domingo, agosto 28, 2022

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Por los pasillos del Homo: una crónica sobre la salud mental en Antioquia

 

Las salas de urgencias llenas son el síntoma de la crisis psiquiátrica de Antioquia.

                                                                      Por Ángel Castaño Guzmán




En el mundo, las salas de urgencia de los hospitales psiquiátricos se han visto sobrepasadas por el caudal de pacientes. El Homo no es la excepción. El consumo de drogas y los estragos de la pandemia de la Covid son las causas principales.

Las dos madres de esta historia sueltan las palabras despacio. La primera está en los cuartos del fondo: allá llevan a las insomnes: las que dejan las luces hasta tarde, las que van muchas veces al sanitario a lo largo de la noche, las que lloran y lloran. También mandan allá a las agresivas. El enfermero mira por la ventanilla de la puerta y franquea el paso: el sol se desparrama por la ventana, la oculta por unos segundos. Se pone en pie, saluda: es diminuta, tiene el afro revuelto, está descalza. Pregunta cuánto tiempo estará ahí, lleva dos días. El enfermero dice que eso solo lo sabe el médico tratante. Sin mudar de gesto, la mujer inquiere por su recién nacida. El enfermero sigue el protocolo, nunca se aleja de él: mañana temprano hablará con la trabajadora social del hospital para que averigüe por la bebé. La primera noche -cuenta la mujer- la pasó en blanco: el llanto no le dio un instante de tregua. Ahora está mejor. La internaron, dice, por una pelea con una hermana. No da detalles, nadie los pide. El fotógrafo Manuel Saldarriaga se hace detrás de ella, la enfoca, muestra lo pequeña que es. La segunda mujer está en la sala de su casa. Lleva puesta una blusa blanca. Mira con desconcierto. Las cortinas tamizan la luz. Pierde la madeja de la charla. Cuando las preguntas quedan en vilo, la hija contesta. Más adelante volveremos a ella. Por ahora basta decir que la cantidad de mujeres en los consultorios psiquiátricos por asuntos de depresión supera por dos a la de los hombres. La dureza varonil los inhibe de lanzar el S.O.S. cuando de la mente se trata.

***

Esta historia es una ruleta de preguntas. ¿Por qué alguien se esconde semanas debajo de la cama? ¿Por qué una madre quiere hundirse en el colchón, no levantarse? ¿Por qué los párpados pesan y el desaliento es una boca abierta que tritura? La ciencia ofrece hipótesis: habla de conexiones cerebrales, de químicos, del látigo de los genes. Sin embargo, quienes hacen las preguntas buscan otro tipo de respuestas, quizá éticas. Mejor, teológicas. Con ese fardo, las familias y los pacientes peregrinan por consultorios y pasillos de un blanco cegador, con todo bien puesto, aséptico. Empieza el largo proceso de escaneo: cada órgano es escrutado, expuesto a la lupa de los aparatos. Los bombillos led y el aire acondicionado aumentan la sensación de pureza. En las mesitas de las salas de espera hay revistas de chismes y prospectos de medicamentos. El minimalismo es la nota predominante. La escenografía contrasta con la turbulencia interior.

Después de haber agotado otras opciones, se llega a las puertas del Hospital Mental de Antioquia María Upegui -el Homo- (en 2021 hubo 55.200 consultas). Y las respuestas que allí se reciben cambian para siempre, marcan un antes y un después. La tristeza del padre o la montaña rusa emocional de la pareja o el juicio propio vuelto un nudo adquieren un nombre y una posología. Ubicado en Bello, el Homo recibe a los pacientes psiquiátricos del departamento y de zonas cercanas: Chocó y el Eje Cafetero. También, en los últimos años, a los venezolanos. En promedio, la estancia en él es de quince días y está dividida en tres momentos: observación (ingreso), nivel uno (terapia) y nivel dos (próximo al alta).

El Homo está compuesto por dos edificios: el nuevo tiene siete pisos y fue entregado en diciembre de 2020, aunque entonces solo se trasladó Urgencias. El resto llegó a cuentagotas. En el segundo nivel está el sector administrativo y los quirófanos de la terapia electroconvulsiva (Tecar). Las antesalas son grandes espacios vacíos: no hay sillas ni televisores para matar la espera. Las mujeres y los niños ocupan las alas norte y sur del cuarto piso, respectivamente. En el antiguo -de sesenta años- duermen y reciben la atención los hombres. El lugar es conocido por médicos, enfermeros y visitantes con el nombre de pensionado. La cobertura total es la de 260 camas y cuenta con el trabajo de 25 psiquiatras en atención diaria de las siete de la mañana a las tres de la tarde. Hay trajín, rumor de actividad: llegan y parten las ambulancias, entra y sale el personal sanitario. La plata para mantenerlo activo llega a los once dígitos: $ 71.976.800.292 en 2022, $ 50.728.833.948 el calendario anterior.

Tenemos dos guías: en la entrada del edificio nuevo aguarda el primero, Héctor Restrepo -de comunicaciones del Homo-: cabello salpicado de canas y hablar rápido. Nos lleva a las oficinas de la gerencia. Allá nos recibe el segundo: el enfermero jefe Andrés Isaza -delgado, de palabras y ademanes exactos-. Dos voces nos conducen por los pabellones de hospitalización: la institucional y la científica. Andrés saca del bolsillo del pantalón un juego de llaves y abre cada una de las puertas por las que pasamos. Se mueve con la pericia de quien ha ejercido toda su carrera profesional entre estas paredes.

