jueves, febrero 11, 2016

     EDUCACIÓN | 2015/10/27 12:00

¿Democracia sin lectura crítica?  por JULIÁN DE ZUBIRÍA (*)



En Colombia solo tres de cada mil jóvenes escolarizados alcanzan esta habilidad a los 15 años. Sin lectura crítica no es posible elegir de manera responsable. Mejorar la calidad de la educación es necesario para vivir en una democracia.

El periodista y escritor Eduardo Galeano sostiene que en el siglo XX se violaron la mayoría de derechos humanos. Por ejemplo, durante los años setenta en el Cono se suprimieron los derechos civiles, sociales y políticos. La tortura se convirtió en el método, por excelencia, para conseguir información. El terrorismo de Estado  se usó indiscriminadamente con el fin de generar el miedo constante en la población. El secuestro y la desaparición fueron el pan de cada día para los sindicalistas, los intelectuales, los artistas y los estudiantes: casi todos ellos fueron catalogados como subversivos. Los opositores fueron considerados indeseables.       

Para desgracia de la humanidad, quienes más ferozmente han violado los derechos humanos jamás van presos. Ellos, como señala Galeano, tienen las llaves de las cárceles. Sin embargo, el escritor sostiene que un derecho que no pudo ser eliminado: el derecho a soñar y a pensar distinto. En esta última tesis no estaría de acuerdo con Eduardo Galeano.         

En Colombia, y en diversos lugares del mundo, soñar y pensar distinto son actos que siguen sacrificándose. La libertad necesita de condiciones que, desafortunadamente, no se cumplen en la mayoría del continente. Solo son libres aquellos que piensan por sí mismos, dijo Kant dos siglos atrás. La ignorancia hace a las personas presa fácil de los prejuicios sociales, políticos e ideológicos; de la manipulación de los medios de comunicación, de las ideas mágicas, simplificadoras y supersticiosas, de los personajes mesiánicos, del reduccionismo, la intolerancia y el fanatismo.          

Por eso, una persona que todavía no domina la lectura crítica tiene graves limitaciones para interpretar la realidad material y simbólica. La lectura y la escritura de calidad nos liberan del tiempo y del espacio en el que vivimos. Nos permiten trascender, interactuar y dialogar con personas en múltiples contextos históricos, culturales y regionales. En consecuencia, aprehendemos no solo de nuestra propia, limitada y singular experiencia, sino esencialmente de la experiencia acumulada a lo largo de la historia por los 110.000 millones de seres humanos que, se estima, nos han antecedido en su paso por el planeta Tierra.


Es por ello que la socióloga y antropóloga Michele Petit tiene razón cuando considera a la lectura comprensiva como condición de la democracia. Sólo así , afirma, podremos elegir destino, resistirernos de mejor manera a la opresión, y dejaremos de ser objeto de los discursos y los pensamientos de otros. Alberto Merani, por su parte, explica que el hombre se vuelve humano, “únicamente cuando ha convertido en instrumento de las relaciones sociales la cualidad objetiva del pensamiento y el lenguaje; y concluye que sin educación no hay libertad y que sin libertad no hay educación que valga la pena”. 

En Colombia solo tres de cada mil jóvenes escolarizados tienen un nivel de lectura crítica a los 15 años, según las últimas pruebas PISA que han sido aplicadas y tabuladas. Lo cual les permite distinguir matices en las afirmaciones, captar los pensamientos profundos que subyacen a los textos y encontrar posibles incoherencias en las ideas de un autor.     

¿Cómo serán las dificultades que tienen estos mismos jóvenes para distinguir matices en las ideologías de los partidos políticos? ¿Cómo serán las limitaciones que tienen para comprender la conveniencia de un programa político, económico o cultural y para evidenciar lo equivocado que pueda ser elegir a un candidato en unas elecciones locales o regionales? Mientras los niveles de comprensión lectora en el país permanezcan así no podremos hablar de democracia y libertad. Necesitamos ciudadanos que puedan elegir y construir su propio destino. 

El país acaba de pasar por una jornada electoral que definió los gobernantes locales y regionales para los próximos cuatro años. La conclusión es muy clara: mientras no mejoremos de manera sensible la calidad de la educación no podremos hablar de que vivimos en una democracia. Los niveles ínfimos de lectura crítica que hoy alcanza nuestra población demuestran que no estamos en la capacidad de elegir adecuadamente.       

En Colombia, millones de personas tienen más de dieciocho años, pero muy pocos son mayores de edad en el sentido kantiano; es decir, muy pocos tienen herramientas y criterio para pensar por sí mismos. Sin lectura crítica no es posible elegir de manera responsable. Es por ello, que mejorar la calidad de la educación es una condición sine qua non para que podamos decir que vivimos en una democracia.         

