lunes, marzo 13, 2023

La historia de Clímaco Ajedrez

 








Se llamaba Rey  Aldo Torres Chess, pero todos desde chico le decían Clímaco Ajedrez. Él era un personaje que se adaptaba a todas las circunstancias sin chistar ni protestar, pues desde pequeño, tuvo que emigrar, y el rechazo en un pueblo extraño le tocó soportar. De rasgos indígenas pero de ancestros gitanos, la estigmatización, el racismo y el etnocentrismo le correspondió tolerar.  

 

Un día, con gran entusiasmo Clímaco quiso estudiar y a la escuela fue a dar, pero el profesor de Geometría le decía por agraviar, que por su idiosincrasia y estereotipo él jamás en la vida iba a progresar, que mejor se pusiera de una vez a vagar, pues él no había nacido para estudiar ni para trabajar; que era mejor que rezara, porque el siempre se dejaba rezagar y que su pobre personalidad no podía soportar, que además le impedía expresar lo que su libre imagen quería soñar; lo trataba desigual, la Nota le rebajaba y por más esfuerzo que hacía nunca le permitía superar, así el proceso académico Clímaco Ajedrez quisiera terminar.

 

Un domingo, Clímaco  Ajedrez a la Iglesia del pueblo quiso ingresar y el sacerdote no lo dejó entrar, alegando que su figura podía incomodar a los feligreses que iban a orar.

Luego, Clímaco intentó aprender a manejar, un pesado y viejo camión que de improviso pudo heredar, pero el administrador no le permitió parquear, alegando que mucho espacio necesitaba ocupar.

Clímaco Ajedrez, ya cansado de tanto bregar, se fue donde el juez a demandar y éste se negó a realizar, el debido proceso tramitar.

 

Con tus palabras responde lo siguiente:

 

1. Determine cuáles fueron los Derechos Fundamentales que le fueron vulnerados y no reconocidos al protagonista de la historia Clímaco Ajedrez.








lunes, marzo 06, 2023

Serie 'Utopía'



Utopía

Serie Super 

recomendada!!!

 



Clic aquí:

https://youtu.be/UGn-Hkba3sY


Sinopsis

Cinco extraños personajes son perseguidos por una organización que está dispuesta a matarlos para conseguir el manuscrito original de la novela gráfica de culto "Los Experimentos Utopía".

Utopía es una miniserie que pertenece al género de suspense conspirativo británico.

La serie cuenta con dos temporadas de seis capítulos cada una.

A través de una trama basada en un gran suspenso permanente, aborda la cuestión de la superpoblación, y la forma de detener o frenar esta explosión demográfica sería con la selectividad genética y no combatiendo las enfermedades, especialmente con la efectividad de las vacunas; llevando a la ficción las preocupaciones demográficas de Thomas Malthus.

En un foro de internet frecuentado por los amantes de los cómics, cinco usuarios se ponen de acuerdo para conocerse.

Se han hecho con el manuscrito original de una novela gráfica de culto: ‘Los Experimentos de Utopía’, escrita por un maníaco depresivo y psicótico y buscada a toda costa por una organización conocida como «La Red» (en inglés «The Network»).

Nunca pudiendo regresar a casa, las vidas de nuestros personajes se transforman inmediatamente, incapaces de ponerse en contacto con alguien en el exterior, viven en constante temor de ser descubiertos, a pesar desconocer completamente por qué están siendo perseguidos. Todo lo que saben es que la Red es omnipresente. Nadie sabe cuál es su plan, sólo que no se detendrán ante nada.

Día Mundial de la Educación

 







La educación es un derecho humano, un bien público y una responsabilidad colectiva, por lo que la Asamblea General de ONU proclamó cada 24 de enero Día Internacional de la Educación, en celebración del papel que la educación desempeña en la paz y el desarrollo.

Sin una educación de calidad, inclusiva y equitativa para todos y de oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida, los países no lograrán alcanzar la igualdad de género ni romper el ciclo de pobreza que deja rezagados a millones de niños, jóvenes y adultos.

En la actualidad, 244 millones de niños y jóvenes están sin escolarizar, 771 millones de adultos son analfabetos. Su derecho a la educación está siendo vulnerado y es inaceptable. Es hora de transformar la educación.

La UNESCO desea dedicar este quinto Día Internacional de la Educación a todas las niñas y mujeres de Afganistán que se ven privadas de su derecho a aprender, estudiar y enseñar, y pide el cese inmediato de la prohibición que restringe su acceso a la educación.

Se celebrará bajo el lema invertir en las personas, priorizar la educación, impulsando la Transformación de la Educación, para que se mantenga una fuerte movilización política en torno a la educación y trazará el camino por los compromisos e iniciativas mundiales en acciones. Dar prioridad a la educación y acelerar el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible en un contexto de recesión mundial, desigualdades crecientes y crisis climática.

Taller Responder con Argumentos y Coherencia 

1. ¿Usted cómo se ve en el futuro? 

2. ¿Por qué es importante aprender a pensar? 

3. ¿Por qué enseñar no solo es una simple transmisión de datos? 

4. ¿Usted cree que la sociedad colombiana es culta o inculta? Explique. 

5. Exprese su opinión sobre lo planteado en los tres párrafos iniciales- Están en cursiva. 

6. ¿Considera que la educación puede jugar un papel importante en su futuro? ¿Por qué? 

7. ¿Por qué la ‘Cultura Ciudadana’ se desarrolla por medio de la educación a los ciudadanos? 

8. ¿Cree que una educación de baja calidad puede incidir en el futuro de una sociedad? ¿Por qué? 

Lea esta frase y responda la Pregunta N° 9 Sociedades avanzadas en convivencia, respeto por el otro, dignidad, honestidad, PIB per cápita, desarrollo económico,  baja tasa de delitos, poca impunidad y corrupción, le dan un papel preponderante a la educación

 9. ¿Cree que deberíamos hacer lo mismo? Es decir, invertir mucho más en educación? ¿Por qué los gobiernos en Colombia han invertido más en armas y en el conflicto interno que en educación?

Leer y responder: Es indispensable una formación de la persona basada en su desarrollo humano, como en  tal sentido lo plantea Fernando Savater, al decir que nacemos humanos aunque en realidad no lo somos sino hasta después, esto debido a que no basta con nacer humanos sino que fundamentalmente tenemos que llegar a serlo, finalidad para la cual el aprendizaje se nos presenta como el medio por el cual los hombres podemos llegar a mejorarnos los unos a los otros, toda vez que existen cosas que podemos aprender y que merecen serlo a través de la educación, radicando justamente en este aspecto su vital importancia’.

 

10. Según lo anterior: ¿En qué radica la importancia de la educación de acuerdo a lo planteado por Savater en la frase anterior? 

11. ¿En qué fundamenta usted su afirmación: “voy a ganar el año”? Cuando plantea que quiere avanzar al Grado Académico siguiente. 

12. Copie los Términos Específicos de C. Sociales que citan en el texto. 

13. Exprese su opinión sobre los siguientes 4 aprendizajes fundamentales de la educación que plantea Jacques Delors:

1. Aprender a conocer, adquiriendo los mecanismos que nos ayuden a la comprensión de las cosas.

2. Aprender  a hacer, para con ello poder contribuir a mejorar nuestro propio entorno;

3. Aprender a vivir juntos, y de esa forma estar en condiciones de participar y cooperar con nuestros semejantes;

4. Aprender a ser, para poder desarrollarnos como personas y seres humanos conjuntamente con los demás.



Constitución Política y Derechos Fundamentales

 

Objetivo:

Promover el respeto y crear conciencia sobre la existencia de los Derechos Fundamentales consagrados en la

Constitución Política Colombiana

 Artículo 11. Derecho a la vida

Artículo 12. Derecho a la integridad personal

Artículo 13. Derecho a la libertad e igualdad  

Artículo 14. Derecho a la personalidad jurídica 

Artículo 15. Derecho a la intimidad 

Artículo 16. Derecho al libre desarrollo de la personalidad

Artículo 17. Prohibición de toda forma de esclavitud, servidumbre y trata de seres humanos  

Artículo 18. Libertad de conciencia

Artículo 19. Libertad de cultos

Artículo 20. Libertad de expresión e información

Artículo 21. Derecho a la honra 

Artículo 22. La paz como derecho y deber 

Artículo 23. Derecho de petición

Artículo 24. Derecho de circulación y residencia

Artículo 25. Derecho al trabajo

Artículo 26. Libertad de escoger profesión, ocupación, arte u oficio
 

Artículo 27. Libertad de enseñanza, aprendizaje, investigación y cátedra

Artículo 28. Derecho a la libertad personal 

Artículo 29. Derecho al debido proceso

Artículo 30. Habeas corpus

Artículo 31. Principio de las dos instancias

Artículo 32. Aprehensión en flagrancia 

Artículo 33. Derecho a la no auto incriminación 

Artículo 34. Prohibición de ciertas penas: destierro, prisión perpetua y confiscación

Artículo 35. Prohibición Extradición /reformado

Artículo 36. Derecho de asilo                               

Artículo 37. Derecho de reunión y manifestación

Artículo 38. Derecho de asociación

Artículo 39. Derecho de sindicalización 

Artículo 40. Derecho de participación

 

Artículo 13. Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica. 


El Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará medidas en favor de grupos discriminados o marginados.

 

El Estado protegerá especialmente a aquellas personas que por su condición económica, física o mental, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta y sancionará los abusos o maltratos que contra ellas se cometan.


Los Derechos fundamentales.

