miércoles, junio 08, 2016

La metáfora del viaje del héroe en la narración de nietos de  expresos políticos: la postmemoria de la prisión política y
tortura en Chile [ * ]
                                                                            Grado 11

        
Ximena Faúndez Abarca [**],  Fuad Hatibovic Díaz [***]

Revista de Estudios Sociales - RES
Facultad de Ciencias Sociales • Universidad de los Andes


Resumen

Este artículo analiza la postmemoria de nietos de expresos políticos encarcelados durante la dictadura cívico-militar chilena. En el estudio participaron catorce jóvenes con un promedio de 21,4 años de edad, provenientes de las regiones Metropolitana y de La Araucanía. Se utilizó el relato de vida como técnica de producción de información. Se realizó un análisis narrativo basado en los aportes interdisciplinarios provenientes de la teoría de la interpretación y la teoría del discurso. Los resultados del análisis permiten identificar el uso de la metáfora del viaje del héroe en los relatos. Se discute la tensión en torno a las posiciones de víctima, testigo y héroe; y la necesidad de confirmar socialmente las experiencias de violencia política.

Palabras Clave: Dictadura cívico-militar, trauma psicosocial, postmemoria, metáforas (palabras clave de autor).

The Metaphor of the Hero´s Journey in the Narrative of Grandchildren of Former Political Prisoners: The Post-Memory of Political Imprisonment and Torture in Chile

ABSTRACT
This article analyzes the post-memory of grandchildren of former political prisoners who were imprisoned under the Chilean civic-military dictatorship. The participants in the study were 14 young people of an average age of 21.4 years, from the regions of Metropolitana and La Araucanía. The life story was the technique used for producing the information. A narrative analysis was done based on interdisciplinary inputs from the theory of interpretation and discourse theory. The results of the analysis made it possible to identify the use of the metaphor of the hero´s journey in the narratives. The tension with respect to the positions of victim, witness and hero is discussed, as well as the need for social confirmation of experiences of political violence.

KEYWORDS: Civic-military dictatorship, psychosocial trauma, post-memory, metaphors (Author’s Keywords).

A metáfora da viagem do herói na narração de netos de ex-presos políticos: a pós-memória da prisão política e tortura no Chile

RESUMO
Este artigo analisa a pós-memória de netos de ex-presos políticos encarcerados durante a ditadura cívico-militar chilena. Do estudo, participaram 14 jovens com uma média de idade de 21,4 anos, provenientes das regiões Metropolitana e de La Araucanía. Utilizou-se o relato de vida como técnica de produção de informação. Realizou-se uma análise narrativa baseada nas contribuições interdisciplinares provenientes da teoria da interpretação e da teoria do discurso. Os resultados da análise permitem identificar o uso da metáfora da viagem do herói nos relatos. Discute-se a tensão em torno das posições de vítima, testemunha e herói, e a necessidade de confirmar socialmente as experiências de violência política.

PALAVRAS-CHAVE: Ditadura cívico-militar, trauma psicossocial, pós-memória, metáforas (palavras-chave do autor).

Contexto histórico-político
El 11 de septiembre de 2013 se cumplieron cuarenta años del golpe de Estado en Chile. Con motivo de esta conmemoración se desarrollaron en el país diversas actividades que reactivaron a modo de aniversario emblemático, no sólo la fecha, sino múltiples interpretaciones del pasado reciente. Universidades, representantes de los poderes del Estado, organizaciones políticas, sociales y ciudadanas llevaron a cabo variados homenajes. Se realizaron seminarios, discursos, intervenciones culturales, recreaciones teatrales, liturgias, marchas, romerías en cementerios y frente a los monumentos que recuerdan a las víctimas de la dictadura.

La diversidad de manifestaciones e interpretaciones del pasado asociadas a la conmemoración de los cuarenta años del golpe de Estado indica que la memoria del pasado reciente en Chile, tal como plantea Lira, es “diversa, cambiante e imprecisa” (2013a, 14). Ésta se ha construido con base en “emociones y lealtades que forman parte de la historia e identidad de cada persona” (Lira 2013a, 14). Para algunos, plantea Lira (2013a, 14-15), la memoria es “un dramático relato familiar sobre lo sucedido a sus padres y abuelos durante la dictadura; mientras para otros es un relato familiar de miedos e incertidumbres asociados a los cambios políticos y económicos generados por la Unidad Popular”.

En 1973, tras el golpe que derrocó al gobierno de Salvador Allende, la Junta de Gobierno, compuesta por las instituciones armadas y de orden, asume primero el poder ejecutivo, luego el constituyente y el legislativo. El poder judicial mantuvo en apariencia su autonomía, sin embargo no tenía las facultades para controlar el ordenamiento jurídico (Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación 1991). En 1981, Augusto Pinochet, Comandante en Jefe del Ejército, dejó de integrar la Junta de Gobierno y asumió la Presidencia de la República. La Junta Militar se mantuvo en sus funciones hasta el 11 de marzo de 1990 (Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación 1991).

Durante todo el período de la dictadura se aplicó una política represiva sistemática y masiva, de carácter institucional, que perseguía el exterminio de la izquierda chilena, calificada como el “enemigo interno”. La represión se justificaba en nombre de la “salvación de la patria”, en un contexto que deshumanizaba a las víctimas, transformándolas en terroristas, subversivos y seres sin derechos (Lira 2013b).

La dictadura desplegada será en apariencia de tipo únicamente militar, y años más tarde se nota la importante participación de los civiles en el proceso. Investigaciones del poder judicial sobre casos de violaciones a los derechos humanos han permitido establecer una nueva conceptualización que hace referencia a una dictadura cívico-militar.[1] Esta denominación busca distinguir el importante rol que tuvieron parte de la sociedad civil y la derecha política en el gobierno de facto (Faúndez y Azcárraga 2014). El Gremialismo [2] y los llamados Chicago Boys[3] sentaron las bases ideológicas de la dictadura, fundada en un semiautoritarismo político, una economía liberal, una sociedad jerarquizada y una cultura conservadora (Gazmuri 1999). Además, durante la dictadura muchos civiles colaboraron mediante la delación de militantes y simpatizantes de partidos de izquierda o participando directamente en las torturas (Faúndez y Azcárraga 2014).

Prisión política, tortura, muerte y desaparición modificaron las reglas sociales previas, la representación colectiva sobre la política, lo político, el Estado y la permanencia de las leyes como pautas referenciales de la vida social (Castillo 2013). De esta forma, la violencia sostenida durante los diecisiete años de dictadura introdujo la dimensión de lo siniestro como una cualidad de la realidad social (Lira y Castillo 1991).

Transcurridos cuarenta años del golpe, el Estado ha reconocido un total de 38.254 casos de privación de libertad por razones políticas ocurridos entre 1973 y 1990 (CNPPT 2004; Comisión Presidencial Asesora para la Calificación de Detenidos Desaparecidos, Ejecutados Políticos y Víctimas de Prisión Política y Tortura 2011). Cifra que sólo representa los casos calificados de personas que asistieron voluntariamente a declarar a ambas comisiones. De éstos, el 94% señaló haber sido víctima de tortura, siendo sus testimonios coincidentes con los métodos, los lugares y los organismos a los que pertenecían los responsables de la violencia (CNPPT 2004).

La tortura es una forma extrema de violencia, compuesta de actos premeditados y planificados, e involucra tanto ataques de naturaleza física como psíquica (Deutsch 2007). Su objetivo es destruir las creencias y convicciones de la víctima, alterando las características constitutivas de su identidad (Améry 2010). También tiene efectos a nivel social, al librar un mensaje de advertencia a la población para mantenerla dominada y propiciar una atmósfera de amenaza permanente para consolidar el poder (Deutsch 2007). En Chile, los sobrevivientes de la tortura debieron regresar a la vida familiar y social, en un contexto afectado por el silencio y la negación de la violencia política, así como por la impunidad de militares y civiles autores de estos hechos (Faúndez y Cornejo 2010). Esto generó, tanto en las víctimas directas como en su medio familiar y social más amplio, efectos que permanecen a través del tiempo.

La complejidad de la Prisión Política y Tortura (PPT) se hace evidente en la insuficiencia de las categorías clínicas para dar cuenta de la problemática de las víctimas. Esto llevó a los profesionales de salud mental a reemplazar estas categorías por el concepto trauma psicosocial, propuesto por Martín-Baró (1989), el cual señala que tanto el origen como las consecuencias del trauma se encuentran en las relaciones sociales. Esta conceptualización permitió la comprensión etiológica y la aproximación a los síntomas, al reconocer la dimensión sociopolítica de la violencia, y al individuo en su dimensión social (Faúndez, Cornejo y Brackelaire 2014).

El presente trabajo busca comprender cómo el trauma psicosocial provocado por el golpe de Estado se integra en la postmemoria de los nietos de víctimas de PPT de la dictadura cívico-militar chilena. Específicamente se analiza e interpreta la estructura del discurso construido por los nietos en torno a la experiencia de PPT, donde emerge, tras el análisis narrativo de los relatos de vida, el uso de la metáfora del héroe como recurso lingüístico recurrente. La metáfora del héroe surgió en forma explícita -metáforas ilustrativas- e implícita -metáforas estructurales—, facilitando la exploración de un tema complejo para los nietos, tanto en su vivencia como en su expresión.

Postmemoria del trauma psicosocial

Maurice Halbwachs es un autor clásico en el campo de estudio de la memoria. Esto se debe principalmente al desarrollo del concepto memoria colectiva. Para Halbwachs (1925), la memoria se construye a través de marcos sociales, los que entiende como instrumentos que permiten articular los recuerdos, dotándolos de sentido. El tiempo es uno de estos marcos. Así, la memoria del pasado se construye y reconstruye en el presente, motivada por objetivos actuales y con vistas al futuro (Halbwachs 1950). Decir que la memoria se construye y reconstruye significa que recordar es un proceso activo y dinámico. Por lo tanto, es posible afirmar que la memoria es producto de la interrelación constante de los eventos y los discursos sociales que se construyen sobre éstos.

Para Calveiro (2004), la memoria es siempre un relato social que articula voces distintas. La memoria social hace evidentes la contradicción, la diferencia y la polémica como elementos que permiten la construcción de dimensiones complejas. Según Calveiro (1998), en toda memoria hay una irrecuperabilidad y una indecibilidad que impiden traducir la vivencia al lenguaje. Sin embargo, lo indecible se hace más obvio frente a experiencias de violencia extrema y trauma psicosocial, que son básicamente inenarrables. Se trata de eventos que, por su naturaleza, pueden despertar emociones intolerables, y al no encontrar traducción en palabras, se manifiestan a través del silencio (Kaës 2006; Peris 2005; Puget 2006).

La memoria del pasado traumático es dinámica, cambia a través del tiempo junto a las generaciones. Según Aróstegui (2006), una nueva generación construye nuevas memorias del pasado, ya que son otras las exigencias del presente. Para Reyes (2009), esto ocurre porque cada generación introduce interpretaciones diferentes, debido a la la dialogía [4] intergeneracional. Para esta autora, la memoria es una construcción dialógica porque recordar es una forma de responder a un otro.

Mariane Hirch (1998 y 2012) denominó a este fenómeno postmemoria. Este concepto hace referencia a aquello que recuerdan acerca del Holocausto las generaciones que no habían nacido cuando ocurrió este evento. Relación que se encuentra mediada por los relatos, imágenes y comportamientos del contexto familiar. Pero estas experiencias fueron transmitidas tan profunda y afectivamente que parecen constituir recuerdos propios. El concepto se aplica no sólo a las memorias individuales de los hijos de los supervivientes, sino también al proceso más amplio de memoria social o colectiva. Ésta se distingue de la memoria personal por la distancia generacional; y de la memoria histórica, por una profunda conexión personal. El prefijo post-, más que señalar el retraso de una ubicación temporal, apunta a una secuela.

Hirch (2008) plantea que las fotografías, los objetos y relatos familiares cumplen un rol principal en la transmisión transgeneracional de las experiencias traumáticas. La postmemoria, según Hirch (1998), implica que la naturaleza de la memoria está mediatizada en sí misma, nunca es transparente, ni corresponde a las representaciones anteriores. La noción de postmemoria subraya la imposibilidad de una relación directa entre el pasado y el lenguaje, la imagen o los objetos. La postmemoria se despliega como parte de un proceso continuo de intertextualidad y traducción; es una constante interrogación sobre la naturaleza del original.

La relación de la postmemoria con el pasado no se encuentra mediada por la experiencia del testigo, sino por la imaginación, proyección y creación. Esta memoria es distinta a la de los testigos y participantes contemporáneos de los hechos. Es transmitida de forma indirecta a través de fragmentos de eventos traumáticos que desafían la reconstrucción narrativa y exceden la comprensión. Está constituida por hechos que ocurrieron en el pasado, pero cuyos efectos persisten en el presente (Hirch 2012). El concepto postmemoria es útil para comprender los relatos de los nietos de los Expresos Políticos (ExPP) chilenos. Cabe destacar que los nietos que participaron en el estudio, pese a no haber nacido cuando ocurrieron los hechos, integran en sus narraciones descripciones muy detalladas asociadas a la experiencia de PPT (Faúndez 2013, 72-73).

La metáfora como recurso para interpretar la realidad social

Para la retórica, la metáfora es un tropo, una figura que regula la acción de dar un nombre. Según Aristóteles, en la Poética, la metáfora es “la transposición de un nombre a una cosa distinta; transposición que puede ser del género a la especie, de la especie al género, de la especie a la especie o por una relación analógica” (Aristóteles 1985, 293). En la Retórica (Aristóteles 1989), incluye la comparación explícita como una metáfora prolongada. Esta definición retórica de la metáfora como una sustitución por semejanza de un sentido literal por un sentido figurativo no incluye innovación semántica alguna. Es traducible, y no cambia si se usa el original sentido literal. Al no entregar información nueva sobre la realidad, no tiene una función cognoscitiva en el discurso, sino emotiva.

