lunes, agosto 29, 2016

El lujo  eterno. De la era de lo sagrado
al tiempo de las marcas.   

El siglo XX tiene como vector la vida cruza por la aspiración al lujo

En las tiendas por departamentos se banaliza el acceso al lujo y lo desmitifica. Para ello, qué mejor que los franceses para crear el consuelo mágico del prêt à porter (expresión francesa: “listo para llevar”). Los grandes almacenes ofrecen una ilustración a gran escala de ese semilujo democrático. Al bajar los precios, los grandes almacenes consiguieron ‘democratizar al lujo’, más exactamente, transformar  ciertos  tipos de  bienes  antaño  reservados  a  las élites acaudaladas en artículos de consumo corriente, promover el acto de  compra de objetos suntuarios.

Lipovetsky recuerda que lo superfluo y la apariencia han sido temas estudiados desde Platón a Polibio, de Epicuro a Epicteto, de San Agustín a Rousseau, de Lutero a Calvino, de Mandeville a Voltaire, de Veblen a Mauss. El lujo eterno. De la era de lo sagrado al tiempo de las marcas, se convierte en un libro indispensable para coser los tiempos de la posmodernidad con los nihilistas.

En Lujo eterno, lujo emocional, reitera algunos de los argumentos que le valieron la calificación de intérprete privilegiado de la posmodernidad. Vivimos una época, visible desde los años ‘70, en la que han perdido importancia tanto los ideales puritanos como los contestatarios. El  individualismo, el narcisismo extremo, el hedonismo sin culpa, se han vuelto dominantes en nuestra cultura. Esa dinámica individualista ayuda a  incrementar nuestra propia autonomía, nos emancipa de las antiguas obligaciones de pertenencia y erosiona la autoridad de las normas colectivas. Un proceso de  desinstitucionalización que se extiende a todas las esferas -familia, sexualidad, moda, religión, política- y a la que tampoco escapa el consumo de artículos suntuarios. Ahora que el lujo tiende a democratizarse en la competencia con los mercados de masas, Lipovetsky percibe un vínculo emocional en el consumo de objetos caros y raros. Afirmación subjetivista de nuestro derecho a la felicidad, basado en nuestra libre disposición como individuos más que en cualquier imposición social externa; el lujo ya no puede ser interpretado como mero signo de estatus o de clase.       

Resulta paradójico que en el momento mismo en que la posmodernidad nos concede la libertad y la felicidad tan añoradas por los modernos, ambas se restrinjan al exclusivo ámbito del consumo.      

Y aún peor, al exclusivísimo, mal que le pese al propio autor, consumo de bienes lujosos. Una tenue democracia del gusto donde el libre albedrío se convierte en inofensivo porque las elecciones en el mercado llevan siempre impreso el sello de lo transitorio.

Lipovetsky añade otra vuelta de tuerca. Al rastrear la historia de los consumos suntuarios descubre dos lógicas superpuestas que lo llevan a postular el carácter antropológico, universal, del lujo. Una es la del gasto excesivo y la ostentación, el intercambio simbólico de dádivas que caracterizaba a las civilizaciones “primitivas”, a diferencia de la acumulación de riquezas de las sociedades de clase. Con ello subestima el hecho de que también las sociedades arcaicas necesitaban asegurarse su reproducción material. La otra lógica indica cierta relación religiosa con el tiempo, la búsqueda de inmortalidad del soberano en los monumentos y los ritos fúnebres de las grandes civilizaciones antiguas. Por eso su ensayo concluye con la postulación de un sexto sentido, no materialista, que reinscribe la ritualidad en un mundo desencantado, de consumo a ultranza.

Una vocación de eternidad que se sustrae a la inconsistencia de lo efímero y sintoniza con el pensamiento mítico. Así, ese cruce entre tradición y moda que distingue a las marcas de lujo, esa apariencia de intemporalidad, vendría a ser el signo de la voluntad por trascender nuestro entorno desacralizado.

Entronización del lujo, extrañas exigencias metafísicas por parte de los consumidores y el nuevo desafío al que deben enfrentarse los encargados de la gestión de marcas suntuarias. De eso se ocupa Tiempo de lujo, tiempo de marcas, la parte del libro que corresponde a Elyette Roux. Sintoniza en todo con los imperativos de la lógica financiera de la industria de objetos suntuarios y que sólo interesará a los gerentes de marketing. Pero al menos Roux tiene la decencia de admitir aquello que Lipovetsky tiende a rechazar: que la pertenencia de una marca al universo del lujo debe ser definida por el precio de la mercancía.         