El concepto de derecho fundamental es quizá el más importante de las Constituciones contemporáneas. Colombia acogió esta figura en la Constitución de 1991. Una definición sintética de estos derechos es la siguiente: son los derechos inherentes a la persona humana. Usualmente se les ha identificado con los derechos individuales, sin embargo en Colombia han sido reconocidos por la Corte Constitucional algunos derechos pertenecientes a la llamada segunda generación, es decir, ha reconocido como derechos fundamentales ciertos derechos sociales que son necesarios para que la persona humana cuente con una vida digna. 

 

El título II capítulo I de nuestra Carta Política se ocupa según se indica de forma expresa de los "derechos fundamentales", sin embargo la Corte Constitucional ha sostenido que el Constituyente no determinó en forma taxativa cuáles eran los derechos constitucionales fundamentales, sino que fue su voluntad conferir simplemente un efecto indicativo a la ubicación y titulación de las normas constitucionales.

Por consiguiente, hay que concluir que en nuestro país los derechos fundamentales no sólo son los que aparecen en el título y capítulos referidos, en vista de ello nuestra Corte Constitucional utiliza para reconocer los derechos fundamentales otros criterios.

Para la Corte hay criterios principales y subsidiarios de interpretación. Acoge como principales: el que se trate de un derecho esencial de la persona y el reconocimiento expreso de la Constituyente (un caso sería el artículo 44 que se refiere a los derechos de los niños como derechos fundamentales); acoge como criterios auxiliares, los cuáles no bastan por sí solos: la inclusión del derecho en tratados internacionales, que se trate de un derecho de aplicación inmediata; que posea un "plus" para su modificación (se refiere a los que requieren de referendo para ser reformados) y por último la ubicación y denominación. Así mismo, para que un determinado derecho sea tenido como fundamental,  la Corte considera que debe reunir tres requisitos: conexión directa con los principios constitucionales, eficacia directa y contenido esencial (núcleo básico del derecho). 

¿Es el agua  un derecho humano?

El derecho humano al agua otorga derecho a todos a contar con agua suficiente, a precio asequible, físicamente accesible, segura y de calidad aceptable para usos personales y domésticos. (Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, artículos 11 y 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales). Con esta declaración, en noviembre del año 2002 se marcó un hito en la historia de los derechos humanos, ya que por primera vez contar con agua segura fue reconocido de forma explícita como un derecho humano fundamental.

En su Comentario General N° 15 sobre el cumplimiento de los artículos 11 y 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el Comité hizo notar que "el derecho humano al agua es indispensable para llevar una vida en dignidad humana" y señaló que "es un prerrequisito para la realización de otros derechos humanos". Sin el acceso equitativo a un requerimiento mínimo de agua potable, otros derechos fundamentales serían inalcanzables, como el derecho a un nivel de vida adecuado para la salud y para el bienestar, así como los derechos civiles y políticos.

 ¿Cuáles son los principios de Dublín?  

En 1992, en la Conferencia Internacional sobre Agua y Medio Ambiente, celebrada en Dublín, se aprobaron Cuatro Principios rectores que expresaban elementos fundamentales de la relación del agua y con el ambiente, uno de los cuales considera explícitamente el valor económico del agua. Veamos cuáles son estos principios: 

Nº 1º El agua dulce es un recurso finito y vulnerable, esencial para sostener la vida, el desarrollo y el medio ambiente.

Nº 2º El aprovechamiento y la gestión del agua debe inspirarse en el planteamiento basado en la participación de los usuarios, los planificadores y los responsables de las decisiones en todos los niveles.

Nº 3º  La mujer desempeña un papel fundamental en el abastecimiento, la gestión y la protección del agua".

Nº 4º  indica de manera rotunda:

"El agua tiene un valor económico en todos los diversos usos a los que se le destina y debería reconocérsele como un bien económico".

De acuerdo a lo anterior analizar y responder

1.   ¿Qué es Cultura Política?  

2.   ¿Cuáles son los valores de la democracia? 

3.   ¿Por qué la Sociedad Civil en Colombia es frágil y fragmentada? 

4.   ¿Conoce el objetivo primordial del mecanismo de la Acción de Tutela? 

5.   ¿Qué fue lo que más le llamó la atención de la temática en la Conferencia? 

6.   ¿Considera usted que el agua es un derecho humano, por lo tanto fundamental? 

7.   ¿Cuáles serían para usted los Derechos  Fundamentales más  importantes  y por qué? 

8.   ¿Cuál es la importancia de los Derechos fundamentales para la convivencia en Colombia? 

9.   ¿Cuál es el procedimiento cuando una autoridad o un particular vulnera un Derecho Fundamental? 

10.       ¿Cuál es la importancia de ejercer plenamente nuestros derechos y cumplir con nuestros deberes como ciudadanos? 

11.       ¿Qué opinión le merece que se hayan consagrado en la Constitución Política Nacional los Derechos Fundamentales?

                                                                                      


jueves, marzo 02, 2023

Eratóstenes de Cirene

El genio africano que hace más de 2.000 años demostró con un palo que la Tierra es redonda


Edison Veiga

Desde Eslovenia para BBC News Brasil

 

Todavía hay quienes no creen que la Tierra sea redonda, incluso con todos los avances científicos, desde la geografía hasta la astronomía.

Pero un antiguo sabio, Eratóstenes de Cirene (276 a.C.-194 a.C.), solo necesitó un palo para determinar este hecho y aún poder estimar, con buena precisión, el tamaño de la circunferencia del planeta.

Eratóstenes partía del conocimiento de un fenómeno importante: el solsticio de verano, es decir, el día en que uno de los polos de la Tierra tiene su máxima inclinación con relación al sol.

Cuando ocupaba el cargo de director de la Biblioteca de Alejandría, encontró un manuscrito científico que decía que, en la entonces ciudad de Siena —hoy llamada Asuán, en el sur de Egipto—, en esa fecha específica del año, el sol del mediodía estaba tan perfectamente perpendicular al suelo, en el llamado cenit, que era posible verlo fácilmente en el fondo de un pozo.

Esto despertó en él un destello, un descubrimiento.

Calculando la distancia

Eratóstenes hizo lo que era habitual en ese momento: contrató a un itinerante. Eran profesionales capacitados para caminar largas distancias con pasos regulares, precisamente para medir distancias entre ciudades.

Sin embargo, antes de recurrir a la práctica, el sabio pensó que sería posible utilizar las matemáticas para calcular también esta distancia.

"Pretendía descubrir la distancia entre Siena y Alejandría utilizando el tiempo recorrido por los camellos", explica el geógrafo Leandro Sales Esteves, profesor de la Universidade Presbiteriana Mackenzie (UPM). "Pero abandonó la idea debido a la falta de precisión encontrada en este método".

Para contratar topógrafos itinerantes, el geógrafo asegura que Eratóstenes necesitaba autorización del gobierno de Egipto.

En línea recta son unos 800 kilómetros -hoy, por carretera, el recorrido más corto mide 1.011 kilómetros y se puede recorrer a pie en 204 horas de marcha.

En la unidad de medida utilizada en ese momento (el estadio, que tenía poco más de 157 metros), la distancia se determinó en 5.040 estadios.

El día del solsticio de verano, en Alejandría, Eratóstenes fijó un palo perpendicular al suelo. La idea era medir la longitud de la sombra que proyectaba el palo sobre el suelo al mediodía y así hallar el ángulo de inclinación.

Llegó al número de 7,2 grados, es decir, la circunferencia total (360º) dividido por 50. De esta manera, haciendo la triangulación matemática que ya era conocida, bastaba multiplicar la distancia entre las dos ciudades por 50 para llegar al tamaño total de la Tierra.

Eratóstenes llegó al valor equivalente a 39.750 kilómetros, muy cerca de lo que se conoce hoy: la circunferencia de la Tierra mide 40.075 kilómetros.

"Eratóstenes también calculó con gran precisión el radio terrestre, llegando a una medida de 6.366 kilómetros", dice Esteves. "Actualmente, se sabe que esta medida es de 6.371 kilómetros".

Quién fue

Eratóstenes fue un sabio de la antigua Grecia. Y ser sabio en ese momento significaba acumular conocimientos que ahora se distribuyen en diferentes áreas. Así, aunque normalmente clasificado como filósofo, no dejaba de ser matemático, gramático, poeta, geógrafo, bibliotecario y astrónomo.

Nació en Cirene, una ciudad del norte de África, en la actual Libia, que en ese momento formaba parte del mundo griego.

"La Grecia antigua no era un solo país, sino un conjunto de ciudades-estado", explica el geógrafo Eliseu Savério Sposito, profesor e investigador de la Universidad Estadual Paulista (Unesp). "Las ciudades eran independientes entre sí, pero guardaban costumbres en común".

Esto significaba, ejemplifica la docente, que establecían redes de contacto y mantenían prácticas similares de religiosidad, lenguaje, arte y modelos políticos. 

Según registros antiguos, Eratóstenes fue llevado a Atenas cuando era joven para estudiar con los principales filósofos de su época. Allí terminó llamando la atención por sus capacidades.

Más tarde, el soberano de Egipto, Ptolomeo III Evergetes (280 a.C.-221 a.C.), ordenó llevarlo a Alejandría. Inicialmente, su misión era ser el maestro del hijo del poderoso Ptolomeo.

Pero, tiempo después, Eratóstenes asumió un cargo que debería hacer brillar los ojos de cualquier intelectual de la época: se convirtió en bibliotecario y director de la Biblioteca de Alejandría, el gran depositario del conocimiento griego antiguo.

