lunes, julio 03, 2023

Adiós a la ‘matefobia’: ideas para mejorar los aprendizajes de Matemática

 

La enseñanza de esta materia es una de las principales deudas del sistema educativo: la situación es aún más crítica que en comprensión lectora, pero ha tenido menos visibilidad.

Por Alfredo Dillon

Desterrar el prejuicio de que es una disciplina “difícil”, revisar los diseños curriculares, repensar las formas de enseñar y dar continuidad a las políticas son algunas propuestas de los expertos.

¿A quién le da vergüenza decir “los números no son lo mío”?

¿Cuántas veces escuchamos que una persona eligió una carrera “para evitar la matemática”?

¿Por qué, en cambio, es más raro que alguien se precie de ser “de madera” en lectura?

La enseñanza de Matemática es una de las principales deudas del sistema educativo argentino: la situación es aún más crítica que en el área de comprensión lectora, pero ha tenido menos visibilidad. 8 de cada 10 alumnos terminan la secundaria sin los saberes esperados en Matemática, según los resultados de la prueba Aprender 2022. Más de la mitad de los estudiantes argentinos (52,1%) se ubican en el nivel más bajo de desempeño.

Los resultados de Aprender 2022 en Matemática implicaron un retroceso de 11 puntos porcentuales con respecto a la edición anterior de la prueba, tomada en 2019, antes de la pandemia. Y mostraron, una vez más, que la situación es mucho más crítica que en Lengua: en esa materia, “apenas” 4 de cada 10 estudiantes (43%) quedaron en los niveles de aprendizaje más bajos –la mitad que en Matemática–, y la caída fue de solo 4,7 puntos con respecto a 2019.

En primaria la situación es un poco mejor que en secundaria: según los datos de Aprender, el 42,3% de los alumnos de sexto grado no alcanzan los saberes esperados. La cifra se duplica para el final de la escuela media. En una materia en la que resulta central la correlatividad de los contenidos, los problemas de aprendizaje se agudizan con el paso del tiempo.

“Garantizar la permanencia de un estudiante en el sistema, pasando de año escolar sin poseer las herramientas necesarias, se convierte en un verdadero problema para prosperar en el estudio de esta asignatura”, define María Milagros Memoli, profesora de Matemática del Instituto Joaquín V. González, docente en el CBC de la UBA y autora de manuales sobre la materia.

Desterrar los prejuicios
¿Qué está pasado con los aprendizajes de Matemática? ¿Por dónde se puede empezar a mejorarlos? “Hay cierta estigmatización: lo que algunos llaman matefobia. Hoy llegamos a un punto en que mucha gente se jacta de ser un desastre en matemática. Esto no pasa en otras áreas: hay mucha gente que no lee, pero no se jacta de eso o de no saber nada de Historia”, plantea Pablo Groisman, doctor en Matemática, profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y autor del libro Te regalo un teorema (2022).

Para Groisman, la responsabilidad por la circulación de esas creencias es compartida entre los docentes y las familias, que con frecuencia avalan los bajos desempeños de sus hijos (“No te preocupes, yo también era un desastre con los números”).

“Los obstáculos en el aprendizaje hacen suponer en el imaginario colectivo que la Matemática es difícil, compleja y no es para cualquiera”, analiza Memoli, y agrega que los titulares sobre los malos resultados de las evaluaciones “contribuyen a instalar la idea de que esta ciencia es solo para un grupo de personas cuya mente es privilegiada, reduciendo no solo las características esenciales que encierra esta hermosa disciplina, sino su implicancia en la construcción y formación del pensamiento que se extiende a otras áreas del saber”.

Claudicar ante la matemática significa no solo una trayectoria educativa más incómoda, sino sobre todo renunciar a una forma de pensamiento fundamental para la constitución de un ciudadano crítico, señala Irene Kit, presidenta de la Asociación Civil Educación para Todos. “Hoy la matemática supone un tipo pensamiento de primer orden para cualquier ciudadano: la necesitás para analizar las encuestas electorales, para defenderte contra la inflación y saber si te conviene financiar la tarjeta o pagarla o pedir un préstamo, para entender este mundo del Big Data, para intentar atisbar –aunque sea un poquito– de qué se tratan los múltiples algoritmos con los que nos acosan diariamente”, describe.

Resignarse a los resultados actuales implica también cerrarles a los chicos y chicas la puerta a un futuro mejor. “Los docentes no hemos sido buenos en publicitar que, si te va bien en Matemática, te irá mejor en la vida. Un pibe de primaria o secundaria debe saber que, si le va bien en Matemática, le espera un futuro mejor”, afirma Groisman.

Repensar el diseño curricular
Revisar las formas de enseñanza también parece necesario frente a los resultados de las evaluaciones, sobre todo si se parte de la convicción –no compartida de manera unánime– de que la matemática está al alcance de todos los estudiantes. Un primer punto de acuerdo mayoritario es la necesidad de corregir el desajuste entre la extensión del diseño curricular y la carga horaria de la materia, sobre todo en secundaria.

También hay brechas entre el currículum, la enseñanza en el aula y las evaluaciones estandarizadas. Gustavo Zorzoli, profesor de Matemática y exrector del Colegio Nacional de Buenos Aires, analizó los “ítems liberados” de Aprender –ejercicios similares a los tomados en las pruebas– y concluyó que no se correspondían con lo indicado en los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios. “Eso es un reconocimiento explícito de que en las jurisdicciones –que participan del armado de las pruebas– no se enseña lo previsto en el diseño curricular: la distancia entre el currículum y la evaluación es enorme”, considera Zorzoli.

Y agrega: “Si estamos evaluando contenidos elementales y la respuesta mayoritaria es tan mala, hay que hacer un ajuste muy importante en la enseñanza. Tenemos diseños curriculares provinciales muy completos y complejos de llevar a la práctica. Necesitamos reformar tanto los contenidos como la didáctica”.

Transformar la clase
Si bien cada grupo y cada contexto requiere estrategias diferentes, los expertos consultados por Infobae se animaron a proponer algunas ideas generales para abordar este desafío.

“Si observamos las prácticas escolares, muchas veces vemos una matemática acabada, incapaz de generar preguntas en los alumnos. La matemática responde a problemas del hombre, del mundo, de la vida. Por eso el desafío para encontrar el sentido es problematizar. De algún modo, invertir el orden: que el punto de partida sean los problemas y no las definiciones, que lo importante sea la actividad intelectual de los alumnos”, sugiere Stella Maris Menéndez, profesora de Matemática, formadora de docentes y directora de secundaria del La Salle Florida.

Los especialistas enfatizan la necesidad de explicitar el sentido de lo que se está haciendo en el aula, y de hacer más hincapié en el proceso de pensamiento que en el resultado: “La dificultad del aprendizaje de matemática no está en su corpus de saberes, sino en que se enseña desde la aplicación de fórmulas y conceptos para resolver unos problemas determinados previamente. Lo más potente del trabajo matemático de un alumno no es el resultado en sí mismo, sino el proceso de pensamiento que lo condujo a él. Esto se vive en el aula cuando les proponemos situaciones que los desafíen y estén cargadas de sentido para ellos”, sugiere Menéndez.

