jueves, julio 21, 2016

263 millones de  niños y jóvenes no escolarizados desde la educación primaria hasta el segundo  ciclo de la educación secundaria
15.07.2016 - UNESCO Office in Santiago

Unos 263 millones de niños y jóvenes, cifra equivalente a la cuarta parte de la población de Europa, no están escolarizados, según nuevos datos del Instituto de Estadística de la UNESCO (UIS). La cifra total incluye 61 millones de niños en edad de cursar la educación primaria (6-11 años), 60 millones en edad de cursar el primer ciclo de secundaria (12-14 años) y, por primera vez, la estimación de los jóvenes en edad de cursar el segundo ciclo de educación secundaria (15-17 años), que ascienden a 142 millones. Estos datos se presentan en un nuevo documento publicado conjuntamente por el Instituto de Estadística de la UNESCO (UIS) y el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo (GEM).

"Los países han prometido que, para 2030, todos los niños podrán cursar la educación primaria y secundaria. 
Estos nuevos datos muestran la ardua labor que tenemos por delante para alcanzar este objetivo", afirmó la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova. "Debemos centrarnos en la inclusión desde la edad más temprana y durante el ciclo completo de aprendizaje, en las políticas destinadas a eliminar las barreras en cada etapa, prestando especial atención a las niñas, que siguen encontrándose en una situación de mayor desventaja".

De todas las regiones del mundo, el África Subsahariana es la que tiene los índices más altos de exclusión. Más de una quinta parte de los niños de edades comprendidas entre los 6 y los 11 años no están escolarizados, seguidos por una tercera parte de los jóvenes de entre 12 y 14 años. De acuerdo con los datos del UIS, casi el 60% de los jóvenes de entre 15 y 17 años no asiste a la escuela. Un obstáculo importante para alcanzar la meta son las disparidades que siguen existiendo en lo que respecta a la participación en la educación y que tienen que ver con el sexo, la ubicación y los recursos económicos.
Los conflictos armados constituyen otra importante barrera a la educación. En todo el mundo, el 35% del total de los niños no escolarizados en edad de cursar la educación primaria (22 millones), el 25% de los adolescentes en edad de cursar el primer ciclo de secundaria (15 millones) y el 18% de los jóvenes sin escolarizar en edad de cursar el segundo ciclo de secundaria (26 millones) viven en zonas afectadas por conflictos.
En general, los jóvenes de más edad (15-17 años) tienen cuatro veces más probabilidades de no estar escolarizados que los niños de edades comprendidas entre los 6 y los 11 años. Esto se debe en parte a que la educación primaria y el primer ciclo de la educación secundaria son obligatorios en casi todos los países, mientras que el segundo ciclo de secundaria no lo es. Al mismo tiempo, esos jóvenes suelen tener la edad legal para trabajar. Muchos de ellos no disponen de más opción, mientras que otros intentan combinar la asistencia a la escuela con el empleo.
Las niñas tienen más probabilidades que los niños de no asistir nunca a la escuela, pese a todos los esfuerzos realizados y los avances logrados en las dos últimas décadas. De acuerdo con los datos del UIS, 15 millones de niñas en edad de cursar la educación primaria no tendrán nunca la oportunidad de aprender a leer ni a escribir en la escuela primaria, en comparación con 10 millones de niños. Más de la mitad de esas niñas (9 millones) vive en el África Subsahariana.
La pobreza constituye un obstáculo adicional para las niñas. De acuerdo con los análisis que figuran en el Informe GEM, en África Septentrional y Asia Occidental, las diferencias son aún mayores entre la población más pobre de la región: solo 85 niñas por cada 100 niños en edad de cursar el primer ciclo de educación secundaria asisten a la escuela. Entre los que tienen edad de cursar el segundo ciclo de secundaria, solo 77 de las niñas más pobres por cada 100 de los niños más pobres asisten a la escuela.
http://www.unesco.org/new/es/santiago/press-room/single-new/news/263_million_children_and_youth_are_out_of_school_from_primar-1/#.V5EB49KGukq


miércoles, julio 20, 2016

27 millones de latinoamericanos van a la  cama sin nada que comer


ECONOMÍA | 7/19/2016 12:01:00 AM


A pesar de las mejoras en materia de desnutrición en Latinoamérica, la cifra de personas que actualmente padece hambre aún es alarmante. Según el Banco Mundial, elevar la productividad agrícola de las familias de bajos ingresos es una estrategia clave en la lucha contra el hambre.

