viernes, abril 07, 2023

El árbol donde dejo los problemas

El carpintero que había contratado para que me ayudara a reparar una vieja granja acababa de finalizar su primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se había dañado, haciéndole perder una hora de trabajo, y su viejo camión se negaba a arrancar.

Mientras  lo llevaba  a  su casa,  permaneció  en silencio.  Cuando llegamos,  me  invitó  a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol y tocó las puntas de las ramas con ambas manos.

Cuando se abrió la puerta,  ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso entusiasta a su esposa.

De regreso me acompañó hasta el carro. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo que lo había visto hacer un rato antes.

"Este es mi árbol de problemas -contestó-.

Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa, y en la  mañana  los  recojo  otra  vez. 

Lo  divertido  -dijo  sonriendo-  es  que  cuando  salgo a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior".

Tomado de: La culpa es de la vaca.

Responder:

1. ¿Qué hace con sus problemas? 

2. ¿Carga sus problemas a dónde va?                                                                                         

3. ¿Cómo enfrenta usted sus problemas?                                                                                             

La suprema indiferencia

En un amplio patio de la casa más elevada del poblado, descansaba un hombre anciano cuyo rostro se decía que inspiraba una extraña mezcla entre misericordia y firmeza. Era conocido por el nombre de Kalil, y de todos era sabido que de sus palabras parecían brotar un manantial de sabiduría. Un día de sol, en el que el anciano se hallaba meditando bajo la sombra de una vieja higuera, se presentó, ante el umbral de su jardín, un joven que dijo:

- “Amigo sabio ¿Puedo pasar?”

- “La puerta está abierta”, respondió Kalil.

El joven, cruzando el umbral y acercándose al anciano, le dijo:

- “Me llamo Maguín y soy artista. Mi trabajo es sincero y pleno de sentimiento, sin embargo tengo un gran problema: Me atormentan las críticas que se hacen de mi vida, mi obra y mi persona. Vivo obsesionado por las descalificaciones de los críticos de arte, y por más que trato de que no me afecten, me acaban esclavizando. .. Se que eres un hombre sabio y que tu fama de sanador alcanza los horizontes más remotos.

Dicen también que tus remedios son extraños, y sin embargo no me falta confianza para acudir a ti, a fin de conseguir la paz que tanto necesito en la defensa de mi imagen”. Kalil, miró al joven con cierta displicencia y le dijo:

- “Si quieres realmente curarte, ve al cementerio de la ciudad y procede a injuriar, insultar y calumniar a los muertos allí enterrados. Cuando lo hayas realizado, vuelve y relátame lo que allí te haya sucedido”. Ante esta respuesta, Maguín se sintió claramente esperanzado en la medicina del anciano. Y aunque se hallaba un tanto desconcertado por no entender el porqué de tal remedio, se despidió y salió raudo de aquella casa. Al día siguiente, se presentó de nuevo ante Kalil.

- “Y bien ¿Fuiste al cementerio?”, le pregunto éste.

- “Si”. Contestó Maguín, en un tono algo decepcionado.

- “Y Bien ¿Que te contestaron los muertos?”

- “Pues en realidad no me contestaron nada, estuve tres horas profiriendo toda clase de críticas e insultos, y en realidad, ni se inmutaron”.  El anciano sin variar el tono de su voz le dijo a continuación:

- “Escúchame atentamente. Vas a volver nuevamente al cementerio, pero en esta ocasión vas a dirigirte a los muertos profiriendo todos los elogios, adulaciones y halagos que seas capaz de sentir e imaginar”.  La firmeza del sabio eliminó las dudas de la mente del joven artista por lo que despidiéndose, se retiró de inmediato. Al día siguiente Maguín volvió a presentarse en la casa de anciano…

- “¿Y bien?”

- “Nada”, contestó Maguín en un tono muy abatido y desesperanzado. “Durante tres horas ininterrumpidas, he articulado los elogios y elegías más hermosos acerca de sus vidas, y destacado cualidades generosas y benéficas que difícilmente pudieron oír en sus días sobre al tierra, y… ¿Qué ha pasado? Nada, no pasó nada. No se inmutaron, ni respondieron. Todo continuó igual a pesar de mi entrega y esfuerzo”. Así que…

¿Eso es todo?”, preguntó el joven con cierto escepticismo.

- “Si”. Contestó el viejo Kalil. “Eso es todo…porque así debes ser tú, Magín; indiferente como un muerto a los insultos y halagos del mundo, porque el que hoy te halaga mañana te puede insultar, y quien hoy te insulta mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en Ti mismo, más allá de los claros y los oscuros del mundo”.

