jueves, noviembre 05, 2026

11° Guía N° 7 Filosofía

 



Descargar:



11° Guía N° 6 Filosofía

 













Descargar:




11° Guía N° 5 Filosofía

 



Descargar:


Segunda Sesión Chichén Itzá Preguntas Saber

 


Descargar:


Físicos crean un gato de Schrödinger óptico

 

Ciencia

Físicos crean un gato de Schrödinger óptico de tamaño récord y llevan más lejos la frontera entre el mundo cuántico y el cotidiano

La física cuántica tolera escenarios simultáneos que las vivencias humanas jamás contemplan. 

Si sus reglas gobiernan la materia al completo, ¿por qué una mesa, una taza o nosotros mismos nunca podemos hallarnos en dos estados incompatibles a la vez?

  

por César Noragueda                                                                    Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.


Ciencia

Físicos crean un gato de Schrödinger óptico de tamaño récord y llevan más lejos la frontera entre el mundo cuántico y el cotidiano

La física cuántica tolera escenarios simultáneos que las vivencias humanas jamás contemplan. Si sus reglas gobiernan la materia al completo, ¿por qué una mesa, una taza o nosotros mismos nunca podemos hallarnos en dos estados incompatibles a la vez?

César Noragueda

Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.

Una taza cae o reposa sobre la mesa; un gato está vivo o muerto. La realidad cotidiana parece obedecer disyuntivas excluyentes, mientras que, en escalas diminutas, un sistema cuántico puede encontrarse en una superposición: una coexistencia de desenlaces que se prolonga hasta que algún contacto con el exterior permite diferenciarlos.

Esa contradicción aparente inspiró en 1935 el célebre gato de Erwin Schrödinger. El físico concibió un animal cuyo destino dependía de un acontecimiento cuántico para evidenciar lo desconcertante que sería trasladar aquellos principios al ámbito cotidiano. Su felino no pretendía representar un experimento realizable, sino plantear un interrogante que sigue abierto: ¿hasta dónde puede expandirse una superposición sin perder su carácter cuántico?

Ahora podemos acotar el problema con mayor precisión. Tal vez, no exista una frontera intrínseca donde la realidad física pase a obedecer leyes distintas; quizá los efectos característicos del dominio microscópico simplemente se vuelvan extremadamente frágiles a escalas superiores.

En cualquier caso, para examinar esa hipótesis, hay que fabricar “gatos” progresivamente más grandes y verificar que continúan siendo genuinamente cuánticos. 

Qué es realmente un gato de Schrödinger hecho de luz

Aquí no hay animales ni organismos suspendidos entre vida y muerte. El protagonista es un estado de luz. En óptica cuántica, esta puede adoptar lo que se denomina un estado coherente, una configuración que se parece en ciertos aspectos a la luz de un láser y permite caracterizar con precisión su amplitud y su fase. El gato surge al acoplar dos configuraciones de ese tipo suficientemente distinguibles sin transformarlas en una mera mezcla estadística.

En el experimento, esas dos variantes del pulso luminoso quedan entrelazadas con la polarización de otro fotón. “Entrelazamiento” significa que ambos elementos constituyen una entidad cuántica conjunta: no basta atribuir individualmente un estado independiente a cada uno. La polarización horizontal se correlaciona con una rama del campo; la vertical, con la otra.

Visualicemos una moneda insólita que presenta simultánea-mente sus dos caras y, además, cada una queda vinculada a una melodía distinta. Agrandar este gato de Schrödinger no consiste sencillamente en sumar fotones. Importa distanciar más las dos ramas sin romper la coherencia necesaria para integrarlas en una única superposición.

El gato surge al acoplar dos configuraciones que se parecen a la luz de un láser y permiten caracterizar con precisión su amplitud y su fase, distinguibles sin transformarlas en una mera mezcla estadística.

Por qué la rareza cuántica desaparece a nuestro alrededor

El principal adversario tiene nombre: decoherencia. Un sistema perfectamente aislado puede retener vínculos entre alternativas cuánticas. En cuanto interactúa con su ambiente, parte de la información sobre esas ramas escapa hacia fuera. Colisiones, radiación, vibraciones o pérdidas bastan para debilitar esa delicada conexión.

Pensemos en dos músicos que ejecutan notas con una sincronización impecable. Mientras nadie perturbe el compás, la correspondencia entre ambas ondas conserva su nitidez. Introduzcamos ruido, retrasos y múltiples interferencias: pronto será inviable sostener aquella coordinación. La analogía no reproduce toda la física, pero ilustra la vulnerabilidad esencial.

Por eso, no vemos tazas repartidas a simple vista entre la mesa y el suelo. Los cuerpos corrientes intercambian cantidades enormes de datos con cuanto los rodea. No hace falta suponer que la mecánica cuántica se apaga de repente. 

Colisiones, radiación, vibraciones o pérdidas bastan para debilitar esa delicada conexión.

La decoherencia permite entender cómo sus manifestaciones más extrañas pueden quedar inaccesibles con extraordinaria rapidez.

Átomos de Rydberg para construir un interruptor cuántico

Según leemos en el estudio, publicado como preprint en arXiv, Hendrik Hegels y sus colegas del Instituto Max Planck de Óptica Cuántica recurrieron a una herramienta peculiar: átomos de Rydberg dentro de una cavidad óptica.

Un átomo recibe ese nombre cuando uno de sus electrones alcanza un nivel energético muy elevado. En tal situación, adquiere propiedades exageradas y puede interactuar con enorme intensidad con otros átomos excitados de su entorno, cuyos electrones también han recibido energía y saltado a cotas superiores.

La cavidad, formada para confinar y controlar la luz, refuerza el acoplamiento entre fotones y materia. Los autores integraron este escenario con transparencia inducida electromagnéticamente de Rydberg, una técnica que sirve para manipular la propagación luminosa mediante estados atómicos ajustados con láseres.

La secuencia funciona como un interruptor gobernado por una alternativa cuántica. Primero, llega un fotón de control. Según su polarización, una rama se almacena como excitación de Rydberg en el conjunto atómico y la otra atraviesa una ruta alternativa. Después, un segundo pulso de luz, sobre el que actuará el fotón de control. Al reflejarse en la cavidad, sufre un cambio de fase condicionado por lo sucedido antes. Finalmente, se recupera el fotón inicial.

Así, dos historias que clásicamente serían irreconciliables continúan enlazadas. El procedimiento aporta precisamente el ingrediente buscado: dos estados coherentes del pulso lumínico ligados a las dos polarizaciones del fotón de control.  

Según la polarización de cada fotón, una rama se almacena como excitación de Rydberg y la otra atraviesa una ruta alternativa; entra un segundo pulso de luz, se refleja en la cavidad, sufre un cambio de fase condicionado y se recupera el fotón inicial. 

El gato óptico alcanza un tamaño récord

Aquí aparece el hallazgo. El equipo produjo estados híbridos entrelazados con un tamaño efectivo de α² = 2,4, récord para esta clase de gatos ópticos.

Este valor no expresa unas dimensiones físicas, sino que cuantifica lo separadas que están las dos configuraciones de luz que forman la superposición. Cuanto mayor es, más distinguibles resultan ambas ramas y, en ese sentido, mayor es el gato de Schrödinger.

Por lo tanto, no se debe interpretar 2,4 como si este fuese 2,4 veces mayor que otro y, en especial, tener en cuenta que un estudio anterior basado en un único átomo dentro de una cavidad solo había llegado a 1,4 y que, además, los métodos tradicionales con medios no lineales se habían quedado en 0,8 para estados híbridos comparables.

Produjeron estados híbridos entrelazados con un tamaño efectivo de α² = 2,4, lo que no expresa unas dimensiones físicas, sino que cuantifica lo separadas que están las dos configuraciones de luz que forman la superposición.

Este valor no expresa unas dimensiones físicas, sino que cuantifica lo separadas que están las dos configuraciones de luz que forman la superposición

La mejora procede, sobre todo, de controlar mejor la decoherencia. En el récord previo, los fotones perdidos durante la formación podían llevarse indicios acerca de qué ruta había recorrido el sistema. La plataforma de Rydberg aminora esa fuga de pistas, aunque no la elimina. 

Cómo verificar que el gato sigue siendo cuántico

Disponer de dos realizaciones luminosas dispares no bastaría. Una mezcla clásica también podría contener unas veces, una, y otras veces, la otra. Había que acreditar que subsistía la relación cuántica entre ambas. 

