miércoles, agosto 17, 2016

Michel  Foucault

Un acercamiento a su pensamiento
                                                    
 “No me preguntéis quien soy ni me pidáis que sea siempre el mismo”       

Foucault  fue y es sin duda una de las figuras más importantes e influyentes del ambiente cultural francés. Nunca quiso expresamente ser un historiador de los ideales ni de las ciencias en el sentido clásico de estos términos. La única denominación que admitía era la de arqueólogo, aquello que da cuenta de forma más profunda de la cultura.      

Introducirse en esta forma de reflexión, en este modo de hacer filosofía, es una experiencia muy enriquecedora. Se está en presencia de un pensamiento envolvente, no se puede salir ileso del choque que representa encontrarse con las obras de Michel Foucault. Tuvo una clara conciencia de eso, lo supo, lo dijo y lo advierte, esto no es simplemente un pensamiento, una doctrina, es un modo de colocarse en la vida, ante la historia, ante todas las realidades que nos rodean.


Una muestra de ello y en referencia a su concepción de la Genealogía, se puede observar en su texto: Nietzsche la Genealogía la Historia de (Microfísica del Poder): "el mundo que conocemos no es esta figura simple en suma, en la que todos los sucesos se han borrado para que acentúen poco a poco los rasgos esenciales, el sentido final, el valor primero y último; es por el contrario una miríada de sucesos entrecruzados (...) Creemos que nuestro presente se apoya sobre intenciones profundas, necesidades estables; pedimos a los historiadores que nos convenzan de ello. Pero el verdadero sentido histórico reconoce que vivimos, sin referencias ni coordenadas originarias, en miríadas de sucesos perdidos"  

Nace en Poitiers, Francia el 15 de octubre de 1926. Su padre era médico así como gran parte de sus antepasados de apellido Foucault, motivación que lo lleva a buscar ingresar en la Escuela Normal Superior en el año 1945 no consiguiéndolo. Por ese motivo comienza a estudiar en el Liceo, donde conoce al filósofo Jean Hyppolite, a partir de 1946 ingresa en la Escuela Normal Superior. Obtiene su licenciatura en Filosofía en la Sorbona, teniendo entre otros a Merlau-Ponty como profesor. Durante ese período conoce a Pierre Bordieu y Jean Paul Sartre entre otros.       

En 1949, Foucault termina la carrera de Psicología y recibe su diploma en Estudios Superiores de Filosofía, presentando una tesis sobre Hegel, con la supervisión de Hyppolite.

En 1950 entra en el partido comunista, permaneciendo poco tiempo al producirse intromisiones del partido en su vida personal así como en la de Althusser. Esta época es muy conflictiva para Foucault, pasando momentos de gran angustia que lo llevan a tentativas de suicidio.      

Durante el año 1951 es profesor de Psicología en la Escuela Normal Superior, siendo su alumno entre otros Derrida. En ese mismo año ingresa al Hospital Psiquiátrico de Saint Anne donde trabajará. Además se dedica al estudio de distintas manifestaciones artísticas entre ellas el surrealismo, estudio que continuará durante 1952 y 1953.

Aproximadamente en esa época participa de un Seminario de Jacques Lacan.        Y personajes como Maurice Blanchot y George Bataille, lo aproximan a Nietzsche.      

Mientras enseñaba en la universidad de Upsala en Suecia, Foucault escribió Locura y Civilización: Una historia de la locura en la edad de la Razón (1961).

Durante 1954 publica: Enfermedad Mental y Psicología, Historia de la Locura en la Edad Clásica, en el año 1961 siendo esta obra la que utiliza para su tesis de doctorado en la Sorbona. Este libro analiza las prácticas médicas durante los Siglos XVII y XVII.

Posteriormente publica: El Nacimiento de la Clínica. En el 66 Las Palabras y las cosas y en el 69 La Arqueología del Saber. Recibe su diploma en Psicología Experimental y se dedica al estudio de Freud, Lacan, Piaget etc. Siendo esta tal vez su fase más productiva como teórico en el sentido académico, fase que se extiende hasta el año 1970.

En el año 1971 asume la cátedra que pertenecía a Jean Hyppolite de Historia de los Sistemas de Pensamiento,  y la clase inaugural fue con: El Orden del Discurso. En el 75 publica Vigilar y Castigar.       

Foucault al concluir el discurso en 1983, un año antes de su muerte, en homenaje a Emmanuel Kant titulado "¿Qué es la ilustración?" afirma que "una ontología de la actualidad (del presente) es una forma de filosofía que desde Hegel a la escuela de Frankfurt, pasando por Nietzsche y Max Weber, ha fundado una forma de reflexión en la que intento trabajar".   

No consigue acabar uno de sus más ambiciosos proyectos: Historia de la Sexualidad; en el año 1976 publica el primero de los seis volúmenes proyectados: La Voluntad de Saber, que no es bien acogido por las críticas. Durante 1984 poco tiempo antes de morir, publica dos volúmenes más después de ocho años de silencio, El Uso de los Placeres y El Cuidado de Sí. Muere el día 25 Junio de 1984, por complicaciones provocadas por el SIDA, debido a una septicemia.   

Discutido y estudiado en varias áreas del saber, Foucault se muestra como un intelectual interesado en el presente que le tocó vivir. Crítica el proyecto de las ciencias humanas modernas demostrando que sus demandas de objetividad son imposibles en un dominio en el cual la verdad en sí misma siempre sea una construcción divagadora. Cualquier período histórico dado comparte las formaciones inconscientes que definen la manera apropiada de pensar la verdad. Su crítica se extiende a los conceptos que intentan explicar la sexualidad y los comportamientos normativos, demostrando cómo el género heterosexual es un fenómeno moderno.     

Michel Foucault describe su propio papel como intelectual, y afirma que “consiste en enseñar a la gente que son mucho más libres de lo que se sienten, que la gente acepta como verdad, como evidencia, algunos temas que han sido construidos durante cierto momento de la historia y que esa pretendida evidencia puede ser criticada y destruida. Cambiar algo en el espíritu de la gente, ese es el papel del intelectual. (Tecnologías del yo; verdad, individuo y poder).   

