miércoles, febrero 01, 2023

Ciencia y Filosofía El Porqué de la filosofía





 


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Quizá la filosofía interese a unos pocos, la cuestión es que tarde o temprano  necesitarán descubrirla, en un sentido u otro. 

¿Quién sabe de verdad lo que hay que saber sobre el mundo y la sociedad?

 

En el fondo los filósofos, se empeñan en hablar de lo que no saben: el propio Sócrates lo reconocía así, cuando dijo «sólo sé que no sé nada», Si no sabe nada, ¿para qué vamos a escucharlo? Lo que tenemos que hacer es aprender de los que saben, no de los que no saben; sobre todo hoy en día, cuando las ciencias han adelantado tanto y sabemos cómo funcionan la mayoría de las cosas. Así pues, en la época actual, la del microchip, del acelerador de partículas, el reino de Internet, la televisión digital... ¿qué información podemos recibir de la filosofía? La única respuesta que nos resignaremos a dar es la que hubiera probablemente ofrecido el propio Sócrates: ninguna. Nos informan las ciencias de la naturaleza, los técnicos, los periódicos, algunos programas de televisión…, pero no hay información «filosófica», y la filosofía es incompatible con las noticias y la información está hecha de noticias. Pero ¿es información lo único que buscamos para entendemos mejor a nosotros mismos y lo que nos rodea? Supongamos que recibimos una noticia cualquiera, por ejemplo: x número de personas muere diariamente de hambre en el mundo; nosotros, recibida la información, nos preguntamos ¿qué está ocurriendo? Recabaremos opiniones, algunas nos dirán que tales muertes se deben a desajustes en el ciclo macroeconómico global, otras de la superpoblación del planeta, algunos clamarán contra el injusto reparto de los bienes entre posesores y desposeídos, o invocarán la voluntad de Dios, o la fatalidad del destino... Y no faltará quien cándidamente, comente: «¡En qué mundo vivimos!» Entonces, como un eco,  nos preguntamos: ¿en qué mundo vivimos?» 

No nos conformaremos con respuestas como «vivimos en el planeta Tierra», «vivimos precisamente en un mundo en el que x personas mueren diariamente de hambre», «vivimos en un mundo muy injusto» o «un mundo maldito por Dios a causa de los pecados humanos».  No queremos más información sobre lo que pasa sino saber qué significa la información que tenemos, cómo debemos interpretada y relacionarla con otras informaciones anteriores o simultáneas, qué supone toda ella en la consideración general de la realidad en que vivimos, cómo podemos o debemos comportarnos en la situación así establecida. Estas son, precisamente preguntas a las que atiende la filosofía. Digamos: 

a) la información, que nos presenta los hechos y los mecanismos primarios de lo que sucede, 

b) el conocimiento, que reflexiona sobre la información recibida, jerarquiza su importancia significativa y busca principios generales para ordenarla 

c) la sabiduría, que vincula el conocimiento con las opciones vitales o valores que podemos elegir, intentando establecer cómo vivir mejor de acuerdo con lo que sabemos.  Creo que la ciencia se mueve entre el nivel a y el b de conocimiento, mientras la filosofía opera entre el b y el c. 

Así que no hay información propiamente filosófica, pero sí conocimiento filosófico, lo ideal sería llegar a la sabiduría filosófica ¿Es posible lograr y enseñar tal cosa? 

Intentemos precisar la diferencia entre ciencia y filosofía. Lo primero que salta a la vista no es lo que las distingue sino lo que las asemeja: tanto la ciencia como la filosofía intentan contestar preguntas suscitadas por la realidad. De hecho, en sus orígenes, ciencia y filosofía estuvieron unidas y sólo a lo largo de los siglos la física, la química, la astronomía o la psicología se fueron independizando de su común matriz filosófica. En la actualidad, las ciencias pretenden explicar cómo están hechas las cosas y cómo funcionan, mientras que la filosofía se centra más bien en lo que significan para nosotros; la ciencia debe adoptar el punto de vista impersonal para hablar sobre todos los temas (incluso cuando estudia a las personas mismas), mientras que la filosofía siempre permanece consciente de que el conocimiento tiene necesariamente un sujeto, un protagonista humano. 