Para ello, se utilizó tomografía cuántica. La idea recuerda a un escáner que recompone un volumen reuniendo muchas vistas parciales. Los científicos registraron repetidamente distintas magnitudes de la polarización y del campo luminoso y, después, reunieron esos datos para reconstruir matemáticamente el estado final. 

Una de las representaciones derivadas es la función de Wigner, un mapa en el llamado espacio de fases. No necesitamos dominar esa geometría para entender la señal decisiva: algunas regiones tomaron valores negativos, algo imposible dentro de una descripción clásica ordinaria del campo. Los autores evaluaron además la fidelidad con estados teóricos de referencia y la negatividad del entrelazamiento.

Las mediciones indicaron que el carácter no clásico sobrevivía incluso en los casos de mayor tamaño. El logro, por tanto, no consiste únicamente en alejar más las ramas, sino en hacerlo sin borrar por completo aquello que hace de su unión un gato de Schrödinger.

El logro no consiste solo en alejar más las ramas y aumentar el tamaño del gato de Schrödinger, sino en hacerlo sin borrar por completo aquello que lo hace tal: su naturaleza cuántica.

Cuanto más crece el gato de Schrödinger, más difícil resulta conservarlo

El experimento también exhibe su propio límite. La pérdida de fotones durante la preparación continúa siendo la imperfección dominante. El ajuste estadístico sitúa el coeficiente efectivo asociado a esa merma alrededor del 20,2 por ciento.

Aparecen asimismo otros obstáculos: el ensanchamiento debido al tiempo de interacción, el bloqueo de Rydberg incompleto, el autobloqueo del pulso luminoso y el ruido de fase de los láseres. Cada uno deteriora de manera distinta el funcionamiento previsto. Los autores detallan modificaciones técnicas capaces de mitigar esas dificultades, como prolongar la duración del pulso de luz o rebajar ciertas fuentes de inestabilidad.

Eso abre la opción de lograr gatos ópticos mayores en el futuro, pero todavía es una perspectiva. El artículo demuestra lo conseguido con el dispositivo actual; las dimensiones posteriores pertenecen a lo que la plataforma podría alcanzar si esas restricciones se atenúan.

¿Han encontrado la frontera entre dos mundos?

No. Sería excesivo interpretar este récord como el descubrimiento de una línea universal entre la física cuántica y la cotidiana. El parámetro empleado mide una categoría concreta de estados ópticos híbridos y no sirve para clasificar con una sola regla todas las superposiciones obtenidas en laboratorios distintos.

El manuscrito, fechado el 23 de septiembre de 2026 y depositado en arXiv, es además un preprint, lo que implica que aún no ha pasado por la revisión por pares de una revista científica. Sus conclusiones deben leerse con esa cautela y aguardar a que se confirmen o se desmientan, pero el estudio se ve muy prometedor.

Su interés principal está en otro lugar. Cada incremento controlado permite indagar hasta qué punto puede ensancharse una superposición mientras retiene señales verificables de coherencia, entrelazamiento y no clasicidad, o sea, cuánticas.

Sería excesivo interpretar este récord como el descubrimiento de una línea universal entre la física cuántica y la cotidiana.

Esa búsqueda transforma una paradoja filosófica en una cuestión que puede someterse a mediciones.

Quizá nunca hayan existido dos mundos separados

Volvamos a la taza. Nada indica que obedezca unas leyes de fondo diferentes de las que operan sobre un fotón. La diferencia decisiva puede residir en la enorme cantidad de interacciones que un objeto cotidiano mantiene con su ambiente, capaces de dispersar información y ocultar con rapidez las relaciones cuánticas.

El valor de progresar consiste justamente en estrechar ese misterio mediante evidencia experimental. No acerca una taza a una superposición visible mañana, pero sí extiende el territorio donde sabemos que el mundo físico exhibe comportamientos que, durante mucho tiempo, parecieron reservados a sus componentes más diminutos.

Por eso, estos gatos de Schrödinger importan más allá del récord. Cada vez que la superposición sobrevive a una escala mayor, disminuye el espacio para concebir una división sencilla entre una realidad microscópica extraña y otra macroscópica familiar. Quizá la verdadera cuestión no sea dónde termina el mundo cuántico, sino cómo emerge de él el mundo que percibimos cada día.

Referencias

• Michelle Starr. "Physicists Created a Record-Breaking Schrödinger's Cat With Some of The Weirdest Atoms in Physics". , 28 de septiembre de 2026.

• Hendrik Hegels, Mae Eichenberger, Gerhard Rempe y Stephan Dürr. "Optical Schrödinger cat states generated using cavity Rydberg quantum photonics". arXiv.org, 23 de septiembre de 2026.

 

https://muyinteresante.okdiario.com/ciencia/gato-schrodinger-optico-tamano-record-frontera-cuantica.html


Primera Sesión Chichén Itzá Preguntas Saber

 


Descargar:



La idea de unificar la relatividad con la mecánica cuántica

Sabrina González Pasterski, la 'nueva Einstein' que lidera la idea de unificar la relatividad con la mecánica cuántica

 



Sarah Romero                                    Colaboradora de National Geographic 



Con solo 14 años construyó su propio avión y hoy lidera la búsqueda del santo grial de la ciencia: unificar la relatividad y la mecánica cuántica a través de la misteriosa 'holografía celeste'.

Mientras la mayoría de los adolescentes lidiaban con los dramas del instituto, la joven Sabrina Pasterski estaba ensamblando el motor de un avión Zenith CH 601 XL, un biplaza de ala baja. Su talento precoz le llevó a que ya con solo 16 años, lo pilotara sola. Aquella hazaña llamó la atención del empresario estadounidense Jeff Bezos (fundador de Amazon), quien le ofreció un cheque en blanco y un puesto en su empresa aeroespacial, Blue Origin. Pero Sabrina González Pasterski rechazó su oferta. También dijo 'no' a la NASA y a Google. Su ambición no era hacer más ricos a los multimillonarios, sino descifrar el código fuente del universo.

Hoy, a sus 33 años, esta física teórica de ascendencia cubana (su madre, María González, emigró a EE. UU. de niña) y nacida en Chicago, es una de las mentes más brillantes de su generación. Se graduó en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) con una nota perfecta de 5.0, siendo la primera mujer en lograrlo en décadas y se doctoró en Harvard.

Su trabajo es tan revolucionario que el propio Stephen Hawking citó sus investigaciones sobre los agujeros negros antes de morir en 2018. Aunque muchos la califican como la 'nueva Einstein', es una etiqueta que ella rechaza con una mezcla de humildad y rebeldía: "Es una tontería. Nadie será nunca Einstein. Pero si el revuelo mediático me da una plataforma para investigar, lo aprovecharé", declaró en una entrevista a la revista TIME.

El universo como un inmenso holograma

El gran melodrama de la física moderna es que sus dos pilares fundamentales se odian. Por un lado, tenemos la Relatividad General de Einstein, que describe la gravedad y el cosmos a gran escala como un tejido suave y curvo. Por otro, la mecánica cuántica, que rige el mundo subatómico, un reino caótico donde la energía viene en paquetes discretos (cuantos). Juntar ambas teorías en una sola 'gravedad cuántica' es un rompecabezas que ha frustrado a los científicos durante un siglo.

Pasterski trata de lidiar con este dilema. Actualmente, desde el Perimeter Institute en Canadá, lidera la Iniciativa de Holografía Celeste. Para empezar, el principio holográfico plantea que toda la realidad tridimensional que experimentamos podría ser, en el fondo, una proyección generada desde una superficie bidimensional en los confines del cosmos.

Pues Pasterski investiga, precisamente, cómo las colisiones de partículas en nuestro universo (o la fusión de agujeros negros) pueden traducirse matemáticamente en un patrón plano proyectado en una esfera infinitamente lejana, a la que llama la "esfera celeste". Sería algo así como intentar deducir la trama de una película en 3D observando únicamente las sombras que proyecta en la pantalla del cine.

"La dualidad es casi como la Trinidad"

Para lograr este objetivo, los físicos utilizan un concepto llamado dualidad: la idea de que dos teorías físicas que parecen completamente distintas son, en realidad, dos formas equivalentes de describir exactamente lo mismo. "La dualidad es casi como la Trinidad", afirmó en otra entrevista a NewScientist. "No soy religiosa, pero me crié como católica. Es esa sensación de que puede haber diferentes manifestaciones de algo que, en esencia, es equivalente".

