lunes, septiembre 25, 2017

El ser de la Nacional

El campus universitario es el lugar de  encuentros, el lugar de amores; es el lugar de descubrir intereses compartidos,  un sitio de confrontación de ideas, del diálogo racional. Es un espacio donde se descubre que el otro puede tener razón. Donde se asume el reto de que no solo debo convencer con mis ideas sino también ser convencido y esto lejos de ser un fracaso se convierte en una nueva y valiosa experiencia. El afianzamiento de nuevos conocimientos, generalmente se produce en las cafeterías y los prados del campus.  

Hay casos extremos: Stanislav Ulam gran matemático del siglo XX, siempre estuvo matriculado en el Instituto Politécnico de Lwow, nunca asistió a una clase, su desarrollo como estudiante y profesor se realizó en las cafeterías. Caso similar se encuentra en la Nacional, con el estudiante de matemáticas Von Oostran quien tuvo calificación perfecta, poco asistió al aula. El campus abierto de la Nacional impide que a los jóvenes, cuando están en la edad en que se es más fuerte, más motivado, más inquieto, se les encierre entre cuatro paredes.

En la UN se enseña a escribir, es decir, a encontrar la palabra adecuada, ordenar el pensamiento, las ideas, teniendo en cuenta el auditorio. Se enseña a leer, buscando el justo medio entre el placer y la dificultad, en el sentido de Steiner “una arista áspera de la belleza que se llamaba dificultad”. Siguiendo a Estanislao Zuleta se busca que el lector sea un buen camello, se cargue con el texto; un buen león que se enfrenta al texto con sentido critico y, que sea un niño que cree, transforme y fantasee a partir del texto. Que sepa que un libro es un buen amigo al que muchas veces se lo lleva a la casa y la incendia o produce un terremoto que obliga a replantear las ideas preexistentes.

La Nacional es el lugar donde se entregan las nuevas generaciones lo más valioso de la cultura. Es el sitio donde los maestros, hacen hablar a los sabios muertos, se descubre la posibilidad de dejar huella y de burlarse de la muerte pues las ideas seguirán transmitiéndose y la voz escuchándose.

Los maestros son guías que conducen a la autonomía, al placer del conocimiento, a hacer las preguntas adecuadas y de saber que cada nuevo descubrimiento genera más preguntas, que el análisis profundo que busca una solución, sabe que se multiplicarán más los interrogantes. Puede decirse que la Universidad es el lugar de los proyectos sobre el futuro, del las utopías del sentido de la vida. Donde se enseña, tal vez, lo más importante: aprender, aprender.

La formación humanística y científica de la Universidad estimula al estudiante y luego al profesional a ampliar de forma notable los conceptos de tiempo y espacio. La profundidad histórica no se limita a una generación. Se busca indagar épocas anteriores de la aparición de la escritura y de los utensilios, llegando a épocas geológicas más antiguas. Su espacio no es solo el barrio y la ciudad, es el mundo, el universo. Se estimaba a que el tiempo se conciba desde la ruptura del átomo primitivo hasta un incierto futuro cósmico.

La Nacional satisface los requerimientos fundamentales que debe orientar la formación de sus estudiantes, como lo advirtió el exrector Guillermo Páramo.

a) Preocupación por los intereses particulares, pero con énfasis en el interés general.
b) Se interesa por los aspectos privados de la sociedad, pero su prioridad es lo público.
c) Se preocupa por el corto plazo pero esta más interesada por el largo plazo.

En su modelo educativo, la Nacional busca que al realizar un proyecto (sea este social, científico o artístico) se prefigure, es decir, se piense de antemano, se reorganice y se reoriente; que al diseñarlo se debe estar dispuesto a modificar el diseño. Se busca comprender los hechos y las técnicas no solo utilizar los resultados.

Podría pensarse que la formación holística ofrecida por la Universidad Nacional, no crea profesionales de las características que “demandan el país y los sectores productivos”. Los resultados de Saber Pro, que miden en buena parte competencias de pertinencia, innovación, manejo de la coyuntura, habilidades técnicas, etcétera, muestran, por el contrario, que los resultados obtenidos por los estudiantes de la Nacional son los mejores de todo el universo de las universidades públicas.

Esto es fácilmente entendible. Es más sencillo pasar de lo abstracto a lo concreto, de lo general a lo particular, lo complejo a lo simple. A esto debe añadirse, que día a día se comprueba que una educación humanística genera mejores resultados en los saberes “prácticos”. Lo contrario no es necesariamente cierto.

En las pruebas Saber Pro de 2016, la UN alcanzó el primer lugar entre las universidades públicas en: Administración, Ciencias Naturales y Exactas, Contaduría y Afines, Derecho, Economía, Ingeniería, Ciencias Sociales, Humanidades. Igualmente obtuvo la primera posición entre todas las universidades en: Educación, Ciencias Agropecuarias, Bellas Artes y Diseño, Arquitectura y Urbanismo. En Medicina obtuvo el segundo lugar entre las universidades públicas.

