jueves, abril 20, 2023

La mayoría de la gente no tiene una personalidad INFJ. ¿Es tu caso?

 

¿Sabes el tipo de personalidad que tienes? ¿Te has preguntado alguna vez cómo de común es? La INFJ es la más rara de todas ellas y tal vez sea la que te caracteriza, pero primero deberás saber en qué consiste y luego podrás determinarlo.

A través de los tests psicológicos del Indicador de Myers-Briggs puedes comprender cuáles son esas personalidades que existen y a cuál pertenece la tuya, siendo la menos común la INFJ. Esto es todo lo que tienes que saber sobre ella.

Indicador de Myers-Briggs

Who are you

No es posible conocer al detalle una personalidad a través de un test psicológico, si tenemos en cuenta su complejidad y cómo la vida y las experiencias de cada uno de nosotros nos amoldan, determinan y hacen únicos. Pero lo que sí es posible es encajar en un tipo de personalidad a grandes rasgos. Puede que no te identifiques con ella al 100%, pero seguramente encajes en un porcentaje muy elevado.

Hecha esta salvedad, una de las fórmulas más fiables para comprobar cuál es esa personalidad dominante en cada uno de nosotros es el denominado Indicador de Myers-Briggs (MBTI), creado por Katherine Cook Briggs y su hija Isabel Briggs Myers, basándose en la teoría sobre tipos psicológicos de Jung. Al comprobar los resultados de este test descubrirás cuál de las 16 personalidades posibles encaja más con la tuya, las cuales se denominan por medio de acrónimos, compuestos por las características principales de cada una de ellas en inglés.


Personalidad INFJ

Entre las 16 personalidades, hay una de ellas que es la más rara y la que menos personas tienen: la personalidad INFJ (Introversión, Intuición, Sentimiento y Juicio). Es conocida popularmente como la personalidad del idealista, consejero o abogado, y solo un porcentaje de entre un 1% y un 3% de toda la población del mundo la ha desarrollado como tal.

La singularidad de este tipo de personalidad estriba en que combina la lógica y la analítica con lo emocional y el idealismo, por lo que aunque no sean impulsivos y puedan parecer únicamente racionales, sienten tanto como piensan.

Además, es frecuente que aquellos que tienen trato con las personas INFJ piensen que les encantan los eventos y ser el centro de atención por lo bien que se manejan en estas situaciones; sin embargo, son introvertidas y preferirían estar en un segundo plano disfrutando de la naturaleza. Por el contrario, aquellos con los que apenas tengan trato, pueden interpretar que sus dotes de observación y esa actitud distante sea en realidad orgullo y soberbia. Con esta dualidad no resulta extraño que, en muchas ocasiones, sean personalidades incomprendidas y difíciles de conocer de verdad en su complejidad.

Rasgo de la personalidad INFJ

Hombre

Los rasgos principales de las personas con personalidad INFJ son el perfeccionismo, la introversión, la alta sensibilidad, la creatividad, la vehemencia, la firmeza de sus valores, la generosidad, el altruismo, la habilidad de contar con una gran intuición y una elevada capacidad de empatía. Asimismo, son decididos y racionales, lo cual les sirve para potenciar sus dotes de gestión y organización, y se comunican del mejor modo con los demás, puesto que su estilo de comunicación es asertivo. De ahí que puedan ser tan emprendedores como soñadores, y cuenten con grandes habilidades para la lectura y la escritura.

Pero no todo es positivo. Esa capacidad puede provocar que asuman unas dosis de responsabilidad excesivas y que sean demasiado exigentes consigo mismos, precisamente por las ansias perfeccionistas que sienten. Las personalidades INFJ también pueden resultar tercas, desconfiadas y muy difíciles de conocer por esa parte de su ser tan reservada, con la que cuesta conectar. Además, les encanta la soledad y pasar mucho tiempo de reflexión consigo mismos, así que necesitan su espacio, algo que no todos comprenden. A efectos prácticos, tienen un grupo reducido y selecto de amigos, pero, eso sí, serán los mismos desde hace décadas.

Celebridades INFJ

La verdad es que esa combinación entre su lógica analítica y su idealismo emocional es lo que hace tan especiales a las personalidades INFJ. Son capaces de ver y comprender el mundo tal y como es, y por ello sufren y quieren cambiarlo. Tampoco son de los que se lamentan, son de los que actúan, aunque luego salgan perdiendo. Si creen que tienen que hacerlo, sin duda, lo harán, aunque nadie les comprenda.

Con todos esos rasgos no te sorprenderá saber que, entre ese porcentaje tan bajo de población con una personalidad INFJ, hay un buen número de escritores, artistas, creadores en todos los campos posibles y activistas, algo lógico si añadimos que cuentan con dotes de liderazgo y un indiscutible carisma. Entre las celebridades que se identifican como INFJ se encuentran el escritor Johann Wolfgang von Goethe, actores como Nicole Kidman y Morgan Freeman, y activistas como Nelson Mandela.

https://www.publico.es/psicologia-y-mente/la-mayoria-de-la-gente-no-tiene-una-personalidad-infj-es-tu-caso/


miércoles, abril 19, 2023

Hacerse estoico no funciona (es mejor abrazar el placer y la sabiduría epicúrea)

 


El estoicismo está por doquier. Pero para el latinista Charles Senard el camino a la felicidad es el epicureísmo. Publicamos el prólogo de su libro 'Ser estoico no basta' (Rosamerón)

Por Charles Senard

¿Cómo ser feliz? Es esta una pregunta propia de la infancia, una inquietud filosófica cuya urgencia parece desvanecerse con el tiempo, a medida que nuevas revelaciones, nuevos desengaños, se suceden en nuestras vidas. Ante los embates de la existencia, uno tendería a creer que el estoicismo, encarnado en particular en el pensamiento de Séneca, Epicteto o Marco Aurelio, fuera la filosofía más pertinente, la más dotada para brindarnos hoy -aunque tan distinto del nuestro sea el contexto político, social y cultural en el que germinó- la munición intelectual que precisamos para ser felices. El estoicismo y su hincapié en el control de uno mismo parecerían ser la fuente de inspiración más indicada para vivir mejor, para volver la mirada hacia nosotros mismos y hacia los demás. Y sin embargo, en cierto momento advertí que no basta con la disciplina promovida por los grandes estoicos para soportar las dificultades; es igualmente preciso conservar la capacidad de disfrutar plenamente de la vida y de los placeres que esta ofrece. Placeres simples, como por ejemplo el que nos proporciona el primer sorbo de un buen vino por la noche tras una larga jornada.

