sábado, octubre 19, 2019


METRO ELEVADO: 

 ¿SOLUCIÓN A LA  MOVILIDAD DE 
  
 BOGOTÁ? (III)

Primera línea del metro: ¿movilidad o negocio?


Bogotá   Aurelio Suárez Montoya      El Espectador


El proyecto del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) abriría alrededor del corredor férreo la puerta a un desarrollo urbano, según expertos, poco equitativo. En comparación con otros metros del mundo, el de Bogotá será uno de los de menor impacto.

Existe una fuerte correlación entre el programa de la Primera Línea del Metro de Bogotá (PLMB) y las troncales nuevas con el proyecto del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), que se discute en el Concejo. El exalcalde Jaime Castro, en una de sus columnas, expuso que una razón para cambiar el diseño del metro es que “en los alrededores de las 16 estaciones se construirán supermercados y modernas torres para oficinas y apartamentos, obras que demandan inversiones tan cuantiosas que, sumadas, pueden valer más que la construcción misma del metro, por lo que solo son viables, a más de rentables, si el metro es elevado. Por esta razón, según piensan algunos, la administración descartó el subterráneo”.

Y fue más allá al preguntar: “¿El Distrito, como entidad pública, se vinculará de alguna manera al negocio inmobiliario, como se dijo inicialmente que lo haría a través de la Empresa Metro, o esa idea se abandonó para dejar todas las utilidades al sector privado?”. Resultan pertinentes las observaciones del exalcalde Castro al conocerse que, en efecto, el POT contempla volver áreas de uso múltiple el 54 % de las 34.000 hectáreas (ha) de Bogotá.

A dicha proporción se llegará una vez sean incorporadas las más de 9.300 ha que pasarán de ser residenciales a nuevos usos, fruto de “renovaciones urbanas” bajo la modalidad de “reactivación”, que se promoverán tanto alrededor de las troncales como en las zonas aledañas a los corredores de alta capacidad del sistema metro. En este último sector, detallado en el artículo 410 del proyecto POT, se “reurbanizan los sectores cercanos a las estaciones”; modifican “la distribución de los espacios públicos y privados”, y desarrollan “proyectos (…) con el potencial que se genera con la implantación de la infraestructura del sistema”.

El artículo 412 del mismo proyecto define los predios afectados como los ubicados en las manzanas ubicadas en una franja de 220 metros, a lado y lado del viaducto”; “las que estén en radio de 200 metros, contados a partir del borde exterior de las manzanas donde están las estaciones”; “las que estén rodeadas por tres manzanas incluidas en el área de influencia del PLMB” y “los predios con usos dotacionales sociales de salud y educación” en el sector. Es decir, tendrá un impacto urbanístico sobre amplísimas zonas en el entorno de las estaciones.

Como el motivo de ese proceso en las 16 estaciones es ser fuente de ingresos para la Empresa Metro y mecanismo para “densificar” la ciudad, voces autorizadas descreen de que ese deba ser un objetivo del POT, ya que hoy es la novena más densa del mundo, con 135 habitantes por hectárea y el POT la llevaría a ser la segunda, a 290. “Hacer más densa a Bogotá no va a bajar el precio del suelo. Es un mito. Se van a aumentar las ganancias de los que construyen”, dijo el urbanista Mario Noriega.

Así mismo, el equipo de maestría en urbanismo de la Universidad Nacional hizo algunas observaciones coincidentes con las de Noriega, pero más críticas al modelo de “ciudad mixta” que se impondría con el programa PLMB. Argumentan que no puede imponerse “la misma respuesta en las diferentes realidades urbanas”, ni desecharse todo lo construido, ya que “la ciudad tiene aspectos que es necesario valorar y posiblemente conservar”.

Y, coincidiendo con el exalcalde Jaime Castro, agregan que “es posible que los desarrollos ocurran en donde haya mayor rentabilidad y no donde más se necesitan, afectando el principio de equidad”. En otras palabras, aquí el proyecto urbano derivado de esta primera línea se constituye en un “incentivo” para el complejo constructor-inmobiliario-financiero.

Pregunta abiertas
A modo de resumen y conociendo los pormenores del metro de Bogotá, hay detalles que abren la puerta a diversas preguntas. La historia reciente muestra cómo a pesar de que Samuel Moreno revivió el tema del metro, enterrado desde finales del siglo XX, sus corruptelas hundieron una propuesta que era viable y sencilla, aprovechando la red férrea existente.

Por su parte, Petro, tras un año de mandato, hizo un rediseño total y al nuevo trazado le alcanzó para avanzar hasta la ingeniería de detalle y que una decisión del Confis le asignara $13 billones.

Sus buenas relaciones con Santos, no obstante, no le bastaron para que se librara un documento Conpes de importancia estratégica para seguir adelante.

A contramano, el gobierno Santos le expidió tres Conpes a Enrique Peñalosa, que definieron desde 2017 las características del programa de la PLMB como uno elevado y al que, por las supuestas economías que reportaban, le alcanzaba para incluir cuatro troncales de Transmilenio. Al final, todo se consolidó con una expansión de varias decenas de kilómetros nuevos de carriles exclusivos para buses articulados, con cerca de 1.200 más de estos vehículos y solo algo más de veinte kilómetros de metro y menos de 25 trenes.

Con dichas especificaciones, este metro tendría el honor de ocupar en longitud el puesto 153 entre más de 222 sistemas urbanos reconocidos en la base de datos del portal Metrobits.org., a razón de 2,4 milímetros por habitante. Solo 46 sistemas poseen menos de quince estaciones, y en cuanto al número de abordajes de pasajeros (cerca de 150 millones al año), estaría en la parte baja de la tabla. Así mismo, son escasísimos los metros que van por encima de corredores de buses, como pasaría en la Caracas.

Hay dos aspectos muy ligados: que la licitación, bajo las normas del BID, terminó siendo laxa (incluso quebrantando la ley, por lo cual está sometida a una demanda con sentencia pendiente en el Consejo de Estado) y que una vez presentadas las propuestas, debido a los criterios de la banca mundial, la más posible, por ser la “más económica”, es que gane la del consorcio de empresas de China.

Finalmente, al tomar en cuenta que los comparativos de precios con las opciones descartadas arrojaron diferencias mínimas en el costo de construcción por kilómetro y por pasajero transportado, y peor aún con las actuales cifras de precio del dólar; al ver contenidos en el POT artículos relacionados con jugosos “desarrollos inmobiliarios” de inversión privada, fruto del metro elevado, y al añadir la predominancia de Transmilenio en el programa integral aprobado, vale preguntar si, en medio de tanto objetivo colateral, al metro elevado se llegó pensando de verdad en una genuina solución para la movilidad de Bogotá o si se jerarquizaron ajenos motivos, inconfesables pero presumibles.

https://www.elespectador.com/noticias/bogota/primera-linea-del-metro-movilidad-o-negocio-articulo-886652

martes, octubre 08, 2019

Resultados Pruebas Saber 11 2019











Banco Mundial se une a advertencias sobre crecimiento global

El Espectador   -   Bloomberg.

El presidente del Banco Mundial, David Malpass, dijo que las perspectivas económicas mundiales se están deteriorando en medio de la incertidumbre relacionada con el brexit, las tensiones comerciales y una recesión en Europa.
 “El crecimiento global se está desacelerando”, dijo David Malpass, presidente del Banco Mundial, en Montreal este lunes durante un discurso antes de las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial. La economía mundial ahora parece aún más débil que el pronóstico del banco para junio con un crecimiento de 2,6% en 2019, “impactado por el brexit, la recesión de Europa y la incertidumbre comercial”, agregó.

Malpass renovó su advertencia de crecimiento global ya que los inversionistas están atentos a varios problemas importantes que podrían llegar a un punto crítico este mes.

Las conversaciones comerciales de alto nivel entre Estados Unidos y China se reanudarán esta semana, antes de la próxima escalada arancelaria prevista para el 15 de octubre, y el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, se ha comprometido a sacar a Gran Bretaña de la Unión Europea el 31 de octubre sin acuerdo, si es necesario. Entretanto, los indicadores económicos de Europa parpadean en rojo a medida que una caída en la fabricación afecta cada vez más la demanda interna.

Malpass repitió sus críticas de los aproximadamente US$15 billones en bonos con rendimientos cero o negativos, describiéndolos como “capital congelado” que desvía recursos del crecimiento y beneficia a tenedores de bonos y emisores de deuda.

Los jefes de las instituciones mundiales se reúnen en medio de una creciente preocupación sobre cómo las amenazas de guerras comerciales del presidente de EE.UU., Donald Trump, al brexit pesan sobre la expansión mundial. También hay caras nuevas después de que la directora gerente del FMI Christine Lagarde se fue para dirigir el Banco Central Europeo y fue sucedida por la economista búlgara Kristalina Georgieva, exdirectora ejecutiva del Banco Mundial.

El FMI también ha indicado que podría reducir su perspectiva para 2019 después de que el fondo proyectó un crecimiento de 3,2% en julio, el más bajo desde la crisis financiera. El FMI se prepara para publicar su pronóstico actualizado la próxima semana.

Trump nominó a Malpass en febrero, eligiendo así a un seguidor que había criticado a China y respaldado una reforma del orden económico global. Malpass, quien anteriormente describió al prestamista como ineficiente y reacio a recortar fondos para los países en desarrollo que crecen en mercados emergentes dinámicos, fue elegido en abril para cumplir un mandato de cinco años.




El FMI llama a prepararse para una desaceleración mundial más profunda

Economía   El Espectador   -   Bloomberg.

El organismo invito a las autoridades económicas de los diferentes países a tomar precauciones y estar listas para crear estímulos económicos.

El jefe interino del Fondo Monetario Internacional instó a los banqueros centrales y a otras autoridades a estar listas para ofrecer más estímulos si la economía mundial, ya desacelerada por la guerra comercial, baja de manera más pronunciada.

"Todos deben estar listos en caso de que haya una desaceleración significativa para responder con mayor fuerza", según datos económicos y otras circunstancias en sus propios países, comentó David Lipton, director gerente interino del FMI, el martes en una entrevista con Bloomberg Televisión.

