miércoles, septiembre 08, 2021

Violencia Práctica

Antonio Caballero

Los Danieles

Se van las tropas norteamericanas de Afganistán, al cabo de veinte años de una guerra perdida. Y cuentan las agencias de prensa que, por ejemplo, en su base de Bagram, donde llegó a haber una fuerza permanente de hasta cien mil soldados, y la que abandonan a la mitad de la noche sin avisarles a sus aliados afganos, dejan dejan lo siguiente: cientos de miles de botellas de plástico de gaseosas fortificantes, miles de vehículos civiles sin las llaves para prenderlos, cientos de vehículos militares blindados y armados -aunque las armas pesadas no las dejaron ahí-, incontables armas personales con sus municiones respectivas. Y cinco mil prisioneros. Afganos.

Talibanes, es de presumir. Pero los combatientes talibanes ya controlan, al cabo de dos décadas de guerra contra la primera potencia militar del mundo, la mitad de su país.

No he visto que el presidente Joe Biden haya anunciado públicamente la súbita retirada nocturna, que había previsto para septiembre.

Pero ya se sabe qué poco de fiar son los presidentes de los Estados Unidos. Qué poco de fiar son los Estados Unidos.

Las fuerzas británicas también se van. Porque en la guerra de Afganistán participaban tropas de casi todos los países de la OTAN, y -después de las norteamericanas- las del Reino Unido eran las más considerables. Nada menos que 150 mil soldados británicos pasaron en estos veinte años por sus campos de batalla. Fueron allá huchados por esos tres criminales de guerra - no han sido ni serán Juzgados- que eran el presidente George W. Bush, su vicepresidente Dick Cheney y su secretario de Defensa Donald Rumsfeld, que acaba de morir. En santa paz.

El repliegue británico, al cabo de veinte años de esa guerra absurda contra un país que no era responsable de lo que se lo acusaba (el ataque contra las Torres Gemelas de Manhattan), sí fue anunciado a su país por el primer ministro, el payaso Boris Johnson.

Que se atrevió a decir esto: “Espero que nadie pueda llegar a la falsa conclusión de que esto supondrá el final del compromiso británico con Afganistán”.

Todo el mundo va a llegar a esa certísima conclusión. Salvo que por ese “compromiso” Johnson entienda los negocios del opio.

A los norteamericanos, republicanos y demócratas revueltos, les encanta creerse los más fuertes, y por eso se embarcan en guerras de las que después, cuando empiezan a perderlas, no saben cómo salirse: Corea, Vietnam, Afganistán, Irak, Siria… y otras menos estruendosas pero igualmente interminables y perdidas, como la de Somalia o la de Libia. En Afganistán los talibanes acaban de ganar la suya.

Los norteamericanos aman la violencia: de ella está hecho todo su cine, que esel arte que los define, desde El Nacimiento de una nación de D.W. Griffith o el How the West was won de Henry Hathaway y John Ford hasta el Hollywood de Tarantino.

Pero centrado en la violencia blanda, por así decirlo, de las películas de John Wayne: la violencia a puñetazos (yo llegué a ver, en una película de John Wayne, a John Wayne conquistar a puñetazos contra un rinoceronte a la bella actriz italiana Elsa Martinelli).

En los tiempos modernos, los Estados Unidos han practicado también la violencia en la escala genocida en que lo han hecho otras naciones: los rusos, los alemanes, los japoneses, los chinos: todas las que han ambicionado convertirse en imperios y dominar a los demás. Pero sin declararlo. Y siempre en nombre de la democracia y de los derechos humanos. Y, por supuesto, con la excusa de su “excepcionalidad” y de su “Destino Manifiesto”. Los bombardeos sobre Alemania, en colaboración con los británicos, los suyos propios en Corea, donde derramaron más toneladas de bombas que sobre Alemania en la Guerra Mundial, y sobre Vietnam, al que le lanzaron más que las de Corea (porque el poderío militar de los Estados Unidos, si no se mide en logros sino en gastos, no ha dejado de crecer, y hoy triplica o cuadruplica al de todos los demás países del planeta sumados, amigos y enemigos), y sobre Irak, atacado con base en sospechas que se sabían falsas.