Existe otra escuela de pensamiento, antigua como el estoicismo que, de forma más matizada, más refinada quizá, intenta conciliar esfuerzo y disciplina con placer, sin oponerlos de manera estricta como tan a menudo hacemos. Una filosofía que promete alcanzar la felicidad apelando a una forma de ascetismo que no es obstáculo para dejar aflorar, al mismo tiempo, cierta sensualidad. A esa corriente la llamamos epicureísmo. Hacia el 306 a. C., un ciudadano de treinta y cuatro años procedente de la isla de Samos llamado Epicuro fundó en Atenas una nueva escuela filosófica. Se trataba de una comunidad vagamente jerárquica, unida en torno al maestro y sostenida merced a las donaciones de sus discípulos. Como sede de la escuela, Epicuro eligió un jardín en las afueras de la ciudad -"el Jardín" sería el nombre por el que familiarmente se la conocería desde entonces-, no muy lejos de la Academia Platónica, y una casa, en el demo de Melite, que años más tarde Epicuro legaría a sus discípulos en su testamento. El Jardín pronto alcanzaría la fama como una de las mejores escuelas filosóficas de toda Atenas. Epicuro fue considerado ateo cuando jamás negó la existencia de los dioses, y los padres de la Iglesia lo condenarían como hereje A diferencia de otros filósofos (platónicos, aristotélicos, estoicos…), Epicuro se preocupó desde un principio por exponer su doctrina de un modo que resultara claro y accesible a todos, cercano al lenguaje hablado y alejado de la jerga filosófica. Condenó la paideia -la cultura escolar de su tiempo- basada en el estudio de los textos literarios, y en particular poéticos, a los que acusaba de ser incapaces de ofrecer respuesta para las preguntas más fundamentales. Para Epicuro, todo aquello no era sino un conjunto de quimeras de las que era absolutamente necesario desprenderse si uno deseaba llegar a la verdadera filosofía: "La ciencia de la naturaleza no hace hombres forjadores de jactancia ni de palabrería ni ostentadores de esa cultura propugnada por el vulgo, sino activos, satisfechos consigo mismos y muy orgullosos de los bienes de la persona y no de los que nos procuran las cosas". Los principales escritos de Epicuro que han llegado hasta nuestros días lo han hecho gracias al décimo volumen de una obra titulada Vidas y opiniones de los filósofos ilustres , escrita por Diógenes Laercio, un historiador del siglo III del que apenas nada sabemos. Tales obras son, en esencia, tres cartas que Epicuro habría dirigido a tres de sus discípulos. La primera, la Carta a Heródoto, está dedicada a cuestiones de física, es decir, del conocimiento de la naturaleza, la cual, como veremos, juega un papel primordial en la doctrina epicúrea —sabemos que la principal obra de Epicuro, de la que apenas conservamos unos pocos fragmentos, llevaba justamente por título De la naturaleza—. Otra de las cartas, dirigida a Pítocles, se ocupa de los fenómenos celestes, mientras que la última, la Carta a Meneceo, tiene la ética como protagonista. A estas tres epístolas se suma una colección de cuarenta Máximas capitales, dichos breves tomados sin duda de obras hoy perdidas del propio Epicuro y de sus primeros discípulos.

El cuádruple remedio

Las cuatro primeras de esas máximas, que los epicúreos bautizaron con el nombre de "el cuádruple remedio" (tetrapharmakos), sintetizan lo que constituye el auténtico corazón de la filosofía epicúrea: liberar al hombre de las preocupaciones, ayudarle a vencer el miedo a morir, enseñarle en qué consiste realmente el placer y permitirle derrotar a la muerte. El objeto final de tales enseñanzas es aniquilar la turbación del alma (ataraxia) y el dolor del cuerpo (aponía), condición ineludible para todo aquel que desee obtener la felicidad. Epicuro murió a edad muy avanzada, en el 271 a. C., dejando como legado una escuela que alcanzaría enorme popularidad en Roma y que perduraría como institución durante quinientos años, hasta el siglo III de nuestra era. Sin embargo, el epicureísmo fue también desde sus comienzos objeto de burla y de críticas feroces por parte de las escuelas filosóficas rivales y, más adelante, por los apologistas y teólogos cristianos. Poco hay en común entre la caricatura que se trazó de Epicuro y su auténtico pensamiento: se le tachó de hedonista, libertino y amante del placer, cuando la realidad es que siempre abogó por un ascetismo riguroso; se le acusó de inmoral, aunque jamás dejó de prescribir la práctica de virtudes morales como la justicia, el coraje o la amistad; fue considerado ateo cuando jamás negó la existencia de los dioses, y los padres de la Iglesia lo condenarían como hereje a pesar de haber vivido cuatro siglos antes del nacimiento de Cristo.

placeholderEl ensayista y novelista francés Charles Senard, doctor en estudios latinos y autor de 'Ser estoico no basta'.

El ensayista y novelista francés Charles Senard, doctor en estudios latinos y autor de 'Ser estoico no basta'.

Yo soy un joven padre latinista y amante de la poesía —en particular la amorosa—, no un viejo filósofo aficionado a la abstracción. En mi libro dirijo una mirada principalmente hacia el epicureísmo romano, cuyos máximos representantes coinciden en haber sido también poetas, grandes poetas. De estos, el primero que vino a mi mente fue Horacio, Quintus Horatius Flaccus (65-8 a. C.), autor de la célebre fórmula carpe diem. Cierto es que la cuestión de la obediencia filosófica de Horacio ha sido objeto de debate durante más de un siglo -en un pasaje de una de sus epístolas se enorgullece de obrar "sin jurar lealtad a maestro ninguno", nullius addictus iurare in uerba magistri-, pero existe cierto consenso en la actualidad a la hora de señalar en sus poemas la presencia, entre otros, de motivos epicúreos. Mucho es cuanto sabemos de Horacio y de su vida: de todos los poetas latinos, es sin duda el que más veces habla de sí mismo. Sabemos, por ejemplo, que era natural de Puglia (entonces Apulia), que fue nieto de una esclava e hijo de liberto, que era bajo, corpulento, de cabellos prematuramente canos y ojos delicados. Tras una estancia por estudios en Atenas, donde centró especialmente su aprendizaje en la filosofía moral, se unió con poco más de veinte años al bando de Bruto, quien había alzado un ejército contra Octavio, el futuro emperador. Convertido en tribuno militar, comandó una legión durante la batalla decisiva en Filipos, de la que no obstante terminaría huyendo para salvar la vida. Amnistiado, obtuvo un puesto como escribano, oficio que le concedió largos ratos para el ocio. Cercano al epicúreo Mecenas y más tarde al propio emperador Augusto, Horacio dedicará el resto de su vida a la poesía. Escribió sus primeras piezas líricas con veintitrés años, y compuso sus últimas odas cuando contaba más de cincuenta. Sus Odas son, sin duda, su obra maestra: en ellas logró adaptar al latín el lirismo que, seis siglos antes, sus predecesores lesbios Alceo (620-580 a. C.) y Safo (612-557 a. C.) habían plasmado en el idioma griego.

Epicureísmo romano

Los otros dos grandes nombres del epicureísmo romano, ambos pertenecientes a la generación anterior a la de Horacio y ambos también poetas, son Lucrecio (¿97?- 55 a. C.) y Filodemo de Gádara (110-40 a. C.). La relevancia de este último se ha reevaluado considerablemente en las últimas décadas, y hoy nadie duda de su importancia como eslabón entre Horacio y el epicureísmo griego. Originario de un pequeño pueblo al sureste del lago Tiberíades, en el norte de Jordania, Filodemo abrazó la doctrina epicúrea a su llegada a Atenas, ciudad en la que viviría durante casi quince años. Allí fue miembro de la escuela epicúrea (90-75 a. C.), entonces dirigida por Zenón de Sidón. Partió luego hacia Roma, convertida en el nuevo centro de la civilización, desde la que pronto se convirtió en portavoz de la doctrina epicúrea en Italia. Entabló amistad con Lucio Calpurnio Pisón, suegro de César, de quien se convirtió en cliente habitual y quien le protegería hasta su muerte. Fijó su residencia en la Campania, en Nápoles y Herculano, al lado de Pisón, quien le aseguró una tranquila existencia a cambio de compartir con él charlas filosóficas. Compuso numerosas obras sobre temas históricos, éticos, psicológicos, estéticos e incluso políticos. Fue también un buen poeta, autor de epigramas a menudo eróticos, y merecedor incluso del elogio de Cicerón, quien a pesar de su rechazo público al epicureísmo y su enemistad personal con Calpurnio Pisón, alabó los versos de Filodemo "de giros tan finos, tan elegantes, tangraciosos, que es imposible imaginar nada con mayor encanto". De su contemporáneo Lucrecio (c.99-55 a. C.), en cambio, sabemos muy poco. San Jerónimo afirmaba que se había suicidado a la edad de cuarenta y cuatro años, víctima de una poción de amor, afirmación que no parece muy probable. Los Lucrecios eran una antigua y bien conocida familia (gens) romana; sin embargo, no hay evidencia de que Lucrecio tuviera orígenes aristocráticos, pues no era en absoluto infrecuente que los esclavos, una vez liberados, tomaran el nombre de la familia a la que habían pertenecido. Su obra maestra, el sublime poema didáctico en seis cantos De la naturaleza de las cosas -a menudo más conocido por su título en latín, De rerum natura-, trata sobre la física epicúrea. En torno a Filodemo se reunía en Nápoles un grupo de amigos entre quienes figuraba un joven y prometedor poeta, de enfermiza timidez, llamado Publio Virgilio Marón (70-19 a. C.). También la obra poética de Virgilio, y en particular su poema didáctico en cuatro cantos Geórgicas, escrito a lo largo de siete años (del 37 al 30 a. C.), muestra por momentos innegables acentos epicúreos. Estaremos atentos a ellos.

