lunes, mayo 01, 2023

OpenAI trabaja en GTP4-32K

Más caro y cuatro veces más potente que su predecesor


                                                 

Tras el reciente lanzamiento de ChatGPT con GPT-4, OpenAI trabaja en una modalidad que cuadruplicará la potencia de su predecesora, pudiendo trabajar hasta con 24.000 palabras: GPT-4 32K.

OpenAI ya trabaja en un modelo superior a GPT-4, el GTP4 32K. Si bien el modelo actual puede trabajar con 6000 palabras, el nuevo GTP4-32K, chatbot en esteroides respecto a su predecesor, lo podría hacer con hasta 24000.  

GPT-4 tiene un 82% menos de probabilidades de responder a solicitudes de contenido no permitido y un 40 % más de probabilidades de producir respuestas basadas en hechos en comparación con GPT-3.5”, según las evaluaciones internas realizadas por OpenAI y, la nueva versión promete mucho más.

La propia directora de tecnología de OpenAI admite que ChatGPT tiene que ser regulado por las autoridades

¿Aprueba ChatGPT el test de Turing?

La principal distinción entre ambas versiones radicará en la cantidad de tokens que usan para procesar los datos.

Es importante recordar que los modelos GPT organizan, miden y procesan información mediante unidades básicas conocidas como tokens, los cuales son secuencias de caracteres. En el idioma inglés, se estima que un token equivale a 4 caracteres.

En este sentido, lo fundamental radica en el contexto capaz de entender el chatbot. Por ejemplo, será factible ingresar el código completo de una aplicación en una plataforma basada en este modelo, permitiendo a la IA identificar errores y sugerir mejoras. También será posible analizar documentos extensos para crear un resumen detallado con la herramienta inteligente.

Mayor potencia a cambio de más precio

Como era de esperar, el precio de GPT-4 32K será más elevado que en la versión básica. En términos generales, el costo se duplicará en comparación con la versión anterior.

Si consideramos que el precio actual de ChatGPT con GPT-4 por cada 1,000 tokens es de unos 0.06 dólares, el uso de un prompt que utilice toda la capacidad de GPT-4 32K tendría un precio cercano a los 2 dólares por indicación de similares características, un precio que puede resultar muy elevado para el uso particular.

Sin embargo, este puede ser un precio aceptable para muchas empresas, plataformas, desarrolladores y usuarios profesionales que buscan maximizar su rentabilidad en función de los recursos y tiempo invertidos en sus proyectos. 

Además, estos nuevos ingresos, de tornarse en ganancias reales para Open AI, podrían significar un mejor y mayor desarrollo de la propia tecnología. En este sentido, recordamos que la desarrolladora se mueve en un escenario en que le cuesta ingentes cantidades de dinero mantener funcionando el chatbot y en el que se enfrenta a retos legales en Europa.








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7° C. Sociales Plan Mejoramiento PDF

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Las otras vidas de Sartre



Creo que no se equivoca Noudelmann cuando afirma que «los autores que amamos son también personajes» para añadir a continuación, con el objeto de ilustrarlo con un ejemplo incontrovertible, que «Stendhal no es menos personaje que Julien Sorel o Lucien Leuwen».

Ricardo Labra

Ciertamente, Sartre es uno de esos autores que ha logrado transcender su propia obra y al que cualquier escritor recurre cuando se pone a reflexionar sobre su propio oficio o a intentar pergeñar una poética. Sartre siempre aparece por alusión o elisión, como cita obligada por la huella que ha dejado en sucesivas generaciones de escritores. Su ensayo ¿Qué es la literatura?, publicado en 1948, fue todo un aldabonazo para los escritores de nuestra posguerra, especialmente para los poetas.

Las preocupaciones trasladadas por Sartre sobre la condición humana, la libertad y la responsabilidad individual, obligaron a los poetas españoles a replantearse no sólo la función de su escritura, sino el grado de compromiso y de responsabilidad social de su poesía. La poética de la primera generación de posguerra -Gabriel Celaya, Blas de Otero, etc.- hunde sus más significativos supuestos en los planteamientos sartreanos, pero es sobre todo en la poética de la segunda generación de posguerra, la de los poetas o grupo del 50 -Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, etc.-, donde este influjo adquiere relieves más complejos y sustantivos sobre las implicaciones de la comunicación, el conocimiento y el compromiso en la escritura poética.

El artículo de El tiempo del lector (1953) -posteriormente desarrollado en libro en La hora del lector (1957)- de José María Castellet, tan relevante para dilucidar la función del lector dentro del proceso creativo no podría entenderse sin una lectura apasionada del ensayo sartreano. Este planteamiento tuvo una evidente influencia en la poética generacional esbozada por Carlos Barral en su artículo de la revista Laye «Poesía no es comunicación», en donde afirma que: «[l]a lectura poética consiste en un verdadero acto poético, como el del creador, si bien de otro signo con relación al poema».

«El esfuerzo por demostrar que «Sartre despreciaba la política mientras estaba escribiendo sus análisis más virulentos» resulta, cuanto menos, arriesgado».

La influencia de Sartre en los poetas españoles de posguerra no deja de resultar paradójica, ya que el filósofo y escritor francés señala en su ensayo —¿Qué es la literatura? — que el lenguaje poético, por su naturaleza objetual, deja fuera a los poetas del campo de la literatura comprometida y del realismo engagée.