* Fundador y director del Instituto Alberto


  | 2016/02/08 07:00
Carta a la estudiante que increpó a Santos en la Universidad Nacional

por * JULIÁN DE ZUBIRÍA SAMPER




Sara Abril movió la redes sociales cuando se enfrentó verbalmente al presidente. El director del colegio del que se graduó la invitó a promover un debate más argumentado y respetuoso frente a las diferencias ideológicas.
Sara Abril es representante de los estudiantes de la Universidad Nacional. Durante 10 minutos cuestionó al presidente Santos sobre sus políticas. Semana Educación








Querida Sara. La semana pasada fuiste noticia de primera plana en los medios y tendencia en las redes sociales. El presidente Juan Manuel Santos y la Ministra de Educación, Gina Parody, estuvieron presentes en la Universidad Nacional y tú, en calidad de representante estudiantil ante el Consejo Superior, tuviste la oportunidad de hablar 4 minutos, los cuales mágicamente se han convertido en millones por el efecto multiplicador de las redes, la prensa y la televisión.
Siempre te hemos recordado como una mujer reflexiva, autónoma, solidaria y combativa, aunque algo menos flexible de lo que demanda el mundo actual. Fui tu profesor de la asignatura de “Pensamiento argumentativo” y guardo en la memoria tus profundos análisis y tu capacidad para interpretar y transferir ideas a nuevos contextos.
El día de tu grado en el Merani, en el 2008, me agradeciste por ayudarte a ver tus errores y por hacerte entender la prioridad de seguir luchando siempre para ser una mejor persona. Como buena parte de los educadores colombianos, no renuncio a mi misión, e intentaré seguir orientándote, a pesar de que ya llevas ocho años fuera del colegio.
La pregunta a la que te enfrentaste ese día fue en extremo compleja: ¿Qué decirle al Presidente de la República, si te dan la oportunidad de hablar con él durante 4 minutos? (¿Qué le diría usted lector, si tuviera la misma oportunidad que tuvo nuestra egresada?)
Te felicito por tu independencia de criterio y por indagar siempre por la raíz de los graves problemas que nos aquejan. Valoro tu sensibilidad y tu compromiso con los otros. Sin embargo, veo que no tuviste en cuenta dos cosas claves en cualquier argumentación, las cuales, aunque las trabajamos en clase, es posible que las hayas olvidado. Y quiero aprovechar esta ocasión para volver a insistir en ellas.
La primera fue el descalificar al adversario en el debate y no sus ideas. Discutir contra la persona y no contra sus argumentos se conoce en la lógica como falacia ad hominem y se presenta cuando no nos referimos a las ideas de nuestro interlocutor, sino a la persona o lo que él representa. Tú tenías la obligación de responder la pregunta que te hacía el Presidente de la República: ¿Estás de acuerdo o no con el proceso de paz en curso? Sin embargo, evadiste la pregunta. Puedes discrepar de sus políticas y enfoques o proponer otros caminos; pero, en cualquier caso, estabas obligada a responderle. De eso se trata un debate argumentado. Y no lo hiciste.
El segundo error que cometiste fue argumentar múltiples ideas de manera simultánea. En tu calidad de líder estudiantil, no has debido abordar en 4 minutos temas tan diversos como el TLC, la venta de Isagén, el salario mínimo o el paro agrario. Te equivocaste, ya que dejaste de enfatizar lo esencial: un país democrático necesita defender su educación pública para que todos tengan las mismas oportunidades y se valore el esfuerzo y el trabajo, independientemente de las condiciones socioeconómicas de origen. Sin educación pública robusta, las desigualdades sociales se multiplican en lugar de disminuir.
El país tiene que seguir avanzando en la gratuidad de su educación superior, como hicieron de tiempo atrás los países europeos y como están haciendo recientemente países como Ecuador y Chile. Este último aspira lograr para el 2016 que el 50% de sus estudiantes de estrato 1 y 2 ingresen a la Universidad. Por el contrario, en Colombia, el programa Ser pilo paga para el año 2019 apenas alcanzará a becar al 2% de los estudiantes graduados de la educación media, con el agravante de que, al hacerlo, dejará a las universidades públicas sin sus mejores estudiantes y sin dinero.
Al igual que tú, soy egresado de la Nacional y también estoy convencido de que, pese a la asfixia a la que la han sometido, es la mejor universidad del país. Lamento -como millones de colombianos- que no llegue a más regiones, que se limite el derecho a la educación al no garantizar almuerzo y transporte a quienes lo necesitan, que mantenga por décadas congelados sus cupos y carreras o que, en un acto macondiano, se haya caído hasta el edificio sede de arquitectura en Bogotá.
El país necesita debate de ideas y la democracia exige que florezcan múltiples interpretaciones. Sin embargo, discrepo de las felicitaciones que te envió el senador Jorge Robledo. No es conveniente debatir 5 ideas al mismo tiempo ya que se pierde rigor y jerarquización. No fue un acto de patriotismo -como él señaló- sino de populismo. Al país le conviene una izquierda reflexiva, creativa y propositiva y le ha hecho daño un discurso dogmático, sectario, inflexible y descontextualizado, de ambos lados. No heredemos los males pasados, sino la esperanza que estamos por construir. Te invito a aportar en esta tarea, aprovechando el liderazgo que tienes.
La Universidad Nacional tiene que ser un lugar para debatir ideas de manera razonada, jerárquica y argumentada. El abucheo es la expresión de la intolerancia que ha ahogado la democracia colombiana y el recurso al que recurren quienes no logran estructurar sus argumentos.
Sigue defendiendo tus ideas, pero garantizando siempre el respeto a las del oponente y la jerarquización de las tuyas. El actual proceso de paz nos invita a construir un país más tolerante, diverso y reflexivo, y para ello necesitamos una universidad pública vigorosa que aporte soluciones a los viejos problemas y argumentos a las nuevas preguntas. Ésa es la idea que te propuso el Presidente. Hoy la retomo y te invito a pensarla y discutirla con los estudiantes universitarios que representas. A propósito, ¿estás de acuerdo en que el sacrificio que estaremos pagando los colombianos al firmar los acuerdos de paz es ínfimo al lado de los miles de beneficios que nos dará aprehender a resolver los problemas con ideas y argumentos y no a los tiros y las agresiones, como nos lo impuso una “cultura del atajo” que tanto daño le ha hecho a la estructura valorativa en nuestro país?
Me despido con profundo cariño. Se me acabaron mis 4 minutos.
*Fundador y director del Instituto Alberto Merani. También es consultor de Naciones Unidas en educación para Colombia.