La ciencia aspira a conocer lo que hay y lo que sucede; la filosofía se pone a reflexionar sobre cómo cuenta para nosotros lo que sabemos que sucede y lo que hay. La ciencia multiplica las perspectivas y las áreas de conocimiento, es decir, fragmenta y especializa el saber; la filosofía se empeña en relacionarlo todo, con todo lo demás, intentando enmarcar los saberes en un panorama teórico que sobrevuele la diversidad desde esa aventura unitaria que es pensar, o sea, ser humanos. 

La ciencia desmonta las apariencias de lo real en elementos teóricos invisibles, ondulatorios o corpusculares, matematizables, en elementos abstractos inadvertidos; sin ignorar ni desdeñar ese análisis, la filosofía rescata la realidad humanamente vital de lo aparente, en la que transcurre la peripecia de nuestra existencia concreta (v. gr. la ciencia nos revela que los árboles y las mesas están compuestos de electrones, neutrones, etc., pero la filosofía, sin minimizar esa revelación, nos devuelve a una realidad humana entre árboles y mesas). La ciencia busca saberes y no meras suposiciones; la filosofía quiere saber lo que supone para nosotros el conjunto de nuestros saberes... y si son verdaderos saberes o ignorancias disfrazadas. Porque la filosofía suele preguntarse principalmente sobre cuestiones que los científicos (y por supuesto la gente corriente) dan ya por supuestas o evidentes. 

Un historiador se preguntará qué sucedió en tal momento del pasado, un filósofo preguntará: ¿qué es el tiempo? Un matemático investiga las relaciones entre los números pero un filósofo indagará: ¿qué es un número? Un físico se preguntará de qué están hechos los átomos o qué explica la gravedad, pero un filósofo preguntará: ¿Cómo podemos saber que hay algo fuera de nuestras mentes? Un psicólogo puede investigar cómo los niños aprenden un lenguaje, pero un filósofo preguntará: ¿por qué una palabra significa algo? Cualquiera puede preguntarse si está mal colarse en el cine sin pagar, pero un filósofo preguntará: ¿por qué una acción es buena o mala?

En cualquier caso, tanto las ciencias como la filosofía contestan a preguntas suscitadas por lo real. A tales preguntas las ciencias brindan soluciones, es decir, contestaciones que satisfacen de tal modo la cuestión planteada que la anulan y disuelven. Si una contestación científica funciona como tal ya no tiene sentido insistir en la pregunta, deja de ser interesante. 

En cambio, la filosofía no brinda ‘soluciones’ sólo respuestas, que no anulan las preguntas, y nos permiten convivir racionalmente con ellas aunque sigamos planteándolas una y otra vez; por muchas respuestas filosóficas que conozcamos a la pregunta que inquiere sobre qué es la justicia o qué es tiempo, nunca dejaremos de preguntamos por el tiempo y la justicia. 

Las respuestas filosóficas cultivan la pregunta, resaltan lo esencial de ese preguntar y nos ayudan a seguir preguntándonos, a preguntar cada vez mejor, humanizamos en la convivencia perpetua con la interrogación. Porque, ¿qué es el hombre sino el animal que pregunta y que seguirá preguntando más allá de cualquier respuesta imaginable? 

Hay preguntas que admiten solución satisfactoria y tales preguntas son las que se hace la ciencia; otras creemos imposible que lleguen a ser nunca totalmente solucionadas y responderlas -siempre insatisfactoriamente- es el empeño de la filosofía. Históricamente ha sucedido que algunas preguntas empezaron siendo competencia de la filosofía -la naturaleza, el movimiento de los astros, y luego pasaron a recibir solución científica, tratadas desde nuevas perspectivas científicas, estimuladas por dudas filosóficas (el paso de la geometría euclidiana a las geometrías no euclidianas, por ejemplo). 

