domingo, abril 09, 2023

Las tres divisiones de Beremís: la simple, la exacta y la perfecta

Nos aproximábamos a una pequeña aldea -llamada Lazakka- cuando encontramos, caído en el camino, a un pobre viajero herido. Socorrímosle y de sus labios oímos el relato de su aventura. 

Llamábase Salem Nasair, y era uno de los más ricos negociantes de Bagdad. Al regresar, pocos días antes, de Basora, con una gran caravana, fue atacado por una turba de persas, nómadas del desierto. La caravana fue saqueada, pereciendo casi todos sus componentes a manos de los beduinos. Sólo se había salvado él, que era el jefe, ocultándose en la arena, entre los cadáveres de sus esclavos. 

Al terminar el relato de sus desgracias, nos preguntó con voz angustiosa: 

- ¿Tenéis, por casualidad, alguna cosa para comer? ¡Estoy casi muriéndome de hambre! 

- Tengo solamente tres panes –respondí. 

- Yo traigo cinco –afirmó a mi lado el “Hombre que calculaba”. 

- Pues bien -sugirió el sheik-; juntemos esos panes y hagamos una sociedad única. 

Cuando lleguemos a Bagdad os prometo pagar con 8 monedas de oro el pan que coma. 

Así hicimos, y al día siguiente, al caer la tarde, entramos en la ciudad de Bagdad, la perla de Oriente. Al atravesar una hermosa plaza, nos encontramos con un gran cortejo. Al frente marchaba, en brioso alazán, el poderoso Ibraim Maluf, uno de los visires del califa en Bagdad. 

Al ver el visir a sheik Salem Nasair en nuestra compañía, gritó, haciendo parar su poderosa escolta, y le preguntó: 

- ¿Qué te ha pasado, amigo mío? 

-¿Por qué te veo llegar a Bagdad sucio y harapiento, en compañía de dos hombres que no conozco? 

El desventurado sheik narró, minuciosamente, al poderoso ministro todo lo ocurrido. 

-En el camino, haciendo los mayores elogios respecto de nosotros.

- Paga sin pérdida de tiempo a esos dos forasteros, ordenó el visir. 

Y sacando de su bolsa 8 monedas de oro las entregó a Salem Nasair, insistiendo: 

- Quiero llevarte ahora mismo al palacio, pues el Comendador de los Creyentes desea, con seguridad, ser informado de esta nueva afrenta que lo beduinos practicaran, al matar a nuestros amigos saqueando caravanas dentro de nuestras fronteras. 

- Voy a dejaros, amigos míos -; dijo Nasair- mas, antes deseo agradeceros el gran servicio que me habéis prestado. Y para cumplir la palabra, os pagaré el pan que tan generosamente me dierais. 

Y dirigiéndose a Beremís le dijo: Por tus cinco panes te daré 5  monedas. Y volviéndose hacia mí, concluyó: Y a ti, “bagdalí”, te daré por los tres panes 3 monedas. 

Con gran sorpresa nuestra, el “Calculista” objetó, respetuosamente: ¡Perdón, oh sheik! La división hecha de ese modo será muy sencilla, mas no es matemáticamente exacta. Si yo di 5 panes, debo recibir 7 monedas; y mi compañero, “el Bagdad” que dio tres panes, solamente debe recibir una moneda. 

- ¡Por el nombre de Mahoma! -dijo el visir Ibraim, interesado vivamente por el caso-. 

¿Cómo justificas, extranjero, tan disparatada forma de pagar 8 panes con 8 monedas? 

Si contribuiste con 5 panes, ¿por qué exiges 7 monedas?

Y si tu amigo contribuyó con 3 panes, ¿por qué afirmas que debe recibir únicamente una moneda? 

El “Hombre que calculaba” se aproximó al poderoso ministro y así le habló: 

- Voy a probaros que la división de las monedas hecha en la forma propuesta por mí, es más justa y más exacta. Cuando, durante el viaje, teníamos hambre, sacaba un pan de la caja y lo partía en tres trozos, uno para cada uno de nosotros. Todos los panes que eran 8, fueron divididos, pues, en la misma forma. Es evidente, por lo tanto, que si yo tenía 5 panes, di 15 pedazos; si mi compañero tenía 3 panes, dio 9 pedazos. Hubo, así, un total de 24 pedazos, de los cuales cada uno de nosotros comió 8. 

