domingo, abril 10, 2016

El bosón de  Higgs


                            
El primer puesto ha sido para el descubrimiento del bosón de Higgs, que confirma la hipótesis sobre su existencia formulada hace cuarenta años y completa el modelo estándar de la física, aportando una explicación a cómo otras partículas fundamentales obtienen su masa. Este hallazgo se logró mediante el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), cuya construcción costó $10.000 millones y se encuentra bajo tierra en la frontera franco-suiza. Con él, se aceleraron partículas como protones hasta casi la velocidad de la luz.   
- la obtención de óvulos a partir de células madre
- la secuencia genómica del hombre de Denisova a partir de un hueso de 80.000 años de antigüedad

- el descubrimiento del fermión de Majorana (una partícula que es, a la vez, su propia antipartícula)

- los progresos en ingeniería genómica que permiten “editar” el ADN de un ser vivo
- la medición de un ángulo de las esquivas partículas conocidas como neutrinos que ayudará a entender por qué el universo contiene tanta materia y tan poca antimateria

- el sistema de descenso del robot Curiosity que explora actualmente Marte
- el proyecto de la Enciclopedia del ADN llamado ENCODE
- los avances en la interacción cerebro-máquina que han permitido a una persona mover extremidades robóticas con el pensamiento

- el desciframiento de estructuras proteínicas del parásito causante de la enfermedad del sueño mediante láser de rayos X.

Para entender el Bosón de Higgs

1. ¿Por qué es tan importante encontrar el bosón de Higgs?

 Porque podría contener la respuesta a la siguiente cuestión: ¿cómo decide la naturaleza a qué partículas les asigna masa y a cuáles no? Todas las partículas elementales que forman la materia (6 leptones y 6 quarks) tienen masa. Sin embargo otras como el protón, responsable de la fuerza electromagnética, no tienen masa. La presencia o ausencia de masa podría venir dada por el bosón de Higgs, cuya existencia se propuso en los años sesenta. “Confirmar la existencia del bosón de Higgs en el modelo estándar supondría haber comprendido el mecanismo por el cual las partículas adquieren masa, un mecanismo que en su versión más simple predice la existencia de –al menos– un bosón que cuando interacciona con las otras partículas (quarks, leptones y otros bosones), hace que estas adquieran masa”, explica Teresa Rodrigo, investigadora del Instituto de Física de Cantabria que participa en los experimentos del CERN.

2. ¿Qué es el campo de Higgs?

 Para explicar por qué unas partículas tienen masa y otras no, el físico británico Peter Higgs (y simultánea pero independientemente, también Francois Englert, Robert Brout, Gerald Guralnik, Dick Hagen y Tom Kibble) postuló en los años 60 del siglo XX un mecanismo que se conoce como el “campo de Higgs”. Al igual que el fotón es el componente fundamental de la luz, el campo de Higgs requiere la existencia de una partícula que lo componga, que los físicos llaman “bosón de Higgs”. El campo de Higgs sería una especie de continuo que se extiende por todo el espacio, formado por un incontable número de bosones de Higgs. La masa de las partículas estaría causada por una especie de “fricción” con el campo de Higgs, por lo que las partículas más ligeras se moverían por este campo fácilmente mientras que las más pesadas lo harán con mayor dificultad.

3. ¿Quién acuñó el nombre de “partícula de Dios”?

 Fue el Premio Nobel de Fïsica Leon Lederman, en el libro “Si el universo es la respuesta, ¿cuál es la pregunta?”. Sin embargo muchos investigadores prefieren el apodo de "la partícula de la botella de champagne", haciendo alusión a la anécdota según la cual el físico David J. Miller ganó en 1993 una botella de champagne ofrecida por el ministro de ciencia británico William Waldegrave, que la ofreció como “premio” a quien fuese capaz de explicarle que era el bosón de Higgs.

4. ¿Por qué se usa el LHC para buscar el bosón de Higgs?

 La confirmación o refutación de la existencia del bosón de Higgs es uno de los objetivos del Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés), el mayor y más potente acelerador de partículas del mundo que opera la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) en la frontera francosuiza, cerca de Ginebra (Suiza). En el interior del anillo del acelerador del CERN colisionan protones entre sí a una velocidad cercana a la de la luz. Según los cálculos los bosones de Higgs deberían producirse en choques frontales entre protones de energías del orden de 20 TeV. Al fin y al cabo, cuanto mayor sea la energía de las partículas que chocan más masa tendrán las resultantes, según la famosa ecuación de Einstein E=mc2. No obstante, el bosón de Higgs no se puede detectar directamente, ya que una vez que se produce se desintegra casi instantáneamente dando lugar a otras partículas elementales más habituales (fotones, muones, electrones…) que sí son detectadas en el LHC.

5. ¿Por qué se habla de probabilidades en lugar de hablar de descubrimiento del bosón de Higgs? ¿Qué significan los “sigmas” de los que hablan los físicos?

