sábado, julio 08, 2017

Las trampas del deseo I


Dan Ariely

Revista Estudios 96, vol. IX, primavera 2011.
por Fernando Caloca Ayala Proyecto Síntesis, S.C.

Reseña

Un accidente ocurrido con una bengala de magnesio, de las que se utilizan para iluminar campos de batalla, dejó a Dan Ariely el setenta y cinco por ciento de su cuerpo con quemaduras de tercer grado. Este hecho le cambió la vida a los dieciocho años de edad. Pasó tres años en el hospital, lo cual le permitió tomar la distancia suficiente como para observar las actividades que otrora constituían su rutina. Se dio la oportunidad de reflexionar, desde esta condición, sobre las motivaciones de sus propios comportamientos y el de otros.

¿Qué es lo que hay en la vida que motiva a la gente?

En esos primeros tres años de rehabilitación pudo meditar sobre el dolor que le causaba desprender las vendas de la piel quemada cada vez que tomaba un baño con desinfectante. Pudo darse cuenta de que las enfermeras procedían de una manera muy peculiar, supuestamente para evitarle más dolor -quitando las vendas lo más rápido posible- enfoque, que nunca le pareció convincente, sobre todo porque no les importaba mucho si habría que empezar por la parte más dolorida o por la menos quemada.

Aunque tuvo otros cinco años más de tratamientos y operaciones, cuando le dieron de alta del hospital, se fue a estudiar a la Universidad de Tel Aviv. La clase de Hanan Frenk sobre fisiología del cerebro cambió su perspectiva de investigación así como su vida futura. Concebir teorías alternativas, con la condición de que se encontraran evidencias empíricas para comprobar dichas teorías, le abrió una perspectiva muy interesante. Saber que la ciencia le proporcionaba herramientas y posibilidades para investigar cualquier cosa, lo llevó a estudiar la conducta de las personas, así como sus motivaciones en relación al comportamiento económico.

Primero investigó en torno al dolor y comprobó que las enfermeras estaban equivocadas sobre el dolor de un quemado. Al llevarles sus conclusiones a aquellas enfermeras y explicarles porqué era mejor quitar vendas con menor intensidad y mayor duración, en lugar de hacerlo con mayor intensidad y menor duración, como lo habían hecho hasta entonces, le surgió una pregunta: ¿cómo es posible que una persona, que lleva años trabajando con quemados, pueda estar tan equivocada con respecto a algo tan fundamental?

El residuo de esa pregunta le dejó la apasionante inquietud de saber por qué las personas que cometen errores y no son capaces de aprender de su propia experiencia al momento de tomar decisiones, siguen cometiendo esos mismos errores.

Después, vinieron sus investigaciones en el campo de la economía conductual que trata, esencialmente, de desbancar un prejuicio que consiste en creer que el ser humano es una creatura maravillosa que lo sabe y lo puede todo y que, por tanto, su valor reside en su racionalidad ilimitada, la cual es el fundamento de toda teoría económica estándar.

¿Somos, en realidad, capaces de tomar decisiones correctas por nosotros mismos?

La economía estándar contesta que sí; la economía conductual no está tan segura de ello. La irracionalidad también puede ser una fuente importante de aprendizaje en la toma de decisiones.

Ariely no defiende que seamos esencialmente irracionales sino que somos previ- siblemente irracionales, es decir, somos constantes en nuestra irracionalidad. El hecho de que cometamos errores significa también que existen formas de mejorar nuestras decisiones; y por ende, que existen oportunidades de encontrar chollos. Un chollo es un consejo gratuito derivado de la investigación en economía conductual. Por ejemplo, si constatamos en un experimento que nos dejamos influir fácilmente por lo que elijan otras personas que eligen antes que nosotros en un restaurante o un bar, a veces llevándonos a elegir una alternativa que no querríamos en principio, una estrategia útil, derivada de ello sería: anunciar lo que se va a pedir a los integrantes de la mesa antes de que se acerque el camarero. La mejor opción es, incluso, pedir primero. Este es un sencillo chollo.

En cada experimento o experiencia, tenemos la oportunidad de identificar un principio de comportamiento aplicable a la vida. La hipótesis del autor es que aprender a reflexionar sobre la experiencia será lo que nos lleve a hacer consciente determinada pauta e incluso a cambiarla, si es que ya sabemos cómo opera y por qué lo hace así. Los experimentos que narra no sólo buscan ser evidencia empírica de cómo es que somos sistemáticamente irracionales, sino que invitan a pensar en cómo es que tomamos decisiones en diversos contextos de la vida: como consumidores, ciudadanos, empresarios o políticos.

El análisis de cada experimento busca dar respuesta a un problema concreto que quiere resolver. Por eso cada capítulo tiene un subtítulo con una pregunta para contestar.
¿Por qué todo es relativo, incluso cuando no debiera serlo?