En una de sus epístolas, y con la figura de Homero en mente, Horacio alaba a los poetas frente a los filósofos, pues los primeros son capaces de decir "con más claridad y mejor" (plenius ac melius) "lo que es decente y lo que es deshonroso, y lo que es útil y lo que no lo es" (quid sit pulchrum, quid turpe, quid utile, quid non). Me pareció interesante tomarle la palabra y escribir un libro en el que reflexionar sobre el epicureísmo, ilustrándolo con los escritos del propio Horacio -ante todo sus bellísimas odas, pero también sus epodos, sus sátiras y sus epístolas-, y de Lucrecio. No he podido evitar arrogarme el placer de pequeñas incursiones en la obra de otros autores, poetas, filósofos e incluso novelistas occidentales, y me ha parecido especialmente interesante recuperar la voz de humanistas del Renacimiento como Lorenzo Valla, Giovanni Pontano, Erasmo de Róterdam o Montaigne; en particular, este último cita a Lucrecio hasta 149 veces en sus Ensayos, y otras 148 a Horacio, auténticos "fragmentos del epicureísmo […] brillan a menudo, por su belleza intrínseca, en las páginas de Montaigne". No en vano, los humanistas desempeñaron un papel fundamental en revivir el interés por el epicureísmo en Occidente, prosiguiendo así con la labor de rehabilitación de la doctrina iniciada en el siglo XII. A mi modo de ver, los autores que cito tienen todos ellos mucho que decirnos sobre la esencia del epicureísmo, aunque no sean filósofos epicúreos sensu stricto y aunque los suyos fueran tiempos y contextos muy distintos al de Epicuro, quien, descalzo y vestido con una simple túnica de lana, procuró vivir de la manera más simple, rodeado por un grupo de discípulos en una pequeña comunidad que ocupaba un jardín y una pequeña casa ateniense, en pleno inicio del período helenístico y bajo el gobierno de los reyes macedonios que sucedieron a Alejandro. He procurado escribir un ensayo más poético que filosófico. No es un tratado sistemático de presentación del epicureísmo, pues he dejado siempre a mis gustos servirme de guía -después de todo, tratándose de epicureísmo, ¿no debería resultar un placer escribirlo?- y, sobre todo, he optado por centrarme en aquellos aspectos de la ética epicúrea que considero que conservan hoy toda su actualidad.

https://www.elconfidencial.com/cultura/2023-03-24/estoico-epicureo-filosofia-feliz_3599158/

La UNESCO "preocupada" por la Inteligencia Artificial

Así que quiere que gobiernos y empresas empiecen a afrontar su aspecto menos hablado: la ética

 

Por Gonzalo Hernández @gonzalojhm


Luego de que más de 1,000 personalidades del mundo tecnológico firmaran una carta solicitando pausar durante al menos seis meses el entrenamiento de sistemas de IA más potentes que GPT-4, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha pedido a los países miembros que implementen el Marco Ético Mundial para tener regulaciones en el uso de Inteligencias Artificiales.

En un comunicado, la UNESCO ha recordado a todos los países integrantes la "Recomendación sobre la ética de la Inteligencia Artificial", un documento aprobado en 2021 que es el primer marco mundial sobre el uso de la IA. Este orienta sobre cómo maximizar los beneficios de la tecnología y reducir los riesgos, presentando valores y principios, además de ofrecer recomendaciones políticas relevantes.

A la organización, señala el posicionamiento, le preocupan muchas de las cuestiones éticas de las IAs, como la discriminación, estereotipos, desigualdad de género, lucha contra la desinformación, derechos de privacidad, protección de datos personales, además de derechos humanos y medioambientales.

Según la UNESCO, hasta ahora se ha visto que la autorregulación de la industria no ha sido suficiente para evitar daños éticos, por lo que considera que la recomendación puede dar "herramientas para garantizar que los desarrollos de IA cumplan", con el estado de derecho, evitando daños y asegurando que cuando este se produzca, existan mecanismos de rendición de cuentas y de reparación.

Además, con este documento también se busca orientar las acciones de personas, grupos, comunidades, instituciones y empresa del sector privado para asegurar la incorporación de la ética a lo largo de todas las etapas del ciclo de vida de los sistemas de IA.

El documento no solo ofrece valores y principios, sino también aborda otras aplicaciones prácticas con acciones concretas a realizar, como ajustes en leyes, desarrollo de áreas de investigación para evitar riesgos en el uso de estos sistemas y hasta optimizaciones en políticas de datos.

Con esta herramienta, dice la UNESCO, se pueden determinar las competencias y habilidades requeridas por la fuerza laboral para una regulación sólida en el sector de la Inteligencia Artificial, además de que establece que que los Estados informen cada cuatro años sobre sus avances y prácticas en IA.

Otra voz más que pide regular el desarrollo de las IAs

Con este recordatorio de su Marco Ético, la UNESCO también entra a la discusión sobre la necesidad de tener diferentes regulaciones que permitan controlar y establecer pautas de las Inteligencias Artificiales.

Apenas este viernes 31 de marzo, Italia prohibió el uso de ChatGPT por recopilar de forma ilegal los datos personales de los usuarios, pero también por no justificar la recopilación y el almacenamiento de la información, ni contar con filtros para verificar la edad de los usuarios.

https://www.xataka.com.mx/robotica-e-ia/unesco-esta-preocupada-inteligencia-artificial-asi-que-quiere-que-gobiernos-empresas-empiecen-a-afrontar-su-aspecto-hablado-etica


El extranjero, de Albert Camus

 









La filosofía, como toda ciencia se ha encargado de colocar frente a nosotros, manifestaciones precisas de las diferentes realidades que habitan y pueden converger dentro de una sociedad. Así entonces, esta rama robusta del saber le ha mostrado también a hombres y mujeres, todo lo necesario para que pueda realizar diferentes enfoques del sentido de su existencia, la muerte, la vida y de cómo éstos le pueden aportar en su andar diario mientras se enfrenta a una sociedad decadente, que parece no entender la filosofía, pero si precisa que esta entienda -a cabalidad- cada una de las tragedias en esta misteriosa posmodernidad.

La sobriedad del estilo literario que nos entrega el autor en esta novela es, sin duda, una de las más aplaudidas, ya que mutila con mucho rigor la historia, y contextualiza sin redundancias en cada párrafo que vamos leyendo.

En la suma de todo lo anterior, podemos afirmar que: los filósofos, se encargaron de desvanecer diferentes mitos y refutar con la autoridad suficiente, las diferentes tesis planteadas desde el conocimiento primitivo hasta el de la época más reciente. Todo esto basado en estudios concretos y planteamientos que iban desde el nihilismo, el existencialismo, el materialismo y pasando por el absurdo; que nos llevó a conocer un poco más sobre el ciclo interminable en el que caemos, al darnos cuenta del sinsentido al que inevitablemente nos arrastra la vida.