Cuento popular árabe

 

El origen del mal

 

                                                                                                         León Tolstoi

En medio de un bosque vivía un ermitaño, sin temer a las fieras que allí moraban. Es más, por concesión divina o por tratarlas continuamente, el santo varón entendía el lenguaje de las fieras y hasta podía conversar con ellas. En una ocasión en que el ermitaño descansaba debajo de un árbol, se cobijaron allí, para pasar la noche, un cuervo, un palomo, un ciervo y una serpiente. A falta de otra cosa para hacer y con el fin de pasar el rato, empezaron a discutir sobre el origen del mal.

-El mal procede del hambre -declaró el cuervo, que fue el primero en abordar el tema-. Cuando uno come hasta hartarse, se posa en una rama, grazna todo lo que le viene en gana y las cosas se le antojan de color de rosa. Pero, amigos, si durante días no se prueba bocado, cambia la situación y ya no parece tan divertida ni tan hermosa la naturaleza. ¡Qué desasosiego! ¡Qué intranquilidad siente uno! Es imposible tener un momento de descanso. Y si vislumbro un buen pedazo de carne, me abalanzo sobre él, ciegamente. Ni palos ni piedras, ni lobos enfurecidos serían capaces de hacerme soltar la presa. ¡Cuántos perecemos como víctimas del hambre! No cabe duda de que el hambre es el origen del mal.

El palomo se creyó obligado a intervenir, apenas el cuervo hubo cerrado el pico: opino que el mal no proviene del hambre, sino del amor. Si viviéramos solos, sin hembras, sobrellevaríamos las penas. Más ¡ay!, vivimos en pareja y amamos tanto a nuestra compañera que no hallamos un minuto de sosiego, siempre pensando en ella "¿Habrá comido?", nos preguntamos. "¿Tendrá bastante abrigo?" Y cuando se aleja un poco de nuestro lado, nos sentimos como perdidos y nos tortura la idea de que un gavilán la haya despedazado o de que el hombre la haya hecho prisionera. Empezamos a buscarla por doquier, con loco afán; y, a veces, corremos hacia la muerte, pereciendo entre las garras de las aves de rapiña o en las mallas de una red. Y si la compañera desaparece, uno no come ni bebe; no hace más que buscarla y llorar. ¡Cuántos mueren así entre nosotros! Ya ven que todo el mal proviene del amor, y no del hambre.

-No; el mal no viene ni del hambre ni del amor -arguyó la serpiente-. El mal viene de la ira. Si viviésemos tranquilos, si no buscásemos pendencia, entonces todo iría bien. Pero, cuando algo se arregla de modo distinto a como quisiéramos, nos arrebatamos y todo nos ofusca. Sólo pensamos en una cosa: descargar nuestra ira en el primero que encontramos. Entonces, como locos, lanzamos silbidos y nos retorcemos, tratando de morder a alguien. En tales momentos, no se tiene piedad de nadie; mordería uno a su propio padre o a su propia madre; podríamos comernos a nosotros mismos; y el furor acaba por perdernos. Sin duda alguna, todo el mal viene de la ira.

El ciervo no fue de este parecer. No; no es de la ira ni del amor ni del hambre de donde procede el mal, sino del miedo. Si fuera posible no sentir miedo, todo marcharía bien. Nuestras patas son ligeras para la carrera y nuestro cuerpo vigoroso. Podemos defendernos de un animal pequeño, con nuestros cuernos, y la huida nos preserva de los grandes. Pero es imposible no sentir miedo. Apenas cruje una rama en el bosque o se mueve una hoja, temblamos de terror, el corazón palpita, como si fuera a salirse del pecho, y echamos a correr. Otras veces, una liebre que pasa, un pájaro que agita las alas o una ramita que cae, nos hace creer que nos persigue una fiera; y salimos disparados, tal vez hacia el lugar del peligro. A veces, para esquivar a un perro, vamos a dar con el cazador; otras, enloquecidos de pánico, corremos sin rumbo y caemos por un precipicio, donde nos espera la muerte. Dormimos preparados para echar a correr; siempre estamos alerta, siempre llenos de terror. No hay modo de disfrutar de un poco de tranquilidad. De ahí deduzco que el origen del mal está en el miedo.

Finalmente intervino el ermitaño y dijo lo siguiente: No es el hambre, el amor, la ira ni el miedo, la fuente de nuestros males, sino nuestra propia naturaleza. Ella es la que engendra el hambre, el amor, la ira y el miedo. 