Normalmente, los seres humanos elegimos las cosas con relación a otras cosas y estimamos su valor en función de eso: por ejemplo, un auto de seis cilindros sabemos cuánto vale sólo cuando lo comparamos con el de cuatro cilindros y vemos que es más caro.

La mayoría de la gente no sabe lo que quiere hasta que lo ve en su contexto. No sabemos qué modelo de bicicleta queremos hasta que vemos al campeón del Tour montado en un determinado modelo.

Cuando se sitúa un círculo pequeño entre círculos mayores, el círculo pequeño parece más pequeño; en cambio, cuando este círculo se coloca entre círculos todavía más pequeños, parece mayor. Nuestras decisiones son relativas (a círculos más grandes, o a veces más pequeños): cuanto más tenemos, más queremos. El único remedio es romper el círculo de la relatividad: no enajenarnos con el entorno para evaluar o autoevaluar lo que somos o lo que hacemos.

¿Por qué el precio de las perlas -y de todo lo demás- está por las nubes?

Habiendo narrado cómo fue que las perlas negras de Tahití lograron posicionarse en el mercado y mantenerse a un precio exorbitante, el autor nos cuenta su experimento con estudiantes del MIT. A 55 alumnos de una clase de marketing se les pidió que anotaran los dos últimos dígitos de su número de seguridad social y a continuación, pujaran por una serie de artículos (teclado, libro de diseño, chocolates y vinos, incluyendo una botella de vino de 1996).

Lo que se pretendía demostrar era lo que él llama coherencia arbitraria: es decir, aunque los precios iniciales sean “arbitrarios”, una vez que se han establecido en nuestra mente configurarán no sólo los precios actuales, sino los futuros. Y así ocurrió.

Los precios iniciales, por un lado, son como el ancla, pero una vez que los precios se han establecido en la mente, lo curioso es que no sólo nos sirven de referencia para lo que estemos dispuestos a pagar, sino que también los tomamos como referencia para otros productos de la misma categoría y esto es lo que los hace coherentes. Por ejemplo, los vinos, que se tasan con referencia a una añada en particular.

¿Por cuánto tiempo estamos anclados al precio inicial?

Las etiquetas de precios por sí solas no son anclas, se convierten en tales cuando consideramos la posibilidad real de adquirir un producto o servicio a ese precio concreto. Entonces dicho precio se fija en la memoria y no se modifica hasta que tenemos otra experiencia que fije ese precio “inicial”. Este mecanismo no sólo nos permite conocer más de cerca cómo opera nuestra preferencia en el consumo, sino que equivale a recoger aquí un chollo: hagamos conciencia de nuestras vulnerabilidades. Porque son precisamente esas primeras experiencias las que van dando coherencia arbitraria a nuestras decisiones.

El autor también quiere visualizar las implicaciones que esto tiene para la economía estándar. En la economía estándar se supone que los precios de los productos en el mercado están determinados por un equilibrio entre dos fuerzas: el nivel de producción para cada precio (oferta) y los deseos de quienes disponen de poder adquisitivo para cada precio (demanda) El precio en el que confluyen ambas fuerzas determina el precio en el mercado. Todo parece indicar que, desde la evidencia empírica del análisis de decisiones, son los precios del mercado los que influyen en la predisposición a pagar de los consumidores, pero no viceversa.

Otra implicación interesante de esta simpática coherencia arbitraria de nuestras decisiones tiene que ver con los supuestos beneficios de libre cambio y el libre mercado. La idea básica es que el libre mercado funciona cuando dos sujetos se ponen de acuerdo entre lo que vale y lo que se está dispuesto a dar por el objeto a intercambiar. Pero, en realidad, no son las preferencias o los intereses de los sujetos (porque eso consideraría a los sujetos como entes racionales) sino la memoria o el precio ancla (nuestro deseo, que además se puede manipular) lo que determina nuestra decisión de compra o venta. Esto nos deja pensando en la necesidad de árbitros (el gobierno) quienes sean los que regulen ciertos productos estratégicos como el agua, la electricidad, la medicina la educación o el petróleo.

¿Por qué a menudo pagamos demasiado cuando no pagamos nada?

Otro efecto de nuestros “deseos” es el efecto de gratis en una decisión.

Gratis es la trampa del deseo (más frecuente en la cultura anglosajona) que nos puede llevar a conseguir algo que no queremos. Por ejemplo, vas a la tienda a comprar un producto y sales con uno distinto, pero con una promoción en la que te regalaban algo más. No compras lo que necesitas sino que compras lo que te conviene, sin saber muy bien si te conviene o no.

La mayoría de las transacciones económicas que hacemos tiene ventajas y desventajas, cuando son realizadas sin un análisis racional; pero cuando algo es ¡gratis!, nos olvidamos de las desventajas. Y es que cuando elegimos un artículo ¡gratis!, pensamos que no hay posibilidad alguna de pérdida (debido a que es gratuito).