Las cifras son tremendas: si ocho personas se reúnen para lo que sea -charlar al calor de los vinos o jugar Play Station- son altas las probabilidades de que una lleve consigo una enfermedad mental, dice la Organización Mundial de la Salud (OMS). Dichos padecimientos alteran el ánimo, enredan el hilo del sentimiento, vuelven la razón un laberinto. Ponen las cosas patas arriba. Pueden durar poco o consumir la vida entera. No tienen causas únicas y los factores de riesgo son muchos: la carga genética, las experiencias traumáticas en la niñez, los cambios biológicos que afectan el equilibrio cerebral, el consumo de licor y de drogas, una lesión en la cabeza. La psiquiatría actual ha hecho un inventario de cuatrocientas enfermedades mentales, siendo las más comunes los trastornos de ansiedad (300 millones de casos, varios puntos por encima de los habitantes de Brasil), la depresión (280 millones de enfermos, el doble de la población mexicana), la bipolaridad (40 millones de diagnósticos). Esta última es la más usual en Antioquia: mientras en el mundo los casos rondan el 2 %, en el departamento trepan al 5 o 6 %. Los investigadores adjudican la tendencia a los matrimonios entre primos y parientes, la famosa endogamia. Una variante de la cola de cerdo de Macondo.

Las enfermedades psiquiátricas son distintas a las neurodegenerativas. Las primeras están asociadas a las funciones del cerebro mientras las segundas a su estructura y conformación. Una diferencia crucial. Por ejemplo, un diagnóstico oportuno y un buen tratamiento pueden llevar a los enfermos psiquiátricos a los cauces de la sociedad, devolverles cierta autonomía. Para los otros el panorama es oscuro, mucho más: a pesar de los medicamentos y cuidados, su fin será la dependencia absoluta, el universo reducido a las proporciones de una cama. Estos matices los aprendí gracias a la clase que me impartió por teléfono el profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, el doctor David Aguillón. Le pregunté por la locura y la demencia. A raíz del peso simbólico y cultural, la ciencia prefiere no usar esas palabras, dijo. Han estado relacionadas con los mecanismos sociales y religiosos de control. No hay ciudadanos normales, los hay normalizados, escribieron los estudiantes franceses en mayo del 68, inspirados en las doctrinas de Jean Paul Sartre, Michel Foucault, Gilles Deleuze y Herbert Marcuse. La normalidad es una convención sometida a las contingencias de la historia. Además, un bipolar no es más anómalo que un diabético. Ambos viven la finitud de la carne.

Tal enfoque reduce el yugo semántico de las enfermedades mentales, con frecuencia consideradas un castigo o una superchería. “Aunque existen opciones eficaces de prevención y tratamiento, la mayoría de las personas que padecen trastornos mentales no tienen acceso a una atención efectiva. Muchos sufren estigma, discriminación y violaciones de los derechos humanos”, dice la OMS. Los médicos entrevistados para esta nota coinciden plenamente: existen numerosos reparos culturales para ir a una consulta por algún desajuste en la mente. Cuando se le habla de psiquiatría, la gente todavía piensa —pensamos— en chalecos de fuerza, en lobotomías, en cuartos acolchados, en dispositivos puestos en la cabeza para descargar electricidad.

Los nombres importan, dejan al descubierto las formas de encarar las enfermedades. El primero del Homo fue Casa de Alienados, fundada en la confluencia de Palacé y Junín, con plata recogida entre los ricos de la urbe, la emergente clase empresarial. Luego adoptó el de Manicomio Departamental de Antioquia y se trasladó a la Avenida La Playa. En 1958 la institución recibió el actual y llegó a Bello. Los cambios de sitio y nombre corresponden al avance de la psiquiatría, a la invención de los fármacos para el cerebro.

Héctor recuerda con risas su primer contacto con una paciente psiquiátrica. Cuenta la anécdota minutos después de salir del ala de mujeres. Hila la historia en el ascensor que desciende a Urgencias. En sus primeras semanas en el Homo una mujer gruesa, fuerte, de manos grandes, lo confundió con su esposo: corrió hacía él, lo tomó del antebrazo. Los nervios le hicieron quebrar las pautas dadas por los expertos a los trabajadores del Hospital: no se debe forcejear ni discutir y, sobre todo, se debe conservar la calma. Héctor quiso desprenderse de la tenaza, le dijo en todos los tonos que estaba confundida. Rememora y sonríe. No le ha vuelto a suceder.

 

En la mitad de Urgencias hay un cubículo de cristal, del tamaño de una cancha de microfútbol. Allí un grupo de hombres toma el sol. Hay uno en silla de ruedas. Al ver la cámara de Manuel, otro —musculoso, moreno, sin camisa y con la pantaloneta de un equipo de futbol— pide un retrato: hace gestos, piruetas. La interacción entre los sexos está restringida: en un rato las mujeres saldrán de los cuartos y los varones volverán a ellos. Aunque estén en el mismo espacio y jueguen con camaradería, hay diferencias entre los tipos de la caja de vidrio: se notan en las ropas, en las marcas del cuerpo, en los cortes de cabello. Uno deambula con el rostro del que se pasó de revoluciones en la fiesta anterior; en una esquina, otro tiene la mirada acuosa y el temblor del adicto. Hay tres caminos para llegar aquí, a estos metros cuadrados: por voluntad propia, por orden de un médico o por disposición de la policía. Si alguien arma escándalo en la vía pública por haber cruzado la raya del sacol o del tusi, los patrulleros lo llevan al Homo para que allí lo devuelvan a sus cabales. En todos los casos, la decisión final es prerrogativa del psiquiatra de turno: abre las puertas o remite al paciente a otro lado. El índice de reincidencia roza el 10 % de los pacientes. Los que vuelven lo hacen por carecer de un ambiente protector o por estar enganchados a las drogas.