Deslindar qué preguntas parecen hoy pertenecer al primero y cuáles al segundo grupo es una de las tareas críticas más importantes de los filósofos... y de los científicos. De lo único que podemos estar ciertos es que jamás ni la ciencia ni la filosofía carecerán de preguntas a las que intentar responder... 

Pero hay otra diferencia importante entre ciencia y filosofía. Un científico puede utilizar las soluciones halladas por científicos anteriores sin necesidad de recorrer por sí mismo todos los razonamientos, cálculos y experimentos que llevaron a descubrirlas; pero cuando alguien quiere filosofar no puede contentarse con aceptar las respuestas de otros filósofos o citar su autoridad como argumento incontrovertible: ninguna respuesta filosófica será válida para él si no vuelve a recorrer por sí mismo el camino trazado por sus antecesores o intenta otro nuevo apoyado en esas perspectivas ajenas que habrá debido considerar personalmente.

En una palabra el itinerario filosófico tiene que ser pensado individualmente por cada cual, aunque parta de  una muy rica tradición intelectual. Los logros de la ciencia están a disposición de quien quiera consultarlos, leerlos de  la filosofía sólo sirven a quien se decide a meditarlos por sí mismo. 

Una vida sin examen, es decir la vida de quien no sopesa las respuestas que se le ofrecen para las preguntas esenciales ni trata de responderlas personalmente, no merece la pena de vivirse. O sea que la filosofía, antes de proponer teorías que resuelvan nuestras perplejidades, debe quedarse perpleja. Antes de ofrecer las respuestas verdaderas, debe dejar claro por qué no le convencen las respuestas falsas. Una cosa es saber después de haber pensado y discutido, otra muy distinta es adoptar los saberes que nadie discute para no tener que pensar. Aún más importante que establecer conocimientos es ser capaz de criticar con argumentos, antes de saber por qué afirma lo que afirma, el filósofo debe saber al menos por qué duda de lo que afirman los demás o por qué no se decide a afirmar a su vez. Y esta función negativa, defensiva, crítica, ya tiene un valor en sí misma, aunque no vayamos más allá y aunque en el mundo de los que creen que saben el filósofo sea el único que acepte no saber pero conoce al menos su ignorancia. 

¿Enseñar a filosofar aún cuando todo el mundo parece que no quiere más que soluciones inmediatas y prefabricadas, cuando las preguntas que se aventuran hacia lo insoluble resultan tan incómodas? Planteemos de otro modo la cuestión: ¿acaso no es humanizar de forma plena la principal tarea de la educación?, ¿hay otra dimensión más propiamente humana, más necesariamente humana que la inquietud que desde hace siglos lleva a filosofar?, ¿puede la educación prescindir de ella y seguir siendo humanizadora en el sentido libre y antidogmático que necesita la sociedad democrática en la que queremos vivir? 

Aceptemos que hay que intentar enseñar filosofía o, mejor, a filosofar. ¿Cómo hacerlo? No puede ser sino una invitación a que cada cual filosofe por sí mismo». 

Texto fundamentado en: “Las preguntas de la vida”, Fernando Savater. Editorial Ariel. 1999. págs. 15 – 26.

martes, enero 31, 2023

Criterios Generales de Evaluación 2023

 


1. Evaluaciones.

2. Apuntes en Clase. 

 3. Informes y Análisis de Lectura.

 


4. Sinopsis de Videos y Películas. 

5. Realización de escritos y análisis.

 8. Asistencia a las clases puntualmente.

 6. Realización y entrega de Tareas y Talleres.

 7. Trabajo en equipo y actividades colaborativas.

  9. Evaluación de Temáticas del respectivo Periodo.

 

