martes, marzo 08, 2016

Me declaro en rebelión   

por DANIEL  SAMPER OSPINA                                                       
                                                     OPINIÓN | 2016/03/05 00:00

 Dirán que me he vuelto sentimental, pero cuando vi a esa bancada ahí, arengando en el vacío, como pollitos sin gallina, se me partió el corazón.

Tengo una hija que está próxima a hacer la primera comunión y con ella me encontraba viendo el noticiero cuando informaron de la captura de Santiago Uribe.
-¿Ese señor era el jefe de los 12 apóstoles? -preguntó perpleja.
-Aparentemente -le respondí.
-¿Pero acaso no era Jesús, es decir, el Mesías?
-Pues el Mesías está reflexionando en su tristeza, pero el jefe era este…
-¿Y cómo se llama?
-Santiago…
-Qué raro -dijo ella-: el profesor de catequesis nos enseñó que Santiago era uno de los apóstoles, pero no el jefe…
-¿Y quién es el profesor de catequesis? -indagué.
-El curita.
-¿César Mauricio Velásquez? ¿Está en el país, para avisar a las autoridades?
En ese momento intervino mi mujer para salvar la situación.
-Ese señor -le explicó- no es el jefe de los 12 apóstoles…
-Eso está por verse -intervine yo-: pregúntale a Olga Behar…
-No, porque el verdadero líder de los apóstoles era un santo -insistió, mientras me abría los ojos  como  quien implora  que no cometa más errores ante la niña…
-¿Un santo? -intervino la niña-: ¿cómo el santo Job?
-Así es -asentí-: como alias Job.
Sé que la pobre niña hace curso para ingresar a una religión en la cual a uno le echan sal y agua en la cabeza apenas nace; le explican que una paloma engendró a un Mesías con una mujer que no perdió la virginidad, y le dicen en la comunión que se va a comer la sangre y el cuerpo de Cristo, como un caníbal. Pero mi mujer es creyente, y la niña quiere comulgar, y en el fondo el cirio nos va a resultar muy útil cuando comience el apagón. Además, la religión católica enseña valores bonitos, como la compasión, a la que apelo cuando necesito algo: desde que mi hija asiste a catequesis, por ejemplo, la fórmula me ha resultado infalible.
-Pon el noticiero -le digo cada noche-: hazlo por compasión.
Y la niña cede. Esta vez también lo hizo, y por eso pude observar la protesta del uribismo luego de la captura de don Santiago. La organizaron frente a la Casa de Nari, como si todavía se manejara el poder judicial desde allá. Pero el lugar parecía adecuado para el retiro espiritual de mi hija, pobre gente: asustaban. Para mover las masas uribistas, es mejor poner a bailar merengue al doctor Granados. Parecían gritar arengas los 11 apóstoles restantes y nada más. En esa soledad se destacaban José Obdulio quien, quizás como homenaje a su primo, sostenía un cartel con sus propias manos; Óscar Iván Zuluaga, aplaudido por sus escoltas tras un vibrante discurso, y Paloma Valencia, con su costal de naranjas al hombro y el pelo esponjado:
-¿Y a ella qué le pasó? -preguntó mi hija, asustada.
-No te afanes: es Paloma.
-¿Paloma como el Espíritu Santo?-se angustió.
-Sí, señora, igual.
-¿Y qué le pasó en el peinado?
-Nada: tiene los pelos de punta, como todo el país…
-¿Y por qué grita que está en rebeldía? ¿Qué significa rebeldía?
Era una buena pregunta: ¿exactamente qué hace un uribista cuando se declara en rebeldía? ¿No chuza, no cambia articulitos? Que se rebelen todos, entonces: que Paloma Valencia se peine; María Fernanda Cabal se vuelva sensata; Ernesto Yamhure no difame cobardemente desde la distancia. Y que respeten a Pachito.
-Rebeldía -le expliqué a mi hija- significa que no van a obedecer.
En ese momento hacían el paneo de la pálida manifestación, y dirán que me he vuelto débil o sentimental, pero cuando vi a toda esa bancada ahí, arengando en el vacío, como pollitos sin gallina, se me partió el corazón.
Antes de aquellas imágenes no sabía qué sentir. Sí: cuando el apóstol Santiago  organizó  unos  buenos  muchachos en Yarumal no estaría recogiendo café, para decirlo en un término muy de ellos. Indigna la paradoja, además, de que en el uribismo utilicen una decisión judicial para movilizarse, cuando precisamente la medida busca su desmovilización. Y desespera que disfracen la decisión de la Fiscalía como una mera persecución política, cuando todos sabíamos que don Santiago hace rato se encontraba en capilla: como mi hija por estos días.
Eso sí: la captura es tan impertinente, que parece determinada por un logaritmo de madame Tocarruncho: ¿a quién se le ocurre torear a Uribe en momentos previos a la firma de la paz? ¿No resultaría triste que el mismo año en que las Farc dejan las armas, el uribismo las empuñe?
Pero como ahora observo la realidad con la misericordia que mi hija me enseñó, pienso que el doctor Uribe escribió algunos de los capítulos más importantes de la historia colombiana, así lo haya hecho con la ortografía de su hijo Tomás. Y que todavía tiene mucho por entregar. Para empezar, a sus cómplices, casi todos prófugos. Y por eso, yo también decidí declararme en rebelión. De hecho, quería asistir a la convocatoria de uribistas promovida por María Fernanda Cabal en el noticiero, esta vez frente a la Fiscalía. Pero mientras discernía si se trataba de un plantón o de una entrega masiva, mi hija me quitó el control remoto.
-Cambia, por compasión -le imploré.
-No: estoy en rebeldía -decretó.
Y dejó de obedecerme, de modo que no podré asistir. Pero no importa: ya la perdoné. Me conmueve verla tan piadosa. Ahora mismo prepara su primera confesión. En eso también se parece a Santiago Uribe.