De los panes que di yo, más el que suministró el bagdalí, formaron los 8 que comiera el sheik Salem Nasair. Por consiguiente, es justo que yo reciba 7 monedas y mi compañero solo 1. 

¿No le parece gran visir? 

El gran visir, después de hacer los mayores elogios al “Hombre que calculaba”, ordenó que le fueran entregadas las 7 monedas, pues a mí sólo me tocaba, por derecho, 1. 

La demostración lógica y perfecta presentada por el matemático no admitía duda. 

- Esa división -replicó entonces el “Calculista”- es matemáticamente exacta, pero a los ojos de Dios no es perfecta. 

Y tomando las ocho monedas en la mano las dividió en dos partes iguales. Dióme una de ellas y se guardó la otra. 

- Ese hombre es extraordinario –exclamó el visir-. No aceptó la división propuesta de las ocho monedas en dos partes de 5 y 3, en la que salía favorecido; demostró tener derecho a 7 y su compañero a 1, acabando por dividir las 8 monedas en dos partes iguales, que repartió con su amigo. Y añadió con entusiasmo: 

- ¡Mac Alah! Ese joven, además de parecerme un sabio habilísimo en los cálculos de Aritmética, es bueno como amigo y generoso como compañero. Te nombro ahora mismo como secretario mío. 

Ejercicio: 

1. Realice una operación matemática que explique la deducción que plantea Beremís, sobre la distribución, aporte o repartición de los panes que compartieron con el rico negociante de Bagdad, cuando lo socorrieron en el desierto.   

La prudencia y el filtro de las tres rejas

 

El joven discípulo de un filósofo sabio llegó a casa de este y le dijo:

-Maestro, un amigo suyo estuvo hablando de usted con malevolencia.

-¡Espera!  -lo interrumpió el  filósofo-.  ¿Ya hiciste pasar  por las  tres  rejas  lo que vas  a contarme?

-¿Las tres rejas?

-Si.  La primera es la reja de la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

-No; lo oí comentar a unos vecinos.

-Entonces al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Esto que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?

-No, en realidad no. Al contrario...

-¡Vaya!  La  última  reja  es  la  necesidad.  ¿Es  necesario hacerme  saber  eso que tanto  te inquieta?

-A decir verdad, no.

-Entonces -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Cuántos  malos  ratos  podríamos  evitar  si  sometiéramos  a  esas  tres  rejas  todo  lo  que decimos…

Tomado de La Culpa Es De La Vaca.   


Responder lo siguiente:                                                                                                    

1. ¿Evitaríamos inconvenientes mayores si sometiéramos los comentarios malintencionados al filtro de las tres rejas?

2. ¿Por qué la prudencia es conveniente para la convivencia pacífica?

3. Lo que escuche, vea y oiga aquí, déjelo aquí, que es de aquí y pertenece aquí. ¿Qué piensa de esta frase o sentencia?                                        

Inteligencia Emocional

 

Había un profesor comprometido y estricto, pero muy reconocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo. Un cierto día, al terminar las clases, y mientras organizaba unos documentos encima de su escritorio, uno de sus alumnos se le acercó y en forma desafiante le dijo: 

—Profesor, lo que más me alegra de haber terminado las clases es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré dejar de ver su fastidiosa cara. 

El alumno estaba erguido y arrogante, esperando que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado. El profesor miró de frente al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó: 

—Cuando alguien te ofrece algo que no quieres, ¿lo recibes?

El alumno quedó desconcertado por la inesperada pregunta y no pudo más que contestar: 

—Por supuesto que no, repuso en forma aprensiva y fría. 

—Bueno, prosiguió el profesor, cuando alguien intenta ofenderme, o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo (en este caso una emoción de rabia y rencor) que yo puedo decidir aceptar o no aceptar. 

—No entiendo a qué se refiere, replicó el alumno confundido. 