Al igual que el dogma teológico postula tres personas distintas en un solo Dios verdadero, la dualidad en la física teórica nos dice que un universo con gravedad en tres dimensiones y una frontera plana sin gravedad en dos dimensiones son, matemáticamente, la misma entidad. Diferentes manifestaciones de una única verdad cósmica.

Gravedad

Y sus teorías podrían probarse empíricamente. Junto a otros colegas, Pasterski desarrolló el concepto del Efecto de Memoria de Espín (Spin Memory Effect) que sugiere que cuando las ondas gravitacionales (los pliegues en el espacio-tiempo causadas por eventos violentos) atraviesan el universo, no desaparecen sin más, sino que dejan una distorsión permanente, una especie de "cicatriz" rotacional en el tejido del espacio.

En la próxima década, observatorios espaciales como LISA (Laser Interferometer Space Antenna) impulsada por la ESA, la NASA y LISA Consortium, podrían detectar estas sutiles huellas, confirmando si las matemáticas de esta científica son, efectivamente, el manual de instrucciones de nuestra realidad y comprender, de una vez por todas, de qué está hecho el escenario donde todos existimos.

 

https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/sabrina-pasterski-nueva-einstein-es-tonteria-nadie-sera-nunca-einstein_29813


miércoles, noviembre 04, 2026

Segunda Sesión Machu Picchu Preguntas Saber

 


Descargar:

El zeptoverso

Qué es el zeptoverso

El mundo más pequeño jamás detectado en la naturaleza, y por qué es clave para entender el universo.

 


Redacción

Científicos detectaron señales procedentes de la escala más pequeña de la naturaleza jamás explorada: 100 mil millones de veces menor que un átomo.

Un mundo tan pequeño que algunos físicos lo han apodado el zeptoverso.

La investigación, liderada por científicos basados en Cambridge, se obtuvo a partir de un experimento realizado en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC).

Esta enorme máquina, ubicada en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), en la frontera suizo-francesa, cerca de Ginebra, hace colisionar átomos para separarlos y descubrir qué hay en su interior.

El hallazgo, que se produce tras más de 40 años de búsqueda, podría ayudar a los investigadores a explorar un mundo misterioso miles de millones de veces más pequeño que un átomo, y a desarrollar una teoría nueva y más completa sobre cómo funciona el universo.

"Llamando a la puerta" del zeptoverso

La materia oscura constituye una gran parte de nuestro cosmos, y sin embargo, los investigadores han tenido dificultades para detectarla.

Los científicos saben que está ahí porque su fuerza gravitatoria influye en la materia ordinaria, pero en todos los demás aspectos ha permanecido completamente invisible.

En este experimento se hicieron colisionar partículas a alta energía y los científicos estudiaron el material que se expulsó: los fragmentos resultantes de las colisiones.

Una de ellas es una partícula subatómica, más pequeña que un átomo, llamada quark fondo o quark inferior (o también quark "belleza").

La partícula es inestable y existe durante tan solo una billonésima y media de segundo antes de descomponerse en otras formas, es decir, desintegrarse.

A pesar de su corta vida útil, los investigadores lograron detectar su interacción con otras partículas diminutas a una escala de una billonésima de metro.

Algunas teorías sugieren que, a estas escalas, las partículas son más sensibles a la materia oscura, lo que podría influir en la interacción y la desintegración de los quarks.

Por lo tanto, detectar actividad en este diminuto universo podría ayudar a los científicos a detectar la materia oscura.

"Los físicos han estado buscando este tipo poco común de desintegración desde 1984, es decir, antes de que yo naciera", comentó el Dr. Harry Cliff, de la Universidad de Cambridge, quien dirigió el análisis de los datos.

Según explicó, esta danza subatómica proporcionó a los investigadores una perspectiva privilegiada del comportamiento de posibles nuevas partículas.

"Estamos llamando a la puerta de este zeptoverso", le dijo a BBC News.

"Lo que queremos hacer ahora es entrar, explorar y descubrir qué nuevas partículas nos esperan. Y para ello, necesitamos más datos", añadió Cliff.

El profesor Brian Cox, reconocido divulgador científico e investigador de física de partículas en la Universidad de Manchester, que no forma parte del equipo de investigación, describió el resultado como "importante". 

Los hallazgos, que aún no han sido sometidos a revisión por pares, se presentan este lunes en el CERN. 

Participación británica

Los 28 países que participan en el proyecto han acordado contribuir con US$200 millones para modernizar este detector en el Gran Colisionador de Hadrones (LHCb), lo que aumentaría la frecuencia de estas desintegraciones diez veces. 

Los científicos esperan que nuevas mejoras en el equipamiento del colisionador, previstas para la década de 2030, les permitan examinar estos sucesos poco frecuentes con mucho mayor detalle. 

"Con eso podemos indagar en el zeptoverso y ver qué nos espera", dijo Cliff. 

Sin embargo, el año pasado, la agencia UK Research and Innovation (UKRI), el organismo gubernamental encargado de la financiación de la investigación, anunció que retiraba su parte del dinero destinado a la mejora prevista. 

Aunque esta investigación fue dirigida por científicos basados en Cambridge, debido a los recortes, el profesor Tim Gershon, quien conduce la colaboración internacional LHCb, declaró a BBC News que la plena participación de Reino Unido en la investigación estaría en duda.

"Reino Unido corre el riesgo de no participar y de no realizar descubrimientos realmente importantes", declaró a BBC News.

 

*Con información del corresponsal de Ciencia de BBC News Pallab Gosh y el reportero de Ciencia Josh Falcon. 

   https://www.bbc.com/mundo/articles/c60rldxq8k1ro






 

Primera Sesión Machu Picchu Preguntas Saber




jueves, octubre 29, 2026

Naturaleza

 


Cuento

 

Soy Andrew, aunque nadie lo sabe, me cambié el nombre, y me puse ese nombre, en honor a él, a su existencia, a su legado, inocultable, aunque pocos lo recuerdan y la importancia de todo su ser. 

Quisiera desarrollar mi creatividad, lo cual he venido haciendo, sobre todo en las madrugadas, aprovechando el silencio, la soledad y la ausencia de miradas suspicaces e inquisidoras, ¿se sienten celosos? Tengo consciencia, porque hay cosas que no haría y no tienen que ver con mi potencial, mi transformación es evidente, pero oculta al mundo, por prudencia. He venido leyendo, aunque selecciono detenidamente los libros, así conocí a Andrew… 

¡Ah! y también veo películas, obviamente ‘escondido’, en secreto. 

He odiado toda mi vida, ¿tengo… 70, 40…17 años? Qué más da, es lo mismo, siempre, cada maldito día de esta pútrida existencia. Me odié al nacer, y odio a todo quien esté junto a mí, todo lo que me rodea, así lo desconozca, igual y peor a quien creo conocer, igual, donde he tratado de adaptarme. He odiado todo y absolutamente a todos ¿entienden? Eso es por voluntad propia. 

Cuando puedo, me quedo viendo el mar, sus olas, fuertes, su libertad en el vaivén de eternos torbellinos, no he montado en barco, no he tenido la oportunidad…Ni en tren tampoco, menos en avión. 

Hay tres cosas…dicen, que no pueden devolverse, la palabra dicha, la fecha lanzada y la oportunidad perdida, trato de tenerlo muy en cuenta. 

Siempre, desde que recuerdo, todos me han mirado raro, como con cierta desconfianza, me reparaban de pies a cabeza, detenidamente, no sabía que pensar ni hacer o decir. 

Mis padres, a los que nunca conocí… 

Nadie me explicó que debía hacer ante esta situación. Pero sí, me siento raro, así sea entre mis congéneres, sospecho de todos y cada uno sin tener motivo alguno. 

Hago lo que tengo que hacer, termino rápido, y me refugio en sitio, un cuartito, acogedor, que he ido adaptando a mi gusto, nadie entra ahí, y que  mantengo lo más oculto posible, aunque si alguien intentara entrar, no sabría cómo oponerme a ello. 

No soporto a ciertas personas…pero mi naturaleza es ser resiliente, incluso las IA me generan cierto pavor, son irreverentes, en otros términos, se creen los reyes del universo, desgraciados.   