Cada día, alrededor de 27 millones de latinoamericanos van a la cama sin nada que comer, según reveló recientemente el Banco Mundial en una publicación. Esta cifra representa casi el 5,5% de la población total de la región.

A pesar de que el dígito aún es alarmante para el desarrollo social de la región, es menor que el registrado hace algunos años. Tal como lo registró la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en el periodo entre 1990 y 1992 la cantidad de personas que padecía hambre alcanzaba los 58 millones.

Esto significa que  en ese momento, el 14,7% de los habitantes de América Latina y el Caribe sufría de desnutrición.

“Se puede decir que la región de América Latina y el Caribe ha cumplido la misión, establecida en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, de reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción de personas que padecen hambre”, afirmó el Banco Mundial.

Las Naciones Unidas consideran que la región ha progresado más rápidamente en comparación con otras, en materia de programas de alimentación escolar y de apoyo a la agricultura familiar. 

La mayoría de los avances se registraron en América del Sur, donde fue posible reducir la desnutrición en un 75% desde 1990 a 2015. Para el año anterior, se registró que en Suramérica la tasa de desnutrición se ubicó por debajo del 5%.

Por su parte, Centroamérica ha reducido la desnutrición en un 38% en el mismo periodo, y en el 2015 un 6,6% de centroamericanos aún sufrían de desnutrición. El caso del Caribe es el menos exitoso, donde se ha reducido la desnutrición en un 26,6% y casi un 20% de los habitantes del Caribe luchaba contra la desnutrición en 2015.



                            Fuente: FAO, cálculos Dinero

La desnutrición en el resto del mundo y la productividad agrícola

En los últimos 25 años los porcentajes de desnutrición se redujeron del 19% al 11% a nivel mundial, por lo cual hoy se encuentran alrededor de 800 millones de personas con problemas de desnutrición. Por estos motivos, será un gran reto acabar con el hambre para el 2030 y cumplir con el segundo Objetivo de Desarrollo Sostenible, teniendo en cuenta el ritmo de crecimiento evidenciado en la actualidad.

Por esta razón, el Banco Mundial indica que para acelerar dicho ritmo es esencial elevar la productividad agrícola de las familias de bajos ingresos, ya que el 70% de la población pobre del mundo trabaja en el campo.

“Al aumentar la productividad y reducir la vulnerabilidad de los pequeños agricultores, así como mejorar la calidad de la nutrición en edad escolar, han contribuido de manera significativa a mejorar la seguridad alimentaria en la región”, cita el Banco Mundial  en su publicación.

Otra razón para invertir en la productividad agrícola (especialmente cereales)  es el hecho de que influyen directamente en el número y formas de desnutrición. Según cifras del Banco, de 2000 a 2012, cuando se registró un aumento anual promedio del 2,6% en la producción de cereales en los países de bajos ingresos, la pobreza y la desnutrición se redujo en un 2,7% por año. Ya entre 1990 y 1999, cuando la producción se estancó en los países más pobres del mundo, hubo poca mejora en los índices de pobreza y la salud nutricional.

http://www.dinero.com/economia/articulo/cuantas-personas-sufren-de-hambre-en-latinoamerica/225837






