domingo, julio 10, 2022

El cambio climático avanza implacable

 


El cambio climático avanza implacablemente a pesar de la pandemia COVID-19, advierten los científicos

 

Las reducciones de emisiones de carbón en el punto máximo de las medidas de confinamiento por el coronavirus alcanzaron hasta un 17%, y se acercan de nuevo a los niveles previos a la pandemia y a largo plazo no tendrán mucho impacto en las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, que permanecen en niveles récord. La temperatura sigue aumentando y el agua y los ecosistemas están cada vez más amenazados. 

Las concentraciones de gases de efecto invernadero de la atmósfera se encuentran en niveles récord y continúan aumentado, y las emisiones, que se redujeron sutilmente a causa del COVID-19, ya están regresando a los niveles previos a la pandemia. 

Todo apunta a que el quinquenio 2016 - 2020 será el periodo más cálido de la historia, una tendencia que se mantendrá en los años que vienen. Además, el mundo está muy lejos de cumplir los objetivos para mantener el incremento de la temperatura mundial por debajo de los 2 °C con respecto a los niveles preindustriales. 

Nuestro mundo sigue muy lejos del rumbo para limitar el aumento de la temperatura global. Si las cosas siguen como están, subiríamos de 3° a 5° por encima del nivel preindustrial. 

Las medidas de confinamiento por el coronavirus no sustituyen la acción climática. Las consecuencias de esta incapacidad para afrontar la emergencia climática son muchas: Olas de calor extremo, grandes incendios, inundaciones, sequías devastadoras. Y van a empeorar. 

Se destacan crecientes e irreversibles impactos del cambio climático que afectan a los glaciares, los océanos, la naturaleza, las economías y las condiciones de vida de la población y que a menudo se perciben en forma de amenazas relacionadas con el agua, como los episodios de sequía o las crecidas de ríos. El COVID-19 ha obstaculizado la capacidad para monitorear estos cambios. Las concentraciones de gases de efecto invernadero -cuyo nivel ya es el más elevado en tres millones de años- no han dejado de aumentar. 

Grandes extensiones de Siberia han sufrido una prolongada y notable ola de calor durante el primer semestre de 2020, algo imposible de no ser por el cambio climático causado por el hombre, lo que significa que el cambio climático avanza de manera implacable.  

La última vez que los niveles de concentración de gases efecto invernadero fueron tan altos fue hace millones de años, en la era del Plioceno, cuando había árboles en el Polo Sur y el nivel del mar era unos 20 metros más alto. 

Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono han seguido aumentando hasta alcanzar registros sin precedentes. 

La reducción en las emisiones a raíz de la pandemia de COVID-19 de este 2020 tendrá un efecto muy limitado en la tasa de incremento de sus concentraciones atmosféricas, dado que estas son el resultado de las emisiones actuales y pasadas y del período de vida sumamente prolongado de ese gas. Para estabilizar el cambio climático, las emisiones deben disminuir de forma sostenida hasta lograr que las emisiones netas equivalgan a cero. 

Se calcula que durante el apogeo de las medidas de confinamiento a principios de abril de 2020 hubo una reducción de emisiones de carbono. Pero los niveles se mantuvieron, una muestra del drástico incremento experimentado a lo largo de los últimos 15 años y de la constante dependencia de los combustibles fósiles para la generación de energía. 

En junio de 2020, las emisiones mundiales diarias de CO2 de origen fósil volvieron a situarse cerca de los niveles de 2019, año en el que se alcanzó un récord de 36,7 gigatoneladas, un 62% más que las registradas cuando iniciaron las negociaciones sobre el cambio climático en 1990. Se estima que, en 2020, las emisiones de CO2 disminuirán a causa de las medidas de confinamiento. Además, las emisiones mundiales procedentes de actividades humanas de metano, otro gas de efecto invernadero, han seguido aumentando en el último decenio. 

El calor en aumento

Se espera que la temperatura media mundial del período 2016-2020 sea la más cálida de la que se tiene constancia, con 1,1°C por encima de la media de 1850-1900, la era preindustrial. Asimismo, en el período quinquenal de 2020 a 2024, la probabilidad de que por lo menos en un año se superen en 1,5°C los niveles preindustriales es del 24 %. Hay un 70 % de probabilidades que durante los próximos 5 años, con una temperatura al menos 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales.

En los últimos cinco años la extensión del hielo marino del Ártico ha estado por debajo de la media. En el período 2016-2019, la pérdida registrada de la masa de los glaciares superó los valores de cualquier otro período quinquenal previo desde 1950. La velocidad de subida del nivel medio del mar a escala mundial se incrementó en la última década. 

Las consecuencias más graves se han debido a fenómenos meteorológicos y climáticos extremos. Se ha reconocido una clara huella del cambio climático inducido por el hombre. 

