jueves, marzo 24, 2016

Rimbaud, ladrón de fuego

Sami Nair.   Revista El Correo de la UNESCO

La búsqueda rimbaldiana, esa "ópera fabulosa", radicaliza y transforma a la vez la gran angustia modernista que nació con Baudelaire.

Rimbaud y Baudelaire aparecen como los representantes más ilustres de la modernidad pero también como sus críticos más acerbos. Gracias a un afán sistemático de superación de sí mismos, uno y otro experimentan la sensación de la novedad fundamental del tiempo, de su aceleración infinita y de las heridas que provoca, y con el éxito resonante de su testimonio, muestran también la ambigüedad de éste.

¿Qué tienen en común? Ambos sintieron  -sólo el poeta puede llegar al fondo de esta evidencia y expresarla en su fugacidad- que la era moderna desplazaba masivamente los límites de lo sagrado. Baudelaire: lo que lamenta es la pérdida del aura -esa especie de espiritualidad que nimbaba seres y objetos- bajo el peso de la cosificación de las relaciones humanas, de su deshumanización, del cálculo y de la horripilante metafísica de lo positivo.
El talón de acero posado en el frágil cuerpo de los hombres. Rimbaud: joven aun, sueña con escapar del tedio - el anonimato y el tedio de esta edad ya cuantificada-. Huir de Charleville a París, de París hacia el Oriente, del Oriente hacia la Nada. Cuando recién inicia su búsqueda, incita a la rebelión en nombre del arte y define la creación como una profanación de todo lo que la edad moderna considera sagrado. "Hay que ser absolutamente moderno", escribe en Una temporada en el infierno.

¡Absolutamente moderno! ¿Qué quiere decir? No solamente -es el poeta el que lanza este grito, no lo olvidemos- desacralizar los saberes, los poderes, las creencias. Sino también y sobre todo la vida:

          Ya he visto lo suficiente. La visión se ha encontrado por todos los aires.
          Ya he poseído lo suficiente. Rumores de ciudades (...)
          Ya he conocido lo suficiente. Las paradas de la vida. (...)

                                                                                    ("Partida", Iluminaciones)

He ahí de manifiesto el problema de la modernidad: la comodidad la paraliza. En Rimbaud -se nos recuerda con demasiada frecuencia como si sus arrebatos juveniles no hubieran sido más que una forma de inconsecuencia- se expresa terriblemente ese maléfico genio del tiempo. Pero su fuga, su renuncia al arte ¿no fueron acaso una escapatoria demasiado humana ante el abismo que su visión acababa de abrir?
          Pues, adolescente aun, pero ya "rechazando cualquier fuerza moral", había captado con una lucidez desconcertante la revolución poética que llevaba en sí.

En su célebre carta a Paul Demeny, de mayo de 1871, en la que reitera ideas expresadas al mismo tiempo a Georges Izambard, escribe:

Digo que hay que ser vidente, hacerse vidente. El poeta se hace vidente por medio de un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos, todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura (...). Inefable tortura (...), por la que se convierte entre todos en el enfermo grave, el gran criminal, el gran maldito, -¡y el supremo Sabio!- ¡Porque alcanza lo desconocido! (...) y, aunque, enloquecido, acabara perdiendo la inteligencia de sus visiones, ¡no dejaría de haberlas visto! Que reviente saltando hacia cosas inauditas o innombrables (...).

Desarreglo de los sentidos -Rimbaud no evoca ni la decadencia del comportamiento, ni la degeneración de los valores; quiere más: romper las normas y las convenciones para captar lo desconocido. Tener acceso a lo desconocido es convertirse en Sabio, descubrir la dualidad del Ser, principio del Bien y del Mal. De su feliz e infinita mezcla. Este paso del otro lado de lo existente, reverso de la modernidad satisfecha de sí misma, se hace a costa de una verdadera experiencia catártica en la que reinan locura y enfermedad, profanación y maldición. El poeta ve lo inaudito de la imaginación común: "Si, escribe Rimbaud, lo que trae de allá abajo tiene forma, él da forma; si es informe, lo que da es informe." Es el lado "ladrón de fuego" del poeta y a la vez artesano de una nueva "lengua". El arte debe transformar y superar el límite de lo sabido, de lo conocido, de lo visto -del haber y del poder. "Si el poeta, añade Rimbaud, definiera qué cantidad de lo desconocido se despierta, en su época, en el alma universal (...)" El poeta está, por ende, del otro lado del Tiempo. No está dentro de éste, se ha adelantado al Tiempo. Ser absolutamente moderno es eso: ver el tiempo del mundo desde adelante.