10. Organización, dedicación y disciplina de estudio.

  11. Contextualización y sustentación de Tareas y Talleres

  12. Socialización de Temáticas, Lecturas, Videos y Películas

 13. Elaboración y Análisis de Mapas Conceptuales, Cuadros, Gráficos, Tablas y Textos

 

14. Responsabilidad en la entrega de Talleres, Lecturas, Tareas, Consultas, Videos y Películas.


Indicadores de Logro Generales 2023



1. Cumplir con responsabilidad las actividades propuestas en el área durante el respectivo Periodo Académico.

2. El desempeño académico en el área le permite alcanzar los Logros, Objetivos y Propósitos propuestos para el Periodo.

3. Desarrollo de Lectura Crítica en la dimensión intertextual. 

4. Términos Específicos como estructuración conceptual del aprendizaje.  

5. Informes, sinopsis y realización de talleres de películas y videos. 

6. Realización de análisis, comprensión, profundización y contextualización de Lecturas contenidas en el Plan Lector del Área. 

7. Cumplir oportunamente con la realización y entrega de consultas, talleres y tareas asignadas. 

8. Desarrollo de Temáticas analizadas y contextualizadas durante el respectivo Periodo Académico. 


domingo, enero 29, 2023

El cazador y el sueño de libertad de los animales

 


Un cazador tenía encerradas en una enorme jaula a una gran cantidad de aves que atrapaba en el bosque cerca de su granja, y en ocasiones pasaban los días y no las alimentaba.

 

Las tortugas, eran apacibles, serenas y tranquilas, hablaban sólo lo necesario, y eran buenas consejeras, los perros eran ágiles y muy solidarios, las loras sabían hablar varios idiomas, así que   servían de traductoras,  los canarios con su hermoso canto, alegraban las mañanas, llenándolos de esperanza, los monos eran excelentes narradores de historias de sus antepasados, las gallinas, cocinaban y repartían los escasos alimentos equitativamente, los cisnes eran muy caballerosos y servían de intermediarios cuando se presentaba algún conflicto entre algunos de los animales.

 

Las terneras hacían de juezas imparciales y ecuánimes, los cerdos, componían y arreglaban los daños que se presentaran,  los  ciervos y los potros guardaban el orden, los toros evitaban que animales de fuera ingresaran a causar daños y las lechuzas enseñaban a leer y escribir.

 

En ocasiones, el cazador  se olvidaba de darles comida y agua, y los animales sedientos y hambrientos, se daban ánimo unos a otros.

 

Algunos de ellos protestaban, otros  arengaban a los demás para que se levantaran en contra del tirano, que los mantenía encerrados, incomunicados y sin saber nada de sus familias.

 

Unos pocos que intentaron  escapar, fueron recapturados por fieros lobos, especialmente entrenados para vigilar a todos los animales y evitar que   escaparan.

 

Pero un día, el búho, analítico, crítico,  y pensador profundo, muy respetado entre ellos, tomada la palabra  y  todos lo escuchaban muy atentos, mientras asentían con la cabeza.

 

-Mis queridos hermanos –decía- no se aflijan en lo absoluto ante las circunstancias adversas, podrán ser libres si se lo proponen...y todos empezaban a soñar con la libertad, a recordar los tiempos en que vagaban libres y en paz por el bosque, antes de ser capturados por el cazador.

 

Cierto día, llegaron hasta el establo, un grupo de lindas, coloridas y vivaces mariposas.

 

Fue todo un acontecimiento; contaron que afuera, el bosque esperaba, frondoso, lleno de lindos árboles, donde se respira aire verdadero, se bebe agua limpia y abundante comida... y esto fue suficiente para que todos juntos, derrumbaran la puerta del establo, y en una estampida, arremetieron tan fuerte, corriendo con tanto ahínco, que de pronto...llegaron al bosque, el hogar de donde no debieron salir nunca. 

