miércoles, septiembre 20, 2023

Nelson Mandela Lecciones para Colombia

                 


Reconciliación

Esto es lo que los políticos colombianos  
deberían aprender del líder sudafricano.




Colombia debe aprender de la magnanimidad de Mandela, de su liderazgo y de su capacidad de mirar hacia adelante. Foto: A.F.P.

Se ha dicho que Sudáfrica y Colombia no son tan comparables. Que mientras la una tuvo un conflicto racial, en un régimen tiránico como el apartheid, en la otra ha habido una larga guerra política en un contexto de relativa democracia. Se ha dicho que mientras Sudáfrica optó por la reconciliación y un modelo de justicia restaurativa basado en el perdón, en Colombia se busca superar el enfrentamiento armado sin renunciar a la justicia, la verdad y la reparación. Se ha dicho también que Colombia no tiene a un Nelson Mandela. Porque la magnanimidad y sabiduría del que fue llamado Madiba (abuelo) por su pueblo no son tan comunes en la historia. 

Sin embargo, Sudáfrica sí es un espejo para Colombia: tuvo un conflicto largo, ha dejado heridas profundas en la sociedad y ha enfrentado un difícil posconflicto. Primero la guerra, y luego la paz, pusieron a prueba a este líder extraordinario, que forjó su gran estatura moral en medio de la adversidad. Mandela les deja muchas lecciones a los líderes colombianos.    
            
Coherente pero flexible     
La primera lección es la coherencia entre sus propósitos y sus estrategias. Desde los 20 años Mandela se trazó el propósito de luchar contra la discriminación de los negros en Sudáfrica. A esa causa dedicó su vida. Sus convicciones nunca cambiaron, pero sí sus estrategias. Primero fue pacifista, seguidor de Gandhi, pero en los años sesenta, cuando se dio cuenta de que el régimen del apartheid no tenía ningún reato en masacrar a quienes se manifestaban en su contra, abrazó la lucha armada.

Sus guerrillas actuaron sobre todo saboteando la economía del país, con atentados que le dieron un lugar en la lista de terroristas del mundo. Mandela, no obstante, supo entender el cambio de época y declinó el uso de las armas poco antes de salir de la cárcel, en 1990. Estaba convencido de que un acuerdo político lo llevaría más pronto y de manera menos sangrienta al cumplimiento de sus objetivos. Su propósito no eran las armas, era la democracia.      

Más pragmático que ideológico
Así como supo cambiar de estrategia para llegar al poder, Mandela se caracterizó por ser un presidente flexible y pragmático. Su formación era marxista, incluso en su juventud fue bastante doctrinario, por eso muchos de sus adversarios temían que durante su gobierno viniera una ola de nacionalizaciones especialmente de la minería. Sin embargo, eso no ocurrió, y no porque Mandela quisiera contemporizar con el capitalismo sino porque después de escuchar a muchos expertos de diferentes corrientes ideológicas, se decidió por un modelo abierto en economía, que le sirviera a una época de transición como la que vivía su país. Gobernó concertando con todos los sectores en un país dividido y desconfiado. Era un presidente para negros y blancos en Sudáfrica, para ricos y pobres. Que la izquierda puede gobernar para todo un país y no solo para parte de él, es una lección que deja Mandela.

Un conciliador
Su talante conciliador se ponía a prueba en cada acto de gobierno. Cuentan que sus copartidarios del Congreso Nacional Africano quisieron, apenas estuvieron en el poder, prohibir el himno de los afrikáner, e imponer el propio.
Mandela los hizo avergonzar de su intento de excluir a sus antiguos opresores, y tomó la salomónica decisión de que se tocaran los dos himnos, uno seguido del otro, en todos los actos públicos.        

En muchas ocasiones Mandela fue cuestionado por ello, como cuando comenzó desde la cárcel, conversaciones con el gobierno del apartheid. Esta fue una decisión unilateral que irritó a muchos de los suyos. Mandela les respondía que a veces el pastor va más adelante que el rebaño. Y en realidad, fueron estos actos audaces a favor de la conciliación los que acercaron las posiciones de los afrikáner y los negros. Más concertación y menos sectarismo fue su fórmula para la transición. 