El organismo con sede en Washington publicará revisiones de su perspectiva sobre la economía mundial dentro de más o menos una semana, señaló Lipton, quien está a cargo de la institución luego de que Christine Lagarde fuera nominada este mes para ser presidenta del Banco Central Europeo.
"Todavía vemos lentitud en la economía mundial. La inversión es lenta y el crecimiento comercial es particularmente lento", afirmó.

Lipton agregó que al FMI le gustaría que la tensión comercial fuera "reemplazada por el diálogo y las resoluciones".

En abril, el FMI redujo su pronóstico de crecimiento mundial en 0,2 puntos porcentuales a 3,3% para el 2019.

"En este momento nuestra línea de base es un crecimiento lento y ligeramente más fuerte en 2020 y no una desaceleración a cero o una recesión. La primera regla es no causar daño para evitar una recesión y la segunda es que todas las autoridades respondan con base en los datos para ver qué viene", indicó Lipton.


lunes, octubre 07, 2019


Sin final a la vista                                                                                          

Por: Editorial El Tiempo 6 de octubre 2019



Guerra comercial entre EE.UU. y China hunde las perspectivas de crecimiento de la economía mundial. 


  
Este jueves, representantes de Estados Unidos y China tendrán una nueva reunión, en Washington, para discutir las tensiones comerciales entre ambas potencias. Por casi un año y medio, la Casa Blanca y Pekín se han enfrascado en una escalada de ataques comerciales que están deprimiendo la economía global.

Desde su campaña presidencial, Donald Trump había denunciado que la balanza comercial entre Estados Unidos y China estaba injustamente inclinada en favor de los asiáticos. Para Washington, los chinos despliegan prácticas comerciales tramposas, roban propiedad intelectual y obligan a las empresas estadounidenses a transferirles tecnologías.

Pekín, por su lado, acusa a Estados Unidos de estar temeroso de su consolidación como potencia global. Así que, desde el año pasado, el comercio se ha convertido en el campo de batalla donde ambos gobiernos pugnan por la primacía.

En menos de 18 meses, los dos países se han impuesto mutuamente aranceles y alzas sobre una amplia gama de productos, desde teléfonos celulares hasta carne. Estados Unidos subió el costo de importar bienes chinos por más de 350.000 millones de dólares, mientras que China ha hecho lo propio por más de 100.000 millones de dólares de productos norteamericanos.
El escalamiento de la guerra comercial no para. Ambas partes amenazaron recientemente con más aranceles para el fin de año. No obstante los encuentros diplomáticos, no se ve una luz al final de este túnel. La retórica anti libre comercio de Trump y las retaliaciones chinas no bajan su intensidad. Al contrario, aumenta la magnitud de los bienes y las tasas.

Lo más grave es que el mundo entero está pagando caro por estas tensiones bilaterales, ya que disparan la incertidumbre. La Organización Mundial del Comercio (OMC) fue el más reciente organismo internacional que bajó sus perspectivas de crecimiento para los volúmenes del comercio global en este año: de 2,6 por ciento en abril a 1,2 la semana pasada.

La mayoría de los pronósticos para 2019 son sombríos: el intercambio y las inversiones, deprimidas; la economía, sin dinamismo, y el crecimiento, bajo. Y uno de los factores detrás de este preocupante escenario es esta interminable confrontación entre Washington y Pekín.

El comercio se ha convertido desde el año pasado en el campo de batalla donde Trump y los chinos se disputan la hegemonía.

La propia economía estadounidense está empezando a sentir los impactos: la industria manufacturera descendió al nivel más bajo en una década, y las bolsas de valores cayeron. Aunque el desempleo en Estados Unidos alcanzó su tasa más baja en 50 años, los puestos de trabajo industrial –claves para la reelección de Trump en 2020– están siendo golpeados.

Los centros manufactureros del mundo –Alemania, por ejemplo– también están sintiendo los efectos de la incertidumbre y empujando la actividad productiva hacia abajo.

En este entorno global tan complejo e incierto, Colombia mantiene una perspectiva interesante de crecimiento. Sin embargo, es difícil permanecer inmune a esta tendencia internacional marcada por este toma y dame entre Trump y los chinos. Ojalá en la reunión del jueves se alivie la tensión.

EDITORIAL

editorial@eltiempo.com 







sábado, octubre 05, 2019


El peligroso juego sectario de arabia saudita    

Columnista The New York Times      El Colombiano

Cuando Arabia Saudita ejecutó al clérigo chiíta y disidente político Sheikh Nimr al-Nimr el sábado, los líderes del país estaban conscientes de que hacerlo sería molesto para sus antiguos rivales en Irán. De hecho, la corte real en Riad estaba contando con eso. Consiguió lo que quería. El deterioro de relaciones ha sido precipitoso: protestantes en Teherán saquearon la embajada de Arabia Saudita; en retaliación, Arabia Saudita cortó vínculos diplomáticos. Más efectos secundarios podrían seguir, posiblemente hasta la guerra.

¿Por qué quiso Arabia Saudita esto ahora? Porque el reino está bajo presión: los precios del petróleo, sobre los cuales la economía depende casi completamente, están cayendo; una distensión en las relaciones entre Irán y América amenaza con reducir la posición especial de Riad en la política regional; las fuerzas militares sauditas están fracasando en su guerra en Yemen.

En este contexto, un pleito con Irán no es tanto un problema como una oportunidad. Lo más probable es que los reales en Riad creen que les permitirá poner fin al disentimiento en casa, recolectar apoyo entre la mayoría sunita y traer a aliados regionales a su lado. En el corto plazo, podrán tener razón. Pero eventualmente, atizar al sectarismo sólo fortalecerá a los extremistas y desestabilizará aún más una región ya candente.

A través de la última década, los gobernantes de Arabia Saudita han usado a Irán y a los chiítas cada vez que necesitan un chivo expiatorio. Sentimientos anti-iraníes y anti-chiítas por mucho tiempo han existido entre extremistas religiosos en el reino, pero hoy están en el centro de la identidad nacional de Arabia Saudita. Este desarrollo es peligroso para la comunidad chiíta de Arabia Saudita, que se estima es entre 10 y 15 por ciento de la población, y para todo el Medio Oriente.

Esta es la primera vez que los chiítas de Arabia Saudita han estado bajo fuego. El sectarismo bajo el gobierno saudí data de principios del siglo XX. Pero recientemente, los líderes del reino han balanceado tácticas de mano dura con esfuerzos por acomodar a los líderes de la comunidad, en busca de minimizar los peligros del sectarismo.

Después de que la invasión de Irak en 2003 desató una nueva ola de tensión entre sunitas y chiítas a través del Medio Oriente, Riad empezó a desviar su rumbo. Pero en el 2011, mientras el mundo árabe explotaba con protestas populares, el gobierno saudí cimentó su compromiso con la confrontación sectaria. La población mayoritaria chiíta en el vecino Bahrein se alzó contra la monarquía dominada por sunitas. La minoría sunita en Arabia Saudita también salió a las calles, protestando a favor de la reforma política.

Invocando a Irán y a los chiítas como una amenaza aterradora, los gobernantes saudíes enmarcaron todo, desde protestas domésticas hasta la intervención en Yemen, en términos sectarios y durante el proceso buscaron no sólo demonizar a un grupo minoritario, sino también desautorizar el atractivo de la reforma política y la protesta.

Nimr tenía una larga historia de retar a la familia gobernante saudí, pero fue su activismo pos-2011 lo que llevó a su ejecución. Después de hablar en tono desafiante sobre la discriminación anti-chiíta, fue perseguido y arrestado por la policía saudí en julio de 2012. Los policías que lo arrestaron dijeron que él había disparado contra ellos. Oficialmente, Nimr fue ejecutado por sedición y otros cargos. Lo más probable es que fue ejecutado por ser crítico del poder. No era un liberal, pero le dio una voz al tipo de críticas que los reales saudíes más temen y menos toleran.

En todo caso, la ejecución de Nimr es más importante por lo que comunicó a los aliados domésticos del reino y a posibles disidentes futuros. La emergencia de sentimiento anti-chiíta en la última década no sólo ha sido utilizada para eliminar esfuerzos por parte de la minoría chiíta por ganar más derechos políticos. En aplastar el llamado a la democracia que origina en la comunidad chiíta, Riad también ha menospreciado amplias demandas para la reforma política al presentar a los protestantes como anti-islámicos. Muchos reformistas sunitas quienes cooperaron con chiítas en el pasado ahora no lo hacen.


Las autoridades saudíes tienen buena razón para preocuparse por nuevos llamados a la reforma. Aproximadamente una semana antes de la ejecución de Nimr, el reino anunció que enfrentaba un déficit de unos $100 billones para su presupuesto nacional del 2016. Ganancias petroleras en decaída podrían pronto obligar al reino a recortar gastos en programas de bienestar social, agua subsidiada, gasolina y empleos, el mismo contrato social que vincula a gobernantes y gobernados en Arabia Saudita. El asesinato de un miembro prominente de una detestada minoría religiosa desvía la atención de la inminente presión económica.

El peligro con la incitación sectaria y anti-iraní en curso en Arabia Saudita, de la cual la ejecución de Nimr es solo una parte, es que es incontrolable. Como es claro en Siria, Irak y hasta más allá, la hostilidad sectaria ha tomado vida por encima de lo que los arquitectos del reino son capaces de manejar. Esto ya ha demostrado ser el caso en Arabia Saudita, donde terroristas alineados con el Estado Islámico han perpetrado varios bombardeos suicidas en mezquitas chiítas en el último año. El verdadero problema no es solo que los saudíes están dispuestos a vivir con sectarismo violento. Ellos ahora están endeudados con él también. El hecho de que los líderes del reino han aceptado al sectarismo de manera tan imprudente sugiere que tienen pocas opciones. Esto debería ser aterrador, al considerar que seguramente viene más de lo mismo. Pero también debería ser esclarecedor para quienes creen que Arabia Saudita es una fuerza para la estabilidad en el Medio Oriente. No lo es.

http://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/el-peligroso-juego-sectario-de-arabia-saudita-JL3409478


Años de indulgencia y La puta de Babilonia, de Fernando  Vallejo

Fabrizio Mejía

Fernando Vallejo escribe para llenar el tiempo vacío y para ayudarse a olvidar –“porque me he hecho la ilusión de que lo que yo paso al papel lo borro de la memoria”– y, por si hiciera falta otra razón, escribe para molestar a los hipócritas. Acaba de aparecer su ensayo contra una de sus enemigas personales, la Iglesia Católica, pero también, por primera vez en México, el cuarto volumen de El río del tiempo –su proyecto narrativo en lo que pasa de la vida a la nada–, Años de indulgencia, que narra su estadía en el barrio neoyorkino de Queens.