No la aman ni siquiera por sí misma, como los alemanes o como los ingleses de los que están hechos: el amor vikingo de la batalla. No es la suya una violencia romántica sino una violencia práctica. Ellos son prácticos. Y así conquistaron el mundo. Y así lo están perdiendo.

https://losdanieles.com/antonio-caballero/violencia-practica/


10°2 Notas 1° y 2° Periodos 2021

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Plazo: jueves 16 de septiembre



martes, septiembre 07, 2021

Subyugados y esclavizados bajo la falaz tecnofilia

11°2 Notas 1° y 2° Periodos 2021

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Diatriba contra la mediocridad

La mediocridad es una constante en el diario vivir de la mayoría

Ernesto Ochoa Moreno

No se trata de la “aurea mediocritas”, la dorada mediocridad del poeta Horacio, esa saludable moderación que nace del principio de que la virtud está en el medio (“in medio virtus”), sino de la mediocridad en el sentido peyorativo de la palabra. 

Basta mirar la gente, examinar sus caras y sus andares, someter a escrutinio sus actitudes y el resultado de sus trabajos. 

Siempre ahí, en un rincón como una gata echada, la mediocridad.

Indisciplina personal y social. Atonía vital. Indefinición, desgana, falta de vigor. Hacer las cosas a medias. O dejar las cosas a medio hacer, que es peor. Atávica resignación. No exigirse. Cumplir por cumplir. 

La perfección es un embeleco. 

Entusiasmos fáciles y extemporáneos, de un día.

Con pocas excepciones, que confirman la regla, es aterradora la mediocridad circundante. 

Los jóvenes se instalan en una desesperante medianía que a la larga terminará acompañándolos toda la vida. 

Sin ideales, con una rebeldía adormecida por el “rock” y las modas gringas o los “reguetones” advenedizos.

Sin sentido de patria. 

Sufriendo a regañadientes un bachillerato que apenas los barniza con una cultura impersonal y vaga, para luego rodar por la pendiente imparable de una existencia desleída en el desencanto.

Universitarios por inercia. 

Profesionales porque no hay otro camino que coger. 

Anclados a la postre en la mediocridad, cuando ya se han hecho humo los sueños. 

Trabajando para justificar un sueldo; cobrando un sueldo, para mercar; mercando para no morirse de hambre, aunque el alma se esté muriendo de tedio. O de risa. 

Envejeciendo prematuramente para que nos jubilen o porque ya nos jubilaron. 

Pareciera que los únicos que toman la cosa en serio, hasta el fondo, sin mediocridades, son los niños. Y los muertos, claro.

Asfixiante mediocridad en los puestos públicos. Burocracia, papeleos, demoras, incumplimiento, corrupción. 

Puestos públicos para ocupar, no para hacer algo. 

Puestos honoríficos para figurar, para hacer una “carrera fulgurante”. La efectividad, la eficiencia, es lo de menos.

¿Control de calidad? Eso es en teoría, en los títulos de los libros de mercadeo y administración en la voz dolarizada de los expertos traídos del extranjero a dar conferencias. 

No, mijo, haga lo que pueda, termine eso como sea, lo importante es cumplir a como dé. 

Tape y coma callado. Que vengan los reclamos cuando ya no hay nada que hacer. 

No importa, para eso están la justicia comprada y los fallos siempre inconclusos.

La mediocridad no admite escrúpulos, tampoco remordimientos 

Después de todo, la desfachatez de los mediocres que mandan, producen y conducen, cuenta para sus desafueros con la resignación de los mediocres que obedecen, consumen y se dejan guiar como borregos.

No es tan difícil encontrar la raíz de la corrupción.

https://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/diatriba-contra-la-mediocridad-LC11028289 















11°1 Notas 1° y 2° Periodos 2021

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Reflexión

 


Para reflexionar


mediocre

 Del lat. mediocris.

1. adj. De calidad media.

2. adj. De poco mérito, tirando a malo.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados


Amigos lectores: la mediocridad nos come; la vulgaridad está de moda y ha venido para quedarse. Cuanto peor, mejor.

 

Al esfuerzo y al talento se le ignora, arrincona, critica y castiga, mientras que la incultura se considera un grado. Se dan cien oportunidades al que no mueve un dedo por aprobar o por mejorar y, sin embargo, se mira con recelo y se pega un martillazo al que trabaja y se esfuerza.

Los líderes no son los mejor formados ni los que más saben. Los líderes son los que no saben hablar en público, no saben Historia y no hablan idiomas. Los líderes son unos paletos acomplejados, que intentan poner barreras y fronteras continuamente en vez de abrirse las puertas al mundo. Los niños casi no tenemos modelos a quienes seguir a no ser que rebusquemos en la Historia.