 El bosón de Higgs no puede observarse directamente porque su tiempo de vida es demasiado corto. Al final de su vida, decae y se transforma en otras partículas que son las que los detectores observan. Por ejemplo, en dos fotones. Pero otros muchos procesos también generan dos fotones, de modo que los científicos tienen que comparar el número de “eventos de dos-fotones” y compararlo con lo que se espera para una determinada partícula.
Para reclamar la paternidad de un descubrimiento, los físicos necesitan tener un exceso de colisiones significativas, lo que precisa de otra magnitud: la desviación estándar o el “número de sigmas”, que establece la significancia estadística de ese descubrimiento. Al hacer el anuncio sobre el bosón de Higgs, Fabiola Gianotti ha dicho: "Hemos observado señales claras de una nueva partícula en el nivel de cinco sigma en la región de la masa alrededor de 126 gigaelectronvoltios (GeV)”. El valor cinco sigma es el nivel mínimo aceptado por la comunidad científica para confirmar el descubrimiento de una partícula, e indica que la probabilidad de que lo que estemos viendo sea fruto del azar es más pequeña que unas pocas partes en diez millones (o que la confianza es del 99,99994%).



http://www.muyinteresante.es/ciencia/articulo/los-diez-hitos-cientificos-de-2012-segun-science








El origen que motivó la Guerra de Troya

Cuenta la leyenda que a la boda del héroe griego Peleo con la diosa del mar, Tetis, no fue invitada la quisquillosa diosa Eris. Esta, enojada por el divino desaire, ideó una peculiar venganza cuyo "imprevisto" desenlace dio lugar a nuestra sangrienta historia.

Eris colocó, en el lugar donde se celebró el banquete de bodas, una manzana de oro con una inscripción que decía, "para la mejor y más bella entre las diosas". Las diosas comenzaron inmediatamente a "disputarse" el derecho a quedarse el presente, tres de ellas quedaron finalistas: Hera la hermana y esposa de Zeus, reina de las diosas, protectora de los matrimonios,  Atenea, hija de Zeus, poderosa guerrera, de gran sabiduría y destreza en las bellas artes, y, por último, Afrodita, la diosa de la pasión que, nacida de la enrojecida espuma del mar, era considerada hija de Zeus.

Ante aquellas encolerizadas pero divinas hembras, ninguno de los dioses se atrevió a mediar en la contienda y decidieron delegar, el arbitraje y la elección de la mejor, en un mortal.

Las tres diosas, precedidas por el dios Hermes, que actuaría como mensajero, descendieron del Olimpo para entrevistarse con el hermoso príncipe Paris, hijo del rey Príamo de Troya y de su esposa Ecuba. Paris, en aquellos días, se encontraba cuidando un rebaño de ovejas en el Monte Ida.

Las diosas, haciendo gala de su gran poder de seducción, se pusieron inmediatamente a la tarea de sobornar al hermoso príncipe troyano, en cuyas manos se hallaba tan transcendente decisión para el futuro prestigio de las olímpicas.

Hera le ofreció reinar sobre Asia y Europa; la marcial Atenea le prometió habilidad militar y fama, y Afrodita le propuso que le entregaría a Helena, la más bella mujer del Egeo, desde antaño deseada y pretendida por todos los reyes, príncipes y héroes guerreros de la época.

Paris, probablemente cansado del bucólico pastoreo de ovejas, eligió, sin dudarlo un instante, la oferta de Afrodita. La decisión despertó la ira de las otras diosas que le juraron calladamente rencor eterno.

Pocas jornadas después, Paris embarcó hacia Grecia en compañía del héroe troyano Eneas. Su destino final fue Esparta, donde Helena residía con su esposo Menelao, rey de Esparta y hermano del poderoso Agamenón, rey de Micenas. Se hospedó en casa de Menelao y, cuando este tuvo que partir para resolver rutinarios asuntos de gobierno, raptó a Helena.

Pero el rapto de Helena, no solo fue una grave ofensa al anfitrión, sino también a Zeus, que a través de una de sus múltiples personalidades, Zeus Xenius, había apadrinado, en su día, esa unión. Con esto, Paris, se gano la enemistad de Zeus que unida a la, ya obtenida, de las diosas no favorecidas en el juicio de "La Manzana de Oro", Hera y Atenea, traerían para él y para su pueblo la cruenta tragedia de una interminable guerra.

Para mayores males, los numerosos y anteriores pretendientes de Helena, hasta su enlace con Menelao, consideraron el rapto como una traición a su honor, pues cuando fueron aspirantes al favor de la bella se juramentaron para defender el honor del que fuese elegido, como esposo, por la bella Helena, "la de larga melena". Agamenón, el más poderoso de los reyes griegos, asumió el mando de la expedición de rescate de su cuñada y de castigo de los troyanos.
http://www.diomedes.com/manzanatext.htm






Las ruinas circulares

Jorge Luis Borges

                                  And if he left off dreaming about you. . .
                                               Through the Looking-Glass, VI