Los poetas son ciudadanos de este tiempo nuevo; lo habitan en lo más profundo de sí mismos pues son portadores de fuego -el fuego que consume lo que es. No para aniquilar, sino para llegar a ese "no demasiado descontento ciudadano de una metrópoli considerada moderna, porque todo gusto conocido se ha evitado (...)" ("Ciudad", Iluminaciones).

La verdad es que si Baudelaire parte de la angustiare sus contemporáneos para encerrarse mejor en ella, Rimbaud ataca el hartazgo que rezuma la sociedad por todos los poros. Quiere la "filosofía feroz" que clama "que reviente el mundo que sigue". ¿Qué tiene de extraño que los surrealistas lo hayan considerado un hermano? ¿Y si la modernidad fuera también eso -la revolución de lo moderno? El rechazo de lo existente. ¿Si ser moderno es convertir el No, como el Dolor entre los estoicos, en una virtud? Proyectarse hacia lo desconocido, lanzarse por fin del otro lado del precipicio:
Soy un inventor con méritos muy distintos de los de todos aquellos que me precedieron (...) estoy consagrado a una zozobra nueva, lo que espero es convertirme en un loco muy malo. ("Vidas", Iluminaciones).

Esto suena pretencioso. ¿Pero qué esperar del poeta? ¿Qué recite para glorificar la letanía de su mediocridad? ¿Que aparte su mirada del presente hacia el pasado? Es la tesis de Heidegger: el poeta, descubridor del ser, y por ende del Origen mismo, interroga desde lo más profundo de la lengua. Por eso su mirada está arraigada en el pasado.

Esto es probablemente cierto en el caso de los poetas románticos alemanes, como Hölderlin. Y quizás incluso tratándose de los románticos franceses del siglo XIX, que hacían del regreso al origen -el viaje de Oriente- una vía iniciá- tica para la conquista de lo Verdadero y de lo Bello. Pero no ocurre lo mismo con Rimbaud. Su modernidad revolucionaria está enteramente volcada hacia el futuro: rechaza el romanticismo en nombre de un libertarismo radicalmente individualista. Esta modernidad rimbaldiana, más que un asentimiento frente a la vía abierta por la ciencia y las técnicas, es sobre todo una calidad de alma, un estado de subjetividad, una espiritualidad, Stimmung, dicen los alemanes. Aún más: apertura hacia lo diferente, lo otro. El "paso ganado" sobre lo sagrado, el soplo del genio acogido: "Sepamos (...) darle una voz y verlo, (...) seguir sus visiones, sus alientos, su cuerpo, su día." ("Genio", Iluminaciones).

Esta experiencia de la Acogida, tal vez seamos incapaces de realizarla; tal vez seamos demasiado prudentes para comprender el fuego del poeta. El artista, por su parte, en sus momentos de felicidad, es decir en esos instantes de goce absoluto que acompañan la creación verdadera, se abre a esta Acogida de lo Desconocido y nos la transmite como ofrenda. El rostro juvenil de Rimbaud es emblemático de esta experiencia. Y por eso es inolvidable y descaradamente bello.


Sami Nair. Filósofo francés, profesor de ciencias políticas en la U. de Lausana (Suiza). Ha publicado varias obras, entre las que cabe mencionar Le regard des vainqueurs (La mirada de los vencedores, 1 992) y Le différend méditerranéen (El litigio mediterráneo, 1992).


http://unesdoc.unesco.org/images/0018/001840/184071so.pdf#94906

Revista El Correo de la UNESCO. Número Doble Julio - Agosto 1993. Págs. 68 - 70. Año XLVI Revista mensual


Siete proyectos que definirán el futuro de la astronomía

Telescopios y laboratorios espaciales permitirán a los científicos seguir ampliando fronteras. 9:32 a.m. | 9 de marzo de 2016


En los últimos 10 años, la astronomía ha avanzado mucho más que durante un siglo. El descubrimiento de agua en Marte y el hallazgo de las ondas gravitacionales, por citar algunos ejemplos, son una prueba de que aún hay mucho por descubrir.

