domingo, marzo 13, 2016

Del frente a los campos de  concentración nazis y al gulag: la guerra de Lev Netto

Soldado soviético en la Segunda Guerra Mundial, recuerda a sus
90 años cómo Stalin lo envió a un campo de trabajo en Siberia


Cuando la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin el 9 de mayo de 1945, el soldado soviético Lev Netto pensó que habían terminado los combates, los sufrimientos, los campos de prisioneros. Pero la URSS de Stalin decidió otra cosa. Y lo envió al gulag.

Hoy, con 90 años, el veterano en cuyos ojos azules y sonrosadas mejillas se adivina el rostro del chico que era, se confía a la agencia AFP en su apartamento repleto de libros y de cuadros. Revive la película de una vida que se funde con los sobresaltos de la «Gran Guerra Patriótica», una guerra que para él continuó mucho después de 1945.

El 22 de junio de 1941, un altavoz daba la noticia en su pequeño pueblo, cerca de Moscú: las tropas alemanas han invadido la URSS, rompiendo el pacto de no agresión firmado entre Hitler y Stalin. «Estaba loco de alegría. Íbamos a tener por fin una verdadera guerra», recuerda Lev Netto, que tenía entonces 16 años.

«Pensábamos que nuestro comandante supremo sabía lo que hacía», rememora
Pero cuando los habitantes del pueblo vieron a las fuerzas soviéticas abrir fuego contra posiciones nazis situadas a apenas 50 kilómetros de Moscú, el pánico se instaló: los vecinos asaltaron tiendas y fábricas, robaron alimentos y enseres.

Con 18 años, en 1943, Lev decidió alistarse en una unidad de estonios, puesto que sus padres procedían del pequeño país báltico anexionado en 1940 por la URSS. Su primera misión fue arriesgada: saltar en paracaídas en Estonia, ocupada por los alemanes, y llevar víveres a la resistencia local.

Él y sus camaradas cantaban y bebían hasta emborracharse mientras su avión sobrevolaba la línea del frente. Pero cuando su paracaídas se abrió en la noche negra, Lev Netto volvió a estar sobrio en segundos. «Recuerdo muy bien haber sentido el aire fresco en mi cara, el buen humor disiparse y el efecto del alcohol desaparecer inmediatamente».

La misión fue un fracaso. Los aviones no entregaron los víveres ni las municiones prometidas. Y no había ningún rastro de la resistencia estonia.

Tras algunas semanas escondidos en el bosque, Lev y sus camaradas oyeron a soldados hablar ruso. «Juraban como no estaba permitido», precisa. Pero a medida que se aproximaron, Lev observó que llevaban uniformes nazis. Era un batallón disciplinario constituido por soviéticos hechos prisioneros por los alemanes.

El lugarteniente de Lev se levantó, lanzó una granada y gritó: «Por la madre patria, por Stal...», pero no acabó su frase. Su cabeza estalló por el impacto de una bala alemana.

Tendido en el suelo, Lev fue capturado. Arrastrado de un campo de concentración a otro, fue testigo de las ruinas causadas por los bombardeos aliados. Hasta su liberación por soldados americanos. Un día de alegría que firmó su perdición a ojos del régimen soviético, que veía con malos ojos a los que habían encontrado a los «capitalistas» o habían vivido en el extranjero.

Enviado a Siberia

De vuelta a la URSS, Lev debía reengancharse, su desmovilización no estaba prevista hasta 1948. Pero el Gulag le esperabacondenado a 25 años en el campo de trabajo por «actividad contrarrevolucionaria», fue enviado a Norilsk, en el límite con el círculo polar.

«Cuando los oficiales y los soldados vencieron en otros países, sobre todo en Europa del Este, comenzaron a ver la diferencia que existía entre nuestros dos sistemas», confiesa.

En el campo, la amistad le salvó. «Pronto comprendí que para sobrevivir había que trabajar, más y más, porque cuando uno trabaja está con sus amigos».