          Nadie  lo vio  desembarcar en  la  unánime noche,  nadie vio  la canoa de bambú sumiéndose en  el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el  hombre taciturno venía del Sur y que su  patria era  una  de  las infinitas  aldeas que  están  aguas arriba, en  el flanco violento  de la  montaña, donde el  idioma zend no  está contaminado de  griego y  donde es infrecuente  la lepra. Lo cierto  es que el hombre  gris besó el fango,  repechó la   ribera  sin   apartar  (probablemente,   sin  sentir)   las cortaderas que le dilaceraban las  carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta  el recinto circular que corona  un tigre o caballo de  piedra, que tuvo alguna  vez el color del  fuego y ahora el de  la ceniza. Ese redondel es un templo  que devoraron los incendios  antiguos, que  la selva  palúdica ha profanado  y cuyo  dios no  recibe  honor  de los  hombres. El  forastero  se tendió bajo el  pedestal. Lo despertó el sol alto.  Comprobó sin asombro  que las  heridas  habían  cicatrizado; cerró  los  ojos pálidos  y  durmió,  no  por  flaqueza  de  la  carne  sino  por determinación de la voluntad. Sabía  que ese templo era el lugar que  requería su  invencible propósito;  sabía  que los  árboles incesantes no habían logrado estrangular,  río abajo, las ruinas de  otro  templo  propicio,  también  de  dioses  incendiados  y muertos; sabía que  su inmediata obligación era el  sueño. Hacia la medianoche  lo despertó el  grito inconsolable de un  pájaro. Rastros  de  pies   descalzos,  unos  higos  y  un   cántaro  le advirtieron  que los  hombres de  la región  habían espiado  con respeto su  sueño y  solicitaban su  amparo o  temían su  magia. Sintió el  frío del miedo  y buscó  en la muralla dilapidada  un nicho   sepulcral   y   se   tapó    con   hojas   desconocidas.
          El  propósito  que  lo  guiaba   no  era  imposible,  aunque  sí sobrenatural.  Quería  soñar  un  hombre:   quería  soñarlo  con integridad minuciosa  e imponerlo  a la  realidad. Ese  proyecto mágico había  agotado el espacio entero  de su alma; si  alguien le hubiera preguntado  su propio nombre o cualquier rasgo  de su vida anterior,  no habría acertado  a responder. Le convenía  el templo inhabitado y  despedazado, porque era un mínimo  de mundo visible; la cercanía  de los leñadores también, porque  éstos se encargaban de  subvenir a sus  necesidades frugales. El arroz  y las frutas de su tributo  eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar.
          Al principio, los sueños eran  caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica.  El forastero se  soñaba en el centro  de un  anfiteatro  circular  que  era   de  algún  modo  el  templo incendiado: nubes  de alumnos  taciturnos fatigaban las  gradas; las caras de los últimos  pendían a muchos siglos de distancia y a una  altura estelar, pero  eran del  todo precisas. El  hombre les dictaba  lecciones de  anatomía, de  cosmografía, de  magia: los rostros escuchaban con ansiedad  y  procuraban responder con entendimiento,  como  si  adivinaran  la  importancia  de  aquel examen, que  redimiría a uno  de ellos  de su condición de  vana apariencia y lo interpolaría en  el mundo real. El hombre, en el sueño  y  en  la vigilia,  consideraba  las  respuestas  de  sus fantasmas, no se  dejaba embaucar por los  impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia  creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.
          A las  nueve o diez  noches comprendió  con alguna amargura  que nada  podía  esperar  de  aquellos  alumnos  que  aceptaban  con pasividad  su doctrina  y  si  de aquellos  que  arriesgaban,  a veces, una contradicción razonable. Los  primeros, aunque dignos de amor y de bueno  afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistían  un poco más.  Una tarde (ahora también  las tardes eran tributarias  del sueño, ahora no velaba sino  un par de horas en el amanecer)  licenció para siempre el vasto colegio ilusorio  y  se  quedó con  un  solo  alumno.  Era  un  muchacho taciturno,  cetrino, díscolo  a veces,  de  rasgos afilados  que repetían los de  su soñador. No lo desconcertó por  mucho tiempo la  brusca eliminación  de los  condiscípulos;  su progreso,  al cabo de  unas pocas lecciones  particulares, pudo maravillar  al maestro. Sin  embargo, la  catástrofe sobrevino.  El hombre,  un día, emergió  del sueño  como de  un desierto  viscoso, miró  la vana luz  de la tarde  que al pronto  confundió con la aurora  y comprendió que no  había soñado. Toda esa  noche y todo el  día, la intolerable lucidez  del insomnio se abatió contra  él. Quiso explorar la  selva, extenuarse; apenas  alcanzó entre la  cicuta unas rachas de  sueño débil, veteadas fugazmente de  visiones de tipo  rudimental:  inservibles.  Quiso congregar  el  colegio  y apenas  hubo articulado  unas  breves palabras  de  exhortación, éste  se  deformó,  se  borró.  En  la  casi  perpetua  vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos.
          Comprendió que  el empeño  de modelar  la materia incoherente  y vertiginosa de que  se componen los sueños  es el más arduo  que puede acometer  un varón, aunque  penetre todos los enigmas  del orden superior  y del inferior:  mucho más  arduo que tejer  una cuerda de  arena o que amonedar  el viento sin cara.  Comprendió que un  fracaso inicial era  inevitable. Juró olvidar la  enorme alucinación  que lo  había desviado  al principio  y buscó  otro método  de trabajo  Antes de  ejercitarlo,  dedicó un  mes a  la reposición  de las  fuerzas  que  había malgastado  el  delirio. Abandonó toda premeditación de soñar  y casi acto continuo logró dormir un  trecho razonable del  día. Las  raras veces que  soñó durante ese período,  no reparó en los sueños. Para  reanudar la tarea, esperó que el disco  de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde,  se purificó en  las aguas  del río, adoró los  dioses planetarios,  pronunció  las   sílabas  lícitas  de  un   nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente,  soñó con un corazón que latía.