Es por esto que los instrumentos y nuevos avances en astrofísica se han multiplicado, resultando prácticamente en una nueva “carrera espacial”.
A continuación revisamos las principales iniciativas que entrarán a funcionar y serán vitales en los próximos avances por trascender los límites del universo.
Se alista el sucesor del Hubble

Por ejemplo, la Nasa sigue avanzando en la construcción del telescopio espacial más poderoso del mundo, bautizado como James Webb. A finales de febrero, finalizó la instalación del único espejo secundario que volará a bordo del instrumento.

Son 18 segmentos de su espejo primario, siendo este un hito clave en el desarrollo del telescopio Webb, el sucesor del Hubble.

Según detalló la agencia, el espejo está hecho de berilio, que fue seleccionado por su rigidez, peso ligero y estabilidad a temperaturas criogénicas.

Además, el espejo secundario se apoya en tres brazos que se extienden hacia afuera del gran espejo primario y a diferencia de los 18 segmentos principales que componen el espejo más grande, este es perfectamente redondo.

Antes de su lanzamiento, planeado para el 2018, los ingenieros deben construir y probar rigurosamente el telescopio, para asegurar que sobreviva a la expulsión y a su viaje de un millón de millas por el espacio.

El instrumento es demasiado grande para caber en un cohete en su forma final, por lo que está diseñado para desarrollarse como origami después de su lanzamiento.

El telescopio espacial James Webb, proyecto conjunto de la Nasa, la Agencia Espacial Europea y la Agencia Espacial Canadiense, proporcionará imágenes de las primeras galaxias que se formaron y estudiará planetas alrededor de las estrellas lejanas.
'Cazadores' de ondas gravitacionales

Además de Ligo, Virgo es otro de los interferómetros que se dedica a la búsqueda, detección y estudio de las ondas gravitacionales. Está formado por dos túneles idénticos de tres kilómetros en forma de L. Se genera un rayo láser que se divide en dos, siendo una parte impulsada a través de un túnel y la otra mitad por el otro. Los espejos en cada túnel hacen rebotar los rayos láser y, como resultado, las ondas de luz interfieren entre sí. Los científicos pueden detectar así una señal de las ondas gravitacionales. Con Virgo y Ligo, el estudio de estas ondas será más sencillo y por ende, la humanidad podría descubrir el origen del universo, luego de que su descubrimiento re-direccionará el estudio de la astronomía.

Magallanes, con la mejor resolución

El año pasado se inició a la construcción del Telescopio Gigante de Magallanes (GMT), el primero de una nueva clase de telescopios extremadamente grandes que producirán imágenes con una resolución nunca antes vista.       

Por eso será sencillo para los astrónomos revelar objetos débiles jamás vistos, como galaxias muy distantes y antiguas, asimismo planetas habitables de características similares a la Tierra. Su diseño combina siete de los espejos más grandes que pueden ser fabricados, cada uno de 8,4 metros de ancho, para crear un solo telescopio efectivo de 25 metros de diámetro. Localizado en el observatorio Las Campanas, en Chile, entrará en operación en el 2021.

Por el rastro de vida extraterrestre

Nuevamente China se hace presente y fue noticia recientemente por sus planes de desalojar a más de 9.000 personas en las últimas semanas para que Fast, el telescopio más grande del mundo, entre en operación. Uno de los objetivos científicos para construir este tipo de estructura fue la búsqueda de vida extraterrestre. Los realizadores calculan que Fast podrá observar un millón de estrellas y exoplanetas alrededor, en busca de indicios de civilizaciones desconocidas. Además, tendrá entre otros objetivos científicos un catálogo de distribución de hidrógeno atómico neutro en el universo.

Mayor campo visual

El Wide Field Infrared Survey (Wfirst) es el telescopio de la Nasa que funcionará como un observatorio diseñado para responder diversas preguntas en el área de energía oscura, exoplanetas y astrofísica infrarroja. La estructura de este aparato cuenta con un espejo de 2,4 metros de diámetro, del mismo tamaño que otro proyecto de la Nasa, el telescopio Hubble. Sin embargo, su campo visual es 100 veces más grande, con lo que alcanza a capturar más trozos de cielo en menos tiempo de observación. Wfirst está diseñado para una misión de seis años y será lanzado desde Cabo Cañaveral (Florida, EE. UU.) este año.