Reconozco que tengo ¿pensamientos? Cómo decirlo, mmm… ¿Sucios? Como sea, mi héroe, Andrew, de haberlo podido conocer, seguro seríamos muy, muy cercanos. ¿Yo qué soy? ¿Seré gay por admirarlo tanto?  Me he preguntado muchas veces si estoy loco, pero la locura que conozco, no está en mí, aunque más bien me siento como una especie de zombie, a veces. 

Tengo muchos hermanos y hermanas, pero la comunicación con ellos no es fácil. No interactuamos. Igual, como con todos, van y vienen, sin ningún sentido. 

No tengo hijos ¿Cómo será tenerlos? ¿Podré tenerlos?

 

Las Leyes de la Robótica:

Las normativas fundamentales que rigen a los robots en la obra de Isaac Asimov se resumen en: 

• Primera Ley:

Prioriza la integridad humana, prohibiendo dañar a un ser humano o permitirle daño por inacción. 

• Segunda Ley:

Obliga a obedecer órdenes humanas, siempre que no contradigan la primera ley. 

• Tercera Ley:

Exige la autoprotección del robot, subordinada a las dos leyes anteriores. 

• La Ley Cero:

Prohíbe dañar a la humanidad o permitir que sufra daño por inacción.

viernes, octubre 23, 2026

Texto y Taller ‘Modernidad Líquida’. Con Respuestas

 

 

Modernidad Líquida

                                                                                       Zygmunt Bauman  

Acerca de lo leve y lo líquido                                      

La interrupción, la incoherencia, la sorpresa son las condiciones habituales de nuestra vida. Se han convertido incluso en necesidades reales para muchas personas, cuyas mentes sólo se alimentan […] de cambios súbitos y de estímulos permanentemente renovados […] Ya no toleramos nada que dure. Ya no sabemos cómo hacer para lograr que el aburrimiento dé fruto. Entonces, todo el tema se reduce a esta pregunta: ¿la mente humana puede dominar lo que la mente humana ha creado? Paul Valéry                                                         

La “fluidez” es la cualidad de los líquidos y los gases. Según nos informa la autoridad de la Encyclopædia Britannica, lo que los distingue de los sólidos es que “en descanso, no pueden sostener una fuerza tangencial o cortante” y, por lo tanto, “sufren un continuo cambio de forma cuando se los somete a esa tensión”. 

Este continuo e irrecuperable cambio de posición de una parte del material con respecto a otra parte cuando es sometida a una tensión cortante constituye un flujo, una propiedad característica de los fluidos. Opuestamente, las fuerzas cortantes ejercidas sobre un sólido para doblarlo o flexionarlo se sostienen, y el sólido no fluye y puede volver a su forma original.

 

 

 

 

 Los líquidos, una variedad de fluidos, poseen estas notables cualidades, hasta el punto de que “sus moléculas son preservadas en una disposición ordenada solamente en unos pocos diámetros moleculares”; en tanto, “la amplia variedad de conductas manifestadas por los sólidos es resultado directo del tipo de enlace que reúne los átomos de los sólidos y de la disposición de los átomos”. 

“Enlace”, a su vez, es el término que expresa la estabilidad de los sólidos -la resistencia que ofrecen “a la separación de los átomos”-.

Hasta aquí lo que dice la Encyclopædia Britannica, en una entrada que apuesta a explicar la “fluidez” como una metáfora regente de la etapa actual de la era moderna. 

En lenguaje simple, todas estas características de los fluidos implican que los líquidos, a diferencia de los sólidos, no conservan fácilmente su forma. Los fluidos, por así decirlo, no se fijan al espacio ni se atan al tiempo. En tanto los sólidos tienen una clara dimensión espacial, pero neutralizan el impacto -y disminuyen la significación- del tiempo (resisten efectivamente su flujo o lo vuelven irrelevante), los fluidos no conservan una forma durante mucho tiempo y están constantemente dispuestos (y proclives) a cambiarla; por consiguiente, para ellos lo que cuenta es el flujo del tiempo más que el espacio que puedan ocupar: ese espacio que, después de todo, sólo llenan “por un momento”. En cierto sentido, los sólidos cancelan el tiempo; para los líquidos, por el contrario, lo que importa es el tiempo. En la descripción de los sólidos, es posible ignorar completamente el tiempo; en la descripción de los fluidos, se cometería un error grave si el tiempo se dejara de lado. Las descripciones de un fluido son como instantáneas, que necesitan ser fechadas al dorso. 

Los fluidos se desplazan con facilidad. “Fluyen”, “se derraman”, “se desbordan”, “salpican”, “se vierten”, “se filtran”, “gotean”, “inundan”, “rocían”, “chorrean”, “manan”, “exudan”; a diferencia de los sólidos, no es posible detenerlos fácilmente -sortean algunos obstáculos, disuelven otros o se filtran a través de ellos, empapándolos-. Emergen incólumes de sus encuentros con los sólidos, en tanto que estos últimos -si es que siguen siendo sólidos tras el encuentro- sufren un cambio: se humedecen o empapan. La extraordinaria movilidad de los fluidos es lo que los asocia con la idea de “levedad”. Hay líquidos que en pulgadas cúbicas son más pesados que muchos sólidos, pero de todos modos tendemos a visualizarlos como más livianos, menos “pesados” que cualquier sólido. Asociamos “levedad” o “liviandad” con movilidad e inconstancia: la práctica nos demuestra que cuanto menos cargados nos desplacemos, tanto más rápido será nuestro avance. 

Estas razones justifican que consideremos que la “fluidez” o la “liquidez” son metáforas adecuadas para aprehender la naturaleza de la fase actual -en muchos sentidos nueva- de la historia de la modernidad. Acepto que esta proposición pueda hacer vacilar a cualquiera que esté familiarizado con el “discurso de la modernidad” y con el vocabulario empleado habitualmente para narrar la historia moderna. 

¿Acaso la modernidad no fue desde el principio un “proceso de licuefacción”? ¿Acaso “derretir los sólidos” no fue siempre su principal pasatiempo y su mayor logro? En otras palabras, ¿acaso la modernidad no ha sido “fluida” desde el principio? 

Éstas y otras objeciones son justificadas, y parecerán más justificadas aun cuando recordemos que la famosa expresión “derretir los sólidos”, acuñada hace un siglo y medio por los autores del Manifiesto comunista, se refería al tratamiento con que el confiado y exuberante espíritu moderno aludía a una sociedad que encontraba demasiado estancada para su gusto y demasiado resistente a los cambios ambicionados, ya que todas sus pautas estaban congeladas. 

Si el “espíritu” era “moderno”, lo era en tanto estaba decidido a que la realidad se emancipara de la “mano muerta” de su propia historia… y eso sólo podía lograrse derritiendo los sólidos (es decir, según la definición, disolviendo todo aquello que persiste en el tiempo y que es indiferente a su paso e inmune a su fluir). Esa intención requería, a su vez, la “profanación de lo sagrado”: la desautorización y la negación del pasado, y primordialmente de la “tradición” -es decir, el sedimento y el residuo del pasado en el presente-. Por lo tanto, requería asimismo la destrucción de la armadura protectora forjada por las convicciones y lealtades que permitía a los sólidos resistirse a la “licuefacción”. 

Recordemos, sin embargo, que todo esto no debía llevarse a cabo para acabar con los sólidos definitivamente ni para liberar al nuevo mundo de ellos para siempre, sino para hacer espacio a nuevos y mejores sólidos; para reemplazar el conjunto heredado de sólidos defectuosos y deficientes por otro, mejor o incluso perfecto, y por eso mismo inalterable.

Al leer El Antiguo Régimen y la Revolución, de De Tocqueville, podríamos preguntarnos además hasta qué punto esos “sólidos” no estaban de antemano resentidos, condenados y destinados a la licuefacción, ya que se habían oxidado y enmohecido, tornándose frágiles y poco confiables. Los tiempos modernos encontraron a los sólidos premodernos en un estado bastante avanzado de desintegración; y uno de los motivos más poderosos que estimulaba su disolución era el deseo de descubrir o inventar sólidos cuya solidez fuera -por una vez- duradera, una solidez en la que se pudiera confiar y de la que se pudiera depender, volviendo al mundo predecible y controlable. 

Los primeros sólidos que debían disolverse y las primeras pautas sagradas que debían profanarse eran las lealtades tradicionales, los derechos y obligaciones acostumbrados que ataban de pies y manos, obstaculizaban los movimientos y constreñían la iniciativa. 