La Nacional cumple la política de dar una educación superior de alta calidad a la población que, por vulnerabilidad económica, deben ser objeto de subsidios estatales. En 2016, el 86 por ciento de los estudiantes provenían de hogares de estratos socioeconómicos 1, 2 y 3. Es interesante mencionar que 2010, los estudiantes de los anteriores estratos eran el 78 por ciento del total de la matrícula, lo que muestra que los subsidios van dirigidos a quienes lo requieren, jóvenes con alta capacidad académica pero de recursos limitados, quienes gracias a la Universidad tienen un espacio para desarrollar su potencial. Es una contribución a la distribución del ingreso y la movilidad social.

Javier Solana, quien se desempeñó con éxito en la dirección de la Comunidad Europea, contestaba a quienes le preguntaban, cómo él siendo un físico teórico manejaba tan acertadamente los laberintos de la política. Respondía: “Una buena educación consiste en haber leído lo que se debe leerse antes de los 20 años y antes de los 23 haber estudiado en profundidad un problema y escribir sobre lo que se entendió y ojalá la solución encontrada”. Puede afirmarse que este es modelo educativo de la U. Nacional.

El objetivo de la formación académica no se limita a satisfacer el lugar común, “capacitar para el trabajo”. Se educa para la vida, para que sus profesionales tengan altos niveles de solidaridad; de responsabilidad, de respeto al ambiente, a las diferentes culturas, a las variadas opciones políticas y religiosas y las diferentes opciones sexuales. Se ofrece una educación que les permita a sus egresados adquirir nuevos conocimientos y destrezas en su discurrir laboral, el cual tendrá cambios que hoy no se pueden predecir con exactitud, pero que obligan a las actualizaciones permanentes. Esto lo podrá alcanzar con la formación humanística, profesional y holística que recibieron.

Cuando la Universidad conmemoró el centenario de su creación, yo estaba allí como estudiante. Conocí maestros, sabios, profesores; me enamoré y me casé en su capilla, aprendí que el mundo estaba globalizado y presencié los primeros intentos de la separación de la educación laica y la orientada por las jerarquías eclesiásticas. Celebré el regreso de Lovaina del cura Camilo Torres; apoyé la modificación del estatuto que suprimían una declaración del tipo: la Universidad debe defender y difundir los valores de la cultura occidental, en momentos en que China, Japón y Corea con su población, tecnología y cultura permeaban a Occidente. Se amplió el ámbito a la difusión de los valores de todas las culturas. Otro cambio fue la modificación del Consejo Superior Universitario suprimiendo la participación del delegado de la Curia. Esto era una consecuencia evidente de una Universidad definida como multicultural y no dogmática. Compartí la utopía de buscar una sociedad más justa, aplicando las teorías socialistas.

Esta utopía se derrumbó con la violenta represión a la Primavera de Praga, con los crímenes de Pol Pot en Camboya, con el desenlace sanguinario de la Revolución Cultural China y un doloroso hecho, más cercano, el asesinato de nuestros compañeros Julio Cesar Cortés y Hermidas Ruiz y el juicio con pena de muerte a Fernando Chacón, por parte de los dirigentes de una guerrilla-ELN; que mostraba proclividad al asesinato. Pensábamos que la revolución era una fiesta, cuando vimos que era tan o más sanguinaria que los sistemas que pretendían derrocar. No pudimos continuar con la utopía, nos convertimos en una generación sin una meta definida. El transcurrir de la vida nos permitió hallar alternativas.

Creíamos poder cambiar el mundo y como en la película Nos amamos tanto tuvimos que reconocer que el mundo nos cambió a nosotros. La calidad la medimos en función en nuestro desarrollo como personas y en nuestro papel en la sociedad.

Agradezco el apoyo de Carlos Augusto Hernández en la elaboración de este texto.



http://www.semana.com/nacion/articulo/jose-fernando-isaza-habla-sobre-ser-de-la-universidad-nacional/541339
NOTAS  FILOSOFÍA  11°2  
 2° PERIODO



martes, septiembre 19, 2017

INFORME

CLASIFICACIÓN

IE O. HARRY - J. KENNEDY 

RANKING  NACIONAL

ESTUDIO

¿QUÉ TAN RÁPIDO O LENTO  AVANZAN 

LOS COLEGIOS EN COLOMBIA?


