domingo, octubre 15, 2023

Premiar sólo la memorización hace un flaco favor al alumno

 

 

Sáenz de Cabezón, matemático: "Premiar sólo la memorización hace un flaco favor al alumno"

"El buen profesor o profesora es el que encuentra la forma de contagiar el amor por el conocimiento a los estudiantes"/ "Las 'mates' inculcan valores, sacar raíces cuadradas a mano entrena el rigor".

Paolo Fava


Eduardo Sáenz de Cabezón (Logroño, 1972) es un elemento poliédrico, indefinible y en constante transformación en el escenario de la ciencia española. Conjuga su trabajo de investigador en el área del álgebra computacional en el Departamento de Matemáticas y Computación de la Universidad de la Rioja con su faceta de divulgador con centenares de miles de seguidores, humorista de monólogos científicos y presentador de Órbita Laika en La 2. Transmitir su apetito insaciable por el conocimiento y los métodos que guían su mente siempre inquieta es lo que ha motivado su último libro, Invitación al aprendizaje [Penguin].

De formarse en ciberseguridad a aprender a bailar salsa, pasando por conocer la historia de Al-Ándalus, Sáenz de Cabezón se marcará unos objetivos personales que nos acompañarán por el camino. "Los aprendizajes que ejercemos como personas no se quedan en lo individual. Una sociedad en la que sus miembros se interesan por aprender es mejor. Y es una bonita contribución al bien común", valora el matemático, al que pronto volveremos a ver en antena. "Me da mucha alegría ver contenidos que pueden contribuir a nuestro crecimiento personal y colectivo teniendo éxito en televisión".

¿Está confirmado que elevar nuestro nivel educativo y practicar la capacidad cognitiva ayuda a mantener la salud toda la vida?

Sí, y cito varios estudios, como uno muy famoso que se lleva realizando con monjas en Estados Unidos desde hace más de 40 años. Se ha visto que llevar una vida intelectualmente activa se correlaciona con una resistencia a los síntomas del alzhéimer. No basta para evitarlo, pero lo puede ralentizar entre 5 y 10 años. Y cada vez es más evidente que puede ayudarnos a evitar enfermedades crónicas, viviendo más años con mejor salud.

Podría decirse que todo comienza con la salud cognitiva, y lo demás viene después.

Sí, porque favorece que tomes conciencia y te comprometas con tu salud físico-mecánica, aunque sea salir a pasear un ratito todos los días. Las instituciones son cada vez más conscientes de la importancia de fomentarlo de forma continua y estructurada. Casi todas las universidades en España ya ofertan lo que se viene a llamar "universidad de la experiencia", "aulas de mayores"... Formación para personas más allá de la edad de jubilación, con muchísimo éxito, que la gente vive con mucha alegría e interés.

El reverso dramático sería el de los jóvenes que fracasan en los estudios y sienten que no valen para aprender para el resto de su vida.

Sí, esa es la trampa que encierra el fracaso en nuestros procesos de enseñanza, por el motivo que sea. Nos hace pensar que nosotros somos los incapaces y es raro el caso en el que realmente exista una incapacidad. Puede ocurrir, igual que hay personas que tienen dificultades extremas en su movilidad, pero son casos muy puntuales. La realidad es que tendemos a ejercer nuestras capacidades de aprendizaje un poco por debajo de lo que realmente podrían ser. Creo que el ambiente familiar es determinante en edades tempranas, dando a nuestros hijos suficientes estímulos. Y, sobre todo, es muy importante conversar sobre nuestros procesos de aprendizaje.

¿Cómo influye la "ansiedad" en el aprendizaje? Unos nos sentimos incapaces para las matemáticas, por ejemplo, mientras que para otros son "belleza".

Bueno, muchísimas personas no solo ven la puerta de las matemáticas cerrada, además la ven con pinchos por fuera y una señal de peligro. Seguramente tiene que ver con cómo hemos vivido las matemáticas en la etapa escolar. Pero no podemos reducirlo a esa frase tan manida de que "las matemáticas se enseñan mal". Quizás estamos demasiado basados en el resultado y no tanto en el proceso. Eso, unido a esta creencia social que tenemos de que las matemáticas son "complicadas", para "listos", nos genera este tipo de ansiedades que se retroalimentan.

El libro defiende algo que es un tanto anatema hoy en día: memorizar. ¿Es una herramienta educativa imprescindible?

Claro, es una herramienta muy válida. Nos facilita mucho los procesos. Cada vez que tengo que multiplicar 7 por 5, no tengo que andar sumando siete veces cinco, lo manejo de forma casi inmediata. Pero no podemos confundir memorización con comprensión. Y ahí viene algo que considero muy importante: cómo planteamos la evaluación. Si premiamos exclusivamente o de forma privilegiada la memorización, flaco favor hacemos a los estudiantes. Por otra parte, a la hora de elaborar conceptos creativos, el material que vamos a utilizar es el que tenemos almacenado en la memoria.

Cuánto más combustible tengamos, mayores oportunidades.

¿Qué respondería al reproche habitual de "para qué necesitamos enseñar a hacer raíces cuadradas, si la mayoría no lo necesitará nunca"?

Lo mismo podríamos del análisis sintáctico de una oración, ¿verdad? Usamos complementos directos, indirectos, circunstanciales, etc., a diario, pero no estamos pensando en la terminología que se usa en la escuela. Y es que no todo lo que aprendemos tiene por qué tener una aplicación directa para todo el mundo. Además, muchas de esas enseñanzas son instrumentales. Nos permiten estructurar la cabeza. Una operación tan compleja como sacar raíces cuadradas a mano nos entrena en el rigor, en la meticulosidad, en la capacidad de revisar nuestros errores, etcétera. Son valores positivos que utilizamos todos los días, y más nos vale. Las matemáticas son un lugar privilegiado para ello porque la verdad de los resultados no depende de quién la diga, tienen cierto sentido de la justicia.

Entonces, ¿lo que puede estar fallando en la enseñanza es que no se transmite que nos están inculcando un método para descifrar la realidad?

Sí, yo creo que es importante poner el foco en el proceso más allá en el resultado. Nos haría ser conscientes de las ventajas de muchas de las cosas que aprendemos en la escuela. Las matemáticas pueden ser más sensibles a esto, porque pocas veces nos las encontramos en nuestra vida fuera del aula. Están ocultas detrás del funcionamiento de nuestro móvil, de las contraseñas, etcétera.