Desde Luego, Sartre no logró dejar fuera de la literatura engagée a los poetas españoles, como tampoco François Noudelmann logra en su atípico bosquejo biográfico publicado por ediciones de subsuelo, por mucho que intente mostrar Un Sastre muy distinto, alejar o tamizar el compromiso político del pensador y escritor francés.

El planteamiento seguido por François Noudelmann para presentarnos Un Sastre muy distinto al que le aburre la política y le gusta vagabundear como un turista, se fundamenta en una supuesta dicotomía entre «el militante y el trovador» que al parecer «conviven en la personalidad de Sartre y a menudo entran en conflicto tácito y destructor». O lo que es lo mismo, lo que viene a decirnos el profesor Noudelmann es que el autor de La imaginación no era un ser monolítico, de una sola pieza, sino que se correspondía más, a pesar de sus peculiaridades, con la poliédrica personalidad que suele caracterizar a los seres humanos. Ya sabemos, extremando las cosas, que el verdugo puede ser un tierno padre de familia o que detrás del más despiadado tirano puede haber un sensible melómano y que, por lo tanto, los contrastes están a la vuelta de la esquina de cualquier biografía.

El esfuerzo por demostrar que «Sartre despreciaba la política mientras estaba escribiendo sus análisis más virulentos» resulta, cuanto menos, arriesgado. Estas deducciones parciales, casi sinecdóticas, en las que se toma la parte por el todo, recuerdan las que el filósofo y escritor francés plantea irónicamente en La Náusea con el personaje del Autodidacta de la biblioteca de Bouville. El conocimiento del Autodidacta, aunque seguía metódicamente un plan para conocer la totalidad del universo -«[p]as[ando] brutalmente del estudio de los coleópteros a la teoría de los cuanta»-, no sobrepasaba todo lo que excedía la “L”, la letra a la que su riguroso orden alfabético había llegado, por lo que tenía «almacenado en su cabeza la mitad de lo que sabe».

«La frígida relación -solo ardiente intelectualmente- con Simone de Beauvoir es bien conocida».

No obstante, en este juego de mitades al que nos somete las indagaciones del profesor Noudelmann, pueden seguirse algunos hilos de la urdimbre que configuran la compleja personalidad del filósofo y escritor francés, como su relación con las mujeres.

Significativamente, casi las podía observar o controlar desde el balcón de su ventana: «Simone de Beauvoir, en la rue Schcelcher; Arlette Elkaïm, en la rue Delambre; Michelle Vian, en el boulevard de Montparnasse; Wanda KosaKiewicz, en la rue du Dragon». En esta relación también cabe incluir a las mujeres que amó en otras tierras lejanas, como «Dolorès Vanetti en Estados Unidos, Lena Zonina en la URSS, Hélène Lassithiotakis en Grecia…», con las que mantenía un estrecho contacto epistolar. En este aspecto, como señala agudamente el autor de esta biografía, su «comportamiento polígamo no tiene nada de excepcional y confirma el reparto de los géneros, el hombre moderniza la tradición del harén por medios no coercitivos».

La frígida relación -solo ardiente intelectualmente- con Simone de Beauvoir es bien conocida, pero lo más interesante, y menos tratado hasta la fecha, es la compleja relación que bordea el tabú del incesto con la joven estudiante argelina Arlette Elkaïm, a la que el intelectual francés acabó adoptando. Una compleja relación en la que Noudelmann profundiza, con sensibilidad e inteligencia, y que es, en mi opinión, la aportación más importante en esta recensión biográfica.

«Este Sartre que Noudelmann nos quiere ofrecer tan distinto, cuando no contradictorio, vuelve siempre a ser el gran intelectual que fue y sigue siendo».

Otro aspecto que el biógrafo aborda son las adicciones del autor de las Situaciones. Sartre experimentó con varias drogas con el objeto de potenciar su creatividad y el rendimiento de su escritura. La mescalina, aunque le ocasionó un trastorno alucinatorio que le persistió varios meses, le proporcionó algunas de las imágenes que utiliza en La Náusea. El filósofo y escritor francés tenía una olímpica fe en el poder de la razón, llegando a creer «que se podía delirar y al mismo tiempo observar el delirio». Otra sustancia de la que abusó Sartre, y que acabo produciéndole graves consecuencias para su salud es el Corydrane (una mezcla de anfetamina y de aspirina), bajo cuyos efectos escribió la magna Crítica de la razón dialéctica. Junto al Corydrane, cabe destacar entre sus adicciones, el alcohol -era un insaciable bebedor de whisky- y el tabaco, célebres son sus fotografías con un Boyards en los labios.

Pero curiosamente, este Sartre que Noudelmann nos quiere ofrecer tan distinto, cuando no contradictorio, vuelve siempre a ser el gran intelectual que fue y sigue siendo, inmerso en su insobornable «pasión por conocer a los hombres» y por encarnar una conciencia de la humanidad.

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Autor: François Noudelmann. Título: Un Sartre muy distintoTraductora: Laura Claravall. Editorial: Ediciones del Subsuelo. 


















Byung-Chul Han: filosofía para problemas posmodernos

El filósofo coreano se ha convertido en una de las grandes voces de la contemporaneidad reflexionando sobre temas que hasta ahora no existían.

