sábado, marzo 05, 2016


Ideología y  aparatos ideológicos de Estado

Louis Althusser

fragmento

ESTADO / IDEOLOGIA / REPRODUCCION / TEORIA SOCIAL

Acerca de la reproducción de las condiciones de producción 1

En análisis anteriores nos hemos referido circunstancialmente a la necesidad de renovar  los  medios  de  producción  para  que  la  producción  sea  posible.  Hoy centraremos nuestra exposición en este punto.

Decía Marx que aun un niño sabe que una formación social que no reproduzca las condiciones de producción al mismo tiempo que produce, no sobrevivirá siquiera un año.2  Por  lo tanto, la condición final de la producción es la reproducción de las condiciones de producción. Puede ser “simple” (y se limita entonces a reproducir las anteriores condiciones de producción) o “ampliada” (en cuyo caso las extiende). Dejaremos esta última distinción a un lado.

¿Qué es pues la reproducción de las condiciones de producción?

Nos internamos aquí en un campo muy familiar (desde el tomo II de El Capital ) pero, a la vez, singularmente ignorado. Las tenaces evidencias (evidencias ideológicas de tipo empirista) ofrecidas por el punto de vista de la mera producción e incluso de la simple práctica productiva (abstracta ella misma con respecto al proceso de producción) se incorporan de tal modo a nuestra conciencia cotidiana que es sumamente difícil, por no decir casi imposible, elevarse hasta el punto de vista de la reproducción.   Sin embargo, cuando no se adopta tal punto de vista todo resulta abstracto y deformado (más que parcial), aun en el nivel de la producción y, con mayor razón todavía, en el de la simple práctica.

Intentaremos examinar las cosas metódicamente.

Para simplificar nuestra exposición, y considerando que toda formación social depende de un modo de producción dominante, podemos decir que el proceso de producción emplea  las  fuerzas  productivas  existentes  en  y  bajo  relaciones  de  producción definidas.

De donde resulta que, para existir, toda  formación social, al mismo tiempo  que produce y para poder producir, debe reproducir las condiciones de su producción. Debe, pues, reproducir:
  
1) las fuerzas productivas
2) las relaciones de producción existentes.

Reproducción de los medios de producción

Desde que Marx lo demostró en el tomo II de El Capital, todo el mundo reconoce (incluso los economistas burgueses que trabajaban en la contabilidad nacional, o los modernos teóricos “macroeconomistas”) que no hay producción posible si no se asegura la reproducción de las condiciones materiales de la producción: la reproducción de los medios de producción.

Cualquier economista (que en esto no se diferencia de cualquier capitalista) sabe que todos los años es necesario prever la reposición de lo que se agota o gasta en la producción: materia prima, instalaciones fijas (edificios), instrumentos de producción (máquinas), etc. Decimos: un economista cualquiera = un capitalista cualquiera, en cuanto ambos expresan el punto de vista de la empresa y se contentan con comentar lisa y llanamente los términos de la práctica contable de la empresa.

Pero sabemos, gracias al genio de Quesnay -que fue el primero que planteó ese problema que “salta a la vista”- y al genio de Marx -que lo resolvió-, que la reproducción de las condiciones materiales de la producción no puede ser pensada a nivel de la empresa pues no es allí donde se da en sus condiciones reales. Lo que sucede en el nivel de la empresa es un efecto, que sólo da la idea de la necesidad de la reproducción, pero que no permite en absoluto pensar las condiciones y los mecanismos de la misma.

Basta reflexionar un solo instante para convencerse: el señor X, capitalista, que produce telas de lana en su hilandería, debe “reproducir” su materia prima, sus máquinas, etc. Pero quien las produce para su producción no es él sino otros capitalistas: el señor Y, un gran criador de ovejas de Australia; el señor Z, gran industrial metalúrgico, productor de máquinas-herramienta, etc., etc., quienes, para producir esos productos que condicionan la reproducción de las condiciones de producción del señor X, deben a su vez reproducir las condiciones de su propia producción, y así hasta el infinito: todo ello en tales proporciones que en el mercado nacional (cuando no en el mercado mundial) la demanda de medios de producción (para la reproducción) pueda ser satisfecha por la oferta.