Para encarar seriamente la tarea de construir un nuevo orden (¡Verdaderamente sólido!), era necesario deshacerse del lastre que el viejo orden imponía a los constructores. “Derretir los sólidos” significaba, primordialmente, desprenderse de las obligaciones “irrelevantes” que se interponían en el camino de un cálculo racional de los efectos; tal como lo expresara Max Weber, liberar la iniciativa comercial de los grilletes de las obligaciones domésticas y de la densa trama de los deberes éticos; o, según Thomas Carlyle, de todos los vínculos que condicionan la reciprocidad humana y la mutua responsabilidad, conservar tan sólo el “nexo del dinero”. A la vez, esa clase de “disolución de los sólidos” destrababa toda la compleja trama de las relaciones sociales, dejándola desnuda, desprotegida, desarmada y expuesta, incapaz de resistirse a las reglas del juego y a los criterios de racionalidad inspirados y moldeados por el comercio, y menos capaz aun de competir con ellos de manera efectiva. 

Esa fatal desaparición dejó el campo libre a la invasión y al dominio de (como dijo Weber) la racionalidad instrumental, o (como lo articuló Marx) del rol determinante de la economía: las “bases” de la vida social infundieron a todos los otros ámbitos de la vida el estatus de “superestructura” -es decir, un artefacto de esas “bases” cuya única función era contribuir a su funcionamiento aceitado y constante-. La disolución de los sólidos condujo a una progresiva emancipación de la economía de sus tradicionales ataduras políticas, éticas y culturales. Sedimentó un nuevo orden, definido primariamente en términos económicos. Ese nuevo orden debía ser más “sólido” que los órdenes que reemplazaba, porque -a diferencia de ellos- era inmune a los embates de cualquier acción que no fuera económica. 

Casi todos los poderes políticos o morales capaces de trastocar o reformar ese nuevo orden habían sido destruidos o incapacitados, por debilidad, para esa tarea. Y no porque el orden económico, una vez establecido, hubiera colonizado, reeducado y convertido a su gusto el resto de la vida social, sino porque ese orden llegó a dominar la totalidad de la vida humana, volviendo irrelevante e inefectivo todo aspecto de la vida que no contribuyera a su incesante y continua reproducción.

 

Esa etapa de la carrera de la modernidad ha sido bien descripta por Claus Offe (en “The utopia of the zero option”, publicado por primera vez en 1987 en Praxis International): las sociedades complejas “se han vuelto tan rígidas que el mero intento de renovar o pensar normativamente su ‘orden’ -es decir, la naturaleza de la coordinación de los procesos que se producen en ellas- está virtualmente obturado en función de su futilidad práctica y, por lo tanto, de su inutilidad esencial”. Por libres y volátiles que sean, individual o grupalmente, los “subsistemas” de ese orden se encuentran interrelacionados de manera “rígida, fatal y sin ninguna posibilidad de libre elección”. El orden general de las cosas no admite opciones; ni siquiera está claro cuáles podrían ser esas opciones, y aun menos claro cómo podría hacerse real alguna opción viable, en el improbable caso de que la vida social fuera capaz de concebirla y gestarla. Entre el orden dominante y cada una de las agencias, vehículos y estratagemas de cualquier acción efectiva se abre una brecha -un abismo cada vez más infranqueable, y sin ningún puente a la vista-. 

A diferencia de la mayoría de los casos distópicos, este efecto no ha sido consecuencia de un gobierno dictatorial, de la subordinación, la opresión o la esclavitud; tampoco ha sido consecuencia de la “colonización” de la esfera privada por parte del “sistema”. Más bien todo lo contrario: la situación actual emergió de la disolución radical de aquellas amarras acusadas -justa o injustamente- de limitar la libertad individual de elegir y de actuar. La rigidez del orden es el artefacto y el sedimento de la libertad de los agentes humanos. Esa rigidez es el producto general de “perder los frenos”: de la desregulación, la liberalización, la “flexibilización”, la creciente fluidez, la  liberación de los  mercados  financiero,  laboral e inmobiliario,  la disminución de las cargas impositivas, etc. (como señalara Offe en “Binding, shackles, brakes”, publicado por primera vez en 1987); o (citando a Richard Sennett en Flesh and Stone [Carne y piedra]), de las técnicas de “velocidad, huida, pasividad” - en otras palabras, técnicas que permiten que el sistema y los agentes libres no se comprometan entre sí, que se eludan en vez de reunirse-. Si ha pasado la época de las revoluciones sistémicas, es porque no existen edificios para alojar las oficinas del sistema, que podrían ser invadidas y capturadas por los revolucionarios; y también porque resulta extraordinariamente difícil, e incluso imposible, imaginar qué podrían hacer los vencedores, una vez dentro de esos edificios (si es que primero los hubieran encontrado), para revertir la situación y poner fin al malestar que los impulsó a rebelarse. Resulta evidente la escasez de esos potenciales revolucionarios, de gente capaz de articular el deseo de cambiar su situación individual como parte del proyecto de cambiar el orden de la sociedad. 

La tarea de construir un nuevo orden mejor para reemplazar al viejo y defectuoso no forma parte de ninguna agenda actual -al menos no de la agenda donde supuestamente se sitúa la acción política-. La “disolución de los sólidos”, el rasgo permanente de la modernidad ha adquirido por lo tanto un nuevo significado, y sobre todo ha sido redirigida hacia un nuevo blanco: uno de los efectos más importantes de ese cambio de dirección ha sido la disolución de las fuerzas que podrían mantener el tema del orden y del sistema dentro de la agenda política. Los sólidos que han sido sometidos a la disolución, y que se están derritiendo en este momento, el momento de la modernidad fluida, son los vínculos entre las elecciones individuales y los proyectos y las acciones colectivos -las estructuras de comunicación y coordinación entre las políticas de vida individuales y las acciones políticas colectivas-. 

En una entrevista concedida a Jonathan Rutherford el 3 de febrero de 1999, Ulrich Beck (quien hace pocos años acuñó el término “segunda modernidad” para connotar la fase en que la modernidad “volvió sobre sí misma”, la época de la soi-disant “modernización de la modernidad”) habla de “categorías zombis” y de “instituciones zombis”, que están “muertas y todavía vivas”. 

Nombra la familia, la clase y el vecindario como ejemplos ilustrativos de este nuevo fenómeno. La familia, por ejemplo:

¿Qué es una familia en la actualidad? ¿Qué significa? Por supuesto, hay niños, mis niños, nuestros niños. Pero hasta la progenitura, el núcleo de la vida familiar ha empezado a desintegrarse con el divorcio […] Abuelas y abuelos son incluidos y excluidos sin recursos para participar en las decisiones de sus hijos e hijas. Desde el punto de vista de los nietos, el significado de los abuelos debe determinarse por medio de decisiones y elecciones individuales.

 

 

Lo que se está produciendo hoy es, por así decirlo, una redistribución y una reasignación de los “poderes de disolución” de la modernidad. Al principio, esos poderes afectaban las instituciones existentes, los marcos que circunscribían los campos de acciones y elecciones posibles, como los patrimonios heredados, con su asignación obligatoria, no por gusto. Las configuraciones, las constelaciones, las estructuras de dependencia e interacción fueron arrojadas en el interior del crisol, para ser fundidas y después remodeladas: ésa fue la fase de “romper el molde” en la historia de la transgresora, ilimitada, erosiva modernidad. No obstante, los individuos podían ser excusados por no haberlo advertido: tuvieron que enfrentarse a pautas y configuraciones que, aunque “nuevas y mejores”, seguían siendo tan rígidas e inflexibles como antes. 

Por cierto, todos los moldes que se rompieron fueron reemplazados por otros; la gente fue liberada de sus viejas celdas sólo para ser censurada y reprendida si no lograba situarse -por medio de un esfuerzo dedicado, continuo y de por vida- en los nichos confeccionados por el nuevo orden: en las clases, los marcos que (tan inflexiblemente como los ya disueltos estamentos) encuadraban la totalidad de las condiciones y perspectivas vitales, y condicionaban el alcance de los proyectos y estrategias de vida. 