Responder lo siguiente 

1. ¿El mal proviene de nuestro interior?

2. Actitudes negativas como la envidia, el odio y la ira ¿cree que promueven males mayores?  

3. ¿Qué piensa sobre la naturaleza humana?  

El enojo transmitido

 Un importante empresario vivía siempre enojado, por cualquier circunstancia. Un día regañaba a uno, otro día a cualquier otro de sus subalternos y empleados.

Un día regañó al administrador de uno de sus muchos negocios.

El administrador llegó más tarde a su casa y gritó a su esposa, acusándola de que estaba gastando demasiado porque había un abundante almuerzo en la mesa.

Luego, la señora gritó a su empleada, la cual rompió un plato y le dio un puntapié al perro porque la hizo tropezar.

El animal salió corriendo y en el jardín mordió a una señora que pasaba por allí. 

Cuando ella fue a la farmacia para hacerse una curación, le gritó al  farmacéutico porque le dolió la aplicación de la vacuna. 

Este hombre llegó a su casa en la noche y le gritó a su madre porque la comida no era de su agrado.

La señora, manantial  de amor  y perdón,  le  acarició la  cabeza  mientras  le  decía:  "Hijo querido,  te prometo que mañana haré tu comida favorita. Trabajas mucho, estás cansado y hoy precisas una buena noche de sueño. Voy a cambiar las sábanas de tu cama por otras bien limpias y perfumadas para que puedas descansar en paz.  

Mañana te sentirás mejor". Lo bendijo y abandonó la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos. 

En ese momento se rompió la cadena, pues la rabia, el odio y el rencor, al no encontrar eco a sus pretensiones negativas, se marcharon para siempre; llegando  la dulzura, el perdón y el amor. 

Tomado de: La culpa es de la vaca. 

Responder:

1. ¿Por qué no es conveniente que nos dejemos llevar por la ira sin medir las consecuencias de ello?

2. ¿Cuál es la importancia de no transmitir emociones y sentimientos negativos?

El árbol de manzanas

 Este era un enorme árbol de manzanas al cual un niño amaba mucho.

 Todos los días jugaba a su alrededor, trepaba hasta el tope, comía sus frutos y tomaba la siesta bajo su sombra. El árbol también lo quería mucho.

Pasó el tiempo, el niño creció y no volvió a jugar alrededor del árbol.  Un día regresó y escuchó que este le decía con cierta tristeza:

-¿Vienes a jugar conmigo?

Pero el muchacho contestó:

-Ya no soy el niño de antes que juega alrededor de los árboles. Ahora quiero tener juguetes, y necesito dinero para comprarlos.

-Lo siento---dijo el árbol-. No tengo dinero, pero te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas; así podrás comprar tus juguetes.

El muchacho tomó las manzanas obtuvo el dinero y se sintió feliz.  También el árbol fue feliz, pero el muchacho no volvió. Tiempo después, cuando regresó, el árbol le preguntó:

-¿Vienes a jugar conmigo?

-No tengo tiempo para jugar; debo trabajar  para mi  familia y necesito una casa para mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?

-Lo siento -repuso el árbol-. No tengo una casa, pero puedes cortar mis ramas y construir tu casa.

El hombre cortó todas las ramas del árbol, que se sintió feliz, y no volvió. Cierto día de un cálido verano, regresó. El árbol estaba encantado.

-¿Vienes a jugar conmigo? -le preguntó.

-Me  siento  triste,  estoy  volviéndome  viejo.  Quiero  un  bote  para  navegar  y descansar, ¿puedes dármelo?

El árbol contestó:

-Usa mi tronco para construir uno; así podrás navegar y serás feliz.

El  hombre  cortó el  tronco,  construyó su bote y se fue a navegar  por un largo tiempo.

Regresó después de muchos años y el árbol le dijo:

-Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas.

El hombre replicó:

-No tengo dientes para morder ni fuerzas para escalar, ya estoy viejo.

Entonces el árbol, llorando, le dijo:

-Realmente no puedo darte nada. Lo único que me queda son mis raíces muertas.

Y el hombre contestó:

-No necesito mucho ahora,  sólo un lugar para reposar. Estoy cansado después de tantos años...

-Bueno -dijo el árbol-,  las viejas raíces de un árbol son el  mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa.

El hombre se sentó junto al árbol y este, alegre y risueño, dejó caer algunas lágrimas.

