miércoles, septiembre 20, 2023

Nelson Mandela Camino de un visionario por la igualdad

 


El último grande

Solo a los 75 años Nelson Mandela logró ser el primer presidente 
negro de Sudáfrica en búsqueda de la reconciliación nacional.


Mandela nació en la tribu xhosa, que hace parte de la etnia thembu, en julio de 1918, donde estaba destinado a ser Madiba, título honorífico que recibían los ancianos del clan.

Años después de su lucha contra el apartheid fue conocido como Tata Madiba. Se casó tres veces. Primero con Evelyn Mase, luego con Wini Madikizela y por último con la mozambiqueña Graça Machel.

Tuvo seis hijos. Una hija de su primer matrimonio falleció cuando estaba en etapa de lactancia. Madiba Thembekile, su primer hijo, murió en 1969 en un accidente de tránsito. Makgatho Mandela, otro hijo, falleció en 2005 de sida. Su bisnieta Zenani Mandela pereció en otro accidente de tránsito poco antes de la inauguración de la Copa Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010.

En el poder
El 9 de mayo de 1994, Nelson Mandela, con el 62 por ciento de los votos, asumió como el primer presidente negro de Sudáfrica, tras las primeras elecciones democráticas del país, en que todas las razas pudieron ejercer el derecho a votar. Su mandato se centró en la reconciliación nacional, en la igualdad de derechos para todos los habitantes, en la erradicación de la pobreza y en la lucha con enfermedades tan graves como el sida.

En la escena internacional
Luego de su retiro como presidente, Mandela siguió utilizando sus cualidades de líder para interceder en la política mundial. Persuadió al mandatario Muammar Gadafi de entregar a dos ciudadanos de su país para que enfrentaran un juicio por un atentado aéreo. En agosto de 2002, recomendó al presidente George Bush tomar acción unilateral contra el presidente iraquí Saddam Hussein. Además será recordado por su cercanía con Fidel Castro, a quien agradeció su colaboración militar en la guerra civil de Angola.

Tras las rejas
En 1964, Mandela fue condenado a cadena perpetua. Su número de identificación mientras estuvo en la cárcel fue el 466/64 (prisionero 466 de 1964). Tenía las visitas prohibidas y solo pasaba tiempo al aire libre picando piedra. Su primer lugar de reclusión fue Robben Island, donde estuvo 18 años. En 1982 fue transferido a la prisión de Pollsmoor y en 1988 fue llevado a Víctor Verster donde estuvo hasta que fue liberado en 1990. Tras su salida le costó soportar los flashes de las cámaras por el tiempo que estuvo expuesto a los fuertes rayos del sol mientras era sometido a trabajos forzados.

Campaña por la liberación
En el mundo entero, miles de activistas lucharon durante muchos años porque Mandela fuera liberado. Esa campaña llegó a su punto máximo en la década del setenta, cuando Sudáfrica fue objeto de duras sanciones por la persistencia del apartheid.  En 1984 una canción se esparció por todo el mundo y se convirtió en el símbolo de la liberación. La banda The Specials compuso la canción Nelson Mandela, luego de asistir a un acto político contra el apartheid en Londres.

Un largo camino
Durante más de un cuarto de siglo, el prisionero político más importante del mundo se convirtió en el símbolo de la lucha contra la segregación.

Cronología
1918 Nace en la localidad de Mvezo, miembro de una familia aristocrática de la tribu xhosa. 

1939 Entra a la Universidad de Fort Hare, única institución que aceptaba estudiantes negros en Sudáfrica.

1942 Se hace miembro del partido Congreso Nacional Africano (CNA).

1952 Es condenado por primera vez a prisión por hacer parte de una campaña de desafío a las leyes discriminatorias. Cumple nueve meses de cárcel.

1953 Abre, en compañía de Oliver Tamb, el primer bufete de abogados negros de Sudáfrica.

1964 Es condenado a cadena perpetua por traición. Sólo saldría en 1990, tras una dura presión internacional.

1991 Es elegido presidente del CNA, tras apoyar las huelgas que logran acabar con el sistema político basado en el apartheid.

