martes, marzo 08, 2016

Michel Foucault

Michel Foucault

Filósofo francés que intentó mostrar que las ideas básicas que la gente considera verdades permanentes sobre la naturaleza humana y la sociedad cambian a lo largo de la historia. Sus estudios pusieron en tela de juicio la influencia del filósofo político alemán Marx y del psicoanalista Freud.

Foucault aportó nuevos conceptos que desafiaron las convicciones de la gente sobre la cárcel, la policía, la seguridad, el cuidado de los enfermos mentales, los derechos de los homosexuales y el bienestar.

Nacido en Poitiers, estudió filosofía occidental y psicología en la École Normale Supérieure de París. Durante la década del 60, encabezó los deptos. de filosofía de las U. de Clermont-Ferrand y Vincennes. En 1970 fue elegido para el puesto académico más prestigioso en Francia, en el Collège de France, con el título de profesor de Historia de los Sistemas de Pensamiento.

Las principales influencias en el pensamiento de Foucault fueron los filósofos alemanes Nietzsche y Heidegger. Nietzsche mantenía que la conducta humana está motivada por una voluntad de poder y que los valores tradicionales habían perdido su antiguo dominio opresivo sobre la sociedad. Heidegger criticó lo que llamó "nuestro actual entendimiento de ser tecnológico".

Foucault exploró los modelos cambiantes de poder dentro de la sociedad y cómo el poder se relaciona con la persona. Investigó las reglas cambiantes que gobiernan las afirmaciones que pueden ser tomadas de forma seria como verdaderas o falsas en distintos momentos de la historia.

Estudió también cómo las prácticas diarias permiten a la gente definir sus identidades y sistematizar el conocimiento; los hechos pueden ser entendidos como productos de la naturaleza, del esfuerzo humano o de Dios. Afirmaba que la concepción de las cosas tiene sus ventajas y sus peligros.

El pensamiento de Foucault se desarrolló en tres etapas. La primera, en Locura y civilización (1960), que escribió mientras era lector en la U. de Uppsala, en Suecia, reflejó cómo en el mundo occidental la locura -que alguna vez se pensó infundida por inspiración divina- llegó a ser considerada como enfermedad mental. En esta obra intentó exponer la fuerza creativa de la locura que había sido reprimida tradicionalmente por las sociedades occidentales.

En su segunda etapa escribió una de sus obras más importantes, Las palabras y las cosas (1966) done desarrolló una importante crítica al concepto de progreso de la cultura, al considerar que el discurso de cada época se articula alrededor de un «paradigma» determinado, y que por tanto resulta incomparable con el discurso de las demás. Del mismo modo, no podría apelarse a un sujeto de conocimiento (el hombre) que fuese esencialmente el mismo para toda la historia, pues la estructura que le permite concebir el mundo y a sí mismo en cada momento, y que se puede identificar, en gran medida, con el lenguaje, afecta a esta misma «esencia» o convierte este concepto en inapropiado.

La última etapa de Foucault empezó con la publicación de Vigilar y castigar, en 1975. Se preguntaba en este ensayo si el encarcelamiento es un castigo más humano que la tortura, pero se ocupa más de la forma en que la sociedad ordena y controla a los individuos adiestrando sus cuerpos; por ejemplo, un entrenamiento básico puede disciplinar y preparar a una persona para ser un soldado.

Los últimos tres libros de Foucault Historia de la sexualidad, Volumen I: Introducción (1976), El uso del placer (1984) y La preocupación de sí mismo (1984), son parte de una truncada historia de la sexualidad. En estos libros, rastrea las etapas por las que la gente ha llegado a comprenderse a sí misma en las sociedades occidentales como seres sexuales, y relaciona el concepto sexual que cada uno tiene de sí mismo con la vida moral y ética del individuo. En todos los libros de este último periodo, Foucault intenta mostrar que la sociedad occidental ha desarrollado un nuevo tipo de poder, al que llamó bio-poder[i], es decir, un nuevo sistema de control que los conceptos tradicionales de autoridad son incapaces de entender y criticar.

En vez de ser represivo, este nuevo poder realza la vida. Foucault anima a la gente a resistir ante el Estado del bienestar desarrollando una ética individual en la que cada uno lleve su vida de tal forma que los demás puedan respetarla y admirarla.

Si hubiera que situar a Foucault en el pensamiento contemporáneo, se lo llamaría estructuralista (en líneas generales, quien aplica el modelo lingüístico a distintos campos del conocimiento) o se lo podría considerar el más célebre postestructuralista, ya que dio forma propia a ese legado. Él, sin embargo, prefería colocarse en la tradición más venerable que inició Kant, de quien se consideraba heredero directo.

En el artículo "Michel Foucault" que él mismo escribió para el Dictionnaire des philosophes bajo el seudónimo de Maurice Florence eso dice: "En la medida en que Foucault puede ser ubicado dentro de la tradición filosófica, hay que ubicarlo en la tradición kantiana, y su proyecto podría llamarse una historia crítica del pensamiento", que no debe confundirse con una historia de las ideas, o sea "con el análisis de los errores que se detectan luego de cometidos o con el desciframiento de las malas interpretaciones asociadas con estos errores sobre las que se apoya lo que hoy pensamos".
Su historia crítica del pensamiento es, en cambio, el análisis de las condiciones bajo las cuales se formaron o modificaron ciertas relaciones entre sujeto y objeto. No es, dice Foucault el relevamiento de progresivas adquisiciones sino el estudio de las formas según las cuales los discursos se articulan en un dominio (la locura, la delincuencia, la sexualidad).