Para pensar este mecanismo que desemboca en una especia de “hilo sin fin” es necesario seguir la trayectoria “global” de Marx, y estudiar especialmente en los tomos II y III de El Capital,   las relaciones de circulación de capital entre el Sector I (producción de los medios de producción) y el Sector II (producción de los medios de consumo), y la realización de la plusvalía.

No entraremos a analizar esta cuestión, pues nos basta con haber mencionado que existe la necesidad de reproducir las condiciones materiales de la producción.

Reproducción de la fuerza de trabajo

No obstante, no habrá dejado de asombrarle al lector que nos hayamos referido a la reproducción de los medios de producción, pero no a la reproducción de las fuerzas productivas. Hemos omitido, pues, la reproducción de aquello que distingue las fuerzas productivas de los medios de producción, o sea la reproducción de la fuerza de trabajo.

Si bien la observación de lo que sucede en la empresa, especialmente el examen de la práctica financiera contable de las previsiones de amortización-inversión, podía darnos una  idea  aproximada  de  la  existencia  del  proceso  material  de  la  reproducción, entramos ahora en un terreno en el cual la observación de lo que pasa en la empresa es casi enteramente ineficaz, y esto por una sencilla razón: la reproducción de la fuerza de trabajo se opera, en lo esencial, fuera de la empresa.

¿Cómo se asegura la reproducción de la fuerza de trabajo?

Dándole a la fuerza de trabajo el medio material para que se reproduzca: el salario. El salario figura en la contabilidad de la empresa, pero no como condición de la reproducción material de la fuerza de trabajo, sino como “capital mano de obra”.3

Sin embargo es así como “actúa”, ya que el salario representa solamente la parte del valor producido por el gasto de la fuerza de trabajo,   indispensable para su reproducción; aclaremos, indispensable para reconstituir la fuerza de trabajo del asalariado  (para  vivienda  vestimenta  y alimentación,  en  suma,  para  que  esté  en condiciones de volver  a  presentarse a la mañana siguiente -y todas las santas mañanas- a la entrada de la empresa-; y agreguemos: indispensable para criar y educar a los niños en que el proletario se reproduce (en X unidades: pudiendo ser X igual a 0, 1, 2, etc.) como fuerza de trabajo.

Recordemos que el valor (el salario) necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo  no  está  determinado  solamente  por  las  necesidades  de  un  S.M.I.G.* “biológico”, sino también por las necesidades de un mínimo histórico (Marx señalaba: los obreros ingleses necesitan cerveza y los proletarios franceses, vino) y, por lo tanto, históricamente variable.

Señalemos también que este mínimo es doblemente histórico, en cuanto no está definido por las necesidades históricas de la clase obrera que la clase capitalista “reconoce” sino por las necesidades históricas impuestas por la lucha de clase proletaria (lucha de clase doble: contra el aumento de la jornada de trabajo y contra la disminución de los salarios).

Empero, no basta con asegurar a la fuerza de trabajo las condiciones materiales de su reproducción para que se reproduzca como tal. Dijimos que la fuerza de trabajo disponible debe ser “competente”, es decir apta para ser utilizada en el complejo sistema del proceso de producción. El desarrollo de las fuerzas productivas y el tipo de unidad históricamente constitutivo de esas fuerzas productivas en un momento dado determinan que la fuerza de trabajo debe ser (diversamente) calificada y por lo tanto reproducida como tal. Diversamente, o sea según las exigencias de la división social- técnica del trabajo, en sus distintos “puestos” y “empleos”.

Ahora bien, ¿cómo se asegura esta reproducción de la calificación (diversificada) de la fuerza de trabajo en el régimen capitalista?

Contrariamente a lo que sucedía en las formaciones sociales esclavistas y serviles, esta reproducción de la calificación de la fuerza de trabajo tiende (se trata de una ley tendencial) a asegurarse no ya “en el lugar de trabajo” (aprendizaje en la producción misma), sino, cada vez más, fuera de la producción, por medio del sistema educativo capitalista y de otras instancias e instituciones.