Y sin embargo, vivimos sumergidos en un mundo de algoritmos que influencian nuestra vida sin que reparemos en ello.

Totalmente, estamos en un mundo cada vez más informático. Y una sociedad no puede permitirse una generación que desconozca el funcionamiento al menos básico de los algoritmos. Si no, quedamos a merced de quien sí los conoce. Es como cuando hace cuatro siglos sólo los ricos o los intelectuales aprendían a leer. Hoy sabemos que eso te hace muchísimo más manejable, más manipulable. Y yo creo que esta alfabetización tecnológica también es una alfabetización científica. Si conoces el funcionamiento básico de las redes sociales, sabes que la realidad no es lo que parece.

¿Sufre España, como se suele decir, de anumerismo?

¿Tenemos una menor capacidad matemática que otros países?

No, no diría que el anumerismo es más grave que en los países de nuestro entorno. Nosotros tenemos un muy buen nivel de educación obligatoria. Es verdad que los ranking de tipo PISA nos colocan a veces más abajo, pero esta es otra de las razones para tener alfabetización matemática, para entender bien los datos: si España saca un 9,7 pero está detrás de los que han sacado un 10, sigue siendo un buen resultado.

Escribe que "el profesor más divertido no es forzosamente el mejor". Es llamativo, siendo usted precisamente un humorista y divulgador viral.

El humor es una herramienta muy buena para comunicar, introduce un componente emocional bastante útil a la hora de fijar conocimientos. Pero existen muchísimas herramientas, técnicas y recursos a la hora de enseñar. Y lo que dicen los estudios es que lo que realmente importa es la implicación de las personas. El buen profesor o profesora es el que encuentra la forma de contagiar el amor por el conocimiento a los estudiantes. Si lo hace a través del humor, estupendo, si es con otros mecanismos, también. Es el mayor tesoro que podemos llevarnos de nuestra etapa escolar, algo que nos va a servir toda la vida.

También subraya que, incluso cuando aprendemos por placer, necesitamos criterios de evaluación para marcar el progreso.

Sí, y además su carencia puede producirnos frustración. Cuando afrontamos en serio el aprendizaje, tenemos que ser capaces de pasar el conocimiento en "forma densa", digamos, por nuestro cerebro, y conseguir que se esfuerce en asimilarlo. Si no aplicamos la autoexigencia, el proceso pasa de una forma más liviana. Y si trato de aprender, pero se me olvida todo, no significa que ya no valgo para estudiar, sino que probablemente no me lo he tomado en serio. Y tenemos que pasar por este tipo de evaluaciones, exámenes o esfuerzos.

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra capacidad para aprender cuando dejamos de ser jóvenes y sentimos que nos cuesta?

Intervienen muchísimos factores. La plasticidad neuronal es uno, y no es igual toda la vida. Pero tampoco decae tantísimo como nos pensamos. La capacidad a los 20 años no es la misma que a los 70, pero por otro lado hay otro factor que es muy ventajoso: los aprendizajes previos. Si una persona de 50 años empieza a estudiar historia de Al-Andalus, como hice yo, lo tiene mucho más fácil que un niño de nueve porque tiene muchas más referencias. Ha podido visitar Andalucía, conoce parte de la historia de España, tiene muchos más lugares donde anclar el conocimiento nuevo.

También advierte sobre la capacidad de dudar: si la curiosidad es beneficiosa, dudar de todo y por sistema es la base del conspiracionismo.

Sí y es muy peligroso. Es negar todo el conocimiento que tanto tiempo y tanto esfuerzo ha costado conseguir, y que además se asienta en bases muy sólidas. Y además parece colocarte en una especie de superioridad intelectual, incluso moral, frente a los otros que se dejan engañar. Pero el método científico tiene siglos de antigüedad. La duda nos tiene que servir como método de aprendizaje, no como invalidación del conocimiento. Eso es absolutamente ridículo. Estamos viviendo en una época de duda interesada, una especie de protesta contra el sistema del que el conocimiento científico formaría parte. Confundimos opciones políticas y soluciones sociales con conocimiento científico, y no tiene nada que ver. La ley de la gravedad no depende de qué partido gobierna.

¿A qué atribuye la explosión de negacionismo científico en redes en los últimos años?

Creo que viene de una especie de desencanto con el sistema, que extrapolamos a todo lo que identificamos como "la voz de los poderosos". Eso tiene derivadas psicológicas, porque hay personas que se sienten reafirmadas en su valor personal cuando disienten, cuando su opinión es contracorriente. La individualidad y la originalidad del pensamiento están bien, pero eso no quiere decir que no seamos capaces de compartir el conocimiento común.

Desde el existencialismo

 



















«¿Cuánta verdad necesita el hombre?»

 



El ensayista alemán Rüdiger Safranski   analiza las complejas relaciones entre vida y pensamiento, entre verdades individuales o culturales y verdades 

 

Por Ángel Vivas

Rudiger Safranski (Rottweil, 

Alemania, 1945) es filósofo y escritor. Autor de biografías de Goethe, Nietzsche, Heidegger o Schopenhauer, y de ensayos como Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán, El mal o Ser único. Un desafío existencial, traducidos a más de veintiséis idiomas. Junto a Peter Sloterdijk, moderó durante años un programa televisivo dedicado a la filosofía. Ha recibido numerosos premios.


Avance

En este libro de 1990 Safranski se plantea ya cuestiones a las que seguirá refiriéndose en títulos posteriores: esencialmente, las relaciones entre pensamiento y vida, y cómo estas se desarrollan conflictivamente en algunos «seres únicos» singularmente filósofos y escritores, cuya acentuada conciencia de sí mismos los lleva a «residir en lo extraño» y encajar mal en el mundo real. La locura de Nietzsche, el suicidio de Heinrich von Kleist, la inadaptación de Kafka, el nazismo de Heidegger, son ejemplos destacados. La cuestión es deslindar claramente lo que -quizá inevitablemente, dada su singularidad- hay de irracional en el individuo de lo que es política y convivencia. Es peligroso hacer política con las verdades de los filósofos y los poetas, dice Safranski.

La cultura (individual) es fantasiosa, creativa, metafísica, experimental, entusiástica y abismal, admite lo trágico, la violencia y el sufrimiento, y no requiere de consenso ni de utilidad. La política (colectiva), por el contrario, debe ser razonable, objetiva, prosaica, pragmática y ha de estar al servicio de la sociedad y de la vida. Saber vivir consistiría en mantener separados esos dos ámbitos; sentir la intensidad de la vida sin renunciar a la arriesgada empresa de vivir en sociedad.