El concepto de poder en Foucault      

Es importante acuñar una noción de poder que no haga exclusiva referencia al gubernativo, sino que contenga la multiplicidad de poderes que se ejercen en la esfera social, los cuales se pueden definir como poder social. En La verdad y las formas jurídicas, Foucault es más claro que en otros textos en su definición del poder; habla del subpoder, de "una trama de poder microscópico, capilar", que no es el poder político ni los aparatos de Estado ni el de una clase privilegiada, sino el conjunto de pequeños poderes e instituciones situadas en un nivel más bajo. No existe un poder; en la sociedad se dan múltiples relaciones de autoridad situadas en distintos niveles, apoyándose mutuamente y manifestándose de manera sutil. Uno de los grandes problemas que se deben afrontar cuando se produzca una revolución es el que no persistan las actuales relaciones de poder. El llamado de atención de Foucault va en sentido de analizarlas a niveles microscópicos.

Para el autor de La microfísica del poder, el análisis de este fenómeno sólo se ha efectuado a partir de dos relaciones: uno, contrato - opresión, de tipo jurídico, con fundamento en la legitimidad o ilegitimidad del poder; y dos, dominación - represión, presentada en términos de lucha - sumisión.

El problema del poder no se puede reducir al de la soberanía, ya que entre hombre y mujer, alumno y maestro y al interior de una familia existen relaciones de autoridad que no son proyección directa del poder soberano, sino más bien condicionantes que posibilitan el funcionamiento de ese poder, son el sustrato sobre el cual se afianza.

"El hombre no es el representante del Estado para la mujer. Para que el Estado funcione como funciona es necesario que haya del hombre a la mujer o del adulto al niño relaciones de dominación bien específicas que tienen su configuración propia y su relativa autonomía".     

El poder se construye y funciona a partir de otros poderes, de los efectos de éstos, independientes del proceso económico. Las relaciones de poder se encuentran estrechamente ligadas a las familiares, sexuales, productivas; íntimamente enlazadas y desempeñando un papel de condicionante y condicionado. En el análisis del fenómeno del poder no se debe partir del centro y descender, sino más bien realizar un análisis ascendente, a partir de los "mecanismos infinitesimales", que poseen su propia historia, técnica y táctica, y observar cómo estos procedimientos han sido colonizados, utilizados, transformados, doblegados por formas de dominación global y mecanismos más generales.

En Los intelectuales y el poder, Foucault argumenta que después de mayo de 1958, los intelectuales han descubierto que las masas no tienen necesidad de ellos para conocer    - saben mucho más -, pero existe un sistema de dominación que obstaculiza, prohíbe, invalida ese discurso y el conocimiento.

Poder que no sólo se encuentra en las instancias superiores de censura sino en toda la sociedad. La idea de que los intelectuales son los agentes de la "conciencia" y del discurso forma parte de ese sistema de poder. El papel del intelectual no residiría en situarse adelante de las masas, sino en luchar en contra de las formas de poder allí, donde realiza su labor, en el terreno del "saber", de la "verdad", de la "conciencia", del "discurso"; el papel del intelectual consistiría así en elaborar el mapa y las acotaciones sobre el terreno donde se va a desarrollar la batalla, y no en decir cómo llevaría a cabo.

En La microfísica del poder indica que "el poder no es un fenómeno de dominación masiva y homogénea de un individuo sobre los otros, de un grupo sobre otros, de una clase sobre otras; el poder contemplado desde cerca no es algo dividido entre quienes lo poseen y los que no lo tienen y lo soportan.

El poder tiene que ser analizado como algo que no funciona sino en cadena. No está nunca localizado aquí o allá, no está nunca en manos de algunos. El poder funciona, se ejercita a través de una organización reticular. Y en sus redes circulan los individuos quienes están siempre en situaciones de sufrir o ejercitar ese poder, no son nunca el blanco inerte o consistente del poder ni son siempre los elementos de conexión El poder transita transversalmente, no está quieto en los individuos".

Aunque este párrafo pudiera hacer pensar que Foucault disuelve, desintegra el principal tipo de poder, el estatal, o que no lo reconoce, en otro apartado habla del concepto de subpoder, de los pequeños poderes integrados a uno global. Reconoce al poder estatal como el más importante, pero su meta es tratar de elaborar una noción global que contenga tanto al estatal como aquellos poderes marginados y olvidados en el análisis. 

Obras:     

1. Historia de la locura en la época clásica 
El primer libro importante de Foucault, escrito mientras enseñaba francés en Suecia.    En él revisa el desarrollo de la idea de locura a través de la historia.

Empieza analizando la Edad Media, en particular el encierro de los leprosos. De ahí, pasa a la idea del barco de los tontos del siglo XV, y luego al repentino interés en las prisiones del siglo XVII en Francia. Eventualmente, se cree que la locura es una enfermedad del alma, y finalmente, con Freud, una enfermedad mental.

Foucault también pone mucha atención a la manera en la que el loco pasó de ser aceptado como parte del orden social a un individuo destinado al encierro.

También repasa las diferentes técnicas empleadas para tratar la locura, en particular los casos de Philippe Pinel y Samuel Tuke. Argumenta que los tratamientos ofrecidos por ellos no eran menos orientados al control que métodos precedentes. En el método de Tuke, el loco es castigado hasta que aprende a actuar normalmente, efectivamente intimidándolo a volverse como las personas 'normales'. De forma similar, el tratamiento de Pinel consistía en terapia de aversión intensiva, incluyendo tratamientos como duchas heladas y el uso de camisas de fuerza. Para Foucault, este tratamiento equivalía a brutalizar repetidamente al paciente hasta que éste internalizara los patrones de juicio y castigo.   

2. El nacimiento de la clínica     
El segundo trabajo importante de Foucault fue publicado en 1963 en Francia. El libro traza el desarrollo de la medicina, específicamente la institución de la clínica. Uno de los temas centrales es el de la observación o mirada atenta (regard).       

