Las nuevas tecnologías son demasiado antiguas en sus objetivos y
demasiado novedosas en sus realizaciones. Tal como ocurrió con la escritura y
la imprenta, ellas afectarán la mayor parte de las prácticas sociales.
«Numerosos filósofos denuncian los peligros del desarrollo de lo virtual
a través de Internet y de las técnicas numéricas. Estigmatizan la pérdida de
contacto con lo real y la alteración de las relaciones sociales ¿Cuál es su
reacción ante tales críticas?»
Tomemos el
caso de Madame Bovary quien se aburre en Normandía mientras su marido
está ocupado visitando pacientes en el campo. La mayor parte del tiempo ella
hace el amor más en la imaginación que en la realidad. Es completamente
virtual. Madame Bovary es la novela de lo virtual. Yo también estoy en
lo virtual cuando leo Madame Bovary o cualquier otro libro. Entonces, si
bien la palabra “virtual” fue creada por las nuevas tecnologías, nació con
Aristóteles. La modernidad del término es sólo aparente.
“Todas las palabras latinas en “or” han dado
lugar a palabras francesas en “eur”: horreur (horror), honneur (honor). ¡Con
excepción de una! ¿Cuál? La palabra amor. De Amor viene amour. ¿Por qué? Parece
que fue inventada por los trovadores de lengua occitana cuando partían a las
cruzadas. Se trataba entonces de cantar a las princesas lejanas. Es como si el
amor hubiera sido inventado por y para lo virtual. Bussy-Rabutin dijo: “La
ausencia es al amor lo que el viento es al fuego, ella apaga el pequeño
y enciende el grande”. Desde que somos hombres somos animales de lo
virtual. Mientras estoy hablando, una parte de mis pensamientos se refiere a lo
que debo hacer enseguida, otra parte a mis cursos de Stanford, otra se recuerda
de mi último viaje a Suráfrica...Todas nuestras tecnologías son frecuente-mente
de lo virtual.
¿Qué características distinguen lo
virtual nuevo de ese virtual
tradicional?
¡Casi
ninguna! Se dirá que los jóvenes están a toda hora en lo virtual y que van a
languidecer... No obstante, todos en nuestra generación nos enamo-ramos alguna
vez de estrellas de cine que solo abrazábamos en imágenes.
Lo virtual
es la misma carne del hombre. Una vaca no está en lo virtual. Está comiendo en
su cuadrado de hierba... Por el contrario, desde el siglo VI antes de Cristo,
cada vez que un geómetra dibujaba un círculo o un triángulo en el suelo,
agregaba lo siguiente. “¡Cuidado, esta figura no está allí, no se trata de
eso, esa no es la real o verdadera! (que la figura geométrica del
círculo o del triángulo no es lo mismo que su representación material, obedece
a una vieja tradición cultural que Platón, Aristóteles y Euclides convertirán
en precepto teórico). ¿Dónde está entonces la real? No se sabe. Incluso se
inventó en la época un firmamento de ideas enteramente virtual. El mundo de las
matemáticas es real, pero es real con un estatuto preciso; un estatuto de
ausencia.
- Así que todo esto no le parece nada nuevo…
Por
supuesto. Se pueden distinguir aquellos argumentos “en contra” extremadamente
clásicos (de los cuales no nos damos cuenta hasta qué punto son viejos y
repetitivos), de unos argumentos rarísimos que efectivamente son muy modernos. Entre las críticas más
recalcitrantes, encontramos por ejemplo la cantidad enorme de información que
no podremos digerir. A este respecto, siempre me gusta citar la siguiente frase
de Leibniz:
“Esta horrible cantidad de libros impresos que todos los días
llega a mi mesa, seguramente me conducirá a la barbarie mas no a la cultura”. Leibniz decía esto en el siglo XVII refiriéndose a la imprenta y a
las bibliotecas.
Nadie ha
leído toda la Biblioteca Nacional de París ni la del Congreso de Washington.
Pero sí las ha leído el sujeto colectivo que llamamos “nosotros”; la humanidad.
No existe un solo libro que no haya sido leído por alguien. Convendría que
quienes manipulan tales argumentos super-clásicos conocieran al menos un poco
de historia, un poco de historia de las ciencias y las técnicas y un poco de
filosofía. Ello los tranquilizaría inmediatamente.
Dicho de
otra manera, las nuevas tecnologías tienen dos características. Son demasiado
antiguas en sus objetivos y alcances, y extraordinaria-mente nuevas en sus
realizaciones.
Muchos políticos e intelectuales denuncian los riesgos de la
brecha digital. ¿Cuál es su opinión al respecto?