Así, en Las palabras y las cosas (1966) analizó el desarrollo, entre los siglos XVIII y XIX, de las ciencias humanas: economía, ciencia natural, lingüística; y las estudió como conocimientos "objetivos" en relación con un "sujeto" (el Hombre).

En una entrevista, le preguntaron a Foucault si había que tomarlo por un idealista, nihilista, anti-marxista, anarquista o neoconservador; Foucault contestó orgulloso que había transitado casi todas esas veredas y aun otras más espurias "una tras otra y hasta simultáneamente. Ninguna de estas descripciones importa por sí,  pero en conjunto significan algo. Y admito que me gusta lo que significan".       

Pobló las ciencias sociales de un vocabulario técnico fructífero y polemizó con el existencialismo, el marxismo, el humanismo cristiano, el liberalismo, y al fin sedujo a partidarios de todas estas corrientes por un ejercicio más intenso que sistemático del pensamiento crítico.        

Foucault sabía pronunciarse de manera sutil, llegado el caso, y disparar sus objeciones dando un rodeo, sin nombrar a su blanco. En el primero de los tres volúmenes de su Historia de la sexualidad; por tomar un caso, sitúa la cuestión de la sexualidad en la problemática más amplia de la circulación de los discursos, y cuestiona la eficacia del "encarnizamiento en hablar del sexo en términos de represión". "Hablar contra los poderes, decir la verdad y prometer el goce; escribe; ligar entre sí la iluminación, la liberación y múltiples voluptuosidades (...). He ahí lo que sostiene en nosotros ese encarnizamiento: he ahí lo que quizás también explica el valor mercantil atribuido no sólo a todo lo que del sexo se dice, sino al simple hecho de prestar oído a aquellos que quieren eliminar sus efectos. Después de todo, somos la única civilización en la que ciertos encargados reciben retribución para escuchar a cada cual hacer confidencias sobre su sexo,  como  si  el deseo de  hablar de él y el interés que se espera hubiese desbordado las posibilidades de la escucha, algunos han puesto sus oídos en alquiler." Sin mencionarlo, ataca, sarcástico y agudo, al psicoanálisis, cuyos cultores procesan de tal modo la palabra foucaultiana que logran sortear su crítica.







http://www.elortiba.org/foucault1.html
http://www.murociudadano.com/sociedad-ciudadana/filosofia/michel-foucault/

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Textos: 

De lenguaje y literatura (fragmento)

"Más que tomar la palabra, habría preferido verme envuelto por ella y transportado más allá de todo posible inicio. Me habría gustado darme cuenta de que en el momento de ponerme a hablar ya me precedía una voz sin nombre desde hacía ya mucho tiempo: me habría bastado entonces encadenar, proseguir la frase, introducirme sin ser advertido en sus intersticios, como si ella me hubiera hecho señas quedándose, un momento, interrumpida. No habría habido por tanto inicio; y en lugar de ser aquel de quién procede el discurso, yo sería más bien una pequeña laguna en el azar de su desarrollo, el punto de su posible desaparición."

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El cuerpo utópico. Las heterotopías (fragmento)

“No obstante, hay que observar que el espacio que aparece hoy en el horizonte de nuestras preocupaciones, de nuestra teoría, de nuestros sistemas, no es una innovación; el mismo espacio, en la experiencia occidental, tiene una historia, y no es posible desconocer ese entrecruzamiento fatal del tiempo con el espacio. Podría decirse, para describir muy groseramente esta historia del espacio, que en la Edad Media existía un conjunto de lugares: lugares sagrados y lugares profanos, lugares protegidos y lugares por el contrario abiertos y sin defensa, lugares urbanos y lugares campestres (esto por lo que respecta a la vida real de los hombres); por lo que respecta a la teoría cosmológica, existían los lugares supra-celestes, opuestos al lugar celeste; y el lugar celeste se oponía a su vez al lugar terrestre; existían los lugares donde las cosas se hallaban ubicadas porque habían sido desplazadas violentamente y después los lugares, al contrario, donde las cosas encontraban su emplazamiento y su reposo naturales. Era toda esa jerarquía, esa oposición, ese entrecruzamiento de lugares lo que constituía aquello que se podría llamar muy groseramente el espacio medieval: espacio de localización.

Este espacio de localización se abrió con Galileo, porque el verdadero escándalo de la obra de Galileo no es tanto haber descubierto, haber redescubierto más bien que la Tierra giraba alrededor del Sol, como haber constituido un espacio infinito e infinitamente abierto; de tal suerte que el lugar de la Edad Media se encontraba así de alguna manera disuelto, el lugar de una cosa no era ya más que un punto en su movimiento, así como el reposo de una cosa no era sino su movimiento indefinidamente amortiguado. En otras palabras, a partir de Galileo, a partir del siglo XVII, la extensión reemplaza la localización.”

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El lenguaje al infinito (fragmento)

"Escribir, en nuestros días, se ha acercado infinitamente a su fuente. Es decir, a ese rumor inquietante que, en el fondo del lenguaje, anuncia, cuando uno acerca un poco el oído, contra qué se resguarda uno y al mismo tiempo a qué se dirige. Como la bestia de Kafka, el lenguaje escucha ahora en el fondo de su madriguera este rumor inevitable y creciente."