3. Las palabras y las cosas
Publicado en 1966, empieza con una extensa discusión de Las Meninas del pintor español Diego Velázquez, en atención a su complejo juego de miradas, ocultamientos y apariciones. De ahí desarrolla su argumento central: que todos los periodos de la historia poseen ciertas condiciones fundamentales de verdad que constituyen lo que es aceptable como, por ejemplo, discurso científico. Foucault argumenta que estas condiciones de discurso cambian a través del tiempo, mediante cambios generales y relativamente repentinos, de un epistema a otro.
Las palabras y las cosas posicionó a Foucault en el primer plano intelectual de Francia.  Sartre atacó a Foucault como la 'última muralla de la burguesía' a propósito de este texto.

4. La arqueología del saber

Publicado en 1969, representa la principal aventura de Foucault en cuanto metodología. Lo escribió para lidiar con la percepción que se tenía de Las palabras y las cosas. Hace referencia a la filosofía analítica angloamericana, en particular a la teoría del acto discursivo.

Foucault dirige su análisis hacía la oración, la unidad básica del discurso que considera ignorada hasta ese momento. Las oraciones dependen de las condiciones en las que emergen y existen dentro del campo del discurso. No son proposiciones, ni declaraciones ni actos discursivos. En su análisis, Foucault considera los actos discursivos serios en cuanto a su análisis literal, en lugar de buscar algún significado más profundo. Es importante notar que Foucault reitera que su análisis es una táctica más, y que de ninguna manera está tratando de desplazar o invalidar otras formas de analizar el discurso. 

La postura de Foucault respecto a las oraciones es radical. No sólo elimina cuestiones sobre verdad, sino inclusive cuestiones de significado. En lugar de buscar el origen del significado en algún sujeto trascendental o en relación a las prácticas aceptadas, Foucault niega que el significado tenga importancia alguna en su trabajo. Su estrategia es describir a detalle cómo surgen las afirmaciones de verdad, qué fue lo que de hecho se dijo y escribió, y cómo esto encaja en la formación de los discursos. Quiere evitar toda interpretación y alejarse de los objetivos de la hermenéutica.

Esta postura permite que Foucault se aleje del punto de vista antropológico y se enfoque en el papel de las prácticas discursivas.

Renunciar al significado pareciera acercar a Foucault al estructuralismo. Sin embargo, él se rehúsa a examinar a las oraciones fuera de su papel en la formación discursiva y también rechaza examinar posibles oraciones que podrían surgir de tal formación. De aquí surge su identidad como historiador, pues solo le interesa describir oraciones que de hecho ocurrieron en la historia. Todo el sistema y sus reglas discursivas determinan la identidad de la oración; por lo tanto, no tiene sentido distinguir las oraciones posibles de las ocurridas. Solo las oraciones que de hecho ocurren son las que pueden ocurrir en un sistema discursivo. Así que uno debe meramente describir sistemas específicos que determinan que tipos de oraciones pueden surgir.       

5.
Vigilar y castigar 

Surveiller et punir: Naissance de la prison, fue publicado en 1975. El libro empieza con una descripción muy gráfica de la ejecución pública del regicida Damiens en 1757. Contra esta, Foucault yuxtapone una prisión gris de 80 años después. Entonces se busca entender como pudo ocurrir tal cambio en la forma de castigar a los convictos en un período de tiempo tan corto. Estas dos formas de castigo tan contrastantes son dos ejemplos de lo que Foucault llama "tecnologías de castigo". La primera, la tecnología de castigo 'monárquica', consiste en la represión de la población mediante ejecuciones públicas y tortura.

La segunda, el "castigo disciplinario", de acuerdo a Foucault, es la forma de castigo practicada hoy en día. El castigo disciplinario le da a los "profesionales" (psicólogos, facilitadores, guardias, etc.) poder sobre el prisionero: la duración de la estancia depende la opinión de los profesionales.

Foucault compara la sociedad moderna con el diseño de prisiones llamado "Panopticón" de Jeremy Bentham (que nunca fue construido, pero sí fue tomado en cuenta): en el panopticón, un solo guardia puede vigilar muchos prisioneros mientras el guardia no puede ser visto. El oscuro calabozo de la pre-modernidad ha sido reemplazado por la moderna prisión brillante, pero Foucault advierte que "la visibilidad es una trampa". Es a través de esta óptica de vigilancia, dice Foucault, que la sociedad moderna ejercita sus sistemas de control de poder y conocimiento (términos que Foucault considera tan íntimamente ligados que con frecuencia habla del concepto "poder-conocimiento"). Foucault sugiere que por todos los niveles de la sociedad moderna existe un tipo de 'prisión continua', desde las cárceles de máxima seguridad, trabajadores sociales, la policía, los maestros, hasta nuestro trabajo diario y vida cotidiana. Todo está conectado mediante la vigilancia (deliberada o no) de unos seres humanos por otros, en busca de la 'normalización'. 

6. Historia de la sexualidad      
Hasta antes de la muerte de Foucault se habían publicado tres volúmenes de la Historia de la sexualidad. El primero es el más leído, La voluntad de saber y fue publicado en Francia en 1976. Se enfoca en los dos últimos siglos y el funcionamiento de la sexualidad como régimen de poder, en relación a la emergencia del bio-poder. En este volumen, ataca las "hipótesis represivas", la creencia común de que hemos "reprimido" nuestros impulsos sexuales particular-mente desde el siglo XIX.

Los siguientes volúmenes, El uso de los placeres y La inquietud de sí, lidian con el papel del sexo en la antigüedad griega y romana. Los dos fueron publicados el año de la muerte de Foucault, en 1984. Un cuarto volumen que lidiaba con la era cristiana estaba casi terminado a su muerte, pero aún no ha sido publicado.

Disertaciones/Conferencias
Desde 1970 y hasta su muerte en 1984, Foucault dio regularmente un curso de lecturas y seminarios semanales en el Collège de France como requisito para su puesto de académico. Todas estas disertaciones fueron grabadas, y las transcripciones de Foucault también se conservan.

En 1997 se empezaron a publicar estas lecturas en francés, que forman parte de su entorno sistemático.
Michel Foucault

Lectura - Taller

Filósofo francés que intentó mostrar que las ideas básicas que la gente considera verdades permanentes sobre la naturaleza humana y la sociedad cambian a lo largo de la historia. Sus estudios pusieron en tela de juicio la influencia del filósofo alemán Marx y del psicoanalista Freud. Foucault aportó nuevos conceptos que desafiaron las convicciones de la gente sobre la cárcel, la policía, la seguridad, el cuidado de los enfermos mentales, los derechos de los homosexuales y el bienestar.