1993 Recibe el Premio Nobel de la Paz, de manera compartida con el presidente de su país F.W. Klerk.

1994 Gana la presidencia de Sudáfrica.

2004 Anuncia su retiro de la vida pública.

2010 Hace su última aparición pública en el Mundial de Fútbol celebrado en su país.

Otros pacifistas del siglo XX

El Mahatma Gandhi fue una inspiración  para Mandela, por su política de resistencia pacífica. Martin Luther King, en la época en que Mandela entraba a prisión, practicaba en la lucha por los derechos civiles. Aung San Suu Kyi, en Birmania, logró doblegar con su persistencia y sacrificio a la Junta Militar de Birmania tras años de prisión domiciliaria. 

Frases y cifras
“La ley me ha convertido en un delincuente, no por lo que he hecho sino por los motivos de mi lucha, por lo que pienso, por mi conciencia”, aseguró durante su defensa frente al Tribunal Supremo de Pretoria en 1964.

“Ha llegado el momento de curar las heridas. El momento de salvar los abismos que nos dividen. Nos ha llegado el momento de construir”, dijo Mandela en su discurso de posesión como presidente de Sudáfrica en 1994.

“No me llamen, ya les llamo yo”, dijo el expresidente sudafricano cuando hizo oficial su retiro de la vida pública en 2004.

Ø  46 años de edad tenía cuando fue condenado a prisión perpetua.
Ø  27 años estuvo Nelson Mandela tras las rejas.
Ø  50 títulos de doctorado honoris causa recibió durante su vida en distintas universidades del mundo.

Inspirando el mundo
Películas, canciones, libros y poemas también hicieron a Mandela y a su historia protagonistas en el mundo artístico. 

Estos son algunos actores que lo personificaron en el cine:

- Dennis Haysbert en “Adiós Bafana” (2007)
- Sydney Poitier en “Mandela and Klerk” (1997)
- Morgan Freeman en “Invictus” (2009)
- Nelson Mandela apareció en la cinta Malcolm X de 1992, de Spike Lee.

También inspiró canciones en distintos géneros y de diferentes artistas:

- Gimme Hope Jo’Anna de Eddy Grant
- Sun City de Steve Van Zandt, Miles Davis y Bruce Springsteen 
- 46664 de Bono Joe Strummer 

Ruud Gullit, el futbolista holandés de ascendencia africana, le dedicó a Mandela el Balón de Oro que ganó en 1987 y siempre fue su ídolo: “Como no tenía a quien seguir en el fútbol decidí seguir la figura de Nelson Mandela”.

'Apartheid'
Por más de 50 años Sudáfrica estuvo gobernado por una mayoría blanca que sometió a la población negra a sus reglas. Pese a que en el país hubo segregación racial desde la colonización europea, desde la victoria del Partido Nacional, en 1948, el apartheid, que significa separación, se convirtió formalmente en norma legal.
Se basaba en que un país integrado por varios grupos raciales, debía ser liderado por los blancos, más ‘cultos’ y ‘civilizados’.
En esa línea, una serie de leyes evitaron al máximo el contacto interracial y negaron todos los derechos a los negros, mestizos e indios.
Mandela luchó durante 67 años contra el sistema segregacionista y logró atraer la mirada internacional sobre Sudáfrica. 
http://www.semana.com/nacion/articulo/vida-obra-de-nelson-mandela/367385-3

Nelson Mandela, el último grande

 

                                             
Por Enrique Serrano        Semana.com

'Madiba' dejó el legado de que es posible superar hasta los conflictos más difíciles por medio del perdón y el diálogo.