 

Esta es la historia de cada uno de nosotros,  el  árbol son nuestros padres.  De niños,  los amamos y jugamos con ellos.  Cuando crecemos los dejamos solos;  regresamos a ellos cuando los necesitamos, o cuando estamos en problemas. No importa lo que sea, siempre están allí  para darnos todo lo que puedan y hacernos felices.  Usted puede pensar que el muchacho es cruel con el árbol, pero ¿no es así como tratamos a veces a nuestros padres? 

Tomado de La Culpa es de la vaca. 


Responder lo Siguiente:

1. ¿Trata bien a su familia?

2. ¿Cumple usted el 4° Mandamiento?

     Honrarás a tu padre y a tu madre.       

3. ¿Tiene en cuenta que la familia es muy valiosa? 

4. ¿Ama usted? A sus familiares, amigos cercanos, así mismo.

5. ¿Agradece usted por la oportunidad de vivir, por sus familiares más cercanos y todo lo que le brinda la vida?

Doce pasos para simplificar tu vida


                                         Wayne Dye

"El código de sanación emocional" C.S.E.

 

Si no estás preparado para el Espíritu, lo más probable es que no sientas el resplandor de la inspiración. Dios estará a tu lado, te enviará la orientación, y las personas, que necesitas; pero si estás completamente ocupado, te perderás de estos regalos que pueden transformar tu vida.

 

1. Ordena tu vida

Sentirás una gran oleada de inspiración cuando te deshagas de cosas que ya no son útiles en tu vida:

 

• Regala las cosas que llevas uno o dos años sin utilizar.

• Regala esos archivadores viejos que ocupan espacio y que casi nunca utilizas.

• Dona juguetes, herramientas, libros, bicicletas y platos que no utilices a instituciones de caridad.

 

Elimina todo aquello que te despierte el deseo de adquirir objetos que contribuyan a una vida desordenada. Recuerda lo que dijo Sócrates: "Está más cerca de Dios quien necesita menos". Así que mientras menos posesiones necesites asegurar, cuidar, desempolvar, organizar y mover, más próximo estarás a escuchar el llamado de la inspiración.

 

2. Elimina de tu agenda las actividades y obligaciones innecesarias e indeseables

 

Si no estás preparado para el Espíritu, lo más probable es que no sientas el resplandor de la inspiración. Dios estará a tu lado, te enviará la orientación, y las personas, que necesitas; pero si estás completamente ocupado, te perderás de estos regalos que pueden transformar tu vida. Así que dile no a las exigencias excesivas, y no te sientas culpable de inyectar una dosis de tiempo libre a tu rutina diaria.

 

3. Asegúrate de que tu tiempo libre sea libre

 

Ten cuidado con esas invitaciones que pueden mantenerte en la cúspide de la pirámide social, pero que te impiden el acceso a una inspiración gozosa. Si los cócteles, las reuniones sociales, los eventos para recaudar fondos, e incluso charlar y beber con los amigos no es la forma en que realmente quieres pasar tu tiempo libre, no lo hagas. Rechaza las invitaciones que no activen sensaciones de inspiración.

 

Creo que pasar una tarde leyendo o escribiendo cartas, viendo una película con un ser querido, cenar con mis hijos o hacer ejercicio, es más inspirador que asistir a un evento en el que suelen abundar las conversaciones inútiles. He aprendido a rechazar esos eventos sin tener que disculparme, y eso me ha permitido tener más momentos de inspiración. 

 

4. Saca tiempo para la meditación y el yoga

 

Saca por lo menos 20 minutos diarios, siéntate en silencio y establece un contacto consciente con Dios. Escribí un libro sobre este tema, “Cayendo al abismo”, así que no me extenderé más. Sin embargo, diré que he recibido miles de mensajes de personas de todo el mundo en los que me expresaron su agradecimiento por haber aprendido a simplificar su vida cuando comenzaron a meditar. Te invito a que busques un centro de yoga cerca de tu casa y comiences a practicar con regularidad. Las recompensas son maravillosas: te sentirás menos estresado y más saludable e inspirado por todo lo que podrás hacer con y por tu cuerpo en muy poco tiempo.

 

5. Regresa a la sencillez de la naturaleza

 

No hay nada que sea más inspirador que la naturaleza. La fantasía de regresar a una vida menos tumultuosa casi siempre implica vivir en el esplendor de las montañas, los bosques o de un valle, en una isla, cerca al mar, o al lado de un lago. Estos deseos son universales, pues la naturaleza ha sido creada por la misma Fuente que nos creó a nosotros. Estamos constituidos por las mismas sustancias químicas de la naturaleza (somos polvo estelar, ¿recuerdas?).