En una pausa del recorrido, con un gesto de las manos Andrés señala los pasillos alrededor del patio y habla de cuando estuvieron al tope. El puente festivo del 4 de julio -el primero de cuatro semanas en las que los lunes se disfrazaron de domingo-, el Homo se quedó sin camas y camillas para atender la avalancha de pacientes. El desborde llegó al punto que las directivas debieron redoblar la mano de obra, contratar auxiliares de enfermería y dar de alta a pacientes estables. La norma es clara: cada enfermero tiene a su cargo el cuidado de máximo diez internos. Ese fin de semana las previsiones se quedaron cortas y los papeles se salieron de las manos. El suceso fue resuelto, pero abrió un debate sobre las fisuras en la salud mental antioqueña. Y sobre la presencia de los narcóticos en todas las esferas: la edad de inicio en el consumo de cocaína o marihuana va de los trece a los quince años y la población de adictos (203.477) supera por dos a los residentes de Sabaneta. Los datos los proporcionó en mayo la Escuela contra la Drogadicción.

No se trata de una estampa local. Las salas de urgencia abarrotadas son el síntoma de una crisis planetaria: la pandemia de la Covid-19 destapó la caja de pandora de los trastornos de ansiedad y de depresión. La OMS ha registrado una ola cuya cresta alcanza el 26 % y el 28 % de aumento. En Antioquia la dinámica es similar: antes de los confinamientos provocados por el virus de Wuhan el trastorno bipolar era la causa principal de las consultas. Ahora el trono lo ocupan los ataques de depresión. Por supuesto, estos números tienen un efecto inmediato: el consumo de ansiolíticos y antidepresivos se ha disparado. Y para sumarle una ficha al rompecabezas: un estudio reciente -publicado por la Revista Colombiana de Psiquiatría- reveló que la mitad de las prescripciones de antidepresivos en el país se hizo sin seguir las recomendaciones de las agencias reguladoras. Dichas prácticas se conocen en el argot médico con el término off label.

El mundo es una olla a presión.

***

Lo confieso: en las charlas con los psiquiatras busqué el tic nervioso y los modales de hielo que los acompañan en las ficciones. Traté de encontrar la mirada reptil de Hannibal Lecter o la risa de Harleen Frances Quinzel o la pinta nerd de Melvin Potts, todos personajes de películas. Ni la doctora María Mercedes Uribe Isaza ni la doctora Ángela Agudelo encajan en el estereotipo. Por el contrario, tuvieron la suficiente cortesía para responder preguntas obvias o personales.

A la doctora María Mercedes -subgerente de Prestación de Servicios del Homo- le atraen los enigmas. En su oficina de grandes ventanales afirma que la psiquiatría no tiene un pelo de insulsa: “Cada paciente es una historia distinta, así sea que tengan la misma enfermedad. Dos pacientes con esquizofrenia no van a contar la misma historia: a uno lo va a perseguir la guerrilla y al otro los paracos”. Con ocho meses en el puesto y más de diez años de experiencia, acompaña a los demás en su tránsito por el dolor. Por supuesto, el oncólogo y el cirujano están próximos al padecimiento, pero el psiquiatra no solo conoce la patología del paciente: también a sus hijos, a sus hermanos, charla con ellos y no pocas veces recibe llamadas telefónicas cuando hay un brote psicótico, una llamarada de alucinaciones. “La mayoría de los psiquiatras tiene estrategias para mitigar el desgaste del oficio: muchos practican yoga, hacen ejercicio. Cuando uno se quita la bata y sale del hospital no se va analizando a todo el mundo por la calle, sino que ya sigue su vida”.

Días después de la visita al Homo, estoy en el noveno piso del San Fernando Plaza, en el consultorio de la doctora Ángela, profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia. Para blindarse de los coletazos de su labor médica -20 años en la psiquiatría-dedica el tiempo libre a las actividades manuales, a ir al cine, a restaurantes. En su despacho debe vencer las prevenciones del paciente, de la familia y los mitos pop de la industria mediática. Un trabajo de relojería: primero, hacerle caer en la cuenta al sujeto que algo en la mente requiere cuidado. Luego, enfrentarse con los prejuicios de los parientes: “A veces con las enfermedades mentales pasa que la familia no solo no acompaña al paciente, sino que está en contra del tratamiento: ¿Para qué se va a tomar eso?, le dicen. La familia es fundamental”. Una de las actitudes comunes frente a los tratamientos consiste en ceder al miedo y creer en la supuesta adicción a las pastas y capsulas recetadas. “Nadie le dice a quien le mandan un medicamento por la presión alta: Ay, se volverá adicto a eso. Tampoco le dicen al diabético que no se ponga insulina porque se va a volver adicto. La gran mayoría de medicamentos que los psiquiatras utilizamos no produce dependencia”.