Todos por igual
Posiblemente uno de los mayores atributos personales de Mandela fue tratar a todas las personas por igual. Era la única persona por fuera del Palacio de Buckingham que llamaba a la reina de Inglaterra por su nombre: Elizabeth. Ni reverente ni irreverente, Mandela trataba por igual al chofer que al papa. Esa característica habla mucho de la seguridad que tenía en sí mismo, pero también de su noción de democracia. No creía en la estratificación de las personas y tenía una agenda de justicia social muy profunda que sin embargo no pudo desarrollar plenamente.         

Respeto a sus enemigos   
Así como Mandela trataba bien a los suyos, era un verdadero caballero con sus adversarios y enemigos. Dedicó por lo menos 16 de los 27 años que pasó en prisión a estudiar con fervor todo lo relativo a los afrikáner. Quería entenderlos, ponerse en sus zapatos, conocer su lógica y sobre todo, sus sentimientos. Este conocimiento lo usaría luego en las negociaciones de paz.

Mandela tuvo la muy escasa virtud de convertir a sus enemigos en amigos. Según cuenta John Carlin, su biógrafo oficial, el general en retiro Constand Viljoen, jefe de la extrema derecha, se aprestaba a sabotear el gobierno de Mandela, y organizar una contrarrevolución. Pero desistió de ella después de pasar una tarde tomando el té con él. Ese acercamiento humano y sobre todo, el diálogo, cambió su percepción del líder de los negros y lo convirtió en su profundo admirador.

Discreto y sereno      
Muchos comentaristas dicen que Mandela hizo el milagro de reconciliar a Sudáfrica. Pero más que un milagro, el fin del apartheid fue el resultado de una negociación confidencial y secreta que duró más de cuatro años, a finales de los años ochenta, que le abrió las puertas de la cárcel, y luego propició el llamamiento a elecciones. En esos años, Mandela se entrevistó en la cárcel con más de 70 personas. La filigrana de esas conversaciones debe haberse ido a la tumba con él, quien nunca cayó en la tentación de revelar las difíciles tramas de estos encuentros en libros o películas.   

La vindicación de la política      
A Mandela le interesaba el poder. Tanto que cuando tenía 33 años dejó boquiabiertos a sus camaradas del Congreso Nacional Africano cuando les dijo que él sería el primer presidente negro de Sudáfrica. Y lo logró. No obstante, como bien lo ha dicho Mario Vargas Llosa en un bello ensayo a propósito de su agonía, Mandela le recordó al mundo que la política no es necesariamente un oficio de halcones, ni de astutos negociantes o corruptos, sino de idealistas, que pueden usar el poder para construir un mundo mejor.

El altruismo de Mandela quedó demostrado con la vida sencilla que llevaba. Siempre se negó al culto de su personalidad, a pesar de haber sido posiblemente el líder más carismático del mundo al final del siglo XX. No cayó en la trampa del caudillismo ni el mesianismo y por el contrario, su preocupación fue transformar las instituciones de su país, construir las que requerían los nuevos tiempos, y no perpetuarse en el poder (después de gobernar cuatro años dio un paso al costado pudiendo haberse quedado en la Presidencia).
         
La reconciliación     
Mandela sabía que la tarea de transformar a Sudáfrica no dependía solo de que se acabara la segregación racial ni de que hubiese elecciones libres. Durante su gobierno creó una nueva institucionalidad que hiciera posible la reconciliación. Allí no se trató solo de perdonar a los grandes perpetradores de crímenes, a través de la justicia restaurativa, como lo han caricaturizado algunos detractores de ese proceso de paz.         

Mandela se preocupó por crear instituciones que le sirvieran al posconflicto, que pacificaran las regiones donde el odio racial seguía vigente. Pero también se preocupó por los símbolos que hicieran posible la unidad de su país, desde un punto de vista más emocional y profundo. Posiblemente el mayor símbolo de esa reconciliación fue el ya conocido episodio de cómo convirtió el respaldo a la selección de rugby de Sudáfrica, un deporte blanco y símbolo del apartheid, en un factor de unidad nacional durante el mundial de 1995.