          Lo  soñó activo,  caluroso,  secreto,  del grandor  de  un  puño cerrado, color  granate en la penumbra  de un cuerpo humano  aun sin cara  ni sexo; con minucioso  amor lo soñó, durante  catorce lúcidas noches. Cada noche, lo  percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se  limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal  vez a corregirlo con  la mirada. Lo  percibía, lo vivía, desde  muchas distancias y muchos ángulos. La  noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el  índice y luego todo el corazón, desde  afuera y adentro.  El  examen  lo  satisfizo.   Deliberadamente  no  soñó durante una noche: luego retomó  el corazón, invocó el nombre de un  planeta  y  emprendió la  visión  de  otro  de  los  órganos principales.  Antes  de  un  año   llegó  al  esqueleto,  a  los párpados. El pelo innumerable fue  tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un  mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir  los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.
          En las cosmogonías gnósticas, los  demiurgos amasan un rojo Adán que no  logra ponerse  de pie;  tan inhábil  y rudo y  elemental como ese Adán de  polvo era el Adán de sueño que las  noches del mago habían fabricado.  Una tarde, el hombre casi  destruyó toda su   obra,  pero   se  arrepintió.   (Más   le  hubiera   valido destruirla.) Agotados  los votos a  los númenes  de la tierra  y del río, se  arrojó a los pies  de la efigie que tal vez  era un tigre y tal vez un  potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con  la estatua. La soñó viva, trémula:  no era un atroz  bastardo de  tigre y  potro, sino  a la  vez esas  dos criaturas  vehementes   y  también  un   toro,  una  rosa,   una tempestad. Ese  múltiple dios le  reveló que su nombre  terrenal era Fuego, que  en ese templo circular  (y en otros iguales)  le habían rendido  sacrificios y culto  y que mágicamente  animaría al fantasma soñado,  de suerte que todas las  criaturas, excepto el Fuego mismo  y el soñador, lo  pensaran un hombre de  carne y hueso.  Le  ordenó  que una  vez  instruido  en  los  ritos,  lo enviaría al  otro templo  despedazado cuyas pirámides  persisten aguas  abajo,  para  que alguna  voz  lo  glorificara  en  aquel edificio desierto. En el sueño  del hombre que soñaba, el soñado se despertó.
          El mago ejecutó esas órdenes.  Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos  años) a descubrirle los  arcanos del universo y  del culto del fuego.  Íntimamente, le dolía apartarse de él.  Con el pretexto  de la  necesidad pedagógica,  dilataba  cada días  las horas  dedicadas al  sueño. También  rehizo  el hombro  derecho, acaso deficiente.  A veces, lo  inquietaba una impresión de  que ya todo  eso había  acontecido. .  . En  general, sus días  eran felices; al cerrar  los ojos pensaba: Ahora estaré con mi  hijo. O, más  raramente: El hijo  que he  engendrado me  espera y  no existirá si no voy.
Gradualmente, lo fue acostumbrando  a la  realidad. Una vez  le ordenó que embanderara una cumbre  lejana. Al otro día, flameaba la bandera  en la  cumbre. Ensayó  otros experimentos  análogos, cada  vez más  audaces. Comprendió  con cierta  amargura que  su hijo estaba listo para nacer, y  tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera  vez y lo envió  al otro templo, cuyos  despojos blanqueaban río abajo,  a muchas leguas de inextricable  selva y de  ciénaga.  Antes  (para que  no  supiera  nunca  que  era  un fantasma,  para que  se creyera  un  hombre como  los otros)  le infundió  el   olvido  total de sus años de aprendizaje.
          Su  victoria y  su  paz  quedaron empañadas  de hastío.  En  los crepúsculos  de la  tarde y  del  alba, se  prosternaba ante  la figura  de  piedra,  tal  vez  imaginando  que  su  hijo  irreal ejecutaba  idénticos ritos,  en otras  ruinas circulares,  aguas abajo; de  noche no  soñaba, o  soñaba como  lo hacen todos  los hombres. Percibía  con cierta palidez  los sonidos y formas  del universo: el hijo ausente se  nutría de esas disminuciones de su alma.  El  propósito  de  su  vida  estaba  colmado;  el  hombre persistió en  una suerte de  éxtasis. Al  cabo de un tiempo  que ciertos narradores de  su historia prefieren computar en  años y otros en  lustros, lo despertaron  dos remeros a medianoche:  no pudo ver sus  caras, pero le hablaron de un hombre mágico  en un templo del Norte, capaz de  hollar el fuego y de no quemarse. El mago recordó bruscamente  las palabras del dios. Recordó  que de todas las criaturas que componen  el orbe, el fuego era la única que  sabía   que  su  hijo   era  un  fantasma.  Ese   recuerdo, apaciguador al principio,  acabó por atormentarlo. Temió  que su hijo meditara en  ese privilegio anormal y descubriera  de algún modo su condición  de mero simulacro. No  ser un hombre, ser  la proyección   del  sueño   de   otro  hombre   ¡qué   humillación incomparable, qué vértigo!  A todo padre le interesan  los hijos que ha  procreado (que  ha permitido)  en una  mera confusión  o felicidad; es  natural que el  mago temiera  por el porvenir  de aquel hijo,  pensado entraña por entraña  y rasgo por rasgo,  en mil y una noches secretas.
          El término de  sus cavilaciones fue brusco, pero  lo prometieron algunos  signos. Primero  (al  cabo  de una  larga  sequía)  una remota nube  en un cerro, liviana  como un pájaro; luego,  hacia el Sur, el  cielo que tenía el  color rosado de la encía  de los leopardos; luego las humaredas que  herrumbraron el metal de las noches,  después  la  fuga pánica  de  las  bestias.  Porque  se repitió  lo  acontecido  hace  muchos  siglos.  Las  ruinas  del santuario del dios del fuego  fueron destruidas por el fuego. En un alba  sin pájaros el  mago vio  cernirse contra los muros  el incendio concéntrico. Por  un instante, pensó refugiarse  en las aguas, pero  luego comprendió que la  muerte venía a coronar  su vejez y a absolverlo de  sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego.  Éstos no mordieron su  carne, éstos lo acariciaron  y lo  inundaron  sin  calor y  sin  combustión.  Con  alivio,  con humillación,  con terror,  comprendió  que  él también  era  una apariencia, que otro estaba soñándolo.