Los océanos y la criosfera

El calentamiento global causado por el hombre está afectando a sistemas esenciales para la vida: desde las cimas de las montañas hasta las profundidades de los océanos, lo que provoca una aceleración del aumento del nivel del mar y entraña una sucesión de efectos en cadena para los ecosistemas y la seguridad de las personas. 

Los glaciares y los mantos de hielo de todo el mundo han perdido masa. Entre 1979 y 2018, la extensión de hielo marino en el Ártico se ha reducido en todos y cada uno de los meses del año. El aumento de los incendios forestales y el brusco deshielo del permafrost, así como los cambios en la hidrología del Ártico y las montañas, han modificado la frecuencia y la intensidad de las perturbaciones que sufren los ecosistemas. 

Los océanos de todo el mundo han sufrido un aumento de la temperatura sin interrupción desde 1970 y han absorbido más el exceso de calor del sistema climático. Desde 1993, el calentamiento de los océanos se ha más que duplicado. 

La frecuencia de las olas de calor marinas se ha multiplicado por dos, su duración, intensidad y extensión son mayores, esto provoca episodios de blanqueamiento coralino a gran escala. El océano ha absorbido entre el 20% y el 30% del total de emisiones de CO2 causadas por el hombre desde la década de 1980, lo que ha incrementado la acidificación del océano. 

Desde 1950 muchas especies marinas se han desplazado en busca de hábitats adecuados y han alterado sus comportamientos estacionales en respuesta al calentamiento de los océanos, los cambios en el hielo marino y la pérdida de oxígeno. Además, el nivel medio del mar a escala mundial está subiendo y la aceleración observada en los últimos decenios obedece al ritmo cada vez más rápido de pérdida de hielo de los mantos de hielo de Groenlandia y de la Antártida, así como a la pérdida constante de masa de los glaciares y a la expansión térmica del océano, sin precedentes si se compara con el siglo pasado. 

Inundaciones y sequías

Las consecuencias del cambio climático que se sienten de manera más fuerte actualmente son las modificaciones de las condiciones hidrológicas. De aquí al año 2050, la cantidad de personas en riesgo de siniestro por desbordamientos de ríos y lagos glaciares aumentará de 1.200 millones a 1.600 millones. 

Desde principios hasta mediados de la década de 2010, unos 1.900 millones de personas - 27% de la población mundial - vivía en zonas potencialmente sujetas a una grave carestía de agua. En el 2050, esa cifra podría aumentar hasta 3.000 millones de personas. 

Se prevé que el cambio climático aumente el número de regiones con estrés hídrico y agrave la escasez de agua en aquellas zonas que ya lo padecen. 

La criosfera, las partes del planeta cubiertas de hielo como capas y glaciares, es una fuente muy importante de agua dulce para las regiones montañosas y las zonas que se encuentran río abajo. Además, puede afirmarse que el deshielo de los glaciares alcanzará su máximo a escala mundial a más tardar a finales del siglo XXI. Después, se prevé que se reduzca en todo el mundo, con implicaciones para las reservas de agua. 

El agua de deshielo es el agua liberada por el derretimiento de la nieve o el hielo, incluido el hielo glacial, los icebergs tabulares y las plataformas de hielo sobre los océanos. 

Se estima que en Europa Central y el Cáucaso ya se ha alcanzado el nivel máximo, y en la región de la meseta tibetana se alcanzará entre el 2030 y el 2050. En esa región el agua de deshielo procedente de la cubierta de nieve y los glaciares representa hasta el 45% del total del caudal de los ríos, la disminución de su volumen afectará a la cantidad de agua disponible para 1.700 millones de personas.


La Guerra Fría

 




El término "Guerra Fría" describe la lucha ideológica entre el capitalismo en Occidente y el comunismo en Oriente. 

Este enfrentamiento político, ideológico, económico y cultural tuvo lugar entre 1945 y 1989 entre dos bloques de países liderados por: 

Estados Unidos (EE.UU) y 

la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). 

Ambos forjaron muchas tensiones y llegaron en varias ocasiones al borde de la confrontación, pero no se enfrentaron directamente desde el punto de vista militar, a pesar de que ambas eran las únicas superpotencias del planeta. 

La Guerra Fría se extendió hasta 1989, cuando la caída del Muro de Berlín, el fin de los gobiernos socialistas en Europa oriental y la Cumbre de Malta pusieron fin al enfrentamiento entre EE.UU. y la URSS y sus respectivos aliados. 

EE.UU

Líder del bloque occidental, integrado por Japón, los países de Europa occidental, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, defendían el capitalismo como sistema económico y la democracia liberal como sistema político. 

URSS

Bloque del Este o bloque oriental, integrado por países ocupados por el Ejército Rojo. Defendían el socialismo como sistema económico y social y la democracia popular de partido único como régimen político. 

Constituyó una amenaza permanente de conflicto entre los dos bandos, cada uno de los bloques se organizó mediante tratados de cooperación, ayuda mutua y apoyo militar. 

El bloque occidental integró la OTAN.