En el segundo título, Vallejo va con lo mejor de su estilo antinovelístico: una escritura vivificada por el habla, sin cortes, sin capítulos, de arriba al suelo, del subsuelo. Comienza con la frase: “Soy el Diablo. Y nadie puede conmigo”– al fondo a la derecha: “hemos sido dependientes de tienda, acomodadores de carros, sacadores de basura, vendedores de zapatos, limpiadores de inodoros ¡Y qué inodoros! Las paredes cubiertas de graffiti obscenos y retacados de porquería. Por la roña de San Lábaro y el hedor de Santa Cunegunda, qué asquerosidades son éstas, ¿ah? Aquí nos vamos a santificar de mierda, Dios mediante, hasta la coronilla”. Es la vida, como en todo el discurso de Vallejo –no es posible separar sus textos de sus dichos, apretados en una moral que va más allá de lo bienpensante–, hecha de sin sentido, drama, fiestas orgiásticas, cuerpos nocturnos sin rostro, fluir del habla y la diatriba como sustento de la única voluntad posible.

Si tratáramos de decirlo en una frase, la moral de Fernando Vallejo parte del principio de que la vida es un desastre, que vamos de una nada a otra nada, y que debiera existir un derecho de no haber nacido. En Años de indulgencia, su diatriba alcanza a los afroamericanos, al ex presidente Salinas de Gortari, y al cine colombiano. Una de las muchas historias rocambolescas de la novela es la de la imposibilidad de filmar una película en Colombia.

A los técnicos se les vela la cinta, filmada con tanto esfuerzo, porque el agua tiene demasiado cloro. Entonces se plantean la idea de que, para empezar una industria cinematográfica, deberían contar, primero, con un pozo de agua limpia. Luego, se les vuelve a arruinar la cinta porque se les va la luz a la mitad del revelado. Entonces, habría que tener una planta de luz. El protagonista de la novela se acaba yendo a Nueva York para hacer su cine, pero termina vendiendo pececitos en una tienda.

El propio Vallejo ha contado que, tratando de filmar sus películas en Colombia, terminó en la Séptima tapado con periódicos. En México logró hacer tres, Crónica roja (1977), En la tormenta –sobre los años de La Violencia, entre 1945 y 65– y Barrio de campeones (1988), con Katy Jurado. Pero en Años de indulgencia tiene palabras más que crueles contra el cine, un arte mucho menor que la literatura, pues necesita de letreros para que el espectador se entere de que pasó el tiempo. Un arte que no puede traducir a imágenes la palabra “eternidad”. Así que a la frustración por no poder hacer cine, se le añaden otros contratiempos como vivir en la ciudad más humanizada del planeta, Nueva York, llena de “rapacidades”. Al final, el narrador termina por prenderle fuego al negocio donde trabaja.

Además del sexo y el nitrato de amilo “para ir a buscar a Dios porque aquí no lo encuentro”, el rencor es casi una constante newtoniana. O mejor no. Newton es otro de los enemigos personales de Fernando Vallejo. Una paradoja interesante: “Dios es ateo.”

Y así llegamos a La puta de Babilonia, que le levanta acta de defunción a la Iglesia Católica y, en el fondo, a todo fanatismo criminal. El gesto de Vallejo no podría ser más moral: es el único escritor que se plantea como una posibilidad que los países latinoamericanos –menos asustados que Europa, según él, por las guerras de religión– discutamos la conveniencia de proscribir el catolicismo institucional por ser culpable de crímenes atroces, matanzas, purgas, inquinas, inquisiciones, torturas.

En el fondo, Vallejo no cree que el catolicismo ni el islam sean religiones, sino máquinas de asesinar, que sustentan una moral que nunca han practicado. Con esa propuesta llegó a la Universidad Nacional Autónoma de México, acompañado de sus perros. El texto es vallejiano en su discurrir de monólogo donde lo mismo vale el hecho histórico –por ejemplo, el papa Esteban VII mandó exhumar el cadáver del papa Formoso para juzgarlo en el “sínodo del cadáver”, nueve meses después de muerto– que la referencia personal –que por culpa de la Iglesia Romana de Pío XII él mismo tuvo veinte hermanos– o las conjeturas sobre el asesinato de Juan Pablo I.

Enemigo personal de Juan Pablo II, Vallejo ve en su pontificado el fin de la “pornocracia” vaticana que vendió la imagen del Vicario de Cristo como si fuera un partido de futbol. Se acabó el secreto, el latín que nadie entiende, las órdenes de la venganza para los desobedientes. Wojtyla se convirtió en una marca y en su logotipo. Y es constatable. Si bien la Iglesia no reformó ninguno de sus prejuicios, sí se subió al altar de los medios vía satélite. Era la misma perra pero por internet.

Los argumentos de Fernando Vallejo contra una máquina de inmoralidad como el Vaticano me han convencido de que, en efecto, la separación entre Iglesia y Estado debe extenderse a los medios de comunicación. Con mucha sinceridad del autor le echa en cara a la Iglesia Romana no sólo las matanzas de herejes y desobedientes, las cruzadas, la Inquisición y la masacre de pueblos autóctonos, su apoyo a Hitler y Mussolini y Francisco Franco, sino también sus contradicciones contemporáneas: se opone a todo avance tecnológico para alimentar a una masa de seres humanos hambrientos y, al mismo tiempo, se opone al aborto. “La paridera” ha definido a esa postura, a todas luces suicida, de los últimos dos pontificados. Y están terminados, sin asideros culturales, sin referentes de los que echar mano.

En la ciudad de México esto fue constatable en los debates sobre el aborto y las sociedades de convivencia. No estuvieron en el debate. Simplemente repitieron su propio eco. Una vieja canción cristera.

A veces quisiera que esto que digo fuera cierto. Pero siempre hay algo que nos despierta. En su discurso en la UNAM-, uno de los perros de Fernando Vallejo empezó a ladrar. “Déjenlo que ladre -explicó serenamente-, que aquí estuvo Fox rebuznando durante seis años y nadie lo pateó.” ~

https://www.letraslibres.com/mexico/libros/anos-indulgencia-y-la-puta-babilonia-fernando-vallejo





'La  cantante calva' de Ionesco: del teatro del absurdo a una crítica a la "incomunicación"

Sara Cano   -   Teatro Olympia

Valencia. “No hay ninguna cantante, calva o cabelluda”, explicaba Eugène Ionesco (Slatina, 1909 - París, 1994) ante el título de su obra. Lo que hay es desconcertación, tramas sin significado y humor, en una propuesta que se enmarca dentro del denominado teatro del absurdo. Fue la primera obra dramática del autor y de hecho fue la que lo introdujo en este mundo. Contenido, forma y referencias a unas sociedades atemporales; su pieza logró convertirse en un referente en el género del siglo XX. Y casi setenta y ocho años después de su estreno en un cabaret parisino, en mayo de 1950, La cantante calva, continúa siendo representada. En España le dan la voz Adriana Ozores, Fernando Tejero, Joaquín Climent, Javier Pereira y Helena Lanza, en un montaje dirigido por Luis Luque y traducido y adaptado por Natalia Menéndez. Una versión que se trasladada a los escenarios del Olympia hasta el próximo 4 de febrero, en lo que serían dos semanas de funciones.

Un telón semitransparente, un escenario con escaleras que llevan al salón austero donde se cuece toda la trama, una llamativa alfombra americana que también va acorde con una gasa de los EE.UU o un reloj omnipresente. Palabras sin sentido y diálogos donde se pone pasión donde no habría que tenerla. “Hoy mismo he visto en el metro sentado en su asiento a un señor que leía tranquilamente su periódico” contaba el personaje de Tejero, a lo que Adriana Ozores exclamaba impresionada: “ay qué extravagante”. Un relato inconexo entre el matrimonio Smith, sus amigos los Martin, su criada Mary y un bombero en busca de un fuego inexistente.

Ionesco empezó a escribir esta pieza a raíz de un manual que compró para aprender inglés. De ahí los personajes y las conversaciones sin sentido. “Antes de escribirla no quería convertirme en un autor teatral. Ambicionaba simplemente en aprender inglés. Me compré un manual de conversación franco-inglesa y me puse a trabajar. En la tercera lección aparecían dos personajes: el señor y la señora Smith, una pareja de ingleses. Ante mi asombro, la señora Smith informaba a su marido que tenían varios hijos, que vivían en los alrededores de Londres o que su apellido era Smith. Ya no se trataba de aprender inglés, mi ambición era mucho mayor: comunicar a mis contemporáneos las verdades esenciales reveladas en él”, explicaba el dramaturgo en una nota.

A ojos de los propios intérpretes, el texto sirvió para acercar “el desencuentro, la soledad y la propia absurdez de la vida” a los montajes teatrales. Una obra donde el autor hizo critica de la “incomunicación” total que había en la sociedad y que continua en la actualidad. “Es un reflejo de lo que ahora sucede. Estamos más preocupados de subir una foto cenando a las redes sociales que de cenar. Esto es muy Ionesco” considera Carmen Ruiz. Por ello, la representación, “debajo de esa primera capa cómica” conduce a los espectadores por un “viaje personal” en el que “se quedan pensando qué quería contar Eugène con ella”, apunta Fernando Tejero. Para el propio actor dice ser, así mismo, una de los “trabajos más complejos” que ha hecho hasta ahora, tanto en cine como en televisión: “ojalá Ionesco se pudiera pasear por la televisión española”.

Para su director Luis Luque, de El señor Ye ama los dragones o El pequeño poni, el teatro del absurdo es lo más cercano al contexto real de la sociedad de hoy. “Ionesco, cuando salía a la calle, confesaba que no entendía ni lo que ocurría, ni lo que se decía. Por ello, esta es una gran comedia que en sí misma es una gran tragedia. La obra rebela nuestro automatismo colectivo, a través de los sin sentidos que sirven de reflejo de las sociedades modernas.

