 de junio hubo manifestaciones a gran escala por parte de los católicos, en la ciudad de Buenos Aires, que continuaron en disturbios el 12 y 13 de junio.

[…]

F. El 15 de junio, Argentina deforma sumaria expulsó al obispo auxiliar Tato y a monseñor Novoa, en razón de que eran responsables de los desórdenes de 11, 12 y 13 de junio.

G. El 16 de junio, el Vaticano anunció la excomunión de todas las personas relacionadas con esta expulsión.

3. El tradicionalmente anticlerical Partido Radical, la principal oposición a Perón y los comunistas, han usado las disputas Iglesia-Estado para fomentar el sentimiento anti Perón. Los comunistas han ofrecido hacer causa común con sus «camaradas católicos».

4.     Ciertos líderes del Ejército -un puntal principal del régimen de Perón- son conocidos por desaprobar sus ataques a la Iglesia.

El golpe no triunfa y sus máximos líderes se ven obligados a buscar refugio en Uruguay, bajo la protección del llamado Consejo Nacional de Gobierno, presidido por Andrés Martínez Trueba. Perón dio entonces por finalizada la llamada «revolución justicialista», y llamó a los partidos políticos opositores a establecer un proceso de diálogo y evitar una guerra civil. Pero para entonces los partidos opositores no estaban interesados en llegar a un acuerdo con Perón y aprovecharon la oportunidad para difundir su oposición al gobierno y denunciar por radio la falta de libertades. Pese a los intentos de Perón por restaurar la confianza en los sectores sociales, incluida la Iglesia católica, aún se mantenían los resquemores con el Arzobispado de Buenos Aires por la quema de iglesias, muchas de ellas de la época colonial. En un discurso pronunciado el 18 de junio, dos días después del golpe, el presidente Perón atribuyó los incendios a «exaltadas células comunistas».

«Yo sé muy bien que no son trabajadores (peronistas) los que han producido los actos de violencia en las iglesias ni en ninguna de esas partes. En estos días, indudablemente, han aprovechado los comunistas. Los vimos ya y tuve noticias durante el mismo movimiento», aseguraría Perón.

Daniel Cichero en su obra Bombas sobre Buenos Aires, aseguró que «el ataque a los templos católicos sin duda formó parte de la dinámica de la jornada. Y se constituyó, por sí mismo, en un argumento (casi en un símbolo) que sirvió decididamente a la construcción de la legitimidad del antiperonismo y en justificación para la continuidad de la acción violenta contra el gobierno y que toda la secuencia previa había estado envuelta en el conflicto con la Iglesia. Y aunque la organización del bombardeo corrió por otros carriles y fue protagonizado por oficiales ajenos a la formación católica, la reacción se dirigió directamente contra ella».

El 16 de septiembre de 1955, estalló en la provincia de Córdoba una insurrección cívico-militar que daría inicio a la Revolución Libertadora. El general Eduardo Lonardi, que ya había participado en el golpe de 1943 y en el intento de golpe contra el presidente Juan Domingo Perón de 1951, asumiría el poder tras el triunfo del golpe de Estado. Perón se vio obligado a partir hacia el exilio en España, bajo la protección de Francisco Franco. En Madrid, permanecería hasta 1973, cuando decide regresar a Argentina. Se presenta nuevamente a las elecciones, y es elegido presidente de la República, con un 62% de los votos, para un nuevo mandato que se extiende desde el 12 de octubre de 1973 hasta el 1 de julio de 1974.

Los estudiosos del tema aseguran hoy, casi sesenta años después, que el conflicto del peronismo con la Iglesia fue una consecuencia comprensible del estado de omnipotencia al que el general Perón había llegado a medida que se consolidaba su poder. Se ha señalado también que el vínculo con la jerarquía eclesiástica se deterioró porque, en los años cincuenta, el régimen peronista hizo público su deseo de educar a las nuevas generaciones de argentinos en las llamadas «veinte verdades» justicialistas, lo cual implicaba una politización de la enseñanza que la Iglesia veía, más que con preocupación, con absoluto recelo.

Otros historiadores aseguran

también que entre las posibles causas de la ruptura Estado-Iglesia se encontraría la rivalidad por los programas de asistencia social entre las organizaciones caritativas católicas y la Fundación Eva Perón. Hacía tan solo dos años que había muerto Evita, y su esposo, el general Perón, deseaba mantener el recuerdo de su esposa fallecida entre los menos favorecidos de la sociedad argentina, aún a costa de borrar del mapa a la Iglesia católica de las obras sociales.

La excomunión emitida el 15 de junio de 1955 por el papa Pío XII a Perón jamás fue suspendida. En 1963, Perón pidió a la Santa Sede, ya bajo el pontificado de Pablo VI, una declaración oficial acerca de su situación canónica. El Vaticano respondió que no tenía «cuestiones pendientes» con la Iglesia, aunque el propio Perón prefirió disponer que monseñor Leopoldo Eijo y Garay, arzobispo de Madrid, le impartiera personalmente la «absolución». Juan Domingo Perón fallecería el 1 de julio de 1974, a los 78 años de edad, supuestamente en paz con la Iglesia contra la que tanto había luchado.

6

Polonia De antisemitismo, espías y fronteras

El nombramiento de Karol Wojtyla como nuevo pontífice en 1978 tenía considerables ramificaciones para el gobierno comunista de Wladyslaw Gomulka. Desde hacía décadas, los comunistas y la jerarquía católica se hallaban en un difícil equilibrio en Polonia, y si ambos lados no conseguían convivir, existía una cada vez más clara posibilidad de que los tanques soviéticos cruzasen la frontera y se presentasen en las calles de las ciudades de Varsovia, Cracovia, Lodz, Poznan o Gdansk, al igual que había ocurrido en Hungría en 1956 y en Checoslovaquia en 1968. Pero, realmente, a Gomulka no le hacían falta los tanques soviéticos para reprimir a su propia población.

En el mes de junio de 1956, los obreros de la compañía constructora Cegielski de Poznan decidieron tomar las calles con el fin de protestar por la grave situación económica que se vivía en Polonia. Los manifestantes portaban pancartas con el lema «Pan y Libertad», así es que el entonces líder comunista de Polonia, Edward Ochab, decidió sacar los tanques a la calle y reprimir la manifestación. Los carros de combate tardaron dos días en devolver la tranquilidad a Poznan, con el resultado de 54 muertos y centeneras de heridos y detenidos. La única voz de protesta que pudo escucharse entonces sería la del cardenal Stefan Wyszynski, mientras que en el Vaticano, el papa Pío XII prefería ser más cauto y esperar.

Efectivamente, el 21 de octubre

Ochab es sustituido por Wladyslaw Gomulka, que está decidido a intentar, al menos, una convivencia y una política de no agresión con la Iglesia católica polaca. Por su parte, el cardenal Wyszynski está decidido a mostrar cierto apoyo al gobierno de Varsovia.

El 17 de noviembre de 1956, los analistas de la CIA hablan en el Current Intelligence Bulletin sobre las relaciones entre la Iglesia y Gomulka. En el informe se habla ya de la cuestión del apoyo a Polonia a sus nuevas fronteras occidentales.

Círculos vaticanos reportan el sentimiento de la iglesia polaca para respaldar a Gomulka.

Círculos vaticanos, […] creen que la Iglesia polaca debería respaldar al régimen Gomulka si persigue un supuesto nacionalismo antisoviético.

El cardenal Wyszynski, primado de Polonia, pronto visitará el Vaticano con la aprobación del primer secretario del partido de Gomulka (NOFORN).

Comentario: la restauración rápida de Wyszynski a su oficina como primado refleja el afán del nuevo régimen para la cooperación con la Iglesia polaca.