Fue en este puesto donde tuvo la idea del experimento que lo consagraría. Pero esta no fue su única contribución al conocimiento universal.

También es considerado el fundador de la geografía, como área del conocimiento humano. Esto se debe a que publicó una obra llamada "Geográfica", en la que acuñó su propio vocabulario para los términos del campo.

Para Eratóstenes, el título de primer geógrafo debe conferirse al poeta Homero (928 a.C.-898 a.C.), debido a que elaboró ​​una serie de descripciones climáticas y topológicas.

Escrita en tres volúmenes, extractos de "Geográfica" fueron citados por varios estudiosos en los siglos siguientes, como el naturalista romano Cayo Plinio II (23-79), más conocido como Plinio el Viejo.

"Geográfica" acabó perdiéndose con el tiempo y, a día de hoy, solo se conocen 155 fragmentos de la obra, precisamente por estas citas en otras obras.

Tierra plana vs. Tierra redonda

Para los investigadores contemporáneos, sin embargo, un punto relevante del descubrimiento de Eratóstenes es que ilustra que la noción de una Tierra esférica ya estaba vigente.

Después de todo, para que alguien pensara en medir la circunferencia del planeta, primero era necesario partir del entendimiento de que había una circunferencia que medir.

"Sin duda, la actuación de Eratóstenes demuestra que, desde la antigüedad, ya existía la noción de que la Tierra es redonda", comenta el historiador Vítor Soares, que presenta el podcast História em Meia Hora ("Historia en media hora").

"Esta pregunta es interesante porque, en ella, tenemos tanto una pregunta filosófica como una pregunta matemática". Después de todo, para lograr su propósito, el sabio de la antigüedad utilizó un método trigonométrico.

"Desde los griegos se sabe que la Tierra es redonda", dice Sposito. "A medida que los griegos desarrollaron la astronomía, una rama de las matemáticas, crearon modelos tridimensionales para explicar el movimiento aparente de los planetas. Esto todavía era en el siglo IV a.C.".

El geógrafo cita varios nombres además de Eratóstenes.

El filósofo y astrónomo Heráclides del Ponto (390 a.C.-310 a.C.) planteó que la Tierra giraba alrededor de su propio eje. El astrónomo y matemático Aristarco de Samos (310 a.C.-230 a.C.) presentó la teoría del sistema heliocéntrico, con la Tierra girando alrededor del Sol.

"La cosmología desarrollada en la antigua Grecia tiene importantes pensadores que produjeron evidencias del modelo esférico de la Tierra que conocemos hoy", comenta el geógrafo Esteves.

"Si bien el modelo de la Tierra plana fue utilizado por algunas civilizaciones antiguas, fue a partir de la cosmología griega que el modelo de la Tierra esférica se expandió a otras regiones, especialmente por la influencia de pensadores como Pitágoras, Aristóteles, Ptolomeo y Eratóstenes".

En este sentido, Eratóstenes hizo ciencia de la misma manera que se sigue haciendo ciencia hoy: avanzó apoyándose en la investigación que habían hecho antes sus pares. En su caso, a través de un experimento concreto.

"Tiene la función de probar empíricamente una noción que ya había sido previamente establecida por otros pensadores griegos", destaca el geógrafo Claudio Eduardo de Castro, profesor e investigador de la Universidad Estadual de Maranhão (Uema).

"Además, casi al mismo tiempo, en la dinastía Han de China hay mapas a una escala de 1:90.000 que traen una cuadrícula de ubicación ortogonal". 

Según Castro, "gracias a nuestro desconocimiento de la cartografía oriental y, a pesar de ello, podemos preguntarnos si el avance del conocimiento sobre la Tierra en Occidente se basó en el conocimiento de Oriente, que tanto utilizó esta cartografía en sus viajes a Europa".

O incluso, "si la cartografía de la Tierra esférica, occidental, fue rápidamente absorbida y practicada en oriente".

Para el historiador Soares, este debate entre Tierra plana y Tierra redonda "es interesante porque básicamente es una disputa sobre narrativas", ya que el conocimiento científico al respecto es sumamente antiguo.

"Mucha gente cree que, durante la Edad Media, la Iglesia propagó la idea de que la Tierra era plana o algo parecido. Sin embargo, esto es un mito", defiende.

"Podemos probar esto usando las artes. Si miras diferentes pinturas que representan figuras religiosas o incluso miembros de la Iglesia, hay imágenes de ellos con un globo terráqueo en sus manos, simbolizando el mundo".

Guionista del podcast História em Meia Hora, el profesor de Historia Victor Alexandre cita el libro de la historiadora de la ciencia Christine Garwood Flat Earth: The History of an Infamous Idea ("Tierra plana: la historia de una tristemente célebre idea") para contextualizar que, durante los siglos XVIII y XIX, surgieron filósofos y pensadores que se interesaron en "manchar" la imagen de la Edad Media, buscando poner en valor tanto la Antigüedad Clásica como la Época Moderna.

"Como parte de este intento de señalar que el período medieval fue de tinieblas, estos pensadores insertaron la idea de que en ese período se creía que la Tierra era plana", dice Alexandre.

"El objetivo era reforzar la noción de que la modernidad fue un período de rescate cultural y científico".

Evidentemente, los terraplanistas, si aún existen hoy, también existieron tanto en la antigüedad como en la época medieval.

El historiador Soares cita al pensador, enciclopedista —y luego considerado santo por la Iglesia católica— Isidoro de Sevilla (560-636). "Pero estos pensadores eran una minoría en relación al consenso que había", subraya Soares.

"El problema es tomar estos casos aislados y transportarlos a un período completo. Incluso en la era moderna, cualquier teoría de la Tierra plana se vino abajo cuando los primeros navegantes lograron navegar alrededor de la Tierra".

Mapas planos

Evidentemente, si aún hoy el conocimiento científico no es plenamente accesible, en las sociedades más antiguas ese conocimiento terminó siendo privilegio de una minoría, de una élite intelectual.

"Sabemos que las sociedades antiguas en general estaban profundamente estratificadas y que el acceso al conocimiento y a la formación académica eran derechos restringidos a una porción menor", ​​recuerda el geógrafo Esteves.

"En los espacios donde circuló el conocimiento producido por los pensadores griegos, la idea de la esfericidad de la Tierra se volvió dominante. Además, los fundamentos científicos presentados por estos pensadores se convirtieron en una referencia importante para los científicos en los siguientes períodos", enfatiza.

El geógrafo Castro señala que el mundo de la antigüedad aún estaba "muy ligado al trabajo cotidiano del campo, en el que las necesidades impuestas estaban ligadas a los ciclos de la naturaleza, a los lugares susceptibles de practicar, rudimentariamente, la agricultura y la ganadería, el extractivismo y las guerras por estos recursos".

"En ese contexto, que era casi universal en las sociedades de cualquier tamaño de la época, caminar por el territorio le hacía creer en la planitud de la Tierra y, de paso, esto se restringía a lo que él vivía", define.

En este mundo antiguo, la cartografía, herramienta indispensable para la práctica de la localización, cumplía exactamente este papel: trazar direcciones en mapas, lugares esenciales para los objetivos de las funciones vitales del vivir".

El planeta es esférico, por supuesto. Pero, después de todo, el mapa siempre ha sido plano.

"Parte de esta cartografía puede llegar hasta nuestros días a través de los registros mesopotámicos de los pueblos sumerios, asirios, babilónicos, pero no podemos dejar de destacar a los orientales que, posiblemente incluso antes que occidente e influyendo en este, utilizaron una cartografía precisa ya con la intención de delimitar fronteras, sitios de conservación de agua y fines militares", dice Castro.

"Lamentablemente, casi toda esta cartografía se perdió, primero porque era de uso común y porque estaba hecha sobre bases frágiles, como la arcilla".

Para el geógrafo, todo lleva a creer que, a juzgar por el experimento de Eratóstenes y todo el contexto de la época, "el mundo antiguo sabía de esta esfericidad", pero ese conocimiento estaba restringido a pequeños grupos.

"Y que ese conocimiento tenía poco efecto en la vida cotidiana de las sociedades, ya que servía de poco para ganarse la vida. Para eso bastaba la cartografía de una Tierra plana", agrega.

El profesor de Historia Victor Alexandre señala que el debate actual buscado por los terraplanistas "está marcado por una gran negación del consenso científico", en narrativas a menudo alimentadas "por el funcionamiento de las redes sociales".

"A través de internet, las personas que creen que la Tierra es plana pueden conectarse y establecer relaciones afectivas que superan cualquier verdad científica", explica.

"Con eso, creo que para convencer a alguien de que la Tierra en realidad es esférica, será necesario hacer una toma de conciencia, un esfuerzo por establecer una relación cercana con estas personas, por mucho que hacer bromas pueda ser lo más divertido del momento", defiende.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-64722522

Calendario Académico Primer Periodo 2023

 


miércoles, febrero 22, 2023

Sobre la lectura



Voy a hablarles de la lectura. Me referiré a un texto escrito hace unos años. Espero que lo comentemos en detalle para que logremos acercarnos al problema de la lectura. Comencemos con un comentario sobre Nietzsche. Nietzsche tiene muchos textos sobre este tema, pero por ahora les recomiendo sólo dos: el prólogo a la Genealogía de la moral y el capítulo de la primera parte de Zaratustra que se llama “Del leer y el escribir”; hay otros muy buenos en el Ecce Homo y en las Consideraciones intempestivas, particularmente en la que lleva por título, Schopenhauer educador. En ella se habla de lo que significó Schopenhauer para Nietzsche en su juventud y en qué sentido fue para él un educador. Además les recomiendo que se lean Sobre el porvenir de nuestros institutos de enseñanza, pues en él, Nietzsche, hace una crítica de la Universidad como pocas veces se ha hecho, incluso hoy. Vamos a leer el texto sobre la lectura; lo comentaremos y contestaré las objeciones, críticas o insatisfacciones que ustedes me manifiesten.