Artículo

Conocido probablemente más por sus biografías que por sus ensayos filosóficos, Rüdiger Safranski muestra una notable coherencia en sus preocupaciones. En alguna ocasión ha dicho que lo que une a los protagonistas de sus biografías (género en el que ha destacado, ocupándose de nombres de primera fila como Goethe, Schiller, Heidegger, Nietzsche, Schopenhauer o Hölderlin) es «cómo se produce el equilibrio entre pensamiento y vida»; y su reciente ensayo Ser único. Un desafío existencial trata de una serie de «seres únicos» de la cultura occidental. Pues bien, esas cuestiones estaban ya presentes en ¿Cuánta verdad necesita el hombre?, ensayo de 1990, que ahora se reedita en España. En él, Safranski se ocupa de las diferencias y del necesario equilibrio entre pensamiento y vida; o, como dice su subtítulo: lo que se puede pensar y lo que se puede vivir. Recoge, por ejemplo, una cita de Gottfried Benn: «lo que vive es otra cosa que lo que piensa, este es un hecho fundamental de nuestra existencia que tenemos que aceptar»; y él mismo afirma que «saber vivir consistiría en ser capaz de mantener una separación entre lo pensable y lo vivible».

En cuanto a los «seres únicos», este trabajo se ocupa también de algunos. Destacadamente, de Rousseau (que también estaba en Ser único), Heinrich von Kleist, Nietzsche y Kafka, además de otros como Heidegger, incluso Hitler y Goebbels. Todos ilustran el citado (des)equilibrio entre pensamiento y vida; o, como dice uno de sus capítulos, la contraposición entre la verdad del yo y el resto del mundo, que no otro es el «desafío existencial» que trata en el libro de ese título.

Así, Rousseau, Kleist y Nietzsche se abstrajeron del mundo de los otros y se encerraron en el mundo que ellos mismos habían creado. «Quieren ser su propia obra y ello les impide seguir perteneciendo a este mundo», dice Safranski. Los tres «se apropian de sí mismos cayendo dentro de sí mismos, hasta el punto de poder despojarse del mundo de manera apacible y elegíaca o muy violenta, según el caso». «Y lo que hace que el destino de estos tres hombres resulte fascinante es que en ellos el espíritu de autoinversión se torna existencial, es decir, que no se limita a correr paralelo a la vida como mera posibilidad de la imaginación, sino que la somete. Lo pensable se vuelve destino para la vida». Es, según la expresión de Nietzsche, un «parirse a sí mismos». «No quieren deberle nada al mundo, ya que este no es fiable, sino solo a sí mismos». No se sienten de este mundo y se retiran de él.

Nietzsche, en concreto, «quiso encontrar la vida con ayuda del pensamiento, y lo que halló fue un pensamiento aniquilador de la vida». Su defensa de lo dionisiaco le hace llevar al extremo la antítesis de vida y conocimiento, convencido de que donde el conocimiento se impone como impulso vital, la vida pierde su pujanza y su profundidad, de que, «si se pretende ser uno con la vida, hay que soltar el lastre de querer conocerlo todo». Su contradicción era, como señala Safranski, estar corroído por el conocimiento, poseído por la curiosidad teórica.

El jugoso capítulo dedicado a Kafka y su proceder literario («en el que las historias más sencillas abren un abismo de posibilidades interpretativas… un fragmento minúsculo de realidad ya encierra para él una inagotable plétora de posibilidades interpretativas») tiene un título suficientemente elocuente: Kafka o el arte de residir en lo extraño.

En cuanto a Heidegger, al abrazar el nazismo, doctrina en la que cree ver «la disolución de la diferencia entre lo pensable y lo vivible», muestra a su modo el peligro de no separar ambos ámbitos. Porque la verdad, «siempre que toma el poder, se torna amenazante».

Más de dos mil años de metafísica

El libro de Safranski -que tiene una continuidad de fondo, pero una cierta heterogeneidad entre sus distintos capítulos (¿estamos ante una recopilación de trabajos dispersos?)- procede a un recorrido a vista de pájaro por más de dos mil años de metafísica, en el que ofrece una suerte de premisa para entender a esos «seres únicos» enfrentados al mundo: «Existe la metafísica porque la física de la vida conlleva dolor, miedo y muerte. La metafísica explica la realidad en la que sufrimos como superficie, como apariencia, y propone echar un vistazo al fondo, a la esencia de lo real». En otras palabras, «los hombres encontraron o, si se quiere, inventaron la metafísica por temor a un mundo incierto plagado de guerras, catástrofes naturales y muerte”.

Ese recorrido, que pasa por los griegos, el cristianismo y la metafísica medieval, el racionalismo de Descartes, la crítica de Kant, el idealismo alemán y el vitalismo, culmina en el antimetafísico Freud, que mina la fe en la cultura y para quien «el propósito de que el hombre sea feliz no está contemplado en el plan de la creación». Pero el propio Hitler tiene una concepción del mundo que, aunque bárbara, constituye una metafísica, «metafísica que cobra realidad convirtiéndose en crimen monstruoso».

«Las imágenes del mundo de los dos grandes totalitarismos de nuestro siglo se instalan en una tradición metafísica que pervierten atrozmente. Son imágenes metafísicas porque se arrogan la posibilidad de captar en su totalidad la verdadera esencia de la naturaleza y de la historia. Son sistemas metafísicos porque aspiran nada menos que a una comprensión de lo que el mundo guarda en lo más profundo». La promesa de la metafísica totalitaria reza así: «El conocimiento de la ley histórica tiene que ir acompañado de su realización, solo así puede la realidad liberar su verdadera esencia», escribe Safranski.

¿Qué tiene todo esto que ver con la verdad que aparece en el título (tomado de Nietzsche)? Nuestro anhelo de verdad, dice el autor, no es sino la búsqueda de algo que nos ayude a orientarnos en la realidad; quien pregunta por la verdad quiere familiarizarse con el difícil terreno de la vida, y tiene como meta, manifiesta o secreta, cierta coincidencia entre él mismo y su mundo. Las expectativas vinculadas a la verdad pueden resumirse en que la verdad nos hará libres. Nuestra verdad es nuestra verdadera naturaleza y la buscamos como si se encontrara oculta en nosotros mismos; el psicoanálisis es un ejemplo claro. Y si creemos en una verdad independiente de nosotros mismos es por el miedo a la libertad.