 

Tu deseo de simplificar y de sentirte inspirado es impulsado por el deseo de ser tu "yo" natural, es decir, la naturaleza de tu yo. Así que camina o acampa en el bosque; nada en un río, lago o en el mar; siéntate frente a una fogata, monta a caballo, o esquía en la nieve. Esto no significa que tengas que darte unas vacaciones largas ni planearlas con meses de anterioridad: no importa dónde vivas, a pocas horas siempre habrá un parque, campamento o sendero que te permitirá disfrutar de la sensación de estar conectado con todo el Universo.

 

6. Marca distancia entre tú y tus críticos

 

Decide alinearte con personas que también quieran encontrar una inspiración simplificada. Dales una bendición silenciosa a quienes andan buscando defectos o son amigos de las confrontaciones, y apártate de su energía tan rápido como sea posible. Simplificarás tu vida enormemente si no tienes que justificarte ante nadie, y si recibes apoyo en vez de críticas.

 

No tienes por qué soportar las críticas; simplemente agradece con amabilidad y promete pensar en lo que te digan, pues representa un conflicto que no te permitirá sentirte inspirado. No necesitas justificar tus deseos ni tu personalidad, pues esas sensaciones internas son el Espíritu que te habla: son pensamientos sagrados, así que no permi­tas que nadie los destruya.

 

7. Saca un tiempo para tu salud

 

Recuerda que el mayor problema de salud en nuestra sociedad parece ser la obesidad.

¿Cómo puedes sentirte inspirado y vivir con sencillez si consumes cantidades excesivas de alimentos y no haces el ejercicio que tu cuerpo te pide? Recuerda que tu cuerpo es el templo sagrado donde vives durante esta vida, así que saca un poco de tiempo cada día y haz ejercicio. Si sólo puedes darle una vuelta a la manzana, simplemente hazlo. De igual manera, incorpora a tu consciencia las pala­bras control de porciones: ¡tú estómago tiene el tamaño de un puño, no de una pala! Respeta tu templo sagrado y simplifica tu vida haciendo ejercicio y comiendo con moderación; ¡te prometo que te sentirás inspirado si comienzas a hacerlo ya!

 

8. ¡Juega, juega, juega!

 

Simplificarás tu vida y te sentirás inspirado si aprendes a jugar en vez de trabajar toda tu vida. Me encanta estar rodeado de niños porque me inspiran con sus risas y su frivolidad. De hecho, muchos adultos me han dicho: "Wayne, no has madurado: siempre estás jugando". ¡Esto es algo que me enorgullece profundamente! Juego cuando hablo en el escenario, y juego mientras escribo ahora.

 

Quiero aprovechar para darle las gracias a Howard Papush, quien escribió un maravilloso libro titulado “Tiempo de receso: sorteando tu vida en medio de las tensiones”, el cual te recomiendo (Howard también ofrece seminarios en los que enseña a jugar y a divertirse). En su libro, Howard comparte esta hermosa frase de Richard Bach: "Tu vida está orientada por un aprendiz interior, por ese ser espiritual y juguetón que es tu verdadero yo". Estoy totalmente de acuerdo: ¡por favor, entra de nuevo en contacto con tu yo real y juguetón, y aprovecha la menor oportunidad para jugar! Verás que todo será más dulce y más simple.

 

9. Disminuye el ritmo

 

Una de las observaciones más iluminadoras de Gandhi nos recuerda que, "La vida es algo más que aumentar el ritmo". Este es un gran consejo para simplificar tu vida; de hecho, disminuye el ritmo de todas tus actividades durante un momento, aquí y ahora. Lee estas palabras lentamente. Desacelera tu respiración para que seas consciente de cada inhalación y exhalación...

 

Cuando vayas en tu auto, disminuye la velocidad y relájate. Desacelera tu forma de hablar, tus pensamientos y el ritmo frenético de todo lo que haces. Dedica más tiempo a escuchar a los demás; sé consciente de tu inclinación a interrumpir y a dar por terminadas las conversaciones, y opta más bien por escuchar. Detente y aprecia las estrellas en una noche despejada, o las formas de las nubes en un día gris. Siéntate en un centro comercial y observa cómo todas las personas parecen ir deprisa y sin rumbo alguno.

 

Si disminuyes el ritmo, simplificarás tu vida y te re­unirás con el ritmo perfecto con el que funciona la creación. Imagina que tratas de forzar a la naturaleza halando una planta de tomate que acaba de brotar: eres tan natural como esa planta, así que permítete estar en paz con la perfección del plan de la naturaleza.