FUNDACIÓN ALBERTO MERANI



Informe que será presentado por el señor

 rector licenciado Kammell Gutiérrez Valencia

en los próximos días a la 

Comunidad Educativa





















RESULTADOS  EVALUACIONES 
 FINALES 10°2
 2° PERIODO







RESULTADOS  EVALUACIONES 
 FINALES 10°1
 2° PERIODO



viernes, septiembre 15, 2017

miércoles, septiembre 13, 2017

RESULTADOS  EVALUACIONES 
 CUADERNO  GRUPO  11°1




RESULTADOS  EVALUACIONES 
 CUADERNO  GRUPO  11°2



domingo, septiembre 10, 2017

“A pesar de los avances, los niños y jóvenes no  están desarrollando las habilidades necesarias”


El país debe mejorar su calidad educativa y las habilidades de los jóvenes para que puedan competir a la par con los países más desarrollados. Semana Educación entrevistó a Diana Hincapié, asociada senior de Educación del BID para conocer más de ese tema.


Muchas personas en América Latina y el Caribe no cuentan con las habilidades necesarias para progresar en un mundo rápidamente cambiante. Semana Educación habló con Diana Hincapié, asociada senior de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sobre lo que funciona y lo que no en las políticas públicas de educación en el continente y en el país.

De acuerdo con la experta, existen soluciones costo-efectivas que permiten perfeccionar las habilidades en todas las etapas de la vida, desde la infancia hasta la adultez. Aprendiendo de los éxitos y de los fracasos de la región y del mundo, los gobiernos pueden elaborar e implementar políticas basadas en la evidencia que sirvan para preparar de manera más adecuada a sus ciudadanos, empresas y países, de modo que puedan competir en el contexto económico actual que continuará cambiando con el avance tecnológico.

Además, Hincapié será uno de los líderes presentes en la Cumbre Líderes por la Educación 2017 que se llevará a cabo este 20 y 21 de septiembre en el Cubo de Colsubsidio.

Semana Educación (S.E.): ¿Cuáles son las habilidades necesarias para progresar hoy en América Latina y sobre todo en Colombia?

Diana Hincapié (D.H.): Las habilidades necesarias para que los países de América Latina progresen son las que permiten el desarrollo de los individuos en el mercado laboral y se pueden llevar a cabo a lo largo de la vida. En nuestra investigación “Aprender mejor: Políticas Públicas para el Desarrollo de Habilidades”, las definimos como las capacidades innatas o adquiridas que aumentan la productividad de un individuo. 

Estas habilidades se dividen en dos tipos: las generales y las específicas. Las generales mejoran la productividad de las personas en una amplia gama de ocupaciones y se pueden clasificar en tres grandes categorías: habilidades socioemocionales, cognitivas y académicas. Por otro lado, las habilidades específicas son aquellas que aumentan la productividad en una gama reducida de ocupaciones, sectores o empresas. En un mundo rápidamente cambiante, algunos trabajadores pueden sentirse amenazados. Pero el cambio tecnológico y la robotización también ofrecen oportunidades laborales para quienes hayan desarrollados habilidades que les permitan aprender mejor, como por ejemplo, tener capacidades de resolución de problemas, o el pensamiento abstracto y creativo. Los empleadores buscan trabajadores responsables, capaces de trabajar en equipo. Esto es válido para todos los países, incluyendo Colombia.

S.E.: ¿Cómo influyen las políticas públicas y los gobiernos para que las personas aprendan mejor y logren desarrollar su potencial a lo largo de la vida?

D.H.: Estamos en un contexto donde poco a poco la tecnología va tomando más espacios. Afrontar este desafío es fundamental. Si bien los gobiernos de la región ya están haciendo grandes esfuerzos para el desarrollo de habilidades, es necesario que las inversiones se hagan de una manera más eficiente. Deben tomar decisiones basadas en evidencia rigurosa que pueda señalar el camino y exponer tanto los éxitos y las lecciones aprendidas, y proporcionar una base sólida para la toma de decisiones. Con este conocimiento, los responsables de las políticas públicas pueden expandir a escala programas que han demostrado ser costo-efectivos. 

Por ejemplo, vimos que en promedio, el uso de tecnología guiada con tiempo adicional es más costo-efectivo que extender la jornada escolar. Para contribuir con este esfuerzo, creamos un sitio web (el cual saldrá próximamente) que ayuda a los gobiernos a identificar programas que han sido evaluados de manera rigurosa. Es una herramienta que categoriza, estandariza y presenta evidencia sobre dichas políticas de una forma accesible.

S.E.: ¿Qué se está haciendo bien en el país y qué debería cambiar?