Como un paso más, el gobierno recientemente nombró a un ministro para tratar las cuestiones IglesiaEstado. Wyszynski, en declaraciones públicas, ya ha dado a entender que él apoya a Gomulka.

El respaldo del régimen por parte de la Iglesia polaca supondría algunas concesiones por parte del gobierno sobre tales diferencias pendientes como la cuestión de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas, la insistencia del Vaticano de que no habrá obispos nombrados para las nuevas diócesis formados en los territorios occidentales de Polonia, hasta que la frontera oriental de Alemania haya quedado definitivamente establecida, y la libertad de la Iglesia con respecto a las publicaciones y el funcionamiento de los seminarios.

Los líderes del Vaticano han discrepado mucho sobre el método más eficaz de tratar con el bloque soviético. Hasta la fecha, los partidarios de una línea consistente e inflexible han prevalecido en la formación de la política del Vaticano.

La disputa se basaba en la llamada «línea Oder-Neisse», fronteriza entre Polonia y Alemania. Esta línea había sido decidida en la Conferencia de Yalta por las potencias aliadas, y quedaba establecida la pérdida de una gran parte de territorios históricos por parte de una Alemania a punto de ser derrotada. La aplicación de la línea Oder-Neisse supuso a Alemania la pérdida de casi toda Silesia, la mitad de Pomerania, el este de Brandenburgo y una pequeña parte de Sajonia. También Alemania perdió Danzing, Masuria, Warmia y dos tercios de Prusia oriental, mientras que el tercio restante sería anexionado a la

Unión Soviética. Estos cambios fronterizos supusieron la expulsión de miles de ciudadanos alemanes, muchos de los cuales fueron sacados literalmente a la fuerza de sus casas y obligados a cruzar la nueva línea fronteriza como venganza por lo que habían hecho pocos años antes los alemanes a los polacos. En 1950, las entonces República Popular de Polonia y la República Democrática de Alemania ratificaron la frontera OderNeisse.

Pío XII se negó a reconocer las nuevas líneas fronterizas marcadas, según él, por los comunistas de Moscú.

Aquello hizo que las relaciones Iglesia - Estado, principalmente en Polonia, fueran cada vez más tensas. Pero el 6 de diciembre de 1956, la situación cambió cuando el Vaticano anunció los nombramientos de cinco obispos para las zonas alemanas ahora en territorio polaco. En el Current Intelligence Bulletin, la CIA destaca estos nombramientos. Sus analistas ven detrás de los nombramientos por parte de la Santa Sede un apoyo tácito de Roma al gobierno de Gomulka.

El nombramiento por el Vaticano de cinco obispos en territorio occidental de Polonia y la parte de la antigua Prusia oriental que hoy ocupa Polonia supone el reconocimiento del Vaticano de la soberanía polaca sobre estos territorios. El Vaticano, desde 1945, se había abstenido de nombrar a los obispos de estos territorios, porque esta medida se considera supeditada a una solución definitiva de las fronteras de Alemania.

Esta acción del Vaticano, que la agencia de noticias polaca ha descrito como «la confirmación de la inviolabilidad de las fronteras de la República en el Oder y Neisse y el Báltico», fortalecerá el apoyo popular para el régimen polaco de Gomulka. Estos nombramientos siguieron el regreso del cardenal Wyszynski como primado de Polonia, y representan un paso importante en el restablecimiento de relaciones normales entre el Vaticano y el Estado comunista. Un anuncio de la radio polaca del 4 de diciembre indica que la enseñanza religiosa será introducida en las escuelas públicas, y va aún más lejos en el cumplimiento de las aspiraciones de los polacos predominantemente católicos.

Dos días después, exactamente el 8 de diciembre, el Current Intelligence Bulletin de la CIA vuelve a ocuparse del asunto:

Posición del Vaticano sobre territorios polacos occidentales, sin cambios.

El periódico del gobierno polaco, el 5 de diciembre, declaró que el acuerdo del Vaticano de nombrar obispos en los territorios del oeste de Polonia no significa un cambio en la política de la Santa Sede sobre que la cuestión política de la frontera Oder-Neisse queda asentado en una tratado de paz. La agencia oficial de noticias polaca previamente había demandado la acción del Vaticano como «la confirmación de la inviolabilidad de las fronteras de la república en el Oder y Neisse y el Báltico».

El Vaticano puede haber hecho un reconocimiento público de Polonia de la posición invariable de la Iglesia sobre el tema Oder-Neisse, condición para los nombramientos episcopales.

El 6 de noviembre de 1958, la CIA en su Current Intelligence Weekly Review, bajo clasificación de «ultrasecreto», habla del viaje oficial de Wladyslaw Gomulka a Moscú. Los analistas de la Agencia Central de Inteligencia destacan los «consejos amistosos» del líder soviético, Nikita Kruschev, a Wladyslaw Gomulka. Dos de estos serían «poner control a la Iglesia católica» y advertirle «en contra de permitir la libertad de expresión en Polonia».

Discursos durante la visita del secretario del partido polaco Gomulka a la URSS han estado llenos de expresiones de «eterna amistad, solidaridad, ayuda mutua y progreso socialista». Conversaciones formales informan que no se llevan a cabo durante la visita, aunque se dice que Kruschev ha ofrecido a Gomulka «consejos amistosos» sobre los problemas internos de Polonia sin poner ninguna presión sobre él.

Kruschev pensaba que los polacos debían avanzar lo más rápidamente posible hacia la recolectivización. Se hizo especial hincapié en la necesidad de poner control a la Iglesia católica, y advirtió en contra de permitir la excesiva libertad de expresión en Polonia. Polonia y otros países de Europa del Este también deben estar en guardia contra las maniobras occidentales para utilizar círculos satélites como medio de interferir en los asuntos internos de la Unión Soviética, afirmó Kruschev.

Los rusos han dado a los polacos el mismo tratamiento de «alfombra roja» que dieron a la Checoslovaquia de línea dura del líder estalinista Novotny durante su gira por la Unión Soviética el verano pasado. Kruschev, al parecer, desea demostrar tanto al bloque como a Occidente que ha aceptado a Gomulka. El 3 de noviembre, el primer ministro soviético dijo: «No hay problemas que nos separen, nada en lo que tengamos alguna opinión diferente y especial respecto a los camaradas polacos».

Las relaciones entre la URSS y Polonia han mejorado notablemente en los últimos meses, a pesar de una aparente ausencia de concesiones fundamentales por parte de ambos lados. Kruschev ahora parece convencido de que Gomulka es capaz de mantener el control en Polonia - una consideración importante para el Kremlin - y que va a seguir avanzando en la causa del comunismo en Polonia.

A lo largo de la gira, los polacos se han abstenido de las referencias habituales satélites serviles a los dirigentes de la Unión Soviética en el campo socialista, pero han insistido en que su alianza con la URSS es un punto cardinal de la política polaca. Gomulka siempre ha mantenido su posición básica sobre la «vía polaca al socialismo», pero en una ocasión se refirió al «honor, responsabilidad, papel de liderazgo» del Partido Comunista Soviético. Esto es lo más lejos que ha ido alguna vez y ha sido al conceder la dirección soviética del bloque. Los polacos han insistido, sin embargo, en la necesidad y las ventajas de mantener la «amistad y la unidad monolítica de los países socialistas».

En varios discursos,  Gomulka arremetió contra el resurgimiento del militarismo alemán y advirtió que la actitud hostil de Alemania Occidental no es solo una amenaza para Polonia, sino también para los pueblos de la Unión Soviética. Gomulka expresó su seguridad de que «la unidad socialista y el Pacto de Varsovia» destacan como baluartes inviolables contra el revanchismo alemán.