«Si tu piel se vuelve blanca porque hace menos de 50 grados fuera, tus amigos van a frotarla con nieve. Teníamos que ayudarnos unos a otros, es lo que me salvó», continúa.

Será finalmente liberado en 1956, como parte de la desestalinización comenzada tres años después de la muerte del «padrecito de los pueblos».

El suyo murió en 1956, poco después de su liberación. «Pude enterrarlo. Era como si me hubiera ofrecido ese regalo», relata el anciano, cuya memoria vacila a veces.

Para reavivarla, su hija Lioudmila le tiende una bolsa llena de medallas. Sobre la mesa del salón, deja una carta que conmemora el Día de la Victoria, festejada el 9 de mayo en Rusia.

«Para mí el 9 de mayo es un día de alegría, pero con lágrimas en los ojos. Me acuerdo siempre de todos los que murieron ante mis ojos».




El hombre soviético

por LUIS FERNANDO AFANADOR                                       CULTURA | 2016/03/12 00:00


El más reciente libro de Svetlana Aleksiévich, premio nobel de literatura, da las claves para entender lo que está ocurriendo en Rusia.

El fin del ‘Homo sovieticus’
Svetlana Aleksiévich
Acantilado, diciembre 2015
643 páginas

La Unión Soviética se acabó en 1991 pero el Homo sovieticus sigue existiendo. El ‘nuevo hombre’, que quiso inventar el estado comunista durante más de 70 años, aún permanece en la conciencia de muchos rusos. Eso es lo que descubre Svetlana Aleksiévich, la más reciente premio nobel de literatura, en su extraordinario libro El fin del ‘Homo sovieticus’. Un hombre trágico. Y un hombre patético: ‘sovok’ (pobre soviet anticuado), le llaman despectivamente. Pero en todo caso se trata de un tipo de ser humano que no desapareció del todo tras la caída del comunismo: “Tengo la impresión de conocer bien a ese género de hombre. Hemos pasado muchos años viviendo juntos, codo con codo. Ese hombre soy yo. Ese hombre son mis conocidos, mis amigos, mis padres”.

Al Homo sovieticus, se lo distingue de buenas a primeras: tiene un léxico propio, una concepción propia del bien y del mal, de los héroes y los mártires, de la muerte. Es resentido y prejuicioso porque es heredero del gulag, de “la más horrible de las guerras”, de la colectivización, de las deportaciones de pueblos enteros. Se siente orgulloso de la hazaña de Yuri Gagarin y de haber formado parte de un vasto imperio. Le gustaba más el mundo cuando el diario Pravda le decía cuál era la verdad única y no tenía que confrontar varias versiones de la verdad. Más que un cómplice, se ve a sí mismo como una víctima. “¿Y de qué tengo que arrepentirme?”, fue una pregunta que Svetlana Aleksiévich escuchó a lo largo de sus entrevistas. Por cierto, cientos de entrevistas durante varios años, y no solo en Rusia, también en los países que hicieron parte de la Unión Soviética: Bielorrusia, Kazajistán, Turkmenistán, Ucrania. 

Svetlana pregunta, grabadora en mano, y obtiene unos testimonios impresionantes. ¿Cuál es el secreto? Su manera de preguntar. No pregunta sobre el comunismo, pregunta acerca del amor, los celos, la infancia, la vejez, la música, el baile, los peinados: los detalles de una vida que se fue, las huellas de la civilización soviética. El comunismo ‘doméstico’, ‘interior’. Interroga a la historia como un escritor, no en los grandes acontecimientos sino en los efectos que estos tienen en las personas concretas: “Siempre me ha atraído ese espacio minúsculo, el espacio que ocupa un solo ser humano, uno solo… Porque, en verdad, es ahí donde ocurre todo”.