La  perfección de Dios

En Brooklyn, Nueva York, hay una escuela para niños de lento aprendizaje. Algunos pasan ahí  la  totalidad  de  su  vida  escolar,  mientras  que  otros  son  enviados  a  escuelas convencionales.

En una cena que tuvo lugar en la escuela, el padre de Shaya, uno de estos niños, dio un discurso que jamás podrían olvidar quienes lo escucharon.

"¿Dónde está  la  perfección  en  mi  hijo  Shaya?  Toda  la  obra  de  Dios  está  hecha  a  la perfección. Pero mi niño no puede entender cosas que otros niños entienden.

Mi niño no puede recordar hechos y figuras que otros niños recuerdan. ¿Dónde está, pues, la perfección de Dios?"

La audiencia quedó atónita ante esta pregunta, formulada por un hombre que se veía angustiado.

"Yo creo –continuó, que cuando Dios permite que vengan al mundo niños así, Su perfección radica en la forma como los demás reaccionan ante ellos".
Luego contó una historia acerca de su hijo.

Una tarde,  los dos caminaban por un parque donde un grupo de niños estaba jugando béisbol.

"¿Crees que me dejarán Jugar?", preguntó Shaya.

Él sabia que su hijo no era para nada un atleta y que los demás no lo querrían en su equipo, pero entendió que le llamaba la atención participar en el juego porque estaba seguro de ser como todos los demás.

El  padre  llamó a uno de los niños y le preguntó si  Shaya podía jugar.  Él  miró  a sus compañeros  de equipo y,  al  no obtener  ninguna respuesta,  tomó la decisión:

"Estamos perdiendo por seis carreras y el juego está en la octava carrera. No veo inconveniente. Creo que puede estar en nuestro equipo, y trataremos de ponerlo al bate en la novena carrera".

El señor quedó boquiabierto con la respuesta, y Shaya sonrió. Quería que lo pusieran en una base; así dejaría de jugar en corto tiempo, justo al final de la octava carrera. Pero los niños hicieron caso omiso de ello.

El juego se estaba poniendo bueno, el equipo de Shaya anotó de nuevo y ahora  estaba  con dos  outs  y las  bases  llenas.  El  mejor  jugador  iba corriendo a base, y Shaya estaba preparado para empezar.

¿Dejaría el equipo que Shaya fuera al bate, arriesgando la oportunidad de ganar el juego?

Sorpresivamente, Shaya estaba al bate. Todos pensaron que ese era el fin, pues ni siquiera sabia tomarlo. De cualquier forma, cuando Shaya estaba parado en el plato, el pitcher se movió algunos pasos para lanzar  la pelota suavemente,  de forma que el  niño al  menos pudiera hacer contacto con ella. Shaya falló. Entonces, uno de sus compañeros de equipo se acercó a él y le ayudó a sostener el bate.  El pitcher dio unos pasos y lanzó suavemente.
Shaya y su compañero  le dieron a la pelota,  que regresó inmediatamente a manos del pitcher.  Este podía lanzar  la pelota a primera base,  ponchando a Shaya y sacándolo del juego. En vez de eso, la lanzó lo más lejos que pudo de primera base.

Todos empezaron a gritar: "¡Shaya, corre a primera,  corre a primera base!"
Él nunca había corrido a primera base, pero todos le indicaban hacia dónde debía hacerlo.

Mientras Shaya corría,  un jugador del  otro equipo tenía ya la bola en sus manos.  Podía lanzarla  a segunda base,  dejando por fuera  a Shaya,  pero  entendió las  intenciones  del pitcher y la lanzó bien alto, lejos de la segunda base.

Todos gritaron: "Corre a segunda,  corre a segunda base!" Shaya corrió, y otros niños corrían a su lado y le daban ánimos para continuar.

Cuando Shaya tocó la segunda base, el del otro equipo paró de correr hacia él, le mostró la tercera base y le gritó: "¡Corre a tercera!" Conforme corría a tercera los niños de los dos equipos iban corriendo junto a él, gritando todos a una sola voz: "¡Shaya, corre a cuarta!"

Shaya corrió a cuarta y paró justo en el plato de home, donde los dieciocho niños lo alzaron en hombros y lo hicieron sentir un héroe: había hecho una gran carrera,  había ganado el juego por su equipo.

 "Aquel día -dijo el padre de Shaya, con lágrimas rodando por sus mejillas-, esos dieciocho niños mostraron con un gran nivel la perfección de Dios".
- - - - -
Responda  lo  Siguiente:

1. ¿Qué le pareció esta historia?

2. ¿Cree que valió la pena, cambiar la posición de un equipo, perder un partido que se tenía ganado por sacar algo que llevamos dentro de nosotros, muy propio de nuestra naturaleza humana y ser maravillosos cuando nos lo proponemos? 

3. La perfección y las manifestaciones de Dios, se dan y presentan en ocasiones inesperadas, ¿Sabe, por alguna razón, una historia en este sentido? Nárrela por favor.