Buscando 'gemelos' de la Tierra

El Telescopio Europeo Extremadamente Grande –la traducción literal de su nombre original en inglés– tiene un gigantesco espejo de 39 metros y se ganó el apodo del “mayor ojo del mundo”. La primicia de E-ELT es que tiene como propósito el seguimiento de planetas similares a la Tierra alrededor de otras estrellas en zonas habitables. Fue aprobado en 2012 y se dio luz verde para su construcción a finales del 2014, esperando que vea la luz para el 2024. Este podría dar respuestas definitivas ante diversos campos de la astrofísica como planetas alrededor de otras estrellas, los primeros objetos nacidos en el universo, agujeros negros y distribución de la materia oscura, entre otros.

Otro laboratorio espacial

La incertidumbre económica que atraviesa China no frena los incipientes desarrollos en el campo de la astronomía. El gigante asiático lanzará su segundo laboratorio espacial como preámbulo a la estación que busca establecer de forma permanente en órbita para 2022. El Tiangong 2 sería lanzado el tercer trimestre de este 2016, para acoplarse a la nave Shenzhou-11, tripulada por dos astronautas. Desde su primer satélite, lanzado en 1970, China ha continuado invirtiendo 150 millones de dólares anuales en astronomía para descubrir la existencia de planetas con características similares al nuestro. 


http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/ciencia/herramientas-claves-para-la-astronomia/16531653
Homo ludens. Ensayo sobre la función social del juego

Catedrático en Groninga y Leyden, presidente de la Sección de Humanidades de la Real Academia de Holanda, Johan Huizinga (1872-1945) llevó a la perfección la tarea de reconstruir las formas de vida y las pautas culturales del pasado. Con Homo Ludens, una de sus últimas obras, el gran historiador holandés, incitado por las fecundas ideas orteguianas acerca del sentido deportivo de la vida, se propuso mostrar la insuficiencia de las imágenes convencionales del «homo sapiens» y el «homo faber». No sólo constituye el juego una función humana tan esencial como la reflexión y el trabajo, sino que, además, la génesis y el desarrollo de la cultura poseen un carácter lúdico.

El estudio del juego como fenómeno cultural (y no como una función biológica) es precisamente el tema de este «egregio libro» (las palabras son de Ortega), concebido más desde los supuestos del pensar científico-cultural que a partir de las interpretaciones psicológicas y los conceptos y explicaciones etnológicas.

El tratamiento que da Huizinga al ocio, al tiempo libre, y a la recreación, es aquel que tuvieron todas las civilizaciones, tribus, grupos étnicos, etc., al margen del tiempo empleado para el trabajo, para el negocio, (neg-ocio).

Al igual que más tarde tratará Ortega [en El origen deportivo  del estado], es sólo en el empleo del ocio, en la utilización del tiempo libre y la recreación, donde se van a dar las condiciones de «culturizarse».

Los capítulos del Homo ludens son los siguientes:

 1. Esencia y significación del juego como fenómeno cultural.
 2. El concepto de juego y sus expresiones en el lenguaje.
 3. Juego y competición, función creadora de cultura.
 4. El juego y el derecho.
 5. El juego y la palabra. 
 6. El juego y el saber.
 7. Juego y poesía.
 8. Papel de la figuración poética.
 9. Formas lúdicas de la Filosofía.
10. Formas lúdicas del arte.
11. Las culturas y las épocas subspecie ludi.
12. El elemento lúdico en la cultura actual.

Para Huizinga el juego es más viejo que la cultura; pues, por mucho que estrechemos el concepto de ésta, presupone siempre una sociedad humana, y los animales no han esperado a que el hombre les enseñe a jugar. No es posible ignorar el juego. Casi todo lo abstracto se puede negar: el derecho, la belleza, la verdad, la bondad, el espíritu, los dioses. Lo serio se puede negar; el juego, no. El juego por mandato no es juego, todo lo más una réplica por encargo, de un juego.

Con eso tenemos ya una primera característica principal del juego: es libre, es libertad. Con ella se relaciona directamente una segunda, todos los investigadores subrayan el carácter desinteresado del juego. Este «algo» que no pertenece a la vida «corriente». Una vez que se ha jugado permanece en el recuerdo como creación o como tesoro espiritual, es transmitido por tradición y puede ser repetido en cualquier momento, ya sea inmediatamente después de terminado, como un juego infantil, una partida de bolos, una carrera, o transcurrido un tiempo. Las palabras con que solemos designar los elementos del juego corresponden, en su mayor parte, al dominio estético.

Son palabras con las que también tratamos de designar los efectos de la belleza: tensión, equilibrio, oscilación, contraste, variación, traba y liberación, desenlace. El juego oprime y libera, el juego arrebata, electriza, hechiza.