Era un hombre que miraba siempre hacia adelante.

http://www.semana.com/mundo/articulo/lecciones-de-mandela-para-colombia/367323-3

Nelson Mandela: El rugby como milagro sudafricano

  

                                  
Mandela logró hacer de este deporte una herramienta para cohesionar a un país dividido.




Mandela, vestido con la camiseta de los Springboks, recibió el abrazo del capitán Francois Pienaar. Esa escena hubiera sido impensable. Foto: A.F.P.

 “Tenemos que escuchar, estamos del lado hacia donde sopla el viento”, dice un viejo proverbio xosha, la etnia sudafricana de la que viene Nelson Mandela. El 24 de junio de 1995 Mandela pareció haber aplicado cada una de las palabras del refrán.
                      
Ese día, en los 80 minutos que duró la final de la Copa Mundo de Rugby entre Sudáfrica y Nueva Zelanda, logró que los 39 millones de sudafricanos, blancos, negros, mestizos e indios se unieran. A un lado quedaron los miedos, los odios, las ganas de revancha. Lo único que importaba era la victoria. Un verdadero milagro, con el que, así fuera solo por un momento, Mandela logró mostrarle a todo su país, que podían ser una nación arco iris, de todos los colores.       

No era una tarea fácil. Sudáfrica apenas salía del apartheid y Mandela llevaba solo un año como presidente, después de haber pasado 27 encerrado en la lúgubre isla Robben. Para gran parte de la minoría blanca era un terrorista, el líder del ala militar del Congreso Nacional Africano (ANC). Muchos negros también pensaron que con Mandela en el poder al fin había llegado la hora de desquitarse de los más de 46 años de apartheid, de humillaciones cotidianas, de persecución, de discriminación política y de la violencia gubernamental generalizada.

Sudáfrica estaba al borde de la guerra civil. En las haciendas de algunos bóeres, los descendientes de colonos protestantes que dominaban el país, se entrenaban los grupos paramilitares neonazis del Afrikaner Weerstandsbeweging (Movimiento de Resistencia Afrikáner), armados hasta los dientes y dispuestos a defenderse contra cualquier intento de quitarles sus derechos.

Por eso la prioridad número uno de Mandela como presidente fue la reconciliación para sembrar las bases de la Sudáfrica del futuro. Y el arma que escogió fue la más improbable de todas: el rugby. Ese “juego de villanos jugado por caballeros”, donde 15 jugadores se enfrentan, cuerpo a cuerpo, como en un campo de batalla, peleando cada metro para llevar un balón oval hasta la zona de anotación.       

Para los afrikáners, los blancos sudafricanos, el rugby es una religión. Y la selección nacional, conocidos como los Springboks (los antílopes, abreviado los Boks) son sus dioses. Los negros los odiaban, eran el símbolo del apartheid. Cuando los Boks disputaban un partido, apoyaban a su contrincante. La ANC también logró un boicot internacional contra la selección nacional. Toda una afrenta.    

Mandela tejió su plan con mucha paciencia. Se suponía que su exigua celda de la isla Robben iba a romper su voluntad. Pero aprovechó para conocer a su enemigo. Aprendió afrikáans, el idioma de raíz holandesa de sus carceleros, su historia, su cultura. Entendió que el rugby era la llave. Los guardianes más crueles se descomponían escuchando un partido. Comentando los partidos, hablando con propiedad de los ídolos del balón oval, Mandela logró cautivarlos, desarmó el odio y les mostró que era posible compartir.

Como lo relata el libro El factor humano del periodista británico John Carlin, que después fue llevada al cine por Clint Eastwood como la exitosa película Invictus, solo una semana después de su posesión, Mandela invitó a su despacho a Francois Pienaar, el capitán de los Springboks, un gigantón de 1,91 metros, de 100 kilos y rubio, el arquetipo del buen afrikáner. El presidente le contó que quería que la camiseta verde de la selección pasara de ser un símbolo de opresión a uno de unidad.   