Durante los ocho años siguientes, las relaciones entre la Iglesia polaca y el Estado, entre el cardenal Stefan Wyszynski y Wladyslaw Gomulka, fueron de mal en peor, con innumerables tiras y aflojas. Ambos líderes, el católico y el comunista, deseaban supeditar al otro con el fin de hacerse con el apoyo de la opinión pública del país. Wyszynski intentaba combatir el comunismo de los polacos a base de sermones, y Gomulka intentaba combatir el profundo y arraigado catolicismo de los polacos a base de prohibiciones.

El 29 de abril de 1966, los analistas de la Office of Current Intelligence de la CIA, redactan un preciso informe de once páginas, con clasificación de «secreto», titulado «Relaciones IglesiaEstado en Polonia». El informe está dividido en cinco epígrafes: «Estalla la disputa», «Las medidas del régimen contra los acontecimientos del milenio de la Iglesia», «Motivaciones y Protagonistas», «La reacción doméstica y extranjera» y «Previsión».

Las reuniones simultaneas este año, de mil años de cristiandad en Polonia y de la nación polaca, han provocado la confrontación más seria en una década entre la jerarquía católica romana y el régimen comunista. La reacción vehemente del régimen frente a los planes de celebración del milenio de la Iglesia y las observancias rivales del milenio del estado proporcionarán tensiones a lo largo del año.

Conscientes del papel central del catolicismo en desarrollar la orientación occidental polaca, desde su llegada al poder los comunistas han intentado debilitar el control de la Iglesia sobre casi el 90% de la población, destruir su tradicional identificación con la nación y poner énfasis en que, bajo el liderazgo comunista, Polonia se ha embarcado en una nueva etapa de su historia. Ambos protagonistas en esta lucha - el primado de Polonia, cardenal Stefan Wyszynski, y el jefe del partido, Wladyslaw Gomulka- deben luchar con temas emocionales fuertes, lealtades partidas, y la influencia ideológica externa. Mientras ninguno puede públicamente aceptar una coexistencia indefinida, ninguno tampoco ha llevado unas diferencias irreconciliables a extremos explosivos.

Ambas partes son plenamente conscientes de que el resultado de la lucha Estado-Iglesia también tendrá unos efectos potenciales de largo alcance sobre las relaciones polacas con Alemania y Occidente, sobre las relaciones polacas con la Unión Soviética y sobre el movimiento comunista mundial.

En el primer epígrafe, los analistas de la Agencia Central de Inteligencia, explican el origen de la rivalidad Iglesia-Estado en Polonia. La cuestión del reconocimiento de las fronteras occidentales de Polonia continúa siendo motivo de disputa no solo con Alemania, sino también entre el Estado comunista de Polonia y la jerarquía católica polaca.

La actual erupción de la rivalidad Iglesia-Estado latente fue iniciada por el régimen el pasado diciembre a causa de la cuestión de la carta conciliatoria del episcopado polaco a la jerarquía católica romana alemana, un mensaje que se envió después de unas conferencias detalladas entre los obispos polacos y alemanes en la segunda sesión del Consejo del Vaticano el pasado otoño. El 18 de noviembre acompañó a una invitación formal -una de las 56 invitaciones hechas por Wyszynski a los episcopados católicos romanos de todo el mundo- para asistir a la celebración principal del milenio de la aceptación de la cristiandad en Polonia el 3 de mayo en Czestochowa.

Evidentemente alarmados por la cálida respuesta del episcopado alemán y el comentario favorable por parte de la prensa de Alemania Occidental, el régimen polaco emprendió una campaña injuriosa contra la supuesta tentativa anti Estado de abrir un diálogo político abierto con la Iglesia alemana y de poner en duda toda la orientación de posguerra polaca hacia Rusia. El régimen declaró que la carta reabría el tema de la frontera OderNeisse. También se declaró que la carta fracasaba en reconocer la existencia de Alemania Oriental o de tomar parte inequívoca contra los elementos revanchistas en Alemania Occidental. Además, el régimen se quejó de que la carta representaba la adquisición polaca de los anteriores territorios alemanes en el oeste como un adjunto necesario de pérdidas territoriales en el este, en lugar de un acto de justicia histórica Por fin, el régimen se opuso a la petición de perdonar y ser perdonado de la carta.

Gomulka entró personalmente en la lucha por primera vez el 14 de enero, haciendo un discurso que intentaba aclarar argumentos que en aquel entonces se habían oscurecido. Absolvió al episcopado polaco de deslealtad en el tema de la frontera Oder-Neisse, pero hizo hincapié en el principal cargo del partido: que la Iglesia estaba empeñada en utilizar las celebraciones del milenio para poner énfasis en su antigua posición de baluarte centenario contra las usurpaciones de los tiranos orientales en una Europa cristiana.

El debate resultante ha llevado a una controversia Iglesia-Estado más acentuada desde el regreso al poder de Gomulka en 1956. Ambas partes han dado cada vez más la impresión de que están apostando su prestigio en el resultado.

Empleando todas las formas de los medios de comunicación y cada oportunidad de arremeter contra la Iglesia, el régimen ha apuntalado sus argumentos contra el episcopado con ataques punzantes personales contra el cardenal Wyszynski. Como parte de un esfuerzo constante de crear una barrera entre sí mismo, el resto de la jerarquía polaca, y el Vaticano, el mecanismo de propaganda del régimen ha presentado al cardenal como un fascista y como uno de los principales obstáculos para unas mejores relaciones Iglesia-Estado, así como para una posible reconciliación entre Polonia y el Vaticano. Aunque los crecientes cargos contra Wyszynski se hayan convertido en reminiscentes de aquellos que llevaron a su detención bajo arresto domiciliario entre 1953 y 1956, no hay ninguna indicación clara de que se contemplen unas medidas tan drásticas contra él, de momento.

Desposeído de todos los medios para publicitar su caso, a excepción del púlpito, el cardenal ha negado vigorosamente los cargos del régimen. No obstante, se ha negado incondicionalmente a modificar su postura básica o a ser empujado a tomar medidas más extremas. Se ha dirigido consistentemente al pueblo para mostrar control y «paciencia en el sufrimiento».

En el segundo epígrafe, titulado «Las medidas del régimen contra los acontecimientos del milenio de la Iglesia», los analistas de la Agencia Central de Inteligencia enumeran las trabas y prohibiciones impuestas por el gobierno de Gomulka a la Iglesia católica, a fin de evitar que las celebraciones por los mil años de cristiandad en Polonia puedan

ensombrecer las celebraciones por los mil años de la nación polaca. Las celebraciones por los milenios se han convertido en una clara competición entre catolicismo y comunismo (Wyszynski contra Gomulka) por ver quién se hace con el apoyo de los polacos.

El objetivo principal del régimen en la actual campaña ha sido evidentemente el de restringir las tentativas de la Iglesia de usar las celebraciones del milenio para demostrarle a los observadores extranjeros, incluidos los prelados, la magnitud de su seguimiento en Polonia. Con este fin, el partido ha limitado la participación internacional en las observancias religiosas y le ha impedido a la Iglesia tener ulterior contacto con los episcopados en el extranjero. El 9 de enero, al cardenal Wyszynski le fue prohibido viajar al extranjero y, por tanto, asistir a observancias programadas del milenio en el Vaticano a mediados de enero y hacer viajes programados al Vaticano a finales de mayo y a Estados Unidos este otoño. A principios de abril, el régimen anunció su decisión de vetar al papa Pablo, a todos los prelados católicos y a la mayoría de los peregrinos extranjeros organizados para las celebraciones religiosas del 3 de mayo en Polonia.