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El poder, una bestia magnífica (fragmento)

"Este aspecto de la lucha apenas ha sido objeto de la atención en Europa o en Francia. Podemos decir, en todo caso, que se le ha prestado demasiado poca. ¿Por qué? Rocé uno de los motivos al responder a la pregunta anterior. El primero es el hecho de que en las luchas el objetivo siempre queda oculto tras la profecía. Así, los aspectos solitarios se borraron igualmente bajo la máscara de la profecía. El segundo motivo es el siguiente. Como se consideraba que sólo el partido era el auténtico dueño de la lucha, y ese partido era una organización jerárquica capaz de una decisión racional, las zonas teñidas de una umbrosa locura, a saber, la parte de sombra de las actividades humanas e incluso las zonas de una oscura desolación -aunque esa fuese la suerte infalible de todas las luchas-, tropezaban con dificultades para surgir a la plena luz del día. Probablemente sólo obras no teóricas sino literarias -como no sea, tal vez, la obra de Nietzsche- hablaron de ellas. No me parece pertinente insistir aquí en la diferencia entre la literatura y la filosofía, pero es indudable que, en el plano de la teoría, no se llegó a hacer justicia a ese aspecto sombrío y solitario de las luchas."

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Historia de la sexualidad (fragmento)

"El pecado de la fornicación es dividido por Casiano en tres tipos. El primero es la "conjunción de los dos sexos" (commixtio sexus utriusque) o fornicatio - en sentido restringido - ; el segundo es cometido sin tener contacto con la mujer (absque feminu tactu), y esto es lo que llevó a Onán a la condenación, es la immunditia, y puede tener lugar tanto en el sueño (polución) como en la vigilia (masturbación); finalmente, el tercero es "concebido por el pensamiento y el espíritu": es la libido, que tiene lugar en los "pliegues del alma", sin que tenga lugar la "pasión corporal" (sine pasione corporis)."

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La arqueología del saber (fragmento)

"Sin duda, se puede hacer cierto número de objeciones. Decir, por ejemplo, que una proposición no puede ser establecida e individualizada como tal sino a condición de conocer el sistema de axiomas a que obedece: esas definiciones, esas reglas, esas convenciones de la escritura, ¿no forman un campo asociado que no se puede separar de la proposición (del mismo modo, las reglas de la gramática, actuando implícitamente en la competencia del sujeto, son necesarias para que se pueda reconocer una frase, y una frase de cierto tipo)? Sin embargo, hay que observar que ese conjunto -actual o virtual- no es del mismo nivel que la proposición o la frase, sino que descansa sobre sus elementos, su encadenamiento y su distribución posibles. No les está asociado: está supuesto por la frase. Se podrá objetar también que muchas proposiciones (no tautológicas) no pueden ser verificadas a partir de sus solas reglas de construcción, y que el curso al referente es necesario para decidir si son verdaderas o falsas, pero, verdadera o falsa, una proposici6n sigue siendo una proposición, y no es el recurso al referente lo que decide si es o no una proposición."

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La pintura de Manet (fragmento)

"Esto se ve claramente, en el cuadro que verán a continuación, llamado La
La estación de Saint Lazare. Y es que aquí sucede lo mismo. Sin duda observarán que volvemos a encontrar las mismas verticales y las mismas horizontales de antes: unas verticales y unas horizontales que definen un plano determinado del cuadro, en cierto modo el propio plano del lienzo. Como en la Camarera con jarras, también en este cuadro hay dos personajes colocados en posiciones opuestas: uno que mira hacia nosotros y otro que mira en la misma dirección que nosotros. Uno de ellos vuelve el rostro hacia el espectador; en cambio, el otro le da la espalda. Ahora bien, lo que la mujer contempla -y ya ven que lo hace con mucha intensidad- es una escena que el espectador no ve porque se desarrolla frente al lienzo; como tampoco ve lo que la niña está mirando, ya que Manet extiende la nube de vapor del tren que pasa en ese momento, de tal forma que no hay nada que podamos ver como espectadores. Para poder ver algo habría que mirar por encima del hombro de la niña, o habría que girar el cuadro para mirar por encima del hombro de la mujer.
Como ven, Manet también juega con la propiedad material del lienzo que hace que el plano tenga un envés y un revés; y hasta este momento ningún pintor había pensado en la posibilidad de usar el envés y el revés de un lienzo. En este cuadro, Manet no aplica la técnica pintando lo que hay delante y detrás de la tela, sino forzando al espectador a dar la vuelta a la tela, a cambiar de posición, para poder ver, al fin y al cabo, aquello que cree que debería ver, y que sin embargo no aparece en el cuadro. Y es este juego de la invisibilidad inherente a la propia superficie de la tela lo que Manet representa dentro mismo del cuadro.

Podríamos decir, por tanto, que se trata de un procedimiento vicioso, malicioso y perverso. Y es que es la primera vez que la pintura representa algo invisible: las miradas están ahí para indicarnos que hay algo que mirar, algo que existe por definición; y que existe por la propia naturaleza de la pintura, y por la misma naturaleza del lienzo; algo necesariamente invisible."

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Las palabras y las cosas (fragmento)

"Hablar de “ciencias del hombre” en cualquier otro caso es un puro y simple abuso de lenguaje. Se mide por ello cuán vanas y ociosas son todas las molestas discusiones para saber si tales conocimientos pueden ser llamados científicos en realidad y a qué condiciones deberán sujetarse para convertirse en tales. Las “ciencias del hombre” forman parte de la episteme moderna como la química, la medicina o cualquier otra ciencia; o también como la gramática y la historia natural formaban parte de la episteme clásica. Pero decir que forman parte del campo epistemológico significa tan sólo que su positividad está enraizada en él, que allí encuentran su condición de existencia, que, por tanto, no son únicamente ilusiones, quimeras seudocientíficas, motivadas en el nivel de las opiniones, de los intereses, de las creencias, que no son lo que otros llaman, usando un nombre caprichoso, “ideología”. Pero, a pesar de todo, esto no quiere decir que sean ciencias."