D.H.: La región y el país han hecho grandes esfuerzos para desarrollar las habilidades de sus ciudadanos. Las tasas de matriculación escolar están convergiendo hacia las de los países desarrollados. Por ejemplo, la inscripción en los niveles de primaria, se sitúa a la par con las tasas de las regiones desarrolladas. En Colombia, la tasa de asistencia neta en primaria era de 96 % en el 2015. La brecha de matriculación también se está cerrando en la escuela secundaria. Y el país ha mejorado su desempeño en las pruebas Pisa desde que empezó a participar. Sin embargo, este progreso no es suficiente para cerrar las brechas de habilidades que tenemos con los países desarrollados, ni las brechas que existen al interior de país, entre el sector rural y urbano, o entre estudiantes de diferentes contextos socioeconómicos.

Las pruebas Pisa que se llevaron a cabo en el 2015 mostraron que entre los 70 países participantes, Colombia se posicionó en el puesto 57 del ranking global en Ciencias, 54 en Lectura, y 61 en Matemáticas.  

Desafortunadamente, esto implica que alrededor de la mitad de los estudiantes no cuentan con las habilidades básicas en estas ramas del saber y que el país tiene un rezago equivalente a 3 años de escolaridad con respecto a los países de la Ocde y 5 años con respecto al líder de la clasificación que es Singapur. Además, se observan grandes diferencias en los resultados al interior del país. Es decir, Colombia debe hacer un esfuerzo grande en mejorar la calidad de la educación para que sus ciudadanos puedan competir a la par con los de los países más desarrollados. Por otro lado, se deben resaltar las iniciativas que se están realizando en temas de inclusión y calidad de la educación. 

Por ejemplo, el programa Ser Pilo Paga provee incentivos para que los alumnos permanezcan en el sistema educativo. Los resultados preliminares muestran también una mejora en el desempeño en las pruebas de los estudiantes de secundaria. 

S.E.: ¿Cómo estamos en Educación y en materia de políticas públicas con respecto a los demás países de la región?

D.H.: El país y la región han hecho esfuerzos por aumentar el gasto en educación. Actualmente, América Latina y el Caribe destina en promedio 3 puntos porcentuales más de su producto interno bruto a la educación que hace 25 años. Hoy en día, la región destina a educación cerca del 5% del PIB, un nivel cercano al que invierten los países desarrollados. Colombia está invirtiendo la misma proporción, un punto porcentual más que hace 20 años.  En cobertura, el país se encuentra en el promedio de los países de la región en primaria y terciaria, y por encima de la región en secundaria. Sin embargo, el país se encuentra un poco alejado de las tasas de asistencia neta de los países desarrollados principalmente en los niveles de secundaria y terciaria. 

A pesar de este gran esfuerzo en aumentar la inversión, los niños y jóvenes de la región no están desarrollando las habilidades necesarias. Por ejemplo, en Ciencias, Colombia ocupó el puesto 57 entre 70 países y economías participantes, por detrás de Chile, Uruguay, Trinidad y Tobago y Costa Rica. A pesar de esto, junto con la ciudad autónoma de Buenos Aires, Bogotá es la ciudad de mejor desempeño dentro de las ciudades que participaron de forma independiente en la región. Pero es importante resaltar que Colombia mejoró significativamente su desempeño en las 3 materias evaluadas por Pisa y está dentro de los 10 países con mejor ritmo de mejora.

S.E.: ¿Cómo ve el BID la inversión en formación de maestros en Colombia?

D.H.: Desafortunadamente, como en la mayoría de los países de la región, en Colombia la profesión docente no es muy atractiva para los jóvenes. Según datos de Pisa 2015, solo el 6% de los estudiantes de secundaria de 15 años reportan estar interesados en ser docentes, frente al 22% que reporta interés en ser ingeniero. Además, los estudiantes universitarios que entran a estudiar Educación son aquellos que obtuvieron los menores puntajes en la prueba Saber 11. Un estudio de Balcázar y Ñopo del 2015 encuentra que durante su formación universitaria las habilidades de los estudiantes de educación empeoran frente a lo que sucede con las habilidades de otros estudiantes. Además, a pesar de los esfuerzos por mejorar los salarios de los docentes, los maestros siguen percibiendo menores salarios que otros profesionales y técnicos de similares características, cerca de 11% menos.

S.E.: ¿Qué hay que hacer para mejorar la inserción laboral en el país? ¿Cómo fortalecer ese paso de la academia al mundo laboral?

D.H.: Lo más importante para mejorar la inserción laboral es el desarrollo de habilidades cognitivas, académicas y socioemocionales, que permitan a los niños y jóvenes estar preparados para enfrentar un mundo laboral cambiante. Igualmente es necesario garantizar su desarrollo a lo largo de las diferentes etapas de la vida, ya que la actualización de ellas es la clave para asegurar la continua empleabilidad de los trabajadores. 