Matrix 3 "El despertar de Neo"

Matrix 2

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domingo, febrero 07, 2016

miércoles, febrero 03, 2016

Historia de  Grecia  Antigua    

Origen de la Civilización Griega

La Civilización Griega

Los egeos, como ya se ha visto, desarrollaron en el Mediterráneo oriental la primera gran civilización histórica europea. Los griegos, en la península helénica y en las islas y costas que antes poblaron aquéllos con sus gentes y sus obras, la segunda. Los protagonistas de esta nueva hazaña cultural no sólo heredaron de los egeos el ámbito geográfico para su vida histórica, sino también no pocos de sus muchos saberes, técnicas y obras. Pero, en este caso, los herederos así beneficiados no se limitaron a vivir de lo recibido; lo incrementaron de modo notable y alcanzaron, en todos los órdenes de la vida y el quehacer humanos, logros que sus antepasados no llegaron siquiera a vislumbrar.

En la historia de los griegos advenidos al viejo ámbito de la civilización egea, pueden distinguirse, por lo menos, cuatro períodos característicos. El primero se extendería desde los orígenes hasta fines del siglo IX a. C., tiempos de formación y consolidación en el nuevo hogar conquistado. El segundo, caracterizado por un vigoroso proceso de expansión colonial, abarcaría desde fines del siglo IX a. C. hasta las postrimerías del VII; el tercero, entre los años 600 y 400 a. C., marca una época de plenitud en el desarrollo de las instituciones sociales, políticas y económicas helénicas, e incluso de culminación en no pocos aspectos de las creaciones artísticas y literarias.

Por último, a partir del año 400, comienza la decadencia política de Grecia; en la segunda mitad del siglo IV a. C., las ciudades-Estado helénicas pierden su independencia ante el imperialismo macedónico que acaudilla Alejandro Magno, y dos centurias más tarde son absorbidas por la expansión imperial de Roma. La investigación científica y filosófica, la literatura y otros aspectos culturales helénicos no decayeron al mismo tiempo que se desquiciaban y caían las instituciones y formas políticas tradicionales.

El Origen de la Civilización Griega

Cuando las primeras estirpes indoeuropeas de habla griega llegaron a la Hélade, hacia el último tercio del tercer  milenio a. C.,  encontraron las  pequeñas llanuras fértiles del Este de la península ocupadas por agricultores de cultura neolítica que, dedicados al cultivo de la tierra y a la cría de algunas especies domésticas, sobre todo de cabras, residían allí desde el cuarto milenio a. C.

Respecto al probable origen de esos pueblos, la total independencia que su patrimonio cultural manifiesta con relación al Neolítico cretense, así como la falta de yacimientos similares en las islas del mar Egeo y en las costas del Adriático, señalan que habían entrado por el Norte y que estaban, por lo tanto, vinculados al Neolítico europeo.

Pelasgos y Carios. Las tradiciones helénicas recuerdan a los hombres neolíticos con la denominación de pelasgos, e incluso en ciertas regiones, como el Ática y la Arcadia, quizá para fundamentar un pretendido autoctonismo, se los consideraba antepasados de los griegos, atribuyéndoseles también el haber civilizado parte de Italia.
Además, la arqueología moderna ha señalado, en Tesalia meridional, la existencia de comunidades no ya neolíticas, sino eneolíticas. Se trata, sin lugar a dudas, de aquellos pueblos a los que las tradiciones helénicas denominaron carios y lélegos, llegados seguramente por vía marítima desde las costas de Asia Menor, pues su patrimonio lingüístico cultural es de claro origen anatólico.

Asimismo, un poco más al Norte, en Tesalia septentrional, se han encontrado recientemente yacimientos arqueológicos, también eneolíticos, pero pertenecientes a hombres que por múltiples aspectos de su cultura, no pueden identificarse con los pobladores eneolíticos de Tesalia meridional. Dichos yacimientos -cuya antigüedad puede datar de los comienzos del primer tercio del tercer milenio a. C. - constituirían, según hoy se piensa, el testimonio de una especie de avanzada de los pueblos indoeuropeos.