Si te ofrezco un cheque de $ 10 dólares gratis y, te ofrezco uno de $ 20, por el que debes pagar $ 7 dólares, ¿Cuál eliges? El cheque gratis, por supuesto. La gran mayoría no vemos el beneficio de $ 13 dólares que te quedaría de un intercambio más racional.

El costo cero también tiene un poderoso efecto en el tiempo. Los domingos, gratis, al museo. Decido ir al museo, es domingo. Me topo con largas colas, aglomeraciones y dificultades. ¿Soy consciente de que es un error ir a un museo el día en que la entrada es gratis? Lo increíble, dice Ariely, es que si hiciéramos una encuesta con esta pregunta, la mayoría contestaría: Sí. Y, sin embargo, de todos modos va los domingos al museo…

¿Por qué nos gusta hacer cosas, pero cuando nos pagan por ello?

Vivimos en dos mundos: uno regido por normas sociales y el otro regido por normas mercantiles. Cuando nos comportamos con normas sociales solemos ser generosos y solidarios; cuando lo hacemos por las mercantiles, nos volvemos autónomos y egoístas. Cuando introducimos normas mercantiles en las normas sociales se daña una relación. Y cuando reintroducimos normas sociales, desaparece la relación. Cuando las empresas usan normas sociales con sus clientes, una violación del intercambio social equivale a devolver al consumidor al intercambio mercantil.

Si las empresas utilizaran más las normas sociales con sus trabajadores se darían cuenta de que la lealtad hace que las personas sean más flexibles, preocupadas e interesadas por meter el hombro cuando se requiere. El dinero motiva de manera inmediata, pero resulta la forma más cara de motivar; las normas sociales, en cambio, marcan la diferencia a largo plazo y no sólo son más baratas, sino que son incluso más efectivas.

¿Por qué “caliente” significa mucho más caliente de lo que creemos?

Todos sabemos que los seres humanos actúan de manera distinta en los estados racionales e irracionales. De lo que no estamos muy conscientes es que, independientemente de que seamos “buenos”, nos quedamos cortos a la hora de predecir el efecto de la pasión en nuestra conducta. El autor realiza experimentos para identificar qué tanta diferencia hay en las decisiones que tomamos cuando estamos bajo los efectos de la excitación sexual, por ejemplo.

Pero podríamos suponer igualmente que otros estados emocionales (la ira, el hambre, los celos, etcétera) funcionan del mismo modo, convirtiéndonos en unos extraños para nosotros mismos. Y lo que descubre es que la variación es notable: este es el fenómeno de Dr. Jekyl y Mr. Hyde.

Por tanto evitar las tentaciones es más fácil que luchar contra ellas. Chollo. O bien les ayudamos a nuestros adolescentes a decir no, antes de que la tentación se afiance, o bien, hacemos que estén preparados para afrontar las consecuencias de decir sí, cuando se ven arrastrados por la pasión (procurando, por ejemplo, llevar siempre un preservativo encima).

¿Por qué no podemos obligarnos a hacer lo que quisiéramos hacer?

Por desidia: renunciamos a nuestros objetivos de largo plazo por una gratificación inmediata. Cuando no se dan alternativas para que hagas lo que tienes que hacer es cuando más probabilidades tienes de lograrlo. Pero eso suele ser violento o impositivo. La mejor opción quizás es dar a las personas la oportunidad de comprometerse de entrada con su vía de acción preferida para que sea cada quien el que se autoimponga los límites o los plazos para lograr, ahorrar, ponerse a dieta o hacer sus exámenes médicos preventivos.

El autor, incluso, nos cuenta de cuando fue a proponer la tarjeta de crédito auto controlable a un banco muy importante de Nueva York para que los consumidores gastaran menos y pudieran ahorrar más. Pero, ante la negativa del cliente, constató también que quizás su proyecto no fuera rentable porque significaría para los bancos renunciar a 17 mil millones de dólares al año por concepto de intereses con tarjetas sobregiradas.

¿Por qué sobre valoramos lo que tenemos?

El autor reconoce tres rarezas irracionales de nuestra naturaleza humana con respecto a la propiedad.

La primera es que nos enamoramos de lo que ya tenemos.

La segunda es que ponemos más atención a lo que podemos perder que a lo que podemos ganar. Esto hace que, junto con la carga emocional anterior, nos cueste mucho trabajo desprendernos de algo que consideramos de nuestra propiedad. Y por tanto, si tenemos que transferir o vender, estipulamos el precio mucho, muy alto comparado con el precio que estaríamos dispuestos a pagar por eso mismo.

Y es que, además, tercera rareza, suponemos que los demás verán la transacción desde la misma perspectiva que nosotros (sobre todo con la misma carga emocional). Por ejemplo, voy a vender mi auto y me doy cuenta que el comprador no siente lo mismo que yo con respecto a ese mismo vehículo. 

Por lo que se refiere a la propiedad misma, también generamos rarezas como la de atribuirle un mayor sentimiento de propiedad a aquello en lo que hemos empleado más trabajo que en lo que no nos costó nada en este sentido. Le llama efecto Ikea, a este efecto que ejerce en nosotros todo aquello que tuvimos que armar (un mueble, un librero, una cama, etc.,) por nosotros mismos.