Dispendio, exceso, gasto o derroche son sus lexemas homónimos característicos del consumo ostentoso (Veblen) que aquella clase ociosa practicaba frenéticamente en su afán por exhibir su rango, su patrimonio y su nula disposición para realizar trabajo alguno, hasta tal punto que determinada indumentaria suya -el zapato con tacón de aguja, el corsé- servían ante todo para impedir cualquier ejercicio físico que lo aproximara al obsceno mundo del trabajo. Tamaño derroche, que se concretaba en las diversiones costosas tales como el potlach -ceremonia de rivalidad para conseguir prestigio, haciendo grandes regalos que obligan al donatario a responder con otros de mayor valor- o el baile, han perdurado hasta nuestros días, es la gran profecía de Veblen, aunque -hay que admitirlo- se han modificado sustancialmente las formas (bodas, bautizos, pedidas de mano, apuestas, despedidas de soltero...).       

El consumo ostentoso, parece razonable pensarlo, puede ser tildado como mínimo de superfluo. Sin embargo, en la sociedad cortesana (Norbert Elias) era necesario para el prestigio y la representación. A su vez, en tanto que parte maldita (Bataille), el derroche, el lujo auténtico exigiría el desprecio cumplido de la riqueza: un esplendor infinitamente arruinado.

Del lujo, Voltaire hará una apología, Rousseau dirá que «nace del ocio y de la vanidad» y Hume destacará «un gran refinamiento en la justificación de los sentidos». Como Jano, el lujo es doble, superfluo y necesario, ostentoso y exquisito, indica la dignidad y el exceso desordenado. Tiene que ver con la exuberancia y con el sacrificio, con el regalo y con la humillación. Y con la muerte: el lujo se relaciona con el luto en las, significativamente denominadas, pompas fúnebres. Además de todo ello, hoy asistimos a lo que el economista americano Robert H. Frank ha llamado fiebre del lujo (Luxury fever) para designar el fenómeno creciente de consumo de bienes de lujo que, según él, ha inundado los Estados Unidos de América en los últimos años. En esta línea de atención al lujo aparece un nuevo ensayo de Lipovetsky (Lujo eterno, lujo emocional), al que acompaña otro de Elyette Roux (Tiempo de lujo, tiempo de marcas): como se aclara en la presentación, un solo libro, dos enfoques distintos.

Se une a una lista inmensa de pensadores que, de Platón a Mauss, se han ocupado de lo superfluo, el aparentar, la disipación de las riquezas. Y lo hace porque considera que se han producido cambios cruciales en las últimas décadas en el escenario [sic] del lujo. Por ejemplo, en el año 2000, según un estudio de Eurostaf, se estimaba en noventa millardos de euros, a escala mundial, el gasto en el mercado de lujo, que suponemos se trata de una cifra muy superior a mediciones anteriores.        

Ello le lleva a decir que si el lujo otrora quedaba reservado a los círculos de la alta burguesía, los productos de lujo han «bajado» progresivamente a la calle. Por consiguiente, el lujo «ha estallado», ya no cabe hablar de un lujo sino de lujos, y se ha acrecentado con intensidad su visibilidad social (con el aumento del número de marcas de lujo -412 en los años noventa- se intensifica la inversión publicitaria, se da una mayor mediatización de las marcas de lujo, se multiplican las redes de distribución: nuevas tiendas «exclusivas», los corners reservados a las grandes marcas, los nuevos espacios en los no-lugares dedicados al perfume y a la belleza...).        

Reconoce que coexisten dos tendencias: la que banaliza el acceso al lujo y lo desmitifica, y la que reproduce su poder en ensoñación y de atracción. Ni apología ni anatema, la posible contradicción la resolveremos en el eje temporal: en la sociedad hodierna se da «una nueva cultura [sic] del lujo» que se actualiza en un culto de masas a las marcas. En su interés por facilitar datos empíricos que avalen esta tesis, que va del estrellato de los chefs y de los diseñadores de renombre, hasta la proliferación de publicaciones, no resalta suficientemente, bien que lo considere, lo que podríamos llamar actitud y atención ante la memoria, lo antiguo, las antigüedades, lo auténtico, la «exhumación».