Quienes construyeron esas tumbas y fabricaron tal cerámica serían, pues, los legítimos antepasados de los griegos y no aquellos a los que la tradición llamó pelasgos, carios y lélegos, pertenecientes a grupos lingüístico-culturales muy distantes del indoeuropeo.

Los Aqueos. A través de estas poblaciones, englobadas con la denominación de prehelénicas, comenzaron a abrirse paso los primeros invasores indoeuropeos históricamente identíficables, los aqueos. Acabaron estableciéndose en lugares fáciles de defender, y allí construyeron sus castillos fortificados y sus tumbas reales.
Tales reductos les sirvieron, al propio tiempo, para vigilar a los pobladores de las tierras circundantes, de cuyo trabajo supieron hacer una fuente estable de recursos, sea exigiéndoles tributos en especies, o bien obligándoles a cultivar sus tierras y apacentar sus rebaños. A cambio tal vez les ofrecieran la protección de las murallas exteriores de los palacios, en caso de peligro.

El panorama de un número relativamente pequeño de indoeuropeos que vivían del trabajo de la gran población preexistente justificaría la supervivencia de instituciones, técnicas, tradiciones, cultos -especialmente agrarios-, nombres de lugares, etc., que no son indoeuropeos ni cretenses, sino prehelénicos como también explicaría, entre otros factores, el cambio físico existente entre los héroes de Hornero y los griegos históricos.

Pero ello no es suficiente para explicar el comienzo de la brillante civilización que los aqueos llegaron a poner de manifiesto hacia el año 1400 a. de J. C. en las grandes construcciones palaciegas de Micenas y Tirinto.

De Creta, con la que los aqueos se pusieron en contacto mediante varias expediciones bélicas, provinieron aportes fundamentales que integrarían el patrimonio cultural micénico, por obra de los mismos aqueos, o a través de los cientos de esclavos, artesanos, técnicos y artistas procedentes de la gran isla mediterránea.

No hay que pensar por ello que los aqueos fueron meros repetidores de lo hecho por los minoicos; por el contrario, en todos los órdenes, más o menos marcadamente, quedó impreso el sello de su vigorosa personalidad, del espíritu guerrero e individualista, tan característico de los indoeuropeos. Ello se advierte sobre todo en la estructura político-social que impusieron en sus dominios. Jamás llegaron a constituir un gran reino unificado, sino una serie de pequeños reinos o principados independientes, dirigidos por reyes que vivían rodeados por sus compañeros de armas, los secuaces, quienes constituían una especie de aristocracia de sangre. En ellos recayeron seguramente el ejercicio de la administración, y en especial las funciones militares.

Si, eventualmente, estos pequeños reinos llegaron a unirse para realizar guerras como la de Troya (hacia los siglos XIV-XIII), lo efectuaron así en esos casos porque ninguno se sentía con fuerzas para llevar a buen término una tarea vital como la de abrir el acceso a los estrechos del mar de Mármara.

Los aqueos, una vez dueños del Egeo, se transformaron lentamente, de conquistadores o piratas, en comerciantes, e incluso en industriales, pues en torno de sus palacios se comenzó a industrializar los productos agrícola-ganaderos. Así, se tejió lana, se fabricaron ánforas para envasar la miel y el vino, y, además, se multiplicaron paulatinamente los talleres de donde salían armas de bronce, joyas de oro y plata, etcétera.

Buena parte de esa riqueza fue empleada en construcciones, tanto privadas como públicas, aspecto en el que los aqueos se mostraron realmente originales. Sus tumbas de pozo, y posteriormente sus tumbas de cámara y de cúpula, demuestran que, si en materia religiosa habían adoptado parcialmente los cultos agrarios prehelénicos y ciertas divinidades cretenses, en cambio mantendrían una estricta originalidad en el culto a los muertos, como en lo que respecta a construcciones civiles, ya que estabilizaron definitivamente el megarón, del que más tarde habría de derivar la planta del templo griego.

Otro tanto ocurrió con la pintura, pues, aunque los artistas que pintaron los frescos en los palacios micénicos fueran cretenses, o discípulos fieles a la técnica de sus maestros, los aqueos les impusieron su gusto por temas en los que predominaban el valor, la fuerza y la destreza en el manejo de las armas. En dicho aspecto se pone de manifiesto el mismo espíritu que los impulsó a construir las grandes murallas ciclópeas, cuyas ruinas habrían de admirar los griegos de la época clásica.
Los Dorios. Las inscripciones micénicas confirman las medidas defensivas que entre los años 1200 y 1100 a. C. se adoptaron en los reinos aqueos, algunos de los cuales organizaron un complejo sistema de guarniciones y vigilancia, basado en los secuaces del príncipe, a disposición de los cuales se hallaban los carros de guerra.

Pero todas estas precauciones y la desesperada resistencia atestiguada por las murallas arrasadas y los edificios destruidos por el incendio que siguió al saqueo, fueron inútiles ante la inexorable presión de nuevos invasores, también indoeuro-peos, pero provistos de armas de hierro: los dorios. Éstos se fueron abriendo un camino de destrucción y muerte a través de la Argólida, Laconia y Mesenia, pasando luego a Creta, Rodas, Cos y Cnido, mientras que, posterio-rmente, otros grupos se instalaron en Locrida, Fócida, Etolia y Acarnania.

