viernes, mayo 15, 2015

Privados tienen $ 217.000 millones listos para  innovar


La garantía para que crezca y se consolide un ecosistema innovador es con la presencia de inversionistas privados. Por eso en el caso de Medellín, ya se evidencia madurez con los 217.000 millones de pesos disponibles para acompañar a las nacientes empresas que generan valor.


Lo normal es que esperen convocatorias públicas para “levantar” recursos, pero el ecosistema local tiene ahora un aporte adicional porque son inversionistas privados los que han puesto sobre la mesa 385.000 millones de pesos para apoyar a los nacientes, de los cuales ya se comprometieron 168.000 millones, pero todavía está el remanente mencionado.

Catalina Castaño, directora de desarrollo programático de Ruta N., indicó que estos recursos se adhirieron desde la Red de Capital Inteligente que opera en Medellín, la cual consigue recursos frescos, eso sí, “deben encontrar una tesis de inversión, es decir, en qué se enfocan las empresas, qué están buscando y cómo se distribuye por sector específico. Así es que las conectamos”.

Esta red gestiona y conecta proyectos que están cerca de llegar al mercado, impulsados con capital de privados para fortalecerse en diversas etapas, tanto desde semilla, como temprana y hasta de crecimiento.

Esta estrategia ayuda a abrirle puertas a los emprendedores, tanto en el mercado como con recursos frescos o con redes de trabajo, “todo lo que un inversionista privado trae ya con su experiencia y pueda aportar”, agregó Castaño.

Desde su dependencia en Ruta N analizan que haya una oferta de privados que le ofrezcan a las compañías el capital financiero (recursos) pero también el capital gerencial y el social o relacional. “El gerencial se refiere a la experiencia que tiene el inversionista en el manejo de un sector especial. El social o relacional tiene que ver con red de clientes y contactos que le ayudan a las empresas a crecer”, explicó la funcionaria de Ruta N.

En 2014 la red invirtió 25.000 millones de pesos en 51 proyectos, de los cuales 11.000 millones se quedaron en Medellín, 4.000 millones se fueron a empresas de Bogotá, 3.000 millones para empresas de Cali y 7.000 millones para empresas fuera de Colombia.

Hay casos de fondos como Raicap, que es una SAS conformada por 16 inversionistas, la cual lleva recursos a esas empresas nacientes y el caso más reciente fue la empresa Viajala.com, que es un metabuscador de hoteles y vuelos para Latam que acaba de cerrar una ronda de capital por 500.000 dólares, liderada por Altabix, filial del grupo hotelero líder en México Hoteles City Express. Socialatom Ventures, Ruta-N, Wayra del grupo Telefónica y los ángeles inversionistas Andrés Barreto y Diego Saez-Gil.

Frente a esto Thomas Allier, co-fundador y director general de Viajala, aclaró que con estos recursos van a generar más puestos de trabajo acá en Medellín, desde donde opera la empresa para atender los mercados de Colombia, Perú, Chile y México.

POR JUAN FELIPE SIERRA SUÁREZ | PUBLICADO EL 05 DE MAYO DE 2015











México: colegios sin profesores. La falsa panacea  de la tecnología

Por Anne Vigna*

El debilitamiento del Estado mexicano tiene su correlato en el ámbito de la educación en la apuesta por la “telescuela”, que procura reemplazar maestros por televisores para reducir así los costos de la enseñanza. Por otra parte, los resultados de esta experiencia son desalentadores.