«El miedo a la libertad ha generado un amplio repertorio de formas de pensamiento destinadas a ocultar el abismo de la libertad… Deseamos ser libres para hacer lo que queramos, para dar vía libre a la satisfacción de nuestras necesidades, más cuando las cosas empiezan a torcerse, cuando hay que cargar con las consecuencias, llega la hora de los discursos que niegan la libertad». El individuo, por distinto y por más complejo, no coincide con la verdad que pretende representar al común de los hombres. Popper ha señalado cómo algunos tipos de misticismo han trasladado a otro dominio el sentimiento de irracionalidad propio de la singularidad del individuo y de las relaciones entre individuos, el dominio de los conceptos generales y abstractos, como el alma del pueblo, la conciencia de clase o la ley de la historia, «todos esos grandes modelos de verdad en los que huyendo de la propia libertad quisiéramos desaparecer».

Contra esos peligros, el autor se muestra contundente en las últimas páginas del libro: «Si se quiere evitar la violencia en el proceso de socialización de las ideas no hay más remedio que renunciar a universalizar las verdades concretas e individuales; los proyectos, las invenciones, las creaciones de los filósofos y de los poetas, por su alto grado de singularidad, difícilmente son susceptibles de semejante socialización, aun cuando ellos las hayan experimentado en sí mismos. Así lo prueban los ejemplos de Rousseau, Kleist, Nietzsche, Benn o Heidegger. La historia, especialmente la de Alemania, nos enseña lo peligroso que puede llegar a ser hacer política con las verdades de los filósofos y los poetas; verdades como las del platonismo, las de la metafísica, las del romanticismo, las de Hegel, Nietzsche o Spengler, trasladadas a la política, han ocasionado estragos».

A favor de una política insípida

«Son necesarias en política, por el contrario -sostiene Safranski-, las ideas que, dicho filosóficamente, se ciñan a lo trascendental para la convivencia, es decir, que se refieran exclusivamente a las condiciones de posibilidad de una convivencia libre y pacífica. Se trata de universales que hacen abstracción de todas las verdades concretas elegidas o inventadas por el individuo para confeccionar su propia vida». «Lo que necesitamos es una política de verdades insípidas; una política que no ambicione dar sentido a la existencia; una política sin alma… una política que permita al individuo buscar su verdad sin el pathos de una filosofía de la historia ni el trémolo de una visión del mundo. Una política que en virtud de esa parquedad tan útil para la vida pueda llegar a resultar aburrida».

 

«La política –añade– es la negociación del restablecimiento de la paz en el campo de batalla de las verdades, restablecimiento que no puede ser guiado por ninguna verdad trascendente salvo por aquella que garantice unas condiciones de vida dignas para el hombre. Su contribución capital ha de ser la vigilancia del respeto a las reglas del juego que permiten a cada uno descubrir o incluso inventar su verdad vital».

«Deberíamos ser tan libres como para poder vivir simultáneamente en dos mundos y poder dar validez a dos ámbitos de verdad separados. El primer ámbito es, llamémosle así para simplificar, el cultural. En él se inscriben las invenciones y creaciones individuales, así como las interpretaciones del mundo y los grandes proyectos cósmicos… Dicho ámbito es fantasioso, creativo, metafísico, experimental, entusiástico y abismal… No ha de someterse a consenso ni ser útil para la sociedad, ni siquiera tiene que estar al servicio de la vida. Puede incluso consistir en el deseo de muerte» (el ejemplo aquí es el de Heinrich von Kleist). «El otro ámbito de verdad incorpora el reconocimiento de la insuperable alteridad del otro y el respeto por su libertad, por lo que puede denominarse político. Este ámbito de verdad ha de someterse a consenso, debe ser razonable, objetivo, prosaico, pragmático y ha de estar al servicio de la sociedad y de la vida».

«La cultura puede lanzarse en busca de lo trágico, del sufrimiento más intenso; la política debe, por contra, partir del principio de eliminación o atenuación del dolor. En la cultura a menudo entra en escena el deseo de violencia; en política la violencia debe ser evacuada; la cultura no aspira a la paz sino a la pasión, por el contrario, para la política la paz es un deber; la cultura anhela amor y salvación, la política se preocupa, en cambio, por la justicia y el bienestar».

«Necesitamos las verdades intrépidas de la cultura a la par que las frías y útiles verdades de la política. De no mantener separadas ambas esferas corremos el peligro de padecer una política intrépida o una cultura insípida o, en el peor de los casos, ambas».

«Ambas verdades, la cultural y la política, deben permanecer separadas… Vivir en dos mundos con distintos ámbitos de verdad; sentir la intensidad de la vida sin renunciar a la arriesgada empresa de vivir en sociedad. En eso consistiría saber vivir». 

https://www.nuevarevista.net/rudiger-safranski-cuanta-verdad-necesita-el-hombre/

Nietzsche: la interpretación no es infinita

 

 El desafío del pensar

Paulina Rivero Weber

La idea de que existen muchas interpretaciones y muchas lecturas sobre una misma obra, sobre un evento o sobre cualquier cosa, se la debemos fundamentalmente a Nietzsche. Para él, como siglos atrás para Aristóteles, la verdad es simplemente inalcanzable para el ser humano; mientras más perspectivas se tiene de aquello que se pretende conocer, más cercanos estamos a la verdad, aunque nunca demos de lleno con ella.

Como resulta evidente, la misma filosofía de Nietzsche no está exenta de poder interpretarse de muchas y muy diferentes maneras. Pero lo anterior no implica que cualquier interpretación sea igualmente válida y que puedan ser infinitas: para Nietzsche hay límites porque existen criterios, existen parámetros para saber por qué una interpretación es más atinada que otra.

Entre esos criterios o parámetros nietzscheanos está lo que Octavio Paz llamó “la completud”, esto es qué tan completa es una interpretación. Hay interpretaciones sumamente pobres, que no ven más que lo evidente del objeto o de la filosofía o de lo que sea que se quiere conocer. Existen interpretaciones que son más veraces, dice Nietzsche desde su primera gran obra, porque son más completas.

Pongamos un ejemplo: no es lo mismo hablar de Nietzsche cuando se ha leído una de sus obras que cuando se ha leído su obra completa. Y no es la misma comprensión la que se tiene cuando aparte de leer su obra se ha leído su correspondencia, sus apuntes, su obra musical y su vida.