Los diversos testimonios se encuentran organizados en dos grandes partes. La primera, ‘El consuelo del apocalipsis’, empieza en la época de Gorbachov -“el sepulturero del comunismo”, “el traidor de la patria”, según dice un mariscal entrevistado- y empieza en las cocinas, el único lugar donde se podía hacer chistes y criticar al poder sin temor. “Ay, la misteriosa alma rusa… Todos se esfuerzan por comprenderla, buscan desentrañar su esencia en las novelas de Dostoievski. ‘¿Qué hay detrás del alma rusa?’, se preguntan todos. No es más que un alma: nos gusta charlar en las cocinas, leer libros”. Abundan los suicidas, aquellos que no pudieron vivir sin la presencia omnipresente del Estado y no se adaptaron a la nueva libertad y a la nueva sociedad capitalista. 

Acostumbrados al látigo y a la esclavitud, no supieron qué hacer con una libertad que les llegó sin buscarla, impuesta desde arriba. Aunque la cacareada libertad finalmente no fue gran cosa: la posibilidad de elegir entre más marcas de salchichones y de vodkas. Una libertad de supermercado. Y la tal sociedad capitalista resultó ser una banda de pillos vendiendo islas y recursos naturales. 

De la utopía fracasada al vacío. ‘El encanto del vacío’ se titula la segunda parte, que da cuenta del desencanto 25 años después. Y continúan los suicidios. Una policía, madre de una niña de 5 años, enviada a reprimir Chechenia, antes de suicidarse, deja la siguiente nota: “No sabía que era tan fácil matar. No puedo vivir con eso”.

Ahora, ha renacido Stalin, la moda soviética, los anhelos imperialistas; Putin es como un zar o un secretario general del partido, que cambió el marxismo-leninismo por la religión ortodoxa. Svetlana nos da las claves de lo que está ocurriendo en Rusia.

http://www.semana.com/cultura/articulo/el-hombre-sovietico-resena-literaria-de-luis-fernando-afanador/464998



El Gulag (Dirección General de Campos de Trabajo) era la rama del NKVD que dirigía el sistema penal de campos de trabajos forzados y otras muchas funciones de policía en la Unión Soviética. Aunque los campos de trabajos forzados operaron en Rusia antes de esa fecha y del establecimiento de la Unión Soviética, el Gulag fue oficialmente creado el 25 de abril de 1930, y disuelto el 13 de enero de 1960.
A pesar de que este sistema albergaba también a criminales de todo tipo, el Gulag se ha conocido principalmente como el lugar de encarcelamiento de prisioneros «políticos» (ex-ministros, sacerdotes, ciudadanos deportados...) y como un mecanismo de represión a la oposición al Estado Socialista. Sin embargo, al no existir una categoría específica de presos políticos, estos tenían que soportar una doble presión tanto por parte de los carceleros como de los delincuentes comunes.

Gulag también es un acrónimo para denominar a la Dirección General de Campos de Trabajo. Con el tiempo, y según explica la escritora Anne Applebaum en su libro Gulag: Una historia:
La palabra Gulag ha venido a denominar además no solo la administración de los campos de concentración sino también al sistema soviético de trabajos forzados en sí mismo, en todas sus formas y variedades: campos de trabajo, de castigo, de criminales y políticos, de mujeres, de niños o de tránsito. O incluso más, los prisioneros en alguna ocasión lo llamaron «triturador de carne»: las detenciones, los interrogatorios, el transporte en vehículos de ganado, el trabajo forzoso, la destrucción de familias, los años perdidos en el exilio, las muertes prematuras e innecesarias.
Aunque la encarcelación de millones de individuos fue reportada en fuentes contemporáneas, el nombre de GULAG se hizo conocido en Occidente únicamente tras la publicación en 1973 de Archipiélago Gulag, de Aleksandr Solzhenitsyn, que comparó los dispersos campos con una serie de islas y lagos.