Termina la clase de álgebra y, como cada quince minutos, resuena un jingle rimbombante que anuncia lo que todos los alumnos esperan: la tanda publicitaria. El primer spot muestra a un grupo de familias paradas frente a una hilera de casas. “¡Este gobierno construyó tres millones de casas para los más pobres!”, proclama con orgullo la voz en off. Después, otra secuencia, digna de una película de alto presupuesto: un grupo de delincuentes de aspecto atemorizante golpea a un hombre encadenado. La voz continúa: “La protección de los derechos humanos es una prioridad del gobierno federal”. Para los niños del pueblo de Amatlán de Quetzalcóatl -a dos horas al sur del Distrito Federal- acaba de comenzar un nuevo día de clases.
Estamos en el corazón del Estado de Morelos, donde, hace exactamente un siglo, durante la revolución de 1910, los campesinos liderados por Emiliano Zapata exigían una educación gratuita y de calidad. Aquí, como en muchos otros pueblos mexicanos, las clases se dictan a través de un televisor conectado a un satélite, de ahí el nombre de “telesecundaria”. Con su antena parabólica en el techo, la telesecundaria se ve de lejos.
Adentro, las paredes blancas de las dos aulas están casi desnudas. Un mapa de México ondula al lado de un pequeño pizarrón para el cual la tiza no parece ser más que un vago recuerdo. En el medio de la sala, resuena la televisión que, cada quince minutos, emite una clase diferente (seguida de su tanda publicitaria). Los dieciocho alumnos, de tres niveles, están encuadrados por dos profesores. ¿Cuál es la función de estos últimos? “Hacer la transición” cuando el televisor deja de funcionar, “cosa que pasa todos los días”, se lamenta Ricardo Ventura, director y profesor del nivel intermedio [N. de la R.: nivel equivalente al séptimo grado de la escuela primaria en Argentina]. Y, en efecto, después de cuarenta minutos de transmisión, la señal satelital se desvanece: la escuela ha terminado por hoy.
Ya desde su primera visita, al observador le nacen algunas dudas. El primer nivel ha seguido una materia, pero los alumnos no parecen apasionarse por las muecas de la presentadora que, desde su estudio de la capital, pretende enseñarles geografía. Mientras tanto, los alumnos del tercer nivel [el primer año del secundario en Argentina], instalados en la misma aula, duermen o mordisquean su lapicera. Antes de la transmisión de su materia, tienen que esperar a que pasen los del primer y segundo nivel. Ni un solo libro, ni el más mínimo ejercicio para aprovechar los minutos que se prolongan. Algunos echan un vistazo a la pantalla: “Las clases del año pasado”, comenta una. Sí, ¡pero sin sonido!, el cual se bajó para que los del primer nivel trabajaran.
Una mirada a la pantalla le indica al docente que la lección del segundo nivel acaba de terminar y que va a poder ocuparse de los más grandes.
Prepara los libros de historia, pero la joven presentadora anuncia, con música y juegos de luces, que es el momento “tan esperado” de las matemáticas. “Nos envían el programa por internet, pero no pude revisar mi correo”, se disculpa el docente. Esta vez, los alumnos trabajarán apenas tres minutos: la recepción se interrumpe y todos salen al recreo. ¿El profesor va a dar la clase sin la televisión? No, la dará otro día de la semana. “Es mucho mejor tener un soporte visual para enseñar.”
En las escuelas tradicionales, ocho profesores distintos se reparten las diferentes materias. En la telesecundaria, hay una sola persona. En teoría, los horarios son los mismos (de 8 a 13 horas), pero el día de nuestra visita, los problemas de conexión demoraron la hora del comienzo de clases a las 10 de la mañana. Y, en tres horas, los alumnos no avanzaron mucho: algunos dibujaron, otros escucharon música con sus celulares, mientras que un pequeño grupo limpió la escuela. Los dos profesores repiten que las lecciones se volverán a transmitir al día siguiente y que, entonces, podrán repasar todo. Pero al día siguiente la recepción satelital no funcionó y los profesores improvisaron un paseo antes de mandar a todos a sus casas.
Cada vez más telesecundarias
Desde hace al menos dos décadas, este modelo, creado en 1968 en México, fue adoptado en casi todos los países de América Latina. “En un principio, esta fórmula se pensó como algo provisorio, hasta que se construyeran nuevas escuelas. Pero terminó instalándose. A tal punto que, hoy, un alumno de cada cinco está inscripto en una telesecundaria”, explica Etelvina Sandoval, doctora en Pedagogía de la U. Pedagógica Nacional (UPN). Cuando el Partido de Acción Nacional (PAN, derecha liberal) llegó al poder, la cantidad de telesecundarias explotó: aumentó un 117% bajo la presidencia de Vicente Fox (2000-2006) y luego se duplicó tras la elección de Felipe Calderón, en 2006. En la actualidad, el 20% de los alumnos del sector público (a saber, 1,3 millones de niños) estudian frente a un televisor, en especial en los medios rurales y las periferias de las ciudades.

Aunque las telesecundarias obtienen los peores resultados en el examen Enlace, una evaluación nacional que se realiza todos los años en todas las escuelas públicas y privadas del país, hay muy pocos estudios que detallen las dificultades con las que se encuentran los alumnos en dichos exámenes. Según el estudio realizado en 2000 por la investigadora Annette Santos, del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, en 59 telesecundarias -de diferentes medios sociales- (1), la mayoría de los alumnos apenas alcanza un nivel de comprensión básico de lengua y matemáticas, y los resultados son muy inferiores a los de las escuelas tradicionales y técnicas. “La telesecundaria reproduce de manera flagrante las desigualdades sociales: los alumnos más pobres obtienen los peores resultados”, observa la investigadora. Para peor, las zonas más desfavorecidas tienen una mayor cantidad de “telesecundarias unitarias”, es decir, con un solo profesor para los distintos niveles. El Ministerio de Educación reconoce sin vueltas que esos establecimientos carecen de medios: en el último diagnóstico elaborado por el Ministerio, en 2003, 5.180 de ellos -es decir, aproximadamente el 30%- no disponían de televisores y 2.000 no tenían electricidad... (2).

Esas carencias continúan hoy en día, pero el Ministerio asegura que pronto quedarán en el pasado: “El presidente Calderón creó el programa ‘Habilidades Digitales para Todos’, que permitirá que, en el futuro, todas las telesecundarias estén conectadas a internet”, promete María Edith Bernáldez, funcionaria de la cartera de Educación. No obstante, es imposible saber el presupuesto que se asignará a este nuevo programa, así como su cronograma de implementación. El mandato de Felipe Calderón, sin embargo, finaliza en diciembre de 2012. Pero para Cristóbal Cobo Romani, investigador del Instituto de Internet de la U. de Oxford, que realizó varios estudios sobre las nuevas tecnologías en la educación en México, “es totalmente utópico afirmar que las telesecundarias podrán disponer tan rápidamente de internet. México seguirá teniendo problemas de conexión durante mucho tiempo más. En Europa, aún tenemos problemas en los medios rurales, mientras que la conectividad llega a más del 65% del territorio”.
Profundizar las desigualdades
Es que resolver los problemas estructurales costaría caro. Ahora bien, entre 2001 y 2008, el porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) dedicado a la educación pasó del 5,3% al 5% (3). En cambio, desde 2006 -a título comparativo- el presupuesto de la policía se multiplicó por seis. En un estudio sobre la situación de la escuela en México realizado en 2010, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) observa que el gasto por alumno se sitúa muy por debajo del promedio de sus países miembros: 2.111 dólares para la primaria, contra el triple, en promedio (6.741 dólares), en los países de la OCDE (4). En la secundaria, nivel que incluye a las telesecundarias, la proporción es de 1 a 4: 1.814 dólares por alumno en México, contra 7.598 en promedio en los países de la OCDE. Por otra parte, la organización critica la contribución que se pide a los padres en el sistema público. En Amtlán, reconoce el director, “son los padres los que pagan todo, desde el papel higiénico hasta la factura de luz. No tenemos otra opción: no tenemos ningún presupuesto de funcionamiento”.