Acaso ningún escritor haya hecho tan conscientemente como Nietzsche de su estilo, un arte de provocar la buena lectura, una más abierta invitación a descifrar y obligación de interpretar, una más brillante capacidad de arrastrar por el ritmo de la frase y, al mismo tiempo de frenar por el asombro del contenido. Hay que considerar el humorismo con el que esta escritura descarta como de pasada lo más firme y antiguamente establecido y se detiene corrosiva e implacable en el detalle desapercibido: hay que aprender a escuchar la factura musical de este pensamiento, la manera alusiva y enigmática de anunciar un tema que sólo encontrará más adelante toda amplitud y la necesidad de sus conexiones. Este estilo es la otra cara, el reverso de un nítido concepto de la lectura, de un concepto que a medida que se hace más exigente y más quisquilloso libera la escritura de toda preocupación efectista, periodística, de toda aspiración al gran público y de esta manera abre al fin el espacio en que pueden consignarse las palabras del Zaratustra y elaborarse la extraordinaria serie de obras que lo continúan, comentan y confirman. Al final del prólogo de la Genealogía de la moral Nietzsche dice que requiere un lector que se separe por completo de lo que se comprende ahora por el hombre moderno. El hombre moderno es el hombre que está de afán, que quiere rápidamente asimilar; “por el contrario, mi obra requiere de lectores que tengan carácter de vacas, que sean capaces de rumiar, de estar tranquilos”. Nietzsche dice que “existe la ilusión de haber leído, cuando todavía no se ha interpretado el texto. Y esa ilusión existe por el estilo mísero en que escribe.

Pero él va más lejos, el texto que viene más a la mano es el Zaratustra y se encuentra en el primer discurso del Zaratustra. Dice Nietzsche que va a contar la manera como el espíritu se convierte en primer lugar en camello, el camello se convierte en león y éste se convierte finalmente en niño.

Nietzsche dice que primero el espíritu se convierte en camello, es el espíritu que admira, que tiene grandes ideales, grandes maestros. Por ejemplo, en el caso de Nietzsche, Schopenhauer, y una inmensa capacidad de trabajo y dedicación; el camello es el espíritu sufrido, el espíritu que busca una comunidad con cualquier cosa. –Es un aspecto que se refiere al pensamiento, todo el Zaratustra es una teoría del pensamiento–. Si no se logra leer así, no se entiende nada; pero el espíritu no es sólo eso, admiración, dedicación, fervor, y trabajo; el espíritu es también crítica, oposición y entonces dice que el espíritu se convierte en león; Como león se hace solitario casi siempre y en el desierto se enfrenta con el dragón lleno de múltiples escamas y todas esas escamas rezan una misma frase: tú debes. Entonces el espíritu se opone al deber, es el espíritu rebelde, el que toma el tú debes como una imposición interna contra la cual se rebela, que mata todas las formas de imposición y de jerarquía, pero que todavía se mantiene en la negación. Y dice Nietzsche que el león se convierte finalmente en niño y explica así: el niño es inocencia y olvido, un nuevo comienzo, y una rueda que gira, una santa afirmación. Eso ya no es rebelión contra algo; la rebelión contra algo sigue estando determinada por aquello contra lo cual uno se rebela, de la manera en que por ejemplo el blasfemo sigue siendo religioso, porque para pegarle una puñalada a una hostia hay que ser tan religioso como para tragársela; es inocencia y olvido; olvido en Nietzsche es una fórmula muy fuerte, una potencia positiva. Nuestra capacidad de olvidar es nuestra superación del resentimiento. Ahora, el pensamiento funciona con las tres categorías: capacidad de admiración: idealización, trabajo o labor; la capacidad de oposición: critica, rebelión, y otra: la capacidad de creación: sin oponernos a nada, de juego, de inocencia, de rueda que gira. El espíritu es las tres cosas; sólo si esas tres cosas se combinan funciona el pensamiento filosófico; cuando cualquiera de las tres se enuncia sola es una determinada frustración, una filosofía sombría, un dogmatismo o una idealización de cualquier tipo, o una filosofía rebelde que no es más que rebelión, o es también una filosofía que no tiene ni apoyo en aquello a lo que busca integrarse, ni en aquello contra lo que lucha sino que se predica sólo como juego y que como juego sólo es anarquismo vacío.

En un libro más tardío. La voluntad de dominio, Nietzsche retoma estas ideas y las da como historia de su vida; ese mismo juego de oposiciones contiene una filosofía que nos impone un trabajo: interpretar; si no, no entendemos nada. Nietzsche dice comentando algunos artículos sobre su obra: “Creo que la incomprensión que tienen hacia mí, es en el fondo alejada de la lengua que yo hablo; todavía no pueden llegar a mis textos ya que cuando uno no oye nada, puede tener la ilusión de que allí no se dice nada, entonces, hace falta un tiempo para que me oigan. En todo caso los que me elogian están más lejos de mí, incluso que los que me critican”.

Es al primer discurso del Zaratrusta al que Nietzsche se refiere cuando dice que la lectura requiere la interpretación en el sentido fuerte. Es precisamente por eso que su estilo logró imponer la necesidad de interpretar. El Zaratustra es por eso un libro curioso; casi no existe hoy entre nosotros un libro alemán más famoso que el Zaratustra. Es difícil encontrar en Colombia un zapatero que no se haya leído el Zaratustra; se vende en las librerías de segunda al lado de las obras completas de Vargas Vila y sin embargo probablemente no haya un libro más difícil que el Zaratustra; es como si se vendiera al lado de Vargas Vila La fenomenología del espíritu. Tiene pues una situación muy particular, ya que se puede recibir como poesía, o se puede hacer una lectura religiosa; en realidad es un libro muy exigente con el lector; hay que cogerlo casi que párrafo por párrafo y someterlo a una interpretación: eso es lo que exige del lector.

Nietzsche es particularmente explícito sobre este punto al final del prefacio a la Genealogía de la moral (1887) y al final del prefacio a Aurora: “No escribir de otra cosa más que de aquello que podría desesperar a los hombres que se apresuran”. No se trata, sin embargo aquí, como podrían hacer pensar éste y muchos otros textos del “Afán del hombre moderno” que requiere informarse lo más rápidamente posible y al que debiérase oponer una lectura lenta, cuidadosa, y “rumiante”. Al poner el acento sobre la “interpretación” Nietzsche rechaza toda concepción naturalista o instrumentalista de la lectura: leer no es recibir, consumir, adquirir, leer es trabajar. Lo que tenemos ante nosotros no es un mensaje en el que un autor nos informa por medio de palabras –ya que poseemos con él un código común, el idioma– sus experiencias, sentimientos, pensamientos o conocimientos sobre el mundo; y nosotros provistos de ese código común procuramos averiguar lo que ese autor nos quiso decir.

Que leer es trabajar, quiere decir ante todo que no hay un tal código común al que hayan sido “traducidas” las significaciones que luego vamos a descifrar. El texto produce su propio código por las relaciones que establece entre sus signos; genera, por decirlo así, un lenguaje interior en relación de afinidad, contradicción y diferencia con otros “lenguajes”, el trabajo consiste pues en determinar el valor que el texto asigna a cada uno de sus términos, valor que puede estar en contradicción con el que posee el mismo término en otros textos. Para tomar un ejemplo muy sencillo, en contradicción con el valor que tiene en el texto de la ideología dominante. Platón en el Teeteto incluye en el concepto de “Esclavos” a los reyes, los jueces y en general a todos los que no pueden respetar el tiempo propio que requiere el desarrollo del pensamiento porque están obligados a decidir o concluir en un plazo determinado y ese plazo prefijado los excluye de la relación con la verdad, la cual tiene sus propios ciclos, sus caminos y sus rodeos, sus ritmos y sus tiempos que ninguna instancia y ningún poder pueden determinar de antemano. Así Nietzsche llama “Voluntad de dominio” a una fuerza unificadora perfectamente impersonal que confiere una nueva ordenación y una nueva interpretación a los elementos que estaban hasta entonces determinados por otra dominación. Esta noción es por lo tanto no sólo ajena a la significación que le asigna la ideología dominante, sino directamente opuesta, puesto que en ésta se entiende como deseo de dominar, superar, de oprimir a otros dentro de los valores y jerarquías existentes y por lo tanto de someterse a esos valores y jerarquías.[1] Traemos esto a cuento, sólo para indicar que toda lectura “objetiva”, “neutral” o “inocente” es en realidad una interpretación: la dislocación de las relaciones internas de un texto para someterlo a la interpretación de la ideología dominante.