 
Ariadna Romans i Torrent
Politóloga y filósofa


La filosofía tiene como principal objetivo responder a los retos y dudas más urgentes de nuestras sociedades. Quiénes somos, por qué actuamos como actuamos, cuál es la finalidad de la vida o qué da sentido a nuestra existencia son algunas de las grandes preguntas de la Historia de la Filosofía en mayúsculas. Las últimas décadas han sido especialmente intensas: la carrera tecnológica, los procesos de democratización de la mayoría de países del mundo, el aumento de la conciencia del cambio climático o movimientos sociales como los feminismos y el antirracismo han comportado grandes cambios sociales que no pueden resolverse contando únicamente con las técnicas clásicas del pensamiento humano. Por este motivo, hemos necesitado no sólo nuevas voces, que es algo propio de cada época histórica, sino también la aparición de pensadores y filósofos que reflexionen sobre los temas que hasta ahora no existían. Uno de los que lo ha hecho de forma más brillante ha sido el filósofo de origen coreano Byung-Chul Han.

Nacido en 1959 en Seúl (Corea), Han es una de las grandes voces de la contemporaneidad. Han es ensayista y crítico cultural, y sus contribuciones engloban temáticas relacionadas con lo que ya se conoce como el capitalismo tardío o posmodernismo, es decir, el estadio donde el capitalismo, consolidado como sistema hegemónico mundial, ha empezado a generar, por sí solo, nuevos problemas que representan el centro de nuestras agendas políticas, económicas y sociales. Han nació en Corea y se trasladó a Alemania para estudiar filosofía, literatura comparada y teología en la Universidad de Friburgo. Allí mismo se doctoró con una tesis sobre Martin Heidegger, un filósofo de quien hablaremos en otra ocasión, pero probablemente es de él de quien se nutre de la comprensión de la existencia humana. Si algo es propio de su comprensión de nuestra sociedad es el hecho de que Han, lejos de escribir textos enrevesados, escribe en ensayo. La vida dentro del poscapitalismo cambia tan rápido que escribir en otro formato sería una incoherencia. Desde 2010 ha publicado más de una veintena de ensayos donde critica a la sociedad capitalista occidental a partir de conceptos como la transparencia, el cansancio, la cultura de trabajo o la comprensión del poder y la violencia. La editorial Herder les ha traducido algunos de sus títulos como Psicopolítica (2014), La sociedad del cansancio (2015), Sobre el poder (2016) o Caras de la muerte (2020). 

Han se ha convertido en una figura de referencia del pensamiento filosófico moderno no sólo por la manera de desgranar los problemas que nos afectan a diario, sino también por ponerles nombre y proveernos de un concepto para referirnos a estos. Como profesor de la Universidad de las Artes de Berlín (UdK) o la Hochschule für Gestaltum (HfG) de Karlsruhe, el pensador expone de una manera clara, sencilla y comprensible la forma en que las circunstancias de nuestro contexto capitalista y posmoderno afectan a nuestra forma de vivir, de manera individual o en sociedad. Su valor reside en la forma de interpelar los tiempos presentes desde los aprendizajes de los tiempos pasados. Han dialoga con los clásicos y los actualiza. Y en este proceso se relaciona también con el resto de propuestas filosóficas, ofreciendo un marco desde el que crear, pensar e innovar filosóficamente.

Pensadores como Han son el futuro de la filosofía. En lugar de anclarse a conceptos eternos, Han se centra en las novedades de nuestras vidas que nos inquietan y nos afectan. Su tarea de filósofo es un bálsamo que nos permite situarnos y hacer introspección desde un nuevo sitio, desde el lugar impersonal, frío, mecanizado y alienado en el que nos ha situado el capitalismo posmoderno. Un relato que interpela y despierta a aquellos humanos adormilados por un sistema que los ha encerrado para hacerles esclavos de sí mismos.

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Primer Periodo 2023




Manual de Convivencia 2022

 Institución Educativa 

Octavio Harry - Jacqueline Kennedy


"Creemos en lo nuestro, forjamos futuro"




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domingo, abril 30, 2023

Autoridades estadounidenses proponen que se prohíba que una IA pueda lanzar armas nucleares


 La regulación del uso y desarrollo de la inteligencia artificial es un tema muy polémico en la actualidad

Autoridades de Estados Unidos han presentado un proyecto de ley que impediría que una inteligencia artificial pueda lanzar armas nucleares. La propuesta indica que este tipo de decisiones sean realizadas únicamente por humanos, además de ser un primer paso para regular la IA.


“La política del Departamento de Defensa estadounidense ya prohíbe que la inteligencia artificial lance armas nucleares de forma autónoma. Pero en medio de los crecientes temores de la IA provocados por una plétora de amenazas potenciales, un grupo bipartidista de legisladores ha decidido asegurarse doblemente de que no podrá”, reporta The Verge.

El proyecto de ley impediría que se financie un lanzamiento nuclear si las decisiones no son tomadas por personas. “Como se anunció a principios de esta semana, el Senador Edward Markey (D-MA) y los Representantes Ted Lieu (D-CA), Don Beyer (D-VA) y Ken Buck (R-CO) presentaron la Ley de Lanzamiento Nuclear en Bloque por IA Autónoma, que ‘prohibiría el uso de fondos federales para lanzar un arma nuclear utilizando un sistema de armas autónomo que no esté sujeto a un control humano significativo’”, agrega.

Este proyecto es parecido a la regla actual del Pentágono, las cual dice lo siguiente: “En todos los casos, Estados Unidos mantendrá un ser humano ‘al tanto’ de todas las acciones críticas para informar y ejecutar las decisiones del presidente para iniciar y terminar el empleo de armas nucleares”.