Nacido en Poitiers, estudió filosofía occidental y psicología en la École Normale Supérieure de París. Durante la década del 60, encabezó los deptos. de filosofía de las U. de Clermont-Ferrand y Vincennes. En 1970 fue elegido para el puesto académico más prestigioso en Francia, en el Collège de France, con el título de profesor de Historia de los Sistemas de Pensamiento.

Las principales influencias en el pensamiento de Foucault fueron los filósofos alemanes Nietzsche y Heidegger. Nietzsche mantenía que la conducta humana está motivada por una voluntad de poder y que los valores tradicionales habían perdido su antiguo dominio opresivo sobre la sociedad. Heidegger criticó lo que llamó "nuestro actual entendimiento de ser tecnológico".

Foucault exploró los modelos cambiantes de poder dentro de la sociedad y cómo el poder se relaciona con la persona. Investigó las reglas cambiantes que gobiernan las afirmaciones que pueden ser tomadas de forma seria como verdaderas o falsas en distintos momentos de la historia.

Estudió también cómo las prácticas diarias permiten a la gente definir sus identidades y sistematizar el conocimiento; los hechos pueden ser entendidos como productos de la naturaleza, del esfuerzo humano o de Dios. Afirmaba que la concepción de las cosas tiene sus ventajas y sus peligros.

El pensamiento de Foucault se desarrolló en tres etapas. La primera, en Locura y civilización (1960), que escribió mientras era lector en la U. de Uppsala, en Suecia, reflejó cómo en el mundo occidental la locura -que alguna vez se pensó infundida por inspiración divina- llegó a ser considerada como enfermedad mental. En esta obra intentó exponer la fuerza creativa de la locura que había sido reprimida tradicionalmente por las sociedades occidentales.

En su segunda etapa escribió una de sus obras más importantes, Las palabras y las cosas (1966) done desarrolló una importante crítica al concepto de progreso de la cultura, al considerar que el discurso de cada época se articula alrededor de un «paradigma» determinado, y que por tanto resulta incomparable con el discurso de las demás. Del mismo modo, no podría apelarse a un sujeto de conocimiento (el hombre) que fuese esencialmente el mismo para toda la historia, pues la estructura que le permite concebir el mundo y a sí mismo en cada momento, y que se puede identificar, en gran medida, con el lenguaje, afecta a esta misma «esencia» o convierte este concepto en inapropiado.

La última etapa de Foucault empezó con la publicación de Vigilar y castigar, en 1975. Se preguntaba en este ensayo si el encarcelamiento es un castigo más humano que la tortura, pero se ocupa más de la forma en que la sociedad ordena y controla a los individuos adiestrando sus cuerpos; por ejemplo, un entrenamiento básico puede disciplinar y preparar a una persona para ser un soldado.

Los últimos tres libros de Foucault Historia de la sexualidad, Volumen I: Introducción (1976), El uso del placer (1984) y La preocupación de sí mismo (1984), son parte de una truncada historia de la sexualidad. En estos libros, rastrea las etapas por las que la gente ha llegado a comprenderse a sí misma en las sociedades occidentales como seres sexuales, y relaciona el concepto sexual que cada uno tiene de sí mismo con la vida moral y ética del individuo.

En todos los libros de este último periodo, Foucault intenta mostrar que la sociedad occidental ha desarrollado un nuevo tipo de poder, al que llamó bio-poder[i], es decir, un nuevo sistema de control que los conceptos tradicionales de autoridad son incapaces de entender y criticar.

En vez de ser represivo, este nuevo poder realza la vida. Foucault anima a la gente a resistir ante el Estado del bienestar desarrollando una ética individual en la que cada uno lleve su vida de tal forma que los demás puedan respetarla y admirarla.

Si hubiera que situar a Foucault en el pensamiento contemporáneo, se lo llamaría estructuralista (en líneas generales, quien aplica el modelo lingüístico a distintos campos del conocimiento) o se lo podría considerar el más célebre postestructuralista, ya que dio forma propia a ese legado. Él, sin embargo, prefería colocarse en la tradición más venerable que inició Kant, de quien se consideraba heredero directo.

En el artículo "Michel Foucault" que él mismo escribió para el Dictionnaire des philosophes bajo el seudónimo de Maurice Florence eso dice: "En la medida en que Foucault puede ser ubicado dentro de la tradición filosófica, hay que ubicarlo en la tradición kantiana, y su proyecto podría llamarse una historia crítica del pensamiento", que no debe confundirse con una historia de las ideas, o sea "con el análisis de los errores que se detectan luego de cometidos o con el desciframiento de las malas interpretaciones asociadas con estos errores sobre las que se apoya lo que hoy pensamos".

Su historia crítica del pensamiento es, en cambio, el análisis de las condiciones bajo las cuales se formaron o modificaron ciertas relaciones entre sujeto y objeto. No es, dice Foucault el relevamiento de progresivas adquisiciones sino el estudio de las formas según las cuales los discursos se articulan en un dominio (la locura, la delincuencia, la sexualidad).

Así, en Las palabras y las cosas (1966) analizó el desarrollo, entre los siglos XVIII y XIX, de las ciencias humanas: economía, ciencia natural, lingüística; y las estudió como conocimientos "objetivos" en relación con un "sujeto" (el Hombre).

En una entrevista, le preguntaron a Foucault si había que tomarlo por un idealista, nihilista, anti-marxista, anarquista o neoconservador; Foucault contestó orgulloso que había transitado casi todas esas veredas y aun otras más espurias "una tras otra y hasta simultáneamente. Ninguna de estas descripciones importa por sí,  pero en conjunto significan algo. Y admito que me gusta lo que significan".   

Pobló las ciencias sociales de un vocabulario técnico fructífero y polemizó con el existencialismo, el marxismo, el humanismo cristiano, el liberalismo, y al fin sedujo a partidarios de todas estas corrientes por un ejercicio más intenso que sistemático del pensamiento crítico.       