Y luego -así parezca chiste- está la lucha con las escenas del cine: aquellas en las que una persona con el cráneo lleno de electrodos mira a la cámara mientras el dedo del psiquiatra presiona un botón para desencadenar convulsiones y gritos. “El cine nos ha hecho mucho daño con esa manera de mostrar las cosas”, dice la doctora Ángela. Este tipo de procedimiento se emplea tras un estudio del historial del paciente. También, en circunstancias especiales: “La terapia electroconvulsiva se puede emplear con una mujer embarazada que sufre una depresión muy severa y tiene ideas suicidas. Tiene un bajo nivel de efectos adversos y es muy eficaz”. A pesar de estos argumentos, al oír la palabra electroconvulsiva los pacientes se estremecen. Las imágenes son más poderosas que los razonamientos.

El empeño de humanizar la psiquiatría pretende quitarle el cascabel al gato, desmontar la idea manida de que quien acude al psiquiatra está loco. A fin de cuentas, “todos estamos en riesgo de desarrollar una enfermedad mental”, concluye la doctora María Mercedes. En el juego de la vida nadie está a salvo. La cordura siempre está en asedio, a centímetros del jaque.

 ***

Aquí hay que hacer un alto. Tomar aire.

Al apartamento de la familia Duque Medina -Villa Hermosa- se sube por unas escaleras sin baldosa. La puerta se abre, Lulú y Nala olfatean a los recién llegados. Durante una hora, Margarita María y Mariana -madre e hija- dejan ver el interior de un agujero negro atravesado por las chispas del afecto filial. Margarita María tiene trastorno bipolar, diagnóstico que comparte con todos sus hermanos. Presenta síntomas desde la muerte de su madre, hace más o menos cuarenta años. Pasa de la extrema actividad -desde las tres de la mañana lava ollas, trapea, limpia muebles- a estar tumbada en un cuarto a oscuras, perseguida por las voces y el remordimiento. Los primeros recuerdos de Mariana son una mezcla agridulce: los gritos de la mamá (Te odio, te odio. Voy a matar a esa niña, la voy a matar) y los trayectos en el asiento delantero del taxi del papá mientras aprendía las tablas de multiplicar y la alquimia de las letras.

En la mesa de los retratos no hay fotografías del padre. Están ocultas en el cuarto de Mariana porque eran motivo de tristeza para la viuda. Verlas era un paso más cerca de la crisis. El 28 de abril de 2017, León Darío Duque murió de un infarto fulminante, tras una desatención médica. Al salir para el colegio, la hija lo encontró frío mineral, acostado en el carro. Había decido pasar la noche ahí porque Margarita María tenía gripe. Ese día la vida de Mariana dio un giro radical: quedó huérfana y se transformó en la madre de su madre. “Con la muerte de mi papá quedé sola con ella, con 15 años quedé con una hija adulta”. Ella es delgada, de cabello negro, largo. Las cejas son gruesas y lleva un arito en la nariz. Está en séptimo semestre de medicina y quiere continuar por la senda de la psiquiatría. “Mi proyecto de grado está en el Hospital Mental de Antioquia. Trata sobre la relación entre el maltrato infantil y el desarrollo de enfermedades mentales”. Tiene un novio médico y aspira graduarse para abandonar con su madre este apartamento. Entre las paredes se respira dolor.

Margarita María lleva el cabello corto y despliega una sonrisa triste cuando le pregunto por su historia. Se toma las pastillas por amor a Mariana, aunque en realidad quisiera dormir, hundirse en un sueño sin límites. A veces las tira al sanitario. Dos semanas después de la muerte de su esposo, en plena crisis de manía, vendió los carros de él, se deshizo de sus cosas. No recuerda nada de esto. El peso de la memoria lo lleva Mariana. También las heridas: no escapó de la bipolaridad. La primera crisis la tuvo a los 11 años, después de una larga estadía en el hospital por una infección bacteriana. Cuenta esto sin un quiebre en la voz.

En la historia médica de Margarita María figuran tres o cuatro ingresos al Homo en los últimos seis años. El primero data de 2017 y el más reciente fue en noviembre de 2021. El médico tratante le ha dicho a Mariana que el siguiente paso es la Tecar. Al salir del apartamento, Julio César Herrera -veterano fotógrafo que ha cubierto los estragos de la violencia- rompe el silencio con una frase que da en el clavo: “Esa pelada es una berraca”. Y sí, las enfermedades psiquiátricas son un crisol para el carácter, un desafío a la voluntad.

***

En la estación de enfermería del edificio antiguo del Homo -pensionado-hay un tablero enorme lleno de colores y de nombres. Un código útil para el cuidado de los pacientes: el blanco indica que el interno no representa ninguna alarma; el amarillo, riesgo de caída; el naranja, temperamento conflictivo; el azul, riesgo de fuga; el rojo, intento de suicidio. Los internos llevan una manilla -o varias- con su respectivo color. En el Hospital todo está reglado. Hay un protocolo para contener los excesos de los enfermos. Este procedimiento requiere cinco personas: cuatro para agarrar las extremidades y una para sostener la cabeza. Siempre debe estar presente un médico o, en su defecto, el enfermero jefe.

Visto de lejos, el sector de pensionado parece un colegio con decenios encima. En el corredor de entrada hay tres cuadros de gran formato de Antonio Herrera, pinturas de tonos oscuros. La luz entra por el patio con césped, al aire libre. Los cuartos son distintos a los del edificio nuevo. Las visitas a los hospitales siembran en el ánimo el pálpito del futuro. Son un viaje al sentido de la palabra espejismo.