                                                                                                        Fin


Cuestionario


Luego de leer responda las siguientes preguntas: 



1°. ¿Qué piensa del cazador? 

2°. ¿Qué piensa sobre la libertad?

 

3°. ¿Da usted un buen trato a las mascotas?

 

4°. Como ser vivo ¿respeta usted los animales?

 

5°. ¿Cree que el cazador actuaba bien o actuaba mal?

 

6°. Expresa su opinión sobre la actitud de los animales de la granja.                  

 

7°. ¿Cuál es el mensaje que quiere transmitir el autor del cuento?

 

8°. Expresa su opinión sobre la siguiente situación: Encerrar 

un animal en una jaula ¿cree que es justo y digno encerrar un ave u otro animal tras las rejas de una jaula?

martes, enero 10, 2023

Tres dimensiones de la filosofía

 







En el devenir de la historia nos encontramos con tres conceptos diferentes de la filosofía, que emergen, en última instancia, de tres  dimensiones:

a) La filosofía como un saber acerca de las cosas de la vida.

b) La filosofía como una dirección para el mundo y la vida.

c) La filosofía como una forma de vida, y, por tanto, como algo que acontece.

En realidad, estos tres enfoques de la filosofía, corresponden a tres concepciones distintas de la inteligencia que, conducen a tres formas absolutamente distintas de intelectualidad. De ellas ha ido nutriéndose sucesiva y simultánea-mente el mundo, y, a veces, hasta un mismo pensador. Las tres convergen de una manera especial en nuestra situación, y plantean de nuevo, en forma punzante y urgente, el problema de la filosofía y de la  inteligencia misma. Esas tres dimensiones de la inteligencia nos han llegado, tal vez  dislocadas, por los cauces de la historia, y la inteligencia ha comenzado a pagar en si misma su propia deformación. Al tratar de reformarse, reservará seguramente para el futuro formas nuevas de intelectualidad.

Como todas las precedentes, serán defectuosas, mejor aún, limitadas, lo cual no las descalifica, porque el hombre es siempre lo que es gracias a sus limitaciones, que le dan a elegir lo que puede ser.

Y al sentir su propia limitación, los intelectuales de entonces volverán a la raíz de donde partieron, como nos vemos retrotraídos a la raíz de donde partimos. Y esto es la historia: una situación que implica otra  pasada, como algo real que está posibilitando nuestra propia situación.

Ocuparse de la historia de la filosofía no es, pues, una simple curiosidad: es el movimiento mismo a que se ve sometida la inteligencia cuando intenta precisamente la ingente tarea de ponerse en marcha a sí misma desde su última raíz. Por esto la historia de la filosofía no es extrínseca a la filosofía misma, como pudiera serlo la historia de la mecánica a la mecánica.

La filosofía no es su historia; pero la historia de la filosofía es filosofía, porque la entrada de la inteligencia en sí misma, en la situación concreta y radical en que se encuentra instalada, es el origen y la puesta en marcha de la filosofía. El problema de la filosofía no es sino el problema mismo de la inteligencia. Con esta afirmación, que en el fondo remonta al viejo Parménides, comenzó a existir la filosofía en la Tierra. Y Platón nos decía, por esto, que la filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma en todo al ser.

La primera actitud del filósofo ha de consistir en no dejarse llevar de dos tendencias antagónicas que surgen espontáneamente en un espíritu principiante: la de perderse en el escepticismo o la de decidirse a adherir polémicamente a una fórmula con preferencia a otra, tratando incluso de forjar una nueva.  Xavier Zubiri

 


lunes, enero 09, 2023

Michel Foucault

 






Filósofo francés que intentó mostrar que las ideas básicas que la gente considera verdades permanentes sobre la naturaleza humana y la sociedad cambian a lo largo de la historia. Sus estudios pusieron en tela de juicio la influencia del filósofo alemán Marx y del psicoanalista Freud. Foucault aportó nuevos conceptos que desafiaron las convicciones de la gente sobre la cárcel, la policía, la seguridad, el cuidado de los enfermos mentales, los derechos de los homosexuales y el bienestar. 