Incluso, esta propuesta significaría que cualquier decisión ligada a un lanzamiento de arma nuclear sea realizara por un humano. “El proyecto de ley, de la misma manera, dice que ningún sistema autónomo sin una supervisión humana significativa puede lanzar un arma nuclear o ‘seleccionar o atacar objetivos’ con la intención de lanzar uno. ‘Cualquier decisión de lanzar un arma nuclear no debe ser tomada por inteligencia artificial’, dice el texto”, afirma.

Pero, si ya había una regla que impedía el uso de la IA para lanzar armas nucleares, ¿por qué reafirmarla? Al crear una ley, no solo se prohibiría en todo aspecto que la inteligencia artificial tome este tipo de decisiones, sino que también impulsaría a que otras potencias, como Rusia o China, hagan lo mismo para evitar un posible accidente.

https://www.eleconomista.net/tecnologia/Autoridades-estadounidenses-proponen-que-se-prohiba-que-una-IA-pueda-lanzar-armas-nucleares-20230429-0010.html


Heródoto y el declive de nuestra civilización

BAÚL DE BULOS

JOHN WILLIAM WILKINSON

30/04/2023 06:00


Los avances tecnológicos, pese a cierta resistencia por parte de algunos a la hora de abrazarlos, acostumbran con el tiempo a conquistar a todos. Ahora bien, por muy ventajosos que sean, no siempre entierran a avances anteriores bien asentados. Ni siquiera los videos mataron a la estrella de la radio, pues hasta hace bien poco había sito para todos.


Pero en esas irrumpió en escena la revolución digital, que no sólo va camino de cambiar las reglas de juego, sino a decidir quién manda en este mundo tan caóticamente globalizado.

El vencedor, si es que hay alguno, pretenderá dominar todo nuestro planeta. Las dos grandes potencias, Estados Unidos y China, miran hacia el futuro, mientras que Rusia se abstrae, mediante una absurda y anacrónica guerra en Ucrania, pensando en recuperar un pasado tan fantasioso como irrecuperable.

En cuanto a la UE, qui lo sa?, pues en cualquier momento podríamos volver a las andadas, que nadie lo dude.

Existen indicadores que señalan que ha comenzado a declinar la hegemonía que Occidente viene ejerciendo con mano de hierro y superioridad tecnológica a lo largo de más de 500 años. Es ley de vida. Ninguna potencia es eterna, como tampoco lo son las religiones, ideologías, lenguas o naciones, por no hablar de la diversidad de especies que pueblan el planeta.

Cuenta Heródoto (484 - 425 a.C.), en el libro II de sus Historias, de la llegada de jonios y carios a un Egipto que está a punto de ser dominado por un tal Psamético. Éste, al ver la superioridad guerrera de estos saqueadores extranjeros armados con bronce, toda una novedad en el país del Nilo, entabla amistad con ellos, y a cambio de su apoyo les promete que les recompensará con la entrega de unos terrenos para habitarlos. Además, explica Heródoto, “les confió unos niños egipcios para que les enseñaran la lengua helénica; y de los que aprendieron la lengua son descendientes los actuales intérpretes de Egipto”.

Mas estos helenos no sólo vestían armaduras de bronce sino que poseían un arma que habría de iniciar el declive del poderío del Imperio egipcio, a saber, un alfabeto. Gracias a estos intérpretes helenos, continúa Heródoto, “conocemos con exactitud todo lo acaecido en torno a Egipto, comenzando desde el rey Psamétrico y lo de después, pues ellos fueron los primeros de otra lengua que se instalaron en Egipto. […] Psamétrico, pues, de esta manera dominó Egipto”.

La revolución digital se basa en una lengua -o lenguaje- que va camino de universalizarse, si es que aún no lo hecho. Quien la domina, dominará el mundo. Lo curioso es su tendencia a emular los jeroglíficos de los antiguos egipcios, tal como son, sin ir más lejos, los emoji, que todos utilizamos.

Se calculó en el 2017 que ya existían en circulación unos 2.666 emoji estandarizados. No está nada mal si se comparan con los mil jeroglíficos egipcios conocidos. Y quienes nadan como pez en el agua en eso de pictogramas son precisamente los chinos, que ya van camino de desbancar a los caprichosos megamillonarios infantiles de Silicón Valley.

¿Será la IA la que le da la puntilla definitiva a nuestra civilización? Con la que está cayendo, cada vez cuesta más zafarse de la sensación de que estamos rodeados de “nuevos helenos” a quienes les importa un pepino la suerte de nuestra imperfecta pero amada civilización.

Los avances tecnológicos, pese a cierta resistencia por parte de algunos a la hora de abrazarlos, acostumbran con el tiempo a conquistar a todos. Ahora bien, por muy ventajosos que sean, no siempre entierran a avances anteriores bien asentados.

https://www.lavanguardia.com/cultura/20230430/8929970/herodoto-declive-nuestra-civilizacion.html


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viernes, abril 21, 2023

El filósofo que te hará creer de una vez por todas que vivimos en una simulación informática


 








Ideas en torno a la Matrix

David Chalmers, una 'rock star' del pensamiento de nuestro tiempo, publica un libro en el que argumenta por qué en el futuro no habrá una distinción entre mundo físico y mundo virtual

                                                                                   Por Enrique Zamorano


En 'A Glitch in the Matrix' (documental), aparecía el testimonio de Joshua Cooke, un joven de 19 años que después de asesinar a sus padres a sangre fría se delataba a la policía confesando lo que había hecho porque creía que estaba en una especie de universo paralelo. Cuando entraron en su casa y se le encontraron en la escena del crimen, los agentes descubrieron que estaba obsesionado con la película 'Matrix'. Esta historia real parece la típica entre un millón en la que una persona aquejada de trastornos mentales sufre una crisis y provoca una circunstancia trágica en su entorno. En este caso, Cooke estaba tan inmerso en las teorías de la pastilla azul y la roja, que no dudó en apretar el gatillo para convencerse de que en verdad no estaba viviendo una simulación. 