Particularmente, los empresarios han manifestado que no encuentran a jóvenes con las habilidades necesarias para el mundo laboral. En un estudio del BID que encuestó a 1.200 empresas en América Latina, el 88 % de los empleadores manifestó tener dificultades para encontrar empleados con las habilidades adecuadas al egresar de la secundaria. Ese estudio muestra que las habilidades más demandadas por los empresarios son las habilidades socioemocionales, como la responsabilidad, el trabajo en equipo, el autoestima y el autocontrol. Por lo tanto, es clave que se implementen políticas públicas que permitan el desarrollo de estas desde la primera infancia, y a través de la niñez y la adolescencia. 

Estas políticas deben estar orientadas a mantener a los jóvenes motivados para que no abandonen la escuela, y deben promover una mejora en la calidad de la educación. Además, es importante que el sector educativo trabaje de la mano del sector productivo para que las habilidades que desarrollen los estudiantes sean relevantes para el mercado laboral. La innovación y la experimentación en políticas públicas en América Latina y el Caribe será clave para encontrar y ofrecer las soluciones adecuadas para los numerosos trabajadores que están en el mercado laboral, deseosos de mejorar sus vidas con un buen empleo.


http://www.semana.com/educacion/articulo/cumbre-lideres-por-la-educacion-2017-entrevista-diana-hincapie/537330









El desafío que tienen los colegios en la formación  de las habilidades para la vida



Por *Martin E.P. Seligman Y Alejandro Adler


En un mundo globalizado con cada vez más desafíos y oportunidades, el colegio no necesariamente inculca las habilidades que los niños y jóvenes requieren para alcanzar su máximo potencial y realizar sus proyectos de vida.

Empecemos con dos preguntas: ¿Qué queremos para nuestros niños y jóvenes? y ¿qué es lo que el colegio les enseña? Más allá de las particularidades del contexto educativo colombiano, si usted piensa como la mayoría de las familias, los educadores y funcionarios de gobierno de alrededor del mundo, probablemente su respuesta a la primera pregunta incluya palabras como “bienestar,” “salud,” “éxito,” “felicidad” y “paz”. Para responder a la segunda, lo más seguro es que surjan conceptos como “alfabetización,” “aritmética,” “conocimiento,” “memorización” o “aprobar pruebas estandarizadas”. Tal vez le sorprenda saber que la intersección entre ambas respuestas suele ser nula.

Con base en la psicología positiva, la educación positiva propone que, junto con el aprendizaje académico, el desarrollo de habilidades para la vida y la mejora del bienestar contribuyen a la formación integral de niños y jóvenes y, por ende, a la cimentación de una sociedad sana.

En realidad, el aprendizaje académico y el desarrollo de habilidades no son mutuamente excluyentes. Todo lo contrario, tal y como lo muestra la evidencia internacional, inculcar habilidades y promover el bienestar mejoran el desempeño académico de los estudiantes, aun en pruebas estandarizadas nacionales como Saber en Colombia o internacionales como Pisa, que por primera vez midió el bienestar estudiantil en 2015.

Pero, ¿qué es el bienestar, qué son las habilidades para la vida, cómo los medimos? El primer término se refiere a las emociones positivas, al sentido y propósito de vida, a las relaciones saludables y al involucramiento cultural, profesional y comunitario. El bienestar tiene valor intrínseco: es una aspiración universal. También tiene un valor instrumental porque contribuye a las trayectorias positivas de vida.

Las habilidades para la vida son aquellas que nos permiten alcanzar el máximo bienestar posible como individuos y como sociedad. Algunos ejemplos son la presencia plena, la empatía, la comunicación efectiva, el pensamiento crítico, la toma de decisiones y la resiliencia. Más allá de las adecuaciones contextuales y culturales que puedan requerir, estas habilidades son universales y propias del desarrollo humano y se pueden medir a través de instrumentos psicológicos que han sido validados internacionalmente y cuentan con el mismo rigor metodológico que la medición de la alfabetización o la aritmética.

El primer paso para desarrollar estas habilidades para la vida y el bienestar a gran escala es la medición. Al medir las habilidades y el bienestar podemos saber cómo están nuestros estudiantes hoy y cómo cambian a través del tiempo.

Para ello resulta fundamental que los educadores entiendan, aprendan, desarrollen y encarnen estas habilidades para poder enseñarlas e infundirlas en sus propios ecosistemas educativos. El currículo escolar también debe incluir una materia específica para su desarrollo que promueva la enseñanza de estas habilidades. Finalmente, estas se deben de infundir en el currículo de manera transversal para que el conocimiento académico y las habilidades para la vida se aprendan de manera entrelazada.

El modelo de educación positiva ya es exitoso en decenas de países desde México hasta Bután. El trabajo que hemos llevado a cabo en Colombia hasta ahora nos deja claro que como país se encuentra en un momento históricamente fértil para sembrar y cultivar semillas para la paz, la paz duradera.

