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VI Congreso Internacional Pedagógico de Maestros para Maestros

 




El VI Congreso Internacional Pedagógico de Maestros para Maestros, se presenta como un evento académico donde confluyen todas esas teorías que emergen desde la escuela, las prácticas pedagógicas culturales, ancestrales y de diversas miradas de un planeta globalizado y fuertemente funcionalizado, asuntos que lo convierte en espacio de encuentro y discusión que gira en torno a la educación y los saberes no hegemónicos.

EL VI CONGRESO INTERNACIONAL PEDAGÓGICO DE MAESTROS PARA MAESTROS

Es pensado como un espacio que moviliza experiencias, sentidos y lenguajes desde lo diverso, donde confluyen los sujetos en busca de la transformación de la educación y de la sociedad, a través del compartimiento de diferentes visiones y prácticas en torno al reconocimiento de la diversidad étnica, sexual, cultural y política, así como, la comprensión de las prácticas sociales que permiten pensar alternativas para resignificar el pensamiento hegemónico históricamente situado en la sociedad latinoamericana.

Es organizado por el Centro de Investigaciones Educativas y Pedagógicas – CIEP – de la Asociación Sindical de Educadores del Municipio de Medellín – ASDEM; desde donde se ha trazado el compromiso ineludible por apostarle a la transformación de la educación, a la justicia social, al reconocimiento de la diversidad y a la creación de espacios que permitan el reconocimiento y la relación con los otros y con lo otro.

NUESTRO OBJETIVO

Brindar elementos en torno a la educación y la enseñanza de saberes no hegemónicos en función de la búsqueda de transformaciones en las practicas polivalentes, criticas, discursivas y socioeducativas en el contexto de los territorios latinoamericanos.

LÍNEAS

1. Descolonización del saber.

2. Etnoeducación y biodiversidad.

3. Dialogo de saberes populares y ancestrales.

 

ENFOQUES

Escuela y emancipación.

La educación como forma de resistencia social.

Diversidad en la escuela.

Estudios afrocolombianos.

Educación liberadora.

La resignificación de la profesión docente y el nuevo escenario educativo.

Educación e interculturalidad.

 

LÍNEAS

1. Descolonización del saber.
2. Etnoeducación y biodiversidad.
3. Dialogo de saberes populares y ancestrales.

ENFOQUES

  • Escuela y emancipación.
  • La educación como forma de resistencia social.
  • Diversidad en la escuela.
  • Estudios afrocolombianos.
  • Educación liberadora.
  • La resignificación de la profesión docente y el nuevo escenario educativo.
  • Educación e interculturalidad.

En adjunto enviamos el documento ejecutivo del VI Congreso Internacional Pedagógico de Maestros Para Maestros.

 

NOTA: Los cupos para el evento presencial se han agotado, pero puedes inscribirte al evento virtual y disfrutar de toda la programación.

  

Visita el sitio web del VI Congreso Internacional Pedagógico y entérate quiénes serán los invitados a este importante evento, haz clic aquí:

 https://cutt.ly/EnIlRlC


http://asdem.org.co/quienes-somos/ciep/vi-congreso-internacional-pedagogico-de-maestros-para-maestros/

 

 

 


10° Guía 5 Economía y Política

 

Audio explicativo Directiva N° 5 Ministerio de Educación Nacional


Directiva N° 5 Ministerio de Educación Nacional

 

 
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viernes, mayo 28, 2021

10°3 Correo electrónico Economía y Política

 




10°2 Correo electrónico Economía y Política

 




10°2 Filosofía Correo electrónico

 


10°3 Filosofía Correo electrónico

 



10°1 Economía y Política Correo electrónico

Buenos días

Grupo 10°1

Se informa que desde hoy miércoles 12 de mayo, hay nuevo correo para enviar las Guías de Economía y Política

El anterior correo no se utilizará más, por lo tanto los talleres enviados al correo anterior no serán evaluados.

Las Notas del área serán publicadas en el Blog Cultura Crítica














10° Filosofía Guía 4

 

 
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10°1 Filosofía Correo electrónico

Buenos días

Grupo 10°1

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9°2 Correo electrónico

 





Se informa que desde el miércoles 12 de mayo hay un

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jueves, mayo 27, 2021

9°1 Correo electrónico






Se informa que desde el miércoles 12 de mayo hay un

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9° Guía 4 Ciencias Sociales 2021

 

 

lunes, abril 19, 2021

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Byung-Chul Han

 


[…] El sujeto obligado a rendir, compite consigo mismo, y cae bajo la destructiva coerción de tener que superarse constantemente a sí mismo.