En contra de la vieja práctica de resolver de manera mecánica una sucesión de ejercicios, los docentes recomiendan que la clase sea una oportunidad para “hacer matemática”. “Este hacer no tiene que ver con prácticas mecanicistas o reglas estandarizadas, sino con formas de pensamiento, con formas de revivir procesos de investigación y de producción: que los alumnos formulen hipótesis, analicen si funcionan, hagan ajustes, comuniquen y justifiquen”, explica Menéndez. Es a partir de esas preguntas y de esa reflexión que la clase de Matemática se vuelve un espacio de construcción de pensamiento crítico.

Lejos también de entender la actividad matemática como una tarea individual y silenciosa, los especialistas subrayan el valor del trabajo colaborativo, que supone también convertir la clase en una instancia de discusión, a partir de un rol activo de los alumnos y del docente, responsable de sistematizar. “En este trabajo es importante generar espacios de encuentro y de debate que den lugar a una construcción colaborativa en la que los alumnos logren expresar sin temor sus producciones, y el docente asuma un rol protagónico a la hora de ordenar e institucionalizar los saberes en juego”, recomienda Memoli.

Dar continuidad a las políticas
Desde las políticas nacionales se han impulsado algunas iniciativas para fortalecer los aprendizajes de Matemática desde la primaria, como la incorporación de una hora de clase en las escuelas estatales de jornada simple. El objetivo central de la extensión de la jornada –que ya se aplica en más del 80% de las escuelas primarias de 22 jurisdicciones– es fortalecer los aprendizajes de Lengua y Matemática, según explicó esta semana el ministro de Educación de la Nación, Jaime Perczyk, en un encuentro internacional sobre extensión de la jornada escolar organizado por la OEI y el BID en Portugal. La distribución de libros de Matemática para cada estudiante en el marco del programa Libros para Aprender es otra iniciativa de la actual gestión.

Además, entre 2022 y 2023 cerca de 100 mil docentes de todo el país participaron de las propuestas de formación en enseñanza de matemática que brinda el programa Nuestra Escuela, del Instituto Nacional de Formación Docente, informó el Ministerio a Infobae. En estas propuestas, gratuitas y de carácter federal, los docentes “se capacitaron sobre enseñanza de la matemática en la educación inicial, la enseñanza de la proporcionalidad directa, los números y operaciones en la escuela primaria, la enseñanza del álgebra, la aritmética, las funciones y la geometría en la escuela secundaria y los marcos generales de la enseñanza y el aprendizaje de la matemática en todos los niveles”.

La discusión sobre la revisión de las prácticas de enseñanza de Matemática había cobrado cierto impulso con el Plan Nacional Aprender Matemática, presentado en 2019 –durante el gobierno anterior– como un “resultado del consenso entre todos los ministros y ministras en el Consejo Federal de Educación”. Pero el consenso parece no haber durado mucho: como sucede de manera cíclica con otras políticas, la renovación de autoridades puso fin a la iniciativa.

Aquel plan había empezado tras los resultados de las pruebas Aprender de 2016 y 2017, que mostraban una línea decreciente en los aprendizajes en esta materia, cuenta Hugo Labate, director de Diseño de Aprendizajes durante esa gestión: “Se invitó a expertos nacionales e internacionales para consultarlos sobre estrategias de mejora de los aprendizajes. Se señalaron aspectos del currículo (cantidad de temas, en qué año se enseñan, el salto de complejidad entre primaria y secundaria, entre otros) y aspectos metodológicos (enfoque de enseñanza, uso o no de materiales concretos, opciones didácticas para abordar los contenidos)”.

“Para lo primero, se avanzó en una propuesta de indicadores de progresión elaborados federalmente, de manera que todo el país pudiera tener una referencia de cuáles son los aprendizajes que corresponde construir para cada año escolar. Para lo segundo, se invitó a formadores de todo el país a participar de una serie de seminarios a lo largo de un año, con especialistas en didáctica de la matemática que proponían un enfoque de enseñanza alternativo al que se promovía tradicionalmente desde las cátedras de formación docente en Argentina”, continuó el exfuncionario, que reconoció cierta resistencia a la propuesta, especialmente por la metodología sugerida, “ya que ponía en tensión algunas prácticas muy promovidas por los grupos de didactas nacionales, sobre todo en primaria”.

A pesar de los esfuerzos y los fondos públicos invertidos en el Plan, el cambio de gobierno y la llegada del COVID-19 interrumpieron su ejecución, y ya no fue retomado. Algunos materiales siguen disponibles en el sitio Educ.ar, pero con una leyenda que advierte que se trata de recursos archivados por información desactualizada o abordajes pedagógicos no vigentes.

“El cambio de gestión y luego la pandemia trajeron aparejadas otras prioridades del Ministerio nacional; se esperaba que los formadores capacitados pudieran a su vez trabajar con círculos de docentes en cada territorio, demostrando las estrategias y el uso de los materiales. Esta segunda etapa no se motorizó desde Nación, aunque algunos formadores lo hicieron de forma individual”, recapituló Labate.

La continuidad de las políticas –corrigiendo, modificando y actualizando según la impronta de cada gestión–, la provisión de recursos pedagógicos y de formación continua para su uso en el aula, la extensión de la jornada para poder abarcar mejor los contenidos del diseño curricular parecen ser condiciones mínimas para construir una mejora sostenida en el tiempo.

Desde el aula, los docentes consultados invitan a convertir la clase de Matemática en un espacio de exploración. Stella Menéndez sugiere abandonar “una matemática que propone repetir, sin creatividad en las posibles soluciones”. Propone, en cambio, una clase basada en “investigar, conjeturar y argumentar”, para que cada estudiante se apropie de los problemas planteados, desarrolle su pensamiento… y, por supuesto, no se jacte de no saber matemática.

https://www.infobae.com/educacion/2023/07/02/adios-a-la-matefobia-ideas-para-mejorar-los-aprendizajes-de-matematica/

Si eres de los que tardas mucho en resolver problemas difíciles, estás de enhorabuena

 

Ciencia

Por Juan Manuel Delgado



La relación entre la velocidad mental y la inteligencia ha sido objeto de debate y prejuicios, pero un estudio reciente desafía las creencias convencionales sobre este tema.

Durante mucho tiempo, ha existido una tendencia a asociar la inteligencia con la capacidad de resolver problemas rápidamente. En la sociedad, aquellos que se toman más tiempo para llegar a una solución a menudo son malinterpretados o incluso estigmatizados como menos inteligentes.

Pero las últimas investigaciones desafían este pensamiento arraigado y revelan una realidad sorprendente: tomarse más tiempo para resolver problemas complejos no es necesariamente una señal de falta de intelecto, sino todo lo contrario. 

El nuevo enfoque sobre la velocidad mental y la inteligencia

El estudio publicado en la revista Nature Communications ha arrojado luz sobre la relación entre la velocidad mental y la inteligencia. Contrario a las creencias comunes, los investigadores han descubierto que las personas con puntajes de inteligencia más altos no son necesariamente más rápidas en la resolución de problemas difíciles. 

En lugar de ello, estos individuos demuestran una capacidad destacada para no apresurarse y sacar conclusiones precipitadas, lo que les permite abordar los desafíos con un enfoque más analítico. 