Nacido en Poitiers, estudió filosofía occidental y psicología en la École Normale Supérieure de París. Durante la década del 60, encabezó los deptos. de filosofía de las U. de Clermont-Ferrand y Vincennes. En 1970 fue elegido para el puesto académico más prestigioso en Francia, en el Collège de France, con el título de profesor de Historia de los Sistemas de Pensamiento.

Las principales influencias en el pensamiento de Foucault fueron los filósofos alemanes Nietzsche y Heidegger. Nietzsche mantenía que la conducta humana está motivada por una voluntad de poder y que los valores tradicionales habían perdido su antiguo dominio opresivo sobre la sociedad. Heidegger criticó lo que llamó "nuestro actual entendimiento de ser tecnológico". 

Foucault exploró los modelos cambiantes de poder dentro de la sociedad y cómo el poder se relaciona con la persona. Investigó las reglas cambiantes que gobiernan las afirmaciones que pueden ser tomadas de forma seria como verdaderas o falsas en distintos momentos de la historia. 

Estudió también cómo las prácticas diarias permiten a la gente definir sus identidades y sistematizar el conocimiento; los hechos pueden ser entendidos como productos de la naturaleza, del esfuerzo humano o de Dios. Afirmaba que la concepción de las cosas tiene sus ventajas y sus peligros. 

El pensamiento de Foucault se desarrolló en tres etapas. La primera, en Locura y civilización (1960), que escribió mientras era lector en la U. de Uppsala, en Suecia, reflejó cómo en el mundo occidental la locura -que alguna vez se pensó infundida por inspiración divina- llegó a ser considerada como enfermedad mental. En esta obra intentó exponer la fuerza creativa de la locura que había sido reprimida tradicionalmente por las sociedades occidentales. 

En su segunda etapa escribió una de sus obras más importantes, Las palabras y las cosas (1966) done desarrolló una importante crítica al concepto de progreso de la cultura, al considerar que el discurso de cada época se articula alrededor de un «paradigma» determinado, y que por tanto resulta incomparable con el discurso de las demás. Del mismo modo, no podría apelarse a un sujeto de conocimiento (el hombre) que fuese esencialmente el mismo para toda la historia, pues la estructura que le permite concebir el mundo y a sí mismo en cada momento, y que se puede identificar, en gran medida, con el lenguaje, afecta a esta misma «esencia» o convierte este concepto en inapropiado. 

La última etapa de Foucault empezó con la publicación de Vigilar y castigar, en 1975. Se preguntaba en este ensayo si el encarcelamiento es un castigo más humano que la tortura, pero se ocupa más de la forma en que la sociedad ordena y controla a los individuos adiestrando sus cuerpos; por ejemplo, un entrenamiento básico puede disciplinar y preparar a una persona para ser un soldado. 

Los últimos tres libros de Foucault Historia de la sexualidad, Volumen I: Introducción (1976), El uso del placer (1984) y La preocupación de sí mismo (1984), son parte de una truncada historia de la sexualidad. En estos libros, rastrea las etapas por las que la gente ha llegado a comprenderse a sí misma en las sociedades occidentales como seres sexuales, y relaciona el concepto sexual que cada uno tiene de sí mismo con la vida moral y ética del individuo.

En todos los libros de este último periodo, Foucault intenta mostrar que la sociedad occidental ha desarrollado un nuevo tipo de poder, al que llamó bio-poder[i], es decir, un nuevo sistema de control que los conceptos tradicionales de autoridad son incapaces de entender y criticar. 

En vez de ser represivo, este nuevo poder realza la vida. Foucault anima a la gente a resistir ante el Estado del bienestar desarrollando una ética individual en la que cada uno lleve su vida de tal forma que los demás puedan respetarla y admirarla. 