Aquellos aqueos que no sucumbieron en defensa de sus reinos o que no lograron resistir en regiones de fácil defensa, emigraron a las costas de Asia Menor, donde fueron muy bien recibidos, e iniciaron allí el proceso de engrandecimiento de una de las regiones más fecundas, desde el punto de vista cultural, del mundo griego: Jonia.


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Resumen de la  Vida en Grecia
 Historia de los  Griegos  Atenas y Esparta


Los iguales

Los ciudadanos, llamados los iguales, tenían plenos derechos y siempre constituyeron una minoría privilegiada dentro de la población. Eran los propietarios de las tierras. Participaban de los órganos de gobierno e integraban el ejército. Aunque teóricamente todos tenían los mismos bienes y derechos, en la realidad una minoría poseía las mayores riquezas y ejercía el poder político.

Los periecos

Eran una parte de la antigua población conquistada por los espartanos, y los llamaban así porque vivían, en general, fuera de la ciudad, en los alrededores (peri, en griego, significa alrededor). Conservaban su libertad personal y su propia organización comunitaria, pero no podían participar del ejército (salvo excepciones). Realizaban las actividades comerciales y las producciones artesanales y proveían a todas las necesidades de los espartanos. También debían pagar impuestos al Estado.

Los ilotas

Estaban reducidos a un estado de semiesclavitud. Eran asignados a las tierras de los espartanos, trabajaban en ellas y recibían una pequeña parte del producto. En la antigüedad, cuando se esclavizaba a los habitantes de una región, en general se los vendía o se los dispersaba. Los espartanos, en cambio, habían decidido conservarlos, dominados pero en sus tierras de origen. Las consecuencias de esta decisión fueron las constantes revueltas de ilotas que los espartanos tuvieron que sofocar. Esta situación de constante amenaza explica por qué los ciudadanos de Esparta recibían entrenamiento militar desde la infancia.

Los espartanos eran educados para formar parte del ejército. Los niños con buena salud eran entregados a la madre, pero discapacitados eran arrojados al barranco del Taigeto. A los siete años, niños y niñas iniciaban su adiestramiento físico a cargo del Estado mediante carreras, saltos, manejo de las armas o lanzamiento de jabalina.

La música formaba parte del adiestramiento ya que consideraban que los ejércitos entonando una canción marcial asustaban al enemigo. Las adolescentes abandonaban el adiestramiento para ser educadas como madres de soldados.

Durante trece años los muchachos se preparaban, teniendo que vivir una temporada en solitario en el campo y matar al menos a un ilota.

Entre los 20 y 30 años se integraban en el ejército donde continuaban su perfecciona-miento militar. A los 30 años alcanzaban la edad adulta y pasaban a desempeñar cargos públicos hasta los 60. Los ciudadanos espartanos se regían por una constitución en la que se reflejan las instituciones que forman el poder en la polis.

Educación en Esparta

La educación dura desde los siete a los veinte años. Es obligatoria, y sometida al control del estado, y colectiva; es un adiestramiento que tiene por objeto formar ciudadanos sumisos y soldados que muestren constantemente su espíritu de disciplina y su destreza en el combate.

El niño forma parte de brigadas con otros muchachos de su edad, es decir, bandas o “rebaños”, dirigidos por los más aventajados del grupo bajo la vigilancia de adolescentes de más de veinte años. La disciplina se hace cada vez más severa; a los doce años el niño deja definitivamente la casa familiar por el internado o más bien dicho, el cuartel. Todo en la educación tiende a endurecer el cuerpo, a formar el carácter.

En materia de cultura intelectual el niño recita los poemas de Tirteo que exaltan la bravura y el sometimiento al estado; se ejercita en el canto coral que desarrolla el espíritu de cuerpo y aprende a expresarse por sentencias breves. Durante trece años, el futuro hoplita está obligado a un entrenamiento continuo: deportes, manejo de armas, marchas. Vive duramente y mal vestido, mal nutrido, debe merodear para subsistir; pero si se deja prender lo azotan.

El robo, la astucia, la mentira son virtudes cuando el servicio del estado lo exige. ¿El futuro soldado no debe aprender a valerse por sí mismo? Al terminar su adolescencia lo espera una última prueba: debe vivir solo, un cierto tiempo, en el campo. De día se esconde, de noche puede robar y le es permitido matar a los ilotas que encuentre. En esta prueba sobrevive un viejo rito de iniciación: antes de ser admitido en el grupo de los guerreros, el joven debía hacer un retiro y derramar sangre.

Los soldados han de ser recios y resistentes a todas las privaciones. El ejército espartano estaba formado sólo por infantería pesada, los hoplitas, que avanzaban »en forma acompasada y en compactas filas en los combates. Esparta nunca tuvo cuerpo de jinetes.

De Fuente de la Época:
La Educación en Esparta:

“Quiero mostrar cómo se practica la educación en Esparto y en otros lugares.” Los griegos que pretenden educar mejor a sus hijos, tan pronto como los niños comprenden el sentido de las palabras, los colocan al cuidado de pedagogos que son esclavos y bien pronto los envían a las escuelas para aprender las letras y fa música. Pero Licurgo, en lugar de dejar que cada uno dé a sus hijos esclavos como pedagogos, encargó la educación de los hijos de todos a uno de los ciudadanos, al que se lo reviste de la más alta magistratura: se llama el pedonomo.