10. Haz todo lo posible para evitar las deudas

 

Recuerda que estás intentando simplificar tu vida, así que no necesitas comprar objetos que la complicarán y la trastornarán. Si no puedes adquirirlos, olvídate de ellos hasta que puedas hacerlo; al contraer deudas, sólo agregas más capas de ansiedad a tu vida. Esa ansiedad te alejará de la paz, que es el lugar donde te encuentras cuando estás en Espíritu. Si tienes que trabajar más para pagar deudas, disfrutarás menos de tu vida actual; en consecuencia, estarás más lejos de la paz y la alegría, que son los símbolos de la inspiración. Te sentirás mucho mejor y disfrutarás tu vida si tienes menos en vez de contraer deudas que no te darán paz y tranquilidad, sino estrés y ansiedad. Y recuerda: el dinero que posees sólo es energía, así que niégate a conectarte con un sistema energético que no es real.

 

11. Olvídate del valor efectivo

 

Procuro no pensar frecuentemente en el dinero, pues he observado que las personas que lo hacen no piensan en casi nada más. Entonces, haz lo que tu corazón te diga que es lo que te hace feliz, en vez de pensar si será rentable o no. No te niegues a los placeres de la vida por razones monetarias; no determines tus compras por el hecho de obtener un descuento, y no te prives de sentir alegría porque no te hicieron una rebaja. Puedes llevar una vida feliz y satisfactoria, y si en este momento estás pensando que yo tengo el descaro de decirte esto porque tienes una situación financiera precaria, es porque tú mismo has levantado tu propia barrera de resistencia.

 

Deja de ponerle una etiqueta con precio a todo lo que tienes y haces: a fin de cuentas, en el mundo del Espíritu no hay etiquetas con precios. No hagas del dinero el centro de todo lo que tengas o hagas; más bien, descubre el valor inherente a todas las cosas: así simplificarás tu vida y regresarás al Espíritu. Un dólar no determina el valor, aunque vivas en un mundo que intenta convencerte de lo contrario.

 

12. Acuérdate de tu Espíritu

 

Si la vida te parece muy compleja, rápida, desordenada, frenética, o difícil, acuérdate de tu propio Espíritu. Estás enca­minado a la inspiración, un lugar sencillo y pacífico en donde estás en armonía con la sincronización perfecta de toda la creación. Viaja mentalmente allí y detente con frecuencia para recordar lo que realmente quieres.

 

 

Brindar la vida

 Hace bastante años, cuando trabajaba como paramédico voluntario en un lejano hospital de Detroit (en Michigan, Estados Unidos), conocí a una jovencita llamada Elizabeth,  la cual sufría de una rarísima enfermedad. 

Su única posibilidad de recuperarse era una transfusión de sangre de su hermano menor, un niño de 5 años, quien milagrosa e increíblemente había logrado sobrevivir a la misma enfermedad y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla. 

El doctor explicó con detalle la situación al pequeño hermano de la joven, y le preguntó si estaría dispuesto a darle su sangre. Lo vi dudar por un breve momento antes de tomar un gran suspiro y decir: "Sí, lo haré si eso salva a Eliza". 

Mientras  la  transfusión se  hacía,  él  estaba acostado  en una  cama  al  lado  de la  de su hermana, muy sonriente, mientras nosotros los asistíamos y velamos regresar el color a las mejillas de la jovencita. 

De pronto el pequeño se puso pálido y su sonrisa desapareció. Miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa: "¿A qué hora empezaré a morir?" 

No  había  comprendido  al  doctor;  pensaba  que  tendría  que  darle  toda  su  sangre  a  su hermana. Y aun así, había aceptado.

Adaptado de: “La Culpa Es De La Vaca”.

Responder lo Siguiente: 

1. ¿Valora el amor que le brinda su familia?

2.¿Logra amar con sinceridad a su familia?

3. ¿Ha logrado una vida con fe, amor y paz?

4. ¿Valora la amistad leal y sincera de sus amigos?

5. ¿Usted se esfuerza y da todo por quienes quiere y ama?

¿Dónde está la felicidad?

 Un poco antes de que la humanidad existiera, se reunieron varios duendes para hacer una travesura. Uno de ellos dijo:

-Debemos quitarles algo a los seres humanos, pero, ¿qué?

Después de mucho pensar, uno dijo:

-¡Ya sé!  Vamos a quitarles  la felicidad.  El  problema es dónde esconderla para  que no puedan encontrarla.

Propuso el primero:

-Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.

-No, recuerda que tienen fuerza; alguno podría subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán dónde está -replicó otro.

Se escuchó una nueva propuesta:

-Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar.