Lo cierto es que no es el único caso criminal en el que alguien usa en su defensa la película como desencadenante de un homicidio. En Estados Unidos, ha habido al menos otros tres casos similares en los que un asesino ha utilizado como defensa ante los jueces y la policía tener certezas de que efectivamente vivimos en una simulación informática. 

Cuando el caso saltó a los medios de comunicación, la productora de la película declaró que "cualquier intento de vincular los crímenes de Joshua con la película es inquietante e irresponsable". Como es lógico, ningún guionista o director de cine tiene la culpa de que alguien use los argumentos filosóficos de su obra para cometer un acto tan vil. Más tarde volveremos al caso de este joven de 19 años, pero ahora detengámonos en el documental que rescata su testimonio, el cual suscitó cierta polémica al ser uno de los muchos productos culturales que parecen querer convencernos de que la famosa hipótesis de la simulación de Nick Bostrom, formulada hace ya casi veinte años, es completamente cierta: a medida que progresen las tecnologías de realidad virtual (VR) y realidad aumentada (AR), llegaremos finalmente a la conclusión de que nuestra vida, el universo y en definitiva, todo lo que nos envuelve y lo que sentimos, responde a una especie de programa de ordenador ejecutado por una supercomputadora.

 "Nunca podremos probar que no estamos en una simulación porque cualquier evidencia de la realidad ordinaria podría simularse". 

A decir verdad, las ideas de 'Matrix' no son originales, pues la duda ontológica de si en verdad nuestra vida se sustenta en la realidad o en una simulación viene de muy atrás. Desde la teoría de la caverna de Platón hasta los estribillos de Freddie Mercury, la sospecha de que lo que sentimos como real sea una ilusión, un sueño o precisamente un programa de ordenador, ha impregnado las grandes preguntas filosóficas a lo largo de toda nuestra historia. Ahora, el debate está más candente que nunca, debido en parte a que nunca antes habíamos conseguido un desarrollo tecnológico tan avanzado, y también a raíz de las innumerables versiones y revisiones cinematográficas que se han hecho del argumento del 'film', que a su vez bebe de los grandes autores de la ciencia ficción del siglo XX como Phillip K. Dick.

Objetos físicos o virtuales: ¿qué más da?

Uno de los pensadores actuales más importantes del mundo, David Chalmers, profesor de la Universidad de Nueva York, conferenciante TED y estrella del rock de la filosofía, como le definen en algunos medios, está decidido a zanjar esta duda para siempre y encaminarnos hacia un futuro en el que ya ni siquiera la pregunta por 'la verdadera realidad' exista, sino que simplemente terminemos por existir en una especie de mundo entre lo físico y lo virtual, hasta el punto de que no tengamos ni la capacidad ni la necesidad de establecer una diferenciación o sesgo entre cada uno de los objetos que se nos rodean (por objeto entendemos desde una mesa hasta la idea de Dios). Esto quiere decir, groso modo, que si en el futuro tu novia es producto de un algoritmo -como sucede en películas como 'Her'- su naturaleza artificial ya no te supondrá un quebradero de cabeza o un problema: lo aceptarás como real de la misma forma que ahora ves un árbol en cualquier calle, sin sospechar que sea una ilusión.

 "Dentro de un siglo habrá realidades virtuales que no se podrán distinguir del mundo físico"

 "Las simulaciones no son ilusiones", escribe Chalmers en su nuevo libro, 'Reality+: Virtual Worlds And The Problems of Philosophy' (W. W. Norton & Company, 2022). "Los mundos virtuales son reales. Los objetos virtuales son reales. No son lo mismo que los objetos no virtuales, pero una silla virtual se crea por procesos digitales, al igual que una silla física está hecha de átomos y de quarks. Nunca podremos probar que no estamos en una simulación hecha por ordenador porque cualquier evidencia de la realidad ordinaria podría simularse".

En realidad, las teorías de Chalmers no son para nada disparatadas. La emergencia del mundo virtual y su definitiva fusión con el físico cada vez está más cerca. No solo por la cantidad de productos y empresas que están apareciendo en los últimos meses (el metaverso de Facebook, las gafas de realidad aumentada...), sino por todas las situaciones que también nos han hecho llegar hasta aquí y, poco a poco, han determinado nuestra manera de actuar en la realidad (entendida ya como el conjunto de objetos físicos y virtuales). Sin ir más lejos, las cuarentenas experimentadas por la pandemia de coronavirus nos hicieron trasladar nuestra vida física a las pantallas. Así lo comprende el periodista Jason Kehe en un interesante artículo publicado en la revista 'Wired' en el que repasa las teorías de Chalmers y ve un proceso histórico lógico según el cual cada vez hemos ido aceptando más esas imágenes virtuales como parte de nuestro mundo físico, hasta el punto de ser indistinguibles.

"A medida que avanza la tecnología, las lentes de realidad aumentada pueden ser reemplazadas por implantes de retina o en el propio cerebro", argumenta Kehe. "Una interfaz cerebro-ordenador permitiría pasar por alto nuestros ojos y otros órganos de los sentidos, brindando acceso a una amplia gama de experiencias sensitivas simuladas. Esto transformará la forma en la que vivimos, trabajamos y pensamos". Tomando otra sentencia del libro de Chalmers: "Supongo que dentro de un siglo tendremos realidades virtuales que no se pueden distinguir del mundo no virtual".