El bloque oriental, el Pacto de Varsovia y 

el Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECON). 


Los Sofistas

 

¿Quiénes fueron los sofistas?

Fueron un grupo de pensadores griegos que aparecen en la segunda mitad del siglo V a. C. Eran hombres de una vasta cultura, por poco, diríase que enciclopédica, que habían venido atraídos por el esplendor cultural de la polis de Atenas. Por lo general eran extranjeros, metecos, es decir, no habían nacido en Atenas. 

¿Qué tenían en común? Al menos tres rasgos: 

1°. Incluyen en sus enseñanzas un conjunto de disciplinas humanísticas: retórica, política, derecho, moral. 

2°. Son los primeros profesionales de la enseñanza, para ganarse la vida, alquilan pequeños locales y se dedican a enseñar a los hijos de los ricos y los acomodados - sobre todo comerciantes - pero cobrando, cosa inaudita en aquellos tiempos, lo que llegó a escandalizar a la gente culta y a ciertos sectores de la población. 

3°. Son críticos con la cultura y la educación tradicional, que, según ellos, resultaba inadecuada para las exigencias de la época en que vivían. 

¿Por qué surgen los sofistas? Inciden en su aparición, esencialmente dos factores: 

1. La evolución del pensamiento filosófico desde los primeros pensadores (filósofos de la naturaleza). 

2. Las circunstancias políticas que llevan a la instauración de un sistema democrático en Atenas. 

En relación con lo que es la naturaleza y el universo, los filósofos habían ido desarrollando distintas teorías que afirman tesis enfrentadas entre sí: para unos solo hay un único principio (Heráclito y Parménides), para otros son varios (los pluralistas); para unos el movimiento es imposible (Parménides), para otros la realidad está en continuo movimiento (Heráclito); para unos el universo está regido por una inteligencia ordenadora (el Nous de Anaxágoras), para otros es fruto de una necesidad ciega y azarosa (Demócrito). 

Es un espectáculo fascinante, pero a la vez descorazonador: la filosofía de la naturaleza se había mostrado incapaz de producir un sistema aceptable para todos. 

El principal sofista, Protágoras ejemplifica el clima intelectual generado por esta evolución de la filosofía; clima que se refleja en la defensa del relativismo (no hay una verdad absoluta) y el escepticismo (si la hay (la verdad), es imposible conocerla). 

Al abandono de la investigación natural no sólo contribuyó la circunstancia filosófica arriba descrita sino también las necesidades planteadas por la práctica democrática de la sociedad ateniense.

 

Circunstancias políticas: la democracia ateniense. 

1. La victoria frente a los persas y la extensión de la democracia. 

Las guerras médicas concluyeron con triunfo de Atenas sobre el régimen tiránico de los persas, pero a ello han contribuido todos los ciudadanos: las clases no aristocráticas habían sido convocadas para el sangriento enfrentamiento en la guerra. Consecuentemente, reclaman ahora, con todo derecho, un puesto en la sociedad ateniense. Esa irrupción de las clases populares en la vida pública es lo que hoy denominaríamos:  democratización de la sociedad. Esta se concreta en lo siguiente: 

a) El gobierno de la ciudad se realiza a través de la participación de los ciudadanos libres - quedan excluidos los extranjeros, los esclavos y las mujeres. 

b) Las decisiones se toman en la asamblea, en el ágora, donde reunidos los ciudadanos con derecho a voto, exponen sus distintas posiciones. 

c) Hay una gran identificación de los ciudadanos con la polis y el gobierno, participan por turnos -a veces por sorteo otras por elección- en todos los asuntos de la ciudad: administración de justicia, cargos gubernativos, defensa, etc. A partir de ahora ya no es el factor herencia -el linaje- el valor predominante ni el único que da derecho a participar en la vida pública. Ésta está abierta a todos los ciudadanos. 

2. La necesidad de prepararse para el liderazgo: saber es poder. 

Con la democracia, el liderazgo político no pasa por el linaje sino por la aceptación popular. Cuando las decisiones las toma la asamblea, si se desea el triunfo y el poder, el político debe ser un buen orador para dominar la masa; para ello habrá de prepararse y poseer ciertas ideas acerca de lo justo, lo conveniente, la ley, la administración, el Estado, etc. Saber y saber expresarse se convierte en algo fundamental para tener éxito en la vida política, y son precisamente estas enseñanzas las que ofrecen los sofistas. 

3. La importancia de la palabra: el poder de la asamblea. 

"El que sabe y no se explica claramente, es como si no pensara" afirma Pericles. 

Se adquiere conciencia de la importancia y del poder de la palabra. La oratoria, la elocuencia, la retórica son instrumentos fundamentales tanto para convencer como para poder desenmascarar los intereses privados o de grupo, que puede esconder tras los discursos y leyes establecidas. 