Le ha dado todo el poder para reunir a los niños, vigilarlos y, si el caso lo exige, castigar severamente sus negligencias. Al pedonomo lo acompañan jóvenes portadores de látigos, para aplicar los castigos necesarios. Así se ve en Esparto mucho respeto unido a mucha obediencia. A fin de que aun en ausencia del pedonomo los niños no permanezcan sin dirección, Licurgo ha dado a cualquier ciudadano que se encontrara presente, pleno poder para indicarles lo que considere bueno y para castigarlos en caso de falta. Ha conseguido, as,, volver a los niñas más respetuosos. En Esparto, en efecto, no hay nada que respeten tanto los niños y los hombres como a sus jefes.”

Licurgo: Fue un personaje de la época que vivió en el siglo IX a.C. y obtuvo la promesa de su pueblo que sus leyes servirían para siempre.


SOCIEDAD ATENIENSE: La sociedad ateniense de la época clásica viene determinada por la división entre hombres libres y esclavos, a pesar del sistema democrático vigente. La población de Atenas estaba compuesta por hombres que tenían tres diferentes condiciones legales.

La sociedad, en la época de Feríeles, se basaba, como todas las sociedades de la antigüedad, en la distinción entre hombres libres y esclavos. En un total de medio millón de personas que vivían en el Ática, solamente las dos quintas partes eran libres. Había unos 40 000 ciudadanos y 60 000 metecos; exceptuando las mujeres y los niños, la población esclava ascendía a 300 000 o más. Pero los hombres que poseían derechos políticos y participaban en el gobierno de la ciudad no eran más que una minoría.

Esta desproporción entre los ciudadanos y el resto de la población privada de los derechos de la ciudadanía, es un elemento para tener en cuenta cuando se habla de la democracia griega, pues constituye una de las limitaciones más importantes del régimen. Los ciudadanos Se consideraba ciudadanos a todos los hombres libres, hijos de padre y madre atenienses, mayores de edad. La mayoría de edad se alcanzaba a los 18 años, pero como debían hacer dos años de servicio militar obligatorio, no tenían acceso a la Asamblea antes de los 20. Los ciudadanos se reservaban la actividad política y la propiedad territorial.

A pesar que la ley no hacía distinción entre los ciudadanos —vivieran en la ciudad, el campo o en cualquiercleruquía—, en la práctica los únicos que podían ejercer realmente sus derechos cívicos eran los habitantes de Atenas. Las distinciones entre los ciudadanos se daban por la fortuna y la ocupación. El dedicarse a una actividad remuneradora no era bien visto; solamente el propietario que dirigía personalmente la explotación de sus fincas escapaba a ese descrédito. A la mayor parte de los ciudadanos les parecía mejor tomar parte en la función del Estado que dedicarse a actividades particulares. Para ello, se contentaban para vivir con lo que les correspondía por la indemnización — misthos– que se les pagaba por participar en funciones de gobierno.

Las obligaciones de los ciudadanos para con la ciudad variaban según su fortuna personal. Las clases más humildes servían como remeros en la flota y no pagaban impuestos. Los propietarios medianos servían como hoplitas en la infantería, debiéndose proveer de equipo para la guerra y pagar impuestos. Las clases más altas, por su parte, servían como caballeros, pagaban impuestos y, además, debían ciertas prestaciones especiales. Estos impuestos especiales se llamaban liturgias. Había dos: uno era la coreiga, o sea, el encargarse de ofrecer una representación teatral a expensas propias; el otro, la tierarquía, consistía en armar un barco de guerra, etc. Cualquier ciudadano podía ser electo por votación o por sorteo para ejercer una magistratura o algún cargo en el Consejo o tribunales.

Los ciudadanos: En una población de alrededor de 250.000 habitantes, algunos historiadores han calculado en 40.000 el número de ciudadanos, incluidos las esposas y los hijos, que no tenían representación política. Los ciudadanos eran los únicos habitantes que tenían derecho a adquirir una finca y poseer tierras en el Ática. Aunque entre ellos había un grupo importante de hombres ricos, la mayoría eran pequeños y medianos propietarios de tierras.

Los metecos: Era un grupo muy activo constituido por hombres libres, extranjeros, griegos nacidos en otras polis y no griegos. Se dedicaban al comercio y a las artesanías. Era muy difícil que pudieran acceder a la propiedad de la tierra, y vivían sobre todo cerca de los puertos y en Atenas. Durante el siglo V a.C. su número fue superior a los 70.000, incluidas sus familias. Eran los grandes importadores de alimentos y productos manufacturados y los dueños de los principales talleres. También había metecos dedicados a las profesiones liberales o a actividades intelectuales. Tenían que pagar impuestos, que aunque no eran muy elevados, marcaban su condición de inferioridad respecto de los ciudadanos. No podían votar ni participar en ninguna de las instituciones del Estado.