Se ha dicho que el teatro de Ionesco es teatro de advertencia social. De ahí la urgencia de volver a despertar a la cantante”, explicaba Luque en antiguas declaraciones.

Estar cerca pero sin estarlo, los Smith viven pues como una familia apegada físicamente, pero sin lograr entenderse. Al mismo espectador- sentado en su sillón y contemplando la acción detenidamente- le sucederá. "Hay un gran desconcierto en todo lo que sucede", sin embargo, "el mensaje pronto se entiende".

https://valenciaplaza.com/la-cantante-calva-de-ionesco-del-teatro-del-absurdo-a-una-critica-a-la-incomunicacion








El primer cíborg del mundo defiende "el derecho a 

diseñarse como especie"


El Espectador   EFE   Tecnología

El británico Neil Harbisson aseguró que ciertos implantes podrían ayudar a desarrollar nuevos sentidos y beneficiar al medio ambiente.

El artista Neil Harbisson, el primer cíborg reconocido oficialmente por un gobierno (el del Reino Unido), defendió este viernes el derecho de las personas a incorporar la robótica al cuerpo humano y a "diseñarse como especie" durante una conferencia ofrecida en Barcelona.

Harbisson participó este viernes en la sexta versión de la "International HR Conference", un evento sobre ciencia y tecnología en el que reivindicó el derecho a adquirir nuevos sentidos a través de implantes como el que él lleva en su cabeza: una antena conectada al cerebro que le permite percibir los colores en forma de sonidos.

El artista nació con acromatopsia, una enfermedad que impide la percepción de los colores más allá de los negros, blancos y grises.

"El color es un elemento muy importante y no quería estar excluido socialmente", argumentó, así que en 2004 le propuso a un médico que le injertara una antena en la cabeza capaz de percibir la frecuencia de cada tonalidad y, tras memorizarla, identificar el color correspondiente. 
Sin embargo, Harbisson fue un paso más allá y decidió que dentro de su abanico de vibraciones se incluyera la luz ultravioleta y los infrarrojos, en un intento de sobrepasar los límites humanos.

"Un médico de Barcelona anónimo accedió a operarme", subrayó Harbisson, después de comentar algunos de los problemas bioéticos que le planteó el primer cirujano al que acudió, entre ellos, que "la antena no es una parte preexistente del cuerpo o que no es ético superar el espectro sensorial de los humanos", añadió.

Tras la operación, Harbisson desarrolló un nuevo sentido que le permite saber a qué suena una cara, "por ejemplo, mediante las diferentes formas de rojo de unos labios", pintar un cuadro a través de un discurso o vestir una canción.

La antena no es el único dispositivo que tiene incorporado, ya que en la rodilla lleva implantado un chip que le permite saber dónde se encuentra el norte geomagnético, "un sentido que tienen diversos animales", recalcó.

"La condición de cíborg -subrayó- me acerca más a la naturaleza, permitiéndome percibir elementos naturales que los humanos no perciben y estar más cerca de otras especies, Hay personas, sobre todo jóvenes, que se sienten cíborgs antes de poder operarse y que, como las personas transgénero, deciden cambiar su cuerpo una vez son mayores de edad", comentó.

En esta línea, afirmó que "cada uno debe ser libre de escoger qué órganos quiere como especie", señalado que la identidad cíborg es independiente de los dispositivos que la persona tenga integrados en su cuerpo.

Con todo, Harbisson ha insistido en las ventajas que supone convertirse en un cíborg para el medio ambiente, porque según contó, "para vivir mejor ya no hace falta cambiar el planeta, sino cambiarnos a nosotros mismos".

Detalló que la Tierra sería mucho más sostenible si tuviéramos visión nocturna o pudiéramos regular nuestra propia temperatura, ya que no haría falta usar tanta electricidad o calefacción.

Los riesgos médicos que podría comportar la incorporación de la robótica al cuerpo, en su opinión, "están presentes", pero él considera que "valen la pena".

La próxima operación que Harbisson tiene en mente consistirá en el injerto de una corona interna en la cabeza que permite saber dónde está brillando el sol en cada momento.
"El objetivo no es saber qué hora es en Londres, sino crear ilusiones en el tiempo haciendo que los momentos duren más o menos, según se desee", concluyó.

https://www.elespectador.com/tecnologia/el-primer-ciborg-del-mundo-defiende-el-derecho-disenarse-como-especie-articulo-884394




La peste o la muerte negra                                                                                                                                 José López Jara

En el año 1348 empezó una epidemia de peste en Europa que se cobró una tercera parte de la población total de entonces. Aunque el número de víctimas varió desde un quinto de la población en algunos lugares hasta la casi total exterminación en otros, los investigadores modernos han llegado a aceptar como estimación más aproximada la cifra que nos da Froissart en su crónica, es decir, un tercio de la población, aproximadamente, desde la India hasta Islandia. En realidad Froissart tomó esta cifra del Apocalipsis de San Juan, la lectura preferida en aquellos duros tiempos.
Un tercio de la población de Europa en aquella época equivaldría a unos veinte millones de personas. En realidad es imposible saber el número de víctimas con exactitud, porque en este tema los cronistas de la época no son de fiar y hay que recurrir a otras fuentes, como recaudaciones de impuestos, censos o los escasos documentos que se conservan de las iglesias en los que se recogen nacimientos y defunciones.
En el año 1346 llegaron a Europa rumores de una terrible epidemia, supuestamente surgida en China, que a través del Asia Central se había extendido a la India, Persia, Mesopotamia, Siria, Egipto y Asia Menor. Se habla de regiones enteras que habían quedado despobladas, de forma que hasta el Papa Clemente VI en Avignon se muestra interesado por el tema, y reuniendo los informes que van llegando, calcula que el número de victimas de be ascender a casi veinticuatro millones de personas. Sin embargo, como en aquel entonces se desconocía el concepto de contagio, no hubo ninguna alarma en Europa hasta que la peste fue introducida en Italia por los barcos genoveses y venecianos que venían del mar Negro; La peste aparece en Italia en octubre de 1347, Y para enero del año siguiente ya ha penetrado en Francia, vía Marsella, y ha llegado hasta el Norte de Africa. La rata negra, buena pasajera de los barcos, la va extendiendo a lo largo de las costas y ríos navegables. Al mismo tiempo que penetra en España, en Italia alcanza Roma y Florencia, y llega a Paris en junio de 1348, pasando poco más tarde a Inglaterra a través del Canal de la Mancha. Ese mismo verano llega a Suiza y por el Este se extiende hasta Hungría.
En 1349 la peste reaparece en Paris, se extiende por Picardia, Flandes y los Países Bajos; de Inglaterra pisa a Escocia e Irlanda, asi como Noruega donde, procedente de Inglaterra, llega un barco fantasma con un cargamento de lana y toda la tripulación muerta, que embarranca cerca de Bergen. Desde Noruega se extiende la epidemia a Suecia, Dinamarca, Prusia e Islandia, llegando incluso hasta Groenlandia. Deja una extraña bolsa de inmunidad en Bohemia y alcanza Rusia en 1351, aunque el primer brote ya había remitido en casi toda Europa a mediados de 1350.