Prólogo El Archipiélago Gulag es uno de esos libros que hacen Historia por el sólo hecho de atreverse a narrarla. Antes de su publicación, los simpatizantes del comunismo y los intelectuales marxistas en general podían hasta cierto punto rechazar las críticas al sistema soviético calificándolas de "propaganda capitalista". Después, hasta los más recalcitrantes tuvieron que terminar admitiendo que el régimen impuesto por la Revolución Bolchevique se apoyó en el terror y en el horror. Y, aún así, - o quizás precisamente también por eso - terminó colapsando y derrumbándose en 1989. Esta obra de Solyenitzin trata sobre el sistema de campos de concentración y trabajos forzados diseminados por toda Rusia. GULAG es el acrónimo en ruso por "Administración Central de Campos Correccionales de Trabajo" El título original del libro en ruso es: "Arkhipelag GULag" con dos palabras que riman no por casualidad. (Un detalle de este "archipiélago" formado por una enorme cantidad de campos puede consultarse en la Semblanza de Alexander Solyenitzin publicada en forma separada en esta misma Editorial Virtual).








¿Alguna vez ha pensado cómo algunas personas se hicieron millonarias? Tal vez, si usted es un curioso de la lista de Forbes, siempre verá a los mismos multimillonarios repetir año a otro. ¿Qué es lo que hacen distinto al 99% del mundo para lograrlo?

Bien lo decía Steve Jobs “si tu no trabajas por tus sueños, alguien te contratará para que trabajes por los suyos”. Al parecer los millonarios y empresarios exitosos que dominan el mundo, tienen sus propias reglas para triunfar y compartir sus modelos empresariales.

Según la lista Forbes 2016, los millonarios más conocidos que figuran en los primeros nueve puestos son: en el primero, Bill Gates; en el cuarto, Carlos Slim y en el sexto, Mark Zuckerberg. Pero ¿qué es lo que los hace exitosos? Tal vez la respuesta sea muy extensa y no se cubra en todo este artículo, pero de lo que sí estamos seguros es que podrá sacar sus propias conclusiones de acuerdo a las lecciones aprendidas de algunos de estos genios.

En una entrevista realizada a Steve Jobs y Bill Gates, sentados uno al lado del otro, se les formuló la siguiente pregunta: ¿por qué piensan ustedes, que cada uno ha contribuido a la industria de computadores y de tecnología? Entre risas, Jobs respondió: “Bill construyó la primera empresa de software en la industria, y la construyó antes de que cualquiera supiera qué era una empresa de software” Acto seguido, se le preguntó a Gates ¿qué piensa de Steve y Apple? A lo que respondió sin titubeos: “si volvemos a 1977, Apple empezó con los computadores y la idea que iba a ser una máquina para el mercado masivo. Esta empresa persiguió ese sueño

Por su parte, es sorprendente que en la lista se encuentre el mexicano Carlos Slim con una fortuna superior a los US$50 mil millones, se podría decir “un vecino” que ha construido su fortuna en el Grupo Carso, Grupo Sanborns, Grupo Condumex, Industrias IEM, Sitcom Electronics, CICSA, entre otras. A través de una carta abierta a la comunidad universitaria en 1994 Slim dijo: “El éxito no es hacer bien o muy bien las cosas y tener el reconocimiento de los demás. No es una opinión exterior, es un estado interior. Es la armonía del alma y de sus emociones, que necesita del amor, la familia, la amistad, la autenticidad, la integridad". 

Ahora, el padre de la red social Facebook, Mark Zuckerberg, en el año 2008 se convirtió en multimillonario más joven con tan solo 23 años. En 2003 ingresó a Harvard y formó parte a fraternidad Alpha Epsilon Pi y desde ese año desarrolló programas como Coursematch y el Facemash.com. En 2004 creó la red social y después abandonó su carrera universitaria. Este joven asombró al mundo cuando dijo: “El mayor riesgo es no correr ningún riesgo. En un mundo que cambia rápidamente, la única estrategia que garantiza fallar es no correr riesgos¨.