La negación del régimen de permitir la visita papal programada desde hacía mucho resultó en parte de sus repetidos fracasos a la hora de obtener concesiones del Vaticano, el cual se ha negado incondicional-mente a tratar con Varsovia a escondidas del cardenal. Los informes sobre las negociaciones más recientes respecto a la visita papal sugieren que el objetivo más deseado del régimen era el nombramiento de un cardenal polaco adicional, específicamente para los territorios alemanes «recientemente recuperados». Ello habría implicado el reconocimiento del Vaticano de las fronteras occidentales de Polonia y la dominación un tanto diluida de Wyszynski de la jerarquía polaca.

[…]

Los primeros acontecimientos simultaneos Iglesia-Estado tuvieron lugar sin incidentes en Gniezno y Poznan -ambas capitales antiguas de Polonia- a mediados de abril. Aunque parecía que el régimen buscaba conscientemente una confrontación a nivel popular -algo que había evitado hasta entonces- la respuesta moderada de Wyszynksi a los agresivos ataques del régimen contra él y el despliegue ostentoso de las tropas fueron probablemente coadyutorios en prevenir disturbios populares.

Mientras había una evidencia abrumadora de apoyo popular para la Iglesia en ambas congregaciones, la moderación de Wyszynski podía bien ser interpretada por el régimen como una victoria significativa, y animarle a imponer ulteriores restricciones en los ritos del 3 de mayo que habían de ser celebrados en el santuario religioso polaco más venerado, Jasna Gora, cerca de Czestochowa. Los peregrinajes a Czestochowa ya han sido prohibidos, y otras restricciones de viaje, tales como reducir el número disponible de trenes, han sido impuestas. Se planean supuestamente medidas de seguridad estrictas del régimen tanto en Czestochowa y en Cracovia, donde están programadas menos celebraciones religiosas para el 8 de mayo.

El régimen planea una congregación masiva en Katowice el 3 de mayo, que atraerá a unos 300 000 silesianos.

A pesar de dichas medidas del régimen, alrededor de un millón de polacos y muchos turistas extranjeros pueden asistir a los ritos de principios de mayo, creando serios problemas de control público. La esperada participación masiva en un ambiente cargado podría fácilmente provocar manifestaciones. Aunque sea probable que el régimen le echará probablemente la culpa de cualquier manifestación a la provocación de Wyszynski a la gente, es poco probable que incite una agitación divulgada sencillamente para justificar posibles ulteriores medidas contra el cardenal.

El informe de la CIA incluye una página con las fotografías de los dos protagonistas de la contienda, el cardenal Stefan Wyszynski y Wladyslaw Gomulka, encabezando el epígrafe «Motivaciones y Protagonistas».

La repentina arremetida del régimen después de un periodo corto de relaciones Iglesia-Estado más amistosas ha llevado a informes de que el consejo soviético, si no una presión directa, influirán a Varsovia en su decisión. […]

La vehemencia de los ataques del régimen contra la Iglesia y el cardenal pueden atribuirse en gran parte a la percatación de Gomulka de que está solo entre los líderes comunistas y a tener que reconocer un adversario ideológico interno y poderoso. Las repetidas implicaciones de Wyszynski de que el régimen comunista es una etapa pasajera, si bien desagradable, a la que la nación polaca debe responder con su vitalidad y contención tradicionales enfurece al líder del partido, que está igualmente decidido a demostrar a ambas, las criticas extranjeras y domésticas, que las virtudes del comunismo pueden finalmente convencer al pueblo polaco a abandonar la Iglesia.

Durante el periodo inicial de consolidación política después de 1956, Gomulka buscó un modus vivendi mutuamente aceptable con la Iglesia, siendo perfectamente consciente de que la influencia política de la Iglesia era mucho más grande que la de su débil régimen. La liberación de Wyszynski después de tres años de reclusión en octubre de 1956, se siguió de un acuerdo Iglesia-Estado en diciembre que, durante un tiempo, alivió la mayoría de los principales puntos de tensión. Se paralizó la propaganda oficial anticatólica y se permitió la enseñanza religiosa en los colegios. La independencia de los nombramientos eclesiásticos se estableció y los clérigos encarcelados por cargos políticos fueron liberados. Algunas propiedades de la Iglesia confiscadas fueron devueltas y, sobre todo, a Wyszynski se le permitió restablecer su contacto personal con el Vaticano.

Aunque la reinserción del poder de Gomulka pronto proclamó una anulación de la mayoría de las garantías en el acuerdo de 1956, el régimen lo consiguió mediante una política de usurpación gradual y flexible de la influencia eclesiástica. Por tanto, ha tenido un éxito relativo en socavar o enfrentarse a la reacción pública a la creciente secularización

de la vida polaca mediante restricciones en las actividades religiosas. Dichas restricciones han incluido la eliminación de la enseñanza religiosa en colegios estatales en 1961, embargos de propiedades de la Iglesia, altos impuestos, la prohibición de procesiones religiosas, el reclutamiento de seminaristas, el acoso y la lenta quiebra de órdenes religiosas, la eliminación de la prensa eclesiástica y la represión personal de curas individuales.

En el mismo punto, los analistas de la inteligencia estadounidense hablan sobre el cambio de posición de Gomulka con respecto a la Iglesia católica, así como las medidas de acercamiento llevadas a cabo por el régimen comunista hasta que se hizo pública la carta enviada por el cardenal Wyszynski al episcopado alemán con motivo de la celebración de los mil años de cristiandad en Polonia. Aquella carta, escrita realmente por el monseñor

Boleslaw Kominek, arzobispo de Wroclaw, supondría un nuevo punto de inflexión entre Varsovia y el Vaticano. Realmente, Kominek pensaba que si los obispos polacos y alemanes construían puentes entre los dos países, los problemas por la cuestión fronteriza Oder-Neisse desaparecerían.

A pesar de una alteración significativa de la relación de poder a favor del régimen el pasado otoño, ambas partes han dado unos pasos esperanzadores hacia alguna forma de reconciliación, probablemente con el fin de realzar sus respectivas posiciones de negociación en la víspera de las celebraciones del milenio. Por tanto, en septiembre el régimen respondió cálidamente a la reiteración pública de Wyszynski de su apoyo para la posición oficial en la frontera de Oder-Neisse; el miembro del Politburó Zenon Klisko, asistente jefe de Gomulka, se refirió a los obispos polacos como patriotas, se permitió a un número inaudito de prelados asistir al Consejo del Vaticano y se tomaron supuestamente algunos pasos para reabrir un diálogo significativo entre la Iglesia y el Estado.

Este ambiente mejorado desapareció casi de la noche a la mañana con la carta de los obispos a la jerarquía alemana, la cual el régimen se dio cuenta de que estaba la esencia de la política extranjera. A Gomulka, la carta de los obispos le debió de parecer una amenaza muy real, tanto en su contenido como en las circunstancias en las que se enteró por primera vez de ella. Por ejemplo, existe poca evidencia que contradiga el cargo del régimen de que la Iglesia no informó a las autoridades de sus intenciones. Parece que el régimen tuvo que depender del texto de la carta que se publicó en la prensa de Alemania Occidental. En cuanto al contenido en sí mismo, el régimen no podía aceptar la justificación del episcopado por la adquisición polaca de los «territorios recuperados» como compensación por sus pérdidas territoriales del este en la posguerra. Igual de ofensiva resultó ser la invitación de la Iglesia a los prelados extranjeros líderes sin consultarlo previamente con el régimen. Por último, la súplica de la carta pidiendo el perdón mutuo y la aparente equiparación parcial de los pecados polacos en la expulsión de posguerra de los alemanes con atrocidades de guerra nazis en Polonia, no solo no eran aceptables para el régimen, sino que parecían dar lugar propicio a una explotación de la propaganda.