También ocurre que a veces empezamos a experimentar el sentimiento de propiedad aun antes de que poseamos algo. Las subastas online son un ejemplo interesante de cómo una subasta, cuando se prolonga en el tiempo, surte una influencia mayor en la propiedad virtual de los participantes que hace que ellos pujen mucho más de lo que estaban dispuestos al principio de la subasta.

La publicidad, que tiene mucha conciencia de la influencia que tiene en nosotros la propiedad virtual, hace promociones de “prueba” para lograr, primero, que nos sintamos atraídos por la propiedad de un objeto, aún antes de adquirirlo.

Después de la prueba, será muy difícil para nosotros negarnos a la transacción.

El chollo de Ariely es el que seamos capaces de aprender a ver cada transacción como si uno no fuera el propietario, marcando siempre cierta distancia entre uno mismo y el objeto por el cual se interesa uno como comprador. De esta forma estaremos en posibilidad de equivocarnos menos, sobre todo en aquellas transacciones de gran envergadura.

¿Por qué las opciones nos distraen del principal objetivo?

Dado un escenario simple y un objetivo claro (por ejemplo, ganar dinero) todos nos revelamos absolutamente expertos en buscar la fuente de nuestra satisfacción. Pero cuando tenemos dos o más opciones, todo se nos complica de tal manera que comenzamos a perder energía valiosa en mantener nuestras opciones en lugar de elegir una de ellas.

Esto es lo irracional:

¿Cuántas veces hemos comprado algo que estaba de rebaja no porque realmente lo necesitáramos, sino porque sabíamos que, al final de las rebajas, todos aquellos artículos habrían desaparecido y ya no podríamos volver a tenerlos al mismo precio?

¿Qué tienen las opciones que tantas dificultades nos plantean?

¿Por qué nos sentimos obligados a mantener el mayor número posible de puertas abiertas, aunque ello nos cueste mucho?

Corriendo de aquí para allá entre cosas que podrían ser importantes, nos olvidamos de dedicar el tiempo suficiente a lo que ciertamente lo es. Lo que necesitamos pues, es empezar a cerrar puertas, conscientemente. Las debemos cerrar porque nos roban energía y capacidad de compromiso con otras que deberían, quizás, quedar abiertas; y también porque acaban por volvernos locos.

Debemos de tener en cuenta para ello, las consecuencias de no decidirse. Y caer en la parálisis de la indecisión que de cualquier manera es una decisión: normalmente la peor, porque no obtenemos nada de nada.

Mi lista no pretende ser exhaustiva, sino sólo indicativa para que sea el lector el que disfrute cada uno de los experimentos de este divertido profesor. Las creencias y expectativas, los placebos, el poder de sugestión del consumidor, etc., también influyen en los precios que estamos dispuestos a pagar y que, en más ocasiones de las que nos imaginamos, son coherente y sistemáticamente irracionales.

Finalmente, ¿Por qué somos deshonestos y qué podemos hacer al respecto?

El autor constata algo que ya sabíamos, pero no hemos reflexionado de manera suficiente: cuando tienes la oportunidad de hacer trampas es muy posible que hagas trampas. Dado que las personas suelen analizar la relación costo-beneficio en relación a su honestidad, pueden también realizar un análisis de la relación costo - beneficio ante la posibilidad de ser deshonesto. Si Adam Smith era de la idea de que la honestidad es realmente la mejor política, especialmente en los negocios tratar con dinero nos hace más honestos que si nos mantenemos alejados del mismo.

Si dejáramos un objeto deliberadamente olvidado en un lugar público, por ejemplo, en una universidad, ¿Cuánto tiempo tardaríamos en darlo por perdido definitivamente?

Ariely hizo el experimento y observó que en Estados Unidos se tarda 72 horas.

¿Pero, y si deja deliberadamente dinero?

Gran parte de la deshonestidad dice Ariely, implica hacer trampas con algo que se halla cuando menos a un paso de distancia del dinero en efectivo. Las empresas hacen trampas con sus prácticas contables; los ejecutivos hacen trampas manipulando las fechas de sus opciones sobre acciones; los grupos de presión hacen trampas financiando fiestas a los políticos; las empresas farmacéuticas hacen trampas pagando a los médicos y a sus esposas vacaciones de lujo.

“Nadie hace trampa con dinero en efectivo”. Resulta mucho más fácil hacer trampas cuando no hay que tratar directamente con dinero. El dinero dejado en una universidad se lo llevaron mucho después de las 72 horas.

Aunque esto no sea exacto en el contexto mexicano, podemos pensar que la gente quizás hace trampas cuando tarde o temprano reditúe en algo. Cuando la gente da los recibos de sus gastos al departamento contable se aleja del acto deshonesto y aumenta la probabilidad de que mande recibos de cuestionable validez. Es decir, no importa si somos personas buenas o de recta moral cuando estamos expuestos a cometer una trampa.