¿Qué se aprende en la escuela?

Es posible llegar hasta un punto más o menos avanzado de los estudios, pero de todas maneras se aprende a leer, escribir y contar, o sea algunas técnicas, y también otras cosas, incluso elementos (que pueden ser rudimentarios o por el contrario profundizados) de “cultura científica” o “literaria” utilizables directamente en los distintos puestos de la producción (una instrucción para los obreros, una para los técnicos, una tercera para los ingenieros, otra para los cuadros superiores, etc.). Se aprenden “habilidades” (savoir-faire).

Pero al mismo tiempo, y junto con esas técnicas y conocimientos, en la escuela se aprenden las “reglas” del buen uso, es decir de las conveniencias que debe observar todo agente de la división del trabajo, según el puesto que está “destinado” a ocupar: reglas de moral y de conciencia cívica y profesional, lo que significa en realidad reglas del respeto a la división social-técnica del trabajo y, en definitiva, reglas del orden establecido por la dominación de clase. Se aprende también a “hablar bien el idioma”, a “redactar” bien, lo que de hecho significa (para los futuros capitalistas y sus servidores) saber “dar  órdenes”,  es  decir  (solución  ideal),  “saber  dirigirse”  a  los obreros, etcétera.

Enunciando este hecho en un lenguaje más científico, diremos que la reproducción de la fuerza de trabajo no sólo exige una reproducción de su calificación sino, al mismo tiempo, la reproducción de su sumisión a las reglas del orden establecido, es decir una reproducción de su sumisión a la ideología dominante por parte de los agentes de la explotación  y  la  represión,  a  fin  de que aseguren también “por la palabra” el predominio de la clase dominante.

En otros términos, la escuela (y también otras  instituciones del Estado, como la Iglesia, y otros aparatos como el Ejército) enseña las “habilidades” bajo formas que aseguran el sometimiento a la ideología dominante   o el dominio de su “práctica”. Todos los agentes de la producción, la explotación y la represión, sin hablar de los “profesionales de la ideología” (Marx) deben estar “compenetrados” en tal o cual carácter con esta ideología para cumplir “concienzudamente” con sus tareas, sea de explotados (los proletarios), de explotadores (los capitalistas), de auxiliares de la explotación (los cuadros), de grandes sacerdotes de la ideología dominante (sus “funcionarios”), etcétera.

La condición sine qua non  de la reproducción de la fuerza de trabajo no sólo radica en la reproducción de su “calificación” sino también en la reproducción de su “calificación” sino también en la reproducción de su sometimiento a la ideología dominante, o de la “práctica” de esta ideología, debiéndose especificar que no basta decir: “no solamente sino  también”,  pues  la reproducción de la calificación de la fuerza de trabajo se asegura en y bajo las formas de sometimiento ideológico,  con lo que reconocemos la presencia eficaz de una nueva realidad: la ideología.

Haremos aquí dos observaciones.

La primera servirá para completar nuestro análisis de la reproducción.
Acabamos de estudiar  rápidamente las formas de la reproducción de las fuerzas productivas, es decir de los medios de producción por un lado y de la fuerza de trabajo por el otro.

Pero no hemos abordado aún la cuestión de la reproducción de las relaciones de producción.    Es  éste  un  problema    crucial  de  la  teoría  marxista  del  modo  de producción. Si lo pasáramos por alto cometeríamos una omisión teórica y peor aún, una grave falta política.

Hablaremos pues de tal cuestión, aunque para poder hacerlo debamos realizar nuevamente un gran desvío. Y como segunda advertencia señalaremos que para hacer ese desvío nos vemos obligados a replantear un viejo problema: ¿qué es una sociedad?