Cuando era más pequeño pensaba que los ministros, los senadores y los dirigentes de un país eran personas muy inteligentes y muy preparadas que merecían estar ahí, pero según voy creciendo y viendo cómo funciona el sistema, me voy dando cuenta de lo vulgar que es todo y de las pocas personas que hay que merezcan la pena. Mi problema era que no contaba con la falta de sentido común que nos rodea. Estamos en manos de muchos dirigentes con mínimos estudios, sin formación ni vergüenza, que ganan muchísimo más que el mejor cirujano, al que su carrera le ha costado muchos años de sacrificio. Quitan a unos y ponen a otros, pero no por su valía, sino por su ideología, y se rodean de tontos y pelotas para que su propia incompetencia pueda brillar, convirtiendo al competente en el peor pagado y valorado.


Un país en el que su televisión está enfocada y empeñada en ensalzar a “celebrities” cutres, vacíos, sin dignidad, sin fundamento e incultos en grado superlativo que se ríen de su propia ignorancia y que, sin embargo, son seguidos por miles de personas; un país que está perdiendo su identidad a pasos agigantados, porque muchos de sus ciudadanos reniegan de su himno, su bandera y sus costumbres. 

Pero lo más gracioso es que lo hacen simplemente ¡porque está de moda! Con un informe PISA mediocre, sí, mediocre, porque nuestro sistema educativo es mediocre por mucho que se empeñen algunos en maquillarlo, donde los alumnos más vulgares y los abusones son los más populares y donde algunos profesores arrinconan y menosprecian a los que queremos ir más allá para que no molestemos -como si querer ser mejor o destacar fuera pecado-. Y, como resultado, el 35% de la población no lee nunca o casi nunca, porque parece que la moda solo es el fútbol, las motos, los concursos de cocina, cantantes y modelos, el botellón con sus comas etílicos incluidos y el Gran Hermano.

Los valores morales, el sentido común, el respeto y la admiración al prójimo están dejando paso al materialismo, la envidia, lo políticamente correcto, la mala educación y las adicciones. Y el espíritu crítico y la creatividad atrofiados hasta tal punto que lo anormal está considerado normal. Al que se le ocurra decir que esto es una mierda le acribillan. Pues sí, señores, como la copa de un pino. Hasta pronto.

 “Construir es ir de cualquier parte a una parte muy especial,

y para ello hay que invertir tiempo, talento y esfuerzo;

destruir es ir de una parte muy especial a cualquier otra parte,

y para ello no se requiere absolutamente nada”.

(Jorge Wagensber).

Tomado de:                                                                                                                                                         https://www.larazon.es/blogs/sociedad-y-medio-ambiente/reflexiones-de-un-joven-pensador/la-mediocridad-esta-de-moda-NH14139136





Cosas Que Pasan...

      Caso 1





 Caso 2







                                                                    Caso 3





                               


                Caso 4



Próximamente...
 las Guías igualitas por pura casualidad y coincidencia..


10°1 Notas 1° y 2° Periodos 2021

 

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No a la mediocridad

 




9°2 Notas 1° y 2° Periodos 2021

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Elogio de la Dificultad

                                                                                                                     Estanislao Zuleta


La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiestan de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas, países de cucaña. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y por tanto también sin carencias y sin deseo: un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes. Todas estas fantasías serían inocentes e inocuas, si no fuera porque constituyen el modelo de nuestros anhelos en la vida práctica. Aquí mismo, en los proyectos de la existencia cotidiana, más acá del reino de las mentiras eternas, introducimos también el ideal tonto de la seguridad garantizada, de las reconciliaciones totales, de las soluciones definitivas. Puede decirse que nuestro problema no consiste sólo ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos: que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal. En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor y por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo. 

En vez de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de satisfacción, una monstruosa sala-cuna de abundancia pasivamente recibida. En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas abiertas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente sí han existido. Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso, nuestro pecado es que anhelamos regresar a él. 

Desconfiemos de las mañanas radiantes en las que se inicia un reino milenario. Son muy conocidos en la historia, desde la Antigüedad hasta hoy, los horrores a los que pueden y suelen entregarse los partidos provistos de una verdad y de una meta absolutas, las iglesias cuyos miembros han sido alcanzados por la gracia -por la desgracia- de alguna revelación. 