Si hubiera que situar a Foucault en el pensamiento contemporáneo, se lo llamaría estructuralista (en líneas generales, quien aplica el modelo lingüístico a distintos campos del conocimiento) o se lo podría considerar el más célebre postestructuralista, ya que dio forma propia a ese legado. Él, sin embargo, prefería colocarse en la tradición más venerable que inició Kant, de quien se consideraba heredero directo. 

En el artículo 'Michel Foucault', que él mismo escribió para el Dictionnaire des philosophes bajo el seudónimo de Maurice Florence eso dice: "En la medida en que Foucault puede ser ubicado dentro de la tradición filosófica, hay que ubicarlo en la tradición kantiana, y su proyecto podría llamarse una historia crítica del pensamiento", que no debe confundirse con una historia de las ideas, o sea "con el análisis de los errores que se detectan luego de cometidos o con el desciframiento de las malas interpretaciones asociadas con estos errores sobre las que se apoya lo que hoy pensamos". 

Su historia crítica del pensamiento es, en cambio, el análisis de las condiciones bajo las cuales se formaron o modificaron ciertas relaciones entre sujeto y objeto. No es, dice Foucault el relevamiento de progresivas adquisiciones sino el estudio de las formas según las cuales los discursos se articulan en un dominio (la locura, la delincuencia, la sexualidad). 

Así, en Las palabras y las cosas (1966) analizó el desarrollo, entre los siglos XVIII y XIX, de las ciencias humanas: economía, ciencia natural, lingüística; y las estudió como conocimientos "objetivos" en relación con un "sujeto" (el Hombre).

En una entrevista, le preguntaron a Foucault si había que tomarlo por un idealista, nihilista, anti-marxista, anarquista o neoconservador; Foucault contestó orgulloso que había transitado casi todas esas veredas y aun otras más espurias "una tras otra y hasta simultáneamente. Ninguna de estas descripciones importa por sí,  pero en conjunto significan algo. Y admito que me gusta lo que significan".

Pobló las ciencias sociales de un vocabulario técnico fructífero y polemizó con el existencialismo, el marxismo, el humanismo cristiano, el liberalismo, y al fin sedujo a partidarios de todas estas corrientes por un ejercicio más intenso que sistemático del pensamiento crítico.   

Foucault sabía pronunciarse de manera sutil, llegado el caso, y disparar sus objeciones dando un rodeo, sin nombrar a su blanco. En el primero de los tres volúmenes de su Historia de la sexualidad; por tomar un caso, sitúa la cuestión de la sexualidad en la problemática más amplia de la circulación de los discursos, y cuestiona la eficacia del "encarnizamiento en hablar del sexo en términos de represión". "Hablar contra los poderes, decir la verdad y prometer el goce; escribe; ligar entre sí la iluminación, la liberación y múltiples voluptuosidades (...). He ahí lo que sostiene en nosotros ese encarnizamiento: he ahí lo que quizás también explica el valor mercantil atribuido no sólo a todo lo que del sexo se dice, sino al simple hecho de prestar oído a aquellos que quieren eliminar sus efectos. Después de todo, somos la única civilización en la que ciertos encargados reciben retribución para escuchar a cada cual hacer confidencias sobre su sexo,  como  si  el deseo de  hablar de él y el interés que se espera hubiese desbordado las posibilidades de la escucha, algunos han puesto sus oídos en alquiler." Sin mencionarlo, ataca, sarcástico y agudo, al psicoanálisis, cuyos cultores procesan de tal modo la palabra foucaultiana que logran sortear su crítica. 



[i] Biopoder. Práctica de los estados modernos de "explotar numerosas y diversas técnicas para subyugar los cuerpos y controlar la población". Un biopoder que absorbe el antiguo derecho de vida y muerte que el soberano detentaba y que pretende convertir la vida en objeto administrable por parte del poder. En este sentido, la vida regulada debe ser protegida, diversificada y expandida. Su reverso, y en cierto sentido su efecto, es que para tales efectos es necesario justamente contar con la muerte, ya sea en la forma de la pena capital, la represión política, la eugenesia, el genocidio, etc., como una posibilidad que se ejerce sobre la vida por parte del poder que se fundamenta en su cuidado. 