Pero, ante todo, lo que desde mi perspectiva marca una lectura es la empatía y la intención que se tiene al leerla, esto es, la honesta apertura ante aquello que se lee. Yo conocí a un colega que había dedicado su vida a Heidegger para demostrar que estaba equivocado: imposible lograr una interpretación enriquecedora cuando lo que se busca es simplemente negar al otro.

Apertura, dedicación, respeto y capacidad de crítica son aspectos esenciales para una interpretación más completa de cualquier fenómeno.

Paulina Rivero Weber

Es licenciada, maestra y doctora en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Sus líneas de investigación se centran en temas de Ética y Bioética, en particular en los pensamientos de los griegos antiguos, así como de Spinoza, Nietzsche, Heidegger.

https://www.milenio.com/opinion/paulina-rivero-weber/el-desafio-del-pensar/nietzsche-la-interpretacion-no-es-infinita

La sociedad confunde la filosofía con cualquier manual de autoayuda

 


Albiac: «La sociedad confunde la filosofía con cualquier manual de autoayuda»

El filósofo, escritor y colaborador de El Debate ha dialogado con Bieito Rubido, Ignacio Gómez Liaño y Jon Juaristi en la presentación de su nuevo libro, 'Elogio de la filosofía'

Andrea Carrasco

Gabriel Albiac comentaba en una entrevista en El Debate que el error «es el fundamento básico del comportamiento humano» y él mismo confesaba en uno de sus últimos títulos publicados -'En tierra de nadie', sus memorias- haberse equivocado en muchas cosas. No parece que uno de esos errores sea la tarea de escribir libros, sus publicaciones se leen gustosamente, aunque es difícil llevar la cuenta con los dedos de las dos manos. Un año después de publicar sus memorias, su nombre regresa al inabordable tablón de las novedades editoriales con 'Elogio de la Filosofía', y vuelve así a la disciplina a la que lleva dedicándose toda una vida.

Este martes, en el Centro Riojano de Madrid, el escritor Gabriel Albiac presentaba este último libro acompañado del periodista y director de El Debate, Bieito Rubido; el filósofo Ignacio Gómez de Liaño y el escritor Jon Juaristi; una compañía inmejorable, que le complicó el inicio de la intervención del filósofo. «Después de escuchar a tres amigos es muy difícil hablar porque uno se siente completamente innecesario», comentaba Albiac tras escuchar los elogios recibidos.

«Un revolucionario del siglo XXI por ser básicamente bueno, honesto en lo material y, sobre todo, en lo intelectual», destacaba Bieito Rubido del autor. Jon Juaristi afirmó de esta obra, 'Elogio de la Filosofía', que se trata de un «libro atípico»; ya que «normalmente lo que elogiamos nos consuela» y, en el caso de Albiac, «el elogio que hace es porque la Filosofía es demoledora y acaba con todo tipo de ilusión y esperanza». En esa línea se expresó también Ignacio Gómez Liaño coincidiendo con Juaristi, y apuntó además que, Albiac, «se divierte con la Filosofía». 

En 'Elogio de la Filosofía' aborda las grandes preguntas que siempre han acechado a la curiosidad del ser humano: la existencia, la vida o la muerte, la belleza o la libertad. Y, en ese sentido, fue muy crítico con la idea que hoy en día se tiene sobre lo que es fruto del trabajo de los pensadores. «La sociedad parece empeñada en autoconvencerse de que la Filosofía es una suplencia de la salvación, cualquier manual de autoayuda o cualquier otro tipo de basura», lamentaba el autor.

La presentación de esta última obra de Gabriel Albiac coincidió en el tiempo con uno de los mayores episodios de tensión que se han vivido entre Israel y Palestina, después de que el pasado sábado los terroristas de Hamás atacasen por sorpresa territorio israelí. Por eso, casi al inicio de su discurso, Albiac agradeció a los presentes estar allí «en días tan tristes» y pronunció una frase demoledora que despertó un aplauso del público: «Todos, absolutamente todos, los que nos queramos recrearnos en la obscenidad más absoluta.

https://www.eldebate.com/cultura/20231010/albiac_145725.html

Respuestas 'El Mito de Sísifo'

 













Metacognición y aprendizaje autorregulado: más allá del 'aprender a aprender'

 


La guía para docentes de Educaixa sobre metacognición y aprendizaje autorregulado indaga en una de las prácticas con mayor impacto en el aula en cómo lograr que realmente sea eficaz.

En la búsqueda de la mejora de la calidad educativa a través de la educación basada en evidencias hay dos prácticas que destacan su solidez e impacto con, al tiempo, un reducido coste económico, según el Toolkit de Educaixa: la metacognición y la autorregulación.

Ambas comparten dos peculiaridades: de un lado, son difíciles de definir y delimitar; de otro, se pueden llevar a la práctica de múltiples formas. Esto hace que la mayoría de los docentes en distintas asignaturas, niveles educativos y contextos las estén fomentando en sus aulas de un modo natural, sin ser conscientes de que lo están haciendo.

¿Qué son la metacognición y la autorregulación?

Esta guía para docentes de Educaixa se basa en una revisión de los estudios sobre autorregulación y metacognición de los profesores Daniel Muijs y Christian Bokhove, de la Universidad de Southampton y se enriquece con ejemplos prácticos, especialmente útiles para equipos directivos, formadores de profesores y profesores.

¿Qué es la autorregulación?

La autorregulación es la capacidad de los estudiantes de conocer sus fortalezas y debilidades, así como las estrategias que les sirven para aprender. También, su capacidad para motivarse para aprender y desarrollar estrategias que mejoren su aprendizaje. Lógicamente, esta va variando con la edad, y también será distinta en función de las tareas.

En este sentido, el aprendizaje autorregulado consta de tres componentes: cognición o proceso mental que interviene en el conocimiento, la comprensión y el aprendizaje, metacognición o la forma en que el alumno supervisa y dirige deliberadamente su propio aprendizaje y motivación o disposición a usar las habilidades metacognitivas y cognitivas y aplicarlas al aprendizaje.

¿Cómo se llevan al aula con éxito?

¿Qué estrategias tienen más impacto sobre la autorregulación y el desarrollo metacognitivo del alumnado? La guía para docentes de Educaixa propone siete recomendaciones en las que la metacognición es el eje. Pero, antes de pasar a estas recomendaciones, considera clave desterrar algunos mitos, como los siguientes:

Mito número 1

La metacognición se desarrolla en los estudiantes de mayor edad (adolescentes y jóvenes). Distintos estudios muestran que niños de tan solo tres años han sido capaces de adoptar conductas metacognitivas y autorreguladoras.