Cabe destacar que el estudio se centró en el análisis de datos recopilados de participantes del Proyecto Conectoma Humano, utilizando la Prueba de Razonamiento de Penn Matrix. Los resultados revelaron que aquellos con puntuaciones más altas de inteligencia resolvieron problemas más sencillos de manera más rápida. 

Sin embargo, cuando se trataba de desafíos complejos, optaron por dedicar más tiempo a ingerir reglas ocultas, así como buscar conexiones significativas antes de llegar a la solución correcta, se tomaron su tiempo sin presionarse de más. 

Al profundizar en los datos, los investigadores generaron modelos personalizados de las redes cerebrales de los participantes. Estos modelos dieron como resultado que aquellos que se tomaban más tiempo en la resolución de problemas difíciles presentaban una mayor conectividad en estado de reposo entre los lóbulos frontal y parietal.

Es fundamental mencionar que estas áreas del cerebro desempeñan roles clave en la atención, la toma de decisiones y la integración de información sensorial. 

Si bien el pensamiento rápido es útil para abordar tareas más simples, un enfoque más lento, así como reflexivo, que permite una integración prolongada de información relevante, resulta más efectivo al enfrentar desafíos más complejos. 

De esta manera, se concluye que el enfoque lento y analítico, respaldado por una mayor conectividad cerebral, se muestra como un camino hacia mejores decisiones en situaciones desafiantes. Se desafía la suposición arraigada de que una mayor velocidad mental es siempre indicativa de una mayor inteligencia. 

https://computerhoy.com/ciencia/eres-tardas-mucho-resolver-problemas-dificiles-estas-enhorabuena-1265112

 

Enseñar a leer y entender: estrategias para la comprensión lectora

 

Muchos niños y niñas en primaria no entienden lo que leen


Por Esperanza Bausela


A los alumnos de primaria españoles les cuesta entender lo que leen. Es la conclusión de los resultados del último informe de la Asociación Internacional para la Evaluación de Rendimiento Educativo (IEA) sobre el progreso de los estudiantes de cuarto de primaria en comprensión lectora. Este estudio (llamado PIRLS por sus siglas en inglés) evalúa las tendencias en el nivel de aprendizaje de los estudiantes, se desarrolla cada cinco años desde el 2001 y España participa desde 2006.

Comprender un texto es una tarea académica y constituye la base para aprender otras materias. Precisamente por esto nos preguntamos qué estamos haciendo mal y de qué manera se puede mejorar esta comprensión lectora. 

Podemos utilizar, por ejemplo, esquemas de textos prototipos que nos permitan conocer cómo se organiza el texto. Incluir números, subrayados con distintos colores, etc., con la finalidad de ayudar a identificar al lector cuáles son las ideas principales y las ideas secundarias. Finalmente, plantearnos preguntas sobre el contenido que se acaba de leer. 

Métodos contrastados 

Los docentes disponemos de métodos contrastados para mejorar la comprensión. Estos métodos se basan en que los estudiantes empleen estrategias que les permitan leer de manera más activa y profunda. Destacamos algunas de ellos, propuestos por el equipo del psicólogo de la educación estadounidense Roger H. Bruning, una referencia en este campo: promover la colaboración y la interacción entre los estudiantes para facilitar el aprendizaje mutuo y fomentar un intercambio de preguntas y respuestas, creando un diálogo entre el docente y los estudiantes. Aprovechar las interacciones lúdicas con el objetivo desarrollar habilidades de aprendizaje autónomo. Así como desarrollar la comprensión de lectura a través del análisis y la comprensión de los conceptos clave presentes en el texto. 

La mejora de la comprensión lectora se desarrolla a lo largo de tres etapas: En los momentos iniciales, antes de empezar a leer, podemos aplicar estrategias previas a la lectura. Por ejemplo: recapitular todo lo que ya conocemos del tema que vamos a leer, es decir, activar nuestros conocimientos previos; animarnos hacer predicciones –como por ejemplo “qué pasaría si…”–, anticipar posibles finales a un texto, hipotetizar sobre situaciones. Finalmente, plantearnos preguntas sobre qué sabemos sobre el texto al que nos enfrentamos. Por ejemplo, si voy a leer un texto del cambio climático qué sé del cambio climático. 

Estrategias durante la lectura: identificar partes relevantes del texto (con subrayados), utilizar estrategias de apoyo y repaso que nos ayuden a comprender y retener la información del texto. Por ejemplo, elaborar resúmenes, tomar notas, crear esquemas o mapas conceptuales, generar preguntas sobre el contenido, buscar definiciones de palabras desconocidas, entre otras. 

Finalmente, cuando terminamos de leer un texto es posible aplicar otras estrategias posteriores a la lectura. Por ejemplo: identificar la idea principal, crear un resumen esquemático, formular nuevas preguntas y responder a las formuladas al inicio del texto. 

Recomendaciones prácticas 

El prestigioso psicólogo educativo estadounidense Richard Mayer recomienda utilizar organizadores previos para incrementar la comprensión lectora, enseñar estrategias importantes de modo explícito y animar a sus estudiantes a leer, a ser lectores activos y aprendices activos de vocabulario. 

En esta línea, el psicólogo Fernando Doménech Betoret propone cinco estrategias básicas para fomentar la comprensión lectora: 

Determinar la importancia de lo que se está leyendo: subrayar con distintos colores la idea principal y las ideas secundarias, por ejemplo. Resumir la información: crear un texto nuevo diferente que represente la idea original del texto. Realizar inferencias: los textos dejan cosas sin decir y la comprensión depende de que deduzcamos la información no presente. 

Generar preguntas: los lectores competentes suelen hacerse preguntas sobre su comprensión. 

Supervisar la comprensión de forma constante, no esperar al final: los lectores competentes saben cuándo comprenden y cuándo no comprenden.

https://www.lavanguardia.com/vivo/mamas-y-papas/20230702/9082036/como-ayudar-aprender-leer-ninos.html


¿Es posible transferir la mente a una computadora?

 

 

 

Sobre la posibilidad de transferir nuestras mentes a un ordenado 

 

por Juan Diego Polo 

 WWWhatsnew 

La inmortalidad digital, un tema recurrente en la ciencia ficción desde hace décadas, podría convertirse en realidad gracias a los recientes avances en neurociencia y tecnología. Este concepto, conocido como transferencia de la mente o «mind uploading», sugiere que nuestras conciencias podrían sobrevivir en un formato digital después de que nuestros cuerpos físicos dejen de existir. 

Los Primeros Pasos hacia la Inmortalidad Digital

Una de las estrategias más prometedoras para alcanzar la transferencia de la mente es la emulación completa del cerebro. Este método implica realizar escaneos detallados del cerebro y su actividad, permitiéndonos replicar el cerebro biológico de una persona, y potencialmente su mente, en una computadora. La técnica más avanzada en este sentido es la de «escanear y copiar», que consiste en escanear en detalle un cerebro preservado, por ejemplo, mediante microscopía electrónica. Este procedimiento recopila los datos necesarios para producir una réplica funcional de un cerebro. 