Afuera, el sol estalla. El mundo simula andar por rieles firmes.

La realidad no es una roca: es un castillo de arena.  

https://www.elcolombiano.com/antioquia/salud-mental-en-antioquia-y-colombia-NP18534955

 

jueves, agosto 11, 2022

lunes, julio 11, 2022

Economía Azul

 


Rediseñar el Planeta                

Gunter Pauli

Con cientos de proyectos ha logrado demostrar que el desarrollo sostenible es posible a punta de innovación. 

Gunter Pauli, reconocido economista belga y padre de la Economía Azul, visitó Colombia para hablarle a los  jóvenes e inspirarlos para generar cambios reales en su entorno. 

Habló con Semana Sostenible sobre los proyectos que tiene para nuestro país y nos compartió su gran labor en educación ambiental que llega a millones de niños en el mundo. 

“Si quieres tener un cambio en una generación, lo primero es inspirar a los niños”, asegura Pauli. Su proyecto ha tenido resultados que hablan por sí solos. Mientras que en Curitiba (Brasil), en solo tres años, los niños llegaron a comprender procesos ambientales que ni siquiera están en los temarios académicos; en China se están educando a 10.000 niños en una iniciativa que involucra el trabajo de 5.000 bibliotecas y escuelas. 

Pauli asegura que esta forma de aprendizaje alimenta los sueños de los niños para rediseñar el mundo y conlleva al deseo de aprender más. Su libro La economía azul, recoge 100 innovaciones ambientales de todo el mundo, propende por un cambio de modelo en la economía, guiada por la innovación y la creatividad. Todo esto bajo una apuesta educativa dirigida hacia las nuevas generaciones y que involucra un cambio en las reglas del juego “no con acciones a gran escala, sino con iniciativas pequeñas aplicadas de manera transversal”. 

Entrevista de la Revista Semana Sostenible: R.V.S. a Gunter Pauli: G.P. 

- Bajo este nuevo paradigma educativo, ¿Cómo formar mentes en ese pensamiento creativo? 

Gunter Pauli: G.P.  La ignorancia es el obstáculo, tenemos que lograr que los procesos de descubrimiento sean como los de un niño, que todo lo que conoce lo emociona.  

R.V.S.: - Esto quiere decir que ¿tenemos que cambiar el modelo educativo? 

G.P.: Como eso es imposible, impulsamos miles de proyectos para emprender en paralelo. Dar espacio para que la gente crea que es posible.  

R.V.S.: - ¿Por qué en Colombia no se pueden implementar proyectos de educación ambiental de esta magnitud?  

G.P.: Los colombianos miran demasiado a los gringos y a los europeos. Creen que todo lo que hacen ellos está bien. Ustedes tienen que redescubrir el sui géneris latino.  

R.V.S.: - Hay otras generaciones que quieren el cambio, pero están ante un sistema educativo tradicional. Usted ha sido un gran crítico de los MBA…  

G.P.: Sí. Y yo tengo uno. Sin embargo, la educación actual responde a la posguerra de la Segunda Guerra. Requerimos de una educación con capacidad de responder a las necesidades de todo el mundo. El MBA estaba bien en 1950, pero en 2020 se necesitará al Master of Brilliant Adaptations, alguien capaz de identificar las necesidades del entorno y encontrar soluciones con los recursos disponibles.  

R.V.S.: - Y la naturaleza, ¿Cómo entra en esta revolución? 

G.P.: Tiene que ser nuestra maestra, en ella no hay desempleo, todos trabajan según sus capacidades, todos tienen una visión circular de la vida, todo es compuesto de todo.  

R.V.S.: - Usted es un hombre pragmático. ¿Por qué el pragmatismo es necesario para la sostenibilidad? 

G.P.: La emoción sola se queda en aplausos, pero no se hace nada. Como diría mi gran amigo Paulo Lugari, fundador del Centro las Gaviotas, “la mejor manera de decirlo es hacerlo.” Se debe Out compete: superar, mas no competir. 

R.V.S.: - ¿Cómo se logra Out compete en un mundo saturado de productos y servicios? 

G.P.: Competir donde hay 500 empresas que dominan el mercado es perder. Tienes que ser tan superior que no haya chance para ellos. 

R.V.S.: - ¿Y cómo se cambia el mundo? 

G.P.: Se hace tomando un paso a la vez, pero millones de veces en paralelo. No con el Big Bang, una gran revolución, ni con otro Rio +20. La única manera es hacer algo concreto, algo práctico, algo que inspire. Que niños de tres años comprendan que la manzana tiene que subir antes de caer.  

R.V.S.: - Esta competitividad de la que usted habla está consignada en su libro La economía azul ¿Cómo fue el proceso para escoger solo 100 ideas? 

G.P.: Arrancamos con un proceso de lectura sobre innovaciones inspiradas por la naturaleza, que parecían un buen negocio y que habían sido publicadas en revistas científicas. Llegaron 2.300 propuestas que sometí a un comité de creativos. De estas salieron 300 que se evaluaron en comités de financieros, así llegamos a 120 y de allí las redujimos a 100. Estos casos me permitieron decir “vamos a empujar para asegurar más poder de compra en los estratos uno y dos”. 