Esta coerción así mismo, que se hace pasar por libertad, termina siendo mortal.                                      La sociedad del cansancio.

 

Byung-Chul Han (o Pyong-Chol Han) (Seúl, 19591​2​) es un filósofo y ensayista surcoreano experto en estudios culturales y profesor de la Universidad de las Artes de Berlín. Escribe en idioma alemán y está considerado como uno de los filósofos más destacados del pensamiento contemporáneo por su crítica al capitalismo, la sociedad del trabajo, la tecnología y la hipertransparencia.

Chul  Han nació en Seúl. En una entrevista en el semanario Die Zeit contó que,  aunque crítico con la tecnología, esta le interesa especialmente, y que cuando era niño jugaba siempre con radios y aparatos eléctricos, pero al final se decantó por estudiar metalurgia en la Universidad de Corea. Abandonó la carrera tras provocar una explosión en su casa mientras trabajaba con productos químicos. Llegó a Alemania con 26 años sin saber alemán ni haber leído casi nada de filosofía.3​ En otra entrevista explicó:

Al final de mis estudios [de metalurgia] me sentí como un idiota. Yo, en realidad, quería estudiar algo literario, pero en Corea ni podía cambiar de estudios ni mi familia me lo hubiera permitido. No me quedaba más remedio que irme. Mentí a mis padres y me instalé en Alemania pese a que apenas podía expresarme en alemán. [...] Yo quería estudiar literatura alemana. De filosofía no sabía nada. Supe quiénes eran Husserl y Heidegger cuando llegué a Heidelberg. Yo, que soy un romántico, pretendía estudiar literatura, pero leía demasiado despacio, de modo que no pude hacerlo. Me pasé a la filosofía. Para estudiar a Hegel la velocidad no es importante. Basta con poder leer una página por día.

Estudió filosofía en la U. de Friburgo y literatura alemana y teología en la U. de Múnich. En 1994 se doctoró en Friburgo con una disertación sobre Martin Heidegger. En 2000, se incorporó al Depto. de Filosofía de la U. de Basilea, donde completó su habilitación. En 2010 se convirtió en miembro de la facultad Staatliche Hochschule für Gestaltung Karlsruhe, donde sus áreas de interés fueron la filosofía de los siglos XVIII, XIX y XX, la ética, la filosofía social, la fenomenología, la antropología cultural, la estética, la religión, la teoría de los medios, y la filosofía intercultural.

Desde 2012, es profesor de estudios de filosofía y estudios culturales en la U. de las Artes de Berlín (UdK), donde dirige el Studium Generale, o programa de estudios generales, de reciente creación.

Han es autor de dieciséis libros, de los cuales los más recientes son tratados acerca de lo que él denomina la «sociedad del cansancio», y la «sociedad de la transparencia», y sobre su concepto de shanzhai, neologismo que busca identificar los modos de la deconstrucción en las prácticas contemporáneas del capitalismo chino.

Han se centra en la «transparencia» como norma cultural creada por las fuerzas del mercado neoliberal, que él entiende como el insaciable impulso hacia la divulgación voluntaria de todo tipo de información que raya en lo pornográfico. 

Según Han, los dictados de la transparencia imponen un sistema totalitario de apertura a expensas de otros valores sociales como la vergüenza, el secreto y la confidencialidad.​

Hasta hace poco, Han se negaba a dar entrevistas de radio y televisión y raramente divulga en público sus detalles biográficos o personales, incluyendo su fecha de nacimiento.​ Para rebelarse ante el capitalismo digital ha desarrollado una fórmula propia de resistencia política: no tiene smartphone, no hace turismo, solo escucha música analógica, no trata a su alumnado como clientes y dedica tiempo a cultivar su jardín.

La sociedad de la transparencia

Ningún otro lema domina hoy el discurso público tanto como la transparencia.

Según Han, quien la refiere solamente a la corrupción y a la libertad de información, desconoce su envergadura.

Esta se manifiesta cuando ha desaparecido la confianza y la sociedad apuesta por la vigilancia y el control. Se trata de una coacción sistémica, de un imperativo económico, no moral o biopolítico.

Las cosas se hacen transparentes cuando se expresan en la dimensión del precio y se despojan de su singularidad. La sociedad de la transparencia es un infierno de lo igual.