Los Retos de la Emulación del Cerebro y la Transferencia de la Mente

Pese a los avances, existen críticas y escepticismo respecto a algunas suposiciones clave de este proceso. La primera es la idea de separar la mente del cuerpo, algo que muchos creen que es incorrecto debido a la conexión inherente entre el cerebro y otras partes del cuerpo. La segunda suposición cuestionada es que la mente es simplemente un producto de lo que el cerebro hace. Existe un debate largo y en curso sobre si la conciencia es algo más abstracto y expansivo que una mera función biológica. 

Avances en Neurotecnología:

¿Un Paso Más Cerca de la Inmortalidad Digital?

La neurotecnología, entendida como los métodos para grabar o modificar directamente la actividad cerebral humana, está progresando rápidamente. Innovaciones como las interfaces cerebro-computadora y dispositivos implantables, como el Stentrode, han permitido a pacientes paralizados controlar computadoras con sus pensamientos. Estos avances, junto con los desarrollos en inteligencia artificial, nos están permitiendo descifrar las ondas cerebrales con mayor precisión, y podrían permitirnos en un futuro «escribir» o modificar el cerebro. 

Con estos avances, es crucial desarrollar directrices y legislación que salvaguarden nuestros derechos humanos y neurales. Este ámbito, conocido como «neurorights», está siendo debatido activamente en la academia en estos momentos. 

Es incierto cuánto tiempo podría tomar emular con éxito el cerebro humano. Sin embargo, considerando la velocidad con la que la tecnología ha avanzado en las últimas décadas, el debate público y la discusión sobre estos temas son esenciales. Estos desarrollos tienen el potencial de transformar lo que significa ser humano, y es crucial que todos tengan voz en este debate, más allá de la comunidad científica. 

Es un tema que han tratado recientemente con detalle en The Conversation, y vale la pena tenerlo presente. 

https://wwwhatsnew.com/2023/07/03/sobre-la-posibilidad-de-transferir-nuestras-mentes-a-un-ordenador/


«La consciencia no nos permite ver la realidad tal como es»

 

«La consciencia no nos permite ver la realidad tal como es, sino tal como somos nosotros»

 



Nunca imaginó que acabaría dedicándose a estudiar los límites de la mente humana. Tampoco que uno de sus discursos superaría los14 millones de visitas en internet. Y, probablemente, tampoco imaginó que algunos –especialmente estudiantes de psicología– lo reconocerían como «ese genio que medita y hace surf».

Anil Seth es profesor de neurociencia cognitiva y computacional en la Universidad de Sussex, un cargo que, por si fuera poco, combina con otros proyectos como el Sussex Centre for Consciousness Science, donde investiga la base biológica de la conciencia, y con la escritura.

En 2021, Seth publicó uno de los libros del año según los medios británicos. Ahora, en 2023, la editorial Sexto Piso lo ha publicado en español.

Se titula ‘La creación del yo’ y, en él, el científico inglés pone patas arriba todo lo que creíamos saber sobre nuestra percepción.

¿Para qué tipo de lector escribió La creación del yo?

 

En parte fue para mí mismo. Fue una forma de organizar mis pensamientos, un ejercicio de desarrollo intelectual. Cuando lo escribí, ni siquiera estaba seguro de que alguien lo leería, pero sí sabía –o creía saber– que había un interés por los misterios de la consciencia. Yo ya había publicado artículos y dado conferencias antes, como la charla TED que se volvió muy popular en su momento. Supongo que fue entonces cuando noté que había gente dispuesta a aprender sobre el cerebro y la cognición, y que, por ello, yo podía escribir para un público real. Además, creía que podía decir cosas que no se habían dicho antes, o por lo menos desde otra perspectiva.

 

¿Encontró la forma de aportar esa «otra» perspectiva?

Creo que sí, especialmente si el lector busca una combinación de ciencia y filosofía. El libro empieza con ideas que son familiares para cualquiera, y poco a poco va introduciendo detalles, pero detalles que van en contra de la intuición, giros de guion que desafían las creencias del lector. Al final, la noción del «yo» es algo sobre lo que todos tenemos opinión. Es relativamente sencillo hablar desde el sentido común, ¿no? Todos experimentamos la propia existencia, y lo bonito es que la ciencia a veces pone en entredicho ese sentido común.


Si buscamos su nombre en internet, muchas entradas destacan su definición de consciencia, lo que usted considera «una alucinación controlada». ¿Cree que su definición es muy distinta a la que tiene cualquier otro ciudadano?


Hay tantas definiciones de consciencia como personas en el mundo, y eso está bien porque cada uno es la autoridad de su propia experiencia. Aunque busques en todos los diccionarios y enciclopedias, es muy complicado encontrar una definición común. Dentro de ese paradigma de desacuerdo general, mi definición es una más.

 

¿Y qué significa?

Muchos malinterpretan esta definición y dicen: «Ah, si mi consciencia es una alucinación, entonces nada es real». ¡No es así paran nada! La forma en que experimentamos la realidad, nuestra realidad, es la interpretación que nuestro cerebro hace de los estímulos del exterior. Nuestro alrededor es real. Las cosas son reales. Nuestra consciencia es real. Pero la consciencia no permite ver la realidad tal como es, sino tal como somos nosotros.

 

¿Para qué sirve la consciencia?

Si te das cuenta, lo que hace la consciencia es recopilar, organizar y combinar un montón de información de diferentes modalidades, por ejemplo, mediante los cinco sentidos. Los coge todos y los resume en un formato único que dan pie a comportamientos. La consciencia ofrece al ser humano una manera de interacción con el mundo y propuestas para que se comporte lo suficientemente bien como para seguir vivo en el futuro. La consciencia saca lo mejor de cada sentido, no solo de los cinco clásicos sino también de otros como la memoria. En resumen, la consciencia es un conector de percepción para que el organismo permanezca en buen estado.

 

¿Es la consciencia un mero cableado neuronal o hay algo dentro de nosotros que trasciende el mundo físico?

El dualismo forma parte de nuestra cultura por lo menos desde Descartes. Parece que cuando la gente se autoanaliza percibe que hay cosas que no son materiales, como los pensamientos. Yo soy un poco agnóstico sobre eso porque es muy difícil de demostrar. De momento, esa pregunta es un misterio y lleva siéndolo muchos siglos. ¿Cómo se relacionan materia y pensamientos? Para abordar estas preguntas, la filosofía es muy útil, dado que plantea preguntas que pueden generar puntos de inflexión en el desarrollo humano. Sin embargo, la misma filosofía busca respuestas con tanto ímpetu que en ocasiones sesga sus propias conclusiones.


Por eso existe la ciencia…

Así es, por eso existe la ciencia.

 

¿Es usted una persona espiritual?

Hasta cierto punto. Igual que con la idea del «yo», el término «espiritual» también tiene millones de significados. Para mí, espiritualidad es el sentido de conexión con el resto de personas, con el mundo, con el universo… 

Mi espiritualidad es reconocer que hay elementos de nuestra existencia que van más allá de la satisfacción de necesidades básicas. 

El pensar cuán antiguo es el universo, quiénes son nuestros antepasados biológicos, qué y por qué está pasando en mi cabeza ahora mismo… Todo eso es parte de mi espiritualidad. También medito, y eso me permite tener una conexión conmigo mismo más especial, o por lo menos me ayuda a prestar atención a los mecanismos de mi propio organismo.