La gran mortandad
Aunque el número de víctimas varió desde un quinto de la población en algunos lugares hasta la casi total exterminación en otros, los investigadores modernos han llegado a aceptar como estimación más aproximada la cifra que nos da Froissart en su crónica, es decir, un tercio de la población, aproximadamente, desde la India hasta Islandia. En realidad Froissart tomó esta cifra del Apocalipsis de San Juan, la lectura preferida en aquellos duros tiempos.
Un tercio de la población de Europa en aquella época equivaldría a unos veinte millones de personas. En realidad es imposible saber el número de víctimas con exactitud, porque en este tema los cronistas de la época no son de fiar y hay que recurrir a otras fuentes, como recaudaciones de impuestos, censos o los escasos documentos que se conservan de las iglesias en los que se recogen nacimientos y defunciones. Tomemos como ejemplo Avignon, sede de la corte papal; se calcula que morían diariamente unas cuatrocientas personas y que unas síete mil casas quedaron deshabitadas. Los cronistas, impresionados sin duda por la acumulación de cadáveres, dan cifras exorbitantes al elevar el número total de muertos a sesenta y dos mil o incluso a ciento veinte mil, cuando la población total de la ciudad no pasaba seguramente de cincuenta mil habitantes.
Conviene recordar que las mayores ciudades de Europa, con una población de unos cien mil habitantes, eran París, Florencia, Venecia y Génova. Después venían Gante, Brujas, Milán, Palermo, Bolonia, Roma. Nápoles y Colonia, con más de cincuenta mil. Londres se acercaba a esta cifra junto con Burdeos, Tolousse, Montpellier, Lyon, Barcelona, Sevilla, Toledo, Siena y Pisa. Por todas estas ciudades la peste pasó matando de un tercio a dos tercios de los habitantes.
Italia, con una población de diez u once millones de personas, fue la que padeció más duramente sus efectos. En Florencia podemos decir que «llovía sobre mojado»; como consecuencia del inicio de lo que sería la Guerra de los Cien Años, las principales casas bancarias florentinas, los Bardi y Peruzzi, fueron a la bancarrota cuando Eduardo III de Inglaterra no pudo devolver los empréstitos que le habían concedido para la primera campaña (años 1343-44). Siguieron años de malas cosechas y con ellos apareció el hambre y se produjeron revueltas de campesinos y trabajadores; después la peste mató de tres a cuatro quintos de la población de esta ciudad, una de las más importantes de Italia. Venecia perdió dos tercios de sus habitantes y en Pisa morían quinientas personas al día.
Además, la primera aparición de la peste coincidió con un terrible terremoto que asoló Italia desde Nápoles a Venecia, dejando un rastro de destrucción que colaboró a aumentar la psicosis de fin del mundo.
En general la mortandad fue enorme en toda Europa; las ciudades estaban más expuestas a la epidemia, por ser centros de comunicación y dado el hacinamiento en que se vivía, sobre todo en los barrios pobres. París, por ejemplo, perdió a la mitad de sus habitantes.
De todas maneras, se ha comprobado que el índice de mortandad en las aldeas, una vez que aparecía en ellas la peste, era igualmente alto.
En los sitios cerrados, tales como los monasterios o las prisiones, la infección de una persona normalmente significaba la de todos, como ocurrió en los conventos franciscanos de Carcasona y Marsella, en los cuales toda la comunidad murió. De los 140 frailes dominicos que había en Montpellier sólo sobrevivieron siete. El hermano de Petrarca, Gerardo, miembro de un monasterio de cartujos, enterró a su prior y a treinta y cuatro compañeros, uno por uno, hasta que se quedó solo con su perro y huyó a buscar refugio en otra parte. En Kilkenny, Irlanda, el hermano John Clyn de los frailes Menores también se encontró solo, rodeado de compañeros muertos, pero escribió una crónica de lo que había sucedido para que no ocurriera que «...las cosas que deben ser recordadas parezcan con el tiempo y sean borradas del recuerdo de quienes vendrán tras nosotros». Creía que el mundo entero estaba en poder del demonio y, esperando morir a su vez, escribió: «Dejo pergamino para continuar este trabajo, por si alguien sobrevive y cualquiera de la raza de Adán escapa a la peste y continúa la labor que yo he comenzado». El hermano John, tal como escribió otra mano, murió de la peste, pero escapó al olvido.
La peste y la escala social
En todas partes se observó que la peste afectaba más a los pobres que a los ricos. El cronista escocés John de Fordun afirma llanamente que la peste «atacaba especialmente a las clases humildes y raramente a los magnates». La misma observación hace Simón de Covino en Montpellier. Este aumento de la mortandad se debia, además de la penuria de medios de subsistencia, al hacinamiento y a la completa ausencia de medidas sanitarias en las viviendas de las clases más humildes.
Aunque la tasa de mortandad fuese mayor entre los pobres, los grandes también sufrieron el azote de la peste. El rey Alfonso XI de Castilla, el vencedor de Salado, fue el único monarca reinante que murió de la peste, pero su vecino Pedro de Aragón perdió a su mujer Leonora, a su hija y a una sobrina, en el espacio de seis meses. El emperador de Bizancio, Juan Cantacuzeno, perdió a su hijo. En Francia murieron la reina coja Juana y su nuera, la esposa del Delfin, ambas en 1349.
También murió la reina de Navarra. La segunda hija de Eduardo III de Inglaterra, que iba a casarse con el heredero de Castilla -el futuro Pedro el Cruel-, murió en Burdeos cuando se dirigía hacia su boda. Las mujeres parecen haber sido más vulnerables que los hombres, quizá porque al estar más recluidas en el hogar estaban más expuestas a las pulgas. Así murió la amante de Boccaccio, hija ilegítima del rey de Nápoles; y también Laura, la amada real o imaginaria de Petrarca.
En Florencia, el gran historiador Giovanni Villani murió a los sesenta y ocho años en medio de una frase inacabada mientras escribía: « ... en el curso de esta peste fallecieron ... » También desaparecen de las crónicas, a partir de 1348, Ambrosio y Pietro Lorenzetti, maestros pintores de Siena, así, como Andrea Pisano, arquitecto y escultor de Florencia, por lo que es de suponer que también ellos fueron víctimas de la peste.
Entre los médicos la mortaridad fue naturalmente más alta: de veinticuatro médicos que había en Venecia, veinte fueron víctImas de la epidemia, aunque las malas lenguas murmuraron que algunos de estos supuestos mártires de su deber habían huido de la ciudad o se habían escondido en sus casas. En Montpellier, sede de la principal escuela médica de la época, Simón de Cavino testifica que a pesar del gran número de médicos y estudiantes que allí había, muy pocos sobrevivieron al azote de la peste.
En cuanto al clero, la mortandad varió según el rango. La única excepción a esta regla fue la muerte de un tercio de los cardenales, pero ello se debió más bien a que se encontraban concentrados en la corte papal en Avignon. Entre los obispos se calcula que murió uno de cada veinte; en cambio los sacerdotes sufrieron igual que el pueblo llano, aunque en muchos lugares abandonaron sus deberes y huyeron por miedo al contagio. Por una extraña y siniestra coincidencia, en Inglaterra murieron sucesivamente el arzobispo de Canterbury, en agosto de 1348, su sucesor en mayo de 1349, y el siguiente candidato tres meses más tarde. Suponemos que pocos estarían dispuestos a ocupar el más alto cargo eclesiástico de Inglaterra después de esta cadena de muertes.
Los funcionarios públicos y las personas con cargos en el gobierno tampoco se vieron perdonados por la peste y su pérdida contribuyó a generalizar el caos. En Siena murieron cuatro de los nueve miembros de la oligarquía gobernante. En Francia murieron un tercio de los notarios reales y como resultado la recogida de impuestos se vio afectada de tal manera que Felipe VI sólo pudo recaudar una parte del subsidio que le habían concedido los Estados Generales en el invierno de 1347-48.
Los campesinos caían muertos en los campos, en los caminos o en sus casas, y los que sobrevivían se hallaban presos de una apatía total, dejando el trigo maduro sin segar y el ganado desatendido. Esto ponía en peligro la economia del siglo, que dependía de la cosecha de cada año para comer y para hacer la siembra del año siguiente. La disminución alarmante de la mano de obra bien pronto se hizo patente y acarrearía graves problemas que examinaremos más adelante. «Quedaron tan pocos siervos y trabajadores que nadie sabía a quien pedir ayuda» escribió Knigbton. La idea de un futuro sin futuro -valga la redun- redun- dancia- creó un sentimiento de demencia y desesperación. Un cronista bávaro cuenta que «los hombres y las mujeres deambulaban como si estuvie-sen locos y dejaban que su ganado se perdiese porque ya nadie quería preocuparse por el futuro».
En cierto modo la respuesta emocional de la gente se vio embotada ante tanto horror y, tal como escribió otro testigo de la catástrofe: «En aquellos días había entierros sin pena y matrimonios sin amor».