El estudio de la vida social y de la vida personal nos enseña cuán próximos se encuentran una de otro la idealización y el terror. La idealización del fin, de la meta y el terror de los medios que procurarán su conquista. 

Quienes de esta manera tratan de someter la realidad al ideal, entran inevitablemente en una concepción paranoide de la verdad; en un sistema de pensamiento tal, que los que se atrevieran a objetar algo quedan inmediatamente sometidos a la interpretación totalitaria: sus argumentos no son argumentos sino solamente síntomas de una naturaleza dañada o bien máscaras de malignos propósitos. En lugar de discutir un razonamiento se le reduce a un juicio de pertenencia al otro -y el otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo-, o se procede a un juicio de intenciones. Y este sistema se desarrolla peligrosamente hasta el punto en que ya no solamente rechaza toda oposición, sino también toda diferencia: el que no está conmigo está contra mí, y el que no está completamente conmigo, no está conmigo. Así como hay, según Kant, un verdadero abismo de la razón que consiste en la petición de un fundamento último e incondicionado de todas las cosas, así también hay un verdadero abismo de la acción, que consiste en la exigencia de una entrega total a la “causa” absoluta y concibe toda duda y toda crítica como traición o como agresión.

Ahora sabemos, por una amarga experiencia, que este abismo de la acción, con sus guerras santas y sus orgías de fraternidad, no es una característica exclusiva de ciertas épocas del pasado o de civilizaciones atrasadas en el desarrollo científico y técnico; que puede funcionar muy bien y desplegar todos sus efectos sin abolir una gran capacidad de inventiva y una eficacia macabra. Sabemos que ningún origen filosóficamente elevado o supuestamente divino, inmuniza a una doctrina contra el riesgo de caer en la interpretación propia de la lógica paranoide que afirma un discurso particular -todos lo son- como la designación misma de la realidad y los otros como ceguera o mentira. 

El atractivo terrible que poseen las formaciones colectivas que se embriagan con la promesa de una comunidad humana no problemática, basada en una palabra infalible, consiste en que suprimen la indecisión y la duda, la necesidad de pensar por sí mismo, otorgan a sus miembros una identidad exaltada por la participación, separan un interior bueno -el grupo- y un exterior amenazador. Así como se ahorra sin duda la angustia, se distribuye mágicamente la ambivalencia en un amor por lo propio y un odio por lo extraño y se produce la más grande simplificación de la vida, la más espantosa facilidad. 

Desarrollo del tema mediante el planteamiento de una tesis o proposición que se sustenta mediante el uso de argumentos. En éste y los párrafos siguientes el autor esgrime argumentos históricos, filosóficos, sociológicos, psicológicos y políticos para sustentar su tesis en contra de las soluciones facilistas y a favor de las bondades del esfuerzo y el compromiso en la construcción tanto de la individualidad como de la sociedad. El autor despliega su reflexión mediante el uso del método de oposiciones argumentativas (método dialéctico): facilidad vs. esfuerzo, seguridad vs. riesgo, permanencia vs. Cambio, dogmatismo vs librepensamiento. Exposición de argumentos a favor de la tesis central de la disertación: el valor de la dificultad. El autor acude a la estrategia dialéctica de presentar las consecuencias negativas que se pueden derivar de adoptar las vías del facilismo, es decir el camino contrario al que está defendiendo en su ponencia. Y cuando digo aquí facilidad, no ignoro ni olvido que precisamente este tipo de formaciones colectivas, se caracterizan por una inaudita capacidad de entrega y sacrificios; que sus miembros aceptan y desean el heroísmo, cuando no aspiran a la palma del martirio. Facilidad, sin embargo, porque lo que el hombre teme por encima de todo no es la muerte y el sufrimiento, en los que tantas veces se refugia, sino la angustia que genera la necesidad de ponerse en cuestión, de combinar el entusiasmo y la crítica, el amor y el respeto. 

Un síntoma inequívoco de la dominación de las ideologías proféticas y de los grupos que las generan o que someten a su lógica doctrinas que les fueron extrañas en su origen, es el descrédito en que cae el concepto de respeto. No se quiere saber nada del respeto, ni de la reciprocidad, ni de la vigencia de normas universales. Estos valores aparecen más bien como males menores propios de un resignado escepticismo, como signos de que se ha abdicado a las más caras esperanzas. 