Otro señaló:

-No, no olvides que son curiosos, alguno podría construir un aparato para bajar, y entonces la encontrarán.

-Escondámosla en un planeta bien lejano de la Tierra -propuso otro.

-No -le dijeron. Recuerda que les dieron inteligencia,  y un día alguno va a construir una nave para viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad.

El duende más veterano, que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas, dijo:

-Creo saber dónde ponerla para que nunca la encuentren.

Todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono:

-¿Dónde?

-La esconderemos dentro de ellos mismos;  estarán tan ocupados buscándola afuera  que nunca la encontrarán.

Todos estuvieron de acuerdo,  y desde entonces  ha sido así: el  hombre  se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la lleva consigo.

Tomado de: La Culpa Es De La Vaca

Responder

1. ¿Será qué queremos ser felices sólo en aspectos materiales?

2. ¿Cómo, de qué manera es usted feliz? Es decir: ¿Qué lo hace feliz?

3. ¿La felicidad es querer lo que hacemos? ¿Qué piensa al respecto?

 


Nuestra paz interior

                                    

por Patricia González

La paz interior no solo es posible, sino que es un derecho. Sin embargo, la sociedad perece estar organizada de tal manera que muy pocos privilegiados pueden llegar a alcanzarla. Es cada vez más común encontrarse con casos de ansiedad, stress, angustia, depresión, crisis de pánico y otros estados que siguen aumentando día tras día, alejando a la humanidad en general de su estado de paz interior que le corresponde por derecho divino.

Esta situación nos puede hacer pensar. Es evidente que algo estamos haciendo o dejando de hacer para impedir que la paz interior de las personas comience a visualizarse en alza en las estadísticas locales, nacionales y mundiales. Es necesario pensar, meditar, analizar y cambiar lo que estamos creando. Si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo hará?  

Estamos tan habituados a correr y correr que no tenemos el tiempo para descansar y mirar lo que estamos haciendo. Pensamos que es natural sentirse estresados o angustiados, sentimos que la vida es así. Creemos que si bajamos la guardia, ella nos alcanzará y nos aplastará. Entonces nos levantamos cada día para seguir en las carreras sin hacer el espacio de silencio necesario para resolver y descansar. Muchas son las personas que a avanzada edad se sienten vacías, con el sentimiento de que nunca han hecho nada importante y que lejos de haber disfrutado de su vida, la han dejado rodar según lo que se les dijo que hicieran.   

Nunca es tarde para detenerse, sentarse, cerrar los ojos y descubrir qué es exactamente lo que queremos. En la realidad existen todas las posibilidades, el observante de la vida puede decidir qué elegir para sí mismo. La vida no nos cae a la suerte, la vida que hacemos solo se debe a nuestras decisiones y podemos escoger las mejores condiciones, las que nos den más alegría y más paz interior. 

En vista de que nosotros somos quienes creamos nuestra vida, tenemos la posibilidad de crear aquellas circunstancias que nos permitan tener el espacio para meditar. Podemos organizar nuestra vida de tal manera que cambiemos o acortemos los horarios de trabajo, bajar los niveles de exigencia personales, sociales y laborales, podemos recuperar el tiempo perdido en atender las noticias negativas que abundan en los medios de comunicación, podemos hacer las paces con aquellas personas con las que nos hemos molestado, en fin. Hay muchas cosas que podemos hacer para darnos un espacio íntimo para encontrarse consigo mismo.

Gracias a todos estos quehaceres hemos perdido el contacto con nuestro interior y no podemos escuchar sus solicitudes y por ende no las podemos atender.    

Si iniciamos la creación de espacios de paz individuales, crearemos una nueva conciencia en la sociedad que tendrá que acomodarse a nuestras necesidades y no nosotros a sus necesidades. Hemos estado muy ciegos al creer que tenemos que seguir alimentando un sistema que nos está robando la energía vital solo para que algunos pocos se vean beneficiados. Hemos llegado al extremo de dar ritalina a nuestros hijos para que ellos sigan encajando dentro de este sistema añejo que ya no nos sirve     .

Podemos crear nuevas maneras de trabajar, con nuevos horarios, más flexibles, con condiciones más dignas, más humano. Podemos hacer cambios importantes en los sistemas educacionales que cargan y recargan a nuestros hijos con contenidos absurdos que ya no sirven. ¿Para qué necesita un niño memorizar las tablas de multiplicar y otras materias a estas alturas de la tecnología? Eso es solo un desperdicio de energía y un alejarse de la paz. Podemos delegar o mejorar muchas tareas cotidianas. Hay mucho que podemos hacer, pero estamos tan ocupados con nuestra vida que no tenemos el tiempo de darnos cuenta.     