4. Los niños que jugaban entendieron que en ocasiones la victoria no es ganar un juego, que hay situaciones en las cuales el comportamiento y la forma de hacer las cosas y actuar en la vida es lo más importante, sobre todo cuando de dejar una hermosa huella y hacer sentir muy valioso a alguien, así sea por una sola vez, vale la pena. ¿Qué opina de esto? ¿Será que en determinadas circunstancias podemos actuar así? ¿Alguna vez lo ha hecho?

5. Esta situación también nos dice que en ocasiones tenemos que tomar iniciativas aun con resultados inesperados, como ocurrió con esta historia. ¿No le parece?





Tomado de: La Culpa Es De La Vaca
La  señora apresurada y el joven amable

Cuando  la  señora  llegó  a  la  estación,  le  informaron  que  su  tren  se  retrasaría aproximadamente  una hora.  Un poco fastidiada,  se compró una revista,  un paquete  de galletas y una botella de agua. Buscó un banco en el andén central y se sentó, preparada para la espera.

Mientras ojeaba la revista,  un joven se sentó a su lado y comenzó a leer  un diario. De pronto, sin decir una sola palabra, estiró la mano, tomó el paquete de galletas, lo abrió y comenzó a comer. La señora se molestó un poco; no quería ser grosera pero tampoco hacer de cuenta que nada había pasado. Así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete, sacó una galleta y se la comió mirando fijamente al joven.

Como respuesta, el joven tomó otra galleta y, mirando a la señora a los ojos, se la llevó a la boca. Ya enojada, ella cogió otra galleta y, con ostensibles señales de fastidio, se la comió mirándolo fijamente.

El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora estaba cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, ella se dio cuenta de que sólo  quedaba  una  galleta,  y  pensó:  "No  podrá  ser  tan  caradura"  mientras  miraba alternativamente al joven y al paquete. Con mucha calma el joven alargó la mano, tomó la galleta y la partió en dos.  Con un gesto amable,  le ofreció la mitad a su compañera de banco.

-¡Gracias! -dijo ella tomando con rudeza el trozo de galleta.

-De nada -contestó el joven sonriendo, mientras comía su mitad.

Entonces el tren anunció su partida.  La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Desde la ventanilla,  vio al muchacho todavía sentado en el andén y pensó: "¡Qué insolente y mal educado! ¡Qué será de nuestro mundo!" De pronto sintió la boca reseca por el  disgusto. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó estupefacta cuando encontró allí su paquete de galletas intacto.

Cuántas veces nuestros prejuicios y decisiones apresuradas nos hacen valorar erróneamente a los demás y cometer graves equivocaciones.

Cuántas veces la desconfianza, ya instalada en  nosotros,
hace  que  juzguemos  arbitrariamente  a  las  personas  y 
las  situaciones, encasillándolas en ideas preconcebidas 
alejadas de la realidad.

R
esponder lo Siguiente

1. ¿Recuerda alguna situación donde por apresurarse a emitir un juicio, haya cometido el error de juzgar a una persona indebidamente? Descríbala.

2. Explique desde su parecer el siguiente proverbio: "Peleando, juzgando antes de tiempo y alterándose no se consigue jamás lo suficiente; pero siendo justo, cediendo y observando a los demás con una simple cuota de serenidad, se consigue más de lo que se espera".

3. Interprete el siguiente planteamiento:Por lo general  nos inquietamos por eventos que no son reales y nos atormentamos con problemas que tal vez nunca van a ocurrir”.

                                                                                       
 Tomado de La Culpa Es De La Vaca.



Las dos caras de un problema

Miremos las Soluciones

En la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio - NASA.

Cuando la NASA comenzó con el lanzamiento de astronautas al espacio, descubrieron que los bolígrafos no funcionarían sin gravedad (o con gravedad cero), pues la tinta no bajaría hasta la superficie en que se deseara escribir.

Solución 1

Resolver este problema, les llevó 6 años y 12 millones de dólares. Desarrollaron un bolígrafo que funcionaba: bajo gravedad cero, al revés, debajo del agua, prácticamente en cualquier superficie incluyendo cristal y en un rango de temperaturas que iban desde abajo del punto de congelación hasta superar los 300 grados centígrados.

Solución 2

¿Y qué hicieron los rusos? ¡Utilizaron un lápiz!

En el Japón

Uno de los más memorables casos de estudio de la gestión japonesa fue el caso de la caja de jabón vacía, que ocurrió en una de las más grandes empresas de cosmética de Japón. La compañía recibió la queja de un consumidor que compró una caja de jabón y estaba vacía. Inmediatamente las autoridades aislaron el problema a la cadena de montaje, que transportaba todas las cajas empaquetadas de jabón al departamento de reparto. Por alguna razón, una caja de jabón pasó vacía por la cadena de montaje. Los altos cargos pidieron a sus ingenieros que encontraran una buena y rápida solución del problema.

Solución 1

De inmediato, los ingenieros se lanzaron a su labor para idear una máquina de rayos X con monitores de alta resolución manejados por dos personas y así vigilar todas las cajas de jabón que pasaran por la línea para asegurarse de que no fueran vacías. Sin duda, trabajaron duro y rápido.

Solución 2

Cuando a un empleado común en una empresa pequeña se le planteó el mismo problema, no entró en complicaciones de rayos X, robots, equipos informáticos o complicados; en lugar de eso planteó otra solución: Compró un potente ventilador industrial y lo apuntó hacia la cadena de montaje. Encendió el ventilador, y mientras cada caja pasaba por el ventilador, las que estaban vacías simplemente salían volando de la línea de producción.