Porque el respeto y las normas sólo adquieren vigencia allí donde el amor, el entusiasmo, la entrega total a la gran misión, ya no pueden aspirar a determinar las relaciones humanas. Y como el respeto es siempre el respeto a la diferencia, sólo puede afirmarse allí donde ya no se cree que la diferencia pueda disolverse en una comunidad exaltada, transparente y espontánea, o en una fusión amorosa. 

No se puede respetar el pensamiento del otro, tomarlo seriamente en consideración, someterlo a sus consecuencias, ejercer sobre él una crítica, válida también en principio para el pensamiento propio, cuando se habla desde la verdad misma, cuando creemos que la verdad habla por nuestra boca; porque entonces el pensamiento del otro sólo puede ser error o mala fe; y el hecho mismo de su diferencia con nuestra verdad es prueba contundente de su falsedad, sin que se requiera ninguna otra.   

Nuestro saber es el mapa de la realidad y toda línea que se separe de él sólo puede ser imaginaria o algo peor: voluntariamente torcida por inconfesables intereses. Desde la concepción apocalíptica de la historia, las normas y las leyes de cualquier tipo son vistas como algo demasiado abstracto y mezquino frente a la gran tarea de realizar el ideal y de encarnar la promesa; y por lo tanto sólo se reclaman y se valoran cuando ya no se cree en la misión incondicionada.

La argumentación se hace cada vez más fina. El autor, continuando con su estrategia dialéctica de presentar los efectos prácticos del facilismo, muestra los funestos resultados que dicha actitud puede acarrear en términos de la configuración de las relaciones sociales. A partir de aquí el autor comienza a presentar sus conclusiones. Estas expresan una valoración de lo expuesto en el desarrollo del tema, determinan el punto de vista del autor y anticipan las propuestas de solución. En el caso presente, el autor, apoyado en los argumentos discutidos durante el desarrollo del ensayo, establece una relación causal entre el facilismo y lo que él denomina la “desidealización” de la vida. Esta relación tiene consecuencias directas en la naturaleza de condiciones de vida individuales y sociales. 

Pero lo que ocurre cuando sobreviene la gran desidealización no es generalmente que se aprenda a valorar positivamente lo que tan alegremente se había desechado o estimado sólo negativamente; lo que se produce entonces, casi siempre, es una verdadera ola de pesimismo, escepticismo y realismo cínico. 

Se olvida entonces que la crítica a una sociedad injusta, basada en la explotación y en la dominación de clase, era fundamentalmente correcta y que el combate por una organización social racional e igualitaria sigue siendo necesario y urgente. A la desidealización sucede el arribismo individualista que además piensa que ha superado toda moral por el sólo hecho de que ha abandonado toda esperanza de una vida cualitativamente superior. 

Lo más difícil, lo más importante, lo más necesario, lo que de todos modos hay que intentar, es conservar la voluntad de luchar por una sociedad diferente sin caer en la interpretación paranoide de la lucha. Lo difícil, pero también lo esencial es valorar positivamente el respeto y la diferencia, no como un mal menor y un hecho inevitable, sino como lo que enriquece la vida e impulsa la creación y el pensamiento, como aquello sin lo cual una imaginaria comunidad de los justos cantaría el eterno hosanna del aburrimiento satisfecho. Hay que poner un gran signo de interrogación sobre el valor de lo fácil; no solamente sobre sus consecuencias, sino sobre la cosa misma, sobre la predilección por todo aquello que no exige de nosotros ninguna superación, ni nos pone en cuestión, ni nos obliga a desplegar nuestras posibilidades. 

Hay que observar con cuánta desgraciada frecuencia nos otorgamos a nosotros mismos, en la vida personal y colectiva, la triste facilidad de ejercer lo que llamaré una no reciprocidad lógica; es decir, el empleo de un método explicativo completamente diferente cuando se trata de dar cuenta de los problemas, los fracasos y los errores propios y los del otro cuando es adversario o cuando disputamos con él. En el caso del otro aplicamos el esencialismo: lo que ha hecho, lo que le ha pasado es una manifestación de su ser más profundo; en nuestro caso, aplicamos el circunstancialismo, de manera que aún los mismos fenómenos se explican por las circunstancias adversas, por alguna desgraciada coyuntura. Él es así; yo me vi obligado. Él cosechó lo que había sembrado; yo no pude evitar este resultado. 