 

¿Es posible combinar ciencia y espiritualidad?

Creo que pueden ser complementarias. Por ejemplo, hay una organización con la que participé que se llama Mind & Life Institute y tiene tres pilares: la neurociencia, la filosofía y el budismo (y los procesos comunes entre los tres). 

Tanto en ciencia como en espiritualidad se ha hecho muchas veces hincapié en el rol ilusorio de la consciencia, y por eso se puede estudiar desde distintos ángulos. 

Evidentemente, también hay áreas de tensión entre disciplinas, pero está bien que existan porque cada una a su estilo intenta hacer predicciones de cómo funciona el mundo. 

En definitiva, se puede ser espiritual, científico, dualista, materialista o lo que sea sin ser radical, manteniendo el escepticismo y abierto a posibles descubrimientos. 

¿Por qué? Porque no siempre se puede analizar el cerebro a nivel molecular, sino que se necesita adoptar una visión holística. Si no se puede analizar un poema revisando cada una de sus palabras por separado, no se puede entender el cerebro estudiando sus neuronas individualmente. Para esas cosas, el budismo puede ser útil, aunque tiene el riesgo de que las premisas de muchas corrientes espirituales se toman de forma literal. Es como la religión: es compatible con la ciencia según cómo de religioso quieras ser. ¿Crees que el mundo fue creado de repente hace unos cuantos miles de años? Si aceptas este tipo de afirmaciones dogmáticas, es complicado tener al mismo tiempo una visión científica del mundo. Pero bueno, el ser humano, yo incluido, es contradictorio por naturaleza.

 

Cuando llega cada mañana a la universidad o al laboratorio, ¿qué le hace pensar que el estudio de la consciencia humana es útil?

La curiosidad, esa es la primera razón. Pertenecemos a una especie de curiosos, pues tenemos la capacidad no solo de preguntarnos cosas si no de buscar su solución. La consciencia es un misterio global, porque en todo el planeta existen las mismas incógnitas, y es individual porque cada persona lo vive en sus propias carnes. ¿Por qué yo soy yo? ¿Qué era antes de nacer? ¿Qué seré después de morir?

 

¿Tiene el estudio de la consciencia aplicaciones prácticas más allá de la mera satisfacción de curiosidad?

Indudablemente. A nivel médico es superrelevante porque permite mejores diagnósticos en trastornos degenerativos como el Parkinson, permite entender los trastornos que incluyen alucinaciones o pérdidas de consciencia, permite entender cómo funciona la anestesia…Tiene muchísimas aplicaciones en terreno clínico. 

Por otro lado, muchos científicos estudian la consciencia para entender cómo funciona nuestros sentidos, para entender el bienestar animal y su percepción de dolor, para desarrollar los sistemas de inteligencia artificial, incluso para entender nuestros propios sesos cognitivos del día a día. También contribuye a entender mejor las relaciones interpersonales, la comunicación… O sea, que la curiosidad es solamente el motor para conseguir otras grandes cosas.

¿Cree que la cultura occidental, en la que usted ha trabajado principalmente, influye en la forma que tenemos de percibir el mundo físico y el de las ideas?

Cada cultura tiene su mirada, sí, pero creo que en las últimas décadas se ha trabajado para tener una buena interacción entre las dos grandes culturas del mundo, la oriental y occidental, o sea, la individualista y la colectivista. Lo mejor de todo es que sabemos que estas diferencias existen, antes no. Antes, lo correcto era lo de casa y lo ajeno no había ni que tenerlo en cuenta. Ahora, afortunadamente, aceptamos que podemos estar equivocados o que un mismo caso puede observarse desde múltiples ángulos. En Occidente, por ejemplo, ponemos siempre al humano por encima de todo, y eso no ocurre en todos lados. Hay países que valoran mucho más a los animales y a su forma de consciencia. En el hinduismo, por ejemplo, la idea del alma es distinta a la del cristianismo. Lo mismo sucede con la idea de la muerte. Por todo esto es importante realizar estudios en todas las condiciones, aceptando todas las miradas. A nivel personal, actualmente estoy involucrado en un proyecto que se llama The Perception Census, que es un estudio a gran escala para entender cómo cada individuo entiende el concepto de consciencia. ¡A ver qué descubrimos!

 

¿Dedicarse a la exploración científica y filosófica de la mente humana puede conducir a la frustración profesional (o existencial)?

[Suspira, se entrelaza las manos por detrás de la cabeza, se escurre ligeramente de la silla y se ríe].

 

No hace falta más [le devuelvo la risa]. ¿Cómo consigue sobrellevarla?

Realmente es difícil. A veces siento envidia de algunos científicos. Sacan el telescopio y ven cosas que no han visto antes. Descubren cómo funciona determinado virus. Son hallazgos directos y sin controversia. En el estudio de la mente todo es más metafórico, más abstracto, y a menudo da la sensación de que no hay ningún tipo de progreso.

¿Y es verdad que no se ha avanzado nada?

No, no es verdad. Cuando echo la vista atrás me doy cuenta de la increíble evolución durante las últimas décadas. Se han propuesto miles de ideas nuevas, nuevos modelos de lenguaje… ¡La inteligencia artificial! Buena parte de los avances que han acabado en ChatGPTs, por decir uno obvio, se han logrado gracias a la comprensión del cerebro humano. Además, aunque sí es verdad que pocas veces llegamos a conclusiones firmes en relación a la consciencia, por lo menos vamos descubriendo los porqués de nuestra mente, y eso, para mí, es más que suficiente. 

https://ethic.es/2023/06/entrevista-anil-seth/

domingo, julio 02, 2023

5 libros para iniciarse en la mirada filosófica

 

 Una selección que sirve para afianzar esa perspectiva capaz de mantener la curiosidad intelectual que nos define. Al fin y al cabo, según sostiene la pensadora Jeanne Hersch, «saber asombrarse es lo propio del ser humano».

La filosofía suele tenerse por una disciplina árida y compleja que no deja espacio para que cualquier tipo de público se inmiscuya en sus complicados vericuetos. Si bien es cierto que debemos diferenciar la filosofía académica o universitaria de la filosofía popular, también lo es que todos, sin excepción, nos planteamos a lo largo de la vida distintos interrogantes relacionados con los grandes temas de la historia del pensamiento: la muerte y la finitud, el amor, la espiritualidad y la religión, nuestra relación con los demás y con la sociedad, el uso de la tecnología y un interminable etcétera. En este sentido, y de alguna manera, todos hacemos filosofía, aunque no la practiquemos con la conciencia de estar filosofando.

Este último gerundio es fundamental.

Cuando Immanuel Kant inició uno de sus cursos, planteó una cuestión muy relevante: prefería mostrar a su alumnado el camino para que filosofaran antes que enseñarles filosofía. Esta última se encuentra repleta de sendas dogmáticas –es decir, cerradas, pero nunca definitivas–, que intentan presentarnos el mundo en y como un sistema conclusivo de deducciones y convicciones. Por eso, defendía Kant, «lo primero de todo es hacer madurar el entendimiento y acelerar su desarrollo, ejercitándolo en juicios de experiencia y llamando la atención [del estudiante] sobre todo aquello que le puedan aportar las contrastadas impresiones de sus sentidos. […] En una palabra: [el profesor] no debe enseñar pensamientos, sino enseñar a pensar. Al alumno no hay que transportarle sino dirigirle, si es que tenemos la intención de que en el futuro sea capaz de caminar por sí mismo».