—Muy sencillo, dijo el profesor; tú me estás ofreciendo ira, rabia y desprecio; y si yo me siento ofendido, o me pongo furioso, estaré aceptando tus emociones como un regalo. Y yo, mi amigo, en verdad prefiero obsequiarme mi propia serenidad. 

Enseguida añadió: Muchacho, tu rabia pasará; pero no trates de dejarla conmigo como si fuera un regalo porque no me interesa guardarla. Yo no puedo controlar lo que tú llevas en tu corazón, pero de mí depende lo que yo cargo en el mío. 

¿Somos dueños o esclavos de nuestras emociones? 

Cada día, en todo momento, usted puede escoger qué clase de emociones o sentimientos quiere poner en tu corazón; y lo que elija lo tendrá, hasta que decida cambiarlo usted mismo con su actitud. 


  Análisis y Comprensión Lectora 

1. ¿Culpa a los demás por sus errores?

2. ¿Qué le llama la atención de esta Reflexión?

3. ¿Brinda emociones negativas cuando tiene ira?

4. ¿Cree que usted refleja de inmediato sus emociones?

5. ¿Estaría dispuesto a controlar de manera positiva sus emociones?


19 Consejos del Dalai Lama

 

1. Ten en cuenta que el gran amor y los grandes logros requieren grandes riesgos

 

2. Cuando pierdes, no pierdes la lección.

 

3. Sigue las tres R: Respeto a ti mismo, Respeto para los otros y Responsabilidad sobre todas tus acciones

 

4. Recuerda que no conseguir lo que quieres, a veces significa un maravilloso golpe de suerte.

 

5. Aprende las reglas, así sabrás cuando no debes romperlas.

 

6. No permitas que una pequeña disputa destroce una gran amistad.

 

7. Cuando creas que has cometido un error, haz algo inmediatamente para corregirlo.

 

8. Ocupa algo de tiempo cada día en estar solo.

 

9. Abre tus brazos al cambio, pero no te olvides de tus valores.

 

10. Recuerda que a veces el silencio es la mejor respuesta.

 

11. Vive una buena y honorable vida, así cuando seas mayor y mires atrás podrás disfrutarla por segunda vez.

 

12. Una atmósfera amorosa en tu casa es el cimiento para tu vida.

 

13. En discusiones con alguien querido ocúpate sólo de la situación actual, no saques a relucir el pasado.

 

14. Comparte tu conocimiento, es una manera de conseguir la inmortalidad.

 

15. Se considerado con la Tierra.

 

16. Una vez al año ve a algún lugar en el que nunca hayas estado antes.

 

17. Recuerda que la mejor relación es aquella en la que el amor por cada uno excede la necesidad por el otro.

 

18. Juzga tu éxito según lo que has sacrificado para conseguirlo.

 

19. Acércate al amor y a la cocina con osada entrega. 

 

¿Quién es el Dalai Lama? 

Traducido generalmente como «océano de sabiduría», 

El dalái lama (de la palabra mongola dalai, «océano», y de la tibetana lama, «maestro reencarnado» o «gurú»), es el título que obtiene el dirigente de la Administración Central Tibetana y el líder espiritual del lamaísmo o budismo tibetano. 

Es el término utilizado en el budismo tibetano y en la religión bön para referirse a aquel maestro que ha logrado tener el control parcial o total en la muerte sobre la forma de su reencarnación, y el conocimiento del lugar de su nuevo nacimiento. 

El actual dalái lama es Tenzin Gyatso. 

https://es.wikipedia.org/wiki/Dal%C3%A1i_lama  

Responder con argumentos 

1. ¿Qué piensa sobre estos 19 Consejos del Dalai Lama? 

2. Realice un comentario sobre los Consejos número 3, 6 y 11

¿Específicamente estos tres consejos del Dalai Lama qué le parecen? 

3. Seleccione tres consejos con los que más se identifica o que más le llaman la atención y explique porque.

 

 

La tortuga y la liebre

 

Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era la más rápida. Para dirimir el conflicto de opiniones, decidieron correr una carrera. Eligieron una ruta y comenzaron la competencia. 

La liebre partió a toda velocidad y corrió enérgicamente durante un buen rato. 