Se requiere, por lo tanto, de una educación comprometida con la formación integral de los jóvenes colombianos pues es el vehículo más poderoso para garantizar el empoderamiento y el bienestar de generaciones enteras. El compromiso a nivel de política pública, junto con el compromiso a nivel ciudadano, serán la brújula necesaria para emprender este camino virtuoso.

*Martin E.P. Seligman
Director del Centro de Psicología Positiva de Pensilvania. Estados Unidos.

*Alejandro Adler
Director de Educación Internacional, Centro de Psicología Positiva, Universidad de Pensilvania. México.


http://www.semana.com/educacion/articulo/ninos-y-jovenes-habilidades-para-la-vida/539204




“Los sistemas escolares no tienen en cuenta para qué preparar a los niños”




La economía en un país va de la mano de su educación. El economista y experto en América Latina, Thomas Trebat, habló con Semana Educación sobre cómo se         apoyan estos sectores mutuamente.


Los expertos coinciden en que la educación juega un papel fundamental para impulsar la economía. Un sistema educativo coherente y pertinente le da un impulso grandísimo al sector productivo.
En el mundo, nunca había sino tan necesario que un país enfoque sus fuerzas en mejorar su talento humano. El rápido desarrollo de la tecnología y las nuevas economías han generado una suerte de cortocircuito entre la academia y el sector laboral, donde los empresarios ya no encuentran las capacidades que necesitan en los jóvenes egresados.  
Thomas Trebat es un convencido de que América Latina debe concentrarse más en este asunto. Por mucho tiempo, este economista fue uno de los analistas más influyentes en Wall Street en temas de países en desarrollo y desde 2013 es el director del Columbia Global Center en Río de Janeiro, una iniciativa de la Universidad de Columbia para promover la investigación en relación con diversas instituciones locales en América Latina.
El estadounidense asegura que la pobre educación de la región tiene un impacto directo sobre el lento crecimiento de su economía. Pero, a su vez, es la poca competencia lo que genera empresas perezosas, poco preocupadas por la investigación y la educación de calidad. Por eso, opina Trebat, el país necesita más competencia que impulse a las empresas a desarrollar sus productos e invertir en la formación de su capital humano.
Semana Educación conversó con Trebat sobre cómo ve a la región en desarrollo y qué le falta al sector educativo en materia de pertinencia.
Semana Eduación (S.E.): ¿Cómo beneficia la educación el desarrollo económico de un país?
Thomas Trebat (T.T.): Creo que lo beneficia en varias formas. En el siglo XXI la educación es especialmente necesaria porque nos permite desarrollar capacidades del capital humano que necesita un país. Y además, nos prepara para transformar las tecnologías existentes en nuevas tecnologías. Para que países en desarrollo como Colombia o Brasil logren desarrollarse tienen que tener la habilidad de innovar y hacer nuevas tecnologías que se adapten al contexto. La educación de ciclo básico es suficiente para crear cierto tipo de desarrollo, el que tiene América Latina hoy en día. Pero eso no satisface las ambiciones nacionales. Para que las economías emergentes se conviertan en economías maduras y desarrolladas, el papel de la educación es absolutamente crítico. Y eso es algo que hemos subestimado ampliamente en América Latina. Todos los estudios económicos nos muestran que los países donde la educación está más distribuida en la población, donde las instituciones científicas y matemáticas están en su máximo nivel, donde hay una información abierta que le permita a los ciudadanos aprender entre sí, son las que se desarrollan.
S.E.: ¿Por qué cree que hemos subestimado el papel de la educación?
T.T.: Diría que la causa está muy relacionada con una estructura preexistente de mala distribución de los ingresos, una capacidad física del Estado muy débil y la escasa voz de esas personas que no están recibiendo una buena educación. Por otra parte, las personas que tienen dinero siempre han estado dispuestas a pagar lo que sea por sus estudios y nunca han visto el beneficio de hacer sacrificios por el sector. Ese rezago histórico y ese mal desempeño que hemos tenido, en especial desde los 90s (cuando países como Corea China Singapur India superaron a América Latina), se explican por esas razones. Además, el rápido ritmo de urbanización en las ciudades latinoamericanas ha generado que las demandas de más y mejores escuelas haya sido imposible de atender.