Más bien depende del contexto en el que nos desenvolvemos lo que, en ocasiones, nos hace propensos a hacer trampas. Sin pretender resolver el tema moral, Ariely, profesor del MIT, nos proporciona en esta obra 13 capítulos divertidos y directos sobre investigaciones empíricas acerca de la toma de decisiones orientadas al comportamiento económico. Logra poner elementos para hacernos pensar en una clave diferente: es fácil crear hábitos de consumo, pero muy difícil renunciar a ellos.

En Estados Unidos, por ejemplo, los beneficios derivados de las tarjetas de crédito aumentaron de 9 mil millones de dólares en 1996 a 27 mil millones en 2004 y se calcula que para el 2010 las nuevas transacciones electrónicas moverán un volumen de 50 mil millones de dólares, casi el doble de la cifra procesada por Visa y Master Card en 2004 (McKinsey and Company, “Payments: Charting a Course to Profits”, diciembre, 2005).

Algo nos debe de decir este dato preocupante.

Dan Ariely, Las trampas del deseo, 2008, Barcelona, Ariel. 282 p. Traducción de Francisco J. Ramos.  


 Fernando Caloca Ayala. Estudios 96, vol. IX, primavera 2011. Proyecto Síntesis, S.C.

viernes, julio 07, 2017

jueves, julio 06, 2017

 ¿Quién pondría en duda que el mundo necesita un nuevo modelo económico?


Tenemos que hallar la manera de satisfacer las necesidades básicas del planeta y todos sus habitantes con lo que la Tierra produce. Se han adoptado muchas medidas importantes en el marco del movimiento en pro de la sostenibilidad y la ecología; no obstante, es preciso buscar soluciones que nos permitan dar un importante salto hacia adelante.

Los modelos económicos del pasado han colapsado y la Economía Ecológica ha sido la única respuesta sería. No obstante, si bien ha repercutido en productos específicos en mercados específicos, como el comercio justo del café y el té, aún le queda por reconfigurar la totalidad de nuestro sistema.

El principal desafío consiste en que exige que las empresas aumenten las inversiones, y los consumidores paguen más. Esto es válido y justificado cuando la economía mundial está en proceso de expansión y el desempleo disminuye, o cuando los principales agentes del mercado cuentan con recursos financieros suficientes. Pero resulta difícil cuando la demanda desciende y la confianza del consumidor disminuye, y aún más difícil cuando las personas se percatan de que sus empleos corren peligro.

Ha llegado el momento de adoptar un amplio conjunto de innovaciones que aprovechen lo ya logrado y para lo que se han determinado parámetros de referencia en todo el mundo. Durante decenios hemos venido copiando la genialidad del diseño de la naturaleza, como el Velcro, que imita la técnica de adhesión de las semillas de bardana, o la autolimpieza de la flor de loto. Ahora las sociedades deben avanzar del romance con las especies a la inspiración pragmática en los ecosistemas.

Con demasiada frecuencia en el actual movimiento en pro de la sostenibilidad, la sustitución de un producto o proceso por otro no ha tenido las consecuencias deseadas. La utilización del maíz como materia prima tanto para los biocombustibles como los bioplásticos ha incrementado el costo del cereal, lo cual ha puesto en peligro la seguridad alimentaria para millones de personas, y ha estimulado a la industria a que adopte controles genéticos para obtener producciones estandarizadas y predecibles. La utilización del aceite de palma para jabones biodegradables ha destruido inmensas superficies de bosques pluviales y el hábitat del orangután. El apetito por los hongos shiitake, un delicioso y delicado sustituto de la proteína animal, ha incrementado la tala de árboles de roble, sobre los cuales se desarrollan.

Asimismo, nosotros debemos evolucionar en nuestra búsqueda de la sostenibilidad, y desarrollar una Economía Azul más empresarial e innovadora.

Debemos trascender la sustitución de un producto o un proceso por otro, y en su lugar mejorar el sistema, y para ello abrir posibilidades para una nueva generación de empresarios que utilicen de manera sostenible lo que esté disponible para satisfacer las necesidades de la Tierra y todos sus habitantes.

Los ecosistemas brindan principios pragmáticos de diseño para la nueva economía. El primero de éstos se fundamenta en la observación de que toda materia y energía se transfiere en forma de cascada de una especie a otra.

Esa cascada de nutrientes supone la participación en los recursos disponibles a nivel local, mediante el empleo de todas las entidades contribuyentes, y la utilización del desecho de unas como recurso de otras.

[…] El segundo principio descansa en otra observación: que los ecosistemas se basan fundamentalmente en las leyes de la física y sólo de manera secundaria en la química. La física es predecible, como lo es la ley de la gravedad.

Seguir este principio nos posibilita reducir o eliminar el consumo de metales extraídos, minerales fundidos y sustancias químicas procesadas. Los mecanismos basados en la física desarrollados por cebras y termitas exhiben un mayor dominio del aire y control de la humedad que cualesquiera de nuestras actuales soluciones basadas en sistemas mecánicos y electrónicos.