Luego, al ver que había sacado muchísima ventaja, decidió sentarse debajo de un árbol para descansar unos momentos, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha. Pero pronto se quedó dormida. 

La tortuga, que andaba con paso lento pero constante, la alcanzó, la superó y terminó en punta, declarándose ganadora indiscutible de la carrera. 

Moraleja 1

Los lentos pero constantes y perseverantes, también ganan la carrera. 

Pero la historia continúa...

La liebre, decepcionada por haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció su grave error de subestimar a la tortuga. Se dio cuenta de que por presumida y descuidada había perdido la carrera. 

Si no hubiese subestimado a su oponente nunca la hubieran podido vencer. 

Entonces desafió a la tortuga a una nueva competencia. Esta vez la liebre corrió sin descanso desde el principio hasta el fin y su triunfo fue contundente. 

Moraleja 2

Los rápidos y tenaces vencen a los constantes y perseverantes. 

Después de ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad.

De la manera como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería. Por eso, desafió nuevamente a la liebre, pero propuso correr por una ruta distinta a la anterior. 

La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró en su camino con un ancho río. 

La liebre no sabía nadar, y mientras se preguntaba “¿Qué hago ahora...?”, la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó con su paso lento pero constante y terminó la carrera en primer lugar. 

Moraleja 3

Quienes identifican su ventaja competitiva y cambian el entorno para aprovecharla, llegan de primeros. 

Pasó el tiempo, y tanto compartieron la liebre y la tortuga que terminaron haciéndose amigas. Ambas reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero esta vez corriendo en equipo.   

En la primera parte la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. 

Allí, la tortuga atravesó el río a nado con la liebre sobre su caparazón  y, ya en la orilla de enfrente, la liebre cargó de nuevo a la tortuga hasta llegar a la meta. Como alcanzaron la línea de llegada en tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción que la que habían experimentado en sus logros individuales. 

Moraleja 4

Es bueno ser individualmente brillante y tener fuertes capacidades personales. Pero, a menos que seamos capaces de trabajar con otras personas y potenciar recíprocamente las capacidades de cada uno, no seremos completamente efectivos. 

Es importante advertir que ni la liebre ni la tortuga abandonaron la carrera. La liebre evaluó su desempeño, reconoció sus errores y decidió poner más empeño después de su fracaso. Por su parte, la tortuga, al notar que la velocidad era su mayor debilidad, decidió cambiar su estrategia  y aprovechar su fortaleza como nadadora, en un nuevo recorrido. 

Después de varias contiendas, la tortuga y la liebre descubrieron que unidas lograban mejores resultados. 

La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital: Cuando dejamos de competir contra un rival y comenzamos a competir contra una situación, no sólo complementamos capacidades, compensamos debilidades, potenciamos nuestros recursos... ¡sino que también obtenemos mejores resultados! 

Todos tenemos carreras por delante, y hay muchas maneras de ganarlas. Hay muchas liebres, muchas tortugas... ¡y muchas metas que alcanzar! 

No se reúna con un grupo fácil y conformista, de aduladores y mediocres: no le harán crecer. 

Vaya donde sean muy altas las exigencias y las expectativas de desempeño. 

 

Para

Aprender

Es indispensable

Leer, Analizar y Comprender.

Ahora, Argumente sus respuestas:

1°. Determine o infiera cinco ideas de este relato.

2°. Realice un breve análisis de esta interesante historia.

3°. ¿Por qué debe competirse respetando siempre a los rivales?

4°. ¿Actualmente cuáles son sus expectativas de proyección personal?

5°. ¿Con cual de los competidores se identifica?  ¿A qué se debe esa afinidad?

6°. ¿Está usted realizando las acciones correctas para lograr sus metas en este año?

7°. ¿Qué piensa acerca de las cuatro moralejas? ¿Reflejan una evidente realidad actual?

 

 

Alfredo Quiñones-Hinojosa, de jornalero a eminencia

 

Creer en sí mismo y “aprender a soñar” fueron los mayores obstáculos que tuvo que superar el ahora reconocido neurocirujano Alfredo Quiñones-Hinojosa, quien en sólo siete años llegó a ser uno de los directivos del Hospital Johns Hopkins Bayview, tras haber llegado a Estados Unidos como trabajador ilegal. 