Está  lleno de las dos cualidades más nobles que el hombre puede encontrar en las cosas y expresarlas: ritmo y armonía. El jugador que infringe las reglas de juego o se sustrae a ellas es un «aguafiestas» (spielverber: «estropea juegos»). El aguafiestas es cosa muy distinta que el jugador tramposo. Este hace como que juega y reconoce, por lo menos en apariencia, el círculo mágico del juego. Los compañeros de juego le perdonan antes su pecado que al aguafiestas, porque éste les deshace su mundo. 

El aguafiestas deshace el mundo mágico y por eso es un cobarde  y es expulsado. También en el mundo de lo serio los tramposos,  los hipócritas y los falsarios salen mejor librados que los aguafiestas: los apóstatas, los herejes e innovadores. Pero puede ocurrir que estos aguafiestas compongan, por su parte, un nuevo equipo con nuevas reglas de juego. Precisamente el proscrito, el revolucionario, el miembro de sociedad secreta, el hereje, suelen ser extraordinariamente activos para la formación de grupos y lo hacen, casi siempre, con un alto grado de elemento lúdico. 

Huizinga plantea la gradación siguiente: el niño juega con una seriedad perfecta y podemos decirlo con pleno derecho, santa. Pero juega y sabe que juega. El deportista juega también con apasionada seriedad, entregado totalmente y con el coraje del entusiasmo. Pero juega y sabe que juega. El actor se entrega a su representación, al papel que desempeña o juega. Sin embargo, «juega» y sabe que juega. El violinista siente una emoción sagrada, vive un mundo más allá por encima del habitual y, sin embargo, sabe que está ejecutando o, como se dice en muchos idiomas, «jugando».

El carácter lúdico puede ser propio de la acción más sublime.

¿No podríamos seguir hasta la acción cultural y afirmar que también el sacerdote sacrificador, al practicar su rito, sigue siendo un jugador?

Si se admite para una sola religión, se admite para todas. Los conceptos de rito, magia, liturgia, sacramento y misterio entrarían, entonces, en el campo del concepto «juego». Hay que evitar el forzar demasiado la conexión interna del concepto, porque tendríamos, al extender demasiado ese concepto de juego, un mero juego de palabras.

Para Platón se daba, sin reserva alguna: «Consideran la guerra como una cosa seria…, pero en la guerra apenas si se da el juego ni la educación, que nosotros consideramos como lo más serio». También la vida de paz debe llevarla cada uno lo mejor que pueda. ¿Cuál es la manera justa? Hay que vivirla jugando, «jugando ciertos juegos, hay que sacrificar, cantar y danzar para poder congraciarse a los dioses, defenderse de los enemigos y conseguir la victoria».

Casi todos los ritos de consagración e iniciación suponen, para los ejecutantes y para los iniciados, situaciones artificialmente aisladoras. Siempre que se trata de profesión de votos, de recepción en una orden o en una hermandad, de conjura o sociedad secreta, nos encontramos, de una forma u otra, con una demarcación del terreno. El hechicero, el vidente, el sacrificador comienzan demarcando el lugar sagrado. El sacramento y el misterio suponen un lugar consagrado. Por la forma, es lo mismo que este encerrado se haga para un fin santo o por puro juego.

La pista, el campo de tenis, el lugar marcado en el pavimento para el juego infantil de cielo e infierno, y el tablero de ajedrez, no se diferencian, formalmente, del templo ni del círculo mágico. La cultura, en sus fases primarias, tiene algo de lúdica, es decir, que se desarrolla en las formas y con el ánimo de un juego. La inseguridad de la línea de separación entre el juego y lo serio se manifiesta en el siguiente caso: se juega a la ruleta y se juega a la bolsa. El jugador admitirá en el primer caso que juega de verdad, pero no en el segundo. El comprar y vender, con las esperanzas puestas en una subida o en un descenso de precios, se considera como una parte de la vida de negocios. En ambos casos lo decisivo es el empeño por obtener una ganancia.

Lo mismo en Génova que en Amberes, a finales de la Edad Media, se celebraban apuestas sobre la vida y la muerte de personas, sobre viajes o peregrinaciones, sobre el nacimiento de niños o niñas o sobre la conquista de países, plazas o ciudades. Tales convenios, aun allí donde han adoptado un carácter completamente mercantil, han sido prohibidos repetidas veces, como ilícitos juegos de azar (Carlos V, entre otros). Se solía apostar por la elección de un nuevo Papa lo mismo que hoy se apuesta en las carreras de caballos.