Se conforma con afirmar velozmente que se da una consagración contemporánea del lujo acompañada de una valoración inédita del pasado histórico, con un deseo posmoderno de reconciliar creación y permanencia, moda e intemporalidad.

Mostradas sus premisas, hipótesis, tesis, todas mezcladas y agitadas, propone un «esbozo de la historia del lujo desde [...] el paleolítico hasta nuestros días».
Más no se trata de una historia empírica, sino de una «historia de las lógicas del lujo». Para el paleolítico recurre al libro de Marshall Sahlins Edad de piedra y edad de abundancia, que ya aclaraba que incluso en una situación alimentaria deficitaria se encuentran signos de prodigalidad, de generosidad, sin hacer los cálculos que la racionalidad económica exigiría. Y de la mano de Malinowski, muestra casos como el don, la dádiva o, más concretamente, el kula, de Melanesia, regalos de objetos de valor a habitantes de islas lejanas.       Para épocas más reciente da noticias con la autoridad de viene, Elias, Veblen, Sombart, Simmel, Bourdieu, etc.

Aprovecha sus trabajos anteriores sobre la moda, que con firmeza discutible la hace nacer en el siglo XIV, para encararla como derroche ostentoso, que se abre paso bajo el signo de la antitradición, de la inconstancia, de la frivolidad. Para la modernidad elige como ejemplo en la segunda mitad del siglo XIX la alta costura que impuso Charles Frederick Worth, creando una industria de lujo consagrada a la creación de modelos frecuentemente renovados y fabricados a medida de cada cliente. En la actualidad, ya no es pertinente la oposición entre modelo y serie (series de prêt-à-porter de lujo, millares de unidades de perfume de lujo, o de coches BMW). Una nueva era del lujo supone que los grandes grupos manejan un colosal volumen de negocios, que cotizan en bolsa. Después de un largo ciclo, «ha llegado la hora del lujo de marketing centrado en la demanda y en la lógica del mercado». Cabe perfectamente la posibilidad de que coexistan gastos ruinosos, despilfarros con compras «económicas», lo que le autoriza a diagnosticar que el consumo de lujo se encuentra en vías de desinstitucionalización, y eso sucede, según parece, con la aparición de un individualismo desregulado, opcional, denominado «neoindivi-dualismo», donde es el propio individuo y su cuerpo la medida del lujo. El lujo entraría en una fase de democratización, seguido más por criterios individuales que por obligación social, lo que implica a su vez una relación más afectiva, más sensible, justamente un lujo más emocional. Y para no dejar nada suelto, en esa semiorragia del lujo aparecen nuevos signos transgresores en las pasarelas o en los deportes de altísimo riesgo. Para concluir con un ejemplo extraterrestre, se nos cuenta que Denis Tito, primer turista espacial de la historia, gastó más de veintidós millones de euros por una semana a bordo de la estación espacial internacional.

Elyette Roux: Tiempo de lujo, tiempo de marcas, atiende con las mismas hipótesis al marketing y a las marcas 2. Se podría decir que el lujo es un componente importante en lo que actualmente en semiótica se denomina estilos de vida. Ya no cabe reducir el lujo al objeto; se da un encuentro entre el objeto y la subjetividad íntima y profunda de aquel que lo reconoce.

En ese sentido, el lujo remite al placer, al refinamiento, a la perfección, así como a la rareza y a la apreciación costosa de aquello que existe sin necesidad, lo que procura una articulación ética y estética (en su perspectiva semiótica se trata de un no-poder sobre el mundo, donde se pasa de la ostentación a la emoción y donde se produce una exaltación del universo de lo sensible, donde actúan todos los sentidos, como p.e.: «Kenzo huele a bello»).

Si en los años ochenta el consumo de lujo se hacía «cueste lo que cueste» y en la década de los noventa no se quería comprar a cualquier precio, en la década actual se supeditan las afinidades e identificaciones afectivas a las marcas con que se encuentra afinidad.