Sin embargo, la teoría de la metáfora cambió durante el siglo XX (Ricœur 1995). La expresión metafórica ya no es la mera sustitución del sentido literal por el figurativo, sino que expresa una tensión entre dos interpretaciones, generando un nuevo sentido del que la retórica clásica sólo ve el resultado. La metáfora es considerada una estructura propia e indispensable de la comprensión humana, cuya función primaria es la interpretación de una cosa en función de otra, lo cual posibilita que se pueda captar el mundo figurada e imaginativamente (Lakoff y Johnson 2009).

Para Ortega y Gasset (1957, 387), la metáfora es “un instrumento mental imprescindible, es una forma de pensamiento científico […], un procedimiento intelectual por cuyo medio conseguimos aprehender lo que se halla más lejos de nuestra potencia conceptual”. En palabras de Domènech (2013), el propósito cognitivo de la metáfora es comprender un ámbito de la realidad desconocido a nuestra experiencia a partir de un dominio más conocido.

Las expresiones metafóricas abundan en toda lengua, incluso muchas cosas no se pueden decir sino es metafóricamente (Millán y Narotzky 2009). Un estudio muestra que los jóvenes chilenos usan principalmente metáforas bélicas para referirse a la acción política. Por ejemplo, mediante el uso de la metáfora de “David contra Goliat” se refieren a la lucha política desigual dentro del propio movimiento estudiantil (Hatibovic y Sandoval 2015).

Las metáforas se han clasificado de distintas maneras (Jociles 2005; Lakoff y Johnson 2009; Zalpa 2014). Jociles (2005) establece que se puede distinguir entre metáforas estructurales y metáforas ilustrativas. Las metáforas ilustrativas son recursos retóricos que se utilizan para explicar o aclarar ideas o puntos de vista determinados, mientras que las metáforas estructurales, implícitas en el discurso, correlacionan la estructura de dos conceptos, afectando la constitución misma del discurso. Estas metáforas organizan la realidad, y, al pensar con ellas, se describe y se actúa en términos metafóricos.

Impregnan la vida cotidiana, no solamente a través del lenguaje, sino también del pensamiento y la acción. Esto se debe a que “nuestro sistema conceptual ordinario, en términos del cual pensamos y actuamos, es fundamentalmente de naturaleza metafórica” (Lakoff y Johnson 2009, 39). En este sentido, muchas metáforas, a fuerza de ser repetidas, se convierten en expresiones coloquiales o lugares comunes en los que la función metafórica deviene implícita -por ejemplo, el brazo de la silla o encontrarse en un callejón sin salida- (Carrillo 2003). Éstas no sólo sirven al propósito de develar un aspecto de algo acudiendo a un atributo propio de otra cosa, sino que permiten responder de un modo coherente a una serie de interrogantes (Uribe 2009).

Se insertan y desarrollan en un contexto cultural. Los valores fundamentales de una cultura son coherentes con la estructura metafórica de los conceptos fundamentales de la misma (Lakoff y Johnson 2009). La influencia del contexto cultural resta sentido universal a las metáforas. Esto se debe, en primer lugar, a que la percepción de semejanzas depende de códigos culturales. Y en segundo lugar, a que en el seno de una misma cultura las metáforas pueden referirse a semejanzas reconocidas o a semejanzas no advertidas con anterioridad entre objetos que aparentemente son diferentes por completo (Zalpa 2014). Pese a ello, hay metáforas que están presentes en diversas culturas de distintas épocas, arquetipos identificables en relatos, mitos y religiones. Una de ellas, desarrollada por Campbell (1972), es la metáfora del héroe, antecedente relevante para el presente estudio.

Campbell (1972) identifica un patrón narrativo en mitos y leyendas populares de culturas y religiones diversas, al cual denomina la aventura del héroe, que se resume en la tríada partida- iniciación-regreso, unidad nuclear que conforma elmonomito. Según Campbell (1972), el héroe es concebido como aquel hombre o aquella mujer que ha sido capaz de combatir y triunfar sobre sus limitaciones históricas, personales y locales. El héroe debe superar distintas etapas en su epopeya. Cada etapa presenta exigencias y pruebas de vida que dan a su aventura un carácter legendario.

Tras abandonar su mundo, el héroe debe acudir a una zona desconocida donde el peligro puede ser simbolizado de formas distintas: una tierra distante, un bosque, un reino subterráneo, un mundo bajo las aguas, una isla secreta o la cima de una montaña. Siempre corresponde a un lugar poblado de seres extraños y tormentos inimaginables. En algunos casos, el héroe necesita ser asistido por el mundo exterior para el regreso de su epopeya. Es decir, necesita ser rescatado por el mundo que él ha abandonado. Una vez de regreso entre los hombres, el héroe tiene la tarea de enseñar las lecciones que ha aprendido sobre la renovación de la vida (Campbell 1972).

Durante el siglo XIX, los historiadores hispanoamericanos adoptaron las convenciones narrativas europeas. Por esto, en Chile, al igual que en el resto de Latinoamérica, el mito del héroe permeó la enseñanza de la Historia de Chile (Colmenares 2006). Este mito ha sido cultivado principalmente por la corriente historiográfica positivista que busca proyectar los valores del liberalismo político. A través de la imagen del héroe patrio se exacerban en los procesos instructivos la competencia, la acción y la agencia individual. Este antecedente permite comprender cómo la metáfora del héroe impregna la vida cotidiana de niños y jóvenes desde temprana edad.

Un estudio cualitativo con enfoque biográfico

El estudio utilizó metodología cualitativa con diseño exploratorio y analítico-relacional. El carácter exploratorio se debe a que en Chile no existen estudios sobre la postmemoria de la dictadura en terceras generaciones, y a que específicamente la tortura y sus efectos a largo plazo no han sido un objeto común de estudio (Faúndez y Cornejo 2010). El carácter analítico relacional se debe a que la investigación estaba orientada a construir un modelo comprensivo respecto a la postmemoria y transgeneracionalidad del trauma psicosocial en nietos de ExPP.

Los participantes fueron catorce nietos de ExPP -ocho mujeres y seis hombres-, con un promedio de 21,4 años de edad y catorce años de escolaridad. Ocho participantes provienen de la región Metropolitana, y seis, de la región de La Araucanía. Todos los participantes pertenecen a un nivel socioeconómico medio. En diez casos, el familiar ExPP era un abuelo; en tres casos, era más de un abuelo y/o abuela; y en un caso, era la abuela. En cuatro de los catorce casos, el abuelo ExPP había fallecido con anterioridad a la realización del estudio. En todos los casos, el abuelo ExPP u otro miembro de la familia participaban en alguna agrupación de derechos humanos.

Se utilizó el relato de vida como técnica de producción de información, definido como una narración oral que un sujeto hace de su vida (Cornejo 2006). Esta técnica permite un acercamiento diacrónico a los sujetos y sus contextos, mediante la incorporación del tiempo, los procesos y las trayectorias en las narraciones biográficas. Y es la técnica privilegiada por el Enfoque Biográfico (Sharim et al. 2011).

Para comenzar la construcción de los relatos se usó una consigna inicial común con todos los participantes. Esto permitió la construcción de la postmemoria de los nietos en relación con la historia de PPT del abuelo o los abuelos. La consigna fue la siguiente:

“Cuéntame tu historia de Vida como nieto/a de una persona que sufrió prisión política, durante la dictadura militar chilena. Tómate el tiempo que tú quieras para esto. No te haré preguntas por ahora, sólo tomaré nota de aquellas cosas que te preguntaré más tarde, si alcanzamos hoy día, o si no en el segundo encuentro”.

El contacto y reclutamiento de los participantes se realizaron en dos etapas. Primero, mediante el acercamiento a informantes clave, líderes de agrupaciones de ExPP y de derechos humanos. Los informantes no tenían trato directo con los nietos, por lo que a través de sus abuelos o padres obtuvieron sus nombres y teléfonos. Luego se tomó contacto directo con los potenciales participantes, informándoles acerca de la realización del estudio e invitándolos a participar.

Con cada participante se realizaron tres encuentros, cada uno con una duración de entre sesenta y noventa minutos. Las sesiones fueron llevadas a cabo por la investigadora, no-directivamente, disponiendo de una escucha amplia, cálida y empática (Cornejo, Mendoza y Rojas 2008). Los narradores firmaron un consentimiento informado en el que autorizaron la grabación de cada encuentro.

Dado el carácter dialógico del relato de vida, y debido a que el tema del estudio es sensible y puede generar emociones tanto en los participantes como en los investigadores (Lee 1993), se decidió integrar las condiciones de producción y relación de interlocución (Cornejo, Besoaín y Mendoza 2011) en las etapas de producción, análisis e interpretación de la misma. Para ello se desarrollaron cuatro dispositivos de escucha, siguiendo las propuestas de Cornejo (2008) y Legrand (1999), que consideran la subjetividad de la interacción participante-investigadora y las condiciones físicas en que ésta se lleva a cabo.

El primer dispositivo es el cuaderno reflexivo, donde la investigadora tomaba notas relativas a la relación de interlocución y a las condiciones de producción de los relatos. El segundo corresponde a las notas de campo de los asistentes de investigación, realizadas durante la escucha y transcripción de los relatos, en relación con el proceso de narrar y la interacción entre participante e investigadora. El tercero corresponde al proceso de interanálisis, desarrollado en reuniones de la investigadora con los tres asistentes de investigación. En estas reuniones se analizaron los aspectos transferenciales y contra-transferenciales implícitos en la relación de interlocución. El cuarto dispositivo correspondió a la producción del relato de vida de la investigadora en relación con su propia historia de la dictadura. Esto se hizo una vez terminada la fase de producción de datos, en formato oral, y guiado por una psicóloga de la Université Catholique de Louvain, durante una pasantía desarrollada por la investigadora en dicha institución.

En una primera etapa, que denominamos singular, se analizó multidimensionalmente cada caso. Para ello se usó una pauta de análisis singular de construcción ad hoc (Faúndez 2013, 157-159), basada en los aportes interdisciplinarios provenientes de la teoría de la interpretación (Ricœur 1995) y la teoría del discurso (Jofré 1990).

Paul Ricœur (1995) propone un proceso dialéctico para la interpretación del discurso. Conjetura y validación son los dos polos del juego dialéctico que permiten la comprensión. Las conjeturas corresponden a las hipótesis, ideas a priori que el investigador tiene acerca de su objeto de estudio. Las conjeturas deben ser validadas por el objeto de estudio. En este caso, las hipótesis de trabajo se fueron construyendo a medida que se producían los relatos de vida, y se fueron incorporando en la pauta de análisis singular en forma de ejes analíticos.

Manuel Jofré (1990) desarrolla una propuesta de análisis narrativo sistematizando un conjunto de conceptos analíticos heredados de distintas escuelas críticas. Divide el análisis en cuatro grandes ejes: el hablante, el lenguaje, el mundo y el destinatario. La aplicabilidad de este tipo de análisis al relato de vida es posible debido a dos factores: 1) El relato de vida es una diégesis, el participante es un hablante, la historia de vida contada es un mundo y la investigadora que escucha el relato es un destinatario y; 2) La transcripción del relato de vida permite el acceso textual al relato de vida.

Uno de los ejes principales de análisis fue el lenguaje usado por los nietos. Se analizó en cada caso el uso de formas simbólicas -metáforas, emblemas o alegorías-. Esto permitió indagar la adecuación de las categorías preliminares y desarrollar nuevas categorías. En esta etapa fueron considerados como dato no sólo el relato de vida, sino también el cuaderno reflexivo, notas de campo e interanálisis. De este modo, cada informe singular contenía información proveniente de todas las etapas del proceso, lo que otorgó mayor densidad analítica.

En una segunda etapa, los informes singulares de cada caso fueron analizados de manera transversal, a partir de un proceso de conceptualización, reducción y relación de los datos basado en la grounded theory (Glaser y Strauss 1967). Esto permitió la construcción de ejes e hipótesis transversales que respondieron las preguntas de investigación.

Resultados

Se presenta una parte de los resultados de un estudio mayor (Faúndez 2013). Específicamente, se muestra el uso de la metáfora del héroe en el relato de los nietos. La narración de los nietos sobre la PPT posee un sentido heroico, que destaca el esfuerzo y valentía del abuelo y la familia ante la amenaza de muerte. Esta narración se construyó con base en tres etapas: detención violenta, prisión política y tortura, y regreso del abuelo. La descripción de estos eventos, hecha por los nietos, coincide con las etapas descritas por Campbell (1972) en su análisis cultural de la aventura del héroe; a saber: partida, iniciación y regreso.

La detención de los abuelos es descrita como un acto sorpresivo y violento del cual es víctima toda la familia. La PPT es significada como una experiencia en que se somete a la persona a grandes dolores y sufrimientos inimaginables. El regreso del abuelo de la prisión política se encuentra supeditado muchas veces a la ayuda exterior, brindada en la mayoría de los casos por la cónyuge. El regreso es descrito por algunos nietos como el regreso a la vida. El abuelo vuelve a la vida, se integra a su familia, pero ya no es el mismo, la experiencia sufrida lo ha cambiado (Faúndez y Goecke 2015). El abuelo, ahora, es poseedor de un secreto, de un saber misterioso que mantiene en silencio.

A continuación se presenta la experiencia de PPT y su relación con las etapas del mito del héroe.

La detención del abuelo: la partida

La detención de los abuelos es descrita por los nietos como un acto sorpresivo y violento del cual es víctima toda la familia. Militares, carabineros u otros agentes del Estado irrumpen violentamente el domicilio en busca del padre de familia. Cualquier acto de oposición es castigado con golpes, insultos o amenazas por parte de los funcionarios armados. Tras el allanamiento se hace efectiva la detención del abuelo, y toda la familia queda sumida en el miedo y el desconcierto.