Intentos de explicación de la peste
Se desconoce qué fue lo que causó esta epidemia, la más terrible de la historia, pero ahora se cree que su origen geográfico no estuvo en China, sino en algún lugar de Asia Central y que desde allí se extendió por la ruta de las caravanas hasta llegar al mar Negro y luego a Europa. El origen chino fue una noción equivocada del siglo XIV, basada en informes verdaderos pero retrasados que se referían a las grandes calamidades ocurridas en China -peste, hambre e inundaciones- a principios de la década de 1330, demasiado pronto por tanto para estar relacionadas con la peste que aparece en la India en 1346. El enemigo fantasma no tenía nombre y sólo empezó a conocérsele como la peste negra en citas posteriores. Durante la primera eclosión de la epidemia se le nombra como la gran mortandad o la peste a secas. Para empeorar las cosas llegaban a los oídos de los atemorizados europeos relatos desde Oriente en los que se hablaba de furiosas tempestades de fuego que arrasaban todo lo que encontraban a su paso, y se decía que los vientos provocados por estas lluvias de fuego eran los que habían traído la peste a Europa. También se culpó al terremoto antes mencionado de liberar gases pestilentes y sulfurosos del interior de la tierra; o bien se decía que la epidemia era la evidencia de una lucha titánica entre los planetas y los océanos, cuyo resultado había sido la evaporación de grandes masas de agua, lo que había hecho morir millones de peces que con su olor putrefacto habían corrompido el aire. Como se ve, todas estas explicaciones tenían en común el factor del aire envenenado, de las espesas nieblas y de las malignas influencias de los planetas.
El misterio del contagio era el más temible de los terrores. La gente se dio cuenta rápidamente de que la enfermedad se propagaba por el contacto con los enfermos, con sus ropas o sus cadáveres y también con sus casas. ¿Cómo? y ¿por qué? eran las preguntas claves que nadie acertaba a responder.
Gentile da Foligno, doctor en Medicina por la Universidades de Bolonia y Padua, se aproximó al concepto de infección respiratoria cuando afirmó que mediante la respiración se introducía materia venenosa en la persona. Pero al desconocer la existencia de los microbios, dedujo que el aire estaba envenenado por influencias planetarias. La desesperada búsqueda de explicaciones dio lugar a teorías tan peregrinas como la del contagio por la vista; pero tampoco debemos reír demasiado si pensamos solamente en los intentos que recientemente se han llevado a cabo para explicar el envenena- miento del aceite de colza. Los médicos medievales, luchando con la evidencia, no podían desdeñar los términos y límites de la astrología, a la que creían estaba sujeto todo ser humano. La medicina era quizás el único aspecto de la vida medieval que escapaba al dominio de la doctrina cristiana, en parte debido a la gran influencia a que sobre ella tenía el mundo árabe. Guy de Chauliac, que fue médico de tres papas, practicaba de acuerdo con el Zodíaco.
En octubre de 1348, Felipe VI pidió a la Facultad de Medicina de París que se definiese sobre las causas que habían provocado la temible epidemia de la peste, que parecía amenazar con el exterminio de la Humanidad. Con cuidadosas tesis, antítesis y pruebas, los doctores dictaminaron que su origen se debía a una triple conjunción de Saturno, Júpiter y Marte en el grado cuarenta de Acuario, ocurrida el veinte de marzo de 1345. Este veredicto se convirtió en la versión oficial y fue reproducido y traducido a diversos idiomas, llegando a ser aceptado incluso por los médicos árabes de Córdoba y Granada.
Naturalmente se intentaron llevar a cabo algunas medidas destinadas a la curación de los enfermos, pero casi todas ellas iban muy mal encaminadas. Los médicos efectuaban tratamientos destinados a sacar veneno e infección del cuerpo, sangrando, purgando con lavativas, cortando o cauterizando los bubones o aplicando compresas calientes. Se recetaban también pócimas que contenían especias raras y polvo de esmeraldas o perlas, siguiendo la teoría, no desconocida en la medicina moderna, de que la sensación de curación de un paciente es directamente proporcional al coste del tratamiento. El único caso de medicina preventiva lo tenemos en la manera en que Guy de Chauliac, médico de Clemente VI, aisló al supremo pontifice en sus apartamentos del palacio papal de Avignon, prohibiéndole terminantemente que recibiera visitas y haciéndole sentar en medio de dos grandes fuegos durante' todo el caluroso verano provenzal. El aislamiento y el calor infernal que reinaba en las habitaciones papales contribuyeron sin duda a. espantar las pulgas.
A nivel popular se aconsejaba a diestro y siniestro, desde lavarse la boca y nariz con vinagre y agua de rosas, hasta frecuentar las letrinas, siguiendo la teoría de que los malos olores eran eficaces contra la peste. En una aldea se podia ver a sus habitantes danzando y cantando continuamente al son de flautas y tambores. Si se les preguntaba que por qué lo hacían, respondían que confiaban en mantenerse inmunes a la peste mediante la alegría que demostraban con el baile. No sabemos si realmente lo consiguieron.
La psicosis del «Castigo de Dios» y sus consecuencias
Para la gente en general sólo podía haber una explicación para la peste: la ira de Dios. Los planetas podían satisfacer a los doctores cultos, pero Dios estaba más cerca de la mente del hombre normal. Marco Villani comparó la peste con el Diluvio, y en realidad estaba convencido de que se trataba del fin del mundo. El mismo Papa contribuyó a fomentar esta creencia del castigo divino cuando en una bula de septiembre habló de la «Pestilencia con la que Dios está castigando a sus gentes». Era lógico que la ausencia aparente de una causa material diese a la epidemia una cualidad siniestra y sobrenatural, de modo que por toda Europa surgieron leyendas que simbolizaban a la peste en la forma de una doncella que entraba en las casas para llevarse a sus habitantes.
Por otro lado, la aceptación general de que se trataba de un castigo divino creó un extenso sentido de culpabilidad, porque para recibir tamaño castigo se tenía que haber cometido un crimen horrible. ¿Qué pecados había en la conciencia del hombre del siglo XIV? En realidad, todos -codicia, avaricia, usura, materialismo, adulterio, blasfemia, falsedad, lujuria, etc.- porque cuando más se acercaba el final de la Edad Media, anunciándose el hombre moderno, más se alejaban las personas de las doctrinas cristianas.
Los esfuerzos para apaciguar la ira divina tomaron muchas formas, como cuando la ciudad de Ruan decidió prohibir todo aquello que pudiese ofender al Señor, como el juego, la bebida y las blasfemias. En todas partes se organizaron procesiones de penitencia, algunas de las cuales reunían a miles de personas y duraban hasta tres días. Estas procesiones acompañaron el avance de la peste, al tiempo que servían para aumentar el contagio. Cuando se hizo evidente esto último, fueron prohibidas por el Papa.
Algunos cronistas de la época se vieron desilusionados, pues creían que con el castigo divino de la peste mejoraría el comportamiento moral de las gentes. En general ocurrió todo lo contrario. Tal y como había ocurrido en la epidemia que asoló Atenas en el 430 a. C., según la narración de Tucídides, la gente se volvió más amoral como consecuencia del sufrimiento, y el comportamiento más licencioso. La anécdota de los fabricantes de dados para el juego, que a raíz de la peste se dedicaron a fabricar cuentas para rosarios, fue sólo eso, una anécdota.
El miedo al contagio
Existen cierto tipo de calamidades -terremotos, incendios- que parecen sacar a flor de piel los mejores sentimientos de las personas hacia sus semejantes. No es éste el caso de una enfermedad contagiosa como la peste, que no favorece en modo alguno la solidaridad. La gente tendía a evitar el contacto con sus semejantes.
Agnolo di Tura, un cronista de Siena, recoge magistralmente este miedo que se apoderó de todos anulando cualquier otro instinto; «El padre abandona al hijo» -nos cuenta-, «la mujer al marido, un hermano a otro, porque esta plaga parecía comunicarse con el aliento y la vista. Y así morían. Y no se podía encontrar a nadie que enterrase a los muertos ni por amistad ni por dinero ... Y yo, Agnolo di Tura, llamado el Gordo, enterré a mis cinco hijos con mis propias manos, como tuvieron que hacer muchos otros al igual que yo».
Citemos también el testimonio de un monje franciscano en Sicilia quien dice: «Los magistrados y notarios se niegan a venir a hacer el testamento de los agonizantes, y ni siquiera los sacerdotes quieren acudir a escuchar confesión», También encontramos parecidos testimonios en Inglaterra, donde para aliviar las perspectivas de una muerte sin los últimos ritos -no sólo por causa de negligencia del sacerdote, sino porque muchas muertes eran repentinas- un obispo dio permiso a los laicos para que se confesasen entre si, «como hacían los apóstoles», y si ningún hombre estaba presente, incluso podía efectuar la confesión una mujer, y si no encontraba a ningún sacerdote para administrar la Extremaunción, «entonces la fe debe bastar», El mismo Papa Clemente VI se vio obligado a garantizar el perdón de los pecados a los que morían de peste, dado que tantos fueron desatendidos por los sacerdotes, «Y no doblaban las campanas» cuenta un cronista de Siena, «y nadie lloraba, no importa cuán grande su perdida, pues todos esperaban la muerte». Guy de Chauliac, observador serio y meticuloso, nos confirma la misma opinión: «El padre no visitaba al hijo, ni el hijo al padre. La caridad había muerto».
Pero también hubo excepciones. En Paris, según Jean de Venette, las monjas del Hotel Dieu, «no teniendo miedo a la muerte, atendían a los enfermos con toda dulzura y humildad». Las que morían eran sustituidas por otras, hasta que la mayoría «descansaron en paz con Cristo».
Las manifestaciones de insolidaridad se produjeron no solamente entre las personas sino entre regiones y países. Así cuando la plaga entró en el norte de Francia, asentándose en Normandía, y, frenada por el invierno, concedió una falsa tregua a Picardía. Un monje de la abadía de Fourcament cuenta que «entonces la mortandad era tan grande entre las gentes de Normandía que los de Picardía se burlaban de ellos». Fue por poco tiempo, desde luego. La misma reacción la encontramos en los escoceses, que también gracias al invierno gozaban de una tregua frente a la peste que provenía de Inglaterra. Encantados de saber que una enfermedad misteriosa estaba diezmando a las gentes del sur, reunieron un ejército para invadirles. Pero antes de que se pusiesen en movimiento la peste cayó sobre ellos, matando a la mayoría mientras que los supervivientes huían del pánico, diseminando la enfermedad por toda Escocia.
En muchas ciudades se ordenaron estrictas medidas de cuarentena para evitar el contagio. Tan pronto como Pisa y Lucca fueron infectadas, la vecina ciudad de Pistoia prohibió que ninguno de sus ciudadanos que estuviese de viaje en las ciudades afectadas volviese a casa, y asimismo prohibió la importación de lino y de lana. El Dux y el consejo de Venecia ordenaron que se enterrase a los muertos en las islas y a una profundidad mínima de cinco pies, y organizaron un servicio de barcazas para transportar los cadáveres. Polonia estableció la cuarentena en sus fronteras, lo que proporcionó una relativa inmunidad. En Milán el arzobispo Giovanni Visconti tomó medidas draconianas de acuerdo con el estilo de su familia; ordenó que las tres primeras casas en las que apareció la peste fueran tapiadas con sus ocupantes dentro, quedando sanos, enfermos y muertos encerrados en una misma tumba común. No se sabe si por la prontitud de sus medidas o por fortuna, Milán escapó con pocas muertes a la plaga.
Por otra parte se tuvieron que tomar medidas para paliar en lo posible la desmoralización de la gente, de manera que muchas ciudades prohibieron que tocasen las campanas en señal de duelo o que se pregonasen los fallecimientos como era costumbre. La ciudad de Siena impuso multas a todo aquel que llevase luto, con la única excepción de las viudas.