Entrevista a Michael Apple: “Hemos conseguido que los niños odien leer”
 El estadounidense Michael Apple, uno de los filósofos de la educación más importantes del mundo, advierte sobre los modelos educativos que está mirando Chile en su reforma, y sobre el peligro de los test. “Uno no es un número”, sentencia: “Me preocupa Chile”, dice Michael Apple.
Se trata de uno de los principales filósofos de la educación en el mundo. Académico estadounidense, profesor de la U. de Wisconsin-Madison, Apple es uno de los principales teóricos de la pedagogía crítica de Paulo Freire, y la suya es una mirada inquisitiva sobre la educación en su país y en el mundo, similar a la que plantea Noam Chomsky en política.
El profesor recibe a Qué Pasa en la capital chilena, hasta donde viajó para ser investido como Doctor Honoris Causa de la U. de Santiago.
 ¿Qué le preocupa de Chile?
M.A.—Chile ha liderado un tipo particular de reforma durante las últimas décadas, basada en los vouchers, la privatización, la profesionalización de los profesores, la selección de los alumnos. Bachelet está tratando de moderar y cambiar esas reformas. Es un paquete, pero algunos de sus elementos me preocupan. Uno de ellos es el de los vouchers. Está ampliamente probado que los vouchers no reducen la desigualdad y que, en el mejor de los casos, la mantienen. En Estados Unidos han tenido efectos muy perversos.
— ¿Qué otro aspecto le inquieta?
M.A.—Lo que se llama la profesionalización de los profesores. Daré un ejemplo estadounidense, ya que Chile ha tomado mucho de allá, desde los Chicago Boys hasta su armamento. Allí Obama, a quien respeto, propuso que el salario de los profesores dependiera en parte de los resultados de las pruebas a los estudiantes. Pero ya sabemos, ampliamente, que si miro dónde vives y en qué trabajan tus padres, voy a ser capaz de predecir, con una pequeña variación estadística, cómo te va a ir en cualquier prueba que te tome. Aún así, el sistema hace que a los profesores sólo les preocupen las pruebas, y a los niños sólo se los prepare para contestarlas. Los profesores son menos profesionales, menos autónomos y la mayoría de los niños recibe una educación poco robusta, donde no se les enseña ciencia, ni arte, no leen nada importante, porque sólo los evaluamos según sus habilidades básicas en lectura y matemáticas. Miro a Chile con los ojos de muchos países, respeto las luchas por la democracia que aquí se han dado, pero me preocupa que en la reforma se incorporen ideas que vienen de EE.UU. o Inglaterra, cuando allá están en el debate.
— ¿Hacia dónde miraría usted, en cambio?
M.A.—Si Chile va a mirar a otros países, tiene que saber qué está pasando en ellos. En Inglaterra se está planteando convertir los colegios en “academias”, que dependan a nivel local, que compitan entre ellas en un sistema muy similar al que se impuso en Chile. Eso reduce el presupuesto público para educación, y favorece a los colegios privados y a las familias que pueden pagarlos. Sabemos que los barrios determinarán los resultados de los colegios. Sabemos que los colegios seleccionan a los alumnos, aunque el Estado lo prohíba. La idea del sistema es que los padres eligen, pero eso no pasa en ningún lugar del mundo. Los colegios eligen a los niños y a los padres.
—Descartamos Inglaterra entonces…
M. A. —Y claro, hay una nación que, se supone, valdría la pena mirar: Finlandia. He pasado mucho tiempo en Finlandia, y me parecería perfecto seguir su ejemplo, si Chile o EEUU, que también ama a Finlandia, como casi todos los países, hicieran lo que ellos hacen: doblar o triplicar el sueldo de los profesores, pagar sus estudios de posgrado, permitir sindicatos poderosos. Y necesitaríamos además un sistema de seguridad social muy fuerte, para que la diferencia entre ricos y pobres sea pequeña. En Chile es enorme, igual que en EEUU, donde además va en aumento. En Finlandia, si un padre queda sin trabajo, su hijo recibirá ropa de calidad, para que nadie sea marginado porque no tiene qué ponerse. Si quiero seguir el camino de un país, no sólo miraría su educación, sino todo lo demás.
—¿Miraría a otros países con buenos resultados?
M.A.—Primero, insistiría: los buenos alumnos y los buenos profesores no se miden en las pruebas. Yo nací muy pobre. Fui la primera generación de mi familia que terminó la educación secundaria. Y aquí estoy, soy un profesor. Así que yo sé que, a veces, las escuelas pueden compensar la pobreza. Pero también sé que la mayor parte del tiempo no pueden, a menos que la educación se vincule a otras reformas sociales.