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Locura y civilización (fragmento)

"La locura no se puede encontrar en estado salvaje. La locura no existe sino en una sociedad, ella no existe por fuera de las formas de la sensibilidad que la aíslan y de las formas de repulsión que la excluyen o la capturan. Así, se puede decir que en la Edad Media, y después en el Renacimiento, la locura está presente en el horizonte social como un hecho estético o cotidiano; después en el siglo XVII ¾ a partir del internamiento¾, la locura atraviesa un periodo de silencio, de exclusión. Ella ha perdido esa función de manifestación, de revelación que tenía en la época de Shakespeare y de Cervantes (por ejemplo, Lady Macbeth comienza a decir la verdad cuando deviene loca), ella deviene irrisoria, falaz. Finalmente, el siglo XX somete la locura, la reduce a un fenómeno natural, la liga a la verdad del mundo. De esta toma de posesión positivista debían derivar, de una parte, la filantropía despreciadora que toda psiquiatría manifiesta frente al loco y, de otra parte, la gran protesta lírica que se encuentra en la poesía desde Nerval hasta Artaud, y que es un esfuerzo por volver a dar a la locura una profundidad y un poder de revelación que habían sido aniquilados por el internamiento.
(...)
El lenguaje último de la locura es el de la razón, pero envuelto en el prestigio de la imagen, limitado al espacio de la apariencia que la define, formando así los dos, fuera de la totalidad de las imágenes y de la universalidad del discurso, una organización singular, abusiva, cuya particularidad obstinada constituye la locura. A decir verdad ésta no se encuentra por completo en la imagen, que por sí misma no es verdadera ni falsa, ni razonable ni loca, tampoco está en el razonamiento que es forma simple, no revelando más que las figuras indudables de la lógica. Y sin embargo, la locura está en la una y en la otra. En una figura particular de su relación. 
"

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Obrar mal, decir la verdad (fragmento)

"¿Qué es esa práctica de la exagoreusis, de la confesión permanente de sí mismo? Me parece que es importante, sobre todo, en sí misma, por su forma y su mecanismo interno, que es muy curioso y, según creo, muy diferente de todo lo que había podido verse antes, ya fuese en la práctica filosófica de la moral antigua o en los ritos penitenciales del cristianismo. Ustedes recordarán que en cuanto a forma y a mecanismo interno la exagoreusis -la confesión permanente de sí mismo- no se refiere a los actos. Se refiere a pensamientos: a las representaciones, las imágenes, las voluntades, los deseos, a esa suerte de flujo ininterrumpido y siempre agitado que los Padres latinos llaman "cogitationes, logismoi", esa realidad móvil del pensamiento de la cual en ese momento se aprende a desconfiar como un peligro interior e incesante."

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Responda lo Siguiente de acuerdo al Texto Anterior

1. ¿Escriba los términos que identifican su obra?               
2. Seleccione y copie las obras citadas en este texto.
3. ¿Sobre qué gira el interés intelectual de Foucault?           
4. ¿De qué forma se relacionan conocimiento y poder?
5. ¿Cuáles influencias teóricas se denotan en este autor? 
6. ¿Por qué despierta interés y atención la obra de Foucault?
7. ¿Por qué se afirma que quien posee el conocimiento tiene el poder? 
8. ¿Cómo se evidencia la anatomopolítica en la sociedad contemporánea?
9. ¿Cómo catalogaría usted los hechos, como productos de la naturaleza, del esfuerzo humano o de Dios? 
10. ¿Cómo puede ser posible que a través de las prácticas diarias, la gente logre definir sus identidades y sistematizar el conocimiento? 





[i] Biopoder. Práctica de los estados modernos de "explotar numerosas y diversas técnicas para subyugar los cuerpos y controlar la población". Un biopoder que absorbe el antiguo derecho de vida y muerte que el soberano detentaba y que pretende convertir la vida en objeto administrable por parte del poder. En este sentido, la vida regulada debe ser protegida, diversificada y expandida. Su reverso, y en cierto sentido su efecto, es que para tales efectos es necesario justamente contar con la muerte, ya sea en la forma de la pena capital, la represión política, la eugenesia, el genocidio, etc., como una posibilidad que se ejerce sobre la vida por parte del poder que se fundamenta en su cuidado.

Distingue dos técnicas de biopoder que surgen en los siglos XVII y XVIII. Esta anatomopolítica se caracteriza por ser una tecnología individualizante del poder, basada en el escrutar en los individuos, sus comportamientos y su cuerpo con el fin de anatomizarlos, es decir, producir cuerpos dóciles y fragmentados. Está basada en la disciplina como instrumento de control del cuerpo social penetrando en él hasta llegar hasta sus átomos; los individuos particulares. Vigilancia, control, intensificación del rendimiento, multiplicación de capacidades, emplazamiento, utilidad, etc. Todas estas categorías aplicadas al individuo concreto constituyen una disciplina nueva

Historia del pensamiento  económico


Economía.

Ciencia Social que estudia los procesos de producción, distribución, comercialización y consumo de bienes y servicios y  puede dividirse en:

1. Teoría de los precios o microeconomía. Explica como la interacción oferta - demanda en mercados competitivos determinan los precios de cada bien,  nivel de salarios, margen de beneficios y variaciones de las rentas.

2. Macroeconomía. Comprende problemas relativos a: nivel de empleo e índice de ingresos de un país. Surge con La teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero, de Keynes. Sus conclusiones sobre las fases de expansión y depresión económica se centran en la demanda total  o agregada de bienes y servicios por parte de consumidores, inversores y gobiernos. Plantea que una demanda agregada insuficiente genera desempleo; la solución estaría en incrementar la inversión de las empresas o del gasto público, aunque para ello sea necesario tener un déficit presupuestal.