El discurso del otro no es más que un síntoma de sus particularidades, de su raza, de su sexo, de su neurosis, de sus intereses egoístas; el mío es una simple constatación de los hechos y una deducción lógica de sus consecuencias. Preferiríamos que nuestra causa se juzgue por los propósitos y la adversaria por los resultados. Argumentación afirmativa. El autor no se limita a plantear la crítica al facilismo y sus consecuencias, sino que propone estrategias para intentar resolver el problema planteado.

Y cuando de este modo nos empeñamos en ejercer esa no reciprocidad lógica que es siempre una doble falsificación, no sólo irrespetamos al otro, sino también a nosotros mismos, puesto que nos negamos a pensar efectivamente el proceso que estamos viviendo. La difícil tarea de aplicar un mismo método explicativo y crítico a nuestra posición y a la opuesta no significa desde luego que consideremos equivalentes las doctrinas, las metas y los intereses de las personas, los partidos, las clases y las naciones en conflicto. 

Significa por el contrario que tenemos suficiente confianza en la superioridad de la causa que defendemos, como para estar seguros de que no necesita, ni le conviene esa doble falsificación con la cual, en verdad, podría defenderse cualquier cosa. 

En el carnaval de miseria y derroche propios del capitalismo tardío se oye a la vez lejana y urgente la voz de Goethe y Marx que nos convocaron a un trabajo creador, difícil, capaz de situar al individuo concreto a la altura de las conquistas de la humanidad. Dostoievski nos enseñó a mirar hasta dónde van las tentaciones de tener una fácil relación interhumana: van sólo en el sentido de buscar el poder, ya que si no se puede lograr una amistad respetuosa en una empresa común se produce lo que Bahro llama intereses compensatorios: la búsqueda de amos, el deseo de ser vasallos, el anhelo de encontrar a alguien que nos libere de una vez por todas del cuidado de que nuestra vida tenga un sentido Dostoievski entendió, hace más de un siglo, que la dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor a las cadenas. Amamos las cadenas, los amos, las seguridades porque nos evitan la angustia de la razón. 

Pero en medio del pesimismo de nuestra época se sigue desarrollando el pensamiento histórico, el psicoanálisis, la antropología, el marxismo, el arte y la literatura. En medio del pesimismo de nuestra época surge la lucha de los proletarios que ya saben que un trabajo insensato no se paga con nada, ni con automóviles ni con televisores; surge la rebelión magnífica de las mujeres que no aceptan una situación de inferioridad a cambio de halagos y protecciones; surge la insurrección desesperada de los jóvenes que no pueden aceptar el destino que se les ha fabricado. Este enfoque nuevo nos permite decir como Fausto: 
                    “También esta noche, Tierra, permaneciste firme. Y ahora renaces de nuevo a mi alrededor. Y alientas otra vez en mi la aspiración de luchar sin descanso por una altísima existencia”.

http://www.semana.com/cultura/articulo/homenaje-estanislao-zuleta-el-filosofo-colombiano/418262-3

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Apunte  Complementario

Zuleta nació en Medellín en 1935 y murió en Cali en febrero de 1990. Fue profesor de las universidades Libre de Bogotá, Santiago de Cali, de Antioquia, y, en la U. del Valle, la cual le confirió el Doctorado Honoris Causa en Psicología en 1980. Asesor en la Consejería de Derechos Humanos de la Presidencia de la R. Publicó artículos en revistas -  aún hay  textos inéditos-. 

Escribió los siguientes libros: Introducción a la Historia Económica de Colombia; Thomas Mann, La Montaña Mágica y la Llanura prosáica; Teoría de Freud al final de su vida; Comentarios a la ‘Introducción general a la crítica de la economía política’ de Carlos Marx; Comentarios a ‘Así habló Zaratustra’ de F. Nietzsche”; Lógica y crítica; La propiedad, el matrimonio y la muerte en Tolstoi; Sobre la idealización en la vida personal y colectiva y otros ensayos; El pensamiento psicoanalítico; Psicoanálisis y Criminología; Arte y Filosofía; Ensayos sobre Marx; La poesía de Luis Carlos López. Obras póstumas publicadas: Estudios sobre la psicosis, y Colombia: violencia, democracia y derechos humanos.

Zuleta abrió una brecha en la coraza que impusieron el hegemonismo conservador y posteriormente el Frente Nacional, para proteger la estrecha visión cultural católica de la vida, cerrada frente a las corrientes de pensamiento internacionales.

Indujo un cambio de actitud en toda una generación  de jóvenes.
              