“Las novelas de Camus no son otra cosa que filosofía puesta en imágenes”

La siguiente narración, nos lleva al año mil novecientos cuarenta y dos, una fecha en la que, la novela filosófica encontró a uno de los más valientes representantes en su larga y turbulenta historia. Me refiero al periodista, ensayista y filósofo nacido en la Argelia Francesa Albert Camus, que en su novela “El extranjero” nos da un recorrido por las innegables atrocidades que el hombre tiene presentes, mientras el mundo y todo lo que le rodea se muestran indiferentes a su dolor y su tormento, llevándolo con esto a reaccionar de la misma manera ante las acciones del resto de la humanidad.

La sobriedad del estilo literario que nos entrega el autor en esta novela es, sin duda, una de las más aplaudidas, ya que mutila con mucho rigor la historia, y contextualiza sin redundancias en cada párrafo que vamos leyendo, aquella época tan convulsa que le tocó vivir. Debo agregar que, Camus también se vale de las acciones de su personaje principal para entregarnos un retrato muy bien elaborado del hombre, que de alguna manera habitaría en lo más profundo de las sociedades futuras.

Entonces, lo inefable del absurdo se muestra en la batalla de aquel extranjero que se tiene que acoplar a nuevos cánones a los que, en lo más mínimo le interesa sumergirse, pero que debe seguir por el mero hecho de haberse equivocado. La tarea que le resta, será tratar de enmendar con la suficiente sobriedad su terrible error, aun sabiendo que habrá en ese embrollo un choque de mundos ajenos de sí mismos y distantes en ideas. 

Entonces, Albert Camus, enciende con más luminosidad la bujía del absurdo y logra que el conflicto de la historia mantenga viva la llama del lector y lo termina de convencer, mientras le muestra el remate de una novela que se fragua: entre el choque de una Europa desmembrada por las guerras y la imagen intermitente del ciudadano occidental que está cansado del lenguaje bélico y quiere ser dueño y constructor de su propia existencia.

 

Llega a nuestra cartelera la película “El extranjero”

“El extranjero” es una novela que toma mucha más vigencia en estos últimos años, en los que la humanidad se enfrentó a diferentes crisis -incluida una sanitaria- y de las que logró salir adelante, asumiendo su papel de cuidado y compromiso personal, dando con ello validez al planteamiento de Camus sobre todo aquello en lo que cabe el sinsentido de la vida y el choque de trenes en el que se enmarca -desde tiempos bastante remotos- el individualismo en la sociedad.

“El extranjero” también es una obra en la que el autor, nos muestra como el hombre empecinado en construir algo diferente, termina siendo absorbido por una espiral que lo empuja a una rutina -como la de Sísifo- de la que no se puede escapar, pero la misma también lo invita a realizar una catarsis sobre su realidad. Me resta decir que, Albert Camus, supo narrar con rigor y hondura en su novela algunos de los conflictos que aturden al hombre en la vida contemporánea y de los que, al parecer, no se puede, ni podrá escapar.

https://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura---ocio/extranjero-albert-camus/20230331221217210266.html



El virulento poder de lo global





  Por Byung Chul Han




"El dinero es un mal transmisor de identidad. Sin embargo, puede reemplazarla, pues el dinero proporciona a quien lo posee al menos una sensación de seguridad y de tranquilidad. Por el contrario, quien ni siquiera tiene un poco de dinero no tiene nada: ni identidad ni seguridad."                            

 

A la globalización le es inherente una violencia que hace que todo resulte intercambiable, comparable y, por ende, igual. La comparación igualatoria total conduce, en último término, a una pérdida de sentido. El sentido es algo incomparable. Lo monetario no otorga por sí mismo sentido ni identidad. La violencia de lo global como violencia de lo igual destruye esa negatividad de lo distinto, de lo singular, de lo incomparable que dificulta la circulación de información, comunicación y capital. Donde dicha circulación alcanza su velocidad máxima es precisamente donde lo igual topa con lo igual.

Ese violento poder de lo global que todo lo nivela reduciéndolo a lo igual y que erige un infierno de lo igual, genera una contrafuerza destructiva. Jean Baudrillard señaló que la vesania de la globalización engendra terroristas a modo de dementes. Según eso, el penal de Guantánamo sería el equivalente a los manicomios y las cárceles de aquella sociedad disciplinaria y represiva que, por su parte, engendra delincuentes y psicópatas.

Con el terrorismo ha sucedido algo que, yendo más allá de la intención inmediata de los actores, apunta a unas convulsiones sistemáticas. Lo que mueve a los hombres al terrorismo no es lo religioso en sí, sino más bien la resistencia del singular frente al violento poder de lo global. Por eso, esa lucha contra el terrorismo que se centra en determinadas regiones y en determinados grupos de personas es una desesperada acción sustitutiva. Incluso la expulsión del enemigo encubre el verdadero problema, que tiene una causa sistemática. Lo que engendra el terrorismo es el terror de lo global mismo.

El violento poder de lo global barre todas las singularidades que no se someten al intercambio general. El terrorismo es el terror del singular enfrentándose al terror de lo global. La muerte, que no se somete a ningún intercambio, es lo singular por antonomasia. Con el terrorismo, la muerte irrumpe brutalmente en el sistema, en el cual la vida se totaliza como producción y rendimiento. La muerte es el final de la producción. La glorificación de la muerte por parte de los terroristas y esa actual histeria con la salud que trata de prolongar la vida como mera vida a cualquier precio se suscitan mutuamente. Sobre esta conexión sistemática repara la sentencia de AlQaeda: «Vosotros amáis la vida, nosotros amamos la muerte».

Baudrillard señala la peculiaridad arquitectónica de las Torres Gemelas, que ya en 1993 fueron el objetivo de atentados terroristas islámicos. Mientras que los rascacielos del Rockefeller Center reflejan la ciudad y el cielo sobre sus fachadas de vidrio y acero, las Torres Gemelas no implicaban ninguna referencia externa, ninguna relación con lo otro. Los dos edificios gemelos, iguales entre sí y que se reflejan mutuamente, constituyen un sistema cerrado en sí mismo. Imponen lo igual, excluyendo por completo lo distinto. El atentado terrorista abrió brechas en este sistema global de lo igual.

El nacionalismo que hoy vuelve a despertar, la nueva derecha o el movimiento identitario son asimismo reacciones reflejas al dominio de lo global. Por eso no es casualidad que los seguidores de la nueva derecha no solo sean xenófobos, sino también críticos del capitalismo. Tanto esa alabanza nacionalista y romántica de la frontera como el terrorismo islámico obedecen al mismo esquema de reacción en vista de lo global.

El neoliberalismo engendra una injusticia masiva de orden global. La explotación y la exclusión son constitutivas de él. Construye un «apóptico», una construcción basada en una «óptica excluyente» que identifica como indeseadas y excluye por tales a las personas enemigas del sistema o no aptas para él. El panóptico sirve para el disciplinamiento, mientras que el apóptico se encarga de la seguridad. Incluso dentro de la zona de bienestar occidental el neoliberalismo recrudece la desigualdad social. En último término, elimina la economía de mercado social.

Alexander Rüstow, quien acuñó el concepto de «neoliberalismo», constató que si la sociedad se encomienda únicamente a la ley mercantil neoliberal se deshumaniza cada vez más y genera convulsiones sociales. Por eso señala que hay que completar el neoliberalismo con una «política vital» que siembre solidaridad y civismo. Sin esta rectificación del neoliberalismo a cargo de la «política vital» surgen unas masas inseguras, que actúan movidas por el miedo y que se dejan captar fácilmente por fuerzas nacionalistas étnicas.

El miedo por el futuro propio se trueca aquí en xenofobia. El miedo por sí mismo no solo se manifiesta como xenofobia, sino también como odio a sí mismo. La sociedad del miedo y la sociedad del odio se promueven mutuamente.

Las inseguridades sociales, unidas a la desesperación y a un futuro sin perspectivas, constituyen el caldo de cultivo para las fuerzas terroristas. El sistema neoliberal cultiva directamente estos elementos destructivos, que solo a primera vista parecen opuestos a él. En realidad, el terrorista islámico y el nacionalista étnico no son enemigos, están hermanados, pues comparten una genealogía común.