En los meses anteriores al Mundial, Mandela visitó varias veces el campo de entrenamiento de los Boks. En todo el país florecieron vallas con la consigna “One team, one nation” (Un equipo, una nación). Fotos de Chester Williams, el único mulato del equipo, fueron usadas en una campaña nacional. Los rudos jugadores de rugby se aprendieron Nkosi Sikelele África, un himno en lenguaje xhosa que identificó la lucha antiapartheid y los movimientos de liberación africana en todo el continente. Para los bóeres, la canción del enemigo.        

Y un día antes de su partido inaugural contra Australia, los Springboks fueron a la prisión de la isla Robben, donde Mandela pasó 18 años encerrado. Visitaron su diminuta celda, y prometieron dedicarle la Copa Mundo al presidente. “Había una química increíble, los jugadores se sintieron atraídos por Mandela de inmediato”, recordó el entrenador Morne du Plessis en El factor humano. Impulsados por una ola de fervor popular que contagiaba a todos los corazones, Sudáfrica le ganó a Australia, a Francia y pasó a la final contra Nueva Zelanda, los temidos All Black, los mejores del mundo.  

Las seis semanas que duró el Mundial le cambiaron la cara al país. En las calles todo el mundo hablaba de los Boks. Hasta Soweto, la barriada negra pobre, marginal y más politizada de Johannesburgo se paralizaba cuando jugaba la selección. Cuando esta llegó a la final, todos estaban orgullosos de su equipo. Esa mañana, el país se encontraba en ebullición. Miles de personas salieron a las calles a acompañar el bus de los Springboks.       

Pero Mandela aún tenía un truco guardado. Minutos antes del pitazo inicial, enfundado en la odiada camiseta verde de los Springboks, bajó a la cancha a saludar a los jugadores. Los 63.000 espectadores del estadio Ellis Park de Johannesburgo, en su inmensa mayoría afrikáneres, no estaban seguros sobre lo que tenían que hacer, si abuchear a quien hasta hace pocos años era su peor enemigo. 

La respuesta llegó sola. Con cada vez más fuerza, el grito “Nel-son, Nel-son, Nel-son” contagió todo el recinto. Los blancos habían coronado a Mandela. Como escribió Carlin: “Mandela es un genio de la política, un genio total como Mozart lo fue en la música. ¿Qué intentan hacer los políticos? Conquistar a la gente. Él conquistó a todos, incluso a la gente más improbable”.         

Ahora los Springboks tenían que ganar la final. El partido fue dramático y terminó empatado. En el extratiempo, cuando la suerte de Sudáfrica parecía agonizar, Joel Stransky pateó el balón a más de 30 metros de la meta. Los Boks eran campeones, y la locura se tomó todo el país, los townships de los negros, las elegantes villas de Ciudad del Cabo, las granjas de los bóeres.

Mandela bajó de nuevo a la cancha, para entregarle al capitán Francois Pienaar la copa Webb Ellis. Le dijo: “Francois, gracias por lo que hizo por nuestro país”. Pienaar le contestó: “No señor presidente, gracias por lo que usted ha hecho”.
Un milagro estaba pasando. Esa noche blancos y negros bailaron hasta el amanecer, mezclados en la euforia de la celebración, unidos por primera vez en la historia. El reverendo Desmond Tutu, el legendario activista pacifista, recordó que “fue extraordinario lo que pasó, volteó el país, fue una transformación increíble. Mostró que sí es posible que podamos ser una nación”.                       
                                                              http://www.semana.com/mundo/articulo/mandela-el-rugby-para-unir-sudafrica/367325-3

Nelson Mandela: Un hombre magnánimo

 

Nicholas Kristof, columnista del diario ‘The New York Times’, hace una semblanza del legado de Mandela.

 
                                                                                                                                                   

                                                                                                                    
Mi dato favorito de Nelson Mandela es que invitó a los celadores blancos que lo encarcelaron durante 27 años a su posesión como presidente de Sudáfrica. Fue una muestra de la magnanimidad, la calidez y la falta total de resentimiento que siempre lo caracterizaron.         