“Eh, bueno, que a él lo fueron a buscar a la casa un día, en esto, no sé, habrá estado, no sé si un par de horas o el día entero, escondido porque cuando estaba llegando a la casa vio el auto de los milicos. Entonces se fue como a la casa de unos vecinos y estuvo ahí escondido un rato y al final enfrentó la situación, fue a la casa y se lo llevaron. Estaba mi abuela, estaba embarazada y con dos hijos chicos. El mayor era mi papá, tenía como siete años. Y, a ver, este, bueno, se lo llevaron preso, estuvo tres meses, creo que mi abuela no sabía nada sobre él, dónde estaba, no sabía si estaba vivo o muerto, se esperaba cualquier cosa…”. (Mauricio, E1, 44)[5]

Después de la violenta detención, las familias pierden total contacto con sus seres queridos, quienes son trasladados, en muchos casos, a centros de detención clandestinos. Los nietos realizan descripciones muy detalladas del lugar donde ocurre la detención del abuelo. Especifican las características de objetos y personas presentes en el lugar cuando ocurren los hechos.

“[…] una noche, específicamente mis abuelos estaban en el negocio, que el negocio es abajo del restaurante y arriba tiene doce piezas […] Entonces todos vivían arriba […] Ya, entonces, una noche estaban, estaban todos acostados en el segundo piso y llegan los militares. Entran los milicos de una, así, así pero de la nada, sin explicación, como Pedro por su casa, pesca el libro de visitas, como que el registro de quienes, porque obviamente el registro de los que asistían era porque era, estaba […] Estaba tachado, por decirlo así, de ser socialista, o más extremista, comunista. Porque por lo mismo, se considera popularmente como de un mismo bando. Entonces acá pescan a mi abuelo, entra a la pieza de mi abuelo y lo sacan, lo sacan en pijamas, en calzoncillo y camiseta blanca, y no sabe nada…”. (Eduardo, E1, 11-17)

Los nietos señalan que sus abuelos, tras la pérdida forzada de libertad, deben enfrentar una amenaza constante de muerte. El escenario político en Chile, después del golpe de Estado, no garantizaba los derechos básicos de los prisioneros políticos, constituía una amenaza para la vida del detenido y provocaba gran daño e inestabilidad familiar. A partir de los relatos de los nietos es posible interpretar que la tortura es una experiencia de la cual los nietos tienen convicción y no dudan en integrar a sus relatos.

“Se lo llevaron y estuvo dos meses desaparecido y lo tuvieron en las embarcaciones de [nombre de una región de Chile]. Porque ahí eran los centros de tortura, en la [nombre de un centro de tortura] creo que fue. Entonces eso es lo que alcanzó a contar mi abuelo. Y, como te conté, estaba tan mal, porque lo torturaron tanto que le dejaron todos los órganos malos, y se lo llevaron al hospital, como para allá esperaran a que muriera, sin obviamente contarle ni a la familia, ni a nadie...”. (Andrea, E2, 35)

La narración construida por los nietos sobre la detención violenta de sus abuelos puede ser comprendida como la partida forzada a una región desconocida. Lugar donde éstos deben enfrentar tormentos y padecimientos que superan la imaginación. Esta descripción es consistente con la etapa de la partida del héroe descrita por Campbell (1972).

La tortura sufrida por el abuelo: la iniciación

La narración construida por los nietos sobre la PPT de sus abuelos puede ser interpretada como el proceso de iniciación del héroe. Esta etapa está compuesta por una serie de dolores y sufrimientos que transforman al abuelo en una persona distinta a la que era.

“Y no voy a suponer de que no le hicieron nada, o sea, obvio que lo, que lo torturaron, pero él cuando llegó, no, nunca habló con nadie. Y mi abuela me ha dicho que él nunca, que él llegó distinto, mi abuelo era un persona que, que hablaba mucho, que era muy cariñoso, pero cuando él llegó nunca dijo nada sobre lo que le hicieron, y sus amigos, nunca nadie, que siguen vivos, nunca nadie ha dicho sobre por lo, sobre lo que pasó, sobre lo que pasó ahí, así que sobre detalles, eh, sobre los detalles de tortura, o qué realmente le pasó ahí”. (Alejandro, E1, 22)

La tortura es denunciada por los nietos; sin embargo éstos no logran representarla. No integran en sus relatos parámetros temporales y espaciales específicos que permitan la reconstrucción de esta experiencia, a diferencia de lo que ocurre con la narración de la detención del abuelo. En Faúndez (2013, 121-124) se propone que la tortura es una narración imposible para los nietos, debido a que se trata de un relato que “no logra recrear ni reponer la magnitud de los acontecimientos asociados a ésta”.

Frente a la imposibilidad de representar la experiencia de tortura, los narradores se refieren a las consecuencias de esta experiencia. Ellos señalan que ésta produjo un quiebre irreparable en la vida del abuelo, quien cambió radicalmente su forma de ser y de actuar.

“[mi abuela] siente que el golpe le cambió, le cambió al marido, eso siente ella […] que le cambió al marido, que le trajo otro marido. Entonces es diferente, estar acostado con un marido y ocho meses después estay acostado con otro marido”. (Eduardo, E3, 60).

El abuelo que ha sobrevivido a la tortura vuelve a casa, se reintegra a su familia, pero ya no es el mismo. La tortura ha expropiado su identidad. Su aspecto físico, su actitud y su comportamiento dan indicios del daño sufrido. La familia de las víctimas, según señalan los nietos, se dan cuenta del cambio. Los abuelos presentan huellas físicas y psicológicas de la tortura, y muchos de ellos mantienen silencio respecto a ésta.

“Yo creo que mi abuelo no era así. Según lo que yo leo del informe ése, del gran informe de testimonios, es porque le cambiaron la mente. O sea, después de haber vivido algo tan, a lo mejor ni siquiera tuvo esperanzas de no haber salido vivo, o sea, a lo mejor salió vivo por suerte, no sé, a lo mejor acá estaban resignados a morir, ya, porque aguantando las torturas”. (Eduardo, E1, 221).

La narración de los nietos sobre la tortura y los vejámenes sufridos por sus abuelos se construye en torno a una zona irrepresentable, misteriosa y terrible. Esta experiencia incomprensible que transforma a los abuelos puede ser interpretada como el camino de las pruebas a las que se somete el héroe en la iniciación descrita por Campbell (1972).

El regreso de otro: el regreso del héroe

En los relatos de los nietos es posible identificar el tercer y último rasgo asociado a la aventura del héroe, el regreso al mundo. Algunos nietos señalan que el retorno del abuelo estuvo mediado por la ayuda de otros, rasgo propio de la aventura del héroe, según Campbell (1972). Las mujeres cobran protagonismo en el relato, al ser autoras de acciones valientes y decisivas, según los nietos, para el regreso de sus abuelos de la prisión política.

“Bueno, mi abuela cayó en desesperación, obviamente empezó a moverse por la ciudad. Mi abuela era una mujer muy guerrera. Hablo de mi abuela porque siempre como que ella ha contenido a la familia. Mi abuela, eh, una mujer guerrera, pescó su camión, porque manejaba camión en ese tiempo, y salió en busca de él por todo, lo buscó por todo [ciudad zona central], lo buscó por [pueblo cercano], o sea, lo buscó por todas partes, a [pueblo cercano], a [puerto zona central], a [capital], se pasaba por las bencineras, preguntaba cualquier cosa sin importarle en ese momento”. (Eduardo, E1, 19).

“[…] en el hospital trabajaba una vecina, amiga de la familia, y ella se enteró de que él estaba ahí y de cómo estaba. Entonces ella fue a la casa de mi mamá y les contó poh, le contó a mi abuela. Y ahí mi abuela dijo: ‘No, yo no puedo tolerar, aunque me hagan daño, aunque me maten a mí, yo no me voy a quedar aquí, no puedo aguantar esto’, y la cuestión, y ahí fue poh, fue al hospital. Y pidió, y mi mamá me dice: ‘Yo no sé cómo, quizás con qué cara, quizás qué hizo’, pero ella rogó, hizo de todo, debió haber hecho de todo, pero lo soltaron, por ella, tuvieron compasión…”. (Andrea, E2, 36).

La narración construida por algunos nietos sobre la liberación de sus abuelos puede ser comprendida como el rescate del mundo exterior, rasgo propio del mito del héroe, según Campbell (1972). El hallazgo del abuelo en un determinado centro de detención, su liberación y consecuente escape de la muerte son atribuidos a la acción perseverante de familiares y amigos que asumieron la búsqueda de sus seres queridos. El abuelo que ha sobrevivido a la prisión y a la tortura vuelve a casa, se reintegra a su familia, a su mundo, pero ya no es el mismo. Los peligros y la violencia a los que estuvo expuesto lo han cambiado de una vez y para siempre.

Las familias, según señalan los nietos, se dan cuenta de esta transformación. El esposo y padre que regresa se encuentra despojado de los elementos que constituían su forma de ser habitual, su identidad.

“Por ejemplo, después que mi abuelo salió libre, él por ejemplo, en las noches, él también no podía dormir en las noches. No, lloraba, despertaba llorando. Él ya no, no era más alegre, bueno, después pasado los años, como cambió de nuevo el sistema político, el gobierno, ahí él estuvo más tranquilo, pero siempre con ese recuerdo en su, en su cabecita”. (Valeska, E1, 80).

Según el relato de los nietos, el regreso del abuelo de la PPT devela el sufrimiento padecido. Su rostro, aspecto físico y comportamiento dan cuenta del daño sufrido. No son los mismos de antes, no se relacionan de la misma forma con la familia. Los abuelos presentan huellas físicas y psicológicas de la tortura pero mantienen silencio respecto a esta experiencia.

“Que ellos llegaron y quedaron sorprendidos porque ya fueron como unos cinco, ocho meses que él se desapareció. Ya estaba, entre comillas estaba muerto, ocho meses. Y llegó de un día pa’ otro, y ésa fue, y como, y venía en silencio […] Silencio, nada, no habló. No recuerdo si habrán hecho, el abrazo típico del, de la satisfacción de llegar, pero más allá de eso no hubo nada, y nadie le preguntó nada. Entonces mi abuela también se preguntaba, no sabe si lo habrán torturado, no sabe si lo habrán, no sé cómo, encarcelado o le habrán puesto. Bueno, que pa’ mí, pa’ mí igual es tortura ver que, tener que, ver gente que están matando, o sea, tortura psicológica se me imagina, pero quizás de daño físico, no sé, no sabe si le hicieron daño físico, psicológico…”. (Eduardo, E2, 177-178).

Los nietos señalan que tras el regreso, sus abuelos son portadores de un secreto; son testigos que han vivido una ominosa realidad desconocida para la familia y la sociedad. Los nietos se preguntan ¿a qué sufrimientos fue sometido el abuelo durante la PPT?, ¿cómo se sintió?, ¿qué pensó en esos momentos?, ¿tuvo miedo a la muerte?, ¿deseó morir? Conocer las respuestas a estas preguntas podría ayudar, según los nietos, a comprender los cambios experimentados por sus abuelos y permitiría entender el porqué del silencio.

“Supongamos, qué pensaba en la cárcel, no sé poh, si estaba en la cárcel, qué pensaba en ese momento. Pensaba en sus hijos, en su familia, en vivir, en morir, perdió la esperanza, cosas como de más significado, no tanto un relato como ya, me lo ha dejado claro, sino que buscar cosas como ésa. Eso me gustaría, que hablara mi abuelo, y pa’, y pa’, de una vez decir, y pa’, de una vez por todas poder tratar de entender por, porque yo creo que nunca vamos a terminar de entender realmente, pero tratar un poco de entender por qué mi abuelo es así, por qué, por qué Eduardo Rodríguez era, es así, mi abuelo”. (Eduardo, E2, 339).

El retorno de los abuelos cierra el ciclo de la aventura del héroe en el relato de los nietos. Sin embargo, es un cierre que plantea más preguntas de las que responde. La transformación experimentada por los abuelos, sometidos a misteriosas y terribles pruebas en su viaje, puede ser interpretada como el regreso del héroe, etapa final del monomito de Campbell (1972).

Discusión

El análisis de los relatos de vida de los nietos de ExPP permite interpretar que la postmemoria de PPT es descrita metafóricamente como la aventura del héroe. Así, al igual que en la epopeya del héroe, la PPT es significada por los nietos como una experiencia donde se somete a la persona a grandes retos y sufrimientos. El regreso del abuelo se encuentra supeditado muchas veces a la ayuda exterior de cónyuges e hijos, y es descrito como el regreso a la vida. Sin embargo, el abuelo ha sufrido una transformación, es otro.

Cuando se ha hecho referencia a las metáforas en relación con el trauma, se ha dicho que la metáfora es una forma común de resignificar (Waldron 2010; Witney 2012). En el caso de los nietos de ExPP, el uso de la metáfora del héroe se podría interpretar como una forma de resignificar la postmemoria de una historia traumática que afecta a los nietos, que contribuye a la generación de un relato curativo y restaurador. La metáfora del héroe presente en el relato de los nietos permite resaltar el compromiso social y/o político de sus abuelos que, según los nietos, causó su detención. Además, el uso de esta metáfora les permite reconocer la sobrevivencia del abuelo a la experiencia sufrida, clausurando la reflexión en torno a la tortura.

Primo Levi (1958) lucha en su obra testimonial contra la tentación de hacer héroes de las víctimas, rehusándose a presentar en sus escritos a los sobrevivientes como los mejores, como aquellos que han pasado una prueba de vigor, la más infatigable. En lugar de ello, asume el rol de testigo con total humildad, presentándose en calidad de un simple prisionero entre los millones de deportados a los campos de exterminio nazi. El rechazo a asumir el rol de héroe también está presente en los testimonios de los ExPP chilenos (Codepu 2003 y 2004; CNPPT 2004). 

Estos relatos están lejos de contribuir a la construcción de la figura del héroe, más bien intentan exponer el sometimiento a la violencia extrema.

El regreso del abuelo de la PPT es descrito como el regreso a la vida. El abuelo sobrevive a los peligros, se integra a su familia, pero ya no es el mismo. La experiencia sufrida lo ha cambiado. En relación con este testimonio es posible plantear la existencia de un quiebre en el relato. Los nietos se enfrentan a la necesidad de referirse a la condición de víctima de tortura de sus abuelos; sin embargo, esta experiencia no logra ser narrada. Los nietos señalan que sus abuelos son poseedores de un secreto, son testigos en primera persona, en el sentido de que han sobrevivido a una experiencia extrema, que la familia y la sociedad desconocen y de la cual sólo ellos pueden ofrecer testimonio, pero no lo hacen.

Las posiciones de héroe, víctima y testigo articulan la postmemoria que los nietos reconstruyen acerca del pasado familiar, donde prevalece la condición de héroe relacionada con aquella parte de la historia de carácter épico, mientras que las condiciones de víctima y testigo de la tortura se encuentran relacionadas con lo impensable (Puget 2006), con lo indecible (Kaës 2006), con lo irrepresentable (Améry 2010; Peris 2005).

La tensión entre las posiciones de héroe, víctima y testigo, sin duda, perturbó y continúa perturbando el desarrollo de la vida familiar. Muchas familias chilenas han debido convivir con el recuerdo ominoso de la detención del padre y con el horror provocado por la certeza de la tortura padecida por éste, y se han visto obligadas a aceptar el silencio y el abandono social, consecuencias del contexto de violencia (Lira 1990; Lira y Castillo 1991; Weinstein y Lira 1987).

Según Faúndez et al. (1991), durante la dictadura chilena las familias de víctimas de la violencia política debieron enfrentar un largo período defensivo, que generó reacciones adaptativas de sobrevivencia a dicho período. El aumento de la cohesión para la autoprotección frente al poder amenazante llevó a estas familias a un encapsulamiento, que se desarrolló en conjunto con reglas de silencio, negación y fingimiento (Cornejo et al. 2006; Cornejo y Morales 2013).

Morales y Cornejo (2013) plantean que la escucha de los testimonios de ExPP por parte de los profesionales de la CNPPT tuvo un impacto emocional y biográfico, que durante el funcionamiento de la Comisión se tradujo en la aparición de síntomas clínicos y condujo a los profesionales a ver de una manera diferente su vida personal, familiar y social. Sin embargo, tras el cierre de la CNPPT, los profesionales, en el intento por integrar esta experiencia en su propia historia, han terminado, al igual que las víctimas directas, encapsulándola como parte de su historia individual y privada.

Como ya se señaló, el silenciamiento y la negación de los hechos por parte de los individuos, las familias y la sociedad son un elemento común de las experiencias de violencia política (Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación 1991; Danieli 1998; Kordon y Edelman 2006). En esta línea, los relatos de vida de los nietos de ExPP ponen en evidencia el conflicto que aún enfrentan, tanto ellos como sus familias, al intentar narrar una experiencia que supera el orden de lo pensable y lo cognoscible.

El psicoanalista René Kaës (2006) plantea que el solo hecho de intentar hablar de la tortura despierta emociones intolerables que no encuentran traducción en palabras y quedan en su estado original, ligadas a lo concreto, al vacío, a la pérdida de límites y a la repetición. De esta forma, los nietos, en un contexto social que, según ellos, se mantiene indiferente al sufrimiento de sus familias, se ven obligados a salvaguardar la adhesión a las normas de silencio y negación que favorecen la mantención del encapsulamiento de la historia de PPT.

Los resultados presentados por Cornejo et al. (2006), Cornejo y Morales (2013), Morales y Cornejo (2013), al igual que los resultados del presente estudio, permiten, por una parte, reflexionar acerca del profundo impacto que tiene la escucha de las experiencias de tortura. Los profesionales de la CNPPT, quienes no tienen un vínculo familiar con las víctimas de PPT, quedan, al igual que los nietos de los ExPP, marcados biográficamente y encadenados por la experiencia de escucha de los testimonios de PPT.

Finalmente, estos estudios confirman la necesidad de generar las condiciones psicosociales que contribuyan a evitar los fenómenos de encapsulamiento y del daño. Para esto es esencial el reconocimiento social de los hechos, proceso que se facilita con la emergencia de una memoria colectiva que considere el relato de las víctimas, colectivizando el trauma y facilitando la reparación de un modo integral. El otro que reconoce, desde el psicoanálisis relacional, tendría el rol del “tercero vivo” que, encarnado en un testigo —el otro—, se constituye en una presencia que puede “vivir en la grieta, absorber la ausencia y transformar su relación con la pérdida” (Gerson 2009, 1342). Transformándose de este modo en un tercero que escucha lo insoportable y es capaz de imaginar y contener lo dicho y lo no dicho, mediando entre el hecho y su significación, confirmando la realidad psíquica y la realidad externa y ayudando a integrarlas (Gerson, 2009). Al respecto, Lira (2013b) plantea la necesidad de confirmar socialmente las experiencias de violencia política, negadas por muchos años, así como promover el reconocimiento de quienes sufrieron las experiencias traumáticas y avanzar, en paralelo, en los procesos de justicia y reparación.

Referencias

1. Améry, Jean. 2010. Par-delà le crime et le châtiment. Essai pour surmonter l’insurmontable. París: Babel.
2. Aristóteles. 1985. Poética. Barcelona: Editorial Bosch.
3. Aristóteles. 1989. Retórica a Alejandro. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca.
4. Aróstegui, Julio. 2006. Traumas colectivos y memorias generacionales: el caso de la guerra civil. Madrid: Marcial Pons.
5. Bajtín, Mijaíl. 1975. Teoría y estética de la novela. Madrid: Taurus.
6. Calveiro, Pilar. 1998. “La memoria como futuro”. Actuel Marx/Intervenciones 6: 59-74.
7. Calveiro, Pilar. 2004. Poder y desaparición. Los campos de concentración en Argentina. Buenos Aires: Editorial Colihue.
8. Campbell, Joseph. 1972. El héroe de las mil caras. México: Fondo de Cultura Económica.
9. Carrillo, Jairo. 2003. “Analogía y metáfora en el análisis organizacional. Un ejemplo: la organización como cárcel”. Revista Colombiana de Psicología 12: 108-113.
10. Castillo, María Isabel. 2013. El imposible proceso de duelo. Santiago: Ediciones Universidad Alberto Hurtado.
11. Colmenares, Germán. 2006. Las convenciones contra la cultura. Ensayos sobre la historiografía hispanoamericana del siglo XIX. Santiago: Ediciones Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos.
12. Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación. 1991. Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación. Gobierno de Chile. http://www.fundacionpdh.org/lesahumanidad/informes/informe-rettig.htm
13. Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura (CNPPT). 2004. Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura. Gobierno de Chile. http://www.comisiontortura.cl/listado_informes.html
14. Comisión Presidencial Asesora para la Calificación de Detenidos Desaparecidos, Ejecutados Políticos y Víctimas de Prisión Política y Tortura. 2011. Informe de la Comisión Presidencial Asesora para la Calificación de Detenidos Desaparecidos, Ejecutados Políticos y Víctimas de Prisión Política y Torturahttp://www.indh.cl/wp-content/uploads/2011/10/Informe2011.pdf
15. Cornejo, Marcela. 2006. “El enfoque biográfico: trayectorias, desarrollos teóricos y perspectivas”. Psykhe 15(1): 95-106.
16. Cornejo, Marcela. 2008. “Political Exile and the Construction of Identity: A Life Stories Approach”. Journal of Community & Applied Social Psychology 18: 333-348. http://dx.doi.org/10.1002/casp.929
17. Cornejo, Marcela, Germán Morales, Juanita Kovalskys y Dariela Sharim. 2006. “Del testimonio al relato de vida: Procesos elaborativos de los profesionales de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura”. Informe Proyecto FONDECYT 1070855, Pontificia Universidad Católica de Chile. Manuscrito no publicado.
18. Cornejo, Marcela, Francisca Mendoza y Rodrigo Rojas. 2008. “La investigación con relatos de vida: Pistas y opciones de diseño metodológico”. Psykhe 17 (1): 29-39.
19. Cornejo, Marcela, Carolina Besoaín y Francisca Mendoza. 2011. “Desafíos en la generación de conocimiento en la investigación social cualitativa contemporánea”. Forum QualitativeSozialforschung/Forum: Qualitative Social Research 12 (1).http://nbnresolving.de/urn:nbn:de:0114-fqs110196
20. Cornejo, Marcela y Germán Morales. 2013. “Du récit de vie aux voies d’élaboration: réflexions autour des processus d’élaboration personnelle et sociale d’événements traumatiques au Chili”. En Violence politique, traumatisme, processus d´elaboration et creation, editado por Jean-Luc Brackelaire, Marcela Cornejo y Jean Kinable, 235-246. Lovaina la Nueva: Academia L’Harmattan.
21. Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (Codepu). 2003. Pre-informe de testimonios de tortura en Chile. Santiago: Ediciones Codepu.
22. Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (Codepu). 2004. Informe de testimonios de tortura en Chile. Santiago: Ediciones Codepu.
23. Danieli, Yael. 1998. International Handbook of Multigenerational Legacies of Trauma. Nueva York: Plenum Press.
24. Deutsch, Ana. 2007. “Secuelas de la tortura en el individuo, la familia y la sociedad”. En Atención integral a víctimas de tortura en procesos de litigio. Aportes Psicosociales, editado por Linda Berrón y Gloriana Espinosa, 247-274. San José: IIDH.
25. Domènech, Antoni. 2013. “La metáfora de la fraternidad republicano-democrática revolucionaria y su legado al socialismo contemporáneo”. Revista Estudios Sociales 46: 14-23. http://dx.doi.org/10.7440/res46.2013.02
26. Faúndez, Ximena. 2013. “Transgeneracionalidad del trauma psicosocial en nietos de ExPP de la dictadura militar chilena 1973-1990: Transmisión y apropiación de la historia PPT”, disertación doctoral, Pontificia Universidad Católica de Chile.
27. Faúndez, Héctor, Alberto Estrada, Sara Balogi y Mónica Hering. 1991. “Cuando el fantasma es un tótem: perturbaciones en las interacciones afectivas de adultos jóvenes, hijos de detenidos desaparecidos”. En Persona, Estado, Poder. Estudios sobre salud mental, editado por Paz Rojas, 223-241. Santiago: LOM.
28. Faúndez, Ximena y Marcela Cornejo. 2010. “Aproximaciones al estudio de la transmisión transgeneracional del trauma psicosocial”. Revista de Psicología Universidad de Chile 19 (2): 31-54.
29. Faúndez, Ximena y Bárbara Azcárraga. 2014. “Aquí están: consecuencias familiares de la detención y desaparición forzada a cuarenta años del golpe de Estado en Chile”. Ponencia presentada en XIII Jornadas de Estudiantes de Postgrado en Humanidades, Artes y Ciencias Sociales. Universidad de Chile.
30. Faúndez, Ximena, Marcela Cornejo y Jean-Luc Brackelaire. 2014. “Transmisión y apropiación de la historia de prisión política: transgeneracionalidad del trauma psicosocial en nietos de ex presos políticos de la dictadura militar chilena”.Terapia Psicológica 32 (3): 201-216. http://dx.doi.org/10.4067/S0718-48082014000300003
31. Faúndez, Ximena y Ximena Goecke. 2015. “Psychosocial Trauma Transmission and Appropriation in Grandchildren of Former Political Prisoners of the Civic – Military Dictatorship in Chile (1973-1990)”. Journal of Social Science Education 14 (2): 5-18. http://dx.doi.org/10.2390/jsse-v14-i2-1446
32. Gazmuri, Cristian. 1999. El lugar de Pinochet en la historia. Una interpretación política de la experiencia autoritaria. 1973-1990. Centro de Estudios Miguel Enríquez (CEME) – Archivo Chile.http://www.archivochile.com/Dictadura_militar/pinochet/sobre/DMsobrepino80002.pdf
33. Gerson, Samuel. 2009. “When the Third Is Dead. Memory, Mourning and Witnessing in the Aftermath of the Holocaust”.International Journal of Psychoanalysis 90: 1341-1357. http://dx.doi.org/10.1111/j.1745-8315.2009.00214.x.
34. Glaser, Barney y Anselm Strauss. 1967. El desarrollo de la teoría fundada. Chicago: Aldine.
35. Halbwachs, Maurice. 1925. Les cadres sociaux de la mémoire. París: Albin Michel.
36. Halbwachs, Maurice. 1950. La memoria colectiva. Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza.
37. Hatibovic, Fuad y Juan Sandoval. 2015. “Una representación metafórica de la acción política en estudiantes de universidades chilenas”. Última Década 42: 11-37.
38. Hirch, Marianne. 1998. “La Generation of Postmemory”. Poetics Today 29 (19): 103-127.
39. Hirch, Marianne. 2008. Family Frames: Photography, Narrative and Postmemory. Cambridge: Harvard University Press.
40. Hirch, Marianne. 2012. The Generation of Postmemory: Writing and Visual Culture after the Holocaust. Nueva York: Columbia University Press – Spring.
41. Jociles, María Isabel. 2005. “El análisis del discurso: de cómo utilizar desde la antropología social la propuesta analítica de Jesús Ibáñez”. Avá. Revista de Antropología 7: 1-25.
42. Jofré, Manuel. 1990. Teoría literaria y semiótica. Santiago: Editorial Universitaria.
43. Kaës, René. 2006. “Rupturas catastróficas y trabajo de la memoria. Notas para una investigación”. En Violencia de Estado y psicoanálisis, editado por Janine Puget y René Kaës, 159-187. Buenos Aires: Lumen.
44. Kordon, Diana y Lucila Edelman. 2006. Por-venires de la memoria. Buenos Aires: Madres Plaza de Mayo.
45. Lakoff, George y Mark Johnson. 2009. Metáforas de la vida cotidiana. Madrid: Cátedra.
46. Lee, Raymond. 1993. Doing Research on Sensitive Topics. Newbury Park: Sage.
47. Legrand, Michel. 1999. “La contra-transferencia del investigador en los relatos de vida”. Proposiciones 29: 115-121.
48. Levi, Primo. 1958. Los hundidos y los salvados. Barcelona: Muchnik.
49. Lira, Elizabeth. 1990. “Psicología del miedo y conducta colectiva en Chile”. En Psicología social de la guerra: trauma y terapia, editado por Ignacio Martín-Baró, 22-25. San Salvador: UCA Editores.
50. Lira, Elizabeth. 2013a. “Algunas reflexiones a propósito de los 40 años del golpe militar en Chile y las condiciones de la reconciliación política”. Psykhe 22 (1): 5-18. http://dx.doi.org/10.7764/psykhe.22.2.676
51. Lira, Elizabeth. 2013b. “De victimes a citoyens: Verite, justice, memoire et reparation”. En Violence politique, traumatisme, processus d´elaboration et creation, editado por Jean-Luc Brackelaire, Marcela Cornejo y Jean Kinable. Lovaina la Nueva: Academia L’Harmattan.
52. Lira, Elizabeth y María Isabel Castillo. 1991. Psicología de la amenaza política y el miedo. Santiago: ILAS.
53. Martín-Baró, Ignacio. 1989. “La violencia política y la guerra como causas en el país del trauma psicosocial”. Revista de Psicología de El Salvador 28: 123-141.
54. Millán, José Antonio y Susana Narotzky. 2009. Introducción a Metáforas de la vida cotidiana. Madrid: Cátedra.
55. Morales, Germán y Marcela Cornejo. 2013. “L’ambivalence du travail d’écoutant de la torture: le cas du Chili”. En Violence politique, traumatisme, processus d´elaboration et creation, editado por Jean-Luc Brackelaire, Marcela Cornejo y Jean Kinable, 247-258. Lovaina la Nueva: Academia L’Harmattan.
56. Ortega y Gasset, José. 1957. “Las dos grandes metáforas”. En Obras completas, vol. II, 387-400. Madrid: Revista de Occidente.
57. Peris Blanes, Jaume. 2005. La imposible voz. Memoria y representación de los campos de concentración en Chile: la posición del testigo. Santiago: Editorial Cuarto Propio.
58. Puget, Janine. 2006. “Violencia social y psicoanálisis. De lo ajeno estructurante a lo ajeno-ajenizante”. En Violencia de Estado y psicoanálisis, editado por Janine Puget y René Kaës, 57-75. Buenos Aires: Lumen.
59. Reyes, María José. 2009. “Generaciones de memoria: una dialógica conflictiva”. Praxis 15: 93-104.
60. Ricœur, Paul. 1995. Teoría de la interpretación. Discurso y excedente de sentido. México: Siglo Veintiuno Editores.
61. Sharim, Dariela, Juana Kovalskys, Germán Morales y Marcela Cornejo. 2011. “Trauma psicosocial y memoria: diseño de un dispositivo biográfico para investigar el impacto de la Comisión de Prisión Política y Tortura en Chile”. Revista de Estudios Sociales 40: 81-88. http://dx.doi.org/10.7440/res40.2011.08
62. Uribe Botero, Ángela. 2009. “¿Puede el uso de metáforas ser peligroso? Sobre las pastorales de monseñor Miguel Ángel Builes”. Revista de Estudios Sociales 34: 113-122.
63. Waldron, Sharn. 2010. “A Curious Metaphor. Engaging with Trauma: An Analytical Perspective”.Journal of Analytical Psychology55 (1): 74-90. http://dx.doi.org/10.1111/j.1468-5922.2009.01825.x.
64. Weinstein, Eugenia y Elizabeth Lira. 1987. “La tortura”. En Trauma, duelo y reparación, editado por Eugenia Weinstein, 33-91. Santiago: FASIC – Editorial Interamericana.
65. Witney, Mike. 2012. “Using Metaphor and Narrative Ideas in Trauma and Family Therapy”.Hervormde Teologiese Studies68 (2): 1-5. http://dx.doi.org/10.4102/hts.v68i2.1165
66. Zalpa, Genaro. 2014. “Análisis metafórico. Una herramienta para los Estudios Culturales”. Estudios sobre las Culturas Contemporáneas 20 (39): 149-171.

Entrevistas
67. Alejandro. Encuentro 1. Julio 23 de 2010.
68. Andrea. Encuentro 2. Septiembre 30 de 2010.
69. Eduardo. Encuentro 1. Diciembre 17 de 2010.
70. Eduardo. Encuentro 2. Enero 7 de 2011.
71. Eduardo. Encuentro 3. Enero 19 de 2011.
72. Mauricio. Encuentro 1. Julio 22 de 2010.
73. Valeska. Encuentro 1. Octubre 23 de 2010.



[*] La investigación contó con financiamiento de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, Proyecto CONICYT AT-24100065, y del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico,  Proyecto  FONDECYT de Iniciación Nº 11140137. 

[**] Doctora en Psicología, Pontificia U. Católica de Chile. Profesora de la Escuela de Psicología, adscrita al Convenio de Desempeño en Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la U. de Valparaíso (UVA 901). Entre sus publicaciones se encuentran: “Psychosocial Trauma Transmission and Appropriation in Grandchildren of Former Political Prisoners of the Civic - Military Dictatorship in Chile (1973-1990)” (en coautoría). Journal of Social Science Education 14 (2): 5-18, 2015, y “Transmisión y apropiación de la historia de prisión política: transgeneracionalidad del trauma psicosocial en nietos de ex presos políticos de la dictadura militar chilena” (en coautoría) Terapia Psicológica 32 (3): 201-216, 2014.ximena.faundez@uv.cl 

[***] Candidato a Doctor en Psicología Social por la U. del País Vasco (España). Profesor Escuela de Psicología U. de Valparaíso (Chile). Becario Convenio de Desempeño en Humanidades, Artes y Ciencias Sociales, U. de Valparaíso - Mineduc (UVA 901). Entre sus publicaciones se encuentran: “Una representación metafórica de la acción política en estudiantes de universidades chilenas” (en coautoría). Última Década 23 (42): 11-37, 2015, y “Las representaciones de la Política, el Estado y el Mercado en una sociedad neoliberal: el caso de los estudiantes universitarios chilenos” (en coautoría).

En Juventudes y política: cambios sociopolíticos en América del Sur, editado por Marcelo Rodríguez y Gino Grondona, 59-98. Quito: Editorial Abya-Yala, 2014. fuad.hatibovic@uv.cl 

[1] Uno de los primeros en utilizar este concepto públicamente fue el exjuez Juan Guzmán Tapia, quien investigó varias causas de violaciones a los Derechos Humanos ocurridas en Chile entre 1973 y 1990. En 2012, en el país se generó una polémica discusión en torno al cambio de conceptualización que se hizo en los textos escolares de historia del término “dictadura” a “régimen militar”; al respecto, y desde aquel entonces, el concepto dictadura cívico-militar se fue instalando de manera más recurrente en los organismos de Derechos Humanos. A la fecha, el concepto cívico-militar sigue tomando fuerza, por ejemplo, con el proyecto de ley que prohíbe el homenaje y/o exaltación de la dictadura cívico-militar, más conocido como “Ninguna calle llevará tu nombre”, propuesto por la diputada del Partido Comunista Karol Cariola, que alude constantemente al concepto dentro del texto. Además, las actuales querellas interpuestas por vejaciones sexuales a mujeres expresas políticas citan los actos cometidos en la dictadura cívico-militar. 

[2] Movimiento político universitario surgido en la segunda mitad de la década del sesenta en la Pontificia Universidad Católica de Chile, dirigido por el entonces estudiante de Derecho Jaime Guzmán. Sus miembros constituyeron el núcleo político de la dictadura y fueron los gestores de la Constitución de 1980. 

[3] Término con que se denomina a los economistas liberales chilenos educados en la Universidad de Chicago. Este grupo aportaría el modelo económico neoliberal a la dictadura de Pinochet. 

[4] Mijaíl Bajtín (1975) plantea una evolución de la historia literaria bimodal. Los polos opuestos, el monologismo y el dialogismo, ejercen influencias contrarias en la línea cultural. El primero, con tendencias centrípetas, tiende a establecer una canonización de obras con un lenguaje oficial, único, centralizando el universo ideológico verbal en géneros altos. Lleva a la literatura a un centro oficial, caracterizado, principalmente, porque sólo se escucha la voz del autor, todos los personajes hablan igual. El segundo, el dialogismo, opera como el perfecto opuesto: tiene tendencias centrífugas, a lo marginal de la cultura oficial incorpora la voz del otro en los textos, acepta lenguajes alternativos, estratificando al lenguaje, organizándose en los géneros bajos. 

[5] Se incluirán viñetas correspondientes a citas textuales provenientes de los relatos de vida. Serán identificadas con el pseudónimo del participante, el número del encuentro (E1, E2 y E3) y el número de párrafo. Todos los nombres de personas o lugares incluidos en las viñetas son ficticios. 


Revista de Estudios Sociales - RES
Facultad de Ciencias Sociales • Universidad de los Andes
Tema: Temas varios
Abril-Junio de 2016
Páginas: 104-115
http://dx.doi.org/10.7440/res56.2016.08


http://res.uniandes.edu.co/view.php/1072/index.php?id=1072




Hiroshima  y  la  mentira  atómica                

 Por Juan Gabriel Vásquez

Grado 10°

     John  Hersey, en su célebre reportaje sobre Hiroshima, le dio voz a las víctimas y narró el horror del arma atómica. Convertido en un clásico del periodismo, la editorial Turner lo publica 55 años después de su resonante aparición. Juan Gabriel Vásquez, escritor colombiano, fue su traductor. En este texto desnuda las razones esgrimidas para justificar el uso de la bomba.

     El siglo XX tardó varios años en comenzar (sería formalmente inaugurado en 1914, con el asesinato de un archiduque), y tal vez no haya terminado todavía, pero ya es posible hacer un inventario de los documentos que lo anunciaron. Uno de ellos es cierta frase de un novelista polaco, un hombre que usaba el francés como segunda lengua y el inglés como lengua literaria, y que en 1899 puso en boca de un colonialista enloquecido la reiteración menos redundante de la literatura: "El horror, el horror." Por supuesto, hay otro inventario posible: el de los documentos que confirmaron esa predicción. Hiroshima, el artículo de revista más famoso que se ha publicado, es uno de ellos. No se trata de una extrapolación, ni de buscar un efecto, sino de mera estadística: traduciendo las 150 páginas del libro, llegué a contar más de treinta utilizaciones del adjetivo "terrible" o del adverbio correspondiente. "Horror" aparece (sólo) dos veces; "horrible" u "horriblemente", unas quince.
     El lector de Hiroshima es una especie de Marlowe contaminado; el libro es una de tantas versiones de Kurtz, ese gran contaminador. La traducción, que suele ser la forma más perfecta de lectura, es en este caso (no podía ser de otro modo) una contaminación perfecta. En la página 44 leemos: "El hombre trajo también a dos personas horriblemente heridas -una mujer a la cual le había sido arrancado un seno y un hombre cuya cara estaba en carne viva..." En la página 65: "Sus caras completamente quemadas, las cuencas de sus ojos huecas, y el fluido de los ojos derretidos resbalando por las mejillas."

Traducir Hiroshima es contaminante por lo que tiene de distracción: porque el proceso consiste en evitar la imagen del pecho arrancado, de los ojos líquidos, durante los segundos que se tarda en encontrar la nueva sintaxis o en ceder a la necesidad de los adverbios, ese mal necesario de nuestro idioma. Cuando se dice slowly, explica Borges en alguna parte, la voz hace hincapié en slow; cuando se dice "lentamente", la voz se recuesta en mente. Y así ocurre que uno está viendo la imagen de los kimonos calcados por el calor sobre la piel de las mujeres, y su cabeza está pensando en lo que decía un escritor argentino, en cierta dificultad -en cierta antipática dificultad- de la lengua española.

     Terminé la traducción del libro hace un año, y hoy, releyendo algunos pasajes, encuentro cosas que habría preferido hacer de manera distinta; encuentro también que el original, a pesar de la mansedumbre, de la poca suntuosidad, resultaba -como no siempre es el caso, a pesar de lo que suele decirse- intransferible a nuestra lengua. La razón es muy sencilla: al tema y a la prosa de John Hersey les conviene la lengua inglesa (y su registro periodístico) tanto como convenía a Proust el francés, con sus miles de tiempos verbales y su prestancia para el periodo extendido. Hersey escribió Hiroshima con un martillo anglosajón en la mano: palabras duras, secas y cortas; frases cuadradas, declarativas, terminadas en ángulo recto, como un ladrillo. En el libro casi no hay palabras de origen latino; en alguna oportunidad Hersey escribe perished, "pereció", donde habría podido escribir la más simple y más directa y sobre todo anglosajona died, y el párrafo tiembla y el libro tiembla en la mano del lector. Se trata de un libro distante y frío, y traducirlo al español, que es por naturaleza y por música solemne y cálido, equivale a falsear algo en el texto. Tan importantes son la distancia y la frialdad en Hiroshima, que Gore Vidal -estilista de mucho interés; autor de novelas de más bien poco- solía lapidar a Hersey con el argumento de que sus artículos enseñaban sólo el cómo de las cosas, nunca el por qué; al dogmático Vidal le habría gustado que Hersey se acercara al debate sobre "si era o no necesario usar semejante arma, siendo que Japón ya estaba mostrando intenciones de rendirse". La exigencia me parece ridícula: haciendo el proceso inverso, uno podría despotricar contra Aristóteles por hablarnos de ética sin describir la vida diaria de un ateniense atribulado por la virtud de sus comportamientos. Una cosa son los hechos y otra, muy lejana, la calificación de esos hechos. Hersey conocía la diferencia; en ella basaría toda una vida de periodismo escrito.

     Lo único claro es que el libro vino a llenar una laguna. En medio de las reflexiones por escrito posteriores al 6 de agosto del 45, en medio de la obsesión por justificar la bomba como abstracción bélica o instrumento de la venganza merecida, casi nadie en Estados Unidos se paró a pensar que debajo de la bomba había gente. Hersey lo hizo. Se trató, por supuesto, de una conspiración: en marzo del 46 William Shawn, editor ejecutivo del New Yorker, llevaba varios meses preocupado por la conspicua ausencia de lo humano en las publicaciones que hablaban de Hiroshima. Los cables fueron y vinieron, y Hersey, apostado en Shangái como corresponsal conjunto del New Yorker y Time, decidió pasar tres semanas de mayo en Japón. Vio, preguntó, investigó, y presentó un resultado de 150 páginas que los editores pensaron, en un principio, publicar en cuatro partes. Shawn sugirió que se hiciera en una sola; los debates duraron más de una semana; al final, en completo secreto, eso fue lo que se decidió. El 31 de agosto del 46, un artículo, un solo artículo de un solo autor, cubrió todas las páginas de la revista, excepto las dedicadas a la cartelera de teatro. He dicho que se trató del artículo más famoso del mundo. Hay un muestrario de reacciones que lo corrobora; hay, también, un inventario de anécdotas. Que la revista haya sido comentada y elogiada en otras publicaciones es extraordinario, pero que haya sido reseñada como si se tratara de un libro es casi anormal. Que Einstein haya ordenado mil ejemplares de la revista es una curiosidad de museo, sobre todo porque su solicitud no pudo ser atendida. El texto fue leído (entero, sí) por radio; cuando apareció en forma de libro, se tradujo con presteza en todo el mundo... o casi. La única traducción en nuestra lengua se hizo en Argentina, en los años sesenta, y ese texto, cuya calidad elogian quienes lo conocen, es hoy una especie de unicornio de los libros, algo de lo que pocos hablan pero que casi nadie ha visto. Pero el libro nunca se tradujo en España. Y hoy, cuando se hace por primera vez, el traductor recibe la libertad (muy bienvenida) de no renunciar al español latinoamericano.

     Sea como sea, los cultores de Hiroshima solemos coleccionar las reacciones que provocó el artículo. Mary McCarthy me cae menos simpática desde cuando supe que había llamado a Hiroshima "insípida falsificación de la verdad de la guerra atómica"; un lector del New Yorker se anticipó a las jamesbondianas tensiones de la Guerra Fría cuando escribió a la revista: "Leí el reportaje de Hersey. Es maravilloso. Ahora, echemos unas cuantas sobre Moscú." Y Hersey explica que quiso escribir acerca de lo sucedido no a los edificios, sino a los seres humanos. Sin embargo, las imágenes que nos persiguen con más insistencia -sí: Hiroshima es uno de esos libros-espectro, capaz de despertarlo a uno por las noches- suelen ser las materiales. "En algunos lugares la bomba había dejado marcas correspondientes a las sombras de las formas que su luz había iluminado", escribe Hersey. "Algunas siluetas vagamente humanas fueron encontradas, y esto dio origen a leyendas que eventualmente llegaron a incluir detalles imaginativos y precisos. Una de las historias contaba que un pintor subido en su escalera había sido perpetuado, como monumento de bajorrelieve, en el acto de mojar su brocha en el bote de pintura, sobre la fachada de piedra del banco que pintaba; otra, que en el centro de la explosión, sobre el puente que hay cerca del Museo de la Ciencia y la Industria, un hombre y su carruaje habían sido proyectados en forma de una sombra repujada que revelaba que el hombre había estado a punto de azotar a su caballo."

     El periodista que cuenta Hiroshima ve a través de sus entrevistados; no va más allá; en la mejor tradición del narrador moderno (que Joyce redujo a un dios con lima de uñas), desaparece. La lectura de Hiroshima implica por eso un acto de simpatía crónica, casi enfermiza. Se pueden encontrar muchos de estos eventos (en el libro, la simpatía es inflacionaria, exponencial). Primero leemos que "la bomba... no era para nada una bomba; era una especie de fino polvo de magnesio que habían rociado sobre la ciudad entera y que explotaba al entrar en contacto con los cables de alta tensión del sistema eléctrico de la ciudad". Y dos páginas más adelante: "Cerca de una semana después de que cayera la bomba, un rumor vago e incomprensible llegó a Hiroshima: la ciudad había sido destruida por la energía que se libera cuando los átomos, de alguna manera, se parten en dos." El lector imita el tránsito de los personajes, ese viaje necesario y dolorosamente inútil entre la ignorancia y el conocimiento; el hecho me parece un testimonio de la sutileza del libro, de su elegancia. Frente a su lector, Hersey conserva algo muy parecido al respeto; pero sobre todo llega a rozar, por instantes, una densidad que es preciso llamar moral. Los márgenes de Hiroshima están llenos de preguntas, pero una de ellas -"¿Qué consecuencias tienen nuestros actos?"- es una especie de seña de identidad del libro. Hiroshima lucha a brazo partido contra la abstracción, contra la insustancialidad de toda experiencia pasada, contra ese talento que tiene la falible memoria humana para convertirlo todo, al estilo de los mejores publicistas, en imágenes generales, en símbolos vacíos o vaciados: una nube en forma de hongo; un inventario de casualties. Los lectores del libro se niegan a heredar esas abstracciones. Esto, que parece tan simple, no le resultó comprensible a Vidal. Pero no tiene nada de raro: su opinión sobre el estilo de Hersey la dio una vez, con tres palabras que había tomado prestadas de otra opinión sobre otro libro: "Aburrido, aburrido, aburrido."

     Hersey no era un gran prosista. Sus ritmos resultan más bien monótonos; su confianza en las cifras (en una página de Hiroshima puede haber diez o más), a veces ingenua y a veces agobiante. Pero permítanme una pequeña fábula: cuando murió Conrad, una de las modas más populares entre los escritores era, precisamente, despreciar a Conrad, y la moda solía ir acompañada del elogio de Eliot, ese brillante estilista. Hemingway, hombre práctico si los hay -es decir, capaz de distinguir lo que sirve de lo que no-, escribió algo que me ha servido más de una vez en circunstancias análogas: "Si supiera que moliendo al señor Eliot y rociando ese polvillo sobre la tumba del señor Conrad éste reaparecería y comenzaría a escribir, saldría mañana temprano para Londres con un molinillo de salchichas."
·
La bomba atómica, o nuestra percepción de ella, está hecha de frases. "Dios mío, ¿qué hemos hecho?", una de las más célebres, es del copiloto del Enola Gay (y tiene ese tono de contrición inmediata que suele tranquilizar a muchas conciencias). En una frase, Oppenheimer dijo que la bomba atómica no era más que "un gran estallido"; en otra, Henry Stimson aseguró que el único propósito de la bomba era "salvar vidas". Stimson, por supuesto, llegó a ser secretario de Guerra de la administración Truman; fue, también, redactor del texto que durante muchos años -durante toda la Guerra Fría, por lo menos- formó la opinión de la inmensa mayoría de los estadounidenses acerca de los bombardeos. El texto se titula, con notoria falta de imaginación, "La decisión de usar la bomba atómica". Fue publicado dos años después de usada la bomba, y pocos meses después de la aparición de Hiroshima en el New Yorker; fue, de alguna manera, la respuesta oficial a las perturbadoras revelaciones de Hersey. No estoy seguro de que la importancia de este artículo haya sido medida o comprendida por nosotros, los hijos de la era nuclear; de ahí, de esas páginas, salieron las convicciones -la tranquilidad, la esperada redención- de ciudadanos, políticos y militares ansiosos de justificar el exterminio de unos 150 000 civiles. (De esas páginas salieron argumentos que más de treinta años después sirvieron a Reagan, un actor de cine barato generalmente incapaz de armar sus propios argumentos, para defender el lugar común de su presidencia: la carrera armamentista. Pero Reagan sería, en este momento, una digresión demasiado onerosa.) Las convicciones de las que hablo, las razones por las cuales era inevitable arrojar Little Boy sobre la ciudad de Hiroshima, son, básicamente, tres: que la bomba y sólo la bomba forzó la rendición incondicional del emperador Hirohito; que la única opción disponible era prolongar la guerra cerca de un año, el tiempo que tardaría una invasión; que en el curso de ese año morirían alrededor de un millón de soldados estadounidenses. Ah, las frases: ese artículo está lleno de ellas.

     Pero luego hay dos declaraciones curiosas, dos conjuntos de frases que han movido, sacudido, incomodado a los estadounidenses, militares o no, durante más de medio siglo. La primera explotó (es el verbo justo) cinco años después de las bombas. "Es mi parecer que el uso de esta arma bárbara en Hiroshima y Nagasaki no representó ninguna ayuda sustancial en nuestra guerra contra el Japón. Los japoneses ya estaban derrotados y listos para rendirse..." William Leahy, el perpetrador, no era un pacifista ni un ecólogo inocente; era un almirante de cinco estrellas, jefe de Estado Mayor de Roosevelt y de Truman, y amigo personal de este último. La segunda declaración vino trece años después, en plena Guerra Fría: "Le expresé mis serias dudas, primero sobre la base de mi convicción de que Japón ya estaba derrotado y que arrojar la bomba era completamente innecesario, y en segundo lugar porque creía que nuestro país debía evitar escandalizar a la opinión mundial mediante el uso de un arma cuyo empleo ya no era, creía yo, obligatorio como medida para salvar vidas estadounidenses." Quien habla es Dwight Eisenhower, comandante de las Fuerzas Aliadas contra Hitler y luego presidente de Estados Unidos (es decir, ni un pacifista ni un ecólogo inocente). La persona que escucha es Henry Stimson.

     Que estas declaraciones importaban, que no estaban hechas para que las despreciaran o las dieran por muertas entre los basureros políticos de la Guerra Fría fue evidente cincuenta años después, en 1995, cuando el instituto Smithsonian intentó montar una exposición (se diría: un memorial) en la cual se planeaba exhibir el fuselaje del Enola Gay junto a las frases -o, en todo caso, peligrosamente cerca de ellas- de Eisenhower y Leahy. No estoy seguro del origen de las presiones, pero presiones hubo; y la exposición, en los términos agudamente críticos en que fue concebida, tuvo que cancelarse. El Enola Gay fue exhibido, pero sin las frases; como un buen semental, pero castrado. A finales de ese año, el clima que se vivía en los periódicos, en sus columnas de opinión, en sus cartas al director, era una reminiscencia de los peores miedos del macartismo. Hubo frases repetidas una y otra vez en la prensa. "Censura oficial" era una de ellas; "mito y hecho" era otra. Durante un par de décadas, el esfuerzo de los historiadores porque se revelaran los documentos del último año de la Segunda Guerra, y su acceso a los ya disponibles, había producido una renovada línea de esa disciplina intensamente estadounidense: la crítica nuclear. La cual, casi no hay que decirlo, no era bien vista. Cualquiera comprende la trascendencia de la empresa: si Japón ya estaba derrotado ese 6 de agosto del 45, si no es cierto que la bomba salvó miles de vidas estadounidenses, si el mito de la bomba atómica era eso, un mito, si las políticas de deterrence -la famosa disuasión, el cliché nuclear por excelencia-, la polarización del mundo, la carrera de ojivas y las pruebas nucleares de Francia y Rusia y China y Gran Bretaña, de la India y Pakistán, si todo eso había salido de una gran, elaborada mentira, ¿quiénes eran los vencedores de la Segunda Guerra? ¿Y dónde quedaba el siglo XX?

     Hoy se da por sabido entre los historiadores algo que Truman omitió en sus memorias con la desfachatez propia de algunos memorialistas: que la primavera de 1945 trajo consigo la derrota absoluta, aunque no declarada ni hecha pública, del Japón. En abril los estadounidenses ocuparon Okinawa, y quedaron, por lo tanto, a un paso de Tokio; también por esos días la URSS manifestó que no renovaría su pacto de neutralidad con el emperador. La entrada de la URSS a la guerra, por supuesto, era lo peor que podía pasarle a las perspectivas japonesas, una especie de desahucio, de condena anticipada. La radio de Tokio anunció un programa de construcción de aviones de madera; otro, para fomentar el consumo de bellota molida en lugar de arroz. Así de desesperada era la situación japonesa: su capital bélico (y esto lo sabían los aliados) se había reducido a niveles de caricatura; la materia prima de su vida era casi inexistente. No es para sorprenderse, entonces, que Japón haya comenzado a principios de 1945 a tantear la posibilidad de una rendición negociada. De Suecia a Moscú, enviados o embajadores japoneses estaban soltando sondas de paz, seudópodos extraoficiales pero no por ello menos autorizados. En toda esa información, en todas esas pruebas coleccionadas con diligencia por espías aliados, había una sola solicitud, tan humilde que no es posible llamarla condición: para rendirse, los oficiales japoneses pedían la preservación del emperador y la posibilidad de regresar a la Constitución de 1889. Digamos que todo esto seguía siendo extraoficial, y que eso explica los oídos sordos de los aliados. Pero el 13 de julio, tres semanas antes de la bomba, la inteligencia estadounidense interceptó un mensaje particular. Lo enviaba el ministro de Exteriores al embajador japonés en Moscú; en otras circunstancias, semejante hallazgo habría bastado para terminar la guerra, cualquier guerra, en cuestión de horas (pero en este caso, horas antes de Hiroshima y de Nagasaki). "Su Majestad el Emperador, consciente de que la actual guerra trae cada día peores males y sacrificios a los pueblos de las potencias beligerantes, desea de todo corazón que sea rápidamente terminada." Éste y los demás cables interceptados se mantuvieron en secreto total hasta 1960, cuando se reveló apenas su existencia. Entonces se confirmó también que Truman y su gabinete habían conocido su contenido, pero no fue revelado de qué contenido se trataba. El grueso de los textos comenzó a darse a conocer en 1978; los que seguían siendo secretos fueron desclasificados por completo, y puestos a disposición de los investigadores sólo a mediados de los años noventa. Sea como sea, la liberación de los documentos relacionados con la bomba atómica -uno los imagina como rehenes de un loco, saliendo del secuestro en fila india, uno por uno- ha dejado también otras certezas. Una de ellas es la discusión, seria y extensa, acerca de la opción de hacer una demostración con la bomba, en lugar de lanzarla sobre una ciudad sin que el mundo supiera de su existencia; es decir, de disuadir, en el sentido del término moderno. Ésa es la verdadera intención de quienes han llevado a cabo pruebas atómicas desde el fin de la Segunda Guerra. Las pruebas estadounidenses en el atolón Bikini o las francesas en el desierto del Sahara son eso, un perro mostrando los dientes. Truman tuvo la oportunidad de disuadir, de forzar la rendición japonesa sin exterminios de ningún tipo, y no lo hizo, entre otras cosas -aquí va una certeza más- porque no era a Japón a quien le interesaba disuadir, sino a la URSS.

     Explicada como lo hace Gar Alperovitz en The Decision to Use the Atomic Bomb, esta situación es quizá la ironía más dolorosa de un libro de más de ochocientas páginas de ironías dolorosas. En 1945 -escribe Alperovitz- la posibilidad de que los horrores de la bomba no hubieran respondido a la necesidad de salvar vidas estadounidenses, esa machacada ortodoxia, sino los juegos de poder de la nueva geopolítica, no se le habría pasado por la cabeza a la mayoría de los habitantes de Estados Unidos. Durante la Guerra Fría, la mera idea fue ridiculizada por políticos y analistas; quienes llegaban a insinuarla eran tildados de paranoicos o apátridas. En este caso, como en los demás, las frases han ido saliendo a la superficie, y Alperovitz ha dedicado treinta años a recogerlas. Ahora podemos leer, en el diario de Henry Stimson, que "la forma de lidiar con Rusia era callarnos la boca y dejar que nuestros actos hablaran en lugar de nuestras palabras". Leo Szilard, uno de los cracks científicos del Proyecto Manhattan (y, dicho sea de paso, quien convenció a Einstein de que participara en él), se reunió en mayo del 45 con James Byrnes, secretario de Estado de Truman. Mucho después escribió esto:

El señor Byrnes no argumentó que fuera necesario usar la bomba contra las ciudades de Japón para ganar la guerra. Él sabía en ese momento, igual que sabía el resto del gobierno, que Japón estaba esencialmente derrotado y que en seis meses más habríamos podido ganar la guerra. En ese momento el señor Byrnes estaba muy preocupado por la propagación de la influencia rusa en Europa... [En opinión del señor Byrnes] nuestra posesión y demostración de la bomba harían que Rusia fuera más manejable en Europa...

Así es la cosa: Truman, convencido de que la demostración de la bomba le permitiría dictar los términos de la política mundial e imponerlos a la amenaza comunista, eligió a 150 mil civiles como ratas de laboratorio, eligió dos ciudades enteras como gigantescos polígonos. La astuta estrategia funcionó: Estados Unidos dominó, efectiva y absolutamente, la amenaza comunista... durante cuatro años. En septiembre de 1949, la Unión Soviética anunció su propia bomba. Y nuestra época mitológica y caricaturesca -la época del miedo de los países ricos y la alineación (o no) de los pobres; la época de los espías y el doctor Strangelove; la época del zapato de Kruschev y los misiles cubanos; la época de las reuniones en Islandia, ya se dieran entre los dos líderes o entre los dos ajedrecistas de las dos potencias- fue inaugurada.

Para cuando apareció el libro de Alperovitz, Hersey, que había tenido acceso a la explicación de algunos de esos misterios (y los había incorporado en el capítulo final de Hiroshima), ya estaba muerto. Por supuesto, murió sabiendo hasta qué punto el lanzamiento de la bomba había sido innecesario; el capítulo final, "Las secuelas del desastre", fue redactado casi cuarenta años después del resto, cuando esa circunstancia era un secreto a voces. "Las secuelas" se publicó, igual que el resto de Hiroshima, en el New Yorker; es, por donde se le mire, una especie de arquetipo del periodismo, con su recatada variedad de recursos, con su avasallante melancolía. Están sus escenas terribles y, para este momento, casi idiosincrásicas: el sobreviviente que conoce al copiloto del Enola Gay; el hijo que va a recoger el informe de la autopsia de su padre y, al encontrarse con los órganos distribuidos en varios contenedores, sólo atina a decir: "Ahí estás, Otochan; ahí estás, papá". Están sus modosas intervenciones en cursiva, soltadas como un pañuelo entre dos capítulos, que corren el riesgo de parecer denuncia fácil y logran algo que se parece mucho al lamento: "En octubre de 1952, Gran Bretaña llevó a cabo su primera prueba de bomba atómica." "El 18 de mayo de 1974, la India llevó a cabo su primera prueba nuclear." Y está, en fin, ese fragmento del discurso pronunciado por el sobreviviente Kiyoshi Tanimoto ante el Senado de los Estados Unidos, cuyo más notorio atributo es la total -e inverosímil- ausencia de ironía:

Padre Nuestro que estás en los cielos, te damos gracias por la gran bendición que has dado a América al permitirle construir, en esta última década, la más grande civilización de la historia humana... Te damos gracias, Dios, por haber permitido que Japón sea uno de los afortunados destinatarios de la generosidad americana. Te damos gracias por haber dado a nuestra gente el don de la libertad, que les permite levantarse de las cenizas de la ruina y nacer de nuevo.

La Constitución japonesa, reformada después de la guerra, se hizo parte de ese renacimiento, e incluye tres principios que la distinguen de cualquier otra constitución política de cualquier otro país del mundo (y que, de paso, son una seña de identidad de nuestro tiempo): no poseer, no producir y no albergar armas atómicas en su territorio. Hoy, 3 de marzo de 2003, leo en un periódico de Barcelona que esa constitución está a punto de ser modificada para permitir todo lo que hasta ahora prohibía. El texto cita las declaraciones de un experto: "La mejor manera para que Japón eluda ser objetivo de misiles nucleares norcoreanos es que el primer ministro declare sin demora que Japón se dotará de armas nucleares." La disuasión está lejos de haber muerto, pienso entonces, y al siglo XX le quedan todavía varios años de vida.

El escritor inmediato

Tras la publicación de Hiroshima, los apologistas de la bomba atómica se encontraron con que no era fácil despreciar a Hersey. Borrarlo de un plumazo, despacharlo con un red o un commie, no era posible: Hersey tenía su carnet de patriota estadounidense bien visible en la solapa. Mientras cubría la guerra en el Pacífico, instalado en Guadalcanal, había hecho más que cubrir la guerra en el Pacífico: las bajas sufridas por su unidad fueron tantas, que el reportero se vio obligado a volverse camillero, y fue después condecorado por la Marina. No sólo eso: su primer libro, Men on Bataan, era un retrato -no: un panegírico- del general MacArthur y sus tropas; el libro era tan encomiástico como puede serlo un Velásquez de la realeza española.

     El autor de Hiroshima, hijo de misioneros, nació en Tientsin, China, en 1914 (fíjense ustedes: con el siglo), y allí vivió diez años. Parece poco tiempo, pero fue suficiente para que desarrollara un cariño muy personal por el país; sus detractores más imbéciles suelen cuestionar la objetividad de Hiroshima basándose en la filiación china del autor, lo cual implica, para ellos, un cierto desprecio por el rival japonés. Ese tipo de malentendidos no fue escaso en su vida: en su momento fue acusado también de dar a todos sus artículos un "tinte de izquierda". Pero tal vez esto no sea demasiado raro, visto que Hersey había redactado los discursos de Adlai Stevenson, ese candidato de la izquierda estadounidense cuya derrota, creo yo, definió la trayectoria política del país (y, por lo tanto, de todo el mundo) desde los años cincuenta. De todas formas, nada de eso le impidió pelearse con la revista Time; en ella, dijo una vez, había tanto periodismo veraz como en el Pravda de Moscú.

     Hersey tiene algo de escritor inmediato. Los novelistas que se ocupan de hechos históricos hablan mucho de la perspectiva necesaria, del tiempo que ha de pasar antes de emprender la puesta en libro de los hechos. A él no parecen asustarlo mucho esos asuntos: escribió su libro sobre MacArthur en 1942; publicó su reportaje sobre la batalla de Guadalcanal en 1943, cuando todavía la batalla estaba fresca. Su primera novela, A Bell for Adano, trata de la ocupación en un pueblito italiano durante la guerra; fue publicada en 1944, antes de que esa guerra terminara. En 1950 publicó The Wall, una novela sobre el gueto de Varsovia. Se suele decir que es la primera novela estadounidense sobre el Holocausto. Lo sorprendente, para mí, no es eso: es que Hersey haya tardado cinco años en novelarlo. La espera debió de parecerle interminable. ~

http://www.letraslibres.com/revista/convivio/hiroshima-y-la-mentira-atomica
Feudalismo       
  Grado 7° 1


Sistema de gobierno y de organización  económica, social y política propio de la Edad Media, basado en una serie de lazos y obligaciones que vinculaban a vasallos y señores.

El término feudalismo viene de la palabra feudo, que era el nombre que se le daba a los territorios que los reyes medievales entregaban a los nobles a cambio de sus servicios.

Cuando se habla de feudalismo se hace referencia al sistema político, social y económico que surgió en Europa occidental a partir del siglo IX y que se consolidó plenamente entre el siglo X y el siglo XIV. A partir del siglo XV. Así, se abre un período de transición, donde seguían vigentes muchos rasgos del sistema feudal al mismo tiempo que se iban desarrollando las condiciones para el posterior surgimiento del sistema capitalista.

En el sistema feudal, el poder político estaba encabezado por un rey, pero éste era un gobernante con un relativo poder. De hecho, eran los grandes nobles quienes tenían el poder, mandando cada uno en sus tierras (llamadas dominios, feudos o señoríos). Por eso se dice que el feudalismo se caracteriza por la existencia de una “soberanía fragmentada” o lo que es lo mismo una “fragmentación del poder político”.

Si tomamos el ejemplo, la zona de la parte superior de lo que hoy es Francia en el siglo XI, las tierras que efectivamente controlaba el rey, eran pocas, pues, la gran mayoría de estas, estaban bajo el dominio de condes, duques, vizcondes y señores feudales.
Uno de los rasgos que caracteriza al feudalismo es que la nobleza (clase social dominante) la ejerce un monopolio exclusivo de la ley y la justicia. Esto quiere decir que sólo los miembros de la nobleza podían imponer la ley y la justicia. En contrapartida, los campesinos no podían acceder a estos privilegios.

Por lo tanto la concesión de feudos o territorios que el monarca otorgaba a los nobles o vasallos que se hubieran destacado en la guerra o en otra forma de servicio era común y el modo de reconocer el valor de los caballeros o nobles que acudían a la batalla. Esta donación no obedecía solamente a la generosidad de los soberanos, sino que constituía una manera de asegurar la defensa y la unión del reino. Su entrega se suscribía durante la realización de un acto de gran solemnidad que se dividía en tres etapas: homenaje, juramento de fidelidad e investidura.

El modo de producción feudal se caracteriza también por la existencia de dos tipos de relaciones: las “relaciones de servidumbre” y las “relaciones de vasallaje” entre las diferentes clases sociales.

El señor feudal explotaba las tierras que tenía a su cargo, a su poder, a su dominio y por ello recurría a los campesinos, que eran los que hacían el trabajo y vivían dentro de su señor. Además de estaban obligados a servirle. Esto se debía a que cuando el señor feudal recibía las tierras, recibía también derechos sobre sus habitantes. Se llama entonces: relación de servidumbre a la relación que se establece entre cada señor feudal y los campesinos (siervos) de sus tierras.

Las relaciones de vasallaje, eran las relaciones que se establecían entre se establecían entre un noble con mucho poder (señor feudal) y otro noble de menor poder (vasallo).

En virtud de la relación de vasallaje, el señor feudal le daba a su vasallo: protección, mantenimiento y el dominio sobre un conjunto de tierras (llamado feudo o señorío) y sobre sus habitantes (siervos) que estaban obligados a trabajar  y servirle a él. En contrapartida, el vasallo brindaba o tenía que proveer a su señor apoyo fidelidad absoluta y hacer parte del cuerpo militar.

El feudalismo

Acabó llegando a su madurez en el siglo XI y alcanzó todo su esplendor durante los siglos XII y XIII. Su evolución comenzó en pleno corazón de Francia, impulsado por los nobles que mandaban en las zonas bañadas por el río Loira, y extendiéndose rápidamente hacia lugares más allá del río Rin, pasando por el denominado Ducado de Normandía y alcanzando el Borgoña. En sus años más dorados, las instituciones feudales se establecieron en zonas soberanistas como Inglaterra, Italia, Sicilia y en el imperio Sacro. El Imperio bizantino también llegó a adoptar el sistema feudal puntualmente tras la cuarta Cruzada (1202–1204), durante la reconquista de la Tierra Santa.

En España, el feudalismo no dejó su huella hasta la mitad del siglo XII, llegando a conquistar el país desde los reinos cristianos hispánicos hasta el califato de Córdoba. Durante esta época, el poder de los reyes, del clero y d los nobles era prácticamente absoluto.

Cesión de los Feudos

La cesión de los feudos a mano de los nobles llegaba sólo a los caballeros que rindiesen homenaje, juramento y sumisión, ya sea de manera social, política y militar. En su forma más clásica, el feudalismo occidental asumía que el Rey, príncipe, duque, marqués o conde soberano era dueño de las tierras, no por títulos ni linaje, sino porque las tierras se recibían “de nadie sino de Dios”.

El príncipe cedía los feudos a sus barones a cambio de unos simples términos, más laboriosos que a los caballeros. Por ejemplo; si un monarca otorgaba un feudo de doce señoríos a un noble a cambio de doce caballeros, el noble podía ceder a su vez doce de los señoríos recibidos a otros tantos caballeros, con lo que podía cumplir la prestación requerida por el rey. Un noble podía mantener todos sus feudos bajo su dominio personal y, al mismo tiempo, mantener a sus caballeros en su señorío a costa de sufragar las prestaciones debidas a su señor. Veamos a continuación los distintos tipos de feudas que se podían encontrar durante la Edad Media.

Tipos de Feudos en la Edad Media

Como ya sabemos, el feudalismo prácticamente, tenía sus normas y tenía sus delimitaciones para poder ser traspasado o trasladado o regalado, siempre que el acuerdo sea mutuo y las tierras lo merezcan. Pero el feudo tiene diferentes características y por lo tanto, diferentes clasificaciones. Todo depended e quien lo entregue o cómo se entregue.
El feudo no era sólo el dominio de un terreno bajo unas condiciones. Dependiendo de qué condiciones hablamos, sería un tipo diferente de feudo.

Fin del feudalismo

El feudalismo vio llegar sus últimos días a raíz de numerosas razones, muchas de ellas causadas por la disminución poblacional. Tal disminución fue provocada por el agotamiento de los recursos que ayudaban al cultivo, las hambrunas, las malas condiciones de alimentación e higiene (causando las pestes), así como las constantes guerras. Además, el comercio comenzaba a romper sus límites y las cruzadas daban como resultado la compra-venta de productos.

El absolutismo de los reyes comenzaba a ser patente en los tronos de Europa, consolidándose así los gobiernos que defendían los privilegios de la nobleza (tal y como se hacía en los siglos XV y XVI) frente a una burguesía que miraba con ansias el poder. Eso marcó el paso medieval al mundo moderno. La presencia del puritanismo también fue fundamental, ya que intervino en la vida política y consiguió desatar las revoluciones de las clases bajas.

Después, el renacimiento llegó tímidamente a Europa como un hecho fundamental-mente cultural, que aun así vivía emparejado al mundo político y social, donde la economía de los mercados (capitalismo) se habría un hueco. El renacimiento surgió en Italia: Venecia, Florencia, Milán, Estados Pontificios y Nápoles (principalmente), y se desarrolló durante los s. XV y XVI.

En resumen

El feudalismo comenzó a disolverse a mediados del siglo XIV, no sólo en aspectos económicos, sino también en sus raíces sociales y políticas. Así acabó una historia que entrelazaba rasgos sombríos de servidumbre y el vasallaje, con las élites nobles y monárquicas. 

El capitalismo comenzaba su andadura en el mundo contemporáneo, un sistema económico que tiene vertientes políticas y sociales, y donde el capital predomina sobre el trabajo. Terminaba con el feudalismo una de las épocas más oscuras de la historia de la Humanidad, l menos en lo que se refiere al mundo occidental. Aun así, algunos de los preceptos del feudalismo siguieron dando sus últimos coletazos durante mucho tiempo.


http://sobrehistoria.com/el-feudalismo-en-la-edad-media/






Revolución  Cultural  China


Cincuenta años después de la Revolución Cultural de China, Deutsche Welle recuerda las claves
 de aquel movimiento y su impacto en la 
política y la sociedad del país.


Segundo Artículo sobre la Revolución Cultural Grado 9°


¿De qué se trató?
La Revolución Cultural fue una campaña socio-política lanzada en 1966 por Mao Zedong, entonces líder del Partido Comunista de China, con el fin de crear una “persona nueva”. Según el sinólogo Oskar Weggel, esta “nueva persona” sería un “ser altruista dentro de una sociedad libre de dominación, que haya vagado como un fantasma a través de las utopías humanas”. Para alcanzar su objetivo, llamó a la destrucción de los “Cuatro Viejos”: pensamiento, cultura, costumbres y tradiciones. Las ideas del propio Zedong reemplazarían a los “Cuatro Viejos”. Mao también hizo un llamado a neutralizar los elementos “contrarrevolucionarios” y revisionistas del partido, encarnados en la figura de su rival Liu Shaoqu, quien unos pocos años antes lo había sustituido en la presidencia de la República Popular de China. La Revolución Cultural supuso, por tanto, una lucha de poder en el seno del liderazgo del Partido Comunista. En el terreno económico, Liu se inclinaba más hacia el impulso del mercado, mientras que, políticamente, estaba a favor de la disciplina en el partido. Para Mao, cualquier incentivo a la riqueza era anatema.
¿Qué tuvo que ver con la cultura?
A principios de la década de los 60, Mao perdió poder y abandonó el centro político del país para dirigirse a Shanghái y consolidar allí su influencia. No puedo lanzar un ataque directo al Comité Central del partido, dominado por Liu Shaoqi y sus aliados, así que trató de golpearlo con la ayuda de granjeros, trabajadores y estudiantes. El conocido como “gran salto adelante”, que tuvo lugar entre 1958 y 1961, reformó los sectores agrícola e industrial con consecuencias catastróficas y millones de muertes. Así pues, el ataque tenía que ocurrir a través de la cultura, especialmente la literatura y los periódicos. Después de que Mao y sus aliados publicaran su propaganda preparatoria, el golpe decisivo tuvo lugar durante la “sesión expandida” del Politburó en mayo de 1966. Mao excluyó del círculo interno del poder a gran parte de quienes apoyaban a Liu y lanzó una campaña contra los “revisionistas” del partido, contra el Gobierno, el Ejército y el sector cultural. Mao se las arregló para eliminar a sus rivales políticos en agosto de 1966 y pudo regresar a Pekín.
¿Cómo transcurrió?
La Revolución Cultural tuvo lugar entre 1966 y 1976. Comenzó con el alzamiento de los estudiantes de enseñanzas medias y universitarios, que formaron grupos paramilitares llamados “Guardia Roja” para promover la lucha contra los “Cuatro viejos”. Profesores y académicos fueron obligados a confesar sus “crímenes”. Tanto sus viviendas, como bibliotecas y templos fueron registrados. Se ejecutó a aquellos que fueron acusados de “revisionismo”. Pronto, gran parte de la población urbana se unió a la revolución. Esta vez, el objetivo fueron los funcionarios del partido. China se sumió en el caos. La mitad del Politburó y del Comité Central perdió su trabajo, así como la mitad de los secretarios del partido. El sistema de gobierno colapsó. Hubo sangrientos enfrentamientos entre facciones de la propia Guardia Roja, convencida cada una de ellas de seguir la verdadera doctrina. Con la Revolución Cultural fuera de control, Mao activó el Ejército del Pueblo, que dirigía su aliado, Lin Biao.
El Ejército había permanecido hasta ese momento relativamente neutral. Hacia 1968, tomó control de la mayor parte del país. Los miembros de la Guardia Roja que se resistieron a ser sometidos, fueron enviados fuera del país para su reeducación o ejecutados. La disciplina militar se impuso. En 1969, comenzó la restauración del aparato del partido, pero el Ejército de Lin Biao se resistía a abandonar su estatus. Lin Biao planeó supuestamente el asesinato de Mao como parte del actualmente conocido como “Proyecto 571”, pero el plan fracasó. En 1971, Lin Biao murió en un accidente de avión sobre Mongolia y las circunstancias del siniestro aún no están esclarecidas.
Incluso después de que se reinstaurara el gobierno del partido, una cierta calma no llegó a China hasta 1976. La llamada “Banda de los Cuatro”, entre quienes se encontraba la esposa de Mao, trataba de asegurar su posición contra los nuevos hombres fuertes, como Deng Xiaoping, e imponer una línea radical. Pero sus esfuerzos fracasaron de forma definitiva tras la muerte de Mao en septiembre de 1976. En ese momento concluyó el caos de la Revolución Cultural.
¿Qué papel jugó el “Libro Rojo” de Mao?
La conocida como “biblia” de Mao se titulaba en realidad “Citas del líder Mao Zedong”. Lin Biao compiló los textos, discursos y citas de Mao durante el “Gran salto adelante”. Cada revolucionario debía tener siempre consigo una copia. Los miembros de la Guardia Roja se saludaban unos a otros con citas del libro, del que se publicaron un billón de ejemplares.
¿Por qué fracasó la Revolución Cultural?
Desde el principio, el movimiento implicaba una contradicción inherente que era imposible de resolver. Mao quería ser el líder más revolucionario y eliminar las jerarquías, pero, al mismo tiempo, deseaba tener el control total. Cuando esta contradicción también se hizo evidente en las disputas de las distintas facciones de la Guardia Roja, Mao introdujo al Ejército para restaurar el orden. El sueño de la “nueva persona” fue enterrado y en su lugar se alzó el poder que “emanaba de las armas”. Emergió un nuevo partido leninista con sus estructuras jerárquicas y burocráticas. Tras su muerte, muchos opositores de Mao reconquistaron poder, incluyendo Deng Xiaoping, quien condujo a la nueva era de China con sus reformas económicas.
¿Cuáles fueron las consecuencias de la Revolución Cultural?
A día de hoy, se estima que fueron asesinadas alrededor de un millón y medio de personas, la mayoría durante la “limpieza” del Ejército del Pueblo, que no escatimó violencia para restaurar el orden. Uno de los efectos positivos fue la introducción de un rudimentario sistema de salud en las áreas rurales.
¿Cómo se percibe actualmente en China?
En 1981, la “Banda de los Cuatro” fue juzgada por orden de Xiaoping y se proclamó la Revolución Cultural como “gran catástrofe para el partido y el pueblo”. La línea oficial del partido hoy día es que Mao “tenía razón en un 70 por ciento y estaba equivocado en un 30”. China ha dejado atrás la idea de Mao de revolución permanente. El partido tiene una estructura estrictamente jerárquica y detenta el monopolio del poder.






La  Revolución Cultural  China

Por Vir Covi


Primer Artículo sobre la revolución Cultural Grado 9°

El 1 de octubre de 1949 el máximo dirigente del Partido Comunista Chino, Mao Zedong (o Tse-Tung) proclamó la República Popular China. Durante su gobierno, entre 1949 a 1976, caracterizado por intensas campañas ideológicas, se arrogó el planteamiento del marxismo-leninismo pero con matices basados en las peculiaridades de la sociedad china, muy distinta de la europea, otorgando un papel central al campesinado, en lugar del proletariado ‏El Gran Salto Adelante consistió en una serie de medidas adoptadas durante la década de 1950 para aprovechar el enorme caudal humano y aumentar la producción agrícola e industrializar el país sin importar maquinaria, sino mediante el trabajo en masa y la creación de 1 millón de hornos de alta fundición de acero. Estas medidas, cuyas víctimas fueron principalmente los campesinos, fueron un fracaso pues la hambruna debida a las malas cosechas y a las catástrofes naturales provocaron la muerte de más de 10 millones de personas. Además el acero resultante fue inservible ya que era una mezcla de diferentes materiales.

Este descalabro forzó la salida de Mao de Pekín, pero una vez en Shangai no se resignó a perder el poder pues veía la evolución de China como una traición a las ideas revolucionarias por lo que desde allí comenzó a hacer un llamamiento a la resistencia frente a la burguesía preparando así el retorno. En 1865 los Diarios ya hablaban de Gran Revolución Cultural, cuyas víctimas eran los intelectuales y dirigentes del país puesto que la enorme campaña ideológica alentaba al ejército y a los jóvenes a condenar los actos revisionistas de las ideas de Mao, creándose los Guardias Rojos (1966-1968), grupos de estudiantes y jóvenes que representaban al hombre nuevo sin perjuicios burgueses, con luz verde para utilizar las medidas que creyeran oportunas contra quien expresara interés hacia cualquier cosa que no fuera la ideología de Mao, quien comprendiendo que su devoción le sería útil, les encomendó atacar las ideas, hábitos, pensamiento y cultura antiguas, pues representaban otra manera de pensar y eran vestigios del feudalismo, con libertad para decidir qué era antiguo, lo que tendría consecuencias nefastas para la cultura tradicional china, pues destruyeron obras de arte y templos. Los Guardias publicaban carteles, se manifestaban diariamente e incluso cerraron las universidades y colegios para que los alumnos se unieran a las manifestaciones provocando que una generación entera de jóvenes no tuviera ninguna educación que no fueran los lemas revolucionarios. Este enorme lavado de cerebro, además de la fidelidad ideológica de los soldados a Mao, la ayuda de su mujer Jiang Qing, Ministra de Cultura, y la obra de su fiel Lin Biao, Ministro de Defensa, que recopiló un libro con sus discursos más importantes, el Libro Rojo de Mao, instrumento de adoctrinamiento de la población, consiguieron que algo imposible de imaginar después del Gran Salto Adelante sucediera, y es que Mao volvió a tomar el poder en Pekín.

Mientras, y como era de esperar, los Guardias Rojos comenzaron a tener enfrentamientos entre ellos para ver quien demostraba más lealtad a Mao, quien consciente de que amenazaban la existencia misma del estado les ordenó cesar sus purgas y les dispersó por las provincias más lejanas, con lo que acabaron extinguiéndose. Mao, para ratificarse en el poder, convocó en 1969 al Partido Comunista, adoptándose el maoísmo como la ideología oficial del partido y del estado. Este Congreso dio por terminada la Revolución pero comenzaron los problemas con su fiel Lin Biao. Mao, que había decidido suprimir la jefatura de estado para que el pueblo le viera como un líder preocupado por la ideología y el partido, no por intereses personales, comprendió el porqué de tanta adulación de Biao, quien viendo que si la presidencia se suprimía él dejaría de ser el sucesor, comenzó a preparar un golpe de estado que fracasó, muriendo al parecer en un accidente de avión cuando huía a Tailandia, aunque su muerte nunca quedó clara.

Como su desaparición dejaba un vacío de poder en el Partido se convocó un nuevo Congreso en 1973 donde ascendieron en la jerarquía su mujer Jiang Qing y sus colaboradores más cercanos. Cuando Mao murió en 1976, el sucesor al que había designado pocos meses antes, consciente de que una lucha por el poder era inevitable ordenó arrestarles como colaboradores de una Revolución catastrófica para el país.

Desde su muerte el gobierno de la República Popular China ha abandonado en la práctica el maoísmo aunque el pensamiento Mao sigue siendo la ideología del estado. Hoy se permite cuestionar las acciones concretas de Mao pero no la validez del maoísmo. Una vez evaluada aquella época se ha llegado a la conclusión de que fue un verdadero desastre. Su fracaso sirvió para desacreditar la idea del socialismo en la mente de muchos chinos, lo que abrió el camino para el desarrollo del capitalismo aunque conservando el Estado su función planificadora bajo la dirección del Partido Comunista. Entre las reformas económicas y la circunstancia de que es la nación más favorecida en los tratados comerciales con Estados Unidos, el caso es que hoy es la segunda economía mundial, en contraste con la corrupción, injusticias y desigualdades que padece la sociedad china en la actualidad.


https://factoriahistorica.wordpress.com/2011/03/06/la-revolucion-cultural-china%E2%80%8F/