Sobre todo, Gomulka no podía permitir que la Iglesia le desposeyera de su papel central de protector de los intereses nacionales polacos con respecto a Alemania. No podía dejar indiscutida la implicación clara de la Iglesia, que, casi una generación después de la guerra, una política de reconciliación hacia los alemanes serviría mejor a los intereses polacos mejor que la hostilidad constante del régimen. Casi todos los polacos están unidos en apoyar la inviolabilidad de las fronteras occidentales de la posguerra de Polonia y temen el renovado poder alemán. Perder su minuciosamente fomentada posición como principal portavoz para la presencia polaca en el Oder-Neisse le habría quitado al régimen una de sus pocas reivindicaciones sólidas al apoyo popular.

Una razón adicional a la respuesta de Gomulka yace probablemente en el espíritu de ecumenismo surgido del enfoque del episcopado sobre la Iglesia alemana. En línea con los pasos del Vaticano hacia una resolución de antiguas divisiones cristianas a nivel mundial, la iniciativa del episcopado polaco contrariaba demasiado la fidelidad de Gomulka con la posición ideológica comunista de que el mundo está dividido entre fuerzas mutuamente hostiles.

En el cuarto epígrafe, «La reacción doméstica y extranjera», la Office of Current Intelligence de la CIA explica que la lucha Iglesia-Estado en Polonia ha vuelto a surgir entre dos fuerzas políticas adversarias que buscan el apoyo popular. Las hasta ahora precavidas maniobras de poder ejercidas por ambas partes sugieren que ninguna de ellas está segura de sí misma. Mientras, está claro que la Iglesia ha conservado el apoyo de la gran mayoría del pueblo polaco y existe evidencia de que alguna confusión popular resultó tras la aproximación del episcopado polaco a los obispos alemanes.

El régimen por lo menos ha tenido un éxito parcial en explotar los recuerdos aún fuertes de la ocupación nazi entre la gente que representa el ofrecimiento de perdón de la Iglesia como prueba de deslealtad al Estado polaco moderno y de indiferencia a la historia. Parece que dicha propaganda ha sido particularmente eficaz entre los intelectuales católicos, muchos de los cuales consideran la fuerte fidelidad de Wyszynski al concepto de la «Iglesia-militante» (es decir, anticomunista) como perjudicial a los intereses del catolicismo romano en Polonia.

Parece ser que, conscientes de los efectos potenciales de la lucha polaca en sus gentes predominantemente católicas, los regímenes checoslovaco y húngaro han cooperado con Varsovia para demostrar que —al contrario que la jerarquía polaca— sus propios prelados han hecho las paces con las autoridades. Parece ser que la hostilidad de Alemania Oriental hacia la iniciativa del episcopado polaco fue realzada por el fracaso de la carta en reconocer la existencia de la República Democrática Alemana. Ha habido varios informes sin confirmar de presión por parte de Alemania Oriental para que Gomulka reaccione rápidamente.

En Alemania Occidental, donde la cuestión de la reconciliación con el este atrajo una renovada atención pública el pasado otoño como resultado de un memorando de la Iglesia evangélica alemana para dicha política, la acción de los obispos polacos se consideró generalmente como una indicación de que la decreciente hostilidad de Varsovia hacia Bonn no está del todo compartida por todos los polacos. De hecho, ha sido uno de los principales garrotes empleados por el régimen para declarar que la acción de la Iglesia había animado a los elementos revanchistas de Alemania Occidental a fomentar sus ambiciones territoriales en el este.

En el epígrafe «Previsión», la CIA asegura que tanto la Iglesia católica polaca, con la celebración de los mil años de cristiandad en Polonia, como el régimen comunista, con la celebración de los mil años de la nación polaca, están utilizando ambos acontecimientos como un punto de confrontación con el fin de saber si el pueblo polaco apoyará más un acto que otro, el acto político más que el acto religioso, o viceversa. Aunque, tanto Wyszynski como Gomulka buscan que la ciudadanía escoja entre la espiritualidad cristiana o la militancia comunista, lo cierto es que para los polacos ambas cosas forman ya parte de la propia conciencia de la nación polaca, sin saber dónde acaba una y dónde empieza la otra.

A pesar de ser conscientes de que se lograría poco de una confrontación en la que ninguna parte ganaría, el curso de las celebraciones rivales del milenio de este año representarán constantes riesgos a disturbios populares. Es dudoso que el episcopado pueda pronto satisfacer la reclamación indefinida del régimen que demuestre lealtad al Estado, o de que Gomulka modere su animosidad personal hacia el cardenal. Los ataques del régimen contra Wyszynski seguirán siendo agresivos, y es poco probable que se le permita visitar Estados Unidos este otoño. Sin embargo, en línea con sus pasadas tentativas de aislar a Wyszynski en la jerarquía, puede que el régimen finalmente tome acciones conciliatorias hacia el resto del episcopado.

A pesar de un compromiso sólido para eliminar la influencia de la Iglesia sobre el pueblo polaco, Gomulka ha mostrado constantemente habilidad y precaución en cumplir sus objetivos, es decir, la transformación de la Iglesia católica en Polonia a un factor políticamente y socialmente dócil. Su conciencia de que es probable que la lucha sea prolongada y que su resultado sea incierto es obvia en su declaración de octubre de 1961 sobre que «la religión está muy arraigada en nuestra gente… Es difícil decir cuánto tiempo persistirá, seguramente diez años, e incluso mucho más». El cardenal no solo comparte esta opinión, sino que ha dejado bien claro que en 1966 la Iglesia católica en Polonia cuenta con otro milenio para desarrollar la conciencia de la nación polaca.

Ocho meses después del amplio informe de la Office of Current Intelligence de la CIA, el Central Intelligence Bulletin del 31 de diciembre de 1966 habla de la apertura de diálogo entre la Iglesia y el Estado, con el fin de llegar a acuerdos estables del régimen de Varsovia con el Vaticano. Curiosamente, el interlocutor en estas conversaciones sería monseñor Zygmunt Chorománski, obispo auxiliar de Varsovia y hombre de confianza de Wyszynski. Lo que el cardenal primado no sabe aún es que el régimen de Gomulka está negociando directamente con el Vaticano, desde noviembre de 1966, a través de monseñor Manuel Franco da Costa, obispo auxiliar de Lisboa y hombre de confianza del secretario de Estado, Amleto Cigognani. Por el lado polaco, las negociaciones son lideradas por Andrzej Werblan, el «perro guardián» ideológico de Gomulka[83]. El propio Da Costa asegura a la CIA que las negociaciones con el régimen comunista de Varsovia «podrían iniciarse sin la aquiescencia del cardenal Wyszynski».

Polonia: el régimen y la Iglesia abrieron ayer un diálogo directo que indica un serio esfuerzo por ambas partes para aliviar las tensiones.

El ayudante en jefe de Gomulka, Zenon Kliszko, se reunió con el representante del cardenal Wyszynski, el obispo Choromanski, en la primera reunión desde 1963 de la comisión conjunta Iglesia-Estado. Aunque la reunión probablemente trataba de una reciente disputa sobre el control estatal de los seminarios católicos, también puede haber proporcionado a ambos lados una apertura para la futura discusión de temas más amplios. Choromanski dijo que nuevas reuniones se celebrarían «aunque no en un futuro cercano».

Otras discusiones también podrían impulsar renovados esfuerzos para llegar a un acuerdo con el Vaticano. Varsovia reiteró su interés al prelado del Vaticano, Costa, durante su visita a Polonia a finales de noviembre. Costa indicó, sin embargo, que no se mueve en esta dirección, aunque podrían iniciarse sin la aquiescencia del cardenal Wyszynski.

Las perspectivas de una mejora generalizada en las relaciones Iglesia-Estado ahora dependerán en gran medida del cardenal y de su evaluación de las intenciones del régimen.