R.V.S.: - ¿Estamos hablando de la reactivación de las economías locales? 

G.P.: El estrato uno gasta 47% de sus ingresos en alimentos y otro 40 en transporte y otros gastos. 87% del ingreso va para otros, eso es pobreza garantizada para siempre. En los corredores de pobreza tener un crecimiento de doble dígito es la única salida. 

R.V.S.: - Esto implica un trabajo fuerte en la base de la pirámide. ¿Cómo es ese proceso? 

G.P.: Si hay una zona donde no hay nada, empezamos con lo que hay, de hecho si alguien dice que no hay nada es un ignorante, siempre hay algo. 

R.V.S.: ¿Tenemos el tiempo para lograr ese cambio? Hay expertos que dicen que no hay nada por hacer. 

G.P.: Si esperamos hasta que haya un presidente que vaya a cambiar todo no hay tiempo, porque este nunca llegará. Si esperamos hasta que los niños puedan ser mejores que su papá, todo puede ser posible. Necesitamos crear un espacio de libertad donde exista una conexión entre el cerebro y la emoción. 

Gunter Pauli  

Como presidente de la asociación estudiantil AIESEC conoció a Aurelio Peccei, el fundador y anterior presidente del Club de Roma. Luego, aceptó su invitación al encuentro anual del Club en Salzburgo (Austria). Aurelio Peccei se hizo su mentor y le encargó el desarrollo del programa juvenil del Club, conocido bajo el nombre de Forum Humanum. 

Pauli fue invitado por el Dr. Bruno Kreisky a hacerse miembro de la Comisión Kreisky por el Empleo en Europa. Posteriormente, fundó varias empresas, vivió en Francia, Suecia, EU y Japón y fue activo en todo el mundo. Es Economista de la U. de Loyola (Bélgica), y máster en Administración de Negocios del Insead (Francia). Doctor en Diseño Sistémico del Politécnico de Turín, Italia y doctor honoris causa de la U. de Pécs (Hungría). Con su liderazgo una pequeña compañía fue pionera en construir la primera fábrica ecológica en Europa en 1992. 

Entrevista a Gunter Pauli: “Monté mi primera empresa en Tokio y le siguieron doce más, pero a los 37 años lo vendí todo para dedicarme al diseño de un nuevo modelo económico.” 

La economía azul

La economía verde requiere que las empresas inviertan más y los consumidores paguen más para conseguir lo mismo a cambio de preservar el medio ambiente. La economía azul consiste en entender los desechos como recursos y busca soluciones inspiradas en el diseño de la naturaleza. 

¿Cómo se gestó? 

Fui invitado a Japón en 1994 para diseñar un nuevo modelo económico sin emisiones ni basura tres años antes del Protocolo de Kioto, porque yo acababa de realizar la primera fábrica ecológica del mundo en Bélgica, una fábrica de detergentes sin desechos. 

¿Por qué lo vendió todo? 

Visitando al proveedor en Indonesia de mi materia prima, ácidos grasos de la palma africana, vi que los agricultores estaban destruyendo la selva para plantar grandes extensiones de palma. Destruían el hábitat del orangután para mantener limpios los ríos de Europa. 

Exacto, por eso he querido demostrar con éxito que hay maneras de aplicar la física, la química y la biología con materiales renovables y mediante prácticas sostenibles, tal como hacen los ecosistemas. 

¿Cómo crear una casa? 

En lugar de construir tu casa puedes cultivarla. Con 100 m2 puedes sembrar bambú y en tres años tendrás 65 varas para hacer una casa de dos pisos con balcón por 1.500 euros. En el sur, donde se necesita el mayor volumen de construcción, hay bambú en más de 100 países.

Mucho mejor que ladrillo y uralita.

En el 2005 creé las primeras oficinas inspiradas en la cebra: el juego del negro y blanco mejora la temperatura de los edificios, refresca en verano (baja la temperatura 5°) y conserva el calor en invierno. Es el símbolo de la eficiencia energética. 

Increíble. 

Como esta hay otras cien ideas más aplicadas a muy distintos campos y puestas en práctica. 

¿De dónde las ha sacado?

Pasé tres años con 82 científicos. Así obtuve los diseños de sistemas integrados que me permitían no tener ni basura ni emisiones. A partir de ahí fundé en 1994 la ZERI, red global de mentes creativas con más de 3.000 científicos. Yo me encargo del modelo de negocio. 

Otros ejemplos.

De las cápsulas de café ingerimos el 2%, el resto es desecho, toneladas, y el café es el 2° producto intercambiado en el mundo tras el petróleo. Hace 15 años iniciamos un programa de cultivo de hongos tropicales (que son muy saludables) de gran calidad en desechos de café a un precio super-competitivo. Hoy tenemos a 15.000 personas cultivándolos. 

¿Hay más?

El desecho de café es muy rico en aminoácidos esenciales, excelente para las gallinas y para piensos de gatos y perros. Mi filosofía es trabajar con lo que tenemos: ya tenemos el desecho de café (me pagan para que me lo quede) y cultivamos un hongo que en teoría es muy costoso mucho más barato y también más rápido gracias a la cafeína. 

¿Podremos librarnos de las plantas nucleares?

Eso pretendemos hacer en Alemania y Japón gracias a innovaciones que hacen mucho más efectiva la energía solar, los aerogeneradores y la depuración de agua, y que producen electricidad a menos de un céntimo de euro, mientras que las nucleares están vendiendo a 5,6 el kilovatio. Así obtendremos más energía de la que se está produciendo hoy en Alemania. 

