Un libro cuenta cuáles son
las características que llevaron a algunos colombianos a ser los
más innovadores del país.
¿Qué tienen en común Rodolfo Llinás, Leonor
Espinosa y Simón Vélez, aparte de ser colombianos exitosos y famosos?
Según el
economista Mauricio Reina, los tres son corrientes y a la vez excepcionales.
Son lo primero porque cualquier paisano podría identificarse con su crianza.
Pero son diferentes porque todos ellos han usado como materia prima la
creatividad para desarrollar una vida sobresaliente y ante todo interesante.
Reina es coautor del libro Vivir para crear, crear
para vivir, que relata las historias de vida de estos personajes y otros cinco
más, esta vez con la lupa en sus procesos de innovación y en los rasgos que los
convierten en ejemplos de creatividad. La variedad en los oficios de cada uno
de ellos fue premeditada.
“Queríamos mostrar que la creatividad no es un
patrimonio de los artistas sino que se puede ser creativo en cualquier campo,
aun en la ciencia donde se exige exactitud”, dice la periodista Amira Abultaif,
coautora del libro.
Por eso también incluyeron personajes como el
empresario Carlos Bernardo Padilla, el director de orquesta Andrés
Orozco-Estrada, el caricaturista Vladimir Flórez, el bailarín Álvaro Restrepo y
la epidemióloga Nubia Muñoz. Todos tienen grandes méritos para estar allí.
Muñoz, por ejemplo, desplegó su ingenio para desarrollar la vacuna del VPH y
fue intuitiva y visionaria al diseñar sus estudios epidemiológicos.
Andrés Orozco, quien pronto asumirá la dirección
titular de la Orquesta Radio Frankfurt, también lo es porque su trabajo no solo
consiste en marcar el ritmo con la batuta sino en guiar el grupo en la
ejecución de cada instrumento, para lo que se requiere conocer las partes de la
obra y saber comunicarlas.
Los autores explican que la razón no siempre es el
motor de la creación. Es cierto que hay que saber para crear pero también se
requiere convicción, fe e intuición, elementos que no hacen parte del intelecto
sino de la emocionalidad.
Otros rasgos que caracterizan las mentes creativas
son la pasión por lo que hacen, una gran curiosidad, un gusto por lo lúdico y
un desdén por el fracaso. El neurocientífico Rodolfo Llinás lo pone en estos términos:
“Pobrecito el que no meta la pata”.
Los entrevistados tienen uno o varios de esos
rasgos pero todos comparten ser interdisciplinarios, lo cual hace que algunos
parezcan personajes renacentistas, al estilo de Leonardo da Vinci. Esto se
sintoniza con teorías como la de Arthur Miller, profesor de Historia del
University College London y autor del libro Einstein, Picasso: Space, Time and
the Beauty that Causes Havoc. Miller encontró que si bien Einstein se movía en
un ámbito científico también era un gran aficionado a la música, mientras que
Picasso estaba obsesionado con las matemáticas.
La capacidad de transitar entre los datos, los
conceptos y las emociones hace que cada área se nutra para propiciar
situaciones de creatividad. Eso explica cómo, por ejemplo Carlos Bernardo
Padilla, fundador del centro de investigaciones Paleontológicas de Villa de
Leyva sea también el presidente de la asociación gastronómica Chaîne des
Rôtisseurs. O que la economista Leonor Espinosa sea hoy una chef cuyo restaurante
es reconocido en el mundo.
Sería un error decir que crear es algo que sucede
de repente. La creatividad, una palabra que tienen muchas definiciones pero que
podría resumirse en la capacidad para desarrollar ideas o soluciones a
problemas, requiere de un proceso. Los autores señalan que frente a un problema
o una pregunta el hemisferio izquierdo comienza a buscar respuestas racionales
por medio de la concentración, el pensamiento lógico y analítico y los
detalles.
Cuando no hay resultados el cerebro comienza
una nueva exploración, esta vez en rincones inexplorados. “Y ahí es cuando el
hemisferio derecho, con sus asociaciones aparentemente inconexas, lejanas y
disparatadas entra en un ejercicio de divagación”.
En esas circunstancias la mente queda en resonancia
de búsqueda inconsciente. Por eso es que con frecuencia la mayoría encuentra la
respuesta después de haber estado trabajando durante horas en el asunto y de
haber pasado a otra actividad. “La creatividad es un juego entre la
concentración y la divagación”, reiteran los autores.