Distingue dos técnicas de biopoder que surgen en los siglos XVII y XVIII. Esta anatomopolítica se caracteriza por ser una tecnología individualizante del poder, basada en el escrutar en los individuos, sus comportamientos y su cuerpo con el fin de anatomizarlos, es decir, producir cuerpos dóciles y fragmentados. Está basada en la disciplina como instrumento de control del cuerpo social penetrando en él hasta llegar hasta sus átomos; los individuos particulares. Vigilancia, control, intensificación del rendimiento, multiplicación de capacidades, emplazamiento, utilidad, etc. Todas estas categorías aplicadas al individuo concreto constituyen una disciplina nueva. 

 



 





Friedrich Nietzsche: lo dionisíaco y lo apolíneo

 



 

 





Nietzsche ofrece una interpretación del mundo y de la filosofía griega que tendrá un gran alcance en el pensamiento contemporáneo, sobre todo en la estética y la literatura del siglo XX a través de la distinción de estos dos principios fundamentales, lo apolíneo y lo dionisiaco.      

       

Estos dioses griegos, Apolo y Dionisios, serán los representantes de esta original visión. El primero representa la serenidad, claridad, la medida y el racionalismo, es la imagen clásica de Grecia. Dionisios, sin embargo, es lo impulsivo, lo excesivo, lo desbordante, la afirmación de la vida y el erotismo como culminación de este afán de vivir, es decir sí a la vida a pesar de todo. La influencia de Schopenhauer cambia de signo y en lugar de la negación de la voluntad de vivir, Nietzsche pone esa voluntad en el centro de su pensamiento.

       

"La verdad es aquella clase de error sin la que una determinada especie de seres vivos no podrían vivir. El valor para la vida es lo que decide en última instancia".

 

El platonismo consistiría también en una cierta forma de voluntad de poder, consistente en defenderse del cambio y la transformación de este mundo mediante la noción de un Universo imaginario o suprasensible. Sin embargo, se opone a la postura de Nietzsche, ya que considera la verdad como única e inmutable. Según éste, la filosofía platónica ha dado un valor desproporcionado a los conceptos, provocando la aparición de un mundo ilusorio y falso que ha ignorado lo vital, por lo que es necesario ser conscientes del valor relativo que tienen los conceptos. El proceso de formación de un concepto para Nietzsche supone que una sensación pasa a una imagen mediante una metáfora intuitiva, y de la imagen se pasa al concepto mediante la fijación de esta metáfora.

 

Así, el lenguaje tiene un valor metafórico, resultado de un proceso creativo y estético, pero siempre tiene una verdad o validez relativa. No nos va a permitir captar la verdad de una forma absoluta, sino tan sólo superar el caos que produce en nuestra mente el intento de captar aquello que es de por sí cambiante.

 

En la filosofía occidental, Platón y Aristóteles reprimieron los planteamientos dionisíacos para ofrecer una visión del mundo apolista. Frente a esto, Nietzsche niega los ideales apolíneos y reclama el triunfo de los ideales dionisíacos mediante la utilización metafórica del lenguaje como expresión de la voluntad de poder.

 

La negación de los ideales apolíneos implica la negación del principio de individuación   expresado en el platonismo por la idea de Uno y sustituida en el cristianismo por la idea de Dios. Si negamos a Dios, negamos al Uno, y si negamos la idea de Uno, negamos los ideales apolíneos y afirmamos la multiplicidad dionisíaca, de tal manera que cada cual pueda expresar su propia verdad y sus propios dioses.      

                                                                                www.filosofia.net/materiales/filosofos/nietzsche.