Todavía en el siglo XVII las operaciones a término se denominaban apuestas. El proceso jurídico, cualesquiera que sean las bases ideales del derecho, posee en alto grado el carácter de una porfía. Quien dice porfía dice también juego.

La administración de justicia tiene lugar en una corte, esta corte es todavía, en el pleno sentido de la palabra, el círculo sagrado donde podemos ver todavía sentados a los jueces en el escudo de Aquiles. Todo lugar en que se pronuncia justicia es un auténtico lugar sagrado que ha sido recortado y destacado del mundo habitual. El lugar es cuidado y exorcizado. Los jueces se salen de la vida habitual antes de pronunciar sentencia. Se revisten con la toga o se colocan una peluca.

¿Es que se ha estudiado la significación etnológica de todo?

La contienda jurídica puede ser considerada como un juego de azar, pero también como una carrera o una pugna de palabras. El proceso es una pugna por quien tendrá el derecho, por ganar y perder. Si apartamos la vista de la administración de justicia de las culturas muy desarrolladas, y consideramos etapas menos avanzadas, veremos como la idea de ganar o perder, es decir, una idea puramente agonal, oscurece la idea de justicia e injusticia, es decir el pensamiento ético-jurídico.

Este elemento de ganancia en perspectiva destaca más el elemento lúdico a medida que nos colocamos en una conciencia jurídica más primitiva. Parece presentársenos una esfera de pensamientos en que los conceptos de decisión por el oráculo, por el juicio de Dios, por la suerte, es decir, por juego porque el carácter definitivo de la decisión descansa  exclusivamente en una regla de juego y el concepto de la decisión por sentencia del juez constituyen un único complejo. 

Una de las figuras  del escudo de Aquiles, tal como está descrito en el canto XVIII de la Ilíada, representa un tribunal actuando dentro de un círculo sagrado, en el que se hallan sentados los jueces. En el centro del círculo hay dos talentos de oro para el que pronuncie la sentencia más justa. El género esencial de toda actividad musical es el juego. Aun en los casos en que no se dice expresamente, se reconoce este hecho primario. Ya sea que la música alegre y divierta a los oyentes, ya sea que exprese una alta belleza o tenga una sagrada finalidad litúrgica, siempre sigue siendo juego. Precisamente en el culto se halla a menudo íntimamente enlazada con esa otra función altamente lúdica que es la danza. El encanto que produce la música sagrada se expresa con una comparación de los coros angélicos, con el tema de las esferas celestes, etc. Fuera de la función religiosa, la música se estima, principalmente, como un pasatiempo noble y como una habilidad artística admirable o simplemente como alegre diversión. Sólo muy tarde se llega a su apreciación como vivencia artística personal y emotiva, por lo menos, sólo muy tarde se encuentran las palabras adecuadas. La reconocida función de la música ha sido, desde siempre, la de un noble juego social, en el que muchas veces se considera como lo más importante la proeza sorprendente de una habilidad particular. Durante mucho tiempo los ejecutantes, poco apreciados, se cuentan entre los servidores. 

Aristóteles califica a los músicos profesionales de gente insignificante. El músico está, generalmente, entre los ambulantes. Todavía en el siglo XVII, y aún más adelante, cada príncipe tenía su música como tenía sus cuadras. La orquesta de palacio conservó durante mucho tiempo el carácter de servicio encomendado a criados. De la musique du roi Louis XIV formaba parte un compositor. Los vingt-quatre violons del rey eran también actores. El músico Bocan hacía, a la vez, de maestro de baile. Haydn estaba al servicio del príncipe Eszterházy y, todos los días, recibía órdenes de él.

Hay que figurarse que, en otros tiempos, el conocimiento del público era muy elevado y fino, pero por otro lado, su estimación por el rango del arte y de los artistas, muy baja. Las costumbres actuales de los conciertos, con su silencio sagrado y con la adoración mágica por los directores, son de fecha reciente. En las estampas que representan audiciones musicales del siglo XVIII sorprendemos siempre a los oyentes en elegante conversación. En la vida musical francesa no eran raras, hace cosa de treinta años, las interrupciones de carácter crítico hechas a la orquesta o a los directores.