Aristóteles y Platón disertaron sobre problemas relativos a la riqueza, la propiedad y el comercio. Durante la edad media predominaron las ideas de la Iglesia, se impuso el Derecho canónico, que condenaba la usura (cobro de intereses abusivos a cambio de efectivo), y consideraba que el comercio era una actividad inferior a la agricultura. La economía, como ciencia independiente de la filosofía y de la política, data de la publicación de: Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones.  

Adam Smith. En La riqueza de las naciones, sostenía que la competencia privada libre de regulaciones produce y distribuye mejor la riqueza que los mercados controlados por los gobiernos. Su razonamiento ha sido utilizado para justificar el capitalismo y evitar la intervención gubernamental en el comercio y el cambio. Los empresarios privados que buscan su propio interés organizan la economía de manera más eficaz "como por una mano invisible".

Mercantilismo. Fomentaba  el autoabastecimiento de las naciones. Imperó en Inglaterra y en Europa occidental siglos  XVI-XVIII. El desarrollo  de los nacionalismos S. XVI desvió la atención de los pensadores de la época hacia cómo incrementar la riqueza y el poder de los Estados nacionales, política económica que imperaba en aquella época.

Los mercantilistas consideraban: la riqueza de una nación  dependía de la cantidad de oro y plata que tuviese, así, podía aumentar sus reservas de estos metales preciosos vendiendo más productos a otros países. Al lograr una balanza de pagos con saldo positivo implicaba que los demás países tenían que pagar la diferencia con oro y plata. Daban por sentado que su país estaría siempre en guerra con otros, o preparándose para la próxima contienda. Si tenían oro y plata, podrían pagar a mercenarios para combatir a su favor. En caso de necesidad, el monarca también podría comprar uniformes, armas  y comida para los soldados. De esta filosofía también se deducía que era positivo para la economía de un país el trabajo infantil. Un autor mercantilista tenía un plan para los niños de los pobres: “cuando estos niños tienen cuatro años, hay que llevarlos al asilo para pobres de la región, donde se les enseñará a leer durante dos horas al día, y se les tendrá trabajando el resto del día en las tareas que mejor se ajusten a su edad, fuerza y capacidad”.

Fisiocracia. Doctrina que dominó en Francia durante la segunda mitad del S. XVIII. Surgió como una reacción ante las políticas restrictivas del mercantilismo. François Quesnay, en su libro Cuadro económico, 1758, intentaba establecer los flujos de ingresos en una economía, anticipándose a la contabilidad nacional, creada en el siglo XX. Según los fisiócratas, toda la riqueza era generada por la agricultura; gracias al comercio, esta riqueza pasaba de los agricultores al resto de la sociedad. Partidarios del libre comercio y del laissez-faire (los gobiernos no deben intervenir en la economía). También sostenían que los ingresos del Estado tenían que provenir de un único impuesto que debía gravar a los propietarios de la tierra, que eran considerados como la clase improductiva.

Escuela Clásica. Thomas Robert Malthus ofreció una teoría pesimista de la economía, centrada en la escasez de recursos y el crecimiento de la población, creía que la población humana crece en progresión geométrica (1,2,4,8,...) mientras que los recursos, en concreto los recursos agrícolas, crecen sólo en progresión aritmética (1,2,3,4,...); por ello, a la larga, la escasez de alimentos debe reducir al hambre a la mayoría de la gente. Defendió una limitación moral, sugiriendo que la gente se casara tarde y formara familias pequeñas. También reconoció el papel de las plagas, guerras y epidemias en la contención de la superpoblación. Por estas ideas, la economía adquirió el nombre de "la ciencia lúgubre".

La escuela clásica de pensamiento económico parte de los escritos de Smith, continúa con la obra de los economistas británicos  Malthus y David Ricardo, y culmina con la síntesis de John Stuart Mill (Principios de economía política, 1848) de Mill. Los economistas pertenecientes a esta escuela coincidían en los conceptos principales: defendían la propiedad privada, los mercados y creían,  que “sólo a través del principio de la competencia tiene la economía política una pretensión de ser ciencia”.    

Compartían la desconfianza de Smith hacia los gobiernos, y su fe ciega en el poder del egoísmo y su “mano invisible”, que hacía posible que el bienestar social se alcanzara mediante la búsqueda individual del interés personal. Los clásicos tomaron de Ricardo el concepto de rendimientos decrecientes, que afirma que a medida que se aumenta la fuerza de trabajo y el capital que se utiliza para labrar la tierra, disminuyen los rendimientos o, como decía Ricardo, “superada cierta etapa, no muy avanzada, el progreso de la agricultura disminuye de una forma paulatina”.

El alcance de la ciencia económica se amplió de manera considerable cuando Smith subrayó el papel del consumo sobre el de la producción, confiaba en que era posible aumentar el nivel general de vida del conjunto de la comunidad. Defendía que era esencial permitir que los individuos intentaran alcanzar su propio bienestar como medio para aumentar la prosperidad de toda la sociedad.

Malthus, en su conocido Ensayo sobre el principio de la población (1798), planteaba  que las esperanzas de mayor prosperidad se estrellarían contra la roca de un excesivo crecimiento de la población. Ante esto, la única forma de escapar a este imperativo de la humanidad y de los horrores de un control positivo de la naturaleza, era la limitación voluntaria del crecimiento de la población, no controlando la natalidad, sino retrasando la edad nupcial, reduciendo el volumen de  familias.