La sociedad de la transparencia

Ningún otro lema domina hoy el discurso público tanto como la transparencia. Según Han, quien la refiere solamente a la corrupción y a la libertad de información, desconoce su envergadura. Esta se manifiesta cuando ha desaparecido la confianza y la sociedad apuesta por la vigilancia y el control. Se trata de una coacción sistémica, de un imperativo económico, no moral o biopolítico. Las cosas se hacen transparentes cuando se expresan en la dimensión del precio y se despojan de su singularidad. La sociedad de la transparencia es un infierno de lo igual.

La salvación de lo bello

Lo pulido, lo liso, lo impecable, son la seña de identidad de nuestra época. Son lo que tienen en común las esculturas de Jeff Koons, los smartphones y la depilación. Estas cualidades ponen en evidencia el actual <exceso de positividad> del que habla Han en otros ensayos, pero que aquí enfoca y desarrolla en el campo del arte y de la estética.

La expulsión de lo distinto

Los tiempos en los que existía el otro han pasado. El otro como amigo, el otro como infierno, el otro como misterio, el otro como deseo van desapareciendo, dando paso a lo igual. La proliferación de lo igual es lo que, haciéndose pasar por crecimiento, constituye hoy esas alteraciones patológicas del cuerpo social. Lo que enferma a la sociedad no es la alineación ni la sustracción, ni tampoco la prohibición y la represión, sino la hipercomunicación, el exceso de información, la sobreproducción y el hiperconsumo. La expulsión de lo distinto y el infierno de lo igual ponen en marcha un proceso destructivo totalmente diferente: la depresión y la autodestrucción.

El arte de la falsificación y la deconstrucción en China.

"Shanzhai" es un neologismo chino que refiere a la apropiación de una forma o una idea, desestimando su estatus de originalidad. Un shanzai es un fake, un copia pirata, una parodia.

Aplicado en un comienzo a las falsificaciones de productos electrónicos y marcas de ropa, este concepto hoy abarca todos los terrenos de la vida en China: hay arquitectura shanzhai, comida shanzhai, diputados shanzhai y hasta estrellas del espectáculo shanzhai. En tanto su atractivo radica precisamente en la variación funcional e ingeniosa, son mucho más que meras falsificaciones baratas. No pretenden engañar a nadie. Su capacidad de innovación, que es innegable, no se define por el genio o la creación ex nihilo, sino por ser parte de un proceso anónimo y continuado de combinación y mutación.

Psicopolítica 

Han dirige ahora su mirada crítica hacia las nuevas técnicas de poder del capitalismo neoliberal, que dan acceso a la esfera de la psique, convirtiéndola en su mayor fuerza de producción. La psicopolítica es, según Han, aquel sistema de dominación que, en lugar de emplear el poder opresor, utiliza un poder seductor, inteligente (smart), que consigue que los hombres se sometan por sí mismos al entramado de dominación.

Buen entretenimiento                                                                    En este perspicaz ensayo, analiza y relata, tomando como referencia a Kant, Hegel, Nietzsche, Heidegger, Luhmann y Raushenberg.  Las numerosas formas de entretenimiento surgidas a lo largo de la historia y muestra el arraigo del ocio en nuestro sistema social. Tan amena como productiva, esta obra nos plantea una original reflexión sobre si todavía se puede mantener la dicotomía entre pasión y entretenimiento


Hiperculturalidad     

En esta obra, Han utiliza el concepto teórico de hiperculturalidad para distinguirlo de conceptos normativos y mal empleados en el debate actual como multiculturalidad y transculturalidad. 

A través del pensamiento de diversos filósofos modernos y contemporáneos, el presente libro discute la idea cambiante de cultura y muestra hasta qué punto es necesaria y posible una orientación del todo diferente del mundo que habitamos. ¿Vivimos finalmente en una cultura que nos da la libertad de dispersarnos como alegres <turistas> por todo el mundo? Si así fuese, ¿estamos asimilando bien este cambio de paradigma?


domingo, abril 11, 2021

J. M. Coetzee y nuestros dilemas existenciales

  

Crítica literaria del libro “Siete cuentos morales”

 

Camilo Ángel Urazán * / Especial para El Espectador

El Premio Nobel de Literatura 2003 y uno de los escritores más prestigiosos de nuestro tiempo cumple hoy 81 años de edad. Declarado ateo públicamente, no le preocupa en lo más mínimo el concepto de pecado y por lo tanto de culpa. En cambio, le interesa categóricamente la exploración moral.