“La palabra es una gran dominadora, que, con una sutil y poco perceptible intención, sirve para lograr y conseguir determinados objetivos importantes, pues puede hacer cesar el temor y quitar los dolores, infundir la alegría e inspirar la piedad...El discurso, persuadiendo al alma la conduce convencida, a tener fe en las palabras y a consentir en los hechos... La persuasión, unida a la palabra impresiona al alma como ella quiere. La misma relación tiene el poder del discurso con respecto a la disposición del alma que la disposición de los remedios respecto a la naturaleza del cuerpo.” Gorgias, Elogio de Elena.  

4. El giro antropológico y político: los asuntos del ser humano en la ciudad. 

De esta manera en la filosofía se produce un giro en sus preocupaciones temáticas y se centra en las preocupaciones de los propios ciudadanos atenienses en sus discusiones en la plaza pública. 

Los sofistas inician una reflexión sobre las estructuras políticas y jurídicas de la sociedad helénica y sobre los comportamientos morales de sus ciudadanos. Temas marginados hasta ahora - por los regímenes políticos anteriores- y que ahora son tema central y objeto de la crítica racional. 

5. De los problemas abstractos a la problemática cotidiana. 

Más que un saber universal o problemas de carácter abstracto interesa ahora estudiar lo cotidiano - de carácter político -. Interesan aquellos saberes que sirvan para la realidad problemática que el ser humano vive cada día: qué educación ha de darse a los ciudadanos, cómo se ha de organizar la sociedad, cómo se ha de distribuir el poder en ella, qué relación debe existir entre la sociedad y el individuo, qué leyes han de regular esas relaciones, etc. Se busca lo mejor para la ciudad y el ciudadano. 

6. Los filósofos toman un papel público y activo. 

El sabio, el filósofo, hasta ahora recluido en círculos minoritarios y centrado sobre la especulación teórica, hace su entrada en la vida social como alguien que es capaz de prevalecer sobre el contrario gracias a su saber y la fuerza de su discurso -fruto de su dominio del arte de la oratoria -. Esto es lo que hará que algunos sofistas sean temidos y criticados por la forma en que utilizan su saber. 

El estilo y las intenciones de los sofistas.

Puesto que las decisiones se tomaban en la asamblea y en ella eran los mejores oradores los que

conseguían éxitos y el mejor reconocimiento social, los sofistas aprovechan el momento eufórico para ofrecer su saber y las técnicas para saber hablar bien. 

El arte sofístico es preciso considerarlo como una filosofía retórica. El sofista comienza sus discursos con frases como "yo sé", "conozco", "ya hace mucho tiempo que he observado", "no hay nada seguro para el hombre". Algunos dicen que el modelo a imitar fue el mismo Pericles que dominaba el arte de la improvisación, otros dicen que fue Gorgias porque cuando se presentaba en el teatro tenía la osadía de decir: "Proponerme un tema" y ninguno le ganaba a hablar y refutaba a todos. Así pues, los antiguos denominaban sofistas a aquellos filósofos que sabían exponer sus doctrinas con elocuencia. La ciudad de Atenas comenzó a temerlos porque ganaban todos los pleitos, tanto si tenían razón como si no, ya que dominaban el arte de la improvisación para saber defender el sí y el no de una misma cuestión según las circunstancias y las necesidades de los clientes.”    Filostrato, Vidas de los Sofistas, I         

El discurso sofista es un tipo de discurso grandilocuente. Pero hablar bien no siempre quiere decir querer razonar para llegar a la verdad o defender causas justas. En muchas ocasiones la intención es la búsqueda del aplauso, del reconocimiento social, la demostración del poder y el dominio en el arte de convencer. Un ejemplo claro de esta utilización del saber sofístico es lo que se denomina el Doble discurso, éste consiste en saber defender el sí y el no de una misma cuestión con el mismo poder de convicción. 

Sobre lo bello y lo feo también podemos formular un doble discurso. Pues unos dicen que una cosa es lo bello y otra lo feo, que la diferencia, como en el nombre, también existe en la realidad; otros en cambio, mantienen que es lo mismo lo bello y lo feo. Pienso que si alguien, en un momento, diera la orden de que todo el mundo reuniera en un solo lugar aquello que cada uno considera feo, y después mandara tomar de este montón aquello que cada uno considera bello, no quedaría ni una sola cosa, sino que entre todos habrían recogido todo. Esto es así porque ninguno piensa lo mismo.” Anónimo, Dobles razonamientos. 

Hubo sofistas con distintas actitudes, unos buscaron lo mejor para la ciudad, pero otros simplemente se vendieron al mejor postor simplemente por dinero defendiendo, a sabiendas que lo eran, causas injustas. Su brillantez en los discursos y su éxito les lleno las aulas de los jóvenes de las mejores familias, todos ellos aspirantes a triunfar en política; pero también les proporcionó un buen número de detractores ante la falta de honestidad y el ejercicio de manipulación que algunos de ellos habitualmente practicaban. Otras veces sus detractores -como en el caso de Platón- lo que no les aceptan es la crítica que hicieron de los valores tradicionales. De la utilización manipuladora del lenguaje proviene el término sofisma. Con esta palabra se designa el argumento que reviste apariencia lógica y de verdad, a pesar de que quien lo formula es consciente de su falsedad. 

Épocas y autores

Sus integrantes no defienden una postura unitaria. No se trata de una escuela homogénea en sus planteamientos ni en sus soluciones. Si alguna nota común cabe destacar es la de constituir un movimiento intelectual, fruto y exponente de una crisis moral y social, de carácter crítico de la propia sociedad en la que nace y se desenvuelve. Se distinguen dos épocas: 

1. Primera sofística: Sofistas de la cultura. 

Está formada por los más destacados y auténticos creadores del movimiento sofista.

Buscar dar una base racional a la sociedad y a los valores de su tiempo más allá de la aceptación por tradición. La ley y la moral son convencionales, pero cabe hacerlas acordes con la naturaleza. 

Representantes: Protágoras de Abdera, Gorgias de Leontini, Hippias de Elis y Pródico de Ceos. 

2. Segunda sofística: 

Sofistas posteriores. Se presenta un cambio en la situación política, es mucho más conflictiva.

Características 

- Estos sofistas son menos creativos, reflexionan sobre ideas de los anteriores 

- Les atribuyen la degeneración y decadencia de la sofística 

- Sofista adquiere una significación peyorativa, aquel que da razones que sabe falsas, que las reviste de falso rigor lógico. 

- No le importa el objeto que defiende, sino el juego intelectual con que pueda vencer al contrario, llevarlo a confusión. 

- Acentúan la oposición entre naturaleza y leyes (que son consideradas fruto de la voluntad de dominar mediante ellas a los otros, donde la mayor parte son contrarias a la naturaleza). 

Valoración y conclusiones 

1. Su crítica no pretende ser puramente destructiva (al menos en la primera época), más bien tiende a ser clarificadora, de someter toda verdad a una verificación racional. 

2. Tienen un rasgo positivo: el impedir la absolutización de verdades que se pretendían tales. Se hace imposible seguir afirmando que la ley es de carácter sagrado e inamovible, sólo cabe el establecimiento de normas variables de conducta. 

3. En el lado negativo y contrapartida tenemos que el relativismo a que llevó el abuso de la práctica como legitimadora de la verdad imposibilitó el establecimiento positivo de unas bases sobre las que construir el orden nuevo que sustituyera al por ellos criticado. No existían valores comunes en que apoyar el convencimiento del comportamiento colectivo. La verdad se había vuelto tan variable que lleva al individuo a actuar según las circunstancias de forma también variable. 

Esto explica que la retórica, arte de la exposición y comunicación entre ciudadanos, se convirtiera en puro ejercicio dialéctico para vencer al contrario. 

La democracia (demos: pueblo - cratos: poder), favoreció la participación de los ciudadanos, tomando importancia las Asambleas (debates, las discusiones), la cual llevó al surgimiento de una nueva cultura. Ésta estaba orientada a las cuestiones prácticas del gobierno de la ciudad y de la administración de la justicia. Surge el desarrollo de tendencias y teorías contrapuestas entre sí, que ayudó notablemente a la habilidad dialéctica, como medio de intervención en las diversas instituciones. Esta situación, propició la aparición de pensadores especializados en la enseñanza de la retórica y de la dialéctica: Los sofistas. 

Los sofistas se establecen en Atenas, fueron un grupo de pensadores griegos que vivieron entre la 2ª década del siglo V a. C. y la 2ª década de la centuria siguiente. Aunque la mayoría de ellos nacieron en colonias griegas y enseñaron en muchas ciudades helénicas, su labor intelectual la desarrollaron principalmente en Atenas, el centro cultural indiscutido de la Hélade. Fueron: Protágoras, Gorgias, Pródico, Hipias, Trasímaco, Antifón, Critias, Licofrón, Alcidamante y Calicies. 

La palabra sofista surge de “sophistés”, que al principio poseyó un significado y valor positivo, significabaexperto, entendido, sabio en las cosas de la vida. Pero a partir de finales del siglo V, dicha palabra adquiere un fuerte tono peyorativo, pasando a tener otra connotación de “falso sabio, embaucador, constructor de sofismas”. ¿Por qué surge este matiz negativo? Podría argumentarse que: 1°.  eran escépticos religiosos, por lo tanto, indirectamente, pregonaban la tolerancia religiosa; 2°. desarrollan ciertas ideas y actitudes que incidían notablemente en las creencias de los griegos. En este sentido, los sofistas tendieron a defender el relativismo de las normas, de las

costumbres y de las creencias que propugnaron ciertas posturas agnósticas: cuestionando la eficacia y la realidad de los dioses, insistiendo en la imposibilidad de resolver racionalmente los enigmas de la religión. 