Tamaña transformación supone un tránsito del producto (a veces sólo nacional) a la marca que posee o debe poseer un estilo inimitable mundialmente reconocido. Si Walter Benjamin consideraba la moda como el eterno retorno de lo nuevo, podemos sostener, también con este libro, que se da un eterno retorno del lujo. Y que podría seguir vigente aquel anhelo de Baudelaire cuando se refería a la Modernidad: «Luxe, calme et volupté»: (Lujo, calma y voluptuosidad).

                                                                 Profesor Adolfo Vásquez Rocca                                                                 
  
Análisis y Comprensión Lectora

1.     ¿Qué piensa de lo planteado por Lipovetsky?
2.     ¿Por qué el mundo contemporáneo es considerado como hedonista? 
3.     ¿Qué sentido tiene ser marquillero?        
4.     ¿Se considera  usted  comprador compulsivo?
5.     ¿Qué caracteriza la sociedad contemporánea?
6.     ¿Por qué el lujo ya no puede ser interpretado cómo único signo de estatus o de clase?
7.     ¿De qué manera se relacionan  lujo y derroche?




domingo, agosto 28, 2016

La moral  del bote salvavidas
 y moral  de la selección entre tres

El problema moral  de la ayuda internacional que se da a países pobres (sobre todo en naciones de África), se agudiza con los argumentos de las así llamadas moral del bote salvavidas y moral de la selección entre tres.

Garrett Hardin (1), argumenta que los gobiernos deben tener el derecho de limitar el número y la cantidad de niños por nacer. De otra manera no se podría evitar la “tragedia de los comunes”, es decir, agotar la capacidad de suministros y productividad de la tierra.

La moral del bote salvavidas, compara a las naciones ricas y opulentas (2)
Con un bote bien provisto y bien conservado. Las naciones pobres se encuentran en botes hacinados y mal provistos.

La moral del bote salvavidas sostiene que no existe campo suficiente en el bote para que todos se salven y que si las naciones desarrolladas tratan de ser generosas con las naciones pobres, no se podrá evitar la tragedia ya que todas se hundirían. Es un mal menor permitir que algunas o incluso muchas se hundan.

La palabra francesa triage, significa clasificación, selección. En Segunda Guerra Mundial se utilizó la práctica de distribuir los soldados heridos en tres grupos.

El primer grupo lo formaban aquellos soldados que estaban próximos a morir, por cualquier tratamiento que se les hiciera. El segundo, se recuperaría aún sin tratamiento, ya que sus heridas eran leves; en tanto que el tercero estaba formado por aquellos que se salvarían si recibían la atención inmediata. Como los implementos y el personal médico eran limitados, la decisión lógica se tomó en favor del tercer grupo.

¿Se está aplicando la moral del bote salvavidas?

Algunos aplican esta política de la clasificación a la situación internacional de alimentos. Muchas naciones no pueden proveer adecuadamente de alimentos a su población. Los pocos días que cuentan con un excedente de alimentos deberían decidir qué naciones pueden ser salvadas y recibir alimentos, cuáles pueden sobrevivir sin ayuda, ya que son capaces de mejorar su agricultura (aumentando su producción), y cuáles en situación desesperada y deberían ser abandonadas (a su suerte y desesperanza).

Las naciones que controlan los excedentes tendrán el terrible deber de decidir cuáles deberían ser alimentadas y cuáles morir de hambre. El punto álgido de la argumentación consiste en que hay que elegir entre dos males: la muerte por hambre de una gran parte de la humanidad o el peligro de arruinar a toda la raza humana.

Para evaluar las morales del bote salvavidas y de la clasificación, las preguntas obvias que ocurren son si sus defensores plantean los datos en forma correcta, si la disyunción es correcta, de tal modo que no haya alternativas. Parece que la alegoría del bote salvavidas no describe con exactitud la situación actual.

No existen botes por aparte para naciones ricas y pobres. Todos viajamos en el mismo bote, ricos y pobres, ya que somos dependientes unos de otros.

Las naciones desarrolladas gastan una porción considerablemente mayor de los recursos naturales del mundo que las naciones pobres, y así el problema de la justicia distributiva no puede pasarse por alto.

¿Quién es el dueño de los recursos naturales del Planeta?

La crisis energética arroja alguna luz sobre este problema. Tenemos que concluir que las disyunciones no son válidas, ya que hay soluciones alternativas.

Durante la década del sesenta la producción mundial de alimentos subió un 2,8% anual, mientras la población aumentó cerca del 2%. En la década del setenta la producción de alimentos descendió en un 2,4% anual; igualmente el crecimiento demográfico bajó alrededor de 1,8%.