domingo, marzo 06, 2016

 El  enojo  transmitido


Un importante empresario vivía siempre  enojado, por cualquier circunstancia.

Cierto día  regañaba a uno, otro día a cualquier otro de sus subalternos y empleados.

Un día regañó al administrador de uno de sus muchos negocios

El administrador llegó más tarde a su casa y gritó a su esposa, acusándola de que estaba gastando demasiado porque había un abundante almuerzo en la mesa

Luego, la señora gritó a su empleada, la cual rompió un plato y le dio un puntapié al perro porque la hizo tropezar

El animal salió corriendo y en el jardín mordió a una señora que pasaba por allí

Cuando ella fue a la farmacia para hacerse una curación, le gritó al señor farmacéutico que la atendía, porque le dolió la aplicación de la vacuna

Este hombre llegó a su casa en la noche y le gritó a su madre porque la comida no era de su agrado

La señora, manantial de amor y perdón, le acarició la cabeza mientras le decía: "Hijo querido, te prometo que mañana haré tu comida favorita. Trabajas mucho, estás cansado y hoy precisas una buena noche de sueño. Voy a cambiar las sábanas de tu cama por otras bien limpias y perfumadas para que puedas descansar en paz. Mañana te sentirás mejor". Lo bendijo y abandonó la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos.

En ese momento se rompió la cadena, pues la rabia, el odio y el rencor, al no encontrar eco a sus pretensiones negativas, se marcharon para siempre; llegando la dulzura, el perdón y el amor.



     Responder lo Siguiente:

1. ¿Por qué no es conveniente que nos dejemos llevar por la ira sin medir     
     las consecuencias de ello?

2. ¿Cuál es la importancia de no transmitir emociones y sentimientos
     negativos?

3. ¿Por qué crees que es importante la inteligencia emocional?


                                                                                           Tomado de: La Culpa Es De La Vaca.
El origen del mal                 León Tolstoi

En medio de un bosque vivía un ermitaño, sin temer a las fieras que allí moraban. Es más, por concesión divina o por tratarlas continuamente, el santo varón entendía el lenguaje de las fieras y hasta podía conversar con ellas. En una ocasión en que el ermitaño descansaba debajo de un árbol, se cobijaron allí, para pasar la noche, un cuervo, un palomo, un ciervo y una serpiente. A falta de otra cosa para hacer y con el fin de pasar el rato, empezaron a discutir sobre el origen del mal.

- El mal procede del hambre -declaró el cuervo, que fue el primero en abordar el tema-. Cuando uno come hasta hartarse, se posa en una rama, grazna todo lo que le viene en gana y las cosas se le antojan de color de rosa. Pero, amigos, si durante días no se prueba bocado, cambia la situación y ya no parece tan divertida ni tan hermosa la naturaleza. ¡Qué desasosiego! ¡Qué intranquilidad siente uno! Es imposible tener un momento de descanso. Y si vislumbro un buen pedazo de carne, me abalanzo sobre él, ciegamente. Ni palos ni piedras, ni lobos enfurecidos serían capaces de hacerme soltar la presa. ¡Cuántos perecemos como víctimas del hambre! No cabe duda de que el hambre es el origen del mal.