Si bien la administración de Calderón tomó algunas iniciativas en el ámbito de la educación, su principal medida estuvo dirigida a las familias que inscriben a sus hijos en el sector privado, a saber, 2,3 millones de alumnos (contra 23,1 millones escolarizados en el sector público). El 15 de febrero de 2011, el presidente anunció que, a partir de ese momento, las cuotas mensuales podrían deducirse de los impuestos, una vieja reivindicación de la Iglesia católica. “Es un regalo para la clase media, pero es una nueva catástrofe para el país, donde las desigualdades sociales van a aumentar aún más”, considera el docente universitario Octavio Rodríguez Araujo.

En cuanto al resto, las iniciativas del gobierno, reunidas bajo el nombre de “Alianza Nacional para la Calidad de la Educación”, imitan el programa estadounidense
“No Child Left Behind” (“Que ningún niño se quede atrás”), criticado por la antigua viceministra Diane Ravitch, que sin embargo fue una de sus instigadoras (5). ¿Cuál es la idea? Recompensar con un “bono” financiero a las escuelas y los profesores que obtengan las mejores calificaciones en el examen Enlace. “En suma, consiste en profundizar aún más las desigualdades que ya existen: las escuelas primarias y las telesecundarias de los sectores pobres tendrán todavía menos medios, ya que recurrentemente obtienen los peores resultados en este examen”, explica Sandoval.

Para las autoridades, los responsables de la situación actual son los profesores. A la inversa, los especialistas de la educación denuncian una negación de los problemas que ellos tienen que enfrentar. “No se puede poner a todos en la misma bolsa. En el terreno, encontramos casos muy diferentes y, muy a menudo, profesores extremadamente dedicados”, afirma Romani.

Tal es el caso de la telesecundaria José Vasconcelos, en la ciudad de Nezahualcóyotl, “Neza”, como le dicen, “la testaruda”. El establecimiento refleja la pobreza flagrante de esta ciudad de un millón de habitantes, a sólo doce estaciones de metro de distancia del centro histórico del Distrito Federal: techos que amenazan con derrumbarse, paredes decrépitas, vidrios rotos, etc. Un espacio minúsculo se utiliza para recibir a un centenar de alumnos y el patio acaba de ser reducido una vez más para construir un comedor prefabricado realizado “gracias a los padres que vinieron a darnos una mano”, explica José Figueroa, el director. Hace 43 años, nos cuenta, recién salido de la escuela normal, lo convocaron a una reunión para crear las primeras telesecundarias. “En Neza, no teníamos muchos medios en esa época, pero al menos los programas, elaborados por docentes de la U. Pedagógica Nacional, eran muy buenos”, recuerda. Hoy, los ocho profesores de la escuela no usan casi nunca el televisor. Dan clase como en un colegio tradicional: “Por supuesto, esto exige preparación; pero los alumnos no aprenden nada con la televisión. Esos programas son una verdadera vergüenza. Tienen más efectos especiales que pedagogía”.

Como en todas las telesecundarias, las clases sólo duran medio día. Entonces, para mejorar el nivel de los alumnos, los profesores organizan actividades extra-curriculares. Como no tienen ningún presupuesto, decidieron paliar la ausencia del Estado con el voluntariado. Recurriendo a la poesía o al teatro, se esmeran en hacer que los niños permanezcan más tiempo en la escuela. De ese modo, el establecimiento obtiene buenos resultados en el examen Enlace.

Mientras tanto, la prioridad del gobierno sigue siendo la tecnología. Se vuelve loco por lo que describe como “moderno”, “innovador” y “barato”. Mientras que el Estado cierra por doquier las escuelas de formación para los docentes, el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE), un organismo privado que vende programas para las telesecundarias, se dispone a proponer un método digital que supuestamente mejoraría sus competencias: “Concebimos contenidos educativos que el profesor podrá recibir a través de su celular o su iPad. También tratamos de ver cómo difundir ese material vía Facebook y Twitter; en este momento, ése es el tema de nuestros intercambios con el Ministerio”, nos informa su directora, Patricia Cabrera. Una solución tecnológica para remediar las carencias del sistema educativo mexicano: ¿acaso esa experiencia no se ha intentado ya?        


1. Annette Santos, “Oportunidades educativas en telesecundaria y factores que las condicionan”, Revista Latinoamericana de Estudios Educativos, Centro de Estudios Educativos, México, 2001.
2. “Situación actual de la telesecundaria en México”, Subsecretaría de Educación Básica, 2003.
3. Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL), diciembre de 2010.
4. “Mejorar las escuelas: estrategias para la acción en México”, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), París, 2010.     
5. Véase Diane Ravitch, “Giro radical de una ex vicesecretaria estadounidense”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, octubre de 2010.

* Periodista.                                                                                        Traducción: Julia Bucci





Corea del  Norte: la sucesión y sus  precedentes

La dinastía Kim o los tres cuerpos del rey                    Por Bruce Cumings*


El Grupo de los Seis: Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, China, Rusia y Corea del Norte, retomó las negociaciones interrumpidas tras la muerte de Kim Jong-il para alcanzar la desnuclearización de Corea del Norte. Mientras, el nuevo “querido líder”, Kim Jon-un, multiplica las apariciones públicas ante las distintas ramas de las      Fuerzas Armadas.