Infraestructura y superestructura

Ya hemos tenido ocasión 4 de insistir sobre el carácter revolucionario de la concepción marxista de “totalidad social” en lo que la distingue de la “totalidad” hegeliana. Hemos dicho (y esta tesis sólo repetía célebres proposiciones del materialismo histórico) que según Marx la estructura de toda sociedad está constituida por “niveles” o “instancias” articuladas por una determinación específica: la infraestructura o base económica (“unidad” de fuerzas productivas y relaciones de producción), y la superestructura, que comprende dos “niveles” o “instancias”: la jurídico-política (el derecho y el Estado) y la ideológica (las distintas ideologías, religiosa, moral, jurídica, política, etcétera).

Además de su interés teórico-pedagógico (consistente en hacer notar la diferencia que separa a Marx de Hegel), esta representación ofrece una fundamental ventaja teórica: permite inscribir en el dispositivo teórico de sus conceptos esenciales lo que nosotros hemos llamado su índice de eficacia respectivo. 

¿Qué quiere decir esto?

Cualquiera puede convencerse fácilmente de que representar la estructura de toda sociedad como un edificio compuesto por una base (infraestructura) sobre la que se levantan los dos “pisos” de la superestructura constituye una metáfora, más exactamente una metáfora espacial: la de una tópica. 5 Como toda metáfora, ésta sugiere, hace ver alguna cosa. ¿Qué cosa? Que los pisos superiores no podrían “sostenerse” (en el aire) por sí solos si no se apoyaran precisamente sobre su base.

La metáfora del edificio tiene pues por objeto representar ante todo la “determinación en última instancia” por medio de la base económica. Esta metáfora espacial tiene así por resultado afectar a la base con un índice de eficacia conocido por la célebre expresión: determinación en última instancia de lo que ocurre en los “pisos” (de la superestructura) por lo que ocurra en la base económica.

A  partir  de  este  índice  de  eficacia  “en  última  instancia”,  los  “pisos”  de  la superestructura se hallan evidentemente afectados por diferentes índices de eficacia.

¿Qué clase de índices?

Se puede decir que los pisos de la superestructura no son determinantes en última instancia sino que son determinados por la eficacia básica; que si son determinantes a su manera (no definida aún), lo son en tanto están determinados por la base.

Su índice de eficacia (o de determinación), en tanto ésta se halla determinada por la determinación en última instancia de la base, es pensado en la tradición marxista bajo dos formas:

1) existe una “autonomía relativa” de la superestructura con respecto a la base;
2) existe una “reacción” de la superestructura sobre la base.

Podemos decir entonces que la gran ventaja teórica de la tópica marxista, y por lo tanto de la metáfora espacial del edificio (base y superestructura), consiste a la vez en hacer ver que las cuestiones de determinación (o índice de eficacia) son fundamentales, y en hacer ver que es la base lo que determina en última instancia todo el edificio; por lógica consecuencia, obliga a plantear el problema teórico del tipo de eficacia “derivada” propio de la superestructura, es decir, obliga a pensar en lo que la tradición marxista designa con los términos conjuntos de autonomía relativa de la super-estructura y reacción de la superestructura sobre la base.

El mayor inconveniente de esta representación de la estructura de toda sociedad con la metáfora espacial del edificio radica evidentemente en ser metafórica: es decir, en permanecer en el plano de lo descriptivo.

Nos parece por lo tanto deseable y posible representar las cosas de otro modo. Entiéndase bien: no desechamos en absoluto la metáfora clásica, pues ella misma obliga a su superación. Y no la superamos rechazándola como caduca. Deseamos simplemente tratar de pensar lo que ella nos da bajo la forma de una descripción.

Pensamos que a partir de la reproducción  resulta posible y necesario pensar en lo que caracteriza lo esencial de la existencia y la naturaleza de la superestructura. Es suficiente ubicarse en el punto e vista de la reproducción para que se aclaren muchas cuestiones  cuya  existencia indicaba,  sin darles respuesta  conceptual,  la  metáfora espacial del edificio.

Sostenemos como tesis fundamental que sólo es posible plantear estas cuestiones (y por lo tanto responderlas) desde el punto de vista de la reproducción.

Analizaremos brevemente el Derecho, el Estado y la ideología desde ese punto de vista.  Y vamos a mostrar a la vez lo que pasa desde el punto de vista  de la práctica y de la producción por una parte, y de la reproducción por la otra.