Nelson Mandela, como pocos grandes hombres, logró hacer ver que el mundo había estado equivocado por largo tiempo y que era preciso corregir el rumbo. Sus ideas políticas golpearon con fuerza por su simplicidad y contundencia: de un orden injusto no puede derivarse un fin justo.
No obstante, la mayor enseñanza que de su ejemplo ha podido extraerse en la segunda mitad del siglo XX - y en los 13 años que llevamos del siglo XXI - consistió en mostrar que un pueblo puede abstenerse de llevar a efecto las retaliaciones y las venganzas a las que tenía derecho, y con ello sale ganando mucho más de lo que habría obtenido con una reacción armada, cercana al genocidio e impropia del clima de regeneración y reconstrucción nacionales.

En efecto, Sudáfrica se ha reconstruido, normalizado y estabilizado, eludiendo las siniestras guerras étnicas que siguen afectando a otros países africanos y al mismo tiempo se ha negado a expulsar a los blancos que habían propiciado el régimen del apartheid. 

Aunque el mérito no le corresponde únicamente a Nelson Mandela, sí es evidente que Madiba fue el vórtice que permitió que la joven nación no se saliera de curso y se ganase para siempre la admiración y el respeto de los muchos escépticos que en primera instancia le auguraron una catástrofe y que años después- gratamente sorprendidos - quisieron copiar este modelo de reconciliación.

Los 27 años que pasó el entonces líder del CNA Nelson Mandela encerrado en las cárceles del régimen segregacionista, produjeron un efecto similar al que consiguió Alexander Solzhenitsin con sus revelaciones acerca del archipiélago Gulag del hoy extinto Imperio soviético. 

Por décadas enteras el mundo había volteado la cara con cinismo, amparado en pretextos, rehuyendo condenar Estados y leyes deliberadamente opresivos, mientras que con su entereza y su discreción, las verdaderas víctimas de tales abusos se mantenían firmes y dignas, resistiendo serenamente las afrentas, y criticaban con su actitud el absurdo reinante que las sostenía.

A pesar de las incongruencias y exabruptos de la lucha política en Sudáfrica (los desmanes del CNA, los crímenes políticos de Inkhata, el enfrentamiento entre xhosas y zulúes, los asesinatos políticos de Chris Hani y Walter Sisulu, etcétera), los factores de conflicto fueron desactivados por aquellos que, junto con Mandela, comprendieron que esos errores no los conducirían a la paz ni a la ecuanimidad que el país necesitaba para salir de su frustración y desesperación. Antes bien, el liderazgo fue entregado a Mandela, no solo por su condición de símbolo viviente de reconciliación, sino por su audacia y determinación, su pragmatismo y su sereno juicio político.

Con su adecuada conducción y ya como presidente, más de 45 millones de sudafricanos debían retomar el rumbo perdido y reconstruir una nación que pudiera aprovechar sus ventajas y minimizar sus desventajas. Y todo ello había que hacerlo rápidamente, frente a los ojos del mundo expectante y con la convicción de que el resultado final no se vería inmediatamente, sino que sería la cosecha de las generaciones futuras.

Este ejemplo de entereza y de paciencia conmovió a la comunidad internacional y se convirtió en un hito global, que aún no terminamos de comprender, pero cuyos efectos ya podemos percibir.

El asunto Mandela tocó además las puertas entreabiertas del escenario global en materia de moral pública y reparación. La indiferencia que se había mostrado en los altos círculos de la política hacia el apartheid y sus abusos, y la complicidad que estadistas y periodistas del mundo entero habían derrochado acerca del racismo de los blancos, hizo crisis gracias a la figura señera del prisionero de la isla Robben. 

Décadas enteras de equívoca permisividad cayeron ante los ojos del mundo como expresión de un gran error de cálculo, de un descalabro moral y de una política perversa: había razones de sobra para avergonzarse del cinismo con que se habían tratado los asuntos sudafricanos en todas las esferas y, tardíamente, el activismo global se puso en marcha, no solo para liberar a Mandela de su injusta condena, sino para entender y presentar todo lo que se había hecho en Sudáfrica con plena impunidad y durante siglos, frutos de un expolio y un abuso intolerables.