En 1987 comenzó la increíble aventura de este mexicano que logró graduarse con honores en Medicina por Harvard. Con 19 años de edad, llegó al vecino país como jornalero, pero dos años después entró en un colegio de la comunidad para aprender inglés. En 1991 ya estaba en la Universidad de California en Berkeley y en 1994 ingresó a Harvard.  “Era un joven inquieto. Y fue precisamente en la transición entre ambas universidades cuando me di cuenta de que tienes que creer en ti mismo y saber que sí puedes soñar. Hoy, el hecho de soñar constantemente me mantiene activo”, comenta en entrevista el científico nacido en Mexicali. 

Realizó un posdoctorado en Biología de desarrollo de células madre en la U. de California, San Francisco, está convencido de que la disciplina le permitió llegar a donde está. “A veces se acostumbra uno a vivir tranquilamente, a no hacer cosas, a no tomar decisiones arriesgadas. Pero se debe tener valor para luchar por los sueños. Creo que mi primera gran decisión fue dejar mi trabajo estable de jornalero en una granja, en el que ya ganaba 3,75 dólares por hora, e irme a estudiar inglés”, recuerda. Mientras espera un avión que lo llevará a Londres a encontrarse con “unos jóvenes ingleses millonarios” que desean donar dinero para que él ofrezca consultas gratis en hospitales de México, Quiñones dice que no toma este éxito como algo especial. “La gente que me ha rodeado ha creído en mí: mis padres, mis hermanos, mis amigos, profesores. Y al mismo tiempo es una responsabilidad y una bendición, porque yo llegué sin papeles, pobre, sin casa, sin ropa, sin zapatos, y ahora puedo dar tanto a los jóvenes: un ejemplo.” 

Quiñones decidió contar su historia de éxito en el libro Dr. Q, que publicó en inglés en 2011 y ahora se lanza en español, donde se presenta, en el Auditorio Juan Rulfo, con los comentarios del actor Demian Bichir. “Lo que me motivó a escribir este libro fue darme cuenta que los mexicanos tenemos aún un fuerte estigma negativo en Estados Unidos. Ahora es más difícil después del ataque terrorista a Nueva York y la crisis económica. Pero los cercos, las bardas, son artificiales, las ideas siguen adelante. Por eso seguiré tendiendo puentes”, añade.                                                   

http://es-us.noticias.yahoo.com/alfredo-quiñones-hinojosa-jornalero-eminencia-061106646.html

  

Luego de la Lectura y Análisis, Responder lo Siguiente:


1. ¿Tiene usted un proyecto de vida pensado - analizado? 

2. ¿Qué enseñanza nos deja esta interesante historia de vida? 

3. ¿A quién(es) admira usted en su familia por su tenacidad y lucha contra las adversidades?  

4. ¿Por qué es importante el testimonio de la historia de vida del doctor Alfredo Quiñones-Hinojosa? 

5. ¿Cuáles son sus sueños en su vida, cómo se ve como persona adulta y que quien ser usted en el futuro?                      

 

La decisión de NO educar

 

                   Por: Marta Ruiz    

¿A quién le interesa que haya buena educación si ésta redundaría en mayor equidad y movilidad social? En todo caso no a nuestra clase dirigente.

Revista Semana.com

Hace unas semanas me reuní con profesores de Córdoba y Bolívar. Estaban preocupados porque en los colegios rurales la educación la brindan ahora oferentes que aparecieron de la nada; ONG de garaje, contratadas por gobernaciones y municipios, bajo la impune vigilancia del Ministerio de Educación. La educación de los niños y los jóvenes del campo está en manos de terceros, como se dice ahora, y esos terceros suelen ser los políticos que usan estos contratos para hacer politiquería.      

Es así como el año pasado las clases comenzaron en abril o mayo. Téngase en cuenta que en casi todas las zonas rurales la comida más segura que tienen los muchachos es la que hacen en el colegio. Si no hay clase, no comen.