“La educación no debería tratarse sólo de pruebas, debería dar a los niños las habilidades para reflexionar sobre su vida, para pensar en su futuro y el de su nación. Si no, la educación sería una fábrica. Es en el colegio donde aprendemos a ser solidarios”.
— ¿Qué piensa del caso de Singapur?
M.A.—En el caso de Singapur hay escuelas de élite, donde los alumnos reciben una educación creativa, interesante, orientada a formar doctores, políticos, abogados. El resto de la población es educada para responder las pruebas. Y luego tienes un enorme grupo de inmigrantes provenientes de China, India, Filipinas a cuyos hijos, simplemente, no se les toma la prueba. Shanghái es aún más interesante. Yo hice clases en Shanghái, que es una ciudad impresionante. Imagina una ciudad donde todos los edificios son como el que ustedes tienen en Santiago (la torre del Costanera Center). Se ve muy rico. Pero en China unos 300 millones de personas han migrado del campo a la ciudad. Y China desarrolló un sistema de pases de residencia para moverse de un lado hacia otro. Con los trabajadores hace vista ciega, porque necesita mano de obra, pero que no les permite traer a sus hijos a la ciudad. Los niños entran igual, pero quedan sin acceso a la educación. Los educan de forma ilegal, en fábricas viejas, en garajes sin calefacción. O los incorporan a programas de “educación especial”, pero en ningún caso rinden las pruebas. Sólo los niños que tienen permiso de residencia van a las escuelas públicas y dan las pruebas. Mi punto es que las mediciones pueden ser muy engañosas. Chile debe entender que si toma una idea de Singapur, o de cómo se enseña matemáticas en Shanghái, tiene que preguntarse cuánto sabe de esa sociedad.
— ¿Cuál es la alternativa a las pruebas estandarizadas para medir la educación?
M.A.—Tenemos que encontrar formas distintas de evaluación. En Maine, Estados Unidos, sólo el 25% de la evaluación de niños y profesores se basa en sus resultados en las pruebas. El resto es observación, participación, se contempla el portafolio de los estudiantes, su desempeño en arte, poesía, su capacidad para escribir ensayos. Son evaluaciones que toman tiempo y trabajo. Pero los profesores sienten que se les trata como a profesionales, y no sienten que tienen una prueba sobre su cabeza cada día.
—¿No hay nada que podamos aprender de los resultados de las pruebas?
M.A.—Parte de la realidad se puede evaluar a través de números. En educación, los números son los test. Pero si usted le pide a alguien que evalúe su día, esa persona no le dará un número, le va a contar una historia. Uno no es un número, uno tiene un relato mucho más rico. No me opongo a la evidencia, pero los profesores y la comunidad deben debatir qué evidencia necesitan. Por qué resultados van a juzgar a los profesores. La educación no debería tratarse sólo de pruebas, debería dar a los niños las habilidades para reflexionar sobre su vida, para pensar en su futuro y el de su nación. Si no, la educación sería una fábrica. Es en el colegio donde aprendemos a cooperar, a compartir, a ser solidarios.
— ¿Qué pasa con los alumnos frente a las pruebas?
M.A.—Incluso en los colegios donde les va bien, cuando les preguntan a los niños si les gusta leer, responden cosas como “no, lo odio”. El foco en los test genera una disposición negativa hacia el aprendizaje. Eso es lo que llamamos el “currículo oculto”. Los colegios harán cualquier cosa para mejorar su resultado en las pruebas, porque ellos y los profesores dependen de esos resultados y se ha convencido a los padres de que eso es lo único que importa. Pasa en Chile, Estados Unidos, Francia, Alemania. Lo que hemos conseguido es que los niños odian leer. Y luego nos preguntamos por qué, cuando tratamos de conversar con ellos, prefieren jugar Angry Birds. Porque les han dicho que leer no es algo valioso para ellos, que sólo vale para tomar una prueba.
— ¿Cuánto hay de política en la educación?
M.A.—La educación siempre es política. Yo uso el concepto de “conocimiento legítimo u oficial”. De cientos y miles de cosas posibles, sólo elegimos algunas para enseñar a los niños. Esa elección es un acto político.
Disponible en: http://www.eduglobal.cl/2016/06/29/entrevista-a-michael-apple-hemos-conseguido-que-los-ninos-odien-leer/