John Maxwell Coetzee nació en Sudáfrica el 9 de febrero de 1940 y vive en Australia, donde también es profesor de literatura. Aquí en Roma en 2014. 

  No me interesa el amor, lo único que me interesa es la justicia”. Elizabeth Costello

Así que esa es la cuestión: si el contacto con la belleza nos hace mejores”. Las palabras de Helen, hija de Elizabeth Costello, pronunciadas para abreviar en una frase los radicales cuestionamientos estéticos de su madre, expresan un asunto filosófico de orden mayor que atañe a todo aquel que sostiene una relación activa con el arte, bien sea una relación de consumo o de producción. Con evidente inquietud por resolver la pregunta sobre el sentido de su oficio de escritora y de su vida misma, Elizabeth Costello declara en el cuento Una mujer que envejece “cuando quise, viví en el seno de la belleza. Lo que me pregunto ahora es: ¿de qué me ha servido toda esa belleza? ¿no será la belleza otro objeto de consumo como el vino? Uno bebe, lo traga, nos da una breve sensación placentera, embriagadora, pero ¿qué queda? Lo que el vino deja como saldo, con tu perdón, es la orina; ¿cuál es el saldo de la belleza? ¿En qué hace bien? ¿nos hace mejores?”.

A pesar de suponer que su madre le respondería en su habitual tono escéptico y le diría “que toda esa belleza que hubo en su vida no le ha hecho ningún bien apreciable, que cualquiera de estos días se va a hallar a las puertas del cielo con las manos vacías y un gran signo de interrogación en la frente”, Helen le dice claro a su madre lo que piensa de su radical cuestionamiento: “Lo que no vas a decir­ -porque no sería propio de Elizabeth Costello-­ es que lo que has producido como escritora no sólo tiene su belleza, una belleza acotada, desde luego­ –no es poesía– pero belleza al fin: forma agradable, claridad, economía. Lo que no vas a decir es que lo que has escrito ha cambiado la vida de otros, ha hecho de ellos seres humanos mejores, o algo mejores. No porque tus obras contengan lecciones sino porque son una lección”. Como era de esperarse, Elizabeth duda y no está convencida de eso.

¿Es la belleza un medio o fin? Se me ocurre que esa sería otra manera de plantear la pregunta y dar cabida en la discusión al viejo asunto ético del arte por el arte o el arte comprometido, un arte que asume la belleza como un fin en sí mismo y un arte que la asume como un medio para procurar la justicia. De acuerdo con lo que podemos inferir del diálogo de sus personajes, el autor de esta ficción considera más sensato asumir la belleza como una lección, como la posibilidad de aprender y enseñar algo, como una exigencia moral por encima de la inherente complacencia estética que supone.

¿Nos hace mejores personas el contacto con la belleza? En efecto, esa es la cuestión central y pregunta de fondo a la que responde el libro Siete cuentos morales, obra que desde su mismo título hasta sus últimas líneas está dedicado a exponer tácitamente la convicción del autor sobre el propósito didáctico (manifiesto o latente) de todo texto de ficción. En efecto, la cuestión se traslada por contagio al lector, bien sea porque éste alguna vez se hizo la pregunta sin considerar urgente emitir un veredicto o porqué el propósito del texto es causar esta reflexión; postulado que después de mascarlo con paciencia y a pesar de íntimos remilgos, yo también suscribo.

Es innegable que la ficción es una necesidad humana y que acudimos a ella en busca de placer, entretenimiento, diversión, evasión, en suma, en busca de una experiencia. Pero digámoslo claro, si detrás de todo esto no hay algún tipo de enseñanza, inquietud, pregunta, reflexión, aprendizaje, crecimiento o conocimiento personal o del mundo y sus hechos –por mínimo que sea– entonces en el mencionado acto de lectura no se podría catalogar formalmente como una experiencia y, en consecuencia, nos preguntaríamos ¿qué propósito final tiene la lectura? o siguiendo el hilo de las palabras de Costello ¿cuál es el saldo que nos deja? ¿nos hizo algún bien que podamos considerar perdurable?

 

Las palabras de Kafka, una de las principales influencias de Coetzee, se tornan felizmente apropiadas para responder a estas preguntas: “Pienso que sólo debemos leer libros de los que muerden y pinchan. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un puñetazo en la cara, ¿para qué molestarnos en leerlo? ¿Para qué nos haga felices, como dice tu carta? Cielo santo, ¡seríamos igualmente felices si no tuviéramos ningún libro! (…) Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado que hay dentro de nosotros. Eso es lo que creo”. En mi caso, ahora yo también estoy convencido de eso; al igual que Coetzee, quien comprometido con su credo didáctico siembra en nuestro pensamiento por medio de relatos de ficción, urgentes reflexiones a propósito de la conducta y el comportamiento humano.