S.E.: ¿Entonces estamos muy mal en educación?
T.T.: Pues, la situación no es tan catastrófica de América Latina. Acá casi todos los niños tienen algún tipo de educación. Pero hay grandes rezagos por el legado histórico. Además, la falta de apertura hace que el ritmo lento de las economías tampoco ayude. Acá el mercado de trabajo no exige mucho, por lo que no hay necesidad de lograr un gran esfuerzo educacional. Eso nos pone en un círculo vicioso donde hay poca educación y un pobre mercado de talento. Eso explica por qué tenemos tantas dificultades para mejorar los niveles de educación.
S.E.: ¿Qué podemos hacer para capacitar mejor a los egresados para los que se espera de ellos en el sector privado?
T.T.: Depende un poco de las demandas hechas por el sector privado. A medida que la economía avanza, muchas industrias demandan más conocimientos del siglo XXI. Yo creo que tenemos que dar más peso a lo que en otros países llaman educación vocacional. La escuela tiene que preparar a sus alumnos para los talentos que hacen falta en empresas modernas. Además, debe haber acuerdos entre el sector privado y el educacional. Eso lo veo muy incipiente en América Latina. Los educadores y los sistemas escolares, a mi modo de ver, no tienen en cuenta para qué estamos preparando a los niños, qué van a hacer con la educación que están recibiendo y si van a encontrar oportunidades laborales. Cuando se empieza a considerar esas cuestiones mejora el crecimiento económico, y ese círculo vicioso del que hablaba antes se vuelve un círculo virtuoso.
S.E.: ¿En qué políticas educativas tendríamos que invertir más para fortalecer nuestra economía?
T.T.: Empiezo por lo básico: hay que mejorar la cobertura de las escuelas públicas alrededor del país, la calidad de los profesores, la banda ancha, la segunda lengua, que se debería aprender en todas las escuelas. Pero además, creo que hay que hacer mucho más hincapié en las ciencias computacionales, la inteligencia artificial y la robótica y mucho menos en profesiones como derecho o economía. Hay que estimular una verdadera inclusión de cursos y ofertas dedicadas a los talentos que sabemos que hay que tener en los próximos 20 o 30 años. La mirada debería ser siempre a largo plazo.
S.E.: ¿Hay suficiente internacionalización en las universidades de la región?
T.T.: No, de ninguna manera, tiene que haber mucho más. Parte de lo que hace la globalización es permitir más comunicación de ideas. Colombia, por ejemplo, se preocupa con el libre comercio con Estados Unidos, pero deja un poco de lado el libre intercambio de ideas. Eso tiene que ser una prioridad. Para lograrlo, es importante crear centros e institutos internacionales de investigación en los países latinoamericanos. Yo, por ejemplo, optaría por una política que le diera la oportunidad a los alumnos más promisorios de salir a estudiar fuera del país, para que traigan de vuelta diferentes conocimientos del exterior. Colombia ya hace un buen trabajo en esto y es líder en este tema en América Latina, pero tiene que hacerlo mucho más.
S.E.: Las instituciones de educación superior de la región tienden a salir mal paradas en los rankings internacionales que priorizan la investigación, como el de Shanghái. ¿Cómo podemos mejorar este aspecto?
T.T.: Yo creo que son tres factores básicos: primero, favorecer un intercambio de ideas libre y cada vez mayor. Además, es importante invertir más en investigaciones. Lo que gastamos en América Latina para este sector es una vergüenza. Tendría que ser al menos dos o tres veces más. Y tercero, el sector privado también debe cumplir un papel: no quedarse contento con sus posiciones en el mercado actual sino buscar siempre mejorar sus productos con más gastos en investigación. Pero para eso, tiene que haber más competencia entre empresas, que es algo en lo que estamos muy mal en América Latina. Esa competición estimularía más gastos en desarrollo e investigación.
Thomas Trebat y otros expertos estarán en la Cumbre Líderes por la Educación 2017, el evento más importante del sector en el país, que tendrá lugar el 20 y 21 de septiembre en el Cubo de Colsubsidio, en Bogotá.