Foucault sabía pronunciarse de manera sutil, llegado el caso, y disparar sus objeciones dando un rodeo, sin nombrar a su blanco. En el primero de los tres volúmenes de su Historia de la sexualidad; por tomar un caso, sitúa la cuestión de la sexualidad en la problemática más amplia de la circulación de los discursos, y cuestiona la eficacia del "encarnizamiento en hablar del sexo en términos de represión". "Hablar contra los poderes, decir la verdad y prometer el goce; escribe; ligar entre sí la iluminación, la liberación y múltiples voluptuosidades (...). He ahí lo que sostiene en nosotros ese encarnizamiento: he ahí lo que quizás también explica el valor mercantil atribuido no sólo a todo lo que del sexo se dice, sino al simple hecho de prestar oído a aquellos que quieren eliminar sus efectos. Después de todo, somos la única civilización en la que ciertos encargados reciben retribución para escuchar a cada cual hacer confidencias sobre su sexo,  como  si  el deseo de  hablar de él y el interés que se espera hubiese desbordado las posibilidades de la escucha, algunos han puesto sus oídos en alquiler." Sin mencionarlo, ataca, sarcástico y agudo, al psicoanálisis, cuyos cultores procesan de tal modo la palabra foucaultiana que logran sortear su crítica.
  

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4. ¿De qué forma se relacionan conocimiento y poder?
5. ¿Cuáles influencias teóricas se denotan en este autor? 
6. ¿Por qué despierta interés y atención la obra de Foucault?
7. ¿Por qué se afirma que quien posee el conocimiento tiene el poder? 
8. ¿Cómo se evidencia la anatomopolítica en la sociedad contemporánea?
9. ¿Cómo puede ser posible que a través de las prácticas diarias, la gente logre definir sus identidades y sistematizar el conocimiento? 





[i] Biopoder. Práctica de los estados modernos de "explotar numerosas y diversas técnicas para subyugar los cuerpos y controlar la población". Un biopoder que absorbe el antiguo derecho de vida y muerte que el soberano detentaba y que pretende convertir la vida en objeto administrable por parte del poder. En este sentido, la vida regulada debe ser protegida, diversificada y expandida. Su reverso, y en cierto sentido su efecto, es que para tales efectos es necesario justamente contar con la muerte, ya sea en la forma de la pena capital, la represión política, la eugenesia, el genocidio, etc., como una posibilidad que se ejerce sobre la vida por parte del poder que se fundamenta en su cuidado.

Distingue dos técnicas de biopoder que surgen en los siglos XVII y XVIII. Esta anatomopolítica se caracteriza por ser una tecnología individualizante del poder, basada en el escrutar en los individuos, sus comportamientos y su cuerpo con el fin de anatomizarlos, es decir, producir cuerpos dóciles y fragmentados. Está basada en la disciplina como instrumento de control del cuerpo social penetrando en él hasta llegar hasta sus átomos; los individuos particulares. Vigilancia, control, intensificación del rendimiento, multiplicación de capacidades, emplazamiento, utilidad, etc. Todas estas categorías aplicadas al individuo concreto constituyen una disciplina nueva. 

martes, agosto 16, 2016

Tres Preguntas

1. ¿Cuál es el aporte de la filosofía en el proceso de reflexión personal?


2. Establezca diferencias entre pensamiento auto-crítico y  reflexión personal, a través de la filosofía.

3. Cuál es la importancia de la  reflexión personal en el proceso de crecimiento individual (como individuo).
El  origen del filosofar  

                                                                                                       profesor Julián Marías

¿Por qué el hombre se pone a filosofar?

Contadas veces se ha planteado esta cuestión de un modo suficiente.         Aristóteles la ha tocado de tal manera, que ha influido decisivamente en todo el proceso ulterior de la Filosofía. El comienzo de su Metafísica es una respuesta a ésa pregunta: Todos los hombres tienden por naturaleza a saber.

La razón del deseo de conocer del hombre es, para Aristóteles, nada menos que su naturaleza. Y la naturaleza es la substancia de una cosa, aquello en que realmente consiste; por tanto, el hombre aparece definido por el saber; es su esencia misma la que mueve al hombre a conocer. Y aquí volvemos a encontrar una más clara implicación entre saber y vida, cuyo sentido se irá haciendo más diáfano y transparente. Pero  Aristóteles dice algo más. Un poco más adelante escribe: “Por el asombro comenzaron los hombres, ahora y en un principio, a filosofar, asombrándose primero de las cosas extrañas que tenían más a mano, y luego, al avanzar así poco a poco, haciéndose cuestión de las cosas más graves, tales como los movimientos de la Luna, del Sol y de los astros, y la generación del todo”.        
   
Tenemos, pues, como raíz más concreta del filosofar, una actitud humana, que es el asombro. El hombre..., la mayoría de los hombres se extrañan de las cosas cercanas, y luego, de la totalidad de cuanto hay.

En lugar de moverse entre las cosas, usar de ellas, gozarlas o tenerlas, se ponen fuera, extrañados de ellas, y se preguntan con asombro por esas cosas próximas y de todos los días, que ahora, por primera vez, aparecen frente a ellos, y por tanto, solas, aisladas de sí mismas por la pregunta: “Qué es esto?”.
En este momento comienza la Filosofía.           

Es una actitud humana completamente nueva, que se ha llamado teorética, por oposición a la actitud mítica..., según afirma Xavier Zubiri. El nuevo método humano surge en Grecia un día, por primera vez en la historia, y desde entonces hay algo más radicalmente nuevo en el mundo, que hace posible la Filosofía. Para el hombre mítico, las cosas son poderes propicios o dañinos, con los que vive, y a los que utiliza o rehúye.

Es la actitud anterior a Grecia, y las que siguen compartiendo los pueblos donde no penetra el genial hallazgo helénico. La conciencia teorética, en cambio, ve cosas en lo que antes eran poderes. Es el gran descubrimiento de las cosas, tan profundo, que hoy nos cuesta trabajo ver que efectivamente es un descubrimiento pensar que pudiera ser de otro modo. Para ello tenemos que echar mano de modos que guardan sólo una remota analogía con la actitud mítica, pero que difieren de la nuestra... Por ejemplo, la conciencia infantil, la actitud del niño que se encuentra en un mundo lleno de poderes o personajes benignos u hostiles, pero no de cosas en sentido riguroso.           