Estaba en Singapur el día de la muerte de Kim Jong-il, el pasado 17 de diciembre, y por suerte me encontraba a una buena distancia del bullicio de los “expertos” estadounidenses. En las columnas de The New York Times, un ex asesor del presidente George W. Bush no vacilaba en pronosticar el “fin de Corea del Norte, tal como la conocemos. […] El régimen será incapaz de mantener la unidad”, ya que el hijo, inexperto, no da la talla para enfrentar a los octogenarios caciques del Ejército (1). Algunos observadores evocaban un posible golpe de Estado; otros, en cambio, apostaban a un endurecimiento del régimen que, desde su entrada en escena, orquestaría Kim Jong-un para imponerse frente a los militares; estaban también aquellos que elaboraban el argumento de un desmoronamiento del país que obligaría a los soldados estadounidenses estacionados en la base japonesa de Okinawa a intervenir para recuperar las armas nucleares antes de que desaparecieran…

Tras el ataque cerebral que sufrió el ex presidente norcoreano en agosto de 2008, el mayor temor de Washington, varias veces expresado por la secretaria de Estado Hillary Clinton, sigue siendo el de una lucha en la cumbre del poder. El modelo parece ser el de la Unión Soviética a la muerte de Josef Stalin o el de China tras Mao Zedong. Cada cual quiere ignorar lo que sucedió en 1994 tras la muerte de Kim Il-sung: nada.

El rostro del país         

Mi primera visita a la República Popular Democrática de Corea (RPDC) data de 1981. Había llegado desde Pekín con la intención de volver a salir atravesando la Unión Soviética a bordo del Transiberiano. En ese entonces las autoridades consulares habían exigido que la embajada soviética en Pyongyang me otorgara una visa. En cuanto llegué a las oficinas, un consejero, con toda seguridad un agente de la KGB, me invitó amablemente a saborear un coñac y a explicarle las razones de mi estadía en Corea. De inmediato me preguntó mi opinión sobre Kim Jong-il, quien acababa de ser designado oficialmente sucesor de su padre en el Sexto Congreso del Partido Comunista, en 1980.


Respondí que me parecía más bien insulso, algo gordo y de apariencia vulgar. “¡Oh!, ustedes, los estadounidenses -me replicó-, siempre tan apegados a la personalidad. No se dan cuenta de que, detrás de él, hay un bloque burocrático constituido de gente cuyo ascenso o caída es indisociable al ascenso o caída del sistema. Verdaderamente saben lo que hacen”, agregó, antes de aconsejarme “volver en 2020, para ver a su hijo en el poder”.

Ésa fue la predicción más justa que he escuchado jamás sobre el destino de este extraño Estado a la vez comunista y dinástico; aun cuando Kim Jong-il murió a los 69 años, lo que precipitó en algunos años el proceso de sucesión. El pueblo norcoreano conoció un milenio de monarquía y un siglo de dictadura: primero la de la era colonial japonesa (de 1910 a 1945), que obligaba a los coreanos a venerar al Emperador; luego el dominio de la familia Kim, que lleva sesenta y seis años. El 8 de enero de 2012, día del cumpleaños de Kim Jong-un (el año exacto de su nacimiento, 1983 o 1984, sigue siendo un misterio), la televisión nacional difundió un documental de una hora adornando al muchacho con todas las virtudes. Allí, el nieto de Kim Il-sung era comparado con cada uno de los lugares y monumentos simbólicos que visitara su ilustre abuelo, y particularmente con la “montaña de cabeza blanca”.

Esta larga cadena volcánica en la frontera con China, crisol de la identidad norcoreana, fue el teatro de la guerrilla liderada por Kim Il-sung contra los japoneses en la década de 1930 y el lugar de nacimiento oficial de Kim Jong-il, en 1942. El documental también destacaba el lenguaje corporal de Jong-un. Alto y fuerte, el joven aparecía sonriente, estrechando manos, adoptando ya la postura del hombre político: una persona común perfectamente cómoda en su rol de “querido líder”. Ya había sido borrada la imagen de su padre, austero, autoritario y cínico, envarado en un anorak de esquí, la mirada oculta tras enormes anteojos de sol. Aún más destacable: el documental insistía en que los rasgos y el porte del joven se parecían a los de su abuelo cuando éste accedió al poder, a fines de los años 1940; exhumaba fotos que mostraban idénticos cortes de cabello. Como si el nieto fuera el heredero directo del inalterado patrimonio genético del abuelo.   

La cultura norcoreana -tanto su poesía como su literatura- está impregnada de todo lo que se refiere al ceremonial, a los rituales, a las tradiciones, e incluso a los chismes en torno a las familias reales, particularmente sobre la cuestión del sucesor del rey. Muchos accedieron al poder siendo muy jóvenes. El rey más ilustre, Sejong (1397-1450), quien impuso el alfabeto nacional coreano (el hangul), apenas tenía 21 años cuando ocupó el trono, asistido por su padre. Como Jong-un, Sejong era el tercer hijo: el mayor había sido desterrado de Seúl por su grosería, y el menor se había convertido en monje budista. De la misma manera, en 2001, Kim Jong-nam, el primogénito de Kim Jong-il, avergonzó seriamente al régimen cuando fue descubierto intentando ingresar a Japón con una identidad falsa (para visitar Disneylandia, se dice). Después prefirió instalarse en Macao, capital mundial del juego. Nada se sabe de su hermano menor, que por otra parte no estuvo presente en los funerales de su padre.