El Estado

La tradición marxista es formal: desde el Manifiesto  y El 18 Brumario  (y en todos los textos clásicos posteriores, ante todo el de Marx sobre La comuna de París  y el de Lenin sobre El Estado y la Revolución) el Estado es concebido explícitamente como aparato represivo. El Estado es una “máquina” de represión que permite a las clases dominantes (en el siglo XIX a la clase burguesa y a la “clase” de los grandes terratenientes)  asegurar  su  dominación  sobre  la  clase  obrera  para  someterla  al proceso de extorsión de la plusvalía (es decir a la explotación  capitalista).

El Estado es ante todo  lo que los clásicos del marxismo han llamado el aparato de Estado.

Se incluye en esta denominación no sólo al aparato especializado (en sentido estricto), cuya existencia y necesidad conocemos a partir de las exigencias de la práctica jurídica, a saber la policía -los tribunales- y las prisiones, sino también el ejército, que interviene directamente como fuerza represiva de apoyo (el proletariado ha pagado con su sangre esta experiencia) cuando la policía y sus cuerpos auxiliares son “desbordados por los acontecimientos”, y, por encima de este conjunto, al Jefe de Estado, al Gobierno y la administración.

Presentada en esta forma, la “teoría” marxista-leninista del Estado abarca lo esencial, y ni por un momento se pretende dudar de que allí esté lo esencial.


El aparato de Estado, que define a éste como fuerza de ejecución y de intervención represiva “al servicio de las clases dominantes”, en la lucha de clases librada por la burguesía y sus aliados contra el proletariado, es realmente el Estado y define perfectamente su “función” fundamental.





Zapatos con USB que cargan sus 
dispositivos

 
Diseñan un sistema que convierte el movimiento mecánico del andar humano en energía eléctrica. FOTO EFE



POR RICARDO SEGURA-EFE | PUBLICADO EL 03 DE MARZO DE 2016

Infografía

Imagine que puede recargar sus teléfonos inteligentes, tabletas electrónicas y ordenadores portátiles sin depender de enchufes eléctricos, de la energía solar, ni de baterías externas, y sin que tampoco importe el lugar donde se encuentre.

Dos ingenieros mecánicos de la Universidad de Wisconsin-Madison, UW-M, en Wisconsin (EE. UU.), lo acaban de hacer posible, al desarrollar un innovador sistema que permitirá recargar las baterías conectándolas mediante un cable a los zapatos.

El profesor Tom Krupenkin y el científico J. Ashley Taylor han conseguido que la recarga de dispositivos también sea móvil, al aprovechar la energía que generan sus usuarios mientras caminan. Este sistema es capaz de captar 10 vatios (W) por zapato.

Krupenkin y Taylor han desarrollado esta tecnología para capturar la energía del movimiento humano que puede integrarse dentro de la suela del calzado convencional y que permite “cosechar” la energía mecánica producida por la persona que lo lleva cuando está caminando, convertirla en electricidad y almacenarla para su uso posterior, según esta universidad.

Este “calzado generador de energía”, que ha sido probado con éxito en zapatillas deportivas, podría ser muy útil para los militares, ya que los soldados llevan pesadas baterías para alimentar sus radios, unidades GPS y gafas de visión nocturna, y para las personas que viven en zonas remotas o en países en desarrollo que carecen de redes eléctricas adecuadas.

Buscando sinergias

Este investigador está buscando junto con Taylor asociarse con la industria y comercializar su sistema a través de su compañía emergente InStep Nanopower y ya está trabajando en colaboración con el fabricante de calzado Vibram.

“El caminar humano conlleva una gran cantidad de energía”, afirma Krupenkin.

“Generar un total de 20 vatios al caminar no es poca cosa, si se compara con las necesidades de alimentación eléctrica de la mayoría de los dispositivos móviles modernos”, y destaca que “un teléfono inteligente típico requiere menos de dos vatios”.