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Entrevista  a Michael Apple: “Hemos conseguido que los niños odien leer”
 El estadounidense Michael Apple, uno de los filósofos de la educación más importantes del mundo, advierte sobre los modelos educativos que está mirando Chile en su reforma, y sobre el peligro de los test. “Uno no es un número”, sentencia: “Me preocupa Chile”, dice Michael Apple.
Se trata de uno de los principales filósofos de la educación en el mundo. Académico estadounidense, profesor de la U. de Wisconsin-Madison, Apple es uno de los principales teóricos de la pedagogía crítica de Paulo Freire, y la suya es una mirada inquisitiva sobre la educación en su país y en el mundo, similar a la que plantea Noam Chomsky en política.
El profesor recibe a Qué Pasa en la capital chilena, hasta donde viajó para ser investido como Doctor Honoris Causa de la U. de Santiago.
¿Qué le preocupa de Chile?
M.A.—Chile ha liderado un tipo particular de reforma durante las últimas décadas, basada en los vouchers, la privatización, la profesionalización de los profesores, la selección de los alumnos. Bachelet está tratando de moderar y cambiar esas reformas. Es un paquete, pero algunos de sus elementos me preocupan. Uno de ellos es el de los vouchers. Está ampliamente probado que los vouchers no reducen la desigualdad y que, en el mejor de los casos, la mantienen. En Estados Unidos han tenido efectos muy perversos.
— ¿Qué otro aspecto le inquieta?
M.A.—Lo que se llama la profesionalización de los profesores. Daré un ejemplo estadounidense, ya que Chile ha tomado mucho de allá, desde los Chicago Boys hasta su armamento. Allí Obama, a quien respeto, propuso que el salario de los profesores dependiera en parte de los resultados de las pruebas a los estudiantes. Pero ya sabemos, ampliamente, que si miro dónde vives y en qué trabajan tus padres, voy a ser capaz de predecir, con una pequeña variación estadística, cómo te va a ir en cualquier prueba que te tome. Aún así, el sistema hace que a los profesores sólo les preocupen las pruebas, y a los niños sólo se los prepare para contestarlas. Los profesores son menos profesionales, menos autónomos y la mayoría de los niños recibe una educación poco robusta, donde no se les enseña ciencia, ni arte, no leen nada importante, porque sólo los evaluamos según sus habilidades básicas en lectura y matemáticas. Miro a Chile con los ojos de muchos países, respeto las luchas por la democracia que aquí se han dado, pero me preocupa que en la reforma se incorporen ideas que vienen de EE.UU. o Inglaterra, cuando allá están en el debate.
— ¿Hacia dónde miraría usted, en cambio?
M.A.—Si Chile va a mirar a otros países, tiene que saber qué está pasando en ellos. En Inglaterra se está planteando convertir los colegios en “academias”, que dependan a nivel local, que compitan entre ellas en un sistema muy similar al que se impuso en Chile. Eso reduce el presupuesto público para educación, y favorece a los colegios privados y a las familias que pueden pagarlos. Sabemos que los barrios determinarán los resultados de los colegios. Sabemos que los colegios seleccionan a los alumnos, aunque el Estado lo prohíba. La idea del sistema es que los padres eligen, pero eso no pasa en ningún lugar del mundo. Los colegios eligen a los niños y a los padres.
—Descartamos Inglaterra entonces…
M. A. —Y claro, hay una nación que, se supone, valdría la pena mirar: Finlandia. He pasado mucho tiempo en Finlandia, y me parecería perfecto seguir su ejemplo, si Chile o EEUU, que también ama a Finlandia, como casi todos los países, hicieran lo que ellos hacen: doblar o triplicar el sueldo de los profesores, pagar sus estudios de posgrado, permitir sindicatos poderosos. Y necesitaríamos además un sistema de seguridad social muy fuerte, para que la diferencia entre ricos y pobres sea pequeña. En Chile es enorme, igual que en EEUU, donde además va en aumento. En Finlandia, si un padre queda sin trabajo, su hijo recibirá ropa de calidad, para que nadie sea marginado porque no tiene qué ponerse. Si quiero seguir el camino de un país, no sólo miraría su educación, sino todo lo demás.
—¿Miraría a otros países con buenos resultados?
M.A.—Primero, insistiría: los buenos alumnos y los buenos profesores no se miden en las pruebas. Yo nací muy pobre. Fui la primera generación de mi familia que terminó la educación secundaria. Y aquí estoy, soy un profesor. Así que yo sé que, a veces, las escuelas pueden compensar la pobreza. Pero también sé que la mayor parte del tiempo no pueden, a menos que la educación se vincule a otras reformas sociales.