En una actitud teorética, el hombre, en lugar de estar entre las cosas, está frente a ellas, aparece como extrañado de ellas, y entonces las cosas adquieren por sí solas una significación que antes no tenían. Se muestran como algo que existe por sí mismo, aparte del hombre, y que tiene una consistencia determinada: unas propiedades, algo suyo y que les es propio.

Surgen entonces las cosas como realidades que son, que tienen un contenido especial. Y únicamente en este sentido se puede hablar de verdad o falsedad. El hombre mítico se mueve fuera de éste ámbito. Sólo como algo que es, pueden ser las cosas verdaderas o falsas. La forma más antigua de este despertar a las cosas en su verdad es el asombro. Y por esto es la raíz de la Filosofía.         
  
Todo sistema filosófico tiene pretensión de verdad. Por otra parte, es evidente el antagonismo entre ellos, que están muy lejos de la coincidencia; pero ese antagonismo no quiere decir, ni mucho menos, incompatibilidad total. 

Ningún sistema puede pretender una validez absoluta y exclusiva, porque ninguno agota la realidad: en la medida en que cada uno de ellos se afirma como único, es falso. 

Cada sistema filosófico aprehende una porción de la realidad, justamente la que es accesible desde el punto de vista o perspectiva. La verdad de un sistema no implica la falsedad de las demás, sino en los puntos en que formalmente se contradigan; y la contradicción sólo surge cuando el filósofo afirma más de lo que realmente ve; es decir, las visiones son todas verdaderas -se entiende que parcialmente verdaderas-, y en principio no se excluyen. 

Pero además, el punto de vista de cada filósofo está condicionado por su situación histórica, y por eso cada sistema, si ha de ser fiel a su perspectiva, tiene que incluir todos los anteriores como ingredientes de su propia situación [...]






lunes, agosto 15, 2016

El miedo como recurso de la política

EDITORIAL

 Por  José Natanson

Edición N° 206 - Agosto de 2016



El miedo, en tanto sentimiento colectivo, no es un tema de la psicología sino de la política: saber articularlo desde arriba puede ser un poderoso recurso del poder.
Herederas más o menos culposas de la tradición positivista, las ciencias sociales mantuvieron desde el comienzo una distancia prudente respecto de los sentimientos humanos, considerados impulsos imposibles de racionalizar y, menos aún, cuantificar. Sin embargo, a partir de la idea de que las subjetividades son estados individuales que se pueden articular de manera colectiva, experiencias compartidas que al final derivan en identidades políticas, en los últimos años se registra un “giro emocional” de la sociología, la historia y la economía que ha hecho que cada vez más estudios tomen como objeto de investigación la alegría, la frustración y, por supuesto, el miedo.           

Probablemente el más potente de los sentimientos humanos, el más destructivo y sin dudas el que ha generado más catástrofes a lo largo de la historia, el miedo se vive de manera diferente entre miembros de una misma comunidad: una estadounidense de fe musulmana que usa el hiyab probablemente le tema más al FBI que al terrorismo, del mismo modo que un joven del tercer cordón del conurbano seguramente se inquiete más ante la Bonaerense que ante la inseguridad. Por eso el miedo, en tanto sentimiento colectivo, no es un tema de la psicología de masas sino de la política.      

Toda relación de dominación política involucra el miedo. Como escribió primero Hobbes, que sugirió que la gran inteligencia del político consiste en instrumentalizar el miedo a la amenaza externa para aniquilar al enemigo interno, y como enseñó después Maquiavelo, que recomendaba al Príncipe ser temido antes que amado, el miedo es inherente al poder. No hay autoridad política sin miedo porque el miedo es, en cierto modo, prepararse para obedecer.

Europa, Europa      

En El miedo. Historia y usos políticos de una emoción (1), el enorme historiador francés Patrick Boucheron analiza el fresco “Del buen gobierno”, pintado por Ambrogio Lorenzetti hace siete siglos, como una alegoría de la amenaza que se cierne sobre la ciudad pacificada, el miedo a que la comuna armónica devenga nuevamente en riguroso señorío. Los estudios de Boucheron, aunque centrados en la Siena del siglo XIV y el poder de la Iglesia Católica, la institución que durante más tiempo construyó una autoridad basada en el miedo, están cobrando sorprendente actualidad.
         
¿Qué es el Estado Islámico sino una máquina del miedo? Su sofisticado activismo digital, que desmiente la idea de que se trata de una organización simplemente arcaica, incluye no solo los videos de las decapitaciones filmados en desiertos hollywoodenses con calidad HD por su productora de contenidos, Al-Hayat Media Center, sino también campañas de marketing de una sofisticación aterradora: en junio de 2014, bajo el hashtag #AllEyesOnIsis, el grupo terrorista llamó a sus adherentes alrededor del mundo a sacar una foto de la ciudad en la que se encontraban, con miles de amenazantes respuestas que iban de Roma a Beirut y de París a Londres (2).  

El triunfo de Donald Trump en las primarias republicanas también es síntoma del modo en que el miedo orienta las preferencias de los votantes por vía del recurso desesperado a los outsiders. Su programa en materia de inmigración, consistente en construir un muro a lo largo de los 3.141 kilómetros de frontera con México, y su espíritu rústicamente guerrero en relación a Medio Oriente, confirman que los inmigrantes y el terrorismo desplazaron al comunismo como amenaza omnipresente de los estadounidenses, y eso a pesar de que, como señaló Juan Tokatlian en base a datos oficiales del Departamento de Estado, en 2015 murieron menos estadounidenses como consecuencia de atentados terroristas que como víctimas de… rayos (19 contra 27).          