Osho decía, que solo un hombre con sus necesidades básicas cubiertas tiene el tiempo y el espacio para meditar. Es importante sentir que tenemos la posibilidad de parar y comenzar a trabajar con nuestro interior y conectarnos con lo divino. Dentro de nuestra libertad, podemos pedir que las condiciones económicas sean las necesarias y suficientes para no estar develados por ello y luego ponernos a trabajar en lo que más importa, nuestra paz interior. Entre todos podemos organizar la vida para que esto sea posible.     

Algunas personas creen que al tener el suficiente dinero para vivir bien alcanzaran la paz interior y eso es una falacia. La paz interior se alcanzará cuando seamos capaces de transmutar la inmensa cantidad de energías negativas almacenadas dentro de nosotros a causa de las experiencias no comprendidas y dolorosas. A medida que vamos viviendo, vamos almacenando infinidad de emociones que nos hacen sufrir y quedan estancadas porque no tenemos el hábito de revisarnos y sanarnos de todo aquello. Nuestra paz interior es real, es posible y es alcanzable.   

Responder:  

1. ¿Por qué es necesario tener paz interior?  

2. ¿Cómo crees que se logra la paz interior?

Una pesca ética

 Alrededor de la temporada de pesca, en la ciudad se celebraba un festival cada año. Todos los habitantes de la comarca esperaban con ansiedad el inicio de aquella temporada, porque las familias deseaban exhibir sus destrezas en la pesca. 

A Daniel le gusta recordar su infancia en esa ciudad, pues su familia era propietaria de una cabaña ubicada en una isla en la mitad de un lago. Cada vez que podía, iba al muelle a pescar. 

Un día, antes que cayera la noche y en las vísperas de la temporada de pesca del róbalo (un pez muy apreciado por su tamaño y belleza), Daniel fue con su padre al muelle. Padre e hijo comenzaron atrapando pequeños peces con las típicas lombrices. Pero, en un momento determinado, su padre le cambió la carnada y puso una pequeña mosca plateada antes que Daniel hiciera su lanzamiento. Ya había anochecido cuando Daniel se dio cuenta de que había algo enorme en el otro extremo. Su caña estaba doblada. El padre observaba con admiración cómo su hijo arrastraba con habilidad su presa,

Hasta que por fin levantó del agua al agotado pez. Era el róbalo más grande que había visto. El padre encendió un fósforo y miró su reloj. Eran las diez de la noche, precisamente dos horas antes de que se abriera la temporada de pesca en la comarca. 

—Tendrás que devolverlo al lago, hijo —le dijo súbitamente el padre.

— ¡Papá! —gritó Daniel.

—Habrá otros peces —dijo su padre.

—¡No tan grande como éste, papá! —gritó el chico. 

Entonces, Daniel miró alrededor. No se veía ningún pescador testigo, ni botes bajo la luna. El niño volvió a mirar a su padre. Aunque nadie los había visto, ni nadie podía saber a qué hora se había pescado el pez, el chico advirtió por la firmeza de la voz de su padre que esa decisión ética no era negociable. 

Lentamente sacó el anzuelo de la boca del enorme róbalo, con sumo cuidado, y lo devolvió a las oscuras aguas. El pez movió su poderoso cuerpo y desapareció. El niño sospechaba que nunca volvería a ver un pez tan grande. Este episodio ocurrió hace treinta y cuatro años. 

En la actualidad, Daniel es un exitoso ejecutivo. La cabaña de su padre está siempre en el mismo lugar de la comarca y allí continúa llevando a sus propios hijos a pescar en el mismo muelle donde él lo hacía. Y tenía razón: nunca más volvió a pescar un pez tan magnífico como el de aquella noche. Pero cada vez que se enfrenta con el tema de la ética, ese mismo pez le aparece a sus ojos. Porque como su padre se lo enseñó, la ética es más que un simple asunto entre el bien y el mal.

Tomado de: La Culpa es de la vaca 2
Jaime Lopera Gutiérrez
Marta Inés Bernal Trujillo

 

 Responder con argumentos

1. ¿Actúa acorde a las normas y al sentido común?

2. ¿Cree que la vida brinda una segunda oportunidad?

3. ¿Hace lo correcto sólo cuando alguien lo está mirando?

4. ¿Cree que los sacrificios son importantes para lograr lo que se propone?

5. ¿Por qué es importante la práctica de la ética en nuestras actividades cotidianas?