La persecución de los judíos
Es una gran verdad en la Historia que las desgracias nunca vienen solas. Bien pronto la hostilidad del hombre presionado por la peste se volvió contra los judíos.
Los primeros linchamientos comenzaron en la prima vera de 1348, justo después de las primeras muertes producidas por la peste. El cargo contra ellos era que estaban envenenando los pozos. Estos ataques tuvieron lugar en Narbona y Carcasona, donde los judíos fueron sacados de sus hogares y arrojados a enormes hogueras. El judío como eterno extranjero era el blanco más obvio.
Era el fuera de la ley que se había separado voluntariamente del mundo cristiano, y a quien durante siglos se había hecho objeto de odio. . En cuanto a la acusación de envenenamiento de los pozos, también era antigua; aparece en la plaga de Atenas, mencionada más arriba,  cuando se dijo que el envenenamiento era obra de los espartanos. También se contaba con el ejemplo más reciente de la plaga de 1320-21, en la que se culpó a los leprosos, creyéndose que actuaban instigados por los judíos y el Rey de Granada en una gran conspiración para destruir a los cristianos. Cientos de leprosos fueron atrapados y quemados en Francia durante 1322, y los judíos fueron también duramente multados.
De manera que con la Peste Negra, los judíos fueron de nuevo la cabeza de turco. En 1348 el Papa, viendo el sesgo que tomaba la situación, publicó una bula prohibiendo la matanza, el saqueo o la conversión forzosa de los judíos sin juicio previo, lo cual frenó los ataques en Avignon y en los estados papales, pero no en el norte. Las autoridades, en la mayoría de los casos, intentaron proteger a los judíos al principio, pero acabaron sucumbiendo a la presión popular.
En Saboya, donde se celebraron los primeros juicios formales en septiembre de 1348, se confiscó la propiedad de los judíos mientras estos permanecían en prisión esperando que se probasen las acusaciones que contra ellos se levantaron. Naturalmente las acusaciones fueron comprobadas mediante el método medieval a base de confesiones obtenidas mediante tortura. Existía una conspiración judía internacional con base en Toledo, de donde partían emisarios que llevaban el veneno escondido en pequeñas bolsas, así como instrucciones rabínicas sobre la forma de envenenar pozos y manantiales. Los judíos fueron encontrados culpables; once de ellos fueron quemados vivos y el resto de la comunidad judía tuvo que pagar un impuesto de ciento sesenta florines al mes durante seis años para seguir residiendo en la ciudad.
Las confesiones obtenidas en Saboya, distribuidas por carta de ciudad en ciudad, formaron la base para una serie de ataques a lo largo y ancho de Suiza, Alsacia y Alemania. De nuevo el Papa intentó frenar la histeria con otra bula en la que decía que aquellos cristianos que inculpaban a los judíos de la peste habían sido seducidos y engañados por el diablo. Señalaba que la peste afectaba por igual a todo el mundo, incluidos los judíos, y que lugares donde no vivía ninguna comunidad judía la plaga era tan terrible como en el resto del mundo. Animó además al clero a acoger a los judíos bajo su protección, pero desgraciadamente su voz no fue oída. En Balisea, el nueve de enero de 1349, toda la comunidad judía, de varios cientos de personas, fue quemada en una casa de madera construida especialmente al efecto en una isla del Rin, y se emitió un decreto por el cual ningún judío podía volver a la ciudad en doscientos años. En Estrasburgo, el consejo municipal, que se oponía a la persecución, fue depuesto por el voto de los gremios y se eligió otro dispuesto a cumplir la voluntad popular. En febrero de 1349, antes de, que la peste alcanzase la ciudad, los judíos de Estrasburgo, en número de dos mil, fueron conducidos a un camposanto donde todos aquellos que no aceptaron la conversión fueron quemados en hogueras.
Las sectas flagelantes
Para entonces otra voz se estaba alzando contra los judíos. Los flagelantes habían hecho acto de aparición. Como súplica desesperada a la piedad de Dios, su movimiento surgió en un espasmo repentino que recorrió Europa con la misma rapidez que la peste.
La autoflagelación pretendía expresar remordimiento y expiar los pecados de la comunidad. Como forma de penitencia era muy anterior a la peste, pero nunca había tenido el auge que consiguió gracias a la plaga.
Organizados en grupos de doscientos o trescientos y a veces más -los cronistas mencionan hasta mil- iban de ciudad en ciudad, desnudos hasta la cintura, azotándose con látigos de cuero que acababan en púas de hierro. Mientras gritaban pidiendo perdón a Dios y piedad a Cristo y a la Virgen, las gentes de la ciudad en cuestión lloraban y se lamentaban con ellos. Estas bandas hacían funciones regulares tres veces al día, dos en público en la plaza de la iglesia y otra en privado. Organizados bajo el mando de un maestro laico durante un período de tiempo prefijado, que normalmente era de 33 días y medio para representar los años de Cristo en la Tierra, a los participantes se les exigía obediencia al maestro y mantenerse a sí mismos mediante el pago de una cantidad de dinero fijada de antemano.
Tenían prohibido bañarse, afeitarse, cambiarse de ropa, dormir en camas y hablar o tener relaciones sexuales con mujeres sin el permiso del maestro. Evidentemente esto último no se cumplía ya que los flagelantes fueron acusados más tarde de celebrar orgías en las que se mezclaban los azotes con el sexo; un buen caldo de cultivo para sadomasoquistas. Las mujeres acompañaban a los grupos en secciones separadas, a la retaguardia. Si una mujer o un sacerdote entraban en el círculo donde se estaba celebrando la ceremonia de la flagelación, el acto de penitencia se consideraba nulo y debía comenzar de nuevo.
El movimiento era básicamente anticlerical, porque los flagelantes estaban usurpando el papel de los sacerdotes como intermediarios ante la justicia divina. Extendiéndose a través de los estados alemanes, esta nueva plaga avanzó hacia Flandes, los Países Bajos y Picardía, llegando hasta Reims. Centenares de bandas vagaban por estas tierras, entrando en nuevas ciudades cada semana. Los habitantes les recibían con reverencia, doblando las campanas de las iglesias y les ofrecían alojamiento en sus casas. Les llevaban a los niños enfermos para que los curasen y empapaban paños en la sangre de los flagelantes que después se aplicaban en los ojos y que conservaban como reliquias. Muy pronto los flagelantes marcharon tras magníficas enseñas bordadas en terciopelo y oro por mujeres entusiastas.
Creciendo en arrogancia, se mostraron en abierto antagonismo con la Iglesia. Los maestros asumieron el derecho de oír confesión y a conceder la absolución e imponer penitencia, lo cual amenazaba la autoridad eclesiástica. Los sacerdotes que intervenían oponiéndose a ellos eran lapidados y se incitaba al populacho a que tomase parte en estas lapidaciones. Empezaron a ser temidos como una fuente de fermento revolucionario y una amenaza a la clase propietaria, tanto laica como religiosa.
El emperador Carlos IV pidió al Papa que suprimiese a los flagelantes y a ello se sumó la petición de la Universidad de París. Sin embargo, incluso en Avignon, varios cardenales se oponían a que se tomasen medidas contra ellos, quizá porque no estaban completamente seguros de si el movimiento recién surgido tenía el respaldo divino o no. Mientras tanto los flagelantes habían encontrado una nueva víctima. En cada ciudad donde entraban se dirigían al barrio judío seguidos por el populacho, aullando venganza contra los «envenenadores de pozos». En Friburgo, Augsburgo, Nüremberg, Munich, Könisberg, en otros centros los judíos fueron masacrados con una meticulosidad que parecía buscar el total exterminio de la raza. En Worms, en marzo de 1349, la comunidad judía, compuesta por unas cuatrocientas personas, volvió a una antigua tradición quemándose dentro de sus hogares, antes que ser muertos por sus enemigos. La comunidad más numerosa de Frankfurt am Maine siguió el mismo ejemplo, propagándose el incendio a gran parte de la ciudad. En Colonia, el consejo de la ciudad repitió el argumento del Papa de que los judíos eran víctimas de la peste como todo el mundo, pero los flagelantes reunieron una muchedumbre «de esos que no tienen nada que perder» y se entregaron a su labor de matanzas y saqueos. En Maínz, que contaba con la comunidad judía más importante de Europa, sus miembros se decidieron por fin a defenderse. Con armas recogidas de antemano mataron a doscientas personas del populacho, un acto que sólo sirvió para aumentar la matanza por parte de los ciudadanos, enfurecidos por la muerte de cristianos. Los judíos lucharon hasta que se vieron perdidos. Entonces se encerraron en sus casas y les prendieron fuego. Se dijo que seis mil perecieron en Mainz aquel 24 de agosto de 1349. Pero el exterminio total es raro en la Historia. Algunos grupos se salvaron mediante la conversión y el principe Ruperto del Palatinado, junto con otros príncipes, protegió a grupos de refugiados. El duque Alberto II de Austria fue uno de los pocos gobernantes que tomó medidas eficaces para proteger a los judíos en su territorio. Los últimos progroms tuvieron lugar en Antwerp y en Bruselas, donde toda la comunidad judía fue exterminada en diciembre de 1349. Cuando acabó la peste quedaban muy pocos judíos en Alemania y los Países Bajos.
Por esas fechas la Iglesia ya estaba decidida a asumir el riesgo de actuar contra los flagelantes. Los magistrados ordenaron que se les cerrasen las puertas de las ciudades. Clemente VI, en una bula de octubre de 1349, pedía que se les dispersase o detuviese; la Universidad de París negó su pretensión de inspiración divina y Felipe VI rápidamente prohibió la flagelación en público bajo pena de muerte. Las autoridades locales persiguieron a los «maestros del error» atrapándolos, colgándolos y decapitándolos .. Los flagelantes se desbandaron y huyeron «desapareciendo tan rápidamente como habían surgido», escribió Enrique de Hereford, «como fantasmas nocturnos o espíritus burlones». En algunas partes quedaron algunas bandas, no siendo suprimidas totalmente hasta 1357.
Como espíritus sin hogar los judíos fueron regresando lentamente desde el Este de Europa donde se habían refugiado, volvieron en peores condiciones y más segregados que antes.
El mito del envenenamiento y sus masacres habían convertido la imagen del judío malvado en un estereotipo. El período de florecimiento medieval de los judíos había acabado y las murallas del «ghetto» aunque no físicas, ya se habían levantado.
Repercusiones sociales y económicas de la peste
¿Cuál era la condición humana después de la peste? Simón de Covino creía que la peste había tenido un efecto lamentable sobre la moral, «disminuyendo la virtud en todo el mundo». Gilles li Muisis por el contrario, pensaba que se había mejorado la moral pública porque muchas parejas que antes vivían en concubinato ahora estaban casadas, aunque esto se debió en realidad a las nuevas ordenanzas municipales. La tasa de matrimonios creció indudablemente, aunque no por amor. Muchos aventureros se aprovecharon de las huérfanas para ganar inmensas fortunas en forma de dotes, de tal manera que la oligarquía de Siena prohibió el matrimonio de las huérfanas sin el consentimiento de la familia. En Inglaterra Piers Plowman se lamentaba de la gran cantidad de parejas que se habían casado desde la peste «por ansias de riquezas y contra los sentimientos naturales» uno de cuyos resultados, según él, fue el gran número de matrimonios estériles. Quizá esta conclusión de Plowman es la moraleja de un moralista más que la realidad, puesto que otro cronista, Jean de Venette, afirma exactamente lo contrario, que los matrimonios que siguieron a la plaga tuvieron descendencia muy numerosa. Esto también puede ser un intento de buscar un alivio a la merma de población tras la peste.