Entre los numerosos prejuicios que circulan a propósito de los asiáticos, está aquel que dice que detestan “perder prestigio”. Los términos de “dignidad” u “honor” serían más apropiados. A ojos de los norcoreanos, el rostro del líder refleja el prestigio de la Nación. En 1981, apenas salimos del aeropuerto, cuando pasábamos delante de inmensos retratos de Kim Il-sung, mi guía me había prevenido de manera amistosa: “Por favor, no insulte a nuestro líder” (cosa que no tenía intención de hacer, pues de ninguna manera deseaba comprometer mi salida del territorio).

La doctrina en vigor, antes como ahora, es el Juch’e, o chuch’e, un concepto que implica poner a Corea por delante de cualquier otra cosa en su espíritu. Según el intelectual coreano Gari Ledyard, el vocablo “e”, unido a “kukch”, “la nación”, era utilizado en el discurso clásico para evocar el rostro del país, su dignidad.

“El kukch’e -escribió- puede ser herido, avergonzado, molestado, insultado, manchado. Los miembros de la sociedad deben comportarse de manera apropiada, para que al fin de cuentas el kukch’e [la dignidad] no se pierda.” En estas palabras resuenan valores profundamente arraigados en el inconsciente colectivo norcoreano. Cualquiera que haya visitado este país ha podido verificar su vigencia, incluso si demasiado a menudo se traducen en un desmesurado orgullo o en monumentos grandilocuentes. Pero ello surge también de la voluntad de afirmar la dignidad nacional que se perpetúa.          

Un pasado ideal

El penúltimo rey de Corea, Kojong, apenas tenía 11 años cuando accedió al trono, en 1863. Hasta su mayoría de edad, fue guiado por su padre, Taewon’gun. Durante su regencia, el padre había reavivado el neoconfucianismo, la ideología dominante en ese entonces, y adoptado una política de estricto aislamiento frente a los apetitos de los diferentes imperios que golpeaban a su puerta. Libró batalla al mismo tiempo contra Francia (1866) y contra Estados Unidos (1871), antes de rechazar dos años después el intento de invasión de Japón, a comienzos de la era Meiji.

Fue la época más emblemática del “Reino Ermitaño”, y aquella durante la cual la ideología del kukch’e tuvo mayor vigor. Las cosas cambiaron cuando Kojong alcanzó la edad de gobernar. Se dedicó a reformar y modernizar Corea, firmó “tratados desiguales” que abrieron el país al comercio e intentó utilizar a las grandes potencias unas contra otras. El sistema funcionó durante un cuarto de siglo, antes de provocar la pérdida de la soberanía, en 1910.

En el Museo de la Revolución de Pyongyang, en cuya puerta se alza una estatua de Kim Il-sung de dieciocho metros de altura, los visitantes pueden asistir a sesiones de loas a Taewon’gun, descubrir estelas de piedra que simbolizan la muralla contra los bárbaros extranjeros, e incluso escuchar el edificante relato de las victorias coreanas contra los franceses y los estadounidenses.

En los funerales de Kim Jong-il, se pudo ver a su cuñado, Chang Song-t’ack, de 55 años, durante mucho tiempo a la cabeza de los servicios secretos, marchar detrás de Kim Jong-un. Lo seguía Kim Ki-nam, hoy mayor de 80 años, que fuera un allegado de Kim Il-sung. Así, tres generaciones marchaban solemnes al lado del Lincoln Continental de colección, adornado con el escudo de armas de la familia, que transportaba los despojos mortales hacia su última morada. Del otro lado de la limusina se erguían los jefes de los Estados Mayores de la cuarta potencia militar del mundo.

A la muerte de Kim Il-sung se había seguido el mismo ritual. Ya en esa época los expertos y los órganos oficiales se habían prodigado en conjeturas. Newsweek había titulado “The Headless Beast” (“la bestia sin cabeza”)
(2). El comandante de las fuerzas estadounidenses en Corea del Sur no había dejado de repetir que bien pronto Corea del Norte iba a “implosionar o explotar”. A fines de los años 1990, la inminente caída del régimen era el leitmotiv de la Central Intelligence Agency (CIA). Casi dos décadas más tarde, la República Popular Democrática de Corea (RPDC) sigue existiendo. Dentro de algunos años, su longevidad igualará a la del régimen de la Unión Soviética. Poco antes de la muerte de Kim Jong-il, un académico estadounidense ofreció una conferencia para afirmar que, a su muerte, la multitud se alzaría para derrocar el sistema: la profecía no se cumplió. En una especie de histeria colectiva, muchedumbres acongojadas se amontonaron en las calles para llorar a su líder, tal como se habían reunido en 1919 en las exequias del rey Kojong, culminación de un levantamiento nacional contra la ley colonial japonesa.

Tras la muerte de su padre, Kim Jong-il se retiró de la vida pública, dejando el campo libre a rumores de luchas de poder. Sin embargo, había actuado como cualquier delfín designado debía hacerlo en el Antiguo Régimen, prolongando tres años el duelo por su padre. En 1998, cuando se celebraba el cincuentenario de la creación de la
RPDC, Kim Jong-il apareció en plena posesión de sus poderes y listo para asumir la conducción del país. Por otra parte, con el fin de inmortalizar el acontecimiento, Corea del Norte había elegido ese día para lanzar su primer misil de largo alcance.