Mito número 2

La metacognición es una habilidad independiente del conocimiento de las materias. La metacognición es más sólida cuanto más consolidado sea el conocimiento del alumnado sobre la materia en cuestión.

Mito número 3

La metacognición representa el pensamiento de «orden superior» y es más importante que el mero conocimiento sobre la materia. Ambas interactúan durante el aprendizaje del alumno y ninguna es más importante que otra.

Mito número 4

Se pueden enseñar fácilmente estrategias y conocimientos metacognitivos en sesiones de aprender a aprender o habilidades de pensamiento. Y no se puede porque el aprendizaje autorregulado y la cognición que muestra un alumno pueden funcionarle en una tarea, materia o problema concreto, pero no en otros.

Siete recomendaciones prácticas para el profesorado

El profesorado debe adquirir habilidades y conocimientos profesionales para desarrollar el conocimiento metacognitivo del alumnado. Un estudiante autorregulado es consciente de sus fortalezas y debilidades y es capaz de motivarse a sí mismo para involucrarse en su aprendizaje y mejorarlo. Un estudiante con conocimiento metacognitivo sobre su aprendizaje se conoce como estudiante y conoce sus tareas y sus estrategias, lo que a la larga mejora sus resultados, con la ayuda del profesorado a la hora de planificarlo, supervisarlo y evaluarlo. Los estudiantes autorregulados son conscientes de sus fortalezas y debilidades, y se pueden motivar a sí mismos para involucrarse en su aprendizaje y mejorarlo.

Enseñar explícitamente estrategias metacognitivas al alumnado como planificar, supervisar y evaluar su propio aprendizaje en relación con tareas y contenidos específicos y siguiendo unos pasos: activación de los conocimientos previos, práctica autónoma y reflexión estructurada.

Mostrar el propio pensamiento para ayudar al alumnado a desarrollar sus habilidades metacognitivas y cognitivas. Aquí el profesor se convierte en referente, mostrando sus propios procesos y verbalizando sus pensamientos metacognitivos: ¿Qué conocimientos tengo yo sobre este tipo de problemas? ¿Qué formas de resolverlos he utilizado anteriormente? Es en este punto donde los ejemplos resueltos funcionan como métodos de andamiaje.

Establecer un nivel adecuado de dificultad para desarrollar la metacognición y autorregulación del alumnado y así conseguir desafiarle sin sobrecargar su memoria de trabajo. Solo desafiando al alumnado se conseguirá que mejoren en su conocimiento de tareas, estrategias y en su autoconocimiento como estudiantes.

Promover y desarrollar el debate metacognitivo en el aula aprendiendo a dialogar en dicho espacio de manera estratégica, en un diálogo entre alumnos y entre docente y alumno siempre con un propósito y con el docente como guía de la conversación, para que se base en el conocimiento previo sobre la materia.

Enseñar explícitamente al alumnado a organizar y gestionar su aprendizaje de forma eficaz y autónoma. La práctica se debe diseñar cuidadosamente, y el apoyo del profesor, ir retirándose gradualmente a medida que el alumnado va adquiriendo competencias, pero manteniendo las valoraciones puntuales para que el alumnado sepa si su aprendizaje está siendo eficaz o no y fomentando la motivación del alumnado.

Los centros educativos deben apoyar al profesorado para que desarrolle los conocimientos de las metodologías y las apliqué de forma adecuada mediante recursos y un desarrollo profesional de calidad, con tiempo y apoyo al profesorado por parte de los equipos directivos para que la metacognición se acabe incorporando eficazmente a su práctica docente.

EduCaixa colabora con la Education Endowment Foundation (EEF) y su red internacional de socios, de la que forma parte. Entre las acciones de esta colaboración se incluye la difusión de una serie de guías para docentes elaboradas por especialistas de la EEF. Esta guía para docentes está basada en la guía original Metacognition and Self-regulated Learning producida por la EEF. El contenido original ha sido modificado para adaptarse al contexto español cuando ha sido necesario.

 

https://www.magisnet.com/2023/10/metacognicion-y-aprendizaje-autorregulado-mas-alla-del-aprender-a-aprender/

4 aspectos fascinantes de la vida de Pitágoras

 

Más allá de las matemáticas.

Rafael Abuchaibe

Role 

BBC News Mundo

Uno de los primeros testimonios que existen sobre Pitágoras, escrito en el siglo III a.C., no habla de matemáticas, sino de habas.

Según Hermipo de Esmirna, un antiguo biógrafo griego, Pitágoras (570 a. C. - 490 a. C.) estaba siendo perseguido por un grupo de soldados cuando se encontró ante un cultivo de habas.

Pero en vez de pasar por encima de las plantas y dañar las habas, Pitágoras prefirió entregarse y terminó siendo asesinado por los soldados.

Puede que sea difícil creer que el mismo Pitágoras que conocimos en la secundaria -el de los números irracionales y el del famoso teorema a2+b2=c2-, hubiera preferido salvar un cultivo de habas que su propia vida, pero las anécdotas de la antigüedad revelan que este matemático pudo ser uno de los personajes más peculiares de su época.

El profesor de la Universidad de Zürich, Christoph Riedweg, autor del libro “Pitágoras: su vida, sus enseñanzas y su influencia”, le dice a BBC Mundo que quizás la mejor manera para definir a este precursor del pensamiento occidental es como un “carismático polímata”, dada la diversidad de materias que abarcó.

Aunque sea difícil saber con certeza quién era Pitágoras, los pocos textos sobre él que sobreviven más de dos milenios después de su existencia -algunos escritos por contemporáneos suyos, otros escritos casi 150 años después de su muerte- dan testimonio de uno de los personajes más interesantes de la antigüedad.

1. El primer ‘filósofo’

Aunque en la actualidad el nombre de Pitágoras está relacionado con las matemáticas, hoy sabemos que, en su época, era reconocido como un estudioso de varias disciplinas.

Uno de los primeros testimonios históricos que hace referencia al polímata griego lo escribió Heráclito, un contemporáneo suyo del siglo VI a.C.: “Pitágoras, hijo de Mnesarco, practicó la investigación más que cualquier otro hombre, y haciendo una selección de estos escritos, fabricó sabiduría para sí mismo. Mucho aprendizaje, engaños elaborados”.

Este tipo de referencias a Pitágoras, en las que se le reconocen sus extensos conocimientos a la vez que se le tilda de “charlatán”, dan pistas a los historiadores que investigan al matemático, afirma Christoph Riedweg.