Vemos esto en la escuela Laggarberg, en Suecia, según el diseño de Anders Nyquist, o el hospital de campaña en la Vichada, en Colombia, según el diseño del equipo de Las Gaviotas, en que el aire se refresca de manera natural y continúa sin necesidad de bombas, calentadores o refrigeradores de costo elevado.

Esas edificaciones demuestran que las inspiraciones basadas en la naturaleza pueden disminuir los costos de capital sencillamente mediante la explotación de las diferencias de presión. La dependencia en el aislamiento de base química se complementa, o incluso se reemplaza, mediante una comprensión más profunda de las leyes físicas, eliminándose en el proceso el uso insostenible de materiales y energía.

La misma lógica puede aplicarse a la generación de electricidad. Cada año las sociedades industrializadas arrojan 40 mil millones de baterías en vertederos tóxicos. No obstante, en todos los ecosistemas se generan corrientes pequeñas, pero apropiadas, sobre la base de diferencias de presión, acidez y temperatura.

Esas microcorrientes podrían ser demasiado pequeñas para reemplazar una central termoeléctrica de carbón en un futuro previsible, pero son suficientes para proporcionar un sustituto perfectamente viable para esos miles de millones de baterías desechables. Ello ha quedado demostrado por el Instituto Fraunhofer de Alemania, que ha creado satisfactoriamente un teléfono celular que genera electricidad a partir de la diferencia de temperatura entre el teléfono y el cuerpo del usuario, y convierte la presión ejercida por la voz en una fuente piezoeléctrica que suministra la energía para proyectarla.

Mediante políticas apropiadas para apoyar las investigaciones y el desarrollo, y estrategias de promoción que logren su puesta en práctica mediante mecanismos de mercado, esos materiales y métodos ofrecen abundantes oportunidades para acelerar su adaptación con miras a hacer frente a las apremiantes cuestiones de carácter mundial”.

Para ello será necesario efectuar los cambios que se proponen en el marco normativo de la Iniciativa sobre Economía Ecológica, del PNUMA. Eso, en combinación con la Economía Azul, inspirando a empresarios a cambiar el marco económico mediante modificaciones en los modelos empresariales ascendentes a partir de la base, brinda esperanza e inspira.  


                          http://www.unep.org/pdf/OP_Feb/SP/OP-2010-02-SP-FULLVERSION.pdf





Rediseñar el Planeta                

Gunter Pauli, con cientos de proyectos ha logrado demostrar                          que el desarrollo sostenible es posible a punta de innovación.


En días pasados, Gunter Pauli, reconocido economista belga y padre de la economía azul, visitó Colombia para hablarle a cientos de jóvenes e inspirarlos para generar cambios reales en su entorno. Habló con Semana Sostenible sobre los proyectos que tiene para nuestro país y nos compartió su gran labor en educación ambiental que llega a millones de niños en el mundo.

“Si quieres tener un cambio en una generación, lo primero es inspirar a los niños”, asegura Pauli. Su proyecto ha tenido resultados que hablan por sí solos. Mientras que en Curitiba (Brasil), en solo tres años, los niños llegaron a comprender procesos ambientales que ni siquiera están en los temarios académicos; en China se están educando a 10.000 niños en una iniciativa que involucra el trabajo de 5.000 bibliotecas y escuelas.

Pauli asegura que esta forma de aprendizaje alimenta los sueños de los niños para rediseñar el mundo y conlleva al deseo de aprender más. En la misma línea su libro La economía azul, que recoge 100 innovaciones ambientales de todo el mundo, propende por un cambio de modelo en la economía, guiada por la innovación y la creatividad. Todo esto bajo una apuesta educativa dirigida hacia las nuevas generaciones y que involucra un cambio en las reglas del juego “no con acciones a gran escala, sino con iniciativas pequeñas aplicadas de manera transversal”.

Semana Sostenible:
Bajo este nuevo paradigma educativo, ¿cómo formar mentes en ese pensamiento creativo?

Gunter Pauli: La ignorancia es el obstáculo, tenemos que lograr que los procesos de descubrimiento sean como los de un niño, que todo lo que conoce lo emociona

Semana Sostenible:
Esto quiere decir que ¿tenemos que cambiar el modelo educativo?

G.P.: Como eso es imposible, impulsamos miles de proyectos para emprender en paralelo. Dar espacio para que la gente crea que es posible. 

Semana Sostenible:
-¿Por qué en Colombia no se pueden implementar proyectos de educación ambiental de esta magnitud? 

G.P.: Los colombianos miran demasiado a los gringos y a los europeos. Creen que todo lo que hacen ellos está bien. Ustedes tienen que redescubrir el sui géneris latino. 