En noviembre de 1966, Weblan se había reunido con el arzobispo Manuel Franco da Costa, que había sido enviado secretamente por Pablo VI a Polonia. Da Costa declaró que el sumo pontífice veía un acuerdo con Polonia como una cuestión absolutamente crucial. Agostino Casaroli, por su parte, no veía posible ese acuerdo sin contar con la jerarquía polaca, o, lo que es lo mismo, sin el cardenal Stefan Wyszynski. Casaroli informó al papa que había visitado Polonia en tres ocasiones, en febrero, marzo y abril de 1967, y que debido al fallo cometido de no informar al primado Wyszynski, el gobierno de Gomulka intentó dejar fuera de las negociaciones al episcopado polaco.

Ese error no debía volver a suceder.

Otro error cometido por Casaroli sería cuando dijo a Werblan que tras mantener conversaciones con los obispos y los funcionarios del gobierno comunista, «no había encontrado evidencias de que la Iglesia estuviese siendo perseguida». Antes de regresar a Roma, el 7 de abril, Casaroli propuso el intercambio de representantes cuasi oficiales entre Polonia y la Santa Sede. Andrzej Werblan no se dejó llevar por el entusiasmo de Casaroli y le respondió que «el gobierno de Varsovia necesitaba más tiempo».

En el mes de junio de 1967, Pablo VI anunció el siguiente consistorio para la elección de cardenales, y entre los nuevos nombres de purpurados estaba el de Karol Wojtyla. Esta noticia causaría verdadera sorpresa entre los líderes polacos debido a la juventud del arzobispo de Cracovia, pero muchos sabían que este era un premio, avalado por el cardenal secretario de Estado,

Amleto Cicognani, por haber participado en las reuniones secretas que había mantenido un equipo vaticano formado por Casaroli, monseñor Andrzej Deskur, el cardenal Stefan Wyszynski y el propio Wojtyla, con el gobierno de Varsovia a fin de conseguir establecer relaciones diplomáticas. El KGB estaba ya detrás de Wojtyla. El entonces presidente del Comité de la Seguridad del Estado, Yuri Andropov, había pedido a su rezident en Varsovia, Oleg Bogomolov, la redacción de un informe sobre el nuevo papa Juan Pablo II. Bogomolov, quien años más tarde sería nombrado director del Instituto para el Sistema Socialista Mundial, definía en 1978 a la perfección al nuevo papa polaco.

[…] Un cardenal que siempre ha asumido posiciones de derechas, pero que había instado a la Iglesia a evitar ataques frontales al socialismo. Prefiere, en cambio, una transformación gradual de las sociedades socialistas en sistemas plurales liberal-burgueses.

Inicialmente, el nuevo papa dependerá de la curia, que sin duda tratará de someterlo a su influencia. […] Pero el temperamento independiente y la energía de Juan Pablo II indican que muy pronto comprenderá las cosas y se librará de los guardianes de la ortodoxia de la curia.

El año 1968 fue de revueltas y revoluciones en toda Europa. En Polonia, la revolución se inició con la obra de teatro del poeta y patriota polaco Adam Mickiewicz, titulada La víspera del antepasado. La obra de este autor, fallecido en 1855, estaba de plena vigencia y en ella llamaba a la independencia de Polonia frente al Imperio ruso, algo que también sucedía en 1968, donde Polonia exigía la independencia política de la Unión Soviética.

La embajada soviética presionó al gobierno de Varsovia para que prohibiese la representación, provocando un estallido de violencia en las calles de la capital. Miles de estudiantes se lanzaron a las calles para protestar por la censura a la obra de Mickiewicz. El ministro de Seguridad Pública, el general Mieczyslaw Moczar, un miembro del sector estalisnista del Partido Obrero Unificado Polaco, decidió lanzar a la ORMO (Reserva de Voluntarios de la Milicia Ciudadana) contra los manifestantes. Cuando las críticas por la represión comenzaron a llegar, Moczar alegó que las manifestaciones formaban parte de una «gran conspiración sionista para derrocar al gobierno» y que los líderes estudiantiles eran judíos.

En realidad, Moczar deseaba ardientemente el puesto de Gomulka, y no tenía el menor problema en utilizar su mismo argumento al recurrir al antisemitismo para atacar las manifestaciones. Gomulka ya lo había hecho cuando, en 1967, ante la escasez de alimentos, culpó públicamente a los judíos de estar almacenando productos de primera necesidad para conseguir elevar los precios. La policía secreta de Gomulka comenzó a purgar los principales centros intelectuales del país, mientras que en las calles podía verse cómo los judíos eran apaleados por los polacos descontentos.

La siguiente medida fue autorizar a cualquier judío polaco a abandonar el país rumbo a Israel, siempre y cuando renunciase antes a la ciudadanía polaca. Si conseguían pasar una serie de pruebas, cosa que duraba unos tres meses, se les entregaba dos documentos: el primero era un permiso de viaje a Israel y el segundo indicaba que «el portador de este documento no era ciudadano polaco». De los 37.000 judíos que aparecían registrados en Polonia en 1967, cerca de 34.000 hicieron las maletas y emprendieron viaje a Israel.

Tadeusz Mazowiecki, intelectual y primer ministro de Polonia tras la caída del comunismo (1989-1991), alertado por el creciente antisemitismo que se vivía a lo largo de todo el país y que volvía a traer a los polacos el recuerdo del gueto de Varsovia y de los campos de exterminio nazis en suelo polaco (Auschwitz-Birkenau, Belzec, Chelmno, Gross-Rosen, Majdanek, Plaszów, Sobibor, Soldau, Stutthof y Treblinka), decidió pedir audiencia con los cardenales Wyzsynski y Wojtyla. Así lo recordaba años después:

Tuve una conversación con el cardenal Wojtyla sobre la cuestión antisemita y le pedí que se opusiera. Él estuvo de acuerdo en que era un asunto que merecía reflexión; en el que, en efecto, la Iglesia debía dar su opinión. Pero ni él ni el cardenal Wyszynski, ni en realidad ningún otro miembro del episcopado polaco, se pronunciaron en contra de lo que se estaba haciendo a los judíos.

El papa Pablo VI guardaba silencio ante la opresión a los judíos polacos, tal y como hizo décadas antes el papa Pío XII con los judíos de toda Europa.

Pablo VI prefería no molestar a los comunistas de Varsovia, al igual que Pío XII prefirió no molestar a los nacionalsocialistas de Hitler.

Ciertamente, el cardenal Stefan Wyszcynki sabía cómo no alterar los ánimos entre la Iglesia y Estado, o, al menos, cómo distensionar las relaciones entre el Partido Obrero Unificado Polaco y el episcopado polaco, que él lideraba. Desde hacía catorce años, el anciano Wyszcynki pedía al Vaticano el reconocimiento oficial de las fronteras germano-polacas establecidas tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. El hábil religioso pretendía de esta forma conseguir contrapartidas del gobierno comunista. En el Central Intelligence Bulletin, del 6 de mayo de 1970, los analistas de la CIA destacan las presiones que está llevando a cabo el cardenal Wyszynski sobre el Vaticano por esta cuestión:

Polonia y el Vaticano: el primado católico de Polonia ha hecho un fuerte llamamiento público para el reconocimiento formal del Vaticano de las fronteras occidentales a lo largo del país exigidas por el régimen polaco.

El cardenal Stefan Wyszynski habló en una misa al aire libre el día 3 de mayo en Wroclaw (Breslau), en el 25 aniversario de la administración eclesiástica polaca de los antiguos territorios alemanes al este de la línea Oder-Neisse. Wyszynski, que en el pasado se había opuesto con frecuencia al régimen de Gomulka, oró para que el Vaticano diese sanción de jure a la administración de la Iglesia polaca en estas áreas. Desde la Segunda Guerra Mundial, las diócesis dibujadas provisionalmente en cuestión habían sido puestas alternativamente bajo el control de los obispos polacos temporales y de los administradores apostólicos responsables ante la Santa Sede.