Durante el transcurso de la historia ha habido muchos disidentes políticos y rebeldes famosos, pero pocos lograron convertirse en grandes líderes nacionales. Las principales cualidades de un rebelde  - su coraje absoluto, su terquedad, hasta su irracionalidad - por lo general no son las de un gran presidente. Cuando Mandela llegó al poder, muchos lo presionaron para que humillara a aquellos que lo habían humillado y que habían asesinado a sus amigos. Pero Mandela no les hizo caso. Es el hombre más grande que he visto.

En términos más generales, Mandela simbolizó el servicio público y el sacrificio mejor que cualquiera de su generación. Un abogado con una carrera prometedora que pudo haber trabajado para el sistema, pero que en cambio escogió pelear por los derechos de sus compatriotas. Durante su juicio, frente a la posibilidad de ser ejecutado, fue tan desafiante como siempre. Y después, durante los 27 años en prisión, le ofrecieron salir antes de cumplir su condena en más de una ocasión. El gobierno le rogó que aceptara la libertad condicional para librarse de la vergüenza de tenerlo encarcelado. Pero él nunca cedió ante la presión y se negó a salir bajo cualquier acuerdo que no fuera la libertad absoluta e incondicional. Y lo logró.    

Haberle dado prioridad a su país lo llevó a tener problemas familiares, incluido su divorcio con Winnie, su primera esposa, después de salir de la cárcel. También lo llevó a confrontar a sus antiguos aliados, quienes creían que le estaba cediendo el poder a la oposición en temas raciales y económicos. Y también lo llevó a aceptar solo un periodo en la Presidencia, para mostrar que Sudáfrica podía existir de acorde a las leyes y no como una dictadura. Esa decisión fue un ejemplo que más adelante tuvo eco en toda la región.     

Cuando los expertos debaten las razones por las que África fracasó en el periodo de la posindependencia, una de las principales conclusiones apunta a los malos gobiernos y al mal liderazgo (en parte por el pésimo sistema educativo y por los conflictos entre tribus que generaron los colonizadores). Sin contar Botsuana, hubo pocos ejemplos de grandes líderes. Sin embargo, Mandela terminó siendo tan buen presidente como disidente político y su ejemplo fue contagioso e inspirador.

Gracias a su servicio público y a su capacidad de liderazgo, se convirtió en una fuente de inspiración para África y el mundo. Mandela subió el nivel y quizá no sea una coincidencia que en la época postMandela los líderes africanos hayan sido mejores.      

También hay un mensaje para el resto de los países: cuando Mandela estuvo en la cárcel - en el momento en el que más ayuda necesitaba - el mundo permaneció callado.

Dick Cheney votó incluso en contra de la petición que le hizo la Casa Blanca a Sudáfrica en 1986 para que lo liberaran. Y todos somos culpables de esa misma falta de visión cuando no ayudamos a los disidentes políticos de China y Bahréin. Eventualmente la libertad prevalecerá en esos dos países de la misma forma como lo hizo en Sudáfrica. 

Aunque las contribuciones de Mandela a la conciliación entre blancos y negros son conocidas, pocos conocen sus infatigables esfuerzos para luchar contra del sida, para reconciliar naciones en guerra y para promover los derechos de la comunidad  LGBTI. En un continente que ha reprimido severamente a los homosexuales en más de una ocasión, Mandela abogó por la igualdad y por el matrimonio gay. Gracias a su influencia Sudáfrica se convirtió en el quinto país en legalizar los matrimonios entre las personas del mismo sexo. No solo fue un líder para Sudáfrica, sino para el mundo entero.    

Pues sí, una figura monumental ha muerto a los 95 años. Pero viaje usted alrededor de África y del mundo y ahí verá la huella, el legado y el espíritu del gran hombre. Mandela vive.     

                                                                                                                                                                          © The New York Times Syndicate.


¿Cómo se transforma el saber en conocimiento?

 







Ciencia, razón y democracia.