Semana Sostenible:
Hay otras generaciones que quieren el cambio pero están ante un sistema educativo tradicional. Usted ha sido un gran crítico de los MBA…

G.P.: Sí. Y yo tengo uno. Sin embargo, la educación actual responde a la posguerra de la Segunda Guerra. Requerimos  de una educación con capacidad de responder a las necesidades de todo el mundo. El MBA estaba bien en 1950, pero en 2020 se necesitará al Master of Brilliant Adaptations, alguien capaz de identificar las necesidades del entorno y encontrar soluciones con los recursos disponibles. 

Semana Sostenible:
 Y la naturaleza, ¿cómo entra en esta revolución?

G.P.: Tiene que ser nuestra maestra, en ella no hay desempleo, todos trabajan según sus capacidades, todos tienen una visión circular de la vida, todo es compuesto de todo. 

Semana Sostenible:
- Usted es un hombre pragmático. ¿Por qué el pragmatismo es necesario para la sostenibilidad?

G.P.: La emoción sola se queda en aplausos pero no se hace nada. Como diría mi gran amigo Paulo Lugari, fundador del Centro las Gaviotas, “la mejor manera de decirlo es hacerlo.” Se debe out compete: superar, mas no competir.

Semana Sostenible:
- ¿Cómo se logra Out compete en un mundo saturado de productos y servicios?

G.P.: Competir donde hay 500 empresas que dominan el mercado es perder. Tienes que ser tan superior que no haya chance para ellos.

Semana Sostenible:
¿Y cómo se cambia el mundo?

G.P.: Se hace tomando un paso a la vez, pero millones de veces en paralelo. No con el Big Bang, una gran revolución, ni con otro Rio +20. La única manera es hacer algo concreto, algo práctico, algo que inspire. Que niños de tres años comprendan que la manzana tiene que subir antes de caer. 

Semana Sostenible:
Esta competitividad de la que usted habla está consignada en su libro La economía azul ¿Cómo fue el proceso para escoger solo 100 ideas?

G.P.: Arrancamos con un proceso de lectura sobre innovaciones inspiradas por la naturaleza, que parecían un buen negocio y que habían sido publicadas en revistas científicas. Llegaron 2.300 propuestas que sometí a un comité de creativos. De estas salieron 300 que se evaluaron en comités de financieros, así llegamos a 120 y de allí las redujimos a 100. Estos casos me permitieron decir “vamos a empujar para asegurar más poder de compra en los estratos uno y dos”.

Semana Sostenible:
- ¿Estamos hablando de la reactivación de las economías locales?

G.P.: El estrato uno gasta 47 por ciento de sus ingresos en alimentos y otro 40 en transporte y otros gastos. 87 por ciento del ingreso va para otros, eso es pobreza garantizada para siempre. En los corredores de pobreza tener un crecimiento de doble dígito es la única salida.

Semana Sostenible:
Esto implica un trabajo fuerte en la base de la pirámide. ¿Cómo es ese proceso?

G.P.: Si hay una zona donde no hay nada, empezamos con lo que hay, de hecho si alguien dice que no hay nada es un ignorante, siempre hay algo

Semana Sostenible:
¿Tenemos el tiempo para lograr ese cambio? Hay expertos que dicen que no hay nada por hacer

G.P.: Si esperamos hasta que haya un presidente que vaya a cambiar todo no hay tiempo, porque este nunca llegará. Si esperamos hasta que los niños puedan ser mejores que su papá, todo puede ser posible. Necesitamos crear un espacio de libertad donde exista una conexión entre el cerebro y la emoción.









lunes, julio 03, 2017

ACUERDO PEDAGÓGICO
 GRUPO 10°2
 FILOSOFÍA
 2° PERIODO 2017



ACUERDO PEDAGÓGICO
 GRUPO 10°1
 FILOSOFÍA
 2° PERIODO 2017


  


MALLA  CURRICULAR  
FILOSOFÍA
 GRADO 11°
 2° PERIODO 2017



MALLA  CURRICULAR  
FILOSOFÍA
 GRADO 10°
 2° PERIODO 2017



MALLA CURRICULAR  
ECONOMÍA y POLÍTICA 
GRADO 11°
 2° PERIODO 2017



MALLA CURRICULAR  
ECONOMÍA y POLÍTICA 
GRADO 10°
 2° PERIODO 2017








ACUERDO PEDAGÓGICO  
FILOSOFÍA
 GRUPO 11°1
 2° PERIODO 2017




ACUERDO PEDAGÓGICO  
ECONOMÍA y  POLÍTICA
 GRUPO 11°2
 2° PERIODO 2017






martes, junio 20, 2017

'El diario de  Myriam', o la guerra siria contada por una adolescente de 13 años


La joven retrató los eventos que la sumieron en el conflicto que consume a su país y la convirtieron en una refugiada en su propia patria en un cuaderno de unas cincuenta páginas. Su texto, en árabe, fue traducido en francés y acaba de ser publicado por la editorial Fayard.