A continuación, sugiero cinco lecturas que, por la sencillez de su expresión, la hondura de sus planteamientos y las diversas temáticas que abordan, pueden ayudar a todo tipo de público a adentrarse en el asombro propio de la filosofía, en la peculiar mirada filosófica, caracterizada por la capacidad para vivir con «los ojos en pasmo», en expresión de Ortega y Gasset. Al fin y al cabo, como escribió la pensadora Jeanne Hersch, «saber asombrarse es lo propio del ser humano.

Meditaciones

Marco Aurelio

Este clásico de la historia del pensamiento fue redactado por el conocido como «emperador filósofo», continuador de la corriente estoica. En este libro, Marco Aurelio afronta la existencia –e invita a afrontarla– con un ánimo sosegado, intentando aportar a sus lectores algunas claves para alcanzar la ataraxia (o tranquilidad de ánimo). El autor estaba convencido de que una suerte de razón universal (un logos primigenio) había puesto en marcha el mundo y de que nosotros debemos adecuarnos al movimiento de dicho principio rector. La máxima a seguir, como en tantos pensadores de la Antigüedad, consiste en conocerse a sí mismo, al margen de la opinión de los otros sobre nuestra vida. No debemos dejar volar la imaginación, penando por el inamovible pasado o elucubrando sobre el incierto futuro: nuestra existencia transcurre en un presente que muchas veces dejamos escapar de nuestras manos como si de fina arena se tratara. Marco Aurelio desarrolla un tratado cercano y apasionante en el que analiza el influjo de nuestras pasiones y deseos y en el que invita a vivir conforme a los designios de la naturaleza. «Todo lo del cuerpo es un río; lo del alma, sueño y vapor; la vida, una guerra y un exilio, y la fama póstuma, olvido. ¿Qué es lo que nos puede guiar? Solo y únicamente la filosofía». 

El gran asombro.

La curiosidad como estímulo en la historia de la filosofía                                     de Jeanne Hersch.  

Una obra amena y muy accesible en la que la autora, de ágil pluma y profundos conocimientos, traza una historia de la filosofía en la que el asombro funciona como guía maestra. Desde la escuela de Mileto, con los primeros pensadores (denominados «presocráticos») o las escuelas jónica y eleática (Heráclito y Parménides), pasando por Platón o Aristóteles, la filosofía medieval, Descartes, Spinoza o Leibniz, Kant, Hegel o Comte, hasta llegar a Marx, Freud, Kierkegaard, Nietzsche o Heidegger, el volumen puede convertirse igualmente en una pieza clave para docentes de enseñanza media y universitaria. Como sostiene Hersch, «el asombro es esencial a la condición humana». Con este libro intenta que recuperemos esa capacidad de estupefacción para no conformarnos y perdernos en la violenta cotidianidad, pues el filósofo, en sus propias palabras, es el individuo «capaz de ir más allá de lo que parece evidente en la vida cotidiana para plantear preguntas fundamentales» que quizá nunca obtengan respuesta definitiva. Ahí, al fin y al cabo, reside la valentía que procura la filosofía. 

El existencialismo es un humanismo

de Jean-Paul Sartre (1905-1980), es uno de los títulos más célebres de la historia de la filosofía. Su importancia y actualidad no dejan de guardar una enorme vigencia, más aún en tiempos como los nuestros, de imperativos publicitarios y estímulos que espolean nuestra voluntad hasta convertirnos en marionetas que bailan al son de la mercadotecnia más perversa. La obra recoge la contundente conferencia que Sartre impartió en octubre de 1945, en la que esboza las líneas principales de su existencialismo. En ella nos sitúa ante el abismo de la libertad, en el meollo de la responsabilidad de elegir nuestro propio camino y de evitar la práctica de lo que denominó «mala fe»: buscar excusas que, como parapeto moral, intelectual y afectivo, justifiquen nuestras acciones, como si estas no dependieran de nosotros. Frente al quietismo y otras corrientes más o menos contemplativas y esencialistas, Sartre plantea su célebre «la existencia precede a la esencia»: la manera en que habitamos el mundo, el modo en que actuamos, es previo a cualquier categoría teórica (o, técnicamente, ontológica). Al nacer nos encontramos con la existencia, con la que tenemos que hacer algo: este es su punto de partida y desde el que nos invita a hacernos conscientes y, sobre todo, responsables de nuestro proyecto vital. «Lo que hace molestos a mis personajes es su lucidez. Saben lo que son y eligen serlo», llegó a comentar el francés acerca de alguna de sus novelas.

Carta a Meneceo y Máximas capitales, de Epicuro (341-270 a.C.).

Son textos muy breves en los que el fundador de la escuela homónima –el epicureísmo, una suerte de sobrio hedonismo– sitúa la felicidad como meta universal del ser humano. Epicuro vivió retirado del bullicio de la ciudad, rodeado de amigos (a los que otorgaba gran importancia) en un jardín en el que la comunidad epicúrea cultivaba sus propios medios de subsistencia. En ella, a través de un moderado placer, llevaba una mesurada existencia, presidida por el ahínco por saber y conocer. Fue una de las primeras escuelas filosóficas en aceptar mujeres entre sus filas, lo que la hizo muy popular y le granjeó no pocas críticas. Una de sus convicciones fundamentales es que «no podemos alcanzar una vida gozosa sin una [vida] sensata, bella y justa»; y sin embargo, tampoco podrá ser sensata, bella y justa sin que sea gozosa (es decir, placentera). Por tanto, lo más adecuado es practicar un modo de vida sencillo en el que no nos privemos de los placeres pero no acabemos siendo esclavos de ellos, de forma que podamos obtener la «imperturbabilidad del alma, ya que este es el fin de una vida dichosa».

La condición humana

Hannah Arendt (1906-1975), es considerado uno de los libros más importantes del siglo XX. En él, su autora, uno de los pilares de la historia del pensamiento político, escruta su presente a la luz de la experiencia del totalitarismo que, a su juicio, nos aísla en una insoportable y alienante soledad. En expresión de Arendt, «el totalitarismo no busca la dominación despótica sobre los hombres, sino un sistema en el que los hombres sean superfluos»: intercambiables, fútiles… es decir, innecesarios. En este título, de ardiente actualidad, la filósofa reivindica el valor de la palabra y de la acción pública como elementos indispensables para la relación entre individuos: «La pluralidad es la condición de la acción humana debido a que todos somos lo mismo, es decir, humanos, y por tanto nadie es igual a cualquier otro que haya vivido, viva o vivirá». Adquiere especial relevancia su análisis del hombre como animal laborans, es decir, de la dimensión laboral del ser humano en un momento histórico, como el nuestro, en el que todo parece estar destinado a la productividad y la rentabilidad… incluso nuestro tiempo libre.

Por su importancia en la historia de la filosofía, así como por tratarse de textos accesibles, también son dignos de mención La consolación de la filosofía, de Boecio; las Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social, de Simone Weil; la Ética a Nicómaco, de Aristóteles; o el compendio de ensayos Hacia un saber sobre el alma, de María Zambrano.