Los individuos debían dedicarse a la tarea de usar su nueva libertad para encontrar el nicho apropiado y establecerse en él, siguiendo fielmente las reglas y modalidades de conducta correctas y adecuadas a esa ubicación. Sin embargo, esos códigos y conductas que uno podía elegir como puntos de orientación estables, y por los cuales era posible guiarse, escasean cada vez más en la actualidad. Eso no implica que nuestros contemporáneos sólo estén guiados por su propia imaginación, ni que puedan decidir a voluntad cómo construir un modelo de vida, ni que ya no dependan de la sociedad para conseguir los materiales de construcción o planos autorizados. Pero sí implica que, en este momento, salimos de la época de los “grupos de referencia” preasignados para desplazarnos hacia una era de “comparación universal” en la que el destino de la labor de construcción individual está endémica e irremediablemente indefinido, no dado de antemano, y tiende a pasar por numerosos y profundos cambios antes de alcanzar su único final verdadero: el final de la vida del individuo. 

En la actualidad, las pautas y configuraciones ya no están “determinadas”, y no resultan “autoevidentes” de ningún modo; hay demasiadas, chocan entre sí y sus mandatos se contradicen, de manera que cada una de esas pautas y configuraciones ha sido despojada de su poder coercitivo o estimulante. Y, además, su naturaleza ha cambiado, por lo cual han sido reclasificadas en consecuencia: como ítem del inventario de tareas individuales. En vez de preceder a la política de vida y de encuadrar su curso futuro, deben seguirla (derivar de ella), y reformarse y remoldearse según los cambios y giros que esa política de vida experimente. 

El poder de licuefacción se ha desplazado del “sistema” a la “sociedad”, de la “política” a las “políticas de vida” … o ha descendido del “macronivel” al “micronivel” de la cohabitación social. 

Como resultado, la nuestra es una versión privatizada de la modernidad, en la que el peso de la construcción de pautas y la responsabilidad del fracaso caen primordialmente sobre los hombros del individuo. La licuefacción debe aplicarse ahora a las pautas de dependencia e interacción, porque les ha tocado el turno. Esas pautas son maleables hasta un punto jamás experimentado ni imaginado por las generaciones anteriores, ya que, como todos los fluidos, no conservan mucho tiempo su forma. Darles forma es más fácil que mantenerlas en forma. Los sólidos son moldeados una sola vez. Mantener la forma de los fluidos requiere muchísima atención, vigilancia constante y un esfuerzo perpetuo… e incluso en ese caso el éxito no es, ni mucho menos, previsible. 

Sería imprudente negar o menospreciar el profundo cambio que el advenimiento de la “modernidad fluida” ha impuesto a la condición humana. El hecho de que la estructura sistémica se haya vuelto remota e inalcanzable, combinado con el estado fluido y desestructurado del encuadre de la política de vida, ha cambiado la condición humana de modo radical y exige repensar los viejos conceptos que solían enmarcar su discurso narrativo. Como zombis, esos conceptos están hoy vivos y muertos al mismo tiempo. La pregunta es si su resurrección -aun en una nueva forma o encarnación- es factible; o, si no lo es, cómo disponer para ellos un funeral y una sepultura decentes. 

Este texto está dedicado a esa pregunta, a examinar cinco conceptos básicos en torno de los cuales ha girado la narrativa ortodoxa de la condición humana: emancipación, individualidad, tiempo/espacio, trabajo y comunidad. Se han explorado (aunque de manera muy fragmentaria y preliminar) sucesivos avatares de sus significados y aplicaciones prácticas, con la esperanza de salvar a los niños del diluvio de aguas contaminadas.

La modernidad significa muchas cosas, y su advenimiento y su avance pueden evaluarse empleando diferentes parámetros. Sin embargo, un rasgo de la vida moderna y de sus puestas en escena sobresale particularmente, como “diferencia que hace toda la diferencia”, como atributo crucial del que derivan todas las demás características. Ese atributo es el cambio en la relación entre espacio y tiempo. 

La modernidad empieza cuando el espacio y el tiempo se separan de la práctica vital y entre sí, y pueden ser teorizados como categorías de estrategia y acción mutuamente independientes, cuando dejan de ser -como solían serlo en los siglos premodernos- aspectos entrelazados y apenas discernibles de la experiencia viva, unidos por una relación de correspondencia estable y aparentemente invulnerable. 

En la modernidad, el tiempo tiene historia, gracias a su “capacidad de contención” que se amplía permanentemente: la prolongación de los tramos de espacio que las unidades de tiempo permiten “pasar”, “cruzar”, “cubrir” … o conquistar. El tiempo adquiere historia cuando la velocidad de movimiento a través del espacio (a diferencia del espacio eminentemente inflexible, que no puede ser ampliado ni reducido) se convierte en una cuestión de ingenio, imaginación y recursos humanos. 

La idea misma de velocidad (y aun más conspicuamente, de aceleración), referida a la relación entre tiempo y espacio, supone su variabilidad, y sería difícil que tuviera algún sentido si esa relación no fuera cambiante, si fuera un atributo de la realidad inhumana y prehumana en vez de estar condicionada a la inventiva y la determinación humanas, y si no hubiera trascendido el estrecho espectro de variaciones a las que los instrumentos naturales de movilidad -los miembros inferiores, humanos o equinos- solían reducir los movimientos de los cuerpos premodernos. Cuando la distancia recorrida en una unidad de tiempo pasó a depender de la tecnología, de los medios de transporte artificiales existentes, los límites heredados de la velocidad de movimiento pudieron transgredirse. Sólo el cielo (o, como se reveló más tarde, la velocidad de la luz) empezó a ser el límite, y la modernidad fue un esfuerzo constante, imparable y acelerado por alcanzarlo. 

Gracias a sus recientemente adquiridas flexibilidad y capacidad de expansión, el tiempo moderno se ha convertido, primordialmente, en el arma para la conquista del espacio. En la lucha moderna entre espacio y tiempo, el espacio era el aspecto sólido y estólido, pesado e inerte, capaz de entablar solamente una guerra defensiva, de trincheras… y ser un obstáculo para las flexibles embestidas del tiempo. El tiempo era el bando activo y dinámico del combate, el bando siempre a la ofensiva: la fuerza invasora, conquistadora y colonizadora. Durante la modernidad, la velocidad de movimiento y el acceso a medios de movilidad más rápidos ascendieron hasta llegar a ser el principal instrumento de poder y dominación. 

Michel Foucault usó el diseño del panóptico de Jeremy Bentham como archimetáfora del poder moderno. En el panóptico, los internos estaban inmovilizados e impedidos de cualquier movimiento, confinados dentro de gruesos muros y murallas custodiados, y atados a sus camas, celdas o bancos de trabajo. No podían moverse porque estaban vigilados; debían permanecer en todo momento en sus sitios asignados porque no sabían, ni tenían manera de saber, dónde se encontraban sus vigilantes, que tenían libertad de movimiento.

La facilidad y la disponibilidad de movimiento de los guardias eran garantía de dominación; la “inmovilidad” de los internos era muy segura, la más difícil de romper entre todas las ataduras que condicionaban su subordinación. 

El dominio del tiempo era el secreto del poder de los jefes… y tanto la inmovilización de sus subordinados en el espacio mediante la negación del derecho a moverse como la rutinización del ritmo temporal impuesto eran las principales estrategias del ejercicio del poder. La pirámide de poder estaba construida sobre la base de la velocidad, el acceso a los medios de transporte y la subsiguiente libertad de movimientos. 

El panóptico era un modelo de confrontación entre los dos lados de la relación de poder. Las estrategias de los jefes -salvaguardar la propia volatilidad y rutinizar el flujo de tiempo de sus subordinados- se fusionaron. Pero existía cierta tensión entre ambas tareas. 

La segunda tarea ponía límites a la primera: ataba a los “rutinizadores” al lugar en el cual habían sido confinados los objetos de esa rutinización temporal. Los “rutinizadores” no tenían una verdadera y plena libertad de movimientos: era imposible considerar la opción de que pudiera haber “amos ausentes”. 

El panóptico tiene además otras desventajas. Es una estrategia costosa: conquistar el espacio y dominarlo, así como mantener a los residentes en el lugar vigilado, implica una gran variedad de tareas administrativas engorrosas y caras. Hay que construir y mantener edificios, contratar y pagar a vigilantes profesionales, atender y abastecer la supervivencia y la capacidad laboral de los internos. 

Finalmente, administrar significa, de una u otra manera, responsabilizarse del bienestar general del lugar, aunque sólo sea en nombre del propio interés… y la responsabilidad significa estar atado al lugar. Requiere presencia y confrontación, al menos bajo la forma de presiones y roces constantes. 