Sacado tempranamente de los colegios que lo recibieron y lo hicieron partir porque era demasiado inteligente y un muy buen lector, como para resistir los métodos bárbaros del sistema pedagógico nacional.

Logró sacudir los cimientos de una década y abrieron esas  vetustas instituciones a la cultura universal, dando el golpe de gracia a sus pretensiones parroquiales. 

9°1 Notas Periodos 1° y 2° 2021

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Fechas Publicación Resultados Prueba SABER 11 A 2021

 



viernes, septiembre 03, 2021

Recomendaciones Presentación Prueba SABER 11 A Año 2021



 

Pruebas Saber 11: lo que debe saber si va a presentar el examen

 

Los días sábado 4 y domingo 5 de septiembre se realizará el examen. 

Estas son algunas recomendaciones.

650.000 personas harán el examen este fin de semana.

 

     Imagen tomada de: https://caracol.com.co/radio/2021/09/03/nacional/1630627074_697577.html


EL TIEMPO - Redacción Educación


El sábado 4 y el domingo 5 de septiembre se llevarán a cabo en todo el país las pruebas Saber 11 del Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (Icfes), en las cuales participarán más 650.000 personas.

En esta oportunidad el examen se realizará de manera presencial, como tradicionalmente se hace, y no de manera electrónica, como sí se han hecho las últimas ediciones de otras pruebas como las Saber Pro y Saber TyT.

Se trata de una evacuación de gran valor para medir la calidad de la educación del país luego de año y medio de afectación de la pandemia, en la que los colegios permanecieron con sus puertas cerradas más de un año.

Como sucede en cada aplicación, es importante que los estudiantes tengan en cuenta una serie de recomendaciones para poder aplicar la prueba sin ningún contratiempo.


Recomendaciones más importantes

¿Qué debe llevar?

Lo más importante para hacer las pruebas es llevar el documento de identificación original, ya sea cédula de ciudadanía, tarjeta de identidad, contraseña con foto o pasaporte.

No se aceptarán fotocopias, por lo que en caso de haber perdido la identificación, se debe llevar el denuncio correspondiente expedido por las autoridades competentes. Si no se cumple con este requisito, no se permitirá al estudiante responder el examen.

De igual manera se debe llevar:

  • ü    Lápiz N° 2
  • ü    Borrador
  • ü    Tajalápiz (sacapuntas)
  • ü    Bolígrafo de tinta negra

    No se permitirá prestar estos elementos.

 Está prohibido el uso de teléfonos celulares o cualquier otro dispositivo electrónico.

Usarlo puede provocar que se le anule el examen.

¿A qué hora llegar?

A diferencia del año pasado, cuando por condiciones de bioseguridad se realizaron cuatro sesiones, con cuatro horarios de citación diferentes (dos por día), en esta oportunidad el Icfes informó que se volvió al sistema de jornada completa con dos sesiones.

Es decir, el estudiante deberá desarrollar la prueba todo el día, lo cual quiere decir también que el número de preguntas vuelve a ser el habitual. Esto en comparación con 2020, cuando de manera extraordinaria se redujo el número de preguntas al ser las sesiones más cortas.

De esta forma, la citación es a las 7 a. m. La recomendación es conocer de antemano el lugar de aplicación de la prueba y presentarse al menos 15 minutos antes de la hora asignada para tener tiempo suficiente para responder el cuestionario.

Medidas de bioseguridad

Es importante tener en cuenta que la pandemia no ha terminado, y por ello se han dispuesto varias medidas de cuidado para mantener la salud de todos los asistentes.

Estas pasan por un distanciamiento físico al interior de las aulas, el lavado de manos, así como el uso permanente de tapabocas durante el tiempo que dure la prueba.

Otras recomendaciones

Descargar con anterioridad la citación y ubicar el sitio del examen días antes, para evitar contratiempos. Se recomienda calcular muy bien el tiempo

Otras recomendaciones

Descargar con anterioridad la citación y ubicar el sitio del examen días antes, para evitar contratiempos. Se recomienda calcular muy bien el tiempo del traslado desde la casa hasta el lugar donde se presentará la prueba.

También es importante no permanecer en el lugar de aplicación de la prueba al terminar su examen de Estado para evitar aglomeraciones a la salida.

 

https://www.eltiempo.com/vida/educacion/pruebas-saber-11-lo-que-debe-saber-si-va-a-presentar-el-examen-del-icfes-615153