La posición pública de Wyszynski subraya una larga posición del poder de la poderosa Iglesia polaca, y es probable que sea bien acogida (el 95% de los polacos son católicos romanos). A principios de abril, el episcopado polaco emitió una declaración haciendo hincapié en el mismo punto y en un hecho sin precedentes: se llama a una negociación conjunta entre el episcopado, el régimen de Gomulka y el Vaticano.

Ni el Vaticano ni el gobierno polaco todavía han respondido públicamente a esta propuesta. El gobierno puede estar buscando la clarificación a la espera de las indicaciones de la actitud papal. Parece probable que el Vaticano mantenga la posición de que no puede tomar ninguna medida sobre la cuestión territorial en ausencia de un tratado de paz o un acuerdo fronterizo polaco-alemán. Por este motivo, la Santa Sede ha estado observando de cerca el progreso de las conversaciones políticas VarsoviaBonn sobre este tema.

Las relaciones Iglesia-Estado en Polonia han ido mejorando en los últimos años, a pesar del acoso continuo a nivel parroquial. El episcopado espera que uno de los resultados del reconocimiento formal del Vaticano de la frontera sería obtener el título de propiedad de las antiguas iglesias alemanas en los territorios. Esta propiedad está ahora bajo el control del Estado, incluso cuando es utilizada por la Iglesia.

El sábado 12 de diciembre de 1970, el secretario general Gomulka aparecía en la televisión y la radio oficial para informar a los ciudadanos de un fuerte aumento de los precios, incluidos los carburantes para calefacción. La harina aumentó un 16%, el azúcar un 14% y la carne un 17%. El lunes 14, tres trabajadores de los astilleros de Gdansk se presentaron ante la sede del Partido Obrero Unificado Polaco para exigir la anulación del aumento de precios. Su petición fue rechazada y se les obligó a volver al trabajo si no querían ser detenidos. En cuestión de horas, miles de trabajadores se manifestaban en las calles de la ciudad, extendiéndose los disturbios a ciudades como Gdynia, Szczecin y Elblag. El Ejército, por orden de Gomulka, abrió fuego sobre los manifestantes, matando a 43 de ellos e hiriendo a cerca de un millar. El 20 de diciembre, Gomulka fue hospitalizado de urgencia a causa de un ligero ataque de apoplejía. Edward Gierek le sustituye al mando del país.

Lo cierto es que la Iglesia polaca y los intelectuales habían abandonado a los manifestantes de Gdansk. El cardenal Wyszynski estaba decidido a presentar batalla desde los púlpitos y para ello habló con Wojtyla para coordinar los ataques de la Iglesia al régimen comunista. Wyszynski exigió reformas y seis puntos concretos que la ciudadanía polaca debía tener claros, como el derecho a la libertad, a la información veraz, a la libre expresión, a la alimentación, o a un salario digno y decente. En el National Intelligence Daily Cable, del 22 de septiembre de 1977, los analistas de la Agencia Central de Inteligencia destacan el punto del cardenal Wyszynski, en el que exigía al gobierno comunista el acceso de la Iglesia católica polaca a los medios de comunicación.

POLONIA: Los obispos piden acceso a los medios de comunicación.

El Episcopado empleó el Día de la Comunicación de Masas, un evento patrocinado por el Vaticano, por segundo año consecutivo, para criticar al régimen por negarle a los medios de comunicación el acceso a la Iglesia. La carta pastoral de este año, que se leyó en todas las iglesias el domingo, tuvo un tono mucho más agresivo que la del año pasado. Entre otras cosas, la carta decía que los medios de comunicación polacos se emplean para justificar la ilegalidad política y la violación de derechos humanos básicos y para provocar odio entre las clases.

Los obispos pidieron que se le diera permiso a la Iglesia para transmitir la misa en la radio y televisión en beneficio de los marginados y expresó su petición de que el régimen impida transmitir programas que insulten los sentimientos religiosos. Los obispos también pidieron a los creyentes que enviaran protestas escritas a los medios de comunicación y que escucharan la Radio Vaticana; los sacerdotes les dieron a sus congregaciones las frecuencias de radio y horarios de las transmisiones en lengua polaca desde el Vaticano.

Los esfuerzos de la Iglesia para tener mayor acceso a los medios de comunicación son de toda la vida. Además, el primado polaco, cardenal Wyszynski, y el Episcopado han hablado en defensa de los derechos humanos y han hecho otras peticiones, que incluyen el permiso de construir más iglesias. Puede que los líderes de la Iglesia hayan esperado algunas concesiones a cambio de sus esfuerzos por mantener la tensión bajo control después de los disturbios de los trabajadores el año pasado. Los obispos han estado decepcionados respecto a lo último, y la carta pastoral sugiere que ahora piensan que es necesaria mayor presión.

El régimen tendrá dificultades en consentir las razones ideológicas y políticas. Ceder demostraría claramente el poder de la Iglesia. Además, el liderazgo es receloso ante los soviéticos, quienes llevan largo tiempo expresando sus dudas acerca del poder de la Iglesia católica en Polonia.

El régimen no puede estar contento ante la perspectiva de que la Iglesia tome una postura más agresiva en un momento en el que Polonia está sumida en graves problemas económicos.

Cuando todos los protagonistas de este capítulo habían desaparecido, el cardenal Stefan Wyszynski en 1981, Wladyslaw Gomulka en 1982, el cardenal Agostino Casaroli en 1998 y el papa Juan Pablo II en 2005, los fantasmas del comunismo volvían desde el más allá para golpear a la Iglesia católica en Polonia. En el mes de enero de 2007, la noticia saltaba a las primeras páginas de todos los periódicos del mundo cuando se hizo público que una gran parte del clero polaco durante los años del comunismo había trabajado como informador para el Ministerio de Seguridad Pública (MBP), al mando del general Stanislaw Radkiewicz. La mayor parte de los «topos» en la Iglesia católica polaca informaban al Departamento V, encargado de combatir a las organizaciones sociales y religiosas, bajo el control de la sanguinaria coronel Julia Brystiger.

Brystiger, aunque había nacido en Hungría el 25 de noviembre de 1902, tras la ocupación alemana de Polonia en 1939 se unió a la Unión de Patriotas Polacos. En 1946, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, sería reclutada por el Ministerio de Seguridad

Pública y en 1949 por el Departamento V, especializado en la persecución de líderes religiosos polacos. «Ella era un monstruo asesino, peor que muchas mujeres guardianas alemanas de los campos de concentración», dijo sobre Brystiger un sacerdote que había sido detenido por su departamento e interrogado por ella. Julia Brystiger dirigió la operación para detener al primado de Polonia, el cardenal Stefan Wyszynski. La decisión de detenerlo se había adoptado en Moscú. Brystiger tomó parte activa en la guerra contra la religión y solo en el año 1950 fueron encarcelados 283 sacerdotes católicos, aunque también persiguió a otras religiones. Casi 2.000 testigos de Jehová acabarían en prisiones secretas del régimen comunista.

Uno  de los perseguidos por Brystiger era un joven sacerdote de Cracovia llamado Karol Wojtyla. Desde 1949, el futuro papa era un nombre mal escrito en los informes de la policía secreta, pero aprenderían a conocerlo muy bien y a no equivocarse en los siguientes cuarenta años. Hasta la muerte del régimen comunista, su vida sería escuchada, filmada y seguida durante 24 horas al día. Día y noche una tupida red levantada por el Departamento V involucró a decenas de agentes, infiltrados, sacerdotes, periodistas, intelectuales, obreros, empleados, secretarios, administradores.