Insértese el chip

Estas y otras frases seguramente las ha leído en postales de motivación financiera o discursos de emprendimiento para crear su propia empresa. Lo que sí queda claro, es que lo millonarios tienen un estilo de vida determinado por reglas que ayudan en sus finanzas y protección de sus mismos negocios. Finanzas personales le dará siete hábitos para que los ponga en práctica: 

1. Vea oportunidades: las personas con mucho dinero, que tienen varias empresas, siempre ven oportunidades y se proyectan al crecimiento. No es raro, que en la fiesta de final de año de la empresa donde usted trabaja, su jefe o el CEO diga con el puño arriba: “el próximo año seremos mejores, vamos a crecer en un tanto por ciento y seremos la empresa líder en el mercado”. Si usted es independiente, no se concentre en las pérdidas y crisis. Los líderes proponen soluciones y no quejas.

2. Cambie su vocabulario: dice el dicho “las palabras tiene poder”. No utilice las frases “no puedo”, problema y pereza. Las puede cambiar por retos y actitud. Bien lo dice Carlos Slim “hay que imponer nuestra voluntad a nuestras debilidades”. También es importante que revise la actitud de las personas que lo rodean: algunas de ellas actúan como un “esponja” y le absorben su energía, incluso, hasta sus sueños.

3. Tome el control de su vida: no espere que otros resuelvan sus problemas, económicamente hablando, debe preparar sus finanzas y prevenir los cambios que se pueden presentar en el mercado. Algo así como tener un “pie adelante” ante las adversidades. Recuerde visualizar posibles resultados y pedir opiniones para mejorar sus productos.

4. Gane e invierta: si usted quiere ser pobre, concéntrese en gastar su dinero. Puede que no le guste como suena, pero es la realidad. Usted puede tener dinero (activo) y lo puede invertir en negocios para atraer más dinero. De lo contrario, de nada le sirve su dinero debajo del colchón ni mucho menos, gastándolo en las tiendas o trago cada fin de semana.

5. Administre su dinero: en muchos casos, a usted no le han pagado y ya debe todo el sueldo. Busque alternativas y otras formas de ingreso. No se quede administrando deudas para empezar otras nuevas. Si usted gana poco, no mal gaste su dinero en cosas que son innecesarias o que en su casa ya las tiene. Evite los desperdicios.

6. Que el dinero trabaje por usted: los ricos conocen muy bien que las ganancias son aprovechadas para seguir invirtiendo, es decir, siga este ejemplo: si usted ha comprado un apartamento por inversión, debería arrendarlo y con la cuota recaudada usted pagaría el préstamo al banco y sus respectivos intereses. 

Cuando lo termine de pagar, va a seguir recibiendo las utilidades (representadas en el valor de la cuota mensual de arriendo). Si usted es visionario, podrá comprar otra vivienda con sus ingresos, más las utilidades de otros negocios, podrá soportar la cuota de nuevo bien inmueble y así sucesivamente.

7. No piense en su beneficio personal: la peor idea es pensar que se va hacer millonario de la noche a la mañana. El “ratón Pérez” no va a llegar con un costal de dinero y se lo va a dejar al lado de su cama. Usted debe pensar en su negocio, en retribuir e invertir las utilidades, en mantenerlo y adecuarlo a los cambios que prepara la competencia. Aprenda de los errores y sobre todo, consienta su equipo de trabajo.

Recuerde que el éxito se debe ver a largo plazo y el precio para lograrlo doloroso. Las grandes compañías nacieron en un garaje, sin mucho presupuesto y con pocos empleados.








Profesores versus estudiantes, ¿quién tiene la razón?  

 EDUCACIÓN | 2016/03/10 18:00



Mientras que un gran número de docentes universitarios critica la falta de disciplina y carencia en la formación básica de sus alumnos; ellos denuncian la falta de calidad y preparación de sus educadores. Semana Educación abre el debate.

Mientras existan quejas entre alumnos y docentes está en juego la educación. 