Quiero subrayar aquí un punto: no hay un tal código común. Cuando uno aborda el texto, cualquier que sea, desde que se trate de una escritura en el sentido propio del término, es decir, en el sentido de una creación, no de una habladuría, como dice Heidegger (por que las habladurías también se pueden escribir, eso es lo que hacen todos los días los periodistas, escribir habladurías) cuando se trata, de una escritura en el sentido fuerte del término entonces no hay ningún código común previo, pues el texto produce su propio código, le asigna su valor; ese es un punto importantísimo en la teoría de la lectura; voy a tratar de acercarme un poco más a las lecturas de ustedes; como desgraciadamente ustedes tienen una idea del marxismo según la cual hay que estudiar marxismo y sólo marxismo, entonces como a Marx; bueno, por lo menos sí es un gran escritor. Cuando nosotros abrimos El Capital, no tenemos con Marx un código común; por ejemplo: Marx comienza a hablarnos de la mercancía: “La riqueza de las sociedades donde impera el régimen capitalista de producción se nos aparece como un inmenso arsenal de mercancías”... pero precisamente el concepto de mercancía y el concepto de riqueza que están en la primera frase de El Capital no nos es común. Nosotros lo entendemos sin necesidad de buscarlo en el diccionario, nadie ignora qué es una mercancía, nosotros creemos y lo entendemos también por una vía empírica porque podemos dar ejemplos. ¡Ah! si, la mercancía... lo que está exhibido en las vitrinas de los almacenes. Pero Marx nos va a mostrar que nosotros no sabemos qué es la mercancía, ni tampoco qué es riqueza. Marx nos dice en el primer apartado de la Crítica del programa de Gotha, que dicho programa comenzaba tan tranquilamente con la tesis de que toda la riqueza procede del trabajo y Marx dice, no, la riqueza no procede del trabajo, procede igualmente de la naturaleza; Marx complica inmediatamente la cosa mercancía; son las relaciones sociales de producción las que llevan en sí el poder sobre el trabajo.

La riqueza se presenta (se presenta pero no es) como una gran acumulación de mercancías, incluso, “se presenta”, en una formulación permanente de Marx. Luego dice Marx: la manera como las cosas se presentan no es la manera como son; y si las cosas fueran como se presentan la ciencia entera sobraría. Por lo tanto, el texto produce su código, no tenemos un código común, tenemos que extraer el código del texto mismo de Marx, Código quiere decir un término al que el receptor y el emisor asignan un mismo sentido. Sin un término al que se le asigne un mismo sentido no hay mensaje y por eso, por ejemplo, un hablante de una lengua como el chino u otra lengua desconocida, no constituye para nosotros un mensaje porque no tenemos código común. El problema de la lectura es que nunca hay un código común cuando se trata de una buena escritura.

Tenemos que descifrar el código de la manera como esa escritura lo revele. La literatura como la filosofía imponen un código que hay que definir y el texto lo define; cada término se define por las relaciones necesarias que tiene con los otros términos.

Si nosotros no llegamos a definir qué significa para Kafka el alimento, entonces nunca podremos entender La metamorfosis, “Las investigaciones de un perro”, “El artista del hambre”, nunca los podremos leer; cuando nosotros vemos que alimento significa para Kafka motivos para vivir y que la falta de apetito significa falta de motivos para vivir y para luchar, entonces se nos va esclareciendo la cosa. Pero, al comienzo no tenemos un código común, ese es el problema de toda lectura seria, y ahora, ustedes pueden coger cualquier texto que sea verdaderamente una escritura, si no le logran dar una determinada asignación a cada una de las manifestaciones del autor, sino que le dan la que rige en la ideología dominante, no cogen nada. Por ejemplo, no cogen nada del Quijote si entienden por locura una oposición a la razón, no cogen ni una palabra, porque precisamente la maniobra de Cervantes es poner en boca de Don Quijote los pensamientos más razonables, su mensaje más íntimo y fundamental, su mensaje histórico, y no es por equivocación que a veces delira y a veces dice los pensamientos más cuerdos. Ustedes encuentran en el Quijote los textos más alarmantemente locos; en boca de Don Quijote también encuentran la parodia más maligna y los textos más razonables:

“Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos...”. Ahí está Don Quijote hablando de la locura. En cierto sentido es la locura en el sentido de la inadaptación, es la sabiduría en el sentido de la inadaptación. El Quijote es el hombre tardío, el hombre que ha fracasado en todo durante la vida, que no ha sido más que un fracaso y que no resigna a la vida cotidiana y prefiere salir y salir quiere decir muchas cosas: nacer, enloquecerse, desadaptarse, aventurarse, entonces Cervantes construye todo el comienzo del Quijote, con la imagen del hombre cotidiano, por parejas de oposición, una cosa verdaderamente extraordinaria, una estructura musical, todo está en parejas de oposición: “Y tenía en su casa un ama que no pasaba de los cuarenta y una sobrina que no llegaba a los veinte, y se pasaba las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio leyendo libros de caballería” –todo cae en oposiciones– “hasta que cayó en la más extravagante idea que hubiese dado loco alguno y fue que parecióle convenible y necesario, así como para el aumento de su honra como para el servicio de su república hacerse caballero andante” y culmina ahí, eso es música. Pero el Quijote es eso, un hombre que se iba a morir allí, en una haciendita, con un caballito, con un perrito, con una sobrina y una ama; ya tiene 50 años y no ha pasado nada, y Cervantes tiene 50 años y está en la cárcel y no ha pasado nada, y ha fracasado en todo y de pronto sale y ese salir es un nacimiento y sale Cervantes y sale Don Quijote, esa maravilla, el hombre con 50 años de fracasos se niega a que su vida termine en una muerte solitaria, en una vida cotidiana apagada y prefiere la locura a la cotidianidad, pero eso no lo dice Cervantes, eso lo tenemos que construir los lectores al ir construyendo el código.

La más notable obra de nuestra literatura –porque en toda nuestra literatura no hay nada comparable– en el bachillerato nos la prohíben, es decir, nos la recomiendan; es lo mismo que prohibir, porque recomendar a uno como un deber lo que es una carcajada contra la adaptación, es lo mismo que prohibírselo. Después de eso uno no se atreve ni a leerlo, le cuentan que el gerundio está muy bien usado, le hablan de sintaxis, de gramática, del arte de los que saben cómo se debería escribir pero que escriben muy mal: una cosa que a Cervantes no le interesaba, pues lo que hacía era escribir soberanamente, con las más ocultas fibras de su ser. Cuando nosotros llegamos a abrir los ojos ante el Quijote, con asombro, nos damos cuenta que tanto Sancho como el Quijote pueden estar de acuerdo porque ambos son irrealistas, el uno construye una realidad, el otro se atiene a la inmediatez, lo real pasa por encima de uno y por debajo del otro y en conjunto los dos son una crítica de la realidad, a nombre de la inmediatez del deseo y a nombre de la trascendencia del anhelo. La realidad es la que queda muerta, no ellos.

Y sin embargo, Cervantes no nos puede dar eso inmediatamente; el más grande de nuestros autores, un hombre de la altura de Shakespeare, nos da un texto que si nosotros no somos capaces de descifrar, de interpretar, no lo entendemos. No somos capaces ni siquiera de leerlo, o lo leemos por “fuerza de voluntad”, que es peor; pero de lo que se trata es de coger el entusiasmo, coger el ritmo, coger el estilo de Cervantes, o mejor dicho los estilos de Cervantes. Cervantes sabe hacerlo todo, el estilo metonímico de Sancho, apoyado en refranes para darse aire de que no es él el que lo dice y poner la ponzoña por debajo; el estilo lírico de Don Quijote: “Ya no hay hombre que saliendo de este valle entre en aquella montaña y de allá pise una desierta y desolada playa de mar"; esa combinación de estilos que nos da el Quijote se nos escapa porque no sabemos leerlo; ese es el problema que yo les planteo, pues el problema no es que tengamos nada que leer porque traduzcan mal, sino que no sabemos leer nosotros. Claro, ya en el bachillerato nos prohíben El Quijote, ¿por qué nos lo prohíben?; desde la primaria, antes del bachillerato, se introduce una serie de oposiciones en las que ingresamos desde el primer año: el tiempo de clase donde se aprende, aburridor, y el recreo donde se disfruta sin aprender. El Quijote no cabe en esos dos tiempos, porque el Quijote es una fiesta y al mismo tiempo el más alto conocimiento.

Si nosotros tomamos El Capital como un deber, si no somos capaces de tomarlo como una fiesta del conocimiento, tampoco lo podemos conocer; en ese sentido también nos está prohibido el Zaratustra, que es un verdadero libro, la filosofía más rigurosa, más completa de la Alemania del siglo XIX, dicha en forma de verdadera fiesta. Nietzsche quiere romper el saber del lado del deber, y del lado de la diversión, el olvido de sí, el embrutecimiento. Nietzsche quiere romper eso, entonces hace la filosofía más rigurosa que se pueda hacer, en tono de fiesta, eso es el Zaratustra –es el sentido fundamental del Zaratustra.

Pero si queremos saber qué significa interpretar, partamos de una base: interpretar es producir el código que el texto impone y no creer que tenemos de antemano con el texto un código común, ni buscarlo en un maestro. ¡Ah! es que todavía no tengo elementos, dicen los estudiantes; el estudiante se puede caracterizar como la personificación de una demanda pasiva. “Explíqueme”, “deme elementos”, “¿cuáles son los prerrequisitos para esta materia?”, “¿cómo estamos en la escalera?”, “¿cuántos años hay que hacer para empezar a leer El Quijote? No hay que hacer ningún curso.