Este complicado asunto coincidió en su tempo con los años finales de la Guerra Fría, la perestroika y el colapso del censurable ‘socialismo real’. Todo el sistema internacional se vio forzado a revisarse y a recomponerse, y la cascada de transformaciones que produjo no ha cesado desde entonces. Y en ello no estuvieron involucrados  con exclusividad los que habían sido derrotados por el peso de sus propias contradicciones, sino también quienes los habían vencido con su implacable presión. Entonces, se percataron todos a una de los costos de tan abrumadora confrontación, y de la necesidad urgente de reponer las pérdidas y rehacer los entuertos.

Gracias a las mutaciones que se desencadenaron entonces, Sudáfrica entera comprendió que tenía una oportunidad histórica para consolidar el renacimiento de su nación que, a pesar de sus múltiples dificultades, lograría superar de la forma más pacifica posible los dolorosos trances de su historia reciente y encaminarse hacia la búsqueda del desarrollo en un Estado multiétnico, que incluía, por fin, a blancos y negros como motor de prosperidad y reconciliación. 

Sería superfluo afirmar que todas las heridas han quedado cerradas con el gobierno de Nelson Mandela. Pero, su moderación y sabiduría políticas quedaron muy claras para todos aquellos que habían dudado acerca del tono de su mandato. Madiba sembró y cosechó el perdón sincero en un momento en el que la venganza más cruda  parecía la única y más fácil respuesta a tantos años de opresión y segregación. 

El gobierno de Mandela no fue fácil porque su país había sido siempre un escenario de diversidad y potencial confrontación. Xhosas y zulúes se han disputado el control del territorio y los recursos durante siglos, y más de 50 etnias se habían aliado con unos y con otros para garantizar su supervivencia y obtener los réditos concedidos a los dueños del poder.

Por otra parte, las inmensas riquezas mineras de las que el país dispone siguieron siendo la manzana de la discordia y el pretexto para avivar la lucha. Mandela consiguió, a pesar de todo, que lo que en otros países del continente africano fuera factor de implacable guerra civil, sirviera en Sudáfrica para garantizar el orden y la concordia imprescindibles en el proceso de construcción de la prosperidad colectiva.

Los diamantes y el oro han podido así ser aliados y no enemigos de la nueva nación, y contribuir a una reinserción relativamente exitosa - teniendo en cuenta la situación anterior- de un país que había sido visto en peligro de implosión tras la salida del gobierno de Frederik de Klerk, a quien le cabe el mérito inmenso de haber sido el sereno acompañante de Mandela en tal proceso. 

Además, la potencia industrial no decreció, sino que aumentó, atrayendo a la fuerza laboral a millones de personas marginadas. El manejo administrativo y financiero del gobierno de Mandela marcó un hito por su transparencia y probidad - en un marco en el que la más descarada corrupción, que la Sudáfrica de hoy no ha podido eludir del todo, era moneda corriente-. Por todo ello, el mundo aclamó el modelo de Mandela y lo convirtió en objeto de culto, modelo que hoy se hace sentir con todas sus fuerzas.

Los resultados de Sudáfrica lo llevarían posteriormente a convertirse en un abanderado de la mediación pacifica en los muchos y muy complejos conflictos del continente africano. Aunque la paz esté todavía lejos y sea una conquista lenta y difícil, la callada labor de Madiba fue excepcional en la solidificación del concepto de que solo por tales medios pueden resolverse los muchos desacuerdos africanos, y de que hay que dejar de lado cualquier otra tentación de solución.

El mundo está pensando en Mandela, porque sabe que marcó el camino de lo que tienen que llegar a ser los siglos futuros.  Aunque el presente todavía esté muy lejos de presentarse como algo completo y satisfactorio, Nelson Mandela quedará siempre en la memoria de las generaciones recientes de líderes africanos como un paradigma para dirimir sus diferencias y resolver sus desacuerdos sin recurrir al genocidio o al sometimiento.