¿Quién pondría en duda que el mundo necesita un nuevo modelo económico?

Tenemos que hallar la manera de satisfacer las necesidades básicas del planeta y todos sus habitantes con lo que la Tierra produce. Se han adoptado muchas medidas importantes en el marco del movimiento en pro de la sostenibilidad y la ecología; no obstante, es preciso buscar soluciones que nos permitan dar un importante salto hacia adelante.

Los modelos económicos del pasado han colapsado y la Economía Ecológica ha sido la única respuesta sería. No obstante, si bien ha repercutido en productos específicos en mercados específicos, como el comercio justo del café y el té, aún le queda por reconfigurar la totalidad de nuestro sistema.

El principal desafío consiste en que exige que las empresas aumenten las inversiones, y los consumidores paguen más. Esto es válido y justificado cuando la economía mundial está en proceso de expansión y el desempleo disminuye, o cuando los principales agentes del mercado cuentan con recursos financieros suficientes.

Pero resulta difícil cuando la demanda desciende y la confianza del consumidor disminuye, y aún más difícil cuando las personas se percatan de que sus empleos corren peligro.

Ha llegado el momento de adoptar un amplio conjunto de innovaciones que aprovechen lo ya logrado y para lo que se han determinado parámetros de referencia en todo el mundo. Durante decenios hemos venido copiando la genialidad del diseño de la naturaleza, como el Velcro, que imita la técnica de adhesión de las semillas de bardana, o la autolimpieza de la flor de loto. Ahora las sociedades deben avanzar del romance con las especies a la inspiración pragmática en los ecosistemas.

Con demasiada frecuencia en el actual movimiento en pro de la sostenibilidad, la sustitución de un producto o proceso por otro no ha tenido las consecuencias deseadas. La utilización del maíz como materia prima tanto para los biocombustibles como los bioplásticos ha incrementado el costo del cereal, lo cual ha puesto en peligro la seguridad alimentaria para millones de personas, y ha estimulado a la industria a que adopte controles genéticos para obtener producciones estandarizadas y predecibles. 

La utilización del aceite de palma para jabones biodegradables ha destruido inmensas superficies de bosques pluviales y el hábitat del orangután. El apetito por los hongos shiitake, un delicioso y delicado sustituto de la proteína animal, ha incrementado la tala de árboles de roble, sobre los cuales se desarrollan.

Asimismo, nosotros debemos evolucionar en nuestra búsqueda de la sostenibilidad, y desarrollar una Economía Azul más empresarial e innovadora. 

Debemos trascender la sustitución de un producto o un proceso por otro, y en su lugar mejorar el sistema, y para ello abrir posibilidades para una nueva generación de empresarios que utilicen de manera sostenible lo que esté disponible para satisfacer las necesidades de la Tierra y todos sus habitantes. 

Los ecosistemas brindan principios pragmáticos de diseño para la nueva economía. El primero de éstos se fundamenta en la observación de que toda materia y energía se transfiere en forma de cascada de una especie a otra. 

Esa cascada de nutrientes supone la participación en los recursos disponibles a nivel local, mediante el empleo de todas las entidades contribuyentes, y la utilización del desecho de unas como recurso de otras. 

2° los ecosistemas se basan esencialmente en leyes de la física y sólo de manera secundaria en la química. La física es predecible, como lo es la ley de la gravedad. Seguir este principio nos posibilita reducir o eliminar el consumo de metales extraídos, minerales fundidos y sustancias químicas procesadas. 

Los mecanismos basados en la física desarrollados por cebras y termitas exhiben un mayor dominio del aire y control de la humedad que cualesquiera de nuestras actuales soluciones basadas en sistemas mecánicos y electrónicos. 

Vemos esto en la escuela Laggarberg, en Suecia, según el diseño de Anders Nyquist, o el hospital de campaña en la Vichada, en Colombia, según el diseño del equipo de Las Gaviotas, en que el aire se refresca de manera natural y continúa sin necesidad de bombas, calentadores o refrigeradores de costo elevado. 

Esas edificaciones demuestran que las inspiraciones basadas en la naturaleza pueden disminuir los costos de capital sencillamente mediante la explotación de las diferencias de presión. La dependencia en el aislamiento de base química se complementa, o incluso se reemplaza, mediante una comprensión más profunda de las leyes físicas, eliminándose en el proceso el uso insostenible de materiales y energía. 

La misma lógica puede aplicarse a la generación de electricidad.

Cada año las sociedades industrializadas arrojan 40 mil millones de baterías en vertederos tóxicos. No obstante, en todos los ecosistemas se generan corrientes pequeñas, pero apropiadas, sobre la base de diferencias de presión, acidez y temperatura. 

Esas microcorrientes podrían ser demasiado pequeñas para reemplazar una central termoeléctrica de carbón en un futuro previsible, pero son suficientes para proporcionar un sustituto perfectamente viable para esos miles de millones de baterías desechables. Ello ha quedado demostrado por el Instituto Fraunhofer de Alemania, que ha creado satisfactoriamente un teléfono celular que genera electricidad a partir de la diferencia de temperatura entre el teléfono y el cuerpo del usuario, y convierte la presión ejercida por la voz en una fuente piezoeléctrica que suministra la energía para proyectarla. 