Los esclavos: El grupo más numeroso era el de los esclavos. Se cree que su número superaba los 140.000 en este período. Carecían de todos los derechos políticos: eran propiedad de sus amos. Tampoco participaban de las guerras. Podían comprar su libertad con su trabajo y pasar a la categoría de metecos, aunque esta situación no era común. La mayoría de los esclavos no eran griegos, y habían sido comprados por los ciudadanos.

La educación ateniense era diferente a la espartana. Los niños acudían a la escuela a los siete años, iniciándose en primer lugar en las humanidades y después en los deportes, entre los 12 y los 14 años. A los 18 eran declarados efebos, siendo desde ese momento el Estado quien se ocupaba de su educación militar, política y administrativa durante tres años. A los 21 eran declarados ciudadanos de pleno derecho.

La democracia ateniense sólo implicaba a los ciudadanos en las tareas de gobierno y en la elaboración de las leyes. Todos los ciudadanos eran iguales ante la ley, sólo existía diferenciación económica entre ellos.

La elección de cargos públicos se realizaba por sorteo, remunerando a aquellos ciudadanos que no tenían posibles suficientes para dedicarse en exclusiva a la política. De esta manera se impedía que los poderosos coparan los cargos más importantes.

Resumen sobre la Educación en Grecia Antigua

En Grecia, los niños comenzaban a ir a la escuela a partir de los siete años. Cuando alcanzaban los 14o 15 años, los griegos comenzaban a estudiar matemáticas, literatura y oratoria, que era el arte de redactar y pronunciar discursos. Esta formación se completaba con la práctica de diversos deportes en el gimnasio. La educación ateniense y la espartana presentaban algunas diferencias:

• En Esparta, el sistema educativo era muy exigente y daba mucha importancia a la preparación física. A los siete años, los niños ingresaban en academias militares donde aprendían el arte de la guerra. En general, las niñas griegas se educaban en la casa. Sin embargo, las mujeres espartanas recibían la misma preparación física que los hombres, con el fin de que alumbraran hijos sanos y fuertes.

• En Atenas, a los 18 años se iniciaba la preparación militar, que se prolongaba durante dos años, Una vez finalizada, y si la familia podía permitírselo, se continuaban los estudios superiores. Atenas contaba con dos escuelas famosas: la Academia, en la que enseñaba Platón, y el Liceo, donde Aristóteles impartía sus enseñanzas.

Fuentes Consultadas:
Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest
Colección: Como Vivían  – Los Romanos Susaeta
Historia Para Primer Año José María Ramallo
Civilizaciones de Occidente Toma A de Jackson Spielvogel



http://historiaybiografias.com/grecia9/
Historia  de los Griegos Atenas y Esparta
                                                                                   
La  Vida En Grecia

  Resumen

LA VIDA EN GRECIA ANTIGUA: De un grupo de pequeñas ciudades-Estado, aisladas por altas montañas, surgió un brillante impulso creativo que sentó muchos de los fundamentos de la civilización europea. Varias actividades humanas, desde el deporte hasta el mismo drama, de la medicina a la filosofía,  todavía siguen un modelo derivado de Grecia, cuya Edad de Oro, iniciada en el año 800 a.C., llegó a su cúspide en la Atenas del siglo V a. C. La antigua civilización griega de Micenas paso por un periodo de oscuridad, de 500 años, para revivir con la épica de dioses y héroes, escrita por Homero. En una etapa en que los gobernantes veían a los demás como vasallos, el gran logro de los griegos de la época dorada fue afirmar la dignidad y los derechos del ser humano, siguiendo un modelo de gobierno del que surgiría la verdadera democracia.

La Grecia arcaica y clásica    
Los inicios de la Grecia clásica

La era conocida como el Periodo Clásico dio comienzo tras la desaparición de la civilización micénica en torno al 900 a. C. La afluencia a partir del 1200 a. C. de otros grupos, como los dorios del norte y los pueblos del mar del sur, provoco un declive de la cultura palaciega y dio paso a la llamada Edad Oscura. Durante esta época, la población de Grecia se multiplico y dio comienzo la colonización de la costa jónica.

El paisaje rocoso fue la causa de que los primeros asentamientos florecerán en las llanuras fértiles entre las montañas y próximas al litoral. Hacia el 750 a. C., muchos de estos asentamientos se habían convertido en grandes ciudades-estado, funcionaban de forma independiente y con frecuencia libraban guerras entre sí.

 El periodo entre los anos 750y500a. C. recibe el nombre de Arcaico. La situación geográfica de Grecia en el Mediterráneo la convertía en el punto de partida natural para los viajes y la exploración de ultramar.

Los griegos eran marinos excelentes, capaces de fundar colonias en puntos tan remotos como Ampurias en el norte de España y Phasis en el mar Negro. Comerciaban sobre todo con los etruscos en Italia y los fenicios en Oriente, regiones en las que instalaron importantes puestos de avanzada. El comercio estimuló el desarrollo económico y político.

Se estableció una elite y, a medida que aumento su riqueza, los estados construyeron ciudades cada vez más impresionantes. En mayor y más rica de ellas era Atenas, que devendría el centro de la cultura griega. Entre los años 500 y 336 a. C. tuvo lugar la Edad Clásica.