El dinero es un mal transmisor de identidad. Sin embargo, puede reemplazarla, pues el dinero proporciona a quien lo posee al menos una sensación de seguridad y de tranquilidad. Por el contrario, quien ni siquiera tiene un poco de dinero no tiene nada: ni identidad ni seguridad. Así, forzosamente se evade a lo imaginario, por ejemplo a la idiosincrasia de un pueblo, la cual pone rápidamente a disposición una identidad. Al mismo tiempo se inventa un enemigo, por ejemplo el islam. Es decir, a través de unos canales imaginarios levanta unas inmunidades para alcanzar una identidad que otorga sentido. El miedo por sí mismo hace que inconscientemente se provoque la nostalgia de un enemigo. El enemigo es, aunque de forma imaginaria, un proveedor de identidad: El enemigo es nuestra propia pregunta como figura. Por este motivo tengo que confrontarme con él combatiendo, para así obtener mi medida propia, mi frontera propia, mi figura propia.

Lo imaginario compensa una carencia en la realidad. También los terroristas habitan lo imaginario. Lo global hace que surjan unos espacios imaginarios que promueven una violencia real.

El violento poder de lo global debilita al mismo tiempo las defensas inmunitarias, pues estas estorban la circulación global acelerada de información y de capital. Precisamente ahí donde los umbrales inmunitarios son muy bajos el capital fluye mucho más rápido.

Dentro de ese orden de lo global que hoy es hegemónico y que totaliza lo igual en realidad solo existen más iguales u otros que son iguales. No es en esas vallas fronterizas que se han levantado recientemente donde se despierta la imaginación creadora de fantasías referidas a otros. Ante tales vallas, la imaginación se queda estupefacta y sin habla.

En realidad, los inmigrantes y los refugiados no nos resultan distintos, no nos resultan ajenos, no son unos extraños a causa de los cuales se sienta una amenaza real, un verdadero miedo. Ese miedo solo existe en la imaginación. Los inmigrantes y los refugiados se perciben más bien como una carga. Lo que se siente hacia ellos cuando se los considera como posibles vecinos es resentimiento y envidia, unos sentimientos que, a diferencia del temor, el miedo y el asco no son una auténtica reacción inmunológica. Las masas xenófobas están contra los norteafricanos, pero luego pasan las vacaciones con todos los gastos pagados en sus países.

Para Baudrillard, la violencia de lo global es carcinomatosa. Se propaga como «células cancerígenas […] a través de una proliferación inacabable de pólipos y de metástasis». Baudrillard explica lo global con ayuda del modelo inmunológico: «No es casualidad que hoy se hable tanto de inmunidad, de anticuerpos, de trasplante y de rechazo». El virulento poder de lo global es una «violencia viral, la violencia de las redes y de lo virtual». La virtualidad es viral. Resulta problemática esta descripción inmunológica de la interconexión. Las inmunidades ocluyen la circulación de información y comunicación. El «me gusta» no es una reacción inmunológica. El virulento poder de lo global, en cuanto violencia de la positividad, es posinmunológico. Baudrillard no se da cuenta de este cambio de paradigma constitutivo del orden digital y neoliberal. Las inmunidades forman parte del orden terrenal. La sentencia de Jenny Holzer «protegedme de aquello que quiero» hace ver justamente el carácter posinmunológico de la violencia de la positividad.

El «contagio», la «implantación», la «expectoración» y los «anticuerpos» no explican el exceso actual de la hipercomunicación y de información. La demasía de lo igual puede provocar vómitos, pero la regurgitación no proviene de una sensación de asco que se refiera al distinto, al extraño. El asco es un «estado de excepción, una crisis aguda de autoafirmación frente a una alteridad inasimilable».

Es precisamente la falta de negatividad de lo distinto lo que provoca síntomas como la bulimia, los «atracones de series» o la «sobreingesta compulsiva». No son virales. Más bien se explican en función de esa violencia de la positividad que es inasequible a toda defensa inmunitaria.

El neoliberalismo es cualquier cosa menos el punto final de la Ilustración. No lo guía la razón. Precisamente su vesania provoca unas tensiones destructivas que se descargan en forma de terrorismo y nacionalismo. La libertad de la que hace gala el neoliberalismo es propaganda. Lo global acapara hoy para sí incluso valores universales. Así, incluso se explota la libertad. Uno se explota voluntariamente a sí mismo figurándose que se está realizando. Lo que maximiza la productividad y la eficiencia no es la opresión de la libertad, sino su explotación. Esa es la pérfida lógica fundamental del neoliberalismo.

En vista del virulento poder de lo global se trata de proteger lo universal para que no quede acaparado por lo global. Por eso es necesario hallar un orden universal que también se abra a lo singular. Aquello singular que irrumpe con violencia en el sistema de lo global no es el otro distinto, el cual permitiría un diálogo. En esa imposibilidad de dialogar que constituye el terrorismo radica su carácter diabólico. Lo singular renunciaría a su carácter diabólico únicamente en un estado reconciliado en el que lo lejano y distinto se quedara en una cercanía otorgada.

La «paz perpetua» de la que habla Kant no es otra cosa que un estado de reconciliación. Se basa en valores universales que la razón se asigna a sí misma. Según Kant, se puede forzar a instaurar la paz también mediante aquel «espíritu comercial» que «es incompatible con la guerra y que, más tarde o más temprano, se acaba apoderando de todo pueblo. Pero tiene un plazo fijado y no es eterno. Lo único que por sí mismo puede forzar a instaurar la paz es el «poder del dinero». Pero el comercio global es una guerra con otros medios. Ya en el Fausto de Goethe se dice: «Preciso fuera que nada supiese yo de navegación: / guerra, comercio y piratería son tres cosas en una, / imposibles de separar».

El virulento poder de lo global provoca que haya muertos y refugiados como si fuera una auténtica guerra mundial. Esa paz que el espíritu comercial fuerza a instaurar no solo tiene fijado un plazo, también está delimitada espacialmente. La zona de bienestar, es más, la isla de bienestar, siendo un apóptico o una construcción basada en una óptica excluyente, está rodeada de vallas fronterizas, de campos de refugiados y de escenarios bélicos. Kant no se dio cuenta del carácter diabólico, de la irracionalidad del espíritu comercial. Su enjuiciamiento resultó tenue. Suponía que dicho espíritu comercial instauraría una paz «prolongada». Pero esta paz no es más que una apariencia. El espíritu comercial solo está dotado de un entendimiento calculador. Carece de toda razón. Por eso es irracional aquel sistema al que solo domina el espíritu comercial y el poder del dinero.

Precisamente la actual crisis de los refugiados revela que la Unión Europea no es más que una unión económica comercial que busca el provecho propio. La Unión Europea como zona europea de libre comercio, como comunidad contractual entre los gobiernos con sus respectivos intereses estatales y nacionales, no sería para Kant una construcción racional, una «alianza de los pueblos» guiada por la razón que se comprometiera a defender valores universales como la dignidad humana.

La idea kantiana de una paz perpetua fundada por la razón alcanza su punto culminante con la exigencia de una «hospitalidad» sin condiciones. Con arreglo a eso, todo extranjero tiene derecho de estancia en otro país. Puede pasar un tiempo ahí sin sufrir reacciones xenófobas «mientras se comporte pacíficamente en su sitio». Según Kant, nadie tiene «más derecho que otro a estar en un lugar de la Tierra». La hospitalidad no es una noción utópica, sino una idea vinculante de la razón: Como en los artículos anteriores, aquí no se está hablando de filantropía, sino de derecho, y entonces hospitalidad (ser acogedor) significa el derecho que un extranjero tiene a que los demás no lo traten xenófobamente por el hecho de haber llegado a sus tierras. La hospitalidad no es una manera fantasiosa ni exagerada de imaginarse el derecho, sino una aportación necesaria que viene del código no escrito para completar tanto el derecho estatal como el derecho internacional convirtiéndolos en derecho humano público, para de este modo instaurar la paz perpetua, y solo bajo esta condición uno puede gloriarse de hallarse en una continua aproximación a ella.