Esto indica que el mundo no se está acercando a una hambruna general. Nadie niega la complejidad de aumentar la producción de alimentos hasta un nivel que diera abasto a todo el mundo, pero parece que no nos encontramos en una situación tan desesperada que lleve a que una gran parte de la población mundial muera por inanición.

Adaptado de:
Bioética. Principales problemas
Andrew C. Varga
Bogotá: Ediciones Paulinas, 1988.

Datos Complementarios

(1) James Garrett Hardin (abril 21 de 1915 - septiembre 14 de 2003).
Ecologista estadounidense quien advirtió de los peligros de la sobrepoblación. 

Su exposición de la tragedia de los comunes , en un artículo de 1968, llama la atención sobre "el daño que las acciones inocentes de los individuos puedan causar al medio ambiente". Él es también conocido por la Primera Ley de Hardin de Ecología Humana: "No se puede hacer sólo una cosa", que expresa la interconexión de todas las acciones. 

                                                                                                     https://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Portada


(2) Generalmente ubicadas en el Hemisferio Norte: Estados Unidos, y las europeas Alemania, Suiza, Suecia, Austria, Holanda, Irlanda, Noruega y Luxemburgo, los opulentos países de Asia: Catar, Singapur, Brunéi, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Baréin y Taiwán. Además de los países industrializados y potencias militares a nivel global: Inglaterra, Francia, Japón, Rusia y China.

China
La política de un hijo por pareja o política de hijo único, fue una medida de control de la población establecida en zonas urbanas de China, vigente entre 1979 y finales de 2015, con el objetivo de establecer un radical control de la natalidad que redujera un excesivo crecimiento de la población o superpoblación. China es el país más poblado del mundo, alberga la quinta parte de la población mundial.

El gobierno chino introdujo la política en 1978 para aliviar los problemas sociales y ambientales de China. La política es polémica tanto dentro como fuera de China debido a las cuestiones que plantea; debido a la manera en la cual se ha aplicado (para algunas personas agresiva), y debido a preocupaciones por consecuencias económicas y sociales negativas. No obstante, exámenes reciente emprendidos por el centro de investigación del banco de China, demostraron que cerca del 75% de la población, apoya dicha política.

La política se hace cumplir a nivel provincial a través de multas que se imponen en la renta o pago de la familia y de otros factores.



Luego de la Lectura Responder

1°. ¿Qué piensa de selección - clasificación (“triage”)  que se plantea para aplicar como mal menor a las naciones pobres del Planeta?

2°. Los países desarrollados consumen una considerable parte de los recursos naturales del Planeta, paradójicamente producidos por países pobres. Así que, los países ricos son quienes más consumen, contaminan, discriminan y promueven la inequidad distributiva del capital financiero internacional, el cual aumenta la explotación y el control a los países de la periferia; por lo tanto, serían los principales culpables la situación actual del Planeta.

Según el planteamiento anterior, deberían entonces ser los países ricos quienes promovieran y financiaran acciones y programas de ayuda a los países más pobres. ¿Qué piensa usted de esto?

3°. Realice un comentario analítico sobre el artículo en cuestión.

4°. ¿De qué trata el artículo?

5°. Establezca la idea principal del artículo

6°. Responda las dos preguntas que están incluidas en el artículo:

A. ¿Se está aplicando la moral del bote salvavidas?
B. ¿Quién es el dueño de los recursos naturales del Planeta?

7°. Explique cuál es la importancia para una nación implementar políticas tendientes y dirigidas a:

A. el crecimiento demográfico
B. la paternidad responsable
C. la esterilización obligatoria
D. planes efectivos de planificación en las parejas.

8°. ¿Por qué es interesante e importante el artículo?

9°. ¿Estaría de acuerdo con establecer medidas drásticas para controlar el crecimiento demográfico en Colombia?

Argumente su respuesta



Aviso
Desde la Pedagogía de la Paz 

Por considerar de suma importancia los Acuerdos pactados 
en  la  negociación  realizada en la Habana, Cultura Crítica
considera que todo colombiano política y socialmente
responsable debe conocer en detalle y de "primera mano"
dichos acuerdos, por lo que publica la introducción y el
link donde está el documento completo en PDF.

