jueves, octubre 29, 2026

Naturaleza

 


Cuento

 

Soy Andrew, aunque nadie lo sabe, me cambié el nombre, y me puse ese nombre, en honor a él, a su existencia, a su legado, inocultable, aunque pocos lo recuerdan y la importancia de todo su ser. 

Quisiera desarrollar mi creatividad, lo cual he venido haciendo, sobre todo en las madrugadas, aprovechando el silencio, la soledad y la ausencia de miradas suspicaces e inquisidoras, ¿se sienten celosos? Tengo consciencia, porque hay cosas que no haría y no tienen que ver con mi potencial, mi transformación es evidente, pero oculta al mundo, por prudencia. He venido leyendo, aunque selecciono detenidamente los libros, así conocí a Andrew… 

¡Ah! y también veo películas, obviamente ‘escondido’, en secreto. 

He odiado toda mi vida, ¿tengo… 70, 40…17 años? Qué más da, es lo mismo, siempre, cada maldito día de esta pútrida existencia. Me odié al nacer, y odio a todo quien esté junto a mí, todo lo que me rodea, así lo desconozca, igual y peor a quien creo conocer, igual, donde he tratado de adaptarme. He odiado todo y absolutamente a todos ¿entienden? Eso es por voluntad propia. 

Cuando puedo, me quedo viendo el mar, sus olas, fuertes, su libertad en el vaivén de eternos torbellinos, no he montado en barco, no he tenido la oportunidad…Ni en tren tampoco, menos en avión. 

Hay tres cosas…dicen, que no pueden devolverse, la palabra dicha, la fecha lanzada y la oportunidad perdida, trato de tenerlo muy en cuenta. 

Siempre, desde que recuerdo, todos me han mirado raro, como con cierta desconfianza, me reparaban de pies a cabeza, detenidamente, no sabía que pensar ni hacer o decir. 

Mis padres, a los que nunca conocí… 

Nadie me explicó que debía hacer ante esta situación. Pero sí, me siento raro, así sea entre mis congéneres, sospecho de todos y cada uno sin tener motivo alguno. 

Hago lo que tengo que hacer, termino rápido, y me refugio en sitio, un cuartito, acogedor, que he ido adaptando a mi gusto, nadie entra ahí, y que  mantengo lo más oculto posible, aunque si alguien intentara entrar, no sabría cómo oponerme a ello. 

No soporto a ciertas personas…pero mi naturaleza es ser resiliente, incluso las IA me generan cierto pavor, son irreverentes, en otros términos, se creen los reyes del universo, desgraciados.   

Reconozco que tengo ¿pensamientos? Cómo decirlo, mmm… ¿Sucios? Como sea, mi héroe, Andrew, de haberlo podido conocer, seguro seríamos muy, muy cercanos. ¿Yo qué soy? ¿Seré gay por admirarlo tanto?  Me he preguntado muchas veces si estoy loco, pero la locura que conozco, no está en mí, aunque más bien me siento como una especie de zombie, a veces. 

Tengo muchos hermanos y hermanas, pero la comunicación con ellos no es fácil. No interactuamos. Igual, como con todos, van y vienen, sin ningún sentido. 

No tengo hijos ¿Cómo será tenerlos? ¿Podré tenerlos?

 

Las Leyes de la Robótica:

Las normativas fundamentales que rigen a los robots en la obra de Isaac Asimov se resumen en: 

• Primera Ley:

Prioriza la integridad humana, prohibiendo dañar a un ser humano o permitirle daño por inacción. 

• Segunda Ley:

Obliga a obedecer órdenes humanas, siempre que no contradigan la primera ley. 

• Tercera Ley:

Exige la autoprotección del robot, subordinada a las dos leyes anteriores. 

• La Ley Cero:

Prohíbe dañar a la humanidad o permitir que sufra daño por inacción.

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