Las implicaciones internacionales del caso Mandela poseen una ganancia extra: la certidumbre que el mundo ha adquirido en un tiempo relativamente corto de que se puede regresar del odio y la opresión sin pasar necesariamente por la obsesión autodestructiva o por la negación brutal del victimario. Los jefes de Estado del mundo entero y sus equipos de gobierno rinden hoy homenaje a quien ha dado más de una lección al mundo en materia de sensatez, sobriedad y lucidez, teniendo sobradas razones para haberse portado de otra manera. 

Al morir Mandela al final del 2013 y tras 95 años de intensa experiencia vital, su legado está perfectamente claro y, como el de pocos hombres, puede ser objeto de minuciosa revisión para sacar de él lecciones que se aplican a todos los tiempos y a todos los seres humanos. Aun en medio de excepcionales dificultades, es posible recomponer el camino y promover la reconciliación sin hipocresía, vanidad ni falsa modestia. 

Se trata de virtudes atemporales que en muchas ocasiones se han denunciado como pérdidas sin remedio, pero que han sabido ser renovadas por un hombre que supo regenerarse y recomponerse a sí mismo muchas veces y con su ejemplo obligó, no siempre con agrado, a que muchos millones lo siguieran.


http://www.semana.com/mundo/articulo/el-legado-de-nelson-mandela/367576-3

Así fue la vida del hombre que cambió Suráfrica

 



Nelson Mandela pasará a la historia como el verdadero fundador de la nueva Suráfrica
Biografía


"He luchado contra la dominación blanca, he luchado contra la dominación negra. He acariciado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas con armonía e igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y por el que espero triunfar. Pero si fuere necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir". 
El recién fallecido expresidente de Suráfrica, Nelson Mandela, dijo ésas frases lapidarias en 1963, en uno de los momentos más difíciles de su vida, cuando su lucha parecía estéril y Suráfrica se hundía cada vez más en el abismo de la segregación racial. Pocos soñaron entonces que ese mismo hombre de entonces, acusado por sabotaje contra el Estado, reconocía sus delitos para convertir el suyo en un juicio político, viviría no sólo para superar la cadena perpetua que se le impuso, sino para convertirse en un verdadero prócer, fundador de una nueva patria para los millones de surafricanos raizales que hasta ahora habían sido ciudadanos de segunda en su propia tierra. 

Mandela tenía 44 años cuando entró a prisión, y salió de 71, pero sobre él no pesaba la carga del odio ni el deseo de venganza, lo que se convirtió en un poderoso estímulo para la construcción de la confianza entre la minoritaria comunidad blanca, y de la tolerancia entre la negra mayoritaria. 

Nelson Rolihlahla Mandela nació el 18 de julio de 1918 en Qunu, una aldea de chozas de barro, pero su ascendencia es aristocrática. Miembro del clan real de los Thembu, desde la muerte de su padre, a sus 12 años de edad, el niño fue criado por su primo, a la sazón jefe del clan. Su gran estatura y sus maneras formales revelan su formación real, así como su tolerancia por la tradición, que ayudó a limar las asperezas entre los muy urbanizados líderes del Consejo Nacional Africano (CNA) y las autoridades tribales que todavía ostentan algún poder en el ámbito rural. Y, por encima de todo, su liderazgo tiene algo de jefatura natural, en la confianza que despliega para hacer que sus puntos de vista se impongan sin demasiado esfuerzo.

En la U. de Fort Hare conoció a Oliver Tambo, quien con los años se convertiría en otro líder liberacionista, y su amistad produjo lo inevitable: ambos fueron suspendidos por una protesta estudiantil en 1940. 

De regreso en su villa natal, encontró que su familia le había escogido una esposa, pero su falta de atractivo, sólo comparable con la perspectiva de quedarse estancado en la política local, le hicieron escapar. Buscó refugio en Johannesburgo, en el suburbio de Soweto, y allí encontró la ayuda en quien se convertiría también en un gran aliado de luchas: Walter Sisulu. Trabajando para su firma de finca raíz, Mandela se convirtió en un personaje casi instantáneamente. Terminó sus estudios de leyes y abrió con Tambo el primer bufete negro del país. Se casó con una enfermera, Evelyn Nkoto, y tuvo tres hijos.