El palomo se creyó obligado a intervenir, apenas el cuervo hubo cerrado el pico: opino que el mal no proviene del hambre, sino del amor. Si viviéramos solos, sin hembras, sobrellevaríamos las penas. Más ¡ay!, vivimos en pareja y amamos tanto a nuestra compañera que no hallamos un minuto de sosiego, siempre pensando en ella "¿Habrá comido?", nos preguntamos. "¿Tendrá bastante abrigo?" Y cuando se aleja un poco de nuestro lado, nos sentimos como perdidos y nos tortura la idea de que un gavilán la haya despedazado o de que el hombre la haya hecho prisionera. Empezamos a buscarla por doquier, con loco afán; y, a veces, corremos hacia la muerte, pereciendo entre las garras de las aves de rapiña o en las mallas de una red. Y si la compañera desaparece, uno no come ni bebe; no hace más que buscarla y llorar. ¡Cuántos mueren así entre nosotros! Ya ven que todo el mal proviene del amor, y no del hambre.

- No; el mal no viene ni del hambre ni del amor -arguyó la serpiente-. El mal viene de la ira. Si viviésemos tranquilos, si no buscásemos pendencia, entonces todo iría bien. Pero, cuando algo se arregla de modo distinto a como quisiéramos, nos arrebatamos y todo nos ofusca. Sólo pensamos en una cosa: descargar nuestra ira en el primero que encontramos. Entonces, como locos, lanzamos silbidos y nos retorcemos, tratando de morder a alguien. En tales momentos, no se tiene piedad de nadie; mordería uno a su propio padre o a su propia madre; podríamos comernos a nosotros mismos; y el furor acaba por perdernos. Sin duda alguna, todo el mal viene de la ira.

El ciervo no fue de este parecer. No; no es de la ira ni del amor ni del hambre de donde procede el mal, sino del miedo. Si fuera posible no sentir miedo, todo marcharía bien. Nuestras patas son ligeras para la carrera y nuestro cuerpo vigoroso. Podemos defendernos de un animal pequeño, con nuestros cuernos, y la huida nos preserva de los grandes. Pero es imposible no sentir miedo. Apenas cruje una rama en el bosque o se mueve una hoja, temblamos de terror, el corazón palpita, como si fuera a salirse del pecho, y echamos a correr. Otras veces, una liebre que pasa, un pájaro que agita las alas o una ramita que cae, nos hace creer que nos persigue una fiera; y salimos disparados, tal vez hacia el lugar del peligro.

A veces, para esquivar a un perro, vamos a dar con el cazador; otras, enloquecidos de pánico, corremos sin rumbo y caemos por un precipicio, donde nos espera la muerte. Dormimos preparados para echar a correr; siempre estamos alerta, siempre llenos de terror. No hay modo de disfrutar de un poco de tranquilidad. De ahí deduzco que el origen del mal está en el miedo.

Finalmente intervino el ermitaño y dijo lo siguiente: No es el hambre, el amor, la ira ni el miedo, la fuente de nuestros males, sino nuestra propia naturaleza. Ella es la que engendra el hambre, el amor, la ira y el miedo.



                   Responder lo siguiente

1. ¿El mal proviene de nuestro interior? ¿Qué piensas?
2. ¿Cree que actitudes negativas como la envidia, el odio y la ira
    promueven males mayores?  
3. ¿Qué piensa sobre la naturaleza humana?  


 


El  Valor de la Amistad

Un  soldado le dijo a su teniente:

-Mi  amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo.

- Permiso denegado -replicó el oficial-. No quiero que arriesgue su vida por un hombre que probablemente ha muerto.

El  soldado  sin  hacer  caso,  salió.  Una  hora  más  tarde  regresó,  mortalmente  herido, transportando el cadáver de su amigo. El oficial estaba furioso:

- ¡Le dije que había muerto! Dígame: ¿merecía la pena ir allá para traer un cadáver?

Y él soldado, casi moribundo, respondió:

- ¡Claro que sí, señor! Cuando lo encontré,  todavía estaba vivo y pudo decirme: "¡Estaba seguro de que vendrías!"

Un amigo es aquel que llega cuando todo el mundo se ha ido.


Responde:

1. ¿Está dispuesto a realizar sacrificios por un (a) verdadero (a) amigo (a)?
2.  ¿Cómo establecer el valor de la amistad?
3. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar por hacer un favor por amistad?