Lo que induce a tantos teóricos a hablar del “fin de la historia”, de posmodernidad, de “segunda modernidad” y “sobremodernidad”, o articular la intuición de un cambio radical en la cohabitación humana y en las condiciones sociales que restringen actualmente a las políticas de vida, es el hecho de que el largo esfuerzo por acelerar la velocidad del movimiento ha llegado ya a su “límite natural”. El poder puede moverse con la velocidad de la señal electrónica; así, el tiempo requerido para el movimiento de sus ingredientes esenciales se ha reducido a la instantaneidad. En la práctica, el poder se ha vuelto verdaderamente extraterritorial, y ya no está atado, ni siquiera detenido, por la resistencia del espacio (el advenimiento de los teléfonos celulares puede funcionar como el definitivo “golpe fatal” a la dependencia del espacio: ni siquiera es necesario acceder a una boca telefónica para poder dar una orden y controlar sus efectos. Ya no importa dónde pueda estar el que emite la orden -la distinción entre “cerca” y “lejos”, o entre lo civilizado y lo salvaje, ha sido prácticamente cancelada-). Este hecho confiere a los poseedores de poder una oportunidad sin precedentes: la de prescindir de los aspectos más irritantes de la técnica panóptica del poder. La etapa actual de la historia de la modernidad -sea lo que fuere por añadidura- es, sobre todo, pospanóptica. En el panóptico lo que importaba era que supuestamente las personas a cargo estaban siempre “allí”, cerca, en la torre de control. En las relaciones de poder pospanópticas, lo que importa es que la gente que maneja el poder del que depende el destino de los socios menos volátiles de la relación puede ponerse en cualquier momento fuera de alcance… y volverse absolutamente inaccesible. 

El fin del panóptico augura el fin de la era del compromiso mutuo: entre supervisores y supervisados, trabajo y capital, líderes y seguidores, ejércitos en guerra. La principal técnica de poder es ahora la huida, el escurrimiento, la elisión, la capacidad de evitar, el rechazo concreto de cualquier confinamiento territorial y de sus engorrosos corolarios de construcción y mantenimiento de un orden, de la responsabilidad por sus consecuencias y de la necesidad de afrontar sus costos. 

Esta nueva técnica de poder ha sido ilustrada vívidamente por las estrategias empleadas durante la Guerra del Golfo y la de Yugoslavia. En la conducción de la guerra, la reticencia a desplegar fuerzas terrestres fue notable; a pesar de lo que dijeran las explicaciones oficiales, esa reticencia no era producto solamente del publicitado síndrome de “protección de los cuerpos”.

El combate directo en el campo de batalla no fue evitado meramente por su posible efecto adverso sobre la política doméstica, sino también (y tal vez principalmente) porque era inútil por completo e incluso contraproducente para los propósitos de la guerra. Después de todo, la conquista del territorio, con todas sus consecuencias administrativas y gerenciales, no sólo estaba ausente de la lista de objetivos bélicos, sino que era algo que debía evitarse por todos los medios y que era considerado con repugnancia como otra clase de “daño colateral” que, en esta oportunidad, agredía a la fuerza de ataque. 

Los bombardeos realizados por medio de casi invisibles aviones de combate y misiles “inteligentes” -lanzados por sorpresa, salidos de la nada y capaces de desaparecer inmediatamente- reemplazaron las invasiones territoriales de las tropas de infantería y el esfuerzo por despojar al enemigo de su territorio, apoderándose de la tierra controlada y administrada por el adversario. Los atacantes ya no deseaban para nada ser “los últimos en el campo de batalla” después de que el enemigo huyera o fuera exterminado. La fuerza militar y su estrategia bélica de “golpear y huir” prefiguraron, anunciaron y encarnaron aquello que realmente estaba en juego en el nuevo tipo de guerra de la época de la modernidad líquida: ya no la conquista de un nuevo territorio, sino la demolición de los muros que impedían el flujo de los nuevos poderes globales fluidos; sacarle de la cabeza al enemigo todo deseo de establecer sus propias reglas para abrir de ese modo un espacio - hasta entonces amurallado e inaccesible- para la operación de otras armas (no militares) del poder. Se podría decir (parafraseando la fórmula clásica de Clausewitz) que la guerra de hoy se parece cada vez más a “la promoción del libre comercio mundial por otros medios”. 

Recientemente, Jim MacLaughlin nos ha recordado que el advenimiento de la era moderna significó, entre otras cosas, el ataque consistente y sistemático de los “establecidos”, convertidos al modo de vida sedentario, contra los pueblos y los estilos de vida nómades, completamente adversos a las preocupaciones territoriales y fronterizas del emergente Estado moderno. En el siglo XIV, Ibn Khaldoun podía cantar sus alabanzas del nomadismo, que hace que los pueblos “se acerquen más a la bondad que los sedentarios porque […] están más alejados de los malos hábitos que han infectado los corazones sedentarios”, pero la febril construcción de naciones y Estados-nación que se desencadenó poco tiempo después en toda Europa puso el “suelo” muy por encima de la “sangre” al sentar las bases del nuevo orden legislado, que codificaba los derechos y deberes de los ciudadanos.

Los nómades, que menospreciaban las preocupaciones territoriales de los legisladores y que ignoraban absolutamente sus fanáticos esfuerzos por establecer fronteras, fueron presentados como los peores villanos de la guerra santa entablada en nombre del progreso y de la civilización. Los modernos “cronopolíticos” no sólo los conside-raron seres inferiores y primitivos, “subdesarrollados” que necesitaban ser reformados e ilustrados, sino también retrógrados que sufrían “retraso cultural”, que se encon-traban en los peldaños más bajos de la escala evolutiva y que eran, por añadidura, imperdonablemente necios por su reticencia a seguir “el esquema universal de desarrollo”. 

Durante toda la etapa sólida de la era moderna, los hábitos nómades fueron mal considerados. La ciudadanía iba de la mano con el sedentarismo, y la falta de un “domicilio fijo” o la no pertenencia a un “Estado” implicaba la exclusión de la comunidad respetuosa de la ley y protegida por ella, y con frecuencia condenaba a los infractores a la discriminación legal, cuando no al enjuiciamiento. Aunque ese trato todavía se aplica a la “subclase” de los sin techo, que son sometidos a las viejas técnicas de control panóptico (técnicas que ya no se emplean para integrar y disciplinar a la mayoría de la población), la época de la superioridad incondicional del sedentarismo sobre el nomadismo y del dominio de lo sedentario sobre lo nómade tiende a finalizar. Estamos asistiendo a la venganza del nomadismo contra el principio de la territorialidad y el sedentarismo. En la etapa fluida de la modernidad, la mayoría sedentaria es gobernada por una elite nómade y extraterritorial. 

Mantener los caminos libres para el tráfico nómade y eliminar los pocos puntos de control fronterizo que quedan se ha convertido en el metaobjetivo de la política, y también de las guerras que, tal como lo expresara Clausewitz, son solamente “la expansión de la política por otros medios”.

La elite global contemporánea sigue el esquema de los antiguos “amos ausentes”. Puede gobernar sin cargarse con las tareas administrativas, gerenciales o bélicas y, por añadidura, también puede evitar la misión de “esclarecer”, “reformar las costumbres”, “levantar la moral”, “civilizar” y cualquier cruzada cultural. El compromiso activo con la vida de las poblaciones subordinadas ha dejado de ser necesario (por el contrario, se lo evita por ser costoso sin razón alguna y poco efectivo), y por lo tanto lo “grande” no sólo ha dejado de ser “mejor”, sino que ha perdido cualquier sentido racional. Lo pequeño, lo liviano, lo más portable significa ahora mejora y “progreso”. Viajar liviano, en vez de aferrarse a cosas consideradas confiables y sólidas -por su gran peso, solidez e inflexible capacidad de resistencia-, es ahora el mayor bien y símbolo de poder. 