¿Y qué ocurre con el pensamiento oriental, del que se suele prescindir en este tipo de listas y recomendaciones? Para conocer esta corriente milenaria, en muchas ocasiones anterior a los primeros filósofos occidentales, pueden servir los siguientes libros: Tao Te King, de Lao Tse; Textos escogidos, de Confucio; o Textos escogidos, de Chuang Tse (este último muy recomendable, por su ironía, humor y su carácter metafórico y evocador). Por último, la lectura de los Upanishad hindúes también resulta muy enriquecedora, así como el poema épico Bhagavad Gita e incluso el conocido como Diálogo de un desesperado con su alma, procedente de Egipto y fechado en el siglo XXI a.C. 

Por último, si se prefiere la narrativa, hay varias novelas capaces de introducir al lector en complejos problemas que pueden ayudar a entrenar la mirada filosófica: 

El árbol de la ciencia, de Pío Baroja;

Martin Eden, de Jack London;

Las olas, de Virginia Woolf;

La montaña mágica o Doktor Faustus, de Thomas Mann;

Siddharta o Demian, de Hermann Hesse;

Los hermanos Karamázov o Memorias del subsuelo, de Dostoyevski;  

Frankenstein, de Mary Shelley.

Si se busca algo ameno y con contenido filosófico, el clásico de Jostein Gaarder, El mundo de Sofía, sigue siendo una obra recomendable y muy accesible, sobre todo cuando se parte de un «conocimiento cero» en filosofía. También están las novelas contemporáneas de Marcos Chicot, El asesinato de Sócrates y El asesinato de Platón, e incluso La maestra de Sócrates, de Laura Mas y, en fin, los ensayos Filosofía para una vida única, de Lammert Kamphuis y El arte de pensar, de José Carlos. 

https://ethic.es/2022/08/filosofia-cinco-libros-para-iniciarse-en-la-mirada-filosofica/


Hannah Arendt, Una voz que sigue resonando con fuerza

  

Francisco Javier Blázquez Ruiz



Nacida en Hannover (Alemania) en 1906, Hannah Arendt, hija de comerciantes judíos acomodados y secularizados, fue capaz de pensar su época examinándola con entera libertad, sin renunciar a un insobornable espíritu crítico.

Nacida en Hannover (Alemania) en 1906, Hannah Arendt, hija de comerciantes judíos acomodados y secularizados, fue capaz de pensar su época examinándola con entera libertad, sin renunciar a un insobornable espíritu crítico. A pesar de tener que exilarse por el ascenso del nacionalsocialismo, se convirtió en una de las teóricas políticas más relevantes del siglo XX.

Siendo adolescente, ya con 14 años había leído obras de Immanuel Kant. Su biografía, tan procelosa como apasionada, nos permite saber que en 1924 inició los estudios universitarios en Marburgo donde conoció a Martin Heidegger. Con él mantuvo una estrecha relación intelectual y sentimental. Después siguió estudiando filosofía en Friburgo, y obtuvo el doctorado en Heidelberg en 1928 con la tesis El concepto del amor en San Agustín.

Sin embargo, la persecución de los judíos impulsada por Adolf Hitler a partir de 1933, nada más llegar al poder, la obligó a trasladarse a París, donde trabajó activamente para ayudar a jóvenes judíos que aspiraban emigrar a Palestina. Cuatro años después, el régimen nazi le retiró la nacionalidad y vivió como apátrida hasta que obtuvo la nacionalidad estadounidense en 1951, gracias a la cual pudo desarrollar una intensa actividad profesional.

Periodista, profesora, intelectual

Además de ejercer como periodista sobre temas políticos y sociales en diversos medios de comunicación, Arendt fue profesora en las universidades de Nueva York, Chicago, Columbia y Berkeley. En 1959 se convirtió en la primera mujer que impartió docencia en la Universidad de Princeton. En todo momento defendió públicamente que «no hay pensamientos peligrosos. Pensar, en sí mismo, es peligroso».

A este respecto, el filósofo Hans Jonas, amigo personal y autor de la célebre obra El principio de responsabilidad, en la que criticaba abiertamente la evolución seguida por la ciencia moderna y los riesgos que conlleva el uso de la tecnología, se refería a ella afirmando: «Pensar era su pasión, y para ella pensar era una actividad moral».

Su condición de testigo de una época histórica, caracterizada por la violencia de las dos guerras mundiales durante la primera mitad del siglo XX, motivó que Arendt fuera muy consciente de la fragilidad de los derechos y de la vulnerabilidad a la que se veían sometidos permanentemente los ciudadanos. Los enemigos de la libertad cambian, pero no desaparecen, insistía una y otra vez. De ahí su determinación y compromiso intelectual con su tiempo.

Los enemigos de la libertad cambian, pero no desaparecen, insistía una y otra vez

Con la destreza propia de un cirujano, utilizaba su capacidad de análisis como si fuera un bisturí certero y preciso con el objetivo de diseccionar la realidad que la circundaba. Celosa de su integridad e independencia, Arendt no cedió a las presiones de su entorno cultural. Siempre rechazó identificarse con cualquier ideología, incluida la sionista.

Tanto sus palabras aceradas, que se convertían en dardos dirigidos a una diana siempre en movimiento, como sus frases incisivas parecían destellos que surgían a modo de «relámpagos de pensamiento». No es de extrañar que, con motivo de la fundación del Estado de Israel, afirmase sin ambages: «Nunca en mi vida he ‘amado’ a ningún pueblo o colectivo, ni al pueblo alemán, ni al francés, ni al norteamericano, ni a la clase obrera, ni a nada semejante. En efecto, solo ‘amo’ a mis amigos y el único género de amor que conozco y en el que creo es el amor a las personas».

Trabajadora infatigable, amén de escritora de pluma ágil, publicaba artículos semanales en The New Yorker a través de los cuales insistía en la relevancia de defender «el derecho a tener derechos». Entre sus obras principales destacan: La condición humana, Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal y Hombres en tiempos de oscuridad. 

El totalitarismo de ayer y hoy

En 1951 publicó Los orígenes del totalitarismo, un estudio exhaustivo en el que exponía tanto la génesis como el desarrollo histórico del antisemitismo, el imperialismo y los totalitarismos. A través de sus páginas evidenciaba la estrategia y argucias que habían seguido entonces los líderes de masas para conseguir la adhesión de acólitos con el fin de convertirlos en súbditos pasivos y silentes.

Era una estrategia nada distinta, por otra parte, de la que practican ahora numerosos dirigentes políticos, con frecuencia populistas, que tratan de seducir a los votantes con estratagemas y falsedades continuas. Como precisaba la pensadora alemana, antes de acceder al poder para «encajar la realidad en sus mentiras, su propaganda se halla caracterizada por su extremado desprecio por los hechos como tales».

En la actualidad, a pesar de haber transcurrido casi medio siglo desde su muerte, la voz de Arendt sigue resonando con fuerza. No es de extrañar que la profesora de Ética de la UNED, Amelia Valcárcel, considere que en los últimos años «nuestro mundo está siendo interpretado y entendido con sus categorías e ideas». De hecho, la mayor parte de los grandes temas objeto de estudio por parte del pensamiento político de nuestra época están presentes en la obra de Arendt.