Los Principios de economía política de Mill constituyeron el centro de esta ciencia hasta finales del S. XIX. Aceptaba las teorías de sus predecesores y confiaba más en la posibilidad Era un reformista, quería gravar las herencias y permitir que el gobierno asumiera protagonismo a la hora de proteger a niños y trabajadores. Fue muy crítico con las prácticas que desarrollaban las empresas y favorecía la gestión cooperativa de las fábricas por parte de los trabajadores; representó un puente entre la economía clásica del laissez-faire y el Estado de bienestar.

Acerca de los mercados, los clásicos aceptaban la “ley de Say”, que sostiene que el riesgo de un desempleo masivo en una economía competitiva es despreciable, porque la oferta crea su propia demanda, limitada por la cantidad de mano de obra y los recursos naturales disponibles para producir. Cada aumento de la producción aumenta los salarios y los demás ingresos que se necesitan para poder comprar esa cantidad adicional producida.

Marxismo. La oposición a la escuela clásica provino de los  autores socialistas, como el filósofo social francés Claude Henri de Rouvroy conde de Saint-Simon, y Robert Owen, pero fue Karl Marx el autor de las teorías económicas socialistas más importantes, manifiestas en: El capital.

El marxismo representó una seria recusación contra la teoría dominante, aunque Marx adoptó la teoría del valor trabajo de Ricardo (sobre que los precios eran consecuencia de la cantidad de trabajo que se necesitaba para producir un bien y formuló esta teoría del valor para facilitar el análisis, de forma que se pudiera entender la diversidad de precios. Para Marx, la teoría del valor trabajo representaba la clave del modo de proceder del capitalismo, la causa de todos los abusos y de toda la explotación generada por un sistema injusto. Sus estudios históricos y análisis económicos convencieron a Engels de que los beneficios y los demás ingresos procedentes de una explotación sin escrúpulos de las propiedades y las rentas son el resultado del fraude y el poder que ejercen los fuertes sobre los débiles. Sobre esta crítica se alza la crítica económica que desemboca en la histórica lucha de clases.

En Inglaterra, la acumulación primitiva en su historia económica fue posible a la delimitación y cercamiento de  tierras. En los S. XVII y XVIII los terratenientes utilizaron su poder en el Parlamento para quitar a los agricultores los derechos que por tradición tenían sobre las tierras comunales, al privatizar estas tierras, empujaron a sus víctimas al desplazamiento a las ciudades y a las fábricas. Sin tierras ni herramientas, los hombres, las mujeres y los niños tenían que trabajar para conseguir un salario. Así, el principal conflicto, según Marx, se producía entre la clase capitalista, dueña de la propiedad de los medios de producción (fábricas y máquinas) y la clase trabajadora -  proletaria, que no tenía nada, salvo sus propias manos. La explotación, eje de la doctrina de Marx, se mide por la capacidad de los capitalistas para pagar sólo salarios de subsistencia, obteniendo de su trabajo un beneficio o plusvalía, que era la diferencia entre los salarios pagados y los precios de venta de los bienes en los mercados.

Marx y Engels reconocían logros materiales transitorios del capitalismo, las contradicciones inherentes al capitalismo y al proceso de lucha de clases terminarían por destruirlo, al igual que lo ocurrido con el extinto feudalismo medieval.

Marx se aleja de la tradición de la economía clásica inglesa, siguiendo a Hegel, al considerar que la historia de la humanidad y de la filosofía era una progresión dialéctica: tesis, antítesis y síntesis: p.e., una tesis puede ser un conjunto de acuerdos económicos, como el feudalismo o el capitalismo; su contrapuesto,  antítesis, sería, el socialismo, como sistema contrario al capitalismo.

La confrontación de la tesis y la antítesis daría paso a una evolución, que sería la síntesis, en este caso, el comunismo que permite combinar la tecnología capitalista con la propiedad pública de las fábricas y las granjas. A largo  plazo, el sistema capitalista desaparecería debido a que su tendencia es acumular riqueza en unas pocas manos, esto provocaría crecientes crisis debidas al exceso de oferta y a un progresivo aumento del desempleo. Esta contradicción entre los adelantos tecnológicos, y el consiguiente aumento de la eficacia productiva y la reducción del poder adquisitivo impediría adquirir cantidades adicionales de productos  sería la causa del hundimiento del capitalismo; crisis que se reflejarían en un desplome de los  beneficios,  una  mayor conflictividad entre trabajadores, empresarios y depresiones económicas  El resultado de esta lucha de clases culminaría en la revolución y luego al socialismo, para avanzar al comunismo. En una 1ª etapa, sería necesario el Estado para  eliminar la resistencia capitalista. Cada trabajador sería remunerado en función de su aportación a la sociedad. Al  implantarse el comunismo, el Estado, cuya esencia consiste  en oprimir a las clases sociales, desaparecería, así, cada individuo percibiría, en razón de sus necesidades.

Escuela neoclásica. A partir de 1870, los economistas neoclásicos imprimen un giro a la economía, abandonan las limitaciones de la oferta para centrarse en la interpretación de las preferencias de los consumidores. Al fijarse en el estudio de la utilidad o satisfacción obtenida con la última unidad (marginal), consumida. Explicaban la formación de los precios, no en función de la cantidad de trabajo necesaria para producir los bienes, sino en función de la intensidad de la preferencia de los consumidores en obtener una unidad adicional de un determinado producto.

Alfred Marshall, en Principios de Economía, explicaba la demanda a partir del principio de utilidad marginal, y la oferta a partir del coste marginal (coste de producir la última unidad). En los mercados competitivos, las preferencias de los consumidores hacia los bienes más baratos y la de los productores hacia los más caros, se ajustarían para alcanzar un nivel de equilibrio. Ese precio de equilibrio sería aquel que hiciera coincidir la cantidad que los compradores quieren comprar con la que los productores desean vender.