Pero la política estaba primero, y en unión de Tambo y Sisulu creó la Liga Juvenil del Congreso Nacional Africano que, fundado en 1918, parecía muy aburguesado para su tarea revolucionaria. Sólo cinco años después el grupo se apoderó de la dirigencia del partido. 

En 1961, luego de una matanza de manifestantes pacíficos por parte de las fuerzas de seguridad en Sharpeville, Mandela lanzó al Congreso a la insurrección armada, y se convirtió él mismo en el primer comandante del grupo guerrillero conocido como "Lanza de la Nación". Ocho meses más tarde, luego de hacerse conocer por su habilidad para escapar como el 'Pimpinela negro', fue capturado. 

Fue entonces cuando pronunció sus famosas palabras, y comenzó su largo cautiverio hacia la gloria. Afuera quedaba su segunda esposa, Winnie Madikizela, con quien tuvo dos hijas que jamás disfrutaron de su padre en su niñez. 

Su prisión en el penal de Robben Island se convirtió en un medio para refinar y rediseñar las tácticas contra la injusticia imperante. Su convivencia con otros presos políticos sirvió como una verdadera universidad de la liberación. Pese a haber sufrido indeciblemente, lo más sorprendente fue su falta de revanchismo. Sisulu sostiene que fue la filosofía de unión de las razas lo que les ahorró ese nuevo sufrimiento que es el odio. Mandela afirmó que también la prisión le puso en contacto con la bondad de algunos guardas blancos, con quienes desarrolló eventualmente una gran amistad, y además colocó bases para su aproximación con los líderes del gobernante Partido Nacional, quienes le visitaron para intentar iniciar el diálogo. 

Así, en una visita del ministro de Justicia, Kobie Coetsee, en 1986, fue cuando Mandela, en un despliegue de autoridad, comenzó las conversaciones sin contar con sus correligionarios. No era momento para debates, dice. Esas negociaciones produjeron su liberación, en febrero de 1990. 

El resto ya hace parte de la historia. Su capacidad para construir consensos se debió desplegar no sólo frente a los enemigos, sino en el seno del propio CNA. Para el año de 1994 los despachos de los corresponsales contaban la solemnidad que reinaba en las filas durante las primeras elecciones libres en la historia del país. El CNA se convirtió en mayoría y Mandela en el primer presidente negro de Sudáfrica. 

El milagro no se había sellado aún. Al año siguiente, Sudáfrica fue la sede del mundial de rugby, que siempre había sido el deporte de los afrikaaners. En la final, Mandela apareció en el campo con la camiseta verde del equipo. El estadio, casi todo blanco, comenzó a corear su nombre. Y los negros bailaron en las calles cuando ganaron el partido. Por primera vez, negros y blancos tuvieron una causa común. El genio de Mandela fue entender esa tremenda energía emocional y canalizarlo. Después de un año de ser presidente, era difícil encontrar un blanco surafricano que no pensara que Nelson Mandela era su presidente y un gran hombre.

Tal como lo prometió, el hombre de la sonrisa luminosa no se presentó a la reelección y cedió el poder en 1999 a Tabo Mbeki.  A pesar de que los últimos tres gobiernos surafricanos han dejado mucho que desear el legado de Mandela no se está desvaneciendo y por contraste, se está fortaleciendo.

Hoy, los sitios donde Mandela estuvo recluido son museos que le rinden tributo y en las principales ciudades surafricanas se llora al hombre que fue capaz de cambiar el rumbo de la historia de un país y porque no, del mundo entero. 


http://www.semana.com/mundo/articulo/asi-fue-la-vida-del-hombre-que-cambio-surafrica/348711-3

Nelson Mandela Lecciones para Colombia

                 


Reconciliación

Esto es lo que los políticos colombianos  
deberían aprender del líder sudafricano.




Colombia debe aprender de la magnanimidad de Mandela, de su liderazgo y de su capacidad de mirar hacia adelante. Foto: A.F.P.