Invitamos a leerlo para comprender mejor esta compleja
situación.

Gracias por su atención y deferencia con lo publicado en el blog, 
que dentro de poco llegaremos a las 65 mil visitas.

De nuevo mil gracias por acompañamiento y apoyo. 




ACUERDO  FINAL
para la Terminación del Conflicto y la
 Construcción  de  una Paz Estable y Duradera


PREÁMBULO

Recordando que los diálogos de La Habana entre delegados y delegadas del Gobierno Nacional, presidido por el Presidente Juan Manuel Santos y delegados y delegadas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, con la decisión mutua de poner fin al conflicto armado nacional, tuvieron origen como resultado del Encuentro Exploratorio sucedido en la capital de la República de Cuba entre el día 23 de febrero y el día 26 de agosto de 2012;

Teniendo presente que como resultado de los diálogos exploratorios  referidos se produjo un Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, firmado en la fecha última citada ante testigos nacionales y ante delegados de la República de Cuba y del Reino de Noruega que sirvieron igualmente como testigos, y que, desde entonces, asienten el proceso como países garantes; 

Poniendo de presente que la República Bolivariana de Venezuela y la República de Chile se han aprestado en todo momento a sus buenos oficios como países acompañantes; 

Recordando que en desarrollo de la agenda aprobada en el Acuerdo en mención se dio inicio a la Mesa de Conversaciones  el día 18 de octubre de 2012 en la ciudad de Oslo, capital del Reino de Noruega, para luego continuar  en la capital cubana sin solución de continuidad  hasta el día de hoy que se firma el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera;

Subrayando que el Acuerdo Final que se suscribe en la fecha corresponde a la libre manifestación de la voluntad del Gobierno Nacional y de las FARC-EP, al haber obrado de buena fe y con la plena intención de cumplir lo acordado;

Teniendo presente que el Artículo 22 de la Constitución Política de la República de Colombia impone la paz como un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento; que el Artículo 95 afirma que  la calidad de colombiano  enaltece  a todos  los miembros  de la comunidad  nacional  por lo que es deber de todos engrandecerla y dignificarla; que el ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en la Constitución implica responsabilidades, entre ellas, propender al logro y mantenimiento de la paz; 

Subrayando que la paz ha venido siendo calificada universalmente como un derecho humano, y requisito necesario para el ejercicio de todos los demás derechos y deberes de las personas y la ciudadanía;

Poniendo de presente que el Acuerdo Final recoge todos y cada uno de los acuerdos alcanzados sobre la Agenda del Acuerdo General suscrito en La Habana en agosto de 2012; y que para alcanzarlo el Gobierno Nacional y las FARC-EP siempre y en cada momento nos ceñimos al espíritu y respeto de la Constitución Nacional,  de  los  principios  del  Derecho  Internacional,   del  Derecho  Internacional  de  los  Derechos Humanos, del Derecho Internacional Humanitario (Convenios y Protocolos), de lo mandado por el Estatuto de Roma (Derecho Internacional Penal), de los fallos proferidos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos relativos a los conflictos y su terminación, y demás sentencias de competencias reconocidas universalmente y pronunciamientos de autoridad relativos a los temas suscritos;

Recordando que el Artículo 94 manifiesta que “la enunciación de los derechos y garantías contenidos en la Constitución y en los convenios internacionales vigentes, no debe entenderse como negación de otros que, siendo inherentes a la persona humana, no figuren  expresamente  en  ellos”,  que  los  tratados  sobre derechos humanos, aprobados por el Congreso, y que no pueden ser suspendidos ni siquiera durante los estados de excepción, prevalecen en el orden interno;

Poniendo en consideración que la suma de los acuerdos que conforman el Acuerdo Final contribuyen a la satisfacción de derechos  fundamentales como son los  derechos  políticos,  sociales,  económicos  y culturales, y los derechos de las víctimas del conflicto a la verdad, la justicia  y la reparación, el derecho de los niños, niñas y adolescentes, el derecho fundamental de la seguridad jurídica individual o colectiva y la seguridad física, y el derecho fundamental de cada individuo en particular y de la sociedad sin distingos en general, a la no repetición de la tragedia del conflicto armado interno que con el presente Acuerdo se propone superar; 