En medio de un sistema universitario que necesita cambiar y adaptarse a las nuevas necesidades de los jóvenes y del país, varios profesores universitarios se quejan del escaso nivel de preparación con que llegan los jóvenes a las aulas universitarias. Sin embargo, los estudiantes de las instituciones de educación superior también tienen sus reclamos, pues para ellos la falta de motivación en sus estudios se debe a que los educadores no cumplen sus expectativas y no están bien preparados en muchos contenidos.

No obstante, más allá de este dilema y las quejas de los unos y reclamos contra los otros, la situación ha generado que la calidad de la educación superior en el país se afecte. Y es que cuando los resultados, tanto en calificaciones, acreditaciones y probabilidades de empleabilidad son bajas, la culpa va de un lado al otro. ¿De quién es la responsabilidad, de las pocas bases formativas del estudiante o de la poca motivación del profesor para enseñar?

La queja principal de varios profesores viene desde el punto de vista actitudinal. Los estudiantes no tienen la disciplina y disposición de comprar y leer un libro entero. Lo he podido ver desde mi experiencia como docente. Es muy complicado incentivarlos”, dijo el profesor Mario Hurtado durante su cátedra en la Universidad Jorge Tadeo Lozano a un público de más de 200 estudiantes.

Además de eso, con la tecnología de sus dispositivos los estudiantes prestan menos atención en sus clases y usan el copy-paste en sus trabajos en vez de investigar a conciencia. Para el profesor David Rojas, los docentes están indefensos: “Es algo con lo que uno no puede luchar, ni siquiera implementando sanciones. Pero los jóvenes no ven o no aprecian el verdadero valor de nuestra enseñanza”.

Ante la frustración de algunos maestros, muchos han decidido culpar a la falta de preparación y valores con los que llegan los estudiantes a la universidad. “Especialmente en los primeros cursos, el déficit de preparación con el que llegan los estudiantes, demuestra que no poseen las herramientas básicas para poder enfrentar con propiedad un pénsum universitario, dijo Rojas. Para Rojas y varios de sus colegas, lo que le falta a los “primiparos”, y a otros estudiantes ya novatos, son las competencias transversales como comprensión lectora, capacidad de análisis y de síntesis, elaboración de un razonamiento lógico y corrección al expresarse, verbalmente y por escrito.

Por otro lado, los reclamos de los estudiantes no se hacen esperar. “Muchas veces una materia en la universidad no es lo que se ve y estudia, sino el mismo profesor; así que si lo que enseña el profesor no es motivante ciertamente será un tedio”, dijo a SEMANA EDUCACIÓN Tatiana Murcia, una estudiante que cursa séptimo semestre de Administración de Empresas en la Universidad del Rosario. Tatiana tuvo que repetir una materia tres veces cuando empezó la universidad y asegura que aun así no aprendió nada. 

“Tuve que ver tres veces macroeconomía. La primera vez fue con una profesora que me hizo sufrir hasta más no poder y perdí. En la segunda oportunidad admito que no estudié con el otro profesor pero era porque la clase se me hizo un tedio y la tercera fue con la primera docente. La peor experiencia de mi vida universitaria”, aseguró.

Y no todo para ahí. “Hay profesores que no exigen y solo van a dictar una charla vacía durante dos horas a la semana y esa es la educación por la cual pagamos”, dijo a Semana Educación un graduado de ingeniería industrial que lleva más de 1 año intentando conseguir trabajo y no ha podido porque en las empresas en las que se ha presentado dicen que sus conocimientos son insuficientes.

Lo cierto es que a pesar de que unos maestros culpen a los estudiantes y viceversa, la responsabilidad no cae exclusivamente en alguna de las contra partes. La educación es un proceso en el que tanto estudiantes como maestros aprenden y se forman como personas. El sentido de la universidad es que los conocimientos se planteen de forma universal para que la enseñanza perdure y construya una sociedad más sólida.





Nota: Lo resaltado en negrilla, color rojo y azul en el artículo son fuera de texto.

sábado, marzo 12, 2016

Bibliografía y Textos de Referencia en Filosofía

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