Se ha dicho que Sudáfrica y Colombia no son tan comparables. Que mientras la una tuvo un conflicto racial, en un régimen tiránico como el apartheid, en la otra ha habido una larga guerra política en un contexto de relativa democracia. Se ha dicho que mientras Sudáfrica optó por la reconciliación y un modelo de justicia restaurativa basado en el perdón, en Colombia se busca superar el enfrentamiento armado sin renunciar a la justicia, la verdad y la reparación. Se ha dicho también que Colombia no tiene a un Nelson Mandela. Porque la magnanimidad y sabiduría del que fue llamado Madiba (abuelo) por su pueblo no son tan comunes en la historia. 

Sin embargo, Sudáfrica sí es un espejo para Colombia: tuvo un conflicto largo, ha dejado heridas profundas en la sociedad y ha enfrentado un difícil posconflicto. Primero la guerra, y luego la paz, pusieron a prueba a este líder extraordinario, que forjó su gran estatura moral en medio de la adversidad. Mandela les deja muchas lecciones a los líderes colombianos.    
            
Coherente pero flexible     
La primera lección es la coherencia entre sus propósitos y sus estrategias. Desde los 20 años Mandela se trazó el propósito de luchar contra la discriminación de los negros en Sudáfrica. A esa causa dedicó su vida. Sus convicciones nunca cambiaron, pero sí sus estrategias. Primero fue pacifista, seguidor de Gandhi, pero en los años sesenta, cuando se dio cuenta de que el régimen del apartheid no tenía ningún reato en masacrar a quienes se manifestaban en su contra, abrazó la lucha armada.

Sus guerrillas actuaron sobre todo saboteando la economía del país, con atentados que le dieron un lugar en la lista de terroristas del mundo. Mandela, no obstante, supo entender el cambio de época y declinó el uso de las armas poco antes de salir de la cárcel, en 1990. Estaba convencido de que un acuerdo político lo llevaría más pronto y de manera menos sangrienta al cumplimiento de sus objetivos. Su propósito no eran las armas, era la democracia.      

Más pragmático que ideológico
Así como supo cambiar de estrategia para llegar al poder, Mandela se caracterizó por ser un presidente flexible y pragmático. Su formación era marxista, incluso en su juventud fue bastante doctrinario, por eso muchos de sus adversarios temían que durante su gobierno viniera una ola de nacionalizaciones especialmente de la minería. Sin embargo, eso no ocurrió, y no porque Mandela quisiera contemporizar con el capitalismo sino porque después de escuchar a muchos expertos de diferentes corrientes ideológicas, se decidió por un modelo abierto en economía, que le sirviera a una época de transición como la que vivía su país. Gobernó concertando con todos los sectores en un país dividido y desconfiado. Era un presidente para negros y blancos en Sudáfrica, para ricos y pobres. Que la izquierda puede gobernar para todo un país y no solo para parte de él, es una lección que deja Mandela.

Un conciliador
Su talante conciliador se ponía a prueba en cada acto de gobierno. Cuentan que sus copartidarios del Congreso Nacional Africano quisieron, apenas estuvieron en el poder, prohibir el himno de los afrikáner, e imponer el propio.
Mandela los hizo avergonzar de su intento de excluir a sus antiguos opresores, y tomó la salomónica decisión de que se tocaran los dos himnos, uno seguido del otro, en todos los actos públicos.        

En muchas ocasiones Mandela fue cuestionado por ello, como cuando comenzó desde la cárcel, conversaciones con el gobierno del apartheid. Esta fue una decisión unilateral que irritó a muchos de los suyos. Mandela les respondía que a veces el pastor va más adelante que el rebaño. Y en realidad, fueron estos actos audaces a favor de la conciliación los que acercaron las posiciones de los afrikáner y los negros. Más concertación y menos sectarismo fue su fórmula para la transición. 