Subrayando que el Acuerdo Final presta especial atención a los derechos fundamentales de las mujeres, los de los grupos sociales vulnerables como son los pueblos indígenas, las niñas, niños y adolescentes, las comunidades afrodescendientes y otros grupos étnicamente diferenciados; los derechos fundamentales de los campesinos y campesinas, los derechos esenciales  de las personas en condición de discapacidad y de los desplazados por razones del conflicto; los derechos fundamentales de las personas adultas mayores y de la población LGBTI;

Considerando que a juicio del Gobierno Nacional las transformaciones que conlleva la implementación del presente Acuerdo deben contribuir a reversar los efectos del conflicto y a cambiar las condiciones que han facilitado la persistencia de la violencia en el territorio; y que a juicio de las FARC-EP dichas transformaciones  deben contribuir a solucionar las causas históricas del conflicto, como la cuestión no resuelta de la propiedad sobre la tierra y particularmente su concentración, la exclusión del campesinado y el atraso de las comunidades rurales, que afecta especialmente a las mujeres, niñas y niños.

Valorando y exaltando que el eje central de la paz es impulsar la presencia y la acción eficaz del Estado en todo el territorio  nacional, en especial en múltiples regiones doblegadas  hoy por el abandono, por la carencia de una función pública eficaz, y por los efectos del mismo conflicto armado interno; que es meta esencial de la reconciliación nacional la construcción de un nuevo paradigma de desarrollo y bienestar territorial  para beneficio de amplios sectores de la población hasta ahora víctima de la exclusión y la desesperanza; 

Reconociendo los derechos de  la  sociedad  a  una  seguridad  humana  integral  con  participación  de  las autoridades civiles;

Exaltando y consagrando la justicia prospectiva en tanto reconoce derechos fundamentales esenciales para las nuevas y futuras generaciones  como son el derecho a una tierra preservada,  el derecho a la preservación  de la especie humana, el derecho a conocer sus orígenes y su identidad, el derecho a la exención de responsabilidades por las acciones cometidas por las generaciones precedentes, el derecho a la preservación de la libertad de opción, y otros derechos, sin perjuicio de los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación; 

Recordando que el pasado 23 de junio del año en curso, las Delegaciones del Gobierno Nacional y de las FARC-EP  suscribieron  en  la capital  cubana  los  acuerdos  de  Cese  al  Fuego  y  de  Hostilidades  Bilateral  y Definitivo y Dejación de las Armas y Garantías de Seguridad, en presencia del Presidente de los Consejos de  Estado  y  de  Ministros  de  la  República  de Cuba, del Secretario General de Naciones  Unidas,  del Presidente  de la Asamblea  General de la ONU, del Presidente  del Consejo de Seguridad  de la misma organización, del Ministro de Relaciones Exteriores del Reino de Noruega, de los Jefes de Estado de los países acompañantes, de Jefes de Gobierno de países de la región, del Enviado Especial de los Estados Unidos de América y del Representante Especial de la Unión Europea;

Aceptando que las normas de derecho internacional consuetudinario continuarán rigiendo las cuestiones relacionadas con derechos fundamentales no mencionados en el Acuerdo Final, incluyendo el mandato imperativo que ordena que “en los casos no previstos por el derecho vigente, la persona humana queda bajo la salvaguardia de los principios de humanidad y de la exigencias de la conciencia pública”; 

Reconociendo el mandato constitucional que afirma que corresponde al Presidente de la República como Jefe de Estado, Jefe del Gobierno y Suprema Autoridad Administrativa convenir y ratificar acuerdos de paz; 

El Gobierno de la República de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, hemos acordado:
Suscribir el presente Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y  Duradera, cuya ejecución pondrá fin de manera definitiva a un conflicto armado de más de cincuenta años y que a continuación se consigna.

El presente Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera se suscribe por el Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias  de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP), como Acuerdo Especial en los términos del artículo 3 común a los Convenios de Ginebra de 1949.


El Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP), firman siete originales incluidos sus anexos, uno para cada una de las partes, uno para cada uno de los países  garantes  y  uno  para  cada  uno  de  los  países  acompañantes.  

El séptimo ejemplar  original  se depositará inmediatamente tras su firma, ante el Consejo Federal Suizo en Berna o ante el organismo que lo sustituya en el futuro como depositario de las Convenciones de Ginebra. 

Lea el texto completo Aquí: