lunes, marzo 28, 2016

Daros  Latinoamérica:
 memorias de un  legado peligroso



    Guillermo  Villamizar -  esferapública


 “La historia de los grandes acontecimientos de este mundo no son más que la historia de un crimen”. Voltaire.



Introducción

Este texto nace a partir de una coyuntura especial. Durante la investigación que adelantaba para el artículo sobre el Museo de Arte de la U. Nacional en Bogotá, me llamó la atención esa estrecha relación entre los ciclos expositivos de este museo y su directora/curadora con la colección Daros Latinoamérica.

La pregunta obvia empezaba por resolver ¿Quién era Daros? Se me vino inmediatamente a la cabeza suponer que era una empresa Suiza y para confirmar esto bastaba con explorar la página web de la colección. Hay que tener en cuenta que existen tres colecciones Daros: la clásica por llamarla así, la que está dedicada al arte latinoamericano y la que colecciona arte joven contemporáneo europeo, según las propias palabras de Stephan Ernest Schmidheiny. (1)

En la página de la Daros Collection se lee que Alexander Schmidheiny (hermano del primero) inició esta empresa junto a su socio Thomas Ammann en los años 80, enfocados en el arte de la segunda mitad del siglo XX, especialmente arte estadounidense con sus emblemáticas figuras como Andy Warhol, Cy Twombly, etc.

La muerte prematura de Alexander Schmidheiny y Thomas Ammann llevó a Stephan a continuar con la colección. Sin embargo el interés por esta colección ya venía de antes, desde sus comienzos, como asistente financiero de los intereses de su hermano menor por el arte, de acuerdo a unas declaraciones que me permito trascribir, tomadas de su autobiografía:

Sin embargo, mis actividades empresariales en los años 80 reflejaban incertidumbre y preocupación. El arte me demostró ser un excelente antídoto contra el estrés. Fue la época cuando Alexander, mi hermano menor y su socio, me presentaron el mundo del arte moderno y contemporáneo. Con mi ayuda financiera, los dos empezaron una colección de arte contemporáneo de muy alto nivel; a la vez, mi interés en las obras que adquirían empezó a ir más allá de la de un simple inversionista.

Ya para ese momento la pregunta no era quien era Daros, sino ¿quién era Stephan Ernest Schmidheiny? Y ahí recibí un golpe seco directo a las certezas que ayudan a entender dónde empieza la ficción y donde termina la realidad, porque sus mezclas llegan a dibujar en el espacio de la experiencia un paisaje completamente absurdo cuando las líneas difusas de sus límites desaparecen, provocando que esas mismas certezas pierdan confianza por ese lugar entre mágico y oscuro donde circulan las ficciones del arte.

Cuando usted coloca en Google el nombre de este señor, la información es contradictoria. Es como la antesala al universo remasterizado del Doctor Jekill y el Señor Hyde; pues de una parte la página web de Schmidheiny se encarga de describir a un señor de muy buenos modales que hace filantropía en América Latina. De otra parte, la información sacude al lector con toneladas de documentos que hablan del juicio de Turín y la condena que se le ha propinado al bueno de Schmidheniny, como dueño y último heredero de una dinastía que estuvo envuelta en el negocio de Eternit, es decir asbesto, durante buena parte del siglo XX.

A partir de ese momento, mi interés se dirigió a desenredar esta enorme madeja de información relacionada con el asbesto y todas (en la medida de lo posible) las mentiras y verdades escondidas detrás de esta poderosa industria que movió miles de millones de dólares durante el siglo XX y que aún continúa haciéndolo en los países emergentes, del cual Colombia no es la excepción (2).
Comprender los procedimientos de esta industria durante todo un siglo es también entender un poco la mente de un coleccionista, y los eventuales propósitos que lo llevaron a sembrar toda una estrategia alrededor del arte latinoamericano de las últimas décadas, a pesar de que Hans - Michel Herzog pretenda poner a Stephan Ernest Schmidheiny por fuera de cualquier vínculo con esta colección ¿es el arte un modelo refinado que la vida contemporánea subasta para acceder y comprar indulgencias?
Entender de dónde viene el dinero que paga esta fiesta del arte y de donde salen los cheques que alimentan los sueños de los artistas, es encontrar una perspectiva para entender un poco la lógica de la modernidad europea construida sobre las bases del progreso, la libertad y la civilización. Este progreso en su momento se llamó asbesto y podría llamarse otros mil inventos, otras novedades, otras libertades, sean estas de carácter científico, económico, social o cultural.
Cuando pienso que el discurso de las vanguardias históricas siguieron la lógica de los movimientos del capital, en algunas ocasiones producto de unas estrategias que actuaban en contracorriente pero que eran capturadas y reencausadas de nuevo por el capital, gracias al poder económico del coleccionismo, no puedo pasar por alto -de acuerdo con McCulloch & Tweedale- que el pico de la industria del asbesto en Norte América y Europa occidental coincidió con lo que algunos economistas llaman la “Edad dorada del capitalismo” (1945-1972) y en ese sentido, el asbesto es un símbolo de la modernidad industrial y la proyección que causó a la división global del trabajo (3), y de esta manera, un precursor del capitalismo sin fronteras, que sirve de plataforma para establecer los modelos que terminaron siguiendo ciertos discursos y formas de circulación del arte contemporáneo amparados en la globalización post naciones.
De manera curiosa o coincidencial, estaba trabajando en la traducción del texto que Andrea Fraser había enviado a la Bienal del Whitney del año 2012 y que lleva por título “There’s no place like home”.
Al comienzo Andrea cuenta que lleva sin visitar exposiciones ni museos desde hace un buen par de años y para justificar esta postura dice:
Entiendo esta posición como producto de mi distanciamiento del mundo del arte y sus hipocresías, lo que me ha permitido hacer una carrera por fuera de las presiones expositivas. Le he otorgado a la crítica institucional el papel de juzgar a las instituciones del arte contra las pretensiones críticas de sus discursos legitimadores, sus auto-representaciones como lugares de impugnación y sus relatos de radicalidad y revolución. La flagrante, persistente y al parecer siempre creciente separación que se da, entre estos discursos de legitimación -sobre todo en sus reclamos críticos y políticos- y las condiciones del arte en general, así como mi propio trabajo, se me hacen tan profunda y dolorosamente contradictorios como fraudulentos.
Al finalizar el texto, en las notas aparecía una referencia a otro artículo que la Fraser había publicado en la revista alemana Text zur kunst en septiembre del año 2011 titulado “L’1% C’est Moi”, en donde establecía esa relación entre el gran dinero de los coleccionistas y el arte. Buena parte de los coleccionistas analizados habían tenido su cuota de responsabilidad en la crisis financiera e hipotecaria del año 2007, lo que perspicazmente le permitía a Andrea Fraser afirmar lo siguiente:
¿Cómo ganan su dinero los más importantes coleccionistas del mundo? ¿Cómo se relacionan sus actividades filantrópicas con sus operaciones económicas? y ¿qué significa coleccionar arte para ellos y cómo esto afecta al mundo del arte? Si nos fijamos en los ingresos de esta clase social, es evidente que sus ganancias están sustentadas en el crecimiento de la desigualdad del resto de la humanidad.
Esta redistribución del capital en cambio, tiene una influencia directa sobre el mercado del arte: entre mayor sea la brecha entre ricos y pobres, mayores son los precios de este mercado. Excepto para los seguidores incondicionales de las teorías que apoyan la exención de impuestos al gran capital, está suficientemente claro que por ahora, lo que ha sido bueno para el arte, ha sido desastroso para el resto de la humanidad.
Comprendí inmediatamente la pertinencia de estas palabras con el tema regional de la colección Daros Latinoamérica, su propietario detrás de bastidores y los probables objetivos que una organización de este tipo pretende buscar, al invertir tanto dinero en esta aparente noble causa del arte de la región.
Con el derrumbe de la industria del asbesto en los países europeos, el bueno del Sr. Schmidheiny buscó empezar a trasladar sus inversiones hacia esta región del continente americano. Ya era famosa la participación de su empresa familiar en plantas de Eternit a lo largo de América Latina, como por ejemplo en los negocios de reconstrucción de Managua tras el terremoto en 1976, cuando aliados con el general Somoza crearon una planta de Eternit en Nicaragua.
Igualmente, durante la dictadura de Pinochet, una ley que desconocía todos los anteriores tratados entre la comunidad Mapuche y los winkas (blancos), impuso la división de las tierras entre los miembros de las comunidades indígenas, terminando con la propiedad colectiva; de tal manera se crearon campos familiares demasiados pequeños para ser rentables (4) lo que allanó el camino para que inversionistas y terratenientes como Schmidheiny se hicieran a varios miles de kilómetros cuadrados de selva virgen comprada a precios muy bajos a los indios Mapuches, quienes en ese momento de la dictadura se vieron obligados a vender. “Ya no existen mapuches, porque todos somos chilenos” decía Pinochet en 1979.
Hoy en día estas tierras producen buena parte de la madera que consumimos en América Latina bajo el nombre de Masisa, la cual pertenece a Forestal Millalemu controlado por un holding llamado Terranova, con un patrimonio forestal en Chile sobre 120.000 hectáreas distribuido entre la VIII y IX Regiones y con inversiones forestales además en USA, Brasil y Venezuela que suman un total de 295 mil hectáreas en predios forestales con operaciones industriales adicionalmente en México y EE.UU., convirtiéndolo en el mayor productor de aglomerados en América Latina, con una capacidad de producción anual de 2.3 millones de metros cuadrados en tableros de madera, molduras y puertas (5). Obviamente el bosque virgen ha desaparecido (6), y con ello la flora y la fauna en general porque estas plantaciones no son bosques sino cultivos y no sólo son cultivos, sino que son monocultivos forestales de rápido crecimiento, implantados a gran escala (7). El mayor error precisamente es ese: calificar de bosques a estos monocultivos y más grave aún, Forestal Millalemu ha realizado con la Genfor SA experimentos con pinos transgénicos en Chile, sin ningún control. (8)
Cuando pensé en los artistas que hacen parte de esta colección, y especialmente en aquellos que manejan contenidos socio políticos en sus obras, pude comprender a cabalidad lo que dice Andrea con una buena dosis de sonrisa irónica grafitiada en mi rostro - entre hiperreal y difusa: lo que es bueno para el arte ha sido desastroso para el resto de la humanidad.
Las conjeturas que uno puede hacer en este tema son amplias y difícilmente pueden ser evacuadas en un solo artículo, por lo que voy a dividir esta investigación en varios capítulos y el primero estará dedicado a desentrañar la historia del asbesto, de Eternit Suiza manejada por esta familia y sus socios agrupados en la SAIAC, y claro, la relación con este material venenoso: el asbesto.
El segundo capítulo que será publicado en febrero, cuando Esfera Pública reanude sus labores, analizará las relaciones discursivas y conceptuales de algunos artistas que hacen parte de esta colección (Luis Camnitzer, Alfredo Jaar, Doris Salcedo, Miguel Ángel Rojas y José Alejandro Restrepo) y las situaciones que se pueden desprender cuando miramos sus discursos y objetos a la luz de las historias que se esconden detrás del dinero que alimenta este teatro de ficciones llamada Daros Latinoamérica.
 ¿Y por qué me atrevo a decir esto? Mientras los artistas defienden unas cosas de una parte, la compañía que compra sus obras y promueve a estos artistas, hace exactamente lo contrario por otra parte.
En este largo conjunto de hechos y situaciones que componen esta cadena productiva relacionada con los mercados sensibles del arte y la estética contemporánea, pareciera existir algo que definitivamente no funciona, porque mientras desde el campo de la producción se plantean determinados temas sensibles para la sociedad en general, el camino final de las obras y su conversión en artículos de lujo por el mercado del arte pareciera desdibujar completamente los contenidos iniciales de las obras de arte, y aún más, reducir el papel del artista al de un cínico jugador en este mercado que prefiere ignorar estas cosas que suceden a su alrededor, para poder continuar alimentando sus arengas estéticas sin que deba ni tenga que asumir ninguna responsabilidad ética por ello.
Todo principio revolucionario de la obra de arte, como dispositivo no controlado por el statu quo, termina en la más simple y banal domesticación por parte del gran capital o manipulado por la “manufactura del disenso” para emplear las palabras de Michel Chossudovsky, (9) especialmente cuando este capital ha sido forjado mediante el engaño y el delito si nos atenemos a las conclusiones que deja el Juicio de Turín.
No hay que olvidar aquí otro componente de la fundación Daros: el subsidio que le ofrece a instituciones como “Lugar a dudas” dirigida por Oscar Muñoz y muy probablemente su apoyo a “FLORA”, el proyecto liderado por José Roca.
Como es de suponer, nadie dirá nada. Cuando publiqué el artículo sobre el Museo de la Universidad Nacional no hubo un solo pronunciamiento, ni siquiera de los propios afectados por las políticas verticales de María Belén Sáez de Ibarra ¿Alguien se atreve a morder la mano que le da de comer? La lógica común dice que no, así la mano sea una mano genocida, como es el caso de la industria del asbesto a lo largo del siglo XX en Europa, Canadá, EE.UU., Japón, África o América Latina.

Primera Parte
El dinero sucio de Eternit 
financia la buena conciencia del arte:
la colección DAROS LATINOAMÉRICA

Eternit ha sido a lo largo de su historia varias cosas a la vez; ha sido el nombre de decenas de empresas fabricantes y decenas de productos para la industria de la construcción, ha sido un grupo industrial multinacional dominante, dos conglomerados mundiales del asbesto, una marca, una patente y un término genérico; la palabra “Eternit” se utiliza en muchos mercados para denotar una gama de productos en asbesto cemento para la construcción, independientemente de la marca. Pero Eternit es más, mucho más de lo que podrá describirse en el siguiente capítulo; durante los últimos cien años, estas siete palabras han llegado a representar un proceso de producción que consume y escupe a los seres humanos como parte de sus ciclos de fabricación. (10)
Stephan Ernest Schmidheiny nació en Heerbrugg al este de Suiza, ubicado en el cantón St Gallen, el 29 de octubre de 1947 en el seno de una de las familias más prósperas, tradicionalmente unidas al floreciente mundo de los negocios en la siempre próspera Suiza.
Según la revista Forbes, ocupa el puesto 442 en su lista de adinerados y es por ello, el quinto hombre más rico de Suiza con dos mil setecientos millones de dólares. (11)
La marca Eternit estuvo asociada a este apellido durante todo el siglo XX y en este siglo, parece estarse convirtiendo en una pesadilla que viene a recobrar su dosis de justicia frente a la enorme estela de muertes que el asbesto ha dejado en miles de empleados que trabajaron en las fábricas que los Schmidheiny se encargaron de sembrar a lo largo del planeta.
En la antigüedad el asbesto era usado con objetivos “mágicos” y “rituales”. Una creencia popular decía que el asbesto conseguiría ser la “lana de la salamandra”, el animal que podía desafiar el fuego sin sufrir daño. (12)
El asbesto es el nombre genérico que se le da a un grupo de minerales fibrosos. En pocas palabras es una roca que se extrae del suelo. Existen dos tipos de asbesto: el serpentino y el anfíbolo. El crisotilo (o asbesto blanco) es el único miembro de los serpentinos y es explotado principalmente en Rusia, Canadá, China, Brasil y Zimbabwe. El grupo de los anfíbolos incluye, entre otros, dos importantes especies en su comercialización: la amosita (el asbesto marrón) y la crocidolita (asbesto azul) que fue explotado durante el siglo XX especialmente en Sudáfrica. Otros asbestos de la familia de los anfíbolos son la antofilita, la tremolita y la actinolita. Todos los asbestos se dividen longitudinalmente en fibras y es esta facultad de hacerse fibroso que combinadas con su resistencia al calor y su dureza, que lo convierten en un material muy útil. Estas fibras del asbesto pueden seguirse dividiendo hasta niveles moleculares. (13)
Cuando se frotan las fibras del asbesto con los dedos, estas humean produciendo una pequeña nube de polvo compuesta de fibras de inimaginable fineza. En algunos casos para observar estas diminutas fibras se requiere de microscopios electrónicos, lo que facilita su inhalación sin que provoquen ningún tipo de irritación en las vías respiratorias en el corto plazo. Es en el largo plazo, que el asbesto es capaz de producir tres tipos de enfermedades relacionadas con este mineral: Asbestosis (cicatrización pulmonar), cáncer de pulmón (revestimiento de las paredes que componen las vías respiratorias de los pulmones) y mesotelioma (revestimiento pleural o peritoneal). Aunque también puede producir otro tipo de cánceres como son los tumores gastrointestinales. (14)
A comienzos del siglo XX, el austríaco Ludwig Hatschek inventó un proceso mediante el cual se combinaban las fibras del asbesto con cemento para producir asbesto - cemento (AC), un material con excelentes propiedades técnicas que podía utilizarse en múltiples aplicaciones.
Como el asbesto iba a “durar siempre”, Hatschek bautizó el proceso con el nombre de Eternit, en alusión a su carácter eterno, y procedió a vender la patente a empresas de todo el mundo, muchas de las cuales adoptaron el nombre de Eternit. (15) De esta manera Hatschek empezó a vender “franquicias” de su invento “Eterno” y durante los siguientes 60 años se vendieron licencias a empresas que se establecieron en Bélgica, Suiza, Italia, Francia, Reino Unido, Alemania, Chile, Holanda, Argentina, Hong Kong, Uruguay, China, Nigeria, y la India. (16)
El asbesto está presente en las tejas que techan las casas y en los tanques de reserva de agua a nivel doméstico e industrial, en las tuberías que transportan agua, las fibras de asbesto se mezclan con las baldosas para pisos en vinilo, como aislante en las refinerías de petróleo, en hospitales, buques de guerra, cinemas y viviendas. Era usado en los países europeos y norteamericanos y sigue siendo usado en países emergentes con productos en plástico y caucho, aparece mezclado con adhesivos, con cementos, pinturas y selladores. En los automóviles aparece mezclado en las juntas, las culatas, chispas de encendido, aislantes de las tuberías de escape, radiadores y frenos de disco. Algunos usos exóticos se podían y se pueden seguir viendo en los filtros para cigarrillos, paños de cocina, hilos para suturas quirúrgicas, billetes, fieltros para pianos, mesas para planchar, boinas, delantales, tampones y filtros, recipientes y coladeras para el arroz, la sal, la cerveza y el jugo de naranja. (17)
Mientras el consumo de asbesto ha empezado a estar restringido especialmente en los países desarrollados (18), se cultivan nuevos mercados en las economías en desarrollo. Así en los últimos años, han aumentado considerablemente las ventas de productos derivados de asbesto -cemento en la India, Pakistán, Indonesia y Tailandia. Aunque es de sobra conocido que la exposición al Asbesto puede causar la muerte, los productores de asbesto siguen defendiendo su uso seguro y negando la existencia de alternativas confiables para la salud humana. (19)
De acuerdo con Fiona Murie, en ese momento responsable de Salud y Seguridad de la Federación Internacional de Trabajadores de la Construcción y la Madera (FITCM), el concepto de “uso controlado” es una broma de mal gusto.
Desde el momento en que el asbesto cemento fue inventado, empezaron a aparecer reportes hablando que las fibras de este mineral causaban enfermedades pulmonares. En 1918 la oficina de estadísticas laborales de los EE.UU. fue bastante lejos al publicar un informe donde se registraba que un número importante de compañías aseguradoras de EE.UU. y Canadá se rehusaban a vender pólizas de seguros a los trabajadores del asbesto, cuyas estadísticas empezaban a mostrar una alta tasa de mortalidad prematura entre ellos. (20)
La primera mención de reclamaciones por daños contra una empresa de asbestos data de 1929. La empresa en cuestión era Johns - Manville. Estas reclamaciones por daños llevaron a las aseguradoras a proveer pólizas contra riesgos laborales. (21)
El interés científico aumentó después de la publicación en 1924 de un artículo sobre fibrosis pulmonar relacionada con asbestos en el British Medical Journal. Desde 1927, un número creciente de artículos aparecieron en Inglaterra y el término Asbestosis fue utilizado por primera vez. (22)
En ese momento ante la falta de microscopios y auscultaciones anatómicas precisas, las enfermedades pulmonares con frecuencia terminaban siendo diagnosticadas como tuberculosis. Esta confusión existía también en relación con el silicio y la silicosis, cuando ya esta era considerada una enfermedad ocupacional. En los años 30 y 40 del siglo XX, más artículos se publicaron sobre la asbestosis, relacionados tanto con la enfermedad como con el número de víctimas. (23)
Nadie sabe con precisión cuántas vidas humanas se han perdido a causa del uso indiscriminado del asbesto en el mundo. La Organización Mundial de la Salud (24) calcula que más de 125 millones de personas en el mundo están expuestas al asbesto en términos ocupacionales, y cerca de 107.000 personas mueren cada año debido a su empleo en entornos laborales. Uno de cada tres cánceres ocupacionales es provocado por el asbesto y el profesor Joe LaDou de la U. de California es aún más pesimista: la epidemia cancerígena del asbesto puede arrastrar 10 millones de vidas antes de que sea prohibido a nivel mundial y su exposición sea reducida a cero. (25)
La historia del imperio Schmidheiny se inició en Heerbrugg, un pequeño pueblo en el valle del Rin ubicado en la parte oriental de Suiza. Jacob Schmidheiny (1838-1905), el abuelo de Max Schmidheiny, fue el hijo de un sastre y era originalmente un tejedor de seda (26). Después de su intento como fabricante textil, estableció una serie de fábricas de baldosas, a partir de 1870. Antes de eso había comprado el castillo de Heerbrugg con un préstamo obtenido de un extraño virtual; el castillo permaneció bajo propiedad de la familia hasta principios del siglo XXI. En 1906, Ernst Schmidheiny (1871-1935), el hijo de Jacob anciano, empezó la producción de cemento. Esto a la larga conduciría a la creación del vasto conglomerado global de los Schmidheiny: Holderbank; el nombre se deriva de una zona donde se encontraba una fábrica que Ernst Schmidheiny había adquirido antes de la primera guerra mundial. (27)
El uso más importante del asbesto, sin duda, ha sido en la producción de asbesto cemento utilizando el método patentado por Hatschek en 1900. El asbesto-cemento consiste generalmente de 10% a 20% de asbesto con casi todo el resto de cemento. A este respecto, es importante señalar que el empresario suizo Ernst Schmidheiny tenía ya en 1910 establecido un cartel del cemento en Suiza, y en 1930 logró por medio del holding financiero Holderbank, llevar los intereses del cemento a todos los rincones del planeta bajo su control. (28) De esta manera Holderbank jugó un papel importante en la expansión de Eternit Suiza.
En 1929, Ernst Schmidheiny (Tío de Stephan Ernest Schmidheiny), de Eternit Suiza, junto a la multinacional inglesa del asbesto Turner & Newall (T&N) crearon el cartel internacional de los productores de asbesto-cemento, al cual pertenecerían las grandes compañías internacionales asociadas con esta industria: Johns-Manville de USA y propietario de las más grandes minas de asbesto en Canadá, y las diferentes subsidiarias de Eternit en Europa continental controladas especialmente por las familias Schmidhieiny de Suiza y Emsens de Bélgica, que pensaban que competir por materias primas y mercados no era tan rentable si no estaban debidamente organizados para controlar la explotación, la producción, la distribución de los mercados y los precios de manera concertada, la cual terminó llamándose SAIAC (una abreviatura de Sociétés Associés d’Industries Amiante-Ciment) que contaba con su centro de operaciones directamente en Suiza.
La cooperación en áreas de mutuo interés les permitía fijar precios, crear esferas de influencia, coordinar la investigación “científica” y promover de manera concertada la propaganda en defensa de los intereses de la industria. El hecho de que estos métodos industriales pudieran ser ilegales en algunos países, e inmorales en otros casos, no fue motivo de aprehensión para que el lobby corporativo consiguiera su objetivo final: convertir las fibras mortales del asbesto en una máquina despiadada para producir dinero. (29)
Turner & Newall Ltda., el principal grupo de asbesto del Reino Unido, mostraba su orgullo de pertenecer a este cartel, refiriéndose a él en un informe anual de la empresa como una “Liga de las Naciones en miniatura”. (30)
Hoy en día, agresivas campañas de mercadotecnia, apoyadas por millones de dólares obtenidos del asbesto, se dirigen a los responsables de la toma de decisiones y el incremento del consumo de asbesto en países que disponen de escasa información sobre las consecuencias a largo plazo de la exposición a esta sustancia, que carecen de legislación específica sobre ella o no aplican la que tienen, que no llevan a cabo inspecciones oficiales de los lugares de trabajo y que no cuentan con mecanismos de indemnización, servicios sanitarios ni seguridad social. La vulnerabilidad de los trabajadores de la construcción en estos países hace que su explotación sea algo rutinario; con frecuencia analfabetos, muchos de ellos viven con sus familias en las obras o al lado de las carreteras. (31)
El 13 de febrero del 2012, el Sr Stephan Ernest Schmidheiny (65 años) y su socio el Baron Jean-Louis de Cartier de Marchienne (90 años) fueron sentenciados a 16 años de prisión por una corte italiana de Turín, el primero como propietario del grupo industrial Eternit Belga-Suizo (ETEX) que a su vez era accionista mayoritario de la subsidiaria italiana de Eternit, y el segundo quien aparece como director y accionista minoritario de Eternit Italia, por haber provocado “una catástrofe ambiental y sanitaria permanente” y haber violado las reglas de seguridad en sus fábricas. En esta sentencia aparecen como responsables de la muerte de unas 3.000 personas, ex obreros o habitantes de cuatro localidades donde Eternit Italia tenía sus fábricas desde 1976 a 1986, proceso que se inscribe en una movilización social penal de cerca de medio siglo cuyo núcleo básico fueron y siguen siendo los obreros que trabajaron en la fábrica Eternit de Casale Monferrato como actores colectivos.(32)
Este caso representa un largo itinerario recorrido por la industria del Asbesto, los trabajadores y víctimas del uso del asbesto en entornos laborales, básicamente por el conocimiento que existía por parte de las directivas de la industria del asbesto de que su uso era mortal. Precisamente el juicio de Turín se ha encargado de sentar un precedente importante a escala universal de esta problemática bastante desconocida en nuestro país.
La industria, cebada por las oportunidades que le ofrecía el hecho de trabajar como un cartel, acostumbraba a realizar encuentros para rastrear y perfeccionar “estados del arte” y de esta manera afinar sus estrategias contra el “enemigo.”
En un informe desclasificado de los archivos de T&N de la conferencia que hizo la industria durante los días 24 y 25 de noviembre en 1975 en la ciudad de Londres, se pueden leer y extraer las siguientes perlas de un amplio sumario de estrategias que aparecen en el índice de este informe: en la página 5 la conferencia del Doctor W. J. Smither llevaba por título “Uso del asbesto – nuevos avances en la investigación médica”, la página 26 estuvo dedicada a “La salud y asbestos – Pasado y presente en Holanda” a cargo de Mr. A. R. Kolff van Oosterwijk (sic), la página 30 “reporte de la delegación de Alemania occidental” a cargo de Mr. G. C. Schmidt, la página 45 “Breve resumen de la situación actual en Italia y sus prospectivas” dictada por Mr. A. Calamandrei, en la página 53 el conferencista, Mr. W. P. Howard tituló su charla “Acciones tomadas en el Reino Unido para defender el asbesto” y en la página 61, en la ponencia que dictó Mr. W. P. Raines su título era “Breve resumen de los ataques contra el asbesto y nuestras defensas en USA”.
Mr. M. F. Howe (Deputy Chairman, Asbestos Information Committee) en las palabras que pronunció para darle la bienvenida a este encuentro dijo:
“El hecho de que 35 de nosotros estemos aquí presentes viniendo de 11 países, subraya la importancia de los temas que aquí vamos a discutir. Hablando para los delegados del Comité de Información sobre Asbestos (The Asbestos Information Comittee) y el Concejo de Investigación sobre Asbestosis (Asbestosis Research Council), estamos seguros de que podremos beneficiarnos en buena medida del intercambio de ideas e información. Espero que los delegados de los otros 10 países, igualmente resulten beneficiados.
Todos estamos conscientes de que esta conferencia tiene lugar en un momento crítico dentro de la historia de la industria del Asbesto. En Norte América, en Gran Bretaña y en otros países europeos, fuertes ataques contra el asbesto y sus usos continúan dándose en la prensa, la televisión y la radio. En estos países y muchos otros, los ministerios gubernamentales muestran un interés creciente en las fábricas y otros tipos de regulaciones que tienen que ver con el asbesto. El interés en el aspecto de la polución ambiental es probablemente – por el momento – un asunto que apenas anda en pañales. Estos son los temas que debemos discutir durante nuestra conferencia”.
Durante la segunda guerra mundial, en la mejor época del nacionalsocialismo alemán, Eternit Suiza logró inscribir su empresa que quedaba en las afueras de Berlín (Deutsche Asbest-Zement Aktiengesellschaft, DAZAG) en el registro de las empresas del Reich que eran importantes para la economía de guerra de aquel momento, y que les permitió surtirse de mano de obra en sus fábricas con prisioneros de guerra venidos de países invadidos por las fuerzas alemanas para ser convertidos en una especia de esclavos de la modernidad.(33) Esta versión, continúa siendo negada por la familia Schmidheiny, a pesar de la evidencia que aparece suficientemente documentada en el libro de María Roselli (34) que lleva por título “Die Asbestlüge, Geschichte und Gegenwart einer Industriekatastrophe”, del cual existen traducciones al inglés (The asbestos lie, 2007), francés (Amiante & Eternit : Fortunes et forfaitures, 2008) y al español (La mentira del amianto, Fortunas y delitos, editado por ediciones del Genal en Málaga).
Para su investigación, María Rosselli logró localizar a Nadja Ofsjannikova con 85 años cumplidos para el momento de la investigación, residenciada en Riga (Letonia); ella había sido forzada a trabajar en la planta de Eternit en Berlín en 1943. En su relato Nadja Ofsjannikova cuenta:
En 1942, cuando tenía 19 años fui llamada por la comandancia militar y hacinadas y pasando mucho frío nos transportaron a Alemania (…) a una fábrica de amianto-cemento. Allí nos alojaron en barracas. El trabajo en ese campo era superior a nuestras fuerzas. La nave en la que trabajábamos no tenía tejado y el frío era terrible. En ocasiones solo deseaba morirme. Lloré muchísimo. La fábrica en que trabajaba se llamaba Eternit (…) era igual que un campo de concentración, llevábamos números y teníamos que enseñar nuestra ficha continuamente. (…) teníamos que trabajar aun estando enfermos, doce horas al día, seis días a la semana. En una ocasión cogí una neumonía, pero no pude guardar cama (…) la alimentación en el campo era pésima: para desayunar nos daban sopa de harina, a mediodía sopa de remolacha y por la tarde cien gramos de pan con un poco de margarina (…) la vigilante de la barraca nos observaba todo el tiempo y cuando no obedecíamos nos molían a palos. A veces me pregunto cómo pude soportar tanto sufrimiento (…). En Abril de 1945 volvieron a bombardearnos, pero por suerte pudimos refugiarnos en el sótano (…) En 2000, cuando me enteré que las personas que habían sido forzadas a trabajar recibían una indemnización me dirigí al Archivo, pero allí constaba que yo había ido voluntaria al campo. Envié una carta a la fábrica Eternit, pero no recibí contestación alguna.(35)
A pesar de los documentos que María Roselli encontró en archivos alemanes que demuestran que la Sra. Ofsjannikova trabajó para Eternit como empleada esclava, el vocero de Stephan Ernest Schmidheiny - repito - continua negando que tal práctica haya tenido lugar.
En 1930, Eternit Suiza compró una serie de pequeñas minas localizadas en Sudáfrica, creando Everite. En el libro se relata este paso de Eternit Suiza por el Apartheid sudafricano, donde obtuvieron grandes beneficios económicos contratando mano de obra negra barata, donde además de los oprobiosos salarios, condenaban a sus trabajadores a una muerte laboral silenciosa frente a la cual nunca mostraron interés de investigar.
En otro aparte del libro que tomo de la web de Paco Puche, y no del libro directamente, me permito trascribir la siguiente nota:
Y no menos impresionante es la entrevista que la autora relata en el libro con un sindicalista sudafricano. Se desarrolla así:
- ¿Cuáles eran las condiciones de trabajo en las fábricas Everit, propiedad de los Schmidheiny?, pregunta la autora.
- Era completamente terrible –replica el entrevistado-: había polvo por todas partes y nadie nos decía que fuese mortal: Cuando alguien enfermaba lo enviaban a su “homeland(36), pero nadie sabía de qué morían nuestros compañeros.
- ¿Tenían los trabajadores un contacto directo con la dirección de la empresa?
- Durante años nos hicimos la siguiente pregunta ¿por qué la dirección de la empresa, en especial los directores venidos de Suiza, evitan ir a las naves de trabajo? Fue mucho tiempo después cuando comprendimos que no querían respirar el polvo; sabían desde el principio que era mortal
-¿Explicó la dirección de la empresa suiza por qué vendió la fábrica en 1992?
- La razón era evidente: con el final del apartheid ya no podían seguir explotando a los negros a los que pagaban mucho menos que a los blancos… a nosotros nos metían en aquellas terribles casas obreras, en las que tuvimos que vivir durante décadas sin nuestras familias (…) Esta es la razón por la que Stephan Schmidneny abandonó su negocio con Sudáfrica. Puso pies en “polvorosa” antes de que el nuevo gobierno le obligara a asumir sus responsabilidades. Le escribimos a Suiza informándole con claridad que debía hacer frente a sus responsabilidades e indemnizar a los enfermos y a las familias de los fallecidos. No contestó, pero recibimos una carta de la dirección de su nuevo holding, en la que nos comunicaban que habían actuado en todo momento según las leyes sudafricanas vigentes (las del apartheid) y que por tanto no tenían ninguna responsabilidad ni en el plano jurídico ni en el moral -La ley sudafricana no permite que los trabajadores demanden a sus antiguos patronos- (Entrevista a Fred Gonna, sindicalista sudafricano que trabajó 25 años en una fábrica de los Schmidheiny).
En efecto, desde 1942, y bajo el régimen del apartheid, trabajaron unas 55.000 personas para las distintas empresas de los Schmidheiny, la mayoría negros sin derechos. Stepahn Schmidheiny se formó en la gestión empresarial en la firma sudafricana Everite, perteneciente a la familia. Durante los años setenta estuvo al mando de todas las fábricas Eternit que poseían en el mundo y fue unos de los mayores accionistas de la empresa sudafricana Everite en los peores años del apartheid, en la época en que el aparato racista de represión no escatimaba ningún medio para mantenerse en el poder. Eran propietarios de minas de crocidolita (amianto azul) que destaca por su potencial cancerígeno. (37)
Ni hablar de la Nicaragua de Somoza, durante el terremoto que acabó con Managua: como ángeles negros de la modernidad industrial, llegaron con sus inventos del asbesto cemento para hacer negocios con el régimen y reconstruir el país ofreciendo sus tejas, sus tuberías y sus tanques de agua a muy buenos precios, mediante una empresa en la que compartieron sociedad con el dictador llamada Nicalit. Los mayores beneficiados serían los pobres, sembrando de asbesto la ciudad por doquier, como un buen retrato de muchas ciudades tercermundistas que siguen creyendo en las bondades económicas de emplear este tipo de materiales.
De acuerdo con Fernanda Gianassi de Brasil, la producción de Asbesto – Cemento en Osasco, en el área metropolitana de Sao Paulo (Brasil) empezó en agosto de 1942. Durante la dictadura militar y dadas las buenas relaciones que tenían con los generales en el poder y su total apoyo, el negocio del asbesto cemento se extendió a regiones apartadas, descentralizando el negocio del eje Sao Paulo - Rio de Janeiro.(38)
A finales de la última década del siglo XX (aunque la información sobre la fecha exacta es contradictoria) el grupo Suizo se retiró del negocio del asbesto y Eternit fue vendida, quedando bajo el control del grupo Saint - Gobain, codueño de SAMA (S.A. Mineracao de Asbesto).
Sin embargo, todo parece indicar que el grupo Suizo estuvo secretamente envuelto en el negocio del asbesto hasta finales del 2001, de acuerdo a un testimonio de Élio Martins; aunque la propaganda oficial niega cualquier relación hasta después de comienzos de la década de los 90 en el siglo pasado.
La prueba del comportamiento irresponsable de Eternit en Brasil es el hecho de que en 1987, el médico a cargo del tema de salud ocupacional en Eternit admitió durante una inspección oficial por parte del GIA (Grupo Interinstitucional sobre asbestos del Ministerio del Trabajo y Empleo) a la planta de Osasco, de que se sabía de seis casos de enfermedades relacionadas con el asbesto. Aún más, estaba claro que ninguno de estos casos había sido reportado al sistema de salud brasilero o a las agencias de seguridad social, como lo requería la ley, debido a decisiones que emanaban de los cuarteles oficiales en Suiza.
La orden, que venía directamente desde Suiza era que los casos de trabajadores que mostraran síntomas de enfermedades relacionadas con el asbesto tenían que ser manejadas individualmente por sus propios abogados ante las cortes. Tales eran las políticas de “responsabilidad social” de Eternit en Brasil.
Este comportamiento de Eternit en su época de gloria por parte de sus directivas, contrasta con el nuevo rol que terminó asumiendo Stephan Ernest Schmidheiny.
A comienzos de los 90, Schmidheiny empezó a auto promoverse como “una persona de negocios verde que resaltaba novedosos conceptos como “eco eficiencia” “responsabilidad social” y “desarrollo sostenible”, conceptos estos que fueron hábilmente manipulados en la conferencia de la tierra, desarrollada precisamente en Brasil, donde muchos empresarios se comprometieron con la reorientación y aplicación de estas políticas en sus compañías. Un ejemplo de ello es Eternit Brasil, donde la empresa se ha negado sistemáticamente a pagar compensaciones decentes a sus trabajadores o a los miembros de sus familias a causa de la exposición al asbesto en la inmensa planta en Osasco.
No existe un solo caso en donde Eternit haya reconocido sus responsabilidades frente a las enfermedades relacionadas con el asbesto o frente a los desastres ambientales que ha dejado a su paso, desafiando sus discursos de responsabilidad social, ecoeficiencia o desarrollo sostenible
El monto de las donaciones que ha hecho Stephan Schmidheiny ascienden a 1 billón de dólares en América Latina, pero mientras esto ocurre, miles de empleados alrededor del mundo tienen que vérselas en solitario, apoyados exclusivamente en el soporte que sus familias les brindan, lidiando con una enfermedad que lenta y dolorosamente acaba con sus pulmones, sin que exista una política clara de responsabilidad por estos hechos.
Siempre que la compañía o el propio Schmidheiny han hecho pagos por estas situaciones, estas se dan bajo la figura de la compensación que exige al beneficiario renunciar a sus derechos de demanda. Esta figura fue utilizada y se sigue utilizando en Italia, país donde Schmidheiny tiene sus principales líos judiciales. Durante la etapa del juicio buscó utilizar esta figura para debilitar la coalición de intereses que lograron llegar unidos al juicio. Si estos hechos son tratados en conjunto adquieren un nivel jurídico muy diferente al que se da cuando son resueltos de manera individual. En este tema, la jurisdicción italiana está introduciendo novedosos aspectos nunca antes contemplados en las leyes laborales de carácter universal.
Desde el momento en que la gente de Casale Monferrato empezó a construir su estrategia jurídica - siempre unidos - Schmidheiny empezó a moverse rápidamente para desarticular este movimiento.
Dentro de sus estrategias apareció la idea de contratar una oficina de relaciones públicas en Turín (GCI Chiappe Bellodi Associates), para hacerle seguimiento al proceso. Todos y cada uno de sus actores empezaron a ser espiados, empezando por el fiscal Guarinello. Una periodista infiltrada, pagada por la oficina, reportaba todos los informes de prensa y todos los movimientos de los líderes de Casale Monferrato que el caso producía. Bruno Pesce de AFEVA(39) dice: Nos espiaba día tras día, asistiendo a todas las reuniones del sindicato, haciendo preguntas sobre los procedimientos… Schmidheiny le pagaba a Bellodi para que implementara estas prácticas en sus informantes…(40)
Durante muchos años la evidencia de que el mesotelioma, la asbestosis y el cáncer de pulmón eran provocadas por el asbesto fue una verdad que las grandes compañías asociadas al negocio del asbesto sabían, pero hicieron lo imposible para que esa verdad no llegara nunca a la opinión pública y mucho menos a sus trabajadores. Y en este asunto reside la gran tragedia del asbesto, un mineral que simboliza el progreso y las ideas de la modernidad industrial durante el siglo XX, escondidas detrás de la infamia y el beneficio económico sobre la vida de las personas.
Igualmente cuando de verdades se trata, la industria del asbesto es una verdadera mina para fabricarlas. De acuerdo con Laurie Kazan - Allen, la guerra del asbesto queda suficientemente aclarada en un documento desclasificado del Instituto del Asbesto donde se puede leer: “El asunto del mensaje es el siguiente: Reporte de GUERRA. Luego del derrumbe de la demanda del asbesto por los países occidentales, los productores han montado una campaña global para proteger los mercados restantes y desarrollar nuevos mercados. El acceso a un fondo generoso de los partidarios del asbesto ha permitido que los grupos de presión pro - crisotilo bombardeen a los oficiales del gobierno y a los periodistas de los países en vías de desarrollo con ofertas de “soporte técnico” y viajes gratis a Canadá; una máquina de propaganda bien montada asegura a los funcionarios del gobierno y a los consumidores que el asbesto puede usarse con “seguridad bajo condiciones controladas,” a pesar de la vasta evidencia científica y médica que demuestra lo contrario.
Ante estas avalanchas de desinformación y la experiencia de la industria en estos temas, nada mejor que recurrir a los grandes medios amigos para continuar con las mentiras. En algún momento la revista Forbes publicó un artículo dedicado a Stephan Schmidheiny calificándolo como el Bill Gates de Suiza, un poco de tiempo después de que el Fiscal italiano Rafaelle Guarinello lo acusara de “desastre ambiental intencionado y permanente” y “negligencia intencional para implementar medidas de regulación para cuidar la salud y la seguridad de sus empleados”.
Después de que este magnate del asbesto puso sus pies en polvorosa de Europa en términos de inversiones, decidió volcar sus buenas intenciones en América Latina, creando una fundación filantrópica llamada VIVA SERVICE (VIVA service representa el enlace entre - Grupo Nueva y sus actividades sociales - la fundación Avina y sus actividades ambientales y sociales.)
Paco Puche de España, quien le ha hecho seguimiento a Avina dice al respecto: Sin embargo, mi acercamiento como editor a esta obra no fue fruto de la indignación y dolor del amigo perdido, sino la investigación sobre el magnate suizo Sthepan Schmidheiny, uno de los hombres más ricos del mundo, que habíamos emprendido hacía ya unos años mi compañera Isabel y yo mismo, tras la pista de una fundación filantrópica denominada Avina fundada por el citado magnate. La citada fundación dedicaba ingentes cantidades de dinero a hacer negocios con los más pobres de la mano de ONGs y otros movimientos sociales, bajo el marchamo de la responsabilidad social corporativa y de lo que hoy se llama capitalismo verde. Entendíamos que esta fundación estaba penetrando los movimientos sociales por arriba y esto implicaba desactivar las resistencias al capitalismo, especialmente de Latinoamérica, utilizando como puente a los líderes españoles. Entendíamos también que detrás de esta “generosidad” había “gato encerrado”.(41)
De acuerdo con la revista Época de Brasil, a la fundación Avina le resulta grato resaltar su apoyo a los diferentes proyectos sociales y ambientales que apoya en 12 países latinoamericanos, incluidos 130 proyectos en Brasil; sin embargo Avina no ha donado un solo peso a la asociación de víctimas del Asbesto en Brasil (ABREA).
Esta fundación, cuando solicitó ayuda para su causa, recibió el siguiente mensaje de Geraldinho Viera, representante en su momento de Avina en Brasil:
“Recibimos su aplicación para ayudar a la campaña que busca educar al público en general para erradicar el uso del asbesto y para la creación de un centro especializado en el tratamiento de las víctimas de este mineral. Debo informarle a usted que este proyecto no se ajusta a los fines y objetivos de la fundación Avina”.
Entre los muchos damnificados del asbesto que existen, está el testimonio de Joao Francisco Grabenwerg, quien a los 77 años, 38 dedicados a Eternit y quien en su momento caminaba con dificultad a causa de los problemas para respirar debido a unos pulmones arruinados por el asbesto, se ganaba en su momento US$1.308 de pensión. Residente en Sao Paulo y descendiente de familia austríaca recordaba al joven Schmidheiny, quien acostumbraba a charlarle en alemán: “Su mayor pecado fue no haber cerrado la planta, de esa manera nadie habría tenido contacto con el asbesto” dice Joao.
En Diciembre 19 de 2003, el mismo Joao le escribió una carta a Schmidheiny en alemán, recordando a su compañero durante la época en que trabajó en la planta:
¿“Usted recuerda señor, el tiempo de aprendiz que pasó en su fábrica de Osasco en Brasil, cuando trabajó en el departamento y hacía las labores de los obreros y los capataces? En ese tiempo estaba asignado al manejo de la empresa y trabajábamos juntos en la fábrica, porque tenía un alemán fluido. Soy descendiente de austríacos y mi nombre es Joao Francisco Grabenwerger. No sé si usted todavía se acuerde de este humilde servidor con quien usted acostumbraba hablar de su pasión por el buceo, especialmente en el mar mediterráneo. Estuvimos en el instituto Butanta que es famoso en el mundo entero por su colección de serpientes vivas y la producción de suero contra la mordedura de serpiente y otras vacunas.
Mi vida como empleado en la planta de Osasco empezó en 1951 y trabajé ahí hasta 1989. Creo que soy el único sobreviviente de esa época, aunque mis pulmones están enfermos de una irreversible y progresiva asbestosis, con ensanchamiento bilateral difuso de la pleura y placas bilaterales en el diafragma.
Soy uno de un grupo de 1.200 ex empleados de Eternit quienes padecemos asbestosis. Hemos creado juntos la Asociación brasilera de personas expuestas al asbesto (ABREA), quienes con gran coraje y dedicación luchamos tanto en Brasil como a nivel internacional por la prohibición del asbesto y justas compensaciones económicas a las víctimas.
Permítame hacerle una pregunta señor, ¿alguna vez leyó artículos sobre las víctimas del nazismo en los campos de concentración? Aquellos que sobrevivieron recibieron compensaciones económicas con todo el derecho posible de este mundo que les asistía. Cuando nosotros, ex empleados, trabajábamos en Eternit, éramos completamente ignorantes sobre el hecho de que trabajábamos en un campo de concentración de asbestos.
Éramos buenos empleados, dimos lo mejor de nuestras habilidades, con total orgullo y dedicación para ayudar a construir el imperio del asbesto -cemento de la familia Schmidheiny. Pero que conseguimos de la madre Eternit? Lo que conseguimos fue una bomba con fusible de acción retrasada implantada en nuestros pulmones.
Talvés usted no lo sepa señor, pero nosotros las víctimas de Osasco, aquellos que seguimos con vida, constituimos una especie de seguro laboral para aquellos que defienden la existencia de la compañía Eternit en contra de sus ex empleados, humillándonos diariamente con propuestas ridículas que ustedes llaman “compensaciones”, las cuales son insultantes para aquellos que tenemos el pelo cano y la salud nos falla.
Sinceramente espero recibir una respuesta de usted muy pronto, porque siempre me pareció que usted y su familia no estuvieron informados acerca de lo que ocurría en las fábricas, y además usted siempre me pareció una persona cuidadosa y respetuosa, lo que ha sido confirmado por la revista Época en un artículo escrito por Alex Mansur; así que le pido a usted, en nombre de las víctimas de Osasco, que nos ayude a obtener la justicia que siempre hemos soñado para todos aquellos que dieron su vida por usted, señor, su familia y sus negocios”.
Joao Grabenwerger murió cuatro años más tarde en enero 16 de 2008, sin recibir nunca respuesta a la solicitud que le hizo a Schmidheiny, su compañero de trabajo, carta que esperó hasta el último día de su vida. Eternit le ofreció US$27.241 para que retirara su demanda legal por compensaciones. (42)
 Cuando el padre de Stephan repartió la herencia relativa a la organización, dejó en manos de este el control del grupo suizo Eternit; sin embargo llevaba gerenciando el grupo desde 1975. Para 1985, Eternit Suiza era ya propiedad de Stephan Ernest Schmidheiny y era en ese momento el segundo vendedor más grande del mundo de asbestos, con operaciones de asbesto cemento en 32 países que generaban unas ventas de 2 billones de dólares. (43)
El grupo suizo Eternit estuvo bajo el control de la familia Schmidheiny desde comienzos de siglo, aunque pasó por una serie de reorganizaciones y cambios durante las últimas décadas, entre ellos los enroques de propiedad entre hermanos, en el año 2003 la era Eternit de los Schmidheiny llegó a su fin con la venta del Holding Swisspor. (44)
Stephan Ernest Schmidheiny anunció en 1981 que Eternit dejaría de manufacturar productos con asbestos; a pesar de la molestia que esto causó en Max (su padre) gradualmente la producción a partir del asbesto cemento fue cancelada. La estrategia de salirse del mercado del asbesto contempló dos fases: una fue remplazar los productos que tenían asbestos con materiales libres de este mineral y la otra fue vender las compañías “sucias.”
Un aspecto interesante para comprender las evoluciones de Stephan Ernest Schmidheiny es analizar ese tránsito que lo lleva a deshacerse de la industria del asbesto y mutar hacia una militancia capitalista, donde elementos asociados a la economía verde aparecen como puntos centrales de su nueva caparazón.
Hago la aclaración de que la movida por fuera del negocio del asbesto estuvo determinada por una convicción simple: Europa había empezado a moverse hacia la prohibición del asbesto y eso haría insostenible a esta industria. Sólo hasta 1981 Schmidheiny tomó la decisión de anunciar públicamente que el grupo Swiss Eternit Group cesaba la manufacturación de productos que contuvieran asbesto. Mucho antes de que su prohibición fuera eventualmente impuesta por la Unión Europea, dice Schmidheiny en una especie de autobiografía titulada “My path - My perspective”.(45)
Una revisión a la cronología de la prohibición del asbesto, revela que ya antes de 1981 Suecia y Dinamarca empezaban a dar pasos firmes hacia una prohibición completa de este mineral.
Desde 1972 Dinamarca había prohibido el uso del asbesto como material aislante y en 1976 Suecia adoptó recomendaciones para prohibir el crocidolito.
Unos párrafos atrás Schmidheiny afirma que la seguridad sobre los efectos cancerígenos en la salud humana no estaba completamente demostrada a nivel científico. Es decir, existían dudas. Los asesores de la compañía creían que los estudios científicos estaban llenos de contradicciones y en palabras de Schmidheiny, la falta de claridad al respecto y de un consenso técnico, hacía imposible una verdadera planificación y evaluación de los riesgos.
Sin embargo, una revisión a la literatura médica sugiere lo contrario. Entre 1929 y 1935 los investigadores independientes identificaron los síntomas y las causas de la asbestosis. Para 1940 la comunidad científica había establecido los vínculos entre el asbesto y el cáncer de pulmón, y en 1959 el Dr. J. C. Wagner había demostrado el vínculo entre el asbesto y el mesotelioma. (46)
El arma más potente que utilizó la industria para defenderse del mesotelioma fue la manipulación de la ciencia desde adentro, para crear dudas sobre la toxicidad de este mineral.
Los laboratorios Saranac, que estaban ubicados al norte del estado de NY, fueron de los primeros institutos que empezaron a investigar las enfermedades ocupacionales. Saranac había sido fundado en 1880 por el Dr. Edgar Trudeau para el tratamiento de la tuberculosis, pero rápidamente empezaron a investigar las enfermedades pulmonares. Bajo el liderazgo del Dr. Leroy Gardner y más tarde del Dr. Arthur Vorwald iniciaron una de las más importantes investigaciones en el campo de la medicina relacionadas con la silicosis y la asbestosis, inevitablemente con la ayuda de la industria.
Metlife (una de las más grandes aseguradoras del mundo) junto al conglomerado del asbesto aparecían entre los patrocinadores de Saranac y durante la década de 1930 comisionaron un sinnúmero de estudios al respecto. Aunque Gardner y sus sucesores nunca llegaron a testificar en las cortes sobre los comportamientos de la industria, la dependencia financiera de los laboratorios Saranac del financiamiento externo influyó en los resultados de sus investigaciones.
En Noviembre de 1936, Raybestos - Manhattan y Johns - Manville financiaron investigaciones sobre la asbestosis en Saranac. Cuando tomaron esta decisión, Vandiver Brown (asesor legar de Johns – Manville) escribió la siguiente nota al entonces director de Saranac, el Dr. Gardner:
Entendemos, además, que los resultados obtenidos serán considerados propiedad de quienes están proveyendo los fondos necesarios para esta investigación, quienes determinarán si se publican, en qué medida y de qué manera se harán públicos. En el caso de que se considere conveniente que los resultados se hagan públicos, el manuscrito de su estudio nos será presentado para su aprobación antes de su publicación.
Bajo ese código de favorabilidad, los resultados fueron utilizados para defender las condiciones laborales de la época. Cuando los litigios aparecían, estos mismos resultados se utilizaban para evidenciar que los empleadores no conocían los riesgos. Si los resultados no les favorecían, estos eran suprimidos. Desde comienzos de 1930, mientras los líderes de la industria como Johns - Manville y T&N invertían en investigación, requerían a su vez de compañías médicas para mantenerse al día de lo último en investigación y así enfrentar las conferencias científicas.
En una conferencia general de la industria textil del asbesto en junio de 1965, Kart Lindell, presidente de Johns - Manville en Canadá decía con su buena dosis de orgullo: “La información que posee la industria por parte de su personal médico sobre los efectos biológicos del asbesto no ha sobrepasado las fronteras del mundo”. La observación de Lindell era cierta: desde hacía más de 30 años Johns - Manville, Raybestos Manhattan, Eternit y T&N conocían todo sobre el asbesto. (47)
La primera conferencia internacional que empezó a destapar de manera frontal la olla podrida del asbesto fue realizada en el Waldorf Astoria en Nueva York en octubre de 1964, frente a un auditorio de 300-400 delegados de la comunidad científica internacional preocupada o conocedora del tema sobre el asbesto. Fue aquí donde se disparó la alarma internacional de que el asbesto era una amenaza a la salud pública. El hombre que dirigió la investigación fue el Doctor Irving J. Selikoff, un judío de Nueva York descendiente de padres rusos quien trabajaba para el hospital Monte Sinaí en Manhattan. El título de la conferencia fue: “Efectos biológicos del asbesto”.
Selikoff además de su trabajo en el Monte Sinaí tenía una clínica de su propiedad en New Jersey, en medio de una comunidad perteneciente a la clase obrera. Fue allí donde empezó a tratar pacientes que trabajaban en una planta de UNARCO (Union Asbestos & Rubber Company) cerca de su clínica. Desde 1961, Selikoff había pedido acceso a los registros médicos de los empleados de la compañía, lo cual está siempre rechazó. En 1962, Selikoff contactó al Sindicato Internacional de trabajadores del asbesto y aislantes para frío/calor, quienes inicialmente sospechosos, terminaron accediendo a trabajar con Selikoff.
Gracias a sus buenas relaciones que tenía en el Monte Sinaí, logró armar un equipo envidiable de colaboradores, entre quienes estaban el Dr. E. Cuyler Hammond, director de estadística y epidemiología de la sociedad americana del cáncer, quien había publicado un amplio estudio que confirmaba las relaciones entre el tabaquismo (otra industria que se demoró años en admitir los peligros de fumar para la salud humana) y el cáncer de pulmón. Janet Kaffenburgh, investigadora asociada, se encargó de seleccionar y preparar la lista de hombres que participarían de la investigación. El patólogo Jacob Churg se encargó de verificar las causas de la muerte a partir de información suministrada por el sindicato. (48)
A pesar de que la base de datos era relativamente pequeña (632), la investigación sobre el uso directo de aislantes fabricados con asbesto fue contundentemente clara: este tipo de aislantes eran mortales. El primer estudio publicado por Selikoff en 1964 cubrió trabajadores que estaban sindicalizados desde 1943. Cuando estos hombres fueron analizados en 1962, se encontró que excedían una tasa de mortalidad superior al 25%, con una fuerte mortalidad más allá de la normal, no solo de asbestosis, sino de cáncer de pulmón, mesotelioma y cáncer estomacal/anal y rectal.
A partir de este informe, la industria del asbesto se sintió amenazada y con su investigación independiente, Selikoff desnudó a la industria americana del asbesto, la cual había mantenido por décadas el mínimo interés de estudiar la salud ocupacional de sus empleados, incluso en las grandes fábricas, sin hablar de la industria de la construcción o la de astilleros.
Max Schmidheiny, padre de Stephan Schmidheiny tildaba a Selikoff de “loco excéntrico que hace investigación por dinero”, entre otras porque las investigaciones de Selikoff pusieron a temblar una teoría que era la gloria de Eternit, es decir, que el asbesto quedaba encapsulado con el cemento mediante una “reacción química” (49) que se producía al momento de su mezcla, eliminando su toxicidad, lo que lo hacía inofensivo para trabajadores que cortaban las tejas o reparaban los frenos y embragues de los automóviles.
De hecho, las investigaciones empezaron a demostrar que este tipo de trabajadores también adquirían mesotelioma, al igual que los empleados de las fábricas, descartando que fuera necesario inhalar toneladas de asbesto para adquirir sus enfermedades.
Al año siguiente “The new England Journal of Medicine” volume 272, No. 272, puso en lista al asbesto como determinador del mesotelioma. Después de esto, según la revista, nadie podría decir que el daño y riesgo del asbesto no era conocido, especialmente por la industria, quienes agrupados en el cartel de la SAIAC, monitoreaban e intentaban controlar mucha de la información que se producía desde el campo de la medicina en este asunto.
En este tema los reyes son la industria y el gobierno de Canadá, quienes siempre mantuvieron un interés especial en mantener viva la llama de este negocio usando información mentirosa para desviar la atención pública. En una intervención reciente que hizo Pat Martin en la primera conferencia organizada por ADEVA en París en octubre de este año 2012, quien es miembro del parlamento canadiense y tiene afectación de sus placas pleurales a causa de trabajar en esta industria dijo: “Amo mi país, pero agacho la cabeza de vergüenza cuando digo que Canadá exportó la miseria humana alrededor del mundo” llamando a la industria canadiense del asbesto “endiablada y corrupta”… “la ayuda gubernamental que les ofrecía el gobierno era bienestar corporativo para un corporativismo que asesina en serie”. Una de las resoluciones salidas de la conferencia ha sido la de enviar una carta a la primera Ministra de Quebec Pauline Marois felicitándola por la “valiente posición adoptada por su gobierno de retirar la ayuda financiera prometida a la Mina Jeffrey de asbesto”.
A todas luces resulta concluyente admitir que esta industria basó su éxito en la mentira y el engaño. No creo que existan todavía trabajadores en el mundo que se atrevan a entregar su fuerza laboral por un salario y un esfuerzo que les dejará como premio un cáncer de pulmón o un mesotelioma si previamente lo saben, y si la industria hubiera dado a conocer desde un comienzo los riesgos que esto implicaba para la salud humana, otras hubieran sido las perspectivas económicas.
Es por ello que me resulta desconcertante admitir sin una traza de completa desconfianza, las cándidas aseveraciones de Schmidheiny en sus libros, textos, y artículos periodísticos que lo pintan como un filántropo de la última contemporaneidad, tan perfecto y bien intencionado como el arte que patrocina bajo el eufemismo de Daros Latinamerica, y digo eufemismo porque en una correspondencia que sostuve con el director de esta colección (Hans Michel Herzog) me negó cualquier atadura entre esta colección y el Sr. Schmidheiny, asegurándome que la Sra. Ruth Schmidheiny controlaba todo lo relacionado con la colección latinoamericana. Y es cierto, en los documentos de creación de este “noble” propósito el Sr. Schmidheiny no aparece de acuerdo a un documento que me permito referenciar.
Ante la pregunta que le hice de quién era la señora respondió que estan divorciados. Se separaron justo en la epoca en la cual Ruth Schmidheiny y yo empezamos con la colección Daros Latinamerica (sic).
Las personas que aparecen en el documento mencionado de una u otra manera están relacionadas con Stephan Ernest Schmidheiny y el documento tiene fecha del año 2001.
Supongo que ante los hechos del juicio de Turín, cualquier vínculo habrá que negarlo, para no hacerle daño a tan carismática y ecuménica labor que realizan con el buen arte latinoamericano.
La pasión de los Schmidheiny por el arte es una tradición de vieja data. En su autobiografía dice: “Crecí en una familia amantes del arte. Mis padres tenían una colección de grandes maestros franceses y flamencos, así como una importante colección de Hodler. Además estaban familiarizados con muchos artistas contemporáneos suizos” y más delante agrega: “mientras trabajaba para la cumbre de la tierra, tuve dos perdidas personales muy lamentables: mi padre y mi hermano Alexander murieron en el intervalo de unos meses entre uno y el otro. Alexander me dejó su colección de arte. Con el fin de seguir sus pasos y continuar coleccionando pinturas y esculturas de renombrados artistas como Giacometti, Johns, Mondrian, Pollock, Rothko, Twombly y Warhol fue a la vez un gran placer y un enorme desafío para mí. Lentamente llegué a la conclusión de que la colección requería un manejo profesional y unos conceptos claros que debían ser desarrollados para que me permitieran ubicar la estrategia correcta con el fin de hacer nuevas adquisiciones, siempre por supuesto, dentro de los niveles de calidad que Alexander y su socio habían establecido. Así fue que en 1995 fundé Daros, una organización con sede en Zurich y especializada en arte.
Hoy en día, parte de la colección Daros se muestra al público en diferentes stands ubicados en el complejo Lowenbrau en Zurich, una vieja cervecería que fue remodelada para tal fin. Por mis relaciones cercanas con América Latina, mi esposa y yo creamos la colección Daros-Latinamerica para ayudar a los artistas de la región y ofrecerles la oportunidad de ganar reconocimiento en los mercados internacionales tanto para ellos como para el arte de sus países. Nuestra tercera colección, Daros contemporary, se enfoca en coleccionar y promover el arte joven de Europa”. (50)
Me permito citar igualmente dos notas de periódicos que registran y certifican esa relación entre el sr. Schmidheiny y la Daros Latinoamérica.


Las notas periodísticas son del año 2006 y 2010, muy posteriores a la creación de la Daros Latinamerica.

¿Por qué insiste el Sr. Hans Michel Herzog en negar esta relación, si el propio Schmidheimy lo reconoce tal cual como acabamos de leerlo?

Como me lo dijo un periodista Suizo experto en temas económicos y quien conoce bastante bien a esta familia, tal vez no sea una mentira, pero la declaración de Hans – Michel Herzog está bien lejos de ser la verdad.


Guillermo Villamizar
Bogotá, D.C., Diciembre de 2012.




(1) Schmidheiny, Stephan. “My Path, My Perspective” - Autobiography. Publicado por VIVA Trust, January 2006 (Second Edition), p. 9.

(2) Disponible en internet: http://www.ibasecretariat.org/lka-asbestos-in-colombia-2012.php (citado el 24-10-2012)

(3) McCulloch, Jock. Tweedale, Geoffrey. Defending the indefensible: the global asbestos industry and its fight for survival. Oxford University Press. 2008, p. 19.

(4) Disponible en internet: http://www.mapuche.info/docs/trivero990420.htm (citado el 18-11-2012)

(5) Disponible en internet: http://www.lignum.cl/noticias/?id=1122 (citado el 18-11-2012)


(7) Seguel, Alfredo. Radiografía al Conflicto Forestal en el Gulumapu. Pág 14.



(10) Eternit and The Great Asbestos Trial. Laurie Kazan – Allen. IBAS. London. 2012, p. 14.

(11) Disponible en internet: http://www.forbes.com/profile/stephan-schmidheiny/ (citado el 18-11-2012)

(12) Rossi, Giampiero. La lana de la Salamandra. Ediciones GPS. 2008.

(13) McCulloch, Jock. Tweedale, Geoffrey. Defending the indefensible: the global asbestos industry and its fight for survival. Oxford University Press. 2008, pp. 2-3.

(14) Ibíd., p. 3.

(15) Amianto. El coste humano de la avaricia empresarial. GUE/NGL. Bruselas, p. 8.

(16) R. F. Ruers and N. Schouten. The tragedy of Asbestos (2005), p. 19.

(17) McCulloch, Jock. Tweedale, Geoffrey. Defending the indefensible: the global asbestos industry and its fight for survival. Oxford University Press. 2008,. p. 18.

(18) Disponible en internet: http://ibasecretariat.org/alpha_ban_list.php (citado el 18-11-2012)

(19) McCulloch, op. cit., p. 9.

(20) R.F. Ruers and N. Schouten. The Tragedy of Asbestos. Pág 13.

(21) Ibíd, p. 11

(22) Ibíd, p. 11.

(23) Ibíd., p.11.



(26) See Hans O. Staub, “Von Schmidheiny zu Schmidheiny,” Schweizer Pioniere der Wirtschaft und Technik, Vol. 61 (Meilen 1994), for the rise of the Schmidheiny family. Also see Werner Catrina, Der Eternit-Report, Stephan Schmidheinys schweres Erbe (Zürich 1985).

(27) Eternit and The Great Asbestos Trial. The Schmidheiny family imperium. Adrian Knoepfli. IBAS. London. 2012, Pág. 21.

(28) Eternit and The Great Asbestos Trial. Eternit and the SAIAC cartel. Bob Ruers. IBAS. London. 2012, p. 15.

(29) Disponible en internet: http://ibasecretariat.org/lka_sex_secret_asb_lies_nov09.pdf) (citado el 18-11-2012)

(30) Eternit and The Great Asbestos Trial. Eternit and the SAIAC cartel. Bob Ruers. IBAS. London. 2012, p 16.

(31) Amianto. El coste humano de la avaricia empresarial. GUE/NGL. Bruselas, p 9.

(32) Vogel, Laurent. El significado excepcional del proceso Eternit en Turín. p. 1.

(33) Roselli, María. Amiante & Eternit : Fortunes et forfaitures. Editions d´en bas. Lausanné. 2008, p, 94.

(34) Periodista Italiana radicada en Suiza.

(35) Roselli, María. Amiante & Eternit : Fortunes et forfaitures. Editions d´en bas. Lausanné. 2008, pp, 99 – 103

(36) En Sudáfrica, durante el apartheid, se estableció una delimitación de zonas territoriales en función de las razas. De esta manera se expulsó a los negros que residían en zonas blancas a los homelands, especie de estados independientes para negros.

(37) Disponible en internet:

(38) Eternit and The Great Asbestos Trial. Eternit in Brasil. Fernanda Giannasi. IBAS. London. 2012, p. 65.

(39) Associazione famigliari e vittime amianto di Casale Monferrato.

(40) Espionage and misinformation. ANDEVA bulletin. September 2011.

(41) Disponible en internet:

(42) Eternit and The Great Asbestos Trial. Eternit in Brasil. Fernanda Giannasi. IBAS. London. 2012, pp. 69-70.

(43) Monopolies Commision, Asbestos and Certain Asbestos products. (London: HMSO, 1973).

(44) Eternit and The Great Asbestos Trial. Adrian Knoepfli. IBAS. London. 2012, p. 28.

(45) Stephan Schmidheiny. My Path – My perspective. Autobiography. Publicado por VIVA Trust, January 2006 (Second Edition), p. 10.

(46) McCulloch, Jock. Tweedale, Geoffrey. Defending the indefensible: the global asbestos industry and its fight for survival. Oxford University Press. 2008, p. 52.

(47) McCulloch, Jock. Tweedale, Geoffrey. Defending the indefensible: the global asbestos industry and its fight for survival. Oxford University Press. 2008, pp. 52 – 53.

(48) McCulloch, Jock. Tweedale, Geoffrey. Defending the indefensible: the global asbestos industry and its fight for survival. Oxford University Press. 2008, pp. 85 – 86.

(49) W. Catrina. Der Eternit-Report (1989), p. 79.

(50) Schmidheiny, Stephan. “My Path, My Perspective” – Autobiography. Publicado por VIVA Trust, January 2006 (Second Edition), pp. 26 – 27.


http://esferapublica.org/nfblog/daros-latinamerica-memorias-de-un-legado-peligroso/



domingo, marzo 27, 2016

Las  Múltiples  Inteligencias  Matemáticas 



Bernardo  Recamán Santos

No hay un lugar permanente en el mundo para unas matemáticas feas”. G. H. Hardy 

Al momento de sentarme a escribir este artículo, después de rumiarlo durante una larga semana, una crisis financiera profunda sacude a todos las bolsas de valores y los mercados del mundo. Otro banco de inversión, el cuarto más grande de los Estados Unidos se declara en bancarrota y el evento desencadena toda suerte de imprevisibles consecuencias.

No entiendo mucho de lo que sucede, ni puedo tampoco adivinar lo que  sucederá ahora, pero lo poco que entiendo y lo poco que logro anticipar, puedo hacerlo en buena medida por  las matemáticas que sé. No tanto, en realidad por las matemáticas que sé sino por  lo que  las matemáticas que he estudiado toda la vida me permiten hacer: analizar  la información que recibo, procesarla, contrastarla, evaluarla y sacar conclusiones. No me bastan, para ello, las matemáticas, pero sin ellas mi confusión sería total.
¿Las matemáticas para qué?      

"¿Y eso para que me sirve?", nos preguntan los estudiantes a los profesores cada vez que abordamos un tópico nuevo. Podríamos contestarles que algún día les servirá para entender y responder mejor a algunas de las muchas crisis que vendrán. Pero no será una respuesta que los deje satisfechos ya que es difícil pretender que los estudiantes de hoy estén desde ahora preocupados por las crisis del 2043.   

En estos tiempos de gratificación instantánea, lo que los estudiantes quieren saber es para qué les sirve lo que están aprendiendo, no mañana ni dentro de una semana, sino hoy, ahora. En ese caso, ¿qué les respondo? Durante algún tiempo, tuve siempre preparada una larga y bien documentada respuesta a la inevitable pregunta. Según fuera el tema que estaba tratando, les contaba a los estudiantes el asombroso poder de las matemáticas para resolver toda índole de problemas, construir puentes y rascacielos, conquistar la luna y llegar a los confines de nuestro sistema solar y más allá, diseñar y programar computadores cada vez más rápidos y potentes, y tantas cosas más. Procuraba también mostrarles algo de la belleza de las matemáticas, una belleza "pura y austera como la de una escultura", en palabras de Bertrand Russell. Mis estudiantes escuchaban pero no parecían quedar contentos.

Los que ya tenían claro que no iban a ser ingenieros ni astronautas sino, por ejemplo, abogados o cirujanos, quedaban poco impresionados. Comprendí entonces que mi estrategia era equivocada. Lo que debía hacer no era prepararme bien para cuando la impertinente pregunta surgiera, sino procurar por todos los medios que los estudiantes no tuvieran necesidad de hacerla.

No fue, por supuesto, tarea fácil, pero poco a poco fui descubriendo que sí había formas de que mis clases de matemáticas "sirvieran para algo" inmediatamente y que los estudiantes no tuvieran que esperar años para ver su utilidad. Tenía que hacerlas más relevantes y cercanas a sus intereses cotidianos. Y de alguna manera tenía que resaltar mejor su belleza y cultivar en ellos el aprecio por ella. Ello me llevó también a reflexionar a fondo a cerca del verdadero propósito de enseñar matemáticas. ¿Es acaso el de embutirles a los estudiantes una serie de herramientas y procedimientos para que las pueden utilizar el resto de sus vidas cada vez que las necesiten? Y si ello es así, ¿cuáles entre tantas escojo? Pronto comprendí que ese no podía ser el único ni el más importante objetivo de la enseñanza de las matemáticas, y menos hoy en día cuando la tecnología ha asumido el trabajo de ejecutar cuanto procedimiento se le ocurra al hombre. La enseñanza de las matemáticas tenía que dotar a los estudiantes, no tanto para ejecutar procedimientos, como para comprenderlos, desarrollarlos, cuestionarlos, abstraerlos y adaptarlos según las necesidades.        

Las múltiples inteligencias matemáticas    

Casi al mismo tiempo comprendí también que, así como son múltiples y diferentes las inteligencias generales que estamos en capacidad de desarrollar los seres humanos, también son múltiples las inteligencias matemáticas que podemos nutrir. Comprender esto significó que ya no podía pretender o esperar que todos mis estudiantes desarrollaran de igual forma sus distintas inteligencias matemáticas, sino que tenía que ayudarlos a que cada uno descubriera sus propias fortalezas. 

La existencia de múltiples inteligencias matemáticas no es algo difícil de corroborar, como tampoco debió ser descubrir que la inteligencia en general no es un sola (cualquier madre sabe cuándo su hijo es, por ejemplo, más hábil para desarmar y volver a armar un teléfono celular que para componer una canción o escribir una rima o un relato, y sabe muy bien que ellas son habilidades diferentes). Yo mismo me daba cuenta que, matemáticamente, soy bastante mejor pensando en un asunto de números o resolviendo unas ecuaciones aritméticas o algebraicas, que descifrando el espacio tridimensional o haciendo demostraciones geométricas.       

Que se me facilita más enfrentar un problema de probabilidad o de combinatoria que uno topológico, así sea tan sencillo como quitarme el nudo de un zapato.
No voy a entrar en la discusión acerca de qué proporción de esas habilidades (o falta de ellas) son el fruto (o culpa) de la educación que recibí. Lo cierto es que son todas habilidades (o competencias, para usar el término de moda) esencialmente matemáticas, y bien diferentes unas de otras. Sería muy deseable que las poseyera todas, pero es un hecho que ello no es así.

Y sí eso es cierto en mi caso, matemático de profesión, también ha de serlo en el caso de cada uno de mis estudiantes: sus inteligencias matemáticas han de ser todas diferentes. Algunos estarán mejor dotados y preparados para pensar geométricamente mente, otros tendrán destrezas numéricas más desarrolladas, la fortaleza de alguno será para armar y desarmar rompecabezas, escabullirse por laberintos, mientras que no faltarán los que no se asustan y, por el contrario, disfrutan las estadísticas y todas sus variantes. 

El comprender que la etapa de desarrollo de las diferentes inteligencias matemáticas de cada uno de mis estudiantes no es la misma me permitió preparar clases más pertinentes, que intentaran atender la enorme diversidad de intereses y habilidades que encontraba en mi salón pero, sobre todo, que gratificara a los estudiantes antes de que me lanzaran la pregunta de siempre. Ya no podía, sin embargo, concentrar todo mi esfuerzo en desarrollar, por ejemplo, sólo habilidades aritméticas en ellos, ni pretender que todos los estudiantes las adquirieran a la misma velocidad, que llegaran a ser igual de competentes en ellas o, incluso, que mostraran el mismo entusiasmo e interés que por todas las otras. Lo mismo podría decirse de cualquiera de las otras formas de pensar matemáticamente.

Descubrir en cada estudiante sus fortalezas y sus intereses particulares, que suelen complementarse, es una manera de tener más probabilidades de acertar a la hora de decidir cómo abordar el trabajo en el salón de clase. Pero ello significó también, que tuve que abandonar la clase magistral tradicional como único recurso para enseñar y optar más bien por una especie de laboratorio de matemáticas donde distintos grupos de estudiantes trabajan en diversos experimentos matemáticos, según sus intereses, sus afinidades, sus habilidades y necesidades de aprendizaje. Para ello tuve necesidad de contar con un rico banco de problemas, acertijos y actividades que he ido alimentando poco a poco, un buen texto escolar y, en el caso de los grados superiores, al menos una calculadora graficadora para cada grupo.    
    
La clase de matemáticas ya no consistía de unos pocos estudiantes poniendo a medias atención a lo que yo hacía en el tablero mientras los demás echaban globos o se ocupan en algo más divertido. Cada grupo experimental trabajaba a su propio ritmo, con su propia dinámica, algunos con más dedicación y mejor integrados que otros. Mi trabajo ahora era de orientación de los grupos, facilitando su trabajo, dando pistas y pautas, moderándolos. No todos los experimentos tenían éxito ni en todos ellos se aprendía lo mismo, pero por lo que los estudiantes estaban ocupados haciendo algo, muchas veces incluso divertido y retador, ya no me preguntaban a cada rato para que servía tal o cual cosa.       

La matemática, una ciencia experimental

La matemática, no hay que olvidar, es un ciencia experimental como cualquiera otra de las ciencias.

Progresa fruto de la observación, la imaginación y la experimentación, entre otros. Que no necesite instrumentos tan sofisticados como los de los químicos, biólogos y físicos para ello no significa que la experimentación no sea un elemento esencial del matemático. Al igual que otros científicos, el matemático formula una hipótesis sobre el problema que esté investigando y procura por distintos medios ponerlo a prueba, es decir, comprobarlo o refutarlo. Para ello acude a los experimentos.

Papel y lápiz en mano, en ocasiones asistido por una calculadora o un computador, el investigador realiza sus experimentos hasta que encuentra un contraejemplo a su conjetura, o argumentos suficientemente convincentes a su favor. Ese ambiente de experimentación es el que hay que intentar reproducir en el salón de clase, fomentando, como ocurre en la vida real, el trabajo en equipo y algo de competencia sana entre los mismos. Este trabajo en equipos permite, además, que las distintas inteligencias matemáticas de sus miembros se complementen en la solución exitosa de un problema o el desarrollo de un proyecto ya que, por lo general, un mismo problema o proyecto, bien escogido, hace uso de todas ellas. En el proceso los estudiantes aprenden los unos de los otros mucho más de lo que aprenderían del profesor que copia y resuelve problemas en el tablero para que los estudiantes los copien igual en sus cuadernos y, después de memorizados, en la hoja de la previa.      

La enseñanza de las matemáticas en la era digital          

Convertir el salón de clase en un laboratorio de matemáticas en el que los estudiantes puedan desarrollar plenamente sus diferentes inteligencias matemáticas, y que lo hagan sin estarse preguntando cada rato para que sirve todo ello, no es una tarea fácil. Sin embargo, la era digital que tenemos encima permite que ello sea cada vez más factible. Para comenzar, la posibilidad creciente que tenemos ahora los docentes de estar al día de innovaciones científicas y pedagógicas, y la de entrar en contacto con colegas en otros lugares que intentan hacer lo mismo, enriquece de manera formidable nuestro trabajo. Por otro lado, a medida que el acceso a computadores y calculadores se universaliza, la realidad de poder hacer del salón de clase un laboratorio crece. Una encuesta del año 2006 del Departamento Nacional de Estadística (DANE) reveló cómo el 50.3% de los niños entre los 5 y 11 años jugó en el año anterior algún videojuego.

Con toda seguridad ninguno de ellos se preguntó al hacerlo para qué le servía pasar horas jugando. Lo hacía porque le divertía. Es posible que de paso, según el juego que fuera, algo estaba aprendiendo. La prueba de que dichos videojuegos sí desarrollan destrezas significativas es que los niños que han tenido acceso a ellos muestran mejores habilidades para manipular los cada vez más complejos aparatos con que las nuevas tecnologías digitales nos están inundando: teléfonos celulares, controles remotos, archivadores de música, etc. No todos los videojuegos son didácticos pero muchos sí contienen ideas matemáticas poderosas que si se complementan con actividades relacionadas interesantes puede estimular el aprendizaje.

Y una calculadora científica o graficadora en manos de un profesor creativo puede convertirse en algo muy parecido al mejor de los videojuegos.   

Nuestro deber como docentes       

Lo que todo esto significa es que los docentes de matemáticas tenemos que pensar de nuevo el sentido de nuestro trabajo. ¿Es acaso asegurarnos de que los estudiantes salgan del bachillerato equipados con una especie de botiquín de primeros auxilios matemáticos que puedan utilizar en una emergencia? ¿Un botiquín que contiene tablas de multiplicación, fórmulas, teoremas, todos los casos de factorización, y una buena colección de identidades trigonométricas, derivadas, integrales? ¿O no será más bien que salgan con una sólida comprensión de los principales procesos matemáticos presentes en cada uno los diferentes dominios de la matemática y la certeza y confianza de poderlos utilizar, adoptar y desarrollar sin fecha de vencimiento, y en cualquiera que sea la esfera de trabajo en que se vayan a ocupar? Mucho más importante que un estudiante, al salir del bachillerato, conozca uno por uno los 17 casos de factorización (o los que sean), es que lo haga bien dispuesto hacia las matemáticas, que haya podido encontrar el gusto por ellas y pueda identificar sus propias fortalezas y debilidades y, sobretodo, que comprenda el enorme legado cultural que la matemática representa para la humanidad.           

Así, cuando muchos años después se enfrente a algún evento similar al que hoy sacude al mundo, no importará que haya olvidado 16 de los 17 casos de factorización de los polinomios, podrá de todos modos acudir a su formación matemática, a la capacidad para analizar, abstraer y procesar información que ésta le dio, para entender los acontecimientos del día. Ese día agradecerá haber tenido profesores que le ayudaron a tener una buena actitud hacia las matemáticas, a descubrir y nutrir sus propias y particulares inteligencias matemáticas, y a estar dispuesto a seguirlas desarrollando y cultivando según sus capacidades e intereses. No otra es nuestra responsabilidad como maestros.

http://eleducador.com/las-multiples-inteligencias-matematicas/


Responder  lo  Siguiente

1°. ¿Cuál  es la tesis que plantea en su artículo el profesor Recamán Santos?
2°. ¿Cuál  es la materia que más te gusta o te llama la atención y por qué?
3°. ¿Cuál  es la relación entre la cotidianidad y las matemáticas?
4°. ¿Qué le llama la atención de las matemáticas?







 Reporteros  del  horror

                                      Jorge  Iván Posada*  Medellín

        REVISTA ARCADIA.COM

La época de la violencia más dura de Medellín está documentada gracias a un puñado de periodistas que se la jugaron a fondo por contar y señalar el dolor de miles de víctimas que aún hoy padecen una guerra que se resiste a terminar. En los archivos están los testimonios para no olvidar, para que el horror no se vuelva a repetir.

Primo Levi contó tantas veces que el mayor horror de los campos de concentración Nazi era que los verdugos les repetían a los cautivos que nadie iba a creerles lo que habían vivido, que tanta fue la crueldad que el mundo iba a pensar que el hombre era incapaz de hacer eso con el hombre. Toda la obra de Levi sobre el Lager está atravesada por esa idea (Si esto es un hombre, La Tregua y Los hundidos y los salvados). También la sustentó en cientos de conferencias, cuando su primer libro apenas se leía, diez años después del final de la II Guerra Mundial.   
         
Europa se asomaba al espanto del holocausto gracias a Levi y a otros que dieron su testimonio, al sentir que sobrevivir a la barbarie tenía el principal fin de narrar los episodios de dolor, sadismo e instinto de conservación que ocurrieron en Auschwitz-Birkenau y en otros campo de exterminio.         

Después del Lager, en el caso de Levi, el sentido de su vida fue relatar a los salvados y quienes se hundieron, aunque nunca logró sobreponerse a la culpa de ser un sobreviviente de la mayor barbarie de la humanidad. Aún se le recuerda como la voz de miles de judíos que dejaron su vida en las barracas, y la de otros que nunca se atrevieron a describir esos años oscuros. Levi, notario de su tiempo, ofició como un cronista que legó al mundo lo que nunca debe repetirse.       

El mismo año que murió este escritor italiano de origen judío -puso fin a su vida al tirarse por las escaleras de un edificio, el 11 de abril de 1987 - su obra ya había resonado por todo el mundo y era referente para muchos escritores de no ficción y periodistas. Para ese año, Colombia ya estaba presa de la violencia del narcotráfico y del conflicto armado.     

En Los hundidos y los salvados, su última obra, Levi habló sobre los genocidios, y las nuevas guerras, como la que aún padece Colombia.
En 1987, cuando murió, ya existían en el país periodistas que se especializaron en el cubrimiento de nuestra tragedia; sobre todo en Medellín, que desde 1980 ha sufrido la violencia de manera particular. Solo en 1991 se registraron 6.349 homicidios, de ahí que fuera conocida como la ciudad más peligrosa del mundo.
                   
Fue así como, a los escritores norteamericanos del Nuevo Periodismo, que recogieron la experiencia de Levi, los leyeron Juan José Hoyos, Gonzalo Medina, Heinner Castañeda, José Guillermo Palacio, Henry Agudelo, Alonso Salazar, Carlos Mario Correa, Jesús Abad Colorado, Carlos Alberto Giraldo, Patricia Nieto, Natalia Botero, Martha Ruiz y otros tantos periodistas de ese tiempo, cronistas de hechos rojos, notarios de hechos violentos que rescataron, de primera mano y como testigos excepcionales, las voces de esas víctimas, los relatos de días tan macabros. 

Fueron una especie de John Reed, deslumbrados por el quiebre de una sociedad que se atrevieron a relatar; y no precisamente el quiebre por una revolución -como la bolchevique que el escritor norteamericano narró en Diez días que estremecieron al mundo-, sino por la degradación que se incubó en una parte de la sociedad excluyente y conservadora como la antioqueña

El periodismo de esos días era impulsado por el teléfono o el bíper que sonaba en la mañana con la alerta de una masacre en el barrio Popular, que repicaba en la tarde por el estallido de una bomba debajo de un puente en el centro de la ciudad, y que insistía en la noche con la denuncia de que tres cuerpos fueron abandonados, con signos de tortura, en una loma de El Poblado.  

Aún no son fáciles de escuchar y digerir esas historias para un lector desprevenido, e incluso para los jóvenes reporteros que siguen cubriendo los temas de seguridad, narcotráfico y conflicto armado.
         
Cientos de periodistas optaron por narrar la guerra -a pesar de los múltiples riesgos- y hacer preguntas sobre lo ocurrido. Estos reportes hacen parte del análisis del Medellín, ¡Basta Ya!, dice Ana María Jaramillo, coordinadora académica de esta investigación que apoya el Centro Nacional de Memoria Histórica, la Alcaldía de Medellín, el Ministerio del Interior, y que realiza en terreno la Corporación Región en compañía del Museo Casa de la Memoria.       

Un proyecto que rescatará las voces de las víctimas de tantos sucesos violentos que ocurrieron en Medellín entre 1980 y 2013, presenciados por los periodistas, testigos de primera línea de la desdicha pero también de la dignidad y resistencia de los mayores afectados. Estos son relatos de valentía.
         
El germen de todo
         
Gonzalo Medina es de esa generación de periodistas de la U. de Antioquia que se formó en el activismo social. Su carrera comenzó en los medios tradicionales como El Mundo, y luego en Caracol Radio. En 1983 ya estaba tras la historia de Luis Fernando Giraldo Builes, un miliciano del ELN que fue reportado como desaparecido.        

Cuenta Gonzalo que el 20 de agosto, antes de salir de la redacción, recibió una llamada. Al otro lado del teléfono escuchó la voz de una mujer, la hermana de Luis Fernando, quien aseguró que no sabían nada de su hermano.

Gonzalo le propuso hacer una nota sobre la desaparición pero ella le respondió que primero iba a consultarlo con su padre. Nunca volvió a llamar. Sin embargo, esa noche la noticia del país era que en el barrio Aranjuez un joven había sido atado a un poste de luz, y que sus captores le habían amarrado una barra de dinamita que luego activaron. Ese joven era Luis Fernando; su cuerpo quedó destrozado.      

Dice Gonzalo que el antecedente era que, al parecer, Luis Fernando tenía en su poder un carro robado y la Policía lo detuvo el 16 de agosto. Luego, su cuerpo apareció en Aranjuez, al suroriente de Medellín, en el barrio donde semanas antes el ELN acribilló a cuatro agentes de la Policía. Ante lo tétrico y sorprendente, este reportero le hizo seguimiento al caso. Entonces se percató que estaban involucrados dos oficiales, el teniente Solanilla y el capitán Laureano Gómez Méndez. La información la confirmó el coordinador de la Procuraduría en Antioquia de ese entonces, Domingo Cuello Pertuz. En la pesquisa por entender por qué las autoridades actuaron de esa manera, llamó al teniente Solanilla a su casa pero el oficial se exasperó y le tiró el teléfono. Esta investigación, como testigo y vigilante, estuvo en manos de Cuello Pertuz solo 40 días porque el 29 de septiembre de ese año, mientras salía de su vivienda, varios hombres le dispararon y le quitaron la vida.
         
“Los investigadores aseguraban que los asesinos del Procurador habían sido agentes de la Policía. Ellos se preguntaban, ¿a quién favorecía el crimen? A los policías los tenían detenidos pero de pronto ocurrió algo insólito: el capitán Laureano Gómez Méndez se suicidó y su cuerpo nunca apareció, hecho que no se pudo verificar y se convirtió en un mito”, dice Gonzalo.      

La llamada a Solanilla tenía una razón. Cuando en 1980 estaba en la sala de redacción del periódico El Mundo, Gonzalo se interesó por la crónica roja y le dio su propio estilo, al escribir la noticia con la voz del autor del crimen. Gonzalo se interpelaba, ¿quién es esa persona que puede asesinar? Así llegó hasta Néstor Trejos Marín, el “Mono Trejos”, un delincuente de renombre nacional que en 1972 se fugó de La Ladera, y que otra vez, sorprendido por las autoridades ante sus múltiples delitos, fue a dar a Bellavista.  

¿Por qué esa Medellín, de comienzos de los 80, se estaba llenando de estos personajes como el “Mono Trejos”, que se codeaban con la muerte y no tenían reato por la ley? ¿Por qué los reporteros solo se quedaban con el relato de la muerte y no iban más allá?, esas preguntas se hacía Gonzalo.    

Uno de los periodistas que quiso ir más allá fue el columnista de El Colombiano, Nelson Anaya Barreto, aunque un sicario lo alcanzó el 26 de septiembre de 1983.

La razón de su asesinato sigue sin esclarecerse; al parecer, fueron narcotraficantes quienes lo mataron. La Fundación para la Libertad de Prensa registra este crimen como el primero cometido contra un reportero, en la década de los 80, en Medellín.         

Por el activismo social Gonzalo dejó las salas de redacción en Colombia y se lanzó a cubrir la guerra civil en El Salvador. De regreso al país se vinculó al Centro Laubach de Educación Popular y ese trabajo lo alternó con la conducción de un programa en la Emisora de la U. de Antioquia donde contaba los pormenores de las guerras civiles en Centroamérica.
         
A las 11 de la mañana, todos los domingos, Héctor Abad Gómez, el médico y presidente del Comité de los Derechos Humanos en Antioquia, grababa en directo el programa Pensando en voz alta, y media hora después, en esa misma cabina, Gonzalo conducía el suyo. 

Medina no olvida la presencia de Héctor Abad Gómez y las denuncias que leía en el micrófono: una ejecución extrajudicial, una masacre, una desaparición forzada. La última vez que lo vio fue en la emisora donde denunció, en vivo, que estaba amenazado.
         
“En Colombia todo coge una dinámica en que vos estás con una persona y horas después o a los días la matan, la desaparecen, y eso pasó con el doctor Héctor Abad Gómez el 25 de agosto de 1987”, asegura Medina.

Esa mañana, primero los paramilitares mataron a Luis Felipe Vélez, el presidente de la Asociación de Institutores de Antioquia (Adida), y al final de la tarde, cuando Héctor Abad Gómez fue al velorio, en la sede del sindicato, fue asesinado en la entrada. Leonardo Betancur, otro médico salubrista que lo acompañaba, alcanzó a correr pero el asesino lo encontró en la cocina de Adida y ahí le descargó el arma.   
         
Trece días antes de la muerte de Héctor Abad, varios hombres llegaron hasta la casa de Pedro Luis Valencia, cerca de la IV Brigada, y asesinaron a ese profesor de la U. de Antioquia y senador de la Unión Patriótica.
         
Posteriormente, el 10 de diciembre, Día mundial de los Derechos Humanos, un comando irrumpió en las instalaciones de la Cooperativa de Trabajadores de Simesa, en el centro de Medellín, y retuvieron a Francisco Gaviria, estudiante de comunicación social de la misma universidad. Su familia lo buscó por toda la ciudad y al día siguiente alguien encontró su cuerpo en la loma del Esmeraldal, en Envigado, envuelto en un costal, atado, desnudo, con un disparo en la cabeza y los ojos quemados.  

Para acabar de ajustar, el 17 de diciembre otro comando armado desapareció, torturó y dejó en la maleta de un carro el cuerpo sin vida de Luis Fernando Vélez, reemplazo de Héctor Abad Gómez en la dirigencia del Comité de Derechos Humanos.

Dos meses después, el 22 de febrero de 1988, también fue abaleado el abogado y líder de la UP, Carlos Gónima. A Gonzalo le tocó despedirse de varios de estos personajes, que le fueron cercanos, pues en 1987 también era profesor de Opinión Pública de la universidad.  

Varios de esos homicidios habrían sido cometidos por agentes de la Policía y el Ejército. En 1987 ya se había consolidado la alianza entre sectores del Cartel de Medellín, empresarios y agentes del Estado, para acabar con todo lo que se asemejara a la izquierda legal y armada. En esos magnicidios y masacres, también participaron decenas de niños, adolescentes y jóvenes de las comunas de Medellín. ¿Quiénes eran esos que apretaban el gatillo?      

La cobertura de la muerte. Medellín pasó de ser la ciudad romántica donde los periodistas registraban los accidentes de tránsito y las peleas a cuchillo, a la ciudad del triple homicidio.

Antes de 1980 no se hablaba de droga sino de viciosos, de camajanes, los del pasito tun tun, y muy de vez en cuando se comentaba sobre la marihuana y una que otra pepa, el mejoral con alcohol, con el que muchos se enloquecieron. Así lo cuenta el experimentado periodista José Guillermo Palacio. Dice el reportero -de 54 años y actual macroeditor de El Colombiano- que en su primer trabajo, en Radio Cristal, un día le reportaron seis homicidios en un solo episodio, y pensó: “hoy hay noticia para todo el día”. 

Nada era como las épocas pasadas. En 1985, en Radio Cristal, Palacio elaboraba una nota judicial cada media hora y como en ese tiempo poco pasaba (aunque las milicias ya habían dejado un rastro de violencia), entonces dosificaba las noticias. Si era un accidente de tránsito, el primer reporte era que había ocurrido en la avenida Oriental con Ayacucho, entre un taxi y un bus. Media hora después, y sabiendo que el choque había dejado un muerto, decía al aire que al parecer había un ‘occiso’. A la media hora revelaba el nombre del muerto, el conductor del taxi, y finalmente deletreaba las placas de los vehículos.    

José Guillermo relata que a la ciudad llegaron el M19, el EPL, el ELN y las FARC, a esos barrios de calles sin pavimentar, sin servicios públicos, donde la gente hacía fila desde las cuatro de la mañana por un litro de leche. Pero las milicias se fueron cuando fracasaron los diálogos de paz de principios de los 80, “la guerrilla se olvidó de la ciudad pero dejó un montón de pelados entrenados en esas comunas, entre los 12 y los 22 años”, afirma José Guillermo. Luego irrumpió la mafia, la coca de Pablo Escobar, y mucha gente honesta de la ciudad que trabajaba de sol a sol comenzó a beber de la copa del narcotráfico, primero a goticas y luego a grandes sorbos.

Y las calles, los barrios, las avenidas, los parques, las lomas, los puentes, se llenaron de muertos por vendettas, por ajustes de cuentas, porque los mafiosos habían matado al ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, el 30 de abril de 1984 -lo que obligó a que el gobierno de Belisario Betancur los sentenciara como extraditables- y se desató una guerra espantosa; una guerra del Cartel de Medellín contra el Estado y la sociedad.        

Ese quiebre lo vivió José Guillermo; en 1987 ya no tenía que dosificar las noticias sino sumarlas. La situación llegó a tal punto que su jefe en la emisora le dijo que tres muertos ya no eran noticia: para salir al aire tenían que ser más de cinco. La emisora cerró y José Guillermo se dedicó al periodismo popular. En 1988 estaba otra vez en la radio como el cronista judicial del Grupo Radial Colombiano. Allá solo estuvo tres meses, no sabía que esa cadena era de los hermanos Rodríguez Orejuela, los jefes del Cartel de Cali que ya estaban en guerra contra Pablo Escobar.              

En Cali, Medellín, Miami, Los Ángeles y Nueva York, las dos organizaciones se batían a tiros. A los periodistas de la emisora en Medellín los amenazaron y todos decidieron renunciar. Sin embargo, uno de los jefes entró a la redacción con un tarro lleno de gasolina, se las roció en las piernas y les dijo que si se iban los prendía con un fósforo. Todos estaban petrificados del susto. José Guillermo nunca volvió, pero no renunció a su oficio y en septiembre de 1988 conformó el grupo de reporteros de Buenos días Medellín, un noticiero del locutor Diego Vargas Escobar, quien les pagaba a los periodistas 92.000 pesos y les regalaba las cuñas. La gente lo quería mucho y en todos sus programas hacía editoriales donde criticaba la corrupción, el crimen y los narcos.
         
“El 17 de octubre de 1989 a la emisora fue un tipo en moto a preguntar por él. Estábamos muy nerviosos porque nos habían hecho dos llamadas con amenazas. Entonces le dije a don Diego que se cuidara, que la situación estaba muy peligrosa. Cuando se fue a despedir me dijo: 'No tiemble negrito que yo soy muy varón', pero cuando llegó a su casa, en La América, se bajó para abrir la puerta del garaje y ahí lo acribillaron”, relata José Guillermo Palacio.       

Antes de Diego Vargas Escobar, en Medellín fueron asesinados los periodistas Alberto Lebrún Múnera (11·01·1986), el mismo Héctor Abad Gómez (25·08·1987), Nelson Gavini Alzate (11·11·1987), Jorge León Vallejo Rendón (15·06·1989), Juan Gabriel Caro Montoya (17·06·1989); Roberto Sarasty Obregón (10·10·1989), Martha Luz López (10·10·1989) y Miguel Arturo Soler Leal (10·10·1989).   

"Ese día marcó mi vida en el periodismo porque pensé en retirarme definitivamente de esta profesión. Y de verdad renuncié pero luego resulté trabajando en El Mundo y de ahí pasé a El Tiempo y ahora estoy en El Colombiano", recuerda Palacio.      Pero Pablo Escobar se ensañó especialmente con El Espectador. Dos de los seis homicidios de personas vinculadas al periodismo en Medellín, perpetrados en 1989, fueron de trabajadores de ese diario: Martha Luz López y Miguel Arturo Soler Leal, los gerentes regionales.
         
Carlos Mario Correa, que para entonces tenía 23 años, era uno de los reporteros del periódico de los Cano. En una entrevista publicada por ese medio, el 2 de septiembre de 2014, recordó esos años tan duros cuando el capo los asediaba.        

Primero fue el asesinato de Guillermo Cano en Bogotá, luego la bomba en las instalaciones de la capital, el 2 de septiembre de 1989, y un mes después la muerte a tiros de los jefes del periódico en Medellín. Correa sintió que era indigno tirar la toalla mientras El Espectador se levantaba de los escombros para seguir denunciando a Pablo Escobar. Después de la bomba en Bogotá aumentaron las amenazas contra todos los trabajadores de la redacción, situada en el barrio Prado. El Espectador cerró en Medellín pero Carlos Mario Correa hizo un acuerdo con las directivas nacionales para trabajar en la clandestinidad con el medio. Así fue reportando cada captura y bomba, como la del 16 de febrero de 1991, en la plaza de toros La Macarena. 

Triste faena
         
Ese sábado era el descanso del periodista Heinner Castañeda -hoy en día profesor de la U. de Antioquia-, quien era el corresponsal del Noticiero de las 7. A las 5:30 de la tarde estaba sentado en una de las casetas, afuera de la plaza de toros. Ese día sí que necesitaba hacer un alto en el camino; sentía a la ciudad atragantada de sangre y dolida con tantos magnicidios.         

Su primera noticia fue el asesinato del procurador Carlos Mauro Hoyos, el 25 de enero de 1988. Después vino el cubrimiento de otras igual de duras, como el atentado del 4 de julio de 1989, con 100 kilos de dinamita, en el que murió Antonio Roldán Betancur, el gobernador de Antioquia. Y luego el ataque en el que perdió la vida el coronel Valdemar Franklin Quintero, el 18 de agosto.     

Heinner recuerda que por las bombas la gente temía salir de sus casas a las discotecas, parques y a cualquier establecimiento público. Esa tarde de sábado tomaba cerveza con sus amigos y afuera de la plaza concurrían cientos de espectadores y una decena de policías. Eran las 6 de la tarde y se dirigió a uno de los baños públicos que estaba debajo del puente de la avenida San Juan, donde tradicionalmente se parqueaban los vehículos. Regresó a la caseta, se sentó de nuevo y a los dos minutos sintió el estallido. A las 6:18 p.m. ciento cincuenta kilos de dinamita y metralla, que estaban en un Mazda, explotaron debajo del puente.

Era la primera vez que le tocaba vivir un hecho de tal magnitud, como una potencial víctima y no como un periodista. Esta vez fue diferente: la conmoción, la estampida de gente; no saber dónde se encontraba; la nube de polvo, los quejidos de las personas, el traquetear del puente, el fuego, el humo. Fue el sonido de las sirenas de las ambulancias y los carros de bomberos, fue observar a los heridos, a una persona en llamas. No era el registro, desde la distancia, de la violencia; en este caso, era ser sorprendido por ella. A los 10 minutos el lugar estaba repleto de periodistas y a sus colegas les contó lo sucedido como una víctima más.         

“Entonces ahí estaba el periodista convertido en fuente, pero a su vez viendo a los periodistas cómo trataban de hacer su mejor trabajo, sobre todo los de televisión porque de alguna manera la prensa, los fotógrafos y la radio agreden pero no tanto como una cámara encendida. Me acuerdo de las imágenes de la persona que se estaba quemando y las cámaras llegaron a grabarla como si fuera un espectáculo”, testimonia Heinner. Esas imágenes le dieron la vuelta al mundo y Heinner aún se cuestiona cómo un camarógrafo llegaba a grabar una escena tan dantesca cuando él pudo ser esa víctima.

Conmovido, pensaba que los periodistas se veían abocados a registrar ese momento, de una manera honesta, para contarle al mundo las atrocidades de Pablo Escobar, pero esta vez la dimensión era más grande porque el hecho lo padecía en carne propia.

Allá siguieron los reporteros preguntando, tomando las versiones, grabando las imágenes afuera de la plaza de toros donde murieron 28 personas y 200 resultaron heridas. Pero entonces, ¿quiénes eran esos muchachos que ponían las bombas, que descerrajaban a sus víctimas?         

Medallo del alma. El periodista Alonso Salazar -escritor y exalcalde de Medellín- trató de responder esa pregunta cuando se vinculó con la capacitación popular, de la mano del sacerdote Federico Carrasquilla. La idea era apoyar procesos de liderazgo en los barrios para que la misma comunidad gestionara la solución de sus problemas. En los recorridos por la comuna nororiental conoció a varios jóvenes que empezaron ese trabajo de liderazgo y a los tres años volvió a verlos pero convertidos en jefes de bandas y matones a sueldo. Adolescentes de 12, 15 y 17 años que se montaban en una motocicleta y les descargaban la mini uzi a los enemigos de Pablo Escobar y de los paramilitares.   

Lo primero que intentó fue contar la vida de estos niños y jóvenes en un documental que se llamó Medallo del alma; desde ahí empezó la inquietud por esa generación que le valía poco la vida y menos aún la muerte, de los que “querían ser del F-2 (policía secreta) para matar con todas las de la ley”, como le dijo uno de esos muchachos en una comuna. Usando el testimonio, como herramienta para explicar por qué el quiebre social de la ciudad, se valió de la voz de varios jóvenes -como la de Antonio, jefe de una banda y la de Mario, un sicario- que están incluidos en su libro No nacimos pa’ semilla.        

Recuerda que los relatos que más lo impactaron fueron esos dos porque eran muchachos que querían vivir un día como reyes, así los mataran, que llevar una vida de esclavos; jóvenes con una alta dosis de crueldad pero que gozaban de una gran aceptación social porque al ‘coronar’ repartían las ganancias con su madre y el barrio, en fiestas y en derroche. Jóvenes que venían de entornos violentos, condenados al nacer, que se levantaron en una ciudad desigual y excluyente, muchos de ellos hijos y nietos de víctimas de la violencia de los años 50.

La Unidad de Paz. Fueron esos mismos muchachos de barriada de los que se sirvió Pablo Escobar, al que acorralaron en la tarde del 2 de diciembre de 1993. En el tejado de una casa del barrio La América lo sorprendió el Bloque de Búsqueda y tras un intercambio de disparos, el jefe del Cartel de Medellín murió. 

Hasta allá llegó Natalia Botero, como practicante de fotografía de El Colombiano, y registró la romería. Allá también estuvo José Guillermo Palacio quien alcanzó a meterse en un apartamento al lado y ver a Escobar tirado en el tejado. Caracol Radio fue el primer medio en anunciar esa noticia en la voz del periodista Rodrigo Martínez -actual reportero judicial de El Colombiano-. Desde una cabina telefónica le confirmó esa muerte a todo el país.         

Natalia Botero -quien trabajó a su vez con la revista Semana- estuvo hasta las 12 de la noche en Medicina Legal a la espera de la familia de Pablo Escobar, ese que amasó una fortuna de más de mil millones de dólares, quien fue representante a la Cámara, jefe de una de las redes criminales más grandes del mundo, que se entregó e hizo una cárcel a su antojo y que se fugó de la misma hasta que ‘los Pepes’, la Policía y el Estado, dieron con él.    

A los seis meses, el 2 de julio de 1994, Humberto Muñoz Castro -escolta de los hermanos Juan Santiago y Pedro David Gallón- mató al futbolista Andrés Escobar. Gonzalo Medina, en su libro Andrés Escobar: la sonrisa que partió de madrugada, retrató la historia del asesino, otro hijo de la violencia partidista que ya cargaba a cuestas otros delitos.

Para explicar la otra violencia que se desató, tras la extinción de Escobar, el periodista Carlos Alberto Giraldo -quien venía de registrar en sus reportajes y crónicas esa violencia que dejó la ausencia del capo y la nueva presencia de las milicias en los barrios periféricos- le sugirió a la directora de El Colombiano, Ana Mercedes Gómez, crear una unidad especial dentro del periódico para explicar, con un contexto más amplio, lo que estaba pasando en Medellín y en el departamento. Así nació la Unidad de Paz y Derechos Humanos en la que se formaron reporteros como Juan Carlos Pérez, Isolda María Vélez, Diana Losada, Juan Diego Restrepo, Carlos Olimpo, Gustavo Ospina y los fotógrafos Donaldo Zuluaga, Manuel Saldarriaga, Juan Antonio Sánchez, Robinson Sáenz y Jaime Pérez.

Periodistas que registraron después la consolidación del paramilitarismo en la ciudad, los asesinatos del abogado Jesús María Valle y del profesor Hernán Henao. En las páginas que escribieron esos reporteros se hicieron amplias reflexiones sobre las violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario, y se interpelaba al entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez, por la creación de las autodefensas legales, conocidas como las convivir. Pero también se denunciaron los secuestros y cientos de crímenes del ELN, los CAP y las FARC y se le dio voz a las organizaciones de víctimas, a las Madres de la Candelaria, al Cinep, el IPC, Región y a la Corporación Jurídica Libertad. La violencia por el narcotráfico y el conflicto armado no había terminado.

De los secuestros de empresarios y estudiantes por parte de las milicias, se pasó, otra vez, a las bombas por un enfrentamiento entre la banda de "la Terraza" y Carlos Castaño, cabeza de las AUC, quien ya se había servido de sus sicarios para cometer magnicidios.

Según ‘don Berna’ y ‘H.H’ -jefes paramilitares extraditados a Estados Unidos-, Carlos Castaño le habría pedido a “la Terraza” ejecutar el asesinato del periodista Jaime Garzón, el 13 de agosto de 1999.
         
Con las bombas en el centro comercial El Tesoro (10 de enero de 2001) y la del parque Lleras (17 de mayo del mismo año) la ciudad se asomó, de nuevo, a la guerra urbana.    

En la comuna 13 todos los días había combates entre las milicias, los paras y el Ejército. Ahí vinieron las operaciones Mariscal y Orión, en 2002, esta última, la primera intervención militar urbana, de gran escala, con el que el gobierno Álvaro Uribe empezó su política de seguridad democrática. Allá arriesgaron sus vidas, en medio de los tiros, los fotógrafos Henry Agudelo y Jaime Pérez con el periodista Carlos Alberto Giraldo. 

Un fotógrafo y periodista con una mirada crítica, como Jesús Abad Colorado, dejó el testimonio, en una fotografía, de cómo la Policía y el Ejército avanzaban cuadra por cuadra con un hombre vestido de uniforme militar y encapuchado, quien decía dónde buscar y a quién requisar por su presunta relación con la guerrilla.

Extinguida la presencia militar de las milicias, el Bloque Cacique Nutibara de las AUC se desmovilizó después de acabar con el Bloque Metro que dirigía “Doble Cero”, un exoficial del Ejército. Y la violencia mutó, la Oficina de Envigado se dividió, el ajuste de cuentas entre bandas no paró, pero la ciudad empezó a cambiar, a modernizarse, y a abrirle espacios a propuestas políticas más limpias, como las de Sergio Fajardo y Alonso Salazar.     

Hoy en día sobresale que la tasa de homicidios ha descendido a niveles históricos, las instituciones han reconocido a las víctimas, que al día de hoy suman 375.000, según la Unidad de Víctimas, en una ciudad de 2’762.108 habitantes (DANE). Pero las bandas siguen disputándose el control del microtráfico, sin muertos, pero sí con desaparecidos, según Corpades, por un pacto de fusil entre “los Urabeños” y "la Oficina". La Alcaldía lo desmiente y reitera que la reducción del 42 por ciento de los asesinatos en 2015, respecto al 2014, es gracias al esfuerzo de las autoridades por combatir el delito y preservar la vida.       

“Es muy difícil contar de otra manera las cosas que uno no entiende”, dice Alonso Salazar sobre el cubrimiento de la violencia en los años 80. En medio de un esfuerzo empírico, también se buscaba la reflexión. Medellín estaba invadida por la mafia, pero el problema era global y el impacto fue tan cruel que muchas veces impidió esa mirada.     

Con varios buenos ejemplos se puede ver que ahora los registros tienen mucho más contexto; son noticias, reportajes y análisis que recogen esas experiencias de los reporteros de los 80 y principios de los 90. Los periodistas José Guarnizo Álvarez, Ricardo León Cruz, Nelson Matta, Walter Arias, Stephen Arboleda, Mauricio Builes, Juan Carlos Monroy, Javier Alexánder Macías, Daniel Rivera Marín y Juan David Ortiz lo siguen intentado. Ahí están los reportes sobre La Escombrera, un botadero de escombros de la comuna 13 donde los paras, y agentes del Estado, habrían desaparecido a más de 100 personas.       

En los archivos digitales e impresos de los medios están vivos los testimonios de por qué Medellín ha sido tan violenta y estigmatizada, de cómo sigue resistiendo y cada vez más trabaja por superar ese horror.

Testimonios logrados por periodistas que lo han arriesgado todo para que la ciudad despierte, para que el país no olvide, para que nadie diga que eso no ocurrió, así como esperaba Primo Levi con su testimonio del Lager.        
- El CNMH lanzará a final de 2015 el informe nacional de la violencia contra periodistas.


http://www.revistaarcadia.com/impresa/reportaje/articulo/reporteros-del-horror/43924