Lo virtual y lo real: ¿qué más da?

El primer pensamiento que nos viene a la cabeza a la hora de pensar en un mundo en el que esta realidad virtual haya penetrado tanto en la física es verla como una especie de escapismo. De hecho, es el conflicto recurrente al que se enfrentan los protagonistas de las narraciones literarias y cinematográficas futuristas que tanto abundan en estos tiempos: no, el mundo físico sigue teniendo total hegemonía sobre el virtual, ya solo por la idea de que todos los mundos virtuales posibles emanan de los seres humanos que habitan en una realidad física e irrepetible. Y precisamente creer lo contrario, dar más primacía a lo virtual, es lo que aboca a los protagonistas de estas series al fracaso o a la destrucción.

La realidad virtual tendrá la capacidad de alterar nuestras percepciones hasta el punto de no poder distinguir qué es lo físico y qué lo digital

 

Jugar a ser dioses tiene su contrapartida. Entonces, se tiende a ver lo virtual como una vía de escape al que se recurre para salir de lo real. ¿Acaso las videollamadas que hacíamos con nuestros familiares y amigos eran una vía de escape? Hay muchas formas de verlo, pero lo cierto es que estas no eran más que una prolongación de nuestra vida física dentro de una pantalla. ¿Qué sucedería en una hipotética futura pandemia en la que en vez de una pantalla tuviéramos disponible un sistema informático capaz de crear ilusiones físicas y sensoriales tan potentes que pudieran alterar nuestra percepción del tiempo y del espacio, haciéndonos creer que a pesar de estar solos en un lugar concreto pudiéramos estar donde quisiéramos y con quién quisiéramos?

¿Quién es el Gran Programador de nuestro mundo? ​

¿Seguiríamos viéndolo como una forma de escape irreal e ilusoria? Del mismo modo en que las gafas de realidad aumentada 3D nos inducen de una sensación de vértigo o mareo a pesar de que estemos sentados en una silla, la realidad virtual tendrá la capacidad de alterar nuestras percepciones visuales, olfativas, auditivas y táctiles hasta el punto de no poder distinguir qué es lo físico y qué lo digital, pues ambas esferas parecen estar compuestas de dos elementos distintos que en el fondo son lo mismo o tienen unas funciones similares a la hora de agregarse para dar forma a la realidad: unas de átomos y quarks, otras de píxeles, unos y ceros.

Chalmers va más allá y cree que nunca podremos demostrar si en realidad este mundo que habitamos es ya virtual. Esto, irremediablemente, nos lleva a preguntarnos por la existencia de un Dios o demiurgo que a partir de un hardware (la materia existente, el universo, los elementos químicos) y un software (las leyes físicas) haya programado todo lo visible. "Siempre me consideré ateo", escribe en el libro. "Pero ahora, la hipótesis de la simulación me ha hecho reflexionar sobre la existencia de un dios como nunca antes". Para entenderlo mejor, llegó la hora de trasladar estas teorías al mundo de los videojuegos, lo que no solo nos dará una perspectiva teológica de este mundo programado en el que ya vivimos, sino también una brújula moral y ética a partir del caso de Joshua Cooke mencionado al inicio del artículo.

La pregunta por la conciencia a través del Grand Theft Auto

Una de las grandes preguntas filosóficas, a la hora de adentrarnos en estos temas, es sobre el origen de la conciencia, el cual frente a pesar de tantos años de evolución científica y progreso tecnológico, sigue siendo una incógnita. No sabemos de dónde viene, pero nos distingue del resto de animales con los que compartimos este mundo y, además, rige nuestras acciones, tanto en un sentido lógico como moral o ético. "Solo puede haber dos explicaciones para su existencia", asevera Fouad Khan, uno de los científicos más notables del mundo, en una entrada de 'Scientific American'. "La primera es que hay una serie de fuerzas evolutivas que no conocemos y que propician el surgimiento de esta cualidad.

La segunda, es que la conciencia es una función que cumplimos o un producto que creamos, en definitiva, a partir de la experiencia que adquirimos como seres humanos". En este sentido, tenemos conciencia de algo cuando sabemos cómo funciona o para qué sirve gracias a la experiencia. Por ello, tenemos la certeza de que algo está bien o mal hecho (tanto desde un punto de vista lógico como moral) debido a que alguien en otro momento nos lo ha enseñado o se lo hemos visto hacer. Cuando usamos la realidad virtual, somos nosotros el personaje del videojuego Ahora, vayamos a uno de los videojuegos más populares y polémicos: el Grand Theft Auto. Su mayor atractivo consistía en la posibilidad de sobrepasar los límites morales, éticos y legales sin importar las consecuencias. Al jugador se le asignaba un alias con el que podía atracar bancos, robar coches de particulares, asesinar a los ciudadanos con los que se encontraba e, incluso, entrar en prostíbulos. Todo lo que tenía que hacer era cumplir las misiones que la máquina le encomendaba. A través de este juego podemos comprender mejor el mundo de cómo la realidad física entra en contacto con la virtual para dar a luz a un tipo de conciencia intermedia entre estos dos mundos: el metaverso.