Hay que aprender a pensar. Lo que se les olvida de El Capital, a todos los marxistas es el prólogo. Esta obra no requiere conocimientos previos, sólo la capacidad de saber pensar por sí mismos. No podemos leer a Marx con la disculpa de que “realmente me faltan elementos, sería mejor haber conocido a Hegel, entonces vamos con Hegel pero Hegel está discutiendo a Kant, entonces me faltan elementos y vamos con Kant, pero Kant está discutiendo a Hume, entonces me faltan elementos y vamos con Hume, pero Hume está discutiendo a Descartes y vamos...” y entonces comience con Tales de Mileto y cuando tenga 80 años llegará a Sócrates, si le va bien. Lo que le falta no son elementos, lo que le falta es interpretación, posición activa, discusión con el texto. Pero el estudiante tiene una posición pasiva, deme elementos, métodos, es decir cabestro, pero ¿cuál es el método? El método es pensar, es interpretar, criticar. Se puede empezar un estudio de filosofía perfectamente con El Ser y el Tiempo de Heidegger, los prerequisitos están en el texto mismo. Pero la educación es un sistema de prohibición del pensamiento”, transmisión del conocimiento como un deber, el conocimiento como algo dado, petrificado. ¿Qué le falta para leer el Quijote? Le falta aprender a leer. ¡Qué elementos ni qué apoyos, ni qué críticos, ni qué muletas, ni qué cabestro! Le falta aprender a leer, eso es lo que pasa y por eso no siente la maravilla del tono, del estilo, no siente la música secreta, la finura de la parodia, la terrible ponzoña de Cervantes. Don Quijote cree en los libros de caballería, es una locura, ¿por qué una locura? Porque no son una ideología dominante y por eso los pone Cervantes; en cambio si fueran una ideología dominante no serían una locura. Por ejemplo, el cura le dice a Don Quijote: “Y vos alma de cántaro. Don Quijote o Don Tonto, o como os llaméis, quién ha venido a contaros que hay gigantes, malandrines y encantadores, ni los hubo nunca en el mundo y por qué no vais a preocuparte por tu. Y mujer y tus hijos en vez de ir disparatando por el mundo?”. Y Don Quijote le dice: “¡Ah! pero la biblia que no puede faltar en nada a la verdad, nos enseña que los hubo, contándonos la historia de aquel gigantazo de Goliat”. En otras palabras don Quijote le dice al cura que el problema consiste en que mientras él –Don Quijote– cree en los libros de caballería, el cura cree en la Biblia. El cura cree que lo de Don Quijote es loco porque lo siguen pocos y lo suyo es cuerdo porque lo siguen muchos.

Esa finura y esa ponzoña de Cervantes, su agudeza de pensamiento, su critica fundamental de la ideología, eso no se coge de buenas a primeras si no se interpreta el texto; sólo así se comprende que es una verdadera fiesta del pensamiento y del lenguaje, que párrafo por párrafo es una música que se derrama una y otra vez. Sin embargo, a nosotros nos la prohíben. Todos nos dicen que es una vergüenza que no lo hayamos leído, entonces nos callamos, pero con vergüenza, claro, porque eso sí lo aprendemos, la capacidad de avergonzarnos, o lo leemos por fuerza de voluntad, pero de todas maneras nos está prohibido.

Estamos instalados en un lenguaje complejo y hay que aprender a leer; la primera fórmula es ésta: el código que producimos como lectores. Hay algunos autores que nos desafían desde la primera frase: Kafka, Musil, nos desafían a que produzcamos su código, que no es común.

Cuando uno abre La Metamorfosis y lee: “Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda, y, al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre obscuro, surcado por curvadas callosidades, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha que estaba visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia”. Ahí hay que interpretar o cerrar el libro, ahí sí no se llama nadie a engaño. Hay que tener en cuenta esto: “No hay obras fáciles”. Es una frase de Valery: no hay autores fáciles, lo que hay son lectores fáciles, Hay autores que son más francos, como Kafka, que de una vez le muestra a uno que si no interpreta lo mejor es devolverse. Hay , otros que son camuflados como Dostoyevski; uno puede leer Crimen y castigo sin darse cuenta de que no ha entendido nada, sino que un señor mató a dos viejas y finalmente lo metieron a la cárcel; y en las páginas rojas de los periódicos aparecen cosas de esas todos los días, eso no quiere decir nada, eso no tiene que ver nada con Crimen y castigo.

No hay textos fáciles; no busquen facilidad por ninguna parte, no busquen la escalera, primero Marta Harneker, después Althusser; eso es lo peor; no hay autores fáciles, lo que hay son lectores fáciles, que leen con facilidad porque no saben que no están entendiendo, por eso les parece más sencillo Descartes que Hegel. Toda lectura es ardua y es un trabajo de interpretación: fundación de un código a partir del texto, no de la ideología dominante preasignada a los términos.

Pregunta: ¿Pero yo me imagino que eso no se va a descubrir en un párrafo sino en el desarrollo mismo del texto?

Respuesta: Sí, en el desarrollo mismo del texto, pero hay que preguntárselo y no poner esta disyuntiva básicamente estudiantil: entiendo o no entiendo. Esa disyuntiva estudiantil quiere decir, “¿con esto podría presentar examen o no podría?”. Hay que dejarse afectar, perturbar, trastornar por un texto del que uno todavía no puede dar cuenta, pero que ya lo conmueve. Hay que ser capaz de habitar largamente en él, antes de poder hablar de él; como hacemos con todo, con la Novena sinfonía, con la obra de Cezanne, ser capaz de habitar mucho tiempo en ella, aunque todavía no seamos capaces de decir algo o sacarle al profesor – porque siempre hay para los estudiantes un profesor, ese es el problema– la pregunta, “¿y esto qué quiere decir?”. Ese profesor puede ser uno mismo, puede ser imaginario o real, pero siempre hay una demanda de cuentas a alguien, en vez de pedirle cuentas al texto, de debatirse con el texto, de establecer un código.

Pero no vaya a creerse que el trabajo a que aquí nos referimos consiste en restablecer el pensamiento auténtico del autor, lo que en realidad quiso decir. El así llamado autor no es ningún propietario del sentido de su Textos.                        

Si cogemos el ejemplo del Quijote, el verdadero problema no es el preguntarse qué quería decir Cervantes; el problema es qué dice el texto y el texto siempre dice las cosas que se escapan al autor, a la intención del autor. El autor no es una última instancia. Lo que Cervantes quiso decir no es la clave del Quijote. No hay ningún propietario del sentido llamado autor; la dificultad de escribir, la gravedad de escribir, es que escribir es un desalojo. Por eso, es más fácil hablar; cuando uno habla tiende a prever el efecto que sus palabras producen en el otro, a justificarlo, a insinuar por medio de gestos, a esperar una corroboración, aunque no sea más que un Shhh, una seña de que le está cogiendo el sentido que uno quiere; cuando uno escribe, en cambio, no hay señal alguna, porque el sujeto no lo determina ya y eso hace que la escritura sea un desalojo del sujeto. La escritura no tiene receptor controlable, porque su receptor, el lector, es virtual, aunque se trate de una carta, porque se puede leer una carta de buen genio, de mal genio, dentro de dos años, en otra situación, en otra relación; la palabra en acto es un intento de controlar al que oye; la escritura ya no se puede permitir eso, tiene que producir sus referencias y no la controla nadie; no es propiedad de nadie el sentido de lo escrito. “Este sentido es un efecto incontrolable de la economía interna del texto y de sus relaciones con otros textos; el autor puede ignorarlo por completo, puede verse asombrado por él y de hecho se le escapa siempre en algún grado: Escritura es aventura, el “sentido” es múltiple, irreductible a un querer decir, irrecuperable, inapropiable. “Lo anterior es suficiente para disipar la ilusión humanista, pedagógica, opresoramente generosa de una escritura que regale a un “Lector Ocioso” (Nietzsche) un saber que no posee y que va a adquirir”.

Estas observaciones pueden servir de introducción a un tema central en la teoría de la lectura, tema en el que dejaremos, otra vez para comenzar, la palabra a Nietzsche, estudiando dos proposiciones aparentemente contradictorias y formuladas con todo el radicalismo deseable en Ecce Homo:

a.               “En última instancia nadie puede escuchar en las cosas, incluidos los libros, más de lo que ya sabe. Se carece de oídos para escuchar aquello a que no se tiene acceso desde la vivencia. Imaginémonos el caso extremo de un libro que no hable más que de vivencias que, en su totalidad, se encuentran más allá de la posibilidad de una experiencia frecuente o, también, poco frecuente, de que sea el primer lenguaje para expresar una serie nueva de experiencias. En este caso sencillamente, no se oye nada, lo cual produce la ilusión acústica de creer que donde no se oye nada, no hay tampoco nada”.

b.               “Cuando me represento la imagen de un lector perfecto siempre resulta un monstruo de valor y curiosidad, y además, una cosa dúctil, astuta, cauta, un aventurero y un descubridor nato. Por fin: mejor que lo he dicho en Zaratustra no sabría yo decir para quién únicamente hablo en el fondo; ¿a quién únicamente quiere él contar su enigma?”.

“A vosotros los audaces, buscadores, y a quien quisiera que alguna vez se haya lanzado con astutas velas a mares terribles. A vosotros los ebrios de enigmas que gozáis con la luz del crepúsculo, cuyas almas son atraídas con flautas a todos los abismos laberínticos; allí donde podéis adivinar, odiáis el deducir...”. 

¿Cómo mantener asidos los dos extremos de esta cadena en la que se nos propone que no se lee sino lo que ya se sabe y que para leer es preciso ser un aventurero y un descubridor nato?