Las pruebas de la telaraña extendida por Julia Brystiger en torno al seminarista, que sucesivamente fue sacerdote, obispo, cardenal y papa, fueron encontradas en los documentos hallados entre los 90 kilómetros de cartas archivados en el Instituto Polaco de la Memoria Nacional. El mismo de donde salieron los dosieres que obligaron a la dimisión por colaboracionismo, el 6 de enero de 2007, del nombrado arzobispo de Varsovia, monseñor Stanislaw Wielgus, de 67 años, y que llevó a la Iglesia polaca a rebuscar en el pasado de todos sus prelados. El arzobispo Wielgus primero negó haber tenido contactos con el SB, para después reconocer haber sido uno de sus informantes. Aseguró que lo hizo para poder realizar sus trabajos de investigación en el extranjero. Respaldado hasta el último momento por el Vaticano y el papa Benedicto XVI, Wielgus se vio finalmente obligado a renunciar a su cargo, justo antes de la ceremonia de nombramiento.

A muchos les gustó también conocer el nombre que se escondía detrás de «Seneka», agente activo en Cracovia y Roma, y muy cercano al papa. Pero el primer informe sobre Karol Wojdyla [sic] de Cracovia, está fechado el 17 de noviembre 1949. El infiltrado, nombre en clave «Zagielowski» (usa también el nombre clave de «Torano»), manda a la policía un informe «Top Secret» sobre una reunión de la curia donde se señala a «cierto Wojdyla» entre los elementos a vigilar. Zagielowski sería reclutado en 1948 y operará hasta 1967, año de su fallecimiento. Su verdadero nombre era padre Wladyslaw Kulczycki. Este había sido internado en un campo de concentración nazi y por ello sería considerado suceptible de ser reclutado. En 1963, una nota del Departamento V del Ministerio de Seguridad Interior se refiere al agente Zagielowski.

Su evaluación es buena. Es el único confiable entre los que trabajan en Cracovia. Párroco de San Nicolas, amigo del mítico cardenal Stefan Wyszynski (en la fotografía, con Wojtyla) y quizá inclusive su confesor, demuestra una aversión rencorosa hacia el joven Karol de Wadowice. No se explica cómo escala (Wojtyla) tan fácilmente en la jerarquía eclesiástica. En un documento redactado en 1960 se lamenta: «No entiendo por qué es elegido Wojtyla para cada tarea importante. El hombre es bien educado, conoce a los comunistas, está metido entre los obreros y en Nowa Huta, organiza frecuentemente las visitas pastorales».

Los agentes infiltrados no se conocen entre ellos. Es así como funciona.

Otro de estos topos es Tadeusz Nowak, como ecónomo de la curia y administrador de Tygodnik Powszechny, el semanario católico tan querido por el futuro Juan Pablo II. Nowak es un agente activo desde 1955 a 1982, y opera bajo el nombre clave de «Ares», Quienes lo han conocido no esconden su estupor. Detrás de aquel bonachón de lengua larga y fácil para las bromas se escondía un efectivo espía del Departamento V. Sus confidencias eran recogidas directamente por el oficial del MBP Jozef Schiller, quien, en pocos años, se convertiría en el número dos del Departamento V. Nowak escribía a máquina todo lo referente a la curia polaca: cuánto dinero poseía, quién y a qué nivel de indignación se lamentaba del régimen comunista. Después, en público, aparecía junto a Karol Wojtyla en la ceremonia de imposición de la medalla Pro Ecclesia et Pontifice, concendida por Pablo VI. La ceremonia de entrega, que se celebraría el 17 de abril de 1965, sería descrita en una meticulosa nota por el agente «Erski». Detrás de este nombre se encontraba Waclaw Debski, editor de un diario católico. Opositor radical del comunismo, y condenado a cadena perpetua, sería liberado en 1965 y reclutado. Durante los veinte años siguientes sería retribuido con una paga por su labor como informador.

Ares y Erski son los destinatarios de un documento clasificado como tajne (secreto) redactado en Cracovia el 9 de octubre de 1969 por el Departamento V. Karol Wojtyla es ya cardenal y pocos meses antes ha desafiado al régimen comunista al poner la primera piedra para la edificación de la iglesia en Nowa Huta. Su peligrosidad es notoria y es necesario saber todo sobre él.

Los espías deben responder a un cuestionario de nueve páginas sobre las costumbres de Wojtyla, incluso las cosas más insignificantes: ¿usa gafas?, ¿para sol?, ¿de qué tipo? Y también sobre su personalidad: ¿es analítico, sintético, objetivo, subjetivo, creativo? ¿Es un idealista? ¿Le gusta arriesgar?

Otro informador del Departamento V sería Mieczyslaw Malinski, compañero de seminario del papa y su primer biógrafo, que llegaría a convertirse en el agente «Delta» y a reunirse frecuentemente con el capitán Podolski del MBP. Malinski se declara inocente así como también el padre Konrad Hejmo, responsable de los viajes de los peregrinos polacos al Vaticano, y admite solamente «unos intentos por reclutarme». Pero lo condenan veinte recibos expedidos por el Departamento V del Ministerio de Seguridad, además de un dosier de «cerca de 700 páginas». El padre Hejmo tuvo por lo menos tres nombres claves: «Hejnal», «Zorro» y «Dominico».

Antoni Ocheduszko, nombre en clave «Orski», era el segundo al mando del semanario católico Tygodnik Powszechny. Había sido un agente secreto en los años veinte y, después, un perseguido por el estalinismo. Tenía un perfil perfecto para ser reclutado. Era anciano, sufría de crisis cardíacas y era querido por los idealistas jóvenes católicos. Aparentemente, ponía una cierta atención en no divulgar nada que pudiese hacer daño. Frecuentemente simulaba estar mal para evitar una reunión con su controlador. También Stefan Papp, alias «Rumun», redactor de Tygodnik Powszechny, tenía la labor de revelar las reacciones internas en el periódico a ciertas noticias sobre el gobierno comunista. O Jozef Wilga, alias «Blady», que redactó informes sobre miembros del Club de Intelectuales Católicos, describió reuniones, especificó cuáles eran los conflictos personales de cada uno de los miembros, qué cosas pensaba cada uno sobre el entonces jefe del partido, Wladyslaw Gomulka, y sobre el partido mismo. Sin embargo, una de las mejores agentes reclutadas sería Sabina Kaczmarska, alias «Jesion» y «Samotna».

Soltera, poco agraciada, correctora de borradores en el diario, con el sueño de llegar a ser redactora. Un pequeño informe, al principio, se convirtió en una larga colaboración de doce años con los servicios de seguridad polacos.

La renuncia de Stanislaw Wielgus como arzobispo de Cracovia, solo un día después de haber sido nombrado, convenció a Janusz Bielansky, párroco en la catedral de Wawel, a presentar también su dimisión antes de que se hiciese público que él era también informador del SB (Servicio de Seguridad). Bielansky era un estrecho amigo de Stanislaw Dziwisz, secretario privado de Juan Pablo II, ahora cardenal y arzobispo de Cracovia.

Según fuentes oficiales, se cree que casi 2600 sacerdotes colaboraron con la policía secreta comunista polaca en los años setenta, cerca del 15% del clero de toda Polonia. El historiador Roman Graczyk, autor del libro On the Trail of the SB, uno de los grandes defensores de la necesidad de sacar a la luz los dosieres, admite haber experimentado una cierta «piedad humana al estudiar ciertos casos. Aunque piedad no significa absolución». También sabemos ahora cómo terminó la historia, con Karol Wojtyla como sumo pontífice y el comunismo derrotado, en los años difíciles en los que rebelarse era posible, y lo demuestran precisamente las cartas de los archivos, repletos de informes que indicarían con nombres y apellidos cómo muchos sacerdotes. 






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