La gente no mejoró a consecuencia de la epidemia. tal como hubiese esperado Matteo Villani, quien decía que la ira de Dios debía convertirles en «mejores hombres, humildes, virtuosos y católicos». En lugar de ello «olvidaron el pasado como si nunca hubiese existido y se entregaron a una vida más desvergonzada y desordenada que la que llevaban antes».
Debido a la abundancia de bienes y alimentos y a la escasez de consumidores los precios se hundieron y los supervivientes de la peste se entregaron a una orgía salvaje de despilfarro. Los pobres se mudaron a casas abandonadas, dormían en camas y comían en servicio de plata; los campesinos se apoderaban de las tierras que nadie reclamaba, así como del ganado, incluso de lagares, forjas o molinos que habían quedado sin dueño y de muchas otras cosas que nunca antes habían poseído. El comercio se había reducido pero había aumentado el nivel de líquido dado que había menos personas para repartirlo.
El comportamiento de las personas se volvió más despiadado y cruel, como ocurre a menudo tras un período de violencia y sufrimiento. Se culpó de ello a los advenedizos y nuevos ricos que presionaban desde abajo. Siena renovó sus leyes suntuarias en 1349 porque muchas personas aparentaban mayor rango del que les correspondía por nacimiento u ocupación. Un estudio de las recaudaciones de impuestos después de la peste nos indica que aunque la población estaba diezmada, las proporciones sociales seguían siendo las mismas.
Debido a los intestatos, las propiedades sin herederos, y las disputas en torno a tierras y edificios, se levantó una furiosa tormenta de litigios, agravada por la escasez de notarios.
Los colonos o la Iglesia se apoderaron de los terrenos y propiedades abandonadas. El fraude y la extorsión practicada por los tutores sobre los huérfanos se convirtieron en un escándalo generalizado.
El resultado más obvio e inmediato de la peste negra fue naturalmente la disminución de la población, que debido a las guerras, el bandolerismo y nuevos brotes de la plaga, declinó todavía más hacia finales del siglo XIV. La peste en sí fue una maldición para el siglo, que bajo la forma de su bacilo almacenado en los transmisores -ratas y pulgas- surgió seis veces más en los siguientes sesenta años. Después de matar a los más susceptibles de contagio, con un considerable aumento de la mortandad infantil en las últimas fases, remitió por fin, dejando a Europa con una población reducida en casi un cincuenta por ciento para finales del siglo. Baste decir, como ejemplo, que la ciudad de Beziers, en el sur de Francia, contaba con catorce mil habitantes en 1304 mientras que un siglo más tarde sólo tenía cuatro mil. Las florecientes ciudades de Carcasona y Montpellier quedaron reducidas a sombras de su prosperidad pasada, al igual que Ruan, Arrás, Laon y Reims en el norte. Al disminuir el número de personas que podían pagar impuestos, los gobernantes aumentaron su cuantía, lo que provocó el resentimento popular, que iba a estallar repetidas veces en las décadas posteriores a la peste.
Los valores relativos de tierra y trabajo se vieron completamente alterados. Los terratenientes, en un intento desesperado de mantener sus tierras cultivadas, reducían las rentas que debían pagar los campesinos o incluso llegaban a anularlas totalmente. Más valía no tener beneficios que no ceder de nuevo los terrenos a la Naturaleza. Pero a pesar de todo, dada la gran mortandad, las tierras cultivadas disminuyeron forzosamente, y los terratenientes empobrecidos desaparecieron abandonando sus mansiones y castillos para unirse a las bandas de mercenarios que iban a ser la maldición de los años siguientes.
Cuando debido a la disminución en la población activa, disminuyó también la producción, los bienes y alimentos de todo tipo comenzaron a escasear y los precios se dispararon. En Francia se cuadruplicó el precio del trigo en 1350. Al mismo tiempo, con la escasez de la mano de obra vino el mayor malestar social bajo la forma de demandas concertadas de aumentos salariales. Tanto los campesinos como los obreros, artesanos, escribas y sacerdotes descubrieron el valor de ser pocos. En el curso del año que siguió al primer gran brote de la peste, los trabajadores textiles de St. Omer habían conseguido tres aumentos de sueldo seguidos, y los alfareros de Amiens reclamaban subidas por el estilo. En muchos gremios los artesanos se declararon en huelga pidiendo más dinero y menos horas de trabajo.
En una época en la que el orden social se consideraba inamovible, acciones de ese tipo eran revolucionarias. La respuesta de los gobernantes fue la represión instantánea. En un esfuerzo por mantener los salarios al mismo nivel que antes de la peste, los ingleses promulgaron una ley en 1349 ordenando a todo el mundo trabajar por los mismos salarios que regían en 1347.
Un estatuto francés de 1351, más realista, y aplicado a la región de Paris, permitía una subida de los salarios que no excediese en más de un tercio al nivel anterior; se fijaron además los precios y se regularon los beneficios de los intermediarios, y para aumentar la producción se ordenó que los gremios no fuesen tan estrictos en las restricciones acerca del número de aprendices y que se acortase el período de tiempo necesario para llegar a ser maestro artesano. Pero aun así, los conflictos laborales habían comenzado y los viejos lazos de unión medievales entre señor y campesino, noble. y artesano, se empezaban a aflojar y se irían repitiendo las luchas a lo largo de lo que quedaba del malhadado siglo XIV. Por un lado la educación sufrió seriamente debido a las pérdidas que la peste produjo en el clero, que como se recordará, constituía la casi totalidad de la clase docente en la Edad Media. En Francia, de acuerdo con Jean de Venette, «pocos se encontraban en las casas, villas o castillos que pudiesen enseñar gramática a los niños». Para ocupar los puestos vacantes la Iglesia ordenaba sacerdotes a mansalva; muchos de ellos, hombres que habían perdido a sus familias en la epidemia y que buscaban en los hábitos un refugio y que apenas sabían leer y escribir.
Por un impulso contrario, se estimuló la creación de universidades como medio para conservar los conocimientos y la cultura, gravemente amenazados por la peste. Especialmente el emperador Carlos IV, un intelectual, se preocupó de la posible desaparición .del saber debido a la «loca rabia de la muerte pestilente» -según sus palabras- que había asolado al mundo. Fundó la Universidad de Praga en el año 1348, el mismo de la peste, y en los cinco años siguientes dio el respaldo imperial a las universidades de Orange, Perugia, Siena, Pavía y Lucca. En estos mismos años tres nuevos colegios universitarios fueron creados en Cambridge -Gonville Hall, Trinity Hall y Corpus Christi- aunque la causa de estas fundaciones no siempre fuese el amor a la cultura. El Corpus Christi fue creado en 1352 porque las tarifas de las misas de difuntos habían subido de tal modo después de la peste que dos gremios de Cambridge decidieron establecer un colegio universitario cuyos doctores se encargasen, en su calidad de sacerdotes, de orar por los difuntos de ambas corporaciones.
De todas maneras, las universidades también sufrieron el peso de la epidemia y en Oxford se escuchaban lamentaciones en los sermones por la falta de alumnos, mientras que en Bolonia, veinte años después de la plaga, el gran Petrarca se dolía en una serie de cartas tituladas «Sobre cosas viejas»: donde antes no había «nada más alegre en el mundo ni más libre», ahora casi ninguno de los antiguos grandes maestros quedaba con vida, y en lugar de tan grandes genios «una ignorancia universal se había apoderado de la ciudad». Aunque hay que reconocer que de esto no sólo era culpable la peste, sino también la guerra y otros problemas.
El jubileo de 1350 y la Iglesia tras la peste
El sentimiento de pecado producido por la peste encontró alivio en la indulgencia plenaria ofrecida en el año del Jubileo de 1350 para todos aquellos que emprendiesen la peregrinación a Roma. El Jubileo, establecido por Bonifacio VIII en 1300, en principio estaba destinado a tener lugar cada cien años, pero el primero constituyó un éxito. Tan grande -visitaron, según las crónicas, dos millones de peregrinos la Ciudad Santa- que Roma, empobrecida por la marcha de la corte papal a Avignon, rogó a Clemente VI que acortase el intervalo a cincuenta años. El Papa era de la opinión de que «un pontífice debe hacer feliz a sus súbditos» y les concedió lo que pedían. Así en 1350 los peregrinos se agolparon en los caminos que llevaban a Roma y se dijo que cada día entraron o salieron de la ciudad cinco mil personas. En cuanto a la Iglesia, emergió de la peste más rica y mas impopular que antes. Cuando todos estaban amenazados por la muerte repentina y con la perspectiva de irse al otro mundo en estado de pecado, el resultado fue un flujo de donaciones a instituciones religiosas tal y como no se había conocido hasta entonces. El convento de St. Germain L'Auxerrois, por ejemplo, recibió cuarenta y nueve herencias en seis meses, comparadas con las setenta y ocho de los ocho años anteriores. En Florencia la Compagnia de San Michele recibió trescientos cincuenta mil florines en concepto de limosnas para los pobres, aunque en este caso se acusó a los dirigentes de la compañía de usar el dinero para sus propios fines, a lo que ellos alegaron que los pobres y necesitados ya no necesitaban el dinero porque estaban muertos.
Enriquecidas por los donativos, las órdenes religiosas levantaron más animadversión de la que ya había contra ellas. Cuando Knighton se hace eco del fallecimiento de ciento cincuenta franciscanos, víctimas de la peste, en Marsella, añade «bene quidem» (buena cosa); y de los siete frailes que sobrevivieron de ciento sesenta que había en Maguelonne escribió «y con esos hubo bastante». Las órdenes mendicantes no podían ser perdonadas por abrazar el culto al dinero. Así la peste aceleró el descontento con la Iglesia, en el momento en que la gente necesitaba más apoyo espiritual. Clemente VI, al que no podemos llamar un hombre espiritual, se impresionó lo bastante con el mal comportamiento del clero durante la peste como para estallar furioso contra sus prelados. que le pedían en 1351 que aboliese las órdenes mendicantes. «Si lo hiciese» -replicó el Papa- «¿Qué podríais predicar a la gente? Si es sobre humildad, vosotros sois los más orgullosos del mundo, creídos y pomposos. Si es sobre pobreza, sois tan codiciosos que todos los beneficios os parecen poco. Si es sobre la castidad -pero no hablaremos de esto, porque Dios sabe lo que hace cada hombre y cómo algunos de vosotros satisfacéis vuestros deseos.» Con esta triste opinión de sus clérigos falleció el Papa un año después. «Cuando los que tienen el título de pastores hacen el papel de lobos, la herejía crece en el jardín de la Iglesia», escribió Lothar de Sajonia.
Tras la peste
Los supervivientes de la peste negra se encontraron con que no habían sido exterminados, pero tampoco habían mejorado, y por ello no podían encontrar un propósito divino en todo lo que habían sufrido. Si un desastre de esa magnitud era un pacto caprichoso de Dios o sencillamente no era obra divina, entonces todos los valores absolutos del hombre medieval se tambaleaban. Las mentes que se atrevían a hacerse estas reflexiones no podían volver atrás. El giro hacia la conciencia individual. Quedaba en el horizonte. En este punto la peste puede haber sido uno de los precipitantes del nacimiento del hombre moderno.
Pero entonces sólo dejó miedo, tensión y tristeza. Aceleró la conmutación de los servicios laborales en las tierras y profundizó el antagonismo entre ricos y pobres. Aumentó la hostilidad humana.
El estado de la Europa medieval después de la peste queda reflejado en el caso particular de Siena, que perdió la mitad de su población y donde se abandonaron las obras de la Gran Catedral -que iba a ser la mayor del mundo- para no reanudarse nunca más debido a la falta de mano de obra, de maestros masones y a la melancolía y pena de los supervivientes.
http://www.vallenajerilla.com/berceo/lopezjara/muertenegra.htm