Por un lado, confirman que el genio griego era ya reconocido en su propia era, y lo que es más importante, parecen confirmar su existencia: “Estos primeros testimonios nos muestran cómo reaccionaban sus contemporáneos a sus enseñanzas e influencia”, dice Riedweg.

Al mismo tiempo, nos muestran que Pitágoras había recopilado información de muchas fuentes y había creado su propio pensamiento: extractos que se le adjudican al pensador griego Heráclides de Ponto aseguran que Pitágoras fue el primero en acuñar el término 'filósofo' para “resaltar su amor por el conocimiento”.

Riedweg explica que, en la era presocrática de Pitágoras, Filos era un término que se usaba para exaltar la labor de un trabajador en su área específica (un filoplemos, dice, era un guerrero extremadamente hábil).

El profesor ve posible que Pitágoras hubiera acuñado el término “filósofo” para “diferenciarse a sí mismo y a sus seguidores de otros pensadores contemporáneos.

2. Un místico y adivinador

Una de las críticas persistentes a Pitágoras de sus contemporáneos tenía que ver con su fama de “místico”.

“Uno de los fragmentos más antiguos que tenemos es de Jenofonte,” explica Riedweg, “quien cuenta en tono de burla una historia según la cual Pitágoras se cruzó con unas personas que golpeaban a un perro y les pidió que pararan, porque había reconocido en el animal la voz del alma de uno de sus amigos”.

Riedweg explica que estos episodios ayudan a fortalecer la imagen de Pitágoras como “líder carismático”: “Esta manera de hablar con animales es muy característica de los carismáticos en distintas culturas. Además, los que siguen a estos carismáticos están convencidos de que les ha cambiado el mundo, mientras que, desde afuera, otros lo ven como un ‘timador’”.

La profesora de arte Christiane L. Joost-Gaugier señala en su libro “Midiendo el cielo: Pitágoras y su influencia en el pensamiento y el hambre”, que esta anécdota primitiva nos da luces sobre el pensamiento del personaje histórico.

“Jenofonte le atribuye tres creencias clave a Pitágoras: 1: los seres humanos tienen alma (noción que no era común en la época); 2: el alma es inmortal; y 3: en la muerte pasa de un ser a otro, proceso conocido como transmutación de almas o metempsicosis”.

Esta misma idea la usan historiadores de la antigüedad para justificar la aversión pitagórica por las habas, dice Riedweg: “Una de las cosas que decían algunos historiadores antiguos es que las almas tienen un elemento de aire, y como las habas tienen una tendencia a generar gases, podían hacer que el alma se escapara del cuerpo”.

Pero las referencias a las habilidades sobrenaturales de Pitágoras no paran ahí.

Aristóteles, quien vivió casi 150 años después del místico y pensador, lo consideraba un “matemático con un gran interés en los números”, que podía “predecir cuándo un oso blanco aparecería y fallecería y que podía morder y matar a una serpiente venenosa que lo hubiera mordido”.

Además, aseguraba que un río lo había saludado por su nombre (¡alabado sea Pitágoras!) cuando lo iba a cruzar.

El filósofo Heráclides, por su parte, dice que “Pitágoras era capaz de recordar al menos cuatro vidas anteriores, incluida una en la que había sido un troyano llamado Euforbo que perdió su escudo en batalla con Menelao”.

3. El filósofo viajero

Los historiadores de la época dicen que Pitágoras viajó por el mundo antiguo, aprendiendo de sus culturas.

Muchos historiadores de la antigüedad coinciden en que, al menos parte de los conocimientos de Pitágoras, vinieron de otras culturas de la época.

“Gracias a biografías antiguas que tenemos -como una de Porfirio- sabemos que Pitágoras viajó bastante, en particular a Egipto”, cuenta Riedweg.

“Y es que los griegos tenían una afición particular por aquellas culturas más antiguas que la suya, en particular por Egipto, porque para Grecia, Egipto siempre fue una cultura muy antigua que tenía unos estándares muy altos”, agrega el biógrafo.

Muchos de los textos antiguos en los que se hace referencia a Pitágoras, hablan de sus viajes. Por ejemplo, Antífono, en el siglo IV a.C. -que serviría de fuente a Porfirio- aseguró que Pitágoras había aprendido a hablar egipcio directamente del faraón Amosis II y que había sido el “único extranjero en ser aceptado para estudiar con los sacerdotes en Tebas”.

Los historiadores de la antigüedad, además, aseguraban que ahí había sido donde Pitágoras había aprendido los secretos de la “metempsicosis” o la transmigración de las almas.

También están las referencias a los viajes que Pitágoras habría hecho a Babilonia, donde los historiadores hoy saben se usaba su famoso teorema unos 1.000 años antes de su nacimiento.

“Sabemos que se usaba en Babilonia un buen tiempo atrás”, explica Riedweg, “uno asume que entonces lo que probablemente hizo Pitágoras fue dar una justificación teórica del teorema".

También hay testimonios que dicen que Pitágoras había aprendido aritmética de los fenicios, de los magos en Persia e incluso, hay testimonios que lo relacionan con las enseñanzas de profetas judíos como Moisés.

4. Filosofía natural

Los experimentos de Pitágoras se asemejan mucho a lo que hoy conocemos como el método científico.

Para la época de Pitágoras, algunos pensadores griegos se estaban alejando del concepto de los dioses y estaban empezando a explorar maneras alternativas para explicar lo que ocurría en el mundo.

“[El filósofo griego] Tales [de Mileto] ponía el agua al centro de su mundo. Él veía el agua como absolutamente esencial, como que todo está hecho de agua, y esa era la visión presocrática del mundo: hay una apariencia superficial y, debajo de ella, están las razones reales”, dice Riedweg.

“Para Pitágoras lo más básico, lo esencial, es el número”.

En uno de los pocos extractos que sobrevive de una de las primeras biografías de Pitágoras, su alumno Aristóxeno resalta lo que pudo ser la contribución más importante del genio griego al pensamiento occidental: “[Pitágoras] Rescató y promovió el estudio de los números más que cualquier otro, separándolo de una práctica netamente mercantilista, y relacionándolo todo con los números”.

Riedweg cree que esa revelación pudo llegar con sus estudios musicales, a través de los cuales descubrió la relación entre la división de una cuerda y el sonido que emite: “Yo asumiría que el descubrimiento de las proporciones básicas de la música fue uno de los descubrimientos más importantes que hizo Pitágoras”.