El Presidente acostumbraba decir que el comunismo había fracasado en Occidente debido al empobrecimiento y a la erosión de su pureza ideológica; por su parte, Corea del Norte puso a Karl Marx patas para arriba -o restableció a Hegel- concluyendo que “la idea determina todo”: una fórmula que hubiera complacido a los escribas neoconfucionistas de Taewon.

¿Respetará también Kim Jong-un un largo período de duelo antes de asumir sus funciones? Parece que no tomará ese camino. Ya realizó muchas apariciones públicas, en especial en ocasión de visitas a bases militares. Por cierto, tiene interés en mantener un bajo perfil para adquirir experiencia y dejar las riendas del poder en manos de los viejos guardianes del régimen. Este año habrá elecciones presidenciales tanto en Estados Unidos como en Corea del Sur, donde no puede volver a presentarse el presidente saliente, Lee Miung-bak, odiado por el Norte por su extrema dureza. En China, Hu Jintao dejará el poder dentro de poco, y en Rusia no está asegurada la elección de Vladimir Putin. En ese contexto de redistribución de roles, parece prudente tomarse su tiempo. Mientras tanto, con Kim Jong-un el poder busca imponer a los ojos de la población un rostro del régimen mucho más agradable que el de su padre.

Una vez más, mi interlocutor soviético tenía razón: me equivocaba al atribuir demasiada importancia a la apariencia física. Poco importa a qué se parece: el rey no puede equivocarse. Incluso puede, según cuenta la leyenda construida en torno a Kim Jong-il, alcanzar varios hoyos de un solo swing en su primer recorrido de golf. En su célebre ensayo Los dos cuerpos del rey, Ernst Kantorowicz escribía que había dos reyes: el primero, un hombre común con sus fragilidades, confrontado a todas las contingencias humanas, investido del cargo real; y el segundo, que, en su eterna perfección, encarna a la monarquía
(3).

Así, los norcoreanos hicieron del difunto Kim Il-sung un presidente para la eternidad, libre de cualquier imperfección. El mausoleo erigido a su gloria es el edificio más imponente del país. El rostro de Jong-un, tan parecido al suyo, ¿sabrá hacer olvidar en poco tiempo los diecisiete años del reino de Kim Jong-il, marcados por innumerables epidemias, inundaciones, sequías, el completo hundimiento de la economía y hambrunas que causaron miles de muertos? El fallecido líder cuenta en su activo con una sola realización, tan singular como discutible: la adquisición de armas nucleares.

El hombre está hecho de esta manera: conscientemente o no, está en búsqueda de un pasado ideal. Kim Jong-un aún no tiene 30 años, pero si mi interlocutor soviético tenía razón también sobre este punto, podemos prepararnos desde ahora para seguir viendo su rostro durante largos años.

1. Victor Cha, “China’s Newest Province”, The New York Times, 19-12-11.
2. 18 de julio de 1994; algunos días después de la muerte de Kim Il-sung.
3. Ernst Kantorowicz, Los dos cuerpos del rey. Un estudio de teología política medieval,
Alianza, Madrid, 1989.
* Director del Departamento de Historia en la U. de Chicago. Autor de The Korean War: A History, Random House, Nueva York, 2010.                     
                                                                                                                  Traducción: Teresa Garufi





La Hipocresía criminal de la Unión Europea             Pereyra Mele


Por estos días la arrasada Libia vuelve a estar en los titulares de los grandes medios de comunicación, ya que la oleada de migrantes desesperados del Magreb, intentan salvar la vida de sus familia del hambre, las pestes y las guerras intestinas financiadas por la voracidad occidental como bien lo documentó la película Diamantes Sangrientos, se lanzan a las riesgosas rutas marítimas del  Mediterráneo, que ya es un gigantesco cementerio acuático. Pero ¿Qué es lo que hace que miles de personas, huyan de esa región en busca de salvación?

Pues hoy; hipócritamente la Unión Europea “evalúa” una operación militar para evitar la “invasión” de Europa por parte de migrantes desde las costas de Libia. La operación contempla “todos los medios necesarios”, incluidas acciones coercitivas, para tratar de destruir el negocio de quienes extorsionan a los extranjeros para conducirlos a Europa desde Libia. La alta representante para la Política Exterior Europea, Federica Mogherini, informará al Consejo de Seguridad de la ONU, cuyo mandato espera obtener a finales de semana pasada. Con la idea estrella de destruir barcazas, aunque el hecho de contemplar todos los medios necesarios para hundir el negocio de las mafias abre la puerta a eventuales destrucciones de barcos mediante bombardeos u otros medios militares.

Nunca es tarde para recordar lo que afirmamos desde el inicio de la invasión de Libia, con sus bombardeos preparatorios de Libia, para desalojar del poder al demonizado Gadafi, que esta operación de la OTAN y USA llevaría a un desequilibrio y destrucción del pueblo libio, que permitirá la instalación de los grupos yihadistas fundamentalistas que dice combatir. Como por ejemplo: el jefe histórico de Al-Qaeda en Libia, Abdelhakim Belhadj, que fue gobernador militar en la Trípoli «liberada» y se le otorgaron los máximos poderes para constituir el ejército de la «nueva Libia».

Y recordemos que esa invasión llevó a Libia y a su pueblo al medioevo social, político y económico. Cuando el pueblo libio bajo el régimen depuesto en Libia tenía el más alto nivel de vida. El mejor de toda África por lo que se la llamaba “la Suiza de África”. Y según el Índice de Desarrollo Humano, Libia ocupaba el primer puesto de todos los países africanos. Hoy gracias a la ayuda “humanitaria” de la OTAN-UE, reiteró, ese pueblo está fraccionado, enfrentado y manejado por “terroristas” que son funcionales a los “occidentales” ya que de allí salen los “suicidas” que operan en Irak y Siria, o realizan matanzas como la recientemente publicitadas del autollamado Estado Islámico como el asesinato masivo de egipcios cristianos coptos, para horror de la humanidad.