Como decíamos, en el Grand Theft Auto se interponen dos realidades: la física (el jugador en su cuarto, frente a la pantalla, cuyo mundo se rige por una serie de leyes) y la virtual (la del alias o identidad que escogemos para jugar, quien, a pesar de ser manejado por el jugador del mundo real, también obedece a una serie de parámetros físicos, aunque sean virtuales o vengan dados por una inteligencia informática). Sin embargo, hay una diferencia: el juego está diseñado para nosotros y no para el alias con el que jugamos. Es por ello que nosotros somos amos y señores de esa simulación de ese mundo que dominamos a partir de una interfaz entre nosotros y la máquina.

Desde los albores de la filosofía nos hemos estado preguntando qué era la conciencia", prosigue Khan en su artículo. "El propósito de esta es fácilmente extrapolable si aceptamos la hipótesis de la simulación: la conciencina es una interfaz subjetiva integrada que a partir de los cinco sentidos que tenemos establece un puente entre uno mismo y el resto del universo. La única explicación razonable para su existencia es que está ahí para que la experimentamos, es su razón de ser". En este sentido, vendría a cumplir la función de los controles de un videojuego, los cuales vienen programados de antemano y solo sirven para adquirir experiencia o completar misiones en base a esa experiencia adquirida. Sin embargo, "la experiencia de los personajes del juego es muy diferente de la experiencia del jugador, pero entre el personaje y el jugador hay un área gris donde diversas partes de sus conciencias se combinan para dar luz a otro tipo de conciencia". Por ejemplo, si de repente le detiene la policía y falla en la misión, el personaje sentirá que ha fracasado. "Los jugadores sienten algunas de las decepciones y alegrías que están diseñadas para que las sienta el personaje", explica el científico.

Y, a su vez, "el personaje experimenta las consecuencias del comportamiento del jugador". Esto, según Khan, es aplicable a otro tipo de tecnologías de realidad virtual: "cuando nos montamos en una montaña rusa en una simulación de VR, aunque estemos sentados, sentimos la gravedad". Es nuestra conciencia generada a partir de la experiencia de la sensación de vértigo en la vida real la que da pie a que sintamos que nos caemos si visualizamos una montaña rusa en una de estas gafas. Nuestro cerebro es engañado por la máquina, de la misma forma que nosotros movemos las acciones del personaje a lo largo del videojuego, dirigiendo sus actos y utilizando su experiencia en nuestro beneficio, pues somos en realidad nosotros los que estamos jugando. Cuando usamos la realidad virtual, somos nosotros el personaje del videojuego. "La explicación más simple para la existencia de la conciencia es que es una experiencia creada por nuestros cuerpos, pero no para nosotros", observa de manera muy aguda Khan. Es decir, nosotros creamos la gravedad (tomando el ejemplo anterior), pero no a nuestro beneficio, pues si nos exponemos a ella es posible que sintamos sus efectos negativos en forma de vértigo. "Al igual que los personajes del GTA, existimos para crear productos audiovisuales integrados. Además, como les sucede a los personajes del GTA, es muy probable que nuestro producto sea para el beneficio de alguien que experimente nuestras vidas a través de nosotros", lo cual, huelga decir, da bastante miedo de imaginar.

La gran conspiración

Khan concluye que la teoría de la hipótesis de la simulación desarrollada por Bostrom y aceptada por tantos otros (como el propio Elon Musk o David Chalmers) es sin duda "la madre de todas las teorías de la conspiración", ya que depone toda nuestra voluntad y libre albedrío en unas manos desconocidas, cuya misma existencia es imposible de conocer y demostrar al igual que el personaje del GTA nunca podría darse cuenta que está siendo manejado por un jugador. "Todo lo que podemos hacer es llegar a un acuerdo con la realidad simulada y hacer lo que podamos", añade el científico. En la simulación, se debe vivir de acuerdo a unos principios lógicos y morales, "aunque sepamos de antemano que no los haya" Aquí es donde finalmente cabe volver a reparar en Joshua Cooke y la terrible decisión que tomó al asesinar a sus padres. Y esta es a su vez la moraleja que se desprende del argumento de que, en una realidad compuesta por objetos físicos y virtuales, también debería seguir existiendo un tipo de conciencia moral. No porque los personajes con los que nos crucemos sean virtuales debemos actuar como si no fueran físicos y, por tanto, ser crueles con ellos. Todo el que haya jugado al GTA sabe que no puede tomarse la justicia por su mano aunque el juego se lo permita, si en verdad quiere avanzar en las misiones y cumplir los objetivos que la máquina le plantea. Tanto en el mundo físico como en el virtual, nuestras acciones deben basarse en una brújula moral que sepa distinguir el bien del mal, y eso también es otro tipo de conciencia mucho más elevada. Es la respuesta que Chalmers también ofrece: se debe vivir en la simulación de acuerdo a unos principios lógicos y morales, "aunque sepamos de antemano que no los haya". Hay que hacerlo.