El descubrir la relación de la música con los números podría haberlo impulsado a buscar otras relaciones parecidas, las cuales encontró en todo, desde los astros hasta el comportamiento de las personas.

Por ejemplo, Pitágoras creía que el movimiento de los astros y sus distancias relativas concordaban con los intervalos musicales, y que esto debería producir un sonido armónico -imposible de percibir por los humanos por ser constante- conocido como “la música de las esferas”.

“Estos filósofos presocráticos realmente eran filósofos naturales”, dice Riedweg. “Era una filosofía que podías comparar con la física y la cosmología, porque estaban buscando explicar todo en el mundo, desde por qué una planta crece hasta por qué el Nilo se inundaba”, dice el profesor.

“Estos eran los filósofos que estaban tratando de descifrar las reglas que definen el mundo”.

https://www.bbc.com/mundo/articles/cxrv4l1yxrxo




Respuestas Maestros de la Sospecha

 
















Wittgenstein: de la ciencia a lo místico

 

El filósofo austriaco abrió las grandes líneas de pensamiento del siglo XX, pero estaba obsesionado con lo que excedía el ámbito de los sentidos 

Josemaría Carabante 


Wittgenstein no era un pensador especialmente formado, pero tenían un ingenio filosófico sin parangón. Por eso, estaba maravillado por la inteligencia y las matemáticas y supo el principal utillaje de quien se lanza en busca de la verdad: la capacidad de interrogarse no solo por lo que nos rodea, sino por lo que está más dentro de nosotros.

Además, su figura posee el atractivo que siempre ejerce sobre nosotros, simples mortales, el genio. De hecho, si se sondea en su biografía, se descubre que esta se halla salpicada de anécdotas y leyendas que bien podrían haber protagonizado otros individuos -de Tales hasta Gödel- que suscitan fascinación y compasión a partes iguales.

Hijo de un gran industrial austriaco, su familia estuvo condenada tanto a la agudeza inteligente y el arte como a la tragedia. Uno tras otro, sus hermanos se suicidaban. Se sabe que él también flirteó con la idea, pero no consumó sus planes, a pesar de que vivió siempre en permanentes dudas sobre la verdad, la identidad sexual y lo sobrenatural. Si se desea saber lo que es una vida atormentada, es muy recomendable pasear por las páginas de sus diarios secretos.

A él lo que más le impactó fue la lectura de Tolstoi, que le abrió su mente demasiado científica. Quizá su equilibro mental se viera perturbado por la incomprensión de quienes le rodeaban. Así se ha recordado que, tras presentar el Tractatus -su principal obra- como tesis doctoral, a sugerencia de G. E. Moore, contestó al tribunal que probablemente nunca entenderían su contenido. Ese libro, agudo como una buena solución matemática, contiene su propia crítica, pues Wittgenstein creía que no había alcanzado su objetivo de explicar, desde la ciencia, el todo.

La figura de Wittgenstein posee el atractivo que siempre ejerce sobre nosotros, simples mortales, el genio

Nunca se podrá valorar suficientemente la figura de quien ha determinado, como muy pocos, la filosofía del siglo XX. Y aún la de hoy. El logro de este pensador de origen vienés es haber sido tan relevante con tan pocos libros en su haber. En el primero, condena a las palabras y a nuestro más íntimo sentido al sostener que no se puede hablar de aquello que excede el mundo de los hechos. No en vano, el texto concluye con esa magnífica perogrullada según la cual de lo que no se puede hablar, es mejor callarse.

Con esas frases a veces enigmáticas y siempre concluyentes, numeradas sucesivamente, el Tractatus, escrito cuando Wittgenstein apenas frisaba los treinta, fue el objeto de culto de eminentes catedráticos y científicos, de Russell a Carnap.

Su personalidad tan acusada le impidió acudir a las reuniones que los jueves mantenía el Círculo de Viena y, a pesar de la insistencia de Schlick, tardó más de dos años en concertar una cita con él. Lo curioso es que, con todo, la corriente neopositivista se inspiró en Wittgenstein para arremeter contra todo lo que rebasara el chato universo de los sentidos.

Eso era, claro está, renegar de la filosofía. O más bien reducirla a esclava de la ciencia, después de haber estado históricamente supeditada a la teología. Wittgenstein era demasiado perspicaz, sin embargo, para darse cuenta de que las regiones que no alcanza nuestra mirada son, efectivamente, poco proclives a la certeza, pero de ellas depende el valor de nuestra existencia.

Más tarde, abandonó Cambridge y se dedicó a dar clase de matemáticas en pueblos recónditos, a niños que no estaban ni podía estar a la altura de su mente. A menudo tenía ataques de ira; un día, tras zarandear a un alumno que no entendía sus fórmulas, abandonó el aula y se marchó. 

Wittgenstein era perspicaz para darse cuenta de que las regiones que no alcanza nuestra mirada son poco proclives a la certeza, pero de ellas depende el valor de nuestra existencia

Por entonces, ya le daba vueltas a otra idea: quizá el lenguaje no fuera un reflejo exacto de lo que ocurre. Quizá su función no estuviera en describir. Quizá el significado de los términos y enunciados procediera de su uso. Había descubierto la dimensión pragmática del lenguaje.

Después vino esa sugerencia según la cual debemos ahondar en cómo se emplea una palabra para saber lo que quiere comunicarnos. Y lo de los juegos del lenguaje, un descubrimiento del que ha bebido durante largos lustros la filosofía analítica.

Nadie puede negar la trascendencia de las ideas del filósofo austriaco y sería simplista criticarlas sin más. Su argumentación tiene fallas y, como siempre ocurre con los filósofos creativos, se obsesionó demasiado con sus propias convicciones. Sin esa terquedad, habrían existido pocos eventos luminosos en la historia.

Ahora bien, para un individuo de a pie, como somos nosotros, creo que la principal aportación de Wittgenstein es la que cabe concluirse de su actitud ante el misterio de la vida. Porque lo más importante y aleccionador de sus años de vida no fue su inteligencia visionaria -se cuenta que Keynes comentó, al toparse con él, que había conocido a Dios-. Lo que se deduce de sus textos es que la ciencia no es suficiente para responder a las preguntas más inquietantes. Todo lo contrario: el significado de todo está oculto, escondido tras esa cortina que el propio Wittgenstein llamó lo místico. 

https://www.elconfidencialdigital.com/articulo/ideas-cooltura/wittgenstein-ciencia-mistico/20231006154824648384.html