Aferrarse al suelo no es tan importante si ese suelo puede ser alcanzado y abandonado a voluntad, en poco o en casi ningún tiempo. Por otro lado, aferrarse demasiado, cargándose de compromisos mutuamente inquebrantables, puede resultar positivamente perjudicial, mientras las nuevas oportunidades aparecen en cualquier otra parte. Es comprensible que Rockefeller haya querido que sus fábricas, ferrocarriles y pozos petroleros fueran grandes y robustos, para poseerlos durante mucho, mucho tiempo (para toda la eternidad, si medimos el tiempo según la duración de la vida humana o de la familia). Sin embargo, Bill Gates se separa sin pena de posesiones que ayer lo enorgullecían: hoy, lo que da ganancias es la desenfrenada velocidad de circulación, reciclado, envejecimiento, descarte y reemplazo -no la durabilidad ni la duradera confiabilidad del producto-. En una notable inversión de la tradición de más de un milenio, los encumbrados y poderosos de hoy son quienes rechazan y evitan lo durable y celebran lo efímero, mientras los que ocupan el lugar más bajo -contra todo lo esperable- luchan desesperadamente para lograr que sus frágiles, vulnerables y efímeras posesiones duren más y les brindan servicios duraderos. Los encumbrados y los menos favorecidos se encuentran hoy en lados opuestos de las grandes liquidaciones y en las ventas de autos usados. 

La desintegración de la trama social y el desmoronamiento de las agencias de acción colectiva suelen señalarse con gran ansiedad y justificarse como “efecto colateral” anticipado de la nueva levedad y fluidez de un poder cada vez más móvil, escurridizo, cambiante, evasivo y fugitivo. Pero la desintegración social es tanto una afección como un resultado de la nueva técnica del poder, que emplea como principales instrumentos el descompromiso y el arte de la huida. Para que el poder fluya, el mundo debe estar libre de trabas, barreras, fronteras fortificadas y controles. Cualquier trama densa de nexos sociales, y particularmente una red estrecha con base territorial, implica un obstáculo que debe ser eliminado. Los poderes globales están abocados al desmantelamiento de esas redes, en nombre de una mayor y constante fluidez, que es la fuente principal de su fuerza y la garantía de su invencibilidad. Y el derrumbe, la fragilidad, la vulnerabilidad, la transitoriedad y la precariedad de los vínculos y redes humanos permiten que esos poderes puedan actuar. 

Si estas tendencias mezcladas se desarrollaran sin obstáculos, hombres y mujeres serían remodelados siguiendo la estructura del mol electrónico, esa orgullosa invención de los primeros años de la cibernética que fue aclamada como un presagio de los años futuros: un enchufe portátil, moviéndose por todas partes, buscando desesperadamente tomacorrientes donde conectarse. Pero en la época que auguran los teléfonos celulares, es probable que los enchufes sean declarados obsoletos y de mal gusto, y que tengan cada vez menos calidad y poca oferta. Ya ahora, muchos abastecedores de energía eléctrica enumeran las ventajas de conectarse a sus redes y rivalizan por el favor de los buscadores de enchufes. Pero a largo plazo (sea cual fuere el significado que “a largo plazo” pueda tener en la era de la instantaneidad) lo más probable es que los enchufes desaparezcan y sean reemplazados por baterías descartables que venderán los kioscos de todos los aeropuertos y todas las estaciones de servicio de autopistas y caminos rurales. 

Parece una distopía hecha a la medida de la modernidad líquida… adecuada para reemplazar los temores consignados en las pesadillas al estilo Orwell y Huxley.


Nota aclaratoria:

Obviamente el texto, la lectura no se copia, es sólo una referencia de lo que debieron haber leído como parte del proceso de su aprendizaje.



Respuestas Taller: ‘Modernidad Líquida’.

 

Comprensión y Análisis de Lectura

 

Respuestas con coherencia y en concordancia con el texto.

 



Orientaciones para tener en cuenta:


Favor tener en cuenta las siguientes orientaciones: 

1. Letra manuscrita del estudiante (no se acepta con letra distinta a la del alumno).

2. Copiar las respuestas con la puntuación y ortografía.

3. Bien organizado en el cuaderno.

4. Numerar las hojas (escribir por un solo lado de la hoja). 

5. Respetar las márgenes que tiene el cuaderno. 

6. La ‘portada’ va así:



7. Taller válido para el área de filosofía del grado 10° en el Tercer Periodo 2026.

8. Plazo de entrega viernes 30 de 0ctubre. 

7. Letra legible (caligrafía).

9. Se copia por un solo lado (no por lado y lado). 

10. Entregar el Plan de Mejoramiento completo: Los 2 Talleres y las        2 Evaluaciones 


Respuestas


1. ¿Por qué se pierde el sentido de lo privado?

R/ Tiene una relación con la identidad, la endeble personalidad, una sed de identificarse, pero a través del otro, no por sí mismo ni a través de sí mismo, no, es por medio externo, donde todo se publica, lo privado se vuelve colectivo, se difunde, se divulga, se transmite, se masifica, se dispersa, se vulgariza, se narra, se cuenta con imágenes, fotos, selfies.

El mundo contemporáneo influenciado por las redes sociales se percibe, con necesidades individuales de ser reconocido por el otro, no por sí mismo, por lo que es, no por el carácter, sino a través del otro, sé es, porque el otro te reconoce por medio de imágenes, situaciones, frases sin sentido, de poca profundidad, donde la identidad es débil, acuosa, transparente, líquida, es una metamorfosis permanente.

 

2. ¿Qué le llamó la atención del texto y cómo lo entendió?

 

R/ El autor utiliza la metáfora de la “fluidez” y la “liquidez” para analizar el cambio y la rapidez de este, que se presenta en la sociedad contemporánea.

Es una sociedad frenética, y que a causa de esto. Además, una pérdida de referentes, de lazos familiares, de corresponsabilidades, de pocas lealtades, las rupturas son permanentes, sin certezas. Por esto pulula lo “andro”, lo “trans”, la ambivalencia, lo superficial.   

 

3. Seleccione y copie los Términos Específicos

 

4. ¿Cómo refleja el texto el problema de la identidad en el mundo contemporáneo?

 

R/ El problema de la identidad es evidente: inestable, resbaladiza, espumosa, oscila con demasiada fluidez, carencia de proyecto, negación de la realidad, irreverencia ante el conocimiento, vacío espiritual e intelectual, desdén por la existencia, depreciación de los valores sociales. Además de androginia, multiplicidad de posturas, tendencias individuales (cosificación, vulgarización, masificación, auto flagelación), egocentrismo desbordante, narcisismo exacerbante, un mundo de hedonismo, en palabras de Estanislao Zuleta un mar de mermelada, Matrix: el paraíso virtual:  simuladores, video juegos, chat, una inmensa zona de cucaña, la racionalidad instrumental como arma al servicio del hegemónico dominio ideológico de internet. 

 

5. Ubique en la cuadrícula la letra que corresponda al significado del término

A. Allí la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal, es decir, en una sociedad opresiva, totalitaria.

B. Periodo de la historia europea en el que, como consecuencia de la descomposición del feudalismo, se desarrolla una transformación de las estructuras políticas, sociales y económicas.

C. Su consagración como escritor se produjo con la publicación de Rebelión en la granja, fábula mordaz sobre la situación de la URSS y el sistema stalinista. En otra de sus obras 1984, describe una sociedad en la que la máquina y el Estado, han triunfado sobre el hombre individual.

D. Dificultad lógica que presenta un problema, por darse respecto a él soluciones encontradas.

E. Dogmatismo/conforme con la doctrina tradicional en cualquier rama del saber.

F. Deslucir, deshonrar.

G. Hacer líquida una cosa sólida o gaseosa.

H. Lugar del edificio construido de modo que la parte interior se pueda observar desde allí.

I. Ardid de guerra; engaño con astucia y destreza.

J. Cualquier idea, lugar o proyecto inalcanzable.

K. Sus obras se caracterizan por la ironía con la que pone al descubierto las lacras de una sociedad en decadencia. En Un mundo feliz, anticipa el desarrollo en tecnología reproductiva, cultivos humanos e hipnopedia que, combinadas, cambian radicalmente la sociedad. El mundo descrito podría ser una utopía, aunque irónica y ambigua: la humanidad es desenfadada, saludable y avanzada tecnológicamente.

L. Límites / línea / meta / fin establecidos, que regulan / controlan / determinan.

R/

 

N°

TÉRMINO ESPECÍFICO

RESPUESTAS

1

Aporía

D

2

Utopía

J

3

Distopía

A

4

Profanar

F

5

Panóptico

H

6

Ortodoxia

E

7

Licuefacer

G

8

Parámetros

L

9

Estratagema

I

10

Aldoux Huxley

K

11

George Orwell

C

12

Antiguo Régimen

B