Tomemos por
caso la educación. Jamás se puede comparar la brecha que las nuevas tecnologías
podrían crear con la que ya existe sin ellas. A pesar de que esta última
precipita a los más pobres a la ignorancia absoluta, y educa con altísimos
costos las élites de Stanford o Harvard. Comparada con esta segregación, la que
pudiera generarse con lo digital vendría a ser una forma de justicia (al
restablecer la igualdad de oportunidades).
“En efecto,
la inversión que demandan las nuevas tecnologías no es nada si se la compara
con la inversión que hicieron los pobres en la época en que adquirieron
masivamente televisores. No veo pues de qué manera la llamada brecha digital podría
agravar la inequidad que existe actualmente.
“En cuanto
al vínculo social, a menudo se habla del impacto global de las nuevas
tecnologías para referirse a la posibilidad de comunicación que ofrecen entre
personas situadas en cualquier lugar del planeta. Pero siempre se olvida que,
por ejemplo, el teléfono celular ha multiplicado por diez la proximidad de los
contactos. La mayoría de las madres de familia tienen un celular para saber
donde están sus hijas cuando salen de la escuela... Ello multiplica la
proximidad de los contactos. ¿Cuál es el costo de todo esto? Nada
extraordinario; mientras que los costos de las antiguas tecnologías son
extraordinarios.
“En materia de brecha cultural se impone la
misma comparación. La segregación existe incluso en los sistemas más antiguos.
La televisión aportó más a los menos cultos que a los más cultos. Incluso
quienes la critican son las personas mayormente cultas. Así mismo, el teléfono
de tercera generación pondrá la cultura y los espectáculos al alcance de todos.
Siempre es una cuestión de costos. Y el costo que demandan las nuevas
tecnologías es insignificante en comparación con el costo de las antiguas.
¿Qué es lo que las nuevas tecnologías van a cambiar?
En gran
parte, a toda la sociedad. Como ha ocurrido con toda nueva tecnología. Es un
lugar común entre los historiadores decir que la aparición de la escritura
afectó a la ciudad, al Estado, al derecho y probablemente al comercio. Gran
parte de las prácticas sociales que heredamos surgieron de la escritura. Para
no hablar del monoteísmo, la religión de lo escrito. Es más, cuando llegan el
Renacimiento y la invención de la imprenta, se ven afectadas casi las mismas
zonas de la sociedad: nuevas formas de democracia, nuevos derechos, nueva
pedagogía. Son las prácticas sociales de este tipo las que me parece van a
transformarse. Es más, ya están siendo transformadas.
¿Cuáles son los sectores más impactados en la actualidad?
En primer
lugar, toda la ciencia. Desde la introducción del computador pasando por las
técnicas experimentales o el acopio de datos, no hay una ciencia que no haya
sido afectada de manera profunda... No son los saberes los que son
transformados; es el sujeto de los saberes. Antes hablamos de sujeto colectivo.
Por ejemplo, los laboratorios trabajan por correo electrónico y en tiempo real.
Ya no tienen que esperar a que se realicen los coloquios, los encuentros, los
viajes.
¿Qué papel desempeñan estas facilidades de intercambios en la
creación de ese nuevo humanismo al cual usted se refiere?
Este es un
proyecto que aprecio mucho y que he presentado sin éxito a los ministros. A
diferencia de lo que piensan los pesimistas, mi proyecto afirma que el conjunto
de las ciencias ha dado lugar a lo que yo llamo un gran discurso. Cada ciencia
desemboca en este enorme discurso que se desarrolla de cierta manera como un
río. Obviamente, el río existía antes; pero de manera fragmentada, menos
unitaria, y sin que los saberes tuvieran esa especie de conciencia de
pertenecer a este discurso, de constituir una base suya, de rectificarlo
continuamente, de desarmarlo y re-construirlo. Este inmenso discurso que es
globalmente cierto hoy por hoy, ya pertenece a la totalidad de la humanidad.
Existe, disponemos de los instrumentos necesarios para transmitirlo y
constituye actualmente el fundamento de nuestra cultura.
¿Qué otras ventajas le ve al tan criticado tiempo real?
La
flexibilidad que aporta el tiempo real es tal que, como a mucho de mis amigos,
me siento realmente escandalizado por los antiguos procesos, los cuales me
parecen dinosaurios. Como ocurre cuando hay que desplazarse hasta un cajero.
¡Todavía hoy estamos allá!
“Quienes
critican deben darse cuenta sinceramente hasta qué punto son dinosaurios. Los
jóvenes de 16 o 17 años disponen de celulares o de correo electrónico, y si
desean verse en la noche y no lo acordaron previamente pueden organizar una
cita de último momento con unos mensajes. Antes eran necesarios varios días
para organizar la misma cita, escribirse, encargar a alguien de coordinarla...