http://www.semana.com/educacion/articulo/entrevista-thomas-trebat-economia-y-educacion/539265




La importancia de enseñar a los niños a sentir y a ser


                     Los expertos aseguran que fomentar el desarrollo de                    competencias socioemocionales, como la empatía, desde
         los primeros años de vida es el camino para formar seres
humanos íntegros y tolerantes.


El desarrollo emocional de los niños y jóvenes en los colegios estuvo relegado tradicionalmente a un segundo plano para darle prioridad a la formación académica y tradicional. Con el paso de los años y, más exactamente, con el cambio de siglo, este tipo de pedagogía se ha vuelto una prioridad para algunos colegios en Colombia.

Sobre todo para los que entienden su incidencia de cara al contexto de posacuerdo que vive el país y como garantía de una paz estable y duradera y de la no repetición. De hecho, cada vez es más común ver cómo en muchos de ellos cobran fuerza los planes académicos complementarios orientados a fortalecer ciertas capacidades sociales de los estudiantes y favorecer el trabajo en equipo. Se trata de herramientas que, según varios expertos, brindan estabilidad a los menores y mejoran sus relaciones interpersonales.
El psicólogo Daniel Goleman subraya en su libro Inteligencia emocional la importancia de que los niños aprendan a manejar sus emociones desde los primeros años con el acompañamiento de sus padres y profesores. Esto garantiza el estímulo de la autoconciencia, la autorregulación y la empatía, además de mejorar sus resultados académicos. Esto último porque, o bien se sienten más confiados en su desempeño y sus habilidades, o, en caso de no tener un buen rendimiento, los alumnos son capaces de superar las barreras que se les presentan por medio del control emocional. 
La ruta para educar sobre las emociones
De acuerdo con la doctora Vera Tatiana Colón, coordinadora de Consultores en Psicología de la Universidad Javeriana, para formar en competencias socioemocionales durante la primera infancia es recomendable “implementar actividades centradas en lo lúdico y lo creativo, como, por ejemplo, por medio del juego, de la lectura de cuentos, del canto y del dibujo, que permitan a los niños la expresión y el conocimiento de las propias emociones”.
Explica que el vínculo que establece el menor con el maestro en sus primeros años es una relación privilegiada. Así, el profesor se convierte en una figura primordial con incidencia directa en su desarrollo emocional y en el manejo futuro de las situaciones que enfrentará.
Anne Kalil, psicóloga clínica de la Universidad Javeriana y especialista en psicología de la niñez y la adolescencia de la Universidad de La Sabana, señala la importancia de que los colegios cuenten con la ayuda de profesionales expertos, como psicólogos educativos, que acompañen a los niños en un proceso que permita desarrollar la inteligencia emocional. “El objetivo es identificar, reconocer, aceptar y posteriormente aprender a manejar las emociones. En cada edad se deben trabajar diferentes aspectos y acompañar a los niños y adolescentes a vivir sus emociones sin juzgarlas. Deben aprender a aceptarlas y, lo más importante, comunicarlas a los demás de forma efectiva y funcional”.
Para la doctora Kalil, un niño que sabe cómo manejar sus emociones será un adolescente y un adulto capaz de comunicarse con el otro, ponerse en sus zapatos, vivir en comunidad, respetar las normas y trabajar en equipo. “Podrá alcanzar sus sueños con más efectividad y aprenderá a ser resiliente y compasivo consigo mismo y con los demás”, concluye.
La mayoría de psicólogos señalan que formar en habilidades socioemocionales no es sencillo debido a lo abstracto de este tipo de aprendizaje. Lo que puede funcionar para un niño puede ser inservible para otro.
Sin embargo, teóricos y expertos en el tema recomiendan algunas técnicas de fácil aplicación. Son las siguientes:
1. Mindfulness
Es un método de meditación que consiste en efectuar una serie de ejercicios que buscan generar espacios de quietud y silencio, para que los estudiantes entren en contacto con su cuerpo, con las sensaciones que experimentan, con las emociones, con los pensamientos y con los estímulos externos. Aplicado en niños y jóvenes tiene un impacto en la mente, la concentración, el aprendizaje, en la reducción de agresividad, en la autoconciencia y en la autorregulación.
2. Yoga
Es una técnica de meditación que involucra movimientos posturales para fortalecer la concentración. En los colegios cumple la finalidad de conectar a los niños, jóvenes y profesores con su organismo, sensaciones y emociones, y generar espacios de autoconciencia de su propio ser sin estímulo externo.
3. Otras opciones
Existen además otras herramientas basadas en el desarrollo del bienestar psicológico, la felicidad, las fortalezas y virtudes humanas. Según estas teorías, cuando el cerebro experimenta este tipo de emociones se impulsan el aprendizaje y la creatividad. Algunas de estas técnicas que se pueden emplear con niños de la primera infancia y que varias instituciones del país promueven desde hace años son:
Gratitud: hacer que los estudiantes escriban o digan en voz alta por qué están agradecidos o qué fue lo bueno del día. Con este método el menor se vuelve consciente de su contexto, de lo que le hace feliz y lo que no, y puede actuar frente a su realidad.
Meditación: cinco minutos de silencio y quietud en los niños tiene un efecto poderoso en la construcción del cerebro y en la configuración de emociones positivas. El silencio permite a los niños reflexionar sobre lo que sienten.
Practicar actos de bondad: según los expertos, cuando se ayuda a alguien se experimenta una sensación de bienestar y se fortalece la empatía.
Ejercicio físico: hacer deporte tiene beneficios mentales. Además de regenerar las neuronas, generar nuevos canales neuronales, disminuir los niveles de estrés y tensión, ayuda a impulsar habilidades como la disciplina, la dedicación y la determinación en los niños.
Escribir o dibujar: mediante esta técnica, los profesores y padres pueden identificar y reconocer la emoción que experimenta el niño y acompañarlo para que tome conciencia de ella, pueda serle útil o transformarla por una más práctica.

http://www.semana.com/educacion/articulo/el-desarrollo-emocional-de-los-ninos-y-jovenes/539092