La primera cita parece amargamente pesimista, la segunda es terriblemente exigente; considerémoslas de cerca. En el primer caso Nietzsche especifica el 'ya se sabe' como aquello a lo cual se tiene acceso desde la vivencia. Declara muda, inaudible, invisible, toda palabra en la que no podemos leer algo que ya sabíamos; ilegible todo lenguaje que no sea el lenguaje de nuestro problema, si nuestros conflictos y nuestras perspectivas no han llegado a configurarse como una pregunta y una sospecha de la que ese lenguaje es expresión, desarrollo y respuesta, nada podemos oír en él. Recordemos aquí la extraordinaria tensión que se produce al final de la segunda parte del Zaratustra, en el capítulo titulado “La más silenciosa de todas las horas”, principalmente en el pasaje en que Zaratustra está lleno de terror. “Entonces algo volvió a hablarme sin voz: lo sabes, Zaratustra, pero no lo dices”.[2] 

Y en efecto Nietzsche despliega en estas páginas de transición entre la segunda y la tercera parte, todas las sutilezas de su arte para indicar que la mayor dificultad consiste en decir lo que ya se sabe, en reconocer lo que secretamente se conoce; que es un abismo aterrador porque se conoce, porque si no se conociera sería una palabra vacía; pero si se reconoce nos hace pedazos. Aquí encontramos el vínculo entre lo “Que ya se sabe”, y la exigencia de valor, de audacia y de arriesgarse a ser descubridor. El lector que Nietzsche reclama no es solamente cuidadoso, “rumiante”, capaz de interpretar. Es aquel que es capaz de permitir que el texto lo afecte en su ser mismo, hable de aquello que pugna por hacerse reconocer aún a riesgo de transformarle, que teme morir y nacer en su lectura; pero que se deja encantar por el gusto de esa aventura y de ese peligro. Pero ¿cómo puede el lector permitir que el texto lo afecte en su ser? y además, ¿cuál ser? Es evidente que esas exigencias nos conducen hacia la lectura, pero no sabemos nada aún de ese “Dejarse afectar” y ninguna apelación al “coraje” o al valor, es suficiente aquí.

Así como, téngase buena o mala vista, hay que mirar desde alguna parte, así mismo hay que leer desde alguna parte, desde alguna perspectiva. Y ahora, ¿qué puede ser una perspectiva para leer? Esa perspectiva tiene que ser una pregunta aún no contestada, que trabaja en nosotros y sobre la cual nosotros trabajamos con una escritura (sólo se debe escribir para escritores y sólo el que escribe realmente lee). Una pregunta abierta es una búsqueda en marcha que tiene un efecto específico sobre la lectura; ¿cuál? Algunos amigos me han dicho que esa frase es muy fuerte; yo la respaldo; sólo se debe escribir para escritores y sólo el que escribe, realmente lee. En este caso mi inspiración consciente más próxima, es también Nietzsche: “Un siglo más de lectores y el espíritu mismo olerá mal” dice Nietzsche. Qué cantidad de lectores: Se lee desde un trabajo, desde una pregunta abierta, desde una cuestión no resuelta; ese trabajo se plasma en una escritura; entonces, todo lo que se lee alude a lo que uno busca, se convierte en lenguaje de nuestro ser. No se lee por información, ni por diversión; eso no es lectura en el sentido que queremos darle en este texto a la lectura.           

Siempre se lee porque uno tiene una cuestión qué resolver y aspira a que el texto diga algo sobre la cuestión; lo más importante en toda teoría de la lectura es salir de la idea de la lectura como Consumo esa idea rige por ejemplo en la crítica literaria, claro que no en la freudiana, o en la de Barthes o la de Bajtin. Le recomiendo a todo el que pueda conseguirlo que se lea un libro de Bajtin sobre Dostoyevski, titulado La poética de Dostoyevski; lo escribió en el 29; lo prohibió el camarada Stalin y acaba de ser publicado en Rusia y traducido al francés. Es lo más grande que hay hoy en la crítica literaria; mientras tanto Bajtin se pasó 40 años en una pequeña aldea siberiana como profesor de Gramática Rusa.

Es una obra sencillamente gigantesca; el análisis del siglo de Dostoyevski; sobre nadie tenemos una cosa tan incompleta, tan global. Es un tipo de lectura que no se pone a hablar de lo que pueden querer decir las obras de Dostoyevski, sino que se escribe sobre el estilo de Dostoyevski; eso es lo verdaderamente sorprendente. Creo que con Bajtin la estilística, como rama efectivamente independiente de conocimiento, queda fundada.

Observación preliminar. Poseemos una magnífica, una redentora capacidad de olvidar todo lo que no podemos convertir en un instrumento de nuestro trabajo. Y como ese trabajo es en realidad un proceso que sigue vías múltiples, senderos tortuosos y a menudo toma por atajos inesperados, solemos recoger materiales en los lugares más inesperados, casi en todas partes; cualquiera que tenga una experiencia de lectura (y con mayor razón si es “adicto”), ya que algunos psicoanalistas, Fenichel por ejemplo, hablan de adición a la lectura en sus estudios sobre drogadictos, cualquiera que acostumbre a tomar al azar en un rato de ocio, el primer libro que tenga a la mano, habrá notado sin duda, con cierto asombro, cuan frecuentemente encuentra allí, donde quería olvidarse un rato, que el libro le habla del problema que en ese momento le estaba trabajando.

No hay sin embargo aquí nada de extraño, ni es necesario negar el azar de la escogencia apelando por ejemplo a una premeditación inconsciente: la selección había sido hecha por el problema durante la lectura misma, el problema buscaba sus conceptos, sus conexiones y recibía y capturaba todo lo que le pudiera llenar sus lagunas, las discontinuidades entre los puntos que parecían esclarecidos, y desechaba todo lo demás; o mejor dicho, como no lo capturaba no podía verlo puesto que era el problema mismo el que leía, aquel del que queríamos descansar un poco y que sin embargo seguía trabajando oscuramente como un topo.

Hay que tomar por lo tanto en su sentido más fuerte la tesis de que es necesario leer a la luz de un problema. Como se ve, a medida que escribo estas líneas, el concepto de “problema” ha venido a sustituir subrepticiamente el concepto de “preguntas abiertas” como si se tratara de la misma cosa, o como si fuera algo más explícito, cuando en realidad en el lenguaje corriente es el término más vago que existe. Sin embargo aquí además de substituirse comienza ya a definirse: un problema es una esperanza y una sospecha. La sospecha de que existe una unidad, una articulación necesaria allí donde hay algunos elementos dispersos, que creemos entender parcialmente, que se nos escapan, pero insisten como una herida abierta; la esperanza de que si logramos establecer esa articulación necesariamente quedará explicado algo que no lo estaba; quedará removido algo que impedía el proceso de nuestro pensamiento y funcionaba por lo tanto como un nudo en nuestra vida; quedará roto un lazo de aquellos que nos atan, obligándonos a emplear toda nuestra energía, nuestra agresividad y nuestra libido en lo que Freud llamaba “una guerra civil” sin esperanzas. El trabajo de la sospecha consiste en entregar o someter todos los elementos a una elaboración, a una crítica, que permita superar el poder de las fuerzas que los mantienen dispersos y yuxtapuestos o falsamente conectados. Porque se trata siempre de una fuerza: represión, ideología dominante, racionalización, etc.”.

Leer a la luz de un problema es, pues, leer en un campo de batalla, en el campo abierto por una escritura, por una investigación.

El que quiere descifrar en su vida realmente, efectivamente, un problema, por ejemplo, el que quiere descifrar en su vida el enigma del matrimonio, las dificultades de la compaginación, de convivencia de la pareja, de amor y amistad, de dependencia y amor, de hostilidad y dependencia, entonces puede leer con provecho Ana Karenina; el que no está en eso, no la lea; no la lea, puede que la termine, pero lo que se llama leer, pensar a Tolstoi, no. Ahora, si nosotros queremos evitar todos los problemas y en abstracto aprender, nos volvemos unos estudiantes, porque los estudiantes, como se sabe, “leen”.

Así pues, eso era lo que quería decir la fórmula, que hay que leer desde alguna parte, así como hay que mirar desde alguna parte. “Por lo demás no cabe duda de que esta batalla no se libra principalmente en el escenario de la conciencia. Basta leer El hombre de los lobos o La organización genital infantil de Freud, para saber que ya los cuentos de hadas y las explicaciones sobre el nacimiento y la diferencia de los sexos son leídos, es decir, interpretados, criticados, capturados y desechados a partir del drama que Freud no vacila en calificar de Investigación Originaria”.

Recomiendo a todo el que quiera tener una teoría del conocimiento más o menos fundada, la lectura de La organización genital infantil; probablemente no poseemos hoy una teoría del conocimiento que pueda ser considerada superior a esa; especialmente el capítulo que se llama Teorías sexuales infantiles. Ahí Freud nos dice que el niño es un investigador, esa es su esencia; pero describiéndonos al niño como investigador, nos da las condiciones de todo investigador niño o no y de toda investigación.

Pero, inconscientemente o no, la lectura es siempre el sometimiento de un texto que por sus condiciones de producción y por sus efectos escapa a la propiedad de cualquier “autor”; es una elaboración, parte de un proceso, que en ningún caso puede ser pensado como consumo; puede ser lenguaje en que se reconoce una indagación o puede ser neutralizado por una traducción a la ideología dominante, pero no puede ser la apropiación de un saber. Y ese es el punto al que hay que llegar para romper la concepción y la práctica de la lectura en la ideología burguesa.