Tomado de: La Culpa Es De La Vaca.
La Vida Es del Color
 del Cristal con que se Mire

Érase una vez, que en una esquina de la calle, un vendedor de lentes, sobre un cajón de madera vieja, tenía su mercancía: lentes con cristales verdes, azules, amarillos, negros, rojos y anaranjados... de todos los colores. El vendedor pregonaba así: ¡¡¡lentes – anteojos...  de todos los colores!!! Luego agregaba: ¡“la vida es del color del cristal con que se le mire”! ¡¡¡lentes – anteojos...  de todos los colores!!! Y su voz llegaba a la calle siguiente.

Miguel, un joven un tanto pesimista, siempre miraba el lado malo de las cosas... Consideraba a la gente peor de lo que en realidad era. Y aun cuando hubiera sol  pensaba en la tormenta que vendría. Consideró oportuno comprarse y claro, su color preferido: lentes de cristales negros.

-Pero con ellos verás todo oscuro, muchacho ¿Te gusta así?

-Pues sí.... y siguió caminando con sus lentes de cristales negros. Veía los árboles oscuros, las nubes grises y todo sombrío.

A Julián en cambio, le encantaba el verde, había nacido en el campo y lamentaba el color gris de los grandes edificios... El negro del asfalto y la escasez de pinos, de árboles y plantas.
-Por eso, le dijo al vendedor: Unos lentes verdes, por favor.
-Toma, muchacho.

Ahora con los lentes puestos, Julián veía, las calles, las personas de color de la hierba del campo. No era el campo, pero por lo menos todo lo veía verde y así  lo recordaba. El vendedor seguía pregonando: Lentes¡¡¡¡ para ver la vida de colorreeeees!!!!

Acertó pasar por allí Margarita; una joven que siempre vestía de rojo porque para ella era el color alegre y más bonito. Su sueño era comprarse un carro rojo y después una casa roja... Toda alegre, con flores rojas... Margarita le compro al vendedor los lentes rojos. Y cuando se los puso veía los pájaros rojos y las casa rojas... También las estrellas rojas... Todo el mundo como un corazón lleno de vida...

Por la calle donde estaba el vendedor, alguien había dejado caer una perla de gran valor, allí permanecía tirada en una esquina  de la calle, sin que nadie la viera. ¡Y que bonita era! Pasó Miguel con sus anteojos negros, la vio y se dijo: “alguien dejo caer la piedra de la cauchera, ya no tendrá pajaritos.  Y siguió su caminó.

Más Tarde pasó Julián... ¡mira que guisante más grande! Si Hubiera más, lo recogería para hacer una tortilla: pero uno sólo... Y siguió su  camino dejando la perla. Como pasó por allí Margarita, creyó que la perla era un dulce de fresa que alguien después de chuparlo, lo había tirado allí; por eso no recogió la perla... Paso por ese lugar un niño, no se sabe su nombre, no compro al vendedor ningunos lentes. Le gustaba verlo todo del mismo color que tenían. Si el color era bonito muy bien... Si era feo así era...Él prefería las cosas en todo su realismo, le parecía mejor que cada cosa tuviera un color diferente.

Sería aburrido que todas las cosas tuvieran el mismo color.  Era alguien que miraba la vida sin el color del cristal...Sin nada artificial...Por eso al pasar la esquina de la otra calle, vio la perla y la recogió. ¡Y salió preguntando:  ¡El que mira la vida sin cambiarla de color, más pronto o más tarde le encuentra el verdadero valor!



Responda los Siguientes Interrogantes

1. ¿Cómo ve usted su existencia?   
2. ¿Qué mensaje le deja la lectura?
3. ¿De qué manera enfrenta las situaciones adversas? 
4. ¿Cuáles son sus metas y propósitos en su Proyecto de Vida?    
5. ¿Ayuda usted a otras personas para que perciban y vean la vida mejor?  



Un Contrato Muy Singular


Señor inquilino terrícola:

Le informo que el Contrato de Alquiler que firmamos hace bastante tiempo se está venciendo.

Precisamos renovarlo, pero tenemos que revisar algunos puntos fundamentales:

1. Usted necesita pagar la cuenta de energía. ¡Está muy alta! ¿Cómo gasta tanto? Además, antes yo le daba agua en abundancia, hoy no dispongo más que de una limitada y decreciente cantidad. Así que se requiere precisar y renegociar su usufructo.