Muchos profesores nunca llegaron porque se trata a lugares donde hay una presión permanente de las Bacrim, que les quitan parte de su sueldo. Las clases son irregulares. En lugares como Tierralta o Montelíbano basta una lluvia para que los maestros no puedan entrar a las veredas a dictar sus clases, pues las carreteras se los impiden. En el mejor de los casos, dan clase tres días a la semana, y en el peor, los muchachos han sido promovidos sin haber visto asignaturas como matemáticas o español porque no hubo maestros que se le midieran a la educación rural. Por no hablar de los cambios que hacia finales del año se empezaron a dar en la planta docente, contratada a destajo en pésimas condiciones, para cumplir muy seguramente con compromisos políticos electorales.

La ministra de Educación, tan interesada como parece de comprar tierrita, debería pasarse por algunos de estos municipios, que por cierto son considerados zonas de consolidación por el gobierno, para que vea como se están educando estas nuevas generaciones rurales. Para que rasgue el velo de la cacareada cobertura universal en educación y se dé cuenta que aunque la calidad de la educación es mala en todo el país, para los jóvenes rurales que viven en zonas de conflicto es pésima y que éstos difícilmente podrán acceder a las universidades en las actuales condiciones. 

Este es un aspecto más, no el único, que habrá incidido en que Colombia retrocediera en las pruebas Pisa, que mide las competencias básicas de los estudiantes colombianos, y que es el rasero para ubicarnos en la ruta del desarrollo y el progreso, o en el del estancamiento. Haber quedado de 62 entre 65 no es una catástrofe. No es una sorpresa ni un fiasco ni algo que ocurrió de repente. Es el resultado de una decisión política, de una manera de concebir el país, de concebir su crecimiento y de apostar por él.

La educación no ha sido el camino elegido por nuestra clase dirigente para llevarnos por la senda de la anunciada prosperidad. El gobierno pasado apostó por convertirnos en una potencia militar con el mayor gasto bélico de la región, y dejándonos de herencia un pie de fuerza cercano al medio millón de soldados y policías. Y Santos apuesta a seguir creciendo económicamente a punta de exportar minerales y materias primas. ¿Educación como prioridad? Claro que no. ¡Que tal y eso genere movilidad social, mayor equidad, una clase media deliberante!

No existe la decisión de educar, o mejor, de democratizar a través de la educación. No hay voluntad, por lo menos en los dirigentes de hoy, de generar otros equilibrios sociales a partir de la ciencia, la cultura, el talento y el conocimiento. Como bien lo dijo Armando Montenegro hace unas semanas en su columna de El Espectador, ni a la derecha, ni la izquierda están en eso. Otros fueron los tiempos en los que el magisterio y sus sindicatos daban la pelea por el modelo pedagógico.
Otros los que el movimiento de estudiantes se preocupaba por los contenidos de la educación.        

Que educar es una decisión política lo está demostrando Ecuador, país al que los colombianos solíamos mirar en el pasado por debajo del hombro. La revista Arcadia destaca en su más reciente editorial (citando a la revista Dinero) la gran apuesta que está haciendo Rafael Correa en esta materia: “Ha invertido 30 veces más que los últimos siete gobiernos juntos en este frente. Decretó el cierre de 14 universidades por falta de calidad académica y becó a más de 5.000 estudiantes para que estudiaran en las mejores universidades del mundo. Como si fuera poco, ayudó a bajar la tasa de interés del crédito educativo de 12% a 4,6% y eliminó la deuda por mérito académico.      

Correa, además, implementó el Sistema Nacional de Nivelación y Admisión, que ha permitido duplicar la matrícula de ciudadanos afrodescendientes, indígenas y de las personas pertenecientes a los estratos más pobres del Ecuador (…) Ecuador es el país con mayor participación de pobres en educación superior en América Latina (26%), por encima de Chile y Argentina”.   

En Colombia mientras tanto la educación sigue siendo manejada como una Cámara de Comercio, nos traman con cifras de cobertura que aparentan ser excelentes, y recibimos del gobierno palmaditas en la espalda ante el bajo desempeño de la educación, como queriéndonos decir que si nos fue mal esta vez, fue cuestión de suerte.       

Pero el azar no tiene nada que ver en esto. Educar es una decisión política. Brindar una pésima educación también lo es.