Así pues, el tiempo real convierte en dinosaurio al tiempo de antes. Esto es lo
que va a pasar de un momento a otro con el trabajo, con la administración, con
la política y con la enseñanza.
¿Puede calcular los plazos en que
se harán efectivas tales transformaciones?
En los años
1960 los filósofos se escandalizaron cuando dije que Hermes remplazaría a
Prometeo. Es decir, que la sociedad de la comunicación remplazaría a la
sociedad de la producción. He tenido que esperar mucho tiempo, entre quince y
veinte años, para que eso ocurra. En la época en que elaboré mi informe sobre
la enseñanza a distancia, no pensaba que tales técnicas se desarrollarían tan
rápidamente.
“Siempre se
puede decir que aquello va a ocurrir, pero jamás cuándo va a producirse. Si se
equipa a cada francés con un teléfono de tercera generación, lo cual no es
costoso en relación al PIB, cada francés, incluidos los niños de 11 años, podrá
opinar en cada momento sobre cualquier tema. Es imposible que eso no cambie las
cosas.
¿Está listo el ser humano para ese cambio?
No sé. Pero
sí sé que el ojo, formado en la época de Lucy, con el tiempo llegó a
convertirse en órgano apto para conducir un avión de reacción.
¿Cómo fue
posible que un órgano adaptado para desplazarse en el bosque, según el punto de
vista darwiniano, pudiera llegar a servir, por ejemplo, para conducir un carro
con la sucesión de imágenes que le pasan
por delante? Tan sólo en cincuenta años pasamos de desplazarnos a caballo o a
pie, a movernos en automóvil. Y eso que únicamente utilizamos el 20 o 25% de
las funciones de nuestro cerebro. Así pues, ¡despertemos! “Por otra parte, se
olvida una de las grandes leyes de la tecnología a la cual llamo yo la
inversión de la ciencia.
¿Qué es la
ciencia? La ciencia es lo que el padre enseña al hijo.
¿Qué es la
tecnología? Es lo que el hijo enseña a su papá. No conozco hoy por hoy un
adulto más o menos acomodado, reaccionario o apegado a las tradiciones, a quien
un hijo no le haya enseñado a utilizar una videograbadora.
Ello anula
por consiguiente el problema de la asimilación.
¿Cómo un
niño de once años puede enseñarle el funcionamiento de un aparato supuestamente
difícil de manejar a un adulto que ha salido de la Universidad? Hay que sacar conclusiones de lo anterior. La
tecnología no es tan difícil como parece.
“En términos de la evolución darwiniana, este
fenómeno se llama la neotenia. Fue
inventado por un biólogo holandés de comienzos de siglo, que decía que la
evolución iba en el sentido de un rejuvenecimiento del embrión. El hombre no se
parece a un chimpancé más viejo, sino a un embrión de chimpancé más joven”.
Entrevista de Michel Alberganti
Un tecnófilo optimista. Su voz pronuncia las erres como un cuentero del Sur-occidente.
Michel Serres tiene una enorme destreza en el manejo de la voz. Nacido en 1930
en Agen, Serres conserva intacto el carácter apasionado que, en numerosos
temas, lo pone al margen de las trayectorias usualmente recorridas por los
filósofos franceses. De ahí que lo viéramos a comienzos del año pasado
participando en una emisión de TV sobre comportamientos sexuales, al lado de
Brigitte Lahaie, quien fuera actriz de películas pornográficas.
Apasionado
por la educación, Michel Serres es autor de un informe sobre la enseñanza a
distancia propuesta al gobierno en 1994. Aun no se ha cerrado la herida que le
dejó la fría acogida de ese trabajo, particularmente por parte de la prensa que
lo consideró utópico. Sin embargo, la sucesión de acontecimientos con el
advenimiento de Internet, vendría a darle toda la razón.
Autor de
unas treinta obras, Michel Serres se distingue por una trayectoria atípica que
lo ha llevado de la Escuela Naval a la Academia francesa, a donde entró en
1991. Desde 1982, pasa una parte del año enseñando en la U. americana de
Stanford.
Sin adherir
por ello a la cultura americana, Serres mantiene una opinión resueltamente
optimista sobre el desarrollo de las nuevas tecnologías.
Historiador
de las ciencias y visionario, se distingue de muchos de sus colegas más
conservadores porque inscribe las actuales transformaciones de la sociedad en
la continuidad de la evolución del hombre.
Tomado de:
MICHEL SERRES,
filósofo: «Lo virtual es la misma carne del hombre». Diario Le Monde, París,
lunes 18 de junio de 2001.