Este equilibrio también se alcanzaría en los mercados de dinero y de trabajo. En los mercados financieros, los tipos de interés equilibrarían la cantidad de dinero que desean prestar los ahorradores y los inversores. Los prestatarios quieren utilizar los préstamos que reciben para invertir en actividades que les permitan obtener beneficios superiores a los tipos de interés que tienen que pagar por los préstamos. Por su parte, los ahorradores cobran un interés a cambio de ceder su dinero. En el mercado de trabajo se alcanza asimismo un equilibrio. En los mercados de trabajo competitivos, los salarios pagados representan, por lo menos, el valor que el empresario otorga a la producción obtenida durante las horas trabajadas, que tiene que ser igual a la compensación que desea recibir el trabajador a cambio del cansancio y el tedio laboral.

Esta doctrina neoclásica es muy conservadora,  prefiere que operen mercados competitivos a una intervención pública. Hasta la Gran Depresión, se defendía que la mejor política era la de Smith: bajos impuestos,  ahorro en el gasto público y presupuestos equilibrados. No les preocupa la causa de la riqueza, explican que la desigual distribución de ésta y de los ingresos se debe en gran medida a los grados de inteligencia, talento, energía y ambición de las personas. El éxito de cada individuo depende de sus características individuales, y no de que se beneficien  de ventajas excepcionales o sean víctimas de una incapacidad especial. En las sociedades capitalistas, esta es la doctrina predominante a la hora de explicar la formación de los precios y el origen de los ingresos.

Economía keynesiana. John Maynard Keynes. Planteó soluciones para superar la Gran Depresión en su obra Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero,  creía que el elevado desempleo era resultado de la falta de demanda de productos y servicios, así, los gobiernos se deben hacer cargo del déficit invirtiendo en obras públicas y otros proyectos para incrementar la demanda y el consumo. Sus propuestas influyeron en la política del New Deal, incluidas las oficinas de empleo, que crearon trabajos en obras públicas para los desempleados.

La Gran Depresión sorprendió a economistas y políticos por igual. Los economistas siguieron defendiendo, a pesar de la experiencia contraria, que el tiempo y la naturaleza restaurarían el crecimiento económico si los gobiernos se abstenían de intervenir en el proceso económico. Estos antiguos remedios no funcionaron, se necesitaban políticas y explicaciones nuevas, fue lo que proporcionó Keynes. En su Teoría aparecía un axioma central, resumido así:

1. las teorías existentes sobre el desempleo no tenían ningún sentido; ni un nivel de precios elevado ni unos salarios altos podían explicar la persistente depresión económica y el desempleo generalizado;

2. por el contrario, se proponía una explicación alternativa a estos fenómenos que giraba en torno a lo que se denominaba demanda agregada, es decir, el gasto total de los consumidores, los inversores y las instituciones públicas. Cuando la demanda agregada es insuficiente, las ventas disminuyen y se pierden puestos de trabajo; cuando la demanda agregada es alta y crece, la economía prospera. A partir de estas dos afirmaciones genéricas, surgió una poderosa teoría que permitía explicar el comportamiento económico. Esta interpretación constituye la base de la macroeconomía contemporánea. Puesto que la cantidad de bienes que puede adquirir un consumidor está limitada por los ingresos que éste percibe, los consumidores no pueden ser responsables de los altibajos del ciclo económico, por lo tanto, las fuerzas motoras de la economía son los inversores (empresarios) y los gobiernos.

Durante una recesión y durante una depresión económica, hay que fomentar la inversión privada o, aumentar el gasto público. Si lo que se produce es una ligera contracción, hay que facilitar la concesión de créditos y reducir los tipos de interés (base fundamental de la política monetaria), para estimular la inversión privada y restablecer la demanda agregada, aumentándola de forma que se pueda alcanzar el pleno empleo. Si la contracción de la economía es grande, habrá que incurrir en déficit presupuestal, invirtiendo en obras públicas o concediendo subvenciones a fondo perdido a los colectivos más perjudicados.
Texto tomado de Enciclopedia Encarta

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Las Respuestas deben ser sustentadas utilizando
Términos Específicos correspondientes al análisis

1°. ¿Qué piensa sobre el trabajo infantil?

2°. Seleccione y copie los Términos Específicos

3°. De cada uno de los planteamientos teóricos anteriores, exprese que fue lo que más le llamó la atención.

. En la dinámica competitiva del mercado ¿la oferta  y la  demanda determinan los precios de cada bien?

. ¿Debe evitarse la intervención gubernamental en la regulación del mercado?

. Establezca diferencias entre las doctrinas económicas.

. ¿Qué inquietudes le generaron estas teorías económicas?

. ¿De qué forma intervienen  los gobiernos la economía?

. Seleccione los nombres de los teóricos citados en el texto y consulte la biografía de cinco de ellos.

10°. La teoría Keynesiana plantea que una demanda insuficiente genera desempleo; la solución estaría en incrementar la inversión empresarial o del gasto público, aunque se aumente el déficit presupuestal ¿Qué piensa al respecto?

11°. Ley de la oferta y demanda, modelo económico de la formación de
precios de mercado de los bienes, explica fenómenos y procesos macro 
y micro-económicos. Se basa en la relación entre el precio de un bien y 
las ventas del mismo, asume que en un mercado de competencia libre, 
el  precio  se  establecerá  en un punto de equilibrio, en el  cual todo lo
producido se vende y no hay demanda insatisfecha.