La hospitalidad es la máxima expresión de una razón universal que ha tomado conciencia de sí misma. La razón no ejerce un poder homogeneizador. Gracias a su amabilidad está en condiciones de reconocer al otro en su alteridad y de darle la bienvenida. Amabilidad significa libertad.

La idea de hospitalidad ostenta también algo universal más allá de la razón. Para Nietzsche es expresión del alma «sobreabundante». Está en condiciones de albergar en sí todas las singularidades: ¡Y que aquí me sea bienvenido todo lo que está en devenir, lo que anda errante, lo que va buscando, lo que es fugaz! De ahora en adelante la hospitalidad será mi única amistad.

La hospitalidad promete reconciliación. Estéticamente, se manifiesta como belleza: Siempre acabaremos siendo recompensados por nuestra buena voluntad, por nuestra paciencia, por nuestra equidad, por nuestra ternura hacia lo extraño, despojándose lo extraño lentamente de su velo y presentándose como una nueva belleza indecible: ese es su agradecimiento por nuestra hospitalida.

La política de lo bello es la política de la hospitalidad. La xenofobia es odio y es fea. Es expresión de la falta de razón universal, un indicio de que la sociedad todavía se encuentra en un estado irreconciliado. El grado civilizatorio de una sociedad se puede medir justamente en función de su hospitalidad, es más, en función de su amabilidad. Reconciliación significa amabilidad.

https://www.bloghemia.com/2023/04/el-virulento-poder-de-lo-global-por.html

 

Inteligencia Artificial: ¿ante un nuevo paradigma histórico?








"El capitalismo tardío, podría estar entrando en una etapa hiperacelerada, y nuevamente, los entes socioculturales más preparados para adaptarse a la nueva velocidad y capitalizar económica y políticamente las nuevas tecnologías y avances de la información"   

Artículo de José Daniel Arias Torres

                                                   Licenciado en Relaciones Internacionales                                                          Universidad Iberoamericana de Puebla

El mundo un día amaneció con una noticia que se replicaba en diferentes medios, desde los más locales y desconocidos, hasta medios internacionales y hegemónicos: el nacimiento del ChatGPT. Bien es cierto que esta inteligencia artificial no surgió por generación espontánea, y que su segregación en el mundo de masas se dio paulatinamente, sin embargo, en cuestión de algunas semanas, esta herramienta tecnológica acaparó el debate mundial, y los efectos socioculturales de su derramamiento en el mundo, derivó en que los debates fueran arrancados de las fronteras tecno-científicas, para comenzar a ser parte de debates sociológicos, filosóficos y cotidianos.

El ChatGPT es solo el rostro actual más visible de todo un fenómeno que lleva décadas experimentándose y perfeccionándose: La Inteligencia Artificial. Múltiples han sido las lecturas que la sociedad ha hecho sobre estos avances técnicos, y las expresiones culturales de los mismos, dan una mirada del cómo es que el mundo -entendiendo al mundo en este sentido, como un grueso cultural apartado de la tecnocracia y, por ende, ignorante de las verdaderas funcionalidades técnicas de un avance tecno-científico- se enfrenta a los demonios instrumentales (y que instrumentalizan) que son las nuevas tecnologías de la información, que generan profundos cambios culturales e históricos.

Desde Hal de Odisea 2001, pasando por los arquetipos tecno-científicos de William Gibson, con Neuromante, o los androides de Phillip K. Dick, sin olvidar múltiples refinamientos que han surgido con el paso de las décadas, a través de las miradas de filmes como Ghost in the Shell, Ergo Proxy o Psycho Pass, pasando por Her y Ex Machina, las interpretaciones que se le dan a inteligencias diferentes a la humana, han sido diversas, algunas más benevolentes que otras.

Sin lugar a dudas, la Inteligencia Artificial es un tema que fascina, en buena medida debido al desconocimiento y misterio que hay con relación al tema, y la pregunta cultural y filosófica que surge sobre estos avances, una vez más tiene como referente a un sistema axiológico humano, dado a trazar fronteras morales entre conceptos y temporalidades, mismas fronteras que, mientras son vigentes, dan un formato claro sobre el caminar histórico de la humanidad en un sentido hegemónico, pero que cuando se difuminan, ya sea por una liquidez cultural, que autoaniquila desde dentro al oficialismo práctico y teórico, o por la formación de una fuerza opuesta emanada de las sombras de la cultura barbárica, fundada en una redención de las culturas vencidas -en una lógica fundada por el pensador Walter Benjamin-, esta pregunta es ¿En qué momento termina la técnica/máquina/avances tecno-científicos/inteligencias artificiales y comienza el ser humano?

La respuesta a la anterior pregunta no es única, y Philip K. Dick ofrecía una interesante lectura sobre este tema con su novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, adaptada a la gran pantalla con la película Blade Runner. Esta pregunta, que podría ser vista como una acotada a un tema específico, no es más que una de las máscaras de la pregunta que ha marcado al momento histórico desde la modernidad ¿En qué momento termina el instrumento y comienza el ser humano? René Descartes y Galileo dieron un inicio simbólico a la tiranía antropocéntrica que la técnica y la formación histórica de las sociedades trazaba. La instrumentalización del ser humano fue un tema recurrente entre la propia escuela de Frankfurt, y su tradición marxista los hizo fundar la idea dialéctica de la ilustración (Adorno y Horkheimer) llegando así, a un boceto de respuesta: El ser humano instrumentaliza y es instrumentalizado, esto ofrece un marco teórico a la explicación del porqué del Holocausto, y yo, como autor, igualmente traslado elementos de este marco teórico para proponer que no solo el fascismo, sino las democracias liberales, siendo ambas parte de un momento histórico coproducido, tiene en esta instrumentalización, la razón de ser de las dos bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Las inteligencias artificiales , en sus marcos teóricos actuales, no superan la lógica instrumental, sino que la engrosan, al constantemente ser alimentadas de información que los seres humanos introducen en sus motores de aprendizaje, estas I.A. conceptualmente nos instrumentalizan como sus operadores/usuarios, generando con esto que no sean estas I.A. una extensión de las facultades humanas, sino que, al generar una dependencia unidireccional de nosotros a ellas, terminamos por ser una extensión de las I.A. lo que nos convierte en elementos caducos y prescindibles.

¿En el retorno al mito?

La sociedad de la información, del conocimiento, o la aldea global, son categóricos propuestos por pensadores de la segunda mitad del siglo XX, que han pronosticado a la información como potencia de cambio y principal objeto/símbolo fetiche y con valor. Marshall McLuhan y Jean-François Lyotard, establecieron, en diferentes espacialidades y temporalidades, las condiciones que estaban definiendo al momento humano posmoderno, uno cuya tendencia era cada vez más acelerada y multi-narrativa, sin cabida teórica para las grandes narrativas o metanarrativas. Esta aceleración de la sociedad y sus dinámicas históricas era tal, que McLuhan propuso a la luz como forma de información esencial, un elemento que viaja a una velocidad inapreciable para los sentidos humanos desnudos, pero completamente perceptible para sus extensiones técnicas (computadores, teléfonos, celulares, satélites, etcétera).

La Inteligencia Artificial parece ser un cambio de narrativa y velocidad visible, aunque no un cambio histórico en esencia, en tanto está dentro de la maquinaria hegemónica. Asimismo, en la lógica de la dialéctica instrumental, el desbordamiento de las I.A. por la sociedad de masas no implica una democratización de la técnica, de la misma forma en que el internet o las redes sociales no implicaron una democratización del conocimiento, sino una aceleración de las prácticas que generan valor en una sociedad que capitaliza la información, misma que posteriormente es utilizada para crear segmentos sociales, raciales, religiosos, electorales, políticos, generacionales, económicos, en otras palabras, para generar segmentos de consumo y así continuar un delineamiento del sujeto político ideal: Uno pasivo.