Mediante políticas apropiadas para apoyar las investigaciones y el desarrollo, y estrategias de promoción que logren su puesta en práctica mediante mecanismos de mercado, esos materiales y métodos ofrecen abundantes oportunidades para acelerar su adaptación con miras a hacer frente a las apremiantes cuestiones de carácter mundial”. 

Para ello será necesario efectuar los cambios que se proponen en el marco normativo de la Iniciativa sobre Economía Ecológica, del PNUMA. Eso, en combinación con la Economía Azul, inspirando a empresarios a cambiar el marco económico mediante modificaciones en los modelos empresariales ascendentes a partir de la base, brinda esperanza e inspira. 

Pauli sugiere estimulantes posibilidades: desde aplicar el diseño bicolor de la piel de las cebras o la estructura de los termiteros a la arquitectura, a teléfonos móviles que se recargan sin batería gracias a la diferencia de temperatura entre el aparato y el cuerpo humano, pasando por la reutilización de los desechos mineros o agrícolas.

El objetivo de esta fundación, más allá de la creación de una red global para el intercambio de ideas científicas entre gente creativa, es encontrar soluciones sostenibles, inspiradas en la naturaleza, de los problemas de nuestra sociedad actual; desarrollando un modelo de negocio en el cual se podrían producir menos desechos de los ya establecidos como estándar en Japón. En estas condiciones se desarrolló el proyecto "Nature's 100 Best".

Como apoyo del proyecto, un equipo de científicos se encargó de un análisis completo de tecnologías naturales. 

El equipo estadounidense encontró 2.131 tecnologías, de las cuales filtraron aquellas que tenían el potencial para cambiar rotundamente los modelos de negocios del tiempo presente. 340 de ellos han sido seleccionados que se pueden agrupar en sistemas que funcionan como ecosistemas. Estas tecnologías fueron evaluadas por un equipo de estrategas de negocios, analíticos financieros y profesionales de orden público. 

Los criterios empleados fueron, entre otros, el estado de desarrollo del proyecto, el monto de capital intelectual invertido y la posibilidad de contribuir a alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU. Se tomaron en cuenta el número de empleos a crear y el lapso dentro del cual se pudieran alcanzar los mercados de masa. 

Las cien mejores ideas, presentadas en el libro La Economía Azul, tienen elementos sistémicos, es decir, resuelven más de un problema al mismo tiempo en vez de concentrarse en un solo aspecto. Todas las innovaciones se basan en proyectos, empresas o iniciativas que funcionan en la actualidad y por lo tanto se ha comprobado su viabilidad en la puesta en práctica. Su implementación en cientos de industrias y la distribución en todo el mundo cambiarán a fondo la economía tal y como la conocemos hoy en día: hacia una mayor sostenibilidad gracias a un mayor valor añadido.

21 Principios en que se fundamenta la Economía Azul  

1. Las soluciones se basan sobre todo en las leyes de física. Los factores decisivos son la presión y la temperatura tal y como se encuentran en el sitio. 

2. Sustituye algo por “nada”. Para cada recurso, revisa si realmente es indispensable para la producción. 

3. En la naturaleza los nutrientes, materiales y energía siempre se reutilizan - La basura no existe. Cada producto lateral es la base para un nuevo producto. 

4. La naturaleza evolucionó desde pocas especies hacia una rica biodiversidad. 

Riqueza significa diversidad. 

Las normas industriales son el contrario. 

5. La naturaleza da lugar a los empresarios que hacen más de menos. La naturaleza se opone a la monopolización. 

6. La fuerza de gravedad es la fuente principal de energía, el segundo recurso renovable es la energía solar. 

7. El agua es el soluble principal (en vez de catalizadores complejos, químicos y tóxicos). 

8. La naturaleza está sometida a un constante cambio. Las innovaciones son continuas. 

9. La naturaleza trabaja solo con lo que se encuentra disponible en el mismo sitio. La economía sostenible no respeta los recursos naturales, ni la cultura y ni la tradición. 

10. La naturaleza se orienta hacia las necesidades básicas y luego se desenvuelve desde la mera satisfacción hacia la sobreproducción. El modelo económico presente se basa en la escasez como punto de partida para la producción y el consumo. 

11. Los sistemas naturales no se desarrollan en procesos lineales. 

12. En la naturaleza todo es degradable - dependiendo solo del tiempo. 

13. En la naturaleza todo está conectado y se desarrolla de manera simbiótica. 

14. En la naturaleza el agua, el aire y el suelo son bienes comunes, de libre acceso y disponibles en abundancia. 

15. En la naturaleza un proceso tiene múltiples utilidades. 

16. Los sistemas naturales tienen riesgos. Cada riesgo es un motivador para innovaciones. 

17. La naturaleza es eficiente. Por ello la economía sostenible aprovecha al máximo los materiales y la energía disponibles, lo que hace que el precio baje para el consumidor. 

18. La naturaleza busca lo mejor posible para todos los involucrados. 

19. En la naturaleza las desventajas se convierten en ventajas. Los problemas son oportunidades 

20. La naturaleza persigue las ventajas de diversificación. Una innovación natural trae una multitud de ventajas para todos. 

21. Responde a las necesidades básicas con lo que tienes, desarrolla innovaciones inspiradas en la naturaleza, crea beneficios múltiples, así como empleo y capital social, ofrece más con menos: Esta es la Economía Azul.