La música fue principalmente, diversión y la admiración, se dirigía sobre todo, al virtuosismo. No se consideraban como sagradas o inviolables las creaciones de los compositores. Se  hacía un uso tan pródigo de las cadencias libres que hubo que poner coto. Federico el Grande prohibió a los cantores que alteraran a su gusto las composiciones. La competición  ha sido natural  en la música. En el año 1709 organizó el cardenal Ottoboni un concurso entre Handel y Scarlatti sobre  clavicordio y órgano. En el año 1717, Augusto el Fuerte de Sajonia-Polonia quiso organizar un certamen entre Bach y un cierto Marchand, que no quiso tomar parte.

En el año 1726 la sociedad de Londres se hallaba muy excitada por un campeonato organizado entre las cantantes italianas Fauistina y Cuzzoni: hubo bofetadas y silbidos.  En ningún otro terreno se forman con tanta facilidad los partidos. Bononcini contra  Handel, la ópera bufa contra  la ópera seria, Gluck contra Puccinni. Fácilmente  estas disputas toman un cariz de riña como fue el caso entre wagnerianos y los partidarios de Brahms. Hoy existe otro tipo de disputas, de concursos, que en el fondo no se diferencian de disputas antes mencionadas, existen concursos de música, (Botín) o de Literatura, (Nadal), de pintura, etc. La competencia mercantil actual no es bagaje de los juegos primitivos y sacros.  Se inicia cuando el comercio comienza a crear campos de actividad en el que uno tiene que tratar de superar a los demás y de sorprenderlos.

Hasta una época relativamente reciente, la competencia mercantil ofrece en sus formas un carácter primitivo. No podía evitarse que el concepto de récord, que surgido del deporte, se incorporara a la mentalidad económica. Lo que hoy llamamos récord, era el registro que se apuntaba en las paredes de las hosterías por aquellos corredores que llegaban en primer lugar. 

Para incrementar el espíritu competitivo, la gran empresa organiza sus propios equipos deportivos, y llega al punto de colocar en la empresa a destacados jugadores sin tener en cuenta su capacidad de trabajo. Otro tanto ocurre en las universidades americanas o en algunas inglesas como Oxford y Cambridge donde se prima a deportistas de élite en detrimento o perjuicio de estudiantes con mayor capacidad de trabajo. No cabe duda que el repaso que hace el autor por las diferentes culturas, exhaustivo y bien documentado, deja las puertas abiertas para las «nuevas» tendencias en el uso y disfrute del tiempo libre. La gran virtud, que a nuestro juicio tiene este libro, es que las más novedosas formas de recreación han tenido sus antecedentes lúdicos y pueden incluso clasificarse en alguno de sus capítulos. Uno de los llamados deportes de aventura ¿no plantea incertidumbre?, ¿no plantea tensión?, ¿saldrá o no saldrá?

Todos los jugadores tienen algo de aventureros, son amigos de la incertidumbre, incluso en los juegos hiperorganizados se da el encontrarse con algo nuevo y desconocido. Pero lo que nos parece más acertado, es la clarividencia que ya advertía Huizinga en la llegada de los fenómenos de masas atraídos por una propaganda desmesurada donde se ofrecen actividades bajo el aspecto lúdico que no dejan de ser un sucedáneo de ese aspecto.

Donde no estamos de acuerdo con el autor es en lo referente a los espectáculos deportivos. Es cierto que él cuando muere en 1945, no se dan situaciones de profesionalismo y por ello probablemente incluye a los juegos deportivos como una forma del empleo del ocio y la recreación, cuando lo cierto es que los deportistas profesionales en la actualidad son trabajadores, cuando juegan al fútbol, o montan a caballo, o corren una maratón en una Olimpíada están trabajando, es su negocio. Y paradójicamente cuando los deportistas trabajan los espectadores se recrean, cantan, apuestan, porfían, se agreden, ¿cultura o subcultura? Si es profundamente interesante, la intuición hecha realidad de que únicamente en situaciones de ocio entendido como lo entendían los griegos.

Es, en estas situaciones lúdicas, donde se dan todos los ingredientes para el afloramiento de la cultura entendiendo ésta como Cultura.