Un rasgo común con los filósofos de la naturaleza; era que asumían una postura crítica ante los mitos tradicionales, recibían retribuciones económicas por su actividad pedagógica, opinaban que, aunque existieran respuestas a las preguntas filosóficas, los seres humanos no serían capaces de encontrar respuestas seguras a los misterios de la naturaleza y del universo. Esto es, escepticismo en filosofía. Pero, aunque no seamos capaces de encontrar la respuesta a todos los enigmas de la naturaleza, sabemos que somos seres humanos obligados a convivir en sociedad. Los sofistas optaron por interesarse por el ser humano y por su lugar en la sociedad. 

Los sofistas son los creadores del arte retórico, el cual surge de la conciencia de un hecho aparentemente trivial: la relación entre el habla y el mundo es, sobre todo, una representación. Esta representación o logos puede ser siempre superior a otra si posee ciertas características.  El estudio de estas cualidades tenía como disciplinas fundamentales a la retórica propiamente dicha (el arte de la persuasión a través de la palabra), a la oratoria (arte de la elocuencia) y a la dialéctica (arte de refutar y discutir). 

El desarrollo y profundización de dicho estudio implicaron la creación de la lógica, la gramática y la lingüística. Asimismo, la retórica sofista trajo consigo el surgimiento y desarrollo de una amplia gama de ciencias de la cultura: la epistemología, la ética, la psicología, la estética, la teoría de la religión, la sociología y la ciencia política. 

Es decir, la revolución sofista no fue sólo, ni primordial-mente una revolución formal, sino una serie de innovaciones con contenidos diferentes en muchas áreas del conocimiento. Podríamos definir a la sofística como una filosofía crítica de la cultura cuyo origen, objetivo y recurso es el cuestionamiento permanente de todo lo humano. La lista de las áreas del saber que se desarrollaron a raíz de la sofística refleja claramente que el ser humano se había convertido en el centro del pensar filosófico, dejando en un segundo plano a la naturaleza, preocupación principal de las escuelas presocráticas. Con la sofística, el hombre, como individuo moral y como ser social, como sujeto cognoscente capaz de incidir sobre su circunstancia a través del conocimiento adquirido, se convierte en la problemática fundamental. 

Este cambio radical de perspectiva filosófica y la postura crítica frente a todo lo heredado son características comunes de los sofistas, así como su utilización de técnicas retóricas de diversa índole, su empirismo y escepticismo epistemológicos y, por último, su confianza en la utilidad de la labor pedagógica que realizaban. Sin embargo, aquí terminan las coincidencias. Tanto en el plano como ético como en el político, es posible encontrar posiciones muy diversas al interior del movimiento sofista; a ello se agrega el marcado individualismo que caracterizaba la conducta personal de los sofistas. 

Los sofistas trastocaron los valores fundamentales de la polis griega a través de un cuestionamiento muy profundo de los principios que la habían sostenido hasta entonces. Sin embargo, en diversos campos, pensadores griegos de distintas escuelas presocráticas habían ya abierto el camino para el arribo de la sofística a Atenas hacia mediados del siglo V.  La serie de transformaciones intelectuales provocadas por los sofistas son esenciales para entender el apogeo de Atenas, ciudad que encarna, casi por sí sola, lo que se denomina comúnmente Ia Grecia clásica". 

En el plano epistemológico, los sofistas pusieron en duda la posibilidad de un conocimiento objetivo. Siguiendo a Heráclito en su polémica con Parménides, consideraban a la realidad como algo en constante cambio; "al estar comprendidos dentro de esa realidad, no sólo los objetos de conocimiento, sino también el mismo sujeto que conoce, no puede admitirse nada inmutable, universal y necesario 

El más famoso de los sofistas fue Protágoras, cuya única forma de conocimiento que acepta son las sensaciones, éstas poseen necesariamente un carácter subjetivo, es decir, relativo, como se refleja en su célebre frase: "El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son y de las que no son en cuanto que no son." Niega la existencia de un absoluto situado detrás de los fenómenos del mundo de los sentidos, así como detrás del mundo de los valores: ninguna representación puede pretender con mayor derecho ser verdadera, ya que todas lo son igualmente. No cree que los usos y costumbres de un pueblo sean mejores que los de otro. No existe, para él, una instancia que pueda decidir cuáles son los valores verdaderos; todos ellos son productos culturales humanos: la moral, el arte, la religión y el Estado. El relativismo el sistémico de Protágoras deriva pues en un relativismo sociológico. 

La conclusión a la que llegan los sofistas es simple: ya que las leyes humanas son arbitrarias, convencionales y susceptibles de ser cambiadas, y debido al hecho de que nunca vamos a llegar a la concepción de unas leyes universalmente válidas, lo mejor que podemos hacer es tratar de cambiar esas leyes en nuestro propio beneficio y procurar que estas siempre se orienten hacia nuestros intereses (cosa que era posible en una sociedad tan participativa en el poder político como la ateniense);si no hay ninguna verdad absoluta y universalmente válida, cada individuo tiene derecho a seguir su arbitrio e inclinaciones, y si las leyes de la polis se lo impiden, entonces se agrede contra su derecho natural y supone una coacción que nadie está obligado a aceptar, al menos moralmente hablando. Desde este punto de vista, las leyes positivas (humanas) son preceptos arbitrarios para el beneficio de los que ostentan el poder: los gobernantes.