Krupenkin y Taylor han desarrollado una innovadora tecnología de captación de energía que se basa en la “electro-humectación inversa”.

Este fenómeno consiste en que “cuando un líquido conductor interactúa con una superficie recubierta de película muy fina o nano-película, la energía mecánica que se aplica en el contacto entre ambos elementos, se convierte directamente en energía eléctrica”, indica el experto.

“Este método puede generar energía eléctrica utilizable, pero requiere una fuente primaria de energía mecánica, que está vibrando o girando rápidamente”, de acuerdo a Krupenkin.

El método burbujeador

Para aprovechar este fenómeno los investigadores desarrollaron el “método burbujeador”, que combina la electrohumectación inversa con el crecimiento y el colapso de las burbujas del líquido conductor utilizado en este sistema.

El dispositivo de burbujeo de los investigadores, que no contiene partes mecánicas móviles, consiste en dos placas planas separadas por un pequeño hueco lleno de un líquido conductor.

“La placa inferior está cubierta por una serie de diminutos agujeros a través de los cuales se forman burbujas bajo los efectos de un gas a presión. Dichas burbujas crecen hasta que son lo bastante grandes como para tocar la placa superior, lo que hace que colapsen”, señalan los ingenieros mecánicos.

“El veloz crecimiento repetitivo y colapso de las burbujas, empuja el fluido conductor de ida y vuelta entre amabas placas, generando así la carga eléctrica”, según Krupenkin y Taylor.

Su técnicamente denominado colector de energía integrado en el calzado podría alimentar directamente los diferentes dispositivos móviles a través de un cable de carga, o bien podría acoplarse a un punto de acceso Wi-Fi, empotrado dentro de un zapato y que actuaría como “intermediario” entre los dispositivos móviles y una red inalámbrica, según indican a Efe los científicos de la UW-M.

Haga click en el icono de infografía al lado izquierdo para conocer cómo funcionan los zapatos con USB.


 CONTEXTO DE LA NOTICIA

¿QUÉ SIGUE?

¿GENERA MÁS CANSANCIO?

Los fabricantes señalan que una de las consultas más frecuentes es si este sistema hace que los usuarios se cansen más rápidamente al caminar, al ser forzados a hacer un esfuerzo adicional para proporcionar más energía al colector incorporado a su calzado.

Krupenkin y Taylor lo aclaran: “la energía mecánica que se convierte en energía eléctrica durante el proceso de recolección es la que se perdería de todos modos en forma de calor, independiente de si el calzado lleva incrustado el colector o no. Por otra parte, la batería está en un recinto hermético, que la aísla del medio ambiente, evitando cualquier posible daño al usuario, y además cuenta con unos circuitos electrónicos de seguridad que evitan que se produzca un cortocircuito eléctrico bajo ninguna circunstancia, por ejemplo, cuando los zapatos se mojan”, matizan.

Asimismo, la presencia de una cámara con líquido en las suelas, no altera las sensaciones ni la comodidad al caminar, concluyen los investigadores.






http://www.elcolombiano.com/tecnologia/zapatos-con-usb-que-cargan-sus-dispositivos-GE3688558http://www.elcolombiano.com/tecnologia/zapatos-con-usb-que-cargan-sus-dispositivos-GE3688558

jueves, marzo 03, 2016

La democracia como sistema político


Grupo 9° 1


Biblioteca Virtual
 Biblioteca Luis Ángel Arango
Banco de la República

Etimológicamente, la palabra proviene del griego: "demos", pueblo, gente, y "kratos", poder, superioridad.

La democracia, es una forma de gobierno en la que se plantea que el poder político es ejercido por los individuos pertenecientes a una misma comunidad política, es decir a los ciudadanos de una nación. La preocupación central de una democracia auténtica consiste en garantizar que todos los miembros que hacen parte de esa  sociedad, tengan una posibilidad real e igual de participar en las decisiones colectivas.

Su historia

Como sistema político, la democracia atraviesa varios períodos históricos hasta llegar al siglo XXI. 