Eso explica por qué las personas creativas son
perseverantes y no desisten ante un fracaso. Ese rasgo va ligado a la confianza
y fe en sí mismos, que a menudo raya en la obstinación. Insistir en conseguir
una respuesta y en desafiar los límites requiere no solo de testarudez sino que
hace parte de su seguridad de que tarde o temprano se saldrán con la suya. No
en vano, dicen los autores, creer está a una letra de crear.
En ese sentido, uno de los mitos que se derrumba una
vez más es que la creatividad consiste solo en tener una idea brillante. De
hecho, las historias de estos personajes confirman que se requiere de trabajo y
consagración para perfeccionar un oficio. Lo anterior recuerda la regla de las
10.000 horas, que Malcolm Gladwell dio a conocer en su libro Outliers y que
constituye “el mínimo de trabajo para dominar una disciplina, requisito
para poder innovar en ella”.
El mensaje central del libro es, pues, que todos
tienen el potencial de la creatividad pero hay que cultivarlo. Y este es el
momento. Según Reina, el país está en una encrucijada debido a que su capacidad
de crecimiento se colmó y para sobresalir debe enfocarse en innovar.
A pesar de la importancia del tema, dice Reina,
“uno ve a su alrededor gente igualita, que parece como una gran masa gris, sin
propósitos de vida y sin ideas para construir un mejor país”. De alguna manera,
las estadísticas respaldan esta dura aseveración. Por el tamaño de su economía,
Colombia ocupa el puesto 31 en el mundo pero por su potencial de innovación
está en el puesto 60.
Otro dato aún más inquietante es el que compara las
economías de Colombia y Corea del sur, que en 1980 tenían el mismo ingreso per
cápita pero hoy el país asiático registra el triple del nuestro. Cómo lograr
incentivar el proceso creativo e innovador en los jóvenes de hoy es uno de los
grandes retos de los líderes, los profesores y los padres.
En los países donde se lo han propuesto, la
enseñanza cada vez tiene menos que ver con dar información y memorizar y más
con fomentar la curiosidad y el aprendizaje basado en la experiencia. Llinás
sugiere no imponer moldes a los niños sino propiciar su libre desarrollo. Pero
la familia también es crucial en este proceso. Los grandes maestros de Llinás
no estuvieron en el colegio sino en su casa.
Un día, cuando le dijo que no quería aprender a
leer, su papá en lugar de regañarlo le explicó punto por punto las razones por
las que debía hacerlo. “Debes aprender a leer como aprendiste a hablar pues si
no, no puedes comunicarte”. Ese fue el comienzo de una conversación que terminó
en la historia de los fenicios. “así adquirí toda una teoría del conocimiento y
entonces aprendí a leer en dos minutos, porque ya sabía de qué se trataba”.
Ø "Mis grandes maestros no estuvieron en el
colegio sino en mi familia. Yo suspendía mi aprendizaje para ir al
colegio", Rodolfo Llinás, neurocientífico.
Ø "Cada director transmite las ideas musicales
de una manera tan particular como su propia personalidad", Andrés
Orozco-Estrada, director de orquesta.
Ø "Estoy seguro de que si pierdo lo que tengo,
salgo y monto un carrito de perros, y en cinco años tengo la cadena más grande
del país", Carlos Bernardo Padilla, empresario, paleontólogo y
gastrónomo.
Ø "No es prepotencia, pero yo me imagino un plato,
lo hago, no lo pruebo sino hasta el final y, no sé, pero me queda
perfecto", Leonor Espinosa, chef.
Ø "Si me quedo tranquila esperando a que lleguen
las cosas, nunca llegarán. Hay que tener mucha iniciativa y
curiosidad", Nubia Muñoz, epidemióloga nominada al Nobel de Medicina.
Ø "Tuve una educación intimidadora y coercitiva,
y no una reveladora y placentera que potenciara el talento", Álvaro
Restrepo, bailarín y coreógrafo.
Ø "El único método científico es el del ensayo y
error: no hago otra cosa que hacer chambonadas para ir
aprendiendo", Simón Vélez, arquitecto.
Ø "La creación es juntar elementos, personajes y
situaciones que separados parecen absurdos y convertirlos en algo con
sentido", Vladimir Flórez, caricaturista.
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