Problema 3

Un magnate hotelero viajo a una ciudad Hindú por segunda vez a un año de distancia de su primer viaje, al llegar al mostrador de un hotel inferior en estrellas a los de su cadena, el empleado le sonríe y lo saluda diciéndole: Bienvenido nuevamente señor, que bueno verlo de vuelta en nuestro hotel; sorprendido en gran manera ya que a pesar de ser una persona tan importante, le gusta el anonimato y difícilmente el empleado tendría tan buena memoria para saber que estuvo allí un año antes, quiso imponer el mismo sistema en su cadena de hoteles ya que ese simple gesto lo hizo sentir muy bien. A su regreso inmediatamente puso a trabajar en este asunto a sus empleados para encontrar una solución a su petición.

Solución 1

La solución fue buscar el mejor software con reconocimiento de rostros, base de datos, cámaras especiales, tiempo de respuesta en micro segundos, capacitación a empleados, etc. Con un costo aproximado de 2.5 millones de dólares.

Solución 2

El magnate prefirió viajar nuevamente y sobornar al empleado de aquel hotel para que revelara la tecnología que aplican. El empleado no acepto soborno alguno, sino que humildemente comento al magnate como lo hacían, el dijo: "Mire señor, tenemos un arreglo con los taxistas que lo trajeron hasta acá, ellos le preguntan si ya se ha hospedado en el hotel al cual lo está trayendo, y si es afirmativo, entonces cuando el deja su equipaje aquí en el mostrador, nos hace una señal, y así se gana un dólar. Luego, el portero al traer su equipaje al mostrador, nos hace una leve señal, con la cual entendemos que ya se hospedó aquí".                           Tomado de: La culpa es de la vaca.


Responder

1°. ¿De qué manera enfrenta un problema?
2°. ¿Ante un problema que afronta, ve las dos caras de él?
3°. ¿Ante cuales situaciones se puede presentar una situación como esta?
4°. ¿Cuál de las alternativas planteadas le llamó más la atención y por qué?
5°. ¿Qué opinión le merece la capacidad de diseñar una solución a cada problema planteado?
. ¿Qué te parece? Algo muy práctico, pero entonces ¿Por qué no implementamos este tipo de  estrategias en Colombia?





El justo equilibrio entre ciencia y ética


El experimento de un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Seúl, en Corea del Sur, al  efectuar  la clonación de células madre de embriones humanos con fines terapéuticos reactiva el debate sobre la manipulación genética. Lo que hay en el fondo es una cuestión bioética de trascendencia inestimable, así como unas consideraciones éticas y jurídicas esenciales. Dichos investigadores, han advertido que el trabajo se orienta a desarrollar nuevos métodos para tratar una amplia gama de males degenerativos.

Se trata de la clonación en su modalidad terapéutica. Ha habido defensores y opositores. Como lo hemos sostenido, la clonación humana no debe rechazarse en forma categórica, los avances científicos no son buenos o malos por sí solos, son sus aplicaciones las que pueden ser o no ser éticas. Siempre ha habido, y habrá, uso adecuado y uso indebido de los progresos de la ciencia.

Deben analizarse medios y fines; clonación llamada terapéutica, no hay duda, permitirá prevenir y curar muchas enfermedades que hoy son incurables, hacer trasplantes de órganos vitales sin el riesgo del rechazo, porque no será un órgano ajeno, sino creado del mismo ser que lo necesita. Sí es obvio que un científico sin ética podría utilizar ese avance para fabricar humanos exclusivos, conforme con los gustos del cliente.

La llamada clonación reproductiva puede servir para que las personas infértiles realicen el sueño (sueño divino y humano) de tener hijos. Por supuesto que podrían ocurrir abusos de científicos inescrupulosos interesados sólo en conseguir fines utilitarios y mercantilistas. La que sí debe condenarse sin reservas ni atenuantes, insistimos, es la reproducción con fines replicativos, es decir la que intenta fabricar seres humanos en serie, en cadena, que serían programados y entrenados para desempeñar un oficio y hasta para inferirle daño a la humanidad. Pensemos  en lo que significaría hoy la reproducción en masa de Hitler. Recordemos los experimentos hechos por el médico nazi Joseph Mengele con gemelos judíos, prisioneros en el campo de concentración de Auschwitz.

En conclusión, a los avances científicos no hay que temerles. Lo que sí es necesario es vigilar para que redunden en beneficio de la humanidad y de la Creación, dentro de un marco ético. Así se observe el principio de la buena fe en la tarea científica, el desarrollo de las investigaciones y los experimentos genéticos impone la necesidad y la urgencia de una normatividad supranacional y la creación de un organismo judicial competente para conocer y juzgar sobre los asuntos de la bioética. Esos controles ético-jurídicos permitirían impedir desafueros y manejos inmorales e ilícitos, al margen de los propósitos y finalidades científicas, y guiados por intereses incompatibles con los fines humanitarios y altruistas. Es el razonable equilibrio entre la ciencia y la ética, en beneficio de la especie humana.
                       

Responda con análisis y argumentos:

1.            ¿Cuál su posición frente a lo planteado en el Editorial?

2.            ¿Qué piensa de los experimentos sobre la clonación y la manipulación genética?

3.            ¿De qué forma se puede ejercer control y supervisión de este tipo de experimentos?

4.            ¿No cree que es muy delicado y peligroso que los humanos realicen este tipo de experimentos?