El capitalismo tardío, podría estar entrando en una etapa hiperacelerada, y nuevamente, los entes socioculturales más preparados para adaptarse a la nueva velocidad y capitalizar económica y políticamente las nuevas tecnologías y avances de la información, son los corporativos y conglomerados empresariales que, de forma astuta, saben leer los momentos de cambio de mejor manera y más a tiempo, que las arcaicas y perezosas burocracias políticas, de esta forma, y siendo estos entes los productores de estas mismas tecnologías y dinámicas, la única posibilidad histórica, con sujetos despolitizados y pasivos como ciudadanos, es la que marque quienes se encuentran en las élites económicas y políticas, en otras palabras, se suprime a la historia y cambio en un sentido dialéctico, al narcotizar y capitalizar los avances humanos, y desmembrando en segmentos consumistas, a las fuerzas sociales políticas.

Los entes empresariales y corporativos, se entienden y entienden al mundo como oportunidades en el mercado, sin tener en su profundidad ontológica (el ser del mercado) un real impulso ético, es así como la llegada de avances técnicos que economicen y reduzcan procesos y costos, para dinamizar su realidad, implica un directo y profundo cambio en las fuerzas laborales y -al estar enmarcados en un momento humano capitalista- de la sociedad y cultura misma.

La llegada de las Inteligencias Artificiales de fácil acceso y uso, implican la salida de operadores y generadores humanos de información, incompetentes en su individualidad frente a un ente técnico alimentado por millones de otros seres humanos, bien es cierto que una I.A. aún depende, en lo esencial, del ser humano, sin embargo, un proceso de tres pasos, llevado a cabo por tres tecnócratas/especialistas diferentes, puede ser reducido a un proceso de un solo paso, con un solo tecnócrata (¿Esta puede ser la venganza de la tecnocracia e hiperespecialización de los sujetos?), lo anterior ahorra para estos entes, recursos en un sentido amplio.

Si la mecanización en serie en un primer momento fordista, y la robotización en un segundo momento industrial, implicaron la extinción de ciertos empleos y la generación de otros más especializados, la llegada de la Inteligencia Artificial al grueso social, podría significar una extravagante síntesis de especialización y erudición, pues una misma persona podría programar, redactar, generar campañas publicitarias, guiones, sin necesariamente tener el conocimiento personal para hacer todo eso, pues solo se limita a dar instrucciones.

La llegada de la Inteligencia Artificial a los lugares de trabajo, tiene una entrada en una Sociedad de la Información que le permite ser, y esto tendrá implicaciones profundas que aún no se manifiestan, pues en este primer momento de frenesí, la verdadera teorización y lectura del fenómeno, aún no llega, no obstante, ya podemos vislumbrar que estos instrumentos están construyendo nuevos paradigmas y extinguen ciertas formas de creatividad, elemento humano y humanizante.

La humanidad no estaba preparada para la llegada de este tipo de Inteligencias Artificiales, sin embargo, el arribo y su penetración es ya inevitable, las preguntas que hoy surgen pueden ser ¿Está el mercado laboral preparado para soportar el impacto de las I.A.?, ¿Qué parámetros éticos utilizan las I.A. para regular sus procesos y respuestas?, la ética es un ejercicio humano, ¿Podemos hablar de ética en las I.A. programadas para aprender de forma aparentemente infinita y así formular una “ética” artificial?, ¿Cómo podrían ser utilizadas las I.A. como instrumentos de poder?, ¿Estas I.A. están alineadas a cánones morales específicos?, ¿Una I.A. realmente es un instrumento para la libertad, o al contrario, es un aparato coercitivo?, ¿Qué nuevas desigualdades se pueden generar con estos avances?, ¿Se debe de reformular el concepto de plagio y propiedad intelectual con el arribo de las I.A.?

 

Todo lo anterior puede devenir en una pregunta más general, como humanidad no especializada en estas tecnologías y programas ¿Qué sabemos sobre las Inteligencias Artificiales? La respuesta es clara: No lo suficiente.

El mito, de acuerdo a mitólogos y antropólogos como Joseph Campbell o James Frazer, podría ser definido, sin esto significar que se agota el concepto, como una forma que el ser humano, entregado a las fuerzas incomprensibles de la naturaleza, encuentra para explicar los acontecimientos del mundo mediante la generación de arquetipos y narrativas, el mito tiene su fin aparente, en el principio de la causalidad universal, y en la comprensión natural y científica de los fenómenos y noúmenos. En un sentido ilustrado, alineado al método científico, la “humanidad” (sea lo que sea que este concepto universal signifique), ha superado al mito al saber que las cosas tienen un principio y fin orgánico, sujeto a leyes que entendemos, es aquí donde hago una reflexión, si no entendemos a la Inteligencia Artificial, ni sus principios, origen y posible destino sujeto a leyes, ¿Podemos hablar de un retorno al mito? Esta pregunta no se limita a las I.A. sino a nuestro mundo inmediato, ¿Qué tanto conocemos sobre el mundo artificial que nos circunda?, ¿No estamos retornando al mito al dar a la realidad artificial y digital por dada, como algo apriorístico y no construido material y simbólicamente?

¿Qué es hoy la verdad?

La historia de la humanidad, ha estado llena de historias de búsquedas particulares de la verdad que se universalizan, la humanidad, desde su nacimiento con la interpretación que le ha dado al mundo, a través de la magia en una primera instancia, pero posteriormente con del mito, religión y finalmente de la ciencia, se ha desenvuelto de forma constante, siempre buscando una genealogía apriorística u orgánica la razón de ser del mundo, así, la verdad es contingente al momento histórico y, en buena medida, subordinada al estado de refinamiento de las técnicas de experimentación del mundo, ya sea que estas se encuentren dentro del paradigma científico, o que estas sean técnicas “alternativas” invalidadas por el momento metodológico de la investigación y del rigor científico.

Una constante -hasta el momento de la penetración sociocultural del ciberespacio en la cotidianidad-, es el fundamento material de la realidad para la producción/invención/representación de verdades, incluso cuando se habla del espíritu, de las ideas, o de la inmanencia, estos conceptos tienen una correlación dialéctica con la materialidad, pero tras la llegada del ciberespacio, el ser ya no se encuentra limitado por la experiencia tridimensional de la realidad, y en cierto sentido, superar las leyes físicas cartesianas, (de la misma forma en que la física habla de una física cuántica, no representable por la física clásica, con el ciberespacio tal vez podemos hablar de seres cuánticos, al menos simbólicamente). Con la llegada del ciberespacio, en conjunto con la dilución de un sistema axiológico, hemos abandonado el territorio de la representación, para entrar en el de la simulación, y así imponer al signo vacío como modelo de la realidad.

No han sido escasas las fotografías generadas con Inteligencia Artificial que han confundido a internautas, al hacer creer que estas mismas son verdaderas, es cierto que este fenómeno, llamado por muchos “posverdad”, no es propio de las Inteligencias Artificiales, ni exclusiva de los formatos gráficos, pero lo que hace diferente a este momento delineado por la I.A., es que si antes la creación de realidades simuladas podía estar contenida en sujetos que tenían el conocimiento técnico para producirla, hoy en día, esta se “liberaliza” para cualquiera con a acceso a una I.A., esto significa que la realidad y su sustento entran en un nuevo territorio de vulnerabilidad, que continuará expandiéndose en tanto no existan mecanismos que regulen a estos avances.

La introducción de la Inteligencia Artificial a la cultura, es un imperativo para replantear conceptos que se daban por supuestos, con divisiones conceptuales bien definidas, que hoy, se difuminan en el marchar progresivo de la realidad, y de su invasión a territorios fronterizos no explorados antes.