12. De los siguientes postulados sobre la oferta y la demanda
Responda Falso o Verdadero:

[]
A.- Cuando, al precio corriente de un bien, la demanda excede la oferta, el precio de ese bien tiende a aumentar     
                              
B. - Cuando la oferta excede la demanda, el precio del bien tiende a disminuir     
              
C. - Un aumento en el precio de un bien tiende, a disminuir la demanda y a aumentar la oferta  

D.- La disminución en el precio de un bien tiende, al aumento de la demanda y disminuir la oferta

E.- El precio de un bien tiende al nivel en el cual la demanda iguala la oferta


Los perseguidos-perseguidores


por ANTONIO  CABALLERO                                  OPINIÓN | 2016/03/05 00:00


El propio Álvaro Uribe, cuando era presidente, les reconocía a los suyos esa proclividad al delito cuando les pedía con una risita cómplice votar sus proyectos de gobierno antes de que la justicia se los llevara presos.

Dentro de tres semanas el fiscal Eduardo Montealegre termina su agitado periodo. Como regalo envenenado de despedida le deja al presidente Juan Manuel Santos el pastel del encarcelamiento por paramilitarismo del ganadero Santiago Uribe, hermano del expresidente y hoy senador Álvaro Uribe Vélez. 

Montealegre, que es amigo del bombo y del espectáculo, deja prendida la mecha de sus fuegos artificiales, y se va a Alemania como embajador, dejando atrás sus nóminas paralelas, sus contratos mirobolantes, el secreto de por qué se llama von Schwartzenberg la señora Springer. Y a un vicefiscal encargado que le cubra las espaldas, pues el presidente ha dejado pasar los días y los días sin presentar la obligatoria terna de nombres para su reemplazo. ¿Por qué? Otro misterio. Montealegre se va con sus maletas, y Santos se queda cargando y casi ahorcando al preso, como los pinta Osuna en El Espectador. Y para no verse involucrado en la probable condena le toca solicitar veedurías internacionales de todas las pelambres, y auxilio al mismísimo procurador, su enemigo. El cual por su parte pide la liberación del acusado porque “nunca se ha comportado de manera que demuestre algún deseo de evadir la justicia”. Lo cual es cierto.

Así que el veneno es para Santos, y el regalo es más bien para Uribe. Le sirve para reforzar su tesis (que acaba de exponer quejándose en el hombro de los Estados Unidos) de que aquí hay una conspiración del gobierno y la justicia para perseguir judicialmente por motivos políticos a él, a su familia (una cuñada y una sobrina han sido extraditadas acusadas de narcotráfico), y a su partido, el Centro Democrático. En cuanto se dio la noticia de la detención de Santiago Uribe los parlamentarios uribistas se declararon “en rebeldía” en el Congreso y se echaron a la calle con pancartas exigiendo la renuncia inmediata de Santos y denunciándolo por instaurar “un régimen de terror”. El exvicepresidente Francisco Santos aseguró con estridencia que el gobierno se comportaba como la mafia, ofreciéndole a la oposición “plata o plomo”. El senador José Obdulio Gaviria farfulló incoherencias tomadas de su maestro Schmit. La senadora Paloma Valencia lanzó una amenaza; “Por menos comenzó la Violencia política (de los años cuarenta y cincuenta)”. El propio Uribe anunció compungido que “reflexionaría sobre su tristeza”, y solo el domingo (hoy) hablaría sobre Santos y la independencia de la justicia. De paso, se quejó de que su teléfono está interceptado por la corte, como hace unos años lo estaban los de la corte por él.

La prueba que aducen los uribistas sobre el “ensañamiento” político-judicial contra ellos es, según la senadora Valencia, “el sentido común”. Su pregunta de batalla es: ¿por qué son tantos los uribistas perseguidos por la justicia? Y dan una lista impresionante de presos o de fugados del país “por falta de garantías”: los exdirectores del DAS Noguera y Hurtado, los exembajadores Arana y Montoya, los exministros Pretelt, Palacios, Uribito, los exjefes de la casa militar generales Buitrago y Santoyo, el exsecretario jurídico Del Castillo, los de la Presidencia Velásquez y Moreno, el ex alto comisionado Restrepo, el primo Mario Uribe (socio, al parecer, del hermano Santiago, y de convictos y confesos narcoparamilitares), el exdirector espiritual del partido, Hoyos. Y a esos perseguidos les suman los azucareros multados, Fedegán despojado, las víctimas de un posible apagón eléctrico, los niños guajiros que mueren de hambre y sed, la rebaja en la calificación de riesgo del país por las agencias norteamericanas, el fenómeno de El Niño, la caída en los precios del petróleo.

Pero la pregunta habría que formularla al revés: ¿por qué tantos uribistas son delincuentes? ¿Y acusados o condenados por tan diversos delitos? Peculado, homicidio agravado, prevaricato, cohecho, concierto para delinquir, falsas desmovilizaciones, paramilitarismo, trasteo de votos, chuzadas telefónicas… O de esta otra manera: ¿por qué tantos delincuentes son uribistas? El propio Álvaro Uribe, cuando era presidente, les reconocía a los suyos esa proclividad al delito cuando les pedía con una risita pícara que votaran en el Congreso sus proyectos de gobierno antes de que la justicia se los llevara presos. Todos rieron con él, con risotada cómplice. Y votaron. Y a continuación se los llevaron presos, o se fugaron del país.

Ahora denuncian indignados la persecución política, olvidando los días en que los perseguidores eran ellos.

Y alguien se cuela en la custodiada residencia del vicefiscal y le roba su computador personal y sus archivos. Tal vez no sea otro misterio. Sino simplemente otra casualidad.

Nota: sobre el caso específico de las acusaciones contra Santiago Uribe recomiendo la lectura del libro de Olga Behar El clan de los Doce Apóstoles. (Ícono Editorial).