Todos por igual
Posiblemente uno de los mayores atributos personales de Mandela fue tratar a todas las personas por igual. Era la única persona por fuera del Palacio de Buckingham que llamaba a la reina de Inglaterra por su nombre: Elizabeth. Ni reverente ni irreverente, Mandela trataba por igual al chofer que al papa. Esa característica habla mucho de la seguridad que tenía en sí mismo, pero también de su noción de democracia. No creía en la estratificación de las personas y tenía una agenda de justicia social muy profunda que sin embargo no pudo desarrollar plenamente.         

Respeto a sus enemigos   
Así como Mandela trataba bien a los suyos, era un verdadero caballero con sus adversarios y enemigos. Dedicó por lo menos 16 de los 27 años que pasó en prisión a estudiar con fervor todo lo relativo a los afrikáner. Quería entenderlos, ponerse en sus zapatos, conocer su lógica y sobre todo, sus sentimientos. Este conocimiento lo usaría luego en las negociaciones de paz.

Mandela tuvo la muy escasa virtud de convertir a sus enemigos en amigos. Según cuenta John Carlin, su biógrafo oficial, el general en retiro Constand Viljoen, jefe de la extrema derecha, se aprestaba a sabotear el gobierno de Mandela, y organizar una contrarrevolución. Pero desistió de ella después de pasar una tarde tomando el té con él. Ese acercamiento humano y sobre todo, el diálogo, cambió su percepción del líder de los negros y lo convirtió en su profundo admirador.

Discreto y sereno      
Muchos comentaristas dicen que Mandela hizo el milagro de reconciliar a Sudáfrica. Pero más que un milagro, el fin del apartheid fue el resultado de una negociación confidencial y secreta que duró más de cuatro años, a finales de los años ochenta, que le abrió las puertas de la cárcel, y luego propició el llamamiento a elecciones. En esos años, Mandela se entrevistó en la cárcel con más de 70 personas. La filigrana de esas conversaciones debe haberse ido a la tumba con él, quien nunca cayó en la tentación de revelar las difíciles tramas de estos encuentros en libros o películas.   

La vindicación de la política      
A Mandela le interesaba el poder. Tanto que cuando tenía 33 años dejó boquiabiertos a sus camaradas del Congreso Nacional Africano cuando les dijo que él sería el primer presidente negro de Sudáfrica. Y lo logró. No obstante, como bien lo ha dicho Mario Vargas Llosa en un bello ensayo a propósito de su agonía, Mandela le recordó al mundo que la política no es necesariamente un oficio de halcones, ni de astutos negociantes o corruptos, sino de idealistas, que pueden usar el poder para construir un mundo mejor.

El altruismo de Mandela quedó demostrado con la vida sencilla que llevaba. Siempre se negó al culto de su personalidad, a pesar de haber sido posiblemente el líder más carismático del mundo al final del siglo XX. No cayó en la trampa del caudillismo ni el mesianismo y por el contrario, su preocupación fue transformar las instituciones de su país, construir las que requerían los nuevos tiempos, y no perpetuarse en el poder (después de gobernar cuatro años dio un paso al costado pudiendo haberse quedado en la Presidencia).
         
La reconciliación     
Mandela sabía que la tarea de transformar a Sudáfrica no dependía solo de que se acabara la segregación racial ni de que hubiese elecciones libres. Durante su gobierno creó una nueva institucionalidad que hiciera posible la reconciliación. Allí no se trató solo de perdonar a los grandes perpetradores de crímenes, a través de la justicia restaurativa, como lo han caricaturizado algunos detractores de ese proceso de paz.         

Mandela se preocupó por crear instituciones que le sirvieran al posconflicto, que pacificaran las regiones donde el odio racial seguía vigente. Pero también se preocupó por los símbolos que hicieran posible la unidad de su país, desde un punto de vista más emocional y profundo. Posiblemente el mayor símbolo de esa reconciliación fue el ya conocido episodio de cómo convirtió el respaldo a la selección de rugby de Sudáfrica, un deporte blanco y símbolo del apartheid, en un factor de unidad nacional durante el mundial de 1995.

Era un hombre que miraba siempre hacia adelante.

http://www.semana.com/mundo/articulo/lecciones-de-mandela-para-colombia/367323-3