 

Según el Diccionario Filosófico de André Comte-Sponville moral es “el conjunto de las reglas que yo me impongo a mí mismo, o que debería imponerme, no con la esperanza de una recompensa o el temor de un castigo, que sería sólo egoísmo, no en función de la mirada del otro, que sería sólo hipocresía, sino al contrario, de forma desinteresada y libre: porque me parecen imponerse universalmente (para todo ser razonable) y sin que haya necesidad para eso de esperar o temer cualquier cosa”.

 

Entonces el asunto de este libro bien logrado no se trata de la belleza, el amor o la compasión; ni tampoco de la furia, la indiferencia o la aprobación de Dios.

 

Consiste esencialmente en un necesario llamado a cumplir con el deber inherente de todo ser humano por el simple hecho de pertenecer a la especie, el único deber o el que resume todos los demás deberes: actuar humanamente. Son los humanos los únicos que tienen deberes en esta Tierra, ningún otro ser vivo que la habite ha desarrollado lenguaje simbólico complejo, consciencia y ­–gracias a esto­– la capacidad de distinguir entre el bien y el mal. Para poder ser considerado como tal el ser humano debe ser un ser moral, pues la moral es aquello por lo cual la humanidad llega a ser humana, en el sentido normativo del término (en el sentido en que lo humano es contrario de lo inhumano), al rechazar la apatía y la barbarie que no dejan juntas de amenazarla, de acompañarla, ni de tentarla. O recordarnos, a fuerza de tragedias y dolor, nuestra condición animal.

Es precisamente el hecho de experimentar primordialmente la inmanencia del instinto, el deseo y las emociones, como consustanciales a la condición humana, lo que lleva a Coetzee a llamar la atención sobre la necesidad de percatarnos de la inmanencia de la condición moral de la especie, más allá de credos, cultos y religiones, sino obedeciendo al hecho biológico de experimentar empatía y poder tomar decisiones que vayan más allá del egoísmo, es decir, de recompensas que solo benefician al individuo que decide. O de igual forma, también gracias a ese cambio de perspectiva (empatía) llamado coloquialmente ponerse en los zapatos del otro, juzgar las decisiones de otra persona; aquellas decisiones que tornamos a calificar como egoístas por contravenir intereses propios.

Si bien es descabellado afirmar que los correspondientes siete pecados capitales discurren con sigilo y son el tema de fondo de estos siete cuentos morales, no es insensato considerar que de alguna u otra manera en cada uno de los cuentos habita una reflexión laica sobre las siete virtudes antagónicas de las pecaminosas faltas, una meditación puesta en escena por medio de historias y situaciones en que los personajes se enfrentan a dilemas morales relacionados con la libertad, la justicia, la belleza, la verdad y la muerte.

Es evidente que al autor, declarado ateo públicamente, no le preocupa en lo más mínimo el concepto de pecado y por lo tanto de culpa.

En cambio, le interesa categóricamente el ya analizado concepto de moral y su relación en términos deónticos[1] con el principio o valor que desde Aristóteles hasta Hofmansthal motiva la voluntad humana de darle forma al fluir de la vida y orden a la anarquía del mundo: la justicia.                                                                                                                                   “No me interesa el amor, lo único que me interesa es la justicia”, le expresa Elizabeth Costello a su hijo John en una conversación sobre los gatos de la calle que ha decidido proteger; una filosófica charla sobre la relación de los hombres con los animales.

Tema recurrente en la obra de este autor, premio nobel de literatura del año 2003, que aparece igualmente en otros libros como En defensa de los animales (1999) y Elizabeth Costello (2003), y tema también con el que comienza y se cierra este libro.

El perro, cuento con el que abre el libro, es una historia donde el odio de un animal y el miedo de una muchacha se encuentran dos veces al día en la reja de la casa de unos ancianos apáticos, que luego de ser interpelados por la joven, aseguran que simplemente su mascota es un buen perro guardián. Siguen los cuentos Una historia y Vanidad. El primero, un relato sobre la ausencia de culpa, la fidelidad y la libertad en una relación matrimonial. El segundo, una historia sobre una mujer mayor que anhela volver a sentir posarse sobre su cuerpo la mirada del deseo, y para eso se corta y pinta el pelo de un modo que llama la atención de sus hijos y sus nietos, quienes van a visitarla a su casa en su cumpleaños número sesenta y cinco.