        
Tomado de: Periódico El Colombiano. Editorial del 15 de febrero de 2004.
                                                                





Lea las Memorias del agua en internet.

Historias sobre lugares, personajes, oficios, prácticas, leyendas y usos cotidianos -de antes y de ahora- del agua en Bogotá, se recogen en esta antología. Relatos escritos por 40 ciudadanos del común, habitantes de todos los puntos cardinales de la ciudad, que hicieron parte de los Talleres de crónica periodística: memorias del agua, un proyecto del B. de la R. y la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la P.U. Javeriana, con el apoyo del Archivo de Bogotá y BibloRed. El Lanzamiento oficial se realizará el 15 de junio en el Auditorio del Museo de Arte del B. de la República.

A los talleres, realizados entre septiembre y octubre de 2010 en la B. LÁA y en cinco sedes de BibloRed (J. M. Santo Domingo, Suba, Virgilio Barco, El Tintal y El Tunal), asistieron 129 personas: 48 profesionales y tecnólogos, 10 docentes, 3 pensionados, 3 amas de casa, 4 líderes comunales, 5 empleados y contratistas de la EAAB y hasta un guardián del INPEC. Un grupo heterogéneo que propició diálogos generacionales, dónde los mayores y los más jóvenes reconstruyeron sucesos e historias en torno al agua, que de no ser por los talleres hubiesen quedado en el olvido.     

En las crónicas se cuentan hechos de todo tipo, historias de denuncia como la de los 19 monolitos del humedal Jaboque de Engativá, que permanecieron enclavados en este lugar desde tiempos prehispánicos hasta que un tubo del Acueducto los sepultó; o, aún más sorprendente, la historia de la fuente de aguas termales que se encuentra en el Parque Bavaria, en pleno centro internacional de Bogotá, seguramente desconocida para muchos de sus vecinos.

Aparecen también personajes del agua, como las famosas lavanderas de los barrios Lourdes y Diana Turbay, mujeres que en pleno siglo XX lavan la ropa al aire libre aprovechando los nacimientos de agua pura; y la crónica sobre Jorge Zamudio, conocido como ‘el loco del sombrero’, un líder comunal defensor del humedal Capellanía.

“Otras crónicas de tonos tragicómicos nos muestran cómo los burócratas y los constructores del siglo pasado confundieron los humedales con pantanos. Y debido a esos procesos descontrolados de urbanización y de contaminación en los últimos cincuenta años pasamos de tener 50.000 a 700 hectáreas de humedales en Bogotá”, explica Mariluz Vallejo Mejía, coordinadora académica del proyecto. La situación actual del agua hace impostergable que como individuos y sociedad asumamos la responsabilidad de su preservación. Como parte del Proyecto Cultural del Agua del B. de la R., la B. LÁA presenta desde  noviembre 9 y hasta marzo 15 de 2012 la exposición Agua: un patrimonio que circula de mano en mano, una muestra que recoge información, desde geográfica hasta literaria, sobre las cuencas hidrográficas vecinas a nuestro entorno, las que como colombianos vivimos, habitamos y afectamos día a día.

La exposición se divide en tres capítulos: Yo vivo, yo hábito, yo afecto, y cada uno explica, a través de páneles, fotografías, pinturas, grabados y videos, porqué el agua es un patrimonio colectivo y porqué para gestionarla como recurso fundamental necesitamos generar una "nueva cultura del agua". Previo a su inauguración, Manuel Guerrero Lagarreta, físico de la UNAM, doctor en fisicoquímica del Imperial Collage de Londres y autor del libro El agua y la huella del agua, dirigirá la conferencia ‘Agua, muéstrate no te escondas’. Así mismo, el artista Felipe Arturo presentará La Biblioteca del Agua, un proyecto que propone etiquetar y organizar diferentes tipos de “aguas” -agua de Jamaica, agua medicinal, agua de panela, agua bendita, etc.- para evidenciar la apropiación cultural, medicinal, social de este líquido. Las muestras serán recolectadas por el artista y por los participantes a los talleres que él realizará a lo largo de la exhibición.

Yo Vivo.
El capítulo se dividirá en dos grandes temas, primero, una mirada cultural al agua, en la que –por ejemplo- se enunciarán algunos mitos y leyendas indígenas que hablan del agua como origen y fin de la vida. La segunda parte, El agua a través de los sentidos, se valdrá de refranes y canciones populares para explicar cómo vemos, oímos, sentimos, saboreamos y olemos el agua.

Yo habito.
Un gran mapa de Colombia sobre el cual los visitantes podrán caminar y ubicar las cuencas hidrográficas del país, introducirá temas tan fundamentales, y a la vez necesarios para entender por qué necesitamos del agua para existir, como: ¿qué es una cuenca?, ¿en cuál cuenca vivimos?, o ¿cuáles son las funciones del agua en el ecosistema? Además se revisarán, desde perspectivas geográficas, históricas, de biodiversidad y actualidad, las seis cuencas más importantes del norte de Suramérica: la del Magdalena, el Amazonas, el Orinoco, el Pacífico, el Atrato y Maracaibo.

Yo Afecto.
Finalmente, a manera de epílogo, se llamará la atención sobre cómo cada uno de nosotros, al cerrar la llave mientras se lava los dientes o al arrojar basura a los ríos, afecta las cuencas y su entorno, ya sea positiva o negativamente. Se explicará el concepto de “huella hídrica” y se referenciarán iniciativas exitosas para la generación de una nueva cultural del agua.