Hace tres siglos comenzó la era de la Ilustración.

Trajo libertad y progreso, y sentó las bases de la Modernidad.

Pero, ¿Qué hay del proyecto ilustrado en el siglo XXI? 


El documental nos lleva a un viaje alrededor del globo, entre pasado, presente y futuro. Es una instantánea a través de la lente de la Ilustración, en torno a las ideas de justicia, responsabilidad, libertad y conocimiento. 

¿De cuánta información precisa el ser humano?

¿Cómo puede diferenciar entre información falsa y verdadera?

¿Cómo defender la verdad contra gobiernos, dictadores y servicios secretos que difunden informaciones falsas y manipulan pruebas?

¿Y cómo se llega al verdadero conocimiento? 

La experta noruega en inteligencia artificial, Anita Schjøll Brede, aborda estas cuestiones entre Ghana, Londres y su hogar, Oslo. Ella sigue la pista del ilustrado francés Denis Diderot, que en la obra que dirigió en el siglo XVIII, la "Encyclopédie”, reorganizó el conocimiento del mundo, lo que le enfrentó al rey, a la nobleza y a la iglesia.

En África Occidental Anita emprende un viaje por carretera junto a la cantante Azizaa, a través de Ghana y Togo hasta Benín, para asistir al festival de vudú más grande del mundo. Para Azizaa el vudú no es una religión, sino un estilo de vida basado en conocimientos ancestrales transmitidos de generación en generación y que no han sido registrados en ninguna enciclopedia.

El filósofo sueco, Nick Bostro, reflexiona sobre los peligros y las oportunidades que ofrece la superinteligencia artificial.

¿Qué sucederá cuando las personas dejen de ser los seres más inteligentes del planeta?

¿Qué significado adquirirá el ser humano? 

https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/


sábado, septiembre 16, 2023

Taller Cisnes Negros

 

 

Luego de la Lectura y Análisis de los Textos Referenciados,

Responder las Preguntas con Argumentación, Claridad

Conceptual y Analítica.

 

 

1. ¿Cree que repetir un año es una especie de Cisne Negro?

    ¿Por qué? Piense en el devenir… Sí es se puede.

 

2. ¿Ha tenido algún evento -que podría calificarse como un cisne negro- que ha transformado su experiencia personal? Teniendo en cuenta que:

 

§  jamás imaginó que fuera posible que le ocurriera algo así.

§  dicho evento le haya acarreado un impacto muy fuerte.

 

3. Exprese su opinión sobre lo planteado en el artículo.

 

4. Describa 5 ejemplos de sucesos tipo Cisne Negro que hayan ocurrido durante su existencia en el mundo.

 

5. ¿A cuáles Cisnes Negros le teme más?

 

La certidumbre es la certeza sobre algo, dando por hecho que un evento se cumplirá, se dará o realizará o también la obligación de cumplir algo. Según esto:

 

6. ¿Qué pregona, proclama o difunde un evento Cisne Negro?

 

7. ¿Para qué son los libros según Umberto Eco?

         
8. ¿Cómo explicaría el problema de la calidad educativa en el contexto local desde la metáfora de lo que se plantea en el artículo como: “La trampa del pavo”?

 

9. ¿Como individuo cree que está preparado para un evento tipo cisne negro?

 
10.
¿Cree que vivimos en un mundo cada vez más desigual?

 

11. ¿Por qué es importante la dopamina?

 

12. ¿Realmente actuamos los seres humanos con la lógica de la racionalidad en nuestras decisiones?

         
13.
La epistemología es uno de los ámbitos de la filosofía, es la parte de la filosofía que estudia los principios, fundamentos, extensión y métodos del conocimiento humano.

Desde esta perspectiva, es decir, desde un enfoque epistemológico.

 

¿De qué manera se refleja el pensamiento sofista en lo que plantea Nassim Taleb en su teoría de los Cisnes Negros?

 

14. El artículo gira sobre diez Términos Específicos, sobre los cuales se soporta la estructura fundamental del texto.

Escriba dichos Términos Específicos.