También aquí el capital tiene su propia concepción que corresponde natural y humildemente al sentido común, el más peligroso de los sentidos.

a. Ante todo la lectura no puede ser sino una de las dos cosas en las que el capital divide el ámbito de las actividades humanas: producción o consumo. Cuando es consumo, gasto, diversión, “recreación”, se presenta como el disfrute de un valor de uso y el ejercicio de un “derecho” (la burguesía esgrime como su consigna más querida el derecho, los derechos, la igualdad de derechos; con lo cual oculta siempre, como demostró una y otra vez Marx, el problema mucho más interesante, de las posibilidades reales y de los procesos objetivos que determinan las posibilidades y las imposibilidades).

a.               Como producción, la lectura es: trabajo, deber, empleo útil del tiempo. Actividad por medio de la cual uno se vuelve propietario de un saber, de una cantidad de conocimientos, o en términos más modernos y más descarnados, de una cantidad de información, y, en términos algo pasados de moda, “adquiere una cultura”. Este es el período del ahorro, de la capitalización; aquí es necesario abrir la caja de ahorros, la “memoria”, y sus sucursales: archivadores, notas y ficheros.

b.               En el primer momento se trata, como demostró Marx, de todo “consumo final”, de la reproducción de las clases, aquí de la reproducción ideológica, de la inculcación de los “valores”, las opiniones y las cegueras, que necesita para funcionar”.

En la segunda forma de lectura se procede por una división del trabajo mucho más precisa, puesto que la lectura, ahorro-deber, no es ya el consumo final sino la formación de los funcionarios de la repetición, de la reproducción ideológica, aun cuando se trate de una reproducción ampliada y su capital fructifique; es decir, no sólo transmiten los conocimientos adquiridos sino que los desarrollan; producen dentro de la misma rama, o tecnológicamente hablando `crean'. Pero sea que se trate como ahorro o como gasto, la lectura queda siempre como recepción.

Ahora bien, si la lectura no es recepción, es necesariamente interpretación. Volvemos pues a la interpretación. Psicoanalítica, lingüística, marxista, la interpretación no es la simple aplicación de un saber, de un conjunto de conocimientos a un texto de tal manera que permita encontrar detrás de su conexión aparente, la ley interna de su producción. Ante todo porque ningún saber así es una posesión de un sujeto neutral, sino la sistematización progresiva de una lucha contra una fuerza específica de dominación; contra la explotación de clase y sus efectos sobre la conciencia, contra la opresión, contra las ilusiones teológicas, teleológicas subjetivistas, sedimentadas en la gramática y en la conciencia ingenua del lenguaje.

El texto citado en realidad es una alusión a Nietzsche.

Nietzsche dice: No nos liberamos de Dios mientras mantengamos nuestra fe ingenua en el lenguaje, porque el lenguaje, la gramática impone un sujeto y distingue al sujeto de las actividades que realiza; esto es teológico; la estructura del lenguaje nos impone un sujeto allí donde el sentido de la frase lo destruye, por ejemplo, en la frase: el viento sopla. ¿Quién sopla? El viento. Qué sopla ni qué sopla, el viento es aire en movimiento, ahí no hay nadie que sople; pero la estructura del lenguaje nos impone siempre la denominación de la cosa como un sujeto que actúa y un objeto que padece. El sujeto impone. Eso lo había visto muy bien Nietzsche; en Más allá del bien y del mal lo plantea. El lenguaje nos impone una estructura teológica, por todas partes está inventando un sujeto de la acción y algo que padece la acción; por eso dice Nietzsche que no nos liberaremos de Dios mientras permanezcamos presos de la gramática.

Pregunta: ¿Dios entonces es la contaminación ideológica del lenguaje, la imposición subrepticia?

Respuesta: Sí, por eso cuando pronunciamos una palabra tenemos que vivir alerta de su contaminación ideológica. Las palabras no son indicadores neutrales de un referente, sino calificativos aunque uno no lo quiera; en una determinada formación social, si uno dice mujer, con eso quiere ya decirlo todo: un ser que es mitad florero y mitad sirvienta, pero en otra formación social podría querer decir otra cosa, por ejemplo, compañera; pero siempre la palabra tiene una adherencia, la palabra es siempre más calificativa de lo que uno cree.

Nadie ha llegado a saber marxismo si no lo ha llegado a leer en una lucha contra la explotación, ni psicoanálisis si no lo ha leído (sufrido) desde un debate con sus problemas inconscientes; y el desarrollo de la lingüística y su meditación actual, por Derrida, muestra que nadie llegará a ser lingüista, sin una lucha con la teología implícita en nuestro lenguaje y en las formas clásicas de pensarlo.

Unos psicoanalistas hablan del problema del tiempo propio del lenguaje: me refiero principalmente a Lacan y naturalmente a algunos de sus discípulos. El problema se puede describir así: cualquier formulación en el lenguaje, espera su sentido de lo que la complementa; lo que quiere decir que cualquier recepción del lenguaje es necesariamente una interpretación retrospectiva de cada uno de sus términos a la luz del conjunto de la frase o del texto.

Es decir, que no es una suma de informes progresivos, sino una reinterpretación por el conjunto de los momentos del discurso. Hay pues una espera para la interpretación retrospectiva, que es el arte de escuchar, o si ustedes quieren, también el arte de leer pero ya en el lenguaje como tal, ya en el escuchar más simple, hay una espera, es un ejercicio interesante el de darse cuenta de que las palabras más corrientes son terriblemente indefinibles; si a uno le dicen qué quiere decir una palabra uno se pone a pensar seriamente en eso, se da rápidamente cuenta de que su significado depende de los contextos en que esté dicha, es decir, que si a nosotros nos preguntan por ejemplo qué quiere decir un verbo bien corriente, el verbo hacer: ¿qué es hacer? hacer es casi todo, se puede dejar por hacer y también deshacer un tejido. ¡No hagas eso!, se le dice al niño. ¿Y qué está haciendo él? Está deshaciendo algo, entonces hacer es deshacer.

En una palabra, el término más corriente deriva su sentido del contexto.

El que crea encontrar el sentido de una fórmula de El Capital allí donde está y no tenga la idea del viaje de regreso, no lo encuentra. Por ejemplo, una fórmula como ésta: Se va a conocer el capital por medio del estudio de la mercancía, porque en las sociedades donde domina el modo de producción capitalista, la riqueza se presenta como una gran acumulación de mercancías. ¿Qué quiere decir “se presenta”? Sólo avanzando en la lectura, llegamos a descubrir que esa tendencia a presentarse es esencial a la cosa, pero en la frase misma no sabemos qué es lo que quiere decir, pues Marx después demuestra que riqueza no es lo mismo que valor, que valor no es lo mismo que valor de uso, que todos los recursos naturales también son riquezas aunque no sean valores, porque no son producto del trabajo, y luego nos ilustra más y nos dice que tienden a devenir mercancías precisamente por estar bajo un régimen de producción de mercancías, así pues sólo poco a poco la frase nos resulta inteligible retrospectivamente, pero inicialmente no da la razón de sí.

Ante la lectura, si se hace una lectura seria, se tiene que asumir una posición similar a la forma de escuchar que propuso Freud.

Es necesario aprender una disciplina difícil; esa disciplina la puedo determinar así: la suspensión del juicio. El lector de El Capital tiene que tomar ese libro –o cualquier otro libro serio– como una pregunta. Si lo enfrenta como una respuesta anula toda posibilidad de lectura seria, es decir, transformadora. Con ese “método” se pueden dogmatizar hasta los libros más revolucionarios.

Uno de los problemas de la lectura es la lectura posesiva, cosa que a los estudiantes les cae supremamente bien, porque les enseña el modelo de la escalerita. La escalerita quiere decir: ir de escalón en escalón, de lo simple a lo complejo, y lo simple es el profesor. ¿Cuál simple? ¿Dónde hay algo simple? ¡Ah! pero la pedagogía dice: primero los elementos esenciales y después veremos...”.

Ese es el modelo desgraciadísimo y que nos produce el efecto de una lectura obsesiva. El obsesivo quiere orden; cada cosa en su lugar dice el ama de casa obsesiva, la neurosis colectiva del ama de casa lo manda así: el aseo. el orden, los pañales, cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa. Y así quiere uno leer también: primero tengamos esto claro para poder seguir, porque cómo vamos a seguir si no tenemos eso claro. Esto es falso, pues precisamente los problemas se esclarecen después; es necesario seguir, plantear los problemas, volver, en síntesis, trabajar. ¡Qué cuentos de detenernos!

¡No! La lectura es riesgo. La exigencia de rigor muchas veces puede ser una racionalización, el temor al riesgo hace que la lectura sea prácticamente imposible y genera una lectura hostil a la escritura cuando lo que debe predicarse es exactamente lo contrario; que sólo se puede leer desde una escritura y que sólo el que escribe realmente lee. Porque no puede encontrar nada el que no está buscando y si por azar se lo encuentra, ¿cómo podría reconocerlo si no está buscando nada, y el que está buscando es el que está en el terreno de una batalla entre lo consciente y lo inconsciente, lo reprimido y lo informulable, lo racionalizado o idealizado y lo que efectivamente es válido? Si no está buscando nada, nada puede encontrar. Establecer el territorio de una búsqueda es precisamente escribir, en el sentido fuerte, no en el sentido de transcribir habladurías. Pero escribir en el sentido fuerte es tener siempre un problema, una incógnita abierta, que guía el pensamiento, guía la lectura; desde una escritura se puede leer, a no ser que uno tenga la tristeza de leer para presentar un examen, entonces le ha pasado lo peor que le puede pasar a uno en el mundo, ser estudiante y leer para presentar un examen y como no lo incorpora a su ser, lo olvida. Esa es la única ventaja que tienen los estudiantes: que olvidan, afortunadamente; qué tal que no tuvieran esa potencia vivificadora y limpiadora, qué tal que nos acordáramos de todo lo que nos enseñaron en el bachillerato.

Medellín, junio 8 de 1982. 



[1] Ver Genealogía de la moral  II, 12

[2] (p. 213).