Por Thibauld Malterre / AFP    -   Revista arcadia

La siria Myriam Rawick, de 13 años, tuvo que huir de su barrio, sufrió bombardeos y se convirtió en refugiada en su propia ciudad. Una pesadilla de cinco años que cuenta en un diario.

El diario de Myriam, cuenta la guerra siria vista por una niña de una familia cristiana modesta, de origen armenio, cuya vida se vio alterada por "cosas de grandes".

Escribió todo lo que vio, entre eslóganes revolucionarios pintados en los muros, manifestaciones contra el gobierno, el secuestro de su primo, el bloqueo y los combates.

"Cuando la guerra comenzó, mi madre me sugirió escribir un diario. En él contaba todo lo que hacía en el día. Me decía que un día lo releería y recordaría todo lo que ocurrió", cuenta la joven en una entrevista en París con la AFP. 

Cuando en diciembre 2016 el periodista francés Philippe Lobjois escuchó hablar sobre ella y su diario, un cuaderno de unas cincuenta páginas en árabe, se dijo que era la ocasión de contar esta guerra desde adentro.

Su diario, que cubre el período de noviembre 2011 a diciembre 2016, fue traducido en francés y acaba de ser publicado por la editorial Fayard.

"Alepo era un edén"

Antes de convertirse en el principal campo de batalla de la guerra en Siria, Alepo, una de las ciudades más antiguas del mundo, rebosaba de tesoros declarados Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

"Alepo era un edén, era nuestro edén", cuenta Myriam, vestida con jeans y una camiseta en la que está escrito ‘love‘. Pero este edén se convirtió en un infierno.

Afirma que jamás podrá olvidar los siniestros días de marzo 2013, cuando "hombres vestidos de negro", rebeldes islamistas, le obligaron a ella y a su familia a abandonar su hogar.

"Me desperté por la mañana, escuché el ruido de objetos que estaban siendo arrojados, gente que gritaba ‘Alá Akbar’ (Dios es grande, en árabe). Sentí mucho miedo, tenía ganas de vomitar. Abracé muy fuerte a mi muñeca, le decía ‘no tengas miedo, no tengas miedo, estoy contigo", recuerda.

Azúcar para pasar el miedo

"Me apresuré para guardar mis libros en mi mochila, adoro los libros, no podía abandonarlos. Me puse dos chaquetas, una encima de la otra, para protegerme de las balas perdidas. En la calle vi a un hombre barbudo, vestido de negro, con un arma en la mano, tenía mucho miedo. Caminamos mucho hasta llegar a un barrio más seguro", en Alepo-Oeste, la parte de la ciudad bajo control del gobierno, que es regularmente blanco de bombardeos.
"Lo que más temía eran los misiles. Una noche, poco antes de ir a acostarme, el cielo se puso rojo y hubo un ruido ensordecedor. Un misil cayó en la calle junto a la nuestra. Para calmarnos nos daban azúcar, nos decían que nos ayudaría a pasar el miedo. ¡Pero yo no veía ninguna diferencia!", dice.
"Nos refugiamos donde una vecina, me instalaron en un colchón frente a una ventana, tenía mucho miedo, tenía miedo de la ventana, de los fragmentos de vidrio. No quería quedarme desfigurada". 
La capitulación de los últimos rebeldes en diciembre 2016 hizo que regresara una cierta normalidad en Alepo, aunque aún no se ha normalizado el servicio de agua y electricidad.
"Ya no tengo miedo de las bombas. He vuelto a mi infancia, vuelvo a jugar con los niños del vecindario", cuenta sonriente.
Desde que terminaron los combates solo ha regresado una vez a su antiguo vecindario. "Era como si mi corazón volvía a latir, recordaba todos los momentos que viví ahí. Había como un perfume de felicidad pasada. Pero no regresaría a vivir ahí".
La adolescente, que sueña con ser astrónoma "porque ama las estrellas", sigue escribiendo su diario. "No quiero olvidar lo que estoy viviendo ahora", explica.
http://www.revistaarcadia.com/agenda/articulo/la-guerra-siria-contada-por-una-adolescente-de-13-anos/64210

De tanto ahorrar en educación, nos hemos hecho ricos en  ignorancia

 Ignacio Mantilla Prada
 Rector Universidad Nacional

ACUERDO PEDAGÓGICO  
ECONOMÍA y  POLÍTICA
 GRUPO 10°2
 2° PERIODO 2017


miércoles, mayo 31, 2017

ACUERDO PEDAGÓGICO  
CIENCIAS SOCIALES 9°
 2° PERIODO 2017



jueves, mayo 11, 2017

ACUERDO PEDAGÓGICO  
CIENCIAS SOCIALES 
GRUPO 8°1
 2° PERIODO 2017














MALLA CURRICULAR  
CIENCIAS SOCIALES 
GRADO 9°
 2° PERIODO 2017
   





martes, mayo 02, 2017

MALLA CURRICULAR  
CIENCIAS SOCIALES 
GRUPO 8°1
 2° PERIODO 2017