 

15. ¿Qué le llamó la atención de lo planteado en el artículo?

 

 









Lecturas Cisnes Negros

 


Cisnes negros 

https://puntokritico.blogspot.com/2022/01/cisnes-negros.html 

 

El Cisne Negro. El impacto de lo altamente improbable 

https://puntokritico.blogspot.com/2022/01/el-cisne-negro-el-impacto-de-lo.html 

 

Qué es la teoría del cisne negro 

https://puntokritico.blogspot.com/2022/01/que-es-la-teoria-del-cisne-negro.html 

 

Teoría del cisne negro 

https://puntokritico.blogspot.com/2022/01/teoria-del-cisne-negro.html 

 

El Cisne Negro 

                                                                            Fragmento del libro 

https://puntokritico.blogspot.com/2021/10/el-cisne-negro.html

Formato Proceso Recuperación

 









martes, septiembre 05, 2023

11°1 Explicación Notas

 



Son varias situaciones para analizar.

 

¿Cómo responder algo que no se sabe porque no se hizo ni se realizó?

 

Por eso hay que leer bien.

 

Por ejemplo, en la pregunta n° 6.

 

Se pasaron una respuesta errónea entre ustedes, colocaron como respuesta '5', y estamos evaluando el contenido del cuaderno, y, sí no tienen dicha lectura y taller en el cuaderno, ¿Cómo establecer que son 5 preguntas?

 

¿Cómo justificar una respuesta que no está, ni aparece, ni tienen en el cuaderno?

 

No estuvo bien socializar una respuesta errada.

 

Sólo dos estudiantes lograron responder bien, miremos:

 

1. «No se trabajó dicho taller en el periodo 2 en 11°1»

 

2. No respondió nada, dejó tal cual el espacio para la respuesta.

  

Respuestas:

Algunos, por favor, intenten mejorar la caligrafía. Letra muy enredada, ilegible en algunas partes.

Más cuidado con la ortografía, mayúsculas y tildes.

Nombres propios siempre empiezan en mayúsculas.

Al parecer se ‘dijeron’ entre ustedes algunos autores, pues no correspondían para nada al nombre, muy errados en los nombres:

 

No colocaron atención:

Bonjour Monsieur Bourreau es ‘Hola señor verdugo’, lo dije y en la lectura del texto.

Según algunos de ustedes, tuvimos clases:

§  sábados,

§  festivos,

§  y hasta domingos.

 

Días donde por el Horario, no tienen clase de filosofía.

Las fechas no corresponden con la secuencia de las clases. Es incoherente, empezar en mayo, pasar a julio, devolverse a mayo o abril.

Según uno de ustedes, viajó al futuro, y ya tuvo la clase del próximo viernes 8 de septiembre.

Según esto, tiene una ‘máquina para viajar en el tiempo’.

Los leí con cuidado.

De los nombres de autores y filósofos, están copiados algunos con los mismos errores en respuestas de varios de ustedes:

Sofoles y socofles por Sófocles

owel por Orwell

Bonjour Monsieur Bourreau, no es el nombre de un autor o filósofo.

Jaspas por Jaspers

Grabriel,

Hasta mi nombre apareció: eduardo adrián…

Sísifo, como un filósofo o autor.

Pluton (parece varias veces),

Hilbert por Albert,

Froid por Freud,

Nietche por Nietzsche,

Nick (ni idea a quién se refiere),

March, o Marsh por Marx (imagino, creo),

Kamus por Camus,

Socotles o sosoles, algo así

Freug por Freud,

Exsistir por existir (no una,  sino dos veces).


Llama la atención algo muy particular, y es encontrar escrito un mismo nombre de manera errada en varias evaluaciones...da que pensar, pues es aprobable que quizás de pronto se pasaron algunos de esos nombres, lo que puede suponer un fraude en una evaluación, dando inicio a un proceso disciplinario, conforme al Manual de Convivencia...pero lo dejo a su conciencia, y ojalá nunca lo repitan en ninguna otra instancia, pues es inconveniente y poco sentido lógico.

Después publico la recuperación de esta Evaluación.