El 'bien' como motor de la simulación

"Tal vez es la bondad lo que mantiene a la simulación en funcionamiento", sostiene Kehe, por su parte, en el artículo anteriormente citado. Porque, en caso contrario, "si nos entregamos a la maldad y a lo inhumano", puede que la simulación se detenga y alguien, en un plano incognoscible para nosotros, se enfade y apague el ordenador o la consola. Es lo que le debió suceder al joven Cooke cuando llegó la policía a su casa y se percató de lo que había hecho: inmediatamente reconoció que había perdido la cabeza y que se había vuelto loco, renunciando a sus locas teorías sobre los universos paralelos. Por tanto, un pensamiento positivo que extraer: son nuestras buenas acciones los que arrojan sentido a un mundo que de por sí, no lo tiene, o que está bajo el control de otro. Esto es lo que más nos debe preocupar, y llevándolo a un plano más actual, cuidarnos de que este tipo de tecnologías no caigan en malas manos. Algo que resulta sospechoso cuando, en mitad de la redacción de este mismo artículo, ha saltado la noticia de que Elon Musk ha comprado Twitter bajo intereses y anhelos que nadie comprende. El libro de Chalmers podría servir para afianzar más las intenciones de los popes tecnológicos y sus advenedizos, pero también es una advertencia de que hay que tener mucho cuidado con quién diseña la simulación y con qué intereses. De ello depende el destino de nuestro mundo, cada vez más virtual.

Y, a su vez, "el personaje experimenta las consecuencias del comportamiento del jugador". Esto, según Khan, es aplicable a otro tipo de tecnologías de realidad virtual: "cuando nos montamos en una montaña rusa en una simulación de VR, aunque estemos sentados, sentimos la gravedad". Es nuestra conciencia generada a partir de la experiencia de la sensación de vértigo en la vida real la que da pie a que sintamos que nos caemos si visualizamos una montaña rusa en una de estas gafas. Nuestro cerebro es engañado por la máquina, de la misma forma que nosotros movemos las acciones del personaje a lo largo del videojuego, dirigiendo sus actos y utilizando su experiencia en nuestro beneficio, pues somos en realidad nosotros los que estamos jugando. Cuando usamos la realidad virtual, somos nosotros el personaje del videojuego. "La explicación más simple para la existencia de la conciencia es que es una experiencia creada por nuestros cuerpos, pero no para nosotros", observa de manera muy aguda Khan. Es decir, nosotros creamos la gravedad (tomando el ejemplo anterior), pero no a nuestro beneficio, pues si nos exponemos a ella es posible que sintamos sus efectos negativos en forma de vértigo. "Al igual que los personajes del GTA, existimos para crear productos audiovisuales integrados. Además, como les sucede a los personajes del GTA, es muy probable que nuestro producto sea para el beneficio de alguien que experimente nuestras vidas a través de nosotros", lo cual, huelga decir, da bastante miedo de imaginar.

La gran conspiración

Khan concluye que la teoría de la hipótesis de la simulación desarrollada por Bostrom y aceptada por tantos otros (como el propio Elon Musk o David Chalmers) es sin duda "la madre de todas las teorías de la conspiración", ya que depone toda nuestra voluntad y libre albedrío en unas manos desconocidas, cuya misma existencia es imposible de conocer y demostrar al igual que el personaje del GTA nunca podría darse cuenta que está siendo manejado por un jugador. "Todo lo que podemos hacer es llegar a un acuerdo con la realidad simulada y hacer lo que podamos", añade el científico. En la simulación, se debe vivir de acuerdo a unos principios lógicos y morales, "aunque sepamos de antemano que no los haya" Aquí es donde finalmente cabe volver a reparar en Joshua Cooke y la terrible decisión que tomó al asesinar a sus padres. Y esta es a su vez la moraleja que se desprende del argumento de que, en una realidad compuesta por objetos físicos y virtuales, también debería seguir existiendo un tipo de conciencia moral. No porque los personajes con los que nos crucemos sean virtuales debemos actuar como si no fueran físicos y, por tanto, ser crueles con ellos. Todo el que haya jugado al GTA sabe que no puede tomarse la justicia por su mano, aunque el juego se lo permita, si en verdad quiere avanzar en las misiones y cumplir los objetivos que la máquina le plantea. Tanto en el mundo físico como en el virtual, nuestras acciones deben basarse en una brújula moral que sepa distinguir el bien del mal, y eso también es otro tipo de conciencia mucho más elevada. Es la respuesta que Chalmers también ofrece: se debe vivir en la simulación de acuerdo a unos principios lógicos y morales, "aunque sepamos de antemano que no los haya". Hay que hacerlo.

El 'bien' como motor de la simulación

"Tal vez es la bondad lo que mantiene a la simulación en funcionamiento", sostiene Kehe, por su parte, en el artículo anteriormente citado. Porque, en caso contrario, "si nos entregamos a la maldad y a lo inhumano", puede que la simulación se detenga y alguien, en un plano incognoscible para nosotros, se enfade y apague el ordenador o la consola. Es lo que le debió suceder al joven Cooke cuando llegó la policía a su casa y se percató de lo que había hecho: inmediatamente reconoció que había perdido la cabeza y que se había vuelto loco, renunciando a sus locas teorías sobre los universos paralelos. Por tanto, un pensamiento positivo que extraer: son nuestras buenas acciones los que arrojan sentido a un mundo que de por sí, no lo tiene, o que está bajo el control de otro. Esto es lo que más nos debe preocupar, y llevándolo a un plano más actual, cuidarnos de que este tipo de tecnologías no caigan en malas manos. Algo que resulta sospechoso cuando, en mitad de la redacción de este mismo artículo, ha saltado la noticia de que Elon Musk ha comprado Twitter bajo intereses y anhelos que nadie comprende. El libro de Chalmers podría servir para afianzar más las intenciones de los popes tecnológicos y sus advenedizos, pero también es una advertencia de que hay que tener mucho cuidado con quién diseña la simulación y con qué intereses. De ello depende el destino de nuestro mundo, cada vez más virtual.

https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2022-05-01/filosofo-creer-vez-todas-vivimos-simulacion-informatica_3415195/