Entre ellos cabe mencionar las propuestas que planteaba en Verdad y mentira en la política con el fin de evitar que los ciudadanos se vieran reducidos tan solo a la condición de empleados y consumidores, al tiempo que una especie de apatía moral se extendiera cada vez más entre la población.

Adelantada a su tiempo

Podría decirse que Arendt fue, en palabras de Friedrich Nietzsche, una especie de «parto prematuro». Y, sin embargo, a pesar de los avatares y adversidades que tuvo que afrontar a lo largo de su vida, hizo gala permanente de una impecable autonomía a la hora de defender sus principios morales. De ahí que ni su criterio personal ni el espíritu crítico que regían sus decisiones palidecieran en ningún momento. 

De hecho, a pesar de recibir con el paso del tiempo diversos premios y homenajes por el rigor y profundidad de sus obras de teoría política, tanto en varios países europeos como en Estados Unidos, fue consciente de que «nada es más transitorio en nuestro mundo, menos estable y sólido, que esa clase de éxito que trae consigo fama; nada acontece más deprisa y más rápidamente que el éxito».

Cuando el actual presidente de EE. UU., Joe Biden, comenzó su primer mandato como senador, escribió a Hannah Arendt el 28 de mayo de 1975 para pedirle una copia de Verdad y mentira en la política. Ahí la escritora analizaba las mentiras que generaba la maquinaria de la publicidad, así como la influencia del marketing en la manipulación de la vida política. El ensayo también anticipaba la eclosión y proliferación indiscriminada de las fake news.

Una muestra elocuente de su lucidez quedó reflejada en uno de sus últimos diarios, donde la pensadora alemana escribió: «La muerte es el precio que pagamos por la vida que hemos vivido. Es de miserables no querer pagar ese precio».

Francisco Javier Blázquez Ruiz es catedrático de filosofía del derecho, bioética e Inteligencia artificial en la Universidad Pública de Navarra. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

https://ethic.es/2023/06/hannah-arendt-una-voz-que-sigue-resonando-con-fuerza/ 


El jinete del cubo

 

Franz Kafka

 Consumido todo el carbón; vacío el cubo; la pala, sin sentido ya; la estufa respirando frío; el cuarto lleno del soplo de la helada; ante la ventana, árboles rígidos de escarcha; el cielo, un escudo de plata contra aquel que le pida ayuda.

Necesito carbón; no debo congelarme; detrás de mí la estufa despiadada, ante mí, el cielo igualmente despiadado: deberé cabalgar entre ambos y en medio de ambos pedir ayuda al carbonero. Pero ante mis súplicas habituales él se ha endurecido ya; debo probarle exactamente que no me queda ni el más leve polvillo de carbón y que, por lo tanto, él es para mí como el sol de los cielos. Debo actuar como el mendigo hambriento que decide expirar en el umbral de la puerta y a quien, por eso, la cocinera de los señores se decide a dar el poso del último café; así también, furioso, pero a la luz del mandamiento «no matarás», el carbonero tendrá que echarme una palada en el cubo.

Mi ascensión lo va a decidir; por eso voy hacia allí montado en el Jinete del cubo, y puesta la mano en el asa, riendas harto sencillas, desciendo penosamente la escalera; pero una vez abajo, mi cubo asciende; ¡magnífico!, ¡magnífico!; los camellos echados en tierra no se levantan sacudiéndose con más belleza bajo el palo del guía. Marchamos al trote por la callejuela helada; con frecuencia me veo alzado hasta el primer piso; nunca llego a descender hasta la puerta de la calle.

Ante el abovedado sótano del carbonero floto a extraordinaria altura, en tanto él, allá abajo, escribe, encogido ante su mesita; ha abierto la puerta para dejar salir el calor excesivo.

–¡Carbonero! –grito, con voz hueca, quemada por el frío y oculto por las nubes de mi aliento lleno de humo–, por favor, carbonero, dame un poco de carbón. Mi cubo está vacío, ya no puedo cabalgar sobre él. Sé bueno. Tan pronto pueda, te pagaré.

El carbonero se lleva la mano al oído.

–¿Oigo bien? –pregunta por sobre el hombro a su mujer, que teje sentada en el banco de la chimenea–, ¿oigo bien? Un cliente.

–No oigo nada –dice la mujer, respirando con tranquilidad por encima de las agujas de tejer, con un agradable calor en la espalda.

–¡Oh, sí! –exclamo–. Soy yo; un viejo cliente; un seguro servidor; sólo que momentáneamente sin medios.

–Mujer –dice el carbonero-, ahí hay alguien, hay alguien; no puedo equivocarme hasta ese extremo; tiene que ser un cliente antiguo, muy antiguo, para que así me hable al corazón.

–¿Qué te pasa hombre? –dice la mujer, y aprieta su labor contra el pecho, descansando por un instante–. No hay nadie, la calle está vacía y toda nuestra clientela está ya servida; podemos cerrar el negocio por unos días y descansar.

–Pero yo estoy aquí, sobre el cubo –grito, e insensibles lágrimas de frío velan mis ojos–. Por favor, aquí arriba; me veréis en seguida; tan sólo una palada; y si me dierais dos, me haríais más que feliz. Toda la clientela está ya provista. ¡Ah, si pudiera oírlo sonar ya en el cubo!!

–Voy –dice el carbonero, y quiere subir la escalera con sus cortas piernas, pero la mujer está ya junto a él, le coge por el brazo y dice:

–Tú te quedas. Si no desistes de tu testarudez, seré yo quien suba. Acuérdate de tu tos. Pero por un negocio, aunque sólo sea imaginario, olvidas mujer e hijo y sacrificas tus pulmones. Iré yo.

–Entonces dile todas las clases que hay en depósito; yo te cantaré los precios.

–Bueno –dice la mujer, y sube hacia la calle. Como es natural, me ve en seguida.

-Señora carbonera –exclamo–, la saludo; sólo una palada de carbón; aquí, en seguida, en el cubo; yo mismo lo llevaré a casa; una palada del peor. La pagaré toda, claro está, pero no ahora, no ahora.

¡Qué tañido de campanas son esas dos palabras, «no ahora», y qué turbadoras para los sentidos que se mezclan al toque del reloj que precisamente me llega desde la cercana torre de la iglesia!

-¿Qué es, pues, lo que quiere? -exclama el carbonero.

–Nada –le replica la mujer–, no hay nadie; no veo nada, no oigo nada; sólo están dando las seis y nosotros cerramos. Hace un frío terrible; es probable que mañana tengamos mucho trabajo aún.

No ve nada, no oye nada, y sin embargo, suelta la cinta de su delantal y procura alejarme con él. Por desgracia lo consigue. Mi cubo tiene todas las desventajas de un animal de silla; carece de fuerzas para resistir; es demasiado liviano; un delantal de mujer obliga a sus patas a dejar el suelo.

–¡Mala mujer! –grito aún, mientras ella, volviéndose hacia el negocio, entre despreciativa y satisfecha, hace un gesto en el aire con la mano-. ¡Mala! Te pedí una palada del peor y no me la has dado.

Y así me elevo a las regiones de las cordilleras de hielo y me pierdo de vista para siempre.