Hoy para tratar de impedir la llegada de los “indeseables”  ocasionados por los países de la Unión Europea (todos culpables, por acción u omisión), para NO tener que ver esas imágenes de migrantes flotando muertos en el mar, o darle asilo a los mismos, como cínicamente declarará el reciente ganador de las elecciones inglesas David Cameron primer ministro del Reino Unido, en la reunión de emergencia de la UE por este tema, que Inglaterra enviaría a su nave insignia y dinero para los sobrevivientes pero que no aceptaría esa “gente” es “su” Isla. Hipocresía criminal de los europeos culpables de tantos males en ese castigado, rico y explotado continente africano por sus empresas, que hoy vuelven con una nueva propuesta de darle una “solución final” al problema de los migrantes, atacando los barcos. Vaya, interpretación del derecho humanitario (por ellos creado a su medida) para controlar el problema por ellos creados.
Lic. Carlos Pereyra Mele – Director de Dossier Geopolitico
Carlos A. Pereyra Mele. Licenciado en Ciencia Política, Analista Político, especialista en Geopolítica Suramericana, Prof. invitado Cátedra Libre del Pensamiento Nacional U. de la Patagonia; CEES, y CIVIS.



http://www.eldiplo.org/archivo/152-la-guerra-por-otros-medios/la-dinastia-kim-o-los-tres-cuerpos-del-rey?token=&nID=1









China, megapotencia financiera 
                                                 
Nº 235. Mayo 2015  Editorial en detalle                                                                                       por Ignacio Ramonet 


Contrariamente a lo que muchos piensan, China se halla aún lejos de representar un auténtico rival para Washington. En 2015, Estados Unidos sigue ejerciendo una indiscutible dominación hegemónica sobre el planeta. Tanto en el dominio militar (fundamental) como en varios otros sectores determinantes, en particular el tecnológico (Internet) y el soft power (cultura de masas). Lo cual no significa que China no haya realizado prodigiosos avances en los últimos treinta años. Nunca en la historia, ningún país creció tanto en tan poco tiempo.

Sin embargo, el “Imperio del medio” sigue siendo un Estado ‘emergente’, con gigantescas bolsas de pobreza en diversas zonas del interior y con un Producto Interior Bruto por habitante (PIB/per cápita, en 2013) de apenas U$ 6.800 dólares, semejante al de, por ejemplo, Namibia, República Dominicana o Perú; muy inferior al de, por ejemplo, España (30.000 dólares), Francia (42.000) o Estados Unidos (53.000). Pero su masa demográfica es tan enorme (casi mil quinientos millones de habitantes) que su peso económico global está alcanzando niveles inauditos. De hecho, desde diciembre de 2014, en términos de poder adquisitivo global de su población, China es ya la primera potencia económica del planeta. Su economía representa el 16,5% de la economía mundial, frente al 16,3% de Estados Unidos que ocupaba ese puesto de “primera potencia económica” desde 1872...

Poco a poco, y a pesar de sus considerables flaquezas, Pekín va configurándose efectivamente como la única potencia capaz de establecer, a medio plazo, una verdadera ‘rivalidad estratégica’ con Washington. El presidente Obama no se equivoca cuando identifica a China como el país que podría disputarle a Estados Unidos -en la segunda mitad del siglo XXI-, su hegemonía planetaria.

En esa perspectiva, decidida a rivalizar con Estados Unidos en un sector en el que éstos aparecían como intocables, China acaba de abrir un nuevo frente, esta vez contra el poderío financiero norteamericano. Con la reciente creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés) -al que España se adhirió el pasado 14 de abril-, Pekín aporta una nueva prueba de sus ambiciones.

Este Banco quiere rivalizar nada menos que con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, o sea las dos principales instituciones financieras planetarias creadas bajo los auspicios de Washington al final de la Segunda Guerra Mundial en el marco de los Acuerdos de Bretton Woods (1) y controladas desde entonces por Estados Unidos y el campo occidental. El AIIB competirá además con el Banco Asiático de Desarrollo (BASD, por sus siglas en inglés), creado en 1966, y muy controlado por Japón. Por eso, ni Tokio, ni Washington se han adherido -por ahora- al AIIB aunque han fracasado rotundamente en su intento por disuadir a sus principales aliados de hacerlo.

El plazo impuesto por Pekín para ser “miembro fundador” del AIIB se terminaba el pasado 31 de marzo. Y a esa fecha ya se habían adherido unos 57 países, entre ellos los BRICS (Brasil, Rusia, la India y Sudáfrica), así como algunos de los principales socios de Estados Unidos como Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Países Bajos, Australia, Corea del Sur, Israel, etc. Lo cual constituye una enorme victoria diplomática de Pekín y un paso más en la vía para imponerse como potencia financiera internacional.

La creación del AIIB es asimismo la consecuencia de las críticas constantes contra el FMI, y que este organismo no ha sabido corregir. En particular en lo que concierne al voto. Como se sabe, para adoptar una decisión importante en el seno del FMI es necesario el 85% de los derechos de voto. Lo cual significa que Estados Unidos (que dispone del 16,74% de los votos) posee en realidad un derecho de veto. La Unión Europea también, si todos sus miembros (que disponen, juntos, de más del 30% de los votos) se unen. Mientras que, por ejemplo, China sólo tiene el 3,81% de los votos, la India el 2,81% y Brasil el 2,50%...