Pero el verdadero problema se sitúa hoy al otro lado del Atlántico. Sumida en la crisis más profunda del último medio siglo, Europa se desliza hacia posiciones de derecha, y aun de extrema derecha, bajo el liderazgo de políticos oportunistas hábiles en el arte de instrumentalizar el miedo. Siempre conviene comprender antes de criticar: el proceso de transformación que atraviesa el continente, marcado por la llegada masiva de migrantes de Medio Oriente, la amenaza terrorista y el desempleo, sacude seguridades que se daban por ciertas, desestabiliza la homeostasis de las personas y puede, llegado el caso, sacar lo peor de ellas. Varios de los rasgos que están en la esencia de la identidad europea de posguerra -la paz, el uso libre del espacio público, la búsqueda de la equidad- se encuentran cuestionados por las propias sociedades, que oscilan entre la apatía nihilista, el estallido militante y el voto a la derecha más radical.    

Y sin embargo, ciertas respuestas confirman que el continente todavía conserva dosis del antídoto. Luego de los atentados de noviembre de 2015 en París, cerca de tres millones de personas, liderados por una docena de jefes de Estado llegados de diferentes partes del mundo, protagonizaron la manifestación más masiva desde la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial. La misma noche de los ataques, con la ciudad todavía en estado de sitio, el presidente François Hollande se había acercado a la sala de conciertos Bataclán a pesar de la posibilidad en absoluto disparatada de que se produjera un nuevo ataque (lo que se conoce como “atentado a la libanesa”, es decir provocar un primer estallido, esperar a que lleguen las fuerzas de seguridad y golpear de nuevo). El miedo de Hollande era evidente, físicamente visible, pero el presidente francés, por una vez a la altura de las circunstancias, logró vencerlo. A veces para poder gobernar el político debe primero gobernar su propio miedo.

Bienestar

Cuando se apaga la luz se encienden los miedos.

Cada persona esconde el suyo: a la muerte, al desempleo, al aburrimiento (los que curamos con rivotril nuestro miedo sobre todo a la soledad rezamos todas las noches la oración de la lánguida, transparente y tristísima novela de Kazuo Ishiguro: Nunca me abandones). De entre todos los miedos posibles, uno de los más poderosos es la incertidumbre: los testimonios de personas que atravesaron por la experiencia atroz de la tortura coinciden en que lo peor era lo desconocido, el pánico de no saber lo que venía después. Y en este sentido resulta curioso que exista una larga tradición de películas, libros y series de televisión que hacen eje en el fin del mundo, que sobrevendría como resultado de una epidemia, una guerra nuclear o un tsunami, pero que prácticamente no existan ni siquiera distopías sobre el fin del capitalismo, como si fuera más fácil imaginar la explosión del planeta que un cambio de las relaciones de producción.

Cada época convive con sus fantasmas y sus patologías. Byung-Chul Han sostiene que el gran miedo bacterial, eliminado a partir de la creación de los antibióticos en los años 40, fue seguido por el período viral, que llegó a su punto máximo con la irrupción del SIDA en los 80 y que como consecuencia de los esfuerzos inmunológicos estamos dejando atrás. Para el filósofo coreano, la patología dominante de nuestra época es neuronal, con enfermedades como la depresión, el trastorno por déficit de atención, el trastorno obsesivo compulsivo y el síndrome de desgaste ocupacional. Producto de lo que define como la “sociedad del rendimiento”, lo que caracteriza a estas patologías es que no son resultados de una negatividad sino de un exceso de positividad. “A la sociedad disciplinaria todavía la regía el no. Su negatividad generaba locos y criminales. La sociedad del rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados” (3).  

Pero volvamos a la política. El miedo, decíamos, no es patrimonio exclusivo de las tiranías sino parte esencial de cualquier relación de dominación, incluso de una democrática. Si son buenos, los dirigentes saben que deben gestionar el miedo de las personas sobre las que mandan. Deben establecer una regulación del miedo. Y si una primera mirada nos lleva a las guerras absurdas libradas en nombre de la democracia liberal y los valores occidentales en Afganistán, Irak o Siria, un análisis más detenido debería advertir que el miedo no necesariamente conduce a la destrucción y el caos: hay un uso democrático, eficaz y hasta solidario del miedo.        

El Estado de Bienestar, enorme creación de la posguerra hoy en vías de extinción, es en esencia un dispositivo tendiente a evitar riesgos, casi diríamos un aparato para combatir el miedo. Sus componentes esenciales -seguros por accidentes, licencias por enfermedad y maternidad, prestaciones por desempleo y jubilaciones- son básicamente formas de reducir la incertidumbre que enfrentan las personas a lo largo de sus inevitablemente accidentadas trayectorias vitales, por lo que la forma que adquiere en cada país define los valores sociales y el estilo de convivencia de la sociedad.

Comparemos por ejemplo la situación de Estados Unidos, con un mercado laboral hiperflexibilizado, derechos sociales reducidos al mínimo y la ausencia de la garantía estatal incluso en la atención de salud, como confirman los casos dramáticos de familias que quiebran para pagar la operación de uno de sus miembros, con por ejemplo la experiencia alemana, donde las necesidades básicas de todos los ciudadanos están garantizadas: es evidente que la dependencia del trabajador estadounidense respecto del empresario será diferente a la del alemán, y que las sociedades y los sistemas políticos también serán distintos (y nótese que se trata en ambos casos de países desarrollados de altísima productividad). En suma, dos regímenes de administración del miedo diferentes empujan hacia un lado u otro la balanza capital-trabajo.

Recapitulemos antes de concluir. Aunque cada integrante de una determinada sociedad lo experimente a su manera, el miedo puede ser articulado desde arriba y utilizado como recurso político. Aterrizando en la Argentina actual, es evidente que las políticas públicas no serán las mismas si prevalece el miedo a la inflación o al desempleo, a la inseguridad o a los militares. El gobierno del PRO, con su confianza en la liberación de las fuerzas productivas, su apuesta al individuo y su fe en el mercado, viene desmontando algunas piezas de nuestro castigado Estado de Bienestar, por momentos con la motosierra de los fanáticos, en ocasiones con el bisturí cauteloso de los buenos políticos. A riesgo de espantar lectores, insistimos con la idea de que el PRO aprendió del menemismo y que sus maneras son distintas: Macri nunca dirá “ramal que para, ramal que cierra”, porque quizás no lo crea necesario, porque la sociedad no lo toleraría o porque -improbablemente- leyó a Maquiavelo, que definía a la república democrática como la única forma de gobierno en la que las masas pueden infundirles miedo a quienes las gobiernan.         