“La educación no debería tratarse sólo de pruebas, debería dar a los niños las habilidades para reflexionar sobre su vida, para pensar en su futuro y el de su nación. Si no, la educación sería una fábrica. Es en el colegio donde aprendemos a ser solidarios”.
— ¿Qué piensa del caso de Singapur?
M.A.—En el caso de Singapur hay escuelas de élite, donde los alumnos reciben una educación creativa, interesante, orientada a formar doctores, políticos, abogados. El resto de la población es educada para responder las pruebas. Y luego tienes un enorme grupo de inmigrantes provenientes de China, India, Filipinas a cuyos hijos, simplemente, no se les toma la prueba. Shanghái es aún más interesante. Yo hice clases en Shanghái, que es una ciudad impresionante. Imagina una ciudad donde todos los edificios son como el que ustedes tienen en Santiago (la torre del Costanera Center). Se ve muy rico. Pero en China unos 300 millones de personas han migrado del campo a la ciudad. Y China desarrolló un sistema de pases de residencia para moverse de un lado hacia otro. Con los trabajadores hace vista ciega, porque necesita mano de obra, pero que no les permite traer a sus hijos a la ciudad. Los niños entran igual, pero quedan sin acceso a la educación. Los educan de forma ilegal, en fábricas viejas, en garajes sin calefacción. O los incorporan a programas de “educación especial”, pero en ningún caso rinden las pruebas. Sólo los niños que tienen permiso de residencia van a las escuelas públicas y dan las pruebas. Mi punto es que las mediciones pueden ser muy engañosas. Chile debe entender que si toma una idea de Singapur, o de cómo se enseña matemáticas en Shanghái, tiene que preguntarse cuánto sabe de esa sociedad.
— ¿Cuál es la alternativa a las pruebas estandarizadas para medir la educación?
M.A.—Tenemos que encontrar formas distintas de evaluación. En Maine, Estados Unidos, sólo el 25% de la evaluación de niños y profesores se basa en sus resultados en las pruebas. El resto es observación, participación, se contempla el portafolio de los estudiantes, su desempeño en arte, poesía, su capacidad para escribir ensayos. Son evaluaciones que toman tiempo y trabajo. Pero los profesores sienten que se les trata como a profesionales, y no sienten que tienen una prueba sobre su cabeza cada día.
—¿No hay nada que podamos aprender de los resultados de las pruebas?
M.A.—Parte de la realidad se puede evaluar a través de números. En educación, los números son los test. Pero si usted le pide a alguien que evalúe su día, esa persona no le dará un número, le va a contar una historia. Uno no es un número, uno tiene un relato mucho más rico. No me opongo a la evidencia, pero los profesores y la comunidad deben debatir qué evidencia necesitan. Por qué resultados van a juzgar a los profesores. La educación no debería tratarse sólo de pruebas, debería dar a los niños las habilidades para reflexionar sobre su vida, para pensar en su futuro y el de su nación. Si no, la educación sería una fábrica. Es en el colegio donde aprendemos a cooperar, a compartir, a ser solidarios.
— ¿Qué pasa con los alumnos frente a las pruebas?
M.A.—Incluso en los colegios donde les va bien, cuando les preguntan a los niños si les gusta leer, responden cosas como “no, lo odio”. El foco en los test genera una disposición negativa hacia el aprendizaje. Eso es lo que llamamos el “currículo oculto”. Los colegios harán cualquier cosa para mejorar su resultado en las pruebas, porque ellos y los profesores dependen de esos resultados y se ha convencido a los padres de que eso es lo único que importa. Pasa en Chile, Estados Unidos, Francia, Alemania. Lo que hemos conseguido es que los niños odian leer. Y luego nos preguntamos por qué, cuando tratamos de conversar con ellos, prefieren jugar Angry Birds. Porque les han dicho que leer no es algo valioso para ellos, que sólo vale para tomar una prueba.
— ¿Cuánto hay de política en la educación?
M.A.—La educación siempre es política. Yo uso el concepto de “conocimiento legítimo u oficial”. De cientos y miles de cosas posibles, sólo elegimos algunas para enseñar a los niños. Esa elección es un acto político.
Disponible en: http://www.eduglobal.cl/2016/06/29/entrevista-a-michael-apple-hemos-conseguido-que-los-ninos-odien-leer/