Las ciudades-estado

Grecia rara vez fue un país unido; en su lugar estaba integrada por diversas ciudades-estado o «polis». Estas solían ser comunidades reducidas, apenas grupos de granjas y casas en torno a una ciudadela fortificada, o acrópolis, que ofrecía refugio a todos los ciudadanos durante los ataques. Estaban separadas geográficamente de otras ciudades-estado y su independencia dio lugar a diversos estilos de funcionamiento.

Como resultado, cuando los estados decidían unirse contra un enemigo externo común, las coaliciones duraban poco y la Antigua Grecia nunca fue una única nación. Las dos mayores ciudades-estado eran Atenas y Esparta, cuyos estilos de vida opuestos alimentaron una rivalidad que duro cinco siglos. Atenas era la mayor de las ciudades-estado, con una población que en su punto álgido alcanzo los 250.000 habitantes.

Durante el Periodo Arcaico, muchas ciudades-estado, incluida Atenas, estuvieron dominadas por una serie de gobernantes monárquicos o «tiranos».

Estos solían ser personas enriquecidas que habían cobra-do popularidad entre el pueblo y gracias a ella, podían dirigir la ciudad. En Atenas, el principal tirano fue Pisistrato, que gobernó durante 30 años. Impulso el comercio ateniense en el exterior y patrocino las artes, apostando por festivales religiosos y culturales. Por su parte, Esparta se había establecido como un poderoso estado militar gobernado por Licurgo, quien protagonizo una forma de gobierno más primitiva y monárquica.

Mientras que la mayoría de las ciudades-estado consideraban su acrópolis un medio de defensa, la protección de Esparta recaía en exclusiva en su ejército. Las ciudades-estado estaban repartidas por todo el mundo griego, incluidas todas las islas del Egeo y muchas de ellas se aliaron con Atenas o con Esparta durante la guerra del Peloponeso (431-404 a. C.).

La región es una tierra montañosa y accidentada que penetra en el Mediterráneo hacia el sur. Su clima es benigno, pero la tierra arable es escasa y dispersa; como resultado, los primeros asentamientos se desarrollaron como pequeñas comunidades independientes que el difícil terreno aislaba de sus vecinos, con quienes, además, peleaban frecuentemente. A veces, el mar era la única vía de comunicación.

Estos factores dieron una fuerte identidad individual a las aldeas que emergieron en la antigua Grecia. Cuando las aldeas crecieron, se convirtieron en ciudades-Estado, cu-yos habitantes eran muy leales a su propia comunidad. Llamaron polis a su Estado, es decir, una comunidad que actuaba en conjunto, pues cada ciudadano debía participar en el gobierno. El griego se convirtió asi en “animal político”: dedicaba mucho tiempo a los asuntos públicos. Esto ocurrió especialmente en Atenas, la mayor de las ciudades-Estado.

Votos para la minoría

En sus principios, Atenas fue regida por reyes y tiranos, pero en el año 510 a.C., Clisteles expulsó al último de ellos y estableció el primer gobierno democrático del mundo. La palabra proviene de demos, “pueblo”, y kratos, “poder”. Pero no fue esta una democracia en el sentido moderno. Sólo votaban los atenienses varones que no eran esclavos. Las mujeres no eran consideradas ciudadanas y por eso no podían votar. Tampoco los extranjeros ni sus descendientes; ni los esclavos ni su prole, ni siquiera aquellos que conseguían liberarse. La ciudad estaba dividida en 10 bloques, llamados tribus. Cada tribu elegía a 50 hombres, mayores de 30 años, para integrar un consejo de 500 miembros, que cumplía diariamente con la función gubernamental. A su vez, los miembros del consejo formaban parte de un comité que proponía las ideas que serían discutidas en la asamblea de todos los ciudadanos. Durante estos periodos, en los que se les pagaba un sueldo, comían por cuenta del Estado en la sede administrativa, el Tholos, un edificio redondo en el lado oeste del ágora, o mercado.

Era la asamblea, o ekklesia, la que aprobaba las leyes y decidía sobre asuntos Importantes como la guerra. Cualquiera de los miles de ciudadanos podía asistir, luego de pagar una reducida cuota de admisión, con derecho a voz y voto. Se requería puntualidad: esclavos con sogas pintadas de rojo lazaban a los impuntuales. Se multaba a cualquiera que tuviera las ropas manchadas de rojo.

La asamblea se reunía 40 veces por año en Pnyx, una colina cercana a la Acrópolis. Los miembros se sentaban en el suelo, o en sillas plegables que llevaban al lugar. Los debates se iniciaban luego de orar y sacrificar a un cerdo negro. Se votaba alzando la mano y el orden era mantenido por una fuerza policíaca de arqueros escitas, cuyo lugar de origen era el norte del Mar Negro.

Los arcontes, funcionarios seleccionados al azar, preparaban los casos legales para discutirse en la asamblea, y organizaban ceremonias religiosas. Los strategoi, o generales, eran los funcionarios de más alto rango, elegidos por voto popular en las 10 tribus. Su periodo era de un ano tenían un enorme poder sobre el ejército y la economía, y tomaban decisiones cruciales en nombre del Estado.


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