Sus orígenes como régimen político pueden ser ubicados en el año 500 a.C., (aprox.), en el contexto de los años de auge de la Civilización Griega.

Fue esta sociedad, la que planteó los primeros cimientos teóricos y prácticos de la  democracia como sistema político y la practicó como forma de gobierno.

Esta estructura apuntó a garantizar la participación de amplios sectores de la sociedad en la toma de las decisiones fundamentales para la comunidad.

Los asentamientos en pequeñas ciudades llamadas Polis, permitió y generó la conformación de instituciones políticas y de un sistema de participación.

Por medio de estas se aseguró una discusión constante sobre las leyes, las normas y reformas aplicadas para mejorar el bien común de todos los ciudadanos de las Polis.

Los planteamientos iniciales de la democracia fueron re-dimensionados, durante los siglos XVIII y XIX, por políticos, filósofos e intelectuales en el marco del proceso de constitución de los Estados-nación modernos en Europa.

Como respuesta a los regímenes monárquicos y absolutistas, grupos de pensadores europeos plantearon la necesidad de un sistema político democrático cuyo objetivo fuera el de poner a disposición de los ciudadanos la designación de los gobernantes por medio del sufragio, pues se consideró que cada uno de los miembros de la nación estaban en la obligación y el derecho de intervenir en su propia forma de gobierno. 

Más adelante, durante el siglo XX, la definición de democracia comenzó a ser replanteada y diversificada con la consolidación del capitalismo como sistema económico, la conformación de nuevas comunidades políticas en otras regiones del mundo, el crecimiento de las ciudades, y la aparición de movimientos de masas con cuestionamientos frente al sistema democrático.

Durante todo el siglo, la democracia recibió muchas críticas como sistema político por considerarse que no era suficientemente efectiva en garantizar la participación popular, y por ser, en muchas ocasiones, un sistema controlado únicamente por las élites políticas de cada país.

Principios de la democracia

A pesar de estos cuestionamientos, en la actualidad, la gran mayoría de países en el mundo adhieren a la democracia como forma de gobierno por considerar que es la forma de organización social y política que brinda las garantías necesarias para incentivar los principios planteados por la Revolución Francesa en 1789:

- Igualdad: Todos los hombres son iguales ante la ley sin importar su color de piel, sexo, religión o condición social.

- Libertad: Todos los ciudadanos pueden hacer aquello que no les prohíba la ley.

- Constitución: Conjunto de leyes que sean aplicables a todos los ciudadanos de un Estado.

- Representatividad: Los ciudadanos tienen derecho a elegir y ser elegidos; el voto es el mecanismo que permite la representación de todos los ciudadanos en cabeza de unos pocos para que se puedan hacer cargo del gobierno.

Tipos de democracia

Existen diferentes tipos de democracia:

Democracia directa, en la cual el pueblo participa a través de asambleas, referendos o iniciativas ciudadanas.

Democracia liberal, interesada en la defensa de los derechos individuales y en la representación de los intereses ciudadanos por medio de agentes políticos participantes de las instituciones políticas.

Democracia representativa, en la cual los representantes del pueblo son escogidos por medio de elecciones libres, periódicas y organizadas por el propio Estado.

A nivel teórico, para que haya una democracia verdadera, se necesita de una confrontación de ideas, es decir que haya un sistema político que garantice la oposición. En la mayoría de los países esta oposición y confrontación ideológica se sostiene sobre un sistema en el que dialogan partidos políticos, gobierno y movimientos sociales, de acuerdo a la necesidad de incentivar la participación ciudadana.

Existen dos canales fundamentales a través de los cuales se pone en práctica la participación ciudadana en las sociedades democráticas; el primero es el de la representación y el segundo el de la participación directa.

En un país, es difícil hacer que todos se pongan de acuerdo para tomar una decisión. Por esto, la democracia ha adoptado la figura de la representación, según la cual los individuos no participan en todas las decisiones colectivas, sino que participan en la escogencia de los representantes que se encargarán de tomar esas decisiones.

Así, para que la representación sea más sólida, rigurosa y estructurada, nuestra democracia exige que esos representantes estén agrupados en diversas organizaciones políticas que tengan proyectos, intereses, ideologías y puntos de vista definidos.