[Jesús GÓMEZ CIMIANO. “El Homo ludens de Johan Huizinga”, in Retos. Nuevas tendencias en Educación Física, Deporte y Recreación (Murcia), nº 4, 2003, pp. 32-35]


https://introduccionalahistoriajvg.wordpress.com/2013/08/09/%E2%9C%8D-homo-ludens-ensayo-sobre-la-funcion-social-del-juego-1938/
Johan Huizinga 

[1872-1945]

Johan Huizinga nació en Groningen, Holanda, a finales del siglo XIX, fue un lingüista e historiador que investigó y reconstruyó las formas de vida y las pautas culturales del pasado. Huizinga cursó estudios en su ciudad natal y en Leipzig, e inició su actividad docente en 1897 en Harlem, luego en Ámsterdam. En 1905 ejerció como profesor de Historia en la Universidad de Groningen, y a partir de 1915 y hasta 1942 en la Universidad de Leiden. Fue miembro de la Academia de Ciencias de Holanda y presidente de la sección de Humanidades de la Real Academia de Holanda. En 1942, cuando los nazis cerraron la U. ad de Leiden, fue detenido, sufriendo confinamiento en St. Michlelsgestel y destierro en Overijssel y Güeldres hasta su muerte en 1945.

Entre sus obras más conocidas tenemos “El otoño de la Edad Media” (1919), “Erasmo” (1925), “Homo Ludens” (1938), “Mundo profanado” (1945) y “Entre las sombras del mañana” (1945). Existe otra colección de ensayos en un volumen titulado “Dutch Civilization in the Seventeenth Centttry and other essays” (La civilización holandesa en el siglo XVII y otros ensayos). La mayor parte de este libro no está escrita para el lector común, sino para los holandeses y sus contemporáneos. Su preocupación por los Países Bajos nos recuerda la que tenía Ortega por España.

En un ensayo titulado “El elemento estético del pensamiento histórico”, que aparece en “El concepto de historia y otros ensayos”, Huizinga declara que tiene fe en la importancia del demento estético del pensamiento histórico y se opone a la idea de considerar a la historia de manera científica, afirmando que el historiador intenta volver a experimentar lo que alguna vez fue experimentado por hombres como nosotros. El verdadero estudio de la historia involucra nuestra imaginación y conjura nuestras concepciones, imágenes y visiones. En su libro “Entre las sombras del mañana”, Huizinga no elabora un trabajo histórico sino un análisis de la civilización occidental.

Discute los problemas con los que se enfrenta Occidente, desde la anarquía moral hasta la decadencia artística. Argumenta que la educación moderna y los medios de comunicación de masas, tienen efectos dañinos en la cultura.

Nuestro tiempo, nos dice Huizinga, se enfrenta con el hecho desmoralizador de dos altos logros civilizatorios, a saber, la educación universal y la publicidad moderna. En lugar de elevar el nivel de la cultura, las dos producen síntomas de desgaste, desvitalización y degeneración cultural. En torno al arte moderno, Huizinga encuentra una tendencia hacia lo irracional tanto en la literatura como en la pintura moderna. La literatura y la pintura, en su opinión, se han vuelto ininteligibles de manera acelerada. La poesía que siempre había sido representada como el arte que se había mantenido a través de la historia, en conexión con la expresión racional, desvía su curso de la razón a finales del siglo XIX.

En “El hombre y las masas en Norteamérica” (Man and the Masses in America) y “La vida y el pensamiento en Norteamérica” (Lije and Thought in America) trata la historia de Estados Unidos antes de 1925, y analiza a la sociedad moderna en general, incluyendo los periódicos, el cine y la literatura, prestando especial atención a las fuerzas económicas que han dibujado la historia norteamericana. Huizinga fue un hombre que sufrió en carne propia la barbarie de la cultura al convertirse en víctima del juego de la guerra en la Segunda Guerra Mundial.

La relación entre el juego y la guerra fue analizada por nuestro historiador como parte de los juegos agonales (de competición) en “Homo Ludens”. Estamos frente a un historiador que ha dejado huella en filósofos de la talla de José Ortega y Gasset, Hans Georg Gadamer, Gilbert Boss y Roger Caillois, por citar solo algunos. Huizinga no debe quedar en el olvido por sus grandes aportes a la historia y a las formas de la cultura.

[Mª Cristina RÍOS ESPINOSA. “Johan Huizinga (1872-1945): Ideal caballeresco, juego y cultura” (fragmento), in Revista Casa del Tiempo, vol. I, nº 9, 2009, pp. 67-68]


·        PROF. ANDRÉS G. FREIJOMIL

Instituto Superior del Profesorado "Dr. Joaquín V. González". Departamento de Historia ● Universidad Nacional de General Sarmiento. Instituto de Ciencias BUENOS AIRES ARGENTINA


https://introduccionalahistoriajvg.wordpress.com/2012/08/19/%E2%9C%8D-johan-huizinga-1872-1945/