Regulación VS liberación VS suspensión

Lejos ha quedado esa época en donde se podía realizar una división tajante entre la realidad y la digitalidad, esa antigua frontera subordinaba lo digital a lo real/material, en un sentido cartesiano, la extensión de los cuerpos y su mecanicismo envuelto en una temporalidad y espacialidad, seguía siendo el motor de lo real, y, por tanto, de la historia, la digitalidad entonces, al no estar plenamente definida por este método científico, pasaba a ser una extensión de la realidad, en la virtualidad, sin que esto significara que lo digital tendría implicaciones directas en lo real, sino, que lo digital, sería tan solo, una consecuencia de lo real, hoy en día esta relación de subordinación, parece cuestionarse, al vivir en un mundo donde en ocasiones, lo digital precede a lo real, y retomando a Baudrillard, es la representación, y no lo real, lo que actualmente en ocasiones toma el lugar de lo real, en otras palabras, la simulación de lo real, ha pasado a tomar el lugar de lo real.

Es debido a lo anterior, que en una sociedad inmersa en los nodos de información, cualquier revolución digital tiene implicaciones profundas en lo real, y un cambio narrativo en la virtualidad, tendrá su reflejo directo en lo material. Las Inteligencias Artificiales que hoy han modificado, a través de la hiperaceleración, los procesos de trabajo propios de la globalización y de las sociedades de la información, han despertado fuerzas políticas adormecidas, me refiero a las fuerzas laborales que alimentan al mercado de la información con su trabajo.

Existe, actualmente, toda una fuerza laboral que, paradójicamente, está desmembrada y desarticulada de cualquier posibilidad de agremiación o sindicalización, debido a la propia naturaleza individualista de la información -pues la información es la masificación de los datos, el conocimiento, por otro lado, demanda de debate e intersubjetividad, de relaciones sociales y políticas, de ahí que diversos pensadores consideren que en un capitalismo neoliberal que tiene como unidad base al individualismo aislacionista, la posibilidad de trascender de sociedades de la información, a las sociedades del conocimiento, sean casi nulas-, lo cual deriva en una desprotección y vulnerabilidad por parte de las fuerzas laborales enjambre de esta etapa histórica. Estas fuerzas laborales son una parte orgánica de la posmodernidad, en la que esos sujetos ciudadanos globales, viven y trabajan sin una conexión real con el todo, especializados y digitales, laboran como creadores de contenido, diseñadores, mercadólogos, programadores, managers digitales, administradores, etcétera.

La pandemia producida por el SARS-CoV-2, fue un fenómeno global que le dio el impulso necesario al teletrabajo, un periodo en el que existió una migración masiva de burócratas de oficina hacia la casa, convirtiéndose en burócratas domésticos, las bondades que trajo el teletrabajo en diversos casos, serán balanceadas por el capital con la desvinculación laboral y política. Ante fenómenos culturales de alto impacto como lo es la Inteligencia Artificial, la cual vino a abrir un debate en torno al futuro del trabajo digital, pues la duda latente es si estas nuevas tecnologías, provocarán un desplazamiento y extinción masiva de puestos laborales, los trabajadores digitales solo se tienen a sí mismos, sin una organización política/sindical que pueda articularse para exponer los dilemas, y entrar en un periodo de negociaciones que beneficie a los trabajadores, el teletrabajo, hoy demuestra ser el fin del sindicalismo, y la desprotección de los trabajadores.

Ante el debate y posible reforma laboral que supone la llegada masiva de las I.A. en un momento laboral donde la norma es la carencia de contratos dignos y seguridad sociales, algunas preguntas resaltan y cuestionan a eso que se conceptualiza como progreso: ¿Quién se va a ir a huelga?, ¿Quién va a exigir sus derechos?, ante la posibilidad de un paulatino, pero pronunciado cambio del panorama laboral, en el que las personas se hacen aún más prescindibles ¿Quién va a exigir protección, sin contratos laborales, desde su propia casa, desarticulado política y laboralmente de otros?

 

La llegada de las I.A. golpea en un primer momento a una clase media y joven, cuya actividad laboral no es material, sino digital, en este sentido, podríamos vislumbrar una nueva crisis para este sector generacional y socioeconómico, ¿Está el mercado laboral listo para soportar este cambio?, o tal vez la pregunta debería ser, ¿Están preparados los Estados para sostener una posible ola de desempleo futura?

Las anteriores no fueron las razones que llevaron a diversas voces del campo científico y empresarial a firmar una carta que solicitaba detener, durante algunos meses, las pruebas abiertas con el ChatGPT, pues en su entendimiento, esta I.A. podría tener efectos muy negativos en la humanidad, a pesar de que esta propuesta está fundada en un miedo legítimo, es difícil concebir que empresarios como Elon Musk o Steve Wozniak estén genuinamente interesados por la libertad y bienestar humanos, más que por beneficios de mercado, no obstante, esta carta monta un precedente acerca de la urgencia de regular estos avances, (es curioso mirar como representantes del capital y del mercado solicitan medidas regulatorias cuando no se están beneficiando del momento socioeconómico). La regulación de la Inteligencia Artificial, viene a sumarse a otros temas que urgen de ser regulados en el entorno digital, pues su carencia de normativas, los convierten en potenciales herramientas/fuerzas coercitivas, y generadoras de nuevas desigualdades, aun con esta urgencia, se puede formular otra pregunta ¿Cómo es posible legislar con formatos y procedimientos burocráticos tradicionales, a una realidad hiperacelerada y diariamente cambiante?

El debate liberación vs regulación, es un debate neoclásico trasladado al ciberespacio, ¿Qué significaría una liberación de estas tecnologías? vs ¿Qué implicaría una regulación y desde dónde se regularía?, sin duda alguna, este es un tema nada sencillo de abordarse, pues existen argumentos fuertes para apoyar cualquiera de las posturas, no obstante, la I.A. al estar moviendo tantas fuerzas sociales y políticas, es un tema que debe de abordarse desde el debate crítico y maquetar posibles respuestas a preguntas tan sensibles como: ¿Qué sucederá con los centros educativos?, ¿Están preparados para sostener este avance técnico que es y será utilizado por el alumnado?, ¿Los productos de esta tecnología están al margen o fuera de los límites de la propiedad intelectual?, ¿Qué profundas reestructuraciones sufrirá el mercado laboral?

En el umbral de la transición

¿Qué puede ser histórico cuando en la posmodernidad diariamente acontecen sucesos históricos? En una realidad de este tipo, cuestiones que hace siglos habrían iniciado revoluciones, hoy se entienden como sucesos tendencia, en otras palabras, intrascendentes. Las Inteligencias Artificiales hoy están revestidas con el velo de “la tendencia”, una tendencia por su propia naturaleza gaseosa, está destinada a ser olvidada al comienzo de las siguientes, en este sentido, el tema coyuntural que significan hoy las I.A. pasará a ser parte de la basura informática y ciberespacial el día de mañana, sin embargo, como sociedad, experimentaremos sus efectos paulatinos y agudos en todas las dimensiones de nuestra vida. La tendencia avasallante narcotiza y adormece la capacidad de reacción política, y el debate es intercambiado por la opinión líquida. La Inteligencia Artificial, en su derramamiento cultural, tendrá implicaciones reales y profundas, (¿Podríamos hablar de un cambio de etapa productiva?), sin embargo, aún estamos en el inicio de la misma, atravesando el umbral hacia una siguiente realidad, ni siquiera teorizando, sino soñando con posibilidades de futuro. Lejos se encuentran las I.A. de tener consciencia, tal como la ciencia ficción nos las introduce, pero estamos muy cercanos a las consciencias que actualmente orquestan este cambio de paradigma sociocultural masivo, y el rol de las Humanidades y Ciencias Sociales, es seguir estos cambios de cerca, para cuestionar dogmas, criticar paradigmas, proponer alternativas y revolucionar realidades. 

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