Esa es precisamente la entrada y regreso de Elizabeth Costello, quien de ahí en adelante será la protagonista del resto de historias. Una mujer que envejeceLa anciana y los gatosMentiras y El matadero de Cristal, son cuatro cuentos en los que se funde la ficción y el ensayo, la literatura y la filosofía, la sombra de la muerte poniendo a prueba nuestras más altas categorías morales y estéticas (justicia, verdad, belleza) y el claroscuro de la empatía obstinándose en no naufragar en medio del irreprochable mar de la injusticia y la impotencia. Una empatía que Costello juzga innata en nosotros, al menos en esta época, y que podemos optar por cultivarla o dejar que se marchite.

Elizabeth es una mujer mayor de edad que se ha ganado la vida y un prestigio internacional como escritora, y entrada ya en los años definitivos sabe que pontificar no es más que ponerse la más pesada de las máscaras. Aproximándose a la muerte duda de todo: de su oficio, de su vida, de su obra. Pero a pesar de esto no deja de insistir en el valor de la justicia – y algunas virtudes afines como la generosidad, la caridad y la templanza– o al menos eso es lo que nos dicen acciones como proteger a un hombre desamparado y poco dotado mentalmente para ser autónomo, proteger también a los gatos que todo el pueblo desprecia y solicitar a su hijo, reconociendo el decaimiento de su salud y su juicio, la mirada de unos textos de los cuales sospecha que algo pueda valer la pena.

A pesar del ánimo lúgubre que reconoce o el humor otoñal como lo nombra su hijo John, “soy la que solía reír, pero ya no ríe. Soy la que llora”. A pesar de la inminencia de su muerte o del ruido cartesiano del reloj de su consciencia: la duda. A pesar de experimentar el naufragio de sus convicciones por comprobar a donde mire la tiranía del egoísmo humano. A pesar de todo esto Elizabeth se aferra a una última creencia que podríamos considerar el núcleo de su código moral como escritora: el deber de escribir para trasmitir a los otros la memoria de los seres insignificantes cuyo camino se cruzó con el suyo cuando iban rumbo a la muerte. En su caso particular, la memoria de los animales. Ella misma había afirmado que “el mundo no sigue andando gracias al amor sino gracias al deber” y el deber que ella se impuso por considerarlo un imperativo moral es la justicia, ejercida a través del poder de las palabras para generar y trasmitir la memoria de todo lo que la oscuridad y el olvido devora de manera inclemente, como esos “millones de pollitos a quienes les concedemos la gracia de vivir un día antes de triturarlos porque no tienen el sexo que queremos, porque no encajan en nuestro proyecto comercial”.

En definitiva, Siete cuentos morales es un libro que nos interpela; un tejido fino de ficciones que disertan y exponen la condición humana como un campo de tensión entre las emociones y la razón, entre el anhelo y la fatalidad, entre la fe y la duda. Somos el lugar donde encarna la contradicción, la paradoja y el dilema moral. El egoísmo y la vanidad nos determinan como especie. Sin certezas de ningún tipo navegamos en un mar de incertidumbre rumbo a la oscuridad. Enfermamos y morimos sin remedio o salvación. Pero nada es excusa para ser crueles, apáticos y mezquinos.

Frente a este lúgubre escenario, Elizabeth Costello opta por la empatía y la justicia como dos cirios morales para caminar entre las sombras. Abrumada por la pérdida de claridad mental y de la fe en la historia, por el hundimiento y disolución de sus creencias en la niebla y confusión de su cabeza, Elizabeth se aferra a la escritura como posibilidad de establecer un tribunal paralelo llamado memoria.

No podemos restituir lo perdido, pero podemos lograr que no se olvide.

* Profesional en Creación Literaria de la Universidad Central de Colombia, tallerista y estudiante de la Maestría de Escrituras Creativas de la Universidad Nacional, línea de Poesía.

https://www.elespectador.com/noticias/cultura/j-m-coetzee-y-nuestros-dilemas-existenciales/



[1] La lógica deóntica ('lo debido , lo necesario') es la lógica de las normas y de las ideas normativas. Su campo de estudio corresponde, como «autorizado», «prohibido», «obligatorio», «indiferente».