Los sofistas también incluirían como preceptos y prejuicios arbitrarios toda creencia religiosa. Si nada en este mundo puedo saber con certeza, doblemente imposible será llegar hasta las recónditas y escondidas causas de las cosas.

Protágoras y Critias defendieron que si las cosas que vemos son para nosotros aquello que queremos que sean, aquello que no vemos con más razón será puesto por el sujeto. Su postura al respecto era radicalmente atea: el hombre no es la criatura, sino el creador de los dioses.

 

Sofistas

Cobraban por enseñar

El conocimiento es relativo

Eran escépticos y relativistas

Discutían temas sobre política

Perseguían la reacción afectiva

Enseñaban para triunfar en la vida

Se expresaban mediante monólogos

Dirigen su discurso a las emociones para persuadir





 


Los Presocráticos

 

Basaron sus teorías en la especulación sobre el principio material de la naturaleza. Entre ellos: 

Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímenes, Pitágoras, Heráclito, Parménides, Empédocles, Anaxágoras, Leucipo y Demócrito.

El nombre de presocráticos hace referencia a todos aquellos pensadores que ejercieron su labor filosófica antes de Sócrates. No obstante, esta cronología es bastante artificial, ya que muchos de estos hombres fueron contemporáneos e incluso sobrevivieron a Sócrates. Sin embargo, lo interesante de estos pensadores griegos, que no se denominaban a sí mismos filósofos (a excepción de Pitágoras) y que eran considerados magos, sabios, médicos, físicos, etc., estriba en que con ellos se inaugura la filosofía como paradigma racional autónomo y original, es decir, ocupan ese punto de bifurcación en el que se abrió paso un nuevo camino, el logos, la razón, que terminó desalojando la religión, el rito, el mito. 

Es frecuente leer que los presocráticos suponen el paso del mito al logos. Tal interpretación, no está exenta de prejuicios y malentendidos, provenientes de una cierta manera de observar este fenómeno, manera heredada de la tradición positivista, que entendió la historia humana como un proceso lineal y ascendente de progreso en cuyo despliegue, el advenimiento y desarrollo de la razón positiva, científica y neutral implicaba un menoscabo, paulatino retroceso del pensamiento mítico y religioso. 

La interpretación del nacimiento de la filosofía (y de los filósofos presocráticos) como el «paso del mito al logos», el tránsito de una sin-razón a una razón plena. Para Nietzsche es precisamente la razón teórica que inauguran los presocráticos la que supone un giro decisivamente perverso y falsificador de la cultura. La historia de la filosofía es la historia de una decadencia, de un resentimiento. 

Ahora bien, la escisión entre lo profano: razón, filosofía, ciencia, y lo sagrado: creencia, mito, religión, no es tan evidente. El arte adivinatorio ha utilizado siempre mensajes divinos que debían ser astutamente interpretados. La pitonisa era una hermeneuta y su mántica (éxtasis, delirio, locura sagrada) degeneró en una razón dialéctica o discursiva que hundía sus raíces en el asombro, en el enigma. Y el primer enigma que sorprende al hombre es la physis, la naturaleza, torrente de todo brotar y surgir que ha de ser interpretado y conocido para ser dominado. 

El conocimiento, como la mántica, implica una anticipación, una previsión de futuro que sólo se puede dar si se conocen las reglas, los principios que rigen (mandan) el aparente caos del acontecer. La pregunta por el principio de todas las cosas, por el arjé de la physis, caracteriza a los filósofos presocráticos que respondieron a ella de muy diversas maneras. 

Una primera respuesta la encontramos en Tales de Mileto, para el cual el principio o arjé era el agua, afirmación que se fundamentaba en la observación de que todo cuerpo, alimento o germen poseía la cualidad de lo húmedo, siendo el agua su principio rector. 

Lo importante de dicha afirmación no estriba en la elección del principio, sino en la afirmación de la necesidad de la existencia de éste para explicar la multiplicidad empírica y en que la arjé se formula fuera de todo contenido religioso. 

Si Tales de Mileto es el primer filósofo, la filosofía surge como una explicación de lo real, de la physis, como generalización de la ley universal de todo acontecer. El segundo presocrático del que se tiene noticia fue Anaximandro, autor del más antiguo texto filosófico conocido, que dice así: «De donde las cosas tienen origen, hacia allí tiene lugar también su perecer, según la necesidad; pues dan justicia y pago unas a otras de la injusticia según el orden del tiempo». 