Este sistema tan inequitativo de votación permite que el FMI sea, desde 1945, un ‘agente objetivo’ del capitalismo en su versión ultraliberal, partidario a ultranza de las privatizaciones, de los ‘ajustes estructurales’ (como el que se le impuso a América Latina y África en los años 1980 y 1990, y que se le impone hoy a Grecia), de la desregulación financiera y de la desregulación del trabajo.

Además, bajo el pretexto de “lucha contra la corrupción” y “de promoción de la moralidad financiera”, el Banco Mundial y el FMI (cuyos dos precedentes Directores gerentes fueron Rodrigo Rato y Dominique Strauss-Kahn...) se niegan a favorecer las inversiones para el desarrollo de las infraestructuras de muchos países emergentes.
En el nuevo Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB) ningún Estado, ni siquiera China, tendrá derecho de veto. Por vez primera, en un proyecto financiero de esta envergadura, las grandes potencias occidentales sólo dispondrán de un papel secundario. Mientras que el papel de los actores regionales será determinante.

El AIIB surge también, en el marco de una arquitectura financiera mundial alternativa, como una pieza que se añade al Banco de Desarrollo de China (creado por Pekín en 1994) y que le acaba de prestar 3.500 millones de dólares a la empresa estatal brasileña Petrobras, muy afectada por la caída de los precios del petróleo y por un enorme escándalo de corrupción (2)

Y al Nuevo Banco de Desarrollo BRICS (New Development Bank BRICS, NDB BRICS) (3),  creado el 15 de julio de 2014 con ocasión de la VI cumbre de los BRICS (Brasil, Rusia, la India, China, Sudáfrica) que tuvo lugar en Fortaleza (Brasil). La sede del NDB BRICS está -no podía ser de otra manera- en Shanghái (China) y su capital inicial es de 100.000 millones de dólares. Sus principales objetivos son: favorecer una mayor cooperación financiera y fomentar un mejor desarrollo de los Estados emergentes. O sea, los objetivos del Banco Mundial. Otro de sus propósitos, reivindicado por Pekín, es reducir la dependencia de estos Estados con respecto a los bancos crediticios occidentales y al dólar.

La batalla de la moneda es otro aspecto de la ofensiva china por la hegemonía mundial. De tal modo que, por ejemplo, todos los financiamientos realizados por el Banco AIIB este año, unos 50.000 millones de dólares, lo son en yuans chinos. Las reservas de Pekín en divisas extranjeras ascienden a 3,7 billones de dólares... Pero las fluctuaciones del ‘billete verde’ estadounidense y las flaquezas del euro hacen que China desee disponer de su propia divisa, y quiera imponerla como divisa internacional. Más de un millar de bancos en unos 85 países utilizan ya el yuan en sus transferencias. En África, el yuan es, desde hace tiempo, un instrumento fundamental de la política china de inversiones. Nigeria, Ghana, Zimbabue y Sudáfrica, por ejemplo, son algunos de los países que han adoptado el “billete rojo” como moneda de pago internacional y de reserva. El volumen de los intercambios comerciales de Pekín con los países africanos alcanzó, en 2014, unos 200.000 millones de dólares, o sea más del doble de los intercambios de África con Estados Unidos (4).

Con América Latina también se han incrementado de manera espectacular los intercambios comerciales (entre 2000 y 2013, se multiplicaron por 22). En 2013, el volumen comercial total China-América Latina alcanzó los 275.000 millones de dólares. Y se estima que esta cifra se duplicará al finalizar esta década. En los próximos diez años, China invertirá 250.000 millones de dólares en América Latina, anunció el presidente  Xi Jinping, en enero pasado en Pekín, durante el primer Foro Ministerial entre China y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Las cifras de los créditos chinos a América Latina son menos destacadas, pero también reflejan la inaudita expansión de la potencia financiera asiática y sus intereses prioritarios en petróleo, minerales y productos agrícolas. De 2005 a 2014, esos créditos sumaron 119.000 millones de dólares. Y de ese total, casi la mitad (56 300 millones de dólares) se concedió a Venezuela, que posee las mayores reservas de hidrocarburos del mundo. Le siguen Brasil y Argentina, grandes exportadores de soja, con 22 000 y 19 000 millones de dólares, respectivamente (5).

Desde el inicio del siglo XXI, China viene aumentando sus inversiones directas en el exterior, alcanzando una media de 200.000 millones de dólares al año. Su potencia de fuego inversionista sigue siendo menor que la de Estados Unidos (367.000 millones de dólares en 2012), pero ya le está empezando a morder los talones. Con cierto “pánico estratégico”, Washington ve acercarse la hora en que China se impondrá también como megapotencia financiera.

(1) Los Acuerdos de Bretton Woods se firmaron al final de una Conferencia internacional que reunía a los cuarenta y cuatro países aliados y que tuvo lugar en esa ciudad estadounidense de New Hampshire del 1 al 22 de julio de 1944. Ampliamente inspirados por el economista británico John Maynard Keynes, los Acuerdos dibujaron las grandes líneas de lo que sería el Sistema financiero internacional después de la guerra, organizado en torno al dólar; y crearon dos influyentes organismos: el FMI y el Banco Mundial.
  
(2) Cf. L’Agefi, París, 22 de abril de 2015.
(3) Les Echos, París, 14 de julio de 2014.
(4) Le Monde, París, 15 de abril de 2015.
(5) Léase, Mario Osava: “China penetra en América Latina con créditos a países en penurias”, IPS, Roma, abril de 2015.