1. En coautoría con Corey Robin (Capital Intelectual, 2016).              
2. Lucía Gradel, “La marca ISIS” (disponible en www.eldiplo.org).   
3. La sociedad del cansancio, Herder, 2015.

http://www.eldiplo.org/207-el-mundo-segun-macri/el-miedo-como-recurso-de-la-politica/


Bancocracia

Para comprender la  estafa bancaria

Ya han transcurrido varios años de la crisis de financiera que se desató en 2008 y que sigue causando graves estragos entre aquellos que no detentamos el poder económico (y político). Las elites mundiales y las patronales buscan sacar provecho de la situación económica, todo ello bajo el manto de lustrosos organismos internacionales como el FMI o la Comisión Europea. Para ello se ha promovido un intento de amnesia colectiva que permita a los responsables del tsunami que barrió las economías occidentales seguir con sus ”trabajos”, siempre dispuestos a volver a inflar otra burbuja especulativa que les enriquezca aún más, saltarse otra ley o amordazar la democracia.
La necesidad de pararse a analizar las causas de la crisis financiera es, pues, algo imprescindible. Para contribuir a este ejercicio de toma de conciencia ha escrito Éric Toussaint Bancocracia. Un libro que permite entender cómo surgió la crisis, el impacto de la desregulación bancaria, la lógica seguida por los bancos privados y las manipulaciones y los crímenes que estos libran regularmente con la complicidad y el respaldo de los gobiernos y bancos centrales.
Además, nos encontramos también ante un alegato a favor de la socialización del sector bancario, su transformación en un servicio público, y por la anulación de la deuda pública ilegítima, proveniente en su mayor parte del rescate bancario, el directo y el indirecto. Una suma de propuestas atrevidas y que el autor argumenta de forma clara y educativa. Como bien dice el propio Toussaint, este libro aporta un nuevo enfoque que nos permite conocer mejor al enemigo, comprender sus motivaciones y la lógica de las políticas que impone. Nos permite también reflexionar sobre las alternativas necesarias y posibles para construir un mundo que gire en el buen sentido: el de los pueblos y la naturaleza”.
Antonio Sanabria completa la edición publicada en España “La crisis bancaria y la Bancocracia en España”. Sanabria recorre el periodo entre la quiebra de Lehman Brothers y su impacto en el sistema financiero español, hasta desembocar en la socialización” mediante el rescate con cargo al presupuesto público- de una inmensa deuda y las estafas asociadas, tales como las preferentes, el salvamento de ciertas cajas de ahorro y la creación del banco malo, que convierte la SAREB 1. “en una bomba de relojería”. Que el Banco de Santander sea hoy el más grande de la eurozona, advierte el autor, es tanto mérito del difunto Emilio Botín como de las autoridades. ”El rescate de las cajas”, señala, “ha dejado al descubierto las interrelaciones tóxicas entre el mundo financiero y el poder político. Al respecto, el problema no es la supuesta injerencia política en el mercado, sino más bien la mercantilización de la política”.
Un libro que ilustra la voladura de un sistema financiero estable, denuncia las malas prácticas ejercitadas mientras los órganos supervisores miraban a otra parte, advierte sobre los riesgos de las medidas adoptadas y plantea alternativas para evitar volver a las andadas.
  • Autor: Éric Toussaint
  • Editorial: Icaria
  • ISBN: 978-84-9888-630-56
  • Año de publicación: 2014
  • Nº Páginas: 333
  • Encuadernación: Rústica
  • Tamaño: 15 x 23,5 x 2 cm
 http://www.mondiplo.net/bancocracia

1. La Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb) es una entidad creada en noviembre de 2012, de una forma unilateral por el gobierno español y financiada con dinero público, para ayudar al saneamiento del sector financiero español, en concreto a las entidades que arrastraban problemas debido a su excesiva exposición en el sector inmobiliario aun y habiendo sido rescatadas con miles de millones de euros.   

El Memorando de Entendimiento (MoU) que el Gobierno español firmó en julio de 2012 con sus socios europeos determina la constitución de Sareb como una de las condiciones para recibir la ayuda financiera. Así, el acuerdo establece la creación de una gestora a la q​ue transferir los activos inmobiliarios de las entidades que atraviesan dificultades, con el objetivo de reducir los riesgos de las mismas y liquidar de forma ordenada los activos problemáticos.    

Sareb recibió casi 200.000 activos por valor de 50.781 millones de euros, de los que el 80% son activos financieros y el 20% activos inmobiliarios.     

La mitad del capital de Sareb es privado, un 55%. El resto, el 45% está en manos del Fondo de Reestructuración Bancaria (FROB). y fué pagado con dinero público.     

Misión

La Misión de Sareb es mal-vender los activos en un plazo de 15 años, principalmente a fondos buitre y otras especuladoras inmobiliarias.   

Sareb es un instrumento clave en el saneamiento bancario español. Su compromiso es vender a la baja, en el plazo establecido, los activos financieros e inmobiliarios adquiridos en su momento por un valor superor al de mercado. Y poder de esta manera devolver una pequeña parte de lo adeudado con el estado español. Sareb debe asegurar su viabilidad como empresa para cumplir con los compromisos adquiridos con accionistas, inversores.

Conclusión

Sareb fué creada, como cheque en blanco, para volver a reinyectar capital público a entidades privadas.              

Después de rescatar con miles de millones de dinero público a entidades financieras privadas. Después de absorciones y fusiones sin tomar el control de ninguna de estas. El estado español crea una Entidad (la Sareb) que compra todos los activos no deseados de la banca. Un lifting de cinco estrellas pagado con el dinero de otras. A cambio nuestro gobierno nos ofrece recortes en la educación, la sanidad, incluso recorta nuestra libertad de expresión. Y continua desahuciando a familias que sí merecen ser rescatadas.

http://www.lasarebesnuestra.com/quees.html






Conferencia de Carlos Gaviria Díaz en el Gimnasio Moderno. Bogotá.