La naturaleza se concibe como retribución, como justicia (diké) cuya ley es la necesidad. Toda la multiplicidad (determinada) de seres surge de un principio que ya no es un «elemento físico», sino un pre-elemento indefinido e indeterminado: el ápeiron (de péras, límite, determinación). 

El ápeiron es la génesis y principio de los seres, por lo que ello mismo evade y rehúye toda determinación. La arjé de toda determinación no puede ser ella misma determinación alguna, y de ella brota el conflicto de la generación de los seres, como una segregación de parejas de contrarios que han de ser «devueltos» (según justicia) a lo indeterminado siguiendo la ley de la necesidad. Lo interesante del pensamiento de Anaximandro es la negación de toda evidencia empírica. El ápeiron es un principio abstracto, hipotético, que contradice toda experiencia sensible. 

Para Anaxímenes, la arjé o principio creador de todas las cosas es el aire, que por condensación y enrarecimiento, en ciclos infinitamente repetidos, origina todos los seres y sus diferencias cualitativas. Aire es también el alma (psiché), soplo o aliento divino similar al aire que nos rodea. 

Heráclito de Éfeso fue el último de los presocráticos que vivió en Jonia. Familiarizado con los cultos mistéricos (Deméter), su escritura es premeditadamente enigmática, de igual manera que el logos mántico lo es, motivo por el cual se le dio el sobrenombre de «el Oscuro». Afirmó que el origen de todas las cosas es la guerra, la lucha y oposición de contrarios de la que surge la armonía, según una inexorable ley que remite a una unidad oculta: el logos, el fuego eterno que «se enciende según medida y se apaga según medida». Todas las cosas están sujetas a un devenir perpetuo donde todo fluye y nada permanece, y donde el nacer o perecer de un ser implica necesariamente el nacer o perecer de su contrario. La naturaleza es conflicto, lucha de presencias y ocultamientos: «Nos bañamos y no nos bañamos en el mismo río; somos y no somos». 

A la figura de Heráclito se le suele contraponerla de Parménides de Elea, el cual niega todo devenir como pura apariencia de ser. El mundo fenoménico, del cambio, es un engaño de los sentidos, mera apariencia. Todo pensar se encuentra siempre en la encrucijada de dos caminos: el primero es el camino del uno, «que es y que no es no-ser». El segundo es el del «que no es y que no-ser es necesario». Es decir, la diosa le muestra los dos caminos, pero éstos no manifiestan lo que hay, sino que establecen la legitimidad que nos permitirá decir y pensar el ser de lo que es: el ser es eterno, infinito, continuo, único e inmóvil. El conocimiento del ser se opone a la doxa, opinión, las cosas sensibles que son pura apariencia de ser, el camino equivocado.

Pitágoras de Samos, huyendo de la tiranía de Polícrates, se instaló en Crotona, donde fundó una comunidad de discípulos unidos por un estilo de vida y una normatividad comunes, una especie de asociación religiosa que perseguía la purificación (katarsis) del alma de las pasiones del cuerpo y su «salvación» a través de ciertas prácticas ascéticas que no debían ser reveladas a nadie ajeno a la comunidad. Pitágoras consideró que el alma era inmortal, «del linaje de los dioses», cuya unión con el cuerpo significaba un hundimiento, una «prueba» que ésta debía sufrir antes de su definitiva liberación (o hundimiento) de los ciclos de las reencarnaciones. 

Muy importante fue su doctrina del número, según la cual, éste es concebido como arjé o principio de todo lo presente y de todo lo pensable. Pero el numero ha de entenderse cualitativamente y como determinación ontológica, no cuantitativamente. 

Dentro de esta doctrina, los pitagóricos le concedieron especial importancia al tetraktys, es decir, a la serie numérica 1 +2 +3 +4, cuya suma es igual a 10 (década), igual que son diez los principios de los opuestos e incluso los cuerpos celestes: nueve visibles y una ariti-Tierra añadida (Antikton). El movimiento de los planetas y las estrellas produce una música celestial (armonía de las esferas) inaudible a los hombres pues es el silencio que acoge y en el que tiene lugar todo sonido. 

Entre los últimos presocráticos debemos mencionar a Jenófanes de Colofón, que defendió la tesis de un solo Dios «el mayor entre los dioses y los hombres, en nada semejante a los mortales, ni en la figura ni en el pensamiento». De su poema De la naturaleza de las cosas, sólo se conservan algunos versos.

También habría que mencionar a Empédocles de Agrigento, mago, profeta y adivino que estableció la teoría de los cuatro elementos (fuego, aire, tierra y agua) como principios genéticos y rectores del cosmos, elementos que se combinan como resultado de un equilibrio entre el amor (atracción) y el odio (repulsión).

Demócrito de Abdera y Leucipo, desarrollaron la teoría del atomismo, según el cual el mundo está compuesto (arjé) exclusivamente de átomos en movimiento en un espacio vacío, explicación que ha venido a denominarse mecanicismo y que será desarrollada en siglos posteriores por pensadores como Descartes o Thomas Hobbes.