Este tipo de organizaciones -denominadas partidos o movimientos políticos- constituyen una garantía para los electores, pues cuando se elige a un candidato que es miembro de un partido, se puede saber de antemano que esa persona, en su labor como representante en el gobierno, tendrá que ser fiel a los propósitos y principios del partido al cual pertenece.


La democracia en Colombia

En Colombia, el primer presidente elegido según el sistema democrático moderno fue el conservador José Vicente Concha, en el año de 1914. Hasta 1930, el sistema político no recibió mayores reformas para incentivar la participación ciudadana.

Luego, con la llegada de la República Liberal, periodo entre 1930 y 1946, la democracia planteada en la Constitución de 1886 se reformuló con la intención de modernizar el sistema y expandir la participación de otros sectores de la sociedad colombiana, como es el caso de los campesinos y los obreros.

Hasta 1953, el país defendió orgullosamente una tradición de democracia civilista, al menos durante el siglo XX, en comparación constante con otros países de Latinoamérica en los cuales habían tenido lugar golpes militares, dictaduras y cierre de las instituciones democráticas. Ese año, con la llegada del general Gustavo Rojas Pinilla al poder a raíz de la violencia desbordada que vivía el país, se instauró una dictadura militar que duró hasta 1957, momento en el que la junta militar tomó las riendas del gobierno para hacer una transición política, una vez más, hacia el sistema democrático. 

Desde 1958 hasta 1974, se reinstaura el sistema democrático, pero controlado por el pacto del Frente Nacional, efectuado entre los dos partidos mayoritarios (Liberal y Conservador).

En el pacto, representantes de ambos partidos acordaron la alternancia en el poder y la división de los cargos burocráticos, con el objeto de frenar los enfrentamientos violentos en el campo.

Este período de la historia del país ha sido muy cuestionado por considerarse que no se ejerció la democracia en todo el sentido de la palabra. Sin embargo, al menos a nivel institucional existieron los mecanismos para la participación de amplios sectores de la población.

Otros problemas también afectaron la participación política y la consolidación de un sistema democrático fuerte y verdaderamente representativo, por ejemplo, la burocratización de las instituciones estatales, la férrea oposición de los partidos tradicionales a la organización de nuevos partidos, las formas de política clientelista y la corrupción de varios sectores de las élites dirigentes. 

A partir de 1974 se vuelve a elegir a los presidentes de la república mediante el uso del sufragio popular. Durante los años 80 y 90, el sistema político recibe críticas de varios sectores de la sociedad (movimientos sociales, académicos, organizaciones juveniles, guerrillas organizadas, el narcotráfico, etc.). Con la Asamblea Constituyente de 1991, el país reformuló el sistema político y planteó una democracia representativa con varios mecanismos de participación popular. Este tipo de organización aseguró el sostenimiento de un sistema apoyado sobre tres ramas del poder público: la legislativa, la ejecutiva y la judicial. 

Nuestra Constitución Política de 1991 establece desde su primer artículo que Colombia es una República democrática y participativa, está asumido el reto y el compromiso de promover la participación ciudadana en todos los espacios de la vida social. A través de toda una serie de herramientas consagradas en la Constitución y reguladas en las leyes nacionales, los colombianos podemos entablar una relación directa con las autoridades públicas, dar a conocer nuestras propuestas, presionar para que sean adoptadas, opinar sobre asuntos públicos, exigir el cumplimiento de las normas, vigilar la conducta de los dirigentes, tomar decisiones que nos afectan a todos o sancionar a los gobernantes que actúan de forma equivocada, entre otras formas de participación. Para ello, se han establecido una serie de mecanismos de participación que tienen la naturaleza de un derecho político fundamental, atribuido a todo ciudadano, con el objetivo de que cada uno pueda participar en la conformación, ejercicio y control del poder político. 


Se recomienda buscar en un diccionario los Términos Específicos - palabras -
cuyo significado desconozca, para poder entender toda la información leída.



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