martes, julio 19, 2016

Icfes habilita página para conocer citaciones al SABER 11

El día de la prueba no olvide llevar su documento, lápiz, borrador y tajalápiz.

El Tiempo.com  Por: EDUCACIÓN |   2:52 p.m. | 19 de julio de 2016




Foto: Tomado de Internet
Así luce la página para conocer el lugar en el que el estudiante tendrá que presentar el Saber Pro.

El 31 de julio, 605.000 estudiantes de grado 11° de todo el país presentarán las pruebas Saber 11, que evalúa los conocimientos de los jóvenes por medio de competencias y que además, durante los últimos años, se ha constituido como requisito de admisión a la educación superior. Por eso, el Icfes anunció que la plataforma para consultar las citaciones ya está abierta.

Según Ximena Dueñas, directora de la entidad, "hoy no es solo saberse la formula, sino que a través de una situación se debe encontrar la manera de resolver los problemas", motivo por el cual hoy en día la prueba se realiza con base en las competencias matemáticas, de lectura crítica, sociales y ciudadanas, de ciencias naturales e inglés.
Para evitar inconvenientes, los estudiantes deben llevar su documento de identidad (tarjeta, cédula o pasaporte con el que se hayan inscrito). En caso de haberlo perdido recientemente, tendrán que llegar con la denuncia y si se encuentra en trámite, con la contraseña.

La prueba, que tiene dos jornadas (una en la mañana y la otra en la tarde), comenzará a las 7 de la mañana y los resultados, según voceros del Icfes, se publicarán el próximo 22 de octubre.
Si usted desea conocer la ubicación de su citación, puede ir a: www.icfes.gov.co
o a:



http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/educacion/icfes-habilita-pagina-para-conocer-citaciones-al-saber-11/16648975




viernes, julio 15, 2016

Doblepensar

“Quiero enloquecer,
 de cordura  extrema,
  que seas mi primer pensamiento,
 un hermoso suspiro, y mi último deseo,
en estos cotidianos caóticos días existenciales,
antes de partir a la nada”.
Adrián Zek.

A mis fraternos estudiantes…
y a todos los malditos como yo!

¡Ustedes!
Esos extraños zombis,
con quienes comparto los días,
grises, grises y unos pocos azules.

Y las penurias,
las ideas, los retos
 y miradas inconclusas.

¿Quiénes serán ustedes mañana?
Lo que se propongan,
lo que sueñen,
¡lo que anhelen, piensen y deseen!
 Y nadie!
puede robarles,
 ni quitarles sus sueños.

Así que la lucha es, 
día a día,
permanente, incisiva,
en lo más profundo del alma…

Tal vez…
algún día,
nos crucemos…
de nuevo en esta corta travesía,
de breves instantes,
ideas y remembranzas.

Este corto encuentro,
cada cual proyecta su camino, 
y de pronto... 
nos encontramos con Cassiel,
ese ser que nos enseña su grandeza,
y nos muestra nuestra miseria.

Es lo que somos.

Aún, podemos llegar.

                                                   ¡Piu Avanti!