2. ¿Por qué ahora algunos comen lo suficiente y otros están muriendo de hambre? Debería haber alimento para todos! Así que no desperdicie el alimento que otros moradores requieren para sobrevivir.

3. Usted cortó los árboles que dan sombra, aire y equilibrio. El sol está muy ardiente y el calor aumentó. ¡Usted debería replantar nuevamente los árboles que cortó!

4. Todos los micro-organismos, insectos, reptiles, mamíferos, peces, aves y plantas de mi casa deben ser cuidados y preservados. Busqué algunos animales, plantas y especies y no los encontré. Sé que cuando usted tomó mi casa ellos existían... Vi pocos peces, ballenas, pingüinos y delfines. ¿Ustedes los pescaron todos? ¿Dónde están?

5. Necesitan verificar qué colores tan extraños hay en el cielo, ¡no veo el azul! Pero sí veo un color gris lleno de vapores nocivos y humo y cenizas de todo tipo.

6. Hablando de basura ¡qué suciedad, ¿eh? ¡Encontré objetos extraños por el camino que no soy capaz de degradar: icopor, neumáticos, plásticos, pilas, desechos radioactivos...!

7. Mis polos helados cada vez están más pequeños y se están derritiendo en los mares. ¿Sabe usted qué pasó?  Bueno, es hora de que conversemos. Necesito saber si usted todavía quiere vivir aquí.

En caso afirmativo, ¿qué puede hacer para cumplir con el contrato?

Me gustaría que estuviera siempre en mi casa, pero, al paso que vamos, tendrá que buscarse otra. ¿Usted cree que puede cambiar sus hábitos depredadores? Aguardo respuestas y acciones...

Atentamente Su Inquilina: LA TIERRA


   
   
            
              Análisis y Comprensión Lectora


1. ¿Consume recursos naturales de manera racional?
2. ¿Ha sembrado árboles alguna vez? ¿Le gustaría sembrarlos?
3. ¿Trata con respeto a todo ser vivo y promueve su conservación?
4. ¿De qué manera ayuda usted a proteger nuestra casa: el Planeta  Tierra?
5. ¿Estaría dispuesto a trabajar en alguna institución que promueva la protección de la naturaleza?


     










“No cambies tu esencia”

En una ocasión un vendedor y un profesor se encontraron camino a sus casas, como eran vecinos, se fueron charlando animadamente.

Al doblar una esquina, justo en la puerta de un enorme garaje que era la entrada a un parqueadero, se encontraron un perro, que amarrado de un lazo, luchaba desesperadamente por zafarse, tratando de alcanzar un recipiente para beber agua. El perro ladró agresivo cuando vio a los desconocidos.  

El vendedor esquivó al animal, temeroso de que lo alcanzara a morder. El profesor, en cambio, se detuvo y observó la actitud del can, luego, con calma, se acercó con cuidado, pero resuelto, con la firme intención de acercarle el recipiente con agua al perro, para que este pudiera beber

En efecto, así lo hizo. El perro, con actitud sumisa se acercó y bebió con ansías de la vasija que el profesor le arrimó. Con cuidado, sin brusquedad, se levantó y siguió su camino con su vecino, el vendedor.

Observaron que el perro, después de beber, se calmó y se echó en un rincón.

El vendedor, que había observado todo, increpó al profesor: ¡usted sí que es arriesgado! ¡Cómo se le ocurre acercarse a ese fiero animal! ¿No entiende que casi nos muerde?, afortunadamente estaba bien amarrado, sino, otro cuento estaríamos contando.

El profesor, lo miró y sonrió, y con calma y serenidad le respondió: la naturaleza del perro es ladrar, no necesariamente morder, y eso siempre va a ser así,  no va a cambiar; por lo tanto, tampoco tiene que supeditar la mía, que es ayudar en la medida de mis posibilidades. Y agregó: cuando pasé en la mañana, observé que igual intentaba beber agua, pero como iba de afán y además ahí estaba el vigilante del parqueadero, supuse que él le permitiría beber, como ve, no fue así, de ahí la disposición del perro. Y de ahí la actitud mía.



1. ¿Respetas a todo ser vivo?
2. ¿Cómo valoras  a tus semejantes?
3. ¿Qué piensas del escepticismo del vendedor?
4. ¿Esta historia te dice algo?  ¿Te hace algún llamado en particular